SABIDURÍA, por Jesús Nava. ¿Para qué sirve la Filosofía?

Para qué sirve la Filosofía

Carta al enésimo estudiante de la ESO que será un conejillo de indias

Nunca escuches a aquellos que te digan que un político va a resolver tus problemas y que las pagas del Estado son gratis. Trabaja, sé inteligente y nunca dejes de mirar tu entorno con curiosidad y compasión

Por Rubén Arranz

Vozpopuli, 1 ABRIL 2022

 

Eres estudiante de secundaria y estarás cansado de escuchar noticias negativas. Perteneces a la 'generación zoomer', que es la que creció entre crisis y pantallas digitales; y la que más ha experimentado los efectos de la sociedad más líquida de la historia, que es la virtual. El suicidio fue la primera causa de muerte en 2020 entre quienes tienen tu edad y diría que el principal motivo de esta lacra es la desesperanza. ¿A qué aferrarse cuando los telediarios alertan cada día de recesiones, pandemias, guerras y de la próxima caída de meteoritos?

Lo primero que deberías aprender, querido adolescente, es a desconfiar de quienes te prometen un futuro mejor si les votas. Ningún político, jefe o líder espiritual resolverá tus problemas. Para eso estás capacitado sólo tú con tu esfuerzo, tu pericia y tus conocimientos. No merece la pena perder el tiempo con ideologías que impulsan causas colectivas de las que sólo se benefician unos pocos. Trabaja para fortalecer tus cimientos, para cuidar de los tuyos y para sentir que tu vida puede ir siempre a mejor, pese a que el ascensor social no funcione y pese a que la meritocracia sea en realidad un invento en el que sólo creen los estúpidos.

Habrás escuchado estos días que existe un debate sobre la obligatoriedad de la filosofía en la ESO. No deberías prestarle mucha atención porque tampoco en las aulas encontrarás muchas respuestas. La educación marca el itinerario que debes seguir para prosperar, pero ni incentivará tu curiosidad ni tu espíritu crítico. Ésa es una tarea que deberás afrontar tú mismo. Que debes iniciar hoy a mucho tardar.

La filosofía en la ESO

Quizás todavía no tengas clara la utilidad de la filosofía, pero debes saber que surgió en el momento en que los hombres comenzaron a admirar su entorno y a buscar explicaciones a lo que allí sucedía. En la antigua ciudad griega de Mileto hubo un tipo, llamado Tales, que opinaba que el agua era el origen de todas las cosas. Su lógica era aplastante para la época. Alguna vez observó cómo el río crecía y, cuando se retiraba de las regiones que había inundado, allí aparecían plantas, sapos y gusanos.

Anaximandro era su vecino y rebatió su teoría. Consideraba que nuestro mundo era uno más de todos los mundos que surgen y perecen con el tiempo. Pero no creía que el agua fuera la gran sustancia motora, sino que lo era algo a lo que se refería como 'lo indefinido' (Ápeiron). Anaxímenes también vivió en Mileto y matizó a sus otros dos paisanos. Vio llover y consideró que si el agua aterrizaba desde el aire, era más probable que el origen de todo estuviera en este último elemento.

Esas ideas primitivas han evolucionado gracias al paso de los siglos y al avance del conocimiento, de las sociedades y de los hombres. Hoy, somos capaces de plantear debates mucho más complejos sobre lo esencial. Tenemos más certezas, pero, como dijo Woody Allen en Hannah y sus hermanas, mientras luchaba contra su desesperación, disponemos del mismo conocimiento -escaso- sobre las grandes preguntas existenciales. Pero para valorar mejor aquello que somos, lo que hemos conseguido y el motivo de los errores que hemos cometido, es necesario conocer su evolución. Y es fundamental que tengas claro algo: que no existen verdades absolutas ni métodos totalmente certeros.

Todo esto te sonará a cuento chino, pero si haces el esfuerzo de acercarte a ello, te ayudará a ser una persona menos vulnerable a la manipulación de los indeseables. Y siempre -en todo momento- estarás rodeado de ellos.

Los políticos han creado para ti una asignatura que se llama 'Educación en valores cívicos y éticos' y, claro, escucharás el nombre y pensarás en algo elevado e importante. En realidad, es un intento de encauzar tu pensamiento hacia un terreno concreto, que es aquel en el que reside la ideología de quienes han escrito ese plan académico.

Las lecciones de ética del Gobierno

Sería estúpido negar la utilidad de una materia que aleccione sobre el valor del diálogo, del respeto al diferente y al entorno. Pero resulta muy revelador que una asignatura que trate de ilustrarte sobre la vida en sociedad no haga referencia a la importancia de emprender, de administrar el patrimonio y de ahorrar. Porque una de tus principales tareas en la vida, querido estudiante de secundaria, será la de asegurar tu bienestar y eso, en gran parte, dependerá de cómo consigas el dinero y cómo lo gastes o lo dejes de gastar. Esa lección tan importante no forma parte del programa de esa asignatura, pues la ideología de quienes lo han elaborado defiende que el individuo es alguien que debe someterse al Estado, en una enorme perversión de ese concepto.

¿Por qué, te preguntarás? Porque los estados deberían ser entes que se encargaran de administrar todo aquello que es de interés público y que los ciudadanos, por sí mismos, no pueden gestionar. Desde la construcción y mantenimiento de las carreteras hasta la custodia de la seguridad en las calles. El concepto se ha maleado hasta el extremo. Entre otras cosas, porque los gobiernos piensan que los estados deben pastorear a los ciudadanos y concederles o limitar sus libertades de forma arbitraria. ¿Crees que alguien que quisiera respetar tu autonomía y tu desarrollo personal actuaría de esa forma?

En fin, querido alumno de secundaria, también resulta una estupidez que antes de ilustrarte sobre la historia del pensamiento, desde los primeros filósofos, haya un profesor que se vea obligado a hablarte del dilema entre la legalidad y la legitimidad. ¿De veras es más importante que conozcas la objeción de conciencia que el surgimiento de las primeras sociedades y la evolución de la política? Por otra parte, basta con echar un vistazo a la tercera parte del programa para comprobar que prefieren introducirte en la adoración a los becerros de oro contemporáneos -los que defiende la izquierda actual- que en las cuestiones relacionadas con tu esencia, con la búsqueda de respuestas y del sentido de la vida. ¿Para qué te van a explicar eso si quienes configuraron el programa de esta asignatura quieren que piensen lo mismo que ellos?

Querido estudiante de la ESO. Seguramente, sentirás en algún momento de tu vida que te tratan como si fueras un memo y te intentan pastorear hacia uno u otro sitio. Escucharás a profesores mediocres que se saltarán su obligada neutralidad para llevarte hacia su redil. Y es probable que al llegar a casa -cansado de discursos que no entiendes- te coloques los auriculares en las orejas, accedas a Twitch y pases horas y horas en los canales donde tus ídolos juegan a videojuegos.

No será este articulista quien te diga que eso está mal. Al contrario. Pero no dejes de alimentar tu curiosidad ni renuncies a leer y a ver películas y documentales que te hablen de economía, de política, de modelos de vida, de sentimientos y de Dios -o de su inexistencia- desde diferentes enfoques. Y no escuches a aquellos que te digan que un político va a resolver tus problemas y que lo que recibes del Estado es gratis. Trabaja, sé inteligente y nunca dejes de mirar tu entorno con curiosidad y compasión. Cuanto más fortalezcas tu alma y desarrolles tu cerebro, más libre serás. Ninguna norma ni ningún charlatán harán nunca eso por ti.

 

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Resuelto el crimen contra la Filosofía

Es la Ideocracia, la lelocracia, la topicocracia, el gobierno de los idiotas. Platón sabía ya que la Democracia podía degenerar en un Gobierno de tontos y malvados

Por Pedro de Tena

FD, 3 MARZO 2022

Para qué sirve la Filosofía
La ministra de Educación y Formación Profesional, Pilar Alegría. | EFE

 

Los que tenemos 70 años o más y pudimos estudiar, con beca o sin ella, aprendimos Filosofía en sexto curso de Bachillerato y en el curso preuniversitario. Primero se conocían los conceptos fundamentales de la filosofía tomista (así era el franquismo), y al año siguiente se le daba un repaso a la historia de la Filosofía. Luego, los que optaban por las Letras tenían dos cursos comunes en los que se impartían sendos cursos de Filosofía. Los de Ciencias, al menos, ya llevaban encima los dos cursos básicos de Filosofía.

En ellos se aprendía que numerosas palabras que utilizamos en las conversaciones ordinarias proceden de la filosofía aristotélico-tomista o platónica u otras y que no son baladíes. Por ejemplo, cuando decimos "esencialmente", además de un término, usamos un método de estar en el mundo que divide los hechos en esenciales o sustanciales (o estructurales) y accidentales. De ese modo, aprendemos a comprender qué es lo importante o determinante o no para decidir qué hacer, y si la explicación de algo tiene o no contradicciones lógicas.

Luego se enseñaba la historia de los conceptos básicos que manejamos en las diferentes disciplinas filosóficas. Por ejemplo, serátomosustancia y democracia en los griegos. Diosmateria y forma en el tomismo. Causarazón y empirismo en la filosofía moderna. Espíritu e Historia en Hegel. Dialéctica y materialismo en el marxismo. Libertad y persona individual en el liberalismo. Circunstancia y vida en Ortega. Genealogía y superhombre en Nietzsche. Inmortalidad y angustia en Unamuno. Tiempo y evolución en Bergson. Existencia y esencia en el existencialismo. En fin, el tesoro de las concepciones del mundo que hemos forjado los hombres en Occidente para aliviarnos de la oscuridad de la Naturaleza.

Ciertamente, la filosofía no cura el dolor de muelas ni crea una Julieta, ni remueve una sentencia ni mueve de sitio una ciudad, como sentó el Romeo de Shakespeare. Pero, dejando aparte las tonterías, es evidente que la filosofía está en el origen de la ciencia moderna, desde Galileo a Leibniz. Newton sabía que su gran obra expresaba Principios Matemáticos de Filosofía Natural. A pesar de las limitaciones kantianas, la filosofía sigue batallando contra las ilógicas, las farsas, las mentiras conceptualmente orquestadas y las patrañas ideológicas y políticas, a las que a veces sirve por poder o dinero.

Ahora que afortunadamente podemos estudiar todos, ¿por qué asesinarla, si hasta Gilles Deleuze la defendía, no sólo como remedio a la inquietud del alma, sino como ejercicio que tiene por único interés "erigir la imagen del hombre libre" denunciando a los poderes que necesitan mitos y engañifas? Pues precisamente por eso.

Gustavo Bueno dio con la clave. ¿Para qué sirve la filosofía?

Para que, por lo menos, en la plaza pública de hoy (las tertulias radiofónicas o los debates televisados), el carpintero, el herrero, el zapatero, el periodista, el político o el ama de casa que defiende una opinión sobre la libertad, el aborto o la objeción de conciencia, no haga el ridículo (…) presentando como propias tesis que forman parte de un sistema que ellos desconocen, o como si fueran descubrimientos o convicciones personales unos determinados lugares comunes, de cuyo alcance no pueden tener siquiera noticia.

Ya tenemos a los autores del crimen. Son todos aquellos que tratan de eliminar la complejidad, el esfuerzo, la libertad de juicio y el largo camino hacia el conocimiento crítico para imponer unas ideas simplistas que presentan, plagiándolas y deformándolas, como descubrimientos propios ocultando de dónde vienen y cuál es su valor de verdad. Se trata de cegarnos a todos para que ellos, tuertos voluntarios y hemipléjicos espirituales, puedan mandar. Es la idiocracia, la lelocracia, la topicocracia, el gobierno de los idiotas. Platón sabía ya que la democracia podía degenerar en un gobierno de tontos y malvados, que son éstos los asesinos de la Filosofía.

¿Qué para qué sirve la filosofía? Para darse cuenta de que es vital para los españolitos que vienen y ya estamos al mundo echarlos cuanto antes porque nos están llenando de chaladuras la cabeza y helándonos el corazón. Resuelto el crimen, que vengan las elecciones a detener a los culpables y a impulsar una educación digna de tal nombre en España.

 

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¿Cuál es el primer objetivo de la sociedad? Es mantener los derechos imprescriptibles del hombre

¿Cuál es el primer objetivo de la sociedad? Es mantener los derechos imprescriptibles del hombre. ¿Cuál es el primero de estos derechos? El derecho a la existencia. La primera ley social es, pues, la que garantiza a todos los miembros de la sociedad los medios de existir. Todos los demás están subordinados a éste. Toda especulación mercantil que hago a expensas de la vida de mi semejante no es tráfico, es bandidaje y fratricidio. No olvidéis que la fuente del orden es la justicia. Sin duda, si todos los hombres fueran justos y virtuosos; si jamás la codicia estuviera tentada a devorar la sustancia del pueblo; si dóciles a la voz de la razón y de la naturaleza, todos los ricos se consideraran los ecónomos de la sociedad, o los hermanos del pobre, no se podría reconocer otra ley que la libertad más ilimitada. Pero si es cierto que la avaricia puede especular con la miseria, y la tiranía misma puede hacerlo con el desespero del pueblo; si es cierto que todas estas pasiones declaran la guerra a la humanidad sufriente, ¿por qué no deben reprimir las leyes esos abusos? ¿Por qué no deben las leyes detener la mano homicida del monopolista, del mismo modo que lo hacen con el homicida ordinario? ¿Por qué no deben ocuparse de la existencia del pueblo, tras haberse ocupado durante tanto tiempo de los gozos de los grandes, y de la potencia de los déspotas?”.

ROBESPIERRE

SABIDURÍA

Por Jesús Nava

 

La verdadera felicidad y beatitud del hombre consiste únicamente en la sabiduría y en el conocimiento de la verdad” (Spinoza).

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Nadie osaría preguntar para qué sirven la vida, la libertad, el amor o la felicidad. Y es que, en realidad, no sirven para nada; por eso son tan valiosos. No son medios para conseguir otros fines, sino un fin en sí mismos. Las cosas fundamentales están hechas sin intención y carecen de finalidad, pero están preñadas de sentido y dotadas de un valor inmenso. Así ocurre con la sabiduría o, lo que es lo mismo, el conocimiento de la verdad.

 

LA NECESIDAD QUE APREMIA

 

Buscamos la sabiduría por el mismo motivo que la amamos: por necesidad. Y la necesidad apremia. Es inútil resistirse. El amor a la verdad -en eso consiste, precisamente, la verdadera filosofía- nos viene impuesto por naturaleza y es como un fuego ardiente metido en los huesos; tratar de apagarlo no es posible, ni hay tampoco razón para intentarlo.

Quienes han sido dotados de una mentalidad filosófica o racional no se contentan con algo menos que la verdad. Y si la pierden de vista un solo instante, languidecen. “Dadme la verdad, más que amor, dinero, fama”, escribió Thoreau. Como estamos educados para actuar codiciando los frutos de la acción, a muchos les resulta inconcebible que el premio por alcanzar la verdad sea la verdad misma y que la virtud es su propia recompensa.

El acierto de los hijos de la sabiduría, al considerarla el supremo valor de la vida, se ve corroborado por la serenidad y el júbilo que procura al alma que la abraza sin titubeos; pero, por si esto fuera poco, dichos efectos espirituales tienen la virtud de moderar nuestras pasiones y producir en nosotros un cierto menosprecio liberador de los males inevitables y cotidianos que nos asaltan.

 

LA SABIDURÍA ES PURA INTELIGENCIA

 

Así que, cuando afirmamos que la sabiduría no sirve para nada, no pretendemos decir que sea inútil, sino que su valor intrínseco sobrepasa inmensamente al de todas las cosas útiles. Su sola presencia ilumina la mente y aclara las cosas. Es como la inspiración: pura inteligencia. No hace nada concreto, pero nos ayuda a hacer bien cualquier cosa. Tampoco disuelve mágicamente nuestros problemas, pero nos dota de los recursos espirituales necesarios para resolverlos con lucidez, si tienen solución, o, en caso contrario, de las fuerzas precisas para afrontarlos con paciencia.

De todas maneras, los más grandes filósofos de todos los tiempos han dado testimonio del grato consuelo que les otorgó la filosofía. No buscaban consuelo, sino verdad; pero hallaron tanto consuelo como verdad alcanzaron. Es cierto que cualquier pensador desconoce infinidad de cosas que los eruditos conocen mejor; pero el sabio lo es porque, aunque sólo sepa una cosa, esa única cosa que sabe es esencial.

 

FILOSOFAR ES ENTENDER LA REALIDAD

 

De ahí que no entienda por filosofía la recopilación histórica de lo que otros pensaron, por grandes que fueran, ni los dogmas de una determinada escuela filosófica, sino el hecho mismo de filosofar. Y el acto filosófico puro consiste en entender la naturaleza de las cosas o, lo que es lo mismo, percibir las cosas como son en realidad.

Para desarrollar esta actividad del espíritu no es preciso poseer una cultura filosófica o académica, ni ser filósofo profesional; requiere únicamente aplicarse con tesón al duro trabajo de pensar para saber, es decir, aprender a reflexionar de forma racional e intuitiva, movidos únicamente por el anhelo de verdad.

Por mi parte, me siento muy alejado del conformismo de un pensamiento débil caracterizado por el agnosticismo religioso, el escepticismo filosófico, el relativismo moral y la confusión cultural, tan propios de nuestro tiempo.

No admito ningún timorato “non plus ultra”. Porque, cada vez que consigo paladear el sabor de la auténtica filosofía, siempre observo que brota de un temperamento metafísico y un espíritu fuerte capaz de ir más allá de las fronteras que la generalidad de los filósofos al uso, sea por excesiva cautela,  sea por cobardía, no se han atrevido a traspasar.

Filosofia Digital, 27/11/2005

 

 

 

 


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