La «NUEVA FE» y el Catecismo Neoliberal. La Política de la «Buena nueva»…. y la Dictadura judicial

CRÓNICA POLÍTICA

[1] Desde el Congreso ya no se ve la Puerta del Sol

La creativa vuelta del bipartidismo y el éxito del eje identitario-nacionalista llena de melancolía a los impulsores del 15-M
 
Por ANÍBAL MALVAR
29/05/2019

 

 

A Kike Castelló (Madrid, 1975) se le entristece la voz cuando se le pregunta si los últimos resultados electorales suponen el fin del ciclo político que arrancó, con el apolítico 15-M, en la España de 2011. 

– Aquello lo inauguramos gritando “PSOE y PP la misma mierda es”, contra los recortes de José Luis Rodríguez Zapatero, y hoy siguen gobernando los mismos con Pedro Sánchez. 

Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos. En aquel 2011, a principios, Kike Castelló era uno de los impulsores de Democracia Real Ya (DRY), un colectivo nacido en Facebook y otras redes sociales que, en muy poco tiempo, se convirtió en vocero de una amalgama de colectivos afectados especialmente por la crisis iniciada en 2008: los jóvenes sin futuro, los parados, los desahuciados, los pensionistas. En marzo, la web democraciarealya sacó a las redes un manifiesto convocando a las manifestaciones del 15-M en una sesentena de ciudades de España. El éxito fue tan arrollador que solo en Madrid hubo casi treinta detenidos. El espíritu asambleario inundó las plazas de todo el país, y el susto de los poderes fácticos fue tan grande que le echaron colirio al ojo del gran hermano y llegaron a amagar con una policía patriótica, al modo de Jorge Fernández Díaz, para vigilar a los que consideraban cabecillas de un movimiento que presumía de descabezado, silvestre, sinsombrero. Castelló fue uno de aquellos espiados, tal como pudo comprobar, y publicó, este modesto cronista tras confirmarlo con fuentes policiales.

– Ocho años más tarde, ¿no crees que, con una fórmula que podríamos denominar creativa, hemos regresado al bipartidismo?

 – Sí, con una fórmula creativa hemos regresado al bipartidismo –se limita a repetir Kike Castelló sin descabalgarse de la melancolía.

A decir del rojerío más pesimista, en el Congreso de los diputados que preside Meritxell Batet no habrá rastro ya del perfume a Puerta del Sol que entró con cinco millones de votos (incluyendo coaliciones) y 71 escaños a asaltar los cielos desde el aliento del 15-M. En sentido metafórico, ya no se repetirá más esa cara de besugo horneado que se le quedó a Mariano Rajoy cuando vio las rastas del diputado Alberto Rodríguez dirigirse hacia su escaño. 

El tiempo del asombro ha perecido, a no ser que a alguien le asombre todavía que, en la Carrera de San Jerónimo, se puedan sentar una veintena de donpelayosa caballo. Siempre hubo donpelayos a caballo en el Parlamento español, lo que pasa es que se ensordecían bajo el estruendo azul de las gaviotas. No conviene olvidar que el PP fue fundado por un fascista llamado Manuel Fraga, y que en 2007 el ministro popular Jaime Mayor Oreja definió el franquismo como “un periodo de extraordinaria placidez”. 

Ni el líder de Vox, el diputado electo Santiago Abascal, sería hoy capaz de adjetivar tan dulcemente la dictadura sin que lo corran a gorrazos. Pero algunos aguiluchos escapados de la vieja rojigualda predemocrática siempre han poseído nido en el Congreso. Lo que no había traspasado nunca el columnar de los leones, hasta 2015, eran las rastas del asombro mariano. 

El filósofo Carlos Fernández Liria es de los que no ven ya rastro de aquel 15-M en los 35 escaños que ocuparán los de Pablo Iglesias (42, sumando a los Comuns) en el recién constituido Congreso. Revolucionario de izquierdas (él dice que también existen revolucionarios de derechas) e ideólogo del Podemos germinal junto a compañeros como Luis Alegre o Santiago Alba Rico, Liria no se corta al poner nombres y apellidos a lo que le ha sucedido a la formación morada en sus cinco años de vida: “Podemos, desde 2014, no tenía otro rasgo distintivo que el de ser distinto. Cuando desaparece la calle y se disuelven los círculos, Podemos se convierte en algo bastante indiferente al PSOE. Y, además, Sánchez ha actuado bien. Ha aprovechado la estrategia suicida seguida por Pablo Iglesias e Irene Montero de convertir Podemos en Izquierda Unida. Y ese ha sido el fin político del 15-M y el fin de todo”.
 
“Podemos ha renunciado a la herencia del 15-M por completo”, continúa. “El fracaso electoral ha sido monumental en todas partes. Ha perdido diputados. Se han perdido concejales. Este batacazo ya no tiene remedio”. Mientras Liria recitaba este epitafio, el alcalde desbancado de A Coruña, el en marea Xulio Ferreiro, anunciaba su abandono de la política institucional. 
 
El doctor en Ciencias Políticas por la Universidad de Nueva York Sebastián Lavezzolo no cree, ni siquiera, que el 15-M haya entrado alguna vez en el Congreso. “Yo no veo que se rompa un ciclo, porque no creo que este periodo entre el 15-M y el presente haya constituido un ciclo. Sí es verdad que vivimos la irrupción de dos nuevos partidos que prometían subvertir el orden. Pero muy pronto esos partidos envejecieron. Demasiado pronto se consolidaron, pero ya como partidos más convencionales”.
 
De entre los 350 parlamentarios de la nueva cámara, Lavezzolo focaliza su interés investigador en uno. “Es interesante la posición que va a tener Pablo Iglesias en esta legislatura. Como político profesional sí le veo futuro, porque no ha apostado tanto como para tirar la toalla tras estos resultados. Aguantará lo imposible. Ahora, ¿le veo futuro desde el punto de vista electoral? Eso parece más complicado. Es un líder bastante desgastado. Ya no tiene ni la frescura ni el punto rompedor que tuvo al principio. Y el PSOE ha sobrevivido a su momento más tenso y más dramático: observar el peligro por su izquierda”.
 
Cuando uno se deprime escribiendo reportajes sobre las infortunadas peripecias de la izquierda española, hay un antídoto infalible para disipar desconsuelos y aflicciones: marcar el número de Juan Carlos Monedero. “Tengo la sensación de que hemos vivido una suerte de resplandor antes de que ocurra… algo –ese algoes tan enfático que debería transcribirse en mayúsculas–. Creo que, más que la muerte de la estrella, es su regeneración”.
 
Para analizar la vigencia o no de las vindicaciones regeneradoras del 15-M, primero pone contexto generacional a los tiempos: “A mis alumnos el 15-M les parece tan lejano como la movida madrileña. Tenemos que ser conscientes de que el mundo se ha acelerado. Es todo muy vertiginoso. Si te descuidas, ya no entiendes la música que suena ni cuáles son los referentes culturales”.
 
A pesar de todo, no cree Monedero que el 15-M haya muerto para la política española: “El ciclo empezó con la impugnación de la crisis/estafa, la ruptura del ascenso social, el agotamiento del bipartidismo… Todos esos asuntos son permanentes. Era un ciclo que impugnaba la derechización de la economía, el bipartidismo, la resignación, la corrupción… Todos esos elementos siguen ahí”.
 
En su irreductible optimismo, Monedero ni siquiera considera a Podemos fracasado en las últimas citas electorales, a pesar de haber perdido todas las alcaldías del cambio, exceptuando Cádiz y, quizá, Barcelona, y haberse dejado más de 850.000 votos y casi 70 diputados en doce comunidades: “Ha funcionado muy bien el sistema golpeando a la alternativa Podemos. Ya lo vimos con las cloacas mediáticas, políticas y policiales. Han hecho una tarea que no está nada mal”, constata con evidente sesgo irónico. “Pero fíjate que Podemos ha sacado 3,7 millones de votos en el peor momento que uno podría imaginar. Con la división alimentada por las cloacas mediáticas, manteniendo una posición difícil entre los dos polos del conflicto catalán, con el ascenso de Vox invitando al voto/refugio en el PSOE, y cinco años con la matraca de la financiación de Venezuela e Irán, la malversación a Hacienda, la amistad con ETA… Y, pese a todo, casi 4 millones de votos en las generales. Creo que todo esto evidencia que la impugnación que alentó el 15-M sigue abierta en Podemos”.
 
Como adelanto, la legislatura que nos espera arrancó el 21 de mayo envuelta en broncas y pataleos mientras prometían o juraban los diputados, incluidos los cuatro catalanes suspendidos por la vía rápida. Meritxell Batet, neófita en la presidencia, quizá se amilanó un poco al ver cómo del templo de la palabra se adueñaban la onomatopeya y la batukada. El paisajista pinta al PSOE institucionalizado por sus votos, con el conservadurismo que lleva implícita toda institucionalización a la española; con los gemelos Rivera y Casado dándose codazos en el pupitre sin atender demasiado a clase; con la languidez tísica del minorizado Podemos esperando curación hasta reflotar de la relativa insignificancia, y con Vox pegando voces. Los diputados independentistas ya son otra historia. O, quizá, acaben siendo la Historia.

 

SUMARIO: 

[1] Desde el Congreso ya no se ve la puerta del Sol, por Aníbal Malvar 

[2] La religión democrática y el rito electoral, por Angeles Diez Rodriguez 

[3] El límite de los plazos de instrucción frena nuevas investigaciones a tramas corruptas, por Marcos Pinheiro

[4] ¿Dónde estaba Pablo Iglesias?, por David Bollero 

[5] Los políticos dan el tono a la sociedad: «Que se joda….el desgraciado», por Candido Marquesán Millán 

[6] Preguntas sobre los  «expertos», por Rafael Poch

 

[2] El límite de los plazos de instrucción frena nuevas investigaciones a tramas corruptas

Por Marcos Pinheiro

07/06/2019

https://www.eldiario.es/politica/negativa-Gobierno-instruccion-investigaciones-corrupcion_0_907459668.html

 

El Gobierno no impulsó un decreto ley para para ampliar el límite de los plazos de instrucción, pese a ser una reivindicación unánime de las asociaciones fiscales a las que había pertenecido la ministra de Justicia

PP y Ciudadanos votaron hasta en 58 ocasiones en el Congreso a favor de la ampliación del plazo de enmiendas para retrasar la reforma

La Audiencia Provincial de Murcia ha confirmado el fin de una investigación que afectaba a una filial de ACS y al expresidente de la región Ramón Luis Valcárcel

 

La ministra de Justicia, Dolores Delgado

 

El Gobierno de Pedro Sánchez se lo marcó como una prioridad pero no cumplió. La limitación a las investigaciones penales que impuso el Gobierno de Mariano Rajoy con su mayoría absoluta sigue vigente y aboca al cierre a un nuevo caso de corrupción en Murcia.

PP y Ciudadanos bloquearon la reforma durante años con su mayoría en la Mesa del Congreso; el PSOE no la abordó desde el Ejecutivo pese a que se trataba de una reivindicación unánime de las asociaciones de jueces y fiscales.

Esta misma semana ha vuelto a suceder: se ha cerrado una investigación que afectaba a una filial de ACS, el grupo de Florentino Pérez, por las trabas que supone la norma a la hora de instruir causas penales.

La reforma del artículo 324 la Ley de Enjuiciamiento Criminal se remonta a 2015. El PP aprobó con mayoría absoluta que las causas penales tuviesen un plazo máximo de instrucción de seis meses. Transcurrido ese tiempo, la Fiscalía podía solicitar al juez que se ampliase a 18 meses más por tratarse de «una causa compleja». Cabía una última prórroga a un total de 36 meses.

Es decir, esa norma limitaba a un máximo de tres años investigaciones de corrupción que en el caso de Gürtel, por ejemplo, duró unos siete para la pieza principal. Algunas aún están en fase de instrucción. Además, planteaba dificultades añadidas: obligó a investigar más rápido en unos juzgados que no tenían medios suficientes sin aumentar los recursos y dejó en manos de los fiscales la responsabilidad de pedir la prórroga de los casos, siendo los jueces quienes tienen el control de los tiempos de los procesos judiciales.

Muchos casos se han cerrado durante estos últimos años porque la fecha ha expirado sin que el fiscal tuviese conocimiento: los expedientes no disponen de alertas y muy a menudo están en papel, así que es fácil que los plazos caduquen  El hecho de que en algunas investigaciones hubiese aforados, con el consiguiente cambio entre tribunales, también puso trabas a las investigaciones.

Esos plazos se superaron, por ejemplo, en la investigación contra el expresidente de Murcia Pedro Antonio Sánchez. Entre las distintas causas que tenía abiertas y que le llevaron a presentar la dimisión, una ahondaba en el fraccionamiento de contratos para adjudicarlos a dedo y sin concurso público a un arquitecto. Se libró de la petición de cuatro años de cárcel porque se superó el plazo de investigación, lo que obligó a anular todas las diligencias.

La norma ha obligado a cerrar otros casos, como el de los contratos fraudulentos de la Alhambra -donde había 28 imputados- o el sumario Emucesa. También ha provocado que se cierren investigaciones sobre ETA, como el caso Giménez Abad.

Esta semana ese tope a la investigación han afectado a un caso en el que se investigaba a una filial ACS. La Audiencia Provincial de Murcia ha confirmado el final de la causa sobre la desaladora de Escombreras, en la que la Fiscalía sostenía que se había creado un entramado de sociedades que provocaron un agujero de 600 millones de euros.

La fiscal del caso, Isabel Neira Campos, concluye que las compañías privadas y el Gobierno murciano, entonces presidido por Ramón Luis Valcárcel, pudieron haber amañado el contrato de la desaladora. Según el informe que elaboró con las pesquisas recogidas por la Unidad de Delincuencia Económica y Fiscal (UDEF) se había creado un entramado para dar agua a las nuevas edificaciones que se iban a levantar en pleno boom inmobiliario sin necesidad de obtener un permiso imprescindible. Estaban investigados altos cargos políticos y de ACS.

PP y Ciudadanos bloquearon la reforma

Sobre el papel hay un consenso político para derogar, o al menos reformar, el artículo 324. La práctica ha sido muy distinta. Como en tantas otras leyes, Ciudadanos unió sus votos al PP en la Mesa del Congreso para dilatar el plazo de enmiendas a una iniciativa de Unidas Podemos para acabar con ese punto de la Lecrim.

Desde junio de 2017, ambas formaciones votaron hasta en 58 ocasiones a favor de la ampliación del plazo de enmiendas sobre un texto que constaba de un solo párrafo. En la práctica, supuso la paralización del trámite parlamentario de la iniciativa y dilata en el tiempo la posibilidad de que pueda ser aprobada. Y eso a pesar de que Ciudadanos había mostrado su disposición a cambiar la ley. Cuando un roce entre ambos partidos provocó que los de Albert Rivera levantarán el veto a la iniciativa, el PP presentó una enmienda a la totalidad.

El partido de Pablo Casado defendió «gracias a esta reforma puntual, las instrucciones eternas, que en ocasiones rondaban los diez años han sido afortunadamente superadas». Lo cierto es que la formación ha llegado a echar mano del artículo 324 para tratar de frenar investigaciones en su contra, como la de la caja B.

El cambio de Gobierno dio esperanzas a las asociaciones judiciales, especialmente a los de las Fiscales. La ministra de Justicia, Dolores Delgado, pertenecía a la Unión Progresista de Fiscales (UPF), que ha comandado esta reclamación. Fueron ellos quienes a finales de 2018 advirtieron de que se iba a producir el cierre paulatino de multitud de casos que se acercaban a los tres años de investigación. El propio presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, se había comprometido poco después de la moción de censura a derogar un precepto «especialmente nocivo en la tramitación de causas complejas».

El Gobierno rechazó usar el decreto ley

Pero los meses pasaron sin avances en ese sentido. La vía parlamentaria apenas avanzó, a pesar de las advertencias de los fiscales. En las reuniones de las asociaciones con los representantes del Ministerio de Justicia se incluyó la derogación del 324 entre la lista de reivindicaciones al nuevo Ejecutivo. El Ministerio respondió que existían algunos «escollos parlamentarios» que lo impedían.

El Gobierno podía sortear esos escollos elaborando un decreto ley, pero el Ejecutivo de Sánchez decidió limitarlos para las medidas sociales, ante el aluvión de críticas ante el abuso de esa herramienta legislativa. 

El fracaso en la votación de los presupuestos y la convocatoria de las elecciones cerró definitivamente la vía parlamentaria. En una respuesta al senador de Podemos Joan Comorera, el Gobierno dejó abierta la puerta a aprobar la derogación vía decreto ley en alguno de los dos consejos de ministros que tenía antes de las elecciones. No lo hizo.

Ahora, reactivar la vía parlamentaria obligaría a presentar una nueva iniciativa en las cortes cuya tramitación se dilataría durante meses. La única opción de acelerar los trámites es que el Gobierno opte, esta vez sí, por el decreto ley. Aunque para eso habrá que esperar a que se forme el Ejecutivo. Hasta entonces, se seguirán cerrando en falso nuevos casos de corrupción por la limitación de plazos que impuso el PP.

 

[3] LA RELIGIÓN DEMOCRÁTICA Y EL RITO ELECTORAL

«Mi vecina, mi vecino y mi madre; mis colegas y amistades, acudirán a votar religiosamente… aunque ninguno espera que cambie nada».

¡Y el Capital creó la democracia y dijo: votad y creed en ella y de vosotros será el reino electoral! Esta es la forma en que se podrían encabezar las constituciones hijas de las revoluciones burguesas. Esas -escribe la progesora de sociaología de la UCM Ángeles Diez – a las que se aferran con tanta pasión liberales, conservadores, socialdemócratas, progresistas, izquierdistas, populistas y demás fauna política (…).

 

POR ÁNGELES DIEZ RODRÍGUEZ PARA CANARIAS SEMANAL (*) 

http://canarias-semanal.org/art/25303/la-religion-democratica-y-el-rito-electoral

 

¡Y el Capital creó la democracia y dijo: votad y creed en ella y de vosotros será el reino electoral! Esta es la forma en que se podrían encabezar las constituciones hijas de las revoluciones burguesas, esas a las que se aferran con tanta pasión liberales, conservadores, socialdemócratas, progresistas, izquierdistas, populistas y demás fauna política.

Pero si aferrarse al orden y al Estado de Derecho es casi un mandamiento de obligado cumplimiento para todo político que aspire a resolver sus habichuelas, el comportamiento de los electores españoles ante las múltiples citas electorales tiene difícil explicación en el campo de lo terrenal.

Veamos un ejemplo. Esta mañana, mi vecina, una profesora jubilada conservadora y creyente, tiraba a la basura un fajo de propaganda electoral que le habían buzoneado. Con cara de disgusto se quejaba de todo el dinero que se derrocha en esta propaganda y decía “además no sirve para nada”. Sin embargo, ella votará el domingo en las Elecciones Europeas, en las autonómicas y las municipales, y votó el mes pasado en las elecciones generales. Ella, igual que mi madre que afirma en cada cita electoral que “no cree en ningún partido político”- sí, utiliza la palabra creer-, votará siempre que haya elecciones, como también lo hará mi vecino el albañil que afirma que “todo esto es como en el franquismo, igualito que entonces, que da igual lo que votes siempre mandan los mismos”.

Resulta pues sorprendente, cuando se pulsa la vida cotidiana, esa combinación de incredulidad y fe al mismo tiempo. Los sociólogos llevamos años intentando explicar esta situación desde las más diversas teorías: la desafección política, el ascenso de los populismos, el voto útil, votar a la contra, etc. Pero quizá estamos buscando explicaciones racionales acordes con nuestra propia fe en el sistema político que surgió de las revoluciones burguesas y que hemos acabado por llamar democracias cuando realmente son sistemas parlamentarios representativos, bastante distantes de lo que son los principios políticos de un sistema democrático en el que el poder reside en el pueblo, existe mandato imperativo y revocabilidad de los cargos. Es decir, existe una participación real – no nominal – , los ciudadanos están organizados, opinan, toman decisiones, realizan tareas y controlan a los políticos en los que delegan.

La explicación que habría que descifrar se haya en el terreno de lo misterioso. Está recogida en la expresión gallega en relación a las meigas(brujas), dicen los gallegos que ellos “no creen en las meigas pero haberlas hailas”. Quizá se vote porque, si no se hace, puede caer una desgracia horrible, por ejemplo: si no votas estás legitimando a quien salga y seguramente será la peor opción, o estás permitiendo que salgan elegidos los fascistas de Vox, o puede volver la dictadura, o se desestabilizará el sistema político, o te quedarás sin pensión, o no habrá presupuesto para los hospitales ni para la educación, etc., etc.  

Pero también hay explicaciones aparentemente más racionales y sensatas. Por ejemplo, se recurre a un extraño sentido común de la oportunidad o de los derechos adquiridos, que identifica votar con la democracia: si tanto hemos luchado por la democracia no vamos ahora a no votar.

El gran escritor nigeriano Achinua Achebe (1)  describía en su novela “todo se desmorona” cómo los misioneros blancos destruyeron aquello que mantenía unido a los clanes. ¿Y cómo lo hicieron?, aparentemente instalando una nueva religión pero la realidad es que pudieron instalar una nueva creencia destruyendo los lazos que les mantenían unidos: la interrelación personal y la comunidad. Esta vida comunitaria fue destruida por la individualización y la intermediación:

“el blanco es muy listo. Llegó silenciosa y pacíficamente con su religión. Nos reímos de su estupidez y le dejamos quedarse. Ahora ha convencido a nuestros hermanos y nuestro clan ya no puede actuar unido. Ha cortado las cosas que nos mantenían unidos y nos hemos desmoronado”

De la misma forma que los misioneros blancos pudieron imponer sus leyes y someter a los africanos convenciéndoles de que estaban equivocados, de que sólo había un Dios al que adorar y éste era el de los blancos, así los políticos nos convencen de que sólo hay una única forma de ser demócrata y de participación política: acudir a las urnas para depositar un voto. Un voto que no obliga a los políticos sino que obliga a los votantes a aceptar sin rechistar cuatro años más de ajustes, austeridad, precarización y engorde del capital. Porque, como bien intuye el creyente, sea cual sea el resultado de las elecciones, Dios es todo poderoso y ministros tiene en toda Europa que harán cumplir su voluntad.

Y como explicaba Obierika a su amigo  Okonkwo en la novela deAchebe, todo esto pasaba porque se habían roto los lazos del clan, porque ya no se hacían asambleas donde se decidiera qué hacer cuando surgía una disputa, porque los hermanos y los hijos y las hijas seguían a un Dios extranjero.

Mi vecina, mi vecino y mi madre; mis colegas y amistades, acudirán a votar religiosamente cada vez que se les convoque aunque ninguno espera que cambie nada. Y cuando vuelvan a casa Dios estará en la de todos dando los resultados electorales.


(*) Es Dra. CC. Políticas y Sociología, 24 de Mayo 2019

(1)  Chinua Achebe, Todo se desmorona, Penguin Random House Grupo Editorial, Barcelona, 2012, pág. 175

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[4] ¿Dónde estaba Pablo Iglesias?

Por David Bollero

 

Un líder lo es en los momentos más complicados, no en los sencillos. Un líder no manda, lo siguen. Pablo Iglesias, ni aparece en las situaciones donde se está al borde del precipio ni parece que ya lo sigan. ¿Dónde está Pablo Iglesias?

Ayer se culminó la debacle de Podemos. Era la tercera cita electoral consecutiva (con más de tres elecciones incluidas) en la que Unidas Podemos o bien Podemos e Izquierda Unida por separado, se desploman. Sí, tienen razón, también debería preguntarse por Alberto Garzón, pero el que llegó como delfín de Anguita hace tiempo que ni está ni se le espera.

Volviendo a la figura de Iglesias, el modo en que anoche se borró del mapa fue indigno, intolerable. El descalabro en toda la geografía española exigen su dimisión. En realidad, ese paso hacia atrás hace tiempo que debiera haberlo dado, pero precisamente por no ser ya líder de nada, se enroquó profundizando aún más la deriva del partido.

Quien hoy no lo vea, es que no está siendo honest@ con la realidad. Hace demasiado tiempo que Iglesias no suma, resta. No es casual que donde mejores resultados se ha obtenido, como en Cádiz, sea donde ya no hay relación con él. ¿Hasta cuando se va a aferrar al puesto? ¿Hasta cuando su militancia va a tolerar la cobardía de Iglesias, el modo en que ha dejado solos y solas a sus candidat@s, especialmente en Madrid, donde si yo hubiera sido Isabel Serra habría preguntado a mi militancia dónde está Pablo Iglesias?

A estas horas, nada se sabe del cofundador del partido. Quiero pensar que es porque está repasando una y otra vez su carta de dimisión, porque está tratando de contener sus arrebatos de prepotencia y soberbia que tanto daño han hecho al partido… y quiero pensar que Garzón, mientras, está esperando escucharlo para tomar buena nota y seguir sus pasos.

ACTUALIZACIÓN:

Tras la comparecencia de Iglesias 12 horas después y compartir parcialmente el mismo diagnóstico que había hecho Juan Carlos Monedero casi 16 horas antes, se confirman los temores: no dimitirá. Le han hecho falta tres fiascos electorales para deducir que ir por separado resta pero, ¿cómo ir juntos si incluso dentro de Podemos no existe la unidad? Por otro lado, ¿acaso en donde sí se han mantenido unidos el resultado ha sido mejor? No ha sido así y, si bien es cierto que la agonía no se debe a un único mal, algunos son fácilmente detectables, siendo el primero de ellos que el médico y el tratamiento que prescribe es erróneo.

 

 

[5] Los políticos dan el tono a la sociedad: “Que se joda… el desgraciado”

 
Por Cándido Marquesán Millán
Profesor de Secundaria. Zaragoza

https://www.nuevatribuna.es/opinion/candido-marquesan-millan/politicos-sociedad-proces-catalunya-independentismo/20190531015110163211.html

 

 

El pasado 5 de abril en este mismo periódico publiqué el artículo Criterios para evaluar una democracia de calidad. Y entre estos criterios me fijaba en el denominado Rendición de cuentas, el cual se refiere a los mecanismos sociales e institucionales que someten a los políticos a escrutinio en relación a sus actuaciones y a una posible sanción. Rafael Bustos, en relación a esta cuestión cita una propuesta muy interesante como es la prohibición de la mendacidad gubernamental, tal como se aprobó en el Parlamento del Reino Unido mediante una Resolución de 1997. No obstante, en este país el delito de mal comportamiento en el desempeño de un cargo público, lo que supone un abuso de la confianza depositada, es ya una figura legal que se remonta al siglo XIII, lo que podría tener hasta una pena máxima de cadena perpetua. Ignoro si es en base a esta Resolución de 1997, o a esa figura legal del Medievo, más lo cierto es que una jueza, Margot Coleman, de la Corte de Magistrados de Londres ha admitido a trámite una querella contra el exministro de Asuntos Exteriores y exalcalde Londres, Boris Jhonson, por haber mentido durante el desempeño de su cargo público, como ministro. La acusación se basa en que en repetidas ocasiones durante la campaña del referéndum de 2016, afirmó que la pertenencia a la UE al Reino Unido le suponía 400 millones de euros semanales y que ese dinero podría destinarse a la sanidad pública. Incluso se hizo fotos delante de un autobús electoral que llevaba tal mensaje. 

 

 

Boris Jhonson

 

La querella la presentó el ciudadano Marcus Ball, que a través de crowfunding ha conseguido un cuarto de millón de euros para llevarla ante los tribunales. El ínclito Boris Jhonson es un auténtico bocazas, que no tuvo inconveniente en comparar en 2016 el proyecto europeo con el de Adolf Hitler. El objetivo de sus enemigos no es meterlo en la cárcel sino evitar que sea primer ministro en sustitución de Theresa May. Tampoco es el único que ha mentido. La jueza Margot ha señalado que hay suficientes indicios de que ha mentido y que la posición y el estatus llevan consigo influencia, y quienes la tienen han de actuar con sentido de responsabilidad. En la misma línea los representantes del querellante han afirmado que la democracia requiere responsabilidad y honestidad, y el exministro se comportó de una manera deshonesta e irresponsable, porque él sabía perfectamente que la contribución del Reino Unido a la Unión Europea de 400 millones de euros semanales era falsa.

¿Sería posible imaginar una querella de este tipo en esta España nuestra? ¿Cuántas querellas se podrían presentar, si tenemos en cuenta las numerosas mentiras pronunciadas en estas interminables campañas electorales y en este proceso teatral de los pactos? Solo quiero referirme a las mentiras del comunicado leído en la concentración de Plaza de Colón con presencia de PP, Ciudadanos y Vox, con sus respectivos líderes, Casado, Rivera y Abascal. Y podríamos poner otros muchos ejemplos de mendacidad en nuestra clase política, y lo auténticamente grave es que esta cuestión a gran parte de la ciudadanía le resulta algo irrelevante. Lo cual es una prueba incuestionable de que nuestra democracia es de baja calidad, por decirlo de una manera suave.

Me fijaré en otro caso ocurrido recientemente en otro país europeo con una democracia más asentada. Recientemente, el vicecanciller de Austria y líder de los ultranacionalistas, Heinz-Christian Strache, ha dimitido tras la difusión de un vídeo en el que se muestra dispuesto a aceptar ayudas financieras rusas a cambio de contratos públicos estatales lo que ha provocado una crisis de Gobierno. «Hoy he tenido una reunión con el canciller federal (Sebastian Kurz) y le he ofrecido mi dimisión, que él ha aceptado», ha dicho Strache en rueda de prensa en Viena. El jefe del ultraderechista Partido Liberal (FPÖ) ha admitido haber cometido un «error» y ha dicho que abandonaba el cargo para evitar la caída del Gobierno formado por su formación y el Partido Popular (ÖVP) de Kurz. Posteriormente este fue destituido al no superar una moción de censura, votada por la oposición socialdemócrata (SPÖ), además del pequeño partido ecologista Jetzt, y también sus antiguos aliados del ultras del FPÖ. La oposición le reprochó haber pactado con la ultraderecha para gobernar, y por tanto ser responsable de la crisis política desencadenada. El FPÖ, por su parte, devolvió así a Kurz el golpe por haber forzado la marcha de todos los ministros ultras del Gabinete. 

Creo que a los políticos españoles y también a los españoles de a pie, estos casos del Reino Unido y de Austria nos deberían servir de motivo de reflexión. Y tras ella podemos valorar el estado de salud de nuestra democracia, del que somos responsables todos, ciudadanos, y especialmente nuestra clase política, a la que dedicó unas reflexiones extraídas del libro, Ejemplaridad pública del filósofo Javier Gomá. Libro que deberían leer los Casado, Rivera, Abascal, Sánchez, Garzón e Iglesias, por citar las figuras más relevantes. Y por supuesto, la ciudadanía.  Ahí van.

«Toda vida humana es un ejemplo y, por ello, sobre ella recae un imperativo de ejemplaridad: obra de tal manera que tu comportamiento sea imitable y generalizable en tu ámbito de influencia, generando en él un impacto civilizatorio. Este imperativo es muy importante en la familia, en la escuela, y sobre todo, en la actividad políticaya que el ejemplo de sus dirigentes sirve, si es positivo, para cohesionar la sociedad, y si es negativo, para fragmentarla y atomizarla. El espacio público está cimentado en la ejemplaridad. Podría decirse que la política es el arte de ejemplificar. Las instituciones públicas han sido conscientes o deberían serlo del efecto multiplicador para potenciar la convivencia de determinados modelos públicos.

Los políticos, sus mismas personas y sus vidas, son, lo quieran o no, ejemplos de una gran influencia social. Como autores de las fuentes escritas de Derecho -a través de las leyes- ejercen un dominio muy amplio sobre nuestras libertades, derechos y patrimonio. Y como son muy importantes para nuestras vidas, atraen sobre ellos la atención de los gobernados y se convierten en personajes públicos. Por ello, sus actos no quedan reducidos al ámbito de su vida privada. Merced a los medios de comunicación de masas se propicia el conocimiento de sus modos de vida y, por ende, la trascendencia de su ejemplo, que puede servir de paradigma moral para los ciudadanos. Los políticos dan el tono a la sociedad, crean pautas de comportamiento y suscitan hábitos colectivos. Por ello, pesa sobre ellos un plus de responsabilidad. A diferencia de los demás ciudadanos, que pueden hacer lícitamente todo aquello que no esté prohibido por las leyes, a ellos se les exige que observen, respeten y que no contradigan un conjunto de valores estimados por la sociedad a la que dicen servir. No es suficiente con que cumplan las leyes, han de ser ejemplares. Si los políticos lo fueran, serían necesarias muy pocas leyes, porque las mores cívicas que dimanarían de su ejemplo, haría innecesaria la imposición por la fuerza de aquello que la mayoría de ciudadanos estarían haciendo ya con agrado. Saint-Just ante la Convención revolucionaria denunció “Se promulgan demasiadas leyes, se dan pocos ejemplos”, circunstancia que no ha cambiado sustancialmente en la actualidad.

Con la democracia liberal, se acrecienta todavía más la necesidad de la ejemplaridad del profesional de la política. Además de responder ante la ley, es responsable ante quien le eligió. Frecuentemente, observamos que un político sin haber cometido nada ilícito se hace reprochable ante la ciudadanía, por lo que debe dimitir y se hace inelegible, al haber perdido la confianza de sus electores. Mas, la confianza no se compra, no se impone: la confianza se inspira. Mas, ¿qué es una persona fiable? La confianza surge de una ejemplaridad personal, o lo que es lo mismo, la excelencia moral, el concepto de honestum. Cicerón en su tratado Sobre los deberes, nos lo define, como un conjunto de cuatro virtudes: sabiduría, magnanimidad, justicia y decorum (esta última es la uniformidad de toda la vida y de cada uno de sus actos). Es evidente hoy que esta ciceroniana uniformidad de vida, incluyendo la rectitud en la vida privada, es determinante en la generación de confianza ciudadana hacia los políticos».

Frente a ese político ideal que genera la confianza de la ciudadanía, existen otros comportamientos políticos que producen en buena lógica el sentimiento contrario. Como el de aquel (Rafael Hernando) que cuando en el Senado Romeva acataba por imperativo legal la Constitución, leyó el siguiente nombre de la lista, interrumpiendo al senador electo y al dirigirse este a su asiento entre aplausos se pudo escuchar en el micrófono abierto “que se joda… el desgraciado”.

 

 

 IMPERIOS COMBATIENTES

[6] Preguntas sobre los “expertos”

Separados por más de un siglo, la mentira sigue uniendo el derrocamiento de la última reina de Hawai, Liliuokalani, en 1893, con el de Sadam Hussein, en 2003
 
Por RAFAEL POCH
29/05/2019
 

 

Las posiciones de una gran potencia soberana (en el mundo de hoy quedan bien pocas) en materia de política económica o relaciones internacionales, vienen, obviamente, determinadas por los intereses de las fuerzas vivas a las que sirve su gobierno. Cuando un gobierno quiere divulgar esas posiciones echa mano de los medios de comunicación. Cuando quiere crearlas, utiliza a los “expertos”. 

Los “expertos”, como los periodistas, suelen comer de la mano del poder establecido, así que elaboran las posiciones que se espera de ellos. Para eso existe todo un entramado institucional de fundaciones, universidades, institutos y medios de comunicación, cuyo principal vector es esa servidumbre. Suele ser tan difícil encontrar un “experto” con puntos de vista propios o independientes, como toparse con un periodista heterodoxo. Normalmente ni unos ni otros tienen futuro profesional, ni por supuesto lugar, en las instituciones concernidas.  

Debemos al libro de Stephen Walt, The Hell of Good Intentions, una rara caracterización de los llamados “laboratorios de ideas” de Estados Unidos, más conocidos por su denominación inglesa think tanks. Walt ya fue coautor, junto con el académico conservador John J. Mearsheimer, de un excelente libro sobre el funcionamiento del poderoso lobby israelí en su país, The Israel Lobby and U.S. Foreign Policy. Ahora nos explica el mundo de los “expertos” en política exterior.  

Los define como “una casta disfuncional, formada por privilegiados que en general desdeñan las perspectivas alternativas y están inmunizados con respecto a las consecuencias de las políticas que han puesto en práctica”. Un cuerpo disciplinado por las patologías establecidas que se deducen de los intereses de quienes les pagan y dirigen. 

La mayoría de los laboratorios de ideas están vinculados a intereses particulares. En Estados Unidos eso viene de muy lejos, con instituciones de pensamiento vinculadas a los nombres de la modernización de los hidrocarburos y el acero, como Rockefeller o Carnegie, pero en los años setenta se produjo una enorme inversión en creadores de opinión que preparó el terreno ideológico a la involución neoliberal. Hoy, la mayoría de los “centros de estudios estratégicos” o “institutos de estudios económicos” que uno encuentra en el mundo que cuenta, emiten desde hace décadas la buena nueva neoliberal / belicista / crematística que ha llegado a formar parte del sentido común del ciudadano informado. Su objetivo no es la investigación de la verdad, o de las verdades, sino “el marketing político de ideas defendidas por sus patrocinadores”, explica Walt.

Los norteamericanos inventaron el uso intensivo de la prensa para propagar las mentiras necesarias para generar el consenso que necesita una agresión. Ellos fueron los creadores del periodismo moderno y son sus maestros. Utilizan la crónica internacional, fundamentalmente, para justificar, encubrir o embellecer las fechorías de su gobierno. Fueron ellos lo que estrenaron y rodaron esa relación incestuosa del poder con los periodistas a base de filtraciones y confidencias interesadas al cuerpo de periodistas de la corte, dentro de ese marco de empresas periodísticas estrictamente controladas por el poder empresarial que pasa por “libertad de prensa” y “cuarto poder”, cuando es precisamente su perversión. La actual relación entre medios y poder que hoy vemos por doquier, fue un invento americano, como las relaciones públicas y el complejo Hollywood, que, como dice Laurent Dauré, es “la continuación de la política de Washington por otros medios”. 

A su vez, los periodistas apelan a los “expertos” para apoyar el mensaje buscado cuando se debate sobre aspectos de la política internacional. El resultado suele ser enormemente uniforme, ya que son raras las voces que discrepan de los planteamientos establecidos. La consecuencia de instituciones que tienden a perder de vista la realidad –porque la sacrifican a la disciplina– suele ser una considerable ceguera sistémica. Es así como la “eficacia” del aparato de propaganda imperial contribuye a la degeneración de un sistema cegado. Lo vimos en la URSS, pero es universal: aunque el liderazgo de Estados Unidos sea aplastante, eso ya son cosas que ocurren en diversa medida en casi todas partes.

Walt explica cómo la mayoría de los expertos están formateados por el consenso ideológico-militar de Washington y quienes no lo están tienen pocas probabilidades de hacer carrera. Menciona el destino de los 33 investigadores de relaciones internacionales que en septiembre de 2002 advirtieron contra la guerra de Irak. “A ninguno de ellos se le ha propuesto desde entonces un cargo o un puesto de trabajo en la Administración ni en ninguno de los grupos más prestigiosos dedicados a la investigación exterior”, dice. Es tan raro ver a un experto que defienda en una televisión de Estados Unidos la posición de Irán en las actuales tensiones, como ver en un canal europeo a un crítico de la OTAN o del nacionalismo exportador de Alemania y su austeridad en la eurocrisis. No se les paga para eso. 

Cada año gobiernos e industrias aportan decenas de millones a las instituciones encargadas de fabricar el consenso. En Estados Unidos los think tanks son considerados instituciones “sin ánimo de lucro”, por lo que no están obligadas a declarar los nombres de sus mecenas ni el monto de sus ingresos anuales. A pesar de ello, es notorio que la mayoría de los laboratorios de ideas reciben donaciones millonarias de empresas del sector militar, como Lockheed-Martin o Boeing, del propio ejército, del sector aeroespacial y de países de Oriente Medio, como Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Omán, Qatar, Israel, u otros como Corea del Sur o Japón. Aunque esas instituciones defienden intereses nacionales y específicos de Estados Unidos,  financiar think tanks americanos es para esos países una buena inversión para promover sus propios asuntos desde el centro imperial. 

La mayor parte de los grandes think tanks de Estados Unidos y de Europa tienen entre sus asociados a notorios ex mandatarios de sus parroquias. Gente como Henry Kissinger, Brent Scowcroft, Stephen Hadley, en Estados Unidos, o compañeros de viaje como el ex ministro de exteriores sueco Carl Bildt o José María Aznar, figuran como directores y asesores del Atlantic Council, el think tank vinculado a la OTAN. Lo mismo ocurre con los grandes laboratorios de ideas europeos, El European Council on Foreign Relations o la DGAP alemana. El CIDOB de Barcelona, tuvo como presidente al exministro de Defensa Narcís Serra, y como presidente de honor a Javier Solana. No hay que extrañarse de lo difícil que resulta encontrar allí puntos de vista que contradigan algo la disciplina del pensamiento establecido en materia de “seguridad europea” o eurocrisis, por citar dos grandes ámbitos. Es una tendencia que llega hasta los últimos rincones de este pequeño mundo de servidumbres y disciplinas intelectuales, en el que, por supuesto, hay excepciones. 

La historia sugiere que el incremento del nivel de educación, de cultura y de sofisticación técnica en los países más desarrollados no nos ha hecho más y mejor informados que nuestros tatarabuelos. Separados por más de un siglo, la mentira sigue uniendo el derrocamiento de la última reina de Hawai, Liliuokalani, en 1893, con el de Sadam Hussein, en 2003. Lo que Snowden reveló sugiere incluso la posibilidad bien real de un control orwelliano, antes técnicamente impensable.

Por todo ello, de la misma forma que estamos obligados a aprender a leer periódicos, es decir a interpretarlos, cuando nos presentan a un “experto” hay que preguntarse lo más elemental: ¿De dónde sale? ¿Para quién trabaja y quién paga a su institución?

 

 

 

 

 

 

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