NO TENGÁIS MIEDO: AL HOMBRE NO LE DAÑA LA INSTRUCCIÓN, por Tolstói

 

NO TENGÁIS MIEDO: AL HOMBRE NO LE DAÑA LA INSTRUCCIÓN, por Tolstói

“Algunos declaran francamente que no gustan de trabajar, y que por eso es menester que haya gentes de todo punto incapaces para otro género de actividades, que como esclavos, trabajen para los demás. Vosotros, como el sacrificador de Egipto, os sustraéis a sus miradas por medio de un velo misterioso; enterráis en el suelo el tesoro de ciencia que os legó la historia. No tengáis miedo: al hombre no le daña nada que sea humano. ¿Dudáis? Abandonaos al sentimiento; el sentimiento no os engañará. Confiad el campesino a la naturaleza, y veréis cómo él saca de ella lo que la historia os encargó que le transmitierais, lo que vuestros propios sufrimientos han elaborado en vosotros.”

 

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Paréceme oír a personas honradas, buenas, liberales, miembros de sociedades de beneficencia, que están prontas a dar, y que dan a los pobres, una parte de su fortuna, que han fundado y fundan escuelas, paréceme oírles decir, después de haber leído esto: «¡Eso no está bien!» Luego, moviendo la cabeza: «¿Por qué perfeccionarlos hasta ese punto?» -añadirán-. ¿Por qué inculcarles sentimientos e ideas que les pondrán en desavenencia con sus iguales? ¿Por qué hacerles salir de su esfera?»

No hablo de aquellos que, ocultando su segunda intención, dirán: «¡El gobierno será cosa fácil cuando todos quieran ser pensadores y artistas y ninguno trabaje!» Aquellos declaran francamente que no gustan de trabajar, y que por eso es menester que haya gentes de todo punto incapaces para otro género de actividades, que como esclavos, trabajen para los demás.

¿Es bueno, es malo, es necesario hacerles salir de su esfera? ¿Quién sabe? ¿Y qué puede hacerles salir de su esfera? ¿Es esto absoluto como en materia puramente mecánica: es bueno o malo añadir azúcar a la harina, o pimienta a la cerveza?

Fedka no siente el frío que le muerde a través de los jirones de su caftán; pero los problemas nuevos, las dudas, le atormentan; ¡y queréis darle tres rublos, el catecismo y el cuento como el trabajo y la humildad, que no queréis a ningún precio para vosotros, haciéndole creer que son las únicas cosas útiles al hombre! No tiene necesidad de tres rublos; el sabrá encontrarlos y cogerlos cuando sienta necesidad de ellos. A trabajar aprenderá sin vuestra ayuda, como aprendió a respirar. Él, de lo que tiene menester es de lo está limitado a vuestra vida y a la de diez generaciones vuestras, que no lo consigue con su trabajo; habéis tenido tiempo de pensar, de investigar, de sufrir; dadle, pues, el resultado de vuestros sufrimientos; de eso solo tiene menester.

Pero vosotros, como el sacrificador de Egipto, os sustraéis a sus miradas por medio de un velo misterioso; enterráis en el suelo el tesoro de ciencia que os legó la historia. No tengáis miedo: al hombre no le daña nada que sea humano. ¿Dudáis? Abandonaos al sentimiento; el sentimiento no os engañará. Confiad el campesino a la naturaleza, y veréis cómo él saca de ella lo que la historia os encargó que le transmitierais, lo que vuestros propios sufrimientos han elaborado en vosotros.

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LEÓN TOLSTÓI (1828-1910), La escuela de Yásnaia Poliana. José J. de Olañeta, Editor. Segunda edición, 2003. FD, 07/11/2011.

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