LA IZQUIERDA HA MUERTO; HA DEJADO DE EXISTIR. «Carta de un viejo catedrático al último socialdemócrata… Si es que aún vive», por Gabriel Albiac

LA IZQUIERDA HA MUERTO

 

HACER BUENOS A LOS HOMBRES, RIDÍCULA OCUPACIÓN

Por Oscar Wilde

 

Un eminente teólogo de Oxford indicó en cierta ocasión que su única objeción al progreso moderno era que se progresaba hacia adelante y no hacia atrás. Espero que mis lectores no sospechen que he caído en esta peligrosa herejía retrógrada. Pero debo admitir cándidamente que he llegado a la conclusión de que la crítica más cáustica sobre la vida moderna con que me he tropezado en estos últimos tiempos está contenida en los escritos de Chuang Tzu.

No hay duda de que la extensión de la educación popular ha hecho completamente familiar el nombre de este gran pensador al público general; pero, por culpa de unos pocos supercultos, me creo en le deber de establecer definitivamente quién era y de dar una breve reseña sobre su carácter y su filosofía.

ALGO MÁS QUE UN ILUMINADO: QUERÍA DESTRUIR LA SOCIEDAD

Chuang Tzu nació en el siglo IV antes de Jesucristo, en las riberas del río Amarillo, en la Tierra Florida, y aún se encuentran retratos del maravilloso sabio, sentado sobre el dragón volante de la contemplación. Chuang Tzu empleó su vida en predicar el gran credo de la Inacción y en señalar la inutilidad de todas las cosas útiles. “No hagas nada, y todo será hecho”, fue la doctrina que él heredó de su gran maestro Lao Tsé.

Chuang Tzu era algo más que un metafísico y un iluminado. Buscaba la forma de destruir la sociedad. No existe nada de sentimentalismo en él. Se compadece del rico más que del pobre, suponiendo que alguna vez se compadezca de alguien, y la prosperidad le parece cosa tan trágica como el sufrimiento. No siente nada de la moderna simpatía hacia los fracasos, ni tampoco está de acuerdo en que las recompensas sean siempre otorgadas, en el campo moral, a los que llegan los últimos en la carrera.

Es a la propia raza a la que objeta, y respecto a la simpatía activa, que en nuestra época ha cambiado el rumbo de tantas personas valiosas, cree que tratar de hacer buenos a los demás es una ocupación tan ridícula como “la de golpear un tambor en un bosque para encontrar a un fugitivo”. Es malgastar energía. Eso es todo. Por tanto un hombre simpático es, a los ojos de Chuang Tzu, simplemente un hombre que está siempre tratando de ser algo más, y así desconoce la única excusa posible para su propia existencia.

Sí; por increíble que parezca, este curioso pensador volvía la vista con cierta pena hacia la Edad de Oro, en que no existían exámenes de competencia, ni fastidiosos sistemas educativos, ni misioneros, ni comidas económicas para el pueblo, ni iglesias, ni sociedades humanitarias, ni insulsas lecturas acerca de los deberes de cada cual para con su semejante, ni tediosos sermones de tesis.

LA VIDA BUENA, SENCILLA Y PACÍFICA HACE BUENOS A LOS HOMBRES

En esos días ideales, nos cuenta, las gentes se amaban sin tener conciencia de la caridad y sin escribir nada que se relacionase con ella en los periódicos. Puesto que cada hombre guardaba para sí sus propios conocimientos, el mundo se libraba del escepticismo, y como cada hombre conservaba para sí también sus virtudes, nadie se mezclaba en los asuntos ajenos. Vivían unas vidas sencillas y pacíficas, y se contentaban con los alimentos y ropas que cada cual podía conseguir.

Los distritos vecinales estaban a la vista, y “los gallos y los perros de cada cual podían ser oídos por los demás”, pero las personas crecían, envejecían y morían sin jamás intercambiarse visitas. No había conversaciones sobre hombres inteligentes, ni homenajes a hombres bondadosos. El intolerable sentido de la obligación era desconocido. Los hechos de la Humanidad no dejaban rastro, y sus asuntos no pasaban a manos de estúpidos historiadores con cargo a la posteridad.

Filosofía Digital

 

HACER BUENOS A LOS HOMBRES

REFORMISTA

Cada hombre completa a los otros, y es completado por ellos

AUSAJ

LA IZQUIERDA HA MUERTO

 

“REFORMISTA”, fue el insulto dedicado a quienes sólo querían mejorar sus condiciones de vida, sin perder el control sobre su destino.

“REFORMISTA”, la palabra con la que los peores de entre nosotros, desactivaron la resistencia a la opresión en su mismo inicio. NO SE PERMITE MEJORAR. So pena de ser injuriado (hoy, Cancelado; asesinado en vida): “¡REFORMISTA!”.

Quien quiso mejoras para todos, recibió el odio de “los suyos”.

Primero el de los más viles, luego el del cada día más numeroso grupo de “los estúpidos”, quienes desean lo peor para todos y también para ellos. Son la mayoría aplastante. Y, como “Hombres Democráticos” (Tocqueville), como “Último Hombre” (Nietzsche) o como “Hombres Masa” (Ortega) son absolutamente incompatibles con la Democracia.

Han destruido la Izquierda. Y aplastado la Democracia. Quieren que lo de todos sea suyo.

Para nombrar a su organización Criminal, han robado el nombre de la utopía socialista, hoy degradada a pesadilla distópica.

Primero destruyeron a los Socialistas. Luego dividieron a los ciudadanos, agrupados en múltiples círculos de ODIO, y finalmente esclavizarán a entera la sociedad, que dividida en una miríada de ODIOS oficializados, será incapaz de toda defensa.

Como decía Séneca, “El que teme es un esclavo”. Y, continuaba Séneca, para evitarlo, el Ciudadano, reducido a la esclavitud, tiene en su mano la solución para liberarse: el suicidio.

Y esa es la senda hacia la que transitamos: la del Suicidio Social.

Quisimos, al ser conscientes de la situación –trágica y con un claro y espantoso final- aportar lo posible. Pero, ¿para qué?

Punto Crítico nació como Boletín de AUSAJ (Asociación de Usuarios de la Administración de Justicia española) debido a que, como consecuencia de la Cancelación de AUSAJ y de sus integrantes, que impedía comunicar a la sociedad la realidad de la Corrupción de la Justicia, colofón de la destrucción de “lo público”.

Desde el primer momento fuimos conscientes de que se trataba de Asuntos Judiciales que no era posible ganar, debido a la corrupción de la Administración de Justicia española.

Pero ese era el objetivo: Tramitar con la mayor diligencia las acciones judiciales, para poder después informar acerca de ello.

 

Pero ese era el objetivo: Tramitar con la mayor diligencia las acciones judiciales, para poder después informar acerca de ello.

 

Pero, al Cancelarnos también en Punto Crítico, de nuevo, tras haber finalizado la tramitación impecable de los asuntos, no nos es posible comunicarlo. En el caso de la ESCLAVITUD EN HUELVA, hasta que, en 2018, logramos obtener PRUEBAS DIRECTAS, si se podía hablar. Después, ya no.

El último está acabando estos días. Me refiero al centenar de asuntos que hemos tramitado en relación con la ESCLAVITUD A ESCALA INDUSTRIAL QUE SE DESARROLLA EN HUELVA.

Os iremos informando, pero os adelantamos ahora las líneas generales del caso (que es mucho más extenso, y cuyos fundamentos jurídicos son muy extensos, como ya hemos publicado, y como volveremos a publicar en cuanto recuperemos la funcionalidad de puntocritico.com, que tras años de ciberataques y hackeos, ha quedado muy dañada. Aprovecharemos este verano para hacerlo, y volveremos a publicar la parte jurídica).

Volviendo a una somera exposición de los hechos, adelantaremos que la Unión Europea entrega anualmente a España enormes cantidades económicas (Fondos FEDER, para el desarrollo regional; en el caso para el Desarrollo regional andaluz, fondos responsabilidad última es de la Comunidad Autónoma andaluza, que en el momento de los hechos 2017-2018, tenía como última responsable a la hoy Ministra de Hacienda del Gobierno español, María Jesús Montero, quien daba el visto bueno a la aplicación de los fondos, sin que nadie en el Gobierno estatal pudiere –conforme a la pacífica jurisprudencia, tanto del Tribunal de Justicia de la Unión Europea, como del Tribunal Constitucional español- corregir o discutir su conformidad).

Estos Fondos fueron empleados para una serie de actuaciones, comenzando por la CAPTACIÓN DE LAS VÍCTIMAS EN MARRUECOS, financiada por la Unión Europea, con la finalidad legal de prevenir la esclavitud (Trata de Seres Humanos).

 

YOLANDA DÍAZ MINISTRA DE TRABAJO Y MÁXIMA RESPONSABLE DE LA INSPECCIÓN DE TRABAJO

 

La intervención de la Unión Europea y del Estado Español, permitía ENGAÑAR a las víctimas, cuyo perfil era expreso: MUJERES RURALES POBRES, CON HIJOS A SU CARGO Y PREFERENTEMENTE ANALFABETAS.

Una vez captadas, se las transportaba a Huelva, España y se entregaban a “empresarios” del Sector de los frutos rojos, quienes las intentaba esclavizar, sexual y laboralmente. Con éxito en muchos casos.

La “estrategia” era encerrarlas en una Jaula y no pagarles. Así, si querían comer, les ofrecían clientes para prostituirse.

Además, no les pagaban por su trabajo, y cuando reclamaban se les expulsaba ILEGALMENTE de España, mediante engaños y en último término con violencia. Con la ayuda de la Guardia Civil y el encubrimiento de todos los jueces y fiscales intervinientes, así como de la misma Inspección de Trabajo.

La cerrazón informativa fue total, incluso con publicación de informaciones radicalmente falsas por parte de medios tan aparentemente dispares como “El Mundo” o “elDiario.es” (lo relativo a éste último, todavía no lo hemos publicado, por ser cuestión que, hasta hoy, estábamos tratando de que fuere enjuiciada, por constituir una verdadera cadena de hechos presuntamente delictivos, investigación judicial que finalmente ha sido rechazada). Cuando algunos otros medios fingieron darnos voz, no publicaron nada de lo relevante, que ha quedado CANCELADO.

TEMPORERAS CONTRA LA ESCLAVITUD: LA TRAMA MEDIÁTICA DE LA ORGANIZACIÓN CRIMINAL DE TRATANTES DE SERES HUMANOS (1): El Mundo, el Diario de la BOLA y el BULO.

 

Como hemos hecho en otros asuntos, en este también identificamos la estructura de la Organización Criminal de Tratantes de Esclavos, empezando por el ORGANIGRAMA DE LA CORRUPCIÓN JUDICIAL a través de sus distintos Juzgados, Tribunales y Organismos Judiciales Gubernativos y Gubernamentales. Nos consta –y además tenemos relevantes indicios de ello- que la Organización Criminal, inicialmente de Tratantes de Esclavos, opera hoy en otros ámbitos delictuales del crimen organizado.

 

QUEREMOS IDENTIFICAR PÚBLICAMENTE A LOS JUECES, FISCALES Y OTRAS AUTORIDADES O FUNCIONARIOS PÚBLICOS, QUE INTEGRAN LA ORGANIZACIÓN CRIMINAL DE AUTORIDADES QUE DOMINA LA JUSTICIA.

QUEREMOS DAR SUS NOMBRES, CARGOS Y PRUEBAS DE ELLO. LAS HEMOS RECOPILADO A LO LARGO DE LOS CASI 20 AÑOS DE VIDA –MUY INTENSA- DE AUSAJ.

PODEMOS HACERLO SOLOS Y LO HAREMOS.

HASTA QUE HACERLO PIERDA EL SENTIDO, COMO GRITAR DEBAJO DEL AGUA

 AUNQUE SOLOS NO PODAMOS TENER ÉXITO.

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Indice – Esclavitud en la España del siglo XXI

La Jaula dónde vivían encerradas. Fotografía obrante en el Atestado de la Guardia Civil

Carta de un viejo catedrático al último socialdemócrata… Si es que aún vive

«Lo que nunca se me pasó por la cabeza es que el calificativo ‘socialdemócrata’ fuera a quedar tan deprisa desechado. A los viejos del PASOC los barrieron sin la menor clemencia sus herederos sevillanos»

Por Gabriel Albiac

LA IZQUIERDA HA MUERTO "Carta de un viejo catedrático al último socialdemócrata… Si es que aún vive", por Gabriel Albiac
Felipe González y Olof Palme durante la visita del primero a Suecia en 1985 – EFE

 

Querido, de verdad querido, último socialdemócrata… Si es que aún andas vivo… A nuestra edad, ya sabes, eso es siempre dudoso: uno pierde de vista un nombre, en los meandros de este torrente caótico al que llamamos vida, y ya no sabe casi nunca si sigue o si se ha ido.

Sé que en algún momento nos cruzó el vendaval del tiempo. Pudo ser en aquel París de 1972, en el que los últimos de la generación de nuestros padres seguían arrastrando una derrota vieja de treinta y tres años, y mantenían en alto los emblemas de una fe que, en lo más hondo, sabían irrecuperable y que, a nosotros, que, más que de nuestros padres, éramos hijos del desorden sin genealogías que vino del 68, a nosotros que éramos huérfanos políticos, nos imponían una melancolía que, con la mayor torpeza, enmascarábamos de desprecio.
 

Hacia su propio abismo

 

Eran los viejos socialdemócratas del gobierno republicano en el exilio. Vivían una pobreza digna y, pensaba yo ya entonces, que por completo exenta de esperanza. Mantenían, sin embargo, los símbolos, los emblemas, las dignas regularidades. No porque fantaseasen que conducirían a nada. Se sabían condenados a extinguirse en el exilio, y el último de sus lujos era ya morir exactamente igual que vivieron: dignamente. Su exilio era metafísico mucho más que político; más que a una apuesta ética, se habían anclado a una teología inaccesible: la del retorno al tiempo que inventaban al añorarlo. Caminaban serenos hacia su propio abismo. Y esa serenidad, y ese saberse sin mañana, los hacía grandes.
 
 
 
Yo, que tenía en aquel tiempo 22 años, no supe entender a los viejos socialdemócratas del exilio. Hoy sé que me equivocaba. Pero, ¿quién podría a los veintipocos entender que solo la apuesta por la derrota tiene valor estético, esto es, envergadura verdadera? Ellos tenían entonces la edad que ahora tú y yo tenemos. Podemos comprenderlos. Tú, que perseveraste en aquella Iglesia sin paraísos que es la socialdemocracia clásica. Yo, porque, al cabo de este medio siglo, no he vuelto a conocer en otra gente española aquel simultáneo amor de la política y odio del enriquecimiento.
 
Felipe González y su cuadrilla sevillana los ejecutaron el 13 de octubre de 1974 en Suresnes. Con la inestimable ayuda política del Departamento de Estado norteamericano, el dinero de Willy Brandt y el sustento moral del más inmoral de los políticos franceses del siglo XX, François Mitterrand. Algunos de aquellos viejos cedieron. Y fueron envilecidos con un carguito bien pagado por sus jóvenes liquidadores. Nada cabe reprocharles: querían morir en España, al menos, ya que vivir les había sido vetado. Otros se anclaron definitivamente en un incorruptible exilio que era muerte anticipada.
 

«Hipercorrupto»

 

Recuerdo haber acompañado a mi padre a alguna de sus entrevistas parisinas con sus viejos compañeros. Él era un viejo militar, cuya pena de muerte no llegó a ejecutarse en 1939. Nunca hablaba de sus años de cárcel. Por aquel inicio de los años setenta, los de nuestra edad veíamos a aquellos venerables abuelos como reliquias de un tiempo que había caducado. Admitíamos que, después del franquismo, en el caso de que hubiera un después del franquismo, en España se asentaría una hegemónica Democracia Cristiana, cuyo germen creíamos ver en el entorno de Ruiz Jiménez. Y, si alguna vez, barruntábamos que pudiera reaparecer alguna forma de socialismo, la dibujábamos más bien bajo los rasgos del grupúsculo hipercorrupto de Bettino Craxi en Italia. Acertamos al cien por cien en lo de «hipercorrupto», pero no teníamos ni pajolera idea de lo que puede hacer una inversión de dinero lo suficientemente alta con una banda de pícaros avispados.
 
 
Felipe González y Alfonso Guerra en el Congreso a finales de los 70 – ©RADIALPRESS
 
 
Lo que nunca se me pasó por la cabeza es que el calificativo «socialdemócrata» fuera a quedar tan deprisa desechado. A los viejos del PASOC los barrieron sin la menor clemencia sus herederos sevillanos. El PSP de Tierno jamás pasó de ser eso: el partido de Tierno, que al final se compró el PSOE, pagando sus insalvables deudas económicas al contado. El deslumbrante Dionisio Ridruejo vio estrellarse enseguida su Unión Socialdemócrata Española contra el muro de las redes de poder que, desde Europa y desde los Estados Unidos habían decidido ya cuál sería el mapa exacto de la transición española. Y, desde Langley, se dictó que el timonel sería aquel joven ambicioso, que había desposeído a Llopis y los suyos del partido que mantuvieron en la sombra y el exilio durante cuarenta años: porque sólo en aquel González cabía fiarse para que el lampedusiano cambiar para no cambiar triunfara. Era una apuesta sórdida, desde luego. Ahora que somos viejos, tal vez nos resignemos a aceptar que fue la sordidez menos sanguinaria de las posibles. Ya es algo, quede constancia.
 

«Borrada del diccionario»

 

En el desbarajuste de aquellos años, que van del 13 de octubre del 74 en Suresnes al tan turbio 23 de febrero del 81, «socialdemocracia» quedó borrada del diccionario. Ignoro en qué momento alguien, aquí o en otro sitio, decidió que el término no era electoralmente lo bastante sexy. Se siguió hablando de socialismo, claro. Pero sólo una vez que fue borrada cualquier referencia marxiana del programa socialista, la vía hacia la toma del poder quedó expedita. Y todo, absolutamente todo el programa del nuevo PSOE se redujo a los juveniles mofletes de un líder infinitamente vulgar, infinitamente astuto, infinitamente populachero.
 
A Felipe González se le permitió todo en esos años. Los más viejos de la aldea soñaban ver en él al nietecito mono del añorado socialismo; los más jóvenes lo despreciábamos como el inculto mastodóntico que era. Pero el destino estaba echado. Sus más de trece años de gobierno corrompieron hasta la médula el Estado. Referéndum OTAN, GAL, Filesa, PER, financiación del partido con cargo a la recalificación del suelo… sellaron para siempre la España en la que aún vivimos. Encontraron una España virgen. Podían hacer con ella lo que quisieran. Hicieron lo peor. Hoy, todos sabemos que nada distingue ya, en nuestros privados diccionarios, los vocablos «corrupción» y «socialismo».
 
 
 
Me dices, querido viejo amigo socialdemócrata, que Sánchez os ha triturado a todos, que ha disuelto toda la estructura organizativa de lo que fue vuestro partido, que el aparato al cual siguen llamando PSOE no está  compuesto más que por una trama bien disciplinada de asalariados de Pedro Sánchez, que eso no es ya un partido sino una empresa inimaginablemente turbia. Que, luego, algún día, cuando esa red de capataces se venga abajo, habrá llegado el momento de recuperar los ideales socialdemócratas perdidos. Te escucho con la lejana ternura de quien creer recobrar el eco de aquellos viejecillos que tenían en París la edad que nosotros ahora tenemos. Pero tú sabes, yo sé, que el tiempo nunca vuelve.
 

 
Y que la socialdemocracia española, que hoy evocamos con el indolente cariño que entonces no tuvimos, fue asesinada en Suresnes hace cuarenta años. Que no queda ni su nombre. Y muy pronto, cuando tú y yo ya no estemos, no habrá ni su recuerdo. Porque «el ángel», ha escrito Auden, «no volverá». Nunca vuelve.
 
Y, créeme, lo lamento.