{"id":19963,"date":"2019-07-09T00:05:42","date_gmt":"2019-07-08T23:05:42","guid":{"rendered":"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/?p=19963"},"modified":"2024-12-12T14:34:10","modified_gmt":"2024-12-12T13:34:10","slug":"el-alguacil-alguacilado-por-francisco-de-quevedo-y-villegas-desendemoniando-por-gonzalo-diaz-migoyo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/2019\/07\/09\/el-alguacil-alguacilado-por-francisco-de-quevedo-y-villegas-desendemoniando-por-gonzalo-diaz-migoyo\/","title":{"rendered":"\u00abEL ALGUACIL ALGUACILADO\u00bb, por Francisco de Quevedo y Villegas. \u00abDesendemoniando\u00bb, por Gonzalo D\u00edaz Migoyo"},"content":{"rendered":"<h1 lang=\"es\"><strong><a id=\"ref1a\"><\/a><a href=\"#ref1\"><span style=\"font-size: 12pt;\">\u00abEL ALGUACIL ENDEMONIADO\u00bb, por Francisco de Quevedo y Villegas<\/span><\/a><\/strong><\/h1>\n<p style=\"text-align: center;\"><span style=\"font-size: 18pt;\"><strong>***<\/strong><\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter wp-image-19996\" src=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2019\/07\/quevedo-300x163.jpg\" alt=\"\" width=\"420\" height=\"229\" srcset=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2019\/07\/quevedo-300x163.jpg 300w, https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2019\/07\/quevedo-768x418.jpg 768w, https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2019\/07\/quevedo.jpg 854w\" sizes=\"auto, (max-width: 420px) 100vw, 420px\" \/><\/p>\n<h1 lang=\"es\">\u00a0<\/h1>\n<blockquote>\n<h1 id=\"firstHeading\" class=\"firstHeading\" lang=\"es\" style=\"text-align: center;\">El alguacil endemoniado<\/h1>\n<\/blockquote>\n<div>\n<blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><i><b>El alguacil endemoniado<\/b><\/i>\u00a0es el segundo de los\u00a0<strong><i>Sue\u00f1os<\/i>\u00a0<\/strong>de\u00a0Francisco de\u00a0Quevedo. Fue escrito en\u00a01606\u00a0o\u00a01607\u00a0e intent\u00f3 publicarse en\u00a01610, aunque no vio la luz hasta\u00a01627\u00a0en la edici\u00f3n de\u00a0<i>Sue\u00f1os y discursos<\/i>\u00a0publicada en\u00a0Barcelona. Su versi\u00f3n expurgada se public\u00f3 en\u00a01631\u00a0con el nombre de\u00a0<strong><i>El alguacil alguacilado<\/i><\/strong>, dentro de los llamados\u00a0<i>Juguetes de la ni\u00f1ez<\/i>.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">A diferencia del\u00a0<i>Juicio<\/i>, esta s\u00e1tira es la primera presentada en forma de discurso o coloquio entre un interlocutor y el\u00a0Diablo.\u00a0El licenciado Calabr\u00e9s, sacerdote hip\u00f3crita y realizador de\u00a0exorcismos, es el otro personaje del\u00a0<i>Alguacil<\/i>. Intenta repetidamente exorcizar al demonio que ha pose\u00eddo al alguacil, aunque no tiene mucho \u00e9xito. Para Crosby, Calabr\u00e9s representa a todos aquellos que callan la verdad,\u200b ora por miedo, ora por velar sus intereses. El mismo Quevedo, por temor a la represi\u00f3n ideol\u00f3gica, se neg\u00f3 a publicar tal cual muchos de sus escritos.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">El ocelote Calabr\u00e9s, cl\u00e9rigo de alto rango en la Espa\u00f1a de los Felipes, personifica la s\u00e1tira burlona y \u00e1cida que Quevedo realiza contra el enorme poder de la\u00a0Iglesia espa\u00f1ola.\u00a0La s\u00e1tira es muy atrevida, ya que durante la parodia del exorcismo Calabr\u00e9s mantiene una conversaci\u00f3n personal y directa con el esp\u00edritu maligno, cosa prohibida espec\u00edficamente por el\u00a0<i>Rituale romanum.<\/i><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">En la parroquia de San Pedro M\u00e1rtir de Madrid Quevedo sit\u00faa la acci\u00f3n del <i>Alguacil<\/i>. En este contexto f\u00edsico se traslucen varias implicaciones socioculturales de la obra, como la cr\u00edtica a las supersticiones populares que atribu\u00edan a los demonios todos los males de la sociedad. Quevedo conoc\u00eda bien este fen\u00f3meno y a lo largo de su obra lo ridiculiza y hace ver obsoleto y pasado de moda.\u200b La elecci\u00f3n de la iglesia de san Pedro M\u00e1rtir como veh\u00edculo para narrar la obra no es casualidad: desde mediados del siglo XVI circulaba una leyenda popular que otorgaba facultades sobrenaturales a una campana que estuvo en la torre\u00a0mud\u00e9jar\u00a0de San Pedro hasta\u00a01567.\u00a0Situar un exorcismo en dicho lugar es una alusi\u00f3n encubierta al poder de la campana, que proteg\u00eda contra los rayos y los demonios.\u200b Calabr\u00e9s representa una realidad muy com\u00fan en la Espa\u00f1a de Quevedo: religi\u00f3n y creencias supersticiosas como elemento fundamental de una sociedad regida por la Iglesia. La\u00a0Inquisici\u00f3n, representada por su santo patrono \u2014san Pedro M\u00e1rtir\u2014, era omnipresente en todos los aspectos del pa\u00eds, ejerc\u00eda una influencia demasiado poderosa que Quevedo intenta retratar en su discurso.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Calabr\u00e9s acusa al diablo de mentir y pone en tela de juicio la veracidad de sus palabras, escud\u00e1ndose en las numerosas condenas que la religi\u00f3n ha lanzado contra \u00e9l a lo largo de los siglos.\u00a0El sacerdote se ha colocado a s\u00ed mismo en una especie de antagonista de la verdad,\u200b por lo que el diablo le recuerda algunas leyendas grecorromanas sobre la Verdad y la Justicia. Al final, Quevedo pide a sus lectores que lean con atenci\u00f3n el\u00a0<i>Alguacil<\/i>, porque algo de cierto encierran las palabras del demonio, injustamente tratado por el ensalmador Calabr\u00e9s.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">El \u00faltimo p\u00e1rrafo del texto contiene cuatro citas sobre sujetos que tradicionalmente han sido tenidos por malos, como Herodes Antipas o Caif\u00e1s, a quienes Quevedo intenta analizar imparcialmente para descubrir la verdad de sus acciones. Son citas complicadas y enigm\u00e1ticas, que sin embargo ofrecen gran relaci\u00f3n con los exorcismos.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><a href=\"https:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/El_alguacil_endemoniado\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\"><span style=\"font-size: 14pt;\">https:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/El_alguacil_endemoniado<\/span><\/a><\/p>\n<\/blockquote>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<\/div>\n<div>\u00a0<\/div>\n<div><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter wp-image-19966 size-full\" src=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2019\/07\/El_alguacil_alguacilado.jpg\" alt=\"\" width=\"330\" height=\"463\" srcset=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2019\/07\/El_alguacil_alguacilado.jpg 330w, https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2019\/07\/El_alguacil_alguacilado-214x300.jpg 214w\" sizes=\"auto, (max-width: 330px) 100vw, 330px\" \/><\/div>\n<div>\u00a0<\/div>\n<div>\n<p style=\"text-align: center;\"><span style=\"font-size: 14pt; color: #008000;\">\u2666\u2666\u2666\u2666\u2666<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong><span style=\"font-size: 24pt;\">EL ALGUACIL ENDEMONIADO <a id=\"ref1\"><\/a><a href=\"#ref1a\">*<\/a><\/span><\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><span style=\"font-size: 18pt; color: #008000;\"><strong>Por Francisco de Quevedo y Villegas<\/strong><\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-19982\" src=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2019\/07\/Alguacil-Endemoniado-de-Quevedo.jpg\" alt=\"\" width=\"183\" height=\"275\" \/><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><strong>(el valor de la literatura cl\u00e1sica en estos tiempos del c\u00f3lera)<\/strong><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><span style=\"color: #008000;\"><strong><em><span style=\"font-size: 14pt;\">AL CONDE DE LEMOS, PRESIDENTE DE INDIAS<\/span><\/em><\/strong><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Bien s\u00e9 que a los ojos de V. Excelencia es m\u00e1s endemoniado el autor que el sujeto; si lo fuere tambi\u00e9n el discurso habr\u00e9 dado lo que se esperaba de mis pocas letras, que amparadas, como due\u00f1o, de V. Excelencia y su grandeza, despreciar\u00e1n cualquier temor. Ofr\u00e9zcole este discurso del alguacil endemoniado (aunque fuera mejor y m\u00e1s propiamente, a los diablos mismos): rec\u00edbale V. Excelencia con la humanidad que me hace merced, as\u00ed yo vea en su casa la sucesi\u00f3n que tanta nobleza y m\u00e9ritos piden.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<span style=\"font-size: 14pt;\">Est\u00e9 advertida V. Excelencia que los seis g\u00e9neros de demonios que cuentan los supersticiosos y los hechiceros (los cuales por esta orden divide Pselo en el cap\u00edtulo once del libro de los demonios) son los mismos que las \u00f3rdenes en que se destribuyen los alguaciles malos. Los primeros llaman leliurios, que quiere decir \u00edgneos; los segundos a\u00e9reos; los terceros terrenos; los cuartos acu\u00e1ticos; los quintos subterr\u00e1neos, los sextos luc\u00edfugos, que huyen de la luz. Los \u00edgneos son los criminales que a sangre y fuego persiguen los hombres; los a\u00e9reos son los soplones que dan viento; \u00e1cueos son los porteros que prenden por si vaci\u00f3 o no vaci\u00f3 sin decir \u00ab\u00a1agua va!\u00bb, fuera de tiempo, y son \u00e1cueos con ser casi todos borrachos y vinosos; terrenos son los civiles que a puras comisiones y ejecuciones destruyen la tierra; luc\u00edfugos los rondadores que huyen de la luz, debiendo la luz huir dellos; los subterr\u00e1neos, que est\u00e1n debajo de tierra, son los escudri\u00f1adores de vidas y fiscales de honras, y levantadores de falsos testimonios, que de bajo de tierra sacan qu\u00e9 acusar, y andan siempre desenterrando los muertos y enterrando los vivos.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">\n<strong><span style=\"color: #008000;\"><em><span style=\"font-size: 14pt;\">AL P\u00cdO LECTOR<\/span><\/em><\/span><\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Y si fu\u00e9redes cruel y no p\u00edo, perdona, que este ep\u00edteto, natural del pollo, has heredado de Eneas. Y en agradecimiento de que te hago cortes\u00eda en no llamarte benigno lector, advierte que hay tres g\u00e9neros de hombres en el mundo: los unos que, por hallarse ignorantes, no escriben, y estos merecen disculpa por haber callado y alabanza por haberse conocido; otros que no comunican lo que saben: a estos se les ha de tener l\u00e1stima de la condici\u00f3n y envidia del ingenio, pidiendo a Dios que les perdone lo pasado y les enmiende lo por venir; los \u00faltimos no escriben de miedo de las malas lenguas: estos merecen reprehensi\u00f3n, pues si la obra llega a manos de hombres sabios, no saben decir mal de nadie; si de ignorantes, \u00bfc\u00f3mo pueden decir mal, sabiendo que si lo dicen de lo malo lo dicen de s\u00ed mismos, y si del bueno no importa, que ya saben todos que no lo entienden? Esta raz\u00f3n me anim\u00f3 a escribir el sue\u00f1o del Juicio y me permiti\u00f3 osad\u00eda para publicar este discurso. Si le quisieres leer, l\u00e9ele, y si no, d\u00e9jale, que no hay pena para quien no le leyere. Si le empezares a leer y te enfadare, en tu mano est\u00e1 con que tenga fin donde te fuere enfadoso.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<span style=\"font-size: 14pt;\">Solo he querido advertirte en la primera hoja que este papel es sola una reprehensi\u00f3n de malos ministros de justicia, guardando el decoro que se debe a muchos que hay loables por virtud y nobleza; poniendo todo lo que en \u00e9l hay debajo la correcci\u00f3n de la Iglesia Romana y ministros de buenas costumbres.\u00a0<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><span style=\"color: #008000;\"><strong><em><span style=\"font-size: 14pt;\">DISCURSO<\/span><\/em><\/strong><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Fue el caso que entr\u00e9 en San Pedro a buscar al licenciado Calabr\u00e9s, cl\u00e9rigo de bonete de tres altos hecho a modo de medio celem\u00edn, orillo por ce\u00f1idor y no muy apretado, pu\u00f1os de Corinto, asomo de camisa por cuello, rosario en mano, disciplina en cinto, zapato grande y de rampl\u00f3n y oreja sorda, habla entre penitente y disciplinante, derribado el cuello al <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">hombro como el buen tirador que apunta al blanco, mayormente si es blanco de M\u00e9jico o de Segovia, los ojos bajos y muy\u00a0 clavados en el suelo, como el que codicioso busca en \u00e9l cuartos, y los pensamientos tiples, color a partes hendida y a partes quebrada, tard\u00f3n en la mesa y abreviador en la misa, gran cazador de diablos, tanto que sustentaba el cuerpo a puros esp\u00edritus. Entend\u00edasele de ensalmar, haciendo al bendecir unas cruces mayores que las de los malcasados. Tra\u00eda en la capa remiendos sobre sano, hac\u00eda del desali\u00f1o santidad, contaba revelaciones, y si se descuidaban a creerle, hac\u00eda milagros. \u00bfQu\u00e9 me canso? Este, se\u00f1or, era uno de los que Cristo llam\u00f3 sepulcros hermosos por de fuera, blanqueados y llenos de molduras, y por de dentro pudrici\u00f3n y gusanos, fingiendo en lo exterior honestidad, siendo en lo interior del alma disoluto y de muy ancha y rasgada conciencia. Era, en buen romance, hip\u00f3crita, embeleco vivo, mentira con alma y f\u00e1bula con voz. Hall\u00e9le en la sacrist\u00eda solo con un hombre que atadas las manos en el c\u00edngulo y puesta la estola descompuestamente, daba voces con fren\u00e9ticos movimientos.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">-\u00bfQu\u00e9 es esto?- le pregunt\u00e9 espantado.\u00a0Respondi\u00f3me:<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">-Un hombre endemoniado-, y al punto, el esp\u00edritu que en \u00e9l tiranizaba la posesi\u00f3n a Dios, respondi\u00f3:\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">-No es hombre, sino alguacil. Mirad c\u00f3mo habl\u00e1is, que en la pregunta del uno y en la respuesta del otro se vee que sab\u00e9is poco. Y se ha de advertir que los diablos en los alguaciles estamos por fuerza y de mala gana; por lo cual, si quer\u00e9is acertar, deb\u00e9is llamarme a m\u00ed demonio enaguacilado, y no a \u00e9ste alguacil endemoniado. Y aven\u00edsos tanto mejor los hombres con nosotros que con ellos cuanto no se puede encarecer, pues nosotros huimos de la cruz y ellos la toman por instrumento para hacer mal.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">\u00bfQui\u00e9n podr\u00e1 negar que demonios y alguaciles no tenemos un mismo oficio, pues bien mirado nosotros procuramos condenar y los alguaciles tambi\u00e9n; nosotros que haya vicios y pecados en el mundo, y los alguaciles lo desean y procuran con m\u00e1s ah\u00ednco, porque ellos lo han menester para su sustento y nosotros para nuestra compa\u00f1\u00eda. Y es mucho m\u00e1s de culpar este oficio en los alguaciles que en nosotros, pues ellos hacen mal a hombres como ellos y a los de su g\u00e9nero, y nosotros no, que somos \u00e1ngeles, aunque sin gracia. Fuera desto, los demonios lo fuimos por querer ser m\u00e1s que Dios y los alguaciles son alguaciles por querer ser menos que todos. As\u00ed que por dem\u00e1s te cansas, padre, en poner reliquias a este, pues no hay santo que si entra en sus manos no quede para ellas. Persu\u00e1dete que el alguacil y nosotros todos somos de una orden, sino que los alguaciles son diablos calzados y nosotros diablos recoletos, que hacemos \u00e1spera vida en el infierno. <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Admir\u00e1ronme las sutilezas del diablo. Enoj\u00f3se Calabr\u00e9s, revolvi\u00f3 sus conjuros, qu\u00edsole enmudecer, y al echarle agua bendita a cuestas comenz\u00f3 a huir y a dar voces, diciendo:<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">-Cl\u00e9rigo, cata que no hace estos sentimientos el alguacil por la parte de bendita, sino por ser agua. No hay cosa que tanto aborrezcan, pues en su nombre (se llama alguacil) es encajada una l enmedio, y porque acab\u00e9is de conocer qui\u00e9n son y cu\u00e1n poco tienen de cristianos, advertid que de pocos nombres que del tiempo de los moros quedaron en Espa\u00f1a, llam\u00e1ndose ellos merinos, le han dejado por llamarse alguaciles (que alguacil es palabra morisca), y hacen bien, que conviene el nombre con la vida y ella con sus hechos.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">-Eso es muy insolente cosa o\u00edrlo -dijo furioso mi licenciado-, y si le damos licencia a este enredador, dir\u00e1 otras mil bellaquer\u00edas y mucho mal de la justicia porque corrige el mundo y le quita, con su temor y diligencia, las almas que tiene negociadas.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">-No lo hago por eso -replic\u00f3 el diablo-, sino porque \u00e9se es tu enemigo que es de tu oficio. Y ten l\u00e1stima de m\u00ed y s\u00e1came del cuerpo deste alguacil, que soy demonio de prendas y calidad, y perder\u00e9 dempu\u00e9s mucho en el infierno por haber estado ac\u00e1 con malas compa\u00f1\u00edas.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">-Yo te echar\u00e9 hoy fuera -dijo Calabr\u00e9s- de l\u00e1stima de ese hombre que aporreas por momentos y maltratas, que tus culpas no merecen piedad ni tu obstinaci\u00f3n es capaz della.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">-P\u00eddeme albricias-respondi\u00f3 el diablo- si me sacas hoy. Y advierte que estos golpes que le doy y lo que le aporreo, no es sino que yo y su alma venimos ac\u00e1 sobre qui\u00e9n ha de estar en mejor lugar y andamos a \u00abm\u00e1s diablo es \u00e9l\u00bb.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Acab\u00f3 esto con una gran risada; corri\u00f3se mi bueno de conjurador y determin\u00f3se a enmudecerle. Yo, que hab\u00eda comenzado a gustar de las sutilezas del diablo, le ped\u00ed que, pues est\u00e1bamos solos y \u00e9l como mi confesor sab\u00eda mis cosas secretas y yo como amigo las suyas, que le dejase hablar, apremi\u00e1ndole solo a que no maltratase el cuerpo del alguacil.\u00a0H\u00edzose as\u00ed, y al punto dijo:<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">-Donde hay poetas, parientes tenemos en corte los diablos, y todos nos lo deb\u00e9is por lo que en el infierno os sufrimos, que hab\u00e9is hallado tan f\u00e1cil modo de condenaros que hierve todo \u00e9l en poetas y hemos hecho una ensancha a su cuartel; y son tantos que compiten en los votos y elecciones con los escribanos. Y no hay cosa tan graciosa como el primer a\u00f1o de noviciado de un poeta en penas, porque hay quien le lleva de ac\u00e1 cartas de favor para ministros, y cr\u00e9ese que ha de topar con Radamanto y pregunta por el Cerbero y Aqueronte y no puede creer sino que se los esconden.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">-\u00bfQu\u00e9 g\u00e9neros de penas les dan a los poetas?-repliqu\u00e9 yo.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">-Muchas -dijo- y propias. Unos se atormentan oyendo las obras de otros, y a los m\u00e1s es la pena el limpiarlos. Hay poeta que tiene mil a\u00f1os de infierno y a\u00fan no acaba de leer unas endechillas a los celos. Otros ver\u00e1s en otra parte aporrearse y darse de tizonazos sobre si dir\u00e1 faz o cara. Cu\u00e1l, para hallar un consonante, no hay cerco en el infierno que no haya rodado mordi\u00e9ndose las u\u00f1as. Mas los que peor lo pasan y m\u00e1s mal lugar tienen son los poetas de comedias, por las muchas reinas que han hecho, las infantas de Breta\u00f1a que han deshonrado, los casamientos desiguales que han hecho en los fines de las comedias y los palos que han dado a muchos hombres honrados por acabar los entremeses. Mas es de advertir que los poetas de comedias no est\u00e1n entre los dem\u00e1s, sino que, por cuanto tratan de hacer enredos y mara\u00f1as, se ponen entre los procuradores y solicitadores, gente que solo trata deso. Y en el infierno est\u00e1n todos aposentados con tal orden, que un artillero que baj\u00f3 all\u00e1 el otro d\u00eda, queriendo que le pusiesen entre la gente de guerra, como al preguntarle del oficio que hab\u00eda tenido dijese que hacer tiros en el mundo, fue remitido al cuartel de los escribanos, pues son los que hacen tiros en el mundo. Un sastre, porque dijo que hab\u00eda vivido de cortar de vestir, fue aposentado en los maldicientes. Un ciego, que quiso encajarse con los poetas, fue llevado a los enamorados, por serlo todos. Otro que dijo: \u00abYo enterraba difuntos\u00bb, fue acomodado con los pasteleros. Los que ven\u00edan por el camino de los locos ponemos con los astr\u00f3logos, y a los por mentecatos con los alquimistas. Uno vino por unas muertes y est\u00e1 con los m\u00e9dicos. Los mercaderes, que se condenan por vender, est\u00e1n con Judas. Los malos ministros, por lo que han tomado, alojan con el mal ladr\u00f3n. Los necios est\u00e1n con los verdugos. Y un aguador que dijo que hab\u00eda vendido agua fr\u00eda, fue llevado con los taberneros. Lleg\u00f3 un mohatrero tres d\u00edas ha, y dijo que \u00e9l se condenaba por haber vendido gato por liebre, y pus\u00edmoslo de pies con los venteros, que dan lo mismo.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Al fin todo el infierno est\u00e1 repartido en partes con esta cuenta y raz\u00f3n.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">-O\u00edte decir antes de los enamorados, y por ser cosa que a m\u00ed me toca, gustar\u00eda saber si hay muchos.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">-Mancha es la de los enamorados -respondi\u00f3- que lo toma todo, porque todos lo son de s\u00ed mismos; algunos de sus dineros; otros de sus palabras; otros de sus obras; y algunos de las mujeres, y destos postreros hay menos que todos en el infierno, porque las mujeres son tales que con ruindades, con malos tratos y peores correspondencias, les dan ocasiones de arrepentimiento cada d\u00eda a los hombres. Como digo, hay pocos destos, pero buenos y de entretenimiento, si all\u00e1 cupiera.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Algunos hay que en celos y esperanzas amortajados y en deseos, se van por la posta al infierno, sin saber c\u00f3mo ni cu\u00e1ndo ni de qu\u00e9 manera. Hay amantes lacayuelos, que arden llenos de cintas; otros crinitos como cometas, llenos de cabellos; y otros que en los billetes solos que llevan de sus damas ahorran veinte a\u00f1os de le\u00f1a a la f\u00e1brica de la casa, abras\u00e1ndose lardeados en ellos. Son de ver los que han querido doncellas, enamorados de doncellas con las bocas abiertas y las manos extendidas: destos unos se condenan por tocar sin tocar pieza, hechos bufones de los otros, siempre en v\u00edspera del contento sin tener jam\u00e1s el d\u00eda y con solo el t\u00edtulo de pretendientes; otros se condenan por el beso, como Judas, brujuleando siempre los gustos sin poderlos descubrir.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Detr\u00e1s destos, en una mazmorra, est\u00e1n los ad\u00falteros: estos son los que mejor viven y peor lo pasan, pues otros les sustentan la cabalgadura y ellos lo gozan.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">-Gente es esta -dije yo- cuyos agravios y favores todos son de una manera.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">-Abajo, en un apartado muy sucio lleno de mondaduras de rastro (quiero decir cuernos) est\u00e1n los que ac\u00e1 llamamos cornudos; gente que aun en el infierno no pierde la paciencia, que como la llevan hecha a prueba de la mala mujer que han tenido, ninguna cosa los espanta. Tras ellos est\u00e1n los que se enamoran de viejas, con cadenas; que los diablos, de hombres de tan mal gusto, a\u00fan no pensamos que estamos seguros, y si no estuviesen con prisiones Barrab\u00e1s a\u00fan no tendr\u00eda bien guardadas las asentaderas dellos, y tales como somos les parecemos blancos y rubios. Lo primero que con estos se hace es condenarles la lujuria y su herramienta a perpetua c\u00e1rcel. Mas dejando estos, os quiero decir que estamos muy sentidos de los potajes que hac\u00e9is de nosotros, pint\u00e1ndonos con garra sin ser aguiluchos; con colas, habiendo diablos rabones; con cuernos, no siendo casados; y mal barbados siempre, habiendo diablos de nosotros que podemos ser ermita\u00f1os y corregidores. Remediad esto, que poco ha que fue Jer\u00f3nimo Bosco all\u00e1, y pregunt\u00e1ndole por qu\u00e9 hab\u00eda hecho tantos guisados de nosotros en sus sue\u00f1os, dijo:\u00bbPorque no hab\u00eda cre\u00eddo nunca que hab\u00eda demonios de veras\u00bb. Lo otro, y lo que m\u00e1s sentimos, es que hablando com\u00fanmente sol\u00e9is decir: \u00ab\u00a1Miren el diablo del sastre!\u00bb, o \u00ab\u00a1Diablo es el sastrecillo!\u00bb \u00bfA sastres nos compar\u00e1is, que damos le\u00f1a con ellos al infierno y aun nos hacemos de rogar para recibirlos, que si no es la p\u00f3liza de quinientos nunca hacemos recibo, por no malvezarnos y que ellos no aleguen posesi\u00f3n \u00abQuoniam consuetudo est altera lex\u00bb, y como tienen posesi\u00f3n en el hurtar y quebrantar las fiestas, fundan agravio si no les abrimos las puertas grandes, como si fuesen de casa. Tambi\u00e9n nos quejamos de que no hay cosa, por mala que sea, que no la deis al diablo, y en enfad\u00e1ndoos algo, luego dec\u00eds: \u00ab\u00a1Pues el diablo te lleve!\u00bb. Pues advertid que son m\u00e1s los que se van all\u00e1 que los que traemos, que no de todo hacemos caso. Dais al diablo un mal trapillo y no le toma el diablo, porque hay alg\u00fan mal trapillo que no le tomar\u00e1 el diablo; dais al diablo un italiano y no le toma el diablo, porque hay italiano que tomar\u00e1 al diablo. Y advertid que las m\u00e1s veces dais al diablo lo que \u00e9l ya se tiene, digo, nos tenemos.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">-\u00bfHay reyes en el infierno?- le pregunt\u00e9 yo, y satisfizo a mi duda diciendo:<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">-Todo el infierno es figuras, y hay muchos, porque el poder, libertad y mando les hace sacar a las virtudes de su medio y llegan los vicios a su extremo, y vi\u00e9ndose en la suma reverencia de sus vasallos y con la grandeza opuestos a dioses, quieren valer punto menos y parecerlo; y tienen muchos caminos para condenarse y muchos que los ayudan, porque uno se condena por la crueldad, y matando y destruyendo es una grandeza coronada de vicios de sus vasallos y suyos y una peste real de sus reinos; otros se pierden por la cudicia, haciendo amazonas sus villas y ciudades a fuerza de grandes pechos que en vez de criar desustancian; y otros se van al infierno por terceras personas, y se condenan por poderes, fi\u00e1ndose de infames ministros. Y es gusto verles penar, porque como bozales en trabajos, se les dobla el dolor con cualquier cosa. Solo tienen bueno los reyes que, como es gente honrada, nunca vienen solos, sino con pinta de dos o tres privados, y a veces va el encaje y se traen todo el reino tras s\u00ed, pues todos se gobiernan por ellos. Dichosos vosotros, espa\u00f1oles, que sin merecerlo sois vasallos y gobernados por un rey tan vigilante y cat\u00f3lico, a cuya imitaci\u00f3n os vais al cielo (y esto si hac\u00e9is buenas obras, y no entend\u00e1is por ellas palacios sumptuosos, que estos a Dios son enfadosos, pues vemos naci\u00f3 en Bel\u00e9n en un portal destruido), no cual otros malos reyes que se van al infierno por el camino real, y los mercaderes por el de la plata.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">-\u00bfQui\u00e9n te mete ahora con los mercaderes?- dijo Calabr\u00e9s.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">-Manjar es que nos tiene ya empalagados a los diablos, y ah\u00edtos, y aun los vomitamos. Vienen all\u00e1 a millares, conden\u00e1ndose en castellano y en guarismo. Y hab\u00e9is de saber que en Espa\u00f1a los misterios de las cuentas de los ginoveses son dolorosos para los millones que vienen de las Indias y que los ca\u00f1ones de sus plumas son de bater\u00eda contra las bolsas, y no hay renta que si la cogen en medio el Tajo de sus plumas y el Jarama de su tinta no la ahoguen. Y en fin, han hecho entre nosotros sospechoso este nombre de asientos, que como significan otra cosa que me corro de nombrarla, no sabemos cu\u00e1ndo hablan a lo negociante o cuando a lo deshonesto. Hombre destos ha ido al infierno, que viendo la le\u00f1a y fuego que se gasta, ha querido hacer estanque de la lumbre, y otro quiso arrendar los tormentos, pareci\u00e9ndole que ganara con ellos mucho. Estos tenemos all\u00e1 junto a los jueces que ac\u00e1 los permitieron.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">-Luego \u00bfalgunos jueces hay all\u00e1?<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">-\u00a1Pues no!-dijo el esp\u00edritu-. Los jueces son nuestros faisanes, nuestros platos regalados, y la simiente que m\u00e1s provecho y fruto nos da a los diablos, porque de cada juez que sembramos cogemos seis procuradores, dos relatores, cuatro escribanos, cinco letrados y cinco mil negociantes, y esto cada d\u00eda. De cada escribano cogemos veinte oficiales; de cada oficial treinta alguaciles; de cada alguacil diez corchetes; y si el a\u00f1o es f\u00e9rtil de trampas, no hay trojes en el infierno donde recoger el fruto de un mal ministro.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">-\u00bfTambi\u00e9n querr\u00e1s decir que no hay justicia en la tierra, rebelde a Dios, y sujeta a sus ministros?<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">-\u00a1Y c\u00f3mo que no hay justicia! \u00bfPues no has sabido lo de Astrea, que es la justicia, cuando huyendo de la tierra se subi\u00f3 al cielo? Pues por si no lo sabes te lo quiero contar. Vinieron la Verdad y la Justicia a la tierra; la una no hall\u00f3 comodidad por desnuda, ni la otra por rigurosa. Anduvieron mucho tiempo ans\u00ed, hasta que la Verdad, de puro necesitada, asent\u00f3 con un mudo. La Justicia, desacomodada, anduvo por la tierra rogando a todos, y viendo que no hac\u00edan caso della y que le usurpaban su nombre para honrar tiran\u00edas, determin\u00f3 volverse huyendo al cielo. Sali\u00f3se de las grandes ciudades y cortes y fuese a las aldeas de villanos, donde por algunos d\u00edas, escondida en su pobreza, fue hospedada de la Simplicidad, hasta que envi\u00f3 contra ella requisitorias la Malicia. Huy\u00f3 entonces de todo punto y fue de casa en casa pidiendo que la recogiesen. Preguntaban todos qui\u00e9n era, y ella, que no sabe mentir, dec\u00eda que la Justicia; respond\u00edanle todos:<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">-\u00bfJusticia y por mi casa? Vaya por otra.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Y ans\u00ed no estuvo en ninguna. Subi\u00f3se al cielo y apenas dej\u00f3 ac\u00e1 pisadas.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Los hombres, que esto vieron, bautizaron con su nombre algunas varas que, fuera de las cruces, arden algunas muy bien all\u00e1, y ac\u00e1 solo tienen nombre de justicia ellas y los que las traen, porque hay muchos destos en quien la vara hurta m\u00e1s que el ladr\u00f3n con ganz\u00faa y llave falsa y escala. Y hab\u00e9is de advertir que la cudicia de los hombres ha hecho instrumento para hurtar todas sus partes, sentidos y potencias que Dios les dio las unas para vivir y las otras para vivir bien. \u00bfNo hurta la honra de la doncella, con la voluntad, el enamorado? \u00bfNo hurta con el entendimiento el letrado que le da malo y torcido a la ley? \u00bfNo hurta con la memoria el representante que nos lleva el tiempo? \u00bfNo hurta el amor con los ojos, el discreto con la boca, el poderoso con los brazos (pues no medra quien no tiene los suyos), el valiente con las manos, el m\u00fasico con los dedos, el gitano y cicatero con las u\u00f1as, el m\u00e9dico con la muerte, el boticario con la salud, el astr\u00f3logo con el cielo? Y al fin, cada uno hurta con una parte o con otra. Solo el alguacil hurta con todo el cuerpo, pues acecha con los ojos, sigue con los pies, ase con las manos y atestigua con la boca; y al fin son tales los alguaciles que dellos y de nosotros defiende a los hombres la santa Iglesia Romana.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">-Esp\u00e1ntome -dije yo- de ver que entre los ladrones no has metido a las mujeres, pues son de casa.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">-No me las nombres -respondi\u00f3-, que nos tienen enfadados y cansados, y a no haber tantas all\u00e1, no era muy mala la habitaci\u00f3n del infierno.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Di\u00e9ramos, para que enviud\u00e1ramos, en el infierno, mucho, que como se urden enredos, y ellas, desde que muri\u00f3 Medusa la hechicera, no platican otro, temo no haya alguna tan atrevida que quiera probar su habilidad con alguno de nosotros, por ver si sabr\u00e1 dos puntos m\u00e1s. Aunque sola una cosa tienen buena las condenadas, por la cual se puede tratar con ellas: que como est\u00e1n desesperadas no piden nada.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">-\u00bfDe cu\u00e1les se condenan m\u00e1s, feas o hermosas?<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">-Feas -dijo al instante- seis veces m\u00e1s, porque los pecados para cometerlos no es menester m\u00e1s que admitirlos, y las hermosas, que hallan tantos que las satisfagan el apetito carnal, h\u00e1rtanse y arrepi\u00e9ntense, pero las feas, como no hallan nadie, all\u00e1 se nos van en ayunas y con la misma hambre rogando a los hombres, y despu\u00e9s que se usan ojinegras y cariaguile\u00f1as, hierve el infierno en blancas y rubias y en viejas m\u00e1s que en todo, que de envidia de las mozas, obstinadas, expiran gru\u00f1iendo. El otro d\u00eda llev\u00e9 yo una de setenta a\u00f1os que com\u00eda barro y hac\u00eda ejercicio para remediar las opilaciones y se quejaba de dolor de muelas porque pensasen que las ten\u00eda, y con tener ya amortajadas las sienes con la s\u00e1bana blanca de sus canas y arada la frente, hu\u00eda de los ratones y tra\u00eda galas, pensando agradarnos a nosotros. <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Pus\u00edmosla all\u00e1, por tormento, al lado de un lindo destos que se van all\u00e1 con zapatos blancos y de puntillas, informados de que es tierra seca y sin lodos.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">-En todo eso estoy bien -le dije-; solo querr\u00eda saber si hay en el infierno muchos pobres.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">-\u00bfQu\u00e9 es pobres?-replic\u00f3. <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">-El hombre -dije yo- que no tiene nada de cuanto tiene el mundo.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">-\u00a1Hablara yo para ma\u00f1ana!-dijo el diablo-. Si lo que condena a los hombres es lo que tienen del mundo, y esos no tienen nada, \u00bfc\u00f3mo se condenan? Por ac\u00e1 los libros nos tienen en blanco. Y no os espant\u00e9is, porque aun diablos les faltan a los pobres; y a veces m\u00e1s diablos sois unos para otros que nosotros mismos. \u00bfHay diablo como un adulador, como un envidioso, como un amigo falso y como una mala compa\u00f1\u00eda?<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Pues todos estos le faltan al pobre, que no le adulan, ni le envidian, ni tiene amigo malo ni bueno, ni le acompa\u00f1a nadie. <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Estos son los que verdaderamente viven bien y mueren mejor. \u00bfCu\u00e1l de vosotros sabe estimar el tiempo y poner precio al d\u00eda, sabiendo que todo lo que pas\u00f3 lo tiene la muerte en su poder, y gobierna lo presente y aguarda todo lo porvenir, como todos ellos?<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">-Cuando el diablo predica, el mundo se acaba. \u00bfPues c\u00f3mo, siendo t\u00fa padre de la mentira-dijo Calabr\u00e9s-, dices cosas que bastan a convertir una piedra?<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">-\u00bfC\u00f3mo?-respondi\u00f3-; por haceros mal y que no pod\u00e1is decir que falt\u00f3 quien os lo dijese. Y advi\u00e9rtase que en vuestros ojos veo muchas l\u00e1grimas de tristeza y pocas de arrepentimiento, y de las m\u00e1s se deben las gracias al pecado que os harta o cansa, y no a la voluntad que por malo le aborresca.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">-Mientes -dijo Calabr\u00e9s-, que muchos santos y santas hay hoy; y ahora veo que en todo cuanto has dicho has mentido; y en pena saldr\u00e1s hoy deste hombre.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Us\u00f3 de sus exorcismos y, sin poder yo con \u00e9l, le apremi\u00f3 a que callase. Y si un diablo por s\u00ed es malo, mudo es peor que diablo.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Vuestra Excelencia con curiosa atenci\u00f3n mire esto y no mire a quien lo dijo; que Herodes profetiz\u00f3, y por la boca de una sierpe de piedra sale un ca\u00f1o de agua, en la quijada de un le\u00f3n hay miel, y el psalmo dice que a veces recibimos salud de nuestros enemigos y de mano de aquellos que nos aborrecen.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Fin del Alguacil endemoniado.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><a href=\"https:\/\/www.mostolesdesarrollo.es\/libros\/el-alguacil-endemoniado.pdf\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\"><span style=\"font-size: 12pt;\">https:\/\/www.mostolesdesarrollo.es\/libros\/el-alguacil-endemoniado.pdf<\/span><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter wp-image-19981\" src=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2019\/07\/Alguacil-Alguacilado-demonio.jpg\" alt=\"\" width=\"320\" height=\"450\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<\/div>\n<p style=\"text-align: center;\"><span style=\"font-size: 14pt; color: #008000;\">\u2666\u2666\u2666\u2666\u2666<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong><span style=\"font-size: 24pt;\">Desendemoniando. El alguacil endemoniado: La inversi\u00f3n significante entre texto y contexto.<\/span><\/strong><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 14pt;\">Por Gonzalo D\u00edaz Migoyo<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: 14pt;\"> The University of Texas at Austin, 1980.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter wp-image-19967 size-mh-magazine-content\" src=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2019\/07\/Alguacil-alguacilado-principal-678x381.jpg\" alt=\"\" width=\"678\" height=\"381\" srcset=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2019\/07\/Alguacil-alguacilado-principal-678x381.jpg 678w, https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2019\/07\/Alguacil-alguacilado-principal-300x169.jpg 300w, https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2019\/07\/Alguacil-alguacilado-principal.jpg 720w\" sizes=\"auto, (max-width: 678px) 100vw, 678px\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Cuando el demonio, \u00abpadre de la mentira\u00bb, es el encargado de abrir los ojos del hombre a la verdad, parece llegado el momento de preguntarse en qu\u00e9 consiste esa ignorancia humana que una mentira es capaz de disipar. O, al rev\u00e9s, preguntarse qu\u00e9 tipo de mentira es \u00e9sa con tan parad\u00f3jica virtud. \u00bfEs posible que la verdad del mundo se encuentre en la mentira de la ficci\u00f3n? As\u00ed parece entenderlo el narrador del discurso de El alguacil endemoniado cuando, al despedirse de su interlocutor, el conde de Lemos, le advierte &#8216;Vuestra Excelencia con curiosa atenci\u00f3n mire esto y no mire a quien lo dijo; que Herodes profetiz\u00f3, y por la boca de una sierpe de piedra sale un ca\u00f1o de agua, en la quijada de un le\u00f3n hay miel, y el salmo dice que a veces recibimos salud de nuestros ene- migos y de mano de aqu\u00e9llos que nos aborrecen.\u00bb&#8216; Pero si, adem\u00e1s, la \u00fanica persona capaz de hacer enmudecer al mentiroso esp\u00edritu diab\u00f3lico es \u00abun gran lanzador de diablos\u00bb que \u00abera, en buen romance, hip\u00f3crita, embeleco vivo, mentira con alma y f\u00e1bula con voz,\u00bb otro mentiroso, pues, parece claro que el autor de esta complicada situaci\u00f3n demuestra cierto inter\u00e9s por los enigmas epistemol\u00f3gicos tan difundidos a finales del XVI y principios de XVII. Tan difundidos que el m\u00e1s informativo de los libros dedicados a este aspecto de la cultura de la \u00e9poca, el de Rosalie Colie, lleva por t\u00edtulo Paradoxia epid\u00e9mica. Desafortunada, aunque caracter\u00edsticamente, este libro no considera las manifestaciones en las letras espa\u00f1olas de lo que se puede llamar la crisis esc\u00e9ptica europea. A pesar de Cervantes, a pesar de Graci\u00e1n, y, como me aplicar\u00e9 a se\u00f1alar aqu\u00ed, a pesar de Quevedo.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">De la colecci\u00f3n de Sue\u00f1os y discursos de Quevedo s\u00f3lo tres de ellos son propiamente sue\u00f1os, el \u00abdel juicio final,\u00bb el \u00abdel infierno\u00bb y el \u00abde la muerte.\u00bb En todos ellos las demonios hablan abundantemente. En este discurso de El alguacil endemoniado es igualmente el demonio quien lleva la voz cantante. Mas la semejanza sirve m\u00e1s de contraste entre ambas actuaciones que de elemento homogeneizador. En los sue\u00f1os, en efecto, la intervenci\u00f3n de los demonios est\u00e1 so\u00f1ada en dos casos y m\u00edsticamente presenciada en el tercero. Ocurre, adem\u00e1s, en un imaginario m\u00e1s all\u00e1 de la vida, en el infierno mismo o a sus puertas. Entre la realidad del narrador \u2014que es la nuestra \u2014y su situaci\u00f3n como testigo presencial de la vida y comentarios infernales, no hay m\u00e1s contacto que el que media entre la vigilia y el sue\u00f1o. Aun cuando el narrador parece cuidarse de indicar una relaci\u00f3n tem\u00e1tica entre su estado de \u00e1nimo antes de dormirse y el contenido de su sue\u00f1o, m\u00e1s parece hacerlo como verosimilizaci\u00f3n de su postura narrativa que como intento de reflejar cr\u00edticamente la interdependencia entre el sue\u00f1o y la vigilia. En la limitada medida en que se explora, el contacto entre estos dos estados sirve m\u00e1s de frontera clara y definitoria, aislante, que de puente entre ellos. Hay sin duda una relaci\u00f3n entre el contenido del sue\u00f1o, las palabras de los demonios, y la realidad de nuestro mundo, pero es una relaci\u00f3n cuyo funcionamiento y caracter\u00edsticas se pasan bajo silencio, ni se exploran ni se explican.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">En el discurso de El alguacil endemoniado, en cambio, el diablo habla por la boca de un hombre vivo y presente, ante un narrador despierto y atento, para quien la situaci\u00f3n es concretamente real: el diablo, aun- que invisible, est\u00e1 presente en este mundo mediante su posesi\u00f3n del alguacil. Todo ocurre en una vigilia que no por imperfectamente comprensible o explicable deja de ser aceptada como de este mundo; y\u00a0 hasta, para la \u00e9poca, bastante frecuente. Este car\u00e1cter de concreci\u00f3n familiar de la situaci\u00f3n es el que el narrador se cuida de subrayar con el tono reconociblemente cotidiano y realista de sus primeras palabras: \u00abFue el caso que entr\u00e9 en San Pedro a buscar al licenciado calabr\u00eas. . . . H\u00e1llele en la sacrist\u00eda solo con un hombre que, atadas las manos con el c\u00edngulo y puesta la estola descompuestamente, daba voces con fren\u00e9ticos movimientos. \u2014\u00bfQu\u00e9 es esto? \u2014le pregunt\u00e9, espantado. Respondi\u00f3me: \u2014Un hombre endemoniado.\u00bb<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">A diferencia de la discreta yuxtaposici\u00f3n de sue\u00f1o y vigilia, o ficci\u00f3n y realidad, de los casos antedichos, en este discurso se da una intromisi\u00f3n del mundo infernal en el humano. Y lo que entonces no suscitaba confusi\u00f3n alguna a causa de la invisibilidad en que se manten\u00eda, ahora da lugar a inquietantes puntos de contacto cuyas consecuencias son m\u00e1s ambig\u00fcizantes que definitorias. No se trata del conocido enmarcamiento de una ficci\u00f3n en otra de distinto nivel, como es el caso con los sue\u00f1os, sino de hacer que un nivel de ficci\u00f3n aparezca como extensi\u00f3n de otro nivel distinto. Es decir, m\u00e1s que enmarcamiento o \u00abmise en abyme,\u00bb se trata de la creaci\u00f3n de un continuo ficticio entre elementos categ\u00f3ricamente contrapuestos: el mundo realista del narrador se prolonga en el mundo irreal del demonio como si \u00e9ste fuera una continuaci\u00f3n del mismo tipo realista que aqu\u00e9l. Una de las consecuencias de esta conflaci\u00f3n de niveles ficticios es la de tematizar la relaci\u00f3n entre la realidad y la ficci\u00f3n haciendo de ella uno de los objetos del discurso. Esto es, transforma el status ficticio de las palabras del demonio de simple t\u00e9cnica utilitaria- mente transitiva, simple significante invisible, en materia significada del discurso. No s\u00f3lo es \u00e9sta una obligada consecuencia l\u00f3gica de la imposici\u00f3n de continuidad entre dos niveles de ficci\u00f3n dispares, sino que no me parece dudoso que Quevedo tuviera conciencia de ella y hasta que se aplicara a agudizarla. As\u00ed lo da a entender el texto, entre otras indicaciones, con la elecci\u00f3n de la circunstancia anecd\u00f3tica que da pie para el procedimiento: el de la sabidur\u00eda de la locura, t\u00f3pico narrativo con larga y abundante tradici\u00f3n. En efecto, la posesi\u00f3n demon\u00edaca o endemoniamiento, era un fen\u00f3meno suficientemente sospechoso en su \u00e9poca para traer a las mientes de cualquier contempo\u00e1neo la duda de si se tratar\u00eda no de una enajenaci\u00f3n diab\u00f3lica sino de una simple locura. Esta duda probable ofrec\u00eda la ventajosa consecuencia de enlazar estrechamente el aspecto demon\u00edaco de los comentarios con su aspecto puramente humano. Quedaba as\u00ed subyacente al car\u00e1cter demon\u00edaco del discurso la locura o enajenaci\u00f3n como reverso humano y concretamente realista del concepto normal de humanidad, como contrario mundano de la verdad de sentido com\u00fan. La convergencia de estas dos circunstancias, posesi\u00f3n y locura, consegu\u00eda hermanar el aspecto escatol\u00f3gico del comentario sobre la vida desde la muerte, con el epistemol\u00f3gico de la iluminaci\u00f3n de la vida por la locura. Se lograba, en definitiva, reflejar la cordura o la realidad en el doble espejo de un m\u00e1s all\u00e1 infernal que era simult\u00e1neamente el m\u00e1s ac\u00e1 de la sinraz\u00f3n.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">An\u00e1logamente a c\u00f3mo el discurso de El mundo por de dentro tergiversaba el alcance del sue\u00f1o y el desenga\u00f1o como circunstancias esclarecedoras de la vigilia y del enga\u00f1o, respectivamente, el comentario de El alguacil endemoniado versa sobre la diablura\/locura del hombre, como su t\u00edtulo indica. De ah\u00ed que se pueda decir que versa tambi\u00e9n sobre la relaci\u00f3n existente entre un m\u00e1s all\u00e1 ficticio y un aqu\u00ed mismo de la realidad referencial del discurso: de un m\u00e1s all\u00e1 que es parad\u00f3jicamente el aqu\u00ed del texto, con un aqu\u00ed que es, sorprendentemente, el m\u00e1s all\u00e1 del contexto referencial. No se piense que esto sea tomar demasiado al pie de la letra unas palabras \u2014las del t\u00edtulo \u2014que sin duda no carecen de intenci\u00f3n chistosa: si el alguacil se dice endemoniado no es s\u00f3lo como simple indicaci\u00f3n de la anecd\u00f3tica circunstancia ficticia que posibilita el discurso, sino tambi\u00e9n, bajo la invisible capa de su misma sencillez, como referencia al tema que constituye la armaz\u00f3n sobre la que el texto teje su textura. <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">En el discurso del diablo\/alguacil, propiamente dicho, esto es, el discurso m\u00e1ximamente o m\u00e1s abiertamente ficticio \u2014por contraste con el discurso m\u00e1ximamente o m\u00e1s abiertamente ficticio \u2014por contraste con el discurso del narrador, de car\u00e1cter m\u00e1s realista o cercano en sus circunstancias a las acostumbradas del lector \u2014se advierten tres partes: una introducci\u00f3n, que trata de la naturaleza rec\u00edproca del demonio y el alguacil y acaba con el acuerdo entre los interlocutores de dejar hablar libremente al esp\u00edritu. El cuerpo de sus observaciones, dividido en dos mitades, la relativa a los poetas y enamorados, por un lado, y a los reyes, mercaderes, jueces y mujeres, por otro. Una conclusi\u00f3n o aclaraci\u00f3n \u00faltima acerca de las razones que llevan al demonio a revelar sus parad\u00f3jicas verdades.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">La primera parte sirve, en efecto, de introducci\u00f3n porque instituye el tipo de relaci\u00f3n existente entre la irrealidad de la existencia y de los dichos del demonio y la realidad de sus interlocutores. Se lleva esto a cabo bajo guisa de la diablura del alguacil y la complementaria alguacilidad del demonio. Enti\u00e9ndase ya, de antemano, que el alguacil es tanto un representante de su gremio profesional como del hombre en general.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">De lo uno en cuanto a la dimensi\u00f3n concretamente referencial y sat\u00edrica del discurso; de lo otro, en su aspecto epistemol\u00f3gico autoreflexivo. Esta primera intervenci\u00f3n del demonio comienza por poner en duda la com\u00fan distinci\u00f3n entre hombres y no-hombres o demonios. A inmediata continuaci\u00f3n indica a sus interlocutores cu\u00e1l es la perspectiva adecuada para que de ah\u00ed en adelante se le entienda a derechas: \u00abNo es hombre, sino alguacil. Mirad c\u00f3mo habl\u00e1is, que en la pregunta del uno y en la respuesta del otro, se ve que sab\u00e9is poco &#8230; si quer\u00e9is acertar, me deb\u00e9is llamar a m\u00ed demonio enalguacilado, y no a \u00e9ste alguacil endemoniado\u00bb.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Como anteriormente ocurr\u00eda con el t\u00edtulo, la evidente mentira del juego de palabras esconde su m\u00e1s desconcertante verdad: por su maldad el hombre puede dejar de ser hombre, esto es, puede dejar de ajustarse a la definici\u00f3n optimista, y corriente, del hombre, para convertirse en un anti-hombre o demonio. El chiste abre la perspectiva secreta de la humanidad, perspectiva siempre presente, pero temerosamente mantenida en silencio: la costumbre, en efecto, margina aquello que contradice su versi\u00f3n humana preferida mediante una enajenaci\u00f3n de la parte discordante, que se atribuye expeditivamente al demonio: el loco, por ejemplo, queda convertido en poseso del demonio. Doble ficci\u00f3n, como se ve, respecto de la existencia del demonio: primero, porque es nuestra mentira la que crea al demonio como chivo expiatorio y, segundo, porque se le atribuye, hipostasi\u00e1ndola, aquella parte de nosotros mismos que preferimos considerar mentira.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">La figuraci\u00f3n empleada por al esp\u00edritu hablador se vuelve en realidad sobre s\u00ed misma cerrando el c\u00edrculo sem\u00e1ntico: cuando un loco\/poseso se niega a s\u00ed mismo humanidad para atribuirse una alguacilidad distinta de su propia locura o que va m\u00e1s all\u00e1 de su car\u00e1cter demon\u00edaco, tres t\u00e9rminos son los que se ponen en juego: humanidad, locura o diabolismo y alguacilidad. El primero de ellos se desdobla en el segundo para, oponi\u00e9ndose a \u00e9l, corresponder con el tercero. Dial\u00e9ctica hegeliana de la que aqu\u00ed interesa ante todo su funci\u00f3n sem\u00e1ntica: el alguacil cobra sentido como hombre despu\u00e9s de pasar por la contradicci\u00f3n de su humanidad a la locura o diabolismo. En t\u00e9rminos m\u00e1s generales: el sentido de la realidad concreta surge de la oposici\u00f3n de su versi\u00f3n com\u00fan\u2014 lo que llamamos sentido com\u00fan de la realidad \u2014a su negaci\u00f3n dial\u00e9ctica \u2014la ficci\u00f3n reconocida como tal; bien que ni uno ni otro de los t\u00e9rminos est\u00e9 dotado de sentido: \u00e9ste consiste en el moment\u00e1neo y precario equilibrio de esas dos tendencias opuestas, en el cruce de sus opuestos vectores referenciales. <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Otra manera de describir el funcionamiento del sentido ser\u00eda en t\u00e9rminos semi\u00f3ticos de significante y significado: el significado, gracias a su evidente status ficticio, en vez de sustituir al referente por identificaci\u00f3n con \u00e9l, revierte al significante; lo cual nos hace recordar el car\u00e1cter vac\u00edo del signo respecto de una realidad ausente. Este desdoblamiento es el que\u00a0da lugar, precisamente, al sentido, resumidamente definible como lo que no es, sin m\u00e1s, el significado aceptado del signo. La operaci\u00f3n de la significancia se apoya pues en una referencia ficticia a la realidad que, al ser inv\u00e1lida como correspondencia de identidad, nos trae el recuerdo de la soluci\u00f3n de continuidad existente dentro del signo mismo entre significante y significado. Este recordatorio lo provee el car\u00e1cter del discurso como ficci\u00f3n llamativamente evidente como tal respecto de la realidad a que refiere. Operaci\u00f3n doble y simult\u00e1neamente contraria, de indicaci\u00f3n y de rehusamiento de la identidad, que tiene su paradigma en la iron\u00eda: se\u00f1alamiento positivo de la realidad en lo que \u00e9sta, evidentemente, no es, gracias a la incongruencia de lo afirmado por el enunciado respecto de lo hasta entonces aceptado como sentido literal de la realidad, su pura denominaci\u00f3n congelada.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Este car\u00e1cter interdependiente del sentido literal de la realidad y de su sentido ficticio, ejemplificado, en este caso, por un alguacil endemoniado que se refleja invertidamente, y de modo expl\u00edcito, en un demonio enal-guacilado, no es producto de una moderna toma de conciencia de la dial\u00e9ctica del sentido. No se trata s\u00f3lo de la ineludible, pero desconocida, condici\u00f3n de la significancia de todo discurso, sino que es \u00e9ste tambi\u00e9n condici\u00f3n revelada, tematizada, visiblemente incorporada al texto por Quevedo \u2014aunque, naturalmente, no a modo de comentario explicativo como pueden serlo las presentes consideraciones, sino como actividad discursiva, como disposici\u00f3n dial\u00e9ctica tanto del texto como de su contexto referencial. Disposici\u00f3n que la lectura capta simult\u00e1nea y autom\u00e1ticamente, pero que para poder advertir es necesario deshacer, fijando la atenci\u00f3n alternativamente en una mientras se ignora la otra. Y no por razones de orden o econom\u00eda explicativos sino porque cada una de ellas no es sino la negaci\u00f3n ficticia de la otra, la \u00abrealidad\u00bb que, en cada caso, \u00fanicamente el fondo ciego de la opuesta ficci\u00f3n permite ver. Lo que la explicaci\u00f3n tiene que hacer sucesivamente es, sin embargo, lo que la lectura hace, de hecho, simult\u00e1neamente. Con lo cual \u00e9sta va trazando una l\u00ednea invisible de sentido: la del inestable equilibrio dial\u00e9ctico de las dos posibles lecturas de todo discurso, la figurada y la literal. Privilegiar una de ellas, el sentido com\u00fan o la ficci\u00f3n confesada, es, en todos sus sentidos, perder el sentido. Como han de demostrar los ejemplos sucesivos que, a un nivel, ofrece el demonio y, a otro nivel ofrecen los ejemplos de lectura o, en este caso, escucha, de sus palabras por sus interlocutores, el licenciado calabr\u00eas y el narrador.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">En cuanto a los primeros ya se ha indicado que el cuerpo del discurso del diablo se divide en dos mitades n\u00edtidamente separadas: la relativa a los poetas y distintos enamorados y la que trata de los reyes, mercaderes, jueces y mujeres. Ambas mitades est\u00e1n organizadas de un modo semejante: primero, el tratamiento de ciertos tipos concretos; luego, el desarrollo de un tema ilustrativo de la caracter\u00edstica fundamental de los tipos anteriores; a continuaci\u00f3n, un ejemplo concreto adicional en donde\u00a0se explora m\u00e1s espec\u00edficamente la caracter\u00edstica en cuesti\u00f3n; para acabar con unas consideraciones contradictorias, en cada caso, de lo precedente a modo de ejemplo negativo de lo mismo. La distribuci\u00f3n es la siguiente:<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter wp-image-19965 size-full\" src=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2019\/07\/ALGUACILADO-Quevedo-1.png\" alt=\"\" width=\"1021\" height=\"395\" srcset=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2019\/07\/ALGUACILADO-Quevedo-1.png 1021w, https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2019\/07\/ALGUACILADO-Quevedo-1-300x116.png 300w, https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2019\/07\/ALGUACILADO-Quevedo-1-768x297.png 768w\" sizes=\"auto, (max-width: 1021px) 100vw, 1021px\" \/><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Adem\u00e1s de la alternancia de mundo y ultramundo que se advierte en esta progresi\u00f3n discursiva, es de notar el car\u00e1cter especular de ambas mitades: iguales, pero invertidas. La condena general de todos los tipos considerados\u2014todos est\u00e1n o van al infierno \u2014destaca la identidad de su com\u00fan error. La distinta direcci\u00f3n en que se produce ese error destaca su car\u00e1cter rec\u00edprocamente invertido. Los poetas y enamorados, lectores figurativos del mundo, viven la mentira o error consistente en tomar por sentido del mundo las figuras que ellos mismos inventan y que el resto de los mortales reconoce como ficciones. Los reyes, mercaderes, jueces y mujeres, en cambio, viven en el error de literalizar unas ficciones recibidas. Aqu\u00e9llos usan las ficciones de su imaginaci\u00f3n para ignorar la realidad de este mundo. Estos usan las ficciones recibidas para encubrir la realidad de sus actos. Ambos, pues, act\u00faan como si fuera verdad la existencia de ciertas ficciones: unos transformando su realidad en ficci\u00f3n; otros ocultando su realidad tras la ficci\u00f3n. En ambos casos ignoran la relaci\u00f3n dial\u00e9ctica de realidad y ficci\u00f3n, aunque lo hacen desde extremos opuestos, cubriendo as\u00ed los dos polos posibles de un mismo error literalista. <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">El detalle de estas dos actitudes condenables o equivocadas se especifica en sus tratamientos paralelos.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">El \u00abtan f\u00e1cil modo de condenar[se]\u00bb que tienen los poetas consiste en creer o seguir creyendo en la realidad de sus figuras ficticias, aun en el infierno: \u00abhay quien se lleva de ac\u00e1 cartas de favor para los ministros y cr\u00e9ese que ha de topar con Radamento, y pregunta por el Cerbero y Aqueronte, y no puede creer sino que se les esconden\u00bb. Ni que decir tiene que en la tierra sufr\u00edan de igual desconcierto. Por eso su castigo en el infierno, donde ese error ya no es posible, consiste en simplemente enfrentarles a esas ficciones como si fueran realidades, esto es, en tomarles por la palabra creando un lugar en el que resulte cierta la equivocada visi\u00f3n de la realidad que utilizaban. Es \u00e9ste un infierno organizado por figuraciones ling\u00fc\u00edsticas, uno en donde \u00ablos poetas de comedias no est\u00e1n\u00a0entre los dem\u00e1s, sino que, por cuanto tratan de hacer enredos y mara\u00f1as, se ponen entre los procuradores y solicitadores, gente que s\u00f3lo trata de eso\u00bb. M\u00e1s aun, un infierno en el que \u00abest\u00e1n todos aposentados con tal orden. Que un artillero que baj\u00f3 all\u00e1 el otro d\u00eda, queriendo que le pusiesen entre la gente de guerra, como al preguntarle del oficio que hab\u00eda tenido, dijese que hacer tiros en el mundo, fue remitido al cuartel de los escribanos, pues son los que hacen tiros en el mundo.\u00bb O en donde quien dice haber enterrado difuntos es \u00abacomodado con los pasteleros\u00bb, etc\u00e9tera. \u00abAl fin,\u00bb concluye el diab\u00f3lico narrador, \u00abtodo el infierno est\u00e1 repartido en partes, con esta cuenta y raz\u00f3n\u00bb.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">El repartimiento es una versi\u00f3n extrema de la locura o error de los poetas, cuyas figuraciones ling\u00fc\u00edsticas as\u00ed es c\u00f3mo organizaban el mundo, con olvido de su dimensi\u00f3n no ling\u00fc\u00edstica. Con ello se generaliza y destaca su tipo de error, uno en el que caen todos aqu\u00e9llos que metaforizando a mansalva acaban por creer literalmente sus propias met\u00e1foras.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">\u00bfQu\u00e9 mejor ejemplo de ello, ahora que ha quedado claramente perfilado el error, que los enamorados; Pues si los poetas y ese infierno \u00aba lo po\u00e9tico\u00bb nos permit\u00edan ver los principales lineamientos de esta actitud, su encarnaci\u00f3n mundana en los enamorados fundamenta su aplicaci\u00f3n a toda la humanidad en la medida en que \u00e9sta se deja llevar del deseo de ideal: \u00abMancha es la de los enamorados\u2014respondi\u00f3 \u2014que lo toma todo. Porque todos lo son de s\u00ed mismos; algunos, de sus dineros; otros, de sus palabras; otros, de sus obras; y algunos, de las mujeres\u00bb. Y por m\u00e1s que la mayor\u00eda de los enamorados de mujeres tenga ocasi\u00f3n de desenga\u00f1arse de sus ficciones gracias a las \u00abruindades &#8230; malos tratos y peores correspondencias\u00bb que de ellas reciben en este mundo, no dejan de ser el ejemplo que m\u00e1s fuertemente realza el deseo humano de ideal. De modo que es f\u00e1cil entender, porque nos reconocemos en ellos, que haya quienes acaben su vida \u00aben celos y esperanzas amortajados y en deseos\u00bb y a causa de este error se vayan \u00abpor la posta al infierno, sin saber c\u00f3mo, ni cu\u00e1ndo, ni de qu\u00e9 manera\u00bb. Los hay [tambi\u00e9n] amantes a lacayuelos, que arden llenos de cintas\u00bb; otros son amantes de cabelleras o de billetes o de monjas, \u00abcondenados por tocas sin tocar pieza,\u00bb siempre \u00aben v\u00edsperas del contento sin tener jam\u00e1s el d\u00eda\u00bb. La quintaesencia y remate de esta dolencia es la de \u00ablos que se enamoran de viejas\u00bb: enamorados de su propio enamoramiento m\u00e1s que de un objeto, en la estimativa quevedesca, tan poco amable como las mujeres viejas. Son \u00e9stos los lujuriosos o perseguidores del deseo por el deseo mismo, y por \u00e9l llevados a inventarse su objeto para satisfacerlo. \u00abLo primero que con \u00e9stos se hace es condenarles la lujuria y su herramienta a perpetua c\u00e1rcel\u00bb.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">La ilustraci\u00f3n de esta tendencia humana acaba de perfilarse con el apartado final de las quejas del diablo. Lo que en ellas destaca, contrariamente a lo que hacen los hombres afligidos del morbo figurativo po\u00e9tico o amoroso, es la falta de creencia en una dimensi\u00f3n ficticia de la realidad que les permite tratarla como simple mentira. As\u00ed el Bosco, que se permiti\u00f3 hacer \u00abtantos guisados de nosotros en sus sue\u00f1os,\u00bb dice el demonio, \u00abporque no hab\u00eda cre\u00eddo nunca que hab\u00eda demonios de veras\u00bb. De esa misma falta de creencia se queja el diablo (es \u00ablo que <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">m\u00e1s sentimos,\u00bb dice) cuando se\u00f1ala que \u00abhablando com\u00fanmente, sol\u00e9is decir: &#8216;\u00a1Miren el diablo del sastre!&#8217; o &#8216;\u00a1Diablo es el sastrecillo!&#8217; \u00bb o, tambi\u00e9n, que \u00abno hay cosa, por mala que sea, que no la deis al diablo,\u00bb sin reparar en que \u00ablas m\u00e1s veces dais al diablo lo que \u00e9l ya se tiene\u00bb.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Expresiones todas indicativas de una actitud humana que ignora la relaci\u00f3n existente entre (la realidad de) el hombre y (la ficci\u00f3n de) el diablo como anverso y reverso de una misma realidad. Ignorancia motivada, sin embargo, por el mismo deseo idealizante de poetas y enamorados, aunque sus manifestaciones sean contrarias.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Esta ilustraci\u00f3n especular\u2014id\u00e9ntica, pero invertida \u2014del error de los poetas es adem\u00e1s la mejor introducci\u00f3n congruente con la otra vertiente del mismo error humano, el de los reyes, mercaderes, etc\u00e9tera. En el infierno, en donde los disparates mundanos revelan su sentido al cristalizar en concreciones absurdas e inaceptables \u00abtodo &#8230; es figuras\u00bb, dice el diablo. Reyes, mercaderes y jueces sufren en este mundo de la falacia consistente en juzgar que su ficci\u00f3n terrena es tan cierta que les da licencia para actuar como si fuera realidad. As\u00ed los reyes \u00abvi\u00e9ndose en la suma reverencia de sus vasallos y, con la grandeza, opuestos a dioses, quieren valer punto menos y parecerlo\u00bb. (Los reyes, por cierto, epitomizan un error generalizado, ya que \u00abse traen todo el reino tras s\u00ed, pues todos se gobiernan por ellos\u00bb.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">De los mercaderes bastan los ejemplos de aqu\u00e9l que \u00abviendo la le\u00f1a y fuego que se gasta [en el infierno], ha querido hacer\u00a0 estanco de la lumbre\u00bb o el del que \u00abquiso arrendar los tormentos pareci\u00e9ndole que ganar con ellos mucho\u00bb. En ambos casos, como ocurr\u00eda antes con los poetas, en el infierno act\u00faan o se encuentran no con una realidad contraria a la del mundo sino con su error mundano hecho realidad infernal. Ello indica que nos enga\u00f1an y se enga\u00f1an cuando intentan literalizar unas ficciones mundanas opuestas a su realidad concreta: el endiosamiento del monarca o, m\u00e1s tajantemente, la ficci\u00f3n del fuego del infierno o de sus tormentos, son ambos tomados como realidades concretas. Se trata exactamente de la postura de los poetas y de los enamorados, pero en su versi\u00f3n de gemelo contrario: unos reduc\u00edan lo concreto a pura figuraci\u00f3n y \u00e9stos la pura figuraci\u00f3n a concreci\u00f3n. Acaban ambos por vivir una mentira equivalente, pero que se produce en direcciones opuestas.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Tal como ocurr\u00eda con la descripci\u00f3n del infierno en la primera mitad del discurso del demonio, la indicaci\u00f3n, ahora, del error de los reyes, mercaderes y jueces adquiere m\u00e1s nitidez cuando el diablo ilustra sus palabras con la alegor\u00eda de la Justicia. A la pregunta del licenciado: \u00ab\u00bfTambi\u00e9n querr\u00e1s decir que no hay justicia en la tierra . . . ?\u00bb, contesta el demonio: \u00ab\u00a1Y c\u00f3mo que no hay justicia! \u00bfPues no has sabido lo de Astrea, que es la justicia, cuando huyendo de la tierra se subi\u00f3 al cielo? Pues por si no lo sabes, te lo quiero contar\u00bb. Para concluir repitiendo que \u00ab[La justicia] subiose al cielo y apenas dej\u00f3 ac\u00e1 pisadas\u00bb.\u00a0Su existencia, cierta pero ideal, no es de este mundo, mas ello no impide a los hombres bautizar \u00abcon su nombre algunas varas &#8230; y ac\u00e1 s\u00f3lo tiene nombre de justicia ellas y los que las traen\u00bb. As\u00ed es c\u00f3mo vuelven falsamente concreta esa necesaria, pero ausente, existencia de lo ideal en el mundo. Se escudan tambi\u00e9n en ella para cometer sus desmanes \u00abporque hay muchos de \u00e9stos en quien la vara hurta m\u00e1s que el ladr\u00f3n con ganz\u00faa y llave falsa y escala\u00bb.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">M\u00e1s que el deseo de ideal de los poetas y enamorados es el apego a lo mundano lo que motiva a estos otros individuos cuando reducen el ideal a estas bajezas. El com\u00fan denominador de su distorsi\u00f3n o error es la codicia, que \u00abha hecho instrumento para hurtar todas [las] partes, sentidos y potencias que Dios dio [a los hombres], las unas para vivir y las otras para vivir bien\u00bb. Y as\u00ed, en vez de convertir lo real en ideal, como hac\u00edan los otros \u2014enamorados de cintas, de cabelleras, de billetes, etc. \u2014, \u00e9stos convierten lo ideal en real, hurtando \u00abla honra de la doncella con la voluntad, el enamorado, . . . con el entendimiento, el letrado, . . . con la memoria, el representante\u00bb, etc\u00e9tera. Todos, en fin, trocando la funci\u00f3n ideal y, por ello, ficticia, en instrumento de logros concretos y materiales. Todos, pues, dando existencia literal a realidades ausentes de este mundo (como la justicia); no respetando su car\u00e1cter de ficci\u00f3n irreductible.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Prosigue la presentaci\u00f3n, a instancias del narrador, con el examen de las mujeres, ejemplo supremo para Quevedo de la actitud literalista de apego a los bienes materiales \u2014como eco ir\u00f3nico, sin duda, de su papel como objeto de la idealizaci\u00f3n extremosa de los enamorados. Si antes entre \u00e9stos destacaban los amantes no correspondidos, pues la correspondencia les serv\u00eda de escarmiento, ahora entre las mujeres condenadas predominar\u00e1n las feas pues que, a diferencia de las hermosas que \u00abhallan tantos [pecados] que las satisfagan el apetito carnal\u00bb que se hartan y se arrepienten, aqu\u00e9llas, \u00abcomo no hallan nadie, all\u00e1 se van en ayunas y con la misma hambre rogando a los hombres\u00bb. Complementaridad perfecta del ayuno voluntario de los enamorados \u00abhebenes\u00bb con el ayuno inverso e involuntario de las feas sin \u00abpartenaire.\u00bb Unos y otras ser\u00edan, adem\u00e1s, incapaces de un acuerdo mutuo: precisamente tratan de ignorar la actitud ante la realidad que adopta el grupo opuesto: la superaci\u00f3n de la carnalidad de las feas es la tarea que se dan los enamorados, mientras que la superaci\u00f3n de este idealismo en seco es lo que desasosiega a esas mujeres feas. <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">En cuanto a la relaci\u00f3n de las mujeres con los dem\u00e1s tipos de su serie se observa que epitomizan, ya se ha dicho, la codicia humana: \u00abEsp\u00e1ntome &#8230; de ver que entre los ladrones no has metido a las mujeres, pues son de casa\u00bb, dice el narrador. El demonio, alej\u00e1ndose de este tema concreto y conocido de su continuo pedir y sonsacar, las retrata en t\u00e9rminos m\u00e1s generalmente aplicables tanto a los reyes como a los mercaderes o jueces: los del amor carnal como satisfacci\u00f3n de deseos materiales y concretos.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">El colof\u00f3n de esta segunda serie es, como en la primera, negativo: los pobres. Es pobre, dice el narrador, \u00abel hombre &#8230; que no tiene nada de cuanto tiene el mundo\u00bb. Su oposici\u00f3n a, y, por ende, realce de, la caracter\u00edstica com\u00fan de los personajes precedentes queda expresamente se\u00f1alado por el diablo: \u00abSi lo que condena a los hombres es lo que tienen del mundo, y \u00e9sos no tienen nada, \u00bfc\u00f3mo se condenan? Por ac\u00e1 los libros nos tienen en blanco\u00bb.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">La \u00faltima parte del discurso del diablo confirma lo que sus primeras <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">consideraciones hab\u00edan dejado en el aire: la parad\u00f3jica verdad de sus observaciones: antes el diablo hab\u00eda defendido la reciprocidad que su <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">existencia guardaba con la de hombre; hab\u00eda podido por ello afirmar que <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">tanto se pod\u00eda describir la situaci\u00f3n que ante s\u00ed ten\u00edan el narrador y el licenciado como una de endemoniamiento de un alguacil o de enalguacilamiento de un demonio. Hab\u00eda, pues, se\u00f1alado la interdependencia de <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">la mentira o ficci\u00f3n con el sentido com\u00fan para alcanzar la verdad. Ahora <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">es el licenciado calabr\u00eas quien se ve forzado a confesar la pertinencia de <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">aquellas opiniones del diablo al equiparar su discurso a un serm\u00f3n <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">moralizante\u2014utilizaci\u00f3n de unas mismas ficciones oratorias para hacer <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">ver al oyente el enga\u00f1o de las apariencias. En lo que siguen difiriendo <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">el diablo y el licenciado es, como indica aqu\u00e9l, en que sus palabras pretenden hacer mal a los hombres, pretenden impedirles \u00abque pod\u00e1is decir que falt\u00f3 quien os lo dijese\u00bb. Esto es, impedir al hombre la excusa <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">\u00faltima de la ignorancia y obligarle a admitir, en consecuencia, la realidad <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">de su condici\u00f3n pecadora consistente en una mentira o ficci\u00f3n sin paliativos. Obligarle a admitir, pues, que era verdad, que nunca ha dejado <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">de ser verdad, la diablura de los hombres y, por ende, la humanidad <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">del diablo. Verdad que s\u00f3lo la ignorancia pod\u00eda seguir manteniendo como mentira.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">En ambas series la verdad de los distintos tipos de individuos se revela mediante la yuxtaposici\u00f3n de su mentira \u2014su \u00abrealidad\u00bb mundana\u2014a <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">la mentira inversa del infierno, que se logra mediante la simple literalizaci\u00f3n de aquella mentira mundana. As\u00ed como el demonio no era m\u00e1s que un momento ontol\u00f3gico del hombre\u2014principio o fin del mismo; en cualquier caso, lo contrario de su versi\u00f3n tradicional \u2014, el infierno no resulta <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">ser m\u00e1s que un momento ontol\u00f3gico del mundo: lo contrario tambi\u00e9n <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">de su misma versi\u00f3n acostumbrada y de sentido com\u00fan. Transici\u00f3n de una entidad a otra, de la llamada realidad a la llamada ficci\u00f3n, que se logra en el lenguaje, \u00fanico instrumento capaz de conseguir la s\u00edntesis de la oposici\u00f3n-identidad de los t\u00e9rminos sin desvirtuar ninguno de los dos. Esta s\u00edntesis es, se repite, el sentido que conjuga el mundo ficticio del texto con un mundo concreto que se resiste a ser ficticio, el del contexto.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">La actitud equivocada en que todos los personajes manejados por <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">el diablo se encontraban, revelada por su contraste con la \u00abrealidad\u00bb infernal, cubr\u00eda los dos polos del error posible: el literalista metaf\u00f3rico <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">y el literalista realista. Se aplicaba, pues, tanto a aqu\u00e9llos para quien el mundo no es realmente m\u00e1s que una met\u00e1fora como a aqu\u00e9llos para <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">quienes las met\u00e1foras no son sino mentiras. Ambas actitudes estaban <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">equivocadas: llevaban al infierno o, m\u00e1s radicalmente, constitu\u00edan, en <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">su propia prolongaci\u00f3n, el infierno: mundo e infierno unidos mediante <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">el trazo de uni\u00f3n de la locura o endemoniamiento del hombre.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">\u00bfEs \u00e9sta \u00fanicamente una ficci\u00f3n huer\u00edstica para el lector de carne y <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">hueso? \u00bfQu\u00e9 relaci\u00f3n tiene la ficci\u00f3n de Quevedo con la realidad del <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">lector, con la realidad de su texto para el lector? \u00bfAcaso una cuya configuraci\u00f3n sea paralela a la existente entre los personajes y el infierno? <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">El texto contesta a estas preguntas con unas figuras proyectadas en una <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">pantalla intermedia entre los personajes y el lector: ejemplos, tambi\u00e9n <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">ficticios, en todo an\u00e1logos al de nuestra relaci\u00f3n con el discurso de <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">Quevedo; esto es, la relaci\u00f3n existente entre el diablo y sus interlocutores, el licenciado y el narrador, a prop\u00f3sito del discurso de aqu\u00e9l. Los <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">interlocutores act\u00faan como int\u00e9rpretes o escuchas del esp\u00edritu en la misma medida y posici\u00f3n en que nosotros lo somos de Quevedo <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">\u2014<\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">cuyo <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">esp\u00edritu nos habla tambi\u00e9n mediante la enajenada ficci\u00f3n de un narrador <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">textualizado o enajenado (como un juego de palabras castellano-alem\u00e1n <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">ser\u00eda capaz de insinuar). Son los interlocutores, pues, nuestros modelos <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">de lectura o recepci\u00f3n de estas palabras.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Se advierte inmediatamente que estos dos personajes adoptan actitudes contradictorias ante las palabras del demonio. El licenciado hace <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">callar al esp\u00edritu (cierra el libro, se podr\u00eda decir), mientras que el narrador intenta que siga hablando. Uno se opone a todas las afirmaciones e implicaciones de \u00e9ste, mientras que el otro \u00abgusta de sus sutilezas.\u00bb Adem\u00e1s, uno\u00a0 dialoga con el demonio en una parte de su discurso, mientras que el otro toma el relevo en otra: el narrador en lo relativo a los poetas y enamorados primero y luego respecto de las mujeres y los pobres; el licenciado respecto de los mercaderes y jueces.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Veamos en su detalle la conducta interlocutiva de estos dos personajes. <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Aunque hay m\u00e1s ejemplos de ella antes y despu\u00e9s del discurso del diablo, como es natural, bastar\u00e1 con los que se producen a lo largo de \u00e9ste, <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">puntu\u00e1ndolo con intervenciones respectivas seg\u00fan el tema.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">En cuanto al licenciado calabr\u00eas tiene el lector m\u00e1s datos expresos <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">que respecto del narrador, cuya conducta narrativa misma ofrece la informaci\u00f3n adicional necesaria para comprender su actitud. Aqu\u00e9l, ante <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">las primeras palabras del demonio sobre el car\u00e1cter diab\u00f3lico del alguacil, responde con enojo y con la determinaci\u00f3n de acallar pronto al inquietante esp\u00edritu: \u00abEnojose Calabr\u00eas, revolvi\u00f3 sus conjuros, qu\u00edsole <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">enmudecer\u00bb. El demonio le contesta con una fantasiosa etimolog\u00eda <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">de la palabra alguacil cuyo sentido es acusar a los de esta profesi\u00f3n de <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">ser tan her\u00e9ticos como los mahometanos mismos. Enfurece ello m\u00e1s aun <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">al licenciado y le lleva a manifestar sus temores respecto al diablo: \u00abEso <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">es muy insolente cosa o\u00edrlo \u2014dijo furioso mi licenciado \u2014; y si le damos\u00a0<\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">licencia a este enredador, dir\u00e1 otras mil bellaquer\u00edas y mucho mal de la <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">justicia\u00bb. A diferencia del narrador, cuya reacci\u00f3n a las palabras <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">iniciales del demonio hab\u00eda sido la de admirarse de \u00ablas sutilezas del diablo,\u00bb el cl\u00e9rigo rehusa participar en sus ingeniosidades. Para \u00e9l no <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">se trata m\u00e1s que de enredos e insultos que atentan contra la integridad <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">de la Justicia. Achaca al demonio unos motivos que no hacen sino <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">reforzar la idea tradicional de la naturaleza diab\u00f3lica, fingiendo no <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">haber entendido o, cuando menos, aceptado, las insinuaciones anterior a del esp\u00edritu que, justamente, pon\u00edan en duda tan f\u00e1cil delimitaci\u00f3n de <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">lo humano y lo demon\u00edaco. Mas el demonio le rearguye que no es tal la raz\u00f3n de sus palabras e insiste en la conexi\u00f3n entre diablura y alguacilidad, vale decir, humanidad,: \u00abNo lo hago por eso \u2014replic\u00f3 el diablo\u2014 <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">, <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">sino porque \u00e9se es tu enemigo, que es de tu oficio\u00bb.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">El licenciado se refugia entonces en una consideraci\u00f3n con visos <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">humanitarios: \u00abYo te echar\u00e9 hoy fuera \u2014dijo Calabr\u00eas \u2014, de l\u00e1stima <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">de ese hombre que aporreas por momentos y maltratas\u00bb, que, impl\u00edcitamente, insiste en la insalvable distancia que separa al hombre del demonio. La contestaci\u00f3n de \u00e9ste es m\u00e1s inquietante todav\u00eda y m\u00e1s <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">clara que las anteriores: \u00abP\u00eddeme albricias \u2014respondi\u00f3 el diablo \u2014, si me <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">sacas hoy. Y advierte que estos golpes que le doy a lo que le aporreo, no es sino que yo y su alma re\u00f1imos ac\u00e1 sobre qui\u00e9n ha de estar en mejor <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">lugar, y andamos a m\u00e1s diablo es \u00e9l\u00bb.\u00a0 Nueva manera de se\u00f1alar <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">la inevitable dial\u00e9ctica que une al hombre y al demonio. Tan falaz es <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">la actitud del licenciado ante esta cuesti\u00f3n que el demonio no puede <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">dejar de acabar sus concluyentes razones \u00abcon una gran risada,\u00bb subrayada por su burla al considerar que, si fuera posible separar ambas <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">existencias, \u00e9l ser\u00eda el primero en agradecerlo: \u00abP\u00eddeme albricias &#8230; si me sacas hoy\u00bb.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Ante estas aplastantes razones, al cl\u00e9rigo no le cabe ya enfurecerse: acorralado en sus argumentos, se siente descubierto y no encuentra m\u00e1s <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">soluci\u00f3n que la definitiva de hacer callar al demonio en vez de continuar <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">arguy\u00e9ndole: \u00abCorri\u00f3se mi bueno de conjurador, y determin\u00f3se a enmudecerle\u00bb. Mas no ocurrir\u00e1 ello todav\u00eda. El licenciado calabr\u00eas se aviene por un rato m\u00e1s a deponer su actitud de intransigente literalismo para continuar el juego de seguir dando beligerancia al peligroso esp\u00edritu. Es interesante se\u00f1alar que las razones o, m\u00e1s bien, las circunstancias, en que el cl\u00e9rigo se aviene a no poner por efecto sus conjuros son las del secreto de confesi\u00f3n, las de falta de publicidad de las insinuaciones que <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">haga el esp\u00edritu.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Prosigue, pues, \u00e9ste, apurando la paciencia o la fortaleza dial\u00e9ctica <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">del conjurador, que no puede evitar tocar la misma tecla de sorpresa <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">ofendida cuando oye criticar a los jueces: \u00ab<\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">\u2014 <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">\u00bfTambi\u00e9n querr\u00e1s decir que no hay justicia en la tierra, rebelde a Dios, y sujeta a sus ministros?\u00bb.<\/span><span style=\"font-size: 14pt;\"> Hasta que se agota la benevolencia que llev\u00f3 al cl\u00e9rigo a permitir <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">la tregua dial\u00e9ctica cuando las razones del diablo, de puro convincentes, <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">hacen exclamar a aqu\u00e9l: \u00abCuando el diablo predica el mundo se acaba. \u00bfPues c\u00f3mo, siendo t\u00fa padre de la mentira \u2014dijo Calabr\u00eas \u2014, dices cosas que bastan a convertir una piedra?\u00bb. Esto es, se agota su benevolencia e imparcialidad paciente cuando la situaci\u00f3n se vuelve verdaderamente peligrosa. O bien es s\u00f3lo en este momento cuando el cl\u00e9rigo toma <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">completa conciencia de las temidas consecuencias de la maniobra ret\u00f3rica del diablo; o bien, como todo parece indicar, habi\u00e9ndolas previsto <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">y temido, siente que ahora han alcanzado su extremo intolerable. Su pregunta, en cualquier caso, refleja el momento en que sus creencias acerca de la jerarqu\u00eda tradicional entre la verdad y la mentira, la realidad y <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">la ficci\u00f3n, est\u00e1n al borde del abismo, alcanzan su l\u00edmite de resistencia. La duda, una vez iniciada, est\u00e1 a punto de arrastrarle hacia una inversi\u00f3n, temida, pero inminente, en que lo verdadero resulte no sustituido por lo ficticio sino, m\u00e1s radicalmente todav\u00eda, dial\u00e9cticamente dependiente de lo ficticio. De donde se seguir\u00eda la arbitrariedad y la contingencia de considerar un orden cualquiera de creencias como aut\u00f3nomamente v\u00e1lido. Posibilidad que asusta al licenciado con sus devastadoras <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">consecuencias.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">La que hubiera podido ser fruct\u00edfera duda del cl\u00e9rigo no dura, sin embargo, m\u00e1s que el tiempo de la respuesta del esp\u00edritu. Pues \u00e9ste saca <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">las consecuencias de la posici\u00f3n que ha venido defendiendo y llega hasta <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">a poner en tela de juicio la noci\u00f3n misma de santidad, aquello que el hombre llama santidad sin indagar demasiado, en sus motivos ni razones para esta calificaci\u00f3n. Calabr\u00eas no est\u00e1 dispuesto a aceptar estas consecuencias. No sabe tampoco contestarlas. Decide, pues, no escuchar m\u00e1s <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">peligrosas verdades: \u00abMientes \u2014dijo Calabr\u00eas\u2014; que muchos santos y <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">santas hay hoy. Y ahora veo que en todo cuanto has dicho, has mentido; <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">y en pena, saldr\u00e1s hoy de este hombre. Us\u00f3 de sus exorcismos y, sin poder yo con \u00e9l, le apremi\u00f3 a que callase\u00bb.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">De toda la intervenci\u00f3n del licenciado se desprende el rasgo, una y <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">otra vez repetido, de una intransigencia literalista que defiende la bondad <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">de los valores recibidos y se niega a dudar: el momento de verdadera <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">duda es, en efecto, el que le decide a poner fin al discurso. No se diferencia en ello gran cosa de la actitud de los personajes que hab\u00eda presentado <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">el diablo: en una o en otra direcci\u00f3n insist\u00edan tambi\u00e9n en afirmar una <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">verdad unitaria y monol\u00edtica, no dial\u00e9ctica, de la realidad, bien ignorando su aspecto concreto en favor de unas ficciones que tomaban por <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">realidades, bien ignorando su aspecto ficticio en favor de unas concreciones que resum\u00edan en s\u00ed toda la realidad. Su postura es precisamente <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">equiparable a la de estos \u00faltimos, reyes, mercaderes, etc\u00e9tera, y de ah\u00ed, sin duda, que sea al hablar de \u00e9stos el diablo cuando el cl\u00e9rigo se siente obligado a interpelarle.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Pero el licenciado tiene adem\u00e1s otro rasgo que no estaba se\u00f1alado en <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">los personajes. Un rasgo que afecta, directamente, al posible lector: el de rechazar las sutilezas del diablo y refugiarse en el sentido com\u00fan o <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">tradicional no por ignorancia, ni por cortedad de ingenio, ni siquiera <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">por la fuerza de ciertas pasiones, sino voluntariamente, con plena conciencia de lo que hace; en una palabra, hip\u00f3critamente. Ahora se <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">justifican plenamente aquel comienzo del discurso en donde Quevedo <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">nos hace uno de sus inolvidables retratos grotescos de este licenciado <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">calabr\u00eas. Un retrato que se resum\u00eda en estas palabras finales: \u00ab\u00bfQu\u00e9 me <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">canso? Este, se\u00f1or, era uno de los que Cristo llam\u00f3 sepulcros hermosos: <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">por defuera, blanqueados y llenos de molduras, y por dedentro, pudrici\u00f3n y gusanos. Fingiendo en lo exterior honestidad, siendo en lo interior <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">del alma disoluto y de muy ancha y rasgada conciencia, era, en buen <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">romance, hip\u00f3crita, embeleco vivo, mentira con alma y f\u00e1bula con voz\u00bb.<\/span><span style=\"font-size: 14pt;\"> Estas palabras, que en un principio sorprend\u00edan como fuera de lugar <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">y aparentemente incongruentes con lo que promet\u00eda ser el discurso, <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">adquieren ahora toda su pertinencia cuando el licenciado, descubierto en su entra\u00f1a, afirma hip\u00f3critamente: \u00abAhora veo que en todo cuanto <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">has dicho, has mentido\u00bb y pone as\u00ed fin a la para \u00e9l insoportable <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">exposici\u00f3n usando sus exorcismos.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Mas no lo hace tan a tiempo que sea capaz de evitar todo el mal que <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">hab\u00eda temido de las razones del demonio. Ah\u00ed est\u00e1 el otro interlocutor <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">para demostrarlo. Su actitud contrasta con la del cl\u00e9rigo en todos los puntos. As\u00ed lo da a entender expresamente al final del discurso cuando, con palabras dirigidas a su corresponsal, el conde de Lemos, contesta, <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">se pudiera decir, a la paradoja que desasosiega al licenciado: \u00ab\u00bfPues <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">c\u00f3mo, siendo t\u00fa padre de la mentira, . . . dices cosas que bastan a <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">convertir una piedra?\u00bb, con la siguiente advertencia ya citada: \u00abVuestra Excelencia con curiosa atenci\u00f3n mire esto y no mire a quien lo <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">dijo; que Herodes profetiz\u00f3, y por la boca de una sierpe de piedra sale un ca\u00f1o de agua, en la quijada de un le\u00f3n hay miel, y el salmo dice que a veces recibimos salud de nuestros enemigos y de mano de aqu\u00e9llos <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">que nos aborrecen\u00bb. Esta respuesta no contesta, en realidad, a la pregunta del cl\u00e9rigo. Mas bien la resuelve, la desvirt\u00faa, al aceptar como <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">estado natural de cosas la aparente contradicci\u00f3n. En la aceptaci\u00f3n de uno y el rechazo de otro est\u00e1 toda la problem\u00e1tica del caso que plantea <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">el discurso, as\u00ed como su soluci\u00f3n: lo que para el cl\u00e9rigo es una disyuntiva <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">irreconciliable, para el narrador resulta ser una conjunci\u00f3n o colaboraci\u00f3n: el demonio es capaz de decir cosas que bastan a convertir una <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">piedra precisamente porque es el padre de la mentira. Y la mentira, <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">podr\u00eda haber a\u00f1adido parad\u00f3jicamente el narrador, os har\u00e1 libres.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">En vez de oponer ficci\u00f3n a realidad, lo literalmente cierto a lo literalmente falso o figurado, como prefiere hacer el cl\u00e9rigo hip\u00f3critamente\u2014 <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">y como hac\u00edan los personajes de que hablaba el demonio, ignorantemente: no han tenido ocasi\u00f3n, en efecto de beneficiarse de las palabras <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">del demonio\u2014, el narrador acepta el car\u00e1cter dial\u00e9ctico, figurado, del sentido.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">As\u00ed lo da a entender tambi\u00e9n en sus dem\u00e1s actuaciones como interlocutor del demonio. Por ejemplo, en su \u00faltima lamentaci\u00f3n, cuando el cl\u00e9rigo hace enmudecer al esp\u00edritu, al decir \u00abque si un diablo por s\u00ed es malo, mudo es peor que diablo\u00bb. Esto es: sin dejar de ser verdad lo que dice el diablo, por malo y da\u00f1ino o desconsolador que sea, mucho <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">peor es no querer saberlo, ignorarlo hip\u00f3critamente, como hace el licen- ciado, para enga\u00f1ar doblemente al mundo.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Adem\u00e1s es de advertir que el narrador personaliza las respuestas del demonio al preguntarle por aquellos tipos m\u00e1s directamente relacionados <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">consigo mismo, poetas y enamorados. Con lo que demuestra entender <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">la pertinencia real de las palabras del demonio. Es dif\u00edcil, en vista de <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">ello, no entender el alcance tambi\u00e9n personalizante que, por extrapolaci\u00f3n, ha de tener el resto del discurso relativo a los gobernantes y autoridades civiles para el conde de Lemos a quien exhorta, como ya se ha <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">dicho, en las \u00faltimas palabras del discurso a que no siga el hip\u00f3crita <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">ejemplo del licenciado. No se trata, simplemente, de una atrevida desfachatez de Quevedo. Mas bien, de una indirecta, pero insoslayable, <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">indicaci\u00f3n al lector mismo insinu\u00e1ndole la manera de leer con provecho <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">unas verdades que le ata\u00f1en. Recu\u00e9rdese, en efecto, que el conde de <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">lemos no es s\u00f3lo el personaje a quien est\u00e1 dedicado el discurso sino el hombre de carne y hueso a quien le es dirigido. La serie de paralelismos <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">iniciada con esta interpelaci\u00f3n alcanza en su \u00faltimo nivel al lector cuya <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">posici\u00f3n ante el discurso es an\u00e1loga a la que el narrador recomienda al conde y a la que \u00e9l mismo mantiene ante las palabras del demonio.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">A diferencia del embaucador licenciado calabr\u00eas, que act\u00faa como si la existencia del demonio en el alguacil no ofreciera duda alguna, y, por <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">lo mismo, no ofreciera tampoco duda alguna su car\u00e1cter mentiroso, <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">para el narrador la existencia y veracidad del demonio est\u00e1n en relaci\u00f3n <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">dial\u00e9ctica con la existencia y veracidad del hombre. Tan ciertas son unas como otras y no independientemente ciertas y existentes sino ciertas y <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">existentes gracias a la mentira y no existencia de su contrario, intercambiablemente.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">La actitud del narrador es, en realidad, la actitud normal del lector que acepta el enunciado ficticio como tal sin dejar por ello de darse cuenta de su pertinencia respecto de la realidad. Se trata fundamentalmente de la actitud obligada ante un enunciado ir\u00f3nico: enunciado <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">coherente y comprensible que, sin embargo, no es directamente aplicable <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">a la realidad a que refiere, al contexto que hace visible. Este enunciado <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">ir\u00f3nico no viene a decir lo contrario de lo que dice: viene a insinuar \u2014<\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">porque s\u00f3lo cabe insinuarlo, as\u00ed, indirectamente \u2014el sentido de la reali- dad a la que refiere: el texto no tiene respecto del contexto por \u00e9l se\u00f1alado m\u00e1s que un valor instrumental de ausencia evidente, de inadecuaci\u00f3n directa, que hace significante el contexto, pero que no lo describe o reproduce. Al mundo real, sin sentido y mudo, corresponde un texto, <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">irreal y hablador, de cuya conjunci\u00f3n imposible surge el sentido de <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">aqu\u00e9l. Sustit\u00fayase mundo por personajes y texto por esp\u00edritu demon\u00edaco <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">y se ver\u00e1 lo ajustadamente que este discurso describe el proceso.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">El discurso tiene, pues, un doble car\u00e1cter de comentario y de modelo <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">de lectura de s\u00ed mismo. Ello le da valor de piedra de toque para los dem\u00e1s discursos de la colecci\u00f3n en la medida en que sus premisas epistemol\u00f3gicas son iguales: se repiten aqu\u00ed contradictoria o ir\u00f3nicamente. <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">Es el elemento infernal, el origen no mundano o ficticio de la perspectiva textual sobre el mundo o contexto de los dem\u00e1s sue\u00f1os, el que <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">resulta puesto en tela de juicio en este discurso. A ello contestaba el otro discurso de la serie, el de El mundo por de dentro, poniendo en <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">entredicho el elemento on\u00edrico y desenga\u00f1ante de las dem\u00e1s obras. Y es de advertir la posici\u00f3n equidistante de ambos discursos en la colecci\u00f3n: en segundo lugar El alguacil endemoniado, en cuarto lugar El mundo <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">por de dentro; esto es, precedidos y seguidos, ellos que no son sue\u00f1os, <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">de sue\u00f1os propiamente dichos. Con la salvedad, quiz\u00e1s, de que el sue\u00f1o <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">central m\u00e1s que sue\u00f1o es una revelaci\u00f3n divina y providencial que sintetiza la dial\u00e9ctica de primero contra segundo y cuarto contra quinto, <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">sin abandonar ninguno de los t\u00e9rminos en juego. Ambas parejas, inicial y final, adem\u00e1s de sus contrastes internos, contrastan con esa visi\u00f3n <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">central de la que son la misma sustancia, invertida. Lo mismo que esta visi\u00f3n es la sustancia ironizada de aqu\u00e9llos, naturalmente. <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">En todas estas correspondencias negativas y acerca de todas las posibles tomas de posici\u00f3n a que den lugar, la \u00faltima palabra es, en todo <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">caso, del lector. Bien que esa palabra no sea nunca exactamente suya <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">s\u00f3lo, sino la que le obliga a pronunciar la dial\u00e9ctica del sentido del lenguaje.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter wp-image-19968\" src=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2019\/07\/Alguacil-alguacilado-2.jpg\" alt=\"\" width=\"287\" height=\"413\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/author\/punto-critico\/\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter wp-image-9528\" src=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2018\/03\/Mosca_Punto_Cr\u00edtico_40.png\" alt=\"\" width=\"70\" height=\"70\" \/><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<div class=\"mh-excerpt\"><p>\u00abEL ALGUACIL ENDEMONIADO\u00bb, por Francisco de Quevedo y Villegas *** &nbsp; \u00a0 El alguacil endemoniado El alguacil endemoniado\u00a0es el segundo de los\u00a0Sue\u00f1os\u00a0de\u00a0Francisco de\u00a0Quevedo. Fue escrito en\u00a01606\u00a0o\u00a01607\u00a0e intent\u00f3 publicarse en\u00a01610, aunque no vio la luz hasta\u00a01627\u00a0en <a class=\"mh-excerpt-more\" href=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/2019\/07\/09\/el-alguacil-alguacilado-por-francisco-de-quevedo-y-villegas-desendemoniando-por-gonzalo-diaz-migoyo\/\" title=\"\u00abEL ALGUACIL ALGUACILADO\u00bb, por Francisco de Quevedo y Villegas. \u00abDesendemoniando\u00bb, por Gonzalo D\u00edaz Migoyo\">[&#8230;]<\/a><\/p>\n<\/div>","protected":false},"author":3,"featured_media":19994,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[8],"tags":[143],"class_list":["post-19963","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","category-filosofia","tag-quevedo"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/19963","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-json\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=19963"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/19963\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-json\/wp\/v2\/media\/19994"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=19963"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=19963"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=19963"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}