Teilhard de Chardín – “EL FENÓMENO HUMANO” – Parte II – La Trama del Universo

INDICE DE POST DEL FENOMENO HUMANO- Teilhard de Chardin 

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EL FENÓMENO HUMANO

Teilhard De Chardin

-PARTE II-

 

I. LA PREVIDA

Cap. I    LA TRAMA DEL UNIVERSO 

1. La Materia elemental 

2. La Materia total 

A) El Sistema 

B) El Totum 

C) El Quantum 

3. La Evolución de la Materia 

A) La Figura 

B) Las leyes numéricas 

 

I.- LA PREVIDA

 

CAPÍTULO I

LA TRAMA DEL UNIVERSO

Desplazar un objeto hacia atrás en el Pasado equivale a reducirlo a sus elementos más simples. Recorridas tan lejos como sea posible en la dirección de sus orígenes, las últimas fibras del compuesto humano van a confundirse ante nuestros ojos con la trama misma del Universo.

La trama del Universo: este residuo último de los análisis cada día más profundos de la Ciencia… Yo no he desarrollado mediante ella, para saberlo describir de una manera digna, este contacto directo y familiar que establece la gran diferencia que existe entre el hombre que ha leído y el que ha experimentado. Y sé también el peligro que presenta el uso, como materiales de una construcción que uno quisiera duradera, de aquellas hipótesis que, dentro de la opinión misma de quienes las lanzan, no pueden durar más que una mañana.

En su mayoría, las representaciones actualmente admitidas del átomo son, en manos del sabio, un simple medio gráfico y transitorio de realizar la agrupación y de comprobar la no contradicción de los “efectos” cada día más numerosos puestos de manifiesto par la Materia, efectos muchos de ellos que no tienen aún, por otra parte, ninguna prolongación visible en el Hombre.

Naturalista más que físico, evitaré naturalmente el extenderme y apoyarme indebidamente sobre estas arquitecturas tan complicadas y tan frágiles.

Como contrapeso, bajo la variedad de las teorías que cabalgan unas sobre otras, nace un cierto número de caracteres que reaparecen obligatoriamente en cualquiera de las explicaciones propuestas para el Universo. De esta “imposición” definitiva, en la medida en que expresa las condiciones inherentes a toda transformación natural, incluso viva, es de la que debe partir necesariamente y de la que puede hablar decorosamente el naturalista comprometido en un estudio general del Fenómeno humano.

 

 

1.- LA MATERIA ELEMENTAL

La trama de las cosas tangibles, observada desde este ángulo particular y tomada inicialmente en su estado elemental (entiendo por ello en un momento, en un punto y en un volumen cualquiera), se revela ante nosotros, con una insistencia creciente, como radicalmente particular -esencialmente aglutinada no obstante- y, en fin, prodigiosamente activa.

Pluralidad, unidad, energía. He aquí las tres caras de la Materia.

A) Pluralidad, en primer lugar

La atonicidad profunda del Universo aflora bajo una forma visible en el terreno de la experiencia vulgar. Se refleja en las gotas de la lluvia y en la arena de los desiertos. Se prolonga en la multitud de los seres vivientes y de los astros. E incluso se lee en la ceniza de los muertos. El Hombre no tuvo necesidad del microscopio ni del análisis electrónico para darse cuenta de que vivía rodeado y soportado por el polvo. Pero para contar y describir los granos de este polvo hacía falta nada menos que la paciente sagacidad de la Ciencia moderna. Los átomos de Epicuro eran inertes e indivisibles. Y los mundos ínfimos de Pascal podían tener todavía sus fisuras. Hoy hemos superado con mucho, en certeza y en precisión, este estadio de la adivinación instintiva o genial. Ilimitado en degradación. Semejante a esos minúsculos caparazones de diatomeas cuyo dibujo se resuelve casi indefinidamente, mediante aumentos cada vez mayores, en un dibujo nuevo, cada unidad más pequeña de materia tiende a reducirse, mediante el análisis de nuestros físicos, en algo todavía más finamente granulado que ella misma. Y a cada nueva etapa así descendida hacia el empequeñecimiento dentro del número cada día mayor, la figuración total del Mundo se renueva y se difumina.

Ultrapasado un cierto grado de profundidad y de dilución, las propiedades más familiares de nuestros objetos (luz, color, calor, impenetrabilidad…) pierden su sentido.

De hecho, nuestra experiencia sensible se condensa y flota sobre un enjambre de indefinibles. Vertiginoso en número y en pequeñez, el sustrato del Universo tangible se va disgregando sin límites hacia abajo.

B) Fundamental unidad

Ahora bien: cuanto más fisuramos y pulverizamos ir artificialmente la Materia, tanto más deja ver ante nosotros su fundamental unidad.

Bajo su forma imperfecta, aunque también más simple que podamos imaginar, esta unidad se traduce por una sorprendente. Similitud entre los elementos hallados.

Moléculas, átomos, electrones, estas entidades minúsculas, sea cual sea su orden de magnitud y su nombre, manifiestan (por lo menos a la distancia desde la que las contemplamos) una identidad perfecta de masa y de comportamiento. En sus dimensiones y en sus operaciones parecen sorprendentemente calibradas -y monótonas-. Como si todas las irisaciones de superficie que dan encanto a nuestras vidas tendieran a apagarse en profundidad. Cómo si la trama de toda trama se resolviera en una simple y única forma de sustancia.

Así, pues, unidad de homogeneidad. Encontraríamos natural atribuir a los corpúsculos cósmicos un radio de acción individual tan limitado como sus propias dimensiones.

Ahora bien: resulta evidente, por el contrario, que cada uno de ellos no es definible más que en función de su influencia sobré todo cuánto existe a su alrededor. Sea cual sea el espacio en el que le supongamos situado, cada elemento cósmico llena enteramente con su radiación el volumen total de su espacio. Por estrechamente circunscrito que esté, pues, el “corazón” de un átomo, su dominio es coextensivo, por lo menos virtualmente, al de cualquier otro átomo. ¡Propiedad realmente extraña que volveremos a encontrar más adelante, hasta en la molécula humana!

Y hemos añadido también unidad colectiva. Los innumerables focos que se reparten en común un volumen dado de materia no son, sin embargo, independientes unos de otros. Algo los entrelaza entre sí, haciéndolos solidarios. Lejos de comportarse como un receptáculo inerte, el espacio que llena su muchedumbre actúa sobre ella a la manera de un medio activo de dirección y de transmisión, en cuyo seno se organiza su pluralidad. Simplemente adicionados o yuxtapuestos, los átomos no constituyen todavía la Materia. Los engloba y los cimenta una misteriosa identidad, con la que choca nuestro espíritu, pero a la que finalmente se ve forzado a ceder.

La esfera por encima de los centros, recubriéndolos.

A lo largo de estas páginas, en cada nueva fase de la Antropogénesis, nos volveremos a encontrar con la realidad inimaginable de las interrelaciones colectivas contra las cuales deberemos luchar incansablemente hasta que lleguemos a reconocer y a definir su verdadera naturaleza. Baste, en este momento inicial, englobarlas bajo el nombre empírico que la Ciencia utiliza para su principio común inicial: la Energía.

C) La Energía, es decir, la tercera de las caras de la Materia. Con esta palabra, que traduce el sentido psicológico del esfuerzo, la Física

Con esta palabra, que traduce el sentido psicológico del esfuerzo, la Física ha introducido la expresión precisa de una capacidad de acción, o más exactamente aún, de interacción. La Energía es la medida de lo que pasa de un átomo a otro en el curso de sus transformaciones. Así, pues, poder de interrelación, aunque también, dado que el átomo parece enriquecerse o agotarse durante este intercambio, valor de constitución.

Desde el punto de vista energético, renovado por los fenómenos de radiactividad, los corpúsculos materiales pueden ahora ser tratados como los depósitos pasajeros de una potencia en concentración. La Energía, nunca aprehendida de hecho en su estado puro, sino siempre en un estado más o menos granuloso (¡incluso en la luz!), representa actualmente para la Ciencia la forma más primitiva de la rama universal. De ahí esa tendencia instintiva de nuestra imaginación a considerarla como una especie de flujo homogéneo, primordial, en el cual todo cuanto existe en el Mundo que posea una figura no sería más que un conjunto de “torbellinos” fugitivos. El Universo, desde este punto de vista, hallaría su consistencia y su unidad definitiva en el extremo de su descomposición. De esta manera se sostendría desde abajo.

Retengamos las comprobaciones y las medidas indiscutibles de la Física. Pero evitemos someternos demasiado a la perspectiva de equilibrio final que parecen sugerir. Una observación más completa de los movimientos del Mundo nos obligará poco a poco a darle la vuelta; es decir, a descubrir que si las cosas sostienen y se sostienen no es más que a fuerza de complejidad, desde arriba.

 

 

2.- LA MATERIA TOTAL

Hasta ahora hemos contemplado la Materia “en sí misma”, es decir, en sus cualidades y en un volumen cualquiera -como si en realidad nos fuera factible aislar de ella un solo fragmento y estudiar este fragmento aisladamente del resto-. Es hora ya de considerar que este procedimiento es un puro artificio del espíritu. Considerada en su realidad física y concreta, la Trama del Universo no puede ser desgarrada. Es ella, sin embargo, la que, como una especie de “átomo” gigantesco, y considerada en su totalidad, forma (fuera del Pensamiento en el que se centra y se concreta en el otro extremo) la sola realidad indivisible. La historia y el lugar de la Consciencia en el Mundo resultarán incomprensibles para quien no haya visto de antemano que el Cosmos en el que el Hombre se halla comprometido constituye, de acuerdo con la integridad indiscutible de su conjunto, un Sistema, un Totum y un Quantum: un Sistema, por su Multiplicidad; un Totum, por su Unidad; un Quantum, por su Energía; los tres, por lo demás, situados en el interior de una esfera ilimitada.

Vamos a intentar explicarlo.

A) El sistema

Dentro del Mundo, el “Sistema” es inmediatamente perceptible a cualquier observador de la Naturaleza.

La ordenación de las partes del Universo ha sido siempre para los hombres un motivo de sorpresa. Ahora bien esta ordenación se va descubriendo cada día como más sorprendente, a medida que le es posible a nuestra Ciencia la realización de estudios más precisos y más penetrantes de los hechos. Cuanto más entramos en lejanía y en profundidad en la materia, por medios nacidos de un poder en constante crecimiento tanto más nos confunde la interrelación de sus partes. Cada elemento del Cosmos ésta positivamente entretejido con todos los demás: por debajo de sí mismo, gracias al misterioso fenómeno de la “composición” que le da subsistencia desde el extremo de un conjunto organizado y por encima, gracias a la influencia experimentada por efecto de las unidades de orden superior que la engloban y dominan para sus propios fines.

Es imposible romper esta red, imposible aislar una sola de sus piezas sin que se deshilache toda ella y se deshaga por todos sus extremos.

Mirando a nuestro alrededor hasta donde alcanza nuestra vista, el Universo se sostiene por su conjunto. Y no existe más que una sola manera realmente posible de considerarlo: es la de considerarlo todo él como un solo bloque.

B) El Totum

Ahora bien: dentro de este bloque, si lo consideramos de una manera más atenta, nos damos cuenta inmediatamente de que existe algo más que una simple superposición de relaciones articuladas. Quien dice tejido, red, piensa en seguida en una retícula homogénea de unidades semejantes entre sí -que es quizá imposible de seccionar de hecho-, pero basta haber reconocido su elemento y definido sus leyes para dominar el conjunto y vislumbrar la continuación, por medio de repeticiones: cristal o arabesco, ley de repleción valedera para todo un espacio, pero que en una sola malla se encuentra ya concentrado todo él.

Nada existe de común entre esta estructura que acabamos de ver y la de la Materia.

Dentro de órdenes de magnitud diversos, la Materia nunca se repite en sus combinaciones. Por comodidad y por simplicidad nos complacemos a veces en figurarnos el Mundo como una serie de sistemas planetarios que se superponen y que se escalonan desde lo infinitamente pequeño a lo infinitamente grande: una vez más los dos abismos de Pascal. Pero esto no es más que una ilusión. Los envolventes de que se compone la Materia son radicalmente heterogéneos entre sí. Círculo, todavía nebuloso, de los electrones y de otras unidades inferiores. Círculo, mejor definido, de los cuerpos simples donde los elementos se distribuyen en función periódica del átomo de hidrógeno.

Círculo, más lejano, de las inagotables combinaciones moleculares. Y, por fin, por un salto o por un retorno de lo ínfimo a lo inmenso, el círculo de los astros y de las galaxias. Estas múltiples zonas del Cosmos se engloban sin imitarse, de manera que no nos sería posible pasar de una a otra por un simple cambio de coeficientes. Aquí no existe una reproducción del mismo motivo, ni siquiera a escala diferente. El orden, el dibujo, no aparecen más que en el conjunto, La Trama del Universo es el Universo mismo.

Así, afirmar que la Materia constituye un bloque o un conjunto no es decir lo suficiente.

Tejida en una sola pieza, siguiendo un solo y mismo procedimiento, pero que de un punto a otro nunca se repite, la Trama del universo corresponde a un sólo modelo: constituye estructuralmente un Todo.

C) El Quantum

Y ahora, si es cierto que la unidad natural de espacio concreto se confunde con la totalidad del Espacio mismo, debemos intentar una redefinición de la Energía en relación con el Espacio total.

Esto nos llevará a dos conclusiones.

La primera es que el radio de acción propio de cada elemento cósmico debe ser prolongado en línea recta hasta los confines últimos del Mundo. Toda vez que el átomo, según decíamos antes, es naturalmente coextensivo a todo espacio en el que se lo sitúa -y dado que, por otra parte, tal como acabamos de ver, el espacio universal es el único que existe-, nos es forzoso admitir que es esta inmensidad la que representa el campo de acción común a todos los átomos. Cada uno de ellos tiene como volumen el de todo el Universo. El átomo no es ya el mundo microscópico y cerrado que quizá nos imaginábamos. Es el centro infinitesimal del Mundo mismo.

Extendamos por otra parte nuestra mirada al conjunto de los centros infinitesimales que se reparten la esfera universal. Por indefinible que sea su número, constituyen por su gran multitud una agrupación con efectos precisos. Y ello por causa de que el Todo, puesto que existe, debe expresarse en una capacidad global de acción cuya resultante parcial encontramos, además, en cada uno de nosotros. De esta manera nos vemos conducidos a buscar y a concebir una medida dinámica del Mundo.

No hay duda de que el Mundo tiene unos contornos en apariencia ilimitados. Empleando diversas imágenes, ante nuestros sentidos se comporta, sea como un medio que se va atenuando progresivamente, que se desvanece sin superficie-límite mediante algún infinito degradado, sea como un campo curvado y cerrado en cuyo seno todas las direcciones de nuestra experiencia se enrollan sobre sí mismas, en cuyo caso la Materia se nos aparecería como sin bordes, sólo por el hecho de que no podemos emerger de ella.

Todo esto no es una razón para negarse un Quantum de Energía que los físicos se creen ya desde ahora capaces de medir.

Pero este Quantum no llega a adquirir plenamente su sentido más que cuando intentamos definirlo en relación con un movimiento natural concreto; es decir, en la Duración.

 

 

3.-LA EVOLUCIÓN DE LA MATERIA

La Física nació, en el siglo pasado, bajo el doble signo de la fijeza y de la geometría. En su juventud tuvo como ideal hallar una explicación matemática de un Mundo concebido a la manera de un sistema de elementos estables en equilibrio cerrado. Luego, por el hecho de ser una ciencia de lo real, se vio insensiblemente arrastrada, por sus mismos progresos, a convertirse en una Historia. En la actualidad, el conocimiento positivo de las cosas se identifica con el estudio de su desarrollo. Más adelante, en el capítulo dedicado al Pensamiento, tendremos que describir e interpretar la revolución vital operada en la conciencia humana por el descubrimiento, verdaderamente moderno, de la Duración. Sólo debemos preguntarnos ahora qué ventajas representa, para nuestros puntos de vista sobre la Materia, la introducción de esta nueva dimensión.

Esencialmente, el cambio aportado en nuestra experiencia por la aparición de lo que pronto llamaremos el Espacio-Tiempo consiste precisamente en que todo lo que habíamos considerado y tratado hasta entonces como si fueran puntos en nuestras construcciones cosmológicas se convierte en la sección instantánea de fibras temporales indefinidas. Ante nuestros ojos desorbitados, cada elemento de las cosas se prolonga actualmente hacia atrás (y tiende a continuarse hacia adelante), hasta perderse de vista. De tal manera que la inmensidad espacial entera no es más que el fragmento “en el tiempo” de un tronco cuyas raíces se sumergen en el abismo de un pasado insondable y cuyas ramas ascienden hacia algún lugar dentro de un Porvenir a primera vista ilimitado. Dentro de esta nueva perspectiva, el Mundo se nos aparece como una masa en vías de transformación. El Totum y el Quantum universales tienden a expresarse y a definirse en Cosmogénesis.

¿Cuáles son en la actualidad, a los ojos de los Físicos, la figura que ha tomado (cualitativamente) y las reglas que ha seguido (cuantitativamente) esta Evolución de la Materia?

 

A) La Figura

Observada en su parte central, que es la más clara, la Evolución de la Materia se concreta, conforme a las teorías actuales, en la edificación gradual por creciente complicación, de los diversos elementos reconocidos por la Física-Química. En la parte inferior; para empezar, una simplicidad todavía sin resolver, indefinible en forma de figura, de naturaleza luminosa. Después, bruscamente (?), un hormigueo de corpúsculos elementales positivos y negativos (protones, neutrones, electrones, fotones…), cuya lista va aumentando sin cesar. Después, la serie armónica de los cuerpos simples, situados, desde el Hidrógeno al Uranio, sobre las notas de la gama atómica. E inmediatamente la inmensa variedad de los cuerpos compuestos, en la que las masas moleculares van ascendiendo hasta un cierto valor crítico, por encima del cual, según veremos, se pasa a la Vida. Ni uño solo de los términos de esta larga serie puede dejar de ser considerado, de acuerdo con excelentes pruebas experimentales, como un compuesto de núcleos y de electrones. Este descubrimiento fundamental de que todos los cuerpos derivan por ordenación de un solo tipo inicial corpuscular viene a ser como el rayo que ilumina ante nuestros ojos la historia del Universo. A su manera, la Materia obedece desde el origen, a la gran ley biológica (sobre la cual deberemos insistir constantemente) de “complejificación”.

He dicho a su manera, dado que en el estadio del átomo muchos puntos se nos escapan todavía respecto a la historia del Mundo.

En primer lugar, para ascender en la serie de los cuerpos simples, ¿deben los elementos franquear sucesivamente todos los grados de la escala (del más simple al más complicado) por una especie de onto o de filogénesis? ¿O es que los números atómicos representan solamente una serie rítmica de estados de equilibrio, una especie de departamentos en los cuales caen bruscamente agrupados los núcleos y los electrones? E inmediatamente, tanto en un caso como en el otro, ¿es necesario representarse las diversas combinaciones de los núcleos como inmediata e igualmente posible? O, por el contrario, ¿es necesario imaginar que en el conjunto, estadísticamente, los átomos pesados aparecen sólo después e osos ligeros, siguiendo un orden determinado?

Parece que la Ciencia no puede todavía contestar a estas preguntas, como tampoco a otras semejantes, de una manera definitiva. En el momento actual estamos aún menos informados sobre la evolución ascendente (hago hincapié en que no hablo de “desintegración”) de los átomos que sobre la de las moléculas pre-vivientes y vivientes. Esto no quita, sin embargo (y ello resulta ser, en cuanto a la cuestión que nos ocupa, el único punto de verdadera importancia), que, a partir de sus formulaciones más lejanas, la Materia se nos descubra al estado de génesis, una génesis que permite ver dos de los aspectos que mejor la caracterizan en sus períodos ulteriores. En primer lugar, el de empezar por una fase crítica: la de la granulación, que da lugar bruscamente (¿de una vez para siempre?) al nacimiento de los constitutivos del átomo y quizá al átomo mismo. Luego, por lo menos a partir de las moléculas, el de continuarse por adición siguiendo un proceso de creciente complejidad.

No todo se realiza de manera continua en el Universo en cualquier momento. No todo se realiza en él tampoco por todas partes.

Acabamos de resumir en algunas líneas la idea que la Ciencia acepta hoy respecto de las transformaciones de la Materia; pero considerándolas simplemente dentro de su sucesión temporal y sin situarlas todavía en parte alguna dentro de la extensión cósmica. Históricamente, la Trama del Universo va concentrándose en formas de Materia cada vez más organizadas. Pero ¿en dónde se realizan estas metamorfosis, por lo menos a partir del estadio de las moléculas? ¿Es acaso indiferentemente en un lugar cualquiera del Espacio? De ninguna manera, ya lo sabemos; sino únicamente en el centro y en la superficie de las estrellas. El haber considerado los elementos infinitamente pequeños nos obliga a elevar bruscamente nuestra mirada hacia lo infinitamente grande de las masas sidéreas.

Las masas sidéreas… Nuestra Ciencia se halla aturdida, y al mismo tiempo seducida, por estas unidades colosales que se comportan hasta cierto punto como átomos, pero cuya constitución nos desconcierta por su enorme y su (¿sólo en apariencia?) irregular complejidad. Es posible que llegue el día en que aparezca una ordenación o una periodicidad en la distribución de los astros, tanto en su composición como en su posición. ¿Es que la historia de los átomos no está prolongada de manera inevitable por una especie de “estratigrafía” y de “química” de los cielos?

No debemos, sin embargo, embarcarnos hacia estas perspectivas todavía brumosas. Por fascinantes que sean, no conducen hacia el Hombre, sino que en realidad lo envuelven. Como contrapartida, debemos notar y registrar, toda vez que tiene sus consecuencias hasta en la génesis del Espíritu, la indiscutible relación que asocia genéticamente el átomo a la estrella. Durante mucho tiempo todavía la Física podrá dudar respecto de la estructura que será necesario asignar a las inmensidades astrales. Mientras tanto, sin embargo, algo es seguro y suficiente para guiar nuestros pasos por los caminos de la Antro oses. Y es el hecho de que la fabricación de los compuestos materiales elevados no puede realizarse más que en virtud de una concentración previa de la Trama del Universo en nebulosas y en soles. Sea cual fuere la figura global de los Mundos, la función química de cada uno de ellos tiene ya para nosotros un sentido definible. Los astros son los laboratorios en donde se prosigue, en la dirección de las grandes moléculas, la Evolución de la Materia; esto, por lo demás, siguiendo unas reglas cuantitativas determinadas, de las cuales ha llegado el momento de ocuparnos.

 

 

 B) Las leyes numéricas

Lo que el Pensamiento de los antiguos había entrevisto e imaginado como una armonía natural de los Números, ha sido captado y realizado por la Ciencia moderna por medio de la precisión de fórmulas fundamentadas sobre la Medida. De hecho es gracias a unas medidas cada día más minuciosas, más que por el camino de las observaciones directas, como debemos conocer la micro y la macro-estructura del Universo, y además, son estas medidas, cada vez más audaces, las que nos han revelado las condiciones calculables a las cuales se halla sujeta, con la misma potencia que ella misma pone en juego, cualquier transformación de la Materia.

No tengo por qué entrar aquí en una discusión crítica de las leyes de la Energética. Resumámoslas simplemente en lo que tienen de accesible y de indispensable a todo historiador del Mundo. Consideradas bajo este aspecto biológico, todas ellas pueden ser reducidas, de manera masiva, a los dos principios siguientes.

Primer principio.– En el curso de las transformaciones de naturaleza físico-química no comprobamos ninguna aparición mensurable de nueva energía. 

Toda síntesis resulta costosa. Es ésta una condición fundamental de las cosas que persiste, como sabemos, incluso hasta en las zonas espirituales del ser. En cualquier terreno el progreso, exige, para realizarse, un aumento de esfuerzo y, por tanto de potencia. Ahora bien: ¿de dónde procede este aumento?

De una manera abstracta podríamos imaginar, como subviniendo a las crecientes necesidades de la Evolución, un acrecentamiento interno de los recursos del Mundo, un aumento absoluto de la riqueza mecánica a través de las edades. De hecho, las cosas parecen suceder de manera distinta. En ningún caso la energía de síntesis parece cifrarse en la aportación de un capital nuevo, sino en un gasto. Lo que se gana por un lado se pierde por otro. Nada se construye sino al precio de una destrucción equivalente.

De una manera experimental y a primera vista, el Universo, considerado en su funcionamiento mecánico, no se nos presenta como un Quantum abierto, capaz de abrazar dentro de su ángulo una Realidad cada vez mayor, sino como un Quantum cerrado en el seno del cual nada puede progresar más que por un intercambio de lo que se ha dado ya inicialmente.

Henos aquí ante una apariencia primera.

Segundo principio. Pero hay algo más todavía. La Termodinámica nos indica también que en el curso de cualquier transformación físico-química una fracción de energía utilizable es irremediablemente “entropizada”; es decir, perdida en forma de calor. Sabemos que es posible conservar simbólicamente esta fracción degradada en las ecuaciones, con lo que se pone de manifiesto que nada se pierde, lo mismo que nada se crea, en las operaciones de la Materia. Pero esto es un puro artificio matemático. De hecho, desde el punto de vista evolutivo real, algo se quema definitivamente en el curso de esta síntesis como pago de la misma. Cuanto más funciona el Quantum energético del Mundo, tanto más se gasta: Considerado en el campo de nuestra experiencia, el Universo material concreto no parece poder continuar su marcha indefinidamente. En lugar de moverse indefinidamente, siguiendo un ciclo cerrado, describe irreversiblemente una rama de desarrollo limitado. Y por ello se separa de las magnitudes abstractas para clasificarse entre las realidades que nacen, crecen y mueren. Así es como el Universo se trasvasa del Tiempo hacia la Duración, escapando definitivamente a la Geometría, para convertirse dramáticamente, tanto por su totalidad como por sus elementos, en objeto de Historia.

Traduzcamos en forma de imagen la significación natural de estos dos principios de la Conservación y de la Degradación de la Energía.

Hemos dicho ya más arriba que cualitativamente la Evolución de la Materia se nos manifiesta, hic et nunc, como un proceso en el curso del cual se ultracondensan y se intercombinan, los constitutivos del átomo. Cuantitativamente esta transformación senos presenta ahora como una operación definida, pero costosa, a través de la cual se va agotando lentamente un impulso original. De una manera trabajosa, grado a grado, los edificios atómicos y moleculares se complican y ascienden. La fuerza ascensional, sin embargo, se pierde en el camino en sí, en el interior de los términos de la síntesis tanto más rápidamente cuanto más elevados sean estos términos) actúa el mismo desgaste, que va minando el Cosmos en su totalidad. Poco a poco las combinaciones improbables que representan se rehacen en elementos más simples, que van recayendo y se disgregan en lo amorfo de las distribuciones probables.

Un proyectil que ascendiese siguiendo la flecha del Tiempo y que no se desplegase más que para extinguirse-un torbellino ascendente en el seno de una corriente que descendiese-: he aquí, pues, lo que sería la figura del Mundo.

Así es como habla la Ciencia, y yo creo en la Ciencia. Y, sin embargo, me pregunto: ¿es que la Ciencia se ha tomado alguna vez la molestia de contemplar el Mundo de otra manera que no sea por el Exterior de las cosas?…

 

 

 

 

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