{"id":18249,"date":"2019-04-21T00:05:55","date_gmt":"2019-04-20T23:05:55","guid":{"rendered":"http:\/\/puntocritico.com\/?p=18249"},"modified":"2024-05-06T10:12:16","modified_gmt":"2024-05-06T08:12:16","slug":"fouche-el-genio-tenebroso-por-stefan-zweig-parte-ix-la-lucha-final-contra-napoleon","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/2019\/04\/21\/fouche-el-genio-tenebroso-por-stefan-zweig-parte-ix-la-lucha-final-contra-napoleon\/","title":{"rendered":"\u201cFOUCH\u00c9, el genio tenebroso\u201d, por Stefan Zweig (PARTE IX &#8211; La lucha final contra Napole\u00f3n)"},"content":{"rendered":"<p><strong><a href=\"https:\/\/puntocritico.com\/2019\/03\/03\/indice-de-post-de-fouche-el-genio-tenebroso-por-stefan-zweig\/\">INDICE DE POST de \u201cFOUCH\u00c9, El genio tenebroso\u201d, por Stefan Zweig<\/a><\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><span style=\"font-size: 18pt;\"><strong>***<\/strong><\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<figure id=\"attachment_18254\" aria-describedby=\"caption-attachment-18254\" style=\"width: 367px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-18254 size-full\" src=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2019\/04\/gran-pilar.jpg\" alt=\"\" width=\"367\" height=\"599\" srcset=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2019\/04\/gran-pilar.jpg 367w, https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2019\/04\/gran-pilar-184x300.jpg 184w\" sizes=\"auto, (max-width: 367px) 100vw, 367px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-18254\" class=\"wp-caption-text\"><span style=\"color: #008000;\">\u00abEl Gran Pilar del Triunfo\u00bb, un cartel sat\u00edrico sobre el regreso de Napole\u00f3n desde Elba del caricaturista brit\u00e1nico J. Gillray<\/span><\/figcaption><\/figure>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><span style=\"font-size: 24pt;\"><strong>FOUCH\u00c9<\/strong><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><span style=\"font-size: 18pt;\"><em>EL GENIO TENEBROSO<\/em><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><span style=\"font-size: 14pt; color: #008000;\"><strong>STEFAN ZWEIG<\/strong><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">-PARTE IX-<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><strong>CAP\u00cdTULO VIII <\/strong><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><strong>LA LUCHA FINAL CONTRA NAPOLE\u00d3N <\/strong><\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 14pt;\"><strong>(1815, los Cien D\u00edas<a id=\"refnote1a\"><\/a><a href=\"#refnote1\">*<\/a>)<\/strong><\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft wp-image-17054\" src=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/letra-e-238x300.png\" alt=\"\" width=\"253\" height=\"319\" \/>l 19 de marzo de 1815 entran a medianoche -la plaza gigantesca est\u00e1 a oscuras y solitaria- doce coches en el patio del Palacio de las Tuller\u00edas. Se abre una puertecita disimulada, de la que sale, antorcha en mano, un lacayo, y detr\u00e1s de \u00e9l, arrastr\u00e1ndose penosamente, apoyado por dos nobles adictos, un hombre obeso, jadeante de asma: Luis XVIII. Al contemplar al Rey achacoso que, apenas repatriado, despu\u00e9s de un destierro de quince a\u00f1os, tiene que volver a huir, al amparo de la noche, de su pa\u00eds, un profundo sentimiento de compasi\u00f3n se apodera de todos los presentes. La mayor\u00eda dobla la rodilla mientras es subido a la carroza ese hombre a quien los achaques quitan dignidad y a quien su destino tr\u00e1gico envuelve en una aureola de piedad. Los caballos se ponen en marcha, los dem\u00e1s coches le siguen; durante algunos minutos suena sobre las duras piedras la cabalgata de la escolta. Luego vuelve a quedar la plaza gigantesca en silencio hasta el amanecer, hasta la ma\u00f1ana del 20 de marzo: el primero de los Cien D\u00edas del Emperador fugitivo de la isla de Elba. <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">La curiosidad se desliza la primera, se acerca voluntariamente, olfatea ante el palacio para averiguar si huy\u00f3 ya, espantada, la real pieza ante el Emperador; pululan los comerciantes, los holgazanes, los ociosos. Temerosos o contentos, seg\u00fan el car\u00e1cter y la manera de pensar, se comunican las noticias en voz baja. A las diez acude ya el pueblo en masa. Y como siempre, el hombre cobra valor del contacto con la muchedumbre; se aventuran los primeros gritos: Vive l\u2019Empereur! A bas le Roi! <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">Pronto se acerca la caballer\u00eda con los oficiales que estaban a media paga bajo el r\u00e9gimen realista. Vuelven a oler guerra, ocupaci\u00f3n, paga entera, legiones de honor y ascensos con el retorno del Emperador guerrero; y con j\u00fabilo tumultuoso ocupan, al mando de Exelmans, las Tuller\u00edas. (Como tiene lugar el traspaso de mano a mano con tanta tranquilidad, tan sin sangre, sube la renta en la Bolsa algunos puntos.) Al mediod\u00eda se iza de nuevo la bandera tricolor en el viejo Palacio Real sin que hubiese sonado un tiro.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Y ya se presentan cien cortesanos, los \u00abfieles\u00bb de la Corte Imperial, damas de Palacio, criados, trinchantes, mariscales de cocina, viejos consejeros de Estado, maestros de ceremonia, todos los que no pudieron ganar y servir bajo la flor de lis, toda la nobleza nueva que llev\u00f3 Napole\u00f3n a la vida cortesana de las ruinas de la Revoluci\u00f3n. Todos de gala: los generales, los oficiales, las damas&#8230; se ven otra vez brillar con el lujo de diamantes, espadones y condecoraciones. Se abren las habitaciones y se prepara el recibimiento del nuevo se\u00f1or. R\u00e1pidamente se hacen desaparecer los emblemas reales y pronto fulge nuevamente en la seda de los sillones, en vez de la lis real, la abeja napole\u00f3nica. Todos se afanan por estar a tiempo en su sitio, porque se les vea y se les cuente desde un principio entre los \u00abfieles\u00bb. Mientras tanto, se va haciendo de noche. Como en los bailes y grandes recepciones, encienden los lacayos engalonados todos los candelabros y velas; hasta el mismo Arco de Triunfo; lucen las ventanas de Palacio, nuevamente Imperial, y atraen inmensas muchedumbres de curiosos a los jardines de las Tuller\u00edas. <\/span><\/p>\n<figure id=\"attachment_18258\" aria-describedby=\"caption-attachment-18258\" style=\"width: 320px\" class=\"wp-caption alignright\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-18258\" src=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2019\/04\/Napoleon_I_of_France_by_Andrea_Appiani.jpg\" alt=\"\" width=\"320\" height=\"430\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-18258\" class=\"wp-caption-text\"><span style=\"color: #008000;\">Napole\u00f3n, por Andrea Appiani (1805)<\/span><\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Por fin, a las nueve de la noche entra a galope un coche flanqueado y protegido a derecha e izquierda, precedido y seguido de jinetes de todos los grados y rangos, que agitan entusiasmados sus sables (\u00a1pronto podr\u00e1n utilizarlos contra los ej\u00e9rcitos de Europa!). Como una explosi\u00f3n estalla la aclamaci\u00f3n de j\u00fabilo: Vive l\u2019Empereur!, en la masa compacta, resonando en el cuadro vasto de las ventanas sacudidas. Como una ola \u00fanica y fren\u00e9tica se abalanza el mar encrespado de la muchedumbre sobre el coche, y los sables de los soldados tienen que defender al Emperador de este alud de entusiasmo peligroso. Luego le levantan ellos mismos y le suben como una presa sagrada, como un dios de la guerra, respetuosamente, por las escaleras del viejo Palacio, entre el hurac\u00e1n de los v\u00edtores. Sobre los hombros de sus soldados, los ojos cerrados en un exceso de delicia, con una sonrisa extra\u00f1a, espectral casi, en los labios&#8230; As\u00ed vuelve a escalar el trono imperial de Francia el hombre que veinte d\u00edas antes abandon\u00f3 fugitivo la isla de Elba. Es el \u00faltimo triunfo de Napole\u00f3n Bonaparte. Por \u00faltima vez siente el placer de una ascensi\u00f3n inveros\u00edmil: el salto fant\u00e1stico desde las tinieblas hasta las m\u00e1s altas cumbres del Poder. Por \u00faltima vez llega a sus o\u00eddos como un zumbido de tempestad el clamor de los v\u00edtores. Durante unos minutos aspira, con los ojos cerrados y el coraz\u00f3n anhelante, el elixir embriagador del Poder. Despu\u00e9s manda cerrar las puertas de Palacio, ordena a los oficiales que se retiren y hace llamar a los ministros; comienza el trabajo. El hombre de carne ha de defender lo que el Destino puso en sus manos. <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Los salones est\u00e1n atestados de gente que espera al reci\u00e9n llegado. Pero la primera impresi\u00f3n ya le ofrece desenga\u00f1os: los que le han quedado fieles no son los mejores, los m\u00e1s inteligentes, los m\u00e1s importantes. Ve muchos cortesanos y muchos hombres corteses, muchos curiosos y \u00e1vidos de empleo&#8230;; muchos uniformes y pocas cabezas. Casi todos los grandes mariscales faltan, sin excusa; los verdaderos camaradas de su ascensi\u00f3n han permanecido en sus castillos o se han pasado al partido realista; en el mejor caso, permanecen neutrales; la mayor\u00eda son ya sus enemigos. De los ministros est\u00e1 ausente el m\u00e1s inteligente, el m\u00e1s experto: Talleyrand; est\u00e1n ausentes los propios hermanos -reyes nuevos-, las propias hermanas y, sobre todo, la propia mujer y el propio hijo. Ve en la multitud muchos ambiciosos y pocos hombres dignos. A\u00fan vibran en sus o\u00eddos los v\u00edtores de miles de bocas y siente en la sangre su clamor cuando ya empieza el genio clarividente a sentir el primer escalofr\u00edo del peligro en el triunfo. De repente se oye un runr\u00fan en las antesalas de sorpresa y alegr\u00eda en crescendo&#8230; Y entre los uniformes y levitas bordadas se abre respetuosamente un paso. Aunque ha tardado algo, un coche se ha parado ante el Palacio -no esta esperando; llega, se ofrece, pero no con insistencia de peque\u00f1o cortesano- y de \u00e9l sale la figura p\u00e1lida, delgada y de todos bien conocida del Duque de Otranto. Lento, indiferente, los ojos enigm\u00e1ticos, impenetrables, avanza sin dar las gracias por el paso que se le abre; y precisamente esa tranquilidad suya, tan conocida y natural, despierta entusiasmo. \u00ab<strong><em>\u00a1Paso a Fouch\u00e9! \u00a1Es el hombre que necesita el Emperador!<\/em><\/strong>\u00bb Ya se le considera elegido, designado, exigido por la opini\u00f3n p\u00fablica antes de la decisi\u00f3n del Emperador. No viene como solicitante, llega poderoso, grave, majestuoso; y, efectivamente, Napole\u00f3n no le hace esperar; llama inmediatamente al m\u00e1s antiguo de sus ministros, al m\u00e1s fiel de sus enemigos. De su entrevista se sabe tan poco como de aquella primera en que Fouch\u00e9 presto su ayuda al general desertado de Egipto, coadyuvando a su elevaci\u00f3n al Consulado y ali\u00e1ndose a \u00e9l en infiel fidelidad. Cuando, al cabo de una hora, sale Fouch\u00e9 del gabinete, es nuevamente ministro de Polic\u00eda por tercera vez.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<figure id=\"attachment_18262\" aria-describedby=\"caption-attachment-18262\" style=\"width: 696px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-18262\" src=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2019\/04\/napoleon-francia_-300x180.jpg\" alt=\"\" width=\"696\" height=\"416\" srcset=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2019\/04\/napoleon-francia_-300x180.jpg 300w, https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2019\/04\/napoleon-francia_-768x460.jpg 768w, https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2019\/04\/napoleon-francia_-1024x613.jpg 1024w, https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2019\/04\/napoleon-francia_.jpg 1200w\" sizes=\"auto, (max-width: 696px) 100vw, 696px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-18262\" class=\"wp-caption-text\"><span style=\"color: #008000;\">Napole\u00f3n regresa desde Elba <\/span><\/figcaption><\/figure>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">A\u00fan est\u00e1n h\u00famedas las prensas del Mon\u00edteur, que publica el nombramiento del Duque de Otranto como ministro de Napole\u00f3n, y ya se arrepienten secretamente tanto el Emperador como su ministro de haberse vuelto a aliar. Fouch\u00e9 est\u00e1 desenga\u00f1ado; hab\u00eda esperado m\u00e1s. Hace tiempo que no se contenta ya su amor propio exaltado con el cargo inferior de ministro de Polic\u00eda. Lo que en 1796 supon\u00eda salvaci\u00f3n y honor para el muerto de hambre, para el proscrito y despreciado exjacobino Jos\u00e9 Fouch\u00e9, le parece al multimillonario, al bien amado Duque de Otranto, en 1815 , una prebenda miserable. Con el \u00e9xito ha ido creciendo su propia estimaci\u00f3n: s\u00f3lo le atraen los grandes papeles de la escena mundial, el emocionante azar de la diplomacia europea, el continente como mesa de juego y el destino de pa\u00edses enteros como puesta.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Durante diez a\u00f1os se atraves\u00f3 en su camino Talleyrand, el \u00fanico que se le puede equiparar; ahora, cuando este competidor peligroso abandona a Napole\u00f3n, reuniendo en Viena las bayonetas de toda Europa contra el Emperador, se cree Fouch\u00e9 el \u00fanico capacitado para desempe\u00f1ar el Ministerio del Exterior. Pero Napole\u00f3n, desconfiado, y con raz\u00f3n, se niega a poner cartera tan importante en sus manos h\u00e1biles, demasiado h\u00e1biles y desleales, \u00fanicamente el Ministerio de Polic\u00eda le endosa de mala gana; sabe que a su ambici\u00f3n peligrosa hay que echarle por lo menos una miga de Poder para que no muerda; pero a\u00fan en este reducto estrecho le coloca un esp\u00eda, nombrando al m\u00e1s enconado adversario de Fouch\u00e9, el Duque de Rovigo, jefe de la gendarmer\u00eda. As\u00ed se renueva desde el primer d\u00eda de su renovada alianza el viejo juego. Napole\u00f3n dispone una polic\u00eda propia para vigilar a su ministro de Polic\u00eda. Y Fouch\u00e9, por su parte, hace pol\u00edtica al margen y a espaldas de la pol\u00edtica imperial. Los dos se enga\u00f1an, los dos se miran las caras&#8230; De nuevo habr\u00e1 de decidirse quien mantendr\u00e1, a la postre, la primac\u00eda: si el m\u00e1s fuerte o el m\u00e1s h\u00e1bil, el hombre de sangre c\u00e1lida o el hombre de sangre fr\u00eda.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">De mala gana acepta Fouch\u00e9 el Ministerio, pero lo acepta. Este magn\u00edfico y apasionado jugador espiritual tiene un defecto tr\u00e1gico: no puede estar inactivo, no puede permanecer, ni siquiera una hora tan s\u00f3lo, como espectador del gran juego hist\u00f3rico mundial. Ha de tener siempre los naipes en la mano, jugar, barajar, enga\u00f1ar, embaucar, ser fullero y jugar triunfos. Por fuerza tiene que estar sentad o siempre a una mesa&#8230;, es indiferente a cual, si a la mesa del Rey, o a la Imperial, o a la de la Rep\u00fablica; pero tiene que estar presente, avo\u00edr la ma\u00edn dans la Pate, tiene que poner las manos en la masa caliente, no importa en cual; lo importante es ser ministro; de las derechas, de las izquierdas, del Emperador, del Rey, le es indiferente con tal de roer en el hueso del mando. Nunca tendr\u00e1 la fuerza moral y \u00e9tica, ni siquiera la finura de nervios o el orgullo de rehusar un mendrugo de Poder. Siempre estar\u00e1 dispuesto a ofrecer sus servicios. El hombre o la causa no significan nada: el juego es todo para \u00e9l.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Con la misma repugnancia vuelve a tomar Napole\u00f3n a su servicio a Fouch\u00e9. Hace diez a\u00f1os que conoce a este car\u00e1cter de reptil y sabe que no sirve a nadie en el fondo y que s\u00f3lo se deja arrastrar por su pasi\u00f3n del juego pol\u00edtico. Sabe que este hombre le ver\u00e1 caer con la m\u00e1s glacial indiferencia y le abandonar\u00e1 en el momento m\u00e1s peligroso, exactamente igual que abandon\u00f3 a los girondinos, a los terroristas , a Robespierre y a los termidoristas; exactamente igual que abandon\u00f3 y traiciono a Barras -su salvador -, al Directorio, a la Rep\u00fablica y al Consulado. Pero le necesita, o cree necesitarle. As\u00ed como Napole\u00f3n fascina a Fouch\u00e9 con su genio, igualmente, reiteradamente, fascina Fouch\u00e9 a Napole\u00f3n con su actitud. Rechazarle ser\u00eda peligroso; en un momento tan cr\u00edtico no se atreve Napole\u00f3n a tener a Fouch\u00e9 como enemigo. As\u00ed se decide por el menor de los males, ocup\u00e1ndole, distray\u00e9ndole con puestos y empleos, dej\u00e1ndose servir infielmente. \u00abS\u00f3lo los traidores me hicieron saber la verdad\u00bb, dice mas tarde recordando a Fouch\u00e9 en Santa Elena. Hasta en sus momentos de ira m\u00e1s extremada se transparenta respeto hacia las dotes extraordinarias de este hombre mefistof\u00e9lico, pues nada soporta el genio con mayor impaciencia que la mediocridad; enga\u00f1ado a sabiendas, al menos se siente Napole\u00f3n comprendido por Fouch\u00e9. As\u00ed como un sediento que bebe el agua que sabe esta envenenada, prefiere tomar a su servicio a este hombre inteligente. y desleal, que a los fieles e incapaces. <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Diez a\u00f1os de enemistad enconada unen a veces a los hombres con mayor intensidad que una amistad mediocre.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter wp-image-18261\" src=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2019\/04\/napoleon-elba_4b2e2e81_1280x939-300x220.jpg\" alt=\"\" width=\"693\" height=\"508\" srcset=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2019\/04\/napoleon-elba_4b2e2e81_1280x939-300x220.jpg 300w, https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2019\/04\/napoleon-elba_4b2e2e81_1280x939-768x563.jpg 768w, https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2019\/04\/napoleon-elba_4b2e2e81_1280x939-1024x751.jpg 1024w, https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2019\/04\/napoleon-elba_4b2e2e81_1280x939-80x60.jpg 80w, https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2019\/04\/napoleon-elba_4b2e2e81_1280x939.jpg 1280w\" sizes=\"auto, (max-width: 693px) 100vw, 693px\" \/><\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Durante m\u00e1s de diez a\u00f1os ha servido Fouch\u00e9 a Napole\u00f3n, en la actitud del ministro ante su se\u00f1or, como esp\u00edritu al servicio del genio; y siempre durante esos diez a\u00f1os como subalterno, como inferior. En 1815, en la lucha final, es Napole\u00f3n, en verdad, desde un principio, el m\u00e1s d\u00e9bil. Una vez mas -la \u00faltima- ha saboreado la embriaguez de la gloria; como en al as de \u00e1guila le ha tra\u00eddo inesperadamente el Destino desde la isla lejana al trono imperial. Regimientos enviados contra \u00e9l con superioridad num\u00e9rica centuplicada, rinden las armas en cuanto ven su casaca&#8230; En veinte d\u00edas logra el desterrado, que lleg\u00f3 con seiscientos hombres, entrar a la cabeza de un ej\u00e9rcito en Par\u00eds. Y acariciando sus o\u00eddos el trueno del j\u00fabilo de millares de voces, duerme nuevamente en el lecho de los reyes de Francia. Pero \u00a1qu\u00e9 despertar el de los d\u00edas siguientes! \u00a1Qu\u00e9 pronto palidece el sue\u00f1o fant\u00e1stico en la desnudez de la realidad! Es otra vez el Emperador, pero s\u00f3lo de nombre; el mundo, que yac\u00eda esclavo a sus pies, ya no reconoce a su se\u00f1or. Escribe cartas y proclamas, hace promesas apasionadas de paz que son recibidas con una sonrisa de indiferencia y a las que ni siquiera se concede el honor de una respuesta. Los mensajeros enviados por el Emperador a los reyes y pr\u00edncipes son detenidos en las fronteras como contrabandistas y quitados de en medio sin miramientos. Una sola carta llega, dando rodeos, a Viena: Metternich la arroja sin abrir sobre la mesa de conferencias. A su alrededor empieza a notar el vac\u00edo; los antiguos amigos y compa\u00f1eros est\u00e1n dispersos por todas partes: Berthier, Bourrienne, Murat, Eugene Beauharnais, Bernadotte, Augereau, Talleyrand, permanecen en sus posesiones o se unen a sus enemigos. En balde quiere enga\u00f1arse a s\u00ed mismo y a los dem\u00e1s; manda decorar fastuosamente los aposentos de la Emperatriz y del Rey de Roma, como si regresaran a su lado ma\u00f1ana mismo; pero en realidad flirtea Mar\u00eda Luisa con su Conde de Neipperg, y su hijo juega en Schoenbrunn con soldados austriacos de plomo, bajo la mirada vigilante del Emperador Francisco. Ni el propio pa\u00eds reconoce la bandera tricolor. Sublevaciones en el Sur y en el Oeste: los campesinos est\u00e1n hartos de los eternos reclutamientos y disparan sobre los gendarmes que quieren llevarse sus caballos para los ca\u00f1ones. En las calles se leen carteles sat\u00edricos o burlescos que decretan, por ejemplo, en nombre de Napole\u00f3n: <\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px; text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><strong><em>\u00abArticulo 1.\u00ba Anualmente me han de ser entregadas trescientas mil v\u00edctimas.<\/em><\/strong><\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px; text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><strong><em>Art. 2.\u00ba En ciertas circunstancias aumentar\u00e1 el n\u00famero a tres millones.<\/em><\/strong><\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px; text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><strong><em>Art. 3.\u00ba Todas estas v\u00edctimas ser\u00e1n enviadas por correo a la gran matanza\u00bb<\/em><\/strong>. <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">No cabe duda, el mundo quiere paz y todos los esp\u00edritus razonables est\u00e1n dispuestos a mandar al diablo al indeseado si no garantiza la paz. <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">\u00a1Tr\u00e1gico destino! Cuando por primera vez quiere tranquilidad el Emperador-soldado, tranquilidad para \u00e9l y para el mundo, con tal que se le deje el Poder&#8230;, el mundo no le cree ya. Los buenos burgueses, llenos de miedo por sus rentas, no comparten el entusiasmo de los oficiales a media paga y de los profesionales de la guerra a quienes la paz viene a estropear el negocio. Y apenas les da Napole\u00f3n -obligado por las circunstancias- el derecho electoral, le juegan la mala partida de elegir precisamente a aquellos a quienes persigui\u00f3 durante quince a\u00f1os, a los que oblig\u00f3 a permanecer en la oscuridad, a los revolucionarios de 1792: Lafayette y Lanjuinais. Ning\u00fan aliado, pocos verdaderos partidarios en la misma Francia: apenas una persona con quien pueda cambiar impresiones en la intimidad. Descorazonado y confuso vaga el Emperador por el Palacio vac\u00edo. Una extrema laxitud se apodera de sus nervios y de su energ\u00eda; tan pronto vocifera, perdido el dominio de s\u00ed mismo, como cae insensible en un verdadero letargo. Muchas veces se acuesta en pleno d\u00eda para dormir: un cansancio interior, no del cuerpo, sino del alma, le derriba horas enteras como golpeado por una maza de plomo. Una vez le encuentra Carnot en sus aposentos con l\u00e1grimas en los ojos, contemplando fijamente un retrato del Rey de Roma, su hijo; sus confidentes le oyen lamentarse de que su buena estrella le ha abandonado. El im\u00e1n interior siente que se ha traspasado el cenit del \u00e9xito, por eso tiembla y oscila, inestable, la aguja de su voluntad de polo a polo. De mala gana, sin verdadera esperanza, dispuesto a toda concesi\u00f3n, parte al fin a la guerra el mimado de la victoria. Pero nunca cierne su vuelo Nike sobre una cerviz humillada. <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Tal es Napole\u00f3n en 1815: se\u00f1or y Emperador en apariencia, fantasma a merced del destino, revestido con una sombra de Poder. Pero el hombre que tiene a su lado, Fouch\u00e9, se encuentra en aquellos a\u00f1os en la plenitud de su fuerza. El razonamiento acerado y pujante, oculto en la vaina de la astucia, no se gasta tanto como la pasi\u00f3n en rotaci\u00f3n constante, jam\u00e1s se ha sentido Fouch\u00e9 espiritualmente m\u00e1s h\u00e1bil, mas intrigante, m\u00e1s flexible, m\u00e1s audaz que durante los cien d\u00edas transcurridos entre la restauraci\u00f3n y el derrumbamiento del Imperio. No hacia Napole\u00f3n, sino hacia \u00e9l, se dirigen las miradas, esperando la salvaci\u00f3n. Todos los partidos -fen\u00f3meno fant\u00e1stico- tienen m\u00e1s confianza en el ministro del Emperador que en el Emperador mismo. Luis XVIII, los republicanos, los realistas, Londres, Viena, todos ven en Fouch\u00e9 el \u00fanico hombre con quien se puede negociar; su prudencia fr\u00eda y calculadora da m\u00e1s esperanzas a un mundo extenuado y necesitado de paz que el genio de Napole\u00f3n, oscilante, inquieto en el mar de la confusi\u00f3n. Y los que niegan el t\u00edtulo de Emperador al \u00abGeneral Bonaparte\u00bb, respetan el cr\u00e9dito personal de Fouch\u00e9. Las mismas fronteras en las que son apresados sin miramientos los agentes de Estado de la Francia Imperial se abren, como tocadas por llave m\u00e1gica, a los mensajeros secretos del Duque de Otranto. Wellington, Metternich, Talleyrand, Orle\u00e1ns, el Zar y el Rey, todos reciben con gusto y con la mayor cortes\u00eda a sus emisarios; de pronto, el que hab\u00eda enga\u00f1ado siempre a todos, resulta el \u00fanico jugador leal en este juego cosmopolita. Basta que mueva un dedo y se cumpla su voluntad. La Vend\u00e9e se subleva, una lucha sangrienta amenaza al pa\u00eds; basta que Fouch\u00e9 mande un mensaje para que se evite, con una sola entrevista, la guerra civil.<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px; text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><strong> \u00ab\u00bf<em>Para qu\u00e9 <\/em><\/strong>-dice, calculando sinceramente- <strong><em>derramar a\u00fan sangre francesa<\/em>?\u00a0<em>En un par de meses el Emperador o habr\u00e1 vencido o estar\u00e1 perdido irremisiblemente.<\/em> \u00ab\u00bf<em><strong>Para<\/strong> qu\u00e9, pues, luchar por algo que probablemente tendr\u00e9is m\u00e1s tarde sin lucha? \u00a1Guardad las armas y esperad!<\/em>\u00bb<\/strong> <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Y en el acto cierran los generales realistas -convencidos por estas explicaciones fr\u00edas y l\u00f3gicas &#8211; el pacto aconsejado. Todo el extranjero, todo el pa\u00eds se dirige en primer lugar a Fouch\u00e9; no se toma ninguna resoluci\u00f3n en el Parlamento sin \u00e9l. Impotente tiene que ver Napole\u00f3n c\u00f3mo le paraliza el brazo su criado cuando \u00e9l quisiera atacar; c\u00f3mo dirige las elecciones en el pa\u00eds contra \u00e9l y pone trabas en el camino de su voluntad desp\u00f3tica con un Parlamento de ideas republicanas. En vano quisiera librarse ahora de \u00e9l: la \u00e9poca autocr\u00e1tica pas\u00f3, pasaron los tiempos en que se mandaba al Duque de Otranto, como a un criado molesto, con un par de millones al retiro; hoy puede arrojar con m\u00e1s facilidad del trono el ministro al Emperador, que el Emperador de su cargo ministerial al Duque de Otranto.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<figure id=\"attachment_18306\" aria-describedby=\"caption-attachment-18306\" style=\"width: 690px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-18306\" src=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2019\/04\/batalla-waterloo-1815-300x150.jpg\" alt=\"\" width=\"690\" height=\"345\" srcset=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2019\/04\/batalla-waterloo-1815-300x150.jpg 300w, https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2019\/04\/batalla-waterloo-1815.jpg 660w\" sizes=\"auto, (max-width: 690px) 100vw, 690px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-18306\" class=\"wp-caption-text\"><span style=\"color: #008000;\">Batalla de Waterloo <\/span><\/figcaption><\/figure>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Estas semanas de pol\u00edtica obstinada, pero razonable; multiforme, pero clara, pueden situarse entre lo m\u00e1s perfecto de la historia mundial de la diplomacia. Ni un adversario personal, como el idealista Lamartine, puede negar su tributo de admiraci\u00f3n al genio maquiav\u00e9lico de Fouch\u00e9:<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px; text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><strong><em> \u00abHay que reconocer -escribe- que demostr\u00f3 una audacia extraordinaria y un valor en\u00e9rgico en el desempe\u00f1o de su misi\u00f3n. Se jugaba diariamente la cabeza, que pod\u00eda caer a la primera reacci\u00f3n de verg\u00fcenza o de ira que estallara en el pecho de Napole\u00f3n. De todos los supervivientes de la \u00e9poca de la Convenci\u00f3n era el \u00fanico que no se mostraba desgastado ni menguado en su audacia. La audacia de sus maniobras le hab\u00eda colocado en una situaci\u00f3n angustiosamente comprometida, cogido, por una parte, entre la tiran\u00eda, que resurg\u00eda, y la libertad, que intentaba revivir; entre Napole\u00f3n, que sacrificaba la patria a sus intereses, y Francia, que no quer\u00eda dejarse desangrar por un s\u00f3lo hombre. Y Fouch\u00e9 conten\u00eda al Emperador, adulaba a los republicanos, tranquilizaba a Francia, insinuaba corteses ademanes a Europa, sonre\u00eda a Luis XVIII, negociaba con las Cortes extranjeras, se entend\u00eda por medio de gestos t\u00e1cticos con el se\u00f1or de Talleyrand y lograba mantener el equilibrio en todo con su actitud&#8230;Era el suyo un papel c\u00e9ntuple, dif\u00edcil, tan vil como sublime, pero enorme siempre, y al que la Historia no ha prestado hasta hoy la debida atenci\u00f3n. Un papel sin nobleza de alma, pero no sin amor patrio y sin valent\u00eda, y que pon\u00eda al s\u00fabdito a la altura de su Soberano, al ministro sobre su Emperador, haci\u00e9ndole arbitro entre el Imperio, la Restauraci\u00f3n y la Libertad, aunque arbitro por su doble personalidad. La Historia, mientras condena a Fouch\u00e9, no podr\u00e1 negarle audacia en su actitud durante el per\u00edodo de los Cien D\u00edas, altura pol\u00edtica en su t\u00e1ctica con los partidos y grandeza en la intriga. Todo esto lo colocar\u00eda al lado de los grandes estadistas del siglo si existieran verdaderos hombres de Estado sin virtud y sin dignidad de car\u00e1cter.\u00bb <\/em><\/strong><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Con tal clarividencia juzga al hombre de Estado el poeta Lamartine, que fu\u00e9 contempor\u00e1neo suyo y sinti\u00f3 las vibraciones de aquel ambiente. La leyenda napole\u00f3nica, que comienza cincuenta a\u00f1os m\u00e1s tarde, cuando ya se han podrido los diez millones de muertos, cuando est\u00e1n ya enterrados todos los inv\u00e1lidos y aliviada Europa de las devastaciones, juzga, naturalmente, con mas severidad e injusticia a Fouch\u00e9. Toda leyenda heroica es siempre una especie de retaguardia espiritual de la Historia y, como toda retaguardia, exige con mucha facilidad las virtudes que no tiene que poner en pr\u00e1ctica: sacrificios ilimitados de vidas humanas, consagraci\u00f3n absoluta a la locura heroica, a la muerte heroica por causa extra\u00f1a, a la que ha de tributar una fidelidad absurda. La leyenda napole\u00f3nica, con su sistema de contraste violento, solo conoce \u00abLeales\u00bb y \u00abTraidores\u00bb a su h\u00e9roe; no distingue entre el primer Napole\u00f3n, el C\u00f3nsul que devolvi\u00f3 a su pa\u00eds la paz y el orden, por la inteligencia y la energ\u00eda, y el Napole\u00f3n de la locura ces\u00e1rea, el monoman\u00edaco de la guerra, que empujaba al mundo constantemente, sin miramientos, a aventuras asesinas s\u00f3lo por su voluntad, por el deleite del Poder, y que dijo a Metternich aquellas palabras dignas de Tamerl\u00e1n: <em><strong>\u00abA un hombre como yo le tiene sin cuidado la vida de un mill\u00f3n de seres\u00bb<\/strong><\/em>. A todo franc\u00e9s prudente que quiso oponerse con ideas moderadas a esta ambici\u00f3n fren\u00e9tica del genio demon\u00edaco que corr\u00eda tras su propia perdici\u00f3n, a todo el que no quiso encadenarse a vida o muerte como un\u00a0 perro o un esclavo a su carro de triunfo, a Talleyrand, a Bourrienne, a Murat, a todos los arroja la leyenda a su infierno con furor dantesco. Y sobre todo, Fouch\u00e9 es para ellos el traidor de los traidores, el architraidor, el advocatus diaboli. Seg\u00fan su punto de vista, entr\u00f3 Fouch\u00e9 en 1815 en el ministerio \u00fanicamente para estar cerca del Emperador y poder asestarle en el momento oportuno la pu\u00f1alada, vendido de antemano a Luis XVIII y a Europa. Se pretende que ya el 20 de marzo mand\u00f3 decir a los mon\u00e1rquicos: <strong>\u00ab<\/strong><em><strong>Salven ustedes al Rey, yo me comprometo a salvar la Monarqu\u00eda\u00bb<\/strong>. <\/em>Igualmente se pretende que el d\u00eda que recibi\u00f3 la cartera dijo confidencialmente a su Sancho Panza:<strong><em> \u00ab\u00a1Mi primera obligaci\u00f3n es obstruir todos los proyectos del Emperador; dentro de tres meses ser\u00e9 m\u00e1s fuerte que \u00e9l, y si hasta ahora no me ha mandado fusilar, tendr\u00e1 que arrodillarse ante m\u00ed<\/em>\u00bb<\/strong>. Es demasiado exacta en los datos esta profec\u00eda para no haber sido inventada a posteriori. <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Pero pretender que Fouch\u00e9 entrara en el ministerio de Napole\u00f3n pagado de antemano como esp\u00eda de Luis XVIII es despreciarle miserablemente, y, sobre todo, supone un absoluto desconocimiento de su magn\u00edfica complicaci\u00f3n psicol\u00f3gica, de lo misterioso y demon\u00edaco de su car\u00e1cter. No es que Fouch\u00e9, amoral y maquiav\u00e9lico perfecto, hubiera sido incapaz, en un momento dado, de esta traici\u00f3n (como de cualquier otra); pero semejante bajeza era demasiado simple, demasiado poco atractiva para su genio de jugador audaz. Enga\u00f1ar burdamente a un hombre, aunque sea un Napole\u00f3n, no va bien con su estilo.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Su \u00fanico placer es enga\u00f1ar a todo el mundo, no dar seguridad a nadie y atraerlos a todos, jugar con todos y contra todos a la vez, no obrar nunca de acuerdo con premeditados proyectos, sino siguiendo el impulso de sus nervios, ser un Proteo, dios de la metamorfosis, no un Franz Moor, un Ricardo III, un intrigante consecuente; s\u00f3lo el papel brillante, lleno de sorpresas, entusiasma a su naturaleza apasionada de diplom\u00e1tico. Ama las dificultades precisamente por las dificultades mismas, y las aumenta artificialmente a un grado doble, cu\u00e1druple; no es el simple traidor: es m\u00faltiple, universal, es un traidor nato. Y as\u00ed pudo decir de \u00e9l, quien m\u00e1s a fondo le conoc\u00eda, Napole\u00f3n, en Sana Elena, con palabra profunda: <em><strong>\u00ab\u00a1S\u00f3lo un traidor verdadero, perfecto, he conocido: Fouch\u00e9!\u00bb<\/strong> <\/em>Traidor acabado, no ocasional; un verdadero genio en la traici\u00f3n, eso era \u00e9l, pues la traici\u00f3n esta menos en su intenci\u00f3n, en su t\u00e1ctica, que en su naturaleza \u00edntima. Se comprender\u00e1 quiz\u00e1 mejor su car\u00e1cter por analog\u00eda con los dobles esp\u00edas, tan conocidos en la guerra, que llevan secretos a potencias extranjeras para poder atisbar, de paso, otros secretos m\u00e1s valiosos, y que con tanto traer y llevar, al cabo no saben ya, en realidad, a que potencia sirven. Pagados por unos y por otros, sin ser fieles a nadie, est\u00e1n entregados en verdad s\u00f3lo a un juego, al doble juego de traer y llevar, de introducirse en los secretos: un placer, por otra parte, inmaterial casi; una voluptuosidad mortal y diab\u00f3lica. S\u00f3lo cuando la balanza se inclina definitivamente de un lado, se desecha la pasi\u00f3n del juego y se impone la raz\u00f3n para cobrar la ganancia. Cuando la victoria se ha decidido, entonces se decide Fouch\u00e9&#8230; As\u00ed lo hizo en la Convenci\u00f3n, bajo el Directorio, bajo el Consulado y bajo el Imperio. Mientras dura la lucha, no est\u00e1 con nadie, para estar siempre al final con el vencedor. Si en Waterloo, Grouchy hubiera llegado a tiempo, hubiese sido Fouch\u00e9 (al menos por una temporada) ministro convencido de Napole\u00f3n. Como \u00e9ste pierde la batalla, le abandona. Sin pretender defenderse, ha dicho \u00e9l mismo, con su cinismo acostumbrado, las palabras definidoras de su actitud durante los Cien D\u00edas: <em><strong>\u00abNo he sido yo quien ha traicionado a Napole\u00f3n, ha sido Waterloo\u00bb.<\/strong> <\/em><\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<figure id=\"attachment_18259\" aria-describedby=\"caption-attachment-18259\" style=\"width: 710px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-18259\" src=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2019\/04\/napoleon-hacia-inglaterra-300x203.jpg\" alt=\"\" width=\"710\" height=\"479\" srcset=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2019\/04\/napoleon-hacia-inglaterra-300x203.jpg 300w, https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2019\/04\/napoleon-hacia-inglaterra-768x519.jpg 768w, https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2019\/04\/napoleon-hacia-inglaterra-1024x692.jpg 1024w, https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2019\/04\/napoleon-hacia-inglaterra.jpg 1078w\" sizes=\"auto, (max-width: 710px) 100vw, 710px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-18259\" class=\"wp-caption-text\"><span style=\"color: #008000;\">Napole\u00f3n a bordo del Bellerophon, el buque ingl\u00e9s que le llev\u00f3 prisionero a Inglaterra, pintura de Sir William Quiller Orchardson<\/span><\/figcaption><\/figure>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Pero es, no obstante, muy comprensible que enfurezca a Napole\u00f3n este doble juego de su ministro. Pues ahora le va a la cabeza en el juego. Todas las ma\u00f1anas entra en su aposento, como hace un decenio, este hombre enjuto, delgado, p\u00e1lido y sin sangre en la cara, con su levita bordada, y le da cuenta de la situaci\u00f3n con palabras pulcras, claras e irreprochables. Nadie abarca mejor los acontecimientos, nadie sabe presentar m\u00e1s claramente la situaci\u00f3n de los pa\u00edses; todo lo penetra y todo lo ve.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">As\u00ed lo comprende Napole\u00f3n con la superioridad del genio y, sin embargo, nota, al mismo tiempo, que Fouch\u00e9 no le dice todo lo que sabe. Tiene conocimiento de que el Duque de Otranto recibe mensajeros de las potencias extranjeras; sabe que por la ma\u00f1ana, por la tarde, por la noche, recibe su propio ministro de Gabinete agentes realistas sospechosos; que a puerta cerrada tiene conferencias con ellos; que sostiene relaciones sobre las que no le da una sola referencia a \u00e9l, a su Emperador. Pero \u00bfsucede esto verdaderamente, como Fouch\u00e9 le quiere hacer creer, s\u00f3lo para obtener informaciones, o se urden all\u00ed intrigas secretas? \u00a1Horrible incertidumbre para un acosado, cercado por cien enemigos! Es en vano que le pregunte con amabilidad, que le amoneste, que le agobie de sospechas graves: los labios delgados permanecen cerrados, inalterables; los ojos, insensibles como el cristal. No se puede penetrar a Fouch\u00e9, no se le puede arrancar su secreto. Napole\u00f3n medita c\u00f3mo cogerle. <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">\u00bfC\u00f3mo saber, por fin, si el hombre a quien deja mirar todas sus cartas le traiciona o traiciona a sus enemigos? \u00bfC\u00f3mo asir al insensible, como penetrar al impenetrable? <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">La casualidad parece brindar, por fin, una soluci\u00f3n, por lo menos una huella, un vestigio, casi una prueba. En abril descubre la polic\u00eda secreta -esa polic\u00eda que sostiene el Emperador expresamente para vigilar a su ministro de Polic\u00eda- la llegada a Par\u00eds de un supuesto empleado de una casa de banca de Viena, que inmediatamente se dirigi\u00f3 en busca del Duque de Otranto. <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Siguen al mensajero, le detienen y -naturalmente, sin que lo sepa el ministro de Polic\u00eda, Fouch\u00e9-\u00a0 le trasladan a un pabell\u00f3n del Eliseo, a presencia de Napole\u00f3n. All\u00ed se le amenaza con fusilarlo inmediatamente, y tanto se le amedrenta que, por fin, confiesa haber entregado a Fouch\u00e9 una carta de Metternich, escrita con tinta simp\u00e1tica; carta que anuncia y prepara una conferencia de enviados confidenciales en Basilea. Napole\u00f3n centellea de ira: cartas as\u00ed, con maquinaciones semejantes del ministro enemigo a su propio ministro, son un delito de alta traici\u00f3n. Y es natural que su primer pensamiento sea el de detener inmediatamente al servidor infiel y mandar confiscar sus papeles. Pero sus confidentes le aconsejan no hacerlo; le dicen que a\u00fan no se ten\u00eda una prueba decisiva y que, sin duda, no se encontrar\u00eda -dada la cautela caracter\u00edstica del Duque de Otranto- en sus papeles ni se\u00f1al de sus maquinaciones. As\u00ed decide, de pronto, el Emperador poner a prueba la lealtad de Fouch\u00e9. Le manda llamar y le habla con un disimulo no acostumbrado en \u00e9l -en realidad aprendido de su propio ministro-, sondeando la situaci\u00f3n. <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><strong>\u00ab<em>\u00bfNo ser\u00eda posible <\/em><\/strong><em>&#8211;<\/em>insin\u00faa-<strong><em> entrar en relaciones con Austria?<\/em>\u00bb<\/strong> Fouch\u00e9, sin sospechar que hab\u00eda contado el mensajero toda la historia, no menciona ni con una palabra la carta de Metternich. Indiferente, aparentemente indiferente, le despide el Emperador, plenamente convencido ya de la canallada de su ministro. Mas para tener una prueba completa de convicci\u00f3n pone en escena -en momentos en que su estado de \u00e1nimo rebosa amargura- una farsa refinada con todo el quid pro quo de una comedia de Moliere&#8230; Por el agente se sabe la contrase\u00f1a para la entrevista con el confidente de Metternich. Y el Emperador env\u00eda un emisario que debe presentarse como confidente de Fouch\u00e9: el agente austriaco le har\u00e1, sin duda, todas las revelaciones, y al fin sabr\u00e1 el Emperador, adem\u00e1s de esto, no solamente si le traiciono Fouch\u00e9, sino hasta qu\u00e9 punto. En la misma noche parte el mensajero de Napole\u00f3n: dos d\u00edas despu\u00e9s estar\u00e1 desenmascarado Fouch\u00e9, que habr\u00e1 ca\u00eddo en su propia trampa. <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Pero a un \u00e1guila o a una serpiente, a un animal de sangre fr\u00eda, no se le puede coger con la mano&#8230; por mucho que se apriete. <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">La comedia que pone en escena el Emperador tiene tambi\u00e9n, como toda comedia perfecta, una acci\u00f3n refleja, casi un doble fondo. Si Napole\u00f3n tiene a espaldas de Fouch\u00e9 a su polic\u00eda secreta, tambi\u00e9n tiene Fouch\u00e9 a espaldas de Napole\u00f3n sus escribientes sobornados, sus confidentes secretos, y sus esp\u00edas no trabajan con menos rapidez que los del Emperador. El mismo d\u00eda en que parte el agente de Napole\u00f3n para la mascarada del hotel de los \u00abTres Reyes\u00bb, de Basilea, descubre Fouch\u00e9 el pastel: uno de los \u00abconfidentes\u00bb de Napole\u00f3n le ha contado el \u00abargumento\u00bb de la comedia. Y el que deb\u00eda ser sorprendido, sorprende a su vez a su propio se\u00f1or, a la ma\u00f1ana siguiente, en el reportaje diario. En medio de la conversaci\u00f3n se pasa repentinamente la mano por la frente, con el aire distra\u00eddo de quien acaba de acordarse de alguna bagatela sin la menor importancia: <strong>\u00ab<\/strong><em><strong>\u00a1Ah, sire! Hab\u00eda olvidado decir que he recibido una carta de Metternich; como uno est\u00e1 ocupado con asuntos m\u00e1s importantes&#8230; Adem\u00e1s, su mensajero no me entrego los polvos para hacer inteligible la escritura y sospech\u00e9 un enga\u00f1o. As\u00ed no he podido referirme a ello hasta hoy\u00bb. <\/strong><\/em><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">El Emperador no puede dominarse. <em><strong>\u00abEs usted un traidor, Fouch\u00e9<\/strong><\/em> -grita-; <em><strong>deb\u00eda mandarle al pat\u00edbulo.\u00bb<\/strong><\/em> <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><em><strong>\u00abNo soy de esa opini\u00f3n, Majestad\u00bb,<\/strong><\/em> contesta imp\u00e1vido el ministro con la mayor sangre fr\u00eda.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter wp-image-18307 size-mh-magazine-content\" src=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2019\/04\/detalle-batalla-waterloo-678x381.jpg\" alt=\"\" width=\"678\" height=\"381\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Napole\u00f3n tiembla de ira. Otra vez se le ha escurrido el Fra Diavolo con esta confesi\u00f3n indeseada, hecha antes de tiempo. Y <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">el agente, que dos d\u00edas despu\u00e9s le trae el relato de la entrevista de Basilea, tiene poco decisivo que comunicar y mucho desagradable. Poco decisivo, puesto que de la actitud del agente austriaco se deduce que Fouch\u00e9 fue demasiado astuto para ponerse en evidencia, limit\u00e1ndose a poner en pr\u00e1ctica, a espaldas de su se\u00f1or, su maniobra favorita de tener todas las posibilidades en una mano. Pero tambi\u00e9n trae mucho desagradable el mensajero: las potencias est\u00e1n conformes con todas las formas de Gobierno en Francia, con todas, excepto con el imperio, con Napole\u00f3n Bonaparte. Furioso, se muerde los labios el Emperador. Su potencialidad se ha paralizado. Quiso sorprender por la espalda al hombre tenebroso y en este duelo recibi\u00f3 una herida mortal desde la sombra.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">La parada de Fouch\u00e9 ha hecho fallar el momento preciso del ataque. Pero Napole\u00f3n se da cuenta exacta: <em><strong>\u00abEs evidente que me traiciona <\/strong>-dice a sus confidentes-.<strong> Y siento no haberle echado antes de que me comunicara sus relaciones con Metternich. <\/strong><\/em><em><strong>Ahora ha pasado el momento y falta un pretexto. Divulgar\u00eda por todas partes que soy un tirano que todo lo sacrifica a su perspicacia\u00bb<\/strong><\/em>. Con absoluta clarividencia reconoce el Emperador la superioridad de Fouch\u00e9; pero sigue luchando hasta el \u00faltimo momento, intentando la posibilidad de atraerse a este esp\u00edritu todo doblez o sorprenderle, por lo menos, y eliminarle. <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Utiliza todos los medios, hace la prueba con confianza, con amabilidad, con benevolencia, con prudencia&#8230; Pero su fuerte voluntad rebota impotente en esta piedra labrada en todas sus facetas, en todas igualmente fr\u00eda y reluciente; a los diamantes se los puede machacar o tirar, pero no penetrarlos. Por fin pierde los nervios, atormentado por la desconfianza. Carnot cuenta la escena en que se descubre dram\u00e1ticamente la impotencia del Emperador: <em><strong>\u00abMe traiciona usted, Duque de Otranto; tengo pruebas de ello\u00bb<\/strong><\/em>, grita Napole\u00f3n una vez en pleno Consejo de Ministros al hombre imp\u00e1vido; y a\u00f1ade, cogiendo un cuchillo de marfil que est\u00e1 sobre la mesa:<em><strong> \u00abTome aqu\u00ed este cuchillo y cl\u00e1vemelo en el pecho; eso ser\u00eda mas leal que lo que usted hace.<\/strong> <strong>Estar\u00eda en mis manos mandarle fusilar y todo el mundo aprobar\u00eda ese acto. Pero si usted me pregunta por qu\u00e9 no lo hago, yo le dir\u00e9 que porque le desprecio, porque no pesa usted una onza en mi balanza\u00bb.<\/strong> <\/em>Puede advertirse que su desconfianza se ha convertido en ira; su sufrimiento, en odio. Nunca le olvidar\u00e1 a este hombre el haberlo provocado de tal manera; y eso lo sabe muy bien Fouch\u00e9. Pero calcula con claridad mental las escasas posibilidades que le restan al Emperador. <em><strong>\u00abDentro de cuatro semanas todo habr\u00e1 terminado con este furibundo\u00bb<\/strong><\/em>, dice prof\u00e9tico y despreciativo a un amigo. Por eso no piensa en pactar, ni mucho menos. Uno de los dos ha de abandonar el campo despu\u00e9s de la batalla decisiva: Napole\u00f3n o \u00e9l. Sabe que Napole\u00f3n ha anunciado que el primer mensajero del campo de batalla victorioso llevara a Par\u00eds la orden de su destituci\u00f3n, quiz\u00e1 la orden de detenci\u00f3n&#8230;<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<figure id=\"attachment_18266\" aria-describedby=\"caption-attachment-18266\" style=\"width: 590px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-18266\" src=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2019\/04\/wellington-waterloo-300x227.jpg\" alt=\"\" width=\"590\" height=\"447\" srcset=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2019\/04\/wellington-waterloo-300x227.jpg 300w, https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2019\/04\/wellington-waterloo-80x60.jpg 80w, https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2019\/04\/wellington-waterloo.jpg 528w\" sizes=\"auto, (max-width: 590px) 100vw, 590px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-18266\" class=\"wp-caption-text\"><span style=\"color: #008000;\">Wellington en Waterloo<\/span><\/figcaption><\/figure>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">El reloj del tiempo retrocede veinte a\u00f1os de un golpe: 1793. El hombre m\u00e1s poderoso de su \u00e9poca, Robespierre, anuncia con igual decisi\u00f3n que quince d\u00edas despu\u00e9s hab\u00eda de caer una cabeza: la de Fouch\u00e9 o la suya. Pero el Duque de Otranto tiene ahora la conciencia de su propio valor. Y con aire de superioridad recuerda a uno de sus amigos, que le aconseja que se guarde de la ira de Napole\u00f3n, aquella amenaza de anta\u00f1o del puritano revolucionario. Y a\u00f1ade sonriente: <em><strong>\u00abPero cay\u00f3 la suya\u00bb.<\/strong> <\/em><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">El 18 de junio empiezan a tronar repentinamente los ca\u00f1ones ante el templo de los Inv\u00e1lidos. Los habitantes de Par\u00eds se estremecen entusiasmados. Hace quince a\u00f1os que conocen esta voz de bronce. Se ha logrado una victoria: se ha logrado una batalla&#8230; El Moniteur anuncia la derrota completa de Bluecher y de Wellington. Las masas afluyen entusiasmadas a los bulevares con animaci\u00f3n dominguera. La tendencia general de opini\u00f3n, que vacilaba a\u00fan pocos d\u00edas antes, se trueca, de pronto, en simpat\u00eda y entusiasmo por el Emperador, \u00fanicamente el m\u00e1s fino bar\u00f3metro, la Renta, baja cuatro puntos, pues cada victoria de Napole\u00f3n significa la prolongaci\u00f3n de la guerra. Y un s\u00f3lo hombre quiz\u00e1 tiembla en su interior al o\u00edr las detonaciones del bronce: Fouch\u00e9. Puede costarle la cabeza la victoria del d\u00e9spota. <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Pero tr\u00e1gica iron\u00eda: a la misma hora en que disparan sus salvas los ca\u00f1ones franceses en Par\u00eds, destruyen los ca\u00f1ones ingleses en Waterloo las columnas de infanter\u00eda y de la guardia; y mientras se ilumina la capital, mal informada, huyen los \u00faltimos restos del ej\u00e9rcito disperso ante las nubes de polvo que levanta el galope de la caballer\u00eda prusiana. <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">A\u00fan le queda un segundo d\u00eda de confianza a Par\u00eds despreocupado. El d\u00eda 20 empiezan a conocerse las noticias funestas.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">P\u00e1lida, con los labios temblorosos, susurra la gente los rumores inquietantes. En las casas, en las calles, en la Bolsa, en los cuarteles, en todas partes se cuchichea y habla de una cat\u00e1strofe, a pesar de que los peri\u00f3dicos callan como paralizados. Todos hablan, titubean, gru\u00f1en, se quejan y esperan en la capital, s\u00fabitamente amedrentada. <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Uno solo act\u00faa: Fouch\u00e9. Apenas recibe (naturalmente, antes que nadie) la noticia de Waterloo, considera ya a Napole\u00f3n como a un cad\u00e1ver gravoso que hay que hacer desaparecer r\u00e1pidamente. Y en el acto pone su mano en la pala para cavar la fosa. Enseguida escribe al Duque de Wellington para estar de antemano en contacto con el vencedor; al mismo tiempo advierte a los diputados, con una clarividencia psicol\u00f3gica sin igual, que Napole\u00f3n intentar\u00e1, ante todo, mandarlos a casa. <em><strong>\u00abVolver\u00e1 mas furioso que nunca y pedir\u00e1 en el acto la dictadura.\u00bb<\/strong> <\/em>\u00a1Hay que anticiparse, atravesarse en su camino! La misma noche est\u00e1 ya preparado el Parlamento, ganado el Consejo de Ministros contra el Emperador; se le ha quitado a Napole\u00f3n la \u00faltima posibilidad de tomar nuevamente las riendas del mando. Y todo antes de que haya puesto su pie en Par\u00eds. El se\u00f1or, el hombre del momento no es ya Napole\u00f3n Bonaparte, sino, al fin -\u00a1al fin &#8230; !-, Jos\u00e9 Fouch\u00e9. <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Poco antes del amanecer, envuelto en la capa negra de la noche como en un pa\u00f1o mortuorio, atraviesa una carroza vieja (la suya, con el tesoro del Trono; la espada y los papeles, se los llevo Bluecher como bot\u00edn) las puertas de Par\u00eds, camino del Eliseo. Quien escribi\u00f3 seis d\u00edas antes en su orden del d\u00eda pat\u00e9ticamente: \u00abPara cada franc\u00e9s que tenga valor, ha llegado el momento de vencer o morir\u00bb, ni ha vencido ni ha muerto; pero en Waterloo y en Ligny han muerto sesenta mil hombres por \u00e9l. <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Ahora vuelve r\u00e1pidamente, como de Egipto, como de Rusia, para salvar el Poder. Deliberadamente ha mandado retardar la marcha del coche para llegar secretamente, cubierto por la oscuridad. Y en vez de ir directamente a las Tuller\u00edas, para entrar con los representantes del pueblo franc\u00e9s en su Palacio imperial, esconde sus nervios abatidos en el Eliseo, mas peque\u00f1o y apartado.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Un hombre cansado, maltrecho, se apea del coche, balbuceando palabras incoherentes, perturbadas, buscando, demasiado tarde, explicaciones y excusas para lo inevitable. Un ba\u00f1o caliente le repone; despu\u00e9s re\u00fane su Consejo. Inquietos, vacilantes entre la ira y la compasi\u00f3n, respetuosos, sin el sentimiento \u00edntimo del respeto, escuchan las frases perturbadas y febriles del vencido, que fantasea de nuevo sobre cien mil hombres que quiere levantar, acerca de la requisa de los caballos de lujo; y les explica (a ellos, que saben perfectamente que no se pueden sacar cien mil hombres m\u00e1s del pa\u00eds agotado) c\u00f3mo en quince d\u00edas puede volver a atacar otra vez a los aliados con doscientos mil hombres. Los ministros, entre ellos Fouch\u00e9, permanecen con las frentes humilladas. Saben que esas alucinaciones de fiebre s\u00f3lo son las \u00faltimas convulsiones de la gigantesca voluntad de Poder que no quiere morir en este tit\u00e1n. Exige precisamente lo que Fouch\u00e9 previ\u00f3: la dictadura, la uni\u00f3n de todo poder militar y pol\u00edtico en una sola mano, en la suya. Tal vez pide esto s\u00f3lo para que se lo nieguen los ministros, para endosarles m\u00e1s tarde, ante la Historia, la culpa de haberle arrebatado la \u00faltima posibilidad de victoria (la \u00e9poca presente ofrece analog\u00edas de semejantes transferencias).<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<figure id=\"attachment_18265\" aria-describedby=\"caption-attachment-18265\" style=\"width: 620px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-18265 size-full\" src=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2019\/04\/waterloo.jpeg\" alt=\"\" width=\"620\" height=\"356\" srcset=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2019\/04\/waterloo.jpeg 620w, https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2019\/04\/waterloo-300x172.jpeg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 620px) 100vw, 620px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-18265\" class=\"wp-caption-text\"><span style=\"color: #008000;\">Batalla de Waterloo<\/span><\/figcaption><\/figure>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Pero los ministros se manifiestan con mucha cautela, con el pudor de herir con una palabra a este hombre atormentado y delirante. S\u00f3lo Fouch\u00e9 no necesita hablar. Calla, pues es el \u00fanico que se ha anticipado a actuar, tomando todas las medidas para impedir este \u00faltimo ataque de Napole\u00f3n al Poder. Con la curiosidad objetiva del m\u00e9dico que observa fr\u00edamente las \u00faltimas convulsiones agitadas de un moribundo y calcula de antemano cu\u00e1ndo se detendr\u00e1 el pulso, cuando se quebrara la resistencia, escucha sin compasi\u00f3n las frases vanas, fren\u00e9ticas; ni una palabra sale de sus labios delgados, sin sangre. Moribundus: un extraviado, un despose\u00eddo&#8230; \u00a1A qu\u00e9, todav\u00eda, sus palabras desesperadas! Sabe que mientras el Emperador se alucina para embriagar a los dem\u00e1s con fantas\u00edas forzadas, deciden los diputados a mil pasos de all\u00ed, en las Tuller\u00edas, con despiadada l\u00f3gica, de acuerdo con el mando y voluntad, libres por fin, de Jos\u00e9 Fouch\u00e9. <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">\u00c9l, personalmente -igual que el 9 de Termidor -, no se presenta el 21 de junio en la Asamblea de diputados. Ha colocado -eso le basta-\u00a0 sus bater\u00edas en la sombra, ha planeado la batalla, ha escogido el momento y ha elegido el hombre propicio para el ataque: la contrafigura tr\u00e1gica, casi grotesca, de Napole\u00f3n: Lafayette. Repatriado hace un cuarto de siglo como h\u00e9roe de la guerra de la Independencia americana, siendo un arist\u00f3crata casi adolescente, y coronado, sin embargo, con la gloria de dos mundos, portaestandarte de la Revoluci\u00f3n, palad\u00edn de la nueva idea, \u00eddolo de su pueblo, ha conocido Lafayette temprano, demasiado temprano, todos los \u00e9xitos del Poder. Y de pronto surge de la nada, del dormitorio de Barras, un peque\u00f1o corso, un teniente de casaca ra\u00edda y tacones torcidos, y se apropia, en dos a\u00f1os, de todo lo que \u00e9l construy\u00f3 y empez\u00f3, rob\u00e1ndole el sitio y la gloria. \u00a1Eso no se olvida! Despechado permanece en su finca el noble ofendido, mientras el otro, envuelto en la capa imperial bordada, recibe a los pr\u00edncipes de Europa, que vienen a sus pies, y sustituye con el nuevo y duro despotismo del genio el antiguo despotismo de la nobleza. Ni un rayo de sol de benevolencia llega de este sol naciente a la finca lejana; y cuando el Marqu\u00e9s de Lafayette va una vez a Par\u00eds con su traje sencillo, no le hace caso el parvenu; las levitas bordadas de oro de los generales, los uniformes de los mariscales que surgieron de los campos de sangre, ensombrecen su gloria ya ajada. Lafayette esta olvidado; nadie pronuncia su nombre en veinte a\u00f1os. Le blanquea el cabello; la figura audaz enflaquece y se seca, y nadie le llama ni al Ej\u00e9rcito ni al Senado. Ignorado, le dejan plantar rosas y patatas en La Grange. No, eso no lo olvida un hombre de ambici\u00f3n. Y cuando el pueblo, en 1815 , acord\u00e1ndose de la Revoluci\u00f3n, elige como representante a su antiguo \u00eddolo, y Napole\u00f3n se ve obligado a dirigirle la palabra, contesta Lafayette con frialdad hostil&#8230; Es demasiado orgulloso, demasiado honrado, demasiado sincero para ocultar su enemistad. <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Pero ahora se adelanta a primer t\u00e9rmino, empujado por Fouch\u00e9; y el odio acumulado en \u00e9l produce casi un efecto de prudencia y de fuerza. Por primera vez se vuelve a o\u00edr la voz del antiguo palad\u00edn en la tribuna:<em><strong> \u00abAl volver a levantar, al cabo de tantos a\u00f1os, por primera vez, mi voz, que reconocer\u00e1n los antiguos amigos de la libertad, me siento impulsado a hablaros de los peligros que amenazan la Patria, cuya salvaci\u00f3n s\u00f3lo depende ahora de vuestra fuerza\u00bb.<\/strong><\/em> Por primera vez ha vuelto a ser pronunciada la palabra Libertad, y eso quiere decir en este momento&#8230; liberaci\u00f3n de Napole\u00f3n. La proposici\u00f3n de Lafayette obstruye de antemano cualquier intento de disolver la C\u00e1mara, de repetir un golpe de Estado. Con entusiasmo se decide que se declare en sesi\u00f3n permanente la representaci\u00f3n del pueblo y que se califique como traidor a la Patria a todo el que se haga culpable del intento de disolverla. <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft wp-image-18267\" src=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2019\/04\/paris-1815-300x234.jpg\" alt=\"\" width=\"350\" height=\"273\" srcset=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2019\/04\/paris-1815-300x234.jpg 300w, https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2019\/04\/paris-1815-768x599.jpg 768w, https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2019\/04\/paris-1815-1024x799.jpg 1024w\" sizes=\"auto, (max-width: 350px) 100vw, 350px\" \/>No hay duda de a qui\u00e9n se dirige el duro mensaje; apenas le es transmitido, siente Napole\u00f3n el pu\u00f1etazo en medio de la cara. <em><strong>\u00abDeb\u00ed echar a esa gente antes de mi partida; ahora ya es tarde\u00bb<\/strong><\/em>, dice iracundo. En realidad, no es demasiado tarde. A\u00fan podr\u00eda salvar con una abdicaci\u00f3n oportuna la corona imperial para su hijo; salvar para s\u00ed mismo la libertad; y a\u00fan podr\u00eda, por otra parte, dar personalmente los mil pasos que separan el Eliseo de la Asamblea e imponerse con su sola presencia y su voluntad a aquel reba\u00f1o de ovejas titubeantes; pero siempre, reiteradamente, nos muestra la Historia el mismo fen\u00f3meno incre\u00edble que observamos precisamente en las figuras mas en\u00e9rgicas y en el momento mas cr\u00edtico: una extra\u00f1a indecisi\u00f3n como una par\u00e1lisis del alma. Wallenstein, antes de la defecci\u00f3n; Robespierre, la noche del 9 de Termidor&#8230;, sin olvidar a los caudillos de la \u00faltima guerra, todos muestran una fatal indecisi\u00f3n en el momento en que la misma precipitaci\u00f3n hubiera sido un mal menor, una equivocaci\u00f3n venial. Napole\u00f3n parlamenta, discute ante los ministros, que le escuchan indiferentes; precisamente en la hora que debe decidir su porvenir, habla infructuosamente sobre las faltas del pasado, acusa, fantasea, hace alarde de un \u00e9nfasis verdadero o teatral, pero carece de valor. Habla, pero no act\u00faa. Y como si fuera posible que la Historia se repitiese dentro del c\u00edrculo de una misma vida, como si no fuera la analog\u00eda la falta ideol\u00f3gica m\u00e1s peligrosa en pol\u00edtica, env\u00eda, lo mismo que el 18 de Brumario, a su hermano Luciano como tribuno en su lugar para ganar a los diputados. Pero entonces apoyaba a Luciano como abogado elocuente la victoria de su hermano, y ten\u00eda por c\u00f3mplices granaderos de manos duras y general es decididos. Y adem\u00e1s, Napole\u00f3n olvido fatalmente esto: entre esos quince a\u00f1os yacen diez millones de muertos. Y cuando Luciano sube a la tribuna y acusa al pueblo franc\u00e9s de abandono e ingratitud hacia la causa de su hermano, se desborda s\u00fabita en Lafayette la ira acumulada de la naci\u00f3n desenga\u00f1ada contra su verdugo en palabras inolvidables que, como chispas en la p\u00f3lvora, deshacen de un golpe la \u00faltima esperanza de Napole\u00f3n. <em><strong>\u00ab\u00bfC\u00f3mo\u00a0 -truena contra Luciano- se atreve a reprocharnos de no haber hecho bastante por su hermano? \u00bfHa olvidado que los huesos de nuestros hijos, de nuestros hermanos, dan testimonio en todas partes de nuestra fidelidad? \u00a1En los desiertos de \u00c1frica, en las riberas del Guadalquivir y del Tajo, en las orillas del V\u00edstula, en los campos de hielo de Mosc\u00fa, han perecido en diez a\u00f1os m\u00e1s de tres millones de franceses por un s\u00f3lo hombre! Por un hombre que a\u00fan hoy quisiera luchar contra Europa con nuestra sangre. \u00a1Es suficiente, m\u00e1s que suficiente, por un hombre! Ahora nuestro deber es salvar a la Patria\u00bb<\/strong><\/em>. El aplauso torrencial de todos podr\u00eda hacer comprender a Napole\u00f3n que era ya tiempo de abdicar voluntariamente. Pero nada parece m\u00e1s dif\u00edcil en la tierra que renunciar al Poder. <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Napole\u00f3n vacila. Y esta vacilaci\u00f3n le cuesta el Imperio a su hijo y a \u00e9l mismo la libertad.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Pero a Fouch\u00e9 se le acaba la paciencia. Si el que ya le es inc\u00f3modo no quiere marchar voluntariamente, habr\u00e1 que echarle&#8230; <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">En todo caso hay que apoyar la palanca bien y pronto, pues logrado esto se derrumba la aureola m\u00e1s colosal. Por la noche trabaja a los diputados a \u00e9l adictos para que a la ma\u00f1ana siguiente la C\u00e1mara exija, puntual e imperiosamente, la abdicaci\u00f3n. <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">Pero ni esto siquiera parece lo bastante claro para quien siente la ola del Poder fluir en su sangre. A\u00fan sigue Napole\u00f3n parlamentando de un lado para otro. Al fin, inducido por un gesto de Fouch\u00e9, pronuncia Lafayette las palabras decisivas: <em><strong>\u00abSi vacila en abdicar, propondr\u00e9 el destronamiento\u00bb.<\/strong><\/em><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Una hora le dan al due\u00f1o del mundo para una abdicaci\u00f3n honrosa; una hora, al hombre nacido para el Poder, para renunciar definitivamente a \u00e9l; pero s\u00f3lo la utiliza, lo mismo que en 1814 , ante sus generales en Fontainebleau, con un fin teatral, en vez de utilizarla con un fin pol\u00edtico. <em><strong>\u00ab\u00a1C\u00f3mo! <\/strong><\/em>-exclama indignado -.<em><strong> \u00bfPor la fuerza? Si es as\u00ed no abdicar\u00e9. La C\u00e1mara no es m\u00e1s que un pelot\u00f3n de jacobinos y ambiciosos que deb\u00ed denunciar a la naci\u00f3n y dispersar. Pero el tiempo que perd\u00ed puede recuperarse.\u00bb<\/strong><\/em><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">En realidad, lo que quiere es que le rueguen con m\u00e1s insistencia para hacer el sacrificio mayor; y, efectivamente: lo mismo que en 1814 sus generales, le animan ahora respetuosamente sus ministros. S\u00f3lo Fouch\u00e9 calla. Llegan noticias tras noticias; la manecilla del reloj sigue corriendo inclemente sobre la esfera. Por fin pone el Emperador su mirada en Fouch\u00e9: una mirada, seg\u00fan cuentan los testigos presenciales, llena de iron\u00eda y al mismo tiempo de odio profundo. <em><strong>\u00abEscriba a los se\u00f1ores &#8211;<\/strong><\/em>le ordena despectivo- <em><strong>que se mantengan tranquilos, que yo les contestar\u00e9.\u00bb<\/strong><\/em> En el acto escribe Fouch\u00e9 con l\u00e1piz un par de l\u00edneas en un papel dirigido a sus amigos de la C\u00e1mara, diciendo que ya no era necesaria la coz&#8230; Napole\u00f3n se dirige a un gabinete apartado para dictar a su hermano Luciano la abdicaci\u00f3n. <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Al cabo de algunos minutos vuelve al gabinete principal. \u00bfA qui\u00e9n entregar la hoja decisiva? Terrible iron\u00eda: precisamente a quien le oblig\u00f3 a escribirla, que espera, inm\u00f3vil, como Hermes, el mensajero inexorable. Sin una palabra se la entrega el Emperador. Sin una palabra recibe Fouch\u00e9 el documento tan a duras penas conseguido. Se inclina. Fu\u00e9 su \u00faltima reverencia ante Napole\u00f3n.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">En la sesi\u00f3n de la C\u00e1mara ha faltado Fouch\u00e9, el Duque de Otranto; pero ahora, decidida la victoria, entra lentamente y sube los escalones, en la mano el papel hist\u00f3rico. Le temblar\u00eda de orgullo la mano dura y fina de intrigante en estos momentos; por segunda vez venc\u00eda al hombre mas fuerte de Francia. Este 22 de junio repite en su recuerdo el 9 de Termidor. Ante un silencio conmovido, fr\u00edo y sin emoci\u00f3n, un par de palabras de despedida para su antiguo se\u00f1or: flores de papel sobre una tumba reci\u00e9n cavada. \u00a1Pero se acabaron los sentimentalismos! No se le ha arrancado el Poder a este tit\u00e1n para dejarlo rodar por el suelo, para presa de la primera mano h\u00e1bil que se arroje sobre \u00e9l; no hay que soltar el bot\u00edn: hay que aprovechar el momento tantos a\u00f1os anhelado. Por eso propone la elecci\u00f3n inmediata de un Gobierno provisional, de un Directorio de cinco hombres, seguro de ser elegido. Por una vez m\u00e1s amenaza escap\u00e1rsele de la mano el Poder tanto tiempo deseado; ciertamente, consigue eliminar a su peligroso competidor Lafayette y echar la zancadilla de manera traicionera al hombre que le sirvi\u00f3 de instrumento y le prest\u00f3, con su rectitud y su convicci\u00f3n republicana, tan preciosos servicios; pero en la primera elecci\u00f3n tiene Carnot 324 votos y Fouch\u00e9 s\u00f3lo 293. No hay duda, pues, que la Presidencia del nuevo Gobierno provisional corresponde a Carnot. <\/span><\/p>\n<figure id=\"attachment_18268\" aria-describedby=\"caption-attachment-18268\" style=\"width: 326px\" class=\"wp-caption alignright\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-18268\" src=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2019\/04\/Sadi_Carnot-223x300.jpeg\" alt=\"\" width=\"326\" height=\"439\" srcset=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2019\/04\/Sadi_Carnot-223x300.jpeg 223w, https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2019\/04\/Sadi_Carnot-768x1033.jpeg 768w, https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2019\/04\/Sadi_Carnot-761x1024.jpeg 761w, https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2019\/04\/Sadi_Carnot.jpeg 956w\" sizes=\"auto, (max-width: 326px) 100vw, 326px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-18268\" class=\"wp-caption-text\"><span style=\"color: #008000;\">Carnot<\/span><\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Pero en este instante decisivo, a una pulgada de la meta, hace Fouch\u00e9 la m\u00e1s h\u00e1bil jugada de tah\u00far, la m\u00e1s deliciosa e infame de sus piruetas. Seg\u00fan el n\u00famero de votos, pertenece la Presidencia, naturalmente, a Carnot; con ello Fouch\u00e9 ser\u00eda en este Gobierno, como en otros anteriores, la segunda figura, precisamente cuando espera, por fin, ser la prim era: el amo omnipotente. Se vale entonces de un ardid perverso: apenas se re\u00fane el Consejo de los Cinco, y cuando Carnot se dispone a tomar asiento en el sill\u00f3n presidencial, seg\u00fan le corresponde, dice Fouch\u00e9, como la cosa m\u00e1s natural del mundo, a sus colegas, que <em><strong>\u00abha llegado el momento de constituirse\u00bb<\/strong><\/em>. <em><strong>\u00ab\u00bfQu\u00e9 entiende usted por constituirse?\u00bb<\/strong><\/em>, pregunta Carnot, asombrado. <em><strong>\u00abPues elegir nuestro secretario y nuestro presidente\u00bb<\/strong><\/em>, contesta Fouch\u00e9 con la mayor ingenuidad. Y a\u00f1ade con falsa modestia: <em><strong>\u00abYo le doy, desde luego, mi voto para la Presidencia\u00bb<\/strong><\/em>. Carnot muerde el anzuelo y replica muy fino: <em><strong>\u00abY yo a usted el m\u00edo\u00bb<\/strong><\/em>. Y como dos de los miembros est\u00e1n previamente ganados, en secreto, por Fouch\u00e9, logra, tres votos contra dos, sent\u00e1ndose, antes de que Carnot pueda darse cuenta de c\u00f3mo le han birlado el puesto, en el sill\u00f3n presidencial. Despu\u00e9s de burlar a Napole\u00f3n y Lafayette, burla tambi\u00e9n con toda facilidad a Carnot, el m\u00e1s popular en aquel momento, y \u00e9l, m\u00e1s astuto, le sustituye para regir los destinos de Francia. En el espacio de cinco d\u00edas, del 13 al 18 de junio, cae el Poder de las manos del Emperador; en el espacio de cinco d\u00edas, del 17 al 22 de junio, se apodera de \u00e9l, \u00a1por fin!, Jos\u00e9 Fouch\u00e9. Ya no ser\u00e1 criado, sino se\u00f1or; ser\u00e1 por primera vez due\u00f1o absoluto de Francia; ser\u00e1 libre, divinamente libre, para el juego amado y turbador de la pol\u00edtica y de la Historia. <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Su primera medida tiende a alejar la persona del Emperador. Aunque solo sea la sombra de Napole\u00f3n, agobia a Fouch\u00e9. As\u00ed como no se sent\u00eda tranquilo Napole\u00f3n como soberano mientras permaneciera en Par\u00eds el hombre inasible, tampoco respira Fouch\u00e9 con holgura mientras no le separen dos mil leguas del paleto gris del Emperador. Evita hablar personalmente con \u00e9l, pues a nada conducen sentimentalismos. S\u00f3lo le env\u00eda mensajes tenuemente envueltos todav\u00eda en el papel rosa de la benevolencia. Pero hasta esa p\u00e1lida y cort\u00e9s envoltura la desgarra pronto para mostrar sin compasi\u00f3n al vencido su impotencia. <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Una proclama pat\u00e9tica de despedida que dirige Napole\u00f3n al ej\u00e9rcito la arroja al cesto de los papeles con la mayor naturalidad. <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">En vano busca, a la ma\u00f1ana siguiente, Napole\u00f3n, estupefacto, sus palabras imperiales en el Mom\u00edteur. Fouch\u00e9 ha prohibido su aparici\u00f3n. \u00a1Fouch\u00e9 prohibiendo al Emperador! Se resiste a creer en la inaudita osad\u00eda con que le trata su antiguo servidor. Pero obstinadamente, de hora en hora, siente la presi\u00f3n de esta dura mano con tal fuerza que, por fin, se traslada a It Malmaison. <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Pero all\u00ed se planta y no cede. No quiere alejarse m\u00e1s, aunque ya se acercan los dragones del ej\u00e9rcito de Bluecher, y Fouch\u00e9 le amonesta, cada vez con mayor insistencia, para que se avenga a razones y ponga tierra por medio. Pero cuanto m\u00e1s se siente caer, mas convulsivamente se agarra Napole\u00f3n al Poder. En el \u00faltimo instante, cuando ya espera en el jard\u00edn el coche de viaje, tiene todav\u00eda un gran gesto: ofrece ponerse, como simple general, a la cabeza de las tropas, para vencer una vez m\u00e1s o morir.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Pero el sobrio Fouch\u00e9 no toma en serio tales ofrecimientos rom\u00e1nticos: <em><strong>\u00ab\u00bf Se burla ese hombre de nosotros?<\/strong><\/em> -exclama irritado-. <em><strong>Su presencia a la cabeza del ej\u00e9rcito ser\u00eda una nueva provocaci\u00f3n a Europa; y el car\u00e1cter de Napole\u00f3n no nos permite esperar que permanezca indiferente al Poder\u00bb.<\/strong><\/em> <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Ahora ya es libre Fouch\u00e9: ha llegado a la meta. Despu\u00e9s de haber eliminado a Napole\u00f3n, se encuentra, a los cincuenta y seis a\u00f1os, solo, sin que nadie ponga vallas a su voluntad, en la cumbre del Poder. Infinito rodeo por el laberinto de un cuarto de siglo: de peque\u00f1o y p\u00e1lido hijo de mercader y triste y tonsurado profesor de seminario. Luego en pugna hacia arriba: tribuno del pueblo y proc\u00f3nsul, Duque de Otranto al servicio de un Emperador, y, al fin, arbitro y se\u00f1or de Francia. La intriga ha triunfado sobre la idea, la habilidad sobre el genio. Una generaci\u00f3n de inmortales se derrumb\u00f3 en torno suyo: Mirabeau, muerto; Marat, asesinado; Robespierre, Desmoulins, Danton, guillotinados; su compa\u00f1ero del consulado, Collot, desterrado a los penales infectos de Guayana; Lafayette, eliminado; todos, todos sus camaradas de la Revoluci\u00f3n desaparecieron. Mientras \u00e9l decide ahora en Francia, elegido libremente por la confianza de la C\u00e1mara, huye Napole\u00f3n, el se\u00f1or del mundo, en pobre disfraz, con pasaporte falso, como secretario de un peque\u00f1o general, hacia la costa; Murat y Ney s\u00f3lo esperan el momento de ser fusilados, y los reyezuelos familiares por la gracia de Napole\u00f3n vagan sin reino, con los bolsillos vac\u00edos, escondi\u00e9ndose. <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Toda la gloriosa generaci\u00f3n de este momento \u00fanico de la Historia se hunde implacablemente, mientras s\u00f3lo \u00e9l asciende con su paciencia tenaz, con su actividad de zapa en la sombra. Como cera se amoldan ahora el Ministerio, el Senado y la Asamblea a su mano maestra; los generales, otras veces tan altaneros, tiemblan por sus pensiones, y, humildes como corderos, se subordinan al nuevo Presidente; la burgues\u00eda y el pueblo de todo un pa\u00eds esperan sus decisiones. Le env\u00eda mensajeros Luis XVIII; Talleyrand, saludos; Weilington, el vencedor de Waterloo, comunicados confidenciales&#8230; Por primera vez pasan los hilos del destino hist\u00f3rico libre y deliciosamente por su mano.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Inmensa misi\u00f3n le espera: defender un pa\u00eds devastado y vencido, contra los enemigos que se acercan, evitar una resistencia pat\u00e9tica e in\u00fatil, conseguir condiciones ventajosas, buscar la mejor forma de Estado y el jefe m\u00e1s adecuado y hacer surgir del caos una nueva forma y un orden estable. Esto requiere maestr\u00eda, extrema flexibilidad de esp\u00edritu. Y, efectivamente, en el momento en que todos parecen perturbarse y pierden la cabeza, evidencian las disposiciones de Fouch\u00e9 la mayor energ\u00eda, sus planes m\u00faltiples una seguridad asombrosa. Es amigo de todos, para enga\u00f1arlos a todos y hacer tan s\u00f3lo lo que le parece \u00fatil y conveniente. Simula apoyar ante el Parlamento al hijo de Napole\u00f3n; ante Carnot, defender la Rep\u00fablica; ante los aliados, al Duque de Orle\u00e1ns, pero en realidad ofrece secretamente el tim\u00f3n al antiguo rey Luis XVIII. Imperceptiblemente, con virajes silenciosos y h\u00e1biles, sin que se enteren ni sus camaradas m\u00e1s pr\u00f3ximos del verdadero rumbo, navega por un pantano de sobornos hacia los realistas y negocia con los Borbones el traspaso del Gobierno, a \u00e9l confiado, mientras hace de bonapartista y republicano en el Consejo de Ministros y en la C\u00e1mara. Vista psicol\u00f3gicamente, es su soluci\u00f3n la \u00fanica acertada. S\u00f3lo una r\u00e1pida capitulaci\u00f3n hacia el Rey pod\u00eda asegurar al pa\u00eds, desangrado y devastado, inundado de tropas extranjeras, la tranquilidad necesaria y un tr\u00e1nsito sin asperezas. Solo Fouch\u00e9 comprende, con su sentido de la realidad, esta necesidad evidente, y la cumple ante la resistencia del Consejo, del pueblo, del ej\u00e9rcito, de la C\u00e1mara y del Senado: por propia voluntad y por propia fuerza.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<figure id=\"attachment_18269\" aria-describedby=\"caption-attachment-18269\" style=\"width: 538px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-18269\" src=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2019\/04\/Place-vendome-300x220.jpg\" alt=\"\" width=\"538\" height=\"395\" srcset=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2019\/04\/Place-vendome-300x220.jpg 300w, https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2019\/04\/Place-vendome-80x60.jpg 80w, https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2019\/04\/Place-vendome.jpg 480w\" sizes=\"auto, (max-width: 538px) 100vw, 538px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-18269\" class=\"wp-caption-text\"><span style=\"color: #008000;\">Plaza Vendome, Paris en 1815<\/span><\/figcaption><\/figure>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Le sobran inteligencia y habilidad a Fouch\u00e9 en estos d\u00edas para todo&#8230; menos para una cosa (\u00a1\u00e9sta es su tragedia!), para la suprema, para la m\u00e1s alta, para la m\u00e1s pura: para olvidarse de s\u00ed mismo y de su propia ventaja y entregarse a la causa. Carece en \u00faltima instancia de esa voluntad de renunciamiento necesaria, tras la haza\u00f1a magistral, que le hubiera llevado, a los cincuenta y seis a\u00f1os de edad, a la cumbre del \u00e9xito, multimillonario, estimado y respetado por sus contempor\u00e1neos y por la Historia. Pero quien se consumi\u00f3 veinte a\u00f1os para llegar al Poder, quien vivi\u00f3 veinte a\u00f1os de \u00e9l sin poderse saciar, es ya incapaz de renunciar. Lo mismo que Napole\u00f3n, no acierta a renunciar Fouch\u00e9 ni un minuto antes de recibir el rudo empuj\u00f3n. Y como no tiene ya un amo a quien traicionar, no le queda otro recurso que traicionarse a s\u00ed mismo, a su propio pasad o. Devolver a su antiguo Soberano la Francia vencida hubiera sido, en ese momento, una verdadera haza\u00f1a pol\u00edtica, acertada y audaz. Pero hacerse pagar esta acci\u00f3n con la propina de un puesto de ministro del Rey fue una vileza y fue algo peor que un crimen: fue una estupidez. Y esta estupidez la comete arrastrado por la vanidad rabiosa que impulsa a avoir la main dans le p\u00e1te, \u00abtener las manos en la masa\u00bb un par de horas hist\u00f3ricas m\u00e1s. \u00c9sta fue su primera estupidez, la mayor, la irreparable, la que le rebaja para siempre ante la Historia. Sube mil pelda\u00f1os con habilidad, paciente y flexible, y un s\u00f3lo traspi\u00e9 innecesario y torpe le hace caer est\u00fapidamente al abismo. <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Sabemos c\u00f3mo se verifica la venta a Luis XVIII del Gobierno por el precio de un puesto de ministro porque poseemos, por fortuna, un documento caracter\u00edstico, uno de los pocos que reproduce, palabra por palabra, una entrevista diplom\u00e1tica de Fouch\u00e9, otras veces tan cauto. Durante los Cien D\u00edas reuni\u00f3 un partidario decidido del Rey, el Bar\u00f3n de Vitrolles, un ej\u00e9rcito en Tolosa y atac\u00f3 a Napole\u00f3n a su regreso. Hecho prisionero y llevado a Par\u00eds, quer\u00eda el Emperador hacerle fusilar en el acto; pero Fouch\u00e9 intercedi\u00f3 aconsejando clemencia, como hac\u00eda siempre, particularmente con enemigos que pod\u00edan ser \u00fatiles en ciertos casos. Se redujeron a encerrar en prisiones militares al Bar\u00f3n de Vitrolles hasta que el Consejo de Guerra pronunciara el fallo. Pero apenas se entera, el 23 de junio, la mujer del amenazado de que Fouch\u00e9 es due\u00f1o de Francia, se apresura a visitarle para pedir la libertad de Vitrolles, lo que Fouch\u00e9 concede enseguida, pues tiene el mayor inter\u00e9s en granjearse la simpat\u00eda de los Borbones. Y al d\u00eda siguiente se presenta el Bar\u00f3n de Vitrolles, el jefe realista libertado, al Duque de Otranto para darle las gracias. <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Entonces es cuando tiene lugar el siguiente dialogo pol\u00edtico-amistoso entre el caudillo elegido por los republicanos y el archirrealista juramentado. Fouch\u00e9 le dice:<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px; text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><strong><em>\u00ab-Bueno, y ahora \u00bfqu\u00e9 piensa usted hacer? <\/em><\/strong><\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 14pt;\"><strong><em>\u00bb-Tengo la intenci\u00f3n de trasladarme a Gante; la silla de posta espera a la puerta. <\/em><\/strong><\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 14pt;\"><strong><em>\u00bb-Es lo m\u00e1s acertado que puede usted hacer, pues aqu\u00ed no esta usted seguro. <\/em><\/strong><\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 14pt;\"><strong><em>\u00bb-\u00bfNo tiene usted nada para el Rey? <\/em><\/strong><\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 14pt;\"><strong><em>\u00bb-\u00a1Ah, por Dios, nada! Absolutamente nada. Diga usted \u00fanicamente a Su Majestad que cuente con mi devoci\u00f3n y que, desgraciadamente, no depende de m\u00ed que pueda volver pronto a las Tuller\u00edas. <\/em><\/strong><\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 14pt;\"><strong><em>\u00bb-Pues yo creo que s\u00ed, que depende exclusivamente de usted que esto suceda pronto. <\/em><\/strong><\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 14pt;\"><strong><em>\u00bb-Menos de lo que usted supone. Las dificultades son grandes. Aunque la C\u00e1mara ha simplificado la situaci\u00f3n, usted ya sabe -y aqu\u00ed sonr\u00ede Fouch\u00e9- que ha proclamado a Napole\u00f3n II. <\/em><\/strong><\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 14pt;\"><strong><em>\u00bb-\u00a1C\u00f3mo! \u00bfNapole\u00f3n II? <\/em><\/strong><\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 14pt;\"><strong><em>\u00bb-Naturalmente, as\u00ed hab\u00eda que empezar. <\/em><\/strong><\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 14pt;\"><strong><em>\u00bb-Pero supongo que esto no hay que tomarlo en serio. <\/em><\/strong><\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px; text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><strong><em>\u00bb-Dice usted bien. Mientras m\u00e1s lo pienso m\u00e1s me convenzo de que este nombramiento es completamente absurdo. Pero no puede usted imaginarse cuantos partidarios tiene a\u00fan este hombre. Algunos de mis colegas, sobre todo Carnot, est\u00e1n convencidos de que todo se salvar\u00eda con Napole\u00f3n II. <\/em><\/strong><\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 14pt;\"><strong><em>\u00bb-Y \u00bfcuanto tiempo ha de durar esta broma? <\/em><\/strong><\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 14pt;\"><strong><em>\u00bb-Probablemente el tiempo que tardemos en librarnos de Napole\u00f3n I. <\/em><\/strong><\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 14pt;\"><strong><em>\u00bb-Y luego, \u00bfqu\u00e9 suceder\u00e1 luego? <\/em><\/strong><\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 14pt;\"><strong><em>\u00bb-\u00bfC\u00f3mo saberlo? En momentos como \u00e9ste es dif\u00edcil prever los acontecimientos con un d\u00eda de anticipaci\u00f3n. <\/em><\/strong><\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 14pt;\"><strong><em>\u00bb-Pero si el se\u00f1or Carnot, su colega, profesa tanta lealtad a Napole\u00f3n, quiz\u00e1 le ser\u00e1 dif\u00edcil a usted evitar esa combinaci\u00f3n. <\/em><\/strong><\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 14pt;\"><strong><em>\u00bb-\u00a1Bah, usted no conoce a Carnot! Para quitarle esa idea de la cabeza basta proclamar el Gobierno del \u00abpueblo franc\u00e9s\u00bb. <\/em><\/strong><\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 14pt;\"><strong><em>\u00ab\u00a1Pueblo franc\u00e9s!\u00bb; cuando \u00e9l oye esto, fig\u00farese usted&#8230; <\/em><\/strong><\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 14pt;\"><strong><em>\u00bbY los dos se r\u00eden: el Duque de Otranto, elegido por los republicanos, que se burla de su colega, y el agente realista empiezan a entenderse.<\/em><\/strong><\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 40px; text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\"><strong><em> \u00bb-As\u00ed esta bien, as\u00ed se arreglar\u00e1 -dice el Bar\u00f3n de V\u00edtrolles reanudando el di \u00e1logo-; pero espero que despu\u00e9s de Napole\u00f3n II y del \u00abpueblo franc\u00e9s\u00bb pensar\u00e1 usted, por fin, en los Borbones. <\/em><\/strong><\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 14pt;\"><strong><em>\u00bb-Naturalmente -contesta Fouch\u00e9-, entonces le habr\u00e1 llegado el momento al Duque de Orle\u00e1ns. <\/em><\/strong><\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 14pt;\"><strong><em>\u00bb-\u00a1C\u00f3mo! \u00bfAl Duque de Orle\u00e1ns? -exclama el Bar\u00f3n de Vitrolles, sorprendido-. \u00bfAl Duque de Orleans? \u00bfPero cree usted que el Rey aceptar\u00e1 jam\u00e1s una corona tan tra\u00edda y llevada? <\/em><\/strong><\/span><br \/>\n<span style=\"font-size: 14pt;\"><strong><em>\u00bbFouch\u00e9 calla y sonr\u00ede.\u00bb <\/em><\/strong><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Pero el Bar\u00f3n de Vitrolles ha comprendido. Con este di\u00e1logo astuto, ir\u00f3nico, displicente en apariencia, le ha descubierto Fouch\u00e9 sus intenciones. Le ha dejado ver claramente que si \u00e9l quiere existen dificultades&#8230; Que se podr\u00eda proclamar, en vez del rey Luis XVIII, a Napole\u00f3n II, o el Gobierno del pueblo franc\u00e9s, o el Duque de Orle\u00e1ns&#8230; Pero que \u00e9l, Fouch\u00e9, no tiene personalmente especial inter\u00e9s en ninguna de estas soluciones y que est\u00e1 dispuesto a excluir las tres a favor de Luis XVIII, si&#8230; <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Este \u00absi\u00bb condicional no lo ha pronunciado Fouch\u00e9; pero el Bar\u00f3n de Vitrolles lo ha adivinado quiz\u00e1s en una sonrisa, en una mirada, en un gesto tal vez, y, repentinamente, decide suspender su viaje y quedarse en Par\u00eds cerca de Fouch\u00e9. Claro que con la condici\u00f3n de poder corresponder libremente con el Rey. Pone sus condiciones: por de pronto, veinticinco pasaportes para que sus agentes puedan ir al Cuartel general del Rey a Gante. <em><strong>\u00abCincuenta, cien, todos los que usted quiera\u00bb<\/strong><\/em>, contesta de buen humor el ministro de Polic\u00eda republicano al representante de los enemigos de la Rep\u00fablica. <em><strong>\u00abEs adem\u00e1s mi deseo poder conferenciar con usted una vez al d\u00eda.\u00bb<\/strong><\/em> El Duque contesta alegremente: <em><strong>\u00ab\u00a1Una vez es poco! Dos veces: una vez por la ma\u00f1ana y otra vez por la noche\u00bb.<\/strong><\/em> Ya puede quedarse tranquilamente el Bar\u00f3n de Vitrolles en Par\u00eds, mantener negociaciones con el Rey, protegido por el Duque de Otranto, y hacerle saber que las puertas de Par\u00eds est\u00e1n abiertas para \u00e9l si&#8230; si Luis XVIII est\u00e1 dispuesto a nombrar ministro del nuevo Gobierno al Duque de Otranto. <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Cuando le proponen a Luis XVIII dejarse abrir c\u00f3modamente las puertas de Par\u00eds por Fouch\u00e9, a cambio de la propina de un puesto de ministro, se enfurece el Borb\u00f3n, tan flem\u00e1tico de ordinario. <em><strong>\u00ab\u00a1Jam\u00e1s!\u00bb<\/strong><\/em>, grita a los primeros que le proponen incluir en la lista este nombre odiado. Y \u00bfno es, efectivamente, una pretensi\u00f3n absurda introducir en la propia casa a un regicida, a uno de los que firmaron la sentencia de muerte de su hermano, a un sacerdote tr\u00e1nsfuga, un feroz ateo, un servidor de Napole\u00f3n?<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter wp-image-18270\" src=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2019\/04\/napoleon__800x800_4-300x300.jpg\" alt=\"\" width=\"480\" height=\"480\" srcset=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2019\/04\/napoleon__800x800_4-300x300.jpg 300w, https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2019\/04\/napoleon__800x800_4-150x150.jpg 150w, https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2019\/04\/napoleon__800x800_4-768x768.jpg 768w, https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2019\/04\/napoleon__800x800_4.jpg 800w\" sizes=\"auto, (max-width: 480px) 100vw, 480px\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">\u00ab\u00a1Jam\u00e1s!\u00bb grita indignado. Pero ya sabemos por la Historia que ese \u00abjam\u00e1s\u00bb de los reyes, de los pol\u00edticos y de los generales suele casi siempre ser el preludio de una capitulaci\u00f3n. \u00bfNo vale Par\u00eds una misa? \u00bfNo han hecho, desde Enrique IV, los reyes, sus antepasados, parecidos sacrifici dell\u2019 intelletto, semejantes sacrificios del esp\u00edritu y la conciencia por la Soberan\u00eda? <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">Asediado por todas partes, por los cortesanos, por los generales, por Wellington y por el mismo Talleyrand, empieza Luis XVIII a ceder poco a poco. Todos le aseguran que s\u00f3lo un hombre le puede abrir las puertas de Par\u00eds sin resistencia: Fouch\u00e9. <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">S\u00f3lo \u00e9l, que es el hombre de todos los partidos y de todas las ideas, servidor insuperable y eterno, el hombre que tiene el estribo a todos los pretendientes de la corona, evitar\u00eda el derramamiento de sangre. Y adem\u00e1s, el viejo jacobino hac\u00eda tiempo que se hab\u00eda convertido en un buen conservador, estaba arrepentido y hab\u00eda traicionado perfectamente a Napole\u00f3n. El Rey, por fin, se confiesa para descargar su conciencia. <em><strong>\u00ab\u00a1Pobre hermano, si pudieras verme!\u00bb<\/strong><\/em>, dicen que exclam\u00f3. Y declar\u00f3 estar dispuesto a recibir secretamente a Fouch\u00e9 en Neuilly. Secretamente, pues en Par\u00eds no debe sospechar nadie que un caudillo elegido por el pueblo vende por un puesto de ministro a su pa\u00eds, y que un pretendiente a la corona vende su honor por un aro de oro&#8230; En la oscuridad, secretamente, se lleva a cabo (el exobispo como \u00fanico testigo) este negocio, el m\u00e1s desvergonzado de la Historia del siglo pasado, entre el antiguo jacobino y el futuro Rey. <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">All\u00ed, en Neuilly, tiene lugar aquella escena l\u00fagubre y fant\u00e1stica, al mismo tiempo digna de Shakespeare y de Aretino: el rey Luis XVIII, el descendiente de San Luis, recibe al c\u00f3mplice del asesinato de su hermano, al siete veces perjuro Fouch\u00e9, al ministro de la Convenci\u00f3n, del Emperador y de la Rep\u00fablica, para tomarle juramento, el octavo juramento de fidelidad&#8230; Y <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">Talleyrand, que fu\u00e9 obispo, luego republicano, luego servidor del Emperador, introduce a su compa\u00f1ero cerca del Rey. El cojo pone su brazo sobre el hombro de Fouch\u00e9, para poder andar mejor -\u00abel vicio apoyado en la traici\u00f3n\u00bb, seg\u00fan observa ir\u00f3nicamente Chateaubr\u00edand-, y as\u00ed se acercan fraternalmente al heredero de San Luis los dos ateos y oportunistas. \u00a1Primero, una profunda inclinaci\u00f3n! Luego cumple Talleyrand con el deber espinoso de proponer al Rey como ministro al asesino de su hermano. M\u00e1s p\u00e1lido que de costumbre esta el hombre enjuto cuando dobla la rodilla ante el \u00abtirano\u00bb, ante el \u00abd\u00e9spota\u00bb, para prestar juramento, y cuando besa la mano, por la que corre la misma sangre que ayudo a verter, y cuando jura en nombre del mismo Dios cuyas iglesias saque\u00f3 y profan\u00f3 con sus hordas en Lyon. Sin duda, un acto un poco fuerte hasta para un Fouch\u00e9. <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Por eso est\u00e1 a\u00fan muy p\u00e1lido el Duque de Otranto cuando sale del gabinete del Rey. Ahora es m\u00e1s bien el cojo Talleyrand quien tiene que sostenerle a \u00e9l. No habla ni una palabra. Ni siquiera las observaciones ir\u00f3nicas del depravado obispo c\u00ednico, que en sus tiempos dec\u00eda misa como si jugara a las cartas, le pueden sacar de su mutismo y de su turbaci\u00f3n. Por la noche regresa a Par\u00eds, con el decreto ministerial firmado en el bolsillo, para reunirse en las Tuller\u00edas con sus colegas, que no sospechan nada, a los que echar\u00e1 ma\u00f1ana y proscribir\u00e1 pasado ma\u00f1ana. Hay que suponer que no se encontrar\u00eda muy holgado entre ellos. Una vez hab\u00eda, por fin, logrado ser el m\u00e1s desleal de los servidores. Pero\u00a0 -\u00a1maravillosa r\u00e9plica del destino!- nunca pueden soportar la libertad las almas subalternas. Instintivamente huyen de ella siempre para refugiarse en una nueva esclavitud. Y as\u00ed vuelve a humillarse Fouch\u00e9, ayer a\u00fan fuerte y dominante, ante un nuevo se\u00f1or, otra vez encadenadas sus manos libres en la galera del Poder. Pero pronto llegar\u00e1 tambi\u00e9n la se\u00f1al de la galera, el estigma.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<figure id=\"attachment_18271\" aria-describedby=\"caption-attachment-18271\" style=\"width: 693px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-18271\" src=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2019\/04\/Luis-xviii-en-paris-300x174.jpg\" alt=\"\" width=\"693\" height=\"402\" srcset=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2019\/04\/Luis-xviii-en-paris-300x174.jpg 300w, https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2019\/04\/Luis-xviii-en-paris.jpg 604w\" sizes=\"auto, (max-width: 693px) 100vw, 693px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-18271\" class=\"wp-caption-text\"><span style=\"color: #008000;\">Luis XVIII regresa a Paris<\/span><\/figcaption><\/figure>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Al d\u00eda siguiente entran las tropas de los aliados. Seg\u00fan el acuerdo secreto, ocupan las Tuller\u00edas y cierran sencillamente las puertas a los diputados. Esto da a Fouch\u00e9, sorprendido en apariencia, un motivo propicio para proponer a sus colegas dimitir como protesta contra las bayonetas. \u00c9stos, enga\u00f1ados, caen en la trampa del gesto pat\u00e9tico. As\u00ed queda, como se hab\u00eda acordado, inusitadamente disponible el sill\u00f3n del trono, pues durante un d\u00eda no hay Gobierno en Par\u00eds. Y Luis XVIII s\u00f3lo tendr\u00e1 que acercarse a las puertas de la capital ante las manifestaciones de j\u00fabilo preparad as con dinero por su nuevo ministro de Polic\u00eda y ser\u00e1 recibido con entusiasmo, como salvador. \u00a1Francia es otra vez Reino! <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">S\u00f3lo entonces se dan cuenta los colegas de Fouch\u00e9 de la manera tan refinada como han sido burlados. Se enteran tambi\u00e9n por el Moniteur a que precio los ha vendido Fouch\u00e9. Entonces se le sube la ira a la cabeza a Carnot, al hombre decente, leal, intachable, aunque tal vez un poco torpe.<em><strong> \u00ab\u00bfAd\u00f3nde he de ir ahora, traidor?\u00bb<\/strong><\/em>, le grita a la cara, con desprecio, al nuevo ministro realista de Polic\u00eda.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Pero con el mismo desprecio le contesta Fouch\u00e9: <em><strong>\u00abA donde quieras, majadero\u00bb.<\/strong> <\/em><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Y con este di\u00e1logo caracter\u00edstico y lac\u00f3nico de los dos antiguos jacobinos, los \u00faltimos del 9 del Termidor, termina el drama m\u00e1s asombroso de la \u00e9poca moderna: la Revoluci\u00f3n y la fantasmagor\u00eda rutilante del paso de Napole\u00f3n por la Historia. Se ha extinguido la \u00e9poca de la heroica aventura, comienza la \u00e9poca de la burgues\u00eda.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<figure id=\"attachment_18257\" aria-describedby=\"caption-attachment-18257\" style=\"width: 420px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-18257\" src=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2019\/04\/napoleon-derrotado.jpg\" alt=\"\" width=\"420\" height=\"557\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-18257\" class=\"wp-caption-text\"><span style=\"color: #008000;\">Napole\u00f3n, retrato de Paul Delaroche<\/span><\/figcaption><\/figure>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<hr \/>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a id=\"refnote1\"><\/a><a href=\"#refnote1a\"><span style=\"font-size: 18pt;\">*<\/span><\/a>NOTA: El periodo conocido como los Cien D\u00edas\u00a0(en franc\u00e9s Cent-Jours), o Campa\u00f1a de Waterloo, comprende desde el 20 de marzo de 1815, fecha del regreso de\u00a0Napole\u00f3n\u00a0a Par\u00eds desde su exilio en Elba, hasta el 28 de junio de 1815, fecha de la segunda restauraci\u00f3n de Luis XVIII como rey de Francia.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/puntocritico.com\/author\/punto-critico\/\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter wp-image-48\" src=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2016\/11\/Mosca_Punto_Cr\u00edtico_40.png\" alt=\"\" width=\"70\" height=\"70\" \/><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<div class=\"mh-excerpt\"><p>INDICE DE POST de \u201cFOUCH\u00c9, El genio tenebroso\u201d, por Stefan Zweig *** &nbsp; &nbsp; &nbsp; FOUCH\u00c9 EL GENIO TENEBROSO STEFAN ZWEIG -PARTE IX- &nbsp; CAP\u00cdTULO VIII LA LUCHA FINAL CONTRA NAPOLE\u00d3N (1815, los Cien D\u00edas*) <a class=\"mh-excerpt-more\" href=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/2019\/04\/21\/fouche-el-genio-tenebroso-por-stefan-zweig-parte-ix-la-lucha-final-contra-napoleon\/\" title=\"\u201cFOUCH\u00c9, el genio tenebroso\u201d, por Stefan Zweig (PARTE IX &#8211; La lucha final contra Napole\u00f3n)\">[&#8230;]<\/a><\/p>\n<\/div>","protected":false},"author":3,"featured_media":18264,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[10],"tags":[111],"class_list":["post-18249","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","category-miscelanea","tag-zweig"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/18249","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-json\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=18249"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/18249\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-json\/wp\/v2\/media\/18264"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=18249"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=18249"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=18249"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}