{"id":2253255,"date":"2022-08-04T00:05:23","date_gmt":"2022-08-03T22:05:23","guid":{"rendered":"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/?p=2253255"},"modified":"2024-07-08T13:37:30","modified_gmt":"2024-07-08T11:37:30","slug":"el-mundo-de-ayer","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/2022\/08\/04\/el-mundo-de-ayer\/","title":{"rendered":"EL MUNDO DE STEFAN ZWEIG. \u00abLa edad de oro de la seguridad\u00bb. El mundo de ayer, de Stefan Zweig (Cap\u00edtulo 16)"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #008000; font-size: 14pt;\">EL MUNDO DE STEFAN ZWEIG<\/span><\/p>\n\n<p>&nbsp;<\/p>\n<blockquote>\n<h2 class=\"uppercase\" style=\"text-align: center;\"><strong>EL MUNDO DE AYER, EL MUNDO DE STEFAN ZWEIG<\/strong><\/h2>\n<p style=\"text-align: center;\"><em><strong><span style=\"font-size: 14pt;\">Stefan Zweig cerr\u00f3 su carrera literaria con una magistral autobiograf\u00eda que resumi\u00f3 tambi\u00e9n el convulso periodo de entreguerras del pasado siglo.<\/span><\/strong><\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Por Pablo Cerezal<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><a href=\"https:\/\/ethic.es\/2022\/05\/el-mundo-de-ayer-el-mundo-de-stefan-zweig\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Ethic.es<\/a>, 19 MAY 2022<\/span><\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter wp-image-2253554 size-mh-magazine-content\" src=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2022\/08\/Stefan-zweig-1-678x381.webp\" alt=\"El mundo de ayer\" width=\"678\" height=\"381\" data-id=\"2253554\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p class=\"p1\" style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">\u00ab<em>Es la \u00e9poca la que pone las im\u00e1genes, yo tan solo me limito a ponerle las palabras<\/em>\u00bb, afirmaba Stefan Zweig en\u00a0<i><a href=\"https:\/\/www.acantilado.es\/catalogo\/el-mundo-de-ayer\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\" data-schema-attribute=\"\">El mundo de ayer<\/a>,\u00a0<\/i>una de sus obras m\u00e1s celebradas. El volumen constituye un memorable ejercicio autobiogr\u00e1fico: en \u00e9l, el autor da cuenta de sus vivencias personales y, de paso, de las turbulencias sociopol\u00edticas que sacudieron la Europa del periodo de entreguerras del siglo pasado.<\/span><\/p>\n<p class=\"p1\" style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Zweig naci\u00f3 en Viena en 1881, en el seno de una familia jud\u00eda acomodada, y desde joven mostr\u00f3 su inquebrantable inter\u00e9s por las humanidades, raz\u00f3n por la cual terminar\u00eda doctor\u00e1ndose en filosof\u00eda en la Universidad de Viena. Posteriormente pudo incluso cultivar su gusto por las letras m\u00e1s all\u00e1 de la escuela, participando en largas y animadas tertulias organizadas en los caf\u00e9s de su ciudad natal. De todo ello da cuenta en los primeros cap\u00edtulos de\u00a0<i>El mundo de ayer<\/i>, que tambi\u00e9n demuestra el ambiente de tolerancia y ebullici\u00f3n cultural que se respiraba entonces en Viena.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Zweig escribi\u00f3 novelas, libros de relatos, biograf\u00edas, poemarios y obras de teatro que le convirtieron, entre 1920 y 1940, en uno de los literatos m\u00e1s c\u00e9lebres y reputados del continente (<em>y, en parte, del mundo<\/em>). Con una prosa fluida y altamente adictiva para los lectores, acometi\u00f3 en sus libros un gran abanico de temas con un estilo que fluctuaba magistralmente entre la ficci\u00f3n y la realidad. El austriaco fue, en cierto modo, el primer\u00a0<em>bestseller<\/em>\u00a0de la modernidad literaria. Un logro que pudo realizar sin renunciar a la alt\u00edsima calidad que caracterizaban tanto la forma como el fondo de sus obras.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><strong><span style=\"color: #008000;\">A trav\u00e9s de \u2018El mundo de ayer\u2019 el lector comprende c\u00f3mo la rica diversidad cultural europea sucumbi\u00f3 ante el auge de los nacionalismos<\/span><\/strong><\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p class=\"p1\" style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Lamentablemente, aquella \u00e9poca que parec\u00eda iluminar el coraz\u00f3n de Europa terminar\u00eda dando paso a dos guerras mundiales que sumir\u00edan al continente en el oscurantismo m\u00e1s funesto. Zweig fue testigo de todos los acontecimientos que provocaron tan nefasta deriva y los reflej\u00f3 en su obra, redactada desde su exilio en Brasil. Poco despu\u00e9s, ante el temor de que la brutalidad imperante en el viejo continente se extendiese por todo el planeta, Zweig y su esposa, Charlotte Elisabeth Altmann, optaron por el suicidio.<\/span><\/p>\n<p class=\"p1\" style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><i>El mundo de ayer<\/i>\u00a0fue su testamento literario. A trav\u00e9s de sus p\u00e1ginas reconstruye unas emotivas y excelentes memorias que permiten al lector comprender c\u00f3mo la rica diversidad cultural europea sucumbi\u00f3 ante el auge de los nacionalismos. Zweig lo explica con la nitidez del dolor: \u00ab<em>He perdido a mi patria propiamente dicha, la que hab\u00eda elegido mi coraz\u00f3n, Europa, a partir del momento en que esta se ha suicidado desgarr\u00e1ndose en dos guerras fratricidas<\/em>\u00bb.<\/span><\/p>\n<p class=\"p1\" style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">La Viena luminosa cede paso a la oscuridad al estallar la Primera Guerra Mundial y, a partir de ese momento, el autor contempla horrorizado el entusiasmo popular por la conflagraci\u00f3n y c\u00f3mo quienes poco antes se declaraban pacifistas hacen suya la violencia m\u00e1s irracional. Zweig se pone en camino una vez m\u00e1s, pero en esta ocasi\u00f3n huyendo del ambiente hostil que le rodea.<\/span><\/p>\n<p class=\"p1\" style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">El fanatismo invade Europa sin reparo alguno y, a partir de entonces, sin apenas hacer ruido, comienzan a crecer los totalitarismos que conducir\u00e1n a la siguiente gran conflagraci\u00f3n mundial. El nacionalismo m\u00e1s feroz hace acto de presencia y logra embaucar a las masas. \u00ab<em>Shakespeare fue proscrito de los escenarios alemanes; Mozart y Wagner, de las salas de conciertos francesas e inglesas; los profesores alemanes explicaban que Dante era germ\u00e1nico; los franceses, que Beethoven era belga<\/em>\u00bb, escribe Zweig, evidenciando \u2013como tantos otros lo har\u00edan posteriormente\u2013 que anteponer la pol\u00edtica a la cultura solo puede desembocar en barbarie. \u00c9l, no obstante, logra intensificar sus relaciones con otros adalides de la cultura y el pacifismo, como\u00a0<a href=\"https:\/\/ethic.es\/2022\/04\/rainer-maria-rilke-vivir-como-un-poeta\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\" data-schema-attribute=\"\"><span class=\"s1\">Rainer Maria Rilke<\/span><\/a>\u00a0y <a href=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/2018\/02\/19\/rabindranaz-tagore-y-romain-rolland-el-espiritu-de-europa\/\">Romain Rolland<\/a>.<\/span><\/p>\n<p class=\"p1\" style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Su deambular por una Europa en declive le permite ver c\u00f3mo nacen y crecen \u00ablas grandes ideolog\u00edas de masas: el fascismo en Italia, el nacionalsocialismo en Alemania, el bolchevismo en Rusia y, sobre todo, la peor de todas las pestes: \u00ab<em>el nacionalismo, que envenena la flor de nuestra cultura europea\u00bb<\/em>. Porque el autor consider\u00f3 siempre la cultura como el verdadero motor de Europa. Por eso mismo asimil\u00f3 que anteponer intereses pol\u00edticos y econ\u00f3micos a dicha cultura solo pod\u00eda conducir a la destrucci\u00f3n de todos aquellos v\u00ednculos que, hasta entonces, hab\u00edan unido a los pueblos del continente.<\/span><\/p>\n<p class=\"p1\" style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">La visi\u00f3n de Zweig es incre\u00edblemente incisiva: nos permite analizar el pasado, pero tambi\u00e9n el presente y, aunque no lo deseemos, tal vez el inmediato futuro de una Europa que, de nuevo, se enfrenta al poderoso auge del nacionalismo m\u00e1s irracional. En estos tiempos convulsos, tal vez sea necesario releer\u00a0<i>El mundo de ayer<\/i>\u00a0y defender la cultura que nos une frente a quienes pretenden pisotearla en aras de intereses personales capaces de conducirnos a un nuevo cataclismo.<\/span><\/p>\n<\/blockquote>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<figure id=\"attachment_2250153\" aria-describedby=\"caption-attachment-2250153\" style=\"width: 280px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-2250153\" src=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2022\/06\/Vitruvian_Man_by_Leonardo_da_Vinci.jpg\" alt=\"\" width=\"280\" height=\"398\" data-id=\"2250153\" srcset=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2022\/06\/Vitruvian_Man_by_Leonardo_da_Vinci.jpg 245w, https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2022\/06\/Vitruvian_Man_by_Leonardo_da_Vinci-211x300.jpg 211w\" sizes=\"auto, (max-width: 280px) 100vw, 280px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-2250153\" class=\"wp-caption-text\"><span style=\"color: #008000;\">El Hombre de Vitruvio o Estudio de las proporciones ideales del cuerpo humano es un famoso dibujo acompa\u00f1ado de notas anat\u00f3micas de Leonardo da Vinci realizado alrededor de 1490, a partir de los textos de arquitectura de Vitruvio, arquitecto de la antigua Roma, del cual el dibujo toma su nombre.<\/span><\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: center;\"><span style=\"font-size: 18pt;\"><strong><span style=\"color: #008000;\">*******<\/span><\/strong><\/span><\/p>\n<blockquote>\n<h2 class=\"uppercase\" style=\"text-align: center;\"><span style=\"font-size: 24pt;\"><strong>EL MUNDO DE AYER<\/strong><\/span><\/h2>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Por Emilio de Miguel Calabia<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><a href=\"https:\/\/abcblogs.abc.es\/bukubuku\/otros-temas\/el-mundo-de-ayer.html#vca=mod-friso-p1&amp;vmc=blogs-blogs&amp;vso=El%20mundo%20de%20ayer&amp;vli=portada.portada\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Bukubuku<\/a>, 27 JULIO 2022<\/span><\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter wp-image-2253256\" src=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2022\/07\/Vida-antigua.jpg\" alt=\"\" width=\"480\" height=\"350\" data-id=\"2253256\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p class=\"western\" style=\"text-align: justify;\" align=\"justify\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Le\u00ed \u201c<em><strong>El mundo de ayer\u201d<\/strong><\/em> de <strong>Stefan Zweig<\/strong> hace 20 a\u00f1os y me gust\u00f3. S\u00e9 que cuando la relea, me sentir\u00e9 identificado con ella. Ahora casi tengo la edad que ten\u00eda <strong>Zweig<\/strong> cuando la escribi\u00f3.<\/span><\/p>\n<p class=\"western\" style=\"text-align: justify;\" align=\"justify\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><strong>Zweig<\/strong> comenz\u00f3 a escribir \u201c<em><strong>El mundo de ayer<\/strong><\/em>\u201d cuando los nazis ya hab\u00edan llegado al poder y le dio los \u00faltimos retoques cuando la II Guerra Mundial acababa de estallar. Pero el gran desastre europeo no ocurri\u00f3 en 1939. El gran desastre ya hab\u00eda ocurrido en 1914. Es la evocaci\u00f3n de ese mundo desaparecido lo m\u00e1s pat\u00e9tico y lo m\u00e1s memorable del libro. <strong>Zweig<\/strong> evoca una Europa en la que se pod\u00eda viajar sin pasaporte y cuyas elites estaba vinculadas por una cultura cosmopolita com\u00fan. Era un mundo estable y optimista, que confiaba en el progreso, un progreso ilimitado que nos llevar\u00eda alg\u00fan d\u00eda al para\u00edso sobre la tierra. Cierto que la visi\u00f3n de los obreros era muy diferente, pero lentamente iba extendi\u00e9ndose por la sociedad europea la conciencia de que hab\u00eda que elevar su nivel de vida. <strong>Zweig<\/strong> recibe ese tiempo con la frase: \u201c<em>Si busco una f\u00f3rmula pr\u00e1ctica para definir la \u00e9poca de antes de la Primera Guerra Mundial, la \u00e9poca en que crec\u00ed y me cri\u00e9, conf\u00edo en haber encontrado la m\u00e1s concisa al decir que fue la edad de oro de la seguridad<\/em>\u201d.<\/span><\/p>\n<aside class=\"roba-intercalado sin-fondo layer_inpage\">\n<div id=\"google_ads_iframe_\/4900\/vocento.abc\/blogs_0__container__\"><span style=\"font-size: 14pt; text-align: justify;\">Podr\u00eda suscribir a mi modo todo lo que dice <strong>Zweig<\/strong>. Yo tambi\u00e9n nac\u00ed en una edad de oro de la seguridad. Para nosotros, el mundo cambi\u00f3 radicalmente en 1973, cuando la primera crisis del petr\u00f3leo nos ense\u00f1\u00f3 que algo que d\u00e1bamos por sentado,- la energ\u00eda-, era un bien escaso y muy caro.<\/span><\/div>\n<\/aside>\n<p class=\"western\" style=\"text-align: justify;\" align=\"justify\"><span style=\"font-size: 14pt;\">\u00bfC\u00f3mo pod\u00edan ver el mundo un ni\u00f1o o un adolescente de aquellos a\u00f1os? Ante todo como un lugar seguro y estable. El temor a una guerra nuclear se hab\u00eda difuminado, una vez pasado los sustos de la d\u00e9cada de los sesenta. Las guerras y las asuntos desagradables eran cosas que ocurr\u00edan en pa\u00edses muy lejanos, habitados por gentes muy raras que estaban acostumbradas a que todo el rato les ocurrieran cosas desagradables.<\/span><\/p>\n<p class=\"western\" style=\"text-align: justify;\" align=\"justify\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Viv\u00edamos en sociedades monoculturales, en las que la emigraci\u00f3n no era un problema, por la simple raz\u00f3n de que no exist\u00eda y, si exist\u00eda, resultaba irrelevante para nuestras vidas. Se nos hab\u00edan inculcado unos valores eternos y si te comportabas conforme a ellos, te dec\u00edan que tendr\u00edas una vida segura y feliz, una vida, adem\u00e1s, que no cesar\u00eda de mejorar, porque era innegable que cada vez viv\u00edamos mejor. Te ofrec\u00edan una vida prefigurada: el colegio, la universidad, el servicio militar, conseguir un trabajo estable, en el que seguir\u00edas hasta que te jubilaras, casarte con una mujer m\u00e1s joven que t\u00fa (<em>la mayor parte de las mujeres no iban a la universidad; su profesi\u00f3n consist\u00eda en buscarse un buen partido entre los profesionales j\u00f3venes ya asentados<\/em>), tener hijos, veranear quince d\u00edas en la playa o en la monta\u00f1a, jubilarte y morirte.<\/span><\/p>\n<p class=\"western\" style=\"text-align: justify;\" align=\"justify\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Desde nuestra perspectiva actual puede parecer una vida aburrida y mon\u00f3tona y seguramente lo fuera, pero nuestros padres no hab\u00edan conocido otra cosa. Nadie les hab\u00eda hablado de la necesidad de reinventarse cada pocos a\u00f1os, ni de convertirse ellos mismos en su propia marca, ni de estar abiertos al cambio. Acaso porque llevaban vidas aburridas y no sufr\u00edan de lo que hemos sufrido sus hijos y sus nietos,- la incertidumbre-, no iban a terapeutas, ni necesitaban <em>prozac<\/em> y el estr\u00e9s era algo tan novedoso, que los primeros peri\u00f3dicos que se refirieron a \u00e9l, lo escribieron \u201cstress\u201d, en ingl\u00e9s y entrecomillado, y aun ten\u00edan que explicar en qu\u00e9 consist\u00eda.<\/span><\/p>\n<p class=\"western\" style=\"text-align: justify;\" align=\"justify\"><span style=\"font-size: 14pt;\">No hab\u00eda inseguridad ciudadana. El terrorismo de ETA apenas empezaba y nadie hab\u00eda o\u00eddo hablar del terrorismo islamista. Aun quedaban algunos a\u00f1os para que viniese la gran epidemia de la hero\u00edna que se carg\u00f3 a una generaci\u00f3n. La droga era algo tan lejano, que en un programa de televisi\u00f3n en el que hablaron de los <em>porros<\/em>, yo entend\u00ed que quer\u00edan decir <em>puerros<\/em>.<\/span><\/p>\n<p class=\"western\" style=\"text-align: justify;\" align=\"justify\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Aun hab\u00eda primaveras en las que un marzo ventoso y un abril lluvioso tra\u00edan un mayo florido y hermoso y el comienzo del fr\u00edo y del mal tiempo en septiembre era una certeza con la que se pod\u00eda contar. A\u00fan faltaban como 15 a\u00f1os para que empez\u00e1semos a o\u00edr hablar del cambio clim\u00e1tico y cuando comenzamos a o\u00edr hablar de \u00e9l, pensamos que era algo lejano, que tal vez les tocar\u00eda a nuestros nietos.<\/span><\/p>\n<p class=\"western\" style=\"text-align: justify;\" align=\"justify\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Ten\u00edamos una televisi\u00f3n con dos cadenas y cre\u00edamos que en el lejan\u00edsimo d\u00eda en el que permitiesen las televisiones privadas, la competencia entre las distintas cadenas llevar\u00eda a una mejora de los programas en todas ellas, no a \u201c<em>S\u00e1lvame<\/em>\u201d. S\u00ed, era la edad de la inocencia y hasta de la ingenuidad.<\/span><\/p>\n<p class=\"western\" style=\"text-align: justify;\" align=\"justify\"><span style=\"font-size: 14pt;\">La cultura era un valor y todos, cuando les hac\u00edan una encuesta, pon\u00edan que hab\u00edan le\u00eddo m\u00e1s libros de los que realmente hab\u00edan le\u00eddo. Nadie alardeaba de ignorancia, m\u00e1s bien la escond\u00edan.<\/span><\/p>\n<p class=\"western\" style=\"text-align: justify;\" align=\"justify\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><strong>Era la edad de oro de la seguridad<\/strong> (<em>\u00a1Vaya! Esa frase me suena familiar. \u00bfD\u00f3nde la habr\u00e9 o\u00eddo?<\/em>)<\/span><\/p>\n<\/blockquote>\n<p align=\"justify\">\u00a0<\/p>\n<p align=\"justify\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-16868 aligncenter\" src=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2019\/02\/zweig.jpg\" alt=\"\" width=\"189\" height=\"194\" \/><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\" align=\"justify\"><strong><span style=\"color: #008000; font-size: 18pt;\">*******<\/span><\/strong><\/p>\n<h2 style=\"text-align: center;\"><span style=\"font-size: 24pt;\"><strong>Stefan Zweig,\u00a0<\/strong><strong>EL MUNDO DE AYER<\/strong><strong><em>. Memorias de un europeo<\/em> (1942): Presentaci\u00f3n<\/strong><\/span><\/h2>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong><span style=\"font-size: 14pt;\">\u00ab<em>La edad de oro de la seguridad<\/em>\u00bb como define Stefan Zweig la Europa que precedi\u00f3 a la primera guerra mundial, y en la que \u00e9l creci\u00f3, fue engullida por totalitarismos de derechas e izquierdas.<\/span><\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"https:\/\/elsurcodeltiempo.blogspot.com\/2011\/10\/l111-el-mundo-de-ayer-memorias-de-un.html\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\"><span style=\"font-size: 14pt;\">El surco del tiempo<\/span><\/a><\/p>\n<figure id=\"attachment_2253561\" aria-describedby=\"caption-attachment-2253561\" style=\"width: 400px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-2253561\" src=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2022\/08\/Stefan-Zweig-Mapas-Imperiales-Imperio-Austrohungaro1.jpg\" alt=\"\" width=\"400\" height=\"298\" data-id=\"2253561\" srcset=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2022\/08\/Stefan-Zweig-Mapas-Imperiales-Imperio-Austrohungaro1.jpg 400w, https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2022\/08\/Stefan-Zweig-Mapas-Imperiales-Imperio-Austrohungaro1-300x224.jpg 300w, https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2022\/08\/Stefan-Zweig-Mapas-Imperiales-Imperio-Austrohungaro1-80x60.jpg 80w\" sizes=\"auto, (max-width: 400px) 100vw, 400px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-2253561\" class=\"wp-caption-text\"><span style=\"color: #008000;\">Imperio Austrohungaro<\/span><\/figcaption><\/figure>\n<p align=\"justify\">\u00a0<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400; text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><em>El mundo de ayer<\/em>\u00a0(1942) fue el testamento literario de\u00a0<b><strong><a href=\"https:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/Stefan_Zweig\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\" data-schema-attribute=\"\">Stefan Zweig (1881-1942)<\/a><\/strong><\/b>; pero tambi\u00e9n es una descripci\u00f3n excelente de c\u00f3mo era la vida en la vieja Europa anterior a la primera guerra mundial, y los est\u00e9riles intentos en el tiempo de entreguerras por oponer al nacionalismo la idea de una Europa unida, consciente de su rica diversidad cultural.<\/span><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400; text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Es la \u00e9poca la que pone las im\u00e1genes, yo tan s\u00f3lo me limito a ponerle las palabras; aunque, a decir verdad, tampoco ser\u00e1 mi destino el tema de mi narraci\u00f3n, sino el de toda una generaci\u00f3n, la nuestra, la \u00fanica que ha cargado con el peso del destino, como, seguramente, ninguna otra en la historia.<\/span><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400; text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Los recuerdos de Stefan Zweig nos muestran una Europa que ya no existe, y es de agradecer que alguien con su gusto y sensibilidad nos la describa justo como era antes de que llegar\u00e1 el horror de las dos guerras mundiales. A continuaci\u00f3n os resumo brevemente los cap\u00edtulos del libro.<\/span><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400; text-align: justify; padding-left: 40px;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><strong>Cap\u00edtulo 1<\/strong>. Zweig vive en un mundo en el que existe una gran fe en el progreso. Nos habla de la peque\u00f1a f\u00e1brica de tejidos del padre. La familia cosmopolita de la madre, los Brettauer. La Viena de los Habsburgo, una ciudad cultural. Los astros de la m\u00fasica, el teatro imperial, el Burgtheater, la \u00f3pera de Viena. El gusto y el nivel musical y cultural vien\u00e9s son alt\u00edsimos. El juda\u00edsmo vien\u00e9s mecenas de la cultura. El ambiente tolerante de Viena, la falta de prisas.<\/span><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400; text-align: justify; padding-left: 40px;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><strong>Cap\u00edtulo 2<\/strong>. C\u00f3mo era la escuela del siglo pasado. Zweig curs\u00f3 cinco a\u00f1os de primaria, m\u00e1s ocho de\u00a0<em>gymnasium<\/em>. El estudio de idiomas. La escuela como obligaci\u00f3n. La desconfianza hacia la juventud que es obstaculizada para progresar. La pedagog\u00eda de la autoridad. La pasi\u00f3n por las artes y las letras fuera de la escuela. Los caf\u00e9s vieneses son n\u00facleos de cultura. El arte nuevo de los impresionistas. El joven poeta Hofmannsthal. La poes\u00eda de Rilke. El rechazo a toda actividad f\u00edsica. Las vibraciones est\u00e9ticas que llevan a lo pol\u00edtico. La organizaci\u00f3n de las masas: el socialismo, el partido social cristiano. La violencia en la pol\u00edtica: el partido nacional alem\u00e1n austr\u00edaco.<\/span><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400; text-align: justify; padding-left: 40px;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><strong>Cap\u00edtulo 3<\/strong>.\u00a0<em>Eros matutinos<\/em>. La moral predominante es la victoriana; la sexualidad se oculta; la moda femenina \u2014van tapadas de pies a cabeza\u2014. Los hombres llevan largas barbas y bigotes. Las parejas son obligadas a ir con carabinas durante el noviazgo. Los ba\u00f1os se realizaban con ropa. La educaci\u00f3n de la mujer, que llegaba\u00a0<em>in albis<\/em>\u00a0al matrimonio; educadas pero ignorantes, modelables por el marido. El hombre joven se satisface con la prostituci\u00f3n. Las calles de Viena, las prostitutas, las casas de tolerancia, la s\u00edfilis.<\/span><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400; text-align: justify; padding-left: 40px;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><strong>Cap\u00edtulo 4<\/strong>.\u00a0<em>Universitas vitae<\/em>. Las prerrogativas que se otorgaban a los estudiantes. Las corporaciones estudiantiles. La publicaci\u00f3n de su primer libro de poes\u00eda, a los diecinueve a\u00f1os. El encuentro con Theodor Herze \u2014en aquel momento redactor de la\u00a0<em>Neuen Frei Presse<\/em>\u2014, antes de publicar\u00a0<em>El estado jud\u00edo<\/em>, quien le publica un relato. Se traslada a Berl\u00edn para continuar sus estudios. El encuentro con Rudolf Steiner, fundador de la antroposof\u00eda. Descubre en Berl\u00edn un esp\u00edritu creativo m\u00e1s libre que en la encorsetada Viena. En Bruselas conoce al poeta Emile Verhaeren, y se convierte en su traductor al alem\u00e1n. Se doctora en filosof\u00eda.<\/span><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400; text-align: justify; padding-left: 40px;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><strong>Cap\u00edtulo 5<\/strong>. Par\u00eds es la ciudad de la eterna juventud, el reino de la libertad individual.<sup>3<\/sup>\u00a0En 1904 Zweig conoce a Rilke, de quien destaca su sensibilidad y gusto en todo lo que hac\u00eda. Visita la casa de Rodin. Se traslada a Londres donde le cuesta entrar en contacto con los escritores ingleses. En una velada conoce a W.B. Yeats.<\/span><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400; text-align: justify; padding-left: 40px;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><strong>Cap\u00edtulo 6<\/strong>. Rodeos en el camino hacia s\u00ed mismo. No fija su residencia en ninguna parte. Colecciona manuscritos de Mozart, Rilke, Rolland, Claudel, Gorki, Freud. Conoce a una anciana que conoci\u00f3 a Goethe. Publica sus obras en la editorial Insel-Verlag. Las peripecias de su obra de teatro\u00a0<em>Tersites<\/em>, y el estreno trastornado por la muerte de los dos actores protagonistas.<\/span><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400; text-align: justify; padding-left: 40px;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><strong>Cap\u00edtulo 7<\/strong>. M\u00e1s all\u00e1 de Europa. Conoce al empresario y pol\u00edtico Walther Rathenau. Visita la India donde trata a Karl Hanshofer, agregado militar que viaja a Jap\u00f3n, creador m\u00e1s tarde del concepto \u00abespacio vital\u00bb. Viaja a Nueva York. Se siente solo. Viaja a otras ciudades estadounidenses: Filadelfia, Boston, Baltimore y Chicago; tambi\u00e9n al canal de Panam\u00e1.<\/span><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400; text-align: justify; padding-left: 40px;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><strong>Cap\u00edtulo 8<\/strong>. Luces y sombras sobre Europa. La prosperidad de las ciudades europeas en 1910, un mundo m\u00e1s libre. La expansi\u00f3n de las empresas, la rivalidad colonial entre pa\u00edses. Descubre a <a href=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/2018\/02\/19\/rabindranaz-tagore-y-romain-rolland-el-espiritu-de-europa\/\">Romain Rolland<\/a>, un europe\u00edsta convencido. 1912, los Balcanes se pueblan de nuevos ca\u00f1ones. El caso del coronel Rede y el espionaje ruso. Berta von Suttner escribe\u00a0<em>Abajo las armas<\/em>. El estado de \u00e1nimo de los pueblos es inferido por la propaganda beligerante.<\/span><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400; text-align: justify; padding-left: 40px;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><strong>Cap\u00edtulo 9<\/strong>. Las primeras horas de la guerra de 1914. El asesinato del pr\u00edncipe Francisco Fernando en Sarajevo no produce conmoci\u00f3n en Viena, pues no era muy querido. Las relaciones entre Austria y Serbia se hacen m\u00e1s tensas. Veranea en B\u00e9lgica. Austria declara la guerra a Serbia. Huye hacia Viena ante la posible invasi\u00f3n alemana. La movilizaci\u00f3n en Viena, existe un entusiasmo por la guerra. Su vida cosmopolita hace que no se sienta atra\u00eddo por la guerra, con treinta y dos a\u00f1os lo pasan a la reserva como ayudante en un archivo. Los intelectuales loan la guerra: Ernst Lissauer, escribe\u00a0<em>Canto de odio a Inglaterra<\/em>. Se proh\u00edbe lo extranjero; los antiguos pacifistas est\u00e1n ebrios de sangre. Zweig y Rilke se muestran horrorizados.<\/span><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400; text-align: justify; padding-left: 40px;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><strong>Cap\u00edtulo 10<\/strong>. La lucha por la fraternidad espiritual. Se reencuentra con Rolland en Suiza, quien escribe un op\u00fasculo pacifista titulado\u00a0<em>Audessus de la m\u00eal\u00e9e<\/em>. Se traslada al frente ruso donde descubre sus atrocidades y la falsificaci\u00f3n que ha hecho la propaganda b\u00e9lica. Escribe su tragedia\u00a0<em>Jerem\u00edas<\/em>\u00a0en 1917.<\/span><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400; text-align: justify; padding-left: 40px;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><strong>Cap\u00edtulo 11<\/strong>. En el coraz\u00f3n de Europa. Aparece en los pa\u00edses el odio a la guerra y la desconfianza en la victoria. La diferencia entre la Suiza neutral y la Austria del mill\u00f3n de muertos. Zweig cree que gracias a Romain Rolland, Europa conserv\u00f3 su conciencia moral. Conoce a Henri Guilbeaux, fundador del diario antibelicista Demain. Zurich se convierte en una ciudad importante, lugar de encuentro de todos los movimientos intelectuales. Conoce a James Joyce. La ciudad est\u00e1 llena de esp\u00edas. Los revolucionarios y pacifistas de caf\u00e9 se citan all\u00ed.<\/span><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400; text-align: justify; padding-left: 40px;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><strong>Cap\u00edtulo 12<\/strong>. Retorno a Austria. El imperio austroh\u00fangaro es mutilado por las potencias vencedoras. El emperador Carlos, heredero de la dinast\u00eda Habsburgo, abandona Austria. La odisea del regreso, su casa est\u00e1 en mal estado, se instala en Salzburgo. El hambre y la inflaci\u00f3n de la posguerra, se vuelve al trueque, aparecen los especuladores que se enriquecen. La juventud deja de creer en los pol\u00edticos, padres y maestros que los han conducido a esta penosa situaci\u00f3n. La \u00e9poca de los ismos art\u00edsticos.<\/span><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400; text-align: justify; padding-left: 40px;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><strong>Cap\u00edtulo 13<\/strong>. Regreso al mundo. Viaja a Italia en 1922. Se encuentra con el fascismo de Mussolini. El asesinato de Ratheneau, el ministro alem\u00e1n de Asuntos Exteriores. La inflaci\u00f3n alemana, el caos econ\u00f3mico y moral. Una d\u00e9cada de estabilidad (1924-1933). Le llega el \u00e9xito y el reconocimiento como escritor; se realizan numerosas traducciones de sus obras. Lo molesto que tiene la fama, se publican fotograf\u00edas suyas.<\/span><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400; text-align: justify; padding-left: 40px;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><strong>Cap\u00edtulo 14<\/strong>. Ocaso. Viaja a Rusia en 1928 donde visita la tumba de Tolst\u00f3i. Su amistad con M\u00e1ximo Gorki. La cordialidad de sus gentes. Visita a Benedetto Croce, opositor al fascismo italiano. Escribe a Mussolini para pedirle la liberaci\u00f3n de un preso pol\u00edtico. Su casa en Salzburgo se llena de personajes famosos que lo visitan. Su afici\u00f3n por el coleccionismo de manuscritos sigue viva.<\/span><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400; text-align: justify; padding-left: 40px;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><strong>Cap\u00edtulo 15<\/strong>.\u00a0<em>Incipit<\/em>\u00a0Hitler. Hay grupos organizados que atacan a los obreros. El\u00a0<em>putsch<\/em>\u00a0de M\u00fanich de 1923 fracas\u00f3 y Europa vive un per\u00edodo de tranquilidad. En 1933, Hitler se convierte en canciller. La quema y prohibici\u00f3n de sus libros. El libreto escrito para Richard Strauss y los esfuerzos de los nazis para borrarlo como libretista de\u00a0<em>La Dama silenciosa<\/em>. En octubre de 1933, decide hacer un viaje a Londres. Vuelve a Austria en febrero de 1934, la situaci\u00f3n ha empeorado, registran su casa.<\/span><\/p>\n<p style=\"font-weight: 400; text-align: justify; padding-left: 40px;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><strong>Cap\u00edtulo 16<\/strong>. La agon\u00eda de la paz. De 1934 a1940 vive en Inglaterra, sin participar en la vida p\u00fablica. Sus conferencias en Estados Unidos. La parada en Vigo, sus impresiones sobre la Guerra Civil Espa\u00f1ola. Viaja a Argentina y Brasil. Sus visitas a Viena para prevenir a sus amigos sobre el peligro nazi; nadie le hace caso. En 1938 Hitler se anexiona Austria, le retiran el pasaporte austr\u00edaco. Las negociaciones de Chamberlain en M\u00fanich para conseguir la paz. Sus a\u00f1os de amistad con Sigmund Freud. Los refugiados alemanes. El verano de 1939, anexionada Checoslovaquia, Hitler reclama Danzig. Zweig intenta casarse. El 1 de septiembre estalla la guerra.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"font-weight: 400; text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">\u00ab<em><strong>La edad de oro de la seguridad<\/strong><\/em>\u00bb como define Stefan Zweig la Europa que precedi\u00f3 a la primera guerra mundial, y en la que \u00e9l creci\u00f3, fue engullida por totalitarismos de derechas e izquierdas. De c\u00f3mo desapareci\u00f3 ese \u00abmundo de ayer\u00bb es de lo que tratan estas memorias, que quieren ser el relato de la derrota de la civilizaci\u00f3n, de c\u00f3mo la cultura sucumbi\u00f3 ante los instintos de la guerra. Me parece significativo que esa \u00e9poca de la seguridad sea para Walter Benjamin, alem\u00e1n, jud\u00edo, y que tambi\u00e9n se suicidar\u00eda casi al tiempo que Zweig, un mundo de inseguridad, decadencia y descomposici\u00f3n.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify; padding-left: 40px;\" align=\"justify\">\u00a0<\/p>\n<p align=\"justify\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-2253562\" src=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2022\/08\/Stefan-zweig_con_perro.jpg\" alt=\"\" width=\"225\" height=\"320\" data-id=\"2253562\" srcset=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2022\/08\/Stefan-zweig_con_perro.jpg 225w, https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2022\/08\/Stefan-zweig_con_perro-211x300.jpg 211w\" sizes=\"auto, (max-width: 225px) 100vw, 225px\" \/><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\" align=\"justify\"><strong><span style=\"color: #008000; font-size: 18pt;\">*******<\/span><\/strong><\/p>\n<h2 style=\"text-align: center;\" align=\"justify\"><span style=\"font-size: 24pt;\"><strong>LA AGON\u00cdA DE LA PAZ : \u00abEl mundo de ayer, Memorias de un europeo<\/strong><strong>\u00bb (<\/strong><strong>Cap\u00edtulo 16)<\/strong><\/span><\/h2>\n<p style=\"text-align: center;\" align=\"justify\"><span style=\"font-size: 18pt;\"><strong>Stefan Zweig<\/strong><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\" align=\"justify\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><em>El sol de Roma se ha puesto. <\/em><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\" align=\"justify\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><em>Nuestro d\u00eda muri\u00f3. <\/em><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\" align=\"justify\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><em>Nubes, roc\u00edo y peligros se acercan; <\/em><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\" align=\"justify\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><em>hemos cumplido nuestra labor<\/em>. <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\" align=\"justify\"><span style=\"font-size: 14pt;\">SHAKESPEARE, Julio C\u00e9sar<\/span><\/p>\n<p align=\"justify\">\u00a0<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\" align=\"justify\"><span style=\"font-size: 14pt;\">As\u00ed como en su momento Sorrento no signific\u00f3 un exilio para Gorki, tampoco lo fue Inglaterra para m\u00ed durante los primeros meses. Austria sigui\u00f3 existiendo despu\u00e9s de aquella\u2014as\u00ed llamada\u2014\u00abrevoluci\u00f3n\u00bb y de la tentativa inmediatamente posterior de los nacionalsocialistas de apoderarse del pa\u00eds mediante un golpe de mano y el asesinato de Dollfuss. La agon\u00eda de mi patria habr\u00eda de durar todav\u00eda cuatro a\u00f1os. Pod\u00eda volver a mi casa en aquel momento, no estaba desterrado, a\u00fan no era un proscrito. Nadie hab\u00eda tocado mis libros de la casa de Salzburgo, todav\u00eda ten\u00eda el pasaporte austr\u00edaco, la patria segu\u00eda siendo mi patria y yo, ciudadano suyo con todos los derechos. No hab\u00eda empezado a\u00fan esa espantosa condici\u00f3n de ap\u00e1trida, imposible de explicar a quien no la haya padecido en carne propia, esa enervante sensaci\u00f3n de tambalearse suspendido en el vac\u00edo con los ojos abiertos y de saber que dondequiera que uno eche ra\u00edces puede ser rechazado en cualquier momento. Me encontraba tan s\u00f3lo al comienzo del periplo y, sin embargo, todo fue muy diferente cuando, a finales de febrero de 1934, baj\u00e9 del tren en Victoria Station; se ve diferente una ciudad si uno ha decidido quedarse en ella o si s\u00f3lo la visita como turista. No sab\u00eda cu\u00e1nto tiempo vivir\u00eda en Londres. Me importaba una sola cosa: poder volver a mi trabajo, defender mi libertad interior y exterior. No me compr\u00e9 ninguna casa, porque toda propiedad significa una atadura, sino que alquil\u00e9 un pisito, lo bastante grande como para colocar una mesa escritorio y guardar en dos armarios empotrados los pocos libros de los que no estaba dispuesto a desprenderme. En realidad, con eso ten\u00eda todo lo que un trabajador intelectual necesita. No hab\u00eda espacio para la vida social, es cierto, pero yo prefer\u00eda vivir en un marco limitado y, a cambio de ello, poder viajar libremente de vez en cuando; sin saberlo, mi vida ya hab\u00eda enfilado el camino de la provisionalidad y abandonado la permanencia en un mismo lugar.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\" align=\"justify\"><span style=\"font-size: 14pt;\">La primera tarde\u2014ya anochec\u00eda y los contornos de las paredes se desdibujaban en el crep\u00fasculo\u2014entr\u00e9 en la peque\u00f1a vivienda, ya por fin preparada, y me asust\u00e9, porque en aquel momento tuve la impresi\u00f3n de entrar en aquel otro peque\u00f1o alojamiento que hab\u00eda preparado en Viena, con las mismas peque\u00f1as habitaciones, los mismos libros que me saludaban desde la pared y los alucinados ojos del Rey Juan de Blake, que me acompa\u00f1aba a todas partes. Necesit\u00e9 de veras un rato para reponerme, pues durante a\u00f1os no hab\u00eda vuelto a recordar aquel domicilio. \u00bfEra un s\u00edmbolo de que mi vida\u2014tan dilatada ya\u2014se retra\u00eda hacia el pasado y yo me convert\u00eda en una sombra de m\u00ed mismo? Cuando, veinte a\u00f1os atr\u00e1s, escog\u00ed aquel piso de Viena, tambi\u00e9n era un comienzo. No hab\u00eda escrito nada todav\u00eda o, al menos, nada importante; mis libros, mi nombre, todav\u00eda no exist\u00edan en mi pa\u00eds. Ahora, por una curiosa similitud, mis libros hab\u00edan vuelto a desaparecer de la lengua en que hab\u00edan sido escritos y todo lo nuevo que escrib\u00eda era desconocido para Alemania. Los amigos estaban lejos, el viejo c\u00edrculo se hab\u00eda roto, la casa hab\u00eda desaparecido junto con sus colecciones y cuadros; exactamente igual que anta\u00f1o, me volv\u00eda a encontrar rodeado de extra\u00f1os. Todo lo que hab\u00eda intentado, hecho, aprendido y vivido entretanto parec\u00eda como si se lo hubiera llevado el viento; a los cincuenta a\u00f1os y pico me encontraba otra vez al principio, volv\u00eda a ser un estudiante que se sentaba ante su escritorio y por la ma\u00f1ana trotaba hacia la biblioteca, bien que ya no tan cr\u00e9dulo, no tan entusiasta, con un reflejo gris en el pelo y un atisbo de des\u00e1nimo en el alma cansada.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\" align=\"justify\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Me cuesta decidirme a contar muchas cosas de aquellos a\u00f1os de 1934 a 1940 pasados en Inglaterra, porque me estoy acercando a la \u00e9poca actual y todos la hemos vivido casi de la misma forma, con el mismo desasosiego avivado por la radio y los peri\u00f3dicos, con las mismas esperanzas y angustias. Hoy todos recordamos con poco orgullo la ceguera pol\u00edtica de aquellos a\u00f1os y vemos con horror hasta d\u00f3nde nos ha conducido; quien quisiera explicarlo, tendr\u00eda que acusar, \u00a1y qui\u00e9n de nosotros tendr\u00eda derecho a hacerlo! Adem\u00e1s, mi vida en Inglaterra fue muy reservada. Aun sabi\u00e9ndome lo bastante necio como para no poder superar un obst\u00e1culo tan superfluo, viv\u00ed todos aquellos a\u00f1os de semiexilio y exilio desconectado de toda vida social franca y abierta, llevado por el error de considerar que en un pa\u00eds extranjero no me estaba permitido participar en debates sobre la \u00e9poca. Si en Austria no hab\u00eda podido hacer nada contra la insensatez de los c\u00edrculos dirigentes, \u00bfqu\u00e9 pod\u00eda intentar all\u00ed, donde me sent\u00eda hu\u00e9sped de aquella buena isla, sabiendo (gracias a un mejor y m\u00e1s exacto conocimiento que ya ten\u00edamos de ella) que si se\u00f1alaba los peligros con los que Hitler amenazaba al mundo se lo tomar\u00edan como una opini\u00f3n personal interesada? Era francamente dif\u00edcil a veces morderse la lengua ante errores notorios. Era doloroso ver c\u00f3mo una propaganda magistralmente escenificada abusaba precisamente de la suprema virtud de Inglaterra, la lealtad, la sincera voluntad de dar cr\u00e9dito a cualquiera desde el principio y sin pedirle pruebas. Una y otra vez se pretend\u00eda hacer creer que Hitler s\u00f3lo quer\u00eda atraer a los alemanes de los territorios fronterizos, que luego se dar\u00eda por satisfecho y, en agradecimiento, exterminar\u00eda al bolchevismo; este anzuelo funcion\u00f3 a la perfecci\u00f3n. A Hitler le bastaba mencionar la palabra \u00abpaz\u00bb en un discurso para que los peri\u00f3dicos olvidaran con j\u00fabilo y pasi\u00f3n todas las infamias cometidas y dejaran de preguntar por qu\u00e9 Alemania se estaba armando con tanto frenes\u00ed. Los turistas que regresaban de Berl\u00edn, donde, con toda previsi\u00f3n, se les hab\u00eda guiado y halagado, elogiaban el orden que all\u00ed reinaba y a su nuevo amo; poco a poco fueron surgiendo voces en Inglaterra que empezaban a justificar en parte sus \u00abreivindicaciones\u00bb de una Gran Alemania; nadie comprend\u00eda que Austria era la piedra angular del edificio y que, tan pronto como la hicieran saltar, Europa se derrumbar\u00eda. Pero yo percib\u00eda la ingenuidad y la noble buena fe con las que los ingleses y sus dirigentes se dejaban seducir; me daba cuenta de ello con los ojos ardientes de quien en su pa\u00eds hab\u00eda visto de cerca las caras de las tropas de asalto y les hab\u00eda o\u00eddo cantar: \u00abHoy Alemania es nuestra, ma\u00f1ana lo ser\u00e1 el mundo entero.\u00bb Cuanto m\u00e1s se acentuaba la tensi\u00f3n pol\u00edtica, m\u00e1s me apartaba de las conversaciones en torno a ella y de cualquier actividad p\u00fablica. Inglaterra es el \u00fanico pa\u00eds del viejo mundo donde no he publicado ning\u00fan art\u00edculo relacionado con temas contempor\u00e1neos, donde nunca he hablado por la radio ni he participado en debates p\u00fablicos; he vivido all\u00ed, en mi peque\u00f1o domicilio, en mayor anonimato que treinta a\u00f1os antes cuando era estudiante en Viena. Por lo tanto, no soy un testigo v\u00e1lido con derecho a hablar de Inglaterra y menos a\u00fan si, como tuve que confesar m\u00e1s tarde, antes de la guerra no hab\u00eda llegado a descubrir la fuerza profunda de Inglaterra, retenida en s\u00ed misma, que se revela s\u00f3lo en los momentos de extremo peligro.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\" align=\"justify\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Tampoco vi a muchos escritores. Precisamente a los dos con los que acab\u00e9 trabando amistad, John Drinwater y Hugh Walpole, se los llev\u00f3 una muerte prematura, y no trataba mucho con los m\u00e1s j\u00f3venes porque, a causa de la sensaci\u00f3n de inseguridad del foreigner, que me agobiaba funestamente, evitaba clubes, cenas y actos p\u00fablicos. Sin embargo, en una ocasi\u00f3n tuve el placer especial y realmente inolvidable de ver a los dos cerebros m\u00e1s agudos, Bernard Shaw y H. G. Wells, en una discusi\u00f3n, muy cargada por debajo, pero caballerosa y brillante por fuera. Fue durante un lunch con pocas personas en casa de Shaw y yo me hallaba en la situaci\u00f3n\u2014en parte atractiva y en parte desagradable\u2014de no estar al tanto de lo que provocaba la tensi\u00f3n subterr\u00e1nea que se percib\u00eda como una corriente el\u00e9ctrica entre los dos patriarcas, ya desde el momento en que se saludaron con una familiaridad ligeramente impregnada de iron\u00eda. Deb\u00eda existir entre ellos una divergencia de opini\u00f3n en cuestiones de principios que se hab\u00eda dirimido poco antes o se hab\u00eda de dirimir durante aquel almuerzo. Estas dos grandes figuras, cada una de ellas una gloria de Inglaterra, hab\u00edan luchado codo a codo, hac\u00eda medio siglo y en el c\u00edrculo de la Sociedad Fabiana, a favor del socialismo, por aquella \u00e9poca un movimiento tambi\u00e9n joven todav\u00eda. Desde entonces esas dos personalidades tan definidas hab\u00edan evolucionado por caminos cada vez m\u00e1s divergentes: Wells, perseverando en su idealismo activo y trabajando incansablemente en su visi\u00f3n del futuro de la humanidad; Shaw, en cambio, observando tanto el futuro como el presente cada vez con m\u00e1s iron\u00eda y escepticismo, para as\u00ed poner a prueba su juego mental, hecho de reflexi\u00f3n y divertimiento. Tambi\u00e9n f\u00edsicamente se hab\u00edan convertido con los a\u00f1os en dos figuras completamente opuestas. Shaw, el incre\u00edblemente vigoroso octogenario que en las comidas s\u00f3lo mordisqueaba nueces y fruta, alto, delgado, siempre tenso, siempre con una estrepitosa carcajada en sus labios f\u00e1cilmente comunicativos y m\u00e1s enamorado que nunca de los fuegos artificiales de sus paradojas; Wells, el septuagenario con m\u00e1s gusto por la vida y con una vida m\u00e1s holgada que nunca, bajo de estatura, mofletudo e implacablemente serio tras su ocasional hilaridad. Shaw, brillante en su agresividad, r\u00e1pido y ligero a la hora de cambiar los puntos de ataque; Wells, con una defensa t\u00e1cticamente fuerte, imperturbable como siempre en su fe y sus convicciones. En seguida tuve la impresi\u00f3n de que Wells no hab\u00eda acudido a una simple sobremesa para conversar con amigos, sino a una especie de exposici\u00f3n de principios. Y precisamente porque yo no estaba informado de los motivos ocultos de aquel conflicto de ideas, percib\u00ed con m\u00e1s intensidad la atm\u00f3sfera que se respiraba. En cada gesto, cada mirada y cada palabra de ambos llameaban unas ganas de pelea a menudo traviesas, pero en el fondo tambi\u00e9n serias; era como si dos esgrimidores, antes de atacarse de veras, ensayaran su agilidad con peque\u00f1as estocadas exploratorias. Shaw pose\u00eda un intelecto m\u00e1s r\u00e1pido. Bajo sus espesas cejas sus ojos centelleaban cada vez que daba una respuesta o atajaba otra; su gusto por las agudezas, sus juegos de palabras, que hab\u00eda perfeccionado durante sesenta a\u00f1os hasta convertirlos en un virtuosismo sin igual, los super\u00f3 hasta llegar a una especie de petulancia. A ratos, la blanca y espesa barba le temblaba de espont\u00e1neas risas llenas de furia contenida, y la cabeza, un poco ladeada, parec\u00eda seguir con la mirada la trayectoria de las saetas que disparaba para ver si daban en el blanco. Wells, con sus mofletes colorados y sus ojos tranquilos y tapados, era m\u00e1s mordaz y directo; tambi\u00e9n su inteligencia trabajaba con una rapidez extraordinaria, pero sin tantos malabarismos, ya que \u00e9l prefer\u00eda las estocadas directas, lanzadas con desenvoltura y naturalidad. Era un relampagueo tan intenso y r\u00e1pido\u2014parada y estocada, estocada y parada, siempre con apariencia de jocosidad\u2014que el espectador no se cansaba de admirar el juego de floretes, el centelleo y las fintas. Pero tras aquel di\u00e1logo r\u00e1pido, mantenido constantemente en un nivel de lo m\u00e1s alto, aparec\u00eda una especie de enfurecimiento intelectual que se disciplinaba con nobleza, a la manera inglesa, adoptando las formas dial\u00e9cticas m\u00e1s corteses. Hab\u00eda\u2014y eso hac\u00eda tanto m\u00e1s interesante la discusi\u00f3n\u2014formalidad en el juego y juego en la formalidad, era una brava confrontaci\u00f3n entre dos caracteres diametralmente opuestos, que s\u00f3lo en apariencia se inflamaba por razones objetivas, pero que en realidad se basaba en causas y motivos ocultos que yo desconoc\u00eda. Sea como fuere, vi a los dos mejores hombres de Inglaterra en uno de sus mejores momentos, y la continuaci\u00f3n de esa pol\u00e9mica, publicada en las semanas siguientes en la Nation, no me proporcion\u00f3 ni la cent\u00e9sima parte del placer que experiment\u00e9 durante aquel fogoso di\u00e1logo, porque tras los argumentos, convertidos ya en abstractos, ya no se revelaba lo bastante el hombre vivo ni la esencia propiamente dicha del debate. Pocas veces he disfrutado tanto con la fosforescencia producida por la fricci\u00f3n de dos esp\u00edritus ni he visto el arte del di\u00e1logo ejercido con tanto virtuosismo en una comedia teatral, ni antes ni despu\u00e9s, como en aquella ocasi\u00f3n en la que alcanz\u00f3 la perfecci\u00f3n en sus formas m\u00e1s nobles, sin propon\u00e9rselo y sin teatralidad.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\" align=\"justify\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Viv\u00ed aquellos a\u00f1os en Inglaterra s\u00f3lo f\u00edsicamente, no con toda el alma. Y fue precisamente la inquietud por Europa, esa dolorosa inquietud que nos destrozaba los nervios, lo que, en los a\u00f1os entre la toma del poder por Hitler y el estallido de la Segunda Guerra Mundial, me movi\u00f3 a viajar a menudo e incluso a cruzar el oc\u00e9ano por dos veces. Quiz\u00e1 me empujaba a ello el presentimiento de que era necesario almacenar, para tiempos m\u00e1s tenebrosos, todas las impresiones y experiencias que el coraz\u00f3n pudiera contener, mientras el mundo permaneciera abierto y los barcos pudieran recorrer en paz su ruta a trav\u00e9s de los mares; quiz\u00e1 tambi\u00e9n me empujaba el af\u00e1n de saber que, mientras la desconfianza y la discordia destru\u00edan nuestro mundo, en alguna parte se estaba construyendo otro; quiz\u00e1 tambi\u00e9n una intuici\u00f3n, muy vaga todav\u00eda, me dec\u00eda que nuestro futuro, y tambi\u00e9n el m\u00edo, se encontraba lejos de Europa. Un ciclo de conferencias a lo largo y ancho de los Estados Unidos me ofreci\u00f3 la grata oportunidad de ver este inmenso pa\u00eds en toda su diversidad y, a la vez, unidad, de este a oeste y de norte a sur. Pero quiz\u00e1 fue todav\u00eda m\u00e1s fuerte la impresi\u00f3n que me causo Am\u00e9rica del Sur, adonde acept\u00e9 viajar de buen grado a ra\u00edz de una invitaci\u00f3n al congreso del PEN Club Internacional; nada me pareci\u00f3 tan importante en aquel momento como reforzar la idea de la solidaridad espiritual por encima de pa\u00edses y lenguas. Las \u00faltimas horas pasadas en Europa antes de aquel viaje me exhortaron a ponerme en camino con un nuevo y serio aviso. En aquel verano de 1936 hab\u00eda estallado la guerra civil espa\u00f1ola, la cual, vista superficialmente, s\u00f3lo era una disensi\u00f3n interna en el seno de ese bello y tr\u00e1gico pa\u00eds, pero que, en realidad, era ya una maniobra preparada por las dos potencias ideol\u00f3gicas con vistas a su futuro choque. Hab\u00eda salido yo de Southampton en un barco ingl\u00e9s con la idea de que el vapor evitar\u00eda la primera escala, en Vigo, para eludir la zona en conflicto. Sin embargo, y para mi sorpresa, entramos en ese puerto e incluso se nos permiti\u00f3 a los pasajeros bajar a tierra durante unas horas. Vigo se encontraba entonces en poder de los franquistas y lejos del escenario de la guerra propiamente dicha. No obstante, en aquellas pocas horas pude ver cosas que me dieron motivos justificados para reflexiones abrumadoras. Delante del ayuntamiento, donde ondeaba la bandera de Franco, estaban de pie y formados en fila unos j\u00f3venes, en su mayor\u00eda guiados por curas y vestidos con sus ropas campesinas, tra\u00eddos seguramente de los pueblos vecinos. De momento no comprend\u00ed para qu\u00e9 los quer\u00edan. \u00bfEran obreros reclutados para un servicio de urgencia? \u00bfEran parados a los que all\u00ed daban de comer? Pero al cabo de un cuarto de hora, los vi salir del ayuntamiento completamente transformados. Llevaban uniformes nuevos y relucientes, fusiles y bayonetas; bajo la vigilancia de unos oficiales fueron cargados en autom\u00f3viles igualmente nuevos y relucientes y salieron como un rayo de la ciudad. Me estremec\u00ed. \u00bfD\u00f3nde lo hab\u00eda visto antes? \u00a1Primero en Italia y luego en Alemania! Tanto en un lugar como en otro hab\u00edan aparecido de repente estos uniformes nuevos e inmaculados, los flamantes autom\u00f3viles y las ametralladoras. Y una vez m\u00e1s me pregunt\u00e9: \u00bfqui\u00e9n proporciona y paga esos uniformes nuevos? \u00bfQui\u00e9n organiza a esos pobres j\u00f3venes an\u00e9micos? \u00bfQui\u00e9n los empuja a luchar contra el poder establecido, contra el parlamento elegido, contra los representantes leg\u00edtimos de su propio pueblo? Yo sab\u00eda que el tesoro p\u00fablico estaba en manos del gobierno leg\u00edtimo, como tambi\u00e9n los dep\u00f3sitos de armas. Por consiguiente, esas armas y esos autom\u00f3viles ten\u00edan que haber sido suministrados desde el extranjero y sin duda hab\u00edan cruzado la frontera desde la vecina Portugal. Pero, \u00bfqui\u00e9n los hab\u00eda suministrado?\u00bfQui\u00e9n los hab\u00eda pagado? Era un poder nuevo que quer\u00eda el dominio, el mismo poder que actuaba aqu\u00ed y all\u00e1, un poder que amaba la violencia, que necesitaba la violencia y que consideraba debilidades anticuadas todas las ideas que nosotros profes\u00e1bamos y por las cuales viv\u00edamos: paz, humanidad, entendimiento mutuo. Eran grupos secretos, escondidos en sus despachos y consorcios, que c\u00ednicamente se aprovechaban del idealismo ingenuo de los j\u00f3venes para sus ambiciones de poder y sus negocios. Era una voluntad de imponer la fuerza que, con una t\u00e9cnica nueva y m\u00e1s sutil, quer\u00eda extender por nuestra infausta Europa la vieja barbarie de la guerra. Una sola impresi\u00f3n \u00f3ptica, sensorial, siempre causa m\u00e1s impacto en el alma que mil op\u00fasculos y art\u00edculos de peri\u00f3dico. Y en el momento en que vi c\u00f3mo instigadores ocultos prove\u00edan de armas a aquellos muchachos j\u00f3venes e inocentes y los lanzaban contra muchachos tambi\u00e9n j\u00f3venes e inocentes de su propia patria, tuve el presentimiento de lo que nos esperaba, de lo que amenazaba a Europa. Cuando, al cabo de unas horas de parada, el barco desatrac\u00f3 de nuevo, corr\u00ed a mi camarote. Me resultaba demasiado doloroso seguir viendo ese hermoso pa\u00eds que hab\u00eda ca\u00eddo v\u00edctima de una horrible desolaci\u00f3n por culpa de otros; Europa me parec\u00eda condenada a muerte por su propia locura, Europa, nuestra santa patria, cuna y parten\u00f3n de nuestra civilizaci\u00f3n occidental.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\" align=\"justify\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Tanto m\u00e1s pl\u00e1cida se ofreci\u00f3 despu\u00e9s Argentina a la mirada. Volv\u00eda a ser Espa\u00f1a, su vieja cultura, protegida y preservada en una nueva tierra, m\u00e1s vasta, todav\u00eda no abonada con sangre, todav\u00eda no emponzo\u00f1ada con odio. Hab\u00eda abundancia e incluso exceso de alimentos, de riqueza, hab\u00eda espacio infinito y, con \u00e9l, comida para el futuro. Se apoder\u00f3 de m\u00ed una inmensa alegr\u00eda y una especie de nueva confianza. \u00bfNo hab\u00edan emigrado las culturas de un pa\u00eds a otro desde hac\u00eda miles de a\u00f1os? \u00bfNo se salvaban siempre las semillas, aunque el \u00e1rbol cayera bajo el hacha, y con ellas tambi\u00e9n las nuevas flores y los frutos? Lo que las generaciones anteriores y contempor\u00e1neas hab\u00edan logrado nunca se perder\u00eda del todo. S\u00f3lo hac\u00eda falta aprender a pensar a partir de dimensiones m\u00e1s grandes, a contar con lapsos de tiempo m\u00e1s amplios. Deber\u00edamos empezar a pensar, me dec\u00eda a m\u00ed mismo, ya no s\u00f3lo a la europea, sino mirando m\u00e1s all\u00e1 de Europa; no deber\u00edamos enterrarnos en un pasado moribundo, sino participar en su renacimiento. Y es que, por la cordialidad con la que toda la poblaci\u00f3n de esta nueva ciudad de millones de habitantes ha participado en nuestro congreso, he visto que all\u00ed no \u00e9ramos unos extra\u00f1os, que todav\u00eda estaba viva, vigente y eficaz la fe en la unidad espiritual, a la cual hemos dedicado los mejores a\u00f1os de nuestra vida, y que en la \u00e9poca de las nuevas velocidades, ya ni el oc\u00e9ano nos separaba. Una nueva misi\u00f3n sustitu\u00eda a la vieja: construir la comunidad que so\u00f1\u00e1bamos en unas dimensiones m\u00e1s grandes y en uniones m\u00e1s osadas. Si, despu\u00e9s de la \u00faltima mirada a la inminente guerra, hab\u00eda dado a Europa por perdida, ahora, all\u00ed, bajo la Cruz del Sur, de nuevo empezaba a creer y a tener esperanza.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\" align=\"justify\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Una impresi\u00f3n no menos imponente, una promesa no menor, supuso para m\u00ed Brasil, este pa\u00eds generosamente dotado por la naturaleza de la ciudad m\u00e1s bella del mundo, este pa\u00eds con un espacio inmenso que ni los ferrocarriles ni las carreteras, ni siquiera los aviones, pod\u00edan recorrer todav\u00eda de cabo a rabo. Aqu\u00ed el pasado se ha conservado con m\u00e1s esmero que en la misma Europa; aqu\u00ed, el embrutecimiento que trajo consigo la Primera Guerra Mundial no ha penetrado todav\u00eda en las costumbres, en el esp\u00edritu de las naciones; aqu\u00ed los hombres viven m\u00e1s pac\u00edfica y educadamente que entre nosotros, menos hostil que entre nosotros es el trato entre las diferentes razas; aqu\u00ed el hombre no ha sido separado del hombre por absurdas teor\u00edas de sangre, raza y origen; se ten\u00eda el singular presentimiento de que aqu\u00ed todav\u00eda se pod\u00eda vivir en paz; aqu\u00ed el espacio, por cuya m\u00ednima part\u00edcula luchaban los estados de Europa y lloriqueaban los pol\u00edticos, estaba preparado, en una abundancia inconmensurable, para recibir el futuro; aqu\u00ed la tierra esperaba todav\u00eda al hombre para que la utilizara y la llenara con su presencia; aqu\u00ed se pod\u00eda continuar y desarrollar en nuevas y grandiosas formas la civilizaci\u00f3n que Europa hab\u00eda creado. Con ojos felices ante las mil formas de la belleza de aquella nueva naturaleza, vi el futuro.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\" align=\"justify\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Pero viajar e irme lejos, hasta otros mundos y otras estrellas, no quer\u00eda decir huir de Europa ni de la aflicci\u00f3n por Europa. Casi parece una mal\u00e9vola venganza de la naturaleza contra el hombre el que todas las conquistas de la t\u00e9cnica\u2014gracias a las cuales le ha arrancado las fuerzas m\u00e1s secretas\u2014le destruyan el alma. La peor maldici\u00f3n que nos ha acarreado la t\u00e9cnica es la de impedirnos huir, ni que sea por un momento, de la actualidad. Las generaciones anteriores, en momentos de calamidad, pod\u00edan refugiarse en la soledad y el aislamiento; a nosotros, en cambio, nos ha sido reservada la obligaci\u00f3n de saber y compartir en el mismo instante lo malo que ocurre en cualquier lugar del globo. Por m\u00e1s que me alejara de Europa, su destino me acompa\u00f1aba. Desembarcando de noche en Pernambuco, con la Cruz del Sur sobre mi cabeza y rodeado de gentes de piel oscura en la calle, vi en un peri\u00f3dico la noticia del bombardeo de Barcelona y del fusilamiento de un amigo espa\u00f1ol en cuya compa\u00f1\u00eda hab\u00eda pasado unas agradables horas no hac\u00eda muchos meses.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\" align=\"justify\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Cuando me dirig\u00eda a Tejas a toda velocidad en un vag\u00f3n pulman, entre Houston y otra ciudad petrolera o\u00ed de repente a alguien que gritaba furioso en alem\u00e1n: un compa\u00f1ero de viaje hab\u00eda sintonizado casualmente una emisora alemana en la radio del tren y tuve que escuchar, a trav\u00e9s de la llanura de Tejas, un exaltado discurso de Hitler. No hab\u00eda modo de escaparse, ni de d\u00eda ni de noche; siempre deb\u00eda pensar, con dolorosa ansiedad, en Europa y, dentro de Europa, en Austria. Puede parecer patriotismo mezquino el que, ante la inmensidad del \u00a1peligro que amenazaba desde China hasta m\u00e1s all\u00e1 del Ebro y el Manzanares, yo me preocupara especialmente por el destino de Austria. Pero sab\u00eda que el destino de toda Europa estaba ligado a este peque\u00f1o pa\u00eds que, casualmente, era mi patria. Cuando uno intenta trazar retrospectivamente los errores de la pol\u00edtica despu\u00e9s de la Primera Guerra Mundial, se da cuenta de que el mayor de todos fue que tanto los pol\u00edticos europeos como los norteamericanos no llevaron a la pr\u00e1ctica el claro y simple plan de Wilson, sino que lo mutilaron. La idea del mismo era conceder libertad e independencia a las peque\u00f1as naciones, pero \u00e9l hab\u00eda visto con acierto que tal libertad e independencia s\u00f3lo pod\u00edan mantenerse dentro de una unidad de todos los estados, peque\u00f1os y grandes, en una organizaci\u00f3n de orden superior. Al no crear esa organizaci\u00f3n -la aut\u00e9ntica y total Liga de las Naciones- y al aplicar s\u00f3lo la otra parte e su programa, la independencia de los estados peque\u00f1os, en vez de paz y tranquilidad se cre\u00f3 una tensi\u00f3n crispante. Pues nada es m\u00e1s peligroso que el delirio de grandeza de los peque\u00f1os y lo primero que hicieron los estados peque\u00f1os, tan pronto como se formaron, fue intrigar los unos contra los otros y disputarse territorios min\u00fasculos: Polonia contra Chequia, Hungr\u00eda contra Rumania, Bulgaria contra Serbia, 205 y el m\u00e1s: d\u00e9bil de todos en esas rivalidades era la diminuta Austria frente a la prepotente Alemania. Este troceado y mutilado pa\u00eds, cuyos soberanos en otro tiempo hab\u00edan mandado en Europa a sus anchas, era tengo que repetirlo, la piedra angular del edificio. Yo sab\u00eda lo que no pod\u00edan ver los millones de habitantes de la capital inglesa que me rodeaban: que con Austria caer\u00eda Checoslovaquia y que, despu\u00e9s, Hitler tendr\u00eda el camino despejado para apoderarse de los Balcanes; sab\u00eda que el nacionalsocialismo, con Viena en su poder y gracias a la peculiar estructura de la ciudad, ten\u00eda en su inflexible mano la palanca capaz de zarandear Europa y sacarla de sus goznes. S\u00f3lo los austriacos sab\u00edamos con qu\u00e9 avidez, estimulada por el resentimiento, Hitler ambicionaba Viena, la ciudad que lo hab\u00eda visto en la miseria m\u00e1s extrema y en la que quer\u00eda entrar como triunfador. Por eso, cada vez que yo hac\u00eda una escapada a Austria y luego volv\u00eda a cruzar la frontera, respiraba con alivio: \u00abEsta vez, todav\u00eda no.\u00bb Y miraba hacia atr\u00e1s como si fuera la \u00faltima. Ve\u00eda acercarse la cat\u00e1strofe, inevitablemente; cien veces durante aquellos a\u00f1os, mientras los dem\u00e1s le\u00edan confiados los peri\u00f3dicos, yo tem\u00eda en lo m\u00e1s \u00edntimo de mi ser ver en ellos los titulares: Finis Austriae. \u00a1Ah!, c\u00f3mo me hab\u00eda enga\u00f1ado a m\u00ed mismo con la ilusi\u00f3n de creer que desde hac\u00eda tiempo me hab\u00eda desligado de su destino! Desde lejos compart\u00eda todos los d\u00edas el sufrimiento de su lenta y febril agon\u00eda: infinitamente m\u00e1s que mis amigos que viv\u00edan en ella, que a su vez se enga\u00f1aban con muestras de patriotismo y se repet\u00edan los unos a los otros, d\u00eda tras d\u00eda: \u00abFrancia e Inglaterra. Y sobre todo Mussolini no lo permitir\u00e1.\u00bb Cre\u00edan en la Liga de las Naciones y en los tratados de paz como los enfermos en las medicinas con hermosas etiquetas. Viv\u00edan tranquilos y despreocupados, mientras que a m\u00ed, que lo ve\u00eda todo m\u00e1s claro, se me part\u00eda el coraz\u00f3n de angustia.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\" align=\"justify\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Tampoco mi \u00faltimo viaje a Austria estuvo motivado por otra cosa que por un estallido espont\u00e1neo de miedo ante la cat\u00e1strofe cada vez m\u00e1s inminente. Hab\u00eda estado en Viena en el oto\u00f1o de 1937 para visitar a mi anciana madre y durante un tiempo no tuve nada m\u00e1s que hacer all\u00ed; como nada urgente me reten\u00eda, regres\u00e9 a Londres. Al cabo de pocas semanas (ser\u00eda a finales de noviembre), una tarde me dirig\u00eda a casa por Regent Street y compr\u00e9 el Evening Standard. Era el d\u00eda en que lord Halifax volaba hacia Berl\u00edn para intentar por primera vez negociar personalmente con Hitler. En aquella edici\u00f3n del peri\u00f3dico se especificaban todav\u00eda lo veo, el texto a la derecha y en negrita-los puntos sobre los que Halifax quer\u00eda llegar a un acuerdo con Hitler. Y entre l\u00edneas le\u00ed, o cre\u00ed leer: el sacrificio de Austria, pues \u00bfqu\u00e9 otra cosa pod\u00eda significar una entrevista con Hitler? Y es que los austr\u00edacos sab\u00edamos que Hitler no ceder\u00eda nunca en este punto. Curiosamente la enumeraci\u00f3n program\u00e1tica de los temas de debate s\u00f3lo se incluy\u00f3 en la edici\u00f3n del mediod\u00eda del Evening Standard y desapareci\u00f3 completamente de las dem\u00e1s ediciones del mismo peri\u00f3dico a partir de la tarde. (Luego corri\u00f3 el rumor de que esa informaci\u00f3n la hab\u00eda proporcionado al peri\u00f3dico la legaci\u00f3n italiana, porque lo que m\u00e1s tem\u00eda Italia en 1937 era un acuerdo entre Alemania e Inglaterra a sus espaldas.) No podr\u00eda decir hasta qu\u00e9 punto era objetiva y cierta la noticia (inadvertida seguramente para la gran mayor\u00eda) tal como se public\u00f3 en aquella edici\u00f3n del Evening Standard. S\u00f3lo s\u00e9 que me estremec\u00ed horrorizado ante la idea de que Hitler e Inglaterra negociaran ya respecto a Austria; no me averg\u00fcenza decir que el peri\u00f3dico me temblaba en las manos. Falsa o verdadera, la noticia me conmocion\u00f3 como ninguna otra desde hac\u00eda a\u00f1os, pues sab\u00eda que, aun cuando se confirmara s\u00f3lo una peque\u00f1a parte de la misma, ser\u00eda el principio del fin, caer\u00eda la piedra angular del edificio y, con ella, el edificio entero. Di marcha atr\u00e1s en el acto, sub\u00ed al primer autob\u00fas en direcci\u00f3n a Victoria Station y me dirig\u00ed a Imperial Airways para preguntar si quedaba alg\u00fan asiento libre en el avi\u00f3n de la ma\u00f1ana siguiente. Quer\u00eda volver a ver a mi madre, la familia, la patria. Por casualidad pude hacerme todav\u00eda con un billete; met\u00ed cuatro cosas en una maleta y vol\u00e9 hacia Viena.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\" align=\"justify\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Los amigos se sorprendieron ante mi regreso tan r\u00e1pido y repentino. Y \u00a1c\u00f3mo se rieron a costa m\u00eda cuando les insinu\u00e9 mis inquietudes! \u00abEl mismo Jerem\u00edas de siempre\u00bb, dijeron con soma. \u00bfAcaso no :sab\u00eda que la poblaci\u00f3n entera de Austria apoyaba ahora a Schuschnigg al cien por cien? Elogiaron con profusi\u00f3n de detalles las grandiosas manifestaciones del \u00abFrente Patri\u00f3tico\u00bb, mientras yo, por el contrario, hab\u00eda observado en Salzburgo que la mayor\u00eda de los participantes s\u00f3lo llevaba el distintivo reglamentario de la coalici\u00f3n pegado en la solapa por miedo a perder sus puestos de trabajo, pero a la vez desde hac\u00eda tiempo estaban inscritos-por precauci\u00f3n en Munich-en las filas de los nacionalsocialistas: hab\u00eda estudiado demasiada historia, y escrito sobre ella, como para no saber que la gran masa siempre se inclina hacia el lado donde se halla el centro de gravedad en cada momento. Sab\u00eda que las mismas voces que hoy gritaban \u00ab\u00a1Heil Schuschnigg!\u00bb ma\u00f1ana rugir\u00edan \u00ab\u00a1Heil Hitler!\u00bb. Sin embargo, todos aquellos con los que habl\u00e9 en Viena mostraban una sincera despreocupaci\u00f3n. Se invitaban mutuamente a actos sociales con esmoquin y frac (sin sospechar que pronto llevar\u00edan el uniforme de prisioneros en campos de concentraci\u00f3n); desbordaban los comercios con compras de Navidad para sus hermosas casas (sin sospechar que en unos meses otros se las quitar\u00edan y las saquear\u00edan). Y esa eterna despreocupaci\u00f3n de la vieja Viena, que tanto me hab\u00eda gustado antes y con la que he so\u00f1ado toda la vida, esa despreocupaci\u00f3n que el poeta nacional vien\u00e9s Anzengruber resumi\u00f3 una vez en el axioma \u00abNada te puede pasan&gt;, por primera vez me doli\u00f3. Aunque quiz\u00e1s, en \u00faltima instancia, eran m\u00e1s sabios que yo todos aquellos amigos de Viena, pues sufr\u00edan s\u00f3lo cuando pasaba algo, mientras que yo me imaginaba las desgracias, las padec\u00eda antes de tiempo y volv\u00eda a padecerlas cuando ocurr\u00edan de veras. Sin embargo ya no comprend\u00eda a mis amigos, ni pod\u00eda hacerme comprender por ellos. Despu\u00e9s del segundo d\u00eda ya no previne a nadie m\u00e1s. \u00bfPara qu\u00e9 inquietar a alguien que no quiere ser inquietado?<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\" align=\"justify\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Que el lector no lo tome como un adorno a\u00f1adido, sino como la pura verdad, si digo que en los \u00faltimos d\u00edas que pas\u00e9 en Viena contempl\u00e9 cada una de las familiares casas, cada iglesia, cada jard\u00edn y cada uno de los viejos rincones de la ciudad en la que hab\u00eda nacido con un \u00ab\u00a1Nunca m\u00e1s!\u00bb mudo y desesperado. Hab\u00eda abrazado a mi madre con un secreto \u00ab\u00a1Es la \u00faltima vez!\u00bb. Me desped\u00ed de toda la ciudad y de todo el pa\u00eds con un sentimiento de \u00abNunca m\u00e1s\u00bb, pues ten\u00eda conciencia de que era una despedida, un adi\u00f3s para siempre. Pas\u00e9 de largo por Salzburgo, la ciudad donde ten\u00eda la casa en la que hab\u00eda trabajado durante veinte a\u00f1os, sin siquiera bajar del tren en la estaci\u00f3n. Por supuesto que desde la ventanilla habr\u00eda podido ver la casa de la colina, con todos sus recuerdos de los a\u00f1os vividos. Pero no volv\u00ed los ojos hacia ella. \u00bfPara qu\u00e9, mir\u00e1ndolo bien, si no volver\u00eda a vivir all\u00ed?, y en el instante en que el tren cruz\u00f3 la frontera, supe, como el patriarca Lot de la Biblia, que detr\u00e1s de m\u00ed todo era polvo y ceniza, un pasado petrificado en sal amarga.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\" align=\"justify\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Cre\u00eda haber presentido todos los horrores que pod\u00edan ocurrir cuando el sue\u00f1o de odio de Hitler se hiciera realidad y \u00e9l mismo ocupara victorioso Viena, la ciudad que lo rechaz\u00f3 cuando era un joven pobre y fracasado. Pero, \u00a1qu\u00e9 t\u00edmida, peque\u00f1a y lastimosa result\u00f3 mi fantas\u00eda, como toda fantas\u00eda humana, ante la inhumanidad que se desat\u00f3 aquel 13 de marzo de 1938, el d\u00eda en que Austria, y con ella Europa, sucumbi\u00f3 a la fuerza bruta!! Finalmente cay\u00f3 la m\u00e1scara. Como los dem\u00e1s estados ya hab\u00edan manifestado abiertamente su miedo, la brutalidad ya no ten\u00eda que imponerse trabas morales, as\u00ed que no se sirvi\u00f3-\u00bfconservaban todav\u00eda alg\u00fan peso Inglaterra, Francia, el mundo?-de ning\u00fan pretexto hip\u00f3crita para excluir, por ejemplo, a los \u00abmarxistas\u00bb de, la vida pol\u00edtica. Ya no simplemente se robaba y saqueaba, sino que se daba rienda suelta a cualquier ansia de venganza personal. Catedr\u00e1ticos de universidad eran obligados a fregar las calles con las manos, jud\u00edos creyentes de barba blanca eran arrastrados al templo y obligados por mozalbetes vocingleros a arrodillarse y gritar a coro \u00ab\u00a1Heil Hitler!\u00bb. Por las calles se cazaba a gente inocente como a conejos y se los llevaba a empujones a los cuarteles de las SA para que limpiaran las letrinas; todo lo que la enfermiza y s\u00f3rdida fantas\u00eda del odio hab\u00eda ideado durante muchas noches de org\u00eda se desataba a la luz del d\u00eda. Hechos tales como irrumpir en las casas y arrancar los pendientes a temblorosas mujeres pudieron haber ocurrido tambi\u00e9n siglos atr\u00e1s, en las guerras medievales, durante el saqueo de las ciudades, pero el imp\u00fadico placer de la tortura en p\u00fablico, el tormento ps\u00edquico y la humillaci\u00f3n refinada eran algo nuevo. Todo esto est\u00e1 registrado no por una sola persona, sino por las miles que lo han sufrido, y llegar\u00e1 un d\u00eda en que una \u00e9poca m\u00e1s tranquila, no moral mente cansada como ya lo est\u00e1 la nuestra, leer\u00e1 estremecida sobre los cr\u00edmenes que cometi\u00f3 un solo hombre, rabioso de odio, en el siglo XX, en aquella ciudad de la cultura. Porque \u00e9se fue el diab\u00f3lico triunfo de Hitler en medio de sus victorias militares y pol\u00edticas: este hombre solo logr\u00f3 con sus constantes excesos embotar todo concepto de justicia. Antes de su \u00abnuevo orden\u00bb, el asesinato de una sola persona sin sentencia judicial ni causa notoria estremec\u00eda a\u00fan al mundo, la tortura era inconcebible en el siglo XX y se llamaba a las expropiaciones lisa y llanamente rapi\u00f1a y robo. Ahora, en cambio, tras la nueva versi\u00f3n de las sucesivas Noches de San Bartolom\u00e9, despu\u00e9s de las torturas hasta la muerte en las celdas de las SA y detr\u00e1s de los alambres de espino, \u00a1qu\u00e9 importaba una injusticia aislada y el sufrimiento en este valle de l\u00e1grimas! En 1938, despu\u00e9s de Austria, nuestro mundo ya estaba m\u00e1s acostumbrado a la inhumanidad, la injusticia y la brutalidad que cuanto lo hab\u00eda estado durante siglos. Lo que hab\u00eda ocurrido en aquella infausta ciudad de Viena antes habr\u00eda bastado para provocar un boicot internacional, pero en el a\u00f1o 1938 la conciencia mundial claudicaba o s\u00f3lo se quejaba un poco antes de olvidar y perdonarlo todo.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\" align=\"justify\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Aquellos d\u00edas en que resonaban los gritos de auxilio lanzados diariamente desde la patria, en que sab\u00eda que amigos pr\u00f3ximos eran secuestrados, torturados y humillados, en que, impotente, temblaba de miedo por aquellos a los que amaba, aquellos d\u00edas fueron unos de los m\u00e1s terribles de mi vida. No me averg\u00fcenza decir -he aqu\u00ed hasta qu\u00e9 punto la \u00e9poca nos ha pervertido el coraz\u00f3n- que no me estremec\u00ed ni llor\u00e9 cuando me lleg\u00f3 la noticia de la muerte de mi madre, a la que hab\u00eda dejado en Viena, sino que, al contrario, sent\u00ed algo parecido a un alivio, pues ahora la sab\u00eda a salvo de todos los sufrimientos y peligros. A los ochenta y cuatro a\u00f1os, casi sorda del todo, viv\u00eda en nuestra casa familiar y, por lo tanto, de momento no pod\u00eda ser desahuciada ni siquiera de acuerdo con las nuevas \u00ableyes arias\u00bby ten\u00edamos la esperanza de llevarla al extranjero de un modo u otro al cabo de un tiempo. Uno de los primeros decretos de Viena la hab\u00eda afectado seriamente. A su edad ten\u00eda las piernas d\u00e9biles y estaba acostumbrada, durante sus paseos diarios, a descansar en un banco del Ring o del parque despu\u00e9s de cada cinco o diez minutos de penoso andar. No hac\u00eda siquiera ocho d\u00edas que Hitler se hab\u00eda convertido en amo y se\u00f1or de la ciudad, cuando proclam\u00f3 la orden que prohib\u00eda a los jud\u00edos sentarse en los bancos: era una de aquellas prohibiciones ideadas, obviamente, con el \u00fanico y s\u00e1dico prop\u00f3sito de martirizar con malicia. Y es que robar a los jud\u00edos ten\u00eda, al fin y al cabo, una cierta l\u00f3gica y un sentido, pues con el producto del robo de las f\u00e1bricas, del mobiliario de las casas y villas y de los pues tos de trabajo vacants, se pod\u00eda alimentar a los partidarios y recompensar a los antiguos sat\u00e9lites; en definitiva la galer\u00eda de arte de Goering debe su esplendor principalmente a esa pr\u00e1ctica aplicada al por mayor. Ahora bien, impedir a una anciana o a un hombre mayor cansado sentarse unos minutos en un banco para recuperar el aliento, eso estaba reservado al siglo y al hombre que millones de personas adoraban como al m\u00e1s grande de la \u00e9poca.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\" align=\"justify\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Por fortuna a mi madre le fue ahorrado el tomar parte por mucho tiempo en tales groser\u00edas y humillaciones. Muri\u00f3 pocos meses despu\u00e9s de la ocupaci\u00f3n de Viena y no puedo menos que mencionar un episodio relacionado con su muerte, pues creo importante dejar constancia de esta clase de detalles con vistas a un futuro que los tendr\u00e1 por imposibles. Una ma\u00f1ana, aquella mujer de ochenta y cuatro a\u00f1os sufri\u00f3 un desmayo. El m\u00e9dico que la atendi\u00f3 pronostic\u00f3 en seguida que dif\u00edcilmente pasar\u00eda de aquella noche y mand\u00f3 buscar a una enfermera, una mujer de cuarenta a\u00f1os, para que la velar\u00e1 junto a su cama. Ni mi hermano ni yo, sus dos \u00fanicos hijos, est\u00e1bamos en Viena y, naturalmente, no pod\u00edamos acudir, pues para los representantes de la cultura alemana regresar a Austria para visitar a una madre en su lecho de muerte tambi\u00e9n constitu\u00eda un delito. De modo que un primo nuestro acept\u00f3 pasar la noche en la casa para que al menos alguien de la familia estuviera presente en el momento de la muerte. Aquel primo era entonces un hombre de sesenta a\u00f1os que tampoco gozaba de buena salud y que de hecho tambi\u00e9n muri\u00f3 al cabo de un a\u00f1o. Cuando hab\u00eda empezado a prepararse la cama en la habitaci\u00f3n contigua para pasar all\u00ed la noche, apareci\u00f3 la enfermera -hay que decir en su honor que bastante avergonzada- para comunicar que, lament\u00e1ndolo mucho, seg\u00fan las nuevas leyes nacionalsocialistas, le resultaba imposible pasar la noche al lado de la moribunda. Dijo que mi primo era jud\u00edo y, puesto que ella era una mujer de menos de cincuenta a\u00f1os, no pod\u00eda pasar la noche bajo el mismo techo al mismo tiempo que \u00e9l, ni siquiera para velar a una moribunda, pues, conforme a la mentalidad de Streicher, lo primero que se le ocurrir\u00eda a un jud\u00edo ser\u00eda practicar con ella un acto de deshonra racial. Por supuesto, a\u00f1adi\u00f3, lamentaba mucho aquella orden, pero deb\u00eda cumplir la ley. Y as\u00ed mi primo de sesenta a\u00f1os, para que la enfermera pudiera quedarse junto a la moribunda, se vio obligado a salir de la casa al anochecer. Quiz\u00e1s ahora se comprenda que yo considerara afortunada a mi madre por no tener que seguir viviendo entre esa clase de gente.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\" align=\"justify\"><span style=\"font-size: 14pt;\">La ca\u00edda de Austria produjo en mi vida privada un cambio que en un principio consider\u00e9 del todo insignificante y puramente formal: perd\u00ed mi pasaporte austriaco y tuve que pedir a las autoridades brit\u00e1nicas un documento sustitutivo, un pasaporte de ap\u00e1trida. En mis sue\u00f1os cosmopolitas me hab\u00eda imaginado a menudo en mi fuero interno cu\u00e1n espl\u00e9ndido y conforme a mis sentimientos ser\u00eda vivir sin estado, no estar obligado a ning\u00fan pa\u00eds: y, por lo tanto, pertenecer a todos sin distinci\u00f3n. Pero una vez m\u00e1s tuve que reconocer cu\u00e1n imperfecta es la fantas\u00eda humana y hasta qu\u00e9 punto no comprendemos las sensaciones m\u00e1s importantes hasta que no las hemos vivido nosotros mismos. Diez a\u00f1os antes, en una ocasi\u00f3n en que encontr\u00e9 a Dmitri Merezhkovski en Par\u00eds y le o\u00ed lamentarse de que sus libros estaban prohibidos en Rusia, yo, inexperto, intent\u00e9 consolarlo maquinalmente dici\u00e9ndole que aquello significaba muy poco teniendo en cuenta la difusi\u00f3n universal que hab\u00edan tenido. Pero luego, cuando mis libros desaparecieron de la lengua alemana, \u00a1con qu\u00e9 claridad comprend\u00ed su queja de no poder publicar la palabra creada m\u00e1s que en traducciones, un medio diluido, cambiado! Asimismo, no fue hasta el instante en que fui admitido en un despacho oficial ingl\u00e9s, despu\u00e9s de una larga espera en una antesala sentado en el banco de los solicitantes, cuando comprend\u00ed qu\u00e9 significaba el cambio de mi pasaporte por un papel para extranjeros. M\u00e1xime cuando hasta entonces hab\u00eda tenido derecho a un pasaporte austriaco. Cualquier funcionario austriaco del consulado o de la polic\u00eda ten\u00eda la obligaci\u00f3n de extend\u00e9rmelo como a ciudadano de pleno derecho. En cambio, el documento de extranjero que me dieron los ingleses tuve que pedirlo. Era un favor, pero un favor que me pod\u00edan retirar en cualquier momento. De la noche a la ma\u00f1ana hab\u00eda descendido un pelda\u00f1o m\u00e1s. Ayer todav\u00eda era un hu\u00e9sped extranjero y, en cierto modo, un gentleman que gastaba all\u00ed sus ingresos internacionales y pagaba sus impuestos, y hoy me hab\u00eda convertido en un emigrado, un \u00abrefugiado\u00bb. Me rebajaron a una categor\u00eda inferior, aunque no deshonrosa. Adem\u00e1s, de ahora en adelante deb\u00eda solicitar cualquier visado extranjero en aquella hoja de papel, porque en todos los pa\u00edses desconfiaban de esa \u00abclase\u00bb de hombres de los cuales, de repente, yo formaba parte: hombres privados de derechos y sin patria, a los que, en caso de necesidad, se los pod\u00eda expulsar y devolver a su pa\u00eds como a los dem\u00e1s, si se convert\u00edan en una carga o permanec\u00edan all\u00ed demasiado tiempo. Y tuve que recordar las palabras que un exiliado ruso me hab\u00eda dicho a\u00f1os atr\u00e1s: \u00abAntes el hombre s\u00f3lo ten\u00eda cuerpo y alma. Ahora, adem\u00e1s, necesita un pasaporte, de lo contrario no se lo trata como a un hombre.\u00bb<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\" align=\"justify\"><span style=\"font-size: 14pt;\">En efecto: tal vez nada demuestra de modo m\u00e1s palpable la terrible ca\u00edda que sufri\u00f3 el mundo a partir de la Primera Guerra Mundial como la limitaci\u00f3n de la libertad de movimientos del hombre y la reducci\u00f3n de su derecho a la libertad. Antes de 1914 la Tierra era de todos. Todo el mundo iba adonde quer\u00eda y permanec\u00eda all\u00ed el tiempo que quer\u00eda. No exist\u00edan permisos ni autorizaciones; me divierte la sorpresa de los j\u00f3venes cada vez que les cuento que antes de 1914 viaj\u00e9 a la India y Am\u00e9rica sin pasaporte y que en realidad jam\u00e1s en mi vida hab\u00eda visto uno. La gente sub\u00eda y bajaba de los trenes y de los barcos sin preguntar ni ser preguntada, no ten\u00eda que rellenar ni uno del centenar de papeles que se exigen hoy en d\u00eda. No exist\u00edan salvoconductos ni visados ni ninguno de estos fastidios; las mismas fronteras que hoy aduaneros, polic\u00edas y gendarmes han convertido en una alambrada, a causa de la desconfianza patol\u00f3gica de todos hacia todos, no representaban m\u00e1s que l\u00edneas simb\u00f3licas que se cruzaban con la misma despreocupaci\u00f3n que el meridiano de Greenwich. Fue despu\u00e9s de la guerra cuando el nacionalsocialismo comenz\u00f3 a trastornar el mundo, y el primer fen\u00f3meno visible de esta epidemia fue la xenofobia: el odio o, por lo menos, el temor al extra\u00f1o. En todas partes la gente se defend\u00eda de los extranjeros, en todas partes los exclu\u00eda. Todas las humillaciones que se hab\u00edan inventado anta\u00f1o s\u00f3lo para los criminales, ahora se inflig\u00edan a todos los viajeros, antes y durante el viaje. Uno ten\u00eda que hacerse retratar de la derecha y la izquierda, de cara y de perfil, cortarse el pelo de modo que se le vieran las orejas, dejar las huellas dactilares, primero las del pulgar, luego las de todos los dem\u00e1s dedos; adem\u00e1s, era necesario presentar certificados de toda clase: de salud, vacunaci\u00f3n y buena conducta, cartas de recomendaci\u00f3n, invitaciones y direcciones de parientes, garant\u00edas morales y econ\u00f3micas, rellenar formularios y firmar tres o cuatro copias, y con que faltara uno solo de ese mont\u00f3n de papeles, uno estaba perdido.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\" align=\"justify\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Parecen bagatelas. Y a primera vista puede parecer mezquino por mi parte que las mencione. Pero con estas absurdas \u00abbagatelas\u00bb nuestra generaci\u00f3n ha perdido un tiempo precioso e irrecuperable. Si calculo los formularios que rellen\u00e9 aquellos a\u00f1os, las declaraciones de impuestos, los certificados de divisas, los permisos de paso de fronteras, de residencia y salida del pa\u00eds, los formularios de entrada y salida, las horas que pas\u00e9 haciendo cola en las antesalas de los consulados y las administraciones p\u00fablicas, el n\u00famero de funcionarios ante los que me sent\u00e9, amables o hura\u00f1os, aburridlos o ajetreados, todos los registros e interrogatorios que tuve que soportar en las fronteras, me doy cuenta entonces de cu\u00e1nta dignidad humana se ha perdido en este siglo que los j\u00f3venes hab\u00edamos so\u00f1ado como un siglo de libertad, como la futura era del cosmopolitismo. \u00a1Cu\u00e1nta parte de nuestra producci\u00f3n, de nuestra creaci\u00f3n y de nuestro pensamiento se ha perdido por culpa de esas monsergas improductivas que a la vez envilecen el alma! Durante aquellos a\u00f1os, todos estudiamos m\u00e1s normativa oficial que libros; los primeros pasos que d\u00e1bamos en una ciudad extranjera, un pa\u00eds extranjero, ya no se dirig\u00edan a los museos y monumentos, sino al consulado o a la jefatura de polic\u00eda en busca de un \u00abpermiso\u00bb. Cuando nos encontr\u00e1bamos los mismos que antes sol\u00edamos hablar de una poes\u00eda de Baudelaire y discut\u00edamos de diversos problemas con pasi\u00f3n intelectual, ahora nos sorprend\u00edamos hablando de \u00abafid\u00e1vits\u00bb y permisos y de si deb\u00edamos solicitar un visado permanente o de turista; conocer a una funcionaria insignificante de un consulado que nos acortara el rato de espera era, en aquella d\u00e9cada, m\u00e1s vital que la amistad de un Toscanini o un Rolland. Constantemente se nos hac\u00eda notar que nosotros, que hab\u00edamos nacido con un alma libre, \u00e9ramos objetos y no sujetos, que no ten\u00edamos derecho a nada y todo se nos conced\u00eda por gracia administrativa. Constantemente \u00e9ramos interrogados, registrados, numerados, fichados y marcados, yo todav\u00eda hoy como hombre incorregible que soy, de una \u00e9poca m\u00e1s libre y ciudadano de una rep\u00fablica mundial ideal- considero un estigma los sellos de mi pasaporte y una humillaci\u00f3n las preguntas y los registros. Son bagatelas, s\u00f3lo bagatelas, lo s\u00e9, bagatelas en una \u00e9poca en la que el valor de una vida humana ha ca\u00eddo con mayor rapidez a\u00fan que cualquier moneda. Pero s\u00f3lo si se deja constancia de estos peque\u00f1os s\u00edntomas, una \u00e9poca posterior podr\u00e1 determinar el diagn\u00f3stico cl\u00ednico correcto de las circunstancias que desembocaron en el trastorno espiritual que sufri\u00f3 nuestro mundo entre las dos guerras mundiales.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\" align=\"justify\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Quiz\u00e1s estaba yo demasiado mal acostumbrado de antes. Quiz\u00e1 mi sensibilidad se hab\u00eda vuelto cada vez m\u00e1s irritable por los cambios bruscos de los \u00faltimos a\u00f1os. La emigraci\u00f3n, sea del tipo que sea, provoca por s\u00ed misma, inevitablemente, un desequilibrio. La persona pierde estabilidad (y eso tambi\u00e9n hace falta haberlo vivido para comprenderlo); si no siente su propio suelo bajo los pies, se vuelve m\u00e1s insegura y m\u00e1s desconfiada consigo misma. Y no dudo en reconocer que, desde el d\u00eda en que tuve que vivir con documentos o pasaportes extra\u00f1os, no volv\u00ed a sentirme del todo yo mismo. Una parte de la identidad natural de mi \u00abyo\u00bb original y aut\u00e9ntico qued\u00f3 destruida para siempre. Me volv\u00ed m\u00e1s reservado de lo que era por naturaleza y yo, antes tan cosmopolita, ahora no logro librarme de la sensaci\u00f3n de tener que dar gracias especiales por cada h\u00e1lito que robo a un pueblo que no es el m\u00edo. Cuando lo pienso con claridad, me doy cuenta, desde luego, que son man\u00edas absurdas, pero \u00bfcu\u00e1ndo la raz\u00f3n ha podido con los sentimientos? De nada me ha servido educar al coraz\u00f3n durante medio siglo para que latiera como el de un citoyen du monde. No, el d\u00eda en que perd\u00ed el pasaporte descubr\u00ed, a los cincuenta y ocho a\u00f1os, que con la patria uno pierde algo m\u00e1s que un pedazo de tierra limitado por unas fronteras.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\" align=\"justify\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Pero no era yo el \u00fanico que ten\u00eda esta sensaci\u00f3n de inseguridad. Poco a poco la inquietud fue extendi\u00e9ndose por toda Europa. El horizonte pol\u00edtico se oscureci\u00f3 desde el d\u00eda en que Hitler atac\u00f3 Austria, y los mismos que en Inglaterra en secreto le hab\u00edan allanado el camino con la esperanza de comprar as\u00ed la paz para su pa\u00eds, entonces empezaron a reflexionar. Desde 1938 no hubo en Londres, Par\u00eds, Roma, Bruselas, as\u00ed como en ninguno de los pueblos y ciudades, ninguna conversaci\u00f3n que, por alejado que fuera su tema al inicio, no desembocara en la inevitable pregunta de si todav\u00eda se pod\u00eda evitar la guerra, o por lo menos diferirla, y c\u00f3mo. Cuando pienso en todos esos meses de miedo continuo y creciente ante la posibilidad de una guerra en Europa, s\u00f3lo recuerdo dos o tres d\u00edas de plena confianza, dos o tres d\u00edas en los que a\u00fan ten\u00edamos la sensaci\u00f3n, por \u00faltima vez, de que las nubes pasar\u00edan de largo y podr\u00edamos volver a respirar libremente y en paz como antes. El perverso destino, sin embargo, quiso que aquellos dos o tres d\u00edas fueran precisamente los que quedaran registrados como los m\u00e1s funestos de la historia contempor\u00e1nea: los d\u00edas de la Entrevista de Chamberlain con Hitler en Munich.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\" align=\"justify\"><span style=\"font-size: 14pt;\">S\u00e9 que hoy se recuerda con disgusto aquel encuentro en que Chamberlain y Daladier, colocados impotentes contra la pared, capitularon ante Hitler y Mussolini, pero, puesto que quiero servir a la verdad bas\u00e1ndome en documentos, debo confesar que todo aquel que vivi\u00f3 aquellos d\u00edas en Inglaterra entonces los consider\u00f3 admirables. La situaci\u00f3n era desesperada en los \u00faltimos d\u00edas de septiembre de 1938. Chamberlain regresaba en avi\u00f3n de su segunda entrevista con Hitler y al cabo de unos d\u00edas se supo lo que hab\u00eda ocurrido. Chamberlain hab\u00eda ido a Goldemberg para conceder a Hitler todo lo que \u00e9ste le hab\u00eda pedido anteriormente en Berchtesgaden. Pero lo que unas semanas antes le hab\u00eda parecido suficiente a Hitler luego ya no satisfac\u00eda su histeria de poder. La pol\u00edtica del appeasement y del try and try again hab\u00eda fracasado estrepitosamente y en Inglaterra se hab\u00eda acabado de la noche a la ma\u00f1ana la \u00e9poca de la buena fe. Inglaterra, Francia, Checoslovaquia, Europa, s\u00f3lo pod\u00edan escoger entre humillarse ante las perentorias ansias de poder de Hitler o plantarle cara con las armas. Inglaterra parec\u00eda dispuesta a todo. Ya no escond\u00eda sus preparativos b\u00e9licos, sino que exhib\u00eda p\u00fablicamente su armamento. De repente aparecieron obreros excavando refugios antia\u00e9reos en medio de los jardines de Londres: en Hyde Park, Regent&#8217;s Park y, sobre todo, frente a la Embajada alemana. Se moviliz\u00f3 a la flota, los oficiales del estado mayor volaban sin parar entre Par\u00eds y Londres para decidir conjuntamente las \u00faltimas medidas, los barcos que se dirig\u00edan a Am\u00e9rica eran abordados por extranjeros que quer\u00edan ponerse a salvo antes de que fuera demasiado tarde; desde 1914 Inglaterra no hab\u00eda conocido un despertar como aqu\u00e9l. La gente iba por la calle con un adem\u00e1n m\u00e1s serio y pensativo. Miraba las casas y las calles rebosantes pensando para sus adentros: \u00bfno se abatir\u00e1n ma\u00f1ana las bombas sobre ellas? Y, tras las puertas, todos se sentaban alrededor de la radio para escuchar las noticias. Una tensi\u00f3n tremenda, invisible pero perceptible, se hab\u00eda apoderado de todos y de cada segundo a lo largo y ancho del pa\u00eds.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\" align=\"justify\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Despu\u00e9s se celebr\u00f3 aquella hist\u00f3rica sesi\u00f3n del Parlamento en la que Chamberlain inform\u00f3 sobre su nuevo intento de llegar a un acuerdo con Hitler y sobre una nueva propuesta, la tercera, de ir a visitarlo en cualquier lugar de Alemania para salvar la seriamente amenazada paz. Todav\u00eda no hab\u00eda obtenido respuesta. Y entonces, en mitad de la sesi\u00f3n, lleg\u00f3 -calculado con exagerado dramatismo- el telegrama que anunciaba el consentimiento de Hitler y Mussolini a una conferencia conjunta en Munich, y en aquel momento -un caso pr\u00e1cticamente \u00fanico en la historia de Inglaterra- el Parlamento ingl\u00e9s perdi\u00f3 los nervios. Los diputados se pusieron en pie de un salto, gritando y aplaudiendo, las tribunas retumbaron de alegr\u00eda. Hac\u00eda a\u00f1os que la honorable casa no hab\u00eda vibrado con tama\u00f1o estallido de j\u00fabilo como en aquella ocasi\u00f3n. Desde el punto de vista humano era un espect\u00e1culo maravilloso ver c\u00f3mo el sincero entusiasmo por la posibilidad de salvar todav\u00eda la paz superaba el porte y la moderaci\u00f3n tan virtuosamente practicados por los ingleses. Desde el punto de vista pol\u00edtico, empero, aquel arrebato represent\u00f3 un terrible error, pues con aquella alegr\u00eda desbordada el Parlamento y el pa\u00eds hab\u00edan revelado hasta qu\u00e9 punto aborrec\u00edan la guerra y estaban dispuestos a cualquier sacrificio, a renunciar a sus intereses y hasta a su prestigio por amor a la paz. Sin embargo, de aquel d\u00eda en adelante Chamberlain qued\u00f3 se\u00f1alado como el hombre que iba a M\u00fanich no a luchar por la paz, sino a implorarla. Pero entonces nadie sospechaba todav\u00eda la clase de capitulaci\u00f3n que les aguardaba. Todo el mundo cre\u00eda -yo tambi\u00e9n, no lo niego- que Chamberlain iba a Munich a negociar, no a capitular. Luego siguieron dos o tres d\u00edas de impaciente espera, d\u00edas en que el mundo entero, como quien dice, contuvo la respiraci\u00f3n. Se excavaba en los parques, se trabajaba en las f\u00e1bricas de armamento, se instalaban bater\u00edas antia\u00e9reas, se repart\u00edan caretas antig\u00e1s, se sopesaba la conveniencia de evacuar a los ni\u00f1os de Londres y se tomaban misteriosas medidas que nadie comprend\u00eda, pero que todo el mundo sab\u00eda a qu\u00e9 estaban destinadas. La gente volvi\u00f3 a pasar ma\u00f1anas, tardes y noches esperando el peri\u00f3dico, escuchando la radio. Se repitieron aquellos momentos de julio de 1914 con una espera terrible y crispada, del s\u00ed o el no.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\" align=\"justify\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Y, de repente, como llevados por una fuerte r\u00e1faga de viento, los sofocantes nubarrones se despejaron, los corazones: se ensancharon y las almas se sintieron libres. Se hab\u00eda dado la noticia de que Hitler, Chamberlain, Daladier y Mussolini hab\u00edan llegado a un acuerdo total y, m\u00e1s a\u00fan, que Chamberlain hab\u00eda conseguido cerrar un pacto con Alemania que garantizaba el arreglo pac\u00edfico de todos los posibles conflictos entre ambos pa\u00edses para siempre. Parec\u00eda una victoria decisiva de la tenaz voluntad de paz de un hombre de estado, por s\u00ed mismo soso e insignificante, y todos los corazones latieron de gratitud hacia \u00e9l en aquel momento. Por radio se oy\u00f3 primero el mensaje Peace for our time que anunciaba a nuestra sufrida generaci\u00f3n que pod\u00edamos volver a vivir en paz y contribuir a la construcci\u00f3n de un mundo nuevo y mejor, y miente quien quiera negar a posteriori lo mucho que nos embriagaron aquellas palabras m\u00e1gicas. Pues, \u00bfqui\u00e9n pod\u00eda creer que un hombre que regresaba preparado para una entrada triunfal era un hombre derrotado? Si la gran masa de Londres hubiera sabido la hora exacta de la llegada de Chamberlain en la ma\u00f1ana de su regreso de Munich, centenares de miles de personas habr\u00edan invadido el aer\u00f3dromo de Croydon para saludar y vitorear al hombre que, seg\u00fan cre\u00edamos todos en aquel momento, hab\u00eda salvado la paz de Europa y el honor de Inglaterra. Luego salieron los peri\u00f3dicos a la calle. Las fotograf\u00edas mostraban a un Chamberlain (su rostro severo normalmente recordaba la cabeza de un p\u00e1jaro irritado) orgulloso y sonriente en la puerta del avi\u00f3n, agitando el hist\u00f3rico documento que anunciaba Peace for our time y que \u00e9l tra\u00eda a su pueblo como valios\u00edsimo regalo. Por la noche ya se pasaba la escena en los cines; la gente saltaba de los asientos, gritando y vitoreando, casi abraz\u00e1ndose, con el sentimiento de la nueva hermandad que se iniciaba entonces en el mundo. Para toda persona que en aquel momento estallaba en Londres, en Inglaterra, aqu\u00e9l fue un d\u00eda inolvidable que prest\u00f3 alas al esp\u00edritu.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\" align=\"justify\"><span style=\"font-size: 14pt;\">En aquellos hist\u00f3ricos d\u00edas me encantaba pasear por las calles para impregnarme con m\u00e1s intensidad de su atm\u00f3sfera, para respirar con todos los sentidos, en el sentido m\u00e1s propio de la palabra, el aire del momento. Los obreros hab\u00edan dejado de excavar en los parques, la gente los rodeaba riendo y charlando, pues gracias a la peace for our time los refugios antia\u00e9reos ya no eran necesarios; o\u00ed a dos chavales mofarse, en un cockney excelente, de aquellos refugios, diciendo que ojal\u00e1 los convirtieran en meaderos p\u00fablicos subterr\u00e1neos, porque en Londres no hab\u00eda suficientes. Todos los presentes se rieron y todo el mundo parec\u00eda m\u00e1s animado, devuelto a la vida, como las plantas despu\u00e9s de la tempestad. Caminaban m\u00e1s erguidos que el d\u00eda anterior, con los hombros m\u00e1s ligeros y en sus ojos ingleses, por lo general tan fr\u00edos, centelleaba un brillo de alegr\u00eda. Las casas parec\u00edan m\u00e1s luminosas desde que la gente sab\u00eda que no las amenazaban las bombas; los autobuses, m\u00e1s elegantes; el sol, m\u00e1s radiante; la vida de miles y miles de personas, sublimada y fortalecida por aquella sola palabra embriagadora. Yo notaba c\u00f3mo tambi\u00e9n a m\u00ed me embriagaba la euforia. Caminaba incansable, cada vez m\u00e1s deprisa y m\u00e1s ]ligero: tambi\u00e9n a m\u00ed me llevaba la ola de la confianza reavivada, con m\u00e1s fuerza y alegr\u00eda. En la esquina de Picadilly, de pronto se me acerc\u00f3 alguien precipitadamente. Era un funcionario del gobierno ingl\u00e9s al que en realidad conoc\u00eda muy poco, un hombre impasible y reservado. En circunstancias normales nos habr\u00edamos saludado cort\u00e9smente y nada m\u00e1s y a \u00e9l no se le habr\u00eda ocurrido dirigirme la palabra. Pero en aquella ocasi\u00f3n ven\u00eda a mi encuentro con los ojos chispeantes.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\" align=\"justify\"><span style=\"font-size: 14pt;\">-Qu\u00e9 le ha parecido Chamberlain -me pregunt\u00f3 radiante de alegr\u00eda-. Nadie confiaba en \u00e9l, pero ha obrado correctamente. No ha transigido y as\u00ed ha salvado la paz.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\" align=\"justify\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Era la opini\u00f3n de todos; tambi\u00e9n la m\u00eda aquel d\u00eda. Y el d\u00eda siguiente tambi\u00e9n fue un d\u00eda feliz. Los peri\u00f3dicos se mostraban un\u00e1nimes en su j\u00fabilo, los valores de la bolsa subieron espectacularmente, por primera vez desde hac\u00eda a\u00f1os llegaban voces de amistad desde Alemania y en Francia propon\u00edan levantar un monumento a Chamberlain. Pero, ay, s\u00f3lo fue la \u00faltima llamarada de un fuego que iba a extinguirse definitivamente. En los d\u00edas siguientes empezaron a filtrarse los fatales detalles: cu\u00e1n absoluta hab\u00eda sido la capitulaci\u00f3n ante Hitler y cu\u00e1n ignominiosa la entrega de Checoslovaquia, a la que se hab\u00eda garantizado ayuda y apoyo; y hacia el fin de semana ya era p\u00fablico que ni siquiera la capitulaci\u00f3n hab\u00eda satisfecho a Hitler y que, incluso antes de que se hubiera secado la firma del pacto, \u00e9l ya lo hab\u00eda violado en todos sus puntos. Sin ninguna clase de escr\u00fapulos Goebbels proclam\u00f3 entonces p\u00fablicamente y a los cuatro vientos que en Munich hab\u00edan acorralado a Inglaterra contra la pared. La gran luz de la esperanza se hab\u00eda apagado. Pero hab\u00eda brillado durante un d\u00eda o dos y nos hab\u00eda calentado los corazones. No quiero ni puedo olvidar aquellos d\u00edas.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Desde el momento en que supimos la verdad de lo ocurrido en Munich, parad\u00f3jicamente ya no vi en Inglaterra sino a muy pocos ingleses. La culpa fue m\u00eda, pues los evitaba o, mejor dicho, evitaba entrar en conversaci\u00f3n con ellos, aunque ten\u00eda la obligaci\u00f3n moral de admirarlos m\u00e1s que nunca. Eran generosos con los refugiados, que llegaban a tropeles, mostraban hacia ellos una compasi\u00f3n de lo m\u00e1s noble y un inter\u00e9s caritativo. Pero entre ellos y nosotros se iba alzando una especie de muro interior que separaba los dos lados: a nosotros ya nos hab\u00eda sucedido, a ellos todav\u00eda no; nosotros comprend\u00edamos lo que hab\u00eda ocurrido y lo que ocurrir\u00eda, y ellos todav\u00eda se negaban a comprenderlo (en parte en contra de su propia conciencia). Intentaban, a pesar de todo, perseverar en la ilusi\u00f3n de que una palabra era una palabra y un pacto Era un pacto y que se pod\u00eda negociar con Hitler si se le hablaba sensata y humanamente. Entregados durante siglos a la noci\u00f3n de derecho por su tradici\u00f3n democr\u00e1tica, los c\u00edrculos dirigentes ingleses no pod\u00edan o no quer\u00edan reconocer que a su lado se instalaba conscientemente una nueva t\u00e9cnica de c\u00ednica amoralidad y que la nueva Alemania anulaba todas las reglas de juego vigentes en las relaciones entre los pueblos y en el marco del derecho tan pronto como las encontraba inc\u00f3modas. A los ingleses de mente clara y perspicaz, que desde hac\u00eda tiempo hab\u00edan renunciado a cualquier tipo de aventuras, les parec\u00eda improbable que aquel hombre que hab\u00eda conseguido tanto, tan r\u00e1pida y f\u00e1cilmente, se atreviera a ir m\u00e1s lejos; no dejaban de creer y esperar que primero ir\u00eda contra los otros -\u00a1preferentemente Rusia!- y que entretanto se podr\u00eda llegar a alg\u00fan acuerdo con \u00e9l. Nosotros, en cambio, sab\u00edamos que se pod\u00eda esperar de \u00e9l lo m\u00e1s monstruoso como lo m\u00e1s natural. Todos ten\u00edamos grabada en la pupila la imagen de un amigo asesinado, de un camarada torturado, y por ello nuestros ojos eran m\u00e1s duros, m\u00e1s penetrantes e inflexibles. Los proscritos, los perseguidos y los despose\u00eddos de nuestros derechos sab\u00edamos que no exist\u00eda ning\u00fan pretexto demasiado absurdo ni demasiado falso cuando se trataba de robo y de poder. Y, as\u00ed, los que hab\u00edamos sido puestos a prueba y los que todav\u00eda estaban expuestos a ella, los emigrados y los ingleses, habl\u00e1bamos lenguas diferentes; no creo exagerar si digo que, salvo un min\u00fasculo n\u00famero de ingleses, nosotros \u00e9ramos los \u00fanicos en Inglaterra que no se enga\u00f1aban respecto al alcance total del peligro. Como en otro tiempo en Austria, tambi\u00e9n en Inglaterra me hab\u00eda sido destinado prever lo inevitable con m\u00e1s claridad, con el coraz\u00f3n roto y una perspicacia torturadora, s\u00f3lo que, como extranjero, como hu\u00e9sped tolerado, no pod\u00eda lanzar un grito de alarma.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">De modo, pues, que los marcados con el estigma del destino s\u00f3lo nos ten\u00edamos a nosotros mismos cuando el sabor amargo de los acontecimientos nos ro\u00eda los labios, y \u00a1c\u00f3mo nos torturaba el alma la ansiedad por el pa\u00eds que nos hab\u00eda acogido fraternalmente! Las horas de amistad que pude compartir con Sigmund Freud en aquellos \u00faltimos meses antes de la cat\u00e1strofe me demostraron, de un modo inolvidable, que incluso en las horas m\u00e1s tenebrosas una conversaci\u00f3n con un intelectual de gran talla moral puede ofrecer un inmenso y reconfortante consuelo al alma. Durante meses me hab\u00eda atormentado la idea de que aquel hombre enfermo de ochenta y tres a\u00f1os habr\u00eda podido permanecer en la Viena de Hitler, si no fuese porque la extraordinaria princesa Mar\u00eda Bonaparte, su disc\u00edpula m\u00e1s fiel, que viv\u00eda en la Viena esclavizada, logr\u00f3 salvarlo y traerlo a Londres. Fue uno de los grandes y felices d\u00edas de mi vida aquel en que le\u00ed en la prensa que el m\u00e1s venerado de mis amigos, a quien ya cre\u00eda perdido, hab\u00eda llegado a la isla y as\u00ed regresaba del Hades.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Hab\u00eda conocido en Viena a Sigmund Freud -ese esp\u00edritu grande y fuerte que como ning\u00fan otro de nuestra \u00e9poca hab\u00eda profundizado, ampli\u00e1ndolo, en el conocimiento del alma humana-, en una \u00e9poca en que todav\u00eda era amado y combatido como hombre hura\u00f1o, obstinado y meticuloso. Fan\u00e1tico de la verdad, pero a la vez consciente de los l\u00edmites de toda verdad, me dijo un d\u00eda: \u00abExiste tan poca verdad al ciento por ciento como alcohol puro.\u00bb<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Se hab\u00eda distanciado de la universidad y de sus cautelas acad\u00e9micas a causa del modo impert\u00e9rrito con que se hab\u00eda aventurado en las zonas terrenales y subterr\u00e1neas del instinto, hasta entonces nunca pisadas y siempre evitadas con temor, es decir, precisamente la esfera que la \u00e9poca hab\u00eda solemnemente declarado\u00abtab\u00fa\u00bb. Sin darse cuenta de ello, el mundo del optimismo liberal se percat\u00f3 de que aquel esp\u00edritu no comprometido con su psicoan\u00e1lisis le socavaba implacablemente las tesis de la paulatina represi\u00f3n de los instintos por parte de la \u00abraz\u00f3n\u00bb y el \u00abprogreso\u00bb, y de que pon\u00eda en peligro su m\u00e9todo de ignorar las cosas molestas con la t\u00e9cnica despiadada de, sacarlas a la luz. Pero no fue s\u00f3lo la universidad, ni s\u00f3lo la camarilla de los m\u00e9dicos de los nervios pasada de moda, los que hicieron causa com\u00fan contra aquel inc\u00f3modo \u00abintruso\u00bb, sino que fue el mundo entero, todo el viejo mundo, el viejo modo de pensar, la \u00abconvenci\u00f3n\u00bb moral, toda la \u00e9poca, que ve\u00eda en \u00e9l a aquel que \u00abquita el velo\u00bb y eso le daba miedo. Poco a poco se organiz\u00f3 un boicot m\u00e9dico en su contra, \u00e9l perdi\u00f3 el consultorio y, como no se pod\u00edan rebatir cient\u00edficamente sus tesis, ni siquiera sus planteamientos m\u00e1s osados, se intent\u00f3 liquidar sus teor\u00edas de los sue\u00f1os a la manera vienesa, esto es, ironizando y banaliz\u00e1ndolas como temas jocosos de conversaciones sociales. S\u00f3lo un reducido grupo de fieles seguidores se reun\u00edan alrededor del solitario maestro en tertulias semanales, en las que fue tomando forma la nueva ciencia del psicoan\u00e1lisis. Mucho antes de que yo mismo me diera cuenta de las dimensiones reales de la revoluci\u00f3n espiritual que se estaba preparando a partir de los primeros trabajos fundamentales de Freud, me hab\u00eda ganado ya para su causa la actitud firme y moralmente inquebrantable de ese hombre extraordinario. He aqu\u00ed por fin a un hombre de ciencia, un hombre que un joven hubiera so\u00f1ado tener como modelo, prudente en sus afirmaciones mientras no tuviera la prueba definitiva y la seguridad absoluta de las mismas, pero impert\u00e9rrito ante la oposici\u00f3n del mundo entero tan pronto como una hip\u00f3tesis se convert\u00eda en certeza v\u00e1lida, un hombre modesto como no hab\u00eda otro en cuanto a su persona, pero dispuesto a luchar por cada dogma de su doctrina y fiel hasta la muerte a la verdad inmanente que defend\u00eda a partir de sus conocimientos. Era imposible imaginarse a un hombre m\u00e1s intr\u00e9pido. Freud ten\u00eda la audacia de decir siempre lo que pensaba, aun sabiendo que con sus palabras claras e inexorables inquietaba y perturbaba; nunca trataba de hacer m\u00e1s f\u00e1cil su dif\u00edcil posici\u00f3n a fuerza de concesiones, por peque\u00f1as o puramente formales que fuesen. Estoy convencido de que Freud habr\u00eda podido exponer una quinta parte de sus teor\u00edas sin tropezar con la oposici\u00f3n acad\u00e9mica, si hubiera estado dispuesto a adornarlas y, por ejemplo, decir \u00aberotismo\u00bb en vez de \u00absexualidad\u00bb, \u00aberos\u00bb en vez de \u00ablibido\u00bb, y no llegar siempre implacablemente a las \u00faltimas consecuencias en vez de limitarse a insinuarlas. Pero era intransigente cuando se trataba de la doctrina y de la verdad; cuanto m\u00e1s fuerte era el antagonismo, m\u00e1s fuerte se volv\u00eda su determinaci\u00f3n. Cuando busco un s\u00edmbolo para el concepto de coraje moral-el \u00fanico hero\u00edsmo en la Tierra que no reclama v\u00edctimas ajenas-, veo siempre ante m\u00ed el bello, claro y humano rostro de Freud, con sus oscuros ojos de mirada sincera y serena.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">El hombre que ahora buscaba refugio en Londres huyendo de su patria, a la que hab\u00eda dado fama por todo el mundo y a trav\u00e9s de los tiempos, era un hombre viejo desde hac\u00eda a\u00f1os y, adem\u00e1s, estaba gravemente enfermo. Pero no era un hombre cansado ni abatido. En mi fuero interno ten\u00eda un poco de miedo de encontrarlo amargado o trastornado despu\u00e9s de los dolorosos momentos que deb\u00eda de haber pasado en Viena; todo lo contrario: lo vi m\u00e1s libre y feliz que nunca. Me llev\u00f3 al jard\u00edn de su casa de suburbio londinense.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">-\u00bfHa vivido alguna vez en un lugar tan bonito como \u00e9ste?-me pregunt\u00f3 con una clara sonrisa dibuj\u00e1ndose en su boca, antes tan severa. Me mostr\u00f3 las tan queridas estatuillas egipciacas que Mar\u00eda Bonaparte hab\u00eda salvado para \u00e9l-. \u00bfAcaso no estoy de nuevo en casa?<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Y en el escritorio ten\u00eda desplegados los grandes folios de su nuevo manuscrito; a sus ochenta y tres a\u00f1os escrib\u00eda d\u00eda tras d\u00eda con la misma clara letra redonda y el mismo esp\u00edritu l\u00facido e incansable de sus mejores d\u00edas; su firme voluntad lo hab\u00eda superado todo, la enfermedad, la edad y el exilio; y por primera vez daba curso libre a la bondad que hab\u00eda estado estancada en su interior durante los largos a\u00f1os de lucha. La vejez: s\u00f3lo lo hab\u00eda vuelto m\u00e1s moderado, y las pruebas superadas, m\u00e1s indulgente. A ratos descubr\u00eda en \u00e9l gestos afectuosos que no le conoc\u00eda de antes, tan reservado como era; le pon\u00eda la mano en la espalda a uno y, tras las relucientes gafas, sus ojos miraban con m\u00e1s calidez. Durante todos aquellos a\u00f1os, conversar con Freud fue para m\u00ed uno de los mayores placeres intelectuales. Aprend\u00eda de \u00e9l y a la vez lo admiraba; se sent\u00eda uno comprendido con cada palabra que pronunciaba aquel hombre magn\u00edfico y sin prejuicios al que ninguna confesi\u00f3n asustaba, ninguna afirmaci\u00f3n irritaba y para el que la voluntad de educar a los dem\u00e1s a ver y sentir con claridad se hab\u00eda convertido en una voluntad instintiva de vivir. Pero nunca experiment\u00e9 con tanta gratitud el valor insustituible de aquellas largas conversadores como durante aquel a\u00f1o sombr\u00edo, el \u00faltimo de su vida. Tan pronto como uno entraba en su habitaci\u00f3n, quedaba excluida de la misma, por decirlo as\u00ed, la locura del mundo exterior. Lo m\u00e1s cruel se volv\u00eda abstracto, lo m\u00e1s confuso se aclaraba, la actualidad se subordinaba humildemente a las grandes fases c\u00edclicas. Por primera vez ve\u00eda al verdadero sabio que, elevado por encima de s\u00ed mismo, ya no sent\u00eda el dolor y la muerte como una experiencia personal, sino como objetos supra personales de observaci\u00f3n y reflexi\u00f3n: su muerte no era una proeza moral inferior a su vida. Freud sufr\u00eda horriblemente entonces a causa de la enfermedad que hab\u00eda de arrebat\u00e1rnoslo. Se ve\u00eda que le cansaba visiblemente el tener que hablar con el paladar artificial y uno se sent\u00eda realmente avergonzado ante cada palabra que el anciano le conced\u00eda, porque articularla le costaba un gran esfuerzo. Pero no abandonaba al amigo; para su esp\u00edritu de acero representaba una ambici\u00f3n especial el mostrar a los amigos que su voluntad segu\u00eda siendo m\u00e1s fuerte! que los viles tormentos que el cuerpo le inflig\u00eda. Con la boca deformada por el dolor, sigui\u00f3 escribiendo en su escritorio hasta el \u00faltimo d\u00eda e, incluso de noche, cuando el sufrimiento le atormentaba el sue\u00f1o-su sue\u00f1o sano y profundo que durante ochenta a\u00f1os hab\u00eda sido la fuente de su energ\u00eda-, se negaba a tomar somn\u00edferos o cualquier clase de inyecci\u00f3n estupefaciente. No quer\u00eda que ni por una hora la claridad de su esp\u00edritu se amortiguara por obra de los sedantes; prefer\u00eda sufrir y permanecer despierto, pensar en medio de suplicios a no pensar, h\u00e9roe del esp\u00edritu hasta el \u00faltimo momento, el \u00faltimo de todos. Fue una lucha terrible y m\u00e1s grandiosa a medida que se prolongaba. A cada momento la muerte proyectaba su sombra con m\u00e1s claridad sobre su rostro. Le hund\u00eda las mejillas, le esculp\u00eda las cejas en la frente, le sesgaba la boca, le entorpec\u00eda la palabra en los labios; s\u00f3lo contra los ojos no pod\u00eda hacer nada el t\u00e9trico verdugo, contra aquella atalaya inexpugnable desde la cual aquel esp\u00edritu heroico contemplaba el mundo: los ojos y el esp\u00edritu permanecieron claros hasta el final. En una de mis \u00faltimas visitas llev\u00e9 conmigo a Salvador Dal\u00ed, en mi opini\u00f3n el pintor de m\u00e1s talento de la nueva generaci\u00f3n, que admiraba enorme mente a Freud, y mientras yo hablaba con el maestro, \u00e9l dibuj\u00f3 un esbozo suyo. Nunca me atrev\u00ed a ense\u00f1\u00e1rselo a Freud porque Dal\u00ed, clarividente, hab\u00eda incluido ya la muerte en \u00e9l.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Cada vez se hac\u00eda m\u00e1s cruel la lucha de la voluntad m\u00e1s fuerte, del esp\u00edritu m\u00e1s agudo de nuestro tiempo, contra el ocaso. S\u00f3lo cuando \u00e9l mismo, para quien la claridad hab\u00eda sido la virtud suprema del pensamiento, vio claro que no volver\u00eda a escribir ni a trabajar, como un h\u00e9roe romano dio permiso al m\u00e9dico para que pusiera fin al dolor. Era el final grandioso para una vida grandiosa, una muerte memorable incluso en medio de las hecatombes de aquella \u00e9poca asesina. Y cuando sus amigos sepultamos su ata\u00fad en tierra inglesa, sab\u00edamos que entreg\u00e1bamos lo mejor de nuestra patria.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">En aquellas horas con Freud a menudo hablamos del mundo de Hitler y de la guerra. Como persona estaba profundamente conmovido, pero como pensador no le sorprend\u00eda en absoluto aquel escalofriante estallido de bestialidad. Siempre lo hab\u00edan tachado de pesimista, dec\u00eda, porque negaba la supremac\u00eda de la cultura sobre los instintos; ahora se pod\u00eda ver horriblemente confirmada-y en verdad no estaba nada orgulloso de ello-su opini\u00f3n de que la barbarie, el elemental instinto de destrucci\u00f3n, era inextirpable del alma humana. Quiz\u00e1s, en siglos venideros, se encontrar\u00eda un modo, al menos en la vida com\u00fan de los pueblos, de reprimir tales instintos; en la vida cotidiana, sin embargo, subsist\u00edan en la naturaleza humana m\u00e1s \u00edntima como fuerzas inextirpables y quiz\u00e1 necesarias. Le preocupaba m\u00e1s, en sus \u00faltimos d\u00edas, el problema del juda\u00edsmo y su tragedia actual; para este caso el cient\u00edfico no pose\u00eda ninguna f\u00f3rmula y su esp\u00edritu l\u00facido, ninguna respuesta. Recientemente hab\u00eda publicado su estudio sobre Mois\u00e9s, en el que lo presentaba como a un no-jud\u00edo, sino como egipcio., y con esta afirmaci\u00f3n, cient\u00edficamente dif\u00edcil de justificar, hiri\u00f3 tanto a los jud\u00edos creyentes como a los jud\u00edos con conciencia nacional. Ahora lamentaba la publicaci\u00f3n de ese libro en la hora m\u00e1s funesta para el juda\u00edsmo, \u00abahora que todo se les quita, yo les quito a su mejor hombre\u00bb. Tuve que darle la raz\u00f3n en el sentido de que los jud\u00edos se hab\u00edan vuelto siete veces m\u00e1s sensibles, pues, en medio de la omnipresente tragedia mundial, ellos eran sus aut\u00e9nticas v\u00edctimas, y lo eran en todas partes, ya que, azorados ya antes del golpe, sab\u00edan que toda abominaci\u00f3n primero se desplomar\u00eda sobre ellos, y multiplicada por siete, y que el hombre m\u00e1s rabioso de odio de todos los tiempos tratar\u00eda de humillarlos y perseguirlos, precisamente a ellos, hasta los confines de la tierra e incluso bajo tierra. Semana tras semana, mes tras mes, llegaban cada vez m\u00e1s refugiados, que parec\u00edan cada vez m\u00e1s pobres y m\u00e1s angustiados que los que les hab\u00edan precedido. Los primeros, los que hab\u00edan salido de Alemania con m\u00e1s premura, a\u00fan hab\u00edan podido salvar la ropa, las maletas y los enseres de la casa y muchos incluso alg\u00fan dinero. Pero cuanto m\u00e1s tiempo hab\u00edan confiado en Alemania, cuanto m\u00e1s les hab\u00eda costado desprenderse de su amada patria, m\u00e1s severamente hab\u00edan sido castigados. Primero les quitaron la profesi\u00f3n, les prohibieron la entrada en los teatros, cines y museos, y a los investigadores, el acceso a las bibliotecas: segu\u00edan all\u00ed por fidelidad o pereza, por cobard\u00eda u orgullo. Prefer\u00edan ser humillados en su patria a humillarse como pordioseros en el extranjero. Luego se les priv\u00f3 del personal de servicio y se les quit\u00f3 las radios y los tel\u00e9fonos de las viviendas; despu\u00e9s, las viviendas mismas; a continuaci\u00f3n se les oblig\u00f3 a llevar pegada la estrella de, David, para que todo el mundo los reconociera, los evitara y escarneciera en la calle como a leprosos, expulsados y proscritos. Se les priv\u00f3 de todos los derechos, se ejerci\u00f3 sobre ellos con sadismo toda clase de violencia f\u00edsica y ps\u00edquica y, de repente, se convirti\u00f3 en espeluznante verdad el viejo dicho popular ruso: \u00abDel saco de mendigo y de la c\u00e1rcel, nadie est\u00e1 a salvo.\u00bb Al que no se marchaba se le mandaba a un campo de concentraci\u00f3n, donde la disciplina alemana ablandaba hasta al m\u00e1s orgulloso, y despu\u00e9s, una vez despose\u00eddo de todo, se le expulsaba del pa\u00eds con un solo traje y diez marcos en el bolsillo, sin preguntarle ad\u00f3nde quer\u00eda ir. Y entonces hac\u00edan cola en la frontera, imploraban en los consulados, casi siempre en vano, pues \u00bfqu\u00e9 pa\u00eds quer\u00eda a gente desvalijada y pordiosera? Nunca olvidar\u00e9 el cuadro que se me ofreci\u00f3 a la vista una vez que entr\u00e9 en una agencia de viajes de Londres; estaba abarrotada de refugiados, casi todos jud\u00edos, y todos quer\u00edan ir a alg\u00fan lugar. Les daba igual a qu\u00e9 pa\u00eds, a los hielos del polo Norte o a la hirviente caldera de las arenas del Sahara, lo importante era irse lejos, muy lejos, pues el permiso de residencia hab\u00eda caducado y ten\u00edan que proseguir su camino, emprender viaje con mujer e hijos a otros lugares, bajo otras estrellas, a un mundo de habla extra\u00f1a, entre personas a las que no conoc\u00edan y que no quer\u00edan forasteros. Encontr\u00e9 all\u00ed a un vien\u00e9s, en otro tiempo rico industrial y a la vez uno de nuestros coleccionistas de arte m\u00e1s inteligentes. De momento no lo reconoc\u00ed, de tan l\u00edvido, viejo y cansado como estaba. La debilidad le obligaba a apoyarse en la mesa con ambas manos. Le pregunt\u00e9 ad\u00f3nde quer\u00eda ir:<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">-No lo s\u00e9 -dijo-. \u00bfQui\u00e9n nos pregunta hoy lo que queremos? Uno va all\u00ed donde le permiten ir. Alguien me ha dicho que aqu\u00ed se puede obtener un visado para Hait\u00ed o Santo Domingo. <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">El coraz\u00f3n me dio un vuelco. \u00a1Un hombre viejo y agotado, con hijos y nietos, que tiembla con la .esperanza de poder trasladarse a un pa\u00eds que nunca ha visto en el mapa, s\u00f3lo para ir tirando, para pedir limosna y seguir siendo un extra\u00f1o y un in\u00fatil! A su lado alguien pregunt\u00f3 con ansia desesperada el modo de llegar a Shangh\u00e1i, pues le hab\u00edan dicho que los chinos todav\u00eda acog\u00edan a refugiados. Y as\u00ed se amontonaban unos al lado de otros, ex catedr\u00e1ticos, ex directores de banco, ex comerciantes; ex hacendados, ex m\u00fasicos, todos ellos dispuestos a arrastrar las miserables ruinas de su existencia all\u00e1 d\u00f3nde fuere, por tierra y por mar, a hacer cualquier cosa, a soportar cualquier cosa, \u00a1pero lejos de Europa, lejos, lejos! Era un grupo fantasmal. Pero lo m\u00e1s tr\u00e1gico para m\u00ed era pensar que aquellas cincuenta personas maltratadas representaban s\u00f3lo la dispersa y min\u00fascula vanguardia del inmenso ej\u00e9rcito de cinco, ocho o quiz\u00e1 &#8216;diez millones de jud\u00edos que ya estaban a punto de marchar tras ellos, de todas las personas despose\u00eddas y, por si eso fuera poco, pisoteadas luego por la guerra, que esperaban los env\u00edos de las instituciones de beneficencia, los permisos de las autoridades y el dinero para el viaje, una masa gigantesca que, criminalmente espantada y huyendo con p\u00e1nico del incendio hitleriano, asediaba las estaciones de tren en todas las fronteras y llenaba las c\u00e1rceles, todo un pueblo expulsado al que se negaba el derecho a ser pueblo y, sin embargo, un pueblo que durante dos mil a\u00f1os no hab\u00eda deseado otra cosa que no tener que emigrar nunca m\u00e1s y sentir bajo sus pies en reposo una tierra, una tierra tranquila y pac\u00edfica.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Pero lo m\u00e1s tr\u00e1gico de esta tragedia jud\u00eda del siglo era que quienes la padec\u00edan no encontraban en ella sentido ni culpa. Todos los desterrados de los tiempos medievales, sus patriarcas y an1tepasados, sab\u00edan como m\u00ednimo por qu\u00e9 sufr\u00edan: por su fe y por su ley. Pose\u00edan todav\u00eda como talism\u00e1n del esp\u00edritu lo que los de hoy d\u00eda han perdido hace tiempo: la confianza absoluta en su Dios. Viv\u00edan y sufr\u00edan con la orgullosa ilusi\u00f3n de haber sido escogidos por el Creador del mundo y de los hombres para un destino y una misi\u00f3n especiales, y la palabra promisoria de la Biblia era para ellos mandamiento y ley. Cuando se los lanzaba a la hoguera, apretaban contra su pecho las Sagradas Escrituras y, gracias a este fuego interior, no sent\u00edan tanto el ardor de las llamas asesinas. Cuando se les persegu\u00eda por todos los pa\u00edses, siempre les quedaba una \u00faltima patria, la de Dios, de la que no les pod\u00eda expulsar ning\u00fan poder terrenal, ning\u00fan emperador, rey o inquisidor. Mientras la religi\u00f3n los manten\u00eda unidos, eran una comunidad y, por consiguiente, una fuerza; cuando se les expulsaba y persegu\u00eda, expiaban la culpa de haberse separado conscientemente de los dem\u00e1s pueblos de la Tierra a causa de su religi\u00f3n y sus costumbres. Los jud\u00edos del siglo, en cambio, hab\u00edan dejado de ser una comunidad desde hac\u00eda tiempo. No ten\u00edan una fe com\u00fan, consideraban su juda\u00edsmo m\u00e1s una carga que un orgullo y no ten\u00edan conciencia de ninguna misi\u00f3n. Viv\u00edan alejados de los mandamientos de sus libros anta\u00f1o sagrados y ya no quer\u00edan hablar su antigua lengua com\u00fan. Con todo su af\u00e1n, cada vez m\u00e1s impaciente, aspiraban a incorporarse e integrarse en los pueblos que los rodeaban, disolverse en la colectividad, s\u00f3lo para tener paz y no tener que sufrir persecuciones, descansar de su eterna huida. Y, as\u00ed, los unos ya no comprend\u00edan a los otros, refundidos con los dem\u00e1s pueblos: desde hac\u00eda tiempo eran m\u00e1s franceses, alemanes, ingleses o rusos que jud\u00edos. Hasta hoy, cuando se les amontona y se les barre de las calles como inmundicia (los directores de banco expulsados de sus palacios berlineses, los servidores de las sinagogas excluidos de las comunidades ortodoxas, los catedr\u00e1ticos de filosof\u00eda de Par\u00eds y los cocheros rumanos, los lavadores de cad\u00e1veres y los premios Nobel, los cantantes de concierto y las pla\u00f1ideras, los escritores y los destiladores, los hacendados y los desheredados, los grandes y los peque\u00f1os, los devotos y los ilustrados, los usureros y los sabios, los sionistas y los asimilados, los askenazis y los sefarditas, los justos y los pecadores y, tras ellos, la at\u00f3nita multitud de los que cre\u00edan haber escapado hace tiempo de la maldici\u00f3n, los bautizados y los mezclados), hasta hoy, digo, por primera vez durante siglos, no se ha obligado a los jud\u00edos a volver a ser una comunidad que no sent\u00edan como suya desde tiempos inmemoriales, la comunidad del \u00e9xodo que desde Egipto se repite una y otra vez. Pero \u00bfpor qu\u00e9 este destino les estaba reservado a ellos y s\u00f3lo a ellos? \u00bfCu\u00e1l era la causa, el sentido y la finalidad de esta absurda persecuci\u00f3n? Se les expulsaba de sus tierras y no se les daba ninguna otra. Se les dec\u00eda: no queremos que habit\u00e9is entre nosotros, pero no se les dec\u00eda d\u00f3nde ten\u00edan que vivir. Se les achacaba la culpa y se les negaban los medios para expiada. Y se miraban los unos a los otros con ojos ardientes en el momento de la huida y se preguntaban: \u00bfPor qu\u00e9 yo? \u00bfPor qu\u00e9 t\u00fa?<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">\u00bfPor qu\u00e9 yo y t\u00fa, a quien no conozco, cuya lengua no comprendo, cuya manera de pensar no entiendo, a quien nada me ata? \u00bfPor qu\u00e9 todos nosotros? Y nadie sab\u00eda la respuesta. Ni siquiera Freud, la cabe.za m\u00e1s clara de la \u00e9poca, con quien yo hablaba a menudo aquellos d\u00edas, ve\u00eda una soluci\u00f3n o un sentido a tal absurdo. Pero quiz\u00e1s el sentido \u00faltimo del juda\u00edsmo sea el de repetir una y otra vez, a trav\u00e9s de su existencia misteriosamente perdurable, la eterna pregunta de Job a Dios, para que no sea totalmente olvidada en la Tierra.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Nada hay m\u00e1s fantasmag\u00f3rico que quien se cre\u00eda muerto y enterrado hac\u00eda tiempo vuelva a aparecerse en la vida, con la misma forma y figura. Hab\u00eda llegado el verano de 1939, Munich hab\u00eda pasado ya a la historia con su breve ilusi\u00f3n de peace for our time; Hitler hab\u00eda atacado y anexionado la mutilada Checoslovaquia, rompiendo juramentos y promesas; Kl\u00e1ipeda hab\u00eda sido ocupada; la prensa alemana, artificialmente encauzada por el delirio, reclamaba Danzig y el corredor polaco. Inglaterra se despert\u00f3 con un amargo regusto de su leal credulidad. Incluso la gente sencilla e inculta, que s\u00f3lo por instinto aborrec\u00eda la guerra, empez\u00f3 a exteriorizar con vehemencia su enojo. Todos los ingleses, normalmente tan reservados, le dirig\u00edan a uno la palabra: el portero que guardaba nuestro espacioso bloque de pisos, el liftboy del ascensor, la camarera que arreglaba las habitaciones. Nadie entend\u00eda muy bien lo que pasaba, pero todo el mundo recordaba una cosa, algo innegablemente manifiesto: que Chamberlain, el primer ministro de Inglaterra, hab\u00eda volado tres veces a Alemania para salvar la paz y que ninguna de las concesiones hechas de buena fe hab\u00eda satisfecho a Hitler. En el Parlamento ingl\u00e9s se oyeron de pronto palabras duras: \u00a1Stop agresi\u00f3n! Por doquier se ve\u00edan preparativos para (o, m\u00e1s propiamente dicho, contra) la inminente guerra. De nuevo se cernieron sobre Londres los globos de defensa -todav\u00eda ten\u00edan el inocente aspecto de elefantes de juguete para ni\u00f1os-, de nuevo se abrieron los refugios antia\u00e9reos y se revisaron las caretas antig\u00e1s que se hab\u00edan distribuido. La situaci\u00f3n se hab\u00eda vuelto tan tensa como un a\u00f1o antes, quiz\u00e1s incluso m\u00e1s, pues esta vez el gobierno ya no ten\u00eda detr\u00e1s a una poblaci\u00f3n c\u00e1ndida e ingenua, sino a una decidida y exasperada.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Yo hab\u00eda abandonado Londres durante aquellos meses para retirarme al campo, en Bath. En toda mi vida no hab\u00eda sentido de un modo m\u00e1s cruel la impotencia del hombre frente a los acontecimientos mundiales. He aqu\u00ed a un hombre despierto, pensante, que trabajaba al margen de la pol\u00edtica, consagrado a su trabajo y dedicado, tranquilo y tenaz, a transformar sus a\u00f1os en obras. Y all\u00e1, en alg\u00fan lugar, invisibles, una docena de otros hombres, a los que no conoc\u00eda ni hab\u00eda visto nunca, unos cuantos en la Wilhelmstrasse de Berl\u00edn, otros en el Quai d&#8217;Orsay de Par\u00eds y otros m\u00e1s en el Palacio Venecia de Roma y en Downing Street de Londres, esos diez o veinte hombres, muy pocos de los cuales hab\u00edan demostrado hasta el momento una sensatez y una habilidad especiales, hablaban, escrib\u00edan, telefoneaban y pactaban cosas que los dem\u00e1s no sab\u00edamos. Tomaban decisiones en las que-no ten\u00edamos arte ni parte y de cuyos detalles no lleg\u00e1bamos a enteramos, y, sin embargo, dispon\u00edan as\u00ed, irrevocablemente, de mi vida y de la de todos los europeos. Mi destino estaba en sus manos y no en las m\u00edas. Nos aniquilaban o nos perdonaban la vida; a nosotros, impotentes, nos conced\u00edan la libertad o nos esclavizaban, decid\u00edan la guerra o la paz para millones de seres. Y heme a m\u00ed sentado en mi habitaci\u00f3n, como todos los dem\u00e1s, indefenso como una mosca, impotente como un caracol, mien1tras estaba en juego mi muerte o mi vida, mi \u00abyo\u00bb m\u00e1s \u00edntimo y mi futuro, los pensamientos que se formaban en mi cerebro, los proyectos nacidos o todav\u00eda por nacer, mi sue\u00f1o y mi vigilia, mi voluntad, mis bienes, todo mi ser. Heme sentado, esp1erando con ansiedad y la vista fija en el vac\u00edo, como un condenado en su celda, encerrado entre cuatro paredes y encadenado en una espera absurda y l\u00e1nguida, y los compa\u00f1eros de cautividad preguntando a diestra y siniestra, aconsejando y charlando, como si ninguno de nosotros supiera o pudiera saber c\u00f3mo y qu\u00e9 decidir\u00edan respecto a nosotros. Sonaba el tel\u00e9fono y un amigo me preguntaba qu\u00e9 opinaba. Ten\u00eda ante m\u00ed el peri\u00f3dico, que me desconcertaba m\u00e1s a\u00fan. Escuchaba la radio y un comentario contradec\u00eda el anterior. Sal\u00eda a la calle y la primera persona con la que tropezaba me ped\u00eda la opini\u00f3n, a m\u00ed, tan ignorante como ella: \u00bfhabr\u00eda guerra o no? Y yo, en mi ansiedad, tambi\u00e9n preguntaba, hablaba, charlaba y discut\u00eda, aun sabiendo de sobra que todo conocimiento, toda experiencia y toda previsi\u00f3n adquiridas o inculcadas a lo largo de los a\u00f1os eran f\u00fatiles ante las decisiones de aquella docena de extra\u00f1os y que, por segunda vez en el transcurso de veinticinco a\u00f1os, me encontraba de nuevo sin fuerza ni voluntad frente al destino y los pensamientos lat\u00edan vac\u00edos de sentido en mis doloridas sienes. Al final no pude soportar la gran ciudad por m\u00e1s tiempo, porque en cada esquina los posters, los carteles pegados, me acomet\u00edan con palabras chillonas como perros hostiles, y tambi\u00e9n porque, sin querer, pod\u00eda leer los pensamientos en la frente de los miles de seres que pasaba por mi lado como una exhalaci\u00f3n. Y, en realidad, todos pens\u00e1bamos lo mismo, pens\u00e1bamos \u00fanicamente en el \u00abS\u00cd\u00bb o el \u00abno\u00bb, en el negro o el rojo de la jugada decisiva en la que, en mi caso, se apostaba mi vida entera, los \u00faltimos a\u00f1os que el destino me reservaba, mis libros no escritos, todo lo que hasta entonces hab\u00eda considerado mi misi\u00f3n y daba sentido a mi vida.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Pero la bolita, con una lentitud exasperante, daba vueltas indecisa de un lado para otro en la ruleta de la diplomacia. De aqu\u00ed para all\u00e1, de all\u00e1 para aqu\u00ed, negro y rojo, rojo y negro, esperanza y desencanto, buenas y malas noticias, y nunca la \u00faltima, la decisiva. \u00ab\u00a1Olvida!\u00bb, me dec\u00eda a m\u00ed mismo. \u00abHuye, ref\u00fagiate en la espesura m\u00e1s \u00edntima de tu ser, en tu trabajo, ah\u00ed donde s\u00f3lo eres tu \u00abyo\u00bb anhelante, no un ciudadano, no el objeto de ese juego infernal, ah\u00ed, el \u00fanico lugar donde la poca raz\u00f3n que te queda todav\u00eda puede actuar con sensatez en un mundo que ha enloquecido.\u00bb<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">No me faltaba una misi\u00f3n. Durante a\u00f1os hab\u00eda ido acumulando sin cesar el material preliminar para un gran estudio en dos vol\u00famenes de la vida y obra de Balzac, pero no hab\u00eda tenido valor suficiente para dar comienzo a una obra tan extensa y proyectada a tan largo plazo. Sin embargo, justo ahora el des\u00e1nimo me daba \u00e1nimos para dedicarme a ella. Me retir\u00e9 a Bath, y precisamente a Bath porque esa ciudad, en la que hab\u00edan escrito muchos de los mejores autores de la gloriosa literatura inglesa, Fielding sobre todo, ofrec\u00eda a la mirada tranquila, con m\u00e1s fidelidad y fuerza que cualquier otra ciudad inglesa, la apariencia de un siglo diferente, m\u00e1s pac\u00edfico: el XVIII. Aunque, \u00a1qu\u00e9 contraste tan doloroso el de aquel paisaje suave y dotado de pl\u00e1stica belleza, frente a la creciente agitaci\u00f3n del mundo y de mis pensamientos! Tan provocativamente espl\u00e9ndido fue aquel agosto de 1939 en Inglaterra como lo hab\u00eda sido en 1914el mes de julio m\u00e1s hermoso que recuerdo haber pasado en Austria. De nuevo el cielo suave, de un azul sedoso como una divina tienda de paz; de nuevo la ben\u00e9fica luz del sol sobre los prados y los bosques, adem\u00e1s de una indescriptible magnificencia de flores: la misma gran paz sobre la Tierra, mientras sus habitantes se preparaban para la guerra. Igual que entonces, la locura humana parec\u00eda incre\u00edble ante aquel florecimiento exuberante, tranquilo y tenaz, ante aquella quietud que se respiraba en los valles de Bath y que se deleitaba en s\u00ed misma, unos valles que por su misterio me recordaban los del paisaje de Bathen 1914.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Y una vez m\u00e1s no quer\u00eda creerlo. Una vez m\u00e1s me preparaba, como entonces, para un viaje de verano. Se hab\u00eda fijado el congreso del PEN Club en Estocolmo para la primera semana de septiembre de 1939 y los compa\u00f1eros suecos me hab\u00edan invitado a asistir como hu\u00e9sped de honor, puesto que yo era un anfibio que ya no representaba a ninguna naci\u00f3n. Los amables anfitriones ya hab\u00edan dispuesto de antemano las comidas del mediod\u00eda y de la noche para las semanas venideras. Yo hab\u00eda reservado con antelaci\u00f3n un pasaje para el barco, cuando empezaron a llegar en tropel las alarmantes noticias sobre la inminente movilizaci\u00f3n. Seg\u00fan todas las leyes de la raz\u00f3n, hubiera tenido que empaquetar en seguida todos mis libros y manuscritos y salir de Inglaterra, que era una posible zona de guerra: yo era extranjero en ese pa\u00eds y, en caso de, guerra, me convertir\u00eda de inmediato en extranjero enemigo, amenazado con padecer todas las restricciones de libertad imaginables. Pero algo inexplicable se opon\u00eda dentro de m\u00ed a la huida para ponerme a salvo. En parte era obstinaci\u00f3n, el deseo de no seguir huyendo toda la vida, pues, a pesar de todo, el destino me perseguir\u00eda all\u00e1 donde fuera, pero en parte tambi\u00e9n era cansancio. \u00abAcojamos el tiempo tal como \u00e9l nos quiere\u00bb, me dec\u00eda con Shakespeare. Si te quiere, \u00a1no te resistas por m\u00e1s tiempo, a tus casi sesenta a\u00f1os! Ya no te robar\u00e1 lo mejor que tienes, tu vida vivida hasta ahora. As\u00ed, pues, me qued\u00e9. No obstante, quer\u00eda poner el m\u00e1ximo posible de orden en mi vida civil y p\u00fablica, y como ten\u00eda intenci\u00f3n de volverme a casar, no quer\u00eda perder un instante, no fuera a ser que el internamiento en un campo de concentraci\u00f3n o cualquier otra medida imprevista me separaran de mi futura compa\u00f1era. De modo que una ma\u00f1ana -era el 1\u00b0 de septiembre, un d\u00eda festivo- fui al registro civil de Bath para inscribir mi boda. El funcionario acept\u00f3 los papeles y se mostr\u00f3 sumamente amable y sol\u00edcito. Comprendi\u00f3 perfectamente, como todo el mundo en aquellos tiempos, nuestro deseo de acelerar los tr\u00e1mites en lo posible. La boda qued\u00f3 fijada para el d\u00eda siguiente; cogi\u00f3 la pluma y empez\u00f3 a escribir nuestros nombres en el registro con letra redondilla.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">En aquel momento-ser\u00edan las once -se abri\u00f3 de golpe la puerta de la habitaci\u00f3n contigua. Irrumpi\u00f3 en la nuestra un funcionario joven que se pon\u00eda la chaqueta mientras caminaba. <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">-\u00a1Los alemanes han invadido Polonia! \u00a1Es la guerra!-anunci\u00f3 a gritos en aquella sala silenciosa.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">La noticia me golpe\u00f3 el coraz\u00f3n como un martillazo. Pero el coraz\u00f3n de nuestra generaci\u00f3n ya estaba acostumbrado a toda clase de golpes duros. <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">-No necesariamente significa la guerra-dije yo, sinceramente convencido. Pero el funcionario por poco se enfad\u00f3 conmigo. <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">&#8211;\u00a0\u00a1No!-grit\u00f3 furioso-. \u00a1Ya basta! \u00a1No podemos tolerar que esto se repita cada seis meses! \u00a1Tiene que terminar!<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Mientras tanto el otro funcionario, que hab\u00eda empezado a redactar nuestro certificado de matrimonio, dej\u00f3 caer la pluma con adem\u00e1n pensativo. Al fin y al cabo, debi\u00f3 de pensar, nosotros \u00e9ramos extranjeros y, en caso de guerra, nos convertir\u00edamos autom\u00e1ticamente en enemigos. No sab\u00eda si, dadas las circunstancias, era l\u00edcito permitirnos contraer matrimonio. Dijo que lo lamentaba, pero que prefer\u00eda pedir instrucciones a Londres. Los dos d\u00edas siguientes fueron d\u00edas de espera, esperanza y miedo, dos d\u00edas de terrible tensi\u00f3n. En la ma\u00f1ana del domingo la radio dio la noticia de que Inglaterra hab\u00eda declarando la guerra a Alemania.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Fue una ma\u00f1ana singular. Nos alejamos de la radio, que hab\u00eda lanzado al espacio un mensaje que iba a durar siglos, un mensaje destinado a transformar totalmente nuestro mundo y la vida de cada uno de nosotros, un mensaje que encerraba la muerte para miles de los que lo escuchaban en silencio; aflicci\u00f3n y desventura, desesperaci\u00f3n y amenaza para todos nosotros; un mensaje del que quiz\u00e1 no se sacar\u00eda la lecci\u00f3n hasta el cabo de a\u00f1os y m\u00e1s a\u00f1os. Una vez m\u00e1s era la guerra, una guerra m\u00e1s terrible y de peores consecuencias que cualquiera anterior. Una vez m\u00e1s se terminaba una \u00e9poca, una vez m\u00e1s empezaba una \u00e9poca nueva. Permanec\u00edamos en silencio en la habitaci\u00f3n, de pronto sumida en una quietud sepulcral, y evit\u00e1bamos miramos. De fuera llegaba el gorjeo despreocupado de p\u00e1jaros, que, en su fr\u00edvolo juego amoroso, se dejaban llevar por el suave viento, y los \u00e1rboles se balanceaban en el dorado resplandor de la luz, como si sus hojas quisieran tocarse tiernamente como labios amorosos. Una vez m\u00e1s la viej\u00edsima madre naturaleza no sab\u00eda nada de las angustias de sus criaturas.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Fui a mi habitaci\u00f3n y coloqu\u00e9 mis cosas en una maleta. Si se confirmaba lo que hab\u00eda predicho un amigo que ocupaba un cargo importante, en Inglaterra a los austriacos nos contar\u00edan entre los alemanes y cab\u00eda esperar que nos impusieran las mismas restricciones; quiz\u00e1s aquella misma noche ya no me dejar\u00edan dormir en mi cama. Hab\u00eda bajado un escal\u00f3n m\u00e1s: desde hac\u00eda una hora ya no era s\u00f3lo un extranjero en aquel pa\u00eds, sino tambi\u00e9n el enemigo, un extranjero enemigo, exiliado por la fuerza en un lugar donde no se hallaba su coraz\u00f3n palpitante. \u00bfSe pod\u00eda imaginar una situaci\u00f3n m\u00e1s absurda para un hombre expulsado hac\u00eda tiempo de una Alemania que lo hab\u00eda estigmatizado como anti alem\u00e1n a causa de su raza y de su modo de pensar, que la de encontrarse en otro pa\u00eds donde, por un decreto burocr\u00e1tico, le imponen una comunidad de la cual, como austriaco, nunca ha formado parte? De un plumazo el sentido de toda una vida se hab\u00eda convertido en contrasentido; yo escrib\u00eda y pensaba en alem\u00e1n, pero cada idea que conceb\u00eda, cada deseo que sent\u00eda, pertenec\u00eda a los pa\u00edses que se alzaban en armas por la libertad del mundo. Cualquier otro v\u00ednculo, todo lo anterior y pasado, se hab\u00eda roto y destruido, y yo sab\u00eda que, despu\u00e9s de esta guerra, todo deber\u00eda volver a empezar de nuevo, pues la misi\u00f3n m\u00e1s \u00edntima a la que hab\u00eda dedicado toda la fuerza de mi convicci\u00f3n durante cuarenta a\u00f1os, la uni\u00f3n pac\u00edfica de Europa, hab\u00eda fracasado. Aquello que yo tem\u00eda m\u00e1s que a la propia muerte, la guerra de todos contra todos, se hab\u00eda desencadenado por segunda vez. Y quien hab\u00eda luchado con pasi\u00f3n durante toda su vida por la solidaridad humana y por la uni\u00f3n de los esp\u00edritus, se sent\u00eda en aquellos momentos: -que exig\u00edan como nunca una comuni\u00f3n absoluta-, in\u00fatil y solo como en ninguna otra \u00e9poca anterior a causa de esa brusca segregaci\u00f3n.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Baj\u00e9 al centro de la ciudad para echar una \u00faltima mirada a la paz. Resplandec\u00eda serena a la luz del mediod\u00eda y no me pareci\u00f3 diferente de como sol\u00eda ser. La gente segu\u00eda su camino de costumbre con su paso habitual. No corr\u00eda, no formaba corros en mitad de la calle. Su comportamiento aparec\u00eda tranquilo y sereno, propio de los domingos, y por un momento me pregunt\u00e9: \u00bfacaso todav\u00eda no lo saben? Pero eran ingleses, acostumbrados a reprimir sus sentimientos. No necesitaban banderas ni tambores, ruido ni m\u00fasica, para afirmarse en su tenaz determinaci\u00f3n, desprovista de patetismo. \u00a1Qu\u00e9 diferente de aquellos d\u00edas de julio de 1914en Austria, pero qu\u00e9 diferente era yo ahora de aquel joven de entonces, cu\u00e1n cargado de recuerdos! Sab\u00eda qu\u00e9 significaba la guerra y, contemplando los comercios relucientes y repletos de art\u00edculos, ve\u00eda de nuevo, en una visi\u00f3n intens\u00edsima, los de 1918, desvalijados y vac\u00edos y que me miraban con ojos desencajados. Ve\u00eda, como alguien que sue\u00f1a despierto, una larga cola de mujeres afligidas ante las tiendas de comestibles, a madres vestidas de luto, a heridos, a inv\u00e1lidos: todo el tremendo horror de antes volv\u00eda como un fantasma a la luz radiante del mediod\u00eda. Recordaba a nuestros viejos soldados, exhaustos y andrajosos, que regresaban del campo de batalla; con el coraz\u00f3n palpitante percib\u00eda la guerra pasada en la que ahora empezaba y que todav\u00eda ocultaba su horror a las miradas. Y sab\u00eda que una vez m\u00e1s todo lo pasado estaba prescrito y todo lo realizado, destruido: Europa, nuestra patria, por la que hab\u00edamos vivido, ser\u00eda devastada m\u00e1s all\u00e1 de nuestras propias vidas. Comenzaba algo diferente, una \u00e9poca nueva, pero \u00a1cu\u00e1ntos infiernos y purgatorios hab\u00eda que recorrer todav\u00eda para llegar a ella!<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">El sol brillaba con plenitud y fuerza. Mientras regresaba a casa, de pronto observ\u00e9 mi sombra ante m\u00ed, del mismo modo que ve\u00eda la sombra de la otra guerra detr\u00e1s de la actual. Durante todo ese tiempo, aquella sombra ya no se apart\u00f3 de m\u00ed; se cern\u00eda sobre mis pensamientos noche y d\u00eda; quiz\u00e1 su oscuro contorno se proyecta tambi\u00e9n sobre muchas p\u00e1ginas de este libro. Pero toda sombra es, al fin y al cabo, hija de la luz y s\u00f3lo quien ha conocido la claridad y las tinieblas, la guerra y la paz, el ascenso y la ca\u00edda, s\u00f3lo \u00e9ste ha vivido de verdad.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/puntocritico.com\/2019\/02\/24\/fouche-el-genio-tenebroso-de-stephan-zweig-parte-1-introduccion\/\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-16868\" src=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2019\/02\/zweig.jpg\" alt=\"\" width=\"189\" height=\"194\" data-id=\"16868\" \/><\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><span style=\"font-size: 18pt; color: #008000;\"><strong>*******<\/strong><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><strong>IMAGEN PRINCIPAL<\/strong>: <a href=\"https:\/\/democresia.es\/pensamiento\/stefan-zweig-la-reconstruccion-babel-i\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Democres\u00eda<\/a><\/span><\/p>\n<h2 style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><strong>RELACIONADOS:<\/strong><\/span><\/h2>\n<blockquote class=\"wp-embedded-content\" data-secret=\"fG7xFQZOBG\"><p><a href=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/2018\/02\/19\/rabindranaz-tagore-y-romain-rolland-el-espiritu-de-europa\/\">Rabindranaz Tagore  y Romain Rolland: El esp\u00edritu de Europa<\/a><\/p><\/blockquote>\n<p><iframe loading=\"lazy\" class=\"wp-embedded-content\" sandbox=\"allow-scripts\" security=\"restricted\" style=\"position: absolute; clip: rect(1px, 1px, 1px, 1px);\" title=\"\u00abRabindranaz Tagore  y Romain Rolland: El esp\u00edritu de Europa\u00bb \u2014 Punto Cr\u00edtico Derechos Humanos\" src=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/2018\/02\/19\/rabindranaz-tagore-y-romain-rolland-el-espiritu-de-europa\/embed\/#?secret=aRdUc6SJye#?secret=fG7xFQZOBG\" data-secret=\"fG7xFQZOBG\" width=\"500\" height=\"282\" frameborder=\"0\" marginwidth=\"0\" marginheight=\"0\" scrolling=\"no\"><\/iframe><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p class=\"entry-title\" style=\"text-align: justify;\"><a href=\"https:\/\/puntocritico.com\/2019\/02\/24\/fouche-el-genio-tenebroso-de-stephan-zweig-parte-1-introduccion\/\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><strong>\u00abFOUCH\u00c9, el genio tenebroso\u00bb, por Stefan Zweig (PARTE 1- Introducci\u00f3n)<\/strong><\/span><\/a><\/p>\n<p class=\"entry-title\" style=\"text-align: justify;\"><a href=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/2019\/03\/03\/indice-de-post-de-fouche-el-genio-tenebroso-por-stefan-zweig\/\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><strong>INDICE DE POST DE \u00abFOUCH\u00c9, El genio tenebroso\u00bb, por Stefan Zweig<\/strong><\/span><\/a><\/p>\n<p class=\"mh-meta entry-meta\">\u00a0<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/author\/punto-critico\/\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter wp-image-9528\" src=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2018\/03\/Mosca_Punto_Cr\u00edtico_40.png\" alt=\"\" width=\"80\" height=\"80\" data-id=\"9528\" \/><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<div class=\"mh-excerpt\"><p>EL MUNDO DE STEFAN ZWEIG &nbsp; EL MUNDO DE AYER, EL MUNDO DE STEFAN ZWEIG Stefan Zweig cerr\u00f3 su carrera literaria con una magistral autobiograf\u00eda que resumi\u00f3 tambi\u00e9n el convulso periodo de entreguerras del pasado <a class=\"mh-excerpt-more\" href=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/2022\/08\/04\/el-mundo-de-ayer\/\" title=\"EL MUNDO DE STEFAN ZWEIG. \u00abLa edad de oro de la seguridad\u00bb. El mundo de ayer, de Stefan Zweig (Cap\u00edtulo 16)\">[&#8230;]<\/a><\/p>\n<\/div>","protected":false},"author":3,"featured_media":2253932,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[7],"tags":[111],"class_list":["post-2253255","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","category-politica","tag-zweig"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2253255","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-json\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=2253255"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2253255\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-json\/wp\/v2\/media\/2253932"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=2253255"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=2253255"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=2253255"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}