HERIBERT BARRERA: 84 AÑOS DE LUZ Y UNA SOMBRA. Intervención en la Comisión de Asuntos Constitucionales del Congreso, 8 de mayo de 1978

¿Racista yo?

Por XABIER ZABALTZA

Articulo publicado  en la edición impresa del Sábado, 3 de marzo de 2001

https://elpais.com/diario/2001/03/03/paisvasco/983652007_850215.html

Las recientes declaraciones xenófobas de Heribert Barrera, ex presidente del Parlament catalán y líder de Esquerra Republicana, han puesto sobre el tapete la cuestión de la relación entre la inmigración y los nacionalismos. Digo nacionalismos, sin distinguir entre los periféricos y el inefable nacionalismo español. Porque curiosamente don Heribert no sólo justifica la actitud del demagogo Jörg Haider, sino -y esto me parece mucho más grave- también los sucesos de El Ejido del año pasado. Y es que el catalanismo radical de Barrera se acerca peligrosamente al populismo racista del austriaco y al españolismo ultraderechista de varios de los inductores del intento de pogromo de la localidad andaluza.

‘Al racismo hay que combatirlo con la educación en la tolerancia y en el respeto de la diferencia’

Nunca he entendido la fijación de los medios de comunicación con Sabino Arana, convertido en paradigma del racismo. No la entiendo porque los primeros teóricos del catalanismo (por ejemplo Valentí Almirall y Enric Prat de la Riba) y del galleguismo (Vicente Risco) eran tan racistas como Sabino. Siempre he sospechado que no era políticamente correcto satanizar a los nacionalismos catalán y gallego, por lo menos hasta derrotar electoralmente al vasco. Si el 13 de mayo el PNV es desalojado del Gobierno de Vitoria veré pronto confirmada o desmentida mi hipótesis.

Decía Renan que los olvidos son tan importantes para constituir una nación como la propia memoria colectiva. Pero no estará de más recordar que España se hizo expulsando a judíos y musulmanes tras ocho siglos de Reconquista y que, por lo menos hasta mediados del siglo XIX, se impidió a los descendientes de cristianos nuevos ocupar cargos públicos. Los que critican la manipulación de la historia por los nacionalismos periféricos no han puesto ningún empeño en señalar que la esclavitud fue legal en la Península hasta 1870 (y hasta 1880 en Cuba, entonces territorio español). España es producto del racismo institucionalizado. La propia permanencia del pueblo gitano se explica en parte por la discriminación de la que ha sido objeto durante seiscientos años.

Durante la llamada transición no sólo se sobreseyeron los desmanes de una de las dos Españas. También se olvidó, por ejemplo, que antes de la Guerra Civil en Esquerra Republicana de Catalunya hubo un sector ultranacionalista, liderado por Josep Dencàs, prácticamente indistinguible del fascismo. Dencàs fue el protagonista de los acontecimientos que siguieron a la proclamación del Estat Català el 6 de octubre de 1934, que se saldaron con varias decenas de muertos, la suspensión del Estatut y el encarcelamiento del propio presidente de la Generalitat, Lluís Companys.

Afirma Barrera que Cataluña desaparecerá si sigue la inmigración a este ritmo. Con tan pesimista actitud no hace más que actualizar las predicciones del demógrafo Josep A. Vandellós, discípulo del estadístico fascista Corrado Gini. En los años de la Segunda República Vandellós advirtió del peligro de que la ‘raza’ catalana fuera asimilada por los inmigrantes ‘castellanos’. Ahora al parecer son los magrebíes quienes amenazan la continuidad histórica de Cataluña.

Pero supongamos que los temores de los nacionalistas son fundados. Que bajo los efectos de la inmigración Cataluña, Vasconia, Galicia, España entera pueden dejar de existir como pueblos diferenciados. ¿Y qué? Lo que es a mí, tal pérdida me dejaría bastante frío. Una sola vida humana vale infinitamente más que todas las tradiciones juntas. Lo que me hierve la sangre es saber que decenas, tal vez cientos de miembros de mi especie mueren cada año intentando cruzar el Estrecho de Gibraltar por una absolutamente injusta distribución de la riqueza a escala planetaria. Y me revienta especialmente que en este país se haya privado de derechos políticos a varias decenas de miles de personas mientras seguimos hablando de ‘derechos históricos’ y del sexo de los ángeles.

Según Léon Poliakov, el ser humano es racista por naturaleza y ese racismo natural sólo puede ser combatido por medio de la educación en la tolerancia y en el respeto de la diferencia. Y un vasco universal, Koldo Mitxelena, añadió: ‘Soy hombre antes que vasco y antifascista por encima de todo’. Pues aplíquese el cuento, señor Barrera.

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HERIBERT BARRERA

 

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Intervención de Heribert Barrera Costa, diputado de ERC, en la Comisión de Asuntos Constitucionales del Congreso, 8 de mayo de 1978 (Diario de sesiones num. 60, pp. 2079 a 2081)

 

“El Anteproyecto de la Constitución dice textualmente en su artículo segundo […]. Yo creo con todos los respetos para quienes tienen una opinión diferente, que es absolutamente erróneo aplicar a España entera los conceptos de nación y de patria. Si España comprende todo el actual territorio del Estado, España no es una nación, sino un Estado formado por un conjunto de naciones, ya que el concepto de nación, de nacionalidad, me parece puro artificio verbal.

Yo quisiera agradecer –continuó diciendo don Heribert Barrera- profundamente al profesor Tierno Galván su esfuerzo en intentar superar estos problemas, invocando la real polisemia de las palabras nación y nacionalidades, pero precisamente los que estamos aquí en posiciones más alejadas coincidímos plenamente en el valor semántico que en la Constitución hay que dar a estas dos palabras.

Si España no es una Nación, tampoco es una Patria, como dijo un gran catalán de tendencia conservadora, Enrique Prats de la Riba […]. España [sic] –probablemente el orador quiso decir Patria- sólo se tiene una, y para nosotros, catalanes, nuestra única Patria es Cataluña.

Hablar, por otra parte, de indivisibilidad y de unidad indisoluble, y a fortiori calificar la unidad de sagrada, como hizo el Sr. Fraga, sólo consigue patentizar un complejo de ansiedad. Es pertinente a este respecto recordar aquél refrán castellano que el Sr. Carrillo citó hace unos meses en nuestra Cámara: “Dime de qué presumes, y te diré de qué careces” […].

Estoy seguro, pues, que habría sido posible y sería todavía posible edificar un Estado nuevo sobre la base y las realidades profundas y existentes, y no de las viejas y carcomidas superestructuras que las ahoga y las disfraza.

El Anteproyecto –continuó diciendo el Sr. Barrera- da sólo unos pasos muy timidos en este sentido. Reconoce la existencia de nacionalidades, pero si exceptuamos esto, que en el orden teórico es un paso indiscutible hacia adelante, en el orden práctico sobre todo, nuestra nueva versión queda muy atrás de la Constitución republicana de mil novecientos treinta y uno […].

Es un mito peligroso pretender que las victorias militares antiguas, que destruyeron las Instituciones de viejas naciones de la Península, o la victoria militar de mil novecientos treinta y nueve, fueron suficientes para crear una nación española. La Península Ibérica tiene una entidad georgráfica, pero no es una unidad nacional. Cuando Portugal obtuvo su independencia, Cataluña luchó también contra el unitarismo del Conde-Duque de Olivares en una guerra que terminó en tablas, pero que la dejó mutilada de sus comarcas del Norte, que habían sido su cuna y que fueron tranquilamente cedidas por Felipe IV al Rey de Francia, Luis XIII.

Unos deceniso más tarde, en la Guerra de Sucesión, Felipe V, el primer Rey español de la Casa de Borbón –para nosotros, catalanes, de mala memoria-, abolió las libertades de los catalanes, además de las de los valencianos y mallorquines y las que había dejado Felipe II a los aragoneses. Pero ni su esfuerzo ni el de todos sus sucesores han conseguido que los catalanes,  en conjunto, sintiesen ningún sentimiento de pertenecer a otra Patria que Cataluña, ni aceptásemos tomar parte de una hipotética Nación  española, que sólo hemos conocido en forma de Estado coactivo y alienante […].

Las libertades de las nacionalidades que el Anteproyecto constituye en Comunidades Autónomas no deberían ser ni solicitadas ni autorizadas, sino que deberían haber sido reconocidas de entrada como realidades previas. Y es el Estado el que debería haber visto legitimadas sus funciones a través de cesiones parciales y expresas de soberanía por parte de cada una de las naciones que la integran.

Es únicamente por este camino, Sres. Diputados, que España en vez de ser la arena de conflicto incesantes, cruentos o incruentos, podría llegar a ser un país más normal, donde la gente se afrontase por divergencias políticas, económicas o sociales, pero no por razones de identidad nacional. Unicamente por este camino podríamos llegar a desmentir aquella visión pesimista que expresaba don José Ortega y Gasset, en un discurso memorable pronunciado hace casi exactamente cuarenta y seis años en este mismo Palacio, cuando decía que el problema catalán es un problema perpetuo, y que fuera de tal  sólo se puede conllevar, y que seguirá siendo problema mientras España subsista. La moderna psiquiatría –continuó sosteniendo el Sr. Barrera Costa- dice que muchas neurosis provienen de no querer aceptar las realidades personales interiores. Desde muchos puntos de vista, Sres. Diputados, España puede calificarse de país neurótico, y nuestra Gloria sería saber hacerla asumir su verdadera naturaleza y curarla para siempre de sus complejos. Yo también creo, más o menos como el Sr. Fraga, pero situando de manera muy diferente el punto de equilibrio, que hoy la gran cuestión es saber encontrar el equilibrio entre unidad y autonomía. Él dice unidad de la Nación y autonomía de las regiones. Yo digo unidad del Estado y autonomía de las naciones. Pero pienso como él que es sobre esta cuestión que la Historia nos juzgará.

 

 

 


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