NUEVA POLITICA DISTÓPICA

Elecciones. ¿A quién votar? ¿A quiénes conoces por su presencia constante en todos los informativos, o a desconocidos, permanentemente ignorados por los medios de manipulación informativa? Es la Nueva Política. Democracia Liberal Mediática. ¿Votamos por personas o por ideas?

En este trabajo hablamos de la construcción mediática del relato político. De la farsa y el engaño. De los manifestantes utilizados como carne de cañón por los beneficiarios del fraudulento relato de un sistema que solo permite su sustitución por el mismo sistema, basado en la explotación del hombre por el hombre.

Previniendo el estallido de grandes protestas sociales, dirigidas contra los responsables de la gran crisis del Capitalismo Financiero que ha hecho saltar por los aires la cláusula de Estado Social, y amenaza gravemente con hacer volar también la cláusula de Estado Democrático y de Derecho (Artículo 1 de la Constitución), amparándose en el monopolio informativo que detentan, que es de carácter Global, nos intentan convencer de que es posible un Capitalismo de izquierdas.

Han promovido hasta la náusea unos “Movimientos Sociales” falsos, generosamente financiados por el mismo sistema al que dicen oponerse, mediante subvenciones públicas y privadas; pero sobre todo, mediante la perversión de nuestro Derecho Fundamental a las Libertades de Expresión (solo pueden acceder al gran público, construyendo liderazgos, las opiniones de sus “pupilos”) y a recibir Información Veraz, que convierten en impune manipulación informativa a favor de “sus” candidatos, cuyo liderazgo imponen por esta vía.

Todos los medios de manipulación masiva del sistema han situado a “sus” candidatos al frente de la contestación social que se opone a los Poderes Globales Privados que nos gobiernan en la sombra; para desintegrar nuestras legítimas aspiraciones de libertad. Desde los medios –de los que son propietarios- que dicen dar voz a la derecha, los sitúan como los antagonistas –únicos- de las políticas Neoliberales, diseñando junto a los medios que se dicen de izquierdas –de los que también son dueños-, en los que Podemos es el eje de todas sus manipulaciones informativas, un fraudulento y falsario escenario en el que la oposición al Neoliberalismo está encarnada por … otros neoliberales. Alarma el silencio.

Como acertadamente apostillaba una comentarista a un artículo de un destacado líder de la que denominan “Nueva Política”, “La culpa de todos nuestros males no la tiene la desigualdad económica ni la falta de libertad y de justicia, la tiene el “heteropatriarcado” ¿no, payaso?“.

Esta es la clave: las reivindicaciones sociales promovidas por sus estrellas mediáticas, que pretenden ser políticas (en afortunada expresión de la Socióloga doña Ángeles Díez), en nombre de la “Nueva Política” (significante vacío), convertidas fraudulentamente por los Medios en “Opinión Pública”, no representan avances de la Libertad, sino nuevas cadenas que la atenazan todavía más. Son incluso beneficiosas para el sistema Ultraliberal que destruye nuestras vidas y el futuro de nuestros hijos. Para imponer este falso relato, el sistema precisa controlar los “Movimientos Sociales”. Y lo hace implantando a sus líderes. Para ello, ha de opacar por completo la misma existencia de cualquier otra alternativa.

Denunciamos aquí la imprescindible colaboración de los lideres mediáticos, aupados por los Medios de Manipulación Informativa, a la dirección de las protestas sociales. Disidencia controlada (http://www.globalresearch.ca/fabricando-disidencia-globalistas-y-elites-controlan-movimientos-populares/21206). Estos perversos y falsos liderazgos, en realidad meras construcciones mediáticas, se aprovechan de nuestro dolor para imponerse a nuestras demandas de justicia social. Aupados sobre nuestro sufrimiento, nos utilizan para imponernos condiciones de vida todavía más duras, en un proceso/bucle de duración infinita. Son nuestros liderazgos quienes enmascaran a nuestros verdugos.

Desde el poder en la sombra, desde el Poder Financiero Global, se pone en circulación un nuevo Mercado: El Mercado cuyos productos se podrían denominar “condiciones de libertad”; de servidumbre en realidad.

En este Nuevo Mercado, que es el verdadero significado de la expresión “Nueva Política”, los únicos ofertantes han de ser los “productores oficiales de condiciones de libertad”. El propio Sistema organiza a sus opositores. Quienes desde el altruismo y la empatía, producen verdaderas “Condiciones de Libertad” han de ser silenciados y expulsados del Mercado. Porque el verdadero producto que se ofrece y demanda en este fraude es la creación de opinión pública. O lo que es lo mismo, el Control Social. Se instaura el más allá al Neoliberalismo; el Ultraliberalismo, con sus guerras por la paz y la división y compartimentación de las poblaciones de este mundo, que quieren convertir en su granja global.

La potencia preventiva y reparadora del conflicto social, propia de los Derechos Humanos, ha de ser desactivada. Negando los Derechos Humanos a los que consideran “enemigos del Sistema”. Es lo que se ha venido a denominar “Derecho Penal del Enemigo“. Ciudadanos que ejercitan lícitamente sus Derechos Humanos como enemigos del sistema. Con la impasibilidad de los falsos líderes que nos han impuesto por medio de la Uniformidad informativa falsaria de las informaciones que recibimos de los grupos financieros globales, por medio de SUS Medios de Comunicación.

Lo que Santiago Pedraz, Juez de la Audiencia Nacional, describió como “convenida decadencia de la clase política“, ha de ser completado con la referencia al también decadente Poder Judicial, gravemente afectado por el Corporativismo y la Politización. Y, sobre todo, con la monolítica Corrupción Informativa, que posibilita la obtención de nuestro consentimiento, de nuestra aceptación tácita de todo cuanto, fraudulentamente, se nos presenta como Opinión Pública, fruto de la pasividad que surge de la impotencia, de la imposibilidad del ejercicio efectivo de las Libertades de Expresión e Información por parte de la inmensa mayoría de nosotros, que sinceramente nos oponemos a la continuación del expolio de nuestros Derechos Humanos. La “opinión pública” reducida a “Opinión Publicada”. Que se define por enfrentarnos a los unos con los otros; enfrentando minorías se imposibilita la posibilidad de una mayoría capaz de poner fin a tanta miseria y corrupción. Discutimos airadamente  sobre los medios, sin conocer los fines.

Cuando a la corrupción política y a la corrupción judicial añadimos la Corrupción Informativa, empezamos a vislumbrar la realidad de un Sistema extremadamente perverso que se retroalimenta de las diferentes corrupciones existentes en su seno. La corrupción es un organismo vivo, una suerte de Hidra con muchas cabezas; cada una ampara el desarrollo de las demás. No nos ayudarán a superar este bucle paralizante los nuevos liderazgos artificiales, construidos por las mentiras oficiales travestidas de información veraz, amparados por la injusticia, la impunidad de estas perversas categorías de delincuentes y la criminalización del ejercicio de los Derechos Humanos.

El objetivo no es otro que DESINCENTIVAR LA EXPRESIÓN DE LA DISCREPANCIA POLÍTICA.

En la necesaria defensa de los Derechos Humanos, no nos han de importar “nuestros” Derechos, sino “los” Derechos. De otra forma no habrá solidaridad, sino egoísmo.

AUSAJ 

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Una injusticia hecha al individuo es una amenaza hecha a toda la sociedad

(Montesquieu)

 

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UNA DISTOPÍA FELIZ

Por Chris Hedges*

 

Las dos grandes visiones sobre distopías futuras han sido “1984”, de George Orwell, y “Un mundo feliz”, de Aldous Huxley. El debate existente entre quienes observaban nuestro deslizamiento hacia el totalitarismo de las corporaciones giraba en torno a quién de los dos escritores tenía razón. ¿Viviríamos dominados, como escribió Orwell, por una vigilancia represiva y un estado de seguridad que utilizaría formas de control brutales y violentas? ¿O, como Huxley imaginó, nos sentiríamos fascinados por el entretenimiento y el espectáculo, cautivos de la tecnología y seducidos por un derroche consumista que envolvería nuestra propia opresión? Pues ha resultado que ambos, Orwell y Huxley, tenían razón. Huxley fue capaz de imaginar la primera fase de nuestra esclavitud. Orwell la segunda.

Como Huxley predijo, el estado de las corporaciones nos ha ido despojando gradualmente, seduciéndonos y manipulándonos con gratificaciones sensuales, artículos baratos producidos en masa, crédito sin límites, teatro político y diversión. Mientras nos iban entreteniendo y envolviendo, fueron desmantelando todo el conjunto de regulaciones que en otro tiempo mantuvieron a raya al depredador estado corporativo, volviendo a reescribir las leyes que nos protegían hasta abocarnos a la pobreza. En estos momentos, el crédito se ha secado ya, los puestos de trabajo medianamente decentes para la clase trabajadora han desaparecido para siempre y los artículos producidos en masa resultan ahora inasequibles, por todo lo cual nos vemos transportados desde “Un mundo feliz” a “1984”. El estado, asfixiado por déficits masivos, guerras sin fin y fechorías corporativas, se desliza hacia la bancarrota. Ha llegado la hora de que el Gran Hermano se apodere del sensorama, de la orgia-porfía y de la bomba centrífuga de Huxley. Estamos pasando de una sociedad donde se nos manipula hábilmente con mentiras e ilusiones a otra donde estamos clara y totalmente controlados.

Orwell alertó sobre un mundo donde los libros estarían prohibidos. Huxley advirtió de un mundo donde nadie querría ya leer libros. Orwell alertó sobre un estado de guerra y miedo permanentes. Huxley advirtió de una cultura habitada por un placer vacío de sentido. Orwell avisó acerca de un estado donde todas las conversaciones y pensamientos estaban vigilados y la disidencia brutalmente reprimida. Huxley alertó sobre un estado donde su población sólo se preocupaba por las trivialidades y el cotilleo, sin que le importaran ya ni la verdad ni la información fidedigna. Orwell nos veía asustados y sometidos. Huxley nos veía seducidos y sometidos. Pero estamos descubriendo que Huxley no era más que el preludio de Orwell. Huxley entendía que en ese proceso éramos nosotros los cómplices de nuestra propia esclavitud. Orwell lo interpretaba como esclavitud. Ahora que el Estado corporativo ha dado ya el golpe maestro, nos encontramos desnudos e indefensos. Y estamos empezando a entender, como Karl Marx supo, que el capitalismo sin restricciones y sin reglamentar es una fuerza brutal y revolucionaria que explota a los seres humanos y el medio ambiente hasta agotarlos o destruirlos.

El Partido busca el poder completamente en su propio beneficio”, escribió Orwell en 1984. “No estamos interesados por el bien de los otros; únicamente nos interesa el poder. Ni la riqueza ni el lujo ni una vida larga ni la felicidad: sólo el poder, el poder puro. Lo que implica el poder puro lo comprenderán ahora. Nos diferenciamos de las oligarquías del pasado en que sabemos lo que estamos haciendo. Todos los demás, incluso los que se nos parecieron, eran cobardes e hipócritas. Los nazis alemanes y los comunistas rusos se nos parecían mucho en sus métodos, pero nunca tuvieron valor para reconocer sus propios motivos. Pretendieron, quizá hasta se lo creyeron, que habían tomado el poder de mala gana, por tiempo limitado y que justo a la vuelta de la esquina había un paraíso donde los seres humanos eran libres e iguales. Nosotros no somos así. Sabemos que nadie toma nunca el poder con intención de renunciar al mismo. El poder no es un medio, es un fin. Uno no establece una dictadura para salvaguardar una revolución; uno hace una revolución para establecer una dictadura. El objeto de la persecución es la persecución. El objeto de la tortura es la tortura. El objeto del poder es el poder”.

El filosofo político Sheldon Wolin utiliza el término “totalitarismo invertido” en su libro “Democracia Corporativa” para describir nuestro sistema político. Es un término que daría sentido a Huxley. En el totalitarismo invertido, las sofisticadas tecnologías del control corporativo, la intimidación y manipulación de masas, que superan de lejos las utilizadas por los anteriores estados totalitarios, se enmascaran eficazmente con el oropel, el ruido y la abundancia de una sociedad de consumo. Se va renunciando gradualmente a la participación política y a las libertades civiles. El estado corporativo, escondido tras la pantalla de humo de la industria de las relaciones publicas, del entretenimiento y el materialismo chabacano de una sociedad de consumo, nos devora de dentro a afuera. No le debe lealtad a nadie, ni a nosotros ni a la nación. Se da un festín con nuestros cadáveres.

El estado corporativo no encuentra su expresión en un líder demagogo o carismático. Se define por el anonimato y la ausencia de rostro de la corporación. Las corporaciones, que suelen alquilar a portavoces atractivos como Barack Obama, controlan los usos de la ciencia, la tecnología, la educación y la comunicación de masas. Controlan los mensajes en el cine y en la televisión. Y, al igual que en Un mundo feliz, utilizan estas herramientas de comunicación para reforzar la tiranía. Nuestro sistema de comunicación de masas, como Wolin escribe, “obstaculiza, elimina cualquier elemento que pudiera introducir cualificación, ambigüedad o dialogo, cualquier cosa que pudiera debilitar o complicar la fuerza total de su creación, hasta su total impresión”.

El resultado es un sistema monocromático de la información. Cortesanos de famosos, haciéndose pasar por periodistas, expertos y especialistas, identifican nuestros problemas y explican pacientemente los parámetros. Se descarta como seres raros irrelevantes, extremistas y miembros de la izquierda radical a todos aquellos que se posicionan fuera de los parámetros impuestos. Se prohíbe a críticos sociales clarividentes, desde Ralph Nader a Noam Chomsky. Las opiniones aceptables van de la A a la B. La cultura, bajo tutela de esos cortesanos corporativos, se convierte, como Huxley señaló, en un mundo de conformidad alegre, así como en un inacabable y finalmente fatal optimismo. Nos compramos a nosotros mismos comprando productos que prometen cambiar nuestras vidas, haciéndonos más guapos, más seguros o exitosos mientras velozmente nos despojan de nuestros derechos, dinero e influencia. Todos los mensajes que recibimos a través de estos sistemas de comunicación, ya sea en las noticias de la noche o en los programas de entrevistas como “Oprah”, prometen un mañana más brillante y más feliz. Y esta es, como Wolin señala, “la misma ideología que invita a los ejecutivos de las corporaciones a exagerar beneficios y ocultar pérdidas, pero siempre con rostro risueño”. Estamos embelesados, como Wolin escribe, por “los continuos avances tecnológicos” que “fomentan elaboradas fantasías de destrezas individuales, juventud eterna, belleza gracias a la cirugía, acciones que se miden en nanosegundos: una cultura repleta de sueños de control y posibilidades en constante expansión, cuyos habitantes son propensos a fantasear porque la inmensa mayoría tiene imaginación pero pocos conocimientos científicos”.

Han desmantelado nuestra base industrial. Los especuladores y estafadores han saqueado el Tesoro estadounidense y han robado miles de millones a los pequeños accionistas que habían reservado ese dinero para la jubilación o para ir a la universidad. Se han eliminado las libertades civiles, incluido el habeas corpus y la protección contra las escuchas telefónicas sin orden judicial. Los servicios básicos se han entregado a las corporaciones, incluidas la educación pública y la atención sanitaria, que los explotan buscando únicamente el beneficio. El establishment corporativo ridiculiza a los pocos que se atreven a alzar su voz disidente, que se niegan a participar en la feliz charla corporativa, etiquetándoles de bichos raros, de frikis.

Las actitudes y el temperamento han sido astutamente manipulados por el estado corporativo, al igual que los maleables personajes de Huxley en Un mundo feliz. El protagonista del libro, Bernard Marx, vuelca su frustración en su novia Lenina:

“¿No te gustaría ser libre, Lenina”, pregunta.

No comprendo qué quieres decir. Soy libre, libre para tener el tiempo más maravilloso. Todo el mundo es feliz hoy en día.”

Él se rió: “Sí, ‘todo el mundo es feliz hoy en día’. Pero, ¿no te gustaría ser libre para ser feliz de otra manera, Lenina? A tu manera, por ejemplo; no del mismo modo que todos los demás”.

No sé lo que quieres decir”, repitió ella.

La fachada se derrumba. Y cada vez hay más gente que se da cuenta de que se les ha utilizado y se les ha robado, que poco a poco estamos yendo de “Un mundo feliz” de Huxley a “1984” de Orwell. En algún momento, la gente tendrá que enfrentar verdades muy desagradables. Los puestos de trabajo bien pagados no van a volver. Los mayores déficits de la historia humana significan que estamos atrapados en un sistema de servidumbre que el estado de las corporaciones utilizará para erradicar los últimos vestigios que quedan de protección social a los ciudadanos, incluida la Seguridad Social. El estado ha sufrido una regresión de la democracia capitalista al neofeudalismo. Y cuando todas estas verdades aparezcan claramente, la rabia sustituirá a la alegre conformidad impuesta por las corporaciones. La debilidad de nuestros bolsillos post-industriales, donde alrededor de 40 millones de estadounidenses viven en un estado de pobreza y decenas de millones en una categoría denominada de “casi pobreza”, junto con la carencia de crédito que pudiera salvar a las familias de las ejecuciones hipotecarias, de las apropiaciones de los bancos y de la bancarrota a causa de las facturas médicas, pone en evidencia que el totalitarismo invertido no va ya a funcionar.

Cada vez vivimos más en la Oceanía de Orwell, no en El Estado Mundial de Huxley. Osama bin Laden juega el papel asumido por Emmanuel Goldstein en “1984”. Goldstein, en la novela, es el rostro público del terror. Sus diabólicas maquinaciones y actos clandestinos de violencia dominan las noticias de la noche. La imagen de Goldstein aparece cada día en las pantallas de televisión de Oceanía como parte del ritual diario de “Dos Minutos de Odio” de la nación. Y sin la intervención del estado, Goldstein, al igual que bin Laden, acabará con vosotros. En la lucha titánica contra la personificación del mal, se justifican todos los excesos.

La tortura psicológica aplicada al soldado raso Bradley Manning – que lleva ya siete meses preso sin haber sido acusado de delito alguno- refleja el destrozo del disidente Winston Smith al final de “1984“. A Manning se le mantiene como “detenido sometido a máxima vigilancia” en el calabozo de la Base del Cuerpo de Marina Quantico, en Virginia. Pasa solo 23 de las 24 horas del día. Se le niega la posibilidad de hacer ejercicio. No puede tener almohada ni sábanas en la cama. Los doctores del ejército le han estado atiborrando de antidepresivos. Las más crudas formas de tortura de la Gestapo se han sustituido por refinadas técnicas orwellianas, en gran medida desarrolladas por psicólogos que trabajan para el gobierno para convertir en vegetales a disidentes como Manning. Destrozamos las almas y los cuerpos. Es más eficaz así. Ahora nos pueden llevar a todos a la temible Habitación 101 de Orwell para que nos conviertan en seres dóciles e inofensivos. Esas “especiales medidas administrativas” se imponen habitualmente a nuestros disidentes, incluido Syed Fahad Hashmi, quien pasó tres años encarcelado en condiciones parecidas antes de ser llamado a juicio. Esas técnicas han destrozado psíquicamente a miles de detenidos en nuestros agujeros negros por todo el globo. Constituyen la principal forma de control en nuestras prisiones de máxima seguridad, donde el estado corporativo hace la guerra sirviéndose astutamente de nuestra “inferior”: los afroamericanos. Todo presagia el cambio de Huxley a Orwell. 

Nunca podrás tener de nuevo sentimientos humanos normales“, dice el torturador de Winston Smith en “1984”. “Todo estará muerto dentro de ti. Ya no podrás ser capaz nunca de sentir amor o amistad o alegría de vivir o risa o curiosidad o valentía o integridad. Te quedarás vacío, hueco. Vamos a exprimirte hasta vaciarte y después te llenaremos de nosotros mismos“. 

El nudo se va estrechando. La era del divertimento se sustituye por la era de la represión. Decenas de millones de ciudadanos han tenido que entregar sus registros telefónicos y correos al gobierno. Somos la ciudanía más controlada y espiada en la historia humana. Muchos de nosotros tenemos nuestras rutinas diarias atrapadas en docenas de cámaras de seguridad. Nuestras inclinaciones y hábitos se registran en Internet. Nuestros perfiles se generan electrónicamente. Cachean nuestros cuerpos en los aeropuertos y nos filman con escáneres. Y los anuncios de servicio público, las pegatinas de los coches de inspección y los carteles del transporte público nos instan constantemente a informar de actividades sospechosas. Porque el enemigo está por todas partes. 

Se silencia brutalmente a quienes no se ajusten a los dictados de la guerra contra el terror, una guerra que, como Orwell señaló, es inacabable. Las draconianas medidas de seguridad utilizadas para reprimir las protestas en las cumbres del G-20 en Pittsburg y Toronto fueron salvajemente desproporcionadas para el nivel de actividad de la calle. Pero enviaron un claro mensaje: ¡NI SE OS OCURRA INTENTARLO! La persecución por parte del FBI de los activistas a favor de Palestina y en contra de la guerra, que el pasado septiembre vieron cómo los agentes asaltaban sus hogares en Minneapolis y Chicago, es un presagio de lo que está por venir para todos aquellos que se atrevan a desafiar el Neolengua oficial del estado. Los agentes – nuestra Policía del Pensamiento– incautaron teléfonos, ordenadores, documentos y otras pertenencias personales. Se han enviado citaciones judiciales a 26 personas para que comparezcan ante un gran jurado. Las notificaciones citan leyes federales que prohíben “proporcionar apoyo material o recursos destinados a organizaciones extranjeras terroristas“. El Terror, incluso para quienes no tienen nada que ver con el terrorismo, se convierte en el objeto contundente utilizado por el Gran Hermano para protegernos de nosotros mismos. 

¿Empiezan a ver, pues, qué clase de mundo estamos creando?“, escribió Orwell. “Es exactamente todo lo contrario de las estúpidas Utopías hedonistas que los viejos reformistas imaginaron. Un mundo de temor, traición y tormento, un mundo donde se pisotea y se es pisoteado, un mundo cada vez más despiadado en la medida en que se va refinando“.


*Fuente (en inglés):

http://www.truthdig.com/report/item/2011_a_abrave_new_dystopia_20101227/

Chris Hedges ha sido corresponsal en América Central, Oriente Medio, África y los Balcanes a lo largo de dos décadas. En 2002 recibió el Premio Internacional de los Derechos Humanos de Amnistía Internacional. En 2010 recibió el Premio a la Mejor Columna Online por el ensayo “One Day We’ll All Be Terrorists”. Ha dado clase en las Universidades de Columbia, Nueva York y Princetown. Actualmente da clases a los presos de un correccional de Nueva Jersey. Es también miembro del The Nation Institute.

 

 

 

 

 

 

 

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