EL PSOE Y EL TARDOFRANQUISMO EN ESPAÑA: «Suresnes, el asalto de los jóvenes lobos a la Dirección del PSOE».

EL PSOE Y EL TARDOFRANQUISMO EN ESPAÑA

Por Germán Gorraiz, Analista

Eco Republicano, 2016

 
 
Parafraseando a Wright Mills en su libro “The Power Elite (1.956), el establishment del Estado español estaría formado por las élites financiera-empresarial, política, militar, jerarquía católica, universitaria y mass media del Estado español que serían los herederos naturales del legado del General Franco y que habrían fagocitado todas las esferas de decisión (según se desprende de la lectura del libro “Oligarquía financiera y poder político en España” escrito por el ex-banquero Manuel Puerto Ducet), iniciando asimismo una deriva totalitaria que habría ya convertido a la seudodemocracia española en rehén del establishment y que tendría como objetivo último la implementación en el próximo quinquenio del “Estado Tardofranquista”.
 
Asistiríamos pues a la escenificación de una lucha enconada entre un Tribunal Supremo, devenido en garante y tabla de salvación de las élites político-financieras del establishment inmersas en el top-ten de la corrupción, el nepotismo y el tráfico de influencias y el Tribunal Constitucional convertido en el último reducto de la resistencia democrática ante la progresiva implementación del nuevo Estado Tardofranquista. 
 
Dicho nuevo Estado beberá de las fuentes del centralismo jacobino francés y del paternalismo de las dictaduras blandas.
 

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La vida del PSOE en la Transición trascurrió de forma diferente a la de los demás partidos de la izquierda. Su actividad fue tolerada y sus militantes no sufrieron la cárcel ni la represión.

Archivo de la Transición

En una democracia muy mejorable la aportación del PSOE ha consistido en aumentar cada vez más el peso del Estado y sus injerencias en la sociedad, la educación y la economía, erosionando nuestras libertades, llegando en ciertos aspectos a situaciones que en nada se distinguen de las que son características de una dictadura

 

El Partido Socialista Obrero Español (PSOE) estuvo prácticamente desaparecido en el interior de España durante la Dictadura Franquista. En los años 70 comienza a organizarse en el interior. En 1974 Felipe González se sitúa al frente del partido (Congreso de Suresnes) e inicia un nuevo período del partido.

En 1975, con el objetivo de separarse y diferenciarse de las fuerzas democráticas que luchan contra la dictadura, constituye la Plataforma de Convergencia Democrática dividiendo a las fuerzas democráticas agrupadas un año antes en la Junta Democrática de España. En marzo de 1976 se unificaron ambos organismos constituyendo Coordinación Democrática, sin el protagonismo del PCE.

La primera reunión secreta entre Suárez y el PSOE se produjo en julio de 1976, tan solo nueve días después de ser investido Presidente Suárez, y siete días después, el 21 de julio, la reunión entre el PSOE y el Rey. En aquellas reuniones, con el argumento de la oposición de las Fuerzas Armadas, se plantea no legalizar al PCE hasta después de las elecciones en las que sí participaría el PSOE. También, en la reunión con el Rey, comienza la operación para aniquilar políticamente a Antonio García Trevijano (lider independiente de la Junta Democrática y defensor de la ruptura democrática). En esta línea y en medio de la fuerte represión existente en esos momentos en España (asesinatos de obreros en Vitoria, sucesos de Montejurra, etc.), Suárez admite ese mismo año el XXVII Congreso público del PSOE con gran despliegue de la TV pública y la presencia en Madrid de Olof Palme y de Willy Brandt y en febrero de 1977 legaliza al PSOE.

Con el apoyo público, la ilegalización de los partidos que luchan por la democracia y la fuerte financiación recibida desde Alemania, el PSOE consiguió desbancar al Partido Comunista de España en las elecciones de junio de 1977. El periódico Frankfurter Rund Schau publicó el escándalo de la entrega por parte de la Corporación Flick al PSOE de 4 millones de marcos (225 millones de pesetas de la época). Fue Felipe González quien personalmente recibió del diputado socialdemócrata alemán Hans Juergen Wischnewski una maleta repleta de marcos procedentes del consorcio alemán Flick. Sería en 1985 y con mayoría absoluta del PSOE que el Congreso de los Diputados absuelva a Felipe González.

Convertido en el partido mayoritario de la izquierda, en octubre de 1977 firma los Pactos de la Moncloa acordados entre Suárez y Carrillo, aun cuando en la calle mantiene una posición “crítica” para desmarcarse de la “pinza” entre UCD y el PCE. En 1978 integra al Partido Socialista Popular y al partido Convergència Socialista de Catalunya. En 1993 se fusiona en Euskadi con Euskadiko Ezkerra, organización procedente en buena medida de ETA (pm).

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SURESNES, EL ASALTO DE LOS JÓVENES LOBOS A LA DIRECCIÓN DEL PSOE

Por Juan Pedro Quiñonero

DIARIO 16, 02/12/1982 

PSOE, Congreso de Suresnes

 

Comienzos de los años 70. La dictadura estaba en su recta final. Las dos federaciones socialistas con mayor implantación en el <interior>- vascos y andaluces- se unen para asaltar la dirección <exterior> del PSOE y liquidar políticamente al todopoderoso y anquilosado Llopis. Es el <pacto del Betis>. En octubre de 1974 se convoca el congreso de Suresnes(Francia) y de la noche a la mañana, un hombre desconocido, Felipe González, sale elegido secretario general por las maniobras, entre los bastidores, de Alfonso Guerra. Los jóvenes socialistas iniciaban el camino hacia el poder. Los <históricos> entraban en agonía.

Por el <pacto del Betis> los socialistas del interior liquidan a los <históricos del exterior> que lidera Llopis.

Suresnes (Francia):

Juan Pedro Quiñonero, enviado especial

<En el congreso de Suresnes fue una sorpresa que saliese elegido secretario Felipe González y no Pablo Castellano, que por aquel tiempo, era, para muchos, un hombre mucho más conocido. Por otra parte, en ese congreso, como en tantas otras cosas, el que de verdad manejaba los hilos de todo el cotarro era Alfonso Guerra. Alfonso es el que montó el asalto al poder. Felipe González no era más que el que el daba la cara pública de una operación que venía de mucho tiempo atrás y que había sido dirigida por Alfonso Guerra...>

Así resumen a Diario 16 la carta oculta del congreso de Suresnes de octubre de 1974 un socialistas que tuvo una influencia considerable en la reconstrucción del socialismo democrático durante de larga marcha de la dictadura.

Felipe llegaba al poder como consecuencia final del ya histórico pacto del Betis: la unión sagrada establecida entre la más poderosa e influyente federación del PSOE durante más de veinte años (la federación del País Vasco) y los jóvenes lobos de la federación andaluza. Los hombres clave del pacto del Betis serían Nicolás Redondo y Enrique Múgica, que tenían un poder decisivo, y Alfonso Guerra y Felipe González. De los cuatro, sin duda, Felipe era el más joven, con menos experiencia, menos influencia y más inexperto. 

 

Alfil

Felipe no tenía la experiencia obrera de Nicolás Redondo, ni la experiencia militante de Múgica, ni la capacidad organizativa de Guerra. En esa encrucijada de caminos, Felipe González era sólo un <alfil>,entre otros, que la federación del País Vasco y la federación andaluza habían jugado para saltar por encima de los socialistas madrileños, como Pablo Castellano, Francisco Bustelo o los hermanos Solana, que provenían todos de familias burguesas, eran intelectuales o profesores y tenían una implantación obrera literalmente nula. Suresnes era el fin de una larga lucha: reorganización del PSOE en el interior, torpedeo y hundimiento del PSOE controlado férreamente por Rodolfo Llopis, asalto final a la cúspide del poder, que el pacto del Betis articularla con un reparto de áreas de influencia entre vascos y andaluces.

Habían transcurrido veinte años, y, de la noche a la mañana, el joven <Isidoro> desconocido e insignificante en la escena socialista internacional, participaba en el mitin final celebrado en el teatro Jean Vítar, plaza de Stalingrado, cedido graciosamente por la Alcaldía socialista de Suresnes. En verdad, las dos estrellas del Congreso fueron François Mitterrand, que iniciaba su laberíntica carrera hacia el poder con su proyecto de unión de la izquierda, y Altamirano, el célebre hombre del socialismo chileno, la estrella rutilante del momento mundial, catapultado por los dramáticos que concluirían con la caída de Salvador Allende. 

Reconstrucción

Felipe González lanzaba un discurso casi leninista, incendiario. Altamirano encarna la celebridad incendiaria del momento. Mitterrand es la oveja negra de la Internacional Socialista. Felipe es un joven sin experiencia que ha llegado al poder beneficiándose y catalputado por el azar, donde se confunden tres movimientos históricos donde él, sólo ha tenido una participación modesta y muy relativa:

 

  • Primero. Reconstrucción del PSOE del interior: A partir de las manifestaciones de 1956 y el nacimiento de la célebre ASU, en Madrid y la región centro, Boyer, Gómez Llórente, Bustelo encabezarán un movimiento esencialmente universitario e intelectual. En el País Vasco Antonio Amat es el líder histórico, con Rubial y los más jóvenes Nico Redondo y Múgica, que viene directamente del estalinismo y cuenta cómo lloró a la muerte de Stalin. En Sevilla, Alfonso Guerra será la columna vertebral de las Juventudes Socialistas. En la periferia catalana, Raventós, Pallach, intentan articular los primeros movimientos. Felipe, en esos momentos, es apenas un joven más próximo al cristianismo progresista, becado más tarde en una universidad católica (Lovaina).
  • Segundo. Reconstrucción doctrinal a partir del trabajo intelectual: Se trataba de articular un cuerpo de doctrina donde deberán beber, precisamente, los jóvenes sevillanos, que no tienen, de entrada, ni experiencia obrera, ni sindical, ni un fondo intelectual que la obra de Francisco Fernández Santos, entre otros , articulara de modo directo.
  • Tercero. Reconstrucción de los vínculos entre el PSOE del interior y las facciones socialistas del exilio hostiles al liderazgo de Llopis. La federación del Sena funcionará en Francia como caballo de batalla del interior para organizar la conspiración llamada a liquidar a Llopis políticamente. En París, socialistas históricos como Gimeno y Alvarino, socialistas jóvenes que oscilan entre Madrid y la capital francesa, como Fernandez Santos, serán los submarinos, el caballo de Troya, que dinamitaría definitivamente del poder de Llopis en la Ejecutiva socialista.

Llopis

En el congreso de Toulouse de 1970 todas esas corrientes se confunden definitivamente. Suresnes, en un marco histórico, será sólo el fin de la batalla iniciada en Toulouse. Los jóvenes lobos del interior han iniciado el asalto y han comenzado a apoderarse de la Ejecutiva del partido. El PSOE del interior tendrá una mayoría absoluta en la Ejecutiva. Llopis ha decidido el lanzamiento de un PSOE<histórico>, pero, en verdad,  Llopis ya es un cadáver político.

Isidroro - Felipe González ya se ha trasladado a Madrid. Llopis intenta agarrarse por los pelos a la Internacional Socialista. Pero Willy Brandt jugará un papel decisivo para el futuro socialista abandonando a su suerte a las viejas momias aferradas al extinto poder de Llopis, y apostando por la carta de los jóvenes socialistas del interior, presentes ya en la escena política.

En ese momento, en la primera mitad de los años setenta, al filo ya de la muerte del dictador, el PSOE, apenas cuenta con cuatro mil militantes. Pablo Castellano es una figura mucho más  visible que Felipe, sin duda. Y, en Suresnes, apenas participarán unos trescientos delegados. <Varias federaciones inflaron visiblemente sus efectivos para incrementar su poder en el partido>, comenta un socialista que participó activamente en el congreso. 

Los jóvenes

Suresnes concluía, por último, con una feroz guerra de generaciones donde históricos  y jóvenes socialistas se habían enfrentado en todas las cuestiones capitales: análisis de la escena internacional y nacional, colaboración con las fuerzas políticas en España, submarinismo y penetración de los sindicatos verticales. El exilio se osificaba, decrépito en su lenta agonía política. En el interior, la batalla social y la guerra ideológica perfilaban los grandes desafíos de la transición democrática. El <pacto del Betis> había creado las bases definitivas del núcleo dirigente que conducirla al PSOE al poder.

Y un joven desconocido, sin experiencia, sin influencia y antecedentes, era situado en la pista de carrera hacia el poder supremo, vigilado, controlado y dirigido siempre por los influyentes y todopoderosos socialistas vascos, Rubial, Amat, Redondo, y el grupo sevillano dirigido con mano de hierro por el talento organizacional de Alfonso Guerra.

 

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DE LA REBELIÓN EN EL COLEGIO RELIGIOSO A LAS POESIAS DE MACHADO

Por E,M.

DIARIO 16, 02/12/1982 

20 de mayo de 1979: el sector marxista, liderado por Francisco Bustelo, Luís Gómez Llorente y Pablo Castellano, gana el Congreso. Felipe González abandona el liderazgo y es sustituido por una gestora

 

El interés de Felipe González por los temas sociales, su despertar al mundo real, se inicia al abandonar el colegio de curas Claret. Es la <secularización> de su pensamiento. A los dieciséis años escucha la música de Joan Baez y lee la poesía de Machado en las reuniones de su pandilla. Pero su transformación ideológica surge en la Universidad, allí conoce a Alfonso Guerra. Su compromiso socialista se inicia en 1966, a la vuelta del contacto que mantiene durante un curso en la Universidad de Lovaina con el mundo de los emigrados andaluces en Europa. 

La transformación ideológica de Felipe González nació en la Universidad.

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Tiene cuarenta años, no excesivamente envejecido para su edad. Comprensión fuerte, se diría que algo grueso, con una anunciada <curva de la felicidad> en la incipiente barriga que trata de desbordar la camisa. Tez cetrina y abundante pelo moreno,  con canas que son legión en las patillas. Cecijunto, con unos ojos vivos que infunden seriedad en su mirada. Rasgo característico de su cara, que configuran la nota dominante, sus gruesos labios. 

Es un biotopo de español frecuente en la calle, en el trabajo. Parece un padre de familia sin problemas; cuando le vemos vestido con jersey y vaqueros transforma  su apariencia en la de un abrumado ejecutivo cuando se enfunda en traje oscuro. El <deseo> avisa de su procedencia andaluza. Es un hombre normal, y su normalidad le ha hecho ser la cara as conocida y trajinada en estos momentos de España y medio mundo, se trata del nuevo presidente del Gobierno socialista español: Felipe González. 

¿Cómo es el joven <Isidoro> de la clandestinidad antifranquista llegó a ser primero el jefe de los socialistas y, en meteórica carrera política, el presidente de todos los españoles que van a regir los destinos de la nación en los próximos cuatro años?

Los curas

Mayo de 1958. Está terminando el sexto curso de Bachillerato en el colegio de cursas Claret de su natal Sevilla. Desde la navidad pasada se ha ennoviado. Tiene dieciséis años y en su fuero interno comienza a rebelarse contra la estricta disciplina del<nacional-catolicismo> de los colegios religiosos de los años cincuenta. Misas, rosarios, comuniones, novenas por el fundador de la orden religiosa. Mucho tiempo a dedicar a algo tan etéreo, espiritual y poco a una muchacha, Concha Romero, con la que le gusta estar el mayor tiempo posible. 

Los estudios se resienten. Relaja su disciplina religiosa. Comienza a faltar a clase. Incluso, lo que es peor, para un colegio religioso, llega tarde. La dirección del Claret se fija en él: sale con chicas, no tiene interés en el estudio, ha bajado su rendimiento y la religión le da lo mismo. Conclusión: no puede seguir en el colegio. La <disciplina> y la <rentabilidad> del alumno son los baremos claves en los colegios religiosos hasta hace bien pocos años. <Que los chavales no den problemas y sean estudiosos>, como el adolescente Felipe González no cumplía ninguna de las dos condiciones le recomiendan que el próximo curso se matricule en otro centro, de lo contrario, se veían obligados a expulsarle.

El Instituto

Felipe no dice nada a sus padres. Es un chico juicioso que siempre ha hecho por sí mismo todos los años el <papeleo> de las matrículas. Ha acabado el bachillerato. Sus padres no sospechaban que haya decidido abandonar el Claret para matricularse de <Preu> en el Instituto San Isidoro.

Octubre de  1958: Es el inicio de la <secularización de su pensamiento>. Comienza el Preuniversitario. Ahora ningún profesor le dice si ha ido o no a misa. No tiene que guardar ninguna forma. Sigue saliendo con Concha. Se produce en Felipe la transformación que tantos otros jóvenes de su época que vivieron bajo el <manto protector> del colegio religioso y, un buen día, de san cuenta que hay todo un mundo exterior que desconocían y que salir con una chica cogidos de la mano no es pecado.

En los años siguientes, con su pandilla del barrio, se mueve cerca de las Juventudes Obreras Católicas, la JOC, de las que salieron tantos militantes antifranquistas.

Los primeros curas <progres>  trabajan en parroquias de barriadas modestas y aglutinan, a su alrededor, grupos de jóvenes. Los sábados y domingos hacen reuniones, en la mayoría de los casos en los mismos locales de la parroquia, y escuchan en un viejo <pik-up> los primeros discos de Joan Baez. De ahí, a las poesías de Machado, ávidamente leídas en manoseados libros que pasan de mano en mano y con alguna hoja de menos.

En este ambiente, Felipe González descubre su inquietud por lo social, sin proyección estrictamente política. Le explican qué es el <régimen>, cobra sentido para él palabra <franquismo>, <injusticia social>, <rojo>, <guerra civil>.

Pero su gran transformación ideológica surge en la Universidad. Algunos amigos de las JOC comienzan también Derecho como él. Les es fácil identificarse con la progresía que ya estaba en la Facultad. El uniforme de <progre>, jersey <pulligan>, pantalón vaquero, o pana, y periódico bajo el brazo, es el código para reconocerse. Después viene integrarse en un grupo o ir ampliando, con nuevas incorporaciones, el ya existente.

Guerra

Un hecho fundamental, que marcará la vida de Felipe González, es su encuentro con Alfonso Guerra. Es en 1962, año de la huelga de Asturias. Fraga Iribarne es el todopoderoso ministro de Información y Turismo. En las paredes de la Facultad aparece el anuncio de una conferencia que Fraga iba a pronunciar sobre <El rumor social>.

 

La gente, como se decía entonces, más <concienciada> , se reúne en el bar de la Facultad para ver qué se hacía ante la visita de Fraga. Felipe y Alfonso se habían cruzado por los pasillos de la Facultad en multitud de ocasiones, pero no había habido oportunidad para entablar conversación. Aquella tarde sí.

La <vanguardia> de la Facultad acuerda boicotear, en la medida de lo posible, la conferencia de uno de los más relevantes <ministros franquistas>. No se puede ir a una acción dura para intentar <reventar> en acto, cuya sala, por otra parte, estaría bien nutrida de <socialistas>, y exponerse a ser detenidos a lo tonto. Tampoco había por aquel entonces en la Universidad sevillana organización para hacer un <panfleto> y hacerlo volar durante la conferencia.

Mineros

Alguien acierta a proponer que se cante < Asturias, patria querida...> en medio de la intervención para significarle al ministro de Información que los estudiantes sevillanos se solidarizaban con los mineros asturianos. No era una canción subversiva, que se supiera. Y por cantarla, la <social> no podía detener a nadie, todo más, desalojar la sala y <pedir los carnet>.

Poco podía imaginar Fraga que en aquel grupo que le cantaba el  <Asturias, patria querida...> se encontraba un joven que veinte años después iba a ser presidente de Gobierno y él su leal oposición en una democracia parlamentaria.

 

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JOSEANTONIANOS DEL MUNDO, UNÍOS

Anguita fue premio nacional José Antonio, pero su  discurso de las dos orillas es también del marxista Sartre

Por Carles Castro

La Vanguardia, julio 1997

 

La Izquierda Unida difícilmente se convertirá en la “casa común” de la izquierda, pero corre camino de transformase en una autentica “casa de los espectros”. El último de los fantasmas resucitados ha sido el del dubitativo Hamlet, a cuenta del “ser o no ser” ante HB. 

 

antes de que julio Anguita resucitara el espectro de las purgas estalinistas –aplicado, eso sí, en una versión de terciopelo sobre los disidentes de Nueva Izquierda-, otro fantasma recorría Izquierda Unida: el de Falange Española

 

Pero, incluso, antes de que julio Anguita resucitara el espectro de las purgas estalinistas –aplicado, eso sí, en una versión de terciopelo sobre los disidentes de Nueva Izquierda-, otro fantasma recorría Izquierda Unida: el de Falange Española. Santiago Carrillo, ex secretario general del PCE, fue el primero en desempolvar el espectro al definir a Anguita como “una secuela de la revolución pendiente y una mezcla de su juventud falangista y su conocimiento tardío del marxismo y del leninismo”.  Y más recientemente, Cristina Almeida calificó el discurso de “las dos orillas” -que permite a Julio Anguita situar en el margen izquierdo a la IU, y en el derecho a los restantes partidos– de “antiguo” y José Antonio. De hecho, hace más de diez años, el propio Anguita admitió en una entrevista a la revista “Época” que en su juventud  vistió la camisa azul, cantó el “Cara al sol” e incluso ganó “un  premio humano de este personaje”.

 

De hecho, hace más de diez años, el propio Anguita admitió en una entrevista a la revista “Época” que en su juventud  vistió la camisa azul, cantó el “Cara al sol” e incluso ganó “un  premio humano de este personaje”.

 

Ciertamente, la metáfora de “las dos orillas” aparece en un texto joseantoniano: “La labor verdadera que corresponde a España y a nuestra generación es pasar de eta ultima orilla de un orden económico social que se derrumba, a la orilla fresca y prometedora del orden que se adivina”. Sin embargo, el texto no acaba ahí, pues incluye un tramo en el que se advierte que ese salto “de una orilla a otra” debe hacerse “sin que nos arrastre el torrente de la invasión de los barbaros”, sinónimo joseantonio de la revolución comunista.

Por lo tanto, es conveniente no sacar las palabras de su contexto; entre otras razones porque la metáfora de “las dos orillas” también ha sido utilizada por el filósofo marxista Jean Paul Sartre y, precisamente, para comparar las dos órdenes sociales en pugna durante la guerra fría: el capitalismo y el comunismo. 

Dicho esto, ¿es correcto definir a Julio Anguita como joseantoniano o, por lo menos, encontrar en el líder comunista ecos joseantonianos? La respuesta a esa pregunta no es fácil, ya que exige previamente delimitar el significado de un término qué no pocas personas  asocian con un pasado tenebroso. Además, un discurso joseantoniano puede aludir a la “democracia apacible”, pero también a firmar que “el ser rotas es el más noble destino de las urnas”. Y es que el pensamiento del líder falangista es variable, por cuanto responde a la exclusión del propio personaje, que culmina en su apelación a la concordia entre los españoles, ya desde el “corredor de la muerte”, poco antes de ser ejecutado en 1936.

En cualquier caso, de los rasgos ideológicos más permanentes en Primo de Rivera se desprender que las concomitancias entre el discurso del actual líder comunista español y el del fundador de la Falange solo existen a través de una forzada metamorfosis. Así, José Antonio alude en todo momento a una minoría dirigente (laaristocracia abierta”), al frente de la “revolución nacional-sindicalista”, pero no parece que ese concepto se corresponda con el de la vanguardia revolucionaria del partido leninista.

Por otra parte, la idea joseantoniana de la clase obrera como sujeto histórico es ambivalente. Primo de Rivera defiende su dignidad, pero no duda en calificar a “la plebe urbana” de “rencorosa e insolente”, mientras que Anguita emplea un tono  didáctico, entre reprobatorio y conmiserativo, para dirigirse a un “pueblo llano” seducido por los cantos de sirena del capitalismo y sus cómplices. Eso sí, los dos personajes coinciden en una radicalidad que tiene bastante de utópica, pues el líder falangista defendía la reforma agraria y la nacionalización del crédito (elementos programáticos de Izquierda Unida). Y coinciden también, aunque sin duda desde ópticas distintas, en sus renitencias hacia los nacionalismos periféricos y en su convicción de que el ciclo de la monarquía ha terminado.

RECELO HACIA LA DEMOCRACIA LIBERAL

Por último, ambos políticos expresan un parecido recelo hacha la democracia liberal a partir de una denuncia común: la del divorcio frecuente entre las libertades formales y una realidad social marcada por la desigualdad y la opresión de los débiles. En definitiva, tanto Anguita como Primo de Rivera rechazan el capitalismo liberal y el culto al dinero, aunque, sin duda, en pro de soluciones espartanas de muy distinto carácter. Así, aunque a José Antonio le angustia la injusticia y la indiferencia ante la miseria, anhela el tipo de autoridad austera y el férreo orden militar que persiguen las clases medias en los momentos de crisis agudas, lo que supone una alternativa bien diferente al totalitarismo colectivista que normalmente precede a un levantamiento popular revolucionario. Es decir, por un lado, la elemental dialéctica joseantoniana de “los puños y las pistolas, la única admisible cuando se ofende a la justicia o a la patria”, y, por otro, la sofisticada dialéctica marxista de la lucha de clases, administrada por el KGB de turno.

Sin embargo, y paradójicamente, es en el plano parlamentario donde ambos personajes interpretan papeles aun mas contrapuestos. Las inversiones de Anguita, con su carga solemnidad apocalíptica y trascendencia mística, contrastan con el estilo ágil, irónico, conciliador e incluso constructivo-salvo cuando, al sentirse ofendido, la emprendía a puñetazos con algún otro diputado- del líder falangista, bien lejos del tono metafísico  de algunos de sus escritos y de su desprecio doctrinal hacia el parlamentarismo.

Por tanto, los ecos joseantonianos en Anguita son limitados o, cuando menos, responden a las coincidencias inevitables entre dos doctrinas (falangismo y comunismo) que se presentan como alternativas totalizantes a la democracia de partidos. 

LA REVOLUCION PENDIENTE

A quienes tachan de “joseantoniano” a Julio Anguita tal vez les haya jugado una mala pasada la memoria histórica y hayan atribuido a quien no debían un discurso, imperativo y doctrinario, que proclamaba “nuestra irrevocable vocación revolucionaria frente a la instancia y los hachazos del capitalismo”, defendía las “promociones de obreros instruidos en la doctrina social de la revolución” y proponía “recorrer España llevando a los trabajadores la solidaridad de la patria, la palabra veraz de la revolución y las consignas más duras y más difíciles”. Un discurso que criticaba con ferocidad el ”socialismo domesticado en la parafernalia de la socialdemocracia”, ya que “la plutocracia siempre tuvo mucha fuerza en España, pero menos con Franco que la ha tenido en doce años de Gobierno del PSOE”. Y esto, según ese discurso, porque durante la etapa socialista, “el fantasma del hambre asoma trágicamente en muchos lugares de nuestro pueblo, y las ciudades se llenan de desheredados y ofrecen escenas patéticas, ya que el sistema socioeconómico vigente promueve millones de parados y no existe política social”.

Ese discurso defensiva, por último, la “vigencia de la revolución” frente a un “gobierno de tecnócratas exentos de emociones” y expresaba nítidas reservas a la actual monarquía constitucional: lo que “la voluntad de la nación ha decidido no es la restauración de la vieja institución monárquica gloriosamente fenecida”, sino “una monarquía limitada”.

Sin embargo, el autor de ese discurso no es Julio Anguita, sino José Antonio. Pero José Antonio Girón de Velasco, ministro de Trabajo con el general Franco.

 

El ministro de Trabajo franquista José Antonio Girón de Velasco

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