CORRUPTA ROMA: CURSUS HONORUM Y CORRUPCIÓN. «Con dinero se hace la guerra. Y con la guerra se hace dinero»

 

El Cursus Honorum y las magistraturas romanas

El orden secuencial de cargos políticos, militares y públicos que definieron la vida y el destino de infinidad de nobles romanos
 
Polibio
 

El Cursus Honorum

El Cursus Honorum (curso de honor) era el nombre con el que se conocía tanto en la República Romana como en el Imperio Romano al orden secuencial de cargos públicos, tanto políticos como militares, que un hombre romano de buena familia debía ir asumiendo y completando a lo largo de su vida para así subir en la escala social romana.

Los mismos dictaron la vida de gran cantidad de hombres tanto patricios como plebeyos, llegando incluso a marcarlos póstumamente, ya que sus cargos y puestos eran comúnmente detallados en sus epitafios, indicando así a cualquier persona presente y futura la importancia social del ocupante de la tumba.

Evolución del cursus honorum

Originalmente solo los patricios podían seguir el cursus honorum, y las magistraturas necesarias (más la tribunicia militar) eran las de quaestor (cuestor), la de praetor (pretor) y la de consul (cónsul). Al finalizarlas la persona en cuestión gozaba de las distinciones de: vir quaestoriusvir praetorius, y vir consularis. Contar con estas tres distinciones significaba pertenecer a la más selecta y distinguida élite social de Roma. Así mismo, los cargos asumidos pasaban a ser parte del nombre de la persona, y eran reflejados cuando el nombre de esta se escribía en un documento oficial o una placa conmemorativa.

Expansión del cursus honorum

Los escalafones del cursus honorum e incluso las magistraturas que formaban parte del mismo fueron variando a lo largo de la historia romana a medida que los plebeyos obtuvieron mayores derechos. Por ejemplo, la oficina de los ediles, que se creó junto a la del tribuno de la plebe, fue introducida de manera informal en el año 494 a. C. No obstante, el Senado se negó a reconocerla durante más de un siglo y medio. Finalmente aceptándola y agregándola al cursus honorum con la promulgación de la Lex Furia de Aedilibus tras una serie de pujas sociales.

Por último, gracias a la apertura de las magistraturas de cónsul y de pretor a los plebeyos, estos comenzaron a poder tener acceso y completar el cursus honorum. El gráfico a continuación nos muestra un mapa del cursus honorum en su estado final. Debemos recordar que originalmente solo las clases más altas de Roma podían completarlo, y los distintos caminos al mismo se fueron abriendo a lo largo de los siglos tras una ardua lucha social por parte de los plebeyos.

 

CURSUS HONORUM
Mapa de cargos y magistraturas del cursus honorum.

 

Nota: a partir de los albores del Imperio romano y en el caso de los plebeyos, era posible que estos se conviertan en ecuestres y por ende puedan acceder a la tribunicia militar. Este era el caso cuando un plebeyo ingresaba al ejército, y tras demostrar gran valentía, era ascendido al rango de centurión. Como centurión, y con el paso de los años, podía llegar a convertirse en primera lanza(primus pilus, es decir, el más importante de los centuriones al mando de la primera cohorte). En el caso de ser un plebeyo, dicha distinción también ascendía a la persona en cuestión a la clase ecuestre.

 

Prerrequisitos y adicionales

Vigintivirato

El vigintivirato, como su nombre lo implica, era un conjunto de veinte cargos menores agrupados en colegiaturas por los que podían optar los hombres jóvenes aspirantes a senadores como el escalafón previo al Cursus Honorum durante la época del Imperio Romano.

El vigintivirato desaparece durante la Crisis del tercer siglo, cuando la institución senatorial comienza su lento y gradual proceso histórico de desintegración.

Servicio militar

El cursus honorum tenía como prerrequisito servir al menos diez años en el ejército (aunque esto no era siempre respetado por los más poderosos). Este servicio se podía completar sirviendo en la caballería (los équites) o sirviendo bajo el mando de un general amigo de la familia. Los romanos de las familias más poderosas podían optar, no obstante, por convertirse en tribunos militares.

Tribuno militar

Previamente a las reformas de Mario las legiones de la República romana eran comandadas ya sea directamente por un cónsul (jefes de todo el ejército), un gobernador, un pretor, o un general de la clase patricia apuntado directamente por el cónsul. No obstante, cada legión también tenía en su estructura de mando a los tribunos militares; hombres jóvenes de familias poderosas que ejercían un como comandantes de la legión si no la misma ya no estaba siendo comandada por alguna de las jerarquías mayores anteriormente mencionadas. Esta tribunicia era uno de los primeros escalafones del cursus honorum. En total había seis tribunos militares por legión, y el mando iba rotando entre estos de a dos a la vez. Si bien en un principio solo los senadores podían elegir a los tribunos, a partir del año 311 a. C. la gente comienza a elegir a cuatro de los seis tribunos en cada legión.

Con las reformas de Mario (107 a. C. en adelante) se formaliza el mando de la legión bajo la figura del legado (en latín legatus, plural legati), quedando los seis tribunos como oficiales subordinados a este. En este nuevo esquema los tribunos se ubicaban en la jerarquía de mando entre el legado y los centuriones. No obstante, los seis tribunos militares no eran iguales. Uno de los tribunos militares era el tribuno laticlavo (tribunus laticlavus), un hombre de la clase senatorial que actuaba como segundo al mando del legado y, en ocasiones, podía asumir el mando temporal de la legión. Los otros cinco tribunos eran los tribunos angusticlavos (tribuni angusticlavii) hombres de la clase ecuestre que contaban con experiencia militar pero sin poder de mando.

Características de los tribunos militares

Edad mínima: 20 años.

Cantidad: 6 por legión.

Duración: 10 años.

Los cargos del Cursus Honorum

Cuestor

Durante los tiempos del Reino romano los cuestores (en latín quaestor, plural quaestores) oficiaban como jueces en casos de asesinato y traición (cuestor significa «investigador»). No obstante, con la llegada de la República romana pierden estas atribuciones judiciales y se convierten en auditores civiles y oficiales administrativos. Una de sus tareas más importantes era la de supervisar y auditar el tesoro.

El número de cuestores fue variando a lo largo de los siglos. Hacia el año 420 a. C. había cuatro cuestores, quienes eran elegidos anualmente por la Comitia Tributa. Con el crecimiento demográfico de Roma el año 267 a. C. el número se extendió a diez y durante las reformas de Sula en el año 81 a. C. el número de cuestores llegó a veinte; estableciéndose una edad mínima requerida para los patricios de 30 años y 32 para los plebeyos. Era común que cada cónsul y cada gobernador provincial apuntara a un cuestor de confianza como asistente a sus administrativas.

Durante los tiempos del Imperio romano muchas de las funciones y atribuciones de los cuestores fueron ocupadas por prefectos civiles, como por ejemplo el control y supervisión del tesoro, tarea asumida por el praefectus aerarii.

Nota: la magistratura del cuestor continuó, aunque con cambios, en el Imperio bizantino, llegando al siglo XIV como un título honorífico. Si tenemos en cuenta que comenzó durante los tiempos del Reino romano, la misma fue una de las magistraturas más longevas de Roma.

Características de los cuestores

Edad mínima: 30 años para los patricios y 32 para los plebeyos

Cantidad: 4 (420 a. C.) – 10 (267 a. C.) – 20 (81 a. C.)

Duración: 1 año.

El cargo de edil (en latin aedile, plural aediles) surge en el año 494 a. C. junto a la figura de los tribunos de la plebe como resultado de los conflictos sociales entre patricios y plebeyos. Si bien en un principio los ediles no eran una magistratura formal, al no estar reconocidos por el Senado, en el año 365 a. C. los senadores finalmente reconocen a los ediles a cambio de la introducción de dos ediles patricios denominados ediles curules. De aquí en más los ediles pasan a estar divididos en dos ediles plebeyos y dos ediles curules.

En el primer siglo a. C. se agrega la edilidad al cursus honorum y se establece que un edil tenía el derecho a postularse a la pretura de así desearlo tras finalizar su período de un año. Ser edil era considerado como el segundo escalón del cursus honorum para los ecuestres y los plebeyos y el tercer escalón para los patricios. Dicha magistratura fue ocupada por figuras tales de la talla de Julio César, Agripa y varios otros hombres importantes en la historia romana.

Sus tareas eran variadas, en un principio comenzaron siendo los asistentes de los tribunos de la plebe. No obstante, con el paso del tiempo comenzaron a asumir obligaciones que incluían la administración y el manejo de los juegos y el mantenimiento de los edificios públicos y los templos. Julio César agrega dos nuevos ediles plebeyos denominados ediles cereales, cuya función específica era la de controlar el suministro de grano a Roma. Los ediles curules tenían además un imperium limitado (poder de mando militar) y el poder de Ius Edicendi, es decir el promulgar edictos.

Nota: si se había sido tribuno de la plebe no hacía falta ser edil para completar el Cursus Honorum.

Características de los ediles

Edad mínima: 20 años en sus inicios (494 a. C.), luego 36 años (Lex Villia Annalis, 180 a. C.)

Cantidad: 2 (494 a. C.) – 4 (365 a. C.) – 6 (44 a. C., con la introducción de los ediles cereales)

Duración: 1 año.

Imperium (solo los ediles curules)

Tribuno de la plebe

El tribuno de la plebe (en latín Tribunus plebis) era un cargo que surge en el año 494 a. C. junto con el de edil como uno de los derechos adquiridos por los plebeyos tras el Conflicto de los ordenes. La función de los tribunos de la plebe era el velar por los derechos y la representación política de los plebeyos, encargándose, entre varias otras tareas, de la distribución del alimento, la seguridad urbana y los juegos públicos. Con el fin de proteger al pueblo de los abusos del Senado, generalmente ocupado por la clase patricia, el tribuno de la plebe podía utilizar la figura intercessio o derecho de veto. Algo que permitía a los tribunos vetar las resoluciones y órdenes del Senado. Era común que un tribuno de la plebe fuese asistido por ediles.

Las atribuciones y privilegios del tribuno de la plebe eran:

  • Tribunicia potestas: era el poder de la figura del tribuno.
  • Sacrosanta potestas (inviolabilidad): protegía la figura del tribuno contra cualquier tipo de pedido de arresto o condena.
  • Ius auxilii: derecho a defender a todos los ciudadanos romanos contra los abusos de cualquier magistrado.
  • Intercessio: derecho de veto a cualquier resolución del Senado.
  • Prehensio: derecho de arrestar o hacer comparecer ante el pueblo a cualquier ciudadano.
  • Coercitio: poder de reparar un insulto imponiendo un castigo.

Durante los tiempos del Imperio romano el primer emperador de Roma, Augusto, vacía por completo el contenido de este cargo político.

Nota: era un cargo alternativo a la edilidad para el Cursus Honorum.

Características de los tribunos de la plebe

Edad mínima: 27 años.

Cantidad: 2 (494 a. C.) – 5 (470 a. C.) – 10 (449 a. C.)

Duración: 1 año.

Pretor

La pretura (o pretoria) era una de las tres magistraturas más importantes durante la República romana, y una de las magistraturas republicanas que continuó teniendo cierto grado de poder durante el Imperio. El pretor (en latín praetor, plural praetores) era por lo general un hombre encargado con la función de administrar justicia, aunque su poder se extendía a la gobernación de provincias y, cuando los tiempos lo requerían, a comandar legiones. Si ambos cónsules se encontraban fuera de la ciudad entonces el pretor contaba con el imperium (poder de mando).

La cantidad de pretores fue aumentando con el pasar de los siglos y el crecimiento de Roma. Para los tiempos de Sula había ocho pretores (dos urbanos y seis peregrinos) y en el Imperio el número de pretores fluctuaba entre diez y dieciocho.

Existían dos tipos de pretores:

  • Pretor urbano: pretor que se quedaba en la ciudad de Roma oficiando a manera de juez. Eran los encargados de juzgar casos de corrupción en Roma.
  • Pretor peregrino: pretor que podía quedarse en Roma e impartir justicia en casos que involucraban a peregrinis (viajeros y no ciudadanos) o viajar por los territorios romanos y las provincias impartiendo justicia o gobernando.

Ambos pretores tenían Jurisdictio -podían administrar Justicia- y el Jus Edicendi que era el poder que les permitía crear edictos. Por lo general no era el pretor quien investigaba los casos, sino que este asignaba a un Judex (plural Judices) para realizar la investigación. Al finalizar su término de un año era en ocasiones común que el pretor fuera enviado como gobernador formal a una provincia.

Durante el Imperio romano y tras la reforma militar de Augusto un Legatus legionis era un ex-pretor (o praetorius) que comandaba una legión fuerte o de élite del Imperio.

Características de los pretores

Edad mínima: 39 años.

Cantidad: 1 (tiempos remotos) – 2 (242 a.C.) – 4 (227 a. C.) – 6 (197 a. C.) – 8 (dictadura de Sula) – 10, 14, 16 (Julio César)

Duración: 1 año.

Lictores: 6

Imperium

Cónsul

El cónsul (en latín consul, plural consules) era el líder máximo político y militar de la República romana. Esta era la magistratura más importante del Cursus Honorum y duraba un período anual. Instaurada inmediatamente después de la remoción de los reyes y la creación de la República (siglo VI a. C.), los cónsules eran elegidos todos los años de a pares con el fin de evitar la acumulación personal de poder (cada cónsul tenía el poder de vetar las órdenes de su cónsul colega). Sus tareas eran tanto políticas y administrativas como militares. Durante la era de los ejércitos tempranos de la República, los cónsules levantaban los ejércitos en persona al inicio del año con el fin de afrontar las campañas militares tanto defensivas como ofensivas. Ambos cónsules tenían imperium (poder de mando) y el manejo de los ejércitos era regularmente ejercido por ambos, escogiendo entre separar al ejército en dos o turnarse para comandar las tropas.

Si bien en un principio el consulado estaba solo abierto a los ciudadanos de la clase patricia, fue debido a la constante e incansable lucha de los plebeyos por sus derechos que finalmente en el año 367 a. C. se permite que estos sean también elegidos como cónsules gracias a la promulgación de la Lex Liciniae Sextiae.

Con la creación de la magistratura del pretor muchas de las tareas judiciales de los cónsules fueron delegadas a estos magistrados. Posteriormente, durante la era imperial, la figura del cónsul perdió prácticamente todo su poder real, permaneciendo durante el Principado meramente como una tradición.

Esta magistratura era tan importante que el año se nombraba en honor a los dos cónsules en ejercicio. Para mayor información consultar el artículo sobre el calendario romano.

Nota: durante los tiempos más remotos de la República romana los cónsules eran llamados pretores. No obstante, no debemos confundir a ambas magistraturas.

Características de los cónsules

Edad mínima: 42 años.

Cantidad: 2 (durante toda la República)

Duración: 1 año.

Lictores: 12

Imperium

 

Fragmento de una placa indicando el Cursus Honorum de Plinio el Joven.

Censura

La censura se encargaba de censar a los ciudadanos y distribuir las tribus de voto. Si bien este cargo no tenía el poder de imperium, era una magistratura honorable y codiciada por las figuras del poder romano. Entre sus tareas más importantes se hallaba el enrolar ciudadanos en las distintas tribus e introducir senadores electos al Senado. Durante varios siglos tuvieron el poder de remover senadores corruptos o incapaces, aunque este poder fue disuelto durante la dictadura de Sula.

Entre sus tareas menores se encontraba la de resguardar la moral romana, construir edificios que le otorguen estatus a la ciudad y controlar la distribución o venta de las tierras conquistadas por las legiones.

 

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17/09/2020- Miguel Ángel Novillo López. Profesor Ayudante Doctor del Departamento de Historia Antigua. UNED. Vida y costumbres de los antiguos romanos 15-17 de septiembre de 2020 Curso de verano de la UNED

 

Julio César
Discurso público y manipulación: el caso de Julio César (película de Joseph L. Mankiewicz)

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La corrupción en la antigua Roma

Todo podía comprarse y venderse en Roma: de cargos a sentencias judiciales, de votos a contratos de obras públicas. Es casi asombroso que el sistema pudiese funcionar.
Por JULIÁN ELLIOT
El foro romano. Foto: Wikimedia Commons / Rennett Stowe / CC BY 2.0. La corrupción en Roma Foro

Según el clasicista Luciano Perelli, “la corrupción de la vida política y la administración pública en la Roma antigua tenía dimensiones enormemente superiores a las actuales”. Y esto lo afirmó Perelli en la Italia de la era Berlusconi, no precisamente impoluta.

Sin embargo, también hay que tener en cuenta que, a pesar de las muchas semejanzas existentes entre la vieja sociedad del Tíber y la occidental del siglo XXI, la histórica era muy distinta a la actual.

Así como hoy resultarían inaceptables los espectáculos con fieras devorando a seres humanos u organizar festejos oficiales con niños encadenados a carros de combate, los antiguos romanos entendían la corrupción de otra manera que en el presente.

 

Ilustración del comitium, espacio donde se celebraban las asambleas políticas y judiciales.

Aquí te explicamos nueve de las prácticas corruptas más habituales en la antigua Roma

1 Comprar votos y cargos

Tito Livio cuenta que, durante la República, hubo que sancionar una ley que prohibiese blanquear de más las túnicas de los candidatos. Se hacía para llamar la atención desde lejos en sitios tan concurridos como el comitium, el amplio espacio abierto de los foros donde se realizaban las asambleas políticas y judiciales. Otros candidatos no dudaron en hacerse adoptar por una familia ajena con tal de conseguir una magistratura.

2 Amañar elecciones

Los políticos romanos no se andaban con chiquitas a la hora de torcer las urnas a su favor. Cuando se estableció el voto escrito y secreto, apareció una variada gama de fraudes electorales. Se añadían votos para favorecer candidatos o se sobornaba al rogator, un funcionario electoral, para que multiplicara en las urnas el nombre de un candidato en detrimento de los demás.

Una vez se destapó en el Senado una trama repleta de sobornos electorales, compensaciones fraudulentas o el untado en ciernes (con 100 millones de sestercios, una fortuna enorme) de toda la centuria prerrogativa. La centuria prerrogativa era la que, elegida a suertes, votaba antes que las otras, con lo cual influía en las demás.

3 Apropiación indebida

Un clásico entre los delitos de guante blanco. Julio César protagonizó un ejemplo clarísimo. Dictó la ley anticorrupción más severa de la República, pero poco antes había mandado romper las puertas del Tesoro y se adueñó de las reservas del Estado.

 

Moneda romana con escena de voto. Foto: Wikimedia Commons / Münzkabinett

 

4 Cobro de comisiones

No era raro que los cuadros del ejército sacaran tajada en exceso por las conquistas. De hecho, se consideraba un incentivo para que los generales dieran lo mejor de sí en el campo de batalla. Los botines pertenecían, en teoría, al Estado. Pero en la práctica llegaban bastante mermados a las arcas públicas. A esta especie de comisión, tolerada hasta cierto punto, se sumaban otras líneas de negocio. Entre ellas, los rescates de prisioneros, su esclavitud, la venta de pertrechos y víveres a las legiones o el transporte de estas. Las clases senatorial y ecuestre –y, dentro de la última, en especial, los publicanos– fueron las mayores beneficiarias de esta prosperidad derivada del expansionismo romano.

5 Acumulación fraudulenta

La annona, el reparto gratuito de trigo que hacía el Estado, constituyó otro foco de corrupción. Era un derecho de todos los ciudadanos. Sin embargo, nadie ignoraba que su propósito consistía en mantener aplacada a la multitud de pobres que formaba el grueso de esta sociedad abiertamente desigual. Pese a ello, algunos patricios reclamaban la parte que les tocaba en la distribución y lo acumulaban para especular.

 

Craso amasó una gran fortuna en parte por el monopolio del servicio de bomberos de Roma.

6 Estafa

Los menesterosos cometían fraude cuando, pululando por las calles de Roma, fingían ser supervivientes de naufragios, veteranos tullidos en combate, enfermos de epilepsia o ciegos desvalidos, todo ello falso, para inspirar compasión y llevarse algo a la boca. También la religión exageró con la petición de limosnas para ingresar fondos.

7 Extorsión

Nadie la ilustra mejor la extorsión que Craso, el compañero de Julio César y Pompeyo en el Primer Triunvirato. Craso amasó una fortuna en parte gracias al único servicio privado de bomberos de Roma. Cuando surgía un incendio, un carro cargado con agua se presentaba ante el inmueble. Pero también un agente de Craso, que solo mandaba apagar el fuego si el propietario pagaba la altísima tarifa de este monopolio. La posterior reconstrucción del edificio solía implicar el traspaso de su titularidad al empresario.

8 Concusión

La otra faceta frecuente del abuso de poder fue la concusión. Este cobro de impuestos inflados en provecho propio fue la norma en un sistema basado en depredar las provincias para vivir con lujo y hacer carrera en la metrópoli. Todos los gobernadores provinciales incurrieron, con mayor o menor voracidad, en esta forma de corrupción.

9 Sobornos y cohechos

Los sobornos y los cohechos jalonaron la vida romana en todos los ámbitos y épocas. Se torcían con dinero decisiones electorales y legislativas, en especial en el período tardorrepublicanoLos regalos llovían durante el Imperio a los inspectores tributarios y de obras públicas para que hicieran la vista gorda ante diversos fraudes. Y los escribas de Sicilia cargaban un 4%, más la voluntad, por los documentos que labraban, mientras que los cuestores del Tesoro ignoraban las acrobacias contables a cambio de obsequios. La justicia funcionaba también a golpe de oro y plata, y los trámites solo se agilizaban con dinero, debido a la sobrecarga del sistema judicial.

 

Este texto se basa en un artículo publicado en el número 583 de la revista Historia y Vida

 

Julio César dictó la ley anticorrupción más severa de la República.

 

 


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