«PEQUEÑAS Y GRANDES AMBICIONES», por Antonio Gramsci. «Las pequeñas ambiciones (del individuo particular) luchan contra la gran ambición (inseparable del bien colectivo)».

LA AMBICIÓN DE COMPRENDER(NOS); LA AMBICIÓN DE SABER ESCUCHAR(NOS)

"El sueño anarquista que algunos hemos tenido alguna vez es no recibir ordenes, porque puedo asumirlas yo mismo"

No hay libertad sin responsabilidad. Son la cara y la cruz de una misma moneda. Hablamos de libertad cuando vamos a actuar y de responsabilidad cuando hemos actuado.

La libertad crea problemas: al actuar contraes responsabilidades y por eso la gente prefiere que le den órdenes, así se quita la responsabilidad del medio.

Cuando se pide libertad hay que tener claro que también se pide responsabilidad. Así hay que pensárselo. 

Por Fernando Savater (citas de la entrevista realizada por Karina Sainz Borgo)

Vozpópuli

Fernando Savater

 

"No hay libertad sin responsabilidad. Son la cara y la cruz de una misma moneda. Hablamos de libertad cuando vamos a actuar y de responsabilidad cuando hemos actuado. La libertad crea problemas: al actuar contraes responsabilidades y por eso la gente prefiere que le den órdenes, así se quita la responsabilidad del medio. Cuando se pide libertad hay que tener claro que también se pide responsabilidad. Así hay que pensárselo". 

"Al principio el confinamiento era una novedad, algo distinto, una vida insólita. Pero llevamos ya mucho con la vida insólita, sin viajar, sin reunirnos. Los viejos, como yo, no hacemos una vida muy distinta a la del confinamiento, pero los jóvenes sí. Si tuviera veinte años habría querido salir. Comprendo que estén hartos y uno puede estarlo, pero el virus sigue ahí. No es psicológico. Es un dato real. Si no estás vacunado y haces una vida libre eso tendrá consecuencias en los hospitales".

El problema de la libertad es que comporta responsabilidad

"La idea perfecta ya la plantearon algunos países nórdicos: explicar a la gente los peligros que supone salir. Eso es lo que hay que hacer, pero la mayoría de la gente no sabe qué hacer si no le dan órdenes. Si no está prohibido, no lo cumplo.  El problema de la libertad es que comporta responsabilidad. Eso implica hasta qué punto la gente ha nacido para ser esclava. Hay muchos que más o menos tenemos la pretensión de que podemos mandarnos a nosotros mismos, pero la mayoría, por lo que se ve, necesita un guardia. Se quejan de las autoridades, pero sin las autoridades no saben vivir. El sueño anarquista que algunos hemos tenido alguna vez es no recibir ordenes, porque puedo asumirlas yo mismo". 

"Se están mutilando las libertades de la gente: moverse, viajar... Eso necesita algún respaldo legal, que es lo que ahora falta, pero el Gobierno está a otras cosas y dice que cada cual se las arregle como pueda". 

"Cuando se declaró el estado de alarma, todos creíamos que esto sería cosa de 15 días, pero de pronto fueron seis meses… y seis meses con reuniones parlamentarias suspendidas. Evidentemente no es una situación normal, pero incluso en tiempos de guerra un país debe reunir a su parlamento. Una cosa es evitar contagios y otra suspender la democracia. El Gobierno ha abusado de sus poderes y ha actuado con una mezcla de capricho e ineficacia. No hay nada peor para ciudadanos que ven dar órdenes al tun-tun. Dijeron que no habría contagios, que las mascarillas no servían para nada… ¿Cómo pretenden que les crean?"

incluso en tiempos de guerra un país debe reunir a su parlamento. Una cosa es evitar contagios y otra suspender la democracia

"Los jueces solo pueden aplicar leyes. Si no hay leyes sobre la pandemia, la determinación sobre cuándo hay que cerrar bares son disposiciones, no leyes. La ley dice que podemos deambular por el país libremente. Está contemplado, pero no en una pandemia. No se le puede pedir a los jueces que inventen una legalidad. El gobierno pide que los jueces sean creativos y se inventen una legalidad". 

"El derrotado en las elecciones de Madrid fue el PSOE. Ángel Gabilondo fue el que dio la cara. Creo que Gabilondo es una persona muy honrada, pero no es un líder de masas. Le hicieron cargar con el paquete de llevar como aliado a una organización tan impresentable como Podemos. De esa manera le hicieron cargar con todas las responsabilidades del Gobierno. Muchos han votado al PP porque no le gustan los socialistas que se apoyan en separatistas y Bildu. Gabilondo no ha podido con eso". 

Todos los estados democráticos son liberales en las ideas y socialdemócratas en la redistribución económica

"Siempre ha habido gobiernos que han intentado favorecer a los suyos y hostigar a los que no lo son. A partir de la moción de censura se ha creado un Gobierno minoritario. El PSOE nunca ha tenido tan pocos parlamentarios como ahora y, sin embargo, le parecen más peligrosos al país: separatistas, comunistas, grupos que vienen del terrorismo. Este es un Gobierno que se apoya en esos mimbres y tiene posiciones radicales en lo referente a memoria histórica o un código penal basado en el género. Considera que los hombres, a priori, tienen más culpabilidad que una mujer. Eso ha creado una desafección. El Gobierno tiene mucha gente desafecta, entre la que me encuentro, y esto irá aumentando". 

 Reconozco que frente al linchamiento en las redes hay una solución muy fácil: no utilizarlas

"En una democracia actual el liberalismo y la socialdemocracia tienen que ir juntos. No hay por qué elegir uno u otro. Todos los estados democráticos son liberales en las ideas y socialdemócratas en la redistribución económica. Un partido que asume esa situación, en España, defiende la unidad del país, de género y que sepa aunar el liberalismo y socialdemocracia es necesario".

"En el caso de Ciudadanos, creo que el apoyo que han prestado al PSOE le ha causado daño. La gente votaba a Ciudadanos para que no blanqueara al PSOE. A pesar de que hayan desaparecido tanto UPyD como Ciudadanos, creo que un partido de esas características es necesario y hay que intentar recuperarlo".

 

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PEQUEÑAS Y GRANDES AMBICIONES

“Quaderni de carceri” (1926-1937)

Por Antonio Gramsci

“¿Puede existir política, es decir, historia en acto, sin ambición?

Habitualmente, las pequeñas ambiciones (del individuo particular) luchan contra la gran ambición (inseparable del bien colectivo).

La “ambición” ha asumido un significado peyorativo y despreciable por dos razones principales:

a) porque se ha confundido la ambición (grande) con las pequeñas ambiciones;

b) porque la ambición ha llevado demasiado a menudo al más bajo oportunismo, a la traición de los viejos principios y de las viejas formaciones sociales que habían dado al ambicioso las condiciones para pasar a un servicio más lucrativo y de más rápido rendimiento."

 

"Los miembros de la guilda de los pañeros de Ámsterdam", también conocido como "Los síndicos de los pañeros" de Rembrandt . Rijksmuseum (Amsterdam)

 

AMBICIONES PARTICULARES Y COLECTIVAS

En el fondo, este segundo motivo puede reducirse al primero: se trata de pequeñas ambiciones, porque tienen prisa y no quieren tener que superar dificultades demasiado grandes o correr peligros demasiado grandes.

 

se trata de pequeñas ambiciones, porque tienen prisa y no quieren tener que superar dificultades demasiado grandes o correr peligros demasiado grandes

 

Una de las características de todo jefe es la de ser ambicioso, es decir, la de aspirar con todas sus fuerzas al ejercicio del poder estatal. Un jefe no ambicioso no es un jefe, es un elemento peligroso para sus seguidores: es un inepto o un bellaco.

Recuérdese la afirmación de Arturo Vella: “Nuestro partido no será nunca un partido de gobierno”, es decir, siempre será un partido de oposición.

Pero ¿qué significa esto de proponerse permanecer siempre en la oposición? Significa preparar los peores desastres porque, si estar en la oposición es cómodo para los oponentes, no es “cómodo” (según las fuerzas de la oposición y su carácter, naturalmente) para los dirigentes del gobierno, los cuales deberán plantearse, al llegar a un cierto punto, el problema de destruir y dispersar la oposición.

La gran ambición, además de ser necesaria para la lucha, no es ni mucho menos despreciable desde el punto de vista moral; al contrario: todo depende de si el “ambicioso” se eleva después de haber hecho el desierto a su alrededor o si su elevación se condiciona conscientemente a la elevación de todo un estrato social y de si el ambicioso ve precisamente su propia elevación como un elemento de la elevación general.

 

todo depende de si el (gran) “ambicioso” se eleva después de haber hecho el desierto a su alrededor o si su elevación se condiciona conscientemente a la elevación de todo un estrato social y de si el ambicioso ve precisamente su propia elevación como un elemento de la elevación general

 

Habitualmente, las pequeñas ambiciones (del individuo particular) luchan contra la gran ambición (inseparable del bien colectivo). Estas observaciones sobre la ambición se pueden y deben relacionar con otras sobre la llamada demagogia.

 

 

PEQUEÑAS Y GRANDES AMBICIONES

Demagogia” quiere decir muchas cosas: en sentido peyorativo significa utilizar las masas populares, sus pasiones sabiamente excitadas y alimentadas, para los propios fines particulares, para las pequeñas ambiciones propias (el parlamentarismo y el electoralismo ofrecen un terreno propicio para esta forma particular de demagogia, que culmina en el cesarismo y en el bonapartismo con sus regímenes plebiscitarios).

 

Demagogia” quiere decir muchas cosas: en sentido peyorativo significa utilizar las masas populares, sus pasiones sabiamente excitadas y alimentadas, para los propios fines particulares, para las pequeñas ambiciones propias

 

Pero si el jefe no considera las masas humanas como un instrumento servil, bueno para alcanzar sus propios objetivos y para arrojarlas a la cuneta una vez alcanzados, sino que tiende a alcanzar objetivos políticos orgánicos de los que estas masas son el necesario protagonista histórico, si el jefe lleva a cabo una obra “constituyente” constructiva, se tiene, entonces, una “demagogia” superior; las masas no pueden dejar de ser ayudadas a elevarse con la elevación de individuos aislados y de estratos “culturales” enteros.

 

El “demagogo”, en sentido peyorativo, se presenta como insustituible, crea el desierto a su alrededor, destruye y elimina sistemáticamente los posibles concurrentes, quiere entrar en contacto con las masas directamente. Se trata de lo que Michels ha llamado el “jefe carismático

 

El “demagogo”, en sentido peyorativo, se presenta como insustituible, crea el desierto a su alrededor, destruye y elimina sistemáticamente los posibles concurrentes, quiere entrar en contacto con las masas directamente (plebiscito, etc.; gran oratoria, efectos teatrales, aparato coreográfico fantasmagórico): se trata de lo que Michels (*) ha llamado el “jefe carismático”.

 
Robert Michels: "tanto en autocracia como en democracia siempre gobernará una minoría"

AFÁN DE PROTAGONISMO Y BIEN COLECTIVO

El jefe político de gran ambición, en cambio, tiende a suscitar un estrato intermedio entre él y la masa, a suscitar posibles “concurrentes” e iguales, a elevar el nivel de capacidad de las masas, a crear elementos que puedan sustituirle en la función de jefe.

Piensa de acuerdo con los intereses de la masa y éstas quieren que un aparato de conquista y de dominio no se derrumbe por la muerte o la incapacidad del jefe único, precipitando nuevamente a la masa en el caos y la impotencia primitivos.

Si es cierto que todo partido es partido de una sola clase, el jefe debe apoyarse en ésta y formar con ella un estado mayor y toda una jerarquía; si el jefe es de origen “carismático” debe renegar de su origen y laborar para hacer orgánica la función de dirección: orgánica y con los caracteres de permanencia y continuidad.

 

 

(*) Nota Punto Crítico: Robert Michels, sociólogo alemán, alumno de Max Weber, autor de la llamada "ley de hierro de las Oligarquías", quien, partiendo del Socialismo, acabó convirtiéndose en Fascista, llegando a ser nombrado "Jefe de los Jueces", en la Italia de Mussolini.

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ANTONIO GRAMSCI, Política y sociedad, traducción y selección de “Quaderni de carceri” (1926-1937), a cargo de Jordi Solé-Tura, Ediciones Península, 1977. [FD, 21/06/2006] Tomado de Filosofía Digital - 2006

 

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