Caza de brujas (V.O.S.), de Irwin Winkler (película)

CAZA DE BRUJAS 

Dirigida por Irwin Winkler (1.991)

«Fue el miedo y las dudas las que hicieron que se callaran las voces contra aquel atropello, y eso lo pagaron, desgraciadamente, quienes sí levantaron su voz contra un sistema injusto y despótico«.

 

 

CAZA DE BRUJAS 

 

 

Título original Guilty by Suspicion

Año 1991 Duración 105 min.

País  Estados Unidos

Dirección Irwin Winkler

Guion Irwin Winkler

Música James Newton Howard

Fotografía Michael Ballhaus

Reparto Robert De Niro, Annette Bening, George Wendt, Patricia Wettig, Sam Wanamaker,Luke Edwards, Chris Cooper, Ben Piazza, Gailard Sartain, Barry Pimus,Stuart Margolin, Martin Scorsese Productora

Warner Bros. Pictures

Género Drama | Años 50. Política. Cine dentro del cine Sinopsis Ha empezado una caza de brujas. No se trata de grupos callejeros al acecho con antorchas. Los cazadores son unos políticos ante los flashes de las cámaras en audiciones públicas convocadas por el Comité de Actividades Antiamericanas. Hollywood está siendo juzgado y a David Merrill -Robert De Niro- le piden dar nombres. Merrill es un director que encabeza la lista negra, y que puede salvar su estancada carrera si testifica contra sus amigos sospechosos de ser comunistas. Drama basado en hechos reales sobre la «Caza de brujas» del senador McCarthy. Debut como director de Irwin Winkler, que era hasta ese momento productor de éxito -Rocky, Toro Salvaje-. (FILMAFFINITY)

 

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DALTON TRUMBO

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La caída de McCarthy (y la continuidad de la «caza de brujas»)

Por Olvido Rus 

drugstoremag.es/

Cuando el senador Joseph McCarthy llegó al coto de caza, la temporada ya estaba empezada. Y cuando volvió con sus presas a casa, herido y borracho, la partida continuó sin él. Sin embargo, su nombre quedó ligado a los límites del coto. En diciembre de 1954, McCarthy fue condenado por el propio Senado estadounidense. “Ha actuado en contra de la ética senatorial y ha pretendido llevar al Senado a la deshonra y al descrédito, obstruir los procedimientos constitucionales del Senado y perjudicar su dignidad”. Así quedaba reprobado el senador por Wisconsin. Y con ello salvadas las excusas para justificar y disculpar la “caza de brujas” anticomunista a lo largo y ancho del país. No solo eso. La «caza de brujas», el «terror rojo», una actividad y un clima que suponían un todo de amplio espectro, quedaban englobados bajo un nuevo término: «mcarthysmo». Tanto fue así que adoptaría traducción universal. Toda persecución política por parte de elementos del Estado se podía calificar de episodio macartista, ya sucediera en cualquier parte del mundo. Porque lo importante no eran los elementos de fondo de tales persecuciones, sino los formales. El primero, la participación de “elementos del Estado”, lo que hacía al propio Estado un ente intocable en su conjunto, y lo humanizaba en su imperfección y en su capacidad de reconversión y limpia. Y segundo, en la cualidad episódica, en lo que se circunda temporalmente y, de nuevo, se disculpa como una mancha académica que no debe emborronar el expediente.

 

Senador McCarthyJoseph McCarthy en 1954 / Foto: Associated Press

 

Joseph McCarthy le fue a los EEUU —discúlpese en lenguaje— un tonto útil. Y el macarthysmo, como término, un truco historiográfico que cercena sutilmente gran parte de la historia. Algo así como un saco donde entra todo, desde el famoso Comité de Actividades Antiamericanas —HUAC, siglas inglesas de House Committee on Un-American Activities— al clima generalizado de persecución. El nombre de McCarthy quedó ligado a «caza de brujas», a los «Diez de Hollywood», al «terror rojo». El senador reportó méritos para ello. Pero él mismo fue un capítulo más en una historia compleja. Evidentemente toda la «caza de brujas» y el clima de histeria anticomunista no dependió de McCarthy. Pero la estrategia del “todo es McCarthy” era la que mejor podía funcionar para que el gobierno de los EEUU saliese indemne de una aventura que se estaba volviendo demasiado arriesgada.

El Comité de Actividades Antiamericanas existía como organismo dependiente del Congreso de los Estados Unidos desde 1934, cuando fue creado para investigar la presencia de propaganda política extranjera en el país. Se centró particular y oficialmente en la posible actividad nazi entre estadounidenses de origen alemán y en el seno del Ku Klux Klan. La pronta conclusión fue que no había indicios concluyentes de penetración nazi, menos aún en el Klan, que era, a fin de cuentas, una “antigua institución estadounidense”. Tras ello, el Comité viró sus investigaciones hacia la influencia y extensión del comunismo, especialmente sobre aquellos sectores o gremios de notable influencia social, como podían ser los artistas e intelectuales. En el marco del New Deal y de las políticas de la administración Roosevelt —sustentadas en la Works Progress Administration— el principal y más famoso de los proyectos subvencionados fue el del Federal Theatre Project, que trató entre 1935 y 1939 —cuando fue cancelado— de desarrollar un amplio programa de actividades teatrales por todo el país que diera trabajo a miles de profesionales de las artes escénicas y que entretuviera a los trabajadores, en aquellos años de la Gran Depresión. Aprovechando la oportunidad, talentos como Arthur Miller y Orson Welles encontraron hueco para sus obras en el proyecto. El tono político de muchas de las representaciones pronto alarmó al gobierno estadounidense, cuyo Departamento de Estado llegó a a prohibir la representación de varias obras, como una que criticaba abiertamente la invasión de Etiopía por la Italia fascista y que hacía una representación crítica de Mussolini. El Departamento arguyó que no podía representarse en los escenarios a Jefes de Estado extranjeros, porque existía riesgo de provocar conflictos diplomáticos. La dramaturga y directora del Federal Theatre ProjectHallie Flannagan, tuvo que comparecer ante el Comité de Actividades Antiamericanas en 1938, para responder a preguntas tan insospechadas como la presunta militancia comunista de Christopher Marlowe, uno de los autores cuyas obras habían sido representadas —Christopher Marlowe, el autor isabelino, nacido en 1564—. Era el macarthysmo, antes de McCarthy. 

Los interrogatorios de McCarthy, con un estilo agresivo y chabacano, grabados y difundidos públicamente, le confirieron la acertada imagen de estandarte anticomunista. En 1952 fue reelegido senador con el 54% de los votos. Había conseguido hacerse con el fervor popular de los católicos e incluso con el favor personal de la familia Kennedy, a pesar de encuadrarse en partidos políticos diferentes.

La persecución y las listas negras que se hicieron famosas por incluir notorios nombres de Hollywood comenzaron su sistemático curso en 1947, a cargo del Comité de Actividades Antiamericanas, con naturaleza de Comité Permanente desde dos años antes y presidido por el demócrata Edward Joseph Hart. Ya un año antes, en 1946, el diario The Hollywood Reporter publicaba una columna titulada Un voto para Stalin, donde se daban nombres y apellidos de supuestos infiltrados comunistas primordialmente en el mundo del cine. Walt Disney y Ronald Reagan fueron los profesionales que abrieron las audiencias del Comité, como abanderados contra la infiltración soviética en la industria del cine. Después de la primera salva, once testigos —en calidad de testigos fueron convocados por el HUAC— terminaron siendo declarados abiertamente hostiles; entre ellos, Bertolt Brecht, que procedió a abandonar los Estados Unidos. Quedaron los famosos “Diez de Hollywood”, acogidos en vano a la Primera Enmienda y a su derecho a no declarar. Fueron condenados por desacato al Congreso. Sólo uno de ellos revertirá su condena, evitará la prisión y el destierro profesional, el director Edward Dmytrik, tras reconocer su pertenencia al Partido Comunista, renegar de ello y delatar a otros colegas —para «salvar su piscina», como apuntaría genéricamente Orson Welles sobre los delatores—. En 1950 se publica el folleto Red Channels —Canales Rojos: Informe sobre la influencia comunista en la radio y la televisión— que incluía el nombre de 151 personajes públicos —cineastas, escritores, periodistas, músicos, actores— de militancia o simpatía comunista. El folleto, publicado por el periódico semanal Counterattack —Contraataque—, órgano de American Business Consultants Inc., ponía de manifiesto la amplísima red gestada para declarar un absoluto estado de terror colectivo. Los intereses corporativos funcionaron perfectamente engrasados con la HUAC y el FBI de Hoover, que tenía ya por entonces cientos de miembros infiltrados en el Partido Comunista de los Estados Unidos —CPUSA—. McCarthy, el senador, era la figura propicia para ponerse en primera línea de fuego de aquella cruzada anticomunista dentro del país. 

Los interrogatorios de McCarthy, con un estilo agresivo y chabacano, grabados y difundidos públicamente, le confirieron la acertada imagen de estandarte anticomunista. En 1952 fue reelegido senador con el 54% de los votos. Había conseguido hacerse con el fervor popular de los católicos e incluso con el favor personal de la familia Kennedy, a pesar de encuadrarse en partidos políticos diferentes. McCarthy, por mucho que se le asocie con la persecución de Hollywood, no fijó su atención principal en el mundo del arte. Las listas negras de artistas e intelectuales habían crecido en el seno del Comité de Actividades Antiamericanas, del que McCarthy nunca formó parte. La lista que confeccionó el senador republicano y le sirvió de trampolín, quedó dibujada como una mera amenaza en febrero de 1950, cuando durante un discurso, sin dar nombres, dice tener una relación de 205 comunistas infiltrados no en entre bambalinas y sets, sino en el mismo Departamento de Estado. La cruzada de McCarthy se dirigía hacia la supuesta infiltración en el ejército y en el propio gobierno. En el momento de iniciar su inquisición el Presidente del gobierno era el demócrata Truman. Pero dos años más tarde, Eisenhower ganó las elecciones presidenciales, el primer republicano en veinte años. Y McCarthy encontrará en sus propias filas el principal escollo que salvar, finalmente insuperable.

Tras su reelección como senador se le asignó la presidencia del Subcomité de Seguridad Interna del Senado. Se le consideraba un puesto y una responsabilidad menor, pero McCarthy supo utilizar la posición para llevar a efectos la ofensiva final contra cualquier indicio de actividad comunista. Nombró a dos jóvenes de confianza como abogados del Subcomité, Roy Cohn —abogado principal— y Robert F. Kennedy —asistente—. En nombre de este Subcomité, interrogará a numerosos intelectuales, resultando paradigmática la audiencia a Dashiell Hammett, casi un ejercicio dramático de pura farsa. En el otoño de 1953 McCarthy inició su acometida contra el ejército, el caso Peress —el del dentista del Ejército al que el senador acusó de infiltración comunista en el cuerpo militar— supuso un desgaste y un cierto revés para McCarthy, que se granjeó la enemistad de importantes sectores dentro del Ejército cuando involucró al respetado General Ralph W. Zicker, inmediato superior de Peress. 

McCarthy, después del varapalo en la cámara, pasó a un segundo plano. Había sido reprobado, pero no por su visceral anticomunismo, sino por su alboroto. Con un severo problema de alcoholismo, murió apenas dos años después, en mayo de 1957. Aún en 1961 fueron condenados por desacato al Congreso figuras como el cantante Pete Seeger o el dramaturgo Arthur Miller.

En 1954 el tiempo de McCarthy comenzaba a acabarse. En la primavera de ese año, McCarthy y Roy Cohn fueron denunciados por favorecer el trato dentro del cuerpo de un asesor del Subcomité. Las audiencias del Ejército contra McCarthy fueron televisadas. McCarthy salió absuelto de toda culpa, no así Cohn, ni tampoco algunos de los cargos militares enfrentados a McCarthy. Las deliberaciones, en cualquier caso, importaban poco. La estrategia de la acusación contra McCarthy se centró en dejarle que se mostrase tal y como era, agresivo y un tanto simplón, y esperar que el público, ahora que no le veía enfrentado a la «amenaza comunista» sino a una de las más “antiguas instituciones estadounidenses”, el Ejército, le sentenciara. El senador de Vermont, Ralph Flandes, forzó finalmente la moción de censura del de Wisconsin, que quedó bajo investigación de un Comité específico compuesto por otros cinco senadores, dirigido por Arthur V. Watkins

McCarthy, después del varapalo en la cámara, pasó a un segundo plano. Había sido reprobado, pero no por su visceral anticomunismo, sino por su alboroto. Con un severo problema de alcoholismo, murió apenas dos años después, en mayo de 1957. Él desapareció, pero la caza de brujas continuó, entonces sí, arreglando los desajustes de tono que el senador había introducido. Ni mucho menos desapareció el Comité de Actividades Antiamericanas, complemento y ejemplo inspirador para McCarthy. Aún en 1961 fueron condenados por desacato al Congreso —al acogerse a la Quinta Enmienda ante el HUAC— figuras como el cantante Pete Seeger o el dramaturgo Arthur Miller. En 1969 el Comité cambió de nombre, asumiendo el de Comité de Seguridad Interna. En 1975 fue formalmente disuelto y sus funciones pasaron a competencias del Comité Judicial del Senado. Al gobierno estadounidense le quedaban múltiples recursos, los programas del FBI y de la CIA para atacar las «nuevas amenazas subversivas» sobre suelo de los Estados Unidos serían más funcionales y sigilosos que los exabruptos del senador McCarthy.

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El mccarthismo o la caza de brujas en Hollywood

Por Miriam Figueras 

https://www.espinof.com/proyectos/el-i-mccarthismo-i-o-la-caza-de-brujas-en-hollywood

 

 

Uno de los períodos mas aciagos de la historia del cine está directamente relacionado con el desafortunadamente conocido senador Joseph McCarthy. Fue el principal promotor de una implacable campaña contra el comunismo, en defensa de los valores americanos. Durante sus años de mandato, que van desde el 1947 al 1957, en plena Guerra Fría; se llevó a cabo una persecución a todo aquél que no demostrara lealtad absoluta al gobierno norteamericano. A menudo sin pruebas y sin juicio previo, se vulneraron los derechos civiles de los que fueron acusados de simpatizar o pertenecer al Partido Comunista.

De este modo se pasó a denominar como mccarthismo todas aquellas medidas gubernamentales que coartan las libertades de los ciudadanos en favor de una supuesta seguridad nacional o preservación de unos valores determinados. También se llamó a esta época, caza de brujas, hecho que inspiró a Arthur Millerpara escribir su famosa obra ‘Las brujas de Salem‘ (‘The crucible’) como alegoría de este episodio de la historia de Estados Unidos que puede recordar a la Inquisición. Estas denominaciones resultan de por sí, inquietantes.

La investigación de la infiltración comunista en la industria cinematográfica de Hollywood, que empezó el año 1947 por parte del Comité de Actividades Antiamericanas – HUACHouse of Un-american Activities Committee –, provocó la anulación de las carreras de muchos profesionales de Hollywood en los años 50; al colocarlos en las llamadas listas negras. Escritores, actores y directores fueron acorralados y silenciados. También películas que pretendían reflejar la problemática o simplemente aludían o cuestionaban ideas concretas, fueron suprimidas o alteradas. Uno de los géneros más afectados fue el del cine negro.

 

El senador Joseph McCarthy

 

En Hollywood, los films siempre habían sido supervisados de diferentes formas, pero el Comité de Actividades Antiamericanas se involucró directamente en su regulación para encontrar cualquier rastro de comunismo. Las investigaciones, sin embargo, se dirigieron en muchos ámbitos pero ninguno despertó más atención que los famosos juicios de Hollywood. Se creó un impacto mediático considerable al llamar a testificar celebridades del mundo del cine, para así conseguir una mayor concienciación de la sociedad del momento. El séptimo arte fue tachado de herramienta propagandística, sobre todo un sector de la industria que se habría adherido al comunismo durante los años de la Depresión.

Estos juicios tuvieron tres objetivos muy claros. El primero, probar que el Sindicato de Guionistas era un hervidero comunista. El segundo, evidenciar que estos escritores insertaban propaganda antipatriótica en sus films y, por último, eliminar todas aquellas películas prosoviéticas que habían sido sancionadas por el presidente Franklin D. Roosevelt durante la guerra. En la práctica, ninguna de estas afirmaciones fueron usadas en los juicios y, sin ningún tipo de evidencia, muchos talentos se vieron forzados a abandonar Hollywood.

 

Ronald Reagan testificando en los juicios de Hollywood

 

En septiembre de 1947 empezaron las primeras audiencias de los juicios por la infiltración comunista en la industria del cine. Los primeros en testificar fueron los denominados testimonios amistosos, pues aportaron mucha publicidad y accedieron a contestar las preguntas sin ningún tipo de objeción. Estos fueron: Jack Warner y Louis B. Mayer – como representantes de los estudios cinematográficos –, Ronald Reagan – jefe del Sindicato de Actores –, Robert MontgomeryLela Rogers – madre de Ginger Rogers –, Walt DisneyAdolphe MenjouGary Cooper y Robert Taylor. Muchos de ellos leyeron respuestas preparadas, todo un montaje para un proceso lleno de irregularidades.

Otros testimonios posteriores se negaron a responder las preguntas del tribunal y fueron declarados enemigos del estado. Dentro de estas personalidades de izquierdas fueron diez los más afectados, cuyas carreras quedaron dañadas y que fueron presa mediática. Pasaron a ser conocidos como los diez de Hollywood, entre los que se encontraban un director, Edward Dmytryk y nueve guionistas: Alvah BessieHerbert BibermanLester ColeRing Lardner Jr.John Howard Lawson, Albert MaltzSamuel Ornitz, Adrian Scott y Dalton Trumbo. Todos ellos autores de un buen número de películas de enorme calidad, como por ejemplo:

 

    • · ‘El motín del Caine‘ (‘The Caine mutiny’, Edward Dmytryk, 1954).
    • · ‘Objetivo: Birmania‘ (‘Objective, Burma!’, Raoul Walsh, 1945).
    • · ‘Huracán‘ (‘When tomorrow comes’, John M. Stahl, 1939).
    • · ‘Muro de tinieblas‘ (‘High wall’, Curtis Berndhart, 1947).
    • · ‘Laura‘ (id, Otto Preminger, 1944).
    • · ‘Sahara‘ (id, Zoltan Korda, 1943).
    • · ‘Flecha rota‘ (‘Broken arrow’, Delmer Daves, 1950).
    • · ‘Imitación a la vida‘ (‘Imitation of life’, John M. Stahl, 1934).
    • · ‘Mr. Lucky‘ (id, H. C. Potter, 1943).
    • · ‘Espartaco‘ (‘Spartacus’, Stanley Kubrick, 1960).

 

Escena de

 

Una de las pocas armas con las que contaron los diez de Hollywood fue que se acogieron a la popular quinta enmienda de la Constitución de Estados Unidos. Su aplicación garantizaba la protección contra la auto-incriminación forzada. También se usó la primera enmienda, que aseguraba la libertad de asociación y de expresión. Estas enmiendas convencieron a la opinión pública que los juicios del Comité suponían una amenaza para las libertades fundamentales que les otorgaba la Constitución, a pesar del imperante odio al comunismo. Paralelamente, se creó el Comité de la primera enmienda – CFACommittee for the First Amendment– para contrarrestar aquello que concebían como ataques indiscriminados a Hollywood y a sus integrantes. De los cincuenta miembros, los más destacados fueron: Humphrey BogartLauren BacallHenry FondaGene KellyJohn GarfieldEdward G. RobinsonJudy Garland, Katharine Hepburn, Ira Gershwin,William WylerSterling HaydenGroucho Marx o Frank Sinatra, entre muchos otros.

Este grupo lideró una marcha hacia Washington en 1947 para protestar contra las vistas de los juicios contra la industria cinematográfica. También intentaron proteger a los diez de Hollywood, pero fracasaron en su esfuerzo por protestar contra la violación de derechos constitucionales. Las discrepancias entre sus integrantes y algunos de los testimonios causaron la posterior desintegración del grupo. Se desacreditó públicamente a todos aquéllos que formaron parte y muchos tuvieron que trabajar arduamente para salvar su reputación.

 

La marcha hacia Washington
Los conocidos integrantes del Comité por la Primera Enmienda

 

En Hollywood, empezó la segunda oleada de audiencias a los juicios. Una lista con más de 300 personas fue elaborada, mostrando empleados de la industria del cine, presentes y pasados, que eran o habían sido comunistas y militantes. Los que tenían trabajo fueron inmediatamente despedidos, algunos ni siquiera sabían que estaban en la lista hasta que acudían al estudio y eran echados. Un ejemplo de estos hechos fue el actor de izquierdas Sam Jaffe, que se se negó a colaborar con la HUAC. Con una trayectoria que comprendía grandes films como ‘Gunga Din‘ (id, George Stevens, 1939) o ‘La jungla de asfalto‘ (‘The asphalt jungle’, John Huston, 1950), vio su carrera interrumpida durante los años de persecución comunista.

Esta postura de no cooperación no fue seguida por todos y fueron algunos los profesionales que testificaron abiertamente sobre su vinculación o sobre la de otros. Es especialmente notable el caso de Elia Kazan, conocido por su película ‘La ley del silencio‘ (‘On the waterfront’, Elia Kazan, 1954) en la que el tema se centraba en la infiltración del gangsterismo en el sindicato obrero. Este director dio varios nombres al Comité, acción que es todavía recordada por muchos sectores de Hollywood. No en vano, el año 1998, en el que recibió un Oscar honorífico, fueron muchas las personalidades como Ed Harris, las que se negaron a aplaudirlo por considerarlo un delator durante este período.

Las consecuencias de estas listas negras fueron devastadoras para el cine. Muchos abandonaron el país y se instalaron en México, o bien, en el caso de escritores y guionistas, usaron seudónimos u otras personas que vendían los guiones como propios. El reconocimiento, por tanto, quedaba relegado. En el caso de Dalton Trumbo, ganó dos Oscar, uno por ‘Vacaciones en Roma‘ (‘Roman holiday’, William Wyler, 1953) y otro por ‘El Bravo‘ (‘The Brave one’, Irving Rapper, 1956) pero en secreto y respaldado por seudónimos, circunstancias que evidenciaban la situación que vivían los que se encontraban en las listas. Los actores, sin embargo, no tenían esta opción. Muchos se marcharon a Broadway y, en otros casos, abandonaron la profesión. A los problemas económicos y profesionales, se añadieron los psicológicos. Crisis nerviosas, transtornos de ansiedad o suicidios, en el peor de los casos. Las muertes de actores como el gran John Garfield, famoso por ‘El cartero siempre llama dos veces‘ (‘The postman always rings twice’, Tay Garnett, 1946), se atribuyen a la presión sufrida por el acoso de la HUAC.

 

John Garfield
El actor John Garfield en ‘Castle in the Hudson’ (Anatole Litvak, 1940)

Los estudios, en consecuencia, se volvieron muy cautelosos con las películas que se distribuían. Géneros como el cine negro vieron como cada vez se producían menos y menos films. Los géneros se mezclaban, las ideas se camuflaban; todo en un intento de seguir con la profesión sin despertar sospechas. Especialmente destacable es la historia de la cinta ‘Solo ante el peligro‘ (‘High noon’, Fred Zinneman, 1950), en la que su guionista Carl Foreman se vio obligado a presentarse ante la HUAC y al negarse a testificar, pasó de inmediato a las listas negras. El argumento de esta película alude específicamente a la situación que vivió. Sufrió grandes críticas por un sector de Hollywood que comprendió claramente el paralelismo entre el sheriff interpretado por Gary Cooper y el propio guionista.

Con el paso del tiempo, han sido varias películas las que han hecho referencia a esta oscura época del cine, ya de forma más abierta. Algunos de los ejemplos más conocidos son los films ‘La tapadera‘ (‘The front’, Martin Ritt, 1976) con Woody Allen como protagonista y ‘Buenas noches y buena suerte.‘ (‘Good night and good luck.’, George Clooney, 2005). En ellas se sitúa la acción en la época de la caza de brujas.

 

Escena de

 

Algunos de los nombres más célebres de los profesionales involucrados con el cine, que se vieron afectados por las listas negras y que fueron perseguidos, son: Elmer BernsteinJames M. CainLee J. Cobb, Charlie ChaplinEdward DmytryckCarl ForemanJohn GarfieldDashiel HammettLena HorneSam Jaffe, Garson KaninJudy HollidayBurgess Meredith, Arthur MillerAyn Rand, Martin RittEdward G. RobinsonRobert Rossen o Dalton Trumbo.

Gracias a mi fascinación por el cine negro, descubrí esta incierta etapa de la historia del cine. Ser consciente cómo la Guerra Fría, el terror al comunismo y la manipulación del gobierno de Estados Unidos tuvieron tanto impacto en Hollywood; aumentan el valor del no siempre fácil trabajo de la industria del cine. Resulta evidente pues la trascendencia del cine, por su contenido y por el impacto en el público. Un recuerdo especial para todas aquellas películas y profesionales que desarrollaron su labor durante esta época y para que sirva de acicate para ver algunos de los films que marcaron esta etapa. Cuidado con los nombres que mencionáis a partir de ahora…

 

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La caza de brujas en Hollywood

«Fue el miedo y las dudas las que hicieron que se callaran las voces contra aquel atropello, y eso lo pagaron, desgraciadamente, quienes sí levantaron su voz contra un sistema injusto y despótico«.

 

Por Javier Gómez

historiageneral.com

 

Actores contra el macartismo

 

Uno de los más tristes episodios producidos en el siglo XX contra la libertad ideológica en EE.UU. fue la conocida como «caza de brujas» en el mundo del cine. Sus años más duros fueron los transcurridos entre 1947 y 1956, pero sin embargo, sus semillas comenzaron a plantarse en el periodo de la Gran Depresión, a principios de los años 30.

Aquella caza de brujas supuso que muchas carreras cinematográficas se vieran cortadas bajo las sospechas de comunismo encubierto. Tras el crack bursátil del 29 nacieron muchos movimientos de corte fascista y eso, unido a la crisis económica que arruinó a tantos americanos, hicieron que se volvieran los ojos contra las ideologías de izquierdas.

En 1940 se fundó la Motion Picture Alliance for the Preservation of American Ideals, una asociación de gentes del cine con ideas ultraderechistas que buscaban luchar contra todo lo que consideraban antiamericano. Actores como Gary Cooper o Robert Taylor, y directores como John Ford, eran personajes señalados del movimiento.

A nivel nacional, en 1938, se había creado la Comisión de Actividades Antiamericanas, que comenzaron a perseguir organizaciones y personas que violaban las leyes federales; sin embargo, la persecución se extremó y en apenas dos años ya se investigaba al Partido Comunista, se prohibía enseñar las ideas de Marx o Lenin y se comenzaron a llamar a algunos actores para que proclamaran su afiliación política e ideológica. Humphrey Bogart y James Cagney fueron dos de los primeros perseguidos.

Tras la Segunda Guerra Mundial y con Truman como Presidente de los EE.UU., las persecuciones se radicalizaron. En 1948 la doctrina Truman era una auténtica declaración de intenciones. Bajo la idea del «patriotismo» y el «americanismo» la Comisión Dies, reunida en Hollywood, elaboró una primera lista de sospechosos y se empezó en serio a abrir expedientes. El 23 de septiembre de 1947 se mandaron las primeras citaciones: Dalton Trumbo, John Huston, Lewis Mileston o William Wyler eran algunos de los sospechosos.

Algunos de ellos se aliaron en una reunión secreta hecha en la casa de Edward G. Robinson, y formaron los «los 19 testigos inamistosos«, conocidos así por negarse a declarar. Otros crearon el Comité de la Primera Enmienda, con le que se dedicaron a condenar públicamente las presiones políticas sufridas.

Lo ocurrido a partir de ahí fue todo un circo mediático, con la prensa y la televisión pendientes de una persecución que mandaría a la cárcel a algunos miembros de la industria del cine sólo por tener ideas comunistas, y que acabó con la carrera de otros muchos que no volvieron a trabajar en el cine.

Como ocurre en estos casos, en el curso de los juicios muchos directores, guionistas y actores acabaron denunciando a sus propios compañeros por motivos, muchos de ellos, sorprendentes. Jack Warner fue uno de los primeros en denunciar, haciéndolo contra los hermanos Epstein, ganadores de un Oscar por Casablanca, simplemente porque (según adujo) en sus películas los ricos siempre hacían de malos y eso era ir contra el capitalismo. Gary Cooper, Ronald Reagan o Mayer (el de la Metro) fueron otros de los acusadores.

De los 19 testigos inamistosos, 10 fueron condenados, «los Hollywood ten«, y apresados. Pero otros como Fritz Lang, Charles Chaplin (el popular Charlot) o John Huston tuvieron que irse del país.

hollywood ten

Con el senador McCarthy la caza de brujas llegó a su punto álgido; tanto que muchos años después aquella caza de brujas también fue conocida como el «mccarthismo», por la saña con la que persiguió a los «rojos». Una situación así sólo el tiempo podía aliviarla, y fue a partir de los 60 cuando comenzaron a desaparecer las «listas negras», sobre todo, tras la caída en desgracia de Joseph McCarthy.

Aún muchos años después los rastros de aquella caza de brujas siguen permaneciendo presentes en la Meca del Cine como bien pudo verse en la entrega de los Oscars de 1998, cuando le dieron uno honorífico por toda su carrera a Elia Kazán. Este director había denunciado a 57 compañeros en aquellos años, y cuando en 1998 le entregaron la preciada estatuilla, medio salón de actos permaneció sentado en su asiento sin hablar ni aplaudirle.

Habrán de pasar aún unos años antes de que se olviden aquellos penosos hechos por los que muchos americanos perdieron su propia libertad. Fue el miedo y las dudas las que hicieron que se callaran las voces contra aquel atropello, y eso lo pagaron, desgraciadamente, quienes sí levantaron su voz contra un sistema injusto y despótico.

 

 

 

 

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