{"id":1489,"date":"2017-03-25T01:00:12","date_gmt":"2017-03-25T00:00:12","guid":{"rendered":"http:\/\/puntocritico.com\/?p=1489"},"modified":"2022-10-21T15:21:46","modified_gmt":"2022-10-21T13:21:46","slug":"discurso-sobre-la-libertad-de-los-antiguos-comparada-con-la-de-los-modernos-benjamin-constant","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/2017\/03\/25\/discurso-sobre-la-libertad-de-los-antiguos-comparada-con-la-de-los-modernos-benjamin-constant\/","title":{"rendered":"DISCURSO SOBRE LA LIBERTAD DE LOS ANTIGUOS COMPARADA CON LA DE LOS MODERNOS &#8211; Benjamin Constant"},"content":{"rendered":"<blockquote>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: arial, helvetica, sans-serif; font-size: 14pt;\">Benjamin Constant de Rebenque fue un fil\u00f3sofo y escritor franc\u00e9s, de origen suizo, que vivi\u00f3 entre 1767 y 1830. Hijo de un militar suizo, curs\u00f3 estudios en universidades alemanas y brit\u00e1nicas. Fue opositor al r\u00e9gimen de Bonaparte, se exili\u00f3 en 1803, residiendo en Suiza y Alemania. Regres\u00f3 a Par\u00eds tras la restauraci\u00f3n de la monarqu\u00eda, donde fund\u00f3 dos peri\u00f3dicos liberales y fue elegido para la C\u00e1mara de Diputados en 1819. Destaca por su obra pol\u00edtica, siendo muy citado por su disertaci\u00f3n \u201cAcerca de la libertad de los antiguos comparada a la de los modernos\u201d (1819), en la que establece\u00a0 la distinci\u00f3n entre la \u201clibertad de los antiguos\u201d y la \u201clibertad de los modernos\u201d, por la que se le ha considerado palad\u00edn del liberalismo, quiz\u00e1s en una interpretaci\u00f3n un tanto err\u00f3nea de su pensamiento. \u00c9l sostiene que la primera consist\u00eda en la \u201c<em>participaci\u00f3n activa y constante del poder colectivo<\/em>\u201d, siendo su objeto \u201c<em>dividir el poder social entre todos los ciudadanos de una misma patria<\/em>\u201d; por el contrario, la libertad de los modernos se compone \u201c<em>del goce pac\u00edfico y de la independencia privada<\/em>\u201d, siendo su objeto \u201cla seguridad de sus goces privados\u201d. As\u00ed, no hay ninguna raz\u00f3n filos\u00f3fica o te\u00f3rica que proh\u00edba combinar la libertad de los modernos y la libertad de los antiguos, sabiendo, eso s\u00ed, que la primera es ya irrenunciable para todos aquellos que la hayan disfrutado, al menos en cierta medida. La posibilidad o imposibilidad de combinar los derechos individuales con la participaci\u00f3n ciudadana en la esfera p\u00fablica ha de ser examinada emp\u00edricamente, no dogm\u00e1ticamente. Cuantas m\u00e1s libertades tengamos, mejor. As\u00ed lo entend\u00eda Constant: \u201c<em>Lejos de nosotros, pues, el renunciar a ninguna de las dos especies de libertad de que he hablado. Es necesario, como he demostrado, aprender a combinar la una con la otra<\/em>\u201d. Constant pensaba que esta combinaci\u00f3n requer\u00eda una democracia representativa por una cuesti\u00f3n de operatividad. Y nos advert\u00eda de un claro peligro de nuestro tiempo: \u201c<em>El peligro de la libertad moderna consiste en que absortos en el goce de nuestra independencia privada, y en la consecuci\u00f3n de nuestros intereses particulares, no renunciemos demasiado f\u00e1cilmente a nuestros derechos de compartir el poder pol\u00edtico<\/em>\u201d. Recuperemos, pues, la libertad.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: arial, helvetica, sans-serif; font-size: 14pt;\">&#8230;Y mientras tanto disfruten del texto de Constant.<\/span><\/p>\n<\/blockquote>\n<p style=\"text-align: center;\">*******<\/p>\n<h1 style=\"text-align: justify;\">SOBRE LA LIBERTAD DE LOS ANTIGUOS COMPARADA CON LA DE LOS MODERNOS<\/h1>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: arial, helvetica, sans-serif; font-size: 14pt;\">Discurso Pronunciado en el Ateneo de Paris (1819).<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: arial, helvetica, sans-serif; font-size: 14pt;\">Se\u00f1ores:<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: arial, helvetica, sans-serif; font-size: 14pt;\">Me propongo exponerles algunas distinciones, a\u00fan bastante nuevas, entre dos tipos de libertad, cuyas diferencias han permanecido hasta hoy inadvertidas, o al menos demasiado poco observadas.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: arial, helvetica, sans-serif; font-size: 14pt;\">Una es la libertad cuyo ejercicio era tan caro a los m\u00e1s antiguos; la otra, cuyo disfrute es particularmente precioso a las naciones modernas. Esta investigaci\u00f3n ser\u00e1 interesante, si no me equivoco, bajo un doble aspecto.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: arial, helvetica, sans-serif; font-size: 14pt;\">Primeramente, la confusi\u00f3n de estas dos especies de libertad ha sido entre nosotros, durante \u00e9pocas demasiado c\u00e9lebres de nuestra revoluci\u00f3n, la causa de muchos males.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: arial, helvetica, sans-serif; font-size: 14pt;\">Francia se ha visto cansada de los ensayos in\u00fatiles con que sus auto-res, irritados por su poco \u00e9xito, han intentado constre\u00f1irla del bien que no deseaba y le han disputado el bien que s\u00ed quer\u00eda.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: arial, helvetica, sans-serif; font-size: 14pt;\">En segundo lugar, invitados por nuestra feliz revoluci\u00f3n (la llamo feliz, a pesar de sus excesos, porque fijo mis observaciones sobre sus resultados), a disfrutar de los beneficios de un gobierno representativo, es curioso y \u00fatil investigar por qu\u00e9 ese gobierno, el \u00fanico dentro del cual pod\u00edamos hoy d\u00eda encontrar alguna libertad y alg\u00fan reposo, ha sido casi enteramente desconocido por las naciones libres de la antig\u00fcedad. S\u00e9 que se ha pretendido desentra\u00f1ar sus huellas en algunos pueblos antiguos, por ejemplo en la rep\u00fablica de Lacedemonia y entre nuestros antepasados los galos, pero es err\u00f3neo.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: arial, helvetica, sans-serif; font-size: 14pt;\">El gobierno de Lacedemonia era una aristocracia monacal, y en nin-g\u00fan caso un gobierno representativo. El poder de los reyes era limita-do, pero lo estaba por los \u00e9foros y no por hombres investidos de una misi\u00f3n semejante la que la elecci\u00f3n confiere en nuestros d\u00edas a los defensores de nuestras libertades. Los \u00e9foros, sin duda despu\u00e9s de haber sido instituidos por los reyes, eran nombrados por el pueblo. Pero s\u00f3lo eran cinco. Su autoridad era tanto religiosa como pol\u00edtica; ten\u00edan una parte en la administraci\u00f3n, en el gobierno, es decir, en el poder ejecutivo; y por ah\u00ed, su prerrogativa, como la de casi todos los magistrados populares en las antiguas rep\u00fablicas, lejos de ser simple-mente una barrera contra la tiran\u00eda, se convert\u00eda a veces en una tiran\u00eda insoportable. El r\u00e9gimen de los galos, que se parec\u00eda bastante al que un cierto partido quisiera darnos, era a la vez teocr\u00e1tico y guerrero.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: arial, helvetica, sans-serif; font-size: 14pt;\">Los sacerdotes disfrutaban de un poder sin l\u00edmites. La clase militar o la nobleza pose\u00edan privilegios muy insolentes y muy opresores. El pueblo no ten\u00eda derechos ni garant\u00edas. En Roma, los tribunales ten\u00edan, hasta cierto punto, una misi\u00f3n representativa. Eran los \u00f3rganos de esos plebeyos que la oligarqu\u00eda (que en todos los siglos es la misma) hab\u00eda sometido, derrocando a los reyes, a una muy dura esclavitud. El pueblo ejerc\u00eda sin embargo, directamente, una gran parte de los derechos pol\u00edticos. Se reun\u00eda en esa asamblea para votar las leyes, para juzgar a los patricios acusados; no hab\u00eda pues en Roma m\u00e1s que d\u00e9biles vestigios del sistema representativo.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: arial, helvetica, sans-serif; font-size: 14pt;\">Ese sistema representativo es un descubrimiento de los modernos y ver\u00e9is, se\u00f1ores, que el estado de la especie humana en la antig\u00fcedad no permit\u00eda introducir o establecer all\u00ed una constituci\u00f3n de esta naturaleza. Los antiguos pueblos no podr\u00edan ni sentir su necesidad ni apreciar sus ventajas. Su organizaci\u00f3n social les conduc\u00eda a desear una libertad completamente diferente de la que ese sistema nos asegura. A demostrar esta verdad a vosotros est\u00e1 consagrada la lectura de esta tarde.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: arial, helvetica, sans-serif; font-size: 14pt;\">Preguntaros en primer lugar, se\u00f1ores, lo que hoy un ingl\u00e9s, un franc\u00e9s, un habitante de los Estados Unidos de Am\u00e9rica, entienden por la palabra libertad. Para cada uno es el derecho a no estar sometido sino a las leyes, de no poder ser detenido, ni condenado a muerte, ni maltratado de ning\u00fan modo, por el efecto de la voluntad arbitraria de uno o varios individuos.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: arial, helvetica, sans-serif; font-size: 14pt;\">Es para cada uno el derecho de dar su opini\u00f3n, de escoger su industria y de ejercerla; de disponer de su propiedad, de abusar de ella incluso; de ir y venir, si requerir permiso y si dar cuenta de sus motivos o de sus gestiones. Para cada uno es el derecho de reunirse con otros individuos, sea para dialogar sobre sus intereses, sea para profesar el culto que \u00e9l y sus asociados prefieren, sea simplemente para colmar sus d\u00edas y sus horas de un modo m\u00e1s conforme a sus inclinaciones, a sus fantas\u00edas. Finalmente, es el derecho, de cada uno, de influir sobre la administraci\u00f3n del gobierno, sea por el nombramiento de todos o de algunos funcionarios, sea a trav\u00e9s de representaciones, peticiones, demandas que la autoridad est\u00e1 m\u00e1s o menos obligada a tomar en consideraci\u00f3n. Comparad ahora esta libertad con la de los antiguos. Esta consist\u00eda en ejercer colectiva pero directamente varios aspectos incluidos en la soberan\u00eda: deliberar en la plaza p\u00fablica sobre la guerra y la paz, celebrar alianzas con los extranjeros, votar las leyes, pronunciar sentencias, controlar la gesti\u00f3n de los magistrados, hacerles comparecer delante de todo el pueblo, acusarles, condenarles o absolverles; al mismo tiempo que los antiguos llamaban libertad a todo esto, adem\u00e1s admit\u00edan como compatible con esta libertad colectiva, la sujeci\u00f3n completa del individuo a la autoridad del conjunto.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: arial, helvetica, sans-serif; font-size: 14pt;\">No encontrar\u00e9is entre ellos ninguno de los goces que como vimos forman parte de la libertad de los modernos. Todas las acciones priva-das estaban sometidas a una severa vigilancia. Nada se abandonaba a la independencia individual, ni en relaci\u00f3n con las opiniones, ni con la industria ni sobre todo en relaci\u00f3n con la religi\u00f3n. La facultad de es-coger el culto, facultad que observamos como uno de nuestros m\u00e1s preciosos derechos, habr\u00eda parecido a los antiguos un crimen y un sacrilegio. En las cosas que nos parecen m\u00e1s f\u00fatiles, la autoridad del cuerpo social se interpon\u00eda y se entorpec\u00eda la voluntad de los individuos. Terpadro no pudo a\u00f1adir ni una cuerda a su lira sin que los \u00e9foros se ofendieran.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: arial, helvetica, sans-serif; font-size: 14pt;\">Aun en las relaciones m\u00e1s dom\u00e9sticas, la autoridad interven\u00eda. El jo-ven lacedemonio no pod\u00eda libremente visitar a su joven mujer. En Roma, los censores dirig\u00edan un ojo incisivo al interior de las familias. Las leyes regulan las costumbres y como las costumbres sostienen todo, no hab\u00eda nada que las leyes no regulasen. As\u00ed, entre los antiguos, el individuo habitualmente casi soberano en los asuntos p\u00fablicos, era esclavo en todas sus relaciones privadas. Como ciudadano, decid\u00eda sobre la paz y la guerra, como particular estaba limitado, observado, reprimido en todos sus movimientos; como parte del cuerpo colectivo, interrogaba, destitu\u00eda, condenaba, despojaba, exiliaba, atacaba a muer-te a sus magistrados o a sus superiores; como sometido al cuerpo colectivo, pod\u00eda ser, a su vez, privado de su estado, sus dignidades, des-terrado a muerte, por la voluntad discrecional del conjunto del que formaba parte. Entre los modernos, al contrario, el individuo, independiente en la vida privada, es, aun en los Estados m\u00e1s libres, s\u00f3lo soberano en apariencia.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: arial, helvetica, sans-serif; font-size: 14pt;\">Su soberan\u00eda est\u00e1 restringida, casi siempre suspendida; y si en momentos determinados, pero escasos, ejerce esta soberan\u00eda, rodeado de precauciones y trabas, siempre termina por abdicar de ella.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-family: arial, helvetica, sans-serif; font-size: 14pt;\"> Debo aqu\u00ed, se\u00f1ores, detenerme un instante para prevenir una objeci\u00f3n que se me podr\u00eda hacer. Hay en la antig\u00fcedad una rep\u00fablica donde la servidumbre de la existencia individual al cuerpo colectivo no es tan completa como lo he descrito. Esta rep\u00fablica es la m\u00e1s c\u00e9lebre de todas; adivin\u00e1is que quiero hablar de Atenas. Volver\u00e9 sobre ello m\u00e1s adelante, y conviniendo con la realidad del hecho, les expondr\u00e9 las causas. Veremos por qu\u00e9 de todos los Estados antiguos, Atenas es el que m\u00e1s se ha asemejado a los modernos. En todas partes la jurisdicci\u00f3n social era ilimitada. Los antiguos, como dice Condorcet, no ten\u00edan ninguna noci\u00f3n de los derechos individuales.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: arial, helvetica, sans-serif; font-size: 14pt;\">Los hombres no eran, por decirlo as\u00ed, sino m\u00e1quinas cuyos resortes y engranajes eran regulados por la ley. La misma sujeci\u00f3n caracterizaba los hermosos siglos de la rep\u00fablica romana; el individuo, de alg\u00fan modo, se hab\u00eda perdido en la naci\u00f3n, el ciudadano en la ciudad.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: arial, helvetica, sans-serif; font-size: 14pt;\">Ahora vamos a remontarnos a la fuente de esta diferencia esencial entre los antiguos y nosotros.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: arial, helvetica, sans-serif; font-size: 14pt;\">Todas las antiguas rep\u00fablicas estaban encerradas en l\u00edmites estrechos. La m\u00e1s poblada, la m\u00e1s poderosa, la m\u00e1s considerable de entre ellas no era igual en extensi\u00f3n al m\u00e1s peque\u00f1o de los Estados modernos. Como consecuencia inevitable de su poca extensi\u00f3n, el esp\u00edritu de esas rep\u00fablicas era belicoso, cada pueblo ofend\u00eda continuamente a sus vecinos o era ofendido por ellos. Empujados as\u00ed por la necesidad, los unos contra los otros, se combat\u00edan o amenazaban sin cesar. Los que no quer\u00eda ser conquistadores no pod\u00edan dejar las armas bajo pena de ser conquistados. Todos compraban su seguridad, su independencia, su existencia entera, al precio de la guerra.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: arial, helvetica, sans-serif; font-size: 14pt;\">Ella era el constante inter\u00e9s, la ocupaci\u00f3n casi habitual de los Estados libres de la antig\u00fcedad. Finalmente, y por un resultado necesario de esta manera de ser, todos esos Estados ten\u00edan esclavos.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: arial, helvetica, sans-serif; font-size: 14pt;\">Las profesiones mec\u00e1nicas, e incluso en algunas naciones las profesiones indus-triales, estaban confiadas a manos cargadas de grilletes.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: arial, helvetica, sans-serif; font-size: 14pt;\">El mundo moderno nos ofrece un espect\u00e1culo completamente opuesto. Los Estados menores de nuestros d\u00edas so incomparablemente m\u00e1s vastos de lo que fue Esparta o de lo que fue Roma durante cinco siglos. La divisi\u00f3n misma de Europa en varios Estados, gracias al progreso de las luces es menos real que aparente. Mientras que en otro tiempo cada pueblo formaba una familia aislada, enemiga ancestral de las otras familias, ahora existe una masa de hombres bajo diferentes nombres y diversos modos de organizaci\u00f3n social, pero homog\u00e9nea en su naturaleza. Ella es bastante fuerte para no tener nada que temer de las hordas b\u00e1rbaras. Es lo bastante l\u00facida como para que la guerra le sea una carga. Su tendencia uniforme es hacia la paz.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: arial, helvetica, sans-serif; font-size: 14pt;\">Esta diferencia trae otra. La guerra es anterior al comercio; pues la guerra y el comercio no son sino dos medios diferentes de alcanzar la misma finalidad: el de poseer lo que se desea. El comercio no es sino un homenaje ofrecido a la fuerza del poseedor por el aspirante a la posesi\u00f3n. Es una tentativa para obtener paso a paso lo que no espera m\u00e1s que conquistar por la violencia. Un hombre que siempre fuera el m\u00e1s fuerte, no tendr\u00eda jam\u00e1s la idea del comercio. La experiencia le demuestra que la guerra, es decir, el empleo de su fuerza contra la fuerza del pr\u00f3jimo, lo expone a diversas resistencias y a diversos fracasos, y lo lleva a recurrir al comercio, es decir, a un medio m\u00e1s suave y m\u00e1s seguro de comprometer el inter\u00e9s de otro a consentir lo que conviene a su inter\u00e9s. La guerra es el impulso, el comercio es el c\u00e1lculo. Pero por la misma debe venir una \u00e9poca en que el comercio reemplace a la guerra.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: arial, helvetica, sans-serif; font-size: 14pt;\">Hemos llegado a esa \u00e9poca.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: arial, helvetica, sans-serif; font-size: 14pt;\">No quiero decir que no la haya habido entre los antiguos pueblos comerciantes. Pero esos pueblos han constituido en cierto modo la excepci\u00f3n de la regla general. Los l\u00edmites de una lectura no me permiten indicarles todos los obst\u00e1culos que se opon\u00edan entonces al progreso del comercio; vosotros los conoc\u00e9is de hecho mejor que yo; s\u00f3lo a\u00f1adir\u00e9 uno m\u00e1s. La ignorancia de la br\u00fajula forzaba al m\u00e1ximo a los marinos de la antig\u00fcedad a no perder de vista las costas. Atravesar las columnas de H\u00e9rcules, es decir, pasar el estrecho de Gibraltar, era considerado como la empresa m\u00e1s audaz.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: arial, helvetica, sans-serif; font-size: 14pt;\">Los fenicios y los cartagineses, los m\u00e1s h\u00e1biles navegantes, no osaron hacerlo sino mucho m\u00e1s tarde y su ejemplo permaneci\u00f3 largo tiempo sin ser imitado. En Atenas, de la que hablaremos pronto, el inter\u00e9s mar\u00edtimo era de alrededor del sesenta por ciento, mientras que el inter\u00e9s ordinario no era sino del doce, a tal punto la navegaci\u00f3n remota implicaba riesgos.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: arial, helvetica, sans-serif; font-size: 14pt;\">Se\u00f1ores, si adem\u00e1s pudiese entregarme a una digresi\u00f3n que desgraciadamente ser\u00eda demasiado larga, les mostrar\u00eda a trav\u00e9s del detalle de las costumbres, h\u00e1bitos, modos de traficar de los pueblos comerciantes de la antig\u00fcedad con los otros pueblos, que su comercio mismo estaba, por as\u00ed decir, impregnado del esp\u00edritu de la \u00e9poca, de la atm\u00f3sfera de guerra y hostilidad que les rodeaba. El comercio era entonces un feliz accidente, actualmente es el estado ordinario, el fin \u00fanico, la tendencia universal, la verdadera vida de las naciones. Ellas desean el reposo; con el reposo, la holgura; y como fuente de la holgura, la industria. La guerra es cada d\u00eda un medio m\u00e1s ineficaz para satisfacer sus deseos. La guerra ya no ofrece ni a los individuos, ni a las naciones, beneficios que igualen los resultados del trabajo apacible y el de los intercambios regulares. Entre los antiguos, una guerra exitosa aportaba a la riqueza p\u00fablica e individuos, con esclavos, tributos y reparto de territorios. Entre los modernos, una guerra afortunada cuesta infaliblemente m\u00e1s de lo que ella vale.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: arial, helvetica, sans-serif; font-size: 14pt;\">En una palabra, gracias al comercio, a la religi\u00f3n, a los progresos intelectuales y morales de la especie humana, o hay m\u00e1s esclavos en las naciones europeas. Hombres libres deben ejercer todas las profesiones y proveer a todas las necesidades de la sociedad. Se percibe claramente, se\u00f1ores, el resultado necesario de estas diferencias.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: arial, helvetica, sans-serif; font-size: 14pt;\">Primeramente, la extensi\u00f3n de un pa\u00eds disminuye en relaci\u00f3n con la importancia pol\u00edtica que le toca compartir a cada individuo. El m\u00e1s oscuro republicano de Roma y Esparta era una potencia. No sucede lo mismo con el simple ciudadano de Gran Breta\u00f1a o de los Estados Unidos. Su influencia personal es un elemento imperceptible de la voluntad social que imprime su direcci\u00f3n al gobierno.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: arial, helvetica, sans-serif; font-size: 14pt;\">En segundo lugar, la abolici\u00f3n de la esclavitud ha privado a la poblaci\u00f3n libre de todo aquel ocio que disfrutaba cuando los esclavos ha-c\u00edan la mayor parte del trabajo productivo. Sin la poblaci\u00f3n esclava de Atenas, veinte mil atenienses no habr\u00edan podido deliberar cotidiana-mente en la plaza p\u00fablica.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: arial, helvetica, sans-serif; font-size: 14pt;\">En tercer lugar, el comercio no deja, como la guerra, intervalos de inactividad en la vida del hombre. El perpetuo ejercicio de los derechos pol\u00edticos, la discusi\u00f3n diaria de los asuntos de Estado, los concili\u00e1bulos, todo el cortejo y todo el movimiento de las facciones, agitaciones necesarias, obligado relleno, si oso emplear ese t\u00e9rmino, en la vida de los pueblos libres de la antig\u00fcedad, que habr\u00edan languidecido sin este recurso bajo el peso de una inacci\u00f3n dolorosa, no ofrecer\u00edan sino turbaci\u00f3n y cansancio a las naciones modernas, donde cada individuo ocupado de sus negocios y empresas, de los goces que obtiene o espera, no quiere ser distra\u00eddo sino moment\u00e1neamente y lo menos posible. El comercio inspira a los hombres un vivo amor por la independencia individual. El comercio subviene sus necesidades, satisface sus deseos, sin la intervenci\u00f3n de la autoridad. Esta intervenci\u00f3n es casi siempre, y no s\u00e9 por qu\u00e9 digo casi, un desarreglo y una molestia. Siempre que el poder colectivo quiere involucrarse en las especulaciones particulares, veja a los especuladores. Siempre que los gobiernos pretenden realizar nuestros asuntos, ellos lo hacen peor y m\u00e1s dispendiosamente que nosotros.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: arial, helvetica, sans-serif; font-size: 14pt;\">Les he dicho, se\u00f1ores, que les hablar\u00e9 de Atenas, a la cual se podr\u00eda oponer el ejemplo de algunas de mis aserciones y cuyo ejemplo, por el contrario, las va a confirmar todas. Atenas, como ya lo he admitido, era de todas las rep\u00fablicas la m\u00e1s comerciante; tambi\u00e9n acordaba a sus ciudadanos infinitamente m\u00e1s libertad individual que Roma y Esparta.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: arial, helvetica, sans-serif; font-size: 14pt;\">Si yo pudiera entrar en detalles hist\u00f3ricos, les har\u00eda ver que el comercio hab\u00eda hecho desaparecer entre los atenienses varias de las diferencias que distinguen a los pueblos antiguos de los pueblos modernos. El esp\u00edritu de los comerciantes de Atenas era similar al de los comercian-tes de nuestros d\u00edas. Xenof\u00f3n nos cuenta que, durante la guerra del Peloponeso, ellos sacaban sus capitales continentales de \u00c1tica y los enviaban a las islas del Archipi\u00e9lago. El comercio hab\u00eda creado entre ellos la circulaci\u00f3n. Observamos en Is\u00f3crates huellas del uso de las letras de cambio. Tambi\u00e9n observad cu\u00e1nto se parecen sus costumbres a las nuestras. En sus relaciones con las mujeres, ver\u00e9is (cito a\u00fan a Xenof\u00f3n) que los esposos satisfechos cuando la paz y una amistad decente reinan al interior de la pareja, tienen en cuenta la fragilidad de la esposa causada por la tiran\u00eda de la naturaleza, cierran los ojos al irresistible poder de las pasiones, perdonan la primera debilidad y olvidan la segunda. En sus relaciones con los extranjeros, se les ver\u00e1 prodigar los derechos de ciudadan\u00eda a cualquiera, traslad\u00e1ndose entre ellos con su familia, estableciendo un oficio o una f\u00e1brica; por \u00faltimo, impactar\u00e1 su excesivo amor por la independencia individual. En Lacedemonia, dice un fil\u00f3sofo, los ciudadanos corren cuando un magistrado los llama; pero un ateniense estar\u00eda desesperado de que se le creyera dependiente de un magistrado.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: arial, helvetica, sans-serif; font-size: 14pt;\">Sin embargo, tambi\u00e9n en Atenas exist\u00edan otras circunstancias que incid\u00edan sobre el car\u00e1cter de las naciones antiguas; hab\u00eda una poblaci\u00f3n esclava y el territorio era muy peque\u00f1o, y por todo ello encontramos all\u00ed vestigios de la libertad propia de los antiguos. El pueblo hace las leyes, examina la conducta de los magistrados, conmina a Pericles a rendir cuentas, condena a muerte a todos los generales que hab\u00edan dirigido el combate de las Arginusas. Al mismo tiempo el os-tracismo, arbitrariedad legal y vanagloriada por todos los legisladores de la \u00e9poca, el ostracismo, que nos parec\u00eda y debe parecernos una indignante iniquidad, prueba que el individuo estaba a\u00fan mucho m\u00e1s avasallado por la supremac\u00eda del cuerpo social en Atenas que hoy en ning\u00fan Estado libre de Europa. Se deduce de lo que vengo de exponer que ya no podemos disfrutar de la libertad de los antiguos, que consis-t\u00eda en la participaci\u00f3n activa y constante en el poder colectivo.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: arial, helvetica, sans-serif; font-size: 14pt;\">Nuestra propia libertad debe consistir en el goce apacible de la inde-pendencia privada. En la antig\u00fcedad, la parte que cada uno tomaba de la soberan\u00eda nacional no era, en absoluto, una suposici\u00f3n abstracta. La voluntad de cada uno ten\u00eda una influencia; el ejercicio de esta voluntad era un placer vivo y respetado. En consecuencia, los antiguos estaban dispuestos a hacer muchos sacrificios para conservar sus derechos pol\u00edticos y su parte en la administraci\u00f3n del Estado. Cada uno, sin-tiendo con orgullo cu\u00e1nto val\u00eda su sufragio, hallaba en esta conciencia de su importancia personal una amplia compensaci\u00f3n.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: arial, helvetica, sans-serif; font-size: 14pt;\">Este resarcimiento no existe hoy para nosotros. Perdido en la multitud, el individuo no percibe casi nunca la influencia que \u00e9l ejerce. Jam\u00e1s su voluntad se marca sobre el conjunto; nada constata su cooperaci\u00f3n ante sus propios ojos. As\u00ed pues, el ejercicio de los derechos pol\u00edticos no nos ofrece sino una parte de los goces que los antiguos encontraban en ellos, y al mismo tiempo los progresos de la civilizaci\u00f3n, la tendencia comercial de la \u00e9poca, la comunicaci\u00f3n de los pueblos entre s\u00ed, han multiplicado y variado hasta el infinito los medios de felicidad particular.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: arial, helvetica, sans-serif; font-size: 14pt;\">Resulta de ello que debemos estar mucho m\u00e1s ligados que los antiguos a nuestra independencia individual. Pues los antiguos, cuando sacrificaban esta independencia a los derechos pol\u00edticos, sacrificaban menos para obtener m\u00e1s; mientras que haciendo el mismo sacrificio nosotros dar\u00edamos m\u00e1s para obtener menos.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: arial, helvetica, sans-serif; font-size: 14pt;\">La finalidad de los antiguos era compartir el poder social entre todos los ciudadanos de una misma patria. Estaba ah\u00ed lo que ellos llamaban libertad. La finalidad de los modernos es la seguridad de los goces privados; y ellos llamaban libertad a las garant\u00edas acordadas a esos goces por las instituciones.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: arial, helvetica, sans-serif; font-size: 14pt;\">He dicho al comenzar que, por no haber percibido esas diferencias, hombres bien intencionados, de hecho, hab\u00edan causado infinitos males durante nuestra larga y tormentosa revoluci\u00f3n. Dios no permita que yo les dirija reproches demasiado severos: su error, incluso, era excusa-ble. No sabr\u00edamos leer las bellas p\u00e1ginas de la antig\u00fcedad, ni recordar las acciones de los grandes hombres sin experimentar no s\u00e9 qu\u00e9 emo-ci\u00f3n de un tipo particular, que nada de lo que es moderno nos hace sentir. Los viejos elementos por as\u00ed decir, de una naturaleza anterior a la nuestra, parecen despertarse en nosotros con esos recuerdos. Es dif\u00edcil no echar de menos esos tiempos donde las facultades del hom-bre se desarrollaban en una direcci\u00f3n trazada de antemano, pero con un horizonte tan vasto, fortalecido por sus propias fuerzas y con tal sentimiento de energ\u00eda y dignidad, que cuando uno se entrega a estas nostalgias, es imposible no querer imitar lo que se echa de menos.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: arial, helvetica, sans-serif; font-size: 14pt;\">Esta impresi\u00f3n era profunda, sobre todo cuando viv\u00edamos bajo gobiernos abusivos, los que sin ser fuertes eran vejatorios, absurdos por sus principios, miserables por sus acciones; gobiernos que ten\u00edan por resorte la arbitrariedad y por finalidad el empeque\u00f1ecimiento de la especie humana, y que ciertos hombres osan todav\u00eda vanagloriarnos hoy d\u00eda, como si pudi\u00e9ramos olvidar alguna vez que hemos sido testimonios y v\u00edctimas de su obstinaci\u00f3n, de su impotencia y de su derroca-miento. La finalidad de nuestros reformadores fue noble y generosa. \u00bfQui\u00e9n de nosotros no ha sentido latir su coraz\u00f3n de esperanza a la entrada del camino que ellos quer\u00edan abrir? \u00a1Y desgracia hoy, en el presente, a quien no sienta la necesidad de declarar que reconocer algunos errores cometidos por nuestros primeros gu\u00edas no es mancillar su memoria ni repudiar opiniones que los amigos de la humanidad han profesado de generaci\u00f3n en generaci\u00f3n!<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: arial, helvetica, sans-serif; font-size: 14pt;\">Pero esos hombres hab\u00edan tomado varias de sus teor\u00edas de las obras de dos fil\u00f3sofos que no cuestionan los cambios acontecidos por disposiciones del g\u00e9nero humano. Yo, quiz\u00e1s, examinar\u00eda una vez m\u00e1s el sistema de J. J. Rousseau, el m\u00e1s ilustre de esos fil\u00f3sofos, y mostrar\u00eda que transportando a nuestros tiempos modernos una ampliaci\u00f3n del poder social, de la soberan\u00eda colectiva que pertenec\u00eda a otros siglos, ese genio sublime a quien animaba el m\u00e1s puro amor por la libertad, ha proporcionado no obstante funestos pretextos a m\u00e1s de un tipo de tiran\u00eda. Sin duda, al revelar lo que yo considero como un error importante, ser\u00eda circunspecto en mi refutaci\u00f3n y respetuoso en mi reproba-ci\u00f3n. Evitar\u00eda, sin duda, unirme a los detractores de un gran hombre. Cuando el azar hace que coincida con ellos sobre un \u00fanico punto, des-conf\u00edo de m\u00ed mismo; y para consolarme de parecer por un instante de su misma opini\u00f3n sobre una cuesti\u00f3n \u00fanica y parcial, necesito repudiar y condenar e lo que de m\u00ed depende a esos pretendidos auxiliares.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: arial, helvetica, sans-serif; font-size: 14pt;\">Sin embargo, el inter\u00e9s por la verdad debe primar sobre consideraciones que vuelven tan potentes el brillo de un talento prodigioso y la autoridad de un inmenso prestigio. No es de hecho a Rousseau, como se ver\u00e1, a quien debemos atribuir principalmente el error que voy a combatir; pertenece m\u00e1s bien a uno de sus sucesores, menos elocuente pero no menos austero y mil veces m\u00e1s exagerado.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: arial, helvetica, sans-serif; font-size: 14pt;\">Este \u00faltimo, el abate de Mably, puede ser considerado como el representante del sistema que, conforme a las m\u00e1ximas de la libertad antigua, quiere que los ciudadanos est\u00e9n completamente sometidos para que la naci\u00f3n sea soberana, y que el individuo sea esclavo para que el pueblo sea libre. El abate de Mably hab\u00eda confundido, como Rousseau y como muchos otros, siguiendo a los antiguos, la autoridad del cuerpo social con la libertad, y todos los medios le parec\u00edan buenos para extender la acci\u00f3n de esta autoridad sobre esta parte recalcitrante de la existencia humana de la cual \u00e9l deplora la independencia.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: arial, helvetica, sans-serif; font-size: 14pt;\">El disgusto que expresa en todas sus obras es que la ley no pueda alcanzar m\u00e1s que a las acciones. Habr\u00eda querido que la autoridad del cuerpo social persiguiese al hombre sin descanso y sin dejarle un asilo donde pudiese escapar de su poder. Apenas percib\u00eda, en cualquier pueblo, una medida vejatoria, \u00e9l pensaba haber hecho un descubrimiento que propon\u00eda como modelo; detestaba la libertad individual como se detesta a un enemigo personal; y en cuanto encontraba en la historia una naci\u00f3n que estaba completamente privada de ella, no pod\u00eda impedirse de admirarla. Se extasiaba con los egipcios, porque, dec\u00eda, todo en ellos era regulado por la ley, hasta las distracciones, hasta las necesidades; todo se doblegaba bajo el imperio del legislador; todos los momentos de la jornada estaban ocupados por alg\u00fan deber. Incluso el amor estaba sujeto a esta intervenci\u00f3n respetada, y era la ley la que abr\u00eda y cerraba el lecho nupcial. Esparta, que un\u00eda la forma republicana y la servidumbre de los individuos, excitaba en el esp\u00edritu de este fil\u00f3sofo un entusiasmo m\u00e1s vivo a\u00fan.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: arial, helvetica, sans-serif; font-size: 14pt;\">Aquel vasto convento le parec\u00eda el ideal de una perfecta rep\u00fablica. Sent\u00eda hacia Atenas un profundo desprecio y gustosamente habr\u00eda dicho de esta naci\u00f3n, la primera de Grecia, lo que un acad\u00e9mico y gran se\u00f1or dec\u00eda de la Academia Francesa: \u201c\u00a1Qu\u00e9 espantoso despotismo! Todo el mundo hace all\u00ed lo que quiere.\u201d Debo agregar que ese gran se\u00f1or hablaba de la Academia tal como ella era hace treinta a\u00f1os. Montesquieu, dotado de un esp\u00edritu m\u00e1s observador porque hab\u00eda te-nido una cabeza menos ardiente, no cay\u00f3 exactamente en los mismos errores. El qued\u00f3 impactado por las diferencias que he referido, pero no ha discernido la verdadera causa. \u201cLos pol\u00edticos griegos \u2013dice\u2013 que viv\u00edan bajo el gobierno popular, no reconoc\u00edan otra fuerza que la de la virtud.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: arial, helvetica, sans-serif; font-size: 14pt;\">Los de hoy d\u00eda no nos hablan m\u00e1s que de manufactura, comercio, finanzas, riquezas e incluso de lujo.\u201d Montesquieu atribuye esta diferencia a la rep\u00fablica y a la monarqu\u00eda; pero hay que atribuirla al esp\u00ed-ritu diferente de los tiempos antiguos y de los tiempos modernos. Ciu-dadanos de las rep\u00fablicas, s\u00fabditos de monarqu\u00edas, todos quieren go-ces y nadie puede, en el estado actual de las sociedades, no desearlo. El pueblo m\u00e1s sujeto actualmente a su libertad, antes de la liberaci\u00f3n de Francia, era tambi\u00e9n el pueblo m\u00e1s ligado a todos los disfrutes de la vida, y cuidaba su libertad, sobre todo porque ve\u00eda en ella la garant\u00eda de los goces que \u00e9l amaba. En otro tiempo, cuando hab\u00eda libertad, se pod\u00edan soportar las privaciones; ahora en todas partes donde hay pri-vaci\u00f3n, es necesaria la esclavitud para resignarse a ella.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: arial, helvetica, sans-serif; font-size: 14pt;\">Hoy d\u00eda ser\u00eda m\u00e1s f\u00e1cil hacer de un pueblo de esclavos un pueblo de espartanos, que formar espartanos para la libertad. Los hombres que se vieron arrastrados por la oleada de sucesos a la cabeza de nuestra revoluci\u00f3n, estaban imbuidos por las opiniones antiguas y ya falsas que hab\u00edan honrado los fil\u00f3sofos de los que he hablado, como consecuencia necesaria de la educaci\u00f3n que hab\u00edan recibido.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: arial, helvetica, sans-serif; font-size: 14pt;\">La metaf\u00edsica de Rousseau, en medio de la cual aparecen de golpe, como rel\u00e1mpagos, verdades sublimes y pasajes de una elocuencia arrasadora; la austeridad de Mably, su intolerancia, su odio contra todas las pasiones humanas, su avidez por sojuzgarlas todas, sus prin-cipios exagerados sobre la competencia de la ley, la diferencia de lo que \u00e9l recomendaba y de lo que hab\u00eda existido, sus declaraciones con-tra las riquezas y aun contra la propiedad, todas esas cosas deb\u00edan fascinar a hombres inflamados por una reciente victoria, y quienes, conquistadores del poder legal, estaban muy dispuestos a extender este poder sobre todas las cosas. Para ellos era una autoridad preciosa la de dos escritores, quienes, desinteresados en el asunto, y pronunciando anatema contra el despotismo de los hombres, hab\u00edan redactado en axiomas los textos de la ley. Quisieron, as\u00ed pues, ejercer la fuerza p\u00fa-blica, como hab\u00edan aprendido de sus gu\u00edas que anta\u00f1o ella habr\u00eda sido ejercida en los Estados libres. Creyeron que todo deb\u00eda ceder ante la voluntad colectiva y que todas las restricciones a los derechos indivi-duales ser\u00edan ampliamente compensadas por la participaci\u00f3n en el poder social.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: arial, helvetica, sans-serif; font-size: 14pt;\">Sab\u00e9is, se\u00f1ores, lo que de ello result\u00f3. Instituciones libres, apoyadas sobre el conocimiento del esp\u00edritu del siglo, habr\u00edan podido subsistir.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: arial, helvetica, sans-serif; font-size: 14pt;\">El renovado edificio de los antiguos se derrumb\u00f3, a pesar de muchos esfuerzos y muchos actos heroicos que merecen toda la admiraci\u00f3n.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: arial, helvetica, sans-serif; font-size: 14pt;\">Es que el poder social her\u00eda en todo sentido la independencia individual sin destituir de \u00e9l la necesidad. La naci\u00f3n no encontraba que una parte ideal de una soberan\u00eda abstracta valiera los sacrificios que se le ped\u00eda. Se le repet\u00eda in\u00fatilmente con Rousseau que las leyes de la libertad son mil veces m\u00e1s austeras que duro el yugo de los tiranos. Ella no quer\u00eda esas leyes austeras y, en ese hast\u00edo, cre\u00eda a veces que ser\u00eda preferible el yugo de los tiranos. Lleg\u00f3 la experiencia y la desenga\u00f1\u00f3. Vio que la arbitrariedad de los hombres era peor a\u00fan que las malas leyes. Pero las leyes deben tener sus l\u00edmites.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: arial, helvetica, sans-serif; font-size: 14pt;\">Si he logrado, se\u00f1ores, haceros compartir la opini\u00f3n que, en mi convicci\u00f3n, esos hechos deben producir, reconocer\u00e9is conmigo la verdad de los siguientes principios. La independencia individual es la primera de las necesidades modernas.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: arial, helvetica, sans-serif; font-size: 14pt;\">En consecuencia, jam\u00e1s hay que pedir su sacrificio para establecer la libertad pol\u00edtica. Se deduce que ninguna de las numerosas y alabadas instituciones que en las rep\u00fablicas antiguas perturbaban la libertad individual, es admisible e los tiempos modernos.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: arial, helvetica, sans-serif; font-size: 14pt;\">Esta verdad, se\u00f1ores, a primera vista parece superflua de establecer.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: arial, helvetica, sans-serif; font-size: 14pt;\">Algunos gobernantes de hoy no parecen en nada inclinados a imitar las rep\u00fablicas de la antig\u00fcedad. No obstante por muy poco gusto que ellos tengan por las instituciones republicanas, hay ciertas costumbres republicanas por las que ellos experimentan no s\u00e9 qu\u00e9 afecto. Es molesto que esos sean precisamente los que se permiten rechazar, exiliar, despojar. Recuerdo que en 1802 se desliz\u00f3 en una ley sobre los tribunales especiales un art\u00edculo que introduc\u00eda en Francia el ostracismo griego; \u00a1y sabe Dios cu\u00e1ntos elocuentes oradores, para hacer admitir este art\u00edculo que sin embargo fue retirado, nos hablaron de libertad, de Atenas y de todos los sacrificios que los individuos deb\u00edan hacer para conservar esta libertad! Lo mismo que en una \u00e9poca m\u00e1s o menos reciente, cuando autoridades temerosas intentaron con mano t\u00edmida dirigir las elecciones a su voluntad, un peri\u00f3dico, que no obstante no es tachado de republicanismo, propuso hacer revivir la censura roma-na para apartar a los candidatos peligrosos.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: arial, helvetica, sans-serif; font-size: 14pt;\">As\u00ed pues, no creo empe\u00f1arme en una digresi\u00f3n in\u00fatil, si para apoyar mi aserci\u00f3n digo algunas palabras sobre esas dos instituciones tan alabadas.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: arial, helvetica, sans-serif; font-size: 14pt;\">El ostracismo de Atenas reposaba sobre la hip\u00f3tesis de que la sociedad tiene total autoridad sobre sus miembros. Esta hip\u00f3tesis pod\u00eda justificarse en un peque\u00f1o Estado, donde la influencia de un individuo, basada en su cr\u00e9dito, clientela y gloria, compensa a menudo el poder del pueblo; all\u00ed el ostracismo podr\u00eda tener una apariencia de utilidad. Pero, entre nosotros, los individuos tienen derechos que la sociedad debe respetar, y la influencia individual est\u00e1 tan perdida en una multitud de influencias, iguales o superiores, que toda vejaci\u00f3n, motivada por la necesidad de disminuir esta influencia, es in\u00fatil y por consecuencia injusta. Nadie tiene derecho a exiliar un ciudadano si no es condenado por un tribunal regular, seg\u00fan una ley formal que liga la pena del exilio a la acci\u00f3n de la que \u00e9l es culpable. Nadie tiene derecho de arrancar al ciudadano de su patria; el propietario tiene sus tierras, el negociante su comercio, el esposo su esposa, el padre sus hijos, el escritor sus meditaciones estudiosas, el viejo sus costumbres. Todo exilio pol\u00edtico es un atentado pol\u00edtico. Todo exilio pronunciado por una asamblea a causa de pretendidos motivos de salvaci\u00f3n p\u00fablica, es un crimen de esta asamblea contra el bien p\u00fablico, que no existe jam\u00e1s sino en el respeto de las leyes, en el acatamiento de las formas y en la conservaci\u00f3n de las garant\u00edas. La censura romana supon\u00eda, como el ostracismo, un poder discrecional.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: arial, helvetica, sans-serif; font-size: 14pt;\">En una rep\u00fablica en la que todos los ciudadanos, mantenidos por la pobreza en una simplicidad extrema de costumbres, habitaban la mis-ma ciudad, no ejerc\u00edan ninguna profesi\u00f3n que desviara su atenci\u00f3n de los asuntos de Estado, y se hallaban as\u00ed constantemente espectadores y jueces del uso del poder p\u00fablico. La censura, de un lado, pod\u00eda tener m\u00e1s influencia, y del otro, la arbitrariedad de los censores estaba con-tenida por una especie de vigilancia moral ejercida contra ellos. Pero tan pronto como la extensi\u00f3n de la rep\u00fablica, la complicaci\u00f3n de las relaciones sociales y los refinamientos de la civilizaci\u00f3n hubieran quitado a esta instituci\u00f3n lo que serv\u00eda a la vez de base y de l\u00edmite, la censura degener\u00f3 incluso en Roma. As\u00ed pues, no era entonces la censura la que hab\u00eda creado las buenas costumbres, era la simplicidad de las costumbres lo que constitu\u00eda la potencia y la eficacia de la censura.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: arial, helvetica, sans-serif; font-size: 14pt;\">En Francia, una instituci\u00f3n tan arbitraria como la censura ser\u00eda a la vez ineficaz e intolerable. En el presente estado de la sociedad, las costumbres se componen de finas sutilezas ondulantes, inasibles, que se desnaturalizar\u00edan de mil maneras si se intentara darles m\u00e1s precisi\u00f3n. \u00danicamente la opini\u00f3n puede herirles, s\u00f3lo ella puede juzgarlas, por-que es de igual naturaleza.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: arial, helvetica, sans-serif; font-size: 14pt;\">Ella se sublevar\u00eda contra toda autoridad positiva que quisiera darle mayor precisi\u00f3n. Si el gobierno de un pueblo quisiera, como los censores de Roma, censurar a un ciudadano con una decisi\u00f3n discrecional, la naci\u00f3n entera reclamar\u00eda contra este fallo no ratificando las decisiones de la autoridad.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: arial, helvetica, sans-serif; font-size: 14pt;\">Lo que vengo de decir sobre el trasplante de la censura en los tiempos modernos se aplica a muchas otras zonas de la organizaci\u00f3n social, en las que se nos cita la antig\u00fcedad a\u00fan m\u00e1s frecuentemente y con mucho m\u00e1s \u00e9nfasis. Tal como la educaci\u00f3n, por ejemplo, cuando se nos dice que hemos de permitir que el gobierno se apodere de las generaciones nacientes para formarlas a su voluntad. \u00bfY cu\u00e1ntas alusiones eruditas apoyan esta teor\u00eda? \u00a1Los persas, los egipcios, Grecia e Italia vienen a figurar por turno en nuestros registros! \u00a1Eh!, se\u00f1ores, no somos ni persas sometidos a un d\u00e9spota, ni egipcios subyugados por sacerdotes, ni galos pudiendo ser sacrificados por sus druidas, ni finalmente griegos y romanos cuya parte en la autoridad social consolidaba la servidumbre privada. Somos modernos que queremos disfrutar cada uno de nuestros derechos; desarrollar cada una nuestras facultades como mejor nos parece, sin perjudicar al pr\u00f3jimo; velar por el desarrollo de esas facultades en los hijos que la naturaleza conf\u00ede a nuestro afecto, que ser\u00e1 tanto m\u00e1s ilustrada cuanto m\u00e1s viva, sin necesidad de ninguna autoridad si no es para conseguir de ella los medios generales de instrucci\u00f3n que puede proporcionarnos, como los viajeros aceptan la autoridad vial, sin ser por ello dirigidos en el camino que quieren seguir. La religi\u00f3n tambi\u00e9n est\u00e1 expuesta a estos recuerdos de otros siglos. Valientes defensores de la unidad de doctrina nos citan las leyes de los antiguos contra los dioses extranjeros y apoyan los derechos de la Iglesia cat\u00f3lica con el ejemplo de los atenienses, que hicieron perecer a S\u00f3crates por haber quebrantado el polite\u00edsmo, y el de Augusto, que quer\u00eda permanecer fiel al culto de sus padres, lo que hizo que poco despu\u00e9s se entregara a los primeros cristianos a las bestias.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: arial, helvetica, sans-serif; font-size: 14pt;\">Desconfiemos, se\u00f1ores, de esta admiraci\u00f3n por ciertas reminiscencias antiguas. Puesto que vivimos en los tiempos modernos, deseo la libertad conveniente a los tiempos modernos; y puesto que vivimos bajo monarqu\u00edas, suplico humildemente a esas monarqu\u00edas no pedir prestado a las rep\u00fablicas antiguas medios para oprimirnos. La libertad individual, repito, he ah\u00ed la verdadera libertad moderna. La libertad pol\u00edtica es por consecuencia indispensable. Pero pedir a los pueblos actuales sacrificar, como los de anta\u00f1o, la totalidad de su libertad individual a su libertad pol\u00edtica, es el medio seguro de separarles de una de ellas; y cuando eso se haya conseguido, no se tardar\u00e1 en arrebatarles la otra.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: arial, helvetica, sans-serif; font-size: 14pt;\">Veis, se\u00f1ores, que mis observaciones no tienden en absoluto a disminuir el precio de la libertad pol\u00edtica. Yo no deduzco en nada de los hechos que he puesto ante vuestros ojos las consecuencias que algunos hombres sacan de ello. Del hecho que los antiguos hayan estado libres, y que nosotros no podamos ser libres como los antiguos, ellos concluyen que estamos destinados a ser esclavos. Quisieran constituir el nuevo estado social con un peque\u00f1o n\u00famero de elementos de los que ellos dicen ser los \u00fanicos due\u00f1os en la actual situaci\u00f3n del mundo. Esos elementos son los prejuicios para espantar a los hombres, el ego\u00edsmo para corromperlos, la frivolidad para aturdirles, los placeres groseros para degradarles, el despotismo para dirigirles; y, para servir m\u00e1s h\u00e1bilmente al despotismo, son muy necesarios los conocimientos positivos y las ciencias exactas. Ser\u00eda extra\u00f1o que tal fuera el resultado de cuarenta siglos durante los cuales el esp\u00edritu humano ha conquista-do tantos medios morales y f\u00edsicos, yo no lo puedo imaginar.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: arial, helvetica, sans-serif; font-size: 14pt;\">Concluyo de las diferencias que nos distinguen de la antig\u00fcedad con-secuencias completamente opuestas. No es en absoluto la garant\u00eda lo que hay que abolir, es el goce lo que hay que extender. No es la libertad pol\u00edtica a lo que quiero renunciar; es la libertad civil lo que reclamo con las otras formas de libertad pol\u00edtica. Los gobiernos no tienen derecho hoy como ayer de arrogarse un poder ileg\u00edtimo. Pero los gobiernos que proceden de una fuente leg\u00edtima tienen menos derecho que anta\u00f1o de ejercer sobre los individuos una supremac\u00eda arbitraria. Todav\u00eda hoy poseemos los derechos que tuvimos desde siempre, esos derechos eternos de consentir las leyes, de deliberar sobre nuestros intereses, de ser parte integrante del cuerpo social del cual somos miembros. Pero los gobiernos tienen nuevos deberes. Los progresos de la civilizaci\u00f3n, los cambios producidos por los siglos, ordenan a la autoridad m\u00e1s respeto por las costumbres, por los afectos, por la independencia de los individuos. Ella debe tratar con una mano m\u00e1s pru-dente y leve estas cuestiones.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: arial, helvetica, sans-serif; font-size: 14pt;\">Esta reserva de la autoridad que consta en sus estrictos deberes est\u00e1 igualmente bien comprendida en sus intereses, pues si la libertad que conviene a los modernos es diferente de la que conven\u00eda a los antiguos, el despotismo que era posible entre los antiguos ya no lo es m\u00e1s entre los modernos. Somos a menudo menos atentos que los antiguos a la libertad pol\u00edtica, y menos apasionados por ella, de este hecho se puede concluir que descuidemos, a veces demasiado y siempre por error, las garant\u00edas que nos asegura. Pero al mismo tiempo como nos apegamos mucho m\u00e1s a la libertad individual que los antiguos, la defenderemos si es atacada con mucho m\u00e1s tino y persistencia; y para defenderla tenemos medios que los antiguos no ten\u00edan.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: arial, helvetica, sans-serif; font-size: 14pt;\">El comercio les confiere a las arbitrariedades un car\u00e1cter m\u00e1s humillante para nuestra existencia que en el pasado, cuando no exist\u00eda. Con el comercio las transacciones son m\u00e1s variadas; por lo mismo, se multiplican las ocasiones para las arbitrariedades. No obstante, el comercio tambi\u00e9n permite eludir m\u00e1s f\u00e1cilmente las acciones arbitrarias, porque \u00e9l cambia la naturaleza misma de la propiedad, que gracias al cambio se transforma en algo pr\u00e1cticamente inasible.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: arial, helvetica, sans-serif; font-size: 14pt;\">El comercio da a la propiedad una nueva cualidad: la circulaci\u00f3n; sin circulaci\u00f3n, la propiedad no es sino un usufructo; la autoridad puede siempre influir sobre el usufructo, pues puede retirar el goce; pero la circulaci\u00f3n pone un obst\u00e1culo invisible e invencible a esta acci\u00f3n del poder social. Los efectos del comercio se extienden a\u00fan m\u00e1s lejos, no s\u00f3lo libera a los individuos, sino que, creando el cr\u00e9dito, vuelve de-pendiente a la autoridad.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: arial, helvetica, sans-serif; font-size: 14pt;\">El dinero, dice un autor franc\u00e9s, es el arma m\u00e1s peligrosa del despotismo, pero al mismo tiempo es su freno m\u00e1s poderoso; el cr\u00e9dito est\u00e1 sometido a la opini\u00f3n; la fuerza es in\u00fatil, el dinero se oculta o se desvanece; todas las operaciones del Estado est\u00e1n suspendidas. El cr\u00e9dito no ten\u00eda la misma influencia entre los antiguos; sus gobiernos eran m\u00e1s fuertes que los particulares; hoy los particulares son m\u00e1s fuertes que los poderes pol\u00edticos; la riqueza es un poder m\u00e1s disponible en todos los momentos, m\u00e1s aplicable a todos los intereses, y, por consecuencia, mucho m\u00e1s real y mejor obedecida; el poder amenaza, la riqueza recompensa, escapamos al poder enga\u00f1\u00e1ndoles; para obtener los favores de la riqueza hay que servirla. La riqueza siempre gana.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: arial, helvetica, sans-serif; font-size: 14pt;\">A consecuencia de las mismas causas, la existencia individual est\u00e1 menos englobada en la existencia pol\u00edtica. Los hombres transportan lejos sus tesoros; se llevan con ellos todos los goces de la vida priva-da; el comercio ha aproximado a las naciones, y les ha dado costumbres y h\u00e1bitos m\u00e1s o menos similares; los jefes pueden ser los enemigos; los pueblos son compatriotas. As\u00ed pues, que el poder se resigne a ello: necesitamos la libertad y la tendremos; pero como la libertad que no es precisa es diferente a la de los antiguos, es necesario a esta libertad otra organizaci\u00f3n que la que podr\u00eda convenir a la antigua libertad.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: arial, helvetica, sans-serif; font-size: 14pt;\">En \u00e9sta, cuanto m\u00e1s consagraba el hombre su tiempo y fuerza al ejercicio de sus derechos pol\u00edticos, m\u00e1s libre se cre\u00eda. En la clase de libertad que nos corresponde, cuanto m\u00e1s tiempo para nuestros intereses privados nos deje el ejercicio de nuestros derechos pol\u00edticos, m\u00e1s preciosa ser\u00e1 la libertad.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: arial, helvetica, sans-serif; font-size: 14pt;\">De ah\u00ed, se\u00f1ores, la necesidad del sistema representativo. El sistema representativo no es otra cosa que una organizaci\u00f3n con cuya ayuda una naci\u00f3n descarga en algunos individuos lo que ella no puede o no quiere hacer por s\u00ed misma. Los individuos pobres realizan ellos mismos sus asuntos; los hombres ricos contratan a administradores. Es la historia de las antiguas naciones y de las modernas. El sistema representativo es una procuraci\u00f3n dada a un cierto n\u00famero de hombres por la masa del pueblo que quiere que sus intereses sean defendidos y que no obstante no tiene tiempo de defenderlos \u00e9l mismo. Pero, a menos que sean insensatos, los hombres ricos que tienen administradores examinan con atenci\u00f3n y severidad si esos administradores cumplen su deber, si no son descuidados, ni corruptos, ni incapaces, y para juzgar la gesti\u00f3n de esos mandatarios, los comisionados que tienen prudencia se aplican muy bien a los asuntos en los que se les conf\u00eda la administraci\u00f3n. Del mismo modo, los pueblos, que con el fin de gozar de la libertad que les conviene, recurren al sistema representativo, deben ejercer una vigilancia activa y constante sobre sus representantes, y reservarse, en \u00e9pocas que no est\u00e9n separadas por intervalos demasiado largos, el derecho de apartarles si han equivocado sus votos, y de revocar los poderes de los que ya han abusado. Del hecho que la libertad moderna difiere de la libertad antigua, se deduce que esta \u00faltima estaba tambi\u00e9n amenazada por otra especie de peligro.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: arial, helvetica, sans-serif; font-size: 14pt;\">El peligro de la libertad antigua consist\u00eda en que los hombres, atentos \u00fanicamente a asegurarse el poder social, no apreciaban los derechos y los goces individuales. El peligro de la libertad moderna es que absorbidos por el disfrute de nuestra independencia privada, y en la gesti\u00f3n de nuestros intereses particulares, renunciamos demasiado f\u00e1cilmente a nuestro derecho de participaci\u00f3n en el poder pol\u00edtico. Los depositarios de la autoridad no dejan de exhortarnos a ello. \u00a1Est\u00e1n tan dispuestos a evitarnos todo tipo de pena, excepto la de obedecer y de pagar! Nos dir\u00e1n: \u201c\u00bfCu\u00e1l es en el fondo la finalidad de vuestros esfuerzos, el motivo de vuestros trabajos, el objeto de vuestras esperanzas? \u00bfNo es la felicidad? Y bien, esa dicha, dejadnos actuar y os la daremos.\u201d No, se\u00f1ores, no dejemos que act\u00faen. Por muy conmovedor que sea ese inter\u00e9s tan tierno, rogamos a la autoridad que permanezca en sus l\u00edmites. Que se limite a ser justa, nosotros nos encargaremos de ser felices.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: arial, helvetica, sans-serif; font-size: 14pt;\">\u00bfPodr\u00edamos serlo con goces si estos goces estuvieran separados de las garant\u00edas? \u00bfD\u00f3nde encontrar\u00edamos esas garant\u00edas si renunci\u00e1ramos a la libertad pol\u00edtica? Renunciar a ellas, se\u00f1ores, ser\u00eda una demencia similar a la de un hombre que bajo el pretexto que no ocupa el primer piso, pretendiera construir sobre la arena un edificio sin fundamentos.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: arial, helvetica, sans-serif; font-size: 14pt;\">Por lo dem\u00e1s, se\u00f1ores, \u00bftan cierto es que la felicidad, cualquiera ella sea, es la \u00fanica finalidad de la especie humana? En ese caso, nuestra carrera ser\u00eda muy estrecha, y nuestro destino muy poco se\u00f1alado, no hay ninguno de nosotros que si quisiera descender, restringir sus facultades morales, reducir sus deseos, abjurar a la actividad, la gloria, las emociones generosas y profundas, pudiera embrutecerse y ser fe-liz. No, se\u00f1ores, yo atestiguo sobre esta excelente parte de nuestra naturaleza, esta noble inquietud que nos persigue y que nos atormenta, este ardor de extender nuestras luces y desarrollar nuestras facultades: no es s\u00f3lo la felicidad, es al perfeccionamiento que nuestro destino nos llama; y la libertad es la m\u00e1s poderosa, el m\u00e1s en\u00e9rgico medio de perfeccionamiento que el cielo nos haya dado.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: arial, helvetica, sans-serif; font-size: 14pt;\">La libertad pol\u00edtica sometiendo a todos los ciudadanos, sin excepci\u00f3n, el examen y el estudio de sus intereses m\u00e1s sagrados, engrandece su esp\u00edritu, ennoblece sus pensamientos, establece entre todos ellos un tipo de legalidad intelectual que constituye la gloria y la potencia de un pueblo.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: arial, helvetica, sans-serif; font-size: 14pt;\">Por tanto, ved c\u00f3mo una naci\u00f3n se engrandece con la primera instituci\u00f3n que le restituye el ejercicio regular de la libertad pol\u00edtica. Ved a nuestros conciudadanos de todas las clases, profesiones, sacados de la esfera de sus trabajos habituales y de su industria privada, encontrarse de pronto en el nivel de las funciones importantes que la constituci\u00f3n les conf\u00eda, escoger con discernimiento, resistir noblemente a la seducci\u00f3n. Ved el patriotismo puro, profundo y sincero, triunfando en nuestras ciudades y vivificando hasta nuestras aldeas, atravesando nuestros talleres, reanimando nuestros campos, penetrando del sentimiento de nuestros derechos y de la necesidad de garant\u00edas el esp\u00edritu justo y recto del labrador \u00fatil y del negociante industrioso, que sabiendo de los males que ellos han padecido, y no menos iluminados sobre los remedios que esos males exigen, abarcan con una mirada a Francia entera y, dispensadores del reconocimiento nacional, recompensan con sus sufragios, despu\u00e9s de treinta a\u00f1os, la fidelidad a los principios, en la persona del m\u00e1s ilustre de los defensores de la libertad.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: arial, helvetica, sans-serif; font-size: 14pt;\">Lejos entonces, se\u00f1ores, de renunciar a ninguna de las dos clases de libertad de las que les habl\u00e9, es preciso, lo he demostrado, aprender a combinar la una con la otra. Las instituciones, como dice el c\u00e9lebre autor de la historia de las rep\u00fablicas de la Edad Media, deben cumplir los destinos de la especie humana; ellas alcanzan tanto mejor su finalidad cuanto mayor es el n\u00famero posible de ciudadanos que elevan a la m\u00e1s alta dignidad moral.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: arial, helvetica, sans-serif; font-size: 14pt;\">La obra del legislador no est\u00e1 totalmente completa cuando s\u00f3lo ha tranquilizado al pueblo. Incluso cuando ese pueblo est\u00e1 contento queda mucho por hacer. Es preciso que las instituciones concluyan la educaci\u00f3n moral de los ciudadanos. Respetando sus derechos individuales, cuidando de su independencia, no perturbando para nada sus ocupaciones, ellas deben no obstante consagrar su influencia sobre la cosa p\u00fablica, llamarles a concurrir con sus determinaciones y sus sufragios al ejercicio del poder, garantizarles un derecho de control y de vigilancia por la manifestaci\u00f3n de sus opiniones, y form\u00e1ndoles de este modo, por la pr\u00e1ctica, para esas elevadas funciones, d\u00e1ndoles a la vez el deseo y la facultad de satisfacerlas.<\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<div class=\"mh-excerpt\"><p>Benjamin Constant de Rebenque fue un fil\u00f3sofo y escritor franc\u00e9s, de origen suizo, que vivi\u00f3 entre 1767 y 1830. Hijo de un militar suizo, curs\u00f3 estudios en universidades alemanas y brit\u00e1nicas. Fue opositor al r\u00e9gimen <a class=\"mh-excerpt-more\" href=\"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/2017\/03\/25\/discurso-sobre-la-libertad-de-los-antiguos-comparada-con-la-de-los-modernos-benjamin-constant\/\" title=\"DISCURSO SOBRE LA LIBERTAD DE LOS ANTIGUOS COMPARADA CON LA DE LOS MODERNOS &#8211; Benjamin Constant\">[&#8230;]<\/a><\/p>\n<\/div>","protected":false},"author":3,"featured_media":1492,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"_exactmetrics_skip_tracking":false,"_exactmetrics_sitenote_active":false,"_exactmetrics_sitenote_note":"","_exactmetrics_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[7],"tags":[],"class_list":{"0":"post-1489","1":"post","2":"type-post","3":"status-publish","4":"format-standard","5":"has-post-thumbnail","7":"category-politica"},"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1489","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-json\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=1489"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1489\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-json\/wp\/v2\/media\/1492"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=1489"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=1489"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/puntocritico.com\/ausajpuntocritico\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=1489"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}