{"id":17787,"date":"2019-03-31T01:00:42","date_gmt":"2019-03-31T00:00:42","guid":{"rendered":"http:\/\/puntocritico.com\/?p=17787"},"modified":"2024-05-06T10:13:13","modified_gmt":"2024-05-06T08:13:13","slug":"fouche-el-genio-tenebroso-por-stefan-zweig-parte-vi-ministro-del-emperador","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/2019\/03\/31\/fouche-el-genio-tenebroso-por-stefan-zweig-parte-vi-ministro-del-emperador\/","title":{"rendered":"\u201cFOUCH\u00c9, el genio tenebroso\u201d, por Stefan Zweig (PARTE VI \u2013 Ministro del Emperador)"},"content":{"rendered":"<p><strong><a href=\"https:\/\/puntocritico.com\/2019\/03\/03\/indice-de-post-de-fouche-el-genio-tenebroso-por-stefan-zweig\/\">INDICE DE POST de \u201cFOUCH\u00c9, El genio tenebroso\u201d, por Stefan Zweig<\/a><\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong><span style=\"font-size: 18pt;\">***<\/span><\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/blas\u00f3n-fouch\u00e9.jpg\" rel=\"lightbox[17787]\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter wp-image-17802 size-full\" src=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/blas\u00f3n-fouch\u00e9.jpg\" alt=\"\" width=\"476\" height=\"535\" srcset=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/blas\u00f3n-fouch\u00e9.jpg 476w, https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/blas\u00f3n-fouch\u00e9-267x300.jpg 267w\" sizes=\"auto, (max-width: 476px) 100vw, 476px\" \/><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><span style=\"font-size: 24pt;\"><strong>FOUCH\u00c9<\/strong><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><span style=\"font-size: 18pt;\"><em>EL GENIO TENEBROSO<\/em><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><span style=\"font-size: 14pt; color: #008000;\"><strong>STEFAN ZWEIG<\/strong><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">-PARTE VI-<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong><span style=\"font-size: 14pt;\">CAP\u00cdTULO V <\/span><\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong><span style=\"font-size: 14pt;\">MINISTRO DEL EMPERADOR <\/span><\/strong><br \/>\n<strong><span style=\"font-size: 14pt;\">(1804-1811)<\/span><\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;\"><a href=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/letra-e.png\" rel=\"lightbox[17787]\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft wp-image-17054\" src=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/letra-e-238x300.png\" alt=\"\" width=\"243\" height=\"306\" \/><\/a>N 1802 se retira Jos\u00e9 Fouch\u00e9\u00a0 -es decir, Su Excelencia el se\u00f1or senador Jos\u00e9 Fouch\u00e9-, obediente a la presi\u00f3n suave y obstinada del Primer C\u00f3nsul, a la vida privada, de la que hab\u00eda salido diez a\u00f1os antes. Incre\u00edble decenio, predestinado y cruento, siniestro y fecundo. Pero ha sabido aprovechar bien este tiempo. No se refugia, como en 1794, en una buhardilla miserable, fr\u00eda; se compra una hermosa casa, bien equipada, en la rue Cerutti, una casa que debi\u00f3 pertenecer a un \u00abarist\u00f3crata ruin\u00bb o a un \u00abinfame rico\u00bb. En Ferri\u00e8res, la residencia futura de los Rothschild, instala la m\u00e1s preciosa finca de verano, y su principado en la Provenza, la senadur\u00eda de Aix, le env\u00eda buenas rentas. Por lo dem\u00e1s, tambi\u00e9n ejerce magistralmente el noble arte del alquimista de convertirlo todo en oro. Sus protegidos en la Bolsa le dan participaci\u00f3n en sus negocios, aumenta ventajosamente sus posesiones; al cabo de un par de a\u00f1os, el hombre del primer manifiesto comunista ser\u00e1 el segundo capitalista de Francia y el primer terrateniente del pa\u00eds. El tigre de Lyon se ha convertido en roedor paciente, capitalista cauto, prestidigitador del tanto por ciento. Pero esta riqueza fant\u00e1stica del parvenu pol\u00edtico no cambia en nada su nativa sobriedad, cultivada tenazmente en la disciplina conventual. Con quince millones de capital no vive Jos\u00e9 Fouch\u00e9 de manera muy distinta que cuando buscaba trabajosamente los quince soles diarios que necesitaba en su buhardilla; no bebe, no fuma, no juega, no gasta dinero en mujeres ni en presunciones. Como un buen hidalgo lugare\u00f1o, pasea con sus hijos (le nacieron tres despu\u00e9s de perder dos en la miseria) por el silencio de sus prados, da a veces peque\u00f1as reuniones, escucha cuando hacen m\u00fasica los amigos de su mujer, lee libros y se recrea en conversaciones intelectuales; profundamente, de manera inasequible, se oculta en este burgu\u00e9s fr\u00edo y seco el placer demon\u00edaco por el juego de azar de la pol\u00edtica, por las tensiones y peligros del drama mundial. <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;\">Sus vecinos no ven nada de todo esto; s\u00f3lo ven al buen administrador, al excelente padre de familia, al esposo cari\u00f1oso. Y <\/span><span style=\"font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;\">nadie que no le conociera de antes sospecha la pasi\u00f3n contenida, cada vez m\u00e1s intranquilamente, tras su franca serenidad, su ansia de volver a situarse en primera fila, de volver a intervenir en los asuntos de la pol\u00edtica.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;\">\u00a1Oh, semblante de Medusa del Poder! Quien fij\u00f3 la vista una vez en su faz, jam\u00e1s la puede apartar de ella, queda encantado y hechizado. Quien disfrut\u00f3 una vez del placer embriagador de dominar y mandar, no puede ya renunciar a \u00e9l. Hojeemos la Historia en busca de ejemplo de renuncia voluntaria; excepto Sila y Carlos V, no se encuentra, entre millares y decenas de millares de figuras, apenas una docena que, con el coraz\u00f3n satisfecho y el sentido claro, renuncien al deleite casi pecaminoso de representar la Providencia ante millones de seres. Como no puede el jugador dejar el juego; el bebedor, la bebida; el cazador furtivo, la caza, no puede dejar Jos\u00e9 Fouch\u00e9 la pol\u00edtica. El reposo le martiriza, y mientras hace tranquilamente, con bien fingida indiferencia, de Cincinato en el arado, le cosquillean los dedos y le vibran los nervios por volver a coger los naipes de la pol\u00edtica. Aunque est\u00e1 separado del servicio activo, contin\u00faa voluntariamente la labor polic\u00edaca, y para ejercitar la pluma y no caer completamente en el olvido, manda al Primer C\u00f3nsul semanalmente informaciones secretas. Con esto se divierte y entretiene, sin compromiso, su genio intrigante; pero no le satisface plenamente. En realidad, su aislamiento aparente no es m\u00e1s que una espera febril, dominada por el deseo de volver a coger las riendas, de tener poder sobre las vidas humanas, sobre el destino del mundo. \u00a1Poder! <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;\">Bonaparte percibe s\u00edntomas evidentes de la impaciencia tr\u00e9mula de Fouch\u00e9, pero tiene a bien no hacer caso de ella. <\/span><span style=\"font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;\">Mientras pueda tener apartado de s\u00ed a este hombre fant\u00e1sticamente inteligente, fant\u00e1sticamente trabajador, le dejar\u00e1 en la sombra. Desde que se conoce la fuerza obstinada de este hombre subterr\u00e1neo, nadie le toma a su servicio si no le necesita absolutamente en trance del mayor peligro. El C\u00f3nsul le demuestra bastante protecci\u00f3n: le utiliza para diversos negocios; le agradece las buenas informaciones; le invita, de cuando en cuando, al Consejo de Ministros, y, sobre todo, le deja ganar, le deja que se enriquezca, para que se mantenga tranquilo; pero a una cosa tan s\u00f3lo se niega con tenacidad todo el tiempo posible: a restituirle en su puesto y a volver a crear el Ministerio de Polic\u00eda. Mientras que Bonaparte es poderoso, mientras no comete faltas, no necesita de un criado tan equ\u00edvoco, tan excesivamente inteligente.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<figure id=\"attachment_17793\" aria-describedby=\"caption-attachment-17793\" style=\"width: 800px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/coronacion-napoleon-bonaparte.jpg\" rel=\"lightbox[17787]\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-17793 size-full\" src=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/coronacion-napoleon-bonaparte.jpg\" alt=\"\" width=\"800\" height=\"504\" srcset=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/coronacion-napoleon-bonaparte.jpg 800w, https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/coronacion-napoleon-bonaparte-300x189.jpg 300w, https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/coronacion-napoleon-bonaparte-768x484.jpg 768w\" sizes=\"auto, (max-width: 800px) 100vw, 800px\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-17793\" class=\"wp-caption-text\"><span style=\"color: #008000;\">La consagraci\u00f3n de Napole\u00f3n, de Jacques-Louis David<\/span><\/figcaption><\/figure>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;\">Pero afortunadamente para Fouch\u00e9, Bonaparte comete faltas. Sobre todo la gran falta hist\u00f3rica, imperdonable; y, no le basta ser Bonaparte; pretende, adem\u00e1s de la seguridad de s\u00ed mismo, adem\u00e1s del triunfo de su personalidad \u00fanica, el brillo p\u00e1lido de la legitimidad, la fastuosidad de un t\u00edtulo. Quien no temi\u00f3 a nadie, gracias a su fuerza, a su personalidad poderosa, se atemoriza ante las sombras del pasado, ante la aureola impotente de los Borbones proscritos. Se deja convencer por Talleyrand y, a costa de la ruptura del Derecho internacional, manda traer entre gendarmes al Duque de Enghien de territorio neutral y le hace fusilar. Para este hecho tuvo Fouch\u00e9 la frase ya c\u00e9lebre: \u00ab<strong><em>Fue peor que un crimen: fue una equivocaci\u00f3n<\/em><\/strong>\u00bb. Esta ejecuci\u00f3n crea alrededor de Bonaparte un vac\u00edo de miedo y terror, de protesta y odio, y pronto le parecer\u00e1 aconsejable volver a ponerse bajo la protecci\u00f3n del Argos de mil ojos, bajo la protecci\u00f3n de la polic\u00eda. <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;\">Adem\u00e1s, y sobre todo en 1804, necesita nuevamente el c\u00f3nsul Bonaparte un ayudante h\u00e1bil y sin escr\u00fapulos para su ascensi\u00f3n postrera. Necesita otra vez quien le sostenga el estribo. Lo que dos a\u00f1os antes le parec\u00eda el colmo de su ambici\u00f3n, el consulado vitalicio, ya no le parece bastante, elevado como se siente por todas las alas del \u00e9xito. Ya no quiere ser el primer ciudadano entre los ciudadanos, ambiciona ser se\u00f1or y soberano sobre sus s\u00fabditos, ambiciona calmar el ardor febril de su frente con el anillo \u00e1ureo de una corona imperial. Pero el futuro C\u00e9sar necesita un Antonio; y aunque Fouch\u00e9 hizo durante largo tiempo el papel de Bruto (y a\u00fan el de Catalina, anteriormente), esta hambriento, al cabo de dos a\u00f1os de ayuno pol\u00edtico. <\/span><span style=\"font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;\">Ya est\u00e1 dispuesto a tender el anzuelo para pescar en el lodo del Senado la corona imperial. De cebo sirven el dinero y las buenas promesas; y as\u00ed ve el mundo el espect\u00e1culo curioso de que el antiguo presidente del club de los jacobinos, hoy Excelencia, d\u00e9 en los pasillos del Senado apretones de manos sospechosos y asedie e intrigue hasta conseguir que, por fin, propongan un par de bizantinos complacientes que \u00abse cree una instituci\u00f3n que destruya para siempre las esperanzas de los conspiradores, garantizando la permanencia del Gobierno mas all\u00e1 de la vida de su jefe\u00bb. Si se saca la hinchaz\u00f3n de esta frase como un tumor, se aparecer\u00e1, como contenido, la intenci\u00f3n de transformar al C\u00f3nsul vitalicio Bonaparte en el Emperador din\u00e1stico Napole\u00f3n. Y de la pluma de Fouch\u00e9 (que lo mismo escribe con b\u00e1lsamo que con sangre) procede probablemente la petici\u00f3n vil y sumisa del Senado con que se invita a Bonaparte \u00aba completar su obra, d\u00e1ndole forma inmortal\u00bb. Pocos habr\u00e1n cavado mas laboriosamente en la tumba definitiva de la Rep\u00fablica que Jos\u00e9 Fouch\u00e9, el de Nantes, el ex diputado de la Convenci\u00f3n, el ex presidente de los jacobinos, el mitrailleur de Lyon, el enemigo de los tiranos, anta\u00f1o el m\u00e1s republicano de todos los republicanos. <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: georgia, palatino, serif; font-size: 14pt;\">El premio no se hace esperar. As\u00ed como el ciudadano Fouch\u00e9 fue nombrado ministro por el ciudadano c\u00f3nsul Bonaparte, ahora, en 1804, tras dos a\u00f1os de destierro dorado, lo es otra vez Su Excelencia el se\u00f1or senador Fouch\u00e9 por Su Majestad el Emperador Napole\u00f3n. Por quinta vez presta Jos\u00e9 Fouch\u00e9 juramento -el primero lo prest\u00f3 al gobierno realista; el segundo, a la Rep\u00fablica; el tercero, al Directorio; el cuarto, al Consulado-. Pero Fouch\u00e9 solo tiene cuarenta y cinco a\u00f1os. \u00a1Cu\u00e1nto tiempo a\u00fan para nuevos juramentos, nuevas fidelidades e infidelidades! Con fuerza acumulada se echa nuevamente en el elemento, siempre amado, de viento y ola, obligado en juramento al nuevo Emperador, impulsado, en realidad, \u00fanicamente por su propio deleite en la inquietud. <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Un decenio est\u00e1n enfrentados sobre la escena mundial -mejor dicho, entre bastidores- las figuras de Napole\u00f3n y Fouch\u00e9, ligadas por el Destino, a pesar de una evidente resistencia mutua. Napole\u00f3n no quiere a Fouch\u00e9, ni Fouch\u00e9 a Napole\u00f3n. Llenos de antipat\u00eda secreta, se sirven el uno del otro, \u00fanicamente, por la fuerza de atracci\u00f3n de polos opuestos. Fouch\u00e9 conoce perfectamente la potencia demon\u00edaca, la fuerza magn\u00edfica de Napole\u00f3n; sabe que el mundo no creara un genio superior a \u00e9l en decenios, que no tendr\u00e1 un amo tan digno de que se le sirva. Napole\u00f3n, en cambio, por nadie se siente comprendido con tan vertiginosa rapidez como por la mirada sobria, clara, reflectante y atisbadora de este talento pol\u00edtico, laborioso, igualmente utilizable para lo mejor y para lo peor, a quien s\u00f3lo una cosa falta para ser el perfecto servidor: la consagraci\u00f3n incondicional, la fidelidad.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Porque Fouch\u00e9 no ser\u00e1 jam\u00e1s servidor de nada ni de nadie, y mucho menos lacayo, jam\u00e1s sacrificar\u00e1 \u00edntegramente su independencia espiritual, su propia voluntad, a una causa ajena. Al contrario, cuanto m\u00e1s se atan los ant iguos republicanos, disfrazados de nuevos arist\u00f3cratas, a la gloria del Emperador, cuanto m\u00e1s se rebajan, convirti\u00e9ndose en sus consejeros y aduladores, m\u00e1s se estira y se yergue la espalda de Fouch\u00e9. Claro que en contradicci\u00f3n abierta, en franca oposici\u00f3n , ya nada se puede alcanzar del Emperador, cada vez m\u00e1s en papel de C\u00e9sar. Ya no existe en el palacio de las Tuller\u00edas la confraternidad franca, el debate libre entre ciudadano y ciudadano; el Emperador Napole\u00f3n, que se hace llamar Sire por sus viejos compa\u00f1eros de guerra y hasta por sus propios hermanos (\u00a1c\u00f3mo reir\u00edan todos!) y a quien ning\u00fan mortal tutea, excepto su mujer, no quiere que le aconsejen sus ministros. No entra ya, como antes, con el liviano jabot de cuello escotado y con paso ligero y sigiloso el ciudadano ministro Fouch\u00e9 en el gabinete del ciudadano c\u00f3nsul Bonaparte, sino con el cuello alto y tieso, bordado en oro, que le oprime la garganta, envuelto en el pomposo uniforme de Corte, con medias negras de seda y zapatos deslumbradores, cuajado el pecho de condecoraciones, sombrero en mano. Ahora es recibido el ministro Jos\u00e9 Fouch\u00e9 en una especie de audiencia por el Emperador Napole\u00f3n. El \u00abse\u00f1or\u00bb Fouch\u00e9 tiene, lo primero, que inclinarse respetuosamente ante su antiguo conjurado y camarada, y no hablar sin haber obtenido licencia de \u00abSu Majestad\u00bb. Ha de hacer una reverencia al entrar y otra al despedirse; ha de recibir sin contradicci\u00f3n las \u00f3rdenes dadas bruscamente, en vez de entablar una conversaci\u00f3n \u00edntima. <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Contra la opini\u00f3n tempestuosa de este hombre de f\u00e9rrea voluntad no hay resistencia posible. <\/span><\/p>\n<figure id=\"attachment_17794\" aria-describedby=\"caption-attachment-17794\" style=\"width: 289px\" class=\"wp-caption alignleft\"><a href=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/talleyrand.jpg\" rel=\"lightbox[17787]\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-17794\" src=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/talleyrand-212x300.jpg\" alt=\"\" width=\"289\" height=\"409\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-17794\" class=\"wp-caption-text\"><span style=\"color: #008000;\">Talleyrand<\/span><\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Por lo menos, resistencia franca, abierta. Fouch\u00e9 conoce a Napole\u00f3n demasiado bien para querer persuadirle, cuando son distintas sus opiniones. Deja que le ordene, que le mande, como hace con todos los dem\u00e1s aduladores y ministros serviles del Imperio; pero con la peque\u00f1a diferencia de que no siempre obedece las \u00f3rdenes recibidas. Si le manda hacer detenciones que \u00e9l no aprueba, hace avisar secretamente a los amenazados y, cuando tiene que castigar, no deja de insinuar en todas partes que lo hace por orden expresa del Emperador, no por su propia voluntad. Los favores y las amabilidades, en cambio, los hace valer siempre como benevolencias propias. Cuanto m\u00e1s dominante se muestra Napole\u00f3n -y es verdaderamente sorprendente como su temperamento, siempre voluntarioso, va creciendo cada vez m\u00e1s libre y autocr\u00e1tico a medida que crece su poder-, mas amable y m\u00e1s conciliador es Fouch\u00e9. Y as\u00ed, sin una palabra contra el Emperador, \u00fanicamente con peque\u00f1os gestos, sonrisas y silencios, forma \u00e9l solo una oposici\u00f3n visible, pero incorp\u00f3rea, contra el nuevo amo \u00abpor la gracia de Dios\u00bb. La molestia peligrosa de decirle las verdades hace ya tiempo que no se la toma; sabe que reyes o emperadores, aunque antes se hayan llamado Bonaparte, no le quieren a uno para eso. S\u00f3lo disimuladamente introduce a veces, con mala intenci\u00f3n, algunas verdades de contrabando en sus comunicados cotidianos. En vez de decir: \u00abcreo\u00bb o \u00abme parece\u00bb y hacerse reprender por su opini\u00f3n y su pensamiento propios, escribe en sus reportajes: \u00abse cuenta\u00bb, o \u00abun embajador ha dicho\u00bb. De esta manera mete casi siempre en el pastel de frutas cotidiano de las novedades picantes un par de granos de pimienta sobre la familia imperial. Con labios p\u00e1lidos tiene que leer Napole\u00f3n toda la suciedad, toda la deshonra de sus hermanas, como rumores malignos y, a veces, conceptos mordaces sobre \u00e9l mismo, noticias agudas, con las que ali\u00f1a intencionadamente el bolet\u00edn la mano h\u00e1bil de Fouch\u00e9. <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Sin pronunciar una palabra, ofrece el taimado servidor de vez en cuando a su se\u00f1or verdades desagradables y antip\u00e1ticas, y ve, amable e indiferente, c\u00f3mo al o\u00edr la lectura las traga el duro se\u00f1or con dificultad. Tal es la peque\u00f1a venganza que se toma Fouch\u00e9 con el teniente Bonaparte, que desde que se puso \u00e9l mismo la levita imperial s\u00f3lo quiere ver ante s\u00ed a sus antiguos consejeros temblando y con la espalda curvada. <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Se ve que entre estos dos hombres no se respira un ambiente amable. Ni Fouch\u00e9 es un servidor agradable para Napole\u00f3n, ni Napole\u00f3n un amo agradable para Fouch\u00e9. Ni una s\u00f3la vez se deja poner sobre la mesa, displicente y confiado, un reportaje de polic\u00eda. Examina cada l\u00ednea con su mirada de azor en busca de la m\u00e1s peque\u00f1a falta, del m\u00e1s peque\u00f1o descuido; si da con \u00e9l, descarga la tormenta, reprende a su ministro como a un colegial, se entrega por completo a su temperamento corso. Los ujieres, los acechadores, los colegas del Ministerio manifiestan con unanimidad c\u00f3mo precisamente el contraste producido por la indiferencia con que resist\u00eda Fouch\u00e9 era lo que enfurec\u00eda al Emperador. Pero tambi\u00e9n sin testimonio (pues todas las Memorias de aquella \u00e9poca s\u00f3lo deben leerse con lupa) nos podr\u00edamos dar cuenta de la situaci\u00f3n, pues hasta en las cartas se oye tronar la voz de mando dura y aguda. \u00ab<strong><em>Encuentro que la polic\u00eda no lleva a cabo la vigilancia sobre la Prensa con la severidad necesaria<\/em><\/strong>\u00bb, reprocha al viejo, al experto maestro, o le reprende: \u00ab<strong><em>Se podr\u00eda creer que no se sabe leer en el Ministerio de polic\u00eda; all\u00ed no se ocupan de nada en absoluto<\/em><\/strong>\u00bb. O: \u00ab<strong><em>Le aconsejo mantenerse dentro del margen de su campo de acci\u00f3n y no mezclarse en asuntos ajenos<\/em><\/strong>\u00bb. Napole\u00f3n le agravia -es cosa sabida- sin compasi\u00f3n, ante testigos, ante sus ayudantes y ante el Consejo de Ministros, y cuando la ira le contrae los labios, no vacila en recordarle Lyon y su \u00e9poca terrorista, en llamarle regicida y traidor. Pero Fouch\u00e9, el observador fr\u00edo como el cristal, que al cabo de diez a\u00f1os conoce perfectamente el teclado de estas explosiones de ira que si a veces son hijas, como un producto de la sangre, del car\u00e1cter violento de este hombre incapaz de dominarse, otras son administradas por \u00e9l sabia y teatralmente, buscando todos los efectos y con clara conciencia de su histrionismo), y no se deja intimidar ni por las tormentas aut\u00e9nticas ni por las teatrales, y permanece igualmente impasible ante la ira falsa que ante el verdadero enfado del Emperador, con su cara blancuzca, incolora, de careta, aguarda tranquilamente sin pesta\u00f1ear, sin demostrar con un nervio emoci\u00f3n alguna bajo el diluvio de palabras chisporroteantes. S\u00f3lo cuando sale del gabinete asoma quiz\u00e1s a sus labios delgados una sonrisa ir\u00f3nica o maligna. Ni siquiera tiembla cuando grita el Emperador: \u00ab<strong><em>Es usted un traidor, deb\u00eda mandar fusilarle<\/em><\/strong>\u00bb, sino que contesta, sin balbuceos en la voz: \u00ab<strong><em>No soy de esa opini\u00f3n, Sire<\/em><\/strong>\u00bb. Cien veces se deja despedir, amenazar con el destierro y la sustituci\u00f3n en el cargo, y, sin embargo, sale tranquilo del aposento, completamente seguro de que el Emperador le llamar\u00e1 al d\u00eda siguiente. Y siempre tiene raz\u00f3n. Pues a pesar de su desconfianza, de su ira y de su odio secreto, no se puede Napole\u00f3n desembarazar del todo de Fouch\u00e9, durante un decenio hasta \u00faltima hora.<\/span><\/p>\n<figure id=\"attachment_17795\" aria-describedby=\"caption-attachment-17795\" style=\"width: 302px\" class=\"wp-caption alignright\"><a href=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/napoleon_tolon.jpg\" rel=\"lightbox[17787]\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-17795\" src=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/napoleon_tolon-243x300.jpg\" alt=\"\" width=\"302\" height=\"373\" srcset=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/napoleon_tolon-243x300.jpg 243w, https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/napoleon_tolon.jpg 340w\" sizes=\"auto, (max-width: 302px) 100vw, 302px\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-17795\" class=\"wp-caption-text\"><span style=\"color: #008000;\">Napole\u00f3n en Tol\u00f3n <\/span><\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Este poder de Fouch\u00e9 sobre Napole\u00f3n, que es un enigma para todos los contempor\u00e1neos, no tiene nada de m\u00e1gico o de hipn\u00f3tico. Es un poder adquirido por laboriosidad, habilidad y observaci\u00f3n sistem\u00e1ticas, un poder calculado. Fouch\u00e9 sabe mucho, sabe demasiado. Conoce, gracias a las comunicaciones del Emperador, y a\u00fan en contra de la imperial voluntad, todos los secretos imperiales y tiene as\u00ed en jaque, por estar informado de manera perfecta, casi m\u00e1gica, al Imperio entero y tambi\u00e9n a su se\u00f1or. Por la propia esposa del Emperador, por Josefina, conoce los detalles m\u00e1s \u00edntimos del t\u00e1lamo imperial; por Barras, cada paso dado en la escalera de caracol de su ascensi\u00f3n. Vigila, gracias a sus propias relaciones con hombres de dinero, la situaci\u00f3n econ\u00f3mica particular del Emperador. No pasa inadvertido para \u00e9l ni uno de los cien asuntos sucios de la familia Bonaparte: los asuntos de juego de sus hermanos, las aventuras escabrosas de Paulina. Tampoco se le ocultan los desv\u00edos matrimoniales de su amo. Si Napole\u00f3n sale a las once de la noche envuelto en un abrigo extra\u00f1o y completamente embozado por un a puerta secreta de las Tuller\u00edas para visitar a una amante, sabe Fouch\u00e9, a la ma\u00f1ana siguiente, ad\u00f3nde se dirigi\u00f3 el coche, cu\u00e1nto tiempo permaneci\u00f3 el Emperador en aquella casa y cu\u00e1ndo regres\u00f3; hasta puede avergonzar una vez al Soberano del mundo con la comunicaci\u00f3n de que una favorita le enga\u00f1aba a \u00e9l, a Napole\u00f3n, con un corista cualquiera de teatro. De cada escrito importante del gabinete del Emperador, recibe directamente una copia Fouch\u00e9, gracias a un secretario sobornado; y varios lacayos, de alta y baja categor\u00eda, cobran un suplemento mensual de la caja secreta del ministro de Polic\u00eda, como recompensa por el soplo de todos los chismorreos de palacio. De d\u00eda y de noche, en la mesa y en la cama, est\u00e1 Napole\u00f3n vigilado por su extremado servidor. Imposible ocultarle un secreto: as\u00ed esta el Emperador obligado a confi\u00e1rselo todo, quiera o no. Y ese conocimiento de todo y de todos constituye el poder \u00fanico de Fouch\u00e9 sobre los hombres, que Balzac tanto admira. <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Pero con el mismo cuidado con que Fouch\u00e9 vigila todos los asuntos, proyectos, pensamientos y palabras del Emperador, se esfuerza en ocultarle los suyos propios. Fouch\u00e9 no conf\u00eda jam\u00e1s, ni al Emperador ni a nadie, sus verdaderas intenciones y sus trabajos. De su enorme material de noticias solo comunica lo que quiere. Todo lo dem\u00e1s queda encerrado en el caj\u00f3n del escritorio del ministro de Polic\u00eda: en este \u00faltimo reducto no deja Fouch\u00e9 penetrar ninguna mirada. Pone su pasi\u00f3n, la \u00fanica que le domina por completo, en el deleite magn\u00edfico de ser herm\u00e9tico, impenetrable, algo de que nadie puede alardear. Por eso es in\u00fatil que Napole\u00f3n haga que le pisen los talones un par de esp\u00edas: Fouch\u00e9 se burla de ellos y hasta los utiliza para reexpedir al enga\u00f1ado remitente relatos completamente falsos y absurdos. Con los a\u00f1os, hace este juego de espionaje y contraespionaje entre los dos, cada vez mas odioso y taimado, su relaci\u00f3n francamente insincera&#8230; No; verdaderamente no se respira un ambiente puro y transparente entre estos dos hombres, de los que el uno quiere ser demasiado amo y el otro demasiado poco servidor. Cuanto m\u00e1s fuerte se hace Napole\u00f3n, m\u00e1s molesto le va siendo Fouch\u00e9. Cuanto m\u00e1s fuerte se hace Fouch\u00e9, m\u00e1s odioso le es Napole\u00f3n. <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Detr\u00e1s de esta enemistad particular de esp\u00edritus opuestos se introduce poco a poco la tensi\u00f3n, crecida hasta lo gigantesco, de la \u00e9poca. Pues de a\u00f1o en a\u00f1o se evidencian cada vez m\u00e1s claramente, dentro de Francia, dos voluntades encontradas: el pa\u00eds quiere, al fin, la paz, y Napole\u00f3n quiere siempre, y siempre de nuevo, la guerra. El Bonaparte de 1800, heredero y ordenador de la Revoluci\u00f3n, estaba a\u00fan completamente identificado con su pa\u00eds, con su pueblo y con sus ministros; el Napole\u00f3n de 1804, el Emperador del nuevo decenio, ya no piensa en su pa\u00eds, ni en su pueblo, s\u00f3lo piensa en Europa, en el mundo, en la inmortalidad. Despu\u00e9s de haber cumplido magistralmente la misi\u00f3n a \u00e9l confiada, se crea, por la opulencia misma de su fuerza, nuevos problemas cada vez m\u00e1s dif\u00edciles, y as\u00ed, quien transform\u00f3 el caos en orden, arrastra de nuevo violentamente al caos la obra propia, el orden propio. No queremos decir con ello que su inteligencia clara y aguda como un diamante se hubiera turbado; nada de eso: el intelecto matem\u00e1ticamente exacto de Napole\u00f3n permanece, a pesar de lo demon\u00edaco, siempre grandiosamente despierto hasta el \u00faltimo momento, en que escribe moribundo, con mano temblorosa, su testamento, esa obra de sus obras. Pero este intelecto suyo lleg\u00f3 a perder la noci\u00f3n de la medida terrestre, \u00a1y c\u00f3mo podr\u00eda ser de otra manera tras el logro de tantas cosas inveros\u00edmiles! Napole\u00f3n esta tan poco perturbado espiritualmente, hasta en sus aventuras m\u00e1s locas, como Alejandro, Carlos XII y Cort\u00e9s. Perdi\u00f3, como ellos, solamente por victorias excepcionalmente extraordinarias, la medida real de lo posible, y precisamente este furor, unido a su inteligencia clar\u00edsima, produjo el grandioso fen\u00f3meno del esp\u00edritu, magn\u00edfico como un \u00abmistral\u00bb bajo el cielo limpio, esas haza\u00f1as que son cr\u00edmenes de un s\u00f3lo hombre en cientos de miles y que, sin embargo, enriquecen legendariamente a la Humanidad. La marcha de Alejandro desde Grecia a la India -a\u00fan hoy algo fant\u00e1stica, si se la sigue en el mapa-; la expedici\u00f3n de Cort\u00e9s, la ruta de Carlos XII de Estocolmo a Poltava, la caravana de seiscientos mil hombres que arrastra Napole\u00f3n desde Espa\u00f1a a Mosc\u00fa. Estas haza\u00f1as del valor y de la temeridad son en nuestra historia moderna lo que las luchas de Prometeo y de los titanes contra los dioses en el mito griego: hybris y hero\u00edsmo, en todo caso el m\u00e1ximum, temerario ya, de lo humanamente asequible. Y hacia ese l\u00edmite extremo tiende Napole\u00f3n, irresistiblemente, apenas siente ce\u00f1ida su sien por la corona imperial. Con los \u00e9xitos crecen sus designios, con las victorias su atrevimiento, con los triunfos sobre el destino el deseo de provocarle, cada vez con mayor audacia. Nada m\u00e1s natural, pues, que las personas que le rodean, cuando no est\u00e9n aturdidas por la charanga de los botines victoriosos o cegados por los \u00e9xitos, sobre todo los inteligentes, los cautos como Talleyrand y Fouch\u00e9, comiencen a estremecerse. Tienen el pensamiento en el tiempo en que viven, en el presente, en Francia&#8230; Napole\u00f3n s\u00f3lo piensa en la posteridad, en la leyenda, en la historia. <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Este contraste entre raz\u00f3n y pasi\u00f3n, entre los caracteres l\u00f3gicos y los demon\u00edacos, que se repite eternamente en la Historia, aparece en Francia poco despu\u00e9s del cambio de siglo, detr\u00e1s de las grandes figuras. La guerra ha hecho grande a Napole\u00f3n, le ha elevado de la nada a un trono imperial. \u00bfQu\u00e9 m\u00e1s natural, pues, que desee siempre nuevas guerras y siempre mayores y m\u00e1s poderosos contrincantes? Reducidas a cifras, se elevan ya sus empresas a lo fant\u00e1stico. En Marengo, en 1800, venci\u00f3 con treinta mil hombres; cinco a\u00f1os m\u00e1s tarde pone en el campo trescientos mil hombres, y cinco a\u00f1os despu\u00e9s arranca un mill\u00f3n de soldados al pa\u00eds desangrado y harto de guerras. Al \u00faltimo galope de su ej\u00e9rcito, al m\u00e1s torpe ga\u00f1\u00e1n se le podr\u00eda demostrar con los cinco dedos de la mano que tal guerroman\u00eda y \u00abcourroman\u00eda\u00bb (Stendhal cre\u00f3 esta palabra) habr\u00edan de conducirle finalmente a la cat\u00e1strofe. Prof\u00e9ticamente dijo Fouch\u00e9 en una ocasi\u00f3n durante un di\u00e1logo con Metternich, cinco a\u00f1os antes de Mosc\u00fa: \u00ab<strong><em>Cuando os haya vencido, no queda m\u00e1s que Rusia y China<\/em><\/strong>\u00bb. Uno s\u00f3lo hay que no comprende esto&#8230; o que se cubre los ojos con la mano: Napole\u00f3n. Quien vivi\u00f3 los d\u00edas de Austerlitz, de Marengo y de Eylau, no podr\u00e1 ya sentir la menor emoci\u00f3n, la m\u00e1s m\u00ednima satisfacci\u00f3n, recibiendo en los bailes de corte a los palatinos uniformados, o sentado en la \u00f3pera, adornada de gala, oyendo hablar a los diputados aburridos&#8230; No, ya no siente vibrar sus nervios m\u00e1s que cuando a la cabeza de sus tropas, en marchas forzadas, arrolla pa\u00edses enteros; cuando destruye ej\u00e9rcitos; cuando quita o pone reyes con gesto displicente, como si fueran figuras de ajedrez; cuando el templo de los inv\u00e1lidos se convierte en un rumoroso bosque de banderas, y cuando se colma la Tesorer\u00eda, reci\u00e9n fundada, con el bot\u00edn de saqueo de Europa entera. No piensa m\u00e1s que en regimientos, en divisiones, en ej\u00e9rcitos; considera ya a Francia, a todo el pa\u00eds, a todo el mundo, como campo de presa, como pertenencia, como propiedad suya lib\u00e9rrima (La France c&#8217;est moi). Pero algunos de los suyos persisten, en su intimidad, en la opini\u00f3n de que Francia se pertenece a s\u00ed misma sobre todas las cosas y que no han de servir sus hombres, sus ciudadanos, para sacar reyes del clan corso y convertir a Europa en fideicomiso bonapartista. Con creciente indignaci\u00f3n ven como a\u00f1o tras a\u00f1o se fijan las listas de reclutamiento en las puertas de las ciudades, c\u00f3mo se arranca a los j\u00f3venes de dieciocho y diecinueve a\u00f1os de sus casas para que sucumban en las fronteras de Portugal, en los desiertos nevados de Polonia y Rusia, sin finalidad alguna, o al menos con una finalidad inconcebible ya. As\u00ed surge entre el que lleva la mirada fija en las estrellas y los esp\u00edritus m\u00e1s clarividentes, que perciben el cansancio y la impaciencia del pa\u00eds, una incompatibilidad cada vez m\u00e1s enconada. Y como su genio, de d\u00eda en d\u00eda m\u00e1s dominante y autocr\u00e1tico, no se deja aconsejar ya ni de los m\u00e1s \u00edntimos, empiezan \u00e9stos, en secreto, a pensar c\u00f3mo se puede parar la marcha vertiginosa de esta rueda desatentada, c\u00f3mo se le puede librar de la ca\u00edda inevitable en el abismo. Y as\u00ed llegara el momento en que la raz\u00f3n y la pasi\u00f3n se dividan y se combatan abiertamente, desencaden\u00e1ndose la lucha entre Napole\u00f3n y los m\u00e1s prudentes de sus servidores.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<figure id=\"attachment_17796\" aria-describedby=\"caption-attachment-17796\" style=\"width: 800px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/Napoleon-Batalla-de-Austerlitz.jpg\" rel=\"lightbox[17787]\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-17796 size-full\" src=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/Napoleon-Batalla-de-Austerlitz.jpg\" alt=\"\" width=\"800\" height=\"544\" srcset=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/Napoleon-Batalla-de-Austerlitz.jpg 800w, https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/Napoleon-Batalla-de-Austerlitz-300x204.jpg 300w, https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/Napoleon-Batalla-de-Austerlitz-768x522.jpg 768w\" sizes=\"auto, (max-width: 800px) 100vw, 800px\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-17796\" class=\"wp-caption-text\"><span style=\"color: #008000;\">Napoleon Bonaparte en la batalla de Austerlitz <\/span><\/figcaption><\/figure>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Esta resistencia secreta contra la pasi\u00f3n guerrera y el desenfreno de Napole\u00f3n llega hasta unir a los mas encarnizados enemigos entre sus consejeros: Fouch\u00e9 y Talleyrand. Estos dos ministros, los m\u00e1s capaces de Napole\u00f3n, las figuras psicol\u00f3gicamente m\u00e1s interesantes de su \u00e9poca, no se quieren&#8230; probablemente porque se parecen demasiado. Los dos son de un realismo clarividente, los dos c\u00ednicos y decididos disc\u00edpulos de Maqui\u00e1velo. Los dos pasaron por la escuela de la Iglesia, por la escuela ardiente de la Revoluci\u00f3n; los dos se conducen con la misma sangre fr\u00eda, con igual desenvoltura en cuestiones de dinero y de honor; los dos sirven con la misma frialdad, con la misma falta de escr\u00fapulos, a la Rep\u00fablica, al Directorio, al Consulado, al Imperio y al Rey&#8230; Siempre encontramos disfrazados de revolucionarios, de senadores, de ministros, de servidores del rey a estos dos caracteres t\u00edpicos de la veleidad sobre el mismo escenario hist\u00f3rico. Y precisamente por ser de la misma raza espiritual, y por desempe\u00f1ar los mismos papeles diplom\u00e1ticos, se odian con el fr\u00edo conocimiento y el firme desd\u00e9n de rivales. <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Los dos pertenecen al mismo tipo moral; pero si su parecido procede del car\u00e1cter, su diferencia nace del origen. Talleyrand, Duque de P\u00e9rigord, arzobispo de Autun, pr\u00edncipe de rancia estirpe aristocr\u00e1tica, viste ya la toga violeta del se\u00f1or\u00edo eclesi\u00e1stico de toda una provincia francesa, cuando el hijo del peque\u00f1o mercader, el pobre Jos\u00e9 Fouch\u00e9, es un \u00ednfimo d\u00f3mine de seminario que pugna para ense\u00f1ar matem\u00e1ticas y lat\u00edn a su docena de disc\u00edpulos conventuales por unos pocos soles al mes. Es ya Talleyrand embajador de la Rep\u00fablica francesa en Londres y orador afamado en los Estados generales, cuando Fouch\u00e9 anda todav\u00eda por los clubs con trabajos y adulaciones a la pesca de su mandato. Talleyrand llega a la Revoluci\u00f3n desde arriba, desciende, como un soberano de su carroza, saludado con j\u00fabilo respetuoso, baja un par de escalones para entrar en el Tercer Estado, mientras que Fouch\u00e9 asciende a \u00e9l trabajosamente y a fuerza de intrigas. Esta diferencia de origen da a sus dotes esenciales el matiz particular. Talleyrand sirve como hombre de gran prestancia, con la llaneza indiferente y fr\u00eda de un grand seigneur; Fouch\u00e9, con la laboriosidad celosa y astuta del bur\u00f3crata ambicioso. A\u00fan en las mismas cosas en que se parecen son distintos; si los dos aman, por ejemplo, el dinero, Talleyrand lo quiere a l a manera aristocr\u00e1tica: para despilfarrarlo, para dejar correr en abundancia el oro en la mesa de juego, con mujeres; Fouch\u00e9, el hijo del mercader, para capitalizarlo y amontonarlo cuidadosamente. Para Talleyrand, el Poder es s\u00f3lo un medio para el placer, algo que le proporciona la oportunidad m\u00e1s propicia y noble de apoderarse de todas las cosas sensuales de la tierra, como el lujo, las mujeres, el arte, la buena mesa; mientras que Fouch\u00e9, en cambio, sigue siendo, como multimillonario, un ahorrador espartano y conventual. Ninguno de los dos podr\u00e1 desprenderse nunca, por completo, de su origen social: nunca, ni en los d\u00edas m\u00e1s feroces del terror, ser\u00e1 el Pr\u00edncipe de Perigord, Talleyrand, un verdadero hombre del pueblo, un republicano; nunca, ni a\u00fan cuando le nombren Duque de Otranto, ser\u00e1 Jos\u00e9 Fouch\u00e9, a pesar del uniforme galoneado de oro, un verdadero arist\u00f3crata. <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">El m\u00e1s brillante, el m\u00e1s encantador, quiz\u00e1 tambi\u00e9n el m\u00e1s considerable de los dos, es Talleyrand. Esp\u00edritu formado en una tradici\u00f3n de cultura rancia y refinada, pulido por la gracia del siglo XVIII, ama el juego diplom\u00e1tico como uno de los muchos juegos interesantes de la vida, pero odia el trabajo. De mala gana escribe \u00e9l mismo una carta; lo que m\u00e1s le place a este aut\u00e9ntico vividor, a este catador refinado, es dejar que otro haga el trabajo de acarreo, para luego recoger \u00e9l y resumir los resultados con su mano fina, llena de sortijas. Le basta siempre su intuici\u00f3n, que penetra con mirada de rayo las situaciones mas enredadas. Psic\u00f3logo por nacimiento y por experiencia, penetra, como dice Napole\u00f3n, todos los pensamientos y afirma, sin titubear, a cada uno, en su deseo m\u00e1s rec\u00f3ndito. Audaces virajes mentales, concepciones r\u00e1pidas, rodeos elegantes en los momentos peligrosos: he aqu\u00ed su fuerza. Desde\u00f1a profundamente el trabajo en cuanto exige de \u00e9l el m\u00e1s peque\u00f1o esfuerzo. De su tendencia al m\u00ednimum, a la forma concentrada de las resoluciones espirituales, procede su talento especial para los juegos de palabras m\u00e1s brillantes, para el aforismo. No escribe extensos relatos: con una s\u00f3la palabra cortante define una situaci\u00f3n, una persona. Fouch\u00e9, en cambio, carece en absoluto de esta virtud de la visi\u00f3n universal r\u00e1pida. Trajina como una hormiga que, teje pacientemente su malla laboriosa con puntos incontables, en un constante ir y venir a trav\u00e9s de mil y mil observaciones, que, sumadas y combinadas luego, dan resultados concienzudos, irresistibles. Su m\u00e9todo es anal\u00edtico; el de Talleyrand, visionario. Su talento, el trabajo; el de Talleyrand, la agilidad mental. Ning\u00fan artista pudiera inventar una pareja m\u00e1s contraria y perfecta que la personificada por la Historia en estas dos figuras, en e1 vago y genial improvisador Talleyrand y en Fouch\u00e9, avizor despierto de mil ojos vigilantes, para situarlos junto a Napole\u00f3n, el genio perfecto que re\u00fane en s\u00ed las facultades de los dos: la mirada para el conjunto y para el detalle, la pasi\u00f3n y la laboriosidad, el saber y la visi\u00f3n universales.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/libertad-igualdad-fraternidad.jpg\" rel=\"lightbox[17787]\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter wp-image-17797\" src=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/libertad-igualdad-fraternidad-300x206.jpg\" alt=\"\" width=\"590\" height=\"406\" srcset=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/libertad-igualdad-fraternidad-300x206.jpg 300w, https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/libertad-igualdad-fraternidad-768x528.jpg 768w, https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/libertad-igualdad-fraternidad-1024x705.jpg 1024w, https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/libertad-igualdad-fraternidad.jpg 1074w\" sizes=\"auto, (max-width: 590px) 100vw, 590px\" \/><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Pero en ninguna parte surgen m\u00e1s crueles odios que entre las especies distintas de la misma casta. Por eso se detestan, desde lo m\u00e1s hondo de su intimidad, instintivamente, con conciencia exacta, biol\u00f3gica, Talleyrand y Fouch\u00e9. Desde el primer d\u00eda le es antip\u00e1tico al grand seigneur el celoso y pedante acumulador de mensajes, el moscard\u00f3n, el fr\u00edo esp\u00eda que es Fouch\u00e9, y \u00e9ste, por su parte, se enfurece ante la frivolidad, el despilfarro y la negligencia aristocr\u00e1tica y despectiva, indolente y afeminada de Talleyrand. Por eso se expresan, el uno del otro, con palabras que son flechazos envenenados. Talleyrand dice sonriente: <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">\u00ab<em><strong>Fouch\u00e9 desprecia tanto a la Humanidad porque se conoce demasiado bien a s\u00ed mismo<\/strong><\/em>\u00bb. Fouch\u00e9, en cambio, dice sarc\u00e1sticamente cuando es nombrado Talleyrand vicecanciller: il ne lui manquait que ce vicel\u00e0. Procuran mutuamente, con la mayor complacencia, molestarse todo lo posible, y no pierden, obstinados, la menor ocasi\u00f3n de hacerse da\u00f1o. El que ambos, el \u00e1gil y el laborioso, se completen as\u00ed en sus facultades, los hace \u00fatiles a Napole\u00f3n como ministros, y el que se odien con tanto ah\u00ednco, le conviene igualmente, pues gracias a ese odio se vigilan mutuamente mejor que cien esp\u00edas. Fouch\u00e9 se apresura a comunicar las corrupciones, las bacanales, las negligencias de Talleyrand; en cambio, de cada nueva maquinaci\u00f3n, de cada nueva martingala de Fouch\u00e9 da cuenta presuroso Talleyrand. As\u00ed se siente Napole\u00f3n a la vez servido y guardado por esta singular pareja. Como psic\u00f3logo estupendo, utiliza Napole\u00f3n la rivalidad de sus ministros de la manera m\u00e1s acertada para estimularlos y al mismo tiempo para tenerlos a raya. <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Con esta enemistad contumaz de los dos rivales, Fouch\u00e9 y Talleyrand, se deleita durante a\u00f1os todo Par\u00eds. Como en una escena de Moliere pueden contemplarse las variaciones constantes de esta comedia representada en los escalones del trono, y regocijarse viendo como siempre de nuevo se pinchan y se persiguen con bromas mordaces los dos servidores del Soberano, mientras su amo observa con superioridad ol\u00edmpica esta ri\u00f1a para \u00e9l tan ventajosa. Pero cuando \u00e9ste -y todos- esperan que contin\u00fae entre ellos el juego del perro y el gato, cambian repentinamente los dos refinados actores los papeles e inician un juego serio. Por vez primera puede m\u00e1s el disgusto com\u00fan contra su se\u00f1or que su rivalidad. En 1808 Napole\u00f3n empieza una nueva guerra, la m\u00e1s in\u00fatil y absurda de sus guerras: la campa\u00f1a contra Espa\u00f1a. En 1805 venci\u00f3 a Austria y Rusia; en 1807 aniquil\u00f3 a Prusia y someti\u00f3 a los Estados alemanes e italianos; y no existe el menor motivo de enemistad contra Espa\u00f1a. Pero Jos\u00e9, el hermano ingenuo (algunos a\u00f1os despu\u00e9s confesar\u00e1 el mismo Napole\u00f3n que \u00ab<strong>se hab\u00eda sacrificado para tontos<\/strong>\u00bb), quiere tambi\u00e9n una corona; y como no hay ninguna vacante se acuerda arrebat\u00e1rsela a la dinast\u00eda espa\u00f1ola, con violaci\u00f3n del derecho internacional. Nuevamente suenan los tambores, otra vez marchan los batallones y corre a raudales el dinero, reunido con tanto trabajo en las cajas; y otra vez se embriaga Napole\u00f3n con el placer peligroso de las victorias. <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Este indomable furor guerrero comienza, a la larga, a fatigar a los m\u00e1s indiferentes. Tanto Fouch\u00e9 como Talleyrand desaprueban esta guerra inmotivada, en la que ha de desangrarse Francia durante siete a\u00f1os; y como el Emperador no escucha ni al uno ni al otro, tiene lugar una aproximaci\u00f3n t\u00e1cita entre ellos . Saben muy bien que el Emperador no acepta sus consejos y tira enfurecido sus cartas a un rinc\u00f3n; hace tiempo ya que los hombres de Estado se sienten en inferioridad frente a mariscales, generales y espadones y, sobre todo, frente al clan corso, cuyos miembros est\u00e1n ansiosos de velar un pasado miserable con el manto de armi\u00f1o. Por eso intentan una protesta p\u00fablica, y acuerdan, ya que se ven privados de hablar libremente, poner en escena una pantomima pol\u00edtica, una verdadero y aut\u00e9ntico golpe teatral: aliarse ostentosamente.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Qui\u00e9n dirige la escena con tan admirable habilidad, si es Talleyrand o Fouch\u00e9, no se sabe. Se desenvuelve de esta manera: mientras lucha Napole\u00f3n en Espa\u00f1a, se divierte Par\u00eds en fiestas y banquetes continuos; esta ya acostumbrado a la guerra anual como a la nieve del invierno y a la tormenta del verano&#8230; <\/span><\/p>\n<figure id=\"attachment_17798\" aria-describedby=\"caption-attachment-17798\" style=\"width: 302px\" class=\"wp-caption alignleft\"><a href=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/metternich.jpg\" rel=\"lightbox[17787]\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-17798\" src=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/metternich.jpg\" alt=\"\" width=\"302\" height=\"391\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-17798\" class=\"wp-caption-text\"><span style=\"color: #008000;\">Metternich<\/span><\/figcaption><\/figure>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">En la rue Saint-Florentin, en la mansi\u00f3n del gran canciller, resplandecen mil velas una noche de diciembre de 1808 y suena la m\u00fasica (mientras Napole\u00f3n escribe en cualquier sucio alojamiento de Valladolid la orden del d\u00eda). Bellas mujeres, de las que tanto gusta Talleyrand; una sociedad deslumbradora de altos funcionarios de Estado, de embajadores extranjeros, charla animadamente; se baila y se goza. Repentinamente surge un susurro, un cuchicheo tenue, en todos los rincones; el baile se interrumpe, los invitados se agrupan asombrados: acaba de entrar el hombre a quien jam\u00e1s se hubiera esperado all\u00ed. Fouch\u00e9, el Casio desmedrado, a quien, como sabe todo el mundo, odia y desprecia con encono Talleyrand y que jam\u00e1s puso los pies en su casa. Pero lo inaudito es que, con cortes\u00eda afectada, acude, cojeando, el ministro de Asuntos Extranjeros al encuentro del ministro de Polic\u00eda, le saluda con cari\u00f1o, como a un querido invitado y amigo y le toma amistosamente del brazo. Le trata con afecto ostensible y penetran los dos en un gabinete contiguo, donde se sientan en un div\u00e1n y conversan en voz baja&#8230; La curiosidad que se despierta entre los presentes es enorme. A la ma\u00f1ana siguiente sabe todo Par\u00eds la novedad sensacional. En todas partes s\u00f3lo se habla de esta reconciliaci\u00f3n repentina, exhibida tan llamativamente, y todo el mundo comprende su sentido. Si el perro y el gato se unen con tanta pasi\u00f3n, no puede ser mas que contra el cocinero: la amistad entre Fouch\u00e9 y Talleyrand equivale a la franca desaprobaci\u00f3n de los ministros contra su se\u00f1or, contra Napole\u00f3n. Enseguida se ponen en movimiento todos los esp\u00edas para averiguar lo que verdaderamente se intenta con este complot. En todas las Embajadas rasguean las plumas sobre mensajes urgentes; Metternich manda un correo especial a Viena diciendo \u00ab<em>que esta uni\u00f3n interpreta los deseos de una naci\u00f3n demasiado cansada<\/em>\u00bb; pero tambi\u00e9n los hermanos y hermanas de Napole\u00f3n se alarman y env\u00edan por su parte el mensajero m\u00e1s r\u00e1pido al Emperador con la noticia inaudita.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">En un correo especial y urgente llega r\u00e1pida la noticia a Espa\u00f1a; pero m\u00e1s ligero, si cabe, vuela Napole\u00f3n, como herido por un latigazo, camino de Par\u00eds. Ni a sus confidentes llama a su presencia cuando recibe la carta. Se muerde los labios furiosamente y da \u00f3rdenes inmediatas para el regreso. La aproximaci\u00f3n de Talleyrand y Fouch\u00e9 le afecta m\u00e1s que una batalla perdida. Casi vertiginoso es el tempo de su viaje: el 17 parte de Valladolid, el 18 est\u00e1 en Burgos; el 19, en Bayona; en ning\u00fan sitio se hace alto; en todas partes se cambian r\u00e1pidamente los caballos cansados; el d\u00eda 22 irrumpe como una tempestad en las Tuller\u00edas y el 23 da la r\u00e9plica a la comedia ingeniosa de Talleyrand con una escena igualmente teatral. Toda la multitud engalonada de cortesanos, ministros y generales es cuidadosamente colocada como comparsa; se ha de ver p\u00fablicamente c\u00f3mo aniquila el Emperador con pu\u00f1o f\u00e9rreo hasta la m\u00e1s insignificante oposici\u00f3n contra su voluntad. A Fouch\u00e9 le ha llamado el d\u00eda antes y a puerta cerrada le ha fustigado con enorme dureza; a lo que el otro, acostumbrado a esta clase de luchas, ha respondido con su inmutable impavidez habitual, excus\u00e1ndose con palabras suaves y h\u00e1biles y escurri\u00e9ndose a tiempo. Para este hombre servil basta, as\u00ed lo cree el Emperador, un puntapi\u00e9 al pasar. Pero Talleyrand, precisamente porque se le tiene por el m\u00e1s fuerte, por el m\u00e1s poderoso, ha de pagar la cuenta en p\u00fablico. La escena, que ha sido narrada muchas veces, es una de las mejor es del teatro de la Historia. Primero expresa el Emperador su descontento con frases generales, por la deslealtad de algunos durante su ausencia; pero luego, irritado por la fr\u00eda indiferencia de Talleyrand, se dirige bruscamente a \u00e9l, que, inm\u00f3vil, con actitud displicente, apoya el brazo sobre la cornisa de la chimenea. Y las frases, que s\u00f3lo iban a ser burlescas, ir\u00f3nicas, se convierten repentinamente, ante los ojos de toda la corte, en un verdadero torrente de ira. El Emperador vierte sobre el hombre mayor en edad y experiencia las injurias m\u00e1s bajas: le llama ladr\u00f3n, perjuro, renegado, mercenario; le dice que vender\u00eda por dinero a su propio padre; le echa la culpa del asesinato del Duque de Enghien y de la guerra de Espa\u00f1a. Ni una lavandera insultar\u00eda tan soezmente a su enemiga en pleno patio de vecindad como insulta Napole\u00f3n al Duque de Perigord, al veterano de la Revoluci\u00f3n, al primer diplom\u00e1tico de Francia. Cuantas personas ven y escuchan la escena est\u00e1n anonadadas, molestas; comprenden que el Emperador esta haciendo un mal papel, \u00fanicamente Talleyrand, que tiene piel de elefante para semejantes agresiones y de quien se cuenta que se durmi\u00f3 una vez leyendo un libelo contra \u00e9l, no contrae el semblante, demasiado orgulloso para sentirse ofendido por tales injurias. Descargada la tormenta, sale silencioso, cojeando sobre el parquet brillante, y al pasar por la antesala deja caer una de esas peque\u00f1as frases envenenadas que hieren mortalmente: \u00ab\u00a1<em><strong>Que l\u00e1stima que un hombre tan grande est\u00e9 tan mal educado!<\/strong><\/em>\u00bb, dice tranquilamente mientras el criado le ayuda a ponerse el paleto.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<figure id=\"attachment_17799\" aria-describedby=\"caption-attachment-17799\" style=\"width: 749px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/francia-revoluci\u00f3n.jpg\" rel=\"lightbox[17787]\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-17799 size-full\" src=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/francia-revoluci\u00f3n.jpg\" alt=\"\" width=\"749\" height=\"539\" srcset=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/francia-revoluci\u00f3n.jpg 749w, https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/francia-revoluci\u00f3n-300x216.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 749px) 100vw, 749px\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-17799\" class=\"wp-caption-text\"><span style=\"color: #008000;\">Combate de la calle de Rohan<\/span><\/figcaption><\/figure>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">La misma noche es destituido Talleyrand de su dignidad de gentilhombre de c\u00e1mara. Con curiosidad despliegan en los d\u00edas siguientes los envidiosos el Moniteur para leer tambi\u00e9n, entre las noticias de Estado, el comunicado con la destituci\u00f3n de Fouch\u00e9. Pero se equivocan. Fouch\u00e9 se queda. Como siempre, se ha puesto en su ataque detr\u00e1s de alguien fuerte que le sirva de escudo. Se recordar\u00e1 que Collot su c\u00f3mplice de Lyon, es deportado a las islas infectas y que Fouch\u00e9 se queda; que Babceuf, su c\u00f3mplice en la lucha contra el Directorio, es fusilado y que Fouch\u00e9 se queda Y tambi\u00e9n esta vez cae \u00faltimamente el que va delante Talleyrand; Fouch\u00e9 se queda. Los Gobiernos, los sistemas las opiniones, los hombres cambian; todo cae y desaparece en el torbellino vertiginoso de aquel decenio; s\u00f3lo uno permanece siempre en el mismo sitio, al servicio de todos y de todas las ideas: Jos\u00e9 Fouch\u00e9. <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Fouch\u00e9 queda en el Poder, como siempre y a\u00fan mejor que siempre. Adem\u00e1s de haber desaparecido con Talleyrand el m\u00e1s peligroso de sus enemigos y de haber sido sustituido con un mero sacrist\u00e1n de am\u00e9n destinado a decir a todo que s\u00ed. Napole\u00f3n, el amo molesto, en 1809, como todos los a\u00f1os, hace una nueva guerra, esta vez con Austria. <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">La ausencia de Napole\u00f3n de Par\u00eds y que no atienda a los asuntos del Estado es lo m\u00e1s agradable que puede ocurrir a Fouch\u00e9; y cuanto m\u00e1s lejos y por mas tiempo&#8230; en Austria, en Espa\u00f1a, en Polonia, mejor. Fouch\u00e9 quisiera verle partir nuevamente para Egipto&#8230; Su luz, demasiado potente, deja a todos en la sombra; su presencia dominadora y animadora paraliza con su desp\u00f3tica superioridad la voluntad de los dem\u00e1s.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Mas cuando esta a cien leguas de distancia, dirigiendo batallas y planeando campa\u00f1as, puede Fouch\u00e9 hacer de cuando en cuando de gran se\u00f1or providencial y no contentarse con ser \u00fanicamente marioneta de la mano dura y en\u00e9rgica. <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Para ello se le ofrece a Fouch\u00e9, \u00a1por fin, por primera vez!, una ocasi\u00f3n. El 1809 es un a\u00f1o fatal para Napole\u00f3n. Nunca estuvo en situaci\u00f3n militar m\u00e1s amenazada, a pesar de indudables \u00e9xitos exteriores. En la Prusia subyugada, en la Alemania mal dominada, est\u00e1n, en ciertas zonas, casi indefensos, miles de franceses, vigilando a cientos de miles que \u00fanicamente aguardan el llamamiento a las armas. Bastar\u00eda una nueva victoria de los austriacos como la de Aspern, y desde el Alba hasta el R\u00f3dano se desencadenar\u00eda la rebeli\u00f3n, el levantamiento de una naci\u00f3n entera. Tampoco en Italia es la situaci\u00f3n mejor; el ultraje brutal al Papa ha indignado a toda Italia, como la humillaci\u00f3n de Prusia a toda Alemania; y la misma Francia esta cansada. Si se logra un nuevo golpe contra el poder\u00edo militar imperial extendido sobre Europa, desde el Ebro hasta el V\u00edstula, <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">\u00a1quien sabe si resistir\u00eda el bronc\u00edneo celoso estremecido &#8230;! Este golpe lo proyectan los enemigos jurados de Napole\u00f3n, los ingleses. Y deciden avanzar directamente al coraz\u00f3n de Francia mientras est\u00e1n repartidas las tropas del Emperador en Aspern, en Italia, en Lisboa; pero trataran de apoderarse de los puertos, de Dunquerque, conquistar Amberes y obligar a los belgas a sublevarse. Napole\u00f3n -as\u00ed calculan ellos- esta lejos con las tropas m\u00e1s aguerridas, con sus mariscales y sus ca\u00f1ones; el pa\u00eds est\u00e1 indefenso ante ellos. <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Pero Fouch\u00e9 esta en su puesto; el mismo Fouch\u00e9 que aprendi\u00f3 en 1793, bajo la Convenci\u00f3n, a levantar diez mil reclutas en un par de semanas. Su energ\u00eda no ha menguado desde entonces; pero s\u00f3lo pod\u00eda servirse de ella en la sombra, en peque\u00f1as maquinaciones y ardides sin importancia. Con pasi\u00f3n se impone la tarea de ense\u00f1ar al mundo y a la naci\u00f3n entera que Jos\u00e9 Fouch\u00e9 no es solamente un pelele de Napole\u00f3n y que, en caso preciso, puede obrar con la misma energ\u00eda y decisi\u00f3n que el Emperador. Por fin ha llegado el momento de demostrar claramente -ocasi\u00f3n maravillosa, como ca\u00edda del cielo- que no todo el destino moral y militar depende de este hombre \u00fanico. Con provocativa audacia recalca en sus proclamas que, efectivamente, Napole\u00f3n no es indispensable. \u00ab<em><strong>Demostraremos a Europa que, aunque presta sus fulgores a Francia el genio de Napole\u00f3n, no es necesaria su presencia para rechazar al enemigo<\/strong><\/em>\u00bb, escribe a los alcaldes. Y confirma estas palabras audaces y ambiciosas con los hechos. Apenas se entera, el 31 de agosto, del desembarco de los ingleses en la isla Walcheren, pide, como ministro de Polic\u00eda y del Interior (puesto este que ocupa provisionalmente), la incorporaci\u00f3n a filas de los guardias nacionales, que desde los d\u00edas de la revoluci\u00f3n desempe\u00f1an en sus pueblos tranquilamente los oficios de sastres, herreros, zapateros y ga\u00f1anes. Los dem\u00e1s ministros se asustan. \u00bfC\u00f3mo, sin permiso del Emperador, bajo la propia responsabilidad, dar una disposici\u00f3n de tan vasto alcance? Particularmente el ministro de la Guerra esta muy indignado de que se mezcle un paisano en el sagrado de su competencia, y se opone con toda su fuerza. Habr\u00eda que acudir antes a Schoenbrunn pidiendo permiso para la movilizaci\u00f3n. <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Habr\u00eda que aguardar las disposiciones del Emperador y no intranquilizar al pa\u00eds. Pero el Emperador est\u00e1, como de costumbre, ausente; ser\u00edan necesarios quince d\u00edas de posta en llevar la pregunta y traer la respuesta. Y Fouch\u00e9 no teme intranquilizar al pa\u00eds. \u00bfNo lo hace tambi\u00e9n Napole\u00f3n? En lo m\u00e1s \u00edntimo quiere la intranquilidad, quiere la alarma. Y as\u00ed obra decididamente por su cuenta. Tambores y \u00f3rdenes llaman a todos los hombres en las provincias amenazadas para la inmediata defensa, en nombre del Emperador, que no sabe nada de estas disposiciones y nueva audacia. Fouch\u00e9 nombra jefe de este improvisado ej\u00e9rcito del Norte a Bernadotte, precisamente al hombre que m\u00e1s odia Napole\u00f3n de todos los generales, a pesar de ser cu\u00f1ado de su hermano; al hombre enjuiciado y desterrado por el Emperador. De su destierro le saca Fouch\u00e9 haciendo caso omiso de Napole\u00f3n, de los ministros y de todos sus enemigos; le es indiferente que el Emperador no apruebe sus disposiciones; lo \u00fanico que le importa es que el \u00e9xito le d\u00e9 la raz\u00f3n contra todos.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<figure id=\"attachment_17800\" aria-describedby=\"caption-attachment-17800\" style=\"width: 581px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/estampa-popular-de-la-epoca.jpg\" rel=\"lightbox[17787]\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-17800\" src=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/estampa-popular-de-la-epoca.jpg\" alt=\"\" width=\"581\" height=\"364\" srcset=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/estampa-popular-de-la-epoca.jpg 507w, https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/estampa-popular-de-la-epoca-300x188.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 581px) 100vw, 581px\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-17800\" class=\"wp-caption-text\"><span style=\"color: #008000;\">Estampa popular de la \u00e9poca<\/span><\/figcaption><\/figure>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Esta audacia en momentos decisivos presta a Fouch\u00e9 algo de verdadera grandeza. Intranquilo, se consume este genio nervioso y laborioso por cumplir grandes misiones, condenado a las peque\u00f1as empresas, que son para \u00e9l cosa de juego. Es natural que su energ\u00eda sobrante busque desahogo y libertad de intrigas, casi siempre sin finalidad. Pero en el momento en que este hombre se encuentra ante una verdadera misi\u00f3n hist\u00f3rica, adecuada a su fuerza -lo mismo en Lyon que m\u00e1s tarde, despu\u00e9s de la ca\u00edda de Napole\u00f3n en Par\u00eds-, sabe cumplirla magistralmente. La ciudad de Flesinga, que Napole\u00f3n calificaba en sus cartas de inexpugnable, cae, como lo preve\u00eda Fouch\u00e9, tras pocos d\u00edas, en manos de los ingleses. Pero el ej\u00e9rcito formado sin permiso por Fouch\u00e9 ha tenido, mientras tanto, tiempo de fortificar Amberes, deteniendo la invasi\u00f3n con una derrota completa y muy costosa para los ingleses. Por primera vez desde que manda Napole\u00f3n se ha atrevido un ministro a levantar independiente la bandera en el pa\u00eds, a desplegar la vela, sostener rumbo propio y, con esta misma independencia, salvar a Francia en un momento cr\u00edtico. Desde ese d\u00eda tiene Fouch\u00e9 mas categor\u00eda y una nueva conciencia de su propio valor. <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Entre tanto, han llegado a Schoenbrunn las cartas acusadoras del canciller y del ministro de la Guerra, y, en forma de quejas reiteradas, la relaci\u00f3n de las osad\u00edas que se permite ese ministro civil, que llam\u00f3 a filas a la guardia nacional y puso en pie de guerra al pa\u00eds. Todos desean que Napole\u00f3n castigue esta arrogancia y que despida a Fouch\u00e9. Pero -\u00a1cosa extraordinaria!-\u00a0 <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">antes a\u00fan de saber el resultado brillante que dieron las disposiciones de Fouch\u00e9, da el Emperador la raz\u00f3n a su energ\u00eda decidida y agresiva; se pone de su parte contra todos. El canciller recibe una fuerte reprensi\u00f3n: \u00ab<em>Estoy indignado de lo poco que ha sabido servirse de sus poderes en circunstancias tan extraordinarias. Debi\u00f3 usted, a la primera noticia, levantar enseguida veinte, cuarenta o cincuenta mil guardias nacionales<\/em>\u00bb. Y textualmente escribe al ministro de la Guerra: \u00ab<strong><em>Veo que s\u00f3lo el se\u00f1or Fouch\u00e9 hizo lo que pudo y que es el \u00fanico que ha comprendido lo impropio de permanecer en una inactividad peligrosa y deshonrosa<\/em><\/strong>\u00bb. As\u00ed no solamente han sido derrotados por Fouch\u00e9 sus colegas miedosos, cautos e impotentes, sino que se sienten despu\u00e9s intimidados por la aprobaci\u00f3n de Napole\u00f3n. Y por encima de Talleyrand y del canciller, se encuentra Fouch\u00e9 en el primer puesto de Francia. Es el \u00fanico que ha demostrado no solamente que sabe obedecer, sino que sabe tambi\u00e9n mandar. <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Fouch\u00e9 nos demuestra reiteradamente sus excelentes cualidades para proceder en los momentos de peligro. Enfrente a la m\u00e1s dif\u00edcil situaci\u00f3n, la dominar\u00e1 con la claridad y la audacia que le confiere su energ\u00eda. Dadle el nudo m\u00e1s enredado y sabr\u00e1 desenredarlo. Pero si conoce magn\u00edficamente el momento de poner la mano y actuar, desconoce en absoluto el arte de todas las artes pol\u00edticas: el de retirarse, el de abandonar a tiempo. No puede quitar su mano de donde la ha puesto una vez. Y <\/span><span style=\"font-size: 14pt;\">precisamente cuando ha desenredado el nudo se siente arrastrado por un placer diab\u00f3lico de juego y vuelve a enredarlo artificialmente. As\u00ed sucede ahora. Gracias a su presteza, a su fuerza organizadora y pujante, se ha rechazado el ataque alevoso por el flanco. Con tremenda p\u00e9rdida de hombres y material y con p\u00e9rdida mayor a\u00fan de prestigio, volvieron a meter los ingleses su ej\u00e9rcito en los buques y se repatriaron. Ahora se puede llamar tranquilamente a retirada y mandar a casa con gracias y legiones de honor a los guardias nacionales levantados. Pero el amor propio de Fouch\u00e9 ha olido la sangre. Era demasiado tentador y magn\u00edfico eso de hacer de Emperador, convocar tres provincias a golpe de tambor, dar \u00f3rdenes, redactar proclamas, pronunciar discursos y ense\u00f1ar los dientes a los colegas apocados. \u00bfY han de terminar tan pronto esos momentos deliciosos? <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">\u00bfPrecisamente cuando se siente con voluptuosidad crecer la propia energ\u00eda por d\u00edas, por horas? No, no piensa Fouch\u00e9 en semejante cosa. Es preferible jugar a la guerra y a la defensa, aunque para ello haya que inventar el enemigo. Hay que seguir con los tambores, levantar el pa\u00eds, producir inquietud, movimiento tempestuoso. As\u00ed le sirve de pretexto para ordenar una nueva movilizaci\u00f3n un supuesto desembarco proyectado por los ingleses junto a Marsella. Se hace el llamamiento a filas de la guardia nacional de Piamonte, de la Provenza y hasta de Par\u00eds, aunque ni cerca, ni lejos, ni en el interior del pa\u00eds, ni en la costa, se vea un solo enemigo. Pero Fouch\u00e9 esta pose\u00eddo por el v\u00e9rtigo del placer, tanto tiempo deseado, de organizar y movilizar, de que el homb re activo tanto tiempo refrenado y contenido que hay en \u00e9l pueda manifestarse libremente gracias a la ausencia del soberano del mundo. <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">\u00bfPero contra quien van todas estas tropas?, se pregunta el pa\u00eds asombrado. Los ingleses no se dejan ver. Poco a poco van desconfiando hasta los m\u00e1s ben\u00e9volos de sus colegas. \u00bfQue quiere el hombre impenetrable con sus movilizaciones fren\u00e9ticas? <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">No comprenden que Fouch\u00e9 se embriaga solo con el placer secreto de jugar con la propia energ\u00eda. Y como no ven, ni cerca ni lejos, la punta de la bayoneta de un enemigo contra el que pudieran dirigirse estos formidables alardes b\u00e9licos reforzados diariamente, empiezan a atribuir a Fouch\u00e9 proyectos equ\u00edvocos. Unos pretenden que prepara una rebeli\u00f3n; otros que si el Emperador sufre un segundo Aspern, se propone proclamar enseguida la antigua Rep\u00fablica. Y al cuartel general de Schoenbrunn llegan m\u00e1s y m\u00e1s cartas diciendo que Fouch\u00e9 se ha vuelto loco o conspirador. Napole\u00f3n acaba por desconcertarse, a pesar de su benevolencia. Comprende que F ouch\u00e9 ha sacado los pies del plato y hay que llamarlo al orden. El tono de las cartas cambia bruscamente. Le reprende y le llama \u00ab<em>un Don Quijote que combate con molinos de viento<\/em>\u00bb, y escribe con el viejo tono de dureza: \u00ab<strong><em>Todas las noticias que recibo me hablan de guardias nacionales movilizados en Piamonte, en Languedoc, en la Provenza, en el Delfinado. \u00bfQu\u00e9 diablos se pretende con todo esto, cuando no hay necesidad, y por qu\u00e9 se hace sin mis \u00f3rdenes?<\/em><\/strong>\u00bb Fouch\u00e9, con el coraz\u00f3n amargado, tiene que renunciar a su peligroso juego, dimitir el Ministerio del Interior y, contra sus deseos, volver al rinc\u00f3n, a su papel de ministro de Polic\u00eda del amo, que regresa -demasiado pronto para \u00e9l- lleno de gloria.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<figure id=\"attachment_17801\" aria-describedby=\"caption-attachment-17801\" style=\"width: 678px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/palacio-de-las-tuller\u00edas.jpg\" rel=\"lightbox[17787]\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-17801 size-mh-magazine-content\" src=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2019\/03\/palacio-de-las-tuller\u00edas-678x381.jpg\" alt=\"\" width=\"678\" height=\"381\" \/><\/a><figcaption id=\"caption-attachment-17801\" class=\"wp-caption-text\"><span style=\"color: #008000;\">Palacio de las Tuller\u00edas<\/span><\/figcaption><\/figure>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Sin embargo, aunque Fouch\u00e9 se excedi\u00f3, fue el \u00fanico que hizo algo en medio del pavor de los dem\u00e1s ministros; en un momento del mayor peligro para la patria hizo lo oportuno y lo justo. Por eso no puede Napole\u00f3n negarle por m\u00e1s tiempo el honor que concedi\u00f3 ya a tantos. En el instante en que surge una nueva aristocraci a en la tierra de Francia fertilizada con sangre; en el momento en que se conceden t\u00edtulos de nobleza a los generales, ministros&#8230; y peones de alba\u00f1il, no se puede olvidar a Fouch\u00e9, al viejo enemigo de los arist\u00f3cratas. Tambi\u00e9n para \u00e9l llega la hora de convertirse en arist\u00f3crata. Ya se le hab\u00eda concedido el t\u00edtulo de Conde sin la menor pompa. Pero el viejo jacobino ha de subir m\u00e1s alto por la escala huera de los nombres. El 15 de agosto de 1809 firma y sella en el Palacio de Su Majestad Apost\u00f3lica el Emperador de Austria, en el aposento regio de Schoenbrunn, el antiguo tenientillo de C\u00f3rcega, para el antiguo comunista y exprofesor de seminario, el pergamino -una paciente piel de asno-, gracias a la cual -\u00a1respeto! -queda nombrado Duque de Otranto. Aunque nunca se bati\u00f3 en Otranto, aunque jam\u00e1s vieron sus ojos ese paisaje del sur de Italia, viene bien precisamente un nombre noble de resonancia ex\u00f3tica y rotunda para enmascarar al antiguo archirrepublicano, pues el pronunciarlo pomposamente hace olvidar que detr\u00e1s de este duque se oculta el verdugo de Lyon, el viejo Fouch\u00e9 del \u00abpan \u00fanico\u00bb y de las requisas. Y para que pueda alardear como verdadero caballero, se le otorga adem\u00e1s la insignia de su Ducado: un blas\u00f3n flamante. <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: 14pt;\">Pero, cosa curiosa: \u00bfinvent\u00f3 Napole\u00f3n mismo la peligrosa y caracter\u00edstica alusi\u00f3n, o se permiti\u00f3 particularmente el rey de armas una bromita psicol\u00f3gica? Sea como sea, el escudo del Duque de Otranto muestra en el centro una columna \u00e1urea bien propia de este apasionado enamorado del oro. Y alrededor de la columna se enrosca una serpiente, probable y t\u00e1cita alusi\u00f3n a la flexibilidad diplom\u00e1tica del nuevo duque. Verdaderamente que debi\u00f3 poner Napole\u00f3n a su servicio sutiles her\u00e1ldicos, pues no pod\u00eda inventarse blas\u00f3n m\u00e1s apropiado para Jos\u00e9 Fouch\u00e9.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/puntocritico.com\/author\/punto-critico\/\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter wp-image-48\" src=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-content\/uploads\/2016\/11\/Mosca_Punto_Cr\u00edtico_40.png\" alt=\"\" width=\"65\" height=\"65\" \/><\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<div class=\"mh-excerpt\"><p>INDICE DE POST de \u201cFOUCH\u00c9, El genio tenebroso\u201d, por Stefan Zweig *** &nbsp; &nbsp; &nbsp; FOUCH\u00c9 EL GENIO TENEBROSO STEFAN ZWEIG -PARTE VI- &nbsp; CAP\u00cdTULO V MINISTRO DEL EMPERADOR (1804-1811) &nbsp; N 1802 se retira <a class=\"mh-excerpt-more\" href=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/2019\/03\/31\/fouche-el-genio-tenebroso-por-stefan-zweig-parte-vi-ministro-del-emperador\/\" title=\"\u201cFOUCH\u00c9, el genio tenebroso\u201d, por Stefan Zweig (PARTE VI \u2013 Ministro del Emperador)\">[&#8230;]<\/a><\/p>\n<\/div>","protected":false},"author":3,"featured_media":17792,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[10],"tags":[111],"class_list":["post-17787","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","category-miscelanea","tag-zweig"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17787","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-json\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=17787"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/17787\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-json\/wp\/v2\/media\/17792"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=17787"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=17787"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=17787"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}