EL NAZISMO NO TERMINÓ EN 1945: EL CASO COLLINI («The Collini Case») – película de Marco Kreuzpaintner (Alemania, 2019).

EL CASO COLLINI

EL CASO COLLINI (DER FALL COLLINI)

Por Horacio Bernades, 2020
 
EL CASO COLLINI
 
 
En 1968, veintitrés años después de concluida la Segunda Guerra Mundial, se promulgó en Alemania la Ley Dreher, que prescribía los crímenes de guerra que no hubieran sido cometidos por las más altas autoridades del nazismo. Algo semejante a la Ley de Obediencia Debida decretada en 1987 en Argentina. La peculiaridad de la ley alemana era que el propio Eduard Dreher, su cerebro, había sido criminal de guerra, tanto como muchos de sus pares del Ministerio de Justicia, con lo cual el dictamen les servía para autoamnistiarse. Esa realidad histórica es la base de El caso Collini, elegida para inaugurar la edición 2020 del Festival de Cine Alemán, que este año se celebra online. A dos caballos entre el drama judicial y el thriller político, la película dirigida por Marco Kreuzpaintner –basada en la novela homónima, escrita por el abogado Ferdinand Von Schirach– ficcionaliza a partir del hecho probado de que durante los años de posguerra altos dignatarios austríacos y alemanes lograron “borrar” su pasado nazi, con la complicidad de los círculos de poder. Allí está sin ir más lejos el caso de Kurt Waldheim, Secretario General de la ONU entre 1972 y 1981, de quien cinco años después de abandonar el cargo se comprobó que había sido oficial de la Wehrmacht en Grecia y Yugoslavia. Algo que difícilmente la crema de la política y la diplomacia internacionales pudiera ignorar.
 
Ahora la ficción. En 2001, un ciudadano italiano largamente radicado en Alemania, Fabrizio Collini, ejecuta en ese país al todopoderoso dueño de una corporación, Jean-Baptiste Meyer, condecorado por el Estado alemán con la Medalla al Mérito. Lo hace con la suficiente brutalidad como para hacerle saltar a patadas el ojo izquierdo, después de haberlo eliminado con tres disparos. El septuagenario Collini es arrestado de inmediato, y mientras la policía averigua si se trató de un atentado político con cómplices se le asigna un defensor de oficio. El defensor es un joven de ascendencia turca llamado Caspar, recién recibido en la Facultad. Frente a él el fiscal, viejo tiburón de los estrados, de esos que no pierden un juicio. Todo parece ir camino de la condena a perpetua para el asesino, a quien todas las pruebas incriminan y que para peor se niega a hablar ni una palabra con su abogado. Hasta que éste descubre que el arma homicida es una Walther, la preferida por los SS, en desuso desde hace décadas. Eso lo lleva a remontarse al nazismo, desenredando un hilo hasta entonces cuidadosamente atado.

El caso Collini, que llama la atención que no haya sido producida por Netflix, es una de esas películas que ponen por delante la “importancia” de su tema, permitiéndose abordarlo con las más meneadas triquiñuelas narrativas. No hace falta haber visto demasiados thrillers para advertir que si la víctima aparece como el sujeto más irreprochable del mundo y todo condena al victimario, el curso de la investigación llevará a que el tablero se dé vuelta. Otro tanto con respecto al desbalance entre el abogado defensor –“turco” e inexperto– y el fiscal, leyenda viviente de los tribunales. Basta que aparezca en escena la nieta del asesinado, ahora a cargo de la corporación, y que nos enteremos de su previa relación con el abogado, para sospechar que de aquellas cenizas brotará algún fuego (aunque aquí hay una trampita, que ya se develará). Por las dudas que ese interés amoroso no se revele suficiente, una noche en que el abogado va a comprar una pizza conoce a la delivery girl del boliche, una rubia con look de top model que justo por casualidad estudia Derecho y entonces puede ser que acompañe a Caspar en su investigación. Como además es italiana y la investigación conduce a Caspar a Montecatini, qué mejor que llevarla como intérprete.

Como en otra película de tema semejante (Remember, de Atom Egoyan), con tal de que todas las piezas encastren se retuerce la trama sin reparar en verosímiles. Resulta ser que el abogado defensor no sólo conoce a la víctima sino que fue criado por él, en un gesto de magnanimidad que parecería honrarlo. El motivo de la adopción de Caspar por parte de Meyer es intempestivo: el anciano lo habría hecho porque un día él y su muy rubio nieto se cruzaron con el futuro abogado y su madre a la vera de un río. Circunstancia en la que el chiquilín les escupió a ambos tremendo insulto racista. Para reparar el atropello el millonario no sólo obliga al nieto a pedir disculpas, sino que de paso adopta al niño deshonrado, que así conoce a la nieta de su benefactor y… bueno. 

¿Puede creerse que, por mucho que necesite trabajar, Caspar acepte defender al hombre que asesinó a su abuelo adoptivo? Si lo que quiere el guion es destapar la olla de los crímenes nazis, su absolución y su dilución en el presente de la sociedad alemana, ¿era necesario que además el protagonista cayera de su inocencia en relación con la figura paterna sustituta? Acumulativa, la trama de El caso Collini suma lo íntimo a lo político, lo racial a lo amoroso, lo familiar a lo público, lo ético a lo jurídico. Para que el hilo de las paternidades termine de cerrar, Caspar se reencuentra “de casualidad” con su padre biológico, a quien desde hace  décadas había dejado de ver, se supone que porque abusó de la inocencia de su madre. Y tanto como para ponerle el moño al paquete, el reencuentro representa para Caspar la inversión exacta de lo que sucede con su querido abuelo falso. Si es que un poco de amabilidad exime de un abuso. Que Caspar sea hijo de madre turca tiene más sentido, como palanca para sugerir que la sociedad alemana de hoy es tan racista como la de antes. Sin embargo y más allá de que en un momento la nieta de Meyer muestra la hilacha racial, las burlas que recibe Caspar tienen más que ver con su inexperiencia profesional que con su color de piel.

Ahora bien, las cartas bravas que El caso Collini se juega en términos temáticos (en términos formales no se juega ninguna) son dos: la indulgencia con la que durante décadas la Alemania de posguerra juzgó los crímenes del nazismo y el dilema cívico y moral que representa el ajusticiamiento por mano propia. Antes que nada, una aclaración. Creo que una película debe justificarse a sí misma, no por los “temas” que trate. Pero también creo que hay películas malas que, al abordar temas que no están en la agenda mediática diaria, cumplen una función informativa. Éste puede ser el caso: yo no había oído hablar de la Ley Dreher hasta el momento que vi El caso Collini, y la película me llevó a Wikipedia (donde llamativamente no hay una entrada dedicada a esa ley) y después a Google, donde encontré un par de referencias más bien indirectas. Me enteré de que todavía a fines de la década del 60 el Ministerio de Justicia alemán estaba superpoblado de ex nazis, algunos incluso ex SS, y confirmé que la justicia de ese país fue, y todavía es, lo que se dice perezosa para la investigación y condena de los crímenes nazis. O sea que para algo me sirvió ver El caso Collini.

En cuanto a la espinosa cuestión de la justicia por mano propia, en su resolución la historia, narrada hasta entonces por Caspar Leinen, es vista desde el punto de vista del acusado, que pasa de victimario a víctima. Esto lo pone, ante los ojos del espectador, como justiciero. Aquí surgen dos asuntos discutibles, uno en torno de la construcción de la historia y el otro externo a ella. El primero es que el asesinato de Meyer a manos de Collini tiene lugar en 2001, y al comienzo se aclara que el segundo de ellos vive en Alemania desde hace treinta años. Esto es desde comienzos de los 70. Teniendo en cuenta que la Ley Dreher se sancionó en 1968, puede entenderse que en ese momento Collini no haya recurrido a la justicia, que en buena medida estaba manejada por ex nazis. Pero se supone que en el 2001 ya no era así. ¿No tenía entonces el homicida una vía legal, que lo abstuviera de recurrir a la mano propia? Haciendo abstracción de la situación y suponiendo que no la tuviera, queda obviamente a cargo de cada espectador juzgar si el tipo hizo bien o no. Más claro está que de la manera en que la película presenta las cosas se induce a tildar el primer casillero. 

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Nota al pie

Collini es interpretado por Franco Nero, “el cowboy de los ojos celestes”, sobreviviente del spaghetti western y las coproducciones europeas berretas de los años 70, a quien podría decírsele lo mismo que le dicen a Snake Plissken todos los que se lo cruzan en Fuga de Nueva York: “pensé que habías muerto”.

 
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The Collini Case (Película de Marco Kreuzpaintner, 2019)

 

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The Collini Case: FICHA

Título original: The Collini Case

Año: 2019

Duración: 123 min.

País: Alemania

DirecciónMarco Kreuzpaintner

Guion: Robert Gold, Jens-Frederik Otto, Christian Zübert. Novela: Ferdinand von Schirach

MúsicaBen Lukas Boysen.

FotografíaJakub Bejnarowicz.

RepartoElyas M'Barek, Alexandra Maria Lara, Franco Nero, Heiner Lauterbach, Stefano Cassetti, Manfred Zapatka, Jannis Niewöhner, Rainer Bock, Catrin Striebeck, Pia Stutzenstein, Peter Prager, Hannes Wegener, Falk Rockstroh.

ProductoraConstantin Film, SevenPictures Film, Mythos Film, Rolize GmbH & Co.

Sinopsis: Un abogado (M’Barek) decide llevar la defensa de un hombre al que se acusa de haber asesinado a un respetable hombre de negocios de avanzada edad. A medida que profundiza en la investigación del caso, el abogado destapa uno de los mayores escándalos judiciales de la historia de Alemania. (FILMAFFINITY)

 

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'El caso Collini': el nazismo no terminó en 1945

Basada en la novela de Ferdinand von Schrirach, este drama judicial reflexiona sobre la culpa colectiva y la reparación a las víctimas del Tercer Reich

Por Marta Medina

El Confidencial, 17 JUL 2020

 

La publicación en 2011 de ‘El caso Collini’, la primera novela del jurista y escritor alemán Ferdinand von Schirach, reabrió en su país un debate que hasta entonces se creía superado: la reparación a las víctimas del nazismo. Con los Juicios de Nuremberg, las condenas a los principales participantes en el Holocausto y el proceso de desnazificación al que fueron sometidas todas las estructuras del Estado, la sociedad germana expió frente al mundo y frente a sí misma las culpas del periodo más oscuro de su historia.

Sin embargo, Von Schrirach planteó en su estreno en la literatura la posibilidad de que, años más tarde, el sistema hubiese optado por silenciar y olvidar algunos de los casos sin enjuiciar a través de un cambio legislativo hecho a espaldas de la opinión pública. ‘El caso Collini’ fue, además de un superventas, el primero de una serie de libros que forman parte de una colección llamada ‘Crimen y culpa’, que analiza la remanencia del Tercer Reich a través de la literatura judicial.

 

Tráiler de 'El caso Collini'

 

En 2019, el realizador de cine y televisión Marco Kreutzpainter llevó a la gran pantalla esta adaptación, que llega a España en horas bajas para las salas, cuando la cartelera cubre el expediente con estrenos que no hubiesen llegado a salas en otro contexto. Aunque ‘El caso Collini’ demuestra una vocación cinematográfica —al menos, en el aspecto comercial y en su país—, la narrativa y la forma se resienten por culpa de un lenguaje más propio de la televisión. Lástima de un relato que, a la manera de ‘La caja de música’, atrapa por el suspense y la pregunta que planea en la mente tanto del protagonista como del espectador: “¿Por qué?”.
 
 
Elyas M'Barek es el abogado Caspar Leinen. (Flins)

 

A la manera de ‘La caja de música’ —sin ser esta referencia un ‘spoiler’, dado que en el cartel promocional aparece representada una esvástica—, ‘El caso Collini’ indaga sobre la culpa tanto individual como colectiva en el horror nazi a través de un proceso judicial, aparentemente ajeno a los crímenes de guerra, que acaba desenterrando muertos del pasado. Porque, por mucho que en Alemania se enjuiciase y ejecutase a los principales participantes del aparato de muerte nazi, el régimen contó con el respaldo mayoritario del pueblo. Millones de nazis no pudieron desaparecer de la noche a la mañana. Y, en el siglo XXI, probablemente seguirán quedando nazis impunes disfrazados de entrañables abuelos y abuelas.

 

Millones de nazis no pudieron desaparecer de la noche a la mañana

 

Kreutzpainter no se arriesga en la puesta en escena convencional de una película que recurre a 'flashbacks' para ilustrar lo que al mismo tiempo explica a través del diálogo y que no plantea ningún misterio más allá del móvil del crimen con el que arranca. Hans Meyer (Manfred Zapata) es un empresario respetado al que un extraño llamado Fabrizio Collini (interpretado por Franco Nero, el Django original) asesina sin motivo aparente.

 

Otro momento de 'El caso Collini'. (Flins)

 

Collini se entrega y se niega a hablar con nadie, ni siquiera con el abogado de turno que le han asignado, Caspar Leinen (Elyas M'Barek), un letrado inexperto de ascendencia turca que apenas lleva tres meses en ejercicio. Cuando Leinen accede a encargarse del caso, no conoce que el acusado es el asesino de Meyer. Porque Leinen fue desde niño el protegido de Meyer —aunque los motivos en la película responden a una excusa peregrina—, quien lo trató como un hijo más y quien le permitió convertirse en abogado y “no estar haciendo kebabs”, como le echa en cara Johanna Meyer (Alexandra Maria Lara), nieta de Meyer y el primer amor de Leinen.

 

El director plantea la decisión moral de Leinen de asegurar un derecho fundamental como es el de la defensa frente a los propios intereses

 

La defensa de Collini se convierte así en más que un juicio, y a partir de aquí el director plantea la decisión moral de Leinen de asegurar un derecho fundamental como es el de la defensa frente a los propios intereses. La convicción de la necesidad de hacer justicia prima sobre la vida personal del abogado en un caso sencillo con un culpable claro que se niega a explicar los motivos del asesinato. Y, para añadir más presión al protagonista, al frente de la acusación se sitúa Richard Mattenger (Heiner Lauterbach), referencia de la abogacía al que Leinen admira desde que fuese su profesor durante la carrera.

 

Franco Nero y Elyas M'Barek, en el juicio. (Flins)

 

Entre el drama procesal y el drama histórico, ‘El caso Collini’ consigue mantener el interés del espectador mientras desconoce el motivo —presumible— del asesinato. Una vez desvelado, el filme se estira hasta las dos horas de forma pesada y excesivamente explicativa, para apuntar a la dicotomía entre la necesidad del país de avanzar y, a la vez, de no olvidar el pasado, un ejercicio al que el país vuelve a enfrentarse con el auge —de nuevo— de la ultraderecha en los últimos años. Una discusión que, en países en los que no ha habido una condena y un juicio oficial, nunca dejó de plantearse.

Y lo hace a través de un caso individual que pudo escapar de la Justicia gracias a la propia Justicia; es decir, a la connivencia del Estado. También presenta el dilema de la reinserción sin reparación, es decir, si una vida virtuosa exime de pagar por los crímenes del pasado, si el derecho debe poner el énfasis en la víctima o en el criminal. Sobre todo, cuando el crimen tiene lugar en el contexto de un régimen consensuado como la máxima expresión de la maldad humana. A pesar de lo pertinente de su planteamiento moral, la película es un ejercicio olvidable de memoria, valga la contradicción, pero que siempre encontrará su nicho en el espectador seducido por la historia del nazismo, que no está solo. Ni una semana sin una esvástica en la cartelera.

 

Cartel de 'El caso Collini'.

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Ley Dreher: Vergüenza Alemana

Criminales Nazis- Alemanes Impunes

Por Alberto Ruskolekier

Por Israel, 3 FEB 2022

Juicio en Nuremberg

 

En los Juicios de Nüremberg realizados (Nümberger Prozesse) entre el 20/11/1945 y el 1/10/1946 se juzgaron los crímenes cometidos por los dirigentes, funcionarios, colaboradores y alemanes nazis  durante el Tercer Reich Alemán( período  1/9/1939 hasta el 8/5/1945) en que fue la caída del régimen nazi en Alemania. Como resultado de estos juicios , algunos fueron condenados y ejecutados, otros de ellos condenados a prisión y muchos criminales nazis escaparon a diferentes a países y algunos de ellos fueron encontrados y extraditados.  Los cargos de los Juicios de Nüremberg estaban tipificados bajo los siguientes cargos:

1)-Crímenes contra la paz.

2)-Crímenes de guerra.

3)-Crímenes contra la humanidad.

4)-Conspiración contra la paz.

Muchos creen que como resultado de los Juicios de Nüremberg, la mayoría de los criminales implicados directa o indirectamente en este horror de la humanidad hubieran merecido su castigo, pero el desarrollo de los hechos demuestra que no fue así. Hubieron enorme cantidad de nazis que en diferentes puestos del Tercer Reich Alemán también cometieron diferentes tipo de crímenes y no fueron juzgados.  Me quiero referir en este artículo  especialmente a abogados , fiscales y jueces que actuaron durante el Tercer Reich Alemán pero que incluso después de la caída del nazismo, y con procesos que se conocieron con el nombre de “desnazificación” les fue otorgado el certificado de indemnidad para poder seguir trabajando normalmente. En definitiva la desnazificación  (en alemán Entnazifizierung) era una iniciativa de los aliados después de la victoria en mayo de 1945 sobre Alemania, para depurar  la cultura, prensa ,  política y la  justicia de la sociedad alemana y austríaca del nazismo. Si alguno era reputado después de la guerra como nazi, y exhibía su antecedente de “desnazificado”, podía seguir trabajando y ejerciendo sus tareas normalmente aún cuando hubiera trabajado para el Tercer Reich Alemán anteriormente. Con posterioridad a la Segunda  Guerra Mundial, y ya constituída la República Federal Alemana, la casi totalidad de los jueces y los abogados durante la era nazi seguían en sus funciones sin ningún tipo de problemas y administrando “justicia” en los Tribunales Alemanes. Cuando estos jueces nazis ejercían como jueces en la Republica Federal Alemana y les tocaba juzgar a otros criminales nazis, raramente los acusaron y muchas veces los absolvieron minimizando y justificando sus crímenes a través de formalidades legales que lo único que hacían era entregar impunidad a los nazis de ayer que seguían siendo los nazis de hoy. En otras palabras, jueces nazis juzgando a criminales nazis. La justificación legal que estos jueces esgrimían  para eximir y absolver a criminales nazis ,  era que Alemania era un estado legal y constitucional en aquel momento. Para tener una idea de la enormidad de los criminales que no fueron investigados se habla de 150.000 y solo 6.494  de los criminales nazis fueron castigados en el año 1998.

En el año 1963 , el Sr. Wolfgang Koppel publicó un catálogo llamado “Justiz im Zwielicht”   (Justicia Sospechosa o Justicia a Media Luz)  en el que expone que los jueces nazis alemanes estaban activos en el poder judicial en ese año y eso destroza la historia oficial de que los únicos que habían cometidos crímenes horrendos eran oficiales de las SS (Schtzstaffel) . La verdad es que el nazismo era una mancha enorme putrefacta que corroía y era aceptada por una  enorme parte de la sociedad alemana.

Había un abogado alemán llamado Eduard Dreher  (29/4/1907 – 13/9/1996) , que llegó a ser uno de los abogados penalistas más importantes e influyentes en la década de 1960 y fue famoso por sus comentarios sobe el Código Penal Alemán. Este abogado se incorporó al partido nazi alemán (Nazionalsozialistische Deutsche Arbeiter Partei  o  NSDAP) el 1/5/1937. Fué fiscal en el Tribunal Regional de Leipzig, luego en el Tribunal Regional de Dresde y llega en 1943 a ser  Primer Fiscal del Tribunal Especial de Innsbruck donde “eliminaba legalmente a los opositores políticos”. Cuando me refiero a opositores políticos, estoy señalando a los que estaban en contra del régimen nazi en cualquiera de sus aspectos. Para tener una mínima idea de lo que esta “bestia nazi” solicitaba de penas para los acusados, el 15/4/1942 en el Tribunal Especial de Innsbruck el Fiscal Dreher solicita la “pena de muerte” para una vendedora ambulante austríaca llamada Karoline Hauser por considerarla una plaga y peligrosa delincuente habitual. Si bien el Tribunal Especial no siguió su recomendación de pena de muerte, condena a esta mujer a 15 años de prisión. Pero no contento con el fallo del Tribunal Especial de Innsbruck, Dreher apela la sentencia del Tribunal Especial y solicita su anulación. Finalmente Dreher hizo que Karoline Hauser fuera llevada a un campo de “educación laboral”, o sea un campo de concentración. (número de expediente  Kls 37/42).  En realidad no fue el primer caso en el que Dreher solicita penas de muerte para delincuentes comunes. Otra víctima de Dreher fue el jardinero Josef Knoflacht para quien solicita la pena de muerte al Tribunal Especial de Innsbruck, por haber robado una bicicleta y víveres. Finalmente la pena de esta persona fue cambiada a 8 años de prisión. En el año 2016 salieron a la luz otros 17 casos en los que Dreher solicitó penas de muerte. El 11/7/1947 Eduard Dreher fue “desnazificado” y finalmente logra reincorporarse  como abogado en el Tribunal de Distrito de Stuttgart después de Mayo de 1949 e hizo carrera en el Ministerio de Justicia desde 1951 a 1969.

Un hecho terrible fue la sanción en el año 1968 de la Ley de Introducción a la Ley de Delitos Administrativos (EGOWIG) que si bien no se aplicaba a la plana mayor del Tercer Reich Alemán, posibilitó que a  la mayoría de los perpetradores involucrados en asesinatos durante el régimen nazi , se les aplicara la prescripción. Ello fue posible al trabajo de Dreher durante su tarea en el Ministerio de Justicia de Alemania. En consecuencia, jueces y fiscales nazis se protegían a sí mismos y a sus secuaces por el ejercicio de sus funciones judiciales en el Ministerio de Justicia. Para estos perpetradores , a partir de la sanción de esa ley, se les aplicaba la prescripción y no pudieron ser llevados a la justicia. Estoy refiriéndome a miles de asesinos nazis que fueron protegidos por esta “Ley Dreher”. La excusa fue siempre la misma y era la “OBEDIENCIA DEBIDA” por medio de la cual estos perpetradores solamente cumplían órdenes. Esta ley se aplicó en “El Caso Collini”(sobre el caso de Fabrizio Collini)  que dio lugar a una novela publicada en el año 2011 y escrita por el jurista y escritor alemán Ferdinand Von Schirach y sobre la cual se filmó una película.

Existe un acta llamada “Acta Rosenburg” , que es un estudio que fuera encargado por el  Ministerio de Justicia Alemán en el año 2012 y   cuyas conclusiones fueron presentadas por el socialdemócrata Heiko Mass. El objetivo del Ministerio de Justicia Alemán era averiguar la incidencia del nazismo en el Ministerio de Justicia y lo que encontraron sus autores no fue agradable para las autoridades alemanas. Los autores del trabajo, Sres. Christoph Safferling y Manfred Görtemajer encontraron que hasta el año 1957 el número de afiliados al partido nazi  que trabajaban en el Ministerio de Justicia Alemán no había decrecido desde la terminación de la Segunda Guerra Mundial hasta el año 1957, sino todo lo contrario. En el año 1957, el 77% de las personas que trabajaban en el Ministerio de Justicia Alemán eran antiguos nazis confesos y/o afiliados al partido, incluso con participación activa en implementación de las políticas criminales del régimen nazi. El Ministerio de Justicia Alemán era un verdadero “nido de nazis” también en el año 1957.  El número de nazis  recién  comienza a bajar poco a partir de los años 1970. El número de nazis en este Ministerio era mayor que en otras carteras. En el año 2005 el Ministerio de Exteriores encargó un estudio similar y el Ministerio del Interior de Alemania encargó en el año 2014 un estudio parecido, pero todavía no se conocen sus conclusiones. Se terminó la guerra para Alemania con su derrota, pero no se derrotó el nazismo dentro de parte de su población.

Justificar la Obediencia Debida para exculpar a los criminales de guerra nazis enfrentó a dos Escuelas de Pensamiento del Derecho, uno es la Escuela Positivista que dice que la ley es para ser aplicada independientemente de su ética o moral, en consecuencia los que aplican y siguen la ley a rajatabla no pueden ser considerados culpables . La otra Escuela es la Ius Naturalis, que  establece que el ser humano tiene derechos naturales y universales y  ninguna ley puede contradecir ni anular esos derechos por ser inalienables, propios e intrínsecos de la naturaleza humana y contradecir esos derechos sería ilegal e injusto. Los Tribunales de Nüremberg se guiaron por esta doctrina del derecho “Ius Naturalis” y no por la doctrina del Derecho Positivo, que hubiera permitido  justificar a casi todos los criminales nazis y no castigarlos .

 

En el centro, otro conocido Juez Nazi, Roland Freisler

 

CONCLUSIONES

– Los Nazis no estuvieron solos para perpetrar sus crímenes. En esta categoría entran también los jueces, fiscales, abogados y también estuvieron en la complicidad banqueros, empresarios, Industriales, pensadores, intelectuales , docentes, etc. En pocas palabras casi toda la sociedad alemana. Millones de nazis no desaparecieron por el solo hecho de haber terminado la Segunda Guerra Mundial. Siguieron y siguen allí amenazando a la Sociedad.

– La República Federal Alemana fundada posteriormente a la terminación de la Segunda Guerra Mundial, tenía entre sus  funcionarios gran cantidad de nazis que supuestamente fueron “desnazificados” y otros que sin ser detectados siguieron formando parte de Alemania de la post-guerra.

– Las sociedades pueden ser capaces de aniquilar al diferente y ninguna de estas sociedades están exentas del odio. La educación y la memoria deben ser agentes de prevención permanente y nunca hay que bajar los brazos porque el monstruo del nazismo sigue latiendo. El mal puede volver a suceder.

– No se puede ser indiferente ante la muerte y persecución del diferente, porque ello abona la semilla de la aniquilación y la destrucción de la humanidad.

“Nos dejaron sin dejar rastro, y nosotros somos ese rastro. Contamos estas historias porque sabemos que no escuchar ni desear saber lleva a la indiferencia, y la indiferencia nunca es una respuesta.” (Elie  Wiesel)

Dr. ALBERTO RUSKOLEKIER

Periodista-Escritor-Analista Internacional

1/2/2022

Jueces de la Alemania Nazi; la mayoría siguieron siendo jueces después de la guerra

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El acta Rosenburg: el pasado nazi del Ministerio alemán de Justicia

Una comisión examinó la infiltración nazi de la Justicia desde 1945, en donde juristas nazis se “autoamnistiaron” y fallaron en 50.000 casos contra la minoría LGTBI, contraviniendo principios democráticos.

Por Richard Fuchs
Juristas bajo Hitler.

 

Primero fue fiscal en Innsbruck, luego oficial de alto rango en el Ministerio de Justicia de la emergente República Federal de Alemania: Eduard Dreher es uno de esos abogados nazis que hicieron rápidamente carrera después de 1945.

Dreher no tuvo que temer ser requerido por la Justicia, porque logró, desde el mismo Ministerio, que los crímenes cometidos bajo el Tercer Reich por miles de jueces nazis como él quedaran impunes. Y eso, a pesar de que historiadores demostraron que Dreher ordenó la pena de muerte contra 17 personas durante el régimen de los nazis.

El sistema cambió, los abogados no tanto

El "Caso Dreher" es muestra de lo que una comisión independiente de historiadores concluye tras cuatro años de estudios de los archivos del Ministerio de Justicia: los abogados y jueces nazis pasaron a ocupar las mismas posiciones en la nueva Alemania Federal. La exministra federal de Justicia Sabine Leutheusser-Schnarrenberger (FDP) fue la impulsora de dicha investigación en 2012.

Los resultados de la llamada "Acta Rosenburg", la primera sede del Ministerio en Bonn, fueron presentados en Berlín este 10 de octubre. Para Manfred Görtemaker, profesor de Historia Moderna en la Universidad de Potsdam, la impunidad de los juristas nazis en la posguerra es aterradora: "En algunos departamentos del Ministerio de Justicia  prácticamente todos los funcionarios  tenían un pasado nazi", como las cifras lo prueban: de 170 juristas en altos cargos en la posguerra, 90 habían sido miembros del NSDAP, el partido de Hitler, y 34 había sido incluso miembros de las temidas unidades paramilitares SS.

Sabine Leutheusser-Schnarrenberger relaciona el pasado nazi con los actuales populistas de ultraderecha y sus ataques contra las instituciones democráticas, advirtiendo sobre los nuevos desafíos: "Si ya vuelven a utilizar el lenguaje de los nazis, pueden empezar pronto a poner como criterio para el ejercicio de la política el origen étnico y la raza”.

La "autoamnistía” de los juristas nazis

"El poder judicial de la posguerra prácticamente se autoamnistió en su conjunto”, es la conclusión del profesor

Heiko Maas, ministro alemán de Justicia.

Görtemaker. Una unidad del ministerio se dedicó a alertar a otros juristas nazis que había huido al extranjero, a evitar que se abrieran juicios y a acortar los tiempos de caducidad de los crímenes nazis.

Los juristas nazis violaron la Constitución de la Alemania Federal aplicando hasta 1994 leyes en contra de los derechos fundamentales de homosexuales y gitanos, ambas minorías víctimas del Holocausto y la persecución nazi. Así fue como Alemania adoptó de la legislación nazi el parágrafo 175 en el Código Penal que criminalizó anticonstitucionalmente a adultos homosexuales.

Alemania le falló a sus minorías

Una injusticia que el actual ministro alemán de Justicia, Heiko Maas, quiere reparar. Se trata de, por lo menos, 50.000 condenas injustas. Cincuenta mil personas que deben ser compensadas por una injusticia cometida bajo la ideología nazi en tiempos en los que Alemania ya tenía una Constitución democrática. Para Christoph Safferling, profesor de Derecho Penal de la Universidad de Erlangen-Nuremberg, la revisión histórica es esencial: "Se trata de nada menos que de la lucha por el imperio de la ley en un Estado de Derecho".

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Nazis dirigieron el Ministerio de Justicia tras la guerra

El Ministerio de Justicia de la flamante República Federal de Alemania (RFA) estuvo dirigido mayormente por nazis tras la guerra, según la conclusión de un estudio dado a conocer el lunes (10.10.2016) por el ministro de Justicia del país, Heiko Maas.

Más de la mitad de los empleados con cargos jerárquicos estuvieron relacionados directamente con el Partido Nacionalsocialista del dictador Adolf Hitler, precisa el informe conocido como "el expediente Rosenburg", que se refiere a la gente que trabajó para el Ministerio desde 1949/50 hasta 1973. "Este expediente muestra las grandes omisiones del pasado y al mismo  tiempo formula una obligación para el presente", sostuvo el ministro.

"Hubo una gran continuidad a nivel de empleados entre la justicia nazi y el ministerio de Justicia de la joven República Federal", lamentó Maas. "Y esta continuidad tuvo consecuencias fatales: lastró el renacer democrático, lo obstaculizó y lo demoró".

Unos 90 de 170 directivos que trabajaron entre los años 1949 y 1973 para el ministerio y nacieron antes de 1927 pertenecieron al partido hitleriano, lo que representa un 53 por ciento de los cuadros jerárquicos encargados de la Justicia en la Alemania de posguerra. Uno de cada cinco era miembro de los grupos de asalto SA y un 16 por ciento venía del antiguo ministerio de Justicia del Tercer Reich. Muchos habían participado en la implementación "de la voluntad" de Hitler en la Justicia de la era nazi, según comprobó el informe elaborado durante cuatro años por una comisión independiente de historiadores.

Los científicos también arrojaron luz sobre las consecuencias de esta continuidad. Muchas leyes fueron "desnazificadas" solo de forma superficial y numerosas víctimas del nazismo siguieron siendo discriminadas, como fue el caso de los homosexuales. Además, el ministerio ayudó a genocidas y criminales de guerra al impedir de forma sistemática que fueran perseguidos.

Varios ministerios alemanes han abierto sus archivos y encargado a historiadores un estudio profundo de su pasado reciente y sus lazos con el nazismo.

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Alemania busca eliminar las últimas leyes nazis que siguen vigentes

Hay 29 textos legislativos de la época que todavía no fueron suprimidos. Según un funcionario del gobierno, algunos contienen "un trasfondo antisemita muy claro". Un proyecto propone derogarlos antes de septiembre. El caso de la ley de cambio de nombres. Movimientos de extrema derecha buscan un proceso inverso.

AFP, 22.01.21
Proyecto en el parlamento alemán para derogar las últimas leyes del nazismo que continúan vigentes. (AFP)
 
Alemania quiere despojar sus leyes y reglamentos de los últimos vestigios del nazismo, más de 75 años después del final de la Segunda Guerra Mundial. 
 
Todavía hay 29 textos legales o reglamentarios que datan del régimen de Adolf Hitler (1933-1945) y no se han eliminado, lamenta Felix Klein, el responsable del gobierno de Angela Merkel para combatir el antisemitismo. Y eso que algunos de estos textos tienen "un trasfondo antisemita muy claro", afirma a la AFP.
 
Con el respaldo de varios partidos de la cámara baja del Parlamento (Bundestag), Klein quiere hacer borrón y cuenta nueva, si fuera posible antes del final de la legislatura en septiembre. El ministro del Interior, Horst Seehofer, es favorable a ello. Queda por zanjar el tema de si conviene adoptar una ley única para reformar todos los textos a la vez o abordarlos uno por uno.
 
El caso más emblemático es la ley de cambio de nombres y apellidos. Promulgada en enero de 1938, esta ley allanó el camino para un decreto del ministro de Interior nazi Wilhelm Frick que obligaba a partir del 1 de enero de 1939 a "hombres y mujeres judíos a añadir respectivamente los nombres de Israel y Sara a sus nombres" oficiales, recuerda Klein.
 
Esta "'ley sobre el cambio de apellidos y nombres' fue de capital importancia para la exclusión y privación de derechos de los judíos", recuerda Thorsten Frei, vicepresidente del grupo conservador CDU-CSU en el Bundestag. La ordenanza fue derogada por los Aliados después de la Segunda Guerra Mundial. Pero el texto de 1938, despojado de su dimensión antisemita, se convirtió en 1954, por decisión administrativa, en una ley federal.
 
Esta ley, que en su versión actual define los criterios para cambiar de nombre, "todavía está escrita como si el Reich aún existiera", lamenta Klein. Se usan términos como "Reich alemán", "gobierno del Reich" o "ministro del Interior del Reich". "Es absolutamente inaceptable que el lenguaje nazi continúe dando forma a nuestra ley federal en 2021", declara a la AFP Helge Lindh, jefe del grupo socialdemócrata en la comisión del Interior del Bundestag.
 
 
Una ley nazi de 1938 obligaba a los judíos a añadir los nombres "Israel" o "Sara".(teleamazonas.com)

 

"Ya era hora de enviar una señal clara mediante esta forma de desnazificación tardía", estima, y afirma que "esta confrontación con el legado del régimen nazi muestra claramente cómo el sistema jurídico alemán se ha utilizado permanentemente entre 1933 y 1945 como órgano de los nazis". Esta limpieza también debería permitir, según Lindh, que la ley se aplique a todos los ciudadanos extranjeros que viven en Alemania, no solo a los alemanes.
 
La ley de cambio de nombre es la más emblemática, pero hay al menos otros 28 textos que datan de la época nazi y posiblemente hasta 40, según Lindh. "Otras leyes y reglamentos tratan cuestiones muy técnicas, como la ordenanza sobre la administración del Elba en la región de Hamburgo", explica Frei.
 
La ley sobre los profesionales de la salud no médicos, que regula parte de la práctica médica, data de 1939. Una ordenanza sobre los casinos se aplica desde 1938. La normativa de asistencia legal recíproca entre Alemania y Grecia es una reliquia de mayo de 1938.
 
Alemania ya ha derogado leyes de la era nazi, como en 1994 la criminalización de las relaciones homosexuales o, en 2019, un texto que prohíbe a los médicos anunciar que practican abortos.
 
Aunque se adoptó cuatro años después de la capitulación del 8 de mayo de 1945, la Ley Fundamental, pilar de la Alemania democrática, también es objeto de críticas desde hace años, sobre todo de la izquierda. Sus detractores piden la revisión del artículo 3 de la Constitución en el que aparece el término "raza". En 2020 la canciller Angela Merkel se declaró abierta a esta idea.
 
Irónicamente, el movimiento de extrema derecha lleva a cabo el proceso inverso, con la reincorporación de términos que durante mucho tiempo fueron tabúes, salidos directamente de la era nazi. Las manifestaciones antiinmigrantes o antimascarillas retoman el término de "traidores a la patria" (Volksverräter en alemán), popularizado por Hitler. La "prensa mentirosa", estigmatizada por los nazis, también es blanco de insultos en estas protestas.

 

Benjamín Netanyahu y la canciller alemana, Ángela Merkel, en Berlín. (GPO)

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ALEMANIA: Crímenes nazis: ¿Por qué la Justicia ha sido tan lenta?

El veredicto contra un antiguo guardia de Auschwitz se ha conocido hoy, más de 70 años después de la II Guerra Mundial

ABC/AFP, 17 JUN 2016

Reinhold Hanning, condenado a cinco años de prisión - EFE

 

La Justicia alemana, que hoy ha anunciado su veredicto contra un antiguo guardia de Auschwitz, más de 70 años después de que finalizara la Segunda Guerra Mundial, concentra las críticas por su tratamiento de los crímenes nazis, acusada de haber condenado muy poco, muy débilmente y muy tarde.

Según el historiador alemán Andreas Sander, unas 6.656 personas han sido condenadas desde 1945 por los aliados occidentales, más tarde por la RFA y posteriormente la Alemania unificada. Pero la mayoría lo han sido por denuncias o persecuciones, contra el 7% por «asesinatos en masa» como el genocidio de los judíos. Solo el 9% de las penas han pasado de los 5 años de prisión, con 166 condenas perpetuas.

La ex-RDA se ha mostrado mucho más radical, con 12.890 condenados entre 1945 y 1989 y penas más contundentes, según el jurista holandés Christiaan Rüter.
 
Aunque su balance judicial es «delicado de analizar», advierte Daniel Bonnard, de la universidad de Marbourg. Resulta difícil distinguir entre procesos contra antiguos nazis y juicios políticos, ya que durante la Guerra Fría se utilizaron presuntos vínculos fascistas para enviar a la cárcel a los críticos.
 
En los primeros años tras la derrota de la Alemania nazi, había una reticencia general a perseguir a exnazis, muchos de los cuales permanecieron en cargos administrativos y judiciales clave. Un castigo colectivo a todos los exnazis habría llevado a condenar a medio país. Daniel Bonnard explica que «decisiones políticas tomadas en 1949», durante la fundación de la República Federal de Alemania, contribuyeron a esa amnesia.
 
Ansiosos por olvidar y reconstruir un país en ruinas, muchos alemanes del Oeste siguieron negando los crímenes del pasado y rechazaron los juicios de Nuremberg al ser percibidos como «la justicia del vencedor».

La joven RFA rechazó integrar en su código legal la noción de «crímenes contra la humanidad» que permitía tener en cuenta la dimensión colectiva del Holocausto. Lo hizo en 2002, más de medio siglo después de la Segunda Guerra Mundial, pero sin efectos retroactivos.

«Con el derecho penal común, los jueces tenían las manos atadas», resume Andrej Umansky, experto en derecho penal de la Universidad de Colonia. La ley solo prescribía cadena perpetua por «homicidio agravado» y los tribunales, que «tenían ante ellos a acusados ya ancianos y bien integrados» en la sociedad, fueron ampliamente favorables a los argumentos de los acusados de que habían actuado en el marco «de un Estado dictatorial», recuerda Umansky.

Durante décadas, los tribunales exigían pruebas de que el acusado había participado directamente en un crimen. Hubo que esperar a la condena en 2011 de John Demjanjuk, un antiguo guardia de Sobidor, y un año después la de Oskar Gröning, excontable de Auschwitz, para superar esta prueba.

Por otra parte, la Justicia reservaba las condenas más contundentes a quienes habían asesinado por propia iniciativa o con particular crueldad. Los demás eran tratados como «cómplices», ejecutores «carentes de voluntad propia», revela Daniel Bonnard.

La creación en 1958 de la Oficina para la investigación de crímenes del nazismo permitió acelerar los procesos. Pero habían pasado ya muchos años desde la guerra y los recuerdos de los testigos se diluían, debilitando la acusación.

Además, en 1968 tres líneas se deslizaron en una ley forjada por Eduard Dreher, un jurista con pasado nazi que dieron lugar a la discreta prescripción de un buen número de procesos de complicidad por asesinato. Los miembros de la Oficina central de la seguridad del Reich (RSHA), encargada de organizar la deportación de judíos, se libraron también «pese a una importante investigación», cuenta Andrej Umansky.

Este episodio, que pasó inadvertido, resurgió en 2012 con la novela «El caso Collini», del abogado Ferdinand Von Schirach, que provocó una tormenta mediática. El mismo año se creó una comisión independiente para investigar el pasado nazi en el Ministerio de Justicia.

 

El abogado Ferdinand Von Schirach, autor de la novela "El caso Collini" (2012)

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