Enfermedad Mental, Neurosis y Psicoanálisis, por Thomas Szasz

LA NEUROSIS ES UNA RELIGIÓN Y EL PSICOANÁLISIS UN CULTO, por Thomas Szasz

LA ENFERMEDAD MENTAL, por Thomas Szasz

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El segundo pecado,Reflexiones de un iconoclasta

Por Thoas Szasz

http://www.filosofiadigital.com/2010/02/la-infancia-por-thomas-szasz/

La infancia es una sentencia de cárcel que dura veintiún años.

Para el niño, control significa atención y amor; para el adulto, desdén y represión. En esto consisten el dilema y la tarea fundamentales de la sociedad: alentar a los padres a querer y controlar a sus hijos, y a los políticos a respetar a sus conciudadanos y a dejarles en paz (excepto cuando esos conciudadanos priven a otros de su vida, su libertad o sus propiedades).

Las sociedades modernas han recorrido gran parte del camino que lleva a la inversión de este proceso: alientan a los padres a fingir que respetan a sus hijos y de esta manera justifican su incapacidad de controlarlos; y a los políticos, a fingir amor por sus conciudadanos y así justifican sus esfuerzos por ejercer un control ilimitado sobre ellos.

La permisividad es el principio consistente en tratar a los niños como si fueran adultos; y la táctica para asegurarse de que nunca lleguen a esa etapa.

Si a un niño se le trata bien, puede que al hacerse mayor espere obtener algo sin dar nada a cambio; si se le trata mal, quizá esperará que le hagan dar algo sin recibir nada por ello. Navegar sin peligro entre el Escila de la “psicopatía” y el Caribdis del “masoquismo” es la tarea difícil, primero del padre y luego del propio niño en proceso de desarrollo.

Un niño se hace adulto cuando se da cuenta de que tiene derecho no sólo a tener razón, sino también a estar en un error.

En Estados Unidos existe hoy una tendencia generalizada a tratar a los niños como adultos y a los adultos como niños. Hablamos de infantilizar a los adultos, y llamamos “infantilismo” a su comportamiento pueril. Deberíamos reconocer el equivalente de esta pauta: hacer que los niños se comporten de manera adulta, lo cual da por resultado el “adultismo”. La opciones de los niños se amplían ininterrumpidamente, mientras que las de los adultos van reduciéndose progresivamente.

En pocas palabras, cada vez son menos las personas a las que tratamos como son en realidad. Protegiendo, supuestamente, a los niños de los males del autoritarismo y a los adultos de los males de la competencia, definimos y mantenemos el control sobre ellos al mismo tiempo que afirmamos que les estamos ayudando.

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THOMAS SZASZ, psiquiatra. El segundo pecado, Reflexiones de un iconoclasta, prólogo de Fernando Savater. Ediciones Martínez Roca, Colección Alcor, 1992. [FD, 04/07/2006]

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LA NEUROSIS ES UNA RELIGIÓN Y EL PSICOANÁLISIS UN CULTO *

Por Thomas Szasz

http://www.filosofiadigital.com/2011/09/la-neurosis-es-una-religion-y-el-psicoanalisis-un-culto-por-thomas-szasz/

El psicoanálisis es un intento de examinar las autojustificaciones de una persona. Por lo tanto, sólo puede emprenderse con la cooperación del paciente, y únicamente puede dar buen resultado cuando el paciente gana algo abandonando o modificando sus sistema de autojustificación.
 

Los primeros freudianos creían que la percepción interior “curaba”. Más adelante se vio que no era así, pero los psicoanalistas nunca explicaron qué era lo que curaba. En primer lugar, no tiene sentido hablar de una cura donde no hay ninguna enfermedad. En segundo lugar, entre la percepción interior y el cambio de personalidad existe la misma relación que entre el “es” y el “debería”, el hecho y el valor, o la ciencia y la política. Esto explica por qué la percepción interior no basta para cambiar a nadie, y también por qué los que afirman que es innecesaria en la psicoterapia están tan equivocados como los que la califican de indispensable.

Filósofos, psiquiatras y otros han debatido largamente sobre la cuestión de si el psicoanálisis es bueno, verdadero o válido. Los que abogan por la base científica del psicoanálisis afirman que es “bueno”, mientras que los que niegan dicha base dicen que no lo es. Es una confusión irónica, en primer lugar porque se apoya en el supuesto tácito de que lo que es científico es bueno; y, en segundo lugar, porque, si bien el psicoanálisis no es una ciencia, algo bueno hay en él.

Freud dijo que el histérico “sufre de reminiscencias”. No es cierto. Sufre porque no puede o no quiere afrontar y ocuparse de sus reminiscencias. ¿De qué otra forma podría ayudarle el psicoanalista?

Freud dijo que la religión era una neurosis. Se ajustaría más a la verdad decir que la neurosis es una religión.

Freud nunca se cansaba de hacer dos afirmaciones contradictorias: una, que no era necesario que una persona tuviera preparación médica o psiquiátrica para ejercer el psicoanálisis; la otra, que las neurosis (y las perversiones, psicosis, etc.) eran enfermedades. Creo que hacían estas afirmaciones por una sencilla razón: por un lado, quería adquirir el prestigio y la protección de la medicina para el culto religioso que estaba creando y sobre el que quería reinar… desde la Berggasse en vida y desde la tumba una vez muerto; por el otro, sabía, y se daba cuenta de que otros sabrían, que la conversación no es una forma de tratamiento médico.

Asociación libre: el término que usa el psicoanalista para manifestar que no aprueba que el paciente hable de lo que quiere hablar en vez de lo que el analista desea.

Teoría de la libido: la letanía de las liturgias freudianas.

Narcisista: término psicoanalítico que se aplica a la persona que se quiere más a sí misma que a su analista; se considera manifestación de una horrenda enfermedad mental cuyo tratamiento dará buen resultado sólo si el paciente aprende a querer más al analista y menos a sí mismo.

Instituto psicoanalítico: escuela cuyo profesorado, compuesto de hombres y mujeres ancianos y de mediana edad, los llamados psicoanalistas, degrada e infantiliza sistemáticamente a los alumnos, que son psiquiatras que se acercan a grandes zancadas a la mediana edad y se someten ansiosamente a esta ceremonia de degradación con la esperanza, a menudo frustrada, de que, una vez despojados por completo de todo juicio independiente, así como de la capacidad de formar tales juicios, podrán infligir el mismo tratamiento a otras personas, llamarlo psicoanálisis y cobrar unos elevados honorarios por él.

Encuentros psicoanalíticos: las liturgias de Yom Kippur o Expiación de los fieles secularizados y “científicos”: en vez de obsequiar a Dios con el relato en hebreo de sus propios pecados, los fieles se obsequian unos a otros, empleando la jerga del psicoanálisis, con dos descripciones de las aberraciones mentales de sus pacientes.

La teoría psicoanalítica: el canto de trabajo de los barqueros freudianos.

El inconsciente: el “territorio” de la mafia psicoanalítica.

Cuidado con el psicoanalista que analiza los chistes en vez de reír con ellos.

Actualmente, el psicoanálisis funciona como una religión disfrazada de ciencia y método de tratamiento. Del mismo modo que Moisés recibió las Leyes de Dios de Jehová, a quien, según él, tenía acceso especial, Freud recibió las Leyes de la Psicología del Inconsciente, al que, también según él, tenía acceso especial.

Las palabras que están saturadas de mentiras o atrocidades -escribe George Steiner– no resumen fácilmente la vida”. Por esto el lenguaje de la locura y el de los médicos de los locos son lenguas muertas. Cada uno de ellos trata de negar su propia mendacidad: el loco, por medio de la retórica fraudulenta de sus “síntomas”; el médico de los locos, mediante la retórica fraudulenta de sus “diagnósticos” y “tratamientos”.

También Sartre comenta el papel de la mentira en la epistemología del psicoanálisis: “Así, el psicoanálisis sustituye el concepto de la mala fe por la idea de una mentira  sin mentiroso; me permite comprender cómo es posible que me mientan sin mentirme a mí mismo…; sustituye la dualidad del engañador y el engañado, la condición esencial de la mentira, por la del “id” y el “ego”.

Pero, al rehabilitar la mentira, el psicoanálisis aniquila la verdad.

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THOMAS SZASZ, psiquiatra. El segundo pecado, Ediciones Martínez Roca, colección Alcor, 1992. FD, 22/01/2008.

 
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LA ENFERMEDAD MENTAL *

Por Thomas Szasz

http://www.filosofiadigital.com/2009/04/la-enfermedad-mental/

“La enfermedad mental es coacción disimulada como pérdida de autodominio; la psiquiatría institucional es contracoacción disimulada como terapia. La enfermedad mental es un engaño que realza a uno mismo, una estrategia para autopromoverse. Para la familia y la sociedad del paciente, la enfermedad mental es un problema; para el paciente mismo es una solución. Este es el gran descubrimiento de Freud. Actualmente, los psicoanalistas, hacen caso omiso de esto, y los psiquiatras lo niegan.”

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La enfermedad corporal es algo que el paciente tiene, mientras que la mental es en realidad algo que el paciente es o hace. Si la neurosis y la psicosis fueran enfermedades, como la neumonía o el cáncer, sería posible que una persona tuviera a la vez una neurosis y una psicosis. Pero las reglas de la sintaxis psiquiátrica hacen que sea absurdo dar esta combinación diagnóstica. En realidad, usamos las palabras “neurótica” y “psicótica” (y otros términos que se emplean en los diagnósticos psiquiátricos) para caracterizar a las personas y no para nombrar enfermedades.

La enfermedad mental es una definición falsa de un problema relativo a ti mismo y a los demás. No decimos: “Vivo mal. Soy inmoral”; en vez de ello decimos: “Estás confundido. Tu mente no funciona como es debido. Estás enfermo”.

La enfermedad mental es coacción disimulada como pérdida de autodominio; la psiquiatría institucional es contracoacción disimulada como terapia.

Thomas Szasz

La enfermedad mental es un engaño que realza a uno mismo, una estrategia para autopromoverse.

Para la familia y la sociedad del paciente, la enfermedad mental es un problema; para el paciente mismo es una solución. Este es el gran descubrimiento de Freud. Actualmente, los psicoanalistas, hacen caso omiso de esto, y los psiquiatras lo niegan.

Cuando la resistencia de una persona contra la coacción malévola se encuentra en su punto más bajo, cuando ya no puede defenderse de la intrusión del otro, entonces esa persona sufre lo que popularmente se llama una crisis nerviosa; en la jerga psiquiátrica se vuelve psicótica. Entonces, o bien afirma que le están ocurriendo cosas terribles (lo cual es cierto), o que es invulnerable y poderosa (lo cual es una forma de engañarse a sí misma para que la vida sea tolerable), o ambas cosas.

No esperamos que todo el mundo sea buen nadador, jugador de golf, ajedrecista, o tirador; tampoco consideramos enfermos a los malos jugadores. Las actividades que constituyen ser estudiante, padre o madre, trabajador, etc., se parecen en muchas cosas a las que constituyen ser jugador de golf o ajedrecista. Sin embargo, pretendemos que todo el mundo sea competente en los juegos de su propia vida; y a los que juegan mal -a ser marido o esposa, madre o padre- les consideramos enfermos, esto es, enfermos mentales.

Si un hombre nos cuenta mentiras sobre su coche para sacarnos más dinero en la venta, se trata de un comportamiento económico comprensible. Pero si nos miente sobre sí mismo, para llamar más la atención, se trata de una locura misteriosa. A lo primero, respondemos regateando en torno al precio; y, a lo segundo, combatiendo la enfermedad mental.

Gran parte de lo que actualmente pasa por enfermedad mental es en realidad el fruto de la aprensión y el temor. Hablamos de la paga del pecado, que sin duda es real. En justa correspondencia, deberíamos hablar de la paga del miedo: el miedo a ser, el miedo a vivir y a morir, el miedo a equivocarse, el miedo a que nos tengan envidia o lástima, el miedo a ser diferente. La paga de estos miedos son las numerosas autoinhibiciones a las que llamamos enfermedad mental.

HISTERIA: Sartre dice que la histeria es una mentira sin mentiroso. También podría decirse que el histérico es un mentiroso que no admite ni reconoce sus mentiras.

FOBIA: un tipo de dramatización del ser, como si la persona se dijera a sí misma: “Tengo miedo a X (los gatos, las arañas, estar sola, etcétera), aun cuando no hay ningún motivo para tener miedo a X”. La vida empobrecida de esta persona (que suele ser una mujer) se convierte así en una especie de relato detectivesco, una película de misterio o una función de gran guiñol. Una vida vacía se transforma de este modo, sin esfuerzo o trabajo real, en una vida llena de interesantes peligros, amenazas y terrores. Esto resuelve el problema que tiene el paciente, el problema de qué hacer con su vida: debe protegerse de los peligros que le amenazan.

HIPOCONDRÍA: atención exagerada a la propia mala salud (real o fingida). La enfermedad resuelve el problema del aburrimiento y de la elección de carrera: el hipocondríaco es un “Jeremías” (“el profeta llorón”) de su propia fisiología.

ESQUIZOFRÉNICO: adulto joven que teme construir o se niega a ello.

PSICÓPATA O DEPENDIENTE PASIVO: persona que trata de vivir en casa ajena.

DEPRIMIDA: persona que desprecia lo que ha construido.

MANÍACO: individuo que enseña su leonera como si fuera un palacio.

Una vez hemos diagnosticado estas enfermedades mentales, nos ponemos a buscar las enzimas defectuosas o las moléculas torcidas en el cerebro del supuesto paciente. Decimos que andamos buscando las causas de la enfermedad mental. En realidad no tratamos de ver nada, sino que, al contrario, tratamos de no ver las tragedias de la vida que nos miran fijamente a los ojos. Y nos sale muy bien.

LA ENFERMEDAD MENTAL COMO FALSIFICACIÓN:

HISTERIA: la falsificación de la enfermedad. ESQUIZOFRENIA: la falsificación del sentido. PSICOPATÍA: la falsificación del valor. HOMOSEXUALIDAD, TRAVESTISMO: la falsificación del género.

LA ENFERMEDAD MENTAL COMO DRAMA:

DEPRESIÓN: tragedia. MANÍA: comedia. HISTERIA: melodrama. TRAVESTISMO: farsa.

LA ENFERMEDAD MENTAL COMO CARICATURA:

DEPRESIÓN: caricatura de la contrición. HIPOCONDRÍA: caricatura de la preocupación por la salud propia. MANÍA: caricatura del amor y la devoción. PARANOIA: caricatura de la preocupación por la traición, el peligro y la protección. OBSESIÓN Y COMPULSIÓN: caricatura de la escrupulosidad.

Hoy día, especialmente en Estados Unidos, todas las dificultades y todos los problemas de la vida se consideran enfermedades psiquiátricas y, en mayor o en menor medida, a casi todo el mundo se le considera un enfermo mental. De hecho, no es exagerado decir que la vida misma se ve ahora como una enfermedad que empieza con la concepción y termina con la muerte, y que mientras dura necesita a cada paso la ayuda de los médicos y, sobre todo, de los profesionales de la salud mental.

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THOMAS SZASZ, psiquiatra. El segundo pecado, prólogo de Fernando Savater. Ediciones Martínez Roca, colección Alcor, 1992. [FD, 30/05/2006]

 

 
 

 

 

 

 

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