EL ENIGMA NO EXISTE, por Ludwig Wittgenstein

 

EL ENIGMA NO EXISTE, por Ludwig Wittgenstein

Wittgenstein
Ludwig Wittgenstein

“Es claro que la ética no tiene nada que ver con castigos y recompensas en el sentido habitual. Por ello, la pregunta por las consecuencias de una acción tiene que carecer de importancia. Pero, a pesar de todo, en la pregunta planteada tiene que haber algo que sea correcto. Ciertamente, tiene que haber algún género de castigo y recompensa éticos, pero éstos tienen que residir en la propia acción. La solución del enigma de la vida en el espacio y en el tiempo reside fuera del espacio y del tiempo. (No son problemas de la ciencia natural los que han de solucionarse aquí.) El enigma no existe. El escepticismo no es irrefutable, sino un sinsentido obvio, pues quiere plantear dudas allí donde no se puede preguntar. Sentimos que, aún cuando todas las posibles preguntas científicas hayan obtenido una respuesta, nuestros problemas vitales ni siquiera se han tocado. Existe en efecto lo inexpresable. Tal cosa resulta ella misma manifiesta; es lo místico. De lo que no se puede hablar, hay que callar la boca.”

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EL ENIGMA NO EXISTE

Por Ludwig Wittgenstein

El infinito enigma - Dalí

 

El sentido del mundo tiene que residir fuera de él. En el mundo todo es como es y todo sucede como sucede; no hay en él valor alguno y, si lo hubiera, no tendría ningún valor. Si hay algún valor que tenga valor, tiene que residir fuera de todo lo que sucede y de todo lo que es de esta y aquella manera. Pues todo lo que sucede y todo lo que es de esta y aquella manera es accidental. Lo que lo hace no ser accidental no puede residir en el mundo pues, en tal caso, esto sería a su vez accidental. Tiene que residir fuera del mundo.

Es por ello por lo que no puede haber proposiciones éticas. Las proposiciones no pueden expresar nada que sea más elevado.

Es claro que la ética no consiente en que se la exprese. La ética es trascendental. (Ética y estética son uno y lo mismo.)

Lo primero que se nos viene a las mientes al proponer una ley ética de la forma “Debes…” es: “¿Y qué, si no lo hago?”. Es claro, sin embargo, que la ética no tiene nada que ver con castigos y recompensas en el sentido habitual. Por ello, la pregunta por las consecuencias de una acción tiene que carecer de importancia. Al menos esas consecuencias no pueden ser eventos. Pero, a pesar de todo, en la pregunta planteada tiene que haber algo que sea correcto. Ciertamente, tiene que haber algún género de castigo y recompensa éticos, pero éstos tienen que residir en la propia acción. (Y es claro también que la recompensa tiene que ser algo agradable y el castigo algo desagradable.)

No se puede hablar de la voluntad como sujeto de lo ético. Y la voluntad como fenómeno interesa sólo a la psicología.

Si la buena o mala voluntad cambian el mundo, sólo pueden cambiar los límites del mundo, no los hechos; no lo que puede expresarse por medio del lenguaje. Dicho brevemente: el mundo tiene que convertirse en otro completamente distinto. Tiene que, por así decirlo, disminuir o aumentar como un todo. El mundo del que es feliz es diferente del de aquél que es infeliz.

Así también, a la hora de la muerte, el mundo no cambia, se termina.

La muerte no es un evento de la vida. De la muerte no tenemos vivencia alguna. Si por eternidad no entendemos duración temporal infinita, sino intemporalidad, entonces vive eternamente el que vive en el presente. Nuestra vida carece de final en la misma medida en que nuestro campo visual carece de límites.

La inmortalidad temporal del alma humana, es decir, su eterna supervivencia, incluso después de la muerte, no sólo no está garantizada en modo alguno, sino que, sobre todo, esta suposición no sirve en absoluto para lo que siempre se ha pretendido alcanzar con ella. Pues ¿se resuelve algún enigma porque yo viva eternamente? ¿No es quizá esa vida eterna tan enigmática como la presente? La solución del enigma de la vida en el espacio y en el tiempo reside fuera del espacio y del tiempo. (No son problemas de la ciencia natural los que han de solucionarse aquí.)

Para lo que es más elevado resulta absolutamente indiferente cómo sea el mundo. Dios no se revela en el mundo.

Los hechos, todos ellos, pertenecen sólo a la tarea, no a la solución.

Lo místico no consiste en cómo sea el mundo, sino en que sea.

La visión del mundo sub specie aeterni consiste en verlo como un todo, un todo limitado. El sentir del mundo como un todo limitado es lo místico.

Si una respuesta no puede expresarse, la pregunta que le corresponde tampoco puede expresarse. El enigma no existe. Si una pregunta puede llegar a plantearse, entonces también se le puede dar una respuesta.

El escepticismo no es irrefutable, sino un sinsentido obvio, pues quiere plantear dudas allí donde no se puede preguntar. Pues una duda sólo puede existir allí donde existe una pregunta; una pregunta sólo donde existe una respuesta y esta última sólo donde puede decirse algo.

Sentimos que, aún cuando todas las posibles preguntas científicas hayan obtenido una respuesta, nuestros problemas vitales ni siquiera se han tocado. Desde luego, entonces ya no queda pregunta alguna; y esto es precisamente la respuesta.

La solución al problema de la vida se trasluce en la desaparición de este problema. (¿No es ésta acaso la razón por la que los hombres a los que, después de intensas dudas, les resultó claro el sentido de la vida, no pudieran decir, en este momento, en qué consistía tal sentido?)

Existe en efecto lo inexpresable. Tal cosa resulta ella misma manifiesta; es lo místico.

El método correcto en filosofía consistiría propiamente en esto: no decir nada más que lo que se puede decir, esto es: proposiciones de la ciencia natural -algo, por tanto, que no tiene que ver con la filosofía-; y entonces, siempre que alguien quisiese decir algo metafísico, demostrarle que no había dado significado alguno a ciertos signos de las proposiciones. Este método no sería satisfactorio para la otra persona -no tendría la sensación de que le estábamos enseñando filosofía-, pero tal método sería el único estrictamente correcto.

Mis proposiciones son elucidaciones de este modo: quien me entiende las reconoce al final como sinsentidos, cuando mediante ellas -a hombros de ellas- ha logrado auparse por encima de ellas. (Tiene, por así decirlo, que tirar la escalera una vez que se ha encaramado en ella.) Tiene que superar esas proposiciones; entonces verá el mundo correctamente.

De lo que no se puede hablar, hay que callar la boca.

 

Descarga el ensayo de José Luís Barreiro sobre el Tractatus Logico Philosophicus de Ludwig Wittgenstein

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LUDWIG WITTGENSTEINTractatus logico-philosophicus. Editorial Tecnos, 2002. Traducción de Luis M. Valdés Villanueva.

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Wittgenstein, el filósofo judío que fue compañero de clase de Hitler

 
Algunos opinan que el odio de Hitler por los judíos nació de la envidia que sentía por su compañero que sacaba mucho mejores notas que el. Hitler repitió curso y a Wittgenstein le subieron a un curso superior. Ludwig Wittgenstein nació el 26 de abril de 1889 y murió el 29 de abril de 1951. 
 
Los caprichos del destino quisieron unir en una misma clase al genocida Adolf Hilter y al filósofo Ludwig Wittgenstein. Respecto a Hitler poco que añadir y Ludwig se convirtió en uno de los filósofos más influyentes del siglo XX.
 
Coincidieron en el mismo colegio de Linz y como eran de la misma edad, apenas 6 días de diferencia, en la misma clase. Algunos han querido ver en esta coincidencia el nacimiento del antisemitismo de Hitler, ya que Wittgenstein era de ascendencia judía. Sería más acertado decir que de existir algún tipo de animadversión entre ellos, sería por la envidia que podría tenerle Hitler a Wittgenstein… comenzaron juntos pero se graduaron con dos años de diferencia (Hitler repitió y a Wittgenstein lo adelantaron un curso).
 
Ludwig Josef Johann Wittgenstein (Viena, 26 de abril de 1889 - Cambridge, 29 de abril de 1951) fue un filósofo, matemático, lingüista y lógico austríaco, y posteriormente nacionalizado británico. Publicó el Tractatus logico-philosophicus, que influyó en gran medida a los positivistas lógicos del Círculo de Viena, movimiento del que nunca se consideró miembro. Tiempo después, el Tractatus fue severamente criticado por el propio Wittgenstein en Los cuadernos azul y marrón y en sus Investigaciones filosóficas, ambas obras póstumas. Fue discípulo de Bertrand Russell en el Trinity College de la Universidad de Cambridge, donde más tarde también él llegó a ser profesor.
 

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Adolf Hitler -en el centro- a los 10 años

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Adolf Hitler, Ludwig Wittgenstein y El judío de Linz

Aryse.org

 

La Parca que teje los hilos del destino es a veces caprichosa. Adollf Hitler y el filósofo Ludwig Wittgenstein coincidieron como estudiantes en la Realschule Bundesrealgymnasium Fadingerstrasse (escuela secundaria) de Linz, Austria. Una foto escolar sorprendente muestra a Wittgenstein adolescente, casi codo a codo con otro ilustre alumno del establecimiento, el joven Adolf Hitler. La fotografía, fechada en 1901, pertenece a un polémico libro escrito por la australiana Kimberley Cornish titulado The Jew of Linz: Wittgenstein, Hitler and Their Secret Battle for the Mind (1998).

Wittgenstein y Hitler asistieron a la  Realschule de Linz, una escuela estatal que contaba con unos 300 alumnos. Ambos coincidieron en la escuela durante los años 1903 y 1904, según los biógrafos de Wittgenstein. Los dos habían nacido en 1889, Hitler, el 20 de abril de 1889,  y Wittgenstein el 26 de abril. Pero aunque Hitler era tan sólo seis días mayor que Wittgenstein, les separaban dos grados de distancia en la escuela, pues Hitler estaba repitiendo un año y a Wittgenstein le habían adelantado un año. La tesis que maneja Cornish es que Hitler no sólo conoció al joven Wittgenstein, sino que lo odiaba, y que Wittgenstein fue el niño judío de sus días de escuela al que se refiere en el Mein Kamp. En pocas palabras, que Wittgenstein fue quien inspiró el antisemitismo de Hitler.

 

Familia Wittgenstein

 

«En la Realschule conocí a un joven judío. Todos estábamos en guardia respecto a nuestras relaciones con él, pero tan sólo por su reticencia y algunas acciones que nos advirtieron a permanecer discretos. Más allá de las opiniones de mis compañeros y yo mismo no había ninguna otra opinión formada hacia él … En la ciudad de Linz vivían muy pocos judíos que en el curso de los siglos se habían europeizado exteriormente y yo hasta los tomaba por alemanes… Como yo pensaba que eran perseguidos por su fe, me desagradaba escuchar comentarios en contra de ellos. De la existencia de uno odio sistemático contra el judío no tenía todavía idea en absoluto.» (HITLER, Adolf, Mein Kampf, p. 11)

Sin embargo, salvo la imagen, no existe ningún dato contundente, ninguna evidencia que demuestre que los dos niños se conociesen. Tampoco existen pruebas de que hubiera un antagonismo personal entre ellos, o que la aversión de Hitler por Wittgenstein inspirase su odio hacia los judíos, que condujo finalmente al Holocausto. También cabe señalar que Wittgenstien tuvo tres abuelos judíos, convertidos al protestantismo posteriormente, pero el propio Wittgenstein, así como su madre y su padre, fueron católicos durante toda su vida, lo mismo que Hitler.

Es interesante ver cómo Adolf Hitler se refiere a los judíos de Linz, a los que tilda de “Verräter” (“traidores”) por no apoyar la lucha a favor de la “nación” austro-alemana. El 12 de marzo de 1938, después de la anexión de Austria, en un discurso en Linz se lamentó de que estos «traidores» no estuvieran allí para recibir lecciones de historia sobre los avances del Tercer Reich.

 

Realschule, Linz

 

Otro de los argumentos de Kimberley Cornish para intentar confirmar el posible contacto con Wittgenstein es el siguiente: «Un hecho cierto es que Hitler provenía de una familia con recursos limitados, que tenía varios medios hermanos y un padre abusivo y hostil – Alois Hitler-. La familia Hitler vivía en una parcela a 30 millas de Linz. Luego de unos años el padre de Adolf Hitler tuvo problemas económicos muy fuertes a causa del mal uso de sus cultivos. Uno de los hechos más relevantes y que no se encuentra fácilmente documentado es que el padre de Hitler mandó a su hijo mayor, Alois Hitler Jr., a trabajar con una familia acaudalada de la zona. Ahí, el medio hermano de Hitler pasaría varios meses viviendo y trabajando hasta la muerte de su padre. Se afirma también que en más de una ocasión Adolf fue de visita a ver a su hermano e incluso se baraja la posibilidad de que lo sustituyera en las labores durante un período pequeño de tiempo. La familia de origen judío, una de las familias más ricas de Austria es ni más ni menos que la familia Wittgenstein.»

 

 

«Se sabe que el medio hermano de Hitler dejó la casa de los Wittgenstein y volvió a la finca familiar cuando su padre murió. Justamente el año en que muere su padre, 1903,  es el año en que coinciden Hitler y Witgenstein en la Realschule. «Como hemos dicho, anteriormente, la crítica historiográfica no observa la existencia de ninguna prueba sobre esteos posibles contactos.

Finalmente, circula por la web, atribuible o no a la escritora australiana, una supuesta carta escrita por Wittgenstein a Adolph Hitler a través del filósofo Martin Heidegger con motivo a la detención de sus hermanas en la época del Anschluss. La misiva no tiene desperdicio: «“… lo que se deja expresar, debe ser dicho de forma clara; sobre lo que no se puede hablar es mejor callar: te pido tengas humanidad, sé que no te puedo pedir más que por ellas. Hazlo por la memoria de tu hermano Alois que nunca recibió mal trato por parte de mi familia.”

Durante la Segunda Guerra Mundial la familia Wittgenstein – representada por las hermanas Wittgestein – no quiso huir de Viena y se encontraron arrinconadas por el tercer Reich. Para poder sobrevivir, cedieron al Imperio todos sus bienes inmuebles (1,7 toneladas de oro) valorados, en aquel tiempo, en 60 millones de dólares... La conclusión con éxito de estas negociaciones se requiere la aprobación personal de Adolf Hitler. Las cifras muestran lo difícil que era obtener una Befreiung. En 1939 hubo 2.100 solicitudes para una clasificación racial diferente:.. el Führer permite sólo doce.

 

El 15 de julio 1938 Paul, Hermine y Helene (las hermanas de Wittgenstein, Margarete (Gretl) tenía la nacionalidad estadounidense), al tener ascendencia judía, fueron requeridas por la nueva administración, quien formuló una instancia diciendo que estaban buscando una reclasificación racial…. Conocida como «Befreiung» la reclasificación de los judios en Mischlinge (de raza mixta) de primer o segundo grado, o de Mishchlinge (raza pura) considerado como plenamente alemán, fue posible durante el Tercer Reich desde 1935. En el invierno de 1938-1939, el Reichsbank comenzó a hacer investigaciones acerca de las grandes cantidades de moneda extranjera que poseía la familia Wittgenstein. Bajo la ley nazi, el Reichsbank tenía el poder de obligar a la familia a entregarles su dinero. Las negociaciones se complicaron a causa del desacuerdo entre Paul y el resto de la familia. Paul, que por entonces había abandonado Suiza y vivía en Estados Unidos, estaba en contra de negociar con los nazis a fin de satisfacer el perverso deseo de sus hermanas de permanecer en Austria.

A pesar de las objeciones de Paul, el resultado de estas negociaciones fue que una gran parte de la fortuna familiar fue transferida desde Suiza al Reichsbank, y la Reichstelle fúr Sippenforschung envió una declaración formal a su oficina de Viena afirmando que Hermann Christian Wittgenstein era, sin restricciones, deutschblütig. Por consiguiente, en agosto de 1939, Hermine, Helene y todos los demás nietos de Hermann Christian recibieron sus certificados en los que se afirmaba que eran Mischlinge (que tenían sangre judía) y no judíos. Posteriormente, en febrero de 1940, las autoridades de Berlín fueron aún más lejos, y publicaron una declaración afirmando que la regulación referente a los Mischlinge no era aplicable a los descendientes de Hermann Christian Wittgenstein, y que «su clasificación racial bajo la Ley de Ciudadanía del Reich [las Leyes de Nüremberg] no presenta ninguna otra dificultad». De este modo, Helene y Hermine pudieron sobrevivir a la guerra en medio de una relativa tranquilidad.

 

Anthony Blunt, Donald Duart Maclean, Kim Philby y Guy Burgess

 

Kimberley Cornish también sostiene que Wittgenstein es el principal sospechoso como reclutador de la red de espionaje de los » Cinco de Cambridge » (Guy Burgess , Kim Philby y Anthony Blunt Donald Maclean). Sin consultar los archivos soviéticos, ha llegado a la conclusión de que el reclutador real de los espías de Cambridge fue Ludwig Wittgenstein. Cornish cree que el reclutamiento se llevó a cabo en 1929, no en 1934-35, en el Trinity College de Cambridge. Según la autora los reclutadores oficiales del caso (Deutsch, Reif, Orlov y Theodor Mally) no tenía nada que ver con el Círculo de Cambridge, excepto que Mally y Deutsch eran señuelos creados para cubrir las huellas de Wittgenstein, y que fueron ejecutados más tarde por el Centro de Moscú para cubrir las huellas. Y aún más, y cuando Burgess y Maclean huyeron de Inglaterra en mayo de 1951, no debido a su exposición inminente, sino debido a que su mentor había muerto …

Así mismo Cornish considera que Wittgenstein fue el responsable de descifrar el código secreto de la máquina alemana Enigma y que lo pasó a los soviéticos, lo que permitió alcanzar las victorias en el Frente Oriental, la liberación del los campos de concentración y finalmente,  la derrota nazi. También en este caso, a pesar de la gran cantidad de material que ha surgido de los archivos de la KGB desde el colapso de la Unión Soviética , no hay evidencia de que Wittgenstein fue uno de los agentes soviéticos más importantes en el Reino Unido, o un agente estalinista en absoluto.

 

Máquina Enigma

Fuentes: 1234,

 

 


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