Los anarquistas (pelicula)

LOS ANARQUISTAS (2015)

Dirigida por Elie Wajeman

 

Les Anarchistes: un infiltrado en el siglo XIX

Por Bénédicte Prot

Artículo publicado el 14 de mayo de 2015 en

 

Tahar Rahim, Adèle Exachopoulos, Guillaume Gouix y Swann Arlaud en Les Anarchistes

La Croisette y los espectadores del mundo entero descubrieron a Tahar Rahim en un magnífico papel de infiltrado, hace seis años, en la excelente Un profeta [+]. El actor se ha colado así naturalmente en el papel principal del segundo largometraje de Élie Wajeman, Les Anarchistes [+], la película de apertura de la 54ª Semana de la Crítica del Festival de Cannes, que narra cómo Jean Albertini, un policía anodino a más no poder, poco hablador, bastante solo y amante de los libros (privado de padre, dice haberlo aprendido todo de Victor Hugo), recibe el encargo de espiar a un grupo de jóvenes anarquistas haciéndose pasar por uno de ellos. Estamos en 1899, tras el voto de las Lois scélérates (leyes villanas) de la IIIª República de los “asuntos” que reprimían los atentados anarquistas en vísperas de un siglo XX que verá nacer el partido socialista de Jaurès pero también la Banda de Bonnot. La banda a la que se une Jean está compuesta por el lider idealista Élisée (Swann Arlaud), Eugène el huraño (Guillaume Gouix), Biscuit, el chico del pueblo de corazón tierno (Karim Leklou), Marie-Louise la burguesa, que acoge la banda en el apartamento lujoso de su familia (Sarah Le Picard) – ¿porque, acaso son los revolucionarios más feroces otra cosa que burgueses con educación? – y por último Judith, una chica dulce y decidida que sueña con ser maestra (Adèle Exarchopoulos).

La posición de infiltrado del personaje de Rahim era el punto de partida de Wajeman, cuya primera referencia para este papel ha sido Donnie Brasco, lo cual podría sorprender si tenemos en cuenta el periodo descrito, pero su modernidad constituye la fuerza del filme. Tal como señala Charles Tesson a propósito de este título que es uno de los únicos segundos largometrajes de su última selección, no resulta fácil volver tras una primera obra tan aclamada como lo ha sido Alyah [+] (seleccionado en la Quincena de los Realizadores en 2012), menos aún con una película histórica, pero para el delegado general de la Semana, la apuesta está ganada porque la cinta se hace eco de una desilusión muy actual (reforzada por el empleo recurrente de un vocabulario más propio de nuestra época).

La voluntad del realizador era, a todas luces, la de traducir un ambiente que no difiere tanto del mayo de 68 o del principio de los años ochenta de los Baader y otros justicieros-atracadores. Sus elecciones musicales lo confirman, ya que a las imágenes sombrías y azuladas de la cinta (en oposición a los tonos vivos de algunas películas de época, a pesar de que el final del siglo XIX no fuera precisamente un periodo colorido) se superponen a menudo melodías que recuerdan el tiempo de los hippies, a quienes recuerdan estos jóvenes huérfanos que viven en “comunas” como dignos herederos de Proudhon y de Fourier y con unas costumbres muy libres. 

Wajeman tiene sin lugar a dudas un talento especial para hacer dialogar los géneros cinematográficos y las épocas pero también las filmografías (la suya, la de Rahim y la de Adèle). Entre nuestros jóvenes anarquistas, sin embargo, no faltan los desacuerdos y las contradicciones, aunque les mueva (esto incluye a Jean el policía encubierto) un mismo desprecio por esos “cerdos” burgueses y por la idea de que es el amor y no el odio lo que los guía. Judith hacia el final de la película hace ver a Jean que son nos “perdedores”, o en todo caso están perdidos, cada uno animado por razones personales diferentes. Esto explica que la película, a pesar del furor del título, tenga un aspecto bastante apagado, más allá de los tonos sombríos carentes de amarillo o de rojo, color de la chispa de una bomba qe no explotará. Sorprendentemente, en muchos sentidos, Les Anarchistes es una obra muy contenida.

Producido por 24 Mai Production y coproducido por France 2 Cinéma y Mars FilmsLes Anarchistes será distribuido en Francia por Mars Distribution. Wild Bunch se encarga de las ventas internacionales.

(Traducción del francés)

 

Los anarquistas

Artículo publicado el 9 de agosto de 2016 en
 

Reacción antes que acción

crítica de Los anarquistas (Les anarchistes, Elie Wajeman, Francia, 2015).
 
Algún día el yunque, cansado de ser yunque, pasará a ser martillo. La cita es de Mijail Bakunin, principal referente del movimiento anarquista que alcanzó su apogeo en la segunda mitad del siglo XIX, pues ya en el siglo XX el desarrollo del socialismo y la consolidación de la democracia lo confinarían a hechos y teorías cada vez más marginales. Y es que como revela la frase anterior, la doctrina de Bakunin hacía un llamamiento a la acción violenta y la destrucción regeneradora, rivalizando en su momento con las posiciones de Marx y Engels, pero luego el propio acontecer pragmático de las circunstancias sociopolíticas irían mitigando ese ímpetu inicial. En Francia fue patente esta evolución, ya que justo en 1899 es cuando se constituyó el bloque de izquierdas que en parte puso en peligro el asentamiento de la república hasta entonces en manos más conservadoras, si bien al mismo tiempo la consolidó al materializar su alternancia política y resolver con equilibrio asuntos pendientes como el caso Dreyfus. A ese mismo año clave se remonta Elie Wajeman para ambientar su segunda película como director, presentada el año pasado en el Festival de Cannes e incluida este año en la sección de Memoria del festival Atlántida de Filmin, enmarcándose así en la mirada que este certamen ha dedicado al pasado, el presente y el futuro de Europa.
 
Se titula Los anarquistas (Les anarchistes) y gira en torno a las vivencias y acciones de un grupo de individuos representativos de esta corriente en París. En concreto el metraje arranca con la confesión de uno de sus integrantes, la joven Judith Lorillard (Adèle Exarchopoulos), que asegura que se ha unido al movimiento, pese a su peligro y anunciada decadencia, nada menos que por amor, y eso le ha proporcionado la confianza que necesitaba en una etapa tan tumultuosa. Tras los créditos se nos introduce al coprotagonista Jean Albertini (Tahar Rahim), agente de policía al que su superior encarga infiltrarse en la pequeña banda de la que forma parte Judith e informar sobre sus planes y relaciones. Para ello el tal Jean debe abandonar a su prometida y su hogar, aunque tampoco deja demasiado atrás ya que es huérfano y no se le conocen amistades. Esta somera descripción de los dos personajes principales pone ya de manifiesto que Wajeman y su coguionista Gaëlle Macé introducen determinadas escenas para darles a aquellos una motivación y un background característicos, como es natural, pero lo hacen con cuentagotas y no de forma continua. Un buen ejemplo es el de la citada orfandad de Albertini, que interrumpe el relato de base en un instante dado para que él se pase por comisaría, consulte los archivos de su padre y se reúna en casa de quien fue su última mujer para intentar sacar algo en claro de su pasado. Pero al salir de la estancia, donde han aflorado sentimientos a priori impactantes, no se vuelve a saber más del tema ni el mismo ha aportado casi nada a la progresión narrativa.

«El conjunto y su discurso son meritorios gracias a su cuidado y estudiado tratamiento, pero se traiciona un tanto el mensaje que debería estar en su fondo, que no es otro que el que propugnaba Bakunin con su célebre cita, pidiendo mayor innovación y menos conformismo, más actividad y menos pasividad»

Es oportuno detenerse en este detalle porque adelanta cierta contradicción que recorre la estructura de esta película. Y es que ésta pretende ser sobre todo un estudio de personajes (character study es el término más preciso en inglés), al relegar a un segundo plano la contextualización histórica o los eventos más significativos. Por razones quizá presupuestarias, los decorados son limitados, destacando entre ellos el piso común que comparten los susodichos anarquistas (de convicción o de acompañamiento), construido con elegancia pero amueblado con austeridad. En otras palabras, no hay un gran despliegue de medios ni de extras, y así el foco se ciñe bastante al grupillo en cuestión, especialmente teniendo en cuenta que las aventuras que corre también son limitadas, ya que el grueso de la historia transcurre al margen de las mismas. Esto no es de por sí un defecto, y en principio es hasta admirable, porque muchas cintas de época suelen desbordarse al trasladarnos fuera de nuestro marco habitual y desviar la atención a múltiples hechos, sin alcanzar la profundidad concreta que deberían respecto a su esencia dramática.

El problema es que en este caso la mayoría de las interacciones que presenciamos son anticipo, secuela o derivación de propósitos y condiciones más elevados, que se dan por supuestos simplemente con la fecha indicada y la seudo profesión a la que se dedican los implicados. Estos elementos ya deberían introducir el suficiente suspense para que cobraran un significado mayor las secuencias en que se divide el libreto, y sin embargo todo aparece demasiado amortiguado, convincente pero sin chispa. Es algo decepcionante teniendo en cuenta los apasionantes actores que encarnan a los protagonistas. Exarchopoulos nos deslumbró a todos en La vida de Adèle (La vie d’Adèle – Chapitres I et II, Abdellatif Kechiche, 2013), por su innata capacidad para derrochar emoción hasta la extenuación. Aquí hay cierto rastro de ello, en especial en el desenlace, pero se le echa en falta un papel más activo. Por su parte Tahar Rahim, conocido desde Un profeta (Un prophète, Jacques Audiard, 2009), tiene unos rasgos exóticos por nacimiento que aquí se justifican por su apellido de origen italiano, pero no se aprovechan para diferenciar a su personaje de los demás policías que podrían haber cumplido su misión. Y así lo demuestra también su resolución, que resulta algo anticlimática y queda un poco en el aire. Para más detalle, el final contrasta con el comienzo: si éste se prolongaba en un primer plano de Judith durante su citada confesión y resultaba atemporal por aislarse del entorno; aquel nos muestra unas neutrales imágenes de archivo con la llegada de inmigrantes a América, forma habitual de concluir un presunto biopic y quizá otra muestra de la constreñida financiación de esta cinta. Empero lo más relevante es que confirma la paradoja que la recorre: el conjunto y su discurso son meritorios gracias a su cuidado y estudiado tratamiento, pero se traiciona un tanto el mensaje que debería estar en su fondo, que no es otro que el que propugnaba Bakunin con su célebre cita, pidiendo mayor innovación y menos conformismo, más actividad y menos pasividad.
 
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Ficha técnica
Francia, 2015. Título original: Les anarchistes.
Presentación: Festival de Cannes 2015.
Dirección: Elie Wajeman.
Duración: 101 minutos.
Guion: Gaëlle Macé & Elie Wajeman.
Productoras: 24 Mai Productions / France 2 Cinéma / Mars Films. Fotografía: David Chizallet.
Montaje: François Quiqueré. Música: Gloria Jacobsen.
Diseño de producción: Antoine Théron.
Decorados: Denis Hager.
Vestuario: Anaïs Romand.
Reparto: Tahar Rahim, Adèle Exarchopoulos, Swann Arlaud, Guillaume Gouix, Karim Leklou, Sarah Le Picard.
Premios: 2015: Premios César: Nominada a Mejor actor revelación (Arlaud)
 
 
 

 

 

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