NUEVA POLÍTICA: EL VIAJE HACIA NINGUNA PARTE, por Javier Marías y Miren Etxezarreta

 

[1] EL ESPEJO Y LA MÁSCARA

Por JORGE LUIS BORGES

Del libro de cuentos «El libro de arena»

Librada la batalla de Clontarf, en la que fue humillado el noruego, el Alto Rey habló con el poeta y le dijo:

-Las proezas más claras pierden su lustre si no se las amoneda en palabras. Quiero que cantes mi victoria y mi loa. Yo seré Eneas; tú serás mi Virgilio. ¿ Te crees capaz de acometer esa empresa, que nos hará inmortales a los dos?

-Sí, Rey -dijo el poeta-. Yo soy el Ollan. Durante doce inviernos he cursado las disciplinas de la métrica. Sé de memoria las trescientas sesenta fábulas que son la base de la verdadera poesía. Los ciclos de Ulster y de Munster están en las cuerdas de mi arpa. Las leyes me autorizan a prodigar las voces más arcaicas del idioma y las más complejas metáforas. Domino la escritura secreta que defiende nuestro arte del indiscreto examen del vulgo. Puedo celebrar los amores, los abigeatos, las navegaciones, las guerras. Conozco los linajes mitológicos de todas las casas reales de Irlanda. Poseo las virtudes de las hierbas, la astrología judiciaria, las matemáticas y el derecho canónico. He derrotado en público certamen a mis rivales. Me he adiestrado en la sátira, que causa enfermedades de la piel, incluso la lepra. Sé manejar la espada, como lo probé en tu batalla. Sólo una cosa ignoro: la de agradecer el don que me haces.

El Rey, a quien lo fatigaban fácilmente los discursos largos y ajenos, le dijo con alivio:

-Sé harto bien esas cosas. Acaban de decirme que el ruiseñor ya cantó en Inglaterra. Cuando pasen las lluvias y las nieves, cuando regrese el ruiseñor de sus tierras del Sur, recitarás tu loa ante la corte y ante el Colegio de Poetas. Te dejo un año entero. Limarás cada letra y cada palabra. La recompensa, ya lo sabes, no será indigna de mi real costumbre ni de tus inspiradas vigilias-

-Rey, la mejor recompensa es ver tu rostro-dijo el poeta, que era también un cortesano.

Hizo sus reverencias y se fue, ya entreviendo algún verso.

Cumplido el plazo, que fue de epidemias y rebeliones, presentó el panegírico. Lo declamó con lenta seguridad, sin una ojeada al manuscrito. El Rey lo iba aprobando con la cabeza. Todos imitaban su gesto, hasta los que agolpados en las puertas, no descifraban una palabra. Al fin el Rey habló.

-Acepto tu labor. Es otra victoria. Has atribuido a cada vocablo su genuina acepción ya cada nombre sustantivo el epíteto que le dieron los primeros poetas. No hay en toda la loa una sola imagen que no hayan usado los clásicos. La guerra es el hermoso tejido de hombres y el agua de la espada es la sangre. El mar tiene su dios y las nubes predicen el porvenir. Has manejado con destreza la rima, la aliteración, la asonancia, las cantidades, los artificios de la docta retórica, la sabia alteración de los metros. Si se perdiera toda la literatura de Irlanda -omen absit- podría reconstruirse sin pérdida con tu clásica oda. Treinta escribas la van a transcribir dos veces.

Hubo un silencio y prosiguió.

-Todo está bien y sin embargo nada ha pasado. En los pulsos no corre más a prisa la sangre. Las manos no han buscado los arcos. Nadie ha palidecido. Nadie profirió un grito de batalla, nadie opuso el pecho a los vikings. Dentro del término de un año aplaudiremos otra loa, poeta. Como signo de nuestra aprobación, toma este espejo que es de plata.

-Doy gracias y comprendo -dijo el poeta. Las estrellas del cielo retornaron su claro derrotero. Otra vez cantó el ruiseñor en las selvas sajonas y el poeta retornó Con su códice, menos largo que el anterior. No lo repitió de memoria; lo leyó Con visible inseguridad, omitiendo ciertos pasajes, Como si él mismo no los entendiera del todo o no quisiera profanarlos. La página era extraña. No era una descripción de la batalla, era la batalla. En su desorden bélico se agitaban el Dios que es Tres y es Uno, los númenes paganos de Irlanda y los que guerrearían, centenares de años después, en el principio de la Edda Mayor. La forma no era menos curiosa. Un sustantivo singular podía regir un verbo plural. Las preposiciones eran ajenas a las normas Comunes. La aspereza alternaba Con la dulzura. Las metáforas eran arbitrarias o así lo parecían.

El Rey cambió unas pocas palabras Con los hombres de letras que lo rodeaban y habló de esta manera:

-De tu primera loa pude afirmar que era un feliz resumen de cuanto se ha cantado en Irlanda. Ésta supera todo lo anterior y también lo aniquila. Suspende, maravilla y deslumbra. No la merecerán los ignaros, pero sí los doctos, los menos. Un cofre de marfil será la custodia del único ejemplar. De la pluma que ha producido obra tan eminente podemos esperar todavía una obra más alta.

Agregó con una sonrisa: -Somos figuras de una fábula y es justo recordar que en las fábulas prima el número tres.

El poeta se atrevió a murmurar: -Los tres dones del hechicero, las tríadas y la indudable Trinidad. El Rey prosiguió: -Como prenda de nuestra aprobación, toma esta máscara de oro.

-Doy gracias y he entendido -dijo el poeta. El aniversario volvió. Los centinelas del palacio advirtieron que el poeta no traía un manuscrito. No sin estupor el Rey lo miró; casi era otro. Algo, que no era el tiempo, había surcado y transformado sus rasgos. Los ojos parecían mirar muy lejos o haber quedado ciegos. El poeta le rogó que hablara unas palabras con él. Los esclavos despejaron la cámara.

-¿No has ejecutado la oda? -preguntó el Rey; -Sí -dijo tristemente el poeta-. Ojalá Cristo Nuestro Señor me lo hubiera prohibido.

-¿Puedes repetirla?.: -No me atrevo.

-Yo te doy el valor que te hace falta -declaró el Rey.

El poeta dijo el poema. Era una sola línea. Sin animarse a pronunciarla en voz alta, el poeta y su Rey la paladearon, como si fuera una plegaria secreta o una blasfemia. El Rey no estaba menos maravillado y menos maltrecho que el otro. Ambos se miraron, muy pálidos.

-En los años de mi juventud -dijo el Rey- navegué hacia el ocaso. En una isla vi lebreles de plata que daban muerte a jabalíes de oro. En otra nos alimentamos con la fragancia de las manzanas mágicas. En otra vi murallas de fuego. En la más lejana de todas un río abovedado y pendiente surcaba el cielo y por sus aguas iban peces y barcos. Éstas son maravillas, pero no se comparan con tu poema, que de algún modo las encierra. ¿Qué hechicería te lo dio?

-En el alba -dijo el poeta- me recordé diciendo unas palabras que al principio no comprendí. Esas palabras son un poema. Sentí que había cometido un pecado, quizá el que no perdona el Espíritu.

-El que ahora compartimos los dos -el Rey musitó-. El de haber conocido la Belleza, que es un don vedado a los hombres. Ahora nos toca expiarlo. Te di un espejo y una máscara de oro; he aquí el tercer regalo que será el último.

Le puso en la diestra una daga. Del poeta sabemos que se dio muerte al salir del palacio; del Rey, que es un mendigo que recorre los caminos de Irlanda, que fue su reino, y que no ha repetido nunca el poema.

SUMARIO: 

[1] «El espejo y la máscara», por Jorge Luis Borges 

[2] Nos complace esta ficción, por Javier Marías 

[3] ¿Hacia dónde vamos? por Miren Etxezarreta

 

 

[2] Nos complace esta ficción

Por Javier Marías
 
Artículo publicado el 2 de diciembre de 2018 en
 
Demasiada gente ha decidido abrazar el cuento que le gusta, como los niños, independientemente de que sea o no verdadero
 

DADA LA PROGRESIVA infantilización del mundo, que va durando por lo menos tres décadas, quizá no sea tan extraño lo que está pasando con la verdad, la ficción y la mentira. Nos llama la atención que la primera cuente cada vez menos para gran número de personas, y que éstas abracen la segunda o la tercera acríticamente, si es que no con gran entusiasmo. Se empezó por mentir en cosas menores, como los rótulos de los cuadros expuestos en los museos: se censuraron, se adulteraron para que nadie se sintiera ofendido (y es imposible que hoy no haya alguien que se sienta ofendido por cualquier cosa), o incluso para negar lo que las imágenes mostraban, por ejemplo “Sátiros retozando con ninfas”, que ya no recuerdo si se cambió por “Encuentro campestre” o por “Acoso a menores”. Después se pasó a tergiversar el pasado, o, lo que es peor, a juzgarlo con ojos contemporáneos imbuidos de rectitud y de supuesta superioridad, es decir, se llegó a la rápida conclusión de que todos nuestros antepasados habían sido gente errada, injusta, salvaje, colonialista, racista y machista. Se decidió que la historia entera del mundo había sido sólo una sucesión de horrores, de la que nada más se salvaban —contradictoriamente— las incontables víctimas. Se produjo entonces una loca carrera para adquirir la condición de víctima, por raza, nacionalidad, religión, sexo o clase. Hoy no hay nadie que no ansíe serlo, la palabra se ha revestido de un insólito prestigio. La carrera y el afán son tan locos que hasta Trump y sus partidarios se presentan así, como víctimas perseguidas, lo mismo que Le Pen, Salvini, Orbán, Bolsonaro, Torra y demás ultraderechistas planetarios. La conclusión que parece haberse alcanzado es que nadie puede ganar elecciones y tener éxito si no presume de haber sido agraviado y maltratado. Ellos o sus ancestros, tanto da, hablé hace poco del triunfo de la idea del pecado original, sólo que ahora no nos sacudimos nunca sus sucedáneos, cargamos con ellos desde la cuna hasta la tumba.

Si yo fuera historiador viviría desesperado, porque la labor de éstos jamás había caído tanto en saco roto. El historiador investiga y se documenta, dedica años al estudio, cuenta honradamente lo que averigua (bueno, los que son honrados, porque también proliferan los deshonestos a sueldo de políticos sin escrúpulos, los que mienten a conciencia), matiza y sitúa los hechos en su contexto. Nada de esto sirve para la mayoría. Tienen mucha más difusión y eficacia unos cuantos tuits falaces y simplistas, y lo más grave es que casi todo el mundo se achanta ante los aluviones de falsedades. Hace poco un deportista estadounidense se plegó a disculparse por haber citado en las redes una frase inocua de Churchill: “En la victoria, magnanimidad”. El problema no era la cita, sino su procedencia: ¿cómo se le ocurre suscribir nada de ese racista imperialista? Más o menos como si hubiera citado a Hitler, del cual estamos libres sobre todo gracias a Churchill. También se ha salido con la suya un concejal o similar de Los Ángeles, de apellido inequívocamente irlandés (luego europeo), O’Farrell. El tal O’Farrell, sin embargo, aduce tener sangre iroquesa o wyandot y ha retirado una estatua de Colón entre aplausos, tras decretar que el Almirante fue un genocida, que debió quedarse en casa sin surcar el océano, porque con su estúpido viaje inició un monstruoso daño a las tribus y culturas indígenas de lo que luego se llamó América. No cabe duda de que para los indígenas del siglo XV la aparición de los europeos fue un desastre y el término de su modo de vida, que tampoco era ejemplar ni compasivo. Pero no tiene sentido que hoy se identifiquen con ellos individuos que se llaman O’Farrell, Jensen, Schulz, Smith, Grabowski, Esterhazy, Qualen, Occhipinti, Beauregard, Tamiroff o Morales, y que están en su país gracias a Colón precisamente. Pocos quedan que se apelliden Hawkeye (Ojo de Halcón) o cosas por el estilo.

Demasiada gente ha decidido abrazar el cuento que le gusta, como los niños, independientemente de que sea o no verdadero. El historiador actual se desgañita: “Pero ­oigan, que esto no fue así, que esta versión es falsa, que nada hay que la sostenga”. Y la respuesta es cada vez más: “Eso nos trae sin cuidado. Nos conviene este relato, nos complace esta ficción, y es la que mejor se adecúa a nuestros propósitos. Es el espejo en que nos vemos más favorecidos, a saber, como víctimas y ofendidos, como sojuzgados y humillados, como mártires y esclavos. Sin esos agravios a los nuestros, no vamos a ninguna parte ni podemos vengarnos. Y de eso se trata, de vengarnos”. Otro día hablaré tal vez del fomento del resentimiento. Pero lo cierto es que, como he dicho, hasta Trump y sus votantes aspiran hoy a eso, a resarcirse y vengarse, a recuperar el país que según ellos se les ha arrebatado. Cuando los opresores palmarios se reclaman también oprimidos, y con ellos el planeta entero, algo está funcionando muy mal en las cabezas pensantes. Quizá es que grandes porciones de la humanidad ya no alcanzan el uso de razón, como se llamaba antes, que nos sobrevenía más o menos a los siete años. 

 

 

[3] ¿Hacia dónde vamos?

Por Miren Etxezarreta

Artículo publicado el 27 de noviembre de 2018 en
 

El sábado 24, en la TV de un canal autonómico, se proyectó la entrevista con el señor Benjamin Harnwell, de la extremísima derecha,  al que presentaron como seguidor y compañero favorito de Steve Bannon, el estadounidense que tras asesorar a Trump ha venido a Europa para guiar a las derechas europeas a fortalecerse y ganar todas las elecciones. Al acabar la entrevista me preocupaba mucho la sociedad que la misma proyectaba. Pensé en mis nietos y sentí mucha tristeza por ellos. ¿Qué les espera?

 

Definió su posición como nacionalismo populista que explicitó en qué consistíaDestacó la necesidad de sociedades que defendiesen los valores judeocristianos -¿desde cuándo no habíamos oído presentar un programa en estos anticuados términos?-, que cada persona es exclusivamente responsable de su suerte y, sobre todo, que en el mundo cristiano occidental no hay lugar para la tercera parte de  los 1.800 millones de africanos que quieren invadirlo…

 

No dijo muchas más cosas distintas a las habituales de la extrema derecha si bien fue más claro que otros muchos en su aparente sencillez, aunque más bien expresaba prepotencia. Pero entre tantos aspectos preocupantes, dos puntos a destacar: Uno, ya habitual entre las derechas, -la ‘normal’ y la extrema-, acerca de la conveniencia de disminuir impuestos. Fue la única medida concreta de tipo económico que propuso y a la que se refirió insistentemente: No hace falta pagar impuestos. Que siempre suena bien a los oídos de todos los que ven el mundo desde la única perspectiva de sus propios bolsillos. Que completó con un segundo elemento, menos habitual pero que le permitía mantener su coherencia con el anterior: tuvo que dar muchas vueltas para justificar que él, como cristiano, cree en la solidaridad, pero que es mucho más importante que esta se realice individualmente mediante la caridad. Señalándose el corazón apuntó a la trascendencia que esta se hiciese porque uno quiere y cuando quiere y no cuando el Estado, mediante los impuestos, absorbe los recursos necesarios para sostener el gasto social. Una caridad voluntaria es mucho más humana y cálida, dijo,  que el derecho que proporciona la fría voluntad del Estado.

Dijo más cosas que a pesar de ser conocidas son preocupantes porque están trabadas en un discurso que puede parecer lógico a una parte sustancial de la ciudadanía. Era un discurso muy estudiado y bien trabado, no los gritos estridentes de algunos exagerados de la extrema derecha de otros lares que más hacen reír que dar miedo. Lo que atemorizaba era la naturalidad con que exponía su mensaje y su convencimiento de la validez del mismo para la ciudadanía de a pie. Y lo peor es que recorren Europa- eso sí, desde arriba, asesorando a las élites porque para ellos lo necesario es controlar el poder político e institucional-, aunque tampoco desprecien el expandir su mensaje en todas los ámbitos y oportunidades posibles.

Se percibía claramente cómo se están organizando a nivel mundial. No sólo tratan de crear conexiones entre los partidos políticos de su línea  de los distintos países, sino que explicó claramente cómo se proponen ahora establecer en Europa potentes focos de pensamiento entre todo tipo de movimientos. Además, magníficamente financiados (señaló que no necesitan fondos públicos de ninguna clase sino que gozan de suficientes donaciones privadas). ¿Para cuándo una lista de donantes de estas instituciones?

Alguien en el debate señaló que estos programas atraen porque la izquierda no ha respondido a su papel. Es posible que sea así, aunque seguramente la réplica necesitaría de argumentos más amplios. Pero, es verdad ¿cuál está siendo el papel de la izquierda en esta confusa sociedad?

No sólo en la sociedad. También en este programa. Pues a modo de contraparte a una extrema derecha tan acentuada, los dos invitados de la cadena eran un poco sorprendentes. Uno de ellos de la fundación del magnate Soros y otro del movimiento DIEM25 dirigido por el exministro griego Varoufakis. ¿No hay más izquierda en España para invitarlos que estos movimientos que, sí, son modernos, pero que más? Soros, aunque su capacidad filantrópica individual sea bien conocida, es uno de los principales especuladores financieros del mundo, habiendo hecho su enorme fortuna a base de hundir las divisas de países como el Reino Unido, España y otros. Y no ha abandonado sus actividades. ¿Puede su fundación contraponerse a un duro ideario de extrema derecha? Es como si se le otorgáramos la categoría de izquierda a un filántropo porque haga un donativo millonario a Caritas… Un poco más próximo a la izquierda parece DIEM25, pero ¿era necesario que la representara uno de los ediles de cargo más alto del ayuntamiento? La pregunta de donde está la izquierda y la potencia de su mensaje era una de las que merecían haber estado presentes también en el debate.

Curiosamente hay que señalar un gran ausente del programa: ni del de la derecha, ni de los que se presentaban como sus replicantes: ni uno sólo de ellos pronunció la palabra capitalismo. Los males de la sociedad actual, su falta de validez para la ciudadanía y sobre todo para las clases populares en las que se basaban todos los discursos, eran el resultado de múltiples causas, pero en ningún momento se adscribían a lo que subyace en todas ellas: un sistema económico y social que sólo busca el beneficio para unos pocos sobre la base del trabajo y la explotación de los muchos. ¿Y si se tratara en los debates este tema de fondo?

La entrevista del sábado fue muy preocupante. La derecha se refuerza, se organiza y se presenta orgullosa. Y atrae a mucha gente. Su exposición presagia un cruel capitalismo distópico. No es para tomarlo a la ligera. ¿Seremos capaces de contrarrestar su atractivo?

 

 

 

 

 

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