CORRUPTA ROMA: LA CIUDAD, LA TRADICIÓN Y LA MUERTE

LA CIUDAD, LA TRADICIÓN Y LA MUERTE

 

ASÍ PROVOCARON LOS MILMILLONARIOS Y LA AVARICIA DE LAS ÉLITES LA CAÍDA DEL IMPERIO ROMANO

El historiador José Soto Chica publica “El águila y los cuervos”, un revelador estudio donde explica cómo la avaricia de las élites, su resistencia a pagar impuestos y apoyar a la sociedad, acabó con el sueño de una Roma eterna.

La causa del hundimiento del Imperio romano de Occidente fue la avaricia de las élites, las luchas intestinas que entablaron entre sí para alcanzar el poder y su creciente desapego del Estado, afirmado en la creencia equivocada de que podían prescindir de él y de las garantías que brindaba debido al respaldo que les proporcionaban sus propias fortunas.

Por Javier Ors

La Razón, 19 OCT 2022

 

La causa del hundimiento del Imperio romano de Occidente fue la avaricia de las élites, las luchas intestinas que entablaron entre sí para alcanzar el poder y su creciente desapego del Estado, afirmado en la creencia equivocada de que podían prescindir de él y de las garantías que brindaba debido al respaldo que les proporcionaban sus propias fortunas.

«En el 425 d. C., las rentas de la vieja aristocracia romana eran altísimas. Una sola familia obtenía 4.000 libras de oro al año, la mitad del presupuesto militar romano. Una suma que conseguían de sus tierras, propiedades y múltiples relaciones comerciales, más otro tercio que percibían en especie. Estamos hablando de un dinero bestial. Y esto sucede cuando el imperio se encuentra en un momento agónico, con las invasiones bárbaras, la pérdida de un cuarto de su territorio y una merma aguda de su población. En quince años ha perdido el 60 por ciento de sus ingresos», explica José Soto Chica. El historiador ha publicado El águila y los cuervos (Desperta Ferro), un revolucionario ensayo sobre el declive y la desaparición del Imperio romano que aporta una renovada mirada y una profunda reflexión sobre las verdaderas causas que condujeron a su final.

 

José Soto Chica no es amigo de presentismos, pero tampoco evita las lecciones que nos ofrece el pasado y que deberían enseñarnos a actuar mejor hoy en día. En este momento, en medio de grandes convulsiones sociales, económicas, políticas y bélicas, con una minoría que acapara gran parte de los recursos y el dinero mundial, los paralelismos con lo que sucedió durante la última época de la Urbe Eterna son claros: «Esta aristocracia de millonarios entiende que no es necesario el Estado. Su influencia y poder, están convencidos, garantizan su bienestar. ¿Para qué pagar impuestos a fin de respaldar a la corte imperial y el ejército si puedo pagar a un bárbaro local para que me mantenga en la cúspide social?, reflexionan».

El error que cometen es sustancial y Soto Chicalo subraya: «No se daban cuenta de que las estructuras de un Estado son más complejas que eso. Fue un acto de soberbia por parte de ellos, porque en última instancia el dinero no te protege; quien tiene la fuerza es quien decide. El senador poseía los caudales, pero la espada la esgrimía el bárbaro». El historiador resalta en este punto una de las consecuencias de esa actitud quizá con la intención de ilustrar mucho mejor que las decisiones tienen consecuencias y que el egoísmo también lo pagan quienes lo practican: «El resultado es que los hijos y los nietos de estas clases terminaron acudiendo a la guerra, pero peleando por los bárbaros. No recapacitaron en un punto clave, que el Estado es vital, que la ley es importante y que Roma ofrecía un marco de prosperidad y de intercambio. Roma se perdió por la avaricia y la poca altura de miras de una clase dirigente que abogó por sus intereses particulares». Como colofón, con una mirada sobre los tiempos en que nos desenvolvemos, Soto Chica aduce: «Tenemos que aprender a desconfiar de las élites y a exigir responsabilidades, porque el sentido de la responsabilidad de todos nosotros ha perecido en la actualidad».

El autor, que recupera en este ensayo figuras principales, en ocasiones, rodeadas de cierto halo legendario, como Gala Placidia, Aecio, Valentiniano III o Alarico, precisa su discurso y comenta que «la Historia es la última trinchera de la libertad porque permite ver cosas de otra manera. La Historia es un banco de pruebas de la humanidad y te revela que las cosas se pudieron hacer de otra manera. Durante los siglos IV y V se construyeron las villas más alucinantes de todo el Imperio romano. Eran más grandes, más espléndidas que las de la época de César. En cambio, en el siglo VI ya no se levantan ni anfiteatros».

La cuestión que queda suspendida es el motivo y el historiador mismo responde a la pregunta: «La gente que tiene el dinero no lo pone en el ámbito público para contribuir al progreso de la ciudadanía. Antes el poder dependía de la estima que te tuviera la ciudad, pero ahora lo que prevalecen son los contactos imperiales. Por eso desplegaron ese lujo en las villas, porque es ahí donde recibes a esos contactos. Al mismo tiempo que vemos un mundo en crisis, con una clase media que se hunde, los pobres en crecimiento, vemos a una aristocracia desenvolviéndose en medio de esta riqueza. Esto sucede ahora. Las clases medias –subraya– se empobrecen en Europa y Estados Unidos, pero como el poder ya no se juega tanto en las elecciones, las élites económicas y políticas llegan a acuerdos». 

 

El rico prefería pagar a bárbaros que impuestos, fue un error

José Soto Chica

 

Y SotoChica introduce aquí una advertencia importante: «Por muy eterno que nos parezca un imperio, se puede venir abajo en poco tiempo. Creemos que no, pero también nuestro mundo puede retroceder».

Otro de los aprendizajes que nos deja esta lectura es sobre el buen y el mal gobierno. «La economía y el ejército son cruciales, la estabilidad social, igual, pero en última instancia las decisiones resultan fundamentales. Gala Placidia era genial, una política de primera, mujer de Ataúlfo, madre de emperador, pero comete el error de anteponer la ambición familiar por encima del Estado. Entre el año 425 y el 435 es cuando se pierde África, que es de donde provenía el sesenta por ciento de los ingresos de Roma. Ella escoge perder ese territorio antes que ceder su poder. Deja que Bonifacio, Félix y Aecio se enfrenten entre sí y liquiden los recursos que le quedan al imperio. Prefirieron que todo fuera mal con tal de mantener el control. Y claro que eran conscientes de lo que sucedería. El padre de Gala Placidia –indica– conocía bien la importancia de África, pero, a pesar de eso, ella promueve este enfrentamiento».

Para el historiador, este «es el punto de no retorno, porque Genserico cruza el estrecho de Gibraltar y se apodera de África. En 439 tomará Cartago y, desde ese momento, Roma es un imperio zombi. No tiene oro para mantener el ejército y sin soldados no puedes defender las provincias, y cuantas menos provincias tienes, menos impuestos y menos dinero... el Imperio romano no cae, se disuelve. Odoacro envía las insignias imperiales a Oriente porque lo que queda ya está allí».

Finalmente, Soto Chica deja una última reflexión: «La ambición no es mala, pero cuando no se adapta a los intereses generales es perjudicial. Las élites de ahora son conscientes de esto, aunque creen que el sistema lo aguanta todo. Eso es lo que pensaba la aristocracia senatorial, que aguantaría su avaricia y su falta de escrúpulos. Y no aguantó. Estamos en este momento. Hay esperanza, pero si no tomamos una decisión colectiva, nuestros nietos lo lamentarán y nos juzgarán por lo que hemos hecho».

 

Altar de lares con el genius de Augusto flanqueado por Cayo y por su hija Julia como Venus. Copia del Siglo II d.C. Florencia. Galleria degli Ufizzi

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11/07/2019- Jacobo Storch. Profesor Titular de Arqueología. UCM Curso de Verano UNED. Roma vivet: Herencia y pervivencia de la Roma antigua

 

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Museo Arqueológico Nacional de España

 

2/07/2019- Pilar Fernández Uriel. Profesora Emérita de Historia Antigua. UNED Curso de Verano UNED 11-13/07/2019. Roma vivet: Herencia y pervivencia de la Roma antigua

 

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EL PONTIFEX MAXIMUS, EL LÍDER RELIGIOSO DE ROMA CON MÁS PODER

El Pontifex Maximus era la cabeza religiosa del estado Romano y el puesto más alto del Colegio de Pontífices. Si bien de caracter religioso, su importancia política fue indiscutible
El emperador Marco Aurelio como Pontifex Maximus presidiendo un ritual de sacrificio. Podemos observar a Marco Aurelio con su toga plegada formando una capucha que cubre su cabeza, este tipo de vestir la toga se conocía como Cinctus Gabinus y era la manera de vestirla en las ceremonias religiosas.

El Pontifex Maximus

El Pontifex Maximus era la cabeza religiosa del estado Romano. Siendo el sacerdote más alto del Colegio de Pontífices-Collegium Pontificum-. Se encargaba, entre otras tareas, de la Pax Deorum -la paz con los dioses-, es decir de la correcta realización de ritos y costumbres. Como fue normal en los cargos Romanos ésta posición estaba abierta en principio solamente a los ciudadanos patricios, pero luego se abriría a los plebeyos. Su importancia varió mucho desde la República al Imperio, época en la que pasó a convertirse en un título más que aseguraba el carácter divino de las acciones del emperador.

Son muchas y confiables las fuentes que han llegado a nuestros días sobre estos pontífices y sus tareas. Algunas otras fuentes logran confundirnos, ya que se contradicen en gran medida -como por ejemplo lo escrito por Plutarco al respecto-Varón, por ejemplo, escribió el compendio más importante al respecto, en su obra Libro de los Pontífices. Lamentablemente una cruel jugada del destino hizo que éste libro se extraviara en las arenas de la Historia, y hoy en día sólo nos sea posible acceder a pequeños fragmentos de la obra citados por Nonius Marcellus y Aulus Gellius. Afortunadamente se mantienen conservados los textos de CicerónTito Livio y Dionisio de Halicarnaso, los cuales son fundamentales a la hora de entender el alcance y funciones del máximo pontifice romano.

Etimología

 

El título pontifex maximus está constituido por dos palabras: Maximus, como su nombre obviamente lo indica significa superior, mayor; y pontifex que es una palabra de raíz etrusca. Pont, camino en etrusco, hace referencia a la construcción de puentes, por lo que pontifex se puede definir como: «constructor de puentes».

A primera vista es claro que para nuestra civilización y cultura actual un constructor de puentes no tiene relevancia, o mejor dicho, significación religiosa alguna. Sin embargo, en el contexto cultural romano y etrusco antiguo existía una marcada divinización hacia el río Tíber, que era considerado un dios, o al menos una fuerza divina. Por esta razón solamente personas de carácter religioso, y sobre todo personas que pudieran entender y leer las señales divinas del río, estaban dotadas con la suficiente autoridad como para molestar a éste dios con construcciones y artificios producto de la mano del hombre, como lo son los puentes.

No obstante, historiados modernos y contemporáneos a nuestro tiempo establecen que la definición de: «constructor de puentes» es más que nada una alegoría a la tarea de los pontífices de unir el mundo divino con el terrenal. Es decir que son «constructores de puentes», ya que son éstos los que unen lo divino con lo humano.

Orígenes del pontifex maximus

El cargo de pontífice tiene sus orígenes durante el período de la Monarquía romana, cuando Roma era gobernada por los denominados reyes etruscos. No obstante, se redefine ampliamente en su rol de pontífice máximo durante la creación de la República romana. Con la destitución del último rey de Roma, Lucius Tarquinius el soberbio, los poderes religiosos que otrora poseía el rey son divididos en una rama política y otra religiosa. Siendo los cónsules los herederos del mando político y el pontífice máximo junto al Rex Sacrorum -quien estaba subordinado al pontifex maximus– quienes toman las funciones puramente religiosas de los antiguos reyes.

Características

El máximo pontificado no era una magistratura como tal, ya que era un cargo vitalicio y no estaba determinado por un plazo de tiempo preestablecido. Por esta razón el máximo pontífice no podía vestir la toga praetexta -es decir la toga que tenía un borde púrpura indicando la posición política de magistrado-, igualmente se podía distinguir a un pontifex maximus por su cuchillo de hierro, el secespita, de utilización ceremonial (ver: El estatus social y la vestimenta en Roma).

Como varias otras de las oficinas y magistraturas romanas, en un principio estaba sólo abierta a los ciudadanos patricios, pero gradualmente y a medida que se fue dando el Conflicto de los órdenes -la lucha por el acceso al poder de los plebeyos-, se abriría a los plebeyos en el año 254 a. C., cuando Tiberius Coruncanius fuera el primer plebeyo electo máximo pontífice de Roma. De todas maneras seguiría siendo una posición elevada en el sistema social romano y generalmente sólo lograba acceder tanto patricios como plebeyos que proviniesen de ricas o influyentes familias.

Influencia política

Esta oficina comenzó con un carácter estrictamente religioso. Pero, como es costumbre en todas las civilizaciones humanas, sus funciones, las cuales algunas regulaban ciertos aspectos políticos, irían politizándola en gran medida con el pasar de los años. Esto primordialmente ocurría con una de las tareas del máximo pontífice que era la de asignar los días intercalares.

Estos intercalares podían agregar o quitar días al año, extendiendo así los años donde se aplicaban. En la etapa tardía de

Augusto, Pontifex Maximus

la República utilizarían éstos meses para favorecer a un amigo o a un aliado político, ya que aplicándolos o dejándolos de aplicar podían extender o acortar los años y así alargar el mando de algún cónsul amigo. Esto se hizo costumbre y el calendario se fue desfasando con respecto a las fases naturales de las estaciones del año.

El problema crecería gradualmente, y en tal magnitud, que Julio César decide que el calendario en curso era tan obsoleto y fallido que un nuevo calendario era necesario. Es así que tiene su origen el Calendario Juliano donde se explican los intercalaris y los problemas que produjo su manipulación con fines políticos-. Similarmente a lo que acabamos de mencionar, la interpretación de varios augurios y signos divinos eran hechas en favor de una amistad política de turno y no basados en las escrituras de los Annales Maximi -que veremos en unos instantes-.

Por último sobre el máximo pontífice, si bien era un título vitalicio, no estaba exento o imposibilitado de adquirir otras magistraturas o servir militarmente, y de hecho varios pontífices máximos fueron simultáneamente cónsules que llevaban a cabo guerras y campañas.

Cantidad de pontífices

En un principio eran seis los pontífices, siendo uno el máximo pontífice quien tenía bajo su cargo a los demás. Este número se vería constantemente modificado cuando entre el 300 o el 299 a. C. la Lex Ogulnia aumentara el número a nueve; número que nuevamente se vería incrementado con Sula a quince y finalmente con Julio César a dieciséis. Siendo quince de estos pontífices flamines. Pontífices específicos de las deidades mayores -es decir se dedicaban exclusivamente a atender y velar por un dios o diosa importante-. Debemos contar además al Rex Sacrorum -rey de los sacrificios- quien, como ya hemos mencionado, realizaba actos religiosos que anteriormente eran tarea del rey durante la monarquía como el sacrificio de animales. Todos éstos pontífices estaban directamente subordinados al pontifex maximus.

Sin embargo, no eran los pontífices los únicos funcionarios religiosos con los que nos podemos encontrar. También teníamos varios puestos menores, pero aun así importantes, como los AuguresHaruspicesFetiales, otros tres pontífices menores y las veneradas vírgenes vestales. Estas últimas, dada su importancia, estaban bajo la protección y el cuidado directo del pontifex maximus.

Los edificios del pontifex maximus

La sede desde la cual oficiaba sus tareas el pontifex maximus era comúnmente denominada como la Regia (casa real), y en el pasado remoto, antes de que Roma se convierta en una República, era el hogar de los reyes de Roma. Dicho edificio, si bien imponente durante los tiempos remotos de Roma, con el paso de los siglos fue siendo eclipsado por los imponentes edificios de mediados y finales de la República y sobre todo por los edificios construidos durante el Imperio romano. A su vez, la morada en la cual residía este pontífice era denominada como la Domus Publica, y se encontraba ubicada entre la Regia y el Atrio de las vírgenes vestales. Dicha morada pierde su importancia cuando el cargo de máximo pontífice es acaparado exclusivamente por los emperadores, razón por la cual en el año 64, durante la reconstrucción de Roma que tuvo lugar tras el incendio de Nerón, es reconstruida como una parte más del Atrio de las vestales.

 

1- templo de Vesta, 2- Regia, residencia del pontifex maximus (antiguamente el hogar de los reyes), 3- Rostra (la plataforma de los oradores), 3- la Curia (el edificio de los senadores), 5- el templo de Julio César, 6- templo de Castor y Pólux (reconstruido por Augusto), 7- Basílica Julia (construida por Julo César), 8- templo de Júpiter en la Colina Capitolina, 9- templo de Juno Moneta, 10- templo de Júpiter Capitolino, 11- el Foro Romano.

Elección del Pontifex Maximus

Durante la República

Primeramente se utilizaba el cooptatio para realizar la elección de los miembros del Colegio de pontífices. Esto ocurría cuando los miembros remanentes entre los pontífices elegían a los nuevos miembros a ocupar el cargo. Pero dicho método no sería eterno y se abandonaría la en el año 104 a. C. cuando con la Lex Dominitia establece que la selección sería llevada a cabo por la Comitia Tributa -una asamblea de votación de ciudadanos romanos-.

Sin embargo, menos de la mitad de las tribus de voto de la ciudad estarían representadas bajo dicha ley -cabe ser aclarado que esta era la selección del Pontifice Máximo, quien a su vez era el que luego elegía a los otros pontífices-. Fue Sula quien al tomar el poder la destituye, pero Julio César, quien ocupó este cargo, fue quien la vuelve a poner en vigencia cuando toma el poder de Roma.

Durante el Imperio

Durante los tiempos del Imperio romano y comenzando con Augusto, el primer emperador romano, el mismo emperador era a su vez y en simultáneo el máximo pontífice -algo que le deba peso religioso a su mandato-. Por ende, el emperador también era el encargado de elegir al resto de los pontífices. Vemos como con esto se completa un círculo, ya que el poder religioso vuelve al monarca, tal como lo estaba durante los tiempos de la Monarquía romana anteriores a la República.

 
CORRUPTA ROMA: LA CIUDAD, LA TRADICIÓN Y LA MUERTE

Funciones y tareas del pontifex maximus

Si bien el Colegio de pontífices no era el único colegio religioso en Roma, éste era sin duda alguna el más importante y renombrado de todos, y por ende sus funciones eran de suma importancia. Así mismo el Collegium Pontificum llevaba a cabo los rituales religiosos que no tenían un colegio propio, como por ejemplo los Augurios, los Decemviri Sacris y los Fetiales entre otros.

La Pax Deorum y los Annales Maximi

La función principal del Colegio, y por ende del máximo pontífice, era la Pax Deorum -paz con los dioses, y consistía en comprender sus deseos y designios divinos, así como complacerlos y mantenerlos conformes.

Una de las mayores herramientas para concretar la Pax Deorum, y sin duda alguna una de las obligaciones más importantes, radicaba en la correcta recopilación y compilación de signos o eventos, presumiblemente de carácter divino, y unirlos a su respectiva significancia religiosa. El Annales Maximi era donde tales designios celestiales eran anotados y compilados.

La utilidad de crear esta especie de enciclopedia mística radicaba en otorgarle un mejor conocimiento de los dioses y de sus deseos a las futuras generaciones. Quienes, según creían los romanos de la República, podrían contar con una base de conocimiento que les sirviese de guía –un buena analogía es comparar el sistema con el actual sistema jurisprudencia legal-. La división y organización de tal recopilación era meticulosa y formaba un cuerpo de conceptos que otorgaba diferentes dogmas bajo los cuales los pontífices podrían posteriormente basarse para comprender el deseo de los dioses o dar augurios.

El mantenimiento del calendario romano

Llevar a buen término el fasti, es decir el calendario romano, era una tarea de suma importancia para el máximo pontífice. No solo éste, en base a la observación de la luna, establecería los idus y las nonas, sino que también era el encargado de asignar los meses intercalaris.

Velar por las vestales

Quizás no una función en sí misma pero si definitivamente una tarea muy importante del máximo pontífice era el encargarse de velar por las vírgenes vestales, y esto se puede ver al observar que la Domus Publica y la Regia -el hogar del Máximo Pontífice y su sede respectivamente- se encontraban muy cercanas al templo de estas jóvenes sacerdotisas.

Otras funciones varias

Varias otras funciones de menor importancia podían también llegar a ser realizadas por el máximo pontífice, como por ejemplo la de supervisar el funeral de una personalidad importante de Roma, o muy raramente el ofrecer culto a un dios particular (tarea que como vimos en este artículo era relegada a los flamines).

El Colegio de los nueve augures

Imagen de la tan famosa escultura de Augusto la cual lo representa oficiando de pontifex maximus. Podemos ver que la toga está plegada formando una capucha que cubre su cabeza, este tipo de vestir la toga se conocía como Cinctus Gabinus y era la manera de vestirla en las ceremonias religiosas.

 

El Colegio de los nueve augures era un colegio de suma importancia precedido por el máximo pontífice. Su cometido, o misión, radicaba en indagar las intenciones de los dioses ante una decisión grave a ser tomada por el gobierno. 

El ritual consistía en que el Máximo Pontífice se dirija, precedido por quince flamines, al centro sagrado de la ciudad y captara el vuelo de los pájaros -tal cual como lo hiciera Rómulo antes de fundar la ciudad-. Posteriormente el ritual se modificaría y consistiría en estudiar las vísceras de un animal sacrificado. Si la ocasión era incluso más grave se enviaba una delegación a Cumas para interrogar a la sacerdotisa de Apolo, la Sibila. En varias ocasiones, tras la pérdida de una gran batalla o una gran revuelta interna no era extraño que se enviara una misión a consultar el oráculo de Delfos.

El pontifex maximus en la era Imperial

Octavio Augusto, el primer emperador de Roma, se convierte en pontifex maximus cuando Lépido muere en el 13 a. C. Esto le da la posibilidad de ser el que eligiese a los pontífices y cambiando así el carácter de la oficina para siempre, la cual pasaría a ser un título más del emperador.

De esta manera perdería gradualmente su importancia histórica y serviría simplemente como una referencia a la divinidad al emperador y sus acciones. De aquí en más los pontífices elegidos no lo serían por su conocimiento de las deidades ni sus habilidades, sino que pasarían a ser una decoración imperial a los ciudadanos que el emperador quisiera premiar.

En el cristianismo

Fue Flavio Graciano (Flavius Gratianus), de la dinastía imperial Valentiniana, quien en el 381 d. C. declinó el ser nombrado con dicho honor. Por lo que el título fue absorbido por el Papa cristiano, manteniéndose en vigencia por casi 3000 años hasta nuestros días como uno de los nombramientos más longevos y antiguos.

 

Vestales (Palermo)

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HALLARON UN TESORO DE 175 MONEDAS ROMANAS QUE CUENTA LA HISTORIA DE UN SOLDADO DE HACE DOS MILENIOS

Los denarios de plata fueron encontrados por casualidad cerca de Livorno, en Italia. Según los expertos, podrían aportar valiosa información numismática, histórica y social sobre el periodo tardorrepublicano de la Antigua Roma

INFOBAE, 1 MAYO 2023

El número original de monedas debería aproximarse mucho o incluso coincidir con lo hallado (Soprintendenza Archeologia)

 

Un pequeño tesoro de 175 monedas romanas de más de dos mil años de antigüedad, hallado en un bosque del centro de Italia, podría aportar valiosa información numismática, histórica y social sobre el periodo tardorrepublicano de la Antigua Roma.

El hallazgo se produjo el 9 de noviembre de 2021 en la finca Bellavista Insuese, una zona agrícola y forestal de interés natural entre Collesalvetti Livorno (centro).

Ocurrió de casualidad, cuando un miembro del Grupo Arqueológico Paleontológico de Livorno divisó entre las hojas unas monedas aparentemente antiguas mientras caminaba por un terreno en pendiente afectado por una reciente tala de árboles.

El hombre se puso en contacto con la Superintendencia arqueológica, el ente público que se encarga de los hallazgos. Envió fotos al responsable de la zona y, tras recibir la confirmación del interés arqueológico, permaneció vigilando la zona hasta que se recuperaron casi todas las monedas y algunos fragmentos del recipiente que las contenía.

En los días siguientes, la Superintendencia llevó a cabo una excavación en la zona, con la recuperación de algunas monedas más.

 

Las primeras monedas del tesoro datan del 157 o 156 a.C., y las últimas del 83 o 82 a.C. (Soprintendenza Archeologia)

 

En conjunto, el pequeño tesoro hallado, de época tardorrepublicana, consta de 175 denarios de plata en buen estado de conservación, a excepción de dos monedas fracturadas y recompuestas en su totalidad, una rota en dos partes y conservada sólo en algo más de la mitad, según un comunicado del Grupo Paleontológico de Livorno.

El número original de monedas debería aproximarse mucho o incluso coincidir con lo hallado, ya que, a pesar del contenedor roto, muchos denarios seguían agrupados y sólo unos pocos ejemplares estaban dispersos en un corto radio alejado del núcleo mayor.

La historia que cuentan las monedas

Aunque es imposible saber exactamente quién enterró las monedas, lo más probable es que fueran el tesoro de un antiguo soldado que sirvió durante el bellum sociale (guerra de los Aliados) de Roma del 91 al 88 a.C. y durante la guerra civil entre Sila y los Marianos del 83 al 82 a.C.

En esta época la masa de acuñación refleja el gran movimiento de hombres y medios por parte de Roma contra la revuelta de los aliados itálicos y, posteriormente, durante la Guerra Civil que vio el conflicto entre la facción de los optimates, liderada por Lucio Cornelio Sila, y la de los populares, o Marianos porque eran seguidores del siete veces cónsul Cayo Mario.

 

Busto varonil conocido como Sila, c. 40 a.C. copia de un original de finales del siglo II a.C. o época augustea (Wikipedia/Copenhague, Ny Carlsberg Glyptotek)

 

El propietario del tesoro lo enterró en una vasija de terracota que le sirvió de alcancía. Las primeras monedas del tesoro datan del 157 o 156 a.C., y las últimas del 83 o 82 a.C., según el comunicado del grupo arqueológico.

El hallazgo nos habla del alistamiento, ordenado por Cayo Mario, de personas que no tenían ningún bien o propiedad y que podrían haber ganado un estipendio, con el que, una vez licenciados, podrían volver a sus tierras y a la agricultura.

El hallazgo podría representar los ahorros de un soldado comprometido en las operaciones bélicas de Roma que, al regresar a su casa y a sus campos, habría escondido los denarios de plata bajo un árbol del bosque cercano, para nunca más volver a recuperarlos.

 

En aquella época, 175 denarios equivalían al salario de un soldado durante un año y medio. Ahora, el tesoro tiene un valor de entre 20.000 y 25.000 euros. (Soprintendenza Archeologia)

 

“Este tesoro trata de la vida de una persona, de los ahorros de la vida de un soldado y de sus esperanzas de construir su granja”, dijo a CNN Lorella Alderighi, la arqueóloga oficial de las provincias de Pisa y Livorno. “Sin embargo, también cuenta una historia triste: el propietario de las monedas murió antes de poder hacer realidad sus sueños con sus ahorros. Las monedas cuentan su historia”.

En aquella época, 175 denarios equivalían al salario de un soldado durante un año y medio, según Alderighi. Ahora, el tesoro tiene un valor de entre 20.000 y 25.000 euros, añadió.

Exposición en el museo

El estudio del material hallado ha durado más de un año y se ha llevado a cabo gracias al trabajo de la Superintendencia junto al Museo de Historia Natural de Livorno.

El Museo de Historia Natural del Mediterráneo de la Provincia de Livorno y de la Región de Toscana financió la impresión del catálogo y la realización de una exposición del 5 de mayo al 2 de julio.

“Es uno de los pocos depósitos de monedas antiguas que se han encontrado intactos y aporta mucha información numismática, histórica y social”, dijo Alderighi.

 

 

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EL RITMO CÍCLICO DE LA HISTORIA: «El final de la República romana», por Emilio de Miguel Calabia.

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