La táctica trotskista del Entrismo, por Rolando Astarita

La táctica trotskista del Entrismo, por Rolando Astarita

 

Rolando Astarita

 

Rolando Astarita es un economista argentino. Actualmente es docente en la Universidad Nacional de Quilmes, Carrera de comercio Internacional, de las materias de Macroeconomía, Dinero, crédito y bancos y Sistema financiero internacional. También es docente en la Carrera de Sociología, Facultad de Ciencias Sociales de la UBA, de la materia de Cambios en el sistema económico mundial. Y desde el segundo cuatrimestre de 2005 dicta Desarrollo económico en la carrera de Economía, Facultad de Ciencias Económicas, de la UBA.

A lo largo de estos años ha trabajado en temas vinculados a la teoría de Marx, y en particular ha intentado dar, en su libro Valor, mercado mundial y globalización, una explicación de la internacionalización del capital desde el punto de vista de la lógica del valor trabajo. Entre 1993 y 2003 ha escrito muchos artículos en Debate Marxista, revista teórica dedicada a la reformulación de un enfoque global del marxismo, y en particular de una política socialista. Regularmente también ha publicado en Realidad Económica, del IADE, institución en la que también ha dictado Seminarios sobre dialéctica y lectura de Hegel.

http://www.matxingunea.org

 

Para los que no me conocen, aquí van algunas líneas sobre lo que hago y mi historia.

Desde hace mucho tiempo me dedico al estudio de la economía y a la teoría de Marx. Pero también he sido militante político durante muchos años. Desde fines de los años sesenta, hasta los noventa, milité en organizaciones trotskistas. Hacia 1990 inicié una revisión crítica del trotskismo –que se plasmó en trabajos publicados en la revista Debate Marxista– y traté de formar, junto a otros compañeros, una fuerza política basada en las ideas de Marx, y organizada con criterios democráticos. Fracasé en este intento, pero continúo colaborando, siempre que tengo oportunidad, en la lucha por esos ideales. Por otra parte, y en el terreno de la actividad académica, mi principal interés es estimular y promover el pensamiento inquisitivo, que esté libre de prejuicios y ataduras”.

https://rolandoastarita.blog/presentacion/

 

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La táctica Trotskista del Entrismo

Sumario

[1] La táctica trotskista del entrismo (1), por Rolando Astarita

[2] La táctica trotskista del entrismo (2), por Rolando Astarita

[3] La táctica trotskista del entrismo (3), por Rolando Astarita

[4] La táctica trotskista del entrismo (4), por Rolando Astarita

[5]“La verdad no importa, sólo cuenta la defensa del partido”, por Rolando Astarita

[6] Unas relaciones curiosas: Trotskismo y socialdemocracia (1929-1956), por Pacarina del Sur 

[1] La táctica trotskista del entrismo (1)

Por Rolando Astarita

Artículo publicado el 22 de noviembre de 2014 en 
 

En esta nota analizo problemas asociados al entrismo, una táctica que ha sido instrumentada principalmente por los trotskistas. En lo esencial el entrismo consiste en la incorporación de los marxistas a partidos o movimientos de masas para profundizar eventuales procesos de radicalización que puedan ocurrir en su seno, y ganar franjas amplias de militantes de esas organizaciones. De manera típica, se caracteriza que las organizaciones en las que se hace el entrismo abrigan profundas contradicciones internas y enfrentan, o están en vías de enfrentar, enemigos poderosos (el fascismo, el imperialismo, la derecha). Se sostiene entonces que en el curso de esos enfrentamientos se verán obligadas a tomar medidas revolucionarias; o en caso contrario sus bases militantes tomarán distancia de sus direcciones vacilantes, oportunistas o burocráticas. Por lo tanto, sigue el razonamiento, los marxistas deben incorporarse a estos partidos o movimientos con el fin de orientar hacia el marxismo las futuras rupturas o, eventualmente, ganar a la mayoría de la organización para una política revolucionaria. Un ejemplo actual de entrismo es el que realizan algunos grupos trotskistas en el Partido Socialista Unido de Venezuela.

La idea que defiendo en esta nota es que históricamente el entrismo no ha dado resultados (y sigue sin dar resultados), y que esto se explica porque existen problemas en los fundamentos mismos de esta táctica. Esos problemas están asociados a la idea de que las organizaciones en las que se hace entrismo no tienen un contenido de clase y político definido (típicamente se las caracteriza como “centristas”), y por lo tanto son pasibles de experimentar procesos masivos de radicalización hacia la izquierda revolucionaria. Esta perspectiva se potencia por la tesis -en última instancia, asociada a lo anterior- de que se produciría una toma de conciencia revolucionaria de sus bases como reflejo directo de la crisis capitalista y los enfrentamientos con el fascismo, la derecha o el imperialismo. Como se discutirá en lo que sigue, el tema tiene implicancias que van más allá de las cuestiones específicamente asociadas a la táctica entrista. Dada su extensión, he dividido la nota en varias partes.

Diversas formas de entrismo

 En su forma clásica el entrismo fue aconsejado por Trotsky en 1934 en lo que se conoció como “el giro francés”. Previendo que se avecinaba un enfrentamiento decisivo de la clase obrera con el fascismo, y que esto podría radicalizar al socialismo, en agosto de ese año Trotsky recomendó a sus partidarios  incorporarse a los partidos de la Segunda Internacional, haciendo públicas sus posiciones y manteniéndose como grupos internos diferenciados. En consecuencia, la Liga francesa, transformada en Grupo Bolchevique Leninista, entró en la SFIO (Section Française de l’ Internationale Ouvrière). También se hizo entrismo en los partidos socialistas de EEUU, Bélgica, Canadá y Polonia; en América Latina en los PS de Chile y Argentina (sobre la historia del entrismo en Argentina, véase la nota de Omar de Lucía, “Unas relaciones curiosas: Trotskismo y socialdemocracia, 1926-1956”, en http://www.pacarinadelsur.com/home/oleajes/253-unas-relaciones-curiosas-trotskismo-y-socialdemocracia-1929-1956).

Luego de terminada la Segunda Guerra, la táctica adquirió nuevas dimensiones en la Cuarta Internacional encabezada por Michel Pablo y Ernest Mandel. A fines de la década de 1940 los trotskistas ingleses entraron en el partido Laborista, y a comienzos de los 1950 se decidió el llamado entrismo “sui generis” en los grandes partidos Comunistas de Europa Occidental. Por esos años se pensaba que era inevitable una guerra de las potencias imperialistas contra la URSS, y que los PC estarían obligados a enfrentar al capitalismo y radicalizar sus posiciones. Los trotskistas debían participar en ese combate junto a lo más combativo de la clase obrera, que estaba en los partidos comunistas; además, con el desarrollo del conflicto, se pensaba que se podría inducir a los trabajadores al enfrentamiento con la burocracia soviética y el stalinismo (véase la “Resolución política” del Partido Comunista Internacionalista de Francia, julio de 1951). Ese entrismo se llamó “sui generis” porque la militancia al interior de los PC se hizo de manera disimulada y se mantuvo durante muchos años. También se impulsó la incorporación de trotskistas a los partidos Socialistas de Japón, Brasil e India, al MNR de Bolivia y al FLN argelino, entre otros.

Por fuera de la fracción de la Cuarta Internacional dirigida por Mandel y Pablo, otras corrientes trotskistas también practicaron el entrismo. Para citar solo algunos ejemplos, en períodos distintos varios grupos de Argentina hicieron entrismo en el peronismo. En los 1960 la Socialist Labour League, bajo dirección de Gerry Healy, hizo entrismo en el laborismo inglés, logrando influencia en las Juventudes Socialistas; pero fueron excluidos a mitad de la década. En los 1970 la corriente dirigida por Nahuel Moreno aplicó la táctica en España, en el PSOE. Actualmente Marea Socialista hace entrismo en el partido Socialista Unido de Venezuela. La corriente conocida como The Militant hizo entrismo durante décadas en el Laborismo inglés, donde llegó a tener diputados en el Parlamento, dirigió las Juventudes Socialistas y ganó la mayoría en el consejo municipal de Liverpool, en los 1980. Sin embargo, desde ese pico de influencia, no pudo resistir la ofensiva de la dirección del laborismo y perdió terreno. También grupos The Militant hicieron entrismo en el PSOE y en el Partido Popular de Pakistán. Actualmente la Corriente Marxista Internacional (ex Militant) actúa en el partido Laborista inglés, en los partidos Comunistas, o en organizaciones herederas de estos en varios países; y en el PSUV, entre otros casos. Con estas enumeraciones no pretendemos agotar el fenómeno, simplemente mostrar que se trata de una táctica relativamente extendida, y con variantes importantes.

Magros resultados

Han pasado ocho décadas desde que el entrismo fuera recomendado por Trotsky, y en ningún país el trotskismo logró, con su instrumentación, influencia política de masas. De hecho, el principal argumento que se aduce en torno al saldo es contrafáctico: Trotsky pensaba que si Andreu Nin hubiera aceptado entrar al PSOE, el trotskismo español se hubiera convertido en una organización de masas. Es que la Juventud Socialista, dirigida por Largo Caballero, había llegado a pronunciarse a favor de la Cuarta Internacional, pero finalmente fue ganada por el partido Comunista, en tanto Nin se había negado a hacer el entrismo en el PSOE. Por este motivo Trotsky llega a calificarlo de “criminal”: “La Juventud Socialista ha pasado casi enteramente al campo stalinista. Quienes se llaman a sí mismos bolcheviques leninistas y permitieron esto, o mejor dicho, causaron esto, deben ser estigmatizados para siempre como criminales contra la revolución” (“The Dutch Section and the International”, 15-16 julio de 1936)Desde entonces este razonamiento quedó establecido como una muestra de las potencialidades de la tácticaPero el argumento es contrafáctico, y en los hechos no existe saldo destacable, en relación a los objetivos propuestos, de los múltiples entrismos realizados por grupos trotskistas en las más diversas circunstancias y países. Ganar algunas decenas o centenas (en el mejor de los casos) de militantes, no es sinónimo de influencia de masas. Decir que se adquiere experiencia en el trabajo de masas tampoco parece convincente; después de todo, pequeñas organizaciones realizan cotidianamente trabajo político en organizaciones obreras y populares, o directamente en empresas, centros de enseñanza y barrios obreros y adquieren experiencia, con sus posiciones claras y definidas.

Por otra parte, hay que anotar en el pasivo de la táctica, en primer lugar, las múltiples rupturas que se produjeron en las organizaciones trotskistas a la hora de entrar a los partidos en los que se hacía entrismo; muchos militantes se resistían a lo que consideraban una renuncia a su identidad ideológica y política. En segundo término, hay que tener en cuenta los efectos de las expulsiones –a veces muy rápidas- o de las salidas: también generaron rupturas y crisis, la mayor parte de las veces porque muchos militantes buscaban adaptarse a las demandas de los aparatos, a fin de permanecer en los partidos a los que se habían incorporado, en la esperanza de mantener o ganar posiciones.En tercer lugar, con frecuencia el entrismo se hizo sin poder sostener claramente las posturas marxistas (en particular, en lo que respecta a caracterizaciones de clase, véase más abajo), debido a las exigencias de las organizaciones en las que se entraba. Esto no sólo ocurrió después de la muerte de Trotsky, como se sostiene a veces; por ejemplo, los trotskistas de EEUU entraron, en 1936, en el partido Socialista a título individual y renunciando a tener una publicación propia. En cuarto lugar, a menudo fue difícil contrarrestar la acusación lanzada a los trotskistas por “fraccionalistas”, “quinta columna”, “infiltrados”, y similares. Estas cuestiones generan confusión y no son fáciles de contrarrestar. En resumen, parece cumplirse el pronóstico que había hecho Lenin sobre las consecuencias que acarrearía la formación, en la Rusia prerrevolucionaria, de un partido obrero “centrista amplio”, de tendencias opuestas: una “infinita agravación de la discordia, diferencias, las divisiones, la confusión ideológica y la desorganización práctica” (véase más abajo). Con el agravante de que un pequeño grupo militando al interior de un partido de masas –socialista, comunista, nacionalista de izquierda- tiene pocas posibilidades de aclarar posiciones frente a los recursos de que disponen los aparatos de dirección.

Muchos trotskistas, sin embargo, sostienen que la falta de éxito de la táctica se debe a que no se habrían seguido las recomendaciones de Trotsky. Afirman que el entrismo tiene que aplicarse por un corto período de tiempo y que los trotskistas deben mantener al interior de  los partidos a los que se afilian una publicación independiente (era la posición de Nahuel Moreno, por ejemplo). Sin embargo, tampoco los grupos que siguieron las recomendaciones de Trotsky, y estuvieron bajo su dirección, tuvieron éxito en relación al objetivo propuesto. El ejemplo más significativo es Francia, donde los trotskistas entraron en la SFIO como grupo y mantuvieron una publicación, pero el objetivo buscado –una ruptura de masas o el vuelco de la SFIO hacia las posiciones revolucionarias- no se logró. Tampoco en Bélgica o EEUU –las otras experiencias importantes- los trotskistas lograron influencia de masas. De hecho, el balance de Trotsky de estas experiencias fue que se había ganado militantes, y que los trotskistas habían entrado en contacto con las masas; un saldo magro en relación a las esperanzas que abrigaba al momento de recomendar la táctica.

Algo similar puede decirse de las muchas experiencias de entrismo realizadas en la segunda posguerra. El balance típico sigue siendo “ganamos adherentes”, o “nuestros militantes entraron en contacto con las masas”; no hay registro de que se haya avanzado en algún lugar o momento en influencia a nivel masivo, con un programa anticapitalista y socialista.

Como adelanté más arriba, la hipótesis que presento es que hay problemas de método y concepción política que van más allá de las adecuaciones o formas tácticas que usualmente discuten los grupos trotskistas en torno al entrismo. Por esta razón focalizo el análisis en la fundamentación de Trotsky del entrismo realizado por la Liga Comunista francesa en la SFIO, en 1934.

El giro francés de 1934

La entrada de los trotskistas en el socialismo francés, en 1934, se produjo en el marco de una importante radicalización de la lucha de clases. El 6 de febrero la extrema derecha había realizado una gigantesca manifestación contra la república parlamentaria y el gobierno de Daladier, que terminó renunciando. Tres días después el PC convocó a una contramanifestación, seguida por una huelga general y manifestaciones en toda Francia, en defensa de las libertades y contra el fascismo. A partir de aquí hubo un extendido sentimiento entre las masas trabajadoras de que era necesaria la unidad para enfrentar al fascismo. En julio el PC, que hasta entonces había sido hostil a todo acercamiento con la socialdemocracia –a la que caracterizaba “la otra cara del fascismo”- dio un giro de 180 grados y llamó a la unidad; ese mismo mes el PC y la SFIO firman un pacto de unidad de acción. Trotsky caracteriza entonces que ese pacto había sido impuesto por las masas, y que la Liga (la organización trotskista) debía tomar parte en el frente único obrero, entrando a la SFIO. Es lo que se conoce como “el giro francés”.

A pesar de que hubo militantes que se negaron a aceptar la nueva táctica, la Liga entró a la SFIO donde se constituyó en “Grupo bolchevique leninista” y publicó La Vérité. En poco tiempo el GBL ocupó posiciones de relevancia en las Juventudes Socialistas del Sena y ganó influencia en el ala izquierda del partido. Sin embargo, el entrismo duró apenas 18 meses. Es que el pacto entre el PC y la SFIO fue el germen de la formación del Frente Popular, que a su vez abría la perspectiva de acceso al gobierno. En junio de 1935 la SFIO dio su apoyo a la formación de un Frente Popular con el PC y el partido Radical, de carácter democrático liberal. La dirección de la SFIO intensificó sus ataques contra los críticos de izquierda, y se aceleró el enfrentamiento con los trotskistas. Ese mismo mes fueron expulsados los dirigentes de la Entente des Jeunesses Socialistes del Sena. Y en agosto, cuando se publica una carta abierta en La Verité por la Cuarta Internacional (era la respuesta a la expulsión de la juventud), la dirección socialista excluye al GBL de conjunto. A pesar de que algunos trotskistas quisieron hacer concesiones para permanecer en el partido, Trotsky evaluó que la política estaba agotada y debía formarse un polo independiente.

Agreguemos que en la primavera de 1938 también fue excluida de la SFIO su ala izquierda, dirigida por Marceau Pivert, que había adquirido cierta influencia. El partido Obrero y Campesino fundado por Privert, que llegó a tener unos 10.000 militantes (incluidos algunos trotskistas), no tuvo sin embargo influencia de masas; y se mantuvo alejado de la Cuarta Internacional.

Los argumentos de Trotsky

Los argumentos de Trotsky a favor del entrismo en el socialismo fueron expuestos en su forma más desarrollada en el artículo “La salida”, escrito en agosto de 1934. La idea que lo recorre es que el socialismo es una formación “centrista”, que marcha a un “conflicto mortal” con el fascismo, lo cual abre posibilidades de una evolución revolucionaria de la SFIO, incluida su ruptura con el Estado burgués. Escribía Trotsky: “en nuestra época el destino del proletariado depende en gran medida de la manera resuelta en que la social­democracia en el breve intervalo que le concede la marcha de los acontecimientos, logre romper con el estado burgués, transformarse y prepararse para la lucha decisiva contra el fascismo” (énfasis añadido). Pero dado que la Liga era pequeña, no tenía demasiada influencia, y el combate decisivo con el fascismo era inminente. En consecuencia, continuaba el razonamiento de Trotsky, debía ubicarse dentro del Frente Único decidido por el PC y los socialistas, entrando en la SFIO “para contribuir activamente al reagrupamiento revolucionario y a la concentración de fuerzas de ese reagrupamiento”. ¿Por qué no en el PC? Trotsky explica que, a diferencia del PS, no hay posibilidad de que el PC evolucione hacia la izquierda:

“Los dos partidos son organizaciones centristas con esta diferencia: el centrismo de los stalinistas es producto de la descom­posición del bolchevismo, mientras que el centrismo del Partido Socialista surge de la descomposición del reformismo. Y hay otra diferencia entre ambos, no menos esencial. El centrismo stalinista, pese a sus convulsivos virajes, representa un sistema político muy estableindisolublemente ligado a la situación y a los intereses de la poderosa capa burocrática. El centrismo del Partido Socialista refleja la situación transicional de los obreros, que buscan una salida que los conduzca al camino revolucionario” (énfasis añadido). Los stalinistas, afirma Trotsky, incluso “retrasan el desarrollo revolucionario del Partido Socialista” (énfasis agregado). Aunque la SFIO no es el partido revolucionario de la clase obrera, sus contradicciones internas “pueden y deben señalarse como garantía de su ulterior evolución, y en consecuencia como posible apoyo de la palanca marxista” (énfasis añadido). Por eso Trotsky piensa que entrando en el socialismo los trotskistas “reforzarán enormemente su ala izquierda, fecundarán la evolución del conjunto del partido, constituirán un poderoso centro de atrac­ción para los elementos revolucionarios del Partido Comunista y facilitarán en gran medida la búsqueda del camino revolucionario del proletariado”.

Subrayemos una cuestión central: la creencia de que, debido a sus características “centristas”, dentro de la SFIO podían desarrollarse tendencias revolucionarias de masas, o incluso que la mayoría de la organización podía ser ganada a un programa revolucionario. Esta idea está expresada de forma todavía más clara en “The League faced with a Turn”, de julio de 1934. Allí Trotsky recordaba que el Partido Socialista Francés había votado, en 1920, en el Congreso de Tours, la adhesión a la Tercera Internacional, y señalaba que “[n]o conocemos una ley que diga que es imposible una repetición del Congreso de Tours. Por el contrario, muchas de las condiciones prevalecientes hablan de tal posibilidad” (énfasis añadido).

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“La táctica trotskista del entrismo (1)” 

[2] La táctica trotskista del entrismo (2)

Por Rolando Astarita

Artículo publicado el 29 de noviembre de 2014 en 
 

Caracterización de Trotsky de los PS y los PC

El tema de la caracterización del partido Socialista juega un rol clave en la fundamentación de Trotsky a favor del entrismo. En el artículo “La salida”, que hemos citado en la primera parte de esta nota, la SFIO es considerada “centrista no consolidada”, ya que “refleja la situación en transición de los obreros”, que estarían buscando una salida revolucionaria al enfrentamiento con el fascismo. En otro texto de 1933 precisa que con el término “centrismo” quiere significar “las más variadas tendencias y grupos que se encuentran entre el reformismo y el marxismo” (“Principled Considerations on Entry”, 16 de septiembre de 1933). En este escrito también considera al partido Laborista Independiente de Gran Bretaña como “centrista de izquierda”, ya que sus muchas tendencias y fracciones eran indicativas, en su visión, de los diferentes estadios de evolución desde el reformismo al comunismo. Desde esta perspectiva, pareciera que la SFIO o el partido Laborista Independiente eran partidos “obreros”, al igual que los partidos Comunistas. Aunque los PS y el Laborismo Independiente serían “centrismos no consolidados”, en tanto que los PC serían “centristas cristalizados”, productos de la contrarrevolución burocrática.

Sin embargo, apenas un año más tarde Trotsky maneja una caracterización de la SFIO casi opuesta a la de 1934. Así, cuando los trotskistas ya habían sido expulsados del socialismo francés, considera que la SFIO es una “agencia de la burguesía dentro de la clase obrera” (“Open Lettter to the Fourth Internacional”, agosto de 1935). Luego, en el Programa de Transición, los partidos Socialistas y Comunistas son calificados de “pequeño burgueses”. Por lo tanto aquí el peso parece estar puesto en los programas, las orientaciones estratégicas y las direcciones de la Segunda y Tercera Internacional. Sin embargo, en 1934 apostaba a que las bases de la SFIO eventualmente se radicalizaran y abrieran la vía para su evolución al marxismo. ¿Cómo se explican estos giros de caracterización?

 “La contradicción básica de la época al interior de los PS y PC”

Tal vez la respuesta más clara a la pregunta con la que cerramos el punto anterior la encontramos en un artículo de Ernest Mandel, de 1948, “El verdadero testamento de León Trotsky” (véase Mandel, Sobre la historia del movimiento obrero, Barcelona, Fontamara, 1978). Aquí, siguiendo a Trotsky, Mandel plantea que la característica fundamental de la época “es la contradicción entre el empuje instintivamente revolucionario del proletariado y el carácter profunda y abiertamente contrarrevolucionario de su dirección tradicional” (p. 119). Tengamos presente que ésta es una de las ideas centrales del Programa de Transición, de 1938. Y esa contradicción entre las bases y la dirección se expresaba, según Mandel, en el seno de los grandes partidos obreros reformistas. Es la misma idea, en sustancia, que encontramos en Trotsky en 1934, cuando consideraba la posibilidad de que la SFIO, y otros partidos Socialistas, o el Laborismo independiente de Gran Bretaña, evolucionaran hacia la izquierda revolucionaria. La diferencia con el análisis de Mandel de 1948 es que éste consideraba que “la contradicción fundamental de la época” se expresaba ante todo en los PC (aunque también en el Laborismo), y Trotsky pensaba que el conflicto pasaría por el seno de los PS.

En cualquier caso, el enfoque esencial se mantiene: las masas instintivamente buscan la salida revolucionaria, y las direcciones y los aparatos burocráticos las traicionan y actúan como agentes contrarrevolucionarios. En palabras de Mandel, “en la mayoría de los países europeos y asiáticos las aspiraciones revolucionarias del proletariado se [han] traducido en su adhesión al movimiento staliniano. Por eso la actitud de la vanguardia revolucionaria ante este movimiento debe reflejar el hecho contradictorio de que las dos tendencias fundamentales de nuestra época, el empuje instintivamente revolucionario del proletariado y la política abiertamente contrarrevolucionaria de su dirección, se hayan concentrado, por así decirlo, durante toda una época en el interior de estos mismos partidos” (p. 126).

La tesis central aquí es que la contradicción de la época (bases que buscan ir a la revolución, direcciones burguesas o burocráticas traidoras), trasladada al interior de los partidos de masas, determina las posibilidades del entrismo. Por eso Trotsky, en 1934, cuando piensa que se está produciendo una radicalización del movimiento de masas, pronostica que en el PS tenderá a agudizarse el enfrentamiento entre las bases y la dirección (pero no en el PC, al que considera cristalizado). Pero en 1935, cuando los trotskistas franceses ya han sido expulsados, y la SFIO se orienta al Frente Popular junto al PC, no vacila en caracterizarla como “agente de la burguesía imperialista”. El cambio solo se puede explicar porque en 1934 todavía pensaba que la SFIO era un fenómeno contradictorio, abierto, en el que la lucha de clases no había dicho la última palabra; un año más tarde, lo considera cerrado (aunque al mismo tiempo aconseja el entrismo en los PS de Bélgica y EEUU).

En otros términos, al momento en que se considera aplicar el entrismo, la resolución de la contradicción que anida al interior del partido “obrero reformista” estaría irresuelta, en algún sentido fundamental. La noción de “organización centrista” que evoluciona hacia la izquierda o la derecha, intenta describir esta situación. De manera que, según las coyunturas de la lucha de clases, uno de los polos (dirección burguesa – bases inclinadas a la revolución) puede predominar sobre el otro. Por eso, si la presión revolucionaria de las bases era suficientemente elevada, Trotsky consideraba que la SFIO, o el Laborismo independiente, podían romper con el Estado y ser ganados al marxismo. Anotemos que el mismo enfoque lo encontramos cuando caracterizaba al Laborismo británico en los 1920. Escribía: “Los líderes liberales y semi-liberales del partido Laborista todavía piensan que una revolución social es una prerrogativa sombría de Europa continental. Pero aquí también los eventos pondrán de manifiesto su atraso. Se necesitará mucho menos tiempo para convertir al partido Laborista en un partido revolucionario del que fue necesario para crearlo” (Leon Trotsky’s Writings on Britain, vol. 2, https://www.marxists.org/archive/trotsky/britain/wibg/ch03.htm; énfasis añadido). Esta idea básica se mantiene, por parte de los grupos que se deciden por la táctica del entrismo, hasta el día de hoy al momento de caracterizar organizaciones como el PSUV (véase más abajo).

Debe anotarse también que, según este enfoque, el criterio sería aplicable a los movimientos nacionalistas de masas. Por ejemplo, se podría decir que a partir del Cordobazo, de 1969, o incluso antes, durante la llamada Resistencia, las bases peronistas de dirigían “instintivamente” a la revolución, en contra de su dirección burguesa “que las traicionaba”. Estaríamos ante “la contradicción fundamental de la época”, expresada al interior del partido Justicialista. El argumento encaja todavía mejor con respecto a algunos grupos trotskistas que hicieron entrismo en las organizaciones político-sindicales peronistas (como fueron las 62 Organizaciones).

Una caracterización alternativa del Laborismo 

Frente al anterior abordaje existe una tesis alternativa que dice que si bien la base social de la socialdemocracia, o del laborismo, es obrera (y por eso la Tercera Internacional en los 1920 llamará al PS al “frente obrero” para la lucha por reivindicaciones elementales), lo que prima, en el terreno de la caracterización de clase, es la naturaleza de la dirección y el programa que defienden estas organizaciones (lo mismo se puede decir hoy de los PC). Es el enfoque que encontramos en Lenin, cuando caracterizaba al partido Laborista británico como un partido burgués. En un discurso pronunciado en el Segundo Congreso de la Internacional Comunista, el líder bolchevique polemiza con los comunistas que consideraban que el partido Laborista británico era un partido obrero. Decía: “El camarada [McLaine] llamó al partido Laborista la organización política del movimiento sindical, y más tarde repitió la afirmación cuando dijo que el partido laborista es ‘la expresión política de los trabajadores organizados en sindicatos’. Me he encontrado con el mismo enfoque varias veces en el periódico del partido Socialista británico. Es erróneo, y es en parte la causa de la oposición plenamente justificada en alguna medida, que viene de los obreros revolucionarios británicos”.

“En realidad, los conceptos ‘departamento político de los sindicatos’ o ‘expresión política’ del movimiento sindical’ son erróneos. Por supuesto, la mayoría de los miembros del partido Laborista son trabajadores. De todas maneras, si un partido es o no un partido político de los trabajadores no depende sólo de una membresía de trabajadores sino también de la gente que lo dirige, y del contenido de sus acciones y sus tácticas políticas. Solo esto último determina si realmente tenemos delante nuestro un partido político del proletariado”.

“Visto desde este punto de vista, el único correcto, el partido Laborista es totalmente un partido burgués porque, aunque conformado por trabajadores, está dirigido por reaccionarios, y por la peor clase de reaccionarios, que actúan en el espíritu de la burguesía. Es una organización de la burguesía, que existe para engañar sistemáticamente a los trabajadores con  la ayuda de los Noskes y y Scheidemanns británicos” (“Lenin’s Speech On Affiliation To The British Labour Party”, en http://www.marxist.net/openturn/historic/script.htm?lenin.htm).

Pensamos que esta concepción es más adecuada para la caracterización de estos partidos de masas “obreros reformistas” (burgueses en su actuación práctica), que la que vimos en Mandel, o antes en Trotsky. Lenin no supone que existe una base militante que “instintivamente” se dirige a la revolución y choca con una dirección que “traiciona”. La contradicción no está “indeterminada” en lo que respecta a las posibilidades de evolución orgánica. Ahora, en el seno del Laborismo (y lo mismo se podría decir de la socialdemocracia) la dicotomía “bases obreras- direcciones con programas burgueses” está dominada por el segundo polo. Por lo tanto, la organización no está abierta a una evolución hacia el marxismo; en todo caso, si las tensiones revolucionarias se hacen sentir al interior de estos partidos, podrá haber ruptura (como sucedió al momento de la fundación de la Tercera Internacional).

Observemos que en lo que respecta al criterio para caracterizar a un partido, el de Lenin es muy similar al que defendió Trotsky, cuando criticó la política de la Internacional Comunista en China, en los años 1920. Polemizando con Bujarin acerca del carácter de clase del Kuomintang –un partido de la burguesía china con apoyo de masas- Trotsky planteó que lo central para caracterizar a una organización es su dirección y orientación, no la composición social de sus bases. Luego de explicar que “en todo partido burgués la masa es siempre un rebaño, en diversos grados”, añadía: “Las cumbres del Kuomintang… son en realidad el alma del Kuomintang, su esencia social. Ciertamente, la burguesía no es en el partido más que una “cumbre”, al igual que lo es en la sociedad. Pero esta cumbre es poderosa debido a su capital, sus conocimientos, sus relaciones, por la posibilidad que tiene siempre de apoyarse en los imperialistas y, principalmente, por su  poder de hecho en el Estado y en el ejército…” (Stalin, el gran organizador de derrotas, Buenos Aires, Yunque, 1974, p. 276).

¿Eran “centristas” los socialismos de los años 1930?

Contra lo que sostenía Trotsky en 1934, pensamos que la SFIO y los PS de EEUU y de Bélgica no eran organizaciones “obreras centristas”, ni siquiera “centristas vacuas”, sino partidos burgueses, con bases obreras. La dirección de la SFIO no reflejaba la búsqueda de las bases de una salida revolucionaria, ni era posible que evolucionara hacia la izquierda marxista. En la década de 1930 el carácter de clase de la SFIO estaba definido por su conducción, que a su vez estaba vinculada por múltiples lazos con el Estado, y comprometida con un programa y estrategia acordes al funcionamiento del sistema capitalista. Es cierto que los socialistas franceses se habían negado a participar en gobiernos burgueses (en 1924, en 1929 y en 1932), pero este antecedente no alteraba la naturaleza de clase de la SFIO, ni por supuesto, el de la Segunda Internacional. Cuando en 1935 Trotsky caracterizó a la SFIO como agencia de la burguesía, el socialismo francés no había cambiado, en lo sustancial, con relación al momento en que se decidió el entrismo.

Por supuesto, el carácter burgués de la SFIO se evidenciaría a pleno con su participación en el gobierno del Frente Popular, y su actitud hostil hacia el movimiento huelguístico de 1936  y 1937. Pero esto no fue “rayo en día sereno”. A comienzos de los 1930 la política de la SFIO no reflejaba una “situación transicional de los obreros”, ni había posibilidad de que adhiriera al trotskismo. Ya entonces, y desde hacía mucho, la SFIO era parte orgánica de una Internacional que colaboraba en el sostenimiento del orden capitalista, vía los mecanismos de la democracia burguesa. Su enfrentamiento con el fascismo, que era real, se daba en este marco y no había posibilidad alguna de que llegara a la ruptura con el Estado.

Consideraciones similares se aplican al partido Socialista de EEUU. Dirigido por Norman Thomas, el PS de EEUU planteaba un rechazo de tipo moral a las desigualdades que genera el capitalismo, se pronunciaba a favor de la propiedad estatal de los medios de producción, defendía el pacifismo y tomaba abierta posición en contra del marxismo. Nada muy distinto de lo que hacía la Segunda Internacional. Además, ni siquiera canalizaba el descontento de las masas trabajadoras frente al desempleo y la depresión: en las elecciones presidenciales de 1932 Thomas obtuvo poco más de 800.000 votos, y el ascenso huelguístico y de militancia sindical que dio lugar a la formación de la CIO (Congress of Industrial Organizations), estuvo dirigido principalmente por el partido Comunista. Por otra parte, el New Deal, aunque criticado por Thomas, terminó absorbiendo gran parte del programa socialdemócrata; muchos militantes socialistas abandonaron el PS para apoyar a Roosevelt y la política del Frente Popular del PC (que también se había alineado con el partido Demócrata). A mediados de los años 30, cuando Trotsky aconsejaba el entrismo en el PS de EEUU, no había lugar para soñar siquiera con que este partido llegara a la ruptura con el Estado burgués en el curso de un eventual enfrentamiento con el fascismo, o que albergase en su seno algún proceso de radicalización revolucionaria de masas.

Algo muy parecido se puede decir con respecto al partido Obrero belga, dirigido por Emile Vandervelde y Henry de Man, y en el cual los trotskistas también hicieron entrismo (se incorporaron al partido en marzo de 1935 y fueron expulsados al año siguiente). En los años 1930 de Man había lanzado un plan económico que contemplaba una fuerte intervención del Estado, con el argumento de que podría sacar a la economía de la depresión (el llamado “planismo” se basaba más en las estatizaciones que en la gestión obrera de los medios de producción). Este Plan de Trabajo generó algunas movilizaciones obreras, y contribuyó a que el partido Obrero llegara al poder en 1935, en coalición con los liberales y los católicos. El Gobierno aplicó entonces a medias el Plan, y asumió luego una posición de no intervención en la guerra española (a igual que el gobierno del Frente Popular de Francia).

Pues bien, siempre en la idea de que los trotskistas debían ayudar a las masas a sacar conclusiones a partir de su experiencia, la táctica del entrismo fue acompañada por la recomendación de Trotsky de exigir la aplicación del plan de Man. Sin embargo, de Man identificó su plan con el programa económico del nazismo; incluso intentó la regimentación de los sindicatos y el fortalecimiento de la autoridad del Estado Ni siquiera la ola de huelgas que estalló en 1936 alejó a de De Man del Gobierno y del rey Leopoldo III. No había aquí ningún “centrismo” en lo que respecta a su orientación. Agreguemos que  en 1940 de Man terminó disolviendo el partido Obrero y colaborando con la ocupación nazi hasta 1941 (cuando los nazis lo echaron). No hubo ruptura de masas hacia la izquierda; los socialistas que rechazaron el colaboracionismo de Man mantuvieron una actitud pasiva, o se incorporaron a la Resistencia, sin ser influenciados por el trotskismo.

Ocho décadas más tarde, se insiste en el error

La idea de Trotsky de que los PS, en los 1930, estaban vaciados de contenido de clase, o que de alguna manera su contenido de clase era dual (obrero por sus bases, pequeño burgués por su programa y dirección) no se ha examinado ni superado en el movimiento trotskista. Por caso, muchos trotskistas siguen justificando el entrismo (o la posibilidad de entrismo) en los PS o el laborismo con el argumento de que “aunque reformistas, son los partidos de  base obrera, que entrará en conflicto revolucionario con sus direcciones”. Algo parecido ocurre con el chavismo y el PSUV, Por ejemplo, Jorge Sanmartino, un “entrista siglo XXI”, afirma que el PSUV “… no puede ser definido en términos categóricos sino como formación centrista vacua, a la manera en que se dieron partidos y movimientos de masas en pleno proceso revolucionario, como el Sandinismo y el FMLN salvadoreño, o formaciones con control estatal en proceso revolucionario, como el ejemplo, según Trotsky, de la SFIO francesa en el ascenso del Frente Popular en Francia en 1936” (“Populismo y estrategia socialista en América Latina”, http://www.democraciasocialista.org/?p=1385 énfasis añadido).

Con algunas variantes en los argumentos –hoy queda muy bien evitar las caracterizaciones de clase hablando de “la dimensión discursiva simbólica de la movilización de masas”- se mantiene lo fundamental de la caracterización. Sanmartino repite –apelando a un argumento de autoridad- el enfoque metodológico de Trotsky con respecto a los PS de 1930, o el Laborismo. Aunque con el agravante de que el carácter de clase del PSUV hoy está aún más definido, si se quiere, que lo que lo estaba la SFIO en 1934. El PSUV participa directamente de la conducción del Estado, y se nutre de la fuerza económica y política del Estado, en oposición directa a todo intento de organización independiente de los trabajadores.

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“La táctica trotskista del entrismo (2)”

[3] La táctica trotskista del entrismo (3)

Por Rolando Astarita

Artículo publicado el 6 de diciembre de 2014 en 

Las partes anteriores de esta nota aquí y aquí.

“Instinto revolucionario de los trabajadores”

La táctica del entrismo tiene como uno de sus supuestos fundamentales la idea de que ante crisis o enfrentamientos con la derecha, el fascismo o el imperialismo, las masas trabajadoras entrarán en colisión con las direcciones y programas de sus organizaciones tradicionales y girarán hacia la izquierda anticapitalista. Sobrevuela aquí la creencia de que de alguna manera la clase obrera se orienta espontánea y necesariamente hacia la revolución, en respuesta-reflejo a los padecimientos, crisis y problemas generados por el capitalismo. En otros términos, es como si de la relación social en que está inmerso el obrero se derivara una esencia revolucionaria que se traduciría, necesariamente, en conciencia socialista de forma más o menos directa. Esta idea se encuentra de manera bastante clara en escritos de Marx y Engels, en particular en trabajos juveniles o anteriores a la experiencia de la Asociación Internacional de Trabajadores.  Así, en La Sagrada Familia Marx se refirió a lo que “el proletariado es y está obligado a hacer, con arreglo a ese ser suyo”. Y en El Manifiesto Comunista Marx y Engels parecen prever un desarrollo linealmente evolutivo de la conciencia de clase, en base de las experiencias que haría la clase obrera con el capitalismo.

También en los primeros escritos de Lenin encontramos esta perspectiva. Por ejemplo, en el “Proyecto y explicación del Programa de la Socialdemocracia rusa”, de 1895, y en la misma línea que El Manifiesto Comunista, Lenin considera que cuanto más se desarrollaban las grandes empresas en Rusia, más poderosas y frecuentes devenían las huelgas obreras; a su vez, a mayor opresión del capitalismo, mayor era la necesidad de unidad de los trabajadores. Por eso, continuaba el razonamiento, progresivamente los trabajadores se daban cuenta de que su enemigo no era el capitalista individual, sino toda la clase capitalista y así “la lucha de los trabajadores fabriles contra los empleadores inevitablemente se transforma en la lucha contra toda la clase capitalista, contra el entero orden social basado en la explotación del trabajo por el capital”. La conciencia de clase consistía en el entendimiento de este enfrentamiento (Lenin, “Draft and Explanation of the Programme for the Social-Democratic Party”, https://www.marxists.org/archive/lenin/works/1895/misc/x01.htm). De acuerdo a este enfoque, la tarea del partido Socialdemócrata pasaba por promover la lucha de clases, “llevar luz a la misma” y representar el interés del conjunto del movimiento.

Como es conocido, este esquema va a cambiar mucho en el famoso folleto ¿Qué hacer? En este escrito Lenin reconoce que las condiciones objetivas –la explotación en la gran empresa, las contradicciones que enfrentan los trabajadores- de por sí no forman la conciencia socialista de la que hablaba en el proyecto de programa de 1895. Pueden ser condición necesaria para esa conciencia, pero no suficiente; la ideología sindicalista y reformista burguesa inciden en las posiciones políticas de la clase obrera y sus luchas. Por lo cual, y siguiendo a Engels, la lucha del partido marxista debía  llevarse en forma combinada en el terreno de la ideología, la política y la lucha económica. Ya no era suficiente con “acompañar y profundizar” la lucha de clases para que surgiera la conciencia de la necesidad de la transformación socialista.

En Trotsky, en cambio, y ya desde sus escritos de 1905, hay un enfoque más afín a la idea del progreso hacia la conciencia socialista a partir de la misma lucha de clases, en particular de las luchas revolucionarias. En “Nuestras diferencias” (véase 1905, Resultados y perspectivas, tomo 2, Ruedo Ibérico, 1970) explica que en las “épocas normales” o “períodos de paz” las clases dirigentes “imponen al proletariado su concepción del derecho  sus procedimientos de resistencia”, pero que “en las épocas revolucionarias” el proletariado “descubre procedimientos que mejor convienen a su naturaleza revolucionaria” (p. 128). Luego, citando a Lasalle, sostiene que “el instinto de las masas en las revoluciones… es generalmente más seguro que la razón de los intelectuales”. Agrega que “estas multitudes, precisamente porque son ‘oscuras’, porque les falta instrucción, no saben nada de posibilismos, y… las masas no se interesan más que por los extremos, por lo que es entero e inmediato” (p. 129). Un poco más abajo explica que “precisamente porque la revolución arranca los velos místicos que impedían ver los rasgos esenciales del agrupamiento social, y empuja a las masas contra las clases en el Estado, el político marxista se siente en la revolución como en su elemento” (pp. 129-130).

En el Programa de Transición la idea permanece: la caracterización de la época es que los trabajadores se orientan hacia la revolución espontáneamente, y entran en conflicto con las direcciones traidoras y burocráticas. Esta visión se ha mantenido hasta el presente en el movimiento trotskista (y en otras corrientes). Por eso Mandel hablaba del “empuje instintivo revolucionario” de las masas. En los años 1950, y de forma característica, Pablo sostenía que el movimiento de masas anticapitalista asumía formas “confusas” bajo el liderazgo del APRA en Perú, del MNR en Bolivia, e  incluso de Vargas en Brasil y Perón en Argentina (“World Trotskyism Rearms”, noviembre 1951, http://www.marxists.org/archive/pablo/1951/11/congress.htm). Y en la década de 1980 Nahuel Moreno explicaba que existían “revoluciones socialistas inconscientes”, refiriéndose, por caso, a un levantamiento contra una dictadura; o a las movilizaciones contra los regímenes de la burocracia stalinista (véase, por ejemplo, “Algunas reflexiones sobre la revolución política polaca”, Panorama Internacional, mayo de 1982). Aclaremos que de todas maneras hay en estos planteos una diferencia de cierta importancia con la concepción de Lenin de 1895, o de El Manifiesto Comunista: en estos últimos, el desarrollo de las fuerzas productivas, en particular la gran empresa, juega un rol central en el esquema evolutivo de la conciencia socialista. En  cambio, en el esquema trotskista, y en el marco de la tesis del “agotamiento histórico del capitalismo”, la conciencia socialista se generará principalmente por el estancamiento de las fuerzas productivas, y las luchas provocadas por la descomposición del sistema.

Se hace abstracción del peso de las ideologías y la política

En el razonamiento que hemos reseñado en el punto anterior hay un problema fundamental, que ya hemos discutido en nuestra Crítica del Programa de Transición. El mismo consiste en la exagerada importancia de lo que Mandel llamaba el “instinto revolucionario de la clase obrera”. Por supuesto, es indudable que en el curso de movilizaciones de masas importantes siempre existe este factor, y aparecen tendencias, al menos en sectores de vanguardia, a cuestionar al sistema de conjunto. Pero estos no son los únicos impulsos que recorren el movimiento. Es que los trabajadores entran en la lucha con sus ideologías, sus simpatías políticas, sus tradiciones y el peso de sus experiencias pasadas. En otros términos, en todo movimiento, además de juicios, hay prejuicios; y circulan creencias de todo tipo. Por eso la propaganda del marxista cae en un mar de lugares comunes e ideas acumuladas, que son inculcadas desde las instituciones ideológicas de poder; a lo que se agregan las formas mistificadas –fetichizadas- que genera la misma relación social mercantil capitalista. Todo lo cual influye en la forma en que son apropiadas y significadas las consignas y los discursos revolucionarios por las masas trabajadoras. Aclaremos que destacar la relevancia de la ideología y el discurso no significa sostener que tienen primacía causal en la explicación; pero sí es necesario darles su peso. No estamos ante simples “formas inesenciales”, sin incidencia histórica  y social, o fácilmente superables.

Por otra parte, las direcciones burguesas o reformistas burocráticas no constituyen un bloque que se presenta con respuestas homogéneamente reaccionarias; la única salida no es la dictadura, o el fascismo. Junto al garrote, está la zanahoria, como dice el dicho. Las concesiones, las promesas y los programas que se ponen las ropas del “cambio social posible”, tienen un peso no desdeñable. Frente a la crisis de 1930 en EEUU la respuesta de la clase dominante fue el New Deal, que recibió el apoyo de millones de trabajadores que no fueron a las barricadas. Lo mismo podemos decir de tantas otras experiencias, que muchas veces no son siquiera consideradas como posibilidades por los marxistas. Por ejemplo, en el Programa de Transición(escrito en 1938) Trotsky declara que los obreros de todo el mundo “ya saben” que la caída de Hitler y Mussolini solo podía ocurrir bajo las banderas de la Cuarta Internacional. Pero lo cierto es que a la derrota del fascismo y del nazismo le sucedieron regímenes capitalistas democráticos que gozaron, por decir lo menos, de relativa conformidad de la gente.

Presento otro ejemplo, del que tuve vivencia personal: estamos en España, hacia fines de 1977, en el período de transición entre el franquismo y la monarquía constitucional. Hay una gran efervescencia en la gente, que espera un cambio radical. En esas circunstancias, el PC hace un acto en un barrio obrero a las afueras de Madrid (creo recordar que era en el estadio del Getafe) y Santiago Carrillo se dirige a varios miles de sus seguidores. ¿Cuál es su propuesta estratégica? Pues un modelo como Suecia. Y los obreros asienten y aplauden ese programa de “capitalismo democrático y moderado”, con monarquía incluida. Además, en los años que siguieron, no surge en el PCE (ni en el PSOE) ninguna corriente crítica de izquierda radicalizada de importancia. Son ejemplos tomados de la vida real, que desmienten la idea de que haya un “socialismo inconsciente”, una “esencia anticapitalista”.

Más en general, no es cierto que las masas “no saben de posibilismos” y solo consideren los extremos. Lo que ocurre con mayor frecuencia es que ante las crisis la gente quiere creer en salidas milagrosas y en políticos que prometen lo que no pueden cumplir. Y cuando las cosas no se cumplen, la respuesta no es necesariamente la movilización revolucionaria: también puede haber desaliento y desmovilización porque no se ven alternativas.  Amén de la creación de nuevas opciones burguesas: a la decadencia del PSOE le sucede el engendro reformista de Podemos. ¿Qué diferencia sustancial hay entre ambos?

De fondo, en la visión de las “movilizaciones inconscientemente socialistas” y los “impulsos instintivos anticapitalistas” parece sobrevolar una concepción determinista sociológica, en el sentido que se produciría una ruptura de las masas con las direcciones y los programas burgueses, pequeño burgueses o burocráticos como simple respuesta reflejo de los sufrimientos infligidos por las crisis, la explotación del capital y las experiencias de luchas. Sin embargo, lo real es que la resultante de cualquier coyuntura de crisis y agudización de lucha de clases está determinada por constelaciones de mecanismos causales, que nunca pueden ser anticipados en su totalidad. Por eso, en política es clave comprender que a partir de una misma experiencia las conclusiones que se pueden sacar son muy diversas, dependiendo de los marcos conceptuales con que se las interprete, y de las coyunturas (no solo nacionales) de la lucha de clases. Es lo que ocurre, por ejemplo, con las crisis económicas. Las crisis griega y española dieron pie a formaciones políticas burguesas que buscan reformar al capitalismo (en la idea de que las crisis se deben a la codicia de los banqueros, a la falta de control del Estado, a la globalización, etcétera). En otros lugares se fortalecieron opciones de ultra derecha. Así, en Francia muchos obreros (hoy desocupados) que antes votaban al PC, hoy lo hacen por Le Pen.

Otro ejemplo es lo sucedido luego del colapso de los regímenes stalinistas.  En la década de 1980 y comienzos de la siguiente, algunos grupos trotskistas llegaron a pensar que todas las barreras burocráticas entre ellos y las masas se estaban desplomando, que las direcciones tradicionales estaban “en un proceso vertiginoso de desprestigio”, y que, dado ese “vacío”, ahora sí “había llegado la hora del trotskismo”. ¿Cómo las masas que repudiaban al stalinismo –en un proceso “revolucionario socialista inconsciente”- iban a aceptar una vuelta al capitalismo? Otros grupos argumentaban que, en cualquier caso, apenas los trabajadores soviéticos hicieran su experiencia con el capitalismo, virarían a la izquierda y volverían a los ideales y al programa de Octubre de 1917. Pero lo cierto es que el capitalismo se impuso en el Este de Europa y en los ex territorios de la URSS y Yugoslavia, sin que hubiera siquiera un fortalecimiento medianamente apreciable de los partidos marxistas.  Incluso guerras civiles, como la que ocurrió en la ex Yugoslavia, dieron lugar a  expresiones importantes de la ultraderecha, casi fascistas.

Otro caso ilustrativo es el actual derrumbe del “socialismo siglo XXI” venezolano. Este desastre económico, conducido por milicos, burócratas estatales y una lumpen burguesía que se enriqueció de la noche a la mañana, no está dando lugar a proceso alguno de radicalización anticapitalista de masas. Miles se desalientan, caen en la apatía, o terminan consintiendo con la oposición burguesa, en  medio de la descomposición económica y social.

En conclusión, las crisis del capitalismo y las luchas generan la posibilidad de que avance una conciencia socialista en las masas trabajadoras. Pero no hay nada de mecánico en el proceso; la crisis no genera de por sí un programa socialista, ni corrientes de masas que espontáneamente abracen un programa de ese tipo. Por el contrario, la tendencia espontánea de las masas, la mayor parte de las veces, pasa por buscar soluciones dentro del sistema capitalista; cambios dentro de lo existente. Por eso, las condiciones políticas de una transformación socialista no se generan de la noche a la mañana; y tampoco son el producto de maniobras tácticas, por más “geniales” que parezcan. Los problemas fundamentales de la táctica entrista están indisolublemente entrelazados con estas cuestiones.

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“La táctica trotskista del entrismo (3)”

[4] La táctica trotskista del entrismo (4)

Por Rolando Astarita

Artículo publicado el 13 de diciembre de 2014 en 

Las estructuras partidarias

Lo que hemos planteado en los apartados anteriores cobra mayor relieve cuando se trata de los partidos o movimientos de masas. La famosa frase de Marx y Engels sobre que “las ideas dominantes de la clase dominante son las ideas dominantes de cada época”,  parece aplicarse doblemente a las organizaciones políticas que defienden programas y políticas burguesas, o burocrático-estatistas. Parafraseando La ideología alemana, podemos decir que los dirigentes de los partidos y movimientos burgueses, pequeño burgueses o burocráticos son los productores, reguladores y distribuidores de las ideas, o ilusiones, que adoptan las bases y simpatizantes de esos partidos y movimientos. En esta cuestión tienen un papel decisivo los “ideólogos conceptivos activos” (el término es de Marx y  Engels) asimilados por las direcciones partidarias, y más en general, los “intelectuales orgánicos” (Gramsci) que ofician de mediadores entre las direcciones y las bases. Precisemos que no se trata solo de los “altos ideólogos”, sino también de cientos o miles de personas que abarcan periodistas, funcionarios del Estado, trabajadores de la cultura, así como los cuadros medios de dirección, los encargados de organización en todos los niveles, y los militantes formados. Todo esto se potencia cuando el partido o movimiento controla las palancas del Estado, o directamente se fusiona con el mismo. En estas circunstancias el rol de estos intelectuales, desde los niveles más altos a los puestos más humildes, adquiere aún mayor relevancia. Comúnmente esta gente apoya un “ajuste a lo FMI” argumentando que “estamos afianzando el poder popular y la transformación revolucionaria”; y puede defender sin remordimientos la represión a un movimiento popular de protesta, o a una huelga, con el argumento de “le hacen el juego a la derecha y a los grupos económicos concentrados” (cualquier similitud con el discurso stalinista tradicional, no es casualidad).

Agreguemos que los partidos y movimientos de masas que se adaptan al sistema capitalista disponen de innumerables recursos materiales: representaciones parlamentarias, puestos a niveles municipales o provinciales, direcciones de sindicatos y otras organizaciones de masas, que dan lugar a un universo de posibilidades para silenciar críticas, disimular problemas, justificar lo injustificable y fortalecer adhesiones.

Por lo tanto, los trotskistas que hacen entrismo no militan en un vacío ideológico y político. Si a nivel social general las experiencias están mediadas por los discursos e ideologías, esto se repite a escala ampliada al interior de los partidos y movimientos izquierdistas (en un sentido amplio del término) de masas. Por eso, ante las crisis, suelen surgir fraccionamientos de izquierda que terminan canalizando el descontento partidario hacia renovadas alternativas burguesas, burocráticas, nacionalistas estatistas, etcétera. Si bien el entramado de ideas que se articula al interior de las organizaciones izquierdistas de masa no puede anular la lucha de clases, sí explica las formas particulares en que se digieren los procesos que los marxistas acostumbran caracterizar como “decisivos” para la siempre esperada radicalización a la izquierda de las bases.

Pero además, las direcciones de las organizaciones políticas burguesas y burocráticas habitualmente recurren a fraudes y manejos en las elecciones de delegados a Congresos y otros organismos, y a la represión de los disidentes. El ataque comienza por lo general con campañas difamatorias –los críticos son “entristas”, “fraccionalistas”, “agentes de la CIA” y similares- y después siguen los “juicios políticos” y las purgas. Cuando los burócratas y dirigentes “de toda la vida” ven amenazadas sus fuentes de subsistencia –en particular, su relación con cualquier sistema de explotación del trabajo- no hay límites ni estatutos democráticos a respetar.  Dados los ingentes recursos de que disponen estos aparatos, estas operaciones pueden generar desconfianza y desánimo en muchos sectores, y facilitan el aislamiento de los críticos. Se demuestra por esta vía que estas organizaciones en las que se hace entrismo no son “vacuas”, o “indefinidas en cuanto a su contenido”, como piensan algunos teóricos del entrismo siglo XXI. Las difamaciones, el silenciamiento a cualquier costo del disidente, las expulsiones, revelan la naturaleza de la organización. Son formas propias a sus contenidos de clase. Por eso tampoco, el carácter de clase de estas organizaciones no cambia de la noche a la mañana (al pasar, es una tontería mayúscula pensar que hasta las vísperas de la firma del pacto del Frente Popular la SFIO francesa era “centrista”, y que al día siguiente de la firma de ese pacto se convirtió en “agente de la burguesía”).

La discusión sobre el entrismo de corto y largo plazo

Una de las cuestiones más debatidas en torno al entrismo pasa por si debe aplicarse por un corto período de tiempo, o si es una táctica de largo plazo. Los que afirman que es de corto plazo argumentan que el entrismo se justifica cuando hay un proceso de radicalización revolucionaria de las masas trabajadoras; por eso, se sostiene, el entrismo es por algunos meses, para romper encabezando una ruptura masiva y a la izquierda. Los que afirman que hay que trabajar con un horizonte de largo plazo justifican su postura diciendo que es necesario ganar a las masas con un trabajo paciente y perseverante, a la manera de “topos revolucionarios”.

Pues bien, en base a lo discutido más arriba, pensamos que las dos variantes hacen abstracción de las condiciones concretas –sociales y políticas- que rodean las tácticas entristas. En lo que respecta a los “cortoplacistas”, pecan de ingenuamente optimista. Según este esquema, sería posible detectar el ascenso revolucionario con anticipación, incorporarse rápidamente al partido o movimiento de masas “centrista indefinido”, presentar programas y consignas diferenciadas de la dirección (y de cualquier otra tendencia izquierdista pero no revolucionaria) y ganar a amplios sectores de la militancia y simpatizantes que estarían dispuestos a acompañar a los recién llegados.

La realidad es que en ningún lugar algún grupo marxista se hizo de la dirección de un proceso revolucionario por esta vía. A lo sumo, se ganan algunas decenas o cientos de militantes. Activo que debe ponerse en relación con el pasivo que se tributa: rupturas y disidencias tanto a la entrada como a la salida, acusaciones por “fraccionalismo”, y desconfianza de los trabajadores, que no entienden estas maniobras. Pero además se crea un caldo de cultivo para que prosperen las intrigas y acusaciones, y haya purgas y sanciones por doquier, que oscurecen el debate sobre las cuestiones fundamentales. Por eso, en última instancia, si hay un vuelco a las ideas revolucionarias –y para esto debió existir antes agitación, propaganda, actividad sistemática de largo plazo- es más factible que se produzca la adhesión, lisa y llana, a las organizaciones marxistas que ofrecen una alternativa definida, e independiente.

Por otra parte, en relación a los que plantean el entrismo de largo plazo, los problemas no son menos importantes. También en este esquema se hace abstracción de las condiciones concretas en que puede desarrollarse una militancia que pretende ir ganando posiciones paulatinamente. Lo principal: es imposible entrar a militar con banderas críticas e independientes, estando establecido el control de las direcciones y las burocracias partidarias. Dado que los marxistas necesitan ser aceptados en la organización, deben callar cuestiones esenciales, en especial en lo que atañe a caracterizaciones de clase de programas, direcciones, orientaciones políticas. Por ejemplo, si hoy se es militante del PSUV, es imposible explicar que los burócratas y milicos dirigentes del “Estado popular en transición al socialismo”, no son “compañeros confundidos”, sino explotadores hermanados con la lumpen burguesía que se enriquece con ellos.  Pero si no se plantean las caracterizaciones de clase correctas, pierde sentido la propaganda por las ideas socialistas. Precisamente la razón de ser de un grupo político que se considera marxista consiste en llevar la crítica hasta la raíz.  Y esta no puede eludir las caracterizaciones de clase.  De ahí la tendencia general de los “entristas de largo plazo” (pero también los de corto plazo) es a embellecer a las organizaciones en que militan, y a disimular sus políticas burocráticas o burguesas. Así, hoy los trotskistas que hacen entrismo en el PSUV “miran para otro lado” cuando el gobierno de Maduro reprime al activismo sindical independiente, o sofoca huelgas y movimientos de protesta.

Pero además, a medida que el entrismo se prolonga en el tiempo, y en aras de mantenerse en la organización, se amplían las concesiones y “agachadas” ideológicas y políticas. Como dice el dicho en Argentina, cada vez hay que comerse más “sapos”. En esta dinámica, muchos terminan por “olvidarse” de que originariamente se incorporaban a la militancia para acompañar una ruptura revolucionaria, y se convierten en “consejeros de izquierda” de las direcciones y los aparatos burocráticos. O se identifican (aunque siempre con alguna observación crítica) con el programa y orientación de la organización “centrista vacua”. Un ejemplo de este proceso es el de aquellos entristas en el PSUV que proclaman que su objetivo es “defender el legado de Chávez” (¿qué tendrá que ver eso con el programa y estrategia del marxismo?) e “impedir” que la militancia descontenta rompa con la dirección, con la excusa de que “puede ser capitalizada por la derecha” (¿pero no es que había un proceso de radicalización revolucionaria?). El destino final de estas políticas de maniobras es que, o bien son cooptados por el mismo aparato al que decían combatir, o terminan expulsados, sin mayores repercusiones en lo que respecta a la relación global de fuerzas entre el capital y el trabajo.

En definitiva, no hay atajos

Como resumen de lo desarrollado en esta larga nota, quiero plantear una conclusión: hay que abandonar la idea de que se va a construir una fuerza revolucionaria y anticapitalista a fuerza de maniobras organizativas y “golpes de efecto”. Soy consciente, por supuesto, de que en este punto estoy enfrentando una tradición largamente establecida. El trabajo ideológico y político de largo plazo no puede ser reemplazado con maniobras del tipo de las entristas. Por lo argumentado más arriba, no se trata, por supuesto, de una mera cuestión táctica, sino de toda una concepción en la que están implicados problemas teóricos (lo hemos visto en torno a la caracterización de clase de la socialdemocracia, o del PSUV, para citar solo dos ejemplos) de relevancia.

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“La táctica trotskista del entrismo (4)”

[5] “La verdad no importa, sólo cuenta la defensa del partido”

Por Rolando Astarita

Artículo publicado el 20 de diciembre de 2014 en 

La nota crítica sobre la táctica de Trotsky del entrismo (aquí y siguientes) dio lugar a un áspero debate -puede verse en “Comentarios”- con un militante del PTS. Este sostuvo que mis críticas a Trotsky están tomadas de la tradición stalinista, y que son “una canallada”, propia de un “charlatán”, al que no le preocupa la organización de los trabajadores (esto en el marco de que el PTS me considera un “amigo del imperialismo”). De hecho entonces, nada nuevo en lo que respecta a los métodos de discusión que imperaron tradicionalmente en la izquierda, y que he tratado en otra nota (aquí). Como he argumentado antes, uno de los objetivos fundamentales que se busca con estas cosas es destruir moral y espiritualmente al oponente crítico. En esto rige la idea de que es preferible que un militante “se funda” (en la jerga, que deje de activar políticamente) a que continúe en las filas de un partido rival. O que se llame a silencio si es un crítico independiente. Esto no me lo han contado: lo escuché y vi en el PTS, allá por los fines de los años 1980. Agrego que cuando comencé a criticar estos métodos, me echaron rápidamente.

Pues bien, quiero comentar ahora otra tradición, también oral (nadie se atreve a dejar por escrito estas cosas). La idea es que “todo vale” si está en juego la defensa de la línea del partido; incluso se justifica ocultar datos o mentir. En el viejo MAS (en el que milité durante más de una década) un miembro del Comité Central me lo decía con todas las letras: “la gran diferencia que tengo con vos es que, en mi caso, y si es necesario para defender la línea del partido, no tengo problema en mentir. La verdad científica en abstracto no existe; ese sería un criterio individualista. Todo debe subordinarse a las necesidades del partido, que es el arma fundamental de la revolución. Yo me considero un escriba del Comité Central”. Y en tono de reproche, terminaba: “vos, en cambio, si pensás que algo es verdad, lo decís, sin tomar en cuenta si coincide con la línea del partido”. Por supuesto, cito de memoria, pero doy fe de que este era el mensaje.

Más tarde me volví a encontrar con ese criterio, pero agravado: lo importante de un argumento no era su rigurosidad científica, sino si servía para atacar al partido de izquierda rival por excelencia (en un tiempo el gran “enemigo” del PTS era el viejo MAS). Por fin, la última prueba la tuve en Inglaterra, en una amable discusión con un viejo dirigente trotskista. Abiertamente me reconoció que él no podía justificar el estancamiento de las fuerzas productivas desde 1914 (estábamos en 1990), pero que nunca lo reconocería públicamente porque pondría en entredicho las bases teóricas del Programa de Transición. Cuando le señalé que el suyo no era un criterio científico, me respondió con un “admito que tengo un problema”. Lo cual no le impidió escribir luego un largo artículo acusándome de “revisionista” por negar el estancamiento de las fuerzas productivas.

Aclaro que no todos los grupos trotskistas tienen este criterio. Para dar solo dos  ejemplos, nunca lo escuché entre los seguidores de Mandel; ni tampoco creo que sea compartido por todos los partidos trotskistas de Argentina. Sin embargo, la idea está presente en varios grupos, y tiene una larga tradición. Esto tal vez ayude a algunos a entender por qué, en ciertos casos, ni siquiera hay posibilidad de encontrar la menor lógica, o apoyo empírico, a las afirmaciones que algunos dogmáticos lanzan en el curso de un debate. Para ellos lo único que importa es “ganar” una discusión como sea, y dejar en pie la línea partidaria (o el “texto sagrado”) que defienden.

Estoy convencido de que esta es una de las cosas que habría que superar en el camino de construir una alternativa anticapitalista y socialista que llegue a la gente. El marxismo es esencialmente crítico, y la base de toda crítica es la rigurosidad, como alguna vez decía Marx. Por eso también remito, una vez más, al pasaje de la carta de Engels a Lafargue, del 11 de agosto de 1884, en que explicaba: “Marx protestaría contra ‘el ideal político, social y económico’ que usted le atribuye. Cuando se es ‘un hombre de ciencia’, no se tiene un ideal, se elaboran los resultados científicos y cuando además se es hombre de partido, se combate por ponerlos en práctica. Pero cuando se tiene un ideal, no se puede ser hombre de ciencia, pues se ha tomado partido de antemano” (ver aquí para una discusión más completa), Es claro que en estas cuestiones no estamos solo ante problemas “de forma”; en el fondo anidan concepciones político-ideológicas que están en las antípodas.

[6] Unas relaciones curiosas: Trotskismo y socialdemocracia (1929-1956)

 
Artículo publicado en

A lo largo de su historia distintos sectores del trotskismo argentino ensayaron experiencias de entrismo en el espacio de la izquierda reformista. En algunos grupos trotskistas esta estrategia adquirió una centralidad que se mantuvo a lo largo de los años y de las continuas mutaciones y reagrupamientos que afectaron a esas corrientes. ¿Cómo se vivió en el PS y en sus desprendimientos esta repetida aparición en sus filas de militantes con posiciones más radicalizadas que las que la ortodoxia partidaria prescribía? ¿Existió un rechazo unánime ante estos fenómenos o nos enfrentamos a una gama de actitudes mas variada? Nos proponemos indagar sobre como se vivieron estos contactos, a ambos lados de la frontera ideológica, en el periodo que se extiende hasta la revolución libertadora.

Palabras clave: trotskismo, reformismo, socialismo, marxismo, Argentina

 

A la memoria de Emilio Corbiere

El espacio de la izquierda Argentina desde fines de los años 20.

A partir del impacto de la revolución de Octubre el espacio de la izquierda argentina tendió a sub dividirse en ámbitos cada vez mas diferenciados. En el campo marxista se formo el espacio de la izquierda tercerista como ruptura del socialismo reformista. Esta corriente pronto se ramifica en tres partidos: Partido Socialista Internacional (1918, luego Partido Comunista Argentino, PCA) y sus escisiones de 1925 (Partido Comunista Obrero, POC) y de 1927 (Partido Comunista de la Región Argentina, PCRA). Paradójicamente la proliferación de corrientes con sus respectivas ortodoxias ideológicas no siempre reforzó la  impermeabilidad de cada una de estas tendencias. Por el contrario fue tomando forma a lo largo de la década del  20 un sistema de presiones y fugas que involucraba a los terceristas y a los bolsones de izquierda que subsistían en el Partido Socialista. Luego de la ruptura de 1918 y el alejamiento de los terceristas en 1921[2]siguieron existiendo en las filas del PS algunos grupos izquierdistas que se oponían a la ortodoxia reformista.  En 1922 se produjo en el seno del PC la ruptura de los “frentistas” que proponían una alianza con el PS. Este episodio es representativo del tipo de tensiones que venimos señalando. A pocos años de la ruptura con el socialismo un grupo que no se había asimilado a la ortodoxia y el monolitismo de las secciones de la Internacional Comunista (IC) intento una vuelta al redil para desarrollar una fracción marxista. Entre estos “frentistas”  se encontraban algunos de los futuros militantes trotskistas de los años 30.[3]

Nos interesa analizar las relaciones con el PS de las dos corrientes disidentes del comunismo oficial (POC, PCRA) en cuyo seno militaron algunos de los primeros trotskistas argentinos. En 1926 La Chispa, órgano del POC, acusaba al PC de realizar oscuros arreglos con la conducción del PS para apoyar de forma encubierta las listas socialistas en las elecciones de ese año.[4] Poco después, durante los prolegómenos de la crisis que terminaría alejando al grupo de De Tomaso-Pinedo del PS, La Chispa anunciaba que el PC seria engullido por el socialismo, que libre de su ala derecha lo atraería a su seno.[5] Al año siguiente, al avanzar la crisis del PS, La Chispa, sugestivamente, esbozaba un análisis sensiblemente menos duro del socialismo como corriente.

El partido socialista debe cumplir una misión histórica de clarificación que
aunque no revolucionaria tendría la virtud de aunar las fuerzas de izquierda.
La masa proletaria votante, la clase media y los campesinos serian entonces
unificados (texto borroso) por el socialismo, al mismo tiempo que se los
sustraía a la influencia abiertamente burguesa.[6]

El órgano de los “chispistas” expresaba su esperanza que la “fracción obrera” del PS rompiera con los elementos pequeño burgueses del partido trazando un esquema de interpelación a las bases socialdemócratas que haría escuela en la extrema izquierda en los años siguientes. Por su parte el PCRA, desde su fundación en diciembre de 1927, alternaría las críticas y los guiños al PS según las coyunturas. Pero la interpelación al socialismo tendría más centralidad en la estrategia de esta fuerza que conservaba mayores vínculos con su pasado socialdemócrata. En abril de 1928, mientras los “chispistas” proponían una alianza de los tres partidos comunistas,Adelante, órgano del PCRA, proponía un Frente Único con el PS y el PSI y las distintas centrales obreras.[7] Poco después acusaban  a Enrique Dickman, candidato del PS, de hacer demagogia izquierdista en sus discursos en vistas de conseguir votos comunistas. Acto seguido llamaban a las bases del PS a votar al PCRA.[8] La orientación del PCRA en sus políticas de alianzas era inseparable de una larga historia de enfrentamientos con las dos otras corrientes terceristas. El grupo de Penelon calificaba al PC de “rabanitos” y al POC de “agentes policiales”. A su vez La Chispa calificaba de “caudillista y electoralero” a Penelon.[9] Pero las diferencias excedían los meros rencores faccionalistas. Penelon había sido concejal por el PC y delegado argentino ante la IC en Moscú. En base al prestigio de su líder el PCRA oriento buena parte de sus esfuerzos a la lucha  electoral. Sintomáticamente el PCRA se negó a apoyar la creación de una central sindical de izquierda (CSLA) en la que participaron tanto el PC como el POC.[10] Pasado el entusiasmo que siguió a la revolución de octubre el penelonismo fue recobrando pautas más cercanas a las de la cultura política de la socialdemocracia. En 1929 un grupo de ex afiliados socialistas volvía al partido y publicaba la revista Bandera Roja que se proponía luchar por la formación de una corriente socialista marxista.[11] Por la reseña que Adelante le dedica a la aparición de esta revista sabemos que por lo menos parte del grupo que la editaba había militado en el PCRA.[12] Ese mismo año el PCRA sufriría otra escisión pero de sentido contrario. El obrero ebanista Roberto Guinney, su hijo, M. Guinney, y el español Camilo Díaz, quisieron difundir en las filas partidarias documentos sobre la situación en Rusia provenientes de la Oposición de Izquierda de inspiración trotskista. La conducción se los impidió y estos rompieron con el partido para formar el comité argentino de la Oposición de izquierda.[13] Había nacido el trotskismo en nuestro país.

 

El trotskismo y la izquierda socialista hasta 1937

 

Benito Marianetti , 1920c www.chiavazza.blogspot.com

En 1932 toma cuerpo en el seno del PS una corriente de disidentes de izquierda con fuerza en los sectores juveniles. Estos sectores reivindicaban el marxismo como método de análisis y el carácter clasista del partido a la vez que denunciaban el carácter de clase de la democracia parlamentaria. A estas reivindicaciones clásicas  se sumaban otras mas ligadas a esa coyuntura de la lucha de clases a nivel mundial. Como ser la creación por las organizaciones obreras de cuerpos de defensa contra grupos fascistas y guardias blancas.[14] Este proceso fue seguido atentamente tanto por el PC como por los pequeños círculos constitutivos de la Oposición de Izquierda. Estos últimos en un Manifiesto de 1933 tomaban distancia de la calificación de “social fascistas” que el PCA  y la IC,  le endilgaban al  PS.

 

Condenamos la teoría staliniana del “socialfascismo”. Afirmamos que la
socialdemocracia internacional y el fascismo son dos fuerzas de
sustentación del sistema capitalista de producción. Ni estructural, ni política,
ni funcionalmente puede establecerse un signo igual entre estas dos
fuerzas: negamos que la parte proletaria que explotada y expoliada por el
capitalismo, milita bajo las banderas de la social-democracia sea
conscientemente fascista. Su captación e integración dentro de los
(borroso) revolucionarios depende en gran parte de un trabajo a realizar por
el P Comunista, trabajo que no puede efectuarse sobre la base de una
definición como la de “socialfascismo.[15]

La primer prensa trotskista se intereso por la evolución del ala izquierda del PS. En especial Nueva Etapa, boletín publicado en Rosario por el grupo orientado por el ex socialista Antonio Gallo. En mayo de 1934 este boletín analizaba el congreso del PS en Santa Fe en el que el ala izquierda había sido derrotada por el oficialismo partidario. En opinión de Nueva… el ala izquierda del socialismo estaba formada por militantes sinceros junto a oportunistas entre los que incluía al mendocino Benito Marianetti y a la Federación Socialista Mendocina, bastión clave de la izquierda del PS.[16] Después de este congreso el espacio de la izquierda socialista comenzó a dejar entrever las distintas orientaciones de sus capillas. En agosto de 1934 la revista Cauce, que expresaba a sectores filo comunistas cuyo referente era Ernesto Giudice, anunciaba su próxima ruptura con el PS y su ingreso al PC. En el mismo artículo calificaba de reaccionario el proyecto de crear otro partido socialista:

En esta posición contrarrevolucionaria son alentados (los disidentes
socialistas) por los trotskistas que son también anti revolucionarios
contumaces. Estos desde sus periódicos y en la acción proselitista,
sobrestiman la conciencia de clase de los compañeros que están en esa
posición y los instan a permanecer en ella.“Proyectando en la masa la
perspectiva de la cuarta internacional”. (…)[17]

Al año siguiente, con motivo del VIII Congreso extraordinario del PS, IV internacional, sucesor de Nueva, y órgano de la Liga Comunista Internacionalista, llamaba la atención sobre el encorsetamiento de la izquierda en una praxis echa a la medida de la maquinaria de los congresos socialistas aceitada para consagrar los puntos de vista de la conducción partidaria:

No en vano existe una técnica de los Congresos en la que los viejos
dirigentes son maestros. Por mas que la izquierda logre inclinar en su favor
una buena parte de los vacilantes entre las dos tendencias principales, no
podrá quebrar la rutina de 37 años en la cabeza del sector llamado a decidir.
Pero sobre todo la labor y el programa de la izquierda no han logrado
arraigar en la mayoría del partido. [18]

A fines de 1935 el sector nucleado alrededor de Marianetti y el grupo mendocino publica la revista Izquierdamientras se va consolidando el grupo centrista liderado por Carlos Mario Bravo, Joaquín Coca, Unamuno, etc que intentaba recuperar la tradición de reformismo clasista de los orígenes del PS. Por su parte la revista Visión, dirigida  por el ex “frentista” Luis Koifman, se convierte en el vocero de sectores trotskizantes cercanos a la  izquierda del PS. En enero de 1936 Visión critico la suspensión de la revista Izquierda por la conducción partidaria. Pero a la vez cargaba contra los centristas opuestos al Comité Ejecutivo del partido a los que acusaba de una eterna indefinición.[19]Visión analizaba la formación de una vanguardia dispuesta a luchar por un socialismo marxista en las filas del PS:

Son hombres jóvenes y hasta ahora solo conocidos por su actuación en
las luchas sindicales dentro del partido no habían alcanzado, todavía,
figuración alguna, acaso porque, absorbido por la mencionada actuación
sindical, carecieron de tiempo y oportunidad para destacarse en la
actividad política. Sin embargo, aseguran que la conocen, que se trata de
marxistas de verdad y, por ende, de políticos de envergadura, capaces de
responder con firmeza a la responsabilidad que la condición de líder
comporta siempre.[20]

Es en estos cuadros gremiales que no estaban alineados ni con los centristas ni con el sector de Marianetti en donde los grupos trotskistas veían un potencial semillero de militantes que podían ser ganados para el campo revolucionario. En ese mismo artículo se tomaba distancia de la propuesta frente populista que levantaba el grupo de Marianetti detrás de la cual se veía la influencia del PC. Esta misma critica le había imputado a Marianetti y su gente la revista Transición, editada por el trotskista de origen socialista Carlos Liacho, que había logrado sacar un único numero a fines de 1935.[21] En julio de 1936 Visión proponía la realización de un Frente Único de Izquierda y criticaba al PC por su orientación frente populista.[22] La cuestión de los frentes populares, inseparable de los triunfos de coaliciones de este tipo en España y Francia, iba ganando una mayor centralidad en los debates de la izquierda argentina.

Luego de la expulsión del concejal de la capital Zavala Viscondo, ligado al grupo centrista, la ya larga crisis del PS, se acelero. El grupo de Marianetti se había autonomizado de la conducción partidaria y había formado frentes con el PC en Mendoza y las otras regionales donde tenia influencia (Tucumán, Entre Ríos, La Pampa). En enero el Comité Ejecutivo ordena disolver la Federación Mendocina. A su vez los centristas forman el Comité de Unidad que comienza a publicar un órgano propio (Unidad). En su número de enero de 1937 IV Internacional caracteriza en los siguientes términos al grupo centrista:

El “Comité de unidad” encarna la fracción opositora que podía llamarse tradicional del PS. Reformista, consecuentes con concepciones doctrinarias del kautzquysmo (Sic)- y también de Juan B. Justo – pugna porque la propaganda y la acción del partido se hace en nombre de la clase obrera y no de los “intereses generales de la nación”; quiere apoyarse en la organización sindical en vez de fincarlo todo en el electoralismo, como lo hace actualmente -y cada vez mas – el P.S. (…)[23]

En mayo de 1937 los  grupos que formaban la izquierda socialista formalizan la ruptura y crean el Partido Socialista Obrero (P.S.O) en el cual distintos grupos trotskistas ensayaran una estrategia de entrismo grupuscular.

 

Los trotskistas en el PSO o el entrismo grupuscular

El PSO nació como una fuerza política de cierta gravitación y con buenos resultados en las elecciones legislativas en las que participo. El  comité capitalino estaba controlado por los dirigentes del ex Comité de Unidad, mientras que el sector de Marianetti dirigía la Federación Mendocina y tenia influencia en otras provincias. En su Congreso Constituyente el PSO hizo suya la bandera de la lucha por la liberación nacional y la formación de un Frente Popular. Por debajo de esta aparente unidad  las dos corrientes partidarias comenzaron una puja por el control de las agrupaciones gremiales, el frente juvenil y federaciones del interior.


La posibilidad de realizar entrismo en una rama de la socialdemocracia corrida a la izquierda y con estructuras poco consolidadas sedujo a no pocos militantes trotskistas que entraron formando fracciones o a titulo individual en el PSO. El más importante de estos grupos fue el liderado por Carlos Liacho, con base en capital y con relaciones con el grupo estudiantil de J Lagos en La Plata. Esta fracción entre los meses de agosto y diciembre de 1937 publico 5 números del boletín mimeografiadoFrente ProletarioEl primer numero de esta publicación enunciaba un programa fraccional que incluía la lucha por la democracia interna” dentro del respeto a la voluntad de la mayoría. “La democracia obrera. Libre coexistencia de todas la tendencias socialistas dentro del partido de la clase”. Igualmente sostenían la consigna del frente proletario, la unidad sindical y la lucha contra el reformismo y el stalinismo. Se solidarizaban con la España republicana y expresaban sus simpatías por la línea de la izquierda socialista de Largo Caballero, CNT-FAI y el POUM. También reivindicaban el carácter “democrático, socialista y permanente” de la revolución y el internacionalismo proletario. Por ultimo proclamaban que “La lucha anti imperialista, es en primer termino una lucha contra la burguesía nacional.”[24]

Este grupo intervino en la puja por el control de la juventud del partido en capital. Se trataba de una lucha a tres bandas en donde la fracción trotskista eligió como enemigo inmediato a los sectores filo comunistas de las JS del PSO de Capital y de manera mas diferida a los sectores ligados al reformismo centrista. En septiembre Frente Proletario informaba que una iniciativa de 15 centros juveniles pedía la expulsión de sectores filo comunistas enquistados en la Junta Ejecutiva de la juventud.[25] Frente… denunciaba la táctica de unificar a las juventudes del PSO y PC, con la metodología que utilizo el stalinismo para copar a la juventud del PSOE en la España republicana. A la vez no perdía la oportunidad de mencionar que el CE, controlado por el grupo centrista utilizaba la agitación contra los “infiltrados stalinistas” para acotar los márgenes del debate aprobando una resolución que conminaba a los boletines juveniles a no agitar “cuestiones polémicas”:

Se pretende hacer de los boletines de un organismo socialista elementos de mera información? En momento en que el movimiento obrero mundial busca una salida en medio del confusionismo de unos sectores, de las posiciones claudicantes de otros; en momento en que se calumnia a los mejores revolucionarios y la entrega y la infamia dividen las fuerzas del proletariado, no hacer polémica en defensa de las posiciones revolucionarias y limitarse a enunciar bailes o asambleas y hablar de “generalidades”, significa hacer el juego a los propósitos de los emboscados.[26]

Mientras la estrategia de Frente Proletario era combatir a las juventudes en un campo de batalla de la lucha de tendencias la prioridad de la conducción partidaria era afirmar su autoridad sobre los frentes de masas, en particular, el sensible frente juvenil de donde se habían gestado las grandes rupturas en los partidos de izquierda en la Argentina. En noviembre, luego de festejar la retirada de los stalinistas, Frente… realizaba la siguiente reflexión sobre el papel de las juventudes partidarias:

La J.J. han sido utilizadas siempre en nuestro país por los partidos obreros
como los organismos mas dinámicos, pero ni los de la Casa del Pueblo, ni el
Partido Comunista se han preocupado en capacitarlas, en hacer militantes
conscientes. Ellos han tenido razones de peso para (borroso) no era lógico
contribuir a la formación de futuros denunciadores de su oportunismo
claudicante. Pero esto precisamente nos indica que si las J.J.S.S. quieren
dejar de ser instrumento de hombres y partidos, no queda otro camino que
el adquirir independencia intelectual a través de los medios señalados y
dentro de una absoluta libertad critica. Así se servirá conscientemente, mas
y mejor, a los intereses de la clase obrera y a su vanguardia revolucionaria.[27]

Junto con la lucha en el frente de la juventud la fracción orientada por Carlos Liacho denuncio la línea frente populista de la conducción nacional y de las regionales del interior cercanas a las posiciones del PC. Por eso combatieron el apoyo del PSO a la candidatura presidencial de Alvear y el apoyo a candidatos radicales en las elecciones legislativas. En su ultimo numero en diciembre de 1937 Frente Proletario llamaba a la creación de un Frente con todos los partidos de izquierda para ganar la minoría legislativa en capital.[28]A comienzos de 1938 repartieron un volante titulado “Alerta camarada socialista obrero!” en donde llamaban a los militantes a no votar al candidato a senador por la capital de la UCR, Eduardo Saguier, que había recibido el apoyo de la conducción partidaria.[29] Por esa época realizaron una Conferencia Nacional de la fracción en la ciudad de La Plata. En octubre de 1938, cuando las autoridades del PSO ya habían comenzado a expulsar a los trotskistas en su seno, publicaron un número de un nuevo órgano titulado Marxismo. En el se resumían las criticas de la fracción a la política del Frente Popular y la lucha por la Liberación Nacional y se reivindicaba el derecho a la organización fraccional y la autonomía de las juventudes. Estas críticas fueron acompañadas de un análisis sobre la situación del país y las orientaciones de las distintas fracciones de la burguesía y de las fuerzas que las representaban.[30]

A principios de 1938 se forma otra fracción trotskizante en el PSO capitalino integrada por militantes que provenían de la Liga Comunista Internacionalista que lideraba Antonio Gallo y que se había manifestado en contra de la táctica entrista.[31]

Finalmente el impacto producido por la aparición del PSO había arrastrado a parte de sus miembros a intentar una estrategia entrista. Estos coparon el Centro del barrio de Liniers en donde militaban obreros ferroviarios de los talleres de Liniers y algunos tranviarios como el yugoeslavo Miguel Medunich Orza que en sus memorias recordara sus dudas a la hora de ingresar a las filas del nuevo partido.[32]En febrero de 1938 comienzan a publicar Izquierda. En su primer número criticaban la línea frente populista y la política sindical del partido de claudicación ante las conducciones reformista y stalinista de la CGT. Llamaban a la Formación de un Frente Obrero cuya piedra angular seria una alianza electoral y política con el PS con un programa que incluiría la formación de milicias y comités de base en los lugares de trabajo:”…como las que el 18 de julio de 1936 sofocaron el levantamiento rebelde en Madrid y Barcelona”.[33] Junto con el repudio al apoyo electoral al radicalismo, Izquierda dice que la creación de milicias y comités podría servir para ganar:”…a la gran masa de obreros radicales, que es mayoría en los gremios y que solo así – como proletarios y no como “radical” – tomara parte en la lucha.”[34] En su número de abril de 1938 Izquierda no perdía oportunidad de cargarle el magro resultado electoral del partido en capital al apoyo a la candidatura de Saguier. Desarrollando su política de Frente obrero afirmaban que este debía incluir a todos los partidos de izquierda y las centrales sindicales.[35] En agostoIzquierda criticaba el intervencionismo del CE y la disolución del Centro de Liniers. Por medio de un comunicado los miembros de ese Centro afirmaban que el C.E. lo había disuelto argumentando que había emitido “circulares inoportunas” en vísperas de elecciones. El Centro de Liniers habría contado, en esta coyuntura, con la solidaridad de centros de Lugano y Villa del Parque.[36]

La actitud de la conducción del PSO frente a los grupos trotskistas había terminado de definirse con motivo de la oposición abierta de estos a los apoyos electorales aprobados por el partido. En febrero de 1938 el órgano partidario Avance todavía se solidarizaba con el trotskista Mateo Fossa envuelto en una polémica con la conducción de la CGT a raíz de una carta en que criticaba la resolución de una huelga de albañiles.[37] Pero a mediados de año se disolvió el Centro de Liniers y se censuro a otros centros barriales que se habían pronunciado contra la política electoral del partido. El 17 de septiembre los ocho centros sancionados realizaron una asamblea y siete de ellos reafirmaron su fidelidad al C.E.[38] El otro centro era el de Liniers que quedo solo en esta polémica. Por ese entonces la Federación Mendocina, situada en la órbita del stalinismo, aprobaba en un congreso una declaración de fuerte contenido anti-trotskista y resolvía:

(…)2) Que la Junta Ejecutiva pida a los centros respectivos la separación de
aquellos afiliados que se les compruebe que directa o indirectamente
realicen tareas trotskistas dentro del partido.[39]

En el frente gremial el CE tomo distancia de los trotskistas que militaban en el  partido. A fines de 1938 en una asamblea del S. Unificado de la madera un grupo de militantes del PSO, liderados por Fossa, gano la conducción gremial. Avance califico este echo como el copamiento del gremio por “grupos divisionistas”.[40] No hay mucha información sobre lo que sucedió con los grupos entristas en el interior. El más importante fue el liderado por Esteban Rey en Córdoba y Tucumán. En esta ultima provincia Rey logro consolidar un núcleo de militantes que lo acompañaría años después en nuevas lides entristas. En 1939 los grupos filo stalinistas terminaron de consolidar definitivamente su dominio del aparato del PSO. En agosto de 1939 la Federación porteña, controlada por los centristas, realizo una asamblea en donde se voto reingresar al PS. En 1940 lo que quedaba del partido se disolvió y sus militantes se incorporaron al PC.[41]

 

El debate entre los grupos trotskistas luego de la expulsión del PSO

Una parte de las polémicas entre los grupos trotskistas entre 1938 y 1940 giraron alrededor de la fracasada experiencia de entrismo en el PSO. Esta discusión era la prolongación de la polémica que había dividido al movimiento en 1937 al producirse el ingreso del grupo de Liacho en el partido. El 7 de noviembre de ese año Liborio Justo, uno de los mas fuertes opositores al entrismo,  había promovido una reunión de los distintos grupos trotskistas. A esta reunión asistió Liacho por los entristas juntos a miembros de los distintos grupos anti entristas sin que se pudiera llegar a un acuerdo para una acción común. Quebracho afirmo posteriormente que no era opuesto a todo tipo de entrismo, sino que había considerado que en aquel momento el trotskismo criollo carecía de la suficiente solidez como para encarar una experiencia de esa naturaleza.[42] En varias elecciones a fines de los años 30 Quebracho y su grupo llamaron a votar las listas del PS al que consideraban un partido de clase donde militaban amplios sectores de la clase obrera y la pequeña burguesía urbana.[43] Una parte de los entristas en el PSO se sumaron en 1939 al grupo Inicial orientado por Pablo Milessi. Medunich Orza incluye en este reagrupamiento a los militantes del Centro de Liniers y A. Gallo (Ontiveros). También se sumaron Mateo Fossa, el grupo platense de Lagos y el grupo rosarino de  Narvaja.[44] El líder de Inicial Milessi había sido opositor al entrismo y en un articulo de 1939 evaluaba al proceso de formación del PSO como el usufructo del descontento de las bases del PS por un grupo de demagogos y agentes stalinistas. A su vez daba cuenta de la vuelta al redil de los centristas ante el avance del sector filo PC.[45] El grupo Inicial pronto se disgrego. La mayoría de los ex entristas (A. Gallo y su gente, parte del grupo deFrente Proletario, etc) formaron la Liga Obrera Socialista (LOS) y otros (Fossa, el grupo platense, el grupo de Córdoba liderado por Esteban Rey) se unieron a Quebracho y formaron el Grupo Obrero Revolucionario.[46] O sea que los ex entristas se situaron a ambos lados de la frontera que dividió al trotskismo alrededor de la polémica por la liberación nacional y el carácter que debía tener la lucha anti imperialista en la Argentina.[47]

Luego del fracaso del entrismo en el PSO los grupos trotskistas no desecharon la  posibilidad de beneficiarse de las sangrías del PS. El volanteo en actos socialistas u operaciones para captar descontentos siguió siendo una práctica común. En esos  años ingreso al PS Homero Cristali (Posadas) para captar a un puñado de militantes con los que formo en 1945 el Grupo Comunista Internacionalista (GCI).[48] Por otra parte el Partido Obrero de la Revolución Socialista (PORS), un efímero intento de unificar al trotskismo, se dividió en 1942 alrededor del apoyo a las listas electorales del PS en  las elecciones nacionales o el llamado al voto en blanco.[49]

 

El aporte socialista en la formación del Grupo Obrero Marxista

En 1944 un grupo trotskista liderado por Nahuel Moreno (Hugo Bressano) se instala en Villa Pobladora (Avellaneda) buscando insertarse entre los obreros textiles, de la carne, metalúrgicos y otras industrias del cordón fabril de la zona sur. Fundan el Grupo Obrero Marxista (GOM) y editanFrente Proletario. En 1945 hacen sus primeras armas interviniendo en la huelga del frigorífico Anglo-Ciabasa. Por primera vez un grupo trotskista alcanzaba un cierto grado de inserción dentro del movimiento obrero. En el contexto del ascenso del peronismo y la crisis de las viejas conducciones sindicales (PC y PS) esta pequeña organización logro nutrirse de militantes socialistas descontentos con la línea política y sindical de su partido. En medio de la crisis que envolvía al PS luego de la derrota de la Unión Democrática, Moreno y su gente recorrían los centros socialistas de Avellaneda e intervenían en las conferencias buscando captar militantes descontentos. Pero el aporte más importante de las filas socialistas al GOM fue el de un grupo de estudiantes de la Universidad de La Plata. La historia de este grupo comienza con Ángel “vasco” Bengochea y Horacio Lagar, dos jóvenes socialistas que se habían fogueado en la lucha contra las bandas fascistas del gobernador Fresco que actuaban en la capital de la provincia. En 1946 estos dos jóvenes lograron nuclear a su alrededor a un pequeño grupo de estudiantes platenses. Así recordaba Lagar el clima que se vivía en el socialismo bonaerense luego del triunfo de Perón en las elecciones de 1946:

En una asamblea nos peleamos con Palacios y con todos. Nos quisieron pegar. Era el congreso provincial del Partido Socialista. Yo intervengo y Solari que estaba presidiendo el congreso se acerco a pegarme. Entonces en la ultima fila  detrás del cortinado estaba el “loco” Rosales, el famoso “loco” Rosales. (…) Saco la pistola y se la puso en el pecho y dijo: “Acá voy a garantizar la democracia. Si quiere hablar hable y si no lo deja hablar al compañero”. Y Solari se cago hasta los garrones y empezó a retroceder marcha atrás.[50]

Durante una visita que Lagar y Bengochea realizaron al centro socialista de Villa Porvenir conocieron a Nahuel Moreno y lo invitaron a tener una charla con el grupo en La Plata. A principios de 1947 se produjo la ruptura de la fracción con el PS. Bengochea y Lagar lograron llevarse con ellos a muchos jóvenes del centro socialista de La Plata y de su similar de Bahía Blanca. El contingente platense estaba integrado por Milciades Peña, Daniel Esperoni, Alberto Pla, Oscar Valdovinos, Saúl Hecker, el “loco” Rosales, Mirta Henault, Padilla y obreros como Nicevi, Belvedress, Camaño y Domingo Quadreri, secretario general del sindicato de la madera. El grupo bahiense incluía a Andrés Baldrich, secretario general de la JS de la provincia; José Baliato, Ferreras, Floreal Sánchez, Palumbo, Bortnik, etc. Estos cuadros montaron células en La Plata, Berisso y en Bahía Blanca. Varios de ellos se proletarizaron en frigoríficos y fabricas de Avellaneda.[51]

Las relaciones entre el GOM y el socialismo en el espacio fabril merecen un capitulo aparte. Desde su aparición en octubre de 1946 Frente Proletario, calificaba al PS de partido de la ”aristocracia obrera” y de una pequeña burguesía  reaccionaria.[52] Hacia 1947 Frente sostenía que se estaba produciendo una curiosa convergencia en muchos sindicatos entre los socialistas y sus viejos rivales sindicalistas. Ante la nueva relación que se había trazado entre estado y sindicatos los sindicalistas puros buscaban cobijarse en el aparato reformista del PS:

El hecho que han sido los sindicatos controlados por socialistas y sindicalistas los primeros en caer bajo el contralor de la STYP demuestran que el burocratismo en esos sindicatos había llegado al máximo, que era donde mas domesticados estaban los militantes sindicales como base obrera.[53]


En 1948 el ex GOM transformado en Partido Obrero Revolucionario (POR) calificaba al PS de “sociedad filatélica”, “partido de manicuras” y “salón de Te de Harrods”. Sin embargo reconocía que en sus filas había militantes honestos y sinceros a los que, por supuesto, llamaba a romper con el reformismo perimido.[54] A partir de 1950-1951 las criticas del POR al PS sufrirán un desplazamiento desde la esfera sindical a un análisis mas centrado en las posiciones del PS frente al gobierno peronista. Pero en los años precedentes el GOM-POR se había nutrido en mayor grado de militantes obreros de filiación socialista que de activistas provenientes de otros espacios. El morenismo le disputo espacio al socialismo en gremios como textiles donde formo parte de la fundación de la Asociación Obrera Textil que desplazo a la vieja Unión Obrera Textil controlada por el socialismo y a la cual le arranco parte de su activismo.[55] Este mismo fenómeno se produjo, quizás en menor medida, en el gremio de la carne y en metalúrgicos. Se ha sostenido que el morenismo interpelo exitosamente a la militancia socialista y anarquista porque compartía un lenguaje común frente al fenómeno del peronismo en ascenso.[56] En que consistía este presunto lenguaje común?  El GOM-POR mantuvo hasta 1953 una línea de oposición frontal al peronismo centrada en la consigna de impedir la estatización del movimiento obrero y la incorporación de los gremios autónomos a la CGT oficial. También desde las paginas de Frente…se insistía en una defensa a rajatablas de la practica de la democracia obrera en los espacios de trabajo aun en aquellos lugares en donde la relación de fuerzas era desfavorable al activismo de izquierda.[57] Es sugestiva la hipótesis de que este discurso podía ser mas atractivo para los viejos militantes socialistas que, por ejemplo, la línea del PC que en 1946 hizo entrar a los gremios que tenia bajo su control en la CGT y cuya posición frente al gobierno de Perón conoció varios giros. Sin embargo seria un error establecer una ligazón sin fisuras entre la tradición socialista y el discurso sindical del morenismo. Como vimos el GOM-POR denunciaba como obsoleto al modelo de sindicalismo apartidario defendido por el PS y desestimo participar en los sindicatos paralelos opuestos a los gremios controlados por el peronismo. Agreguemos que el morenismo consideraba al proletariado formado por migrantes internos, como la fracción obrera potencialmente mas combativa en la etapa que se había abierto en 1943-1946.[58] En el discurso del PS los migrantes eran lumpenes que habían contribuido a la destrucción del movimiento obrero libre. El lenguaje con que el morenismo interpelo a socialistas y anarquistas tenía a la vez elementos de ruptura y de continuidad con las culturas obreras pre peronistas.

Para tener una visión mas completa de los puntos de contacto y de ruptura entre el discurso sindical del GOM-POR y la tradición sindical socialista seria interesante contrastarlo con las posiciones de otro grupo trotskista de cierta presencia en el movimiento obrero en los años de ascenso del peronismo. La Unión Obrera Revolucionaria (UOR), liderada por Miguel Posse y Mateo Fossa, tuvo una posición mucho más radical frente al ascenso del peronismo y la estatización del movimiento obrero. En 1946 su órgano, El Militante, reproducía número a número el manifiesto de la agrupación que decía:

Contra la entrada incondicional en la CGT y la disolución de los sindicatos.

Por una central obrera anti-estatal y anti-colaboracionista.[59]

La UOR se pronuncio de forma categórica por la defensa de sindicatos libres paralelos a los sindicatos peronistas mayoritarios. Se opuso a la creación de la Asociación Obrera Textil[60] e hizo una campana para impedir que el Sindicato de la Madera se incorporara a la CGT, lo que le valió elogios del órgano socialista La Vanguardia.[61] Polemizando tácitamente con el GOM, con quien en algún momento intentaría fusionarse, la UOR defendía la existencia de los sindicatos libres como progresiva pese a estar hegemonizados por conducciones reformistas.[62] Sin duda alguna la estrategia sindical de la UOR mantenía mas puntos de contacto con la tradición sindical socialista que las posiciones del GOM-POR que eran una  síntesis de lo viejo y lo nuevo. Sin embargo pensamos que el discurso sindical morenista fue lo suficientemente permeable como para presentarse frente a los militantes de base del PS como una versión recreada de su propia tradición de lucha adaptada a las condiciones de la etapa que se inicio con el ascenso del peronismo

 

Esteban Rey y el entrismo en las regionales del PS del NOA

El abogado Esteban Rey había pertenecido al grupo de la revista trotskista América Libre publicada en Córdoba en 1936. En esos anos se incorporo al PS y fue uno de los protagonistas de la ruptura del PSO en Córdoba y Tucumán. Luego había participado del GOR con el que rompería al poco tiempo. En 1945 al reorganizarse los centros socialistas del interior Rey se incorporo al centro socialista de Jujuy y pronto el y sus seguidores pasaron a controlar la regional provincial del partido y a ejercer influencia sobre las regionales de Salta y Tucumán. El centro socialista de Jujuy se opuso a la política de alianzas del PS negándose a hacer campanas por la Unión Democrática (UD). En el bienio 1946-1947 desarrollo una profusa actividad  funcionando por medio de asambleas y plenarios, participando de las elecciones municipales provinciales y publicando folletos teóricos y de análisis político. Estos trabajos debidos a la autoría de Rey reflejaban una línea ideológica anti capitalista desligada de las referencias más clásicas a la ortodoxia leninista-trotskista. Un llamado a la  formación de un movimiento que abarcara al conjunto de los actores sociales pertenecientes al campo de los explotados. Todo esto invocando el giro a la izquierda que en la inmediata post guerra se estaba produciendo en el mundo.

En la vieja Inglaterra ya el socialismo esta preparando la base de ese nuevo mundo. En Francia y en Italia ocurre igual cosa. En la propia América las bases de la burguesía capitalista y explotadora comienzan a vacilar peligrosamente. Somos jóvenes, obreros y campesinos, una esperanza en marcha somos compañeros, una realidad futura que esta cada vez más próxima y que ya es  inevitable.[63]

Durante el año 1946 el Centro Socialista de Jujuy logro sumar a sus filas a muchos mineros de Bolivia y el norte de Chile. En Bolivia se vivía un particular clima de violencia luego del derrocamiento del gobierno de Villarroel por medio de una alianza entre la oligarquía y el stalinismo (julio de 1946) El llamado gobierno del “sexenio” siguió una política represiva contra militantes obreros y campesinos y muchos buscaron refugio en el NOA. Quizás apuntando a captar el voto de los extranjeros que vivían en la provincia es que el centro de Jujuy realizo un importante esfuerzo de agitación para las elecciones municipales de ese ano. Comicios en los cuales los extranjeros registrados podían votar. En esa coacción el PS jujeño presento una plataforma que contemplaba los problemas de los distintos grupos que integraban las clases subalternas de la región: peones, pastores serranos, arrendatarios, etc.[64]

En esos meses Rey dio a conocer una serie de análisis de la situación política del país. En enero de 1946 un informe titulado El PS seccional Jujuy y la FOTIA analizaba la formación del sindicato único de trabajadores del azúcar en el noroeste. Rey opinaba que la FOTIA era el producto del ascenso del movimiento huelguístico en el año 45.  Por eso consideraba progresiva la creación de un sindicato que nucleara a los distintos trabajadores del sector azucarero (cañeros, fleteros, peones de ingenio, carreteros, peladores de caña, etc). Pese a que la Secretaria de Trabajo y Previsión había terminado controlando el nuevo gremio este podía ser la herramienta para el desarrollo de un movimiento huelguístico que sobrepasara a la conducción burocrática y se convirtiera en un polo de contra poder regional. En otro orden tomaba distancia de la propuesta de la conducción del PS de crear sindicatos libres y decía que la unidad obrera era más necesaria que nunca.[65]

En un informe leído ante la asamblea partidaria el 13 y 14 de abril de 1946, Rey analizaba las causas del triunfo peronista en las elecciones de ese año. Opinaba que el error de la izquierda había sido interpelar a las masas solo en el nivel político dejando al peronismo una brecha abierta para colar su discurso de colaboración de clases. Para Rey el peronismo era una fuerza representativa de la burguesía industrial que había accedido al poder político nacional luego del golpe de 1943. Después el ascenso de masas del 45 la hegemonía de esta nueva fracción burguesa necesito apoyarse en una fuerza obrerista capaz de encuadrar políticamente a las clases subalternas

(…) La contradicción entre la estructura capitalista y el movimiento obrero de masas, es la que otorga esa tónica de inestabilidad, características capital de todo el movimiento.[66]

Luego resaltaba el carácter explosivo de la estructura multiclasista del peronismo y veía en el Partido Laborista el ala obrerista que aspiraba de manera confusa a llevar adelante una política anti capitalista. Despues de exponer este análisis, visiblemente alejado del discurso oficial del PS sobre el gobierno de Perón, concluye que la oposición de izquierda no debe presentar como principal enemigo al gobierno nacional sino poner el acento en una lucha anti sistema concebida como una construcción a largo plazo.[67]

El 8 de julio de 1947 el CE del PS  decidió disolver el Centro de Jujuy por medio de una circular. En un informe redactado por Juan A. Solari, enviado a todos los afiliados en diciembre de ese año, se explicaba los motivos de esta medida. Este informe es toda una radiografía de como la conducción del PS encaraba problemas de este tipo y nos brinda información verdaderamente interesante:

El ciudadano Esteban Rey (abogado), que se afilio al mencionado Centro en octubre de 1945, siendo aprobada la fiche por el C.E. el 27 de febrero de 1946, había sido expulsado años antes de las filas del partido en Córdoba por perturbador trotskysta y la Federación Socialista de esa provincia solicito entonces una prudente fiscalización para evitar su ingreso.[68]

Como vimos Rey venia actuando como secretario general del CE de Jujuy desde  antes de que se aprobara su afiliación. El informe seguía describiendo la acción de Rey como “caudillista y personalista”, de sabotaje a la campana de la UD y con una línea sindical contraria a las orientaciones de la conferencia gremial partidaria. También lo acusaban de introducir en las filas socialistas a elementos extranjeros de tendencia trotskista. Pese a esto se aclaraba que:” penso el Comité Ejecutivo que podía tratarse de una labor llamada a orientarse, dentro de un plazo razonable en el sentido de utilidad para la labor general del socialismo.”[69] Luego, según Solari, pudo comprobarse que la acción del Rey formaba parte de un fenómeno general de infiltración de elementos trotskizantes en  todo el país. Así nos enteramos que en Córdoba un grupo estudiantil, ligado a Rey, publicaba un periódico titulado La Chispa, que en Santa Fe un afiliado había interrumpido un acto para leer un panfleto del grupo jujeño y que incidentes semejantes se habían producido en la Conferencia Nacional de Mujeres. También se mencionaba la infiltración de trotskistas de otra tendencia en los centros de La Plata, Avellaneda y Santos Lugares, en obvia alusión a la acción que el GOM estaba llevando a cabo en esas localidades.[70]

Lo llamativo de todo este proceso no es la expulsión de Rey de las filas del PS, sino que esta se haya producido luego de casi dos años de acción de este dirigente y su grupo en las federaciones del norte. Porque la conducción del PS aprobó la afiliación de un dirigente que había protagonizado una escisión por izquierda y aun confiaba que su labor podía ser favorable a los objetivos del partido? Tal vez la respuesta a esta pregunta tenga relación con las condiciones creadas por el ascenso del peronismo. Dentro del bloque opositor al peronismo el PS jugaba el rol de una fuerza con la capacidad de movilizar a fracciones de las clases subalternas como grupos de presión. Quizás en ese contexto la incorporación de militantes radicalizados con cierta inserción en frentes gremiales fuera considerada una presencia conveniente de amortiguar dentro de ciertos límites. Conviene preguntarse también sobre los mecanismos de control de una red partidaria a lo largo de un territorio nacional tan extenso. La distancia acentuaba el carácter federativo de la organización socialista y obligaba a contemplar un grado importante de autonomía de las dirigencias regionales. Quizás pueda hablarse de una estrategia del CE del PS de tolerar cuotas de “entrismo” controlable si esto contribuía a reafirmar el perfil  de “partido obrero” y permitía mantener un aparato electoral en zonas alejadas del país.

Enrique Dickman www.amia.org.ar

La trayectoria de Rey luego de su expulsión del PS es digna de ser analizada.  Rey formo el Movimiento Obrero Revolucionario (MOR) adscripto a una variante de  trotskismo-proletarista que planteaba la construcción de un partido revolucionario como coronación de un largo proceso en el cual se forjarían conducciones sociales fogueadas en luchas sindicales y en otros frentes. El MOR tuvo una participación destacada en una serie de conflictos sindicales y estudiantiles en el NOA que concluirían con la gran huelga de la FOTIA de 1949, sangrientamente reprimida por el gobierno peronista. En esa ocasión el propio Perón califico a Rey de “agitador trotskista” en un discurso radial.[71] Los militantes del MOR se repartieron espacios en los ingenios con comunistas, socialistas, peronistas combativos y otros grupos de izquierda. Entre ellos el GOM que envío a algunos de sus cuadros al NOA y que logro captar a algunos militantes del MOR.[72] Luego de la derrota de la gran huelga de 1949, Rey publico el folleto Alerta Trabajadores!… en donde proponía la creación de un frente revolucionario que abarcaría a trabajadores urbanos y rurales y a capas inferiores y medias del campesinado.[73] A principios de la década del 50 el MOR se disolvió. Rey y sus seguidores evolucionarían hacia un apoyo critico al peronismo.

 

El PSRN: una federación de partidos en el ocaso de la era peronista

En  febrero de 1952 Enrique Dickman, uno de los históricos de la conducción del PS, se entrevisto con Peron para solicitarle el indulto a los presos socialistas que habían participado de la huelga ferroviaria de 1950-1951. Esta entrevista, que no contaba con el aval del CE del PS, era la primera respuesta a una serie de sondeos que Ángel Borlenghi, ministro del Interior y ex militante socialista, venia haciendo para sumar sectores de izquierda al bloque político que apoyaba al gobierno de Peron. El PS expulso de sus filas a Dickman y este formo el Movimiento Socialista (MS) de tendencia filo peronista..[74] En el militaron varios de los centristas del  PSO: Carlos María Bravo, Oriente Cavalliere, Joaquin Coca, Juan Unamuno, Pedro Julia, etc. A comienzos de 1954 el MS se convirtió en el Partido Socialista de la Revolución Nacional (PSRN). Un aparato partidario que servia de base de sustentación a un grupo de dirigentes no peronistas que aspiraban a ocupar cargos en el gobierno

Dickman y su gente abrieron las puertas del PSRN a cuanto grupo quisiera hacer su juego debajo del paraguas de un partido de izquierda tolerado por un oficialismo autoritario. En Capital y en Rosario se sumaron grupos trotskistas que se habían acercado al peronismo. Entre ellos los círculos orientados por Jorge Abelardo Ramos y por Aurelio Narvaja. Rey se instalo en Capital, que seria el centro de sus operaciones, a la vez que sus partidarios en el interior ponían en pie las regionales del nuevo partido en el NOA.[75] A estos previsibles aportes se sumaria un grupo con un perfil sensiblemente diferenciado de los anteriores.

El POR morenista venia buscando desde tiempo atrás una forma de sortear los obstáculos que le impedían ser una fuerza legal reconocida por el estado. En vísperas de las elecciones para elegir vice presidente en 1951 había realizado un acuerdo con Concentración Obrera (ex PCRA) para aprovechar su  estructura legal. El Comité Central del POR había destinado un pequeño numero de militantes para esta breve experiencia de “entrismo” que concluyo luego del magro resultado electoral que obtuvo CO.[76] En su IV congreso de octubre de 1953 el POR proclamo finalizada su etapa de captar militantes sueltos y anuncio el comienzo de la etapa de gravitación en sectores importantes del movimiento obrero.[77] A la vez se amortiguaron las criticas a la estatización de los sindicatos bajo el peronismo y se tomo distancia frente a la actividad golpista de la oposición.[78] El nuevo objetivo estratégico del POR seria captar a los militantes mas combativos del peronismo ante lo que se avizoraba como una perdida de consenso del régimen entre las masas. Por otra parte la prensa del POR calificaba a la estrategia gubernamental de sumar aliados a derecha e izquierda como un intento de crear un gran Frente de la burguesía contra la creciente combatividad de la clase obrera. En 1953 el  POR cargo duramente contra el MS que había comenzado apoderarse de locales socialistas cerrados por el gobierno.[79] Luego de la formación del PSRN, Frente Proletario siguió aporreándolo fuerte hasta que en marzo de 1954, en un análisis de las posiciones de los partidos de izquierda ante las elecciones, le dedicaba un párrafo un tanto sibilino:

Su futuro es un gran interrogante, pues no puede descartarse la posibilidad de que la corriente de desperonización pase por sus filas, sin embargo en la actualidad, no es mas que un grupo de funcionarios, directa o indirectamente ligados al gobierno, con intenciones de canalizar en un sentido peronista y en consecuencia burgués, la futura radicalización proletaria.[80]

Un mes después del Comité Central del POR voto su incorporación al PSRN y en  base a sus regionales de Avellaneda, San Martín, La Plata-Berisso y Bahía Blanca organizo la Federación Bonaerense del PSRN, cuyo órgano de prensa seria La Verdad.[81] El morenismo ejerció un férreo control sobre la Federación Bonaerense y hasta la caída de Peron mantuvo relaciones de convivencia aceptables con la conducción del PSRN y demás grupos que actuaban en su seno. La Federación aprovecho la cuota de legalidad que gozaba el PSRN ubicando militantes en las listas para elecciones legislativas en 1954 y ampliando sus espacios de agitación. Así recordaba Horacio Lagar la actividad del grupo en ese periodo:

…con Elias Rodríguez hacíamos un acto en Villa Diamante. Elias Rodríguez había sido un fundador de la Villa, un líder carismático. Antes de eso no se podía hacer un acto político en una villa. Como hiban hacer los socialistas, los trotskistas, un acto en una villa!. En cambio cuando se dio eso yo iba a la comisaría y le decía al comisario “Yo voy a hacer un acto el sábado acá”,“Si, señor, señor”; me decía.[82]

Los otros grupos del PSRN provenientes del trotskismo siguieron una línea mas pro oficialista. No obstante el Centro Manuel Ugarte de la capital dio a conocer un programa que incluía la nacionalización de la tierra y la expropiación de los latifundios, la nacionalización de las empresas extranjeras, la democratización de la vida sindical ,el control de precios por medio de comisiones sindicales y barriales y la solidaridad con las luchas anti imperialistas en todo el continente.[83] El grupo de Aurelio Narvaja publico en octubre de 1954 un numero de Frente Obrero, órgano de la federación partidaria de la capital. En el escribieron Saul Hecker, Jorge Spilimbergo, Ernesto Zeballos y Hugo Silvester. En este único numero se hacen presentes todo los lugares comunes de lo que se conocería como “izquierda nacional”: historiografía revisionista, un homenaje a Manuel Ugarte cuyos restos fueron repatriados esos días y una serie de artículos sobre la necesidad histórica del Frente Nacional de la burguesía Industrial y la clase obrera bajo la hegemonía peronista.[84] Por su parte Jorge A. Ramos, que lideraba otra fracción, publico unos números de la revistaIzquierda con un tono un poco mas radicalizado.[85]

A poco de fundado el PSRN la agudización de la crisis política pasaría a hacer el principal ordenador de la actividad del partido. Es en su posición ante el conflicto entre el gobierno y la iglesia católica en donde mejor se puede apreciar la diferente orientación de la Federación Bonaerense en relación a los otros sectores del partido. Para los grupos filo peronistas la ruptura del gobierno con la iglesia fue la señal de orden para explayarse en un furibundo y sospechoso anticlericalismo. En cambioLa Verdad centraba el meollo del conflicto en la acción pro golpista de la iglesia y la necesidad del gobierno de defenderse del clero y no en una política laicista convencida:

Nosotros, socialistas, sostenemos con Marx que la religión es el opio del pueblo. Los sacerdotes de todas las religiones componen una casta parasitaria, improductiva que sirve a la clase explotadora tratando de inculcar en la mente de la gente el principio de sometimiento y el conformismo. El gobierno peronista ha protegido al máximo a la iglesia, abriéndole las puertas de la enseñanza al implantar la religión en las escuelas. Por otra parte, la constitución argentina dispone el sostenimiento de la iglesia católica por el estado.[86]

En mayo de 1955 La Verdad comentaba con cierto escepticismo la supresión de la ley de enseñanza religiosa por el congreso, la ley del divorcio y la anunciada separación de la Iglesia y el estado. Luego de los bombardeos de junio de 1955  La Verdad llamo a crear milicias obreras y preparar una insurrección para barrer con los golpistas y sus aliados. Luego de que Perón ofreciera su renuncia como una forma de pacificar el paísLa Verdad levanto la consigna de entregarle el poder a la CGT.[87] Por su parte Ramos desde la revista Izquierda también llamaba a crear  milicias sindicales bajo la dirección de la CGT.

La caída del gobierno peronista en septiembre de 1955 marco la crisis del PSRN.  Sin el elemento galvanizador del oficialismo que los apadrinaba los objetivos y estrategias divergentes salieron a la luz con toda su fuerza. En noviembre la Federación de Capital comenzó a publicar Lucha Obrera bajo la dirección de Esteban Rey. Este nuevo órgano reflejaba en sus páginas la heterogénea composición del PSRN metropolitano. Junto a un articulo de Ramos que clamaba por un golpe del sector nacionalista del ejercito, el editorial central, con la firma de Esteban Rey, llamaba a la creación de un partido obrero independiente superador del peronismo y articulador de una alianza de la clase obrera con sectores medios urbanos y rurales.[88] También un comunicado de la Federación Tucumana, bajo la influencia de Rey, llamaba a organizar la resistencia obrera uniendo a trabajadores peronistas y anti peronistas.[89] En el número de diciembre Carlos María bravo llamaba a crear una gran fuerza obrera nacional que ganara a los “cabecitas negras.”[90] La caída del peronismo abrió las puertas a las tendencias centrifugas presentes desde su origen en una corriente de estas características

En diciembre la Federación Bonaerense rompió con el PSRN luego de dos meses de polémicas con la conducción nacional a raíz de que esta se negó a apoyar la huelga llamada para el 17 de octubre. Luego que Carlos María Bravo enviara una circular desautorizando volantes de la Federación esta publico el 11 de diciembre su ruptura con el PSRN.[91] En enero de 1956 la dictadura cerro Lucha Obrera y metió presos a Bravo y a Esteban Rey.[92] Poco después “la fusiladora” proscribió al PSRN. Los grupos que lo integraban siguieron cada cual su propio camino. Los  círculos ligados a la Izquierda Nacional irían profundizando su integración lineal al peronismo. Por su parte el morenismo formaría una agrupación ligada a la resistencia sindical a la libertadora (MAO, Movimiento de Agrupaciones Obreras, 1956) y finalmente emprendería una revulsiva experiencia de entrismo en el peronismo de la resistencia en 1957. No serian estas las ultimas aventuras entristas del morenismo y sus distintas escisiones que a lo largo de los años siguieron considerando la apelación a la identidad “socialista” una estrategia apta para el reagrupamiento y la acumulación partidaria en momentos de crisis. Pero esa ya es otra historia

 

Conclusiones

En el proceso de formación del trotskismo criollo la presencia de militantes que provenían de las filas socialistas o de las corrientes “terceristas” que mantenían algunos vasos comunicantes con el espacio socialista fue sin duda relevante. Pensamos que este hecho influyo en la apreciación subjetiva del PS en el espacio cuarta internacionalista. Mientras el stalinismo era el otro a partir del cual definir la propia identidad, la socialdemocracia era considerada como la prolongación de una etapa pretérita del desarrollo de la lucha revolucionaria que se negaba a morir y que obligaba a los revolucionarios a establecer relaciones, no siempre lineales, con ella.


Los debates relacionados con el entrismo reprodujeron en la Argentina las polémicas que dividieron a los trotskistas en otros países luego de la toma de posición de Trotsky a favor del entrismo en los partidos socialistas. Este debate llegaba a la Argentina cuando en el PS crecía un polo de izquierda heterogéneo que se iba orientando hacia una ruptura de derivaciones imprevisibles. Los ejes sobre los que se desarrollo la controversia entre entristas y anti entristas fueron: a) La caracterización de las tendencias generales de la izquierda socialista y b) las posibilidades de los grupos trotskistas de constituir un núcleo capaz de infiltrarse en el aparato socialista resistiendo las presiones y evitando ser engullidos. Respecto a la primera de estas discusiones los puntos de ruptura están presentes en  la distinta mirada que sobre la evolución de la izquierda socialista tenían IV Internacional y Visión. El órgano de la LCI llamaba la atención sobre el fuerte peso que tenían en la izquierda socialista los códigos y pautas de la cultura partidaria del viejo reformismo que había forjado un sólido dispositivo legitimador de las decisiones del grupo dirigente a través de su confirmación en las instancias “democráticas” del partido (congresos) De ahí se deriva su caracterización del Comité de Unidad como un clon, corrido a la izquierda, de los dirigentes de la Casa del Pueblo. Por el contrario Visión cifraba sus esperanzas en los militantes de los frentes de masas a los que los férreos mecanismos de control de la conducción del PS vedaban sus posibilidades de llegar al centro del poder partidario. Mientras la LCI veía en el naciente PSO un espacio que reproduciría  las pautas de subordinación de la militancia a la elite partidaria, Visióncifraba sus expectativas en poder arrastrar militantes de los frentes de masas antes que se legitimara como grupos dirigente el sector “centrista” o el grupo filo stalinista del PSO.

El entrismo grupuscular estuvo orientado a ocupar espacios en el frente juvenil, en las agrupaciones gremiales y en la red de centros barriales. Por eso la línea estratégica central de ambas fracciones entristas fue la defensa de “la democracia obrera y la libertad de tendencias dentro del partido”. Sus caballitos de batalla en la impugnación de las líneas mayoritarias en el partido fueron la lucha contra el frente populismo y las consignas de liberación nacional y el rechazo al apoyo de las candidaturas burguesas en las elecciones nacionales. Como explicamos, para los entristas en la lucha que se desarrollaba en la Federación de Capital los sectores filo-stalinistas del PSO estaban primeros en su lista de enemigos. En esta opción jugaron un rol cuestiones ideológicas pero aparte el sector “centrista”, como detentador del control del aparato partidario, parecía un grupo con menor capacidad para eliminar cualquier tipo de oposición interna. A la postre no le costo mucho trabajo al CE expulsar a los grupos trotskizantes. Esta operación de limpieza ideológica estuvo ligada al crecimiento de la influencia de los grupos filo comunistas. Pero la propia existencia de una lucha a tres bandas entre “centristas”, “filo-stalinistas” y “trotskos” impulso la necesidad del grupo reformista de capital de disciplinar de manera drástica el aparato partidario en el distrito donde era hegemonico para poder exhibir un frente mas compacto en vistas al conflicto principal que se desarrollaba en el seno del partido.

Los debates posteriores a este frustrado intento de entrismo prolongan la mezcla de dudas y expectativas recurrentes que se producían en el trotskismo criollo en relación con el PS. La llegada al poder del peronismo hizo nacer un nuevo escenario. Indudablemente las campañas de captación realizadas por el GOM en los centros barriales socialistas y entre la militancia fabril se distingue del entrismo grupuscular en el PSO por varios motivos. El GOM era un grupo de vanguardia que había logrado cierto grado de consolidación a partir de la proletarización de sus miembros y su participación en huelgas. Por otra parte la crisis que afectaba al PS luego del triunfo de Peron era de naturaleza muy distinta a la crisis que había llevado a la ruptura del PSO en 1937. Lo que estaba en duda luego del triunfo de Peron no era una posible ruptura de un ala radicalizada, sino la continuidad del PS como partido con representatividad en las clases subalternas. Un grupo que planteaba una intervención audaz para disputarle al populismo triunfante palmo a palmo su influencia entre los trabajadores atraía naturalmente a muchos militantes desilusionados y descontentos con la conducción partidaria. Estas razones explican la ruptura de los sectores de la JS que se alejaron del partido en 1946-1947 y la captacion de militantes gremiales socialistas. De la misma manera que la corriente morenista logro presentarles a los militantes socialistas una versión adaptada a los nuevos tiempos de su propia tradición gremial, es interesante preguntarse en que medida los contingentes provenientes del PS impregnaron al GOM/POR de algunos códigos, pautas y esquemas provenientes de la tradición socialista. Tal vez pueda rastrearse esta influencia en aquellos rasgos que a lo largo del tiempo distinguieron a la corriente liderada por Nahuel Moreno de otros grupos trotskistas locales.

El PS era desde sus orígenes un partido férreamente controlado por un núcleo dirigente que se ampliaba solo por cooptación y que tenia resistencia a incorporar a sus filas a líderes con bases propias que pudieran desafiar su poder. El PS había resuelto crisis de distinta magnitud en sus filas eliminando a las corrientes disidentes y reteniendo la adhesión del grueso de las bases partidarias socializadas alrededor de la ortodoxia reformista y la solidaridad acritica con la conducción nacional. Hacia mediados de la década del 30, cuando comenzaron los intentos de entrismo trotskista, el grupo dirigente del PS tenia suficiente experiencia como para controlar a los grupos díscolos en sus filas. La ruptura del PSO, sin duda una sangría de importancia, fue una consecuencia de la derrota de la izquierda socialista en apoderarse del control del partido. Por eso la crisis de 1937 termino arrojando como saldo una fuerte homogeneización del espacio partidario y una consolidación de su conducción. Y ni que hablar de la vuelta al redil de parte de los dirigentes del Comité de Unidad en 1939. Nosotros trabajamos alrededor de la hipótesis que para la conducción partidaria del PS, en los años de ascenso del peronismo, las pequeñas sangrías por izquierda eran consideradas un fenómeno incorporado a la vida del partido y no se las consideraba una amenaza seria al control que esta ejercía sobre la red partidaria. Incluso la necesidad de redorar los blasones obreristas dentro de la coalición de partidos anti peronistas puede haber alentado la conveniencia de tolerar dentro de ciertos límites un poco de radicalismo gremial heterodoxo en sus filas. La actitud del CE del PS para con la experiencia del grupo de Rey es muy sugestiva. Quizás el limite tolerable a este tipo de intromisiones estaría marcado por la posibilidad del apoderamiento por los entristas de la organización partidaria en regiones enteras del país, poniéndose en peligro la existencia misma del partido a nivel distrital, no pudiendo garantizarse el apoyo electoral a las listas partidarias. Pero mini escisiones como la de los jóvenes bonaerenses y algunos militantes fabriles descontentos tal vez hayan sido considerados mecanismos de drenaje natural que no tendrían grandes consecuencias en la vida partidaria.

Incluso un análisis del proceso de creación del PSRN puede aportarnos mas elementos para comprender este tipo de fenómenos. Dickman rompió con el PS  para embarcarse en una aventura en la que contaría con el apoyo del oficialismo, pero también sabiendo que todo un sector de cuadros medios del partido o periféricos a el estaría dispuesto a secundarlo. Esa eterna minoría protestona en las filas del PS que había roto en 1937 y había retornado parcialmente sin lograr re integrarse de todo en el seno del partido. En 1954 se decidieron a apostar a esa curiosa experiencia de “transversalidad” impulsada por Peron en los años más álgidos de su gobierno. Indudablemente se trataba de un juego en el que todo el mundo sabía muy bien quien era el otro. Y esto es particularmente valido para la relación de Dickman y su núcleo con los grupos trotskistas que se incorporaron al PSRN. El propio Dickman en sus memorias (Recuerdos de un militante Socialista, Bs. AS., 1949) y Joaquin Coca en un folleto de fuerte tono macartista (Quinta columna bolchevique; Bs. AS., 1940) habían descripto en tono airado la infiltración comunista y trotskista en la formación del PSO. La breve pero intensa vida de esa recreación filo peronista del PS que fue el PSRN arroja mucha luz sobre los limites del espacio de la izquierda en la Argentina de post-guerra. Es interesante constatar el grado de atracción que ejerció el PSRN sobre distintas corrientes de extrema izquierda si lo comparamos con la escasa repercusión del Movimiento Obrero Comunista (MOC), esa escisión filo peronista del PC integrada por Juan Real, Rodolfo Puiggros y otros. Sin duda alguna la identidad comunista no tenia la misma capacidad de agrupar de forma coyuntural a un heterogéneo mosaico de grupusculos de extrema izquierda, que la mas flexible tradición de reformismo socialista.


 

Notas:

[1] El autor quiere agradecer al CEDINCI y al CEIP León Trotsky por haber podido consultar sus colecciones de publicaciones trotskistas y al señor Horacio Lagar cuyo testimonio sobre el origen de la corriente morenista les fue de suma utilidad.

[2] Corbiere, Emilio; Orígenes del comunismo en la Argentina; Bs. As., Ceal, 1984.

[3] Tarcus, HoracioEl marxismo olvidado en la Argentina: Silvio Frondizi y Milciades Peña; Bs. As., Cielo por Asalto; 1996; pag. 87.

[4] La Chispa; 30 de enero de 1926, “Pactos electorales”.

[5] Ibídem; 17 de abril de 1926; ‘El colapso del P. Socialista”.

[6] La Chispa; 9 de abril de 1927; “El momento histórico y el socialismo” (subrayado en el original)

[7] Adelante; 29 de abril de 1928; “Algo sobre el frente único propuesto por el partido.”

[8] ibídem; 14 de junio de 1928; “La idea del Frente Único Proletario se abre camino entre las masas”

[9] La Chispa; 28 de enero de 1928; “Se ha constituido el Partido Comunista de la Región Argentina”

[10] Adelante; 1 de julio de 1929; “Declaración de un grupo de militantes del grupo rojo de la madera”

[11] Bandera Roja; marzo de 1929; “Los afiliados que reingresan al partido”

[12] Adelante; 1 de agosto de 1929; “Bandera Roja, su izquierdismo y nuestra posición frente a la C.S.L.A.”

[13] La Verdad. (Órgano del comité comunista de oposición); junio de 1930; “Mordaza – centrismo – oportunismo – mala organización”. Una reseña de la fundación del Comité de Oposición comunista en la Argentina.”

[14] Tortti, María Cristina; Estrategia del Partido Socialista. Reformismo político y reformismo sindical; Bs As., Ceal, 1989; pgs. 6-18.

[15] Boletín de la Oposición de Izquierda Comunista Argentina; 28 de febrero de 1933; “Declaración de Principios”.

[16] Nueva Etapa; 1 de mayo de 1934; “Nuevos rumbos del Partido Socialista” Sobre Marianetti y la Federación Socialista Mendocina ver: Lacoste, Pablo; El socialismo en Mendoza y en la Argentina 1/2; Bs. As., Ceal, 1993,

[17] Cauce; agosto de 1934; “Los peligros del momento”. (Palabras entre paréntesis agregado de los autores)

[18] IV Internacional. Boletín de la Liga comunista; mayo de 1935; “El Congreso del Partido Socialista”.(Subrayado nuestro)

[19] Visión; 10 de enero de 1936; Koifman, Luis; “Estado de Sitio en el Partido Socialista”; pgs 3- 4 y MM;  “Que pasa en el P. Socialista?”; pag 7.

[20] Ibídem; 31 de enero de 1936; “Renacerá la izquierda socialista”; pgs 9-10

[21] Transición; diciembre de 1935. Ontiveros, Ángel; “Lecciones de la intervención a Santa Fe”.

[22] Visión; 14 de julio de 1936; “Viva el Frente Único”.

[23] IV Internacional;  enero de 1937. “La crisis socialista”

[24] Frente Proletario. Boletín del marxismo revolucionario; IV semana de agosto de 1937; “Nuestros propósitos”

[25] Ibídem; 20 de septiembre de 1937; ‘Las J.J.S.S. reaccionan contra el stalinismo”

[26] Ibídem; octubre de 1937; “Las J.J.S.S. contra el stalinismo”

[27] Ibídem; noviembre de 1937; “Perspectivas de las J.J.S.S.”

[28] Ibídem; diciembre de 1937; “Propósitos de F.P”

[29] “Alerta camarada socialista obrero!”

[30] Marxismo. Órgano de la fracción Marxista Revolucionaria del P.S.O.; “Por la democracia partidaria hacia el marxismo”; pgs. 2-7

[31] IV Internacional; septiembre de 1937; “El otro reformismo especula con los votos radicales” Critica al frente populismo del PSO acompañado de una critica al entrismo

[32] Medunich Orza, MIguel; Los Intelectuales de izquierda vistos por un obrero; Bs. As., Editorial Astral, 1930; pag. 34.

[33] Izquierda. Órgano de afiliados y para afiliados; febrero de 1938; “Ante el congreso local del partido

[34] Ídem; “La posición de nuestro partido en el momento político”.

[35] Ibídem; abril de 1938; “La Jornada electoral del 27 de marzo” y “Nuestro inmediato programa de acción”

[36] Ibídem; “A los compañeros del Partido Socialista Obrero”

[37] Avance. Semanario de los trabajadores; 12 de febrero de 1938; “Dio un comunicado la comisión socialista obrera de información gremial”

[38] Ibídem; 1 de octubre de 1938; “Se realizo una Asamblea de los centros afectados por las medidas del Comité Ejecutivo”

[39] Ídem; “Un congreso constructivo. Sobre el trotskismo”

[40] Ibídem; 10 de octubre de 1938; “La ultima Asamblea del S.U. de la madera y nuestros afiliados”

[41] Iñigo Carrera, Nicolas; Alternativas revolucionarias en los 30. La Alianza Obrera Spartacus y el Partido Socialista Obrero (en prensa)

[42] Breve reseña cronológica del movimiento cuartainternacionalista en la Argentina; Bs. As., LOR, 1941. Sin paginar. El autor de este folleto es Liborio Justo (“Bernal”. “Quebracho”)

[43] Quebracho; Como salir del pantano?; Bs. As., 1939; pag. 25.

[44] Medunich Orza, Miguel; op. cit.; pgs. 40-41.

[45] Inicial; septiembre de 1939; Milessi, Pedro; “Aspectos de nuestra vida política y social”; pgs. 14-15

[46] Justo, Liborio (“Quebracho”); Estrategia revolucionaria; Bs. As., Fragua, 1957;  pgs. 52-55

[47] De Lucia, Daniel Omar (Estudio preliminar y compilación de documentos); Liborio Justo. Los Estados Socialistas de América latina; Bs. As., Grupo Editor Universitario, (en prensa)

[48] Coggiola, Osvaldo; Historias del trotskismo en la Argentina (1929-1960); Bs. As., Ceal, 1984; pag. 72.

[49] González Ernesto (coordinador); El trotskismo obrero e internacionalista en la Argentina; Bs. As., Editorial Antídoto, 1995; pag. 76.

[50] Entrevista con Horacio Lagar; 21 de septiembre de 2004.

[51] Lagar, Horacio; Testimonios de la primera década (Acumulación original partidaria); Bs. As., mimeo, 1988; pgs. 15-17.

[52] Frente Proletario; marzo de 1947; “Los apolíticos, los partidos obreros y el partido obrero revolucionario”

[53] Ibídem; agosto de 1947; “Reformismo, sindicalismo y el movimiento sindical”

[54] Ibídem; marzo de 1948; “La sociedad filatélica de la casa del pueblo”

[55] González, Ernesto (coord.); op. cit.; pgs. 113-116 y 211/216.

[56] Coggiola, Osvaldo; op. cit.; pag. 106.

[57] Frente Proletario; agosto de 1947; “La posición sindical del GOM”

[58] Entrevista con Horacio Lagar; 21 de septiembre de 2004.

[59] El Militante; diciembre de 1946; “Nuestro Programa”.

[60] Ídem; “Que es la Asociación Obrera Textil”

[61] Coggiola, Osvaldo; op. cit.; pag. 106.

[62] Ibídem; “Sobre los sindicatos libres”

[63] A la juventud obrera y socialista.(Volante)

[64] Plataforma electoral del Partido Socialista de Jujuy.(Volante)

[65] Rey, Esteban; El Partido Socialista. Sección Jujuy y la FOTIA; Jujuy, 1946; pag. 28

[66] Rey, Esteban; Que es el peronismo? Que es el socialismo?; Tucumán, 1946. pgs. 30-31

[67] Ibídem; pgs. 38-40.

[68] Solari, Juan Antonio; Partido Socialista. Informaciones sobre la disolución del Centro de Jujuy; Bs. As., Diciembre de 1947; Sin paginar.(Palabra entre parentesis en el original)

[69] Ibídem.

[70] Ibídem.

[71] Coggiola, Osvaldo; op. cit.; pag. 107.

[72] González, Ernesto (coord.) op. cit.; pgs. 161-165.

[73] Rey, Esteban; Alerta Trabajadores!; Tucumán, MOR, S/F.

[74] Bejar, María Dolores; “La entrevista Dickman-Peron” en Todo es Historiaagosto de 1979, N 143; pgs. 83-93.

[75] Coggiola, Osvaldo; op. cit.; pag 135.

[76] González, Ernesto (coor); op. cit.; pgs. 219-220.

[77] Frente Proletario; 31 de octubre de 1953; “El IV Congreso del POR”

[78] Ibídem; 28 de noviembre de 1953; “IV Congreso del POR. Informe sindical”

[79] Ibídem; 3 de octubre de 1953; “Un nuevo paso en la estatización del Partido Socialista”

[80] Ibídem; 18 de marzo de 1954; “El POR frente a las elecciones”

[81] Tarcus, Horacio; op. cit.; pag 115.

[82] Entrevista con Horacio Lagar, 21 de septiembre de 2004.

[83] Declaración del Centro Manuel Ugarte reproducido en Galasso, Norberto;La izquierda nacional y el FIP; pgs. 82-83

[84] Frente Obrero; “La Gran tarea política de la clase obrera”

[85] Galasso, Norberto;. op. cit.; pag. 85.

[86] La Verdad; 3 de diciembre de 1954. “La iglesia católica al servicio del golpe de estado del imperialismo yanqui

[87] Ibídem; 10 de junio de 1955; “Movilización obrera única respuesta contra el golpe de estado clerical-patronal e imperialista”

[88] Lucha Obrera. Órgano oficial del Comités Ejecutivo del Partido Socialista de la Revolución Nacional; 24 de noviembre de 1955; Ramos, Jorge A.; “Las tendencias políticas del ejercito y la crisis actual” y Rey, Esteban; “Frente Obrero  contra la reacción oligarquico-imperialista”.

[89] Ídem; “El socialismo Revolucionario de Tucumán ante los sucesos de septiembre ultimo”

[90] Ibídem; Bravo, Carlos María; “Ahora construir el Partido Obrero”

[91] La verdad; 11 de diciembre de 1955; “Porque somos el ala izquierda y al mismo tiempo el comité ejecutivo del Partido Socialista”

[92] Lucha obrera; 25 de enero de 1956; “Carlos María Bravo ante la investigadora y Esteban Rey en la penitenciaria. La “Democracia” funciona.”Fuente: Pacarina del Sur – http://www.pacarinadelsur.com/home/oleajes/253-unas-relaciones-curiosas-trotskismo-y-socialdemocracia-1929-1956 – Prohibida su reproducción sin citar el origen.

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