Almirante Canaris (Película)

CANARIS EN ESPAÑA

La neutralidad de España durante la Primera y la Segunda Guerra Mundial convirtió a nuestro país en un auténtico nido de espías de los servicios secretos de uno y otro bando. La relación del almirante Canaris, director del Abwehr, el servicio de inteligencia nazi, con nuestro país, se remonta a su trabajo como agente secreto en la Gran Guerra y tuvo continuidad en su amistad personal con Franco, para el que consiguió el apoyo de Alemania en el esfuerzo bélico durante la Guerra Civil. Los consejos del almirante influyeron en la decisión definitiva tomada por el dictador español de no intervenir en la Segunda Guerra Mundial.

Por José Luis Hernández Garvi

 

Wilhelm Canaris nació el 1 de enero de 1887 en la localidad de Aplerbeck, distrito de Dortmund. Era el menor de los tres hijos del matrimonio formado por Carl Canaris, director de unos altos hornos, y de su esposa Auguste Amélie Popp. El joven Wilhelm creció en un ambiente de familia acomodada y desde muy pequeño llamó la atención de todos por su inteligencia y dotes de observación. En el colegio demostró estar especialmente dotado para los idiomas y antes de cumplir los dieciocho años hablaba inglés y francés con fluidez. También era un ávido lector que absorbía la información contenida en todos los libros que leía, especialmente los de Historia y Geografía.

Sus lecturas influyeron decisivamente en él a la hora de elegir cuál iba a ser su profesión. Wilhelm pertenecía a una familia que tradicionalmente se había dedicado a los negocios industriales y cuando les anunció su deseo de convertirse en oficial de la Marina Imperial la noticia causó una lógica conmoción. La muerte prematura de su padre le allanó el camino y en 1905 ingresó como cadete en la Academia Naval de Kiel. Durante su formación sobresalió por su carácter discreto y dotes diplomáticas, cualidades que le serían de gran utilidad en el futuro. Finalizó su formación con buenas notas y tras recibir en 1907 su despacho como alférez de marina, fue destinado al crucero Bremen.

Enviado como barco estación a las costas de América del Sur, el Bremen inició un periplo naval que le llevó a visitar los puertos de un gran número de países iberoamericanos. Canaris aprovechó ese tiempo para aprender español y mejorar sus conocimientos geográficos y políticos de la zona. Su siguiente destino fue en la flota de torpederos del Mar del Norte, puesto que era considerado duro y difícil por las condiciones del servicio y que era aprovechado por los mandos para evaluar y curtir el carácter de los jóvenes oficiales. Como era de esperar, Canaris superó la prueba sin más problemas y tras la experiencia fue destinado de nuevo a prestar servicio en un barco de mayor porte. 

En otoño de 1912 embarcó en el crucero Dresden que partió rumbo al Mediterráneo Oriental. Después de una breve estancia en Turquía, el barco navegó hacia América del Sur para sustituir al Bremen. La experiencia y los conocimientos adquiridos por Canaris en travesías anteriores fueron de gran utilidad para el capitán Köhler, comandante del Dresden. Ascendido a teniente primero, el joven Wilhelm tendría muy pronto ocasión de demostrar sus capacidades.

Durante la revolución mexicana, la ciudad de Tampico fue escenario de violentos enfrentamientos entre las tropas gubernamentales del presidente Huerta y las fuerzas revolucionarias. Un gran número de extranjeros se vieron atrapados en medio de los combates, sin posibilidad de escapar cuando los barcos de las potencias europeas se retiraron de las aguas territoriales mexicanas. Únicamente el Dresden se mantuvo cerca de la costa, lo que le permitió rescatar a varios cientos de ciudadanos norteamericanos. Cuando en julio de 1914 dimitió Huerta, de nuevo el crucero alemán alcanzó protagonismo al recibir la orden de trasladarlo hasta su exilio en Kingston, la capital de Jamaica. En todas estas misiones, Canaris jugó un papel destacado, ejerciendo como intérprete y ayudando a Köhler en sus gestiones.
 
Tras su agitada travesía sudamericana, el Dresden debía regresar a Alemania pero el estallido de la Primera Guerra Mundial trastocó los planes. El crucero recibió entonces la orden de atacar a los barcos aliados que navegasen a lo largo de las costas del continente americano. Después de varias acciones de combate, el barco se dirigió hacia Valparaíso para cargar carbón y aprovisionarse de alimentos. Formando parte de la escuadra del Conde Spee, el Dresden fue el único barco superviviente del enfrentamiento mantenido con una flota inglesa frente a las costas del archipiélago de las Malvinas. Sin apenas carbón ni víveres en sus bodegas, el crucero encontró refugio en las bahías y canales desolados bajo soberanía chilena en la Tierra del Fuego.
 
El 9 de marzo de 1915, mientras el barco alemán permanecía forzosamente anclado, apareció en el horizonte la silueta del Glasgow, uno de los cruceros ingleses de la flota que intentaba descubrir su escondite. A pesar de la superioridad artillera del navío británico, la tripulación del Dresden se negó a rendirse y su capitán decidió hundirlo por sus propios medios antes de que lo hicieran sus enemigos. Los oficiales y marineros alemanes fueron entonces internados por las autoridades chilenas en la isla de Quiriquina bajo una relajada vigilancia. Mientras estaban confinados, Canaris decidió intentar la huida, y tras obtener el permiso del capitán Köhler planeó con meticulosidad todos los detalles de la misma. El largo viaje reunía muchos de los elementos de los libros de aventuras que le gustaba leer cuando era niño.
De Quiriquina escapó remando en un bote hasta llegar a tierra firme y su dominio del español le ayudó a cruzar los Andes a caballo. En las navidades de 1915, pisando suelo argentino, encontró refugio en casa de los von Bülow, una familia de terratenientes de origen alemán. Ya en Buenos Aires, consiguió hacerse con un pasaporte chileno falsificado a nombre de Reed Rosas y allí esperó el momento oportuno para embarcarse en un navío que lo llevase de vuelta a Europa. Durante la travesía del Atlántico a bordo de un vapor holandés, el joven Canaris no despertó ninguna sospecha entre el resto de pasajeros y tripulantes.

Antes de llegar a su destino, el barco fue interceptado por las autoridades navales británicas y desviado al puerto de Plymouth para someterlo a un riguroso registro. Todos los pasajeros fueron interrogados y cuando le llegó el turno a Canaris supo mantener la suficiente sangre fría para engañarlos. Tras superar el trámite, el barco holandés prosiguió su travesía sin más incidentes hasta llegar al puerto de Rotterdam. Desde Holanda, y gracias a su pasaporte chileno, el joven marino atravesó la frontera con Alemania y tras unos pocos días de descanso en casa de su tía Dorothea Popp, se presentó a sus superiores con un detallado informe de su aventura.

Armado con su pasaporte chileno y bajo la máscara de Reed Rosas, Canaris apareció en Madrid en el verano de 1916 sin que sepamos cómo consiguió atravesar las fronteras hasta llegar a nuestro país. En aquel momento la ciudad, como capital de un país neutral cercano a los campos de batalla europeos, se había convertido en un centro de espionaje para todas las potencias beligerantes. Bajo las órdenes de von Krohn, agregado naval en la embajada alemana en Madrid, Canaris debía buscar y preparar colaboradores en los puertos españoles que observasen los movimientos de los barcos mercantes y de guerra aliados, averiguando cuáles eran sus cargas y rutas, información de vital importancia para que pudieran ser interceptados por los submarinos alemanes. Al mismo tiempo debía contactar con los comerciantes dispuestos a suministrar los víveres, combustible y piezas de recambio que pudiera necesitar la flota alemana, así como con aquellos capitanes que se atreviesen a realizar el abastecimiento en alta mar. Su dominio del castellano y el encanto personal que irradiaba su personalidad franca y abierta, le ayudaron a cumplir de nuevo con éxito la misión encomendada.

En aquellos días, el joven, simpático y atractivo “chileno” se relacionó con lo más selecto de la sociedad madrileña de la época. A Canaris le gustaba mucho España pero llegó un momento en que su actividad como espía se hizo demasiado evidente. Decidió entonces salir del país por la puerta de atrás, confiando en que sus habilidades le ayudarían a llegar a Alemania para reincorporarse al servicio activo en la Marina Imperial.

Perseguido por los servicios de inteligencia británicos, fue interceptado cuando intentaba atravesar la frontera italiana. Encarcelado en una oscura celda, soportó los interminables interrogatorios sin revelar su verdadera identidad. En todo momento mantuvo su coartada sin contradecirse, afirmando que era un ciudadano chileno, hijo de madre británica, que viajaba de España a Suiza para tratarse la tuberculosis que padecía. Para hacer más creíble su relato, Canaris se mordía los labios hasta hacerse sangre que luego escupía aparatosamente. Los servicios de contraespionaje aliados no tenían nada contra él, únicamente la sospecha de que podía tratarse de un espía alemán, pero se negaban a dejarlo en libertad.

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Head of Military Intelligence Admiral Wilhelm Canaris with Reinhard Heydrich, Head of the Reich Security Headquarter, at a social evening of the Armed Forces and the SS in the old military academy in Invalidenstrasse 48 in 1935 or 1936.

 

Wilhelm Franz Canaris (Aplerbeck, Westfalia; 1 de enero de 1887 – Campo de concentración de Flossenbürg, 9 de abril de 1945) fue un oficial de la Marina Imperial y la Kriegsmarine que participó en la Primera y la Segunda Guerra Mundial.

Llegó a ser almirante y jefe de inteligencia de la Marina Imperial y el ejército alemán durante el nacionalsocialismo en Alemania. Fue jefe de la Abwehr y uno de los cabecillas en varias conspiraciones contra Hitler, principalmente en la Operación Valquiria, del 20 de julio de 1944, por la que fue condenado a la horca. (Wikipedia)

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Almirante Canaris

Dirigida por Alfred Weidenmann

 

 

FICHA TÉCNICA:

Título original: Canaris 

Año: 1954

Duración: 112 min.

País:  Alemania del Oeste (RFA)

Dirección: Alfred Weidenmann

Guion: Erich Ebermayer, Herbert Reinecker

Música: Siegfried Franz

Fotografía: Franz Weihmayr (B&W)

Reparto: O.E. Hasse, Barbara Rütting, Adrian Hoven, Martin Held, Wolfgang Preiss, Peter Mosbacher, Charles Régnier, Franz Essel, Alice Treff, Herbert Wilk, Klaus Miedel, Arthur Schröder, Ilse Fürstenberg, Otto Graf, Arno Paulsen, Walter Tarrach

Productora: Fama-Film

Género: Drama | Biográfico. II Guerra Mundial. Nazismo

Sinopsis: Basada en la historia de Wilhelm Franz Canaris, veterano de las dos Guerras Mundiales conocido con el sobrenombre de Pequeño Almirante debido a su baja estatura. Con la subida al poder del nazismo, Canaris llega a jefe de inteligencia de la Kriegsmarine y la Wehrmacht. Pero el horror que le produce conocer en primera persona el trato que se les da a los judíos lo lleva a facilitar información incompleta a Hitler y evitar, así, que éste inicie determinadas campañas bélicas. Debido a sus conocimientos de español, Canaris viaja a España para tratar de convencer a Franco de aliarse con Alemania en la Guerra, pero Canaris le aconseja al dictador español que se mantenga al margen… (FILMAFFINITY)

Premios: 1954: 4 Premios del cine Alemán: incluyendo mejor película y director

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HISTORIAS DE ESPÍAS

Richard Bassett. El enigma del almirante Canaris: Historia del jefe de los espías de Hitler. Trad. Gonzalo G. Djembé. Barcelona: Crítica, 2006.

«Si la derrota de Alemania iba a representar una calamidad, la victoria de su país supondría una catástrofe todavía más grave». (p. 193).

Por DIEGO NAVARRO BONILLA

 

El almirante Wilhelm Canaris es uno de esos personajes sorprendentes que ocupan un lugar preeminente en toda historia del espionaje. Su derrotero vital y la inevitable leyenda tejida en torno a su nombre le convirtieron en una referencia inexcusable desde mucho antes de su ejecución en las postrimerías de la Segunda Guerra Mundial. Un carácter mítico, heredero de una cierta tradición de caballerosidad en la guerra que fue forjado desde los inicios de su carrera militar como subteniente y oficial jefe de inteligencia del navío Dresden en 1915 tras haber conseguido burlar repetidamente a sus encarnizados perseguidores británicos con el HMS Glasgow a la cabeza, tras la batalla de las Falkland (diciembre 1914). Esta nueva biografía se suma a las existentes sobre el almirante entre las que deben citarse las clásicas de Kart Heinz Abshagen y Heinz Hoehne. 1

Comenzaremos diciendo que uno de los valores de esta nueva aportación reside en el trabajo heurístico del autor que ha posibilitado la consulta e incorporación de algunas fuentes documentales inéditas hasta el momento. Tanto los archivos civiles como los militares alemanes no destruidos durante la contienda se completan con los testimonios estrictamente personales y familiares coetáneos, como los aportados por personas que trabajaron en el entorno próximo del almirante. Es el caso de su secretaria personal, Inge Haag. A pesar de ello, la imposibilidad de consultar fondos soviéticos relativos al período de 1943-1945 o las restricciones experimentadas por el autor en los archivos británicos siguen siendo obstáculos relevantes no sólo para hacer avanzar el conocimiento del almirante en este caso, sino para llevar a cabo investigaciones sobre numerosos aspectos de la inteligencia de la Segunda Guerra Mundial todavía por realizar.

Este es, por tanto, un libro de Historia de la Inteligencia a través de la biografía de uno de sus principales protagonistas durante buena parte de la primera mitad del siglo XX. Pero es a su vez la biografía de un conjurado contra el régimen nazi que, desde su privilegiada posición como jefe de la inteligencia militar alemana, pagó con su vida la alta traición a raíz de su implicación indirecta en la intentona fallida de acabar con la vida de Hitler en el célebre episodio ejecutado por Von Stauffenberg. Es también la historia de un militar alemán profundamente comprometido con el honor de su patria cuya indisimulada anglofilia sólo era superada por su visceral anticomunismo. Con estos parámetros y condicionantes personales se entenderían los importantes y ultra secretos lazos tendidos entre la Abwehr de Canaris y el SIS británico dirigido por Stewart Menzies. Ambos fueron protagonistas, merced a su fobia antibolchevique compartida, de uno de los axiomas fundamentales en la historia de la inteligencia: no hay servicio secreto que se precie que no establezca siempre un canal de comunicación secreto con el enemigo incluso en tiempos de guerra. Y este es precisamente uno de los pi- lares fundamentales de la exposición de Bassett ya que su libro dedica numerosas páginas a certificar las constantes ocasiones en que Canaris acabó convirtiéndose, probablemente sin pretenderlo oficialmente, en el mejor agente alemán al servicio de los intereses británicos durante la Segunda Guerra Mundial. Sirva como ejemplo el puntual conocimiento que Londres tenía de una imposibilidad de invasión alemana de las islas gracias a la información subrepticiamente suministrada por Canaris por medio del espionaje español en 1940. O la relevante partida de ajedrez en la que se había convertido el tablero español durante la Guerra Civil, pues en España no sólo se ventilaba la victoria de Franco frente a la República sino, en un doble o triple nivel de intereses mucho más elevados y ocultos, Canaris trabajaba secretamente para impedir que España entrase en la Segunda Guerra Mundial y se vieran comprometidos los intereses británicos en el Estrecho. Años más tarde Canaris también jugó su otra baza internacional: favorecer un posible acuerdo de paz germano-británico en 1943 que dejaría aislada a la Unión Soviética, intentos que venían siendo saboteados sistemáticamente por otro spymaster digno del almirante Canaris: el no menos célebre Harold «Kim» Philby al servicio de Moscú.

Pero también debemos ponderar el interés de este libro por cuanto la historia de Canaris es también la historia de una íntima vinculación entre un jefe de espías legendario y la inteligencia española de la primera mitad del siglo XX. Existe un valor añadido de carácter particular para la historia de los servicios de inteligencia españoles de la época habida cuenta de la intensísima relación verificada entre Canaris y España, algo que ya había sido tratado por León Papeleux y André Brissaud. 2 De la lectura atenta de este libro se entresacan datos muy relevantes acerca de la influencia alemana en la política interior y exterior de nuestro país desde los años 20 y muy especialmente durante la Guerra Civil Española y posguerra por medio de la actuación de los servicios secretos alemanes en numerosos episodios tanto en tiempo de guerra como de paz. Dentro de la política secreta de rearme alemán que trataba de soslayar el tratado de Versalles, Canaris jugará un decisivo papel hacia 1925 cuando intensifique los contactos con la Marina Española y con los empresarios Ullmann y Echevarrieta así como con el omnipresente March y con militares que jugarían un papel capital años después como Kindelán, Martínez Anido o Jordana en su condición de Alto Comisario de España en Marruecos. En 1928 propicia acuerdos con el general Bazán, director de la policía secreta y se ponen las bases de un sólido entramado de intereses políticos, comerciales y militares que hacen de España un lugar privilegiado para ampliar la influencia alemana a través de sus estructuras de inteligencia secreta. Canaris se convierte en la llave de acceso imprescindible para la firma de todo tipo de acuerdos entre Alemania y las autoridades españolas. Su esfera de influencia llega incluso al propio monarca Alfonso XIII.

Se estudian los pormenores de los numerosos viajes del Almirante a la España de los años 20 y 30, muy especialmente el papel primordial jugado por Canaris en las conversaciones que decidieron la ayuda alemana a Franco en el verano de 1936, los posteriores contactos directos entre el cuartel general de Franco y el almirante, así como las especiales relaciones de amistad con personajes de la talla de Agustín Muñoz Grandes, también recientemente biografiado o Juan Vigón, primer jefe del Alto Estado Mayor en 1939. 3 Durante la Guerra Civil, la creciente internacionalización del conflicto propició una oportunidad única nunca vista hasta entonces: tratar de infiltrar agentes soviéticos en las filas alemanas y viceversa. Más tarde, la influencia de Canaris en las relaciones germano-españolas llegó de manera determinante a Hendaya. Según Bassett los argumentos esgrimidos por Franco sobre las dificultades de una ocupación conjunta de Gibraltar (entre ellos la necesidad de piezas de grueso calibre que Alemania no podía suministrar en ese momento) se los había proporcionado Martínez Campos quien, a su vez, los había recibido directa y secretamente de Canaris que hacía lo posible por evitar dañar los intereses británicos en el Estrecho.

El recorrido vital del almirante como responsable máximo de la Abwehr conduce a Bassett a analizar también las tensas relaciones con el resto de organismos que componían el aparato de inteligencia del III Reich, ese «nido de víboras compitiendo entre sí». La particular relación con su antiguo protegido Reinhard Heydrich ocupa una parte importante de este análisis incluyendo los famosos 10 mandamientos que regularon la esfera de actuación y las competencias entre la Abwehr y el SD, especialmente en materia de contrainteligencia. Serían precisamente los métodos de Heydrich y su organización al servicio del partido los que animaron finalmente a Canaris a socavar los cimientos del III Reich desde el corazón de los servicios secretos militares. Poco a poco, el motor de la conspiración de los militares contra Hitler pasó del grupo de generales descontentos al propio Canaris que observaba con absoluto terror la crueldad con los polacos en 1939 y los planes de eliminación masiva de 1940.

A la Abwehr de Canaris se debe una de las mayores innovaciones en la organización de la inteligencia contemporánea: el establecimiento de bases o centros de inteligencia a modo de «caballos de Troya» avanzados en el interior de las líneas enemigas antes incluso de que se desencadenasen enfrentamientos militares. Así se disponía de centros estables de suministro de información que actuaban bajo las más diversas coberturas incluso en tiempo de guerra.

Finalmente, en 1944 Canaris es cesado fulminantemente de su responsabilidad en materia de inteligencia quedando unificada bajo la dirección del SD nazi en las manos de un trío inquietante: Himmler, Kaltenbrunner y Schellenberg, cuyas memorias reeditadas recientemente también abundan en detalles sobre las particulares relaciones entre él y Canaris. 4 Los paseos conjuntos a caballo mientras se dirimían importantes asuntos relativos a la coordinación entre los servicios y la callada admiración del joven Schellenberg por el venerable Canaris alcanzó su punto culminante cuando se le encargó el arresto del almirante y, en un rasgo de caballerosidad entre espías, le permitió una salida honrosa: Schellenberg fingiría desatender momentáneamente al almirante mientras éste pasaba a su habitación y se suicidaba. Canaris no aceptó el particular ofrecimiento de Schellenberg y acudió a su trágico destino en la horca.

En suma, la necesidad que la comunidad académica internacional tiene de contar con trabajos históricos rigurosos sobre la evolución, funciones, estructura, organización y perfiles biográficos de hombres y mujeres dedicados a las tareas de obtención, procesamiento, generación de conocimiento secreto y, en general, a todas las actividades englobadas en el extenso mundo del espionaje, hace muy pertinentes estudios como el de Richard Bassett.

La historiografía española sobre los servicios de inteligencia contemporáneos ha alcanzado en los tres últimos años un nivel considerable, tanto en calidad como en cantidad de trabajos editados. El magnífico estado de la cuestión firmado por Juan Goberna es buena prueba de ello y apelo al buen hacer del autor para que continúe dicho trabajo en una necesaria actualización. 5 Las Jornadas organizadas por el Instituto de Historia y Cultura Militar y auspiciadas por el Centro Nacional de Inteligencia bajo el título «Los servicios de información en la España moderna y contemporánea» así como el volumen monográfico de la revista Arbor coordinado por Fernando García Sanz («Al servicio del Estado: Inteligencia y contrainteligencia en España, vol. 180: nº 709 (enero 2005), son pruebas recientes de este considerable aumento en la producción científica.

En esta ocasión, el libro firmado por Heiberg y Ros se suma a esta corriente de revisión de los servicios de inteligencia (bajo esta denominación agruparemos a los servicios de información, servicios secretos y servicios de espionaje) en un período de nuestra historia contemporánea tan productivo como la Guerra Civil Española. Ambos autores ya nos habían ofrecido por separado dos interesantes muestras de su conocimiento sobre el asunto. 6 Por tanto, este nuevo trabajo se suma a las ya clásicas contribuciones sobre la historia de la inteligencia, la información secreta y las estructuras, funcionamiento y organización del espionaje durante la Guerra Civil, si bien la trama oculta de Ros y Heiberg lo hace en torno a uno solo de los bandos contendientes: el franquista. Tal vez sea la tesis doctoral de Sara Núñez de Prado editada por la Universidad Complutense en 1992 (obra que sorprendentemente no se incluye entre la bibliografía consultada en el libro) el mejor intento hasta la fecha de arrojar luz sobre los servicios en el bando sublevado.7 Es por tanto deseable que las investigaciones en torno a las estructuras de inteligencia y espionaje republicanas vean pronto la luz para poder realizar un estudio comparativo de ambos «frentes silenciosos» en expresión de otro especialista en la materia, Pedro Barruso.

En la introducción, los autores señalan que se trata del primer estudio en profundidad de los servicios secretos franquistas durante la Guerra Civil Española, si bien, como hemos señalado, este carácter pionero debería contar con la contribución mencionada de Núñez de Prado. En cualquier caso, la tesis fundamental que sirve de columna vertebral a todo el libro se basa en el apoyo masivo que Franco hizo de sus numerosos servicios para consolidar su dominio político y militar sobre la España nacida de la contienda. Es de valorar el importante conjunto documental manejado (esencialmente un tercio de los fondos originales del SIPM conservados en el Archivo Militar de Ávila y desclasificados en 2003) así como parte de la primera sección del Alto Estado Mayor y los numerosos fondos custodiados en archivos italianos, franceses, británicos o estadounidenses.

El análisis de la situación preliminar de la inteligencia republicana de 1931 a 1936 arroja un resultado desalentador por lo inarticulado de un sistema mal organizado, centrado básicamente en el control y vigilancia del peligro de involución por la derecha, así como los extremistas de izquierdas que pudiesen socavar el poder legítimo de la República. Las reformas de Azaña de 1932 como ministro de la guerra son un buen punto de partida al promover la creación del Servicio Especial de la Secretaría Técnica que pasó a denominarse Sección del Servicio Especial del Estado Mayor Central. Según los autores, la inteligencia republicana anterior al 18 de julio adolecía de gravísimos problemas: por una parte los cambios incesantes en la dirección de los servicios derivados de los cambios de gobierno de la República; por otra, la división política del país, extendida a todos los ámbitos, organismos y áreas del poder público y privado, también afectó a las propias estructuras de información, seguridad y defensa del Estado republicano minando su efectividad y cohesión interna.

Ambos bandos comenzaron a crear estructuras fuertes de inteligencia entre agosto y septiembre de 1936. El pormenorizado listado de los servicios que actuaron de forma eventual o estable al servicio de Franco muestra un conjunto de características constantes. En primer lugar la heterogeneidad de servicios, tantos probablemente como facciones agrupadas en torno al bando nacional, factor al que se añadiría uno de extrema complejidad y enorme trascendencia para la victoria final de Franco: la interrelación de estos servicios con los propios enviados por la Alemania de Hitler y la Italia de Mussolini. En segundo lugar, no existió un sistema único o centralizado como tal sino un conjunto de iniciativas y servicios agrupados en torno a un empeño común italogermano-español. De hecho, una segunda línea de análisis exhaustivo de este libro se centra en la decidida y determinante actuación de la inteligencia italiana (SIM italiano, Policía Política, Ufficio I del CTV, SI Navale con la estación de radioescucha en Baleares, la agrupación en torno al Ufficio Spagna, etc.) y alemana (Abwehr de Canaris esencialmente, sección de información de la propia Legión Cóndor, estrecha colaboración entre la Gestapo y Martínez Anido como ministro de la Gobernación en 1938). A estos esfuerzos debería añadirse la contribución de la Policía Política Portuguesa a través del embajador en Lisboa, a la sazón Nicolás Franco, o el Comité Secreto de Acción Revolucionaria (CSAR-Cagoule), grupo francés de ultraderecha especializado en sabotajes y acciones encubiertas.

La consulta de los ricos archivos militares italianos permite demostrar a los autores que la participación de la inteligencia italiana en los asuntos españoles durante toda la guerra, especialmente lo referido al área mediterránea, fue considerable. No se aportan datos definitivos sobre la participación italiana en el alzamiento en las plazas africanas pero sí un claro y puntual conocimiento de lo que iba a ocurrir. A la dimensión internacional del espionaje de las potencias europeas alineadas en torno al fascismo se debe sumar el estudio que de las redes franquistas de información exterior hacen los autores. Estas redes operaban en las principales capitales europeas y muy señaladamente en los puertos en los que los buques destinados a la España republicana hacían escala. Los numerosos casos de supervisión y ejecución de sabotajes en Francia contra intereses republicanos, la vigilancia portuaria de los suministros soviéticos y las acciones de mano emprendidas en el mar Cantábrico contra navíos y embarcaciones pro republicanas nos acercan a la dimensión más violenta del frente silencioso por el que discurrieron personajes siniestros de la talla del comandante Troncoso en el sur de Francia. Precisamente en esta zona estratégica para los intereses de ambos contendientes se instaló el cuartel general (Biarritz, San Juan de Luz) del célebre Servicio de Información de las Fronteras del Norte de España, único servicio de inteligencia de carácter privado alentado por Mola, orquestado por el Conde de los Andes, dirigido por José Bertrán y Musitu y sufragado básica- mente por Francesc Cambó y March. Sin embargo, todo ello no demuestra a juicio de los autores una estructura perfectamente diseñada o un sistema organizado ni tampoco una operatividad sistemática de todos estos servicios. Aún así, Burgos fue capaz de recibir un flujo incesante y masivo de información procedente de canales y vías de obtención muy diversos, entre los que no fueron menores los alemanes e italianos cuya contribución a la interceptación de comunicaciones, al criptoanálisis y al cifrado de mensajes fue totalmente determinante durante el primer año de guerra.

El libro de Ros y Heiberg permite también comprender los orígenes, desarrollo y posterior supresión o fusión de servicios que habían desempeñado diferentes papeles y alcanzado importantes éxitos en materia de inteligencia y contrainteligencia. Tal es el caso de la absorción en febrero de 1938 del eficaz SIFNE por el SIPM del coronel Ungría, siendo a su vez éste integrado definitivamente en el Alto Estado Mayor, principal organismo de inteligencia de todo el franquismo, nacido en agosto de 1939 bajo la dirección de Juan Vigón y del jefe de su tercera sección: Martínez Campos. Tampoco es baladí la contribución de los autores a abrir posibles vías de investigación futura como la intervención de los servicios de espionaje de Franco en la unificación de todos los partidos políticos de la España nacional o el mucho más controvertido asunto de la posible participación de algunos servicios en los disturbios y luchas de Barcelona en mayo de 1937.

Entre medio de todo ello, episodios como los contactos necesarios entre Segismundo Casado, el SIPM de Ungría y la Quinta Columna de Madrid atestiguan la intervención de la inteligencia al servicio de Franco en los estertores del gobierno republicano. Incluso queda documentada la connivencia del SIPM con el POUM en una operación fracasada de asesinato de los dos principales líderes republicanos defensores de la lucha armada a ultranza: Negrín y el ministro Álvarez del Vayo.

El libro también apunta finalmente datos relevantes sobre la participación española en el espionaje a Inglaterra a favor de Alemania durante los años de preguerra y guerra mundial. Los resultados prácticamente nulos de las actividades llevadas a cabo por personajes como el periodista Luis Calvo o el controvertido Ángel Alcázar de Velasco caracterizaron el espionaje español en Inglaterra al servicio de Alemania y certificaron otra forma de agradecimiento, aunque sin resultados prácticos, a la inestimable ayuda prestada por Hitler al bando franquista durante la Guerra Civil. Otra dimensión muy ligada a la anterior fue la protagonizada por los numerosos agentes alemanes que hicieron escala en España con destino a las bases de espionaje de Reino Unido, Sudamérica, África Occidental, Estados Unidos, etc., haciendo de nuestro país durante los años 40 un verdadero santuario de la inteligencia alemana, tal y como el libro de Bassett demuestra centrándose en el almirante Canaris. De hecho, ambos libros quedan emparejados tanto por la temática como por el marco cronológico y el protagonismo de unos y otros en la escena del espionaje internacional, promoviendo por ejemplo el conocimiento de oscuros episodios de compra-venta de armas en los que el almirante siempre tenía una presencia imprescindible junto a misteriosos personajes como el todo poderoso Zaharoff, agente del gigante británico Vickers o el traficante de armas griego Bodosakis. Este último se encontraba precisamente en el centro del doble juego que Berlín estaba realizando con los vendedores de armas griegos a través de los cuales proporcionaba suministros militares a la República a cambio de divisas extranjeras, desesperadamente requeridas en Berlín. El descubrimiento por la inteligencia española de cañones alemanes Krupp tras las líneas republicanas acabó por destapar este escándalo en el que los gigantes armamentistas alemanes como Rheinmetall-Borsig también estaban implicados en la venta de armas a la República a través de los griegos.

En suma, un trabajo necesario y bienvenido que servirá más por su carácter de consulta y referencia que por su condición de investigación cerra- da. De hecho, intuimos que los autores volverán a ofrecernos futuros resultados de investigación a partir de esta colaboración conjunta de dos especialistas en la materia.

Book and Film Reviews

«REVOLUCIÓN» DE LA INTELIGENCIA

JULIA PULIDO GRAGERA

Jennifer E. Sims and Burton Gerber. Transforming U.S. Intelligence.

Washington: Georgetown University Press, 2005.

 

 


NOTAS: 

1 Kart Heinz Abshagen. Canaris: Patriot und Weltbürger. Stuttgart: Union D. V., 1948. Traducida al español por Ramón Garriga. El almirante Canaris. Buenos Aires: Espasa Calpe, 1952. Heinz Höhne. Canaris : Patriot im Zwielicht. Hamburgo : Bertelsmann, 1976.

2 León Papeleux. L´Amiral Canaris entre Franco et Hitler: le rôle de Canaris dans les relations germano- espagnoles. Tournai : Casterman, 1977. André Brissaud. Canaris : La Guerra Española y la II Guerra Mundial. Barcelona: Noguer, 1972.

3 Luis E. Tugores. Muñoz Grandes: héroe de Marruecos, general de la División Azul. Madrid: La Esfera de los libros, 2007.

4 Walter Schellenberg. Al servicio de Hitler: memorias del jefe del espionaje nazi. Barcelona: Belacqva, 2005.

1945 Morten Heiberg y Manuel Ros Agudo. La trama oculta de la Guerra Civil: los servicios secretos de Franco: 1936-1945. Barcelona: Crítica, 2006.

5 Juan Ramón Goberna Falque, «Los servicios de inteligencia en la historiografía española». Arbor, vol. 180: n.º 709 (2005), pp. 25-74.

6 Manuel Ros Agudo. La guerra secreta de Franco (1939-1945). Barcelona: Crítica, 2002, pp. 207-211: «Los servicios de información españoles». Morten Heiberg. Emperadores del Mediterráneo: Franco, Mussolini y la Guerra Civil Española. Barcelona: Crítica, 2004

7 Sara Núñez de Prado y Clavel. Servicios de información y propaganda en la guerra civil española: 1936-1939. Madrid: Universidad Complutense, 1992

 

 

 

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