Tres Visiones sobre la Democracia: Spinoza, Rousseau y Tocqueville por Ricardo Hurtado Simo (parte II)

Tres Visiones sobre la Democracia: Spinoza, Rousseau y Tocqueville por Ricardo Hurtado Simo (parte I)

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Tres Visiones sobre la Democracia: Spinoza, Rousseau y Tocqueville

Ricardo Hurtado Simo

– Parte II –

 

3. J. J. Rousseau: de los Discursos al Contrato Social.

 

El “Discurso sobre las ciencias y las artes”.

 

Después de haber tratado el pensamiento político spinozista, nos situamos ahora en pleno siglo XVIII, con el desarrollo de cuestiones filosóficas que son el caldo de cultivo de la Revolución Francesa. Para abordar a Rousseau y ponerlo en relación con los otros dos autores de este trabajo no me limitaré a tratar su obra básica de filosofía política, el “Contrato Social”, sino que también tendremos en cuenta sus “Discursos”, ya que contienen ideas que después se tratarán en el “Contrato” y además nos permitirán contemplar cómo evoluciona el pensamiento del filósofo de Ginebra en lo que a su concepción del hombre y la sociedad se refiere. En el “Discurso sobre las ciencias y las artes” y el “Discurso sobre el origen de la desigualdad entre los hombres” germinan ideas antropológicas y políticas que aflorarán decisivamente en el “Contrato Social”.

El punto de partida es la educación, asunto que es duramente criticado en el “Discurso sobre las ciencias y las artes” y es considerado fuente de males y perversiones en la sociedad de su época. Como acabamos de ver en Spinoza, el Estado tiene la función de educar a los individuos para hacer posible que tengan un comportamiento racional, y aquí tenemos el primer punto de divergencia entre ambos pensadores; si Spinoza asocia la razón con el correcto funcionamiento de la vida social, Rousseau reivindica la vuelta al estado de naturaleza como huída de la corrupta sociedad.

La denuncia que Rousseau hace también se extiende al ciudadano, pues en la sociedad que él nos describe el ciudadano está corrompido hasta las entrañas; Rousseau considera que el buen ciudadano está en peligro de extinción. El olvido y la degeneración de la virtud y de las buenas costumbres han afectado a los buenos ciudadanos. En el “Discurso sobre las ciencias y las artes”, el ciudadano empírico (o existente) es criticado porque está degenerado y viciado en la sociedad de la apariencia que nos relata Rousseau. Sin embargo, el ciudadano no es simplemente el hombre que vive en sociedad, es mucho más. Ser ciudadano conlleva una educación, una formación, de ahí su crítica en este “Discurso” a la educación que se da en su tiempo. La educación es vital para crear hombres buenos en la civilización, o sea, buenos ciudadanos. El buen ciudadano se preocupa por lo verdaderamente importante, ama la naturaleza y no es esclavo de nadie. La noción de ciudadano que nos expone Rousseau en su primer Discurso se complementa con el ciudadano que forma parte de la voluntad general y por lo tanto expresa su voluntad y participa en la esfera política, pero esta parte “constructiva” forma parte ya del “Contrato Social”. En la respuesta de Rousseau a M. Gautier por su crítica al “Discurso sobre las ciencias y las artes” se encuentra algo que será fundamental en el Contrato Social, que <<los pueblos verdaderamente corrompidos no son tanto los que tienen leyes malas como los que desprecian las leyes>>. Para Rousseau, las leyes deben ser respetadas por todos los pueblos.

En definitiva, el “Discurso sobre las ciencias y las artes ”supone un hito en la historia de la filosofía y en la historia misma, pues trata todos los aspectos que son negativos en la vida en sociedad.

En poco más de treinta páginas, Rousseau no deja títere con cabeza en su mordaz crítica a la civilización del siglo XVIII. Si Rousseau viviese en pleno siglo XXI, tendría tantas cosas que criticar de nuestra sociedad tecnológica que en vez de escribir treinta y dos páginas habría escrito trescientas.

El “Discurso sobre el origen de la desigualdad entre los hombres”.

En el “Discurso sobre el origen de la desigualdad entre los hombres”, Rousseau elabora su antropología y las líneas fundamentales de su planteamiento son muy distintas a las de Spinoza, Hobbes o Locke. Rousseau parte de la idea de que el hombre no es social por naturaleza y de que la propiedad no es un derecho natural.

Este segundo Discurso se desarrolla a partir de plantear la siguiente pregunta: ¿y si el hombre no es por naturaleza un ser social? A partir de esta pregunta Rousseau desarrolla un proceso en el que el hombre pasó de vivir en estrecha relación con la naturaleza y como las demás animales a su transformación en un hombre que vive en sociedad. Todo este proceso es hipotético, es una simple imaginación. A lo largo de toda la obra se reconstruye el proceso de la inocencia a la perversión humana.

En este “Discurso” se pone de manifiesto además el amor que Rousseau profesa a la naturaleza.

El “Discurso” se inicia describiendo al hombre en su estado natural desde sus rasgos más básicos como comer y beber. Frente al amaneramiento y la debilidad del hombre civilizado, el hombre en estado de naturaleza es fuerte

<<Al hacerse sociable y esclavo, se vuelve débil, temeroso, rastrero, y su manera de vivir blanda y afeminada acaba de enervar a la vez su valor y su fuerza>>.[7]

En la civilización, la técnica y las artes sustituyen a la fuerza y la agilidad. El hombre en sociedad es débil porque depende de los demás, por el contrario, en la naturaleza el hombre depende exclusivamente de sí mismo. En este aspecto se puede vislumbrar la alienación que sufren los hombres en la vida en sociedad, pues no tiene autonomía y la dependencia de otros les lleva a convertirse en esclavos; sobre la alienación trataremos con más detenimiento en el “Contrato Social”. El hombre salvaje es libre y vive el presente. No es un ser pasivo sino todo lo contrario, su dinamismo y actividad le hacen estar mucho más vivo que el hombre civilizado, que se pre-ocupa y tiene la cabeza llena de banalidades.

En el “Discurso sobre el origen de la desigualdad entre los hombres”, Rousseau ahonda más que en el “Discurso sobre las ciencias y las artes” en las diferencias que hay entre la vida del hombre en la naturaleza y la vida en sociedad. La balanza entre ambos modelos de vida se decanta claramente del lado de la vida en la naturaleza; las diferencias entre la vida en la naturaleza y la vida en sociedad tiene siempre una base moral donde la distinción entre lo bueno y lo malo siempre están presentes. Como dato reseñable en la distinción entre naturaleza y sociedad hay que señalar que Rousseau considera que el hombre no es sociable; la sociabilidad no es un rasgo característico del ser humano. Si este rasgo llama la atención y es contrario a la mayoría de las tesis sobre la esencia del hombre, aún es más llamativo que Rousseau esté en contra de Hobbes y afirme que el hombre no es malo por naturaleza, que el hombre “no es lobo para el hombre”. Si Spinoza afirma que el hombre se dejaría llevar por el deseo y el poder, en este ámbito, Rousseau transforma este planteamiento en todo lo contrario. La sociedad civil y la política son los artífices de que el hombre viva rodeado de injusticias y desigualdades. El filósofo de Ginebra cree que la sociedad civilizada es la causa de las guerras y no la naturaleza; el estado de naturaleza es el mejor para tener la paz (tesis totalmente opuesta a la de Spinoza), la <<paz perpetua>>, como diría Kant. Estas afirmaciones de Rousseau dan que pensar pues dudo que en los tiempos en que los hombres no vivían en las sociedades complejas no hubiese constantes enfrentamientos entre grupos de hombres por alimento o incluso por conseguir hembras. Aunque ni en el estado de naturaleza ni en la sociedad se consigue la paz eterna, resulta bastante inocente pensar que los primeros hombres no conocían la violencia.

En todo este “Discurso” está como telón de fondo el problema del origen del mal; como veremos, Voltaire no está de acuerdo con Rousseau en este aspecto. En el “Discurso sobre el origen de la desigualdad entre los hombres” se pone de manifiesto que el origen del mal está en el hombre; el mal es como una semilla que germina cuando el hombre se convierte en un ser social.

Opuesto totalmente a la depravación que hay en la sociedad está el estado de naturaleza, donde no hay ninguna manifestación del mal. En la inocencia de los hombres primitivos no hay esclavitud, todos son libres y no existe la ley del más fuerte, cosa que es digna de tener en cuenta, pues al observar a los animales, vemos que generalmente el más fuerte es el que domina y ejerce su poder sobre los demás miembros del grupo. En el “Contrato Social” también se tratará la cuestión sobre la ley del más fuerte. En un contexto que ha cambiado bastante, Rousseau Rechaza la ley del más fuerte para rechazar a su vez la sumisión de unos hombres ante el poder de otros. Rousseau lleva todos estos asuntos hasta las últimas consecuencias y no le tiembla la mano al sostener que los hombres miserables están todos en la sociedad civil; la vida en sociedad aflige a los individuos, cosa que no pasaba en el estado de naturaleza. <<No vemos casi en torno nuestro más que gente que se lamenta de su existencia […]>>.[8]

Parece que Rousseau se decanta claramente por un hombre ignorante pero feliz a un hombre que razone pero que no haga más que sufrir. En algunos momentos Rousseau rechaza el pensamiento y la razón, pues sólo sirven para degenerar al hombre. Recordemos por ejemplo que <<el pensamiento deprava los sentidos>>. Todas estas afirmaciones tan irracionalistas dejan mucho hueco para la crítica y aún más en el siglo XVIII; aunque lo cierto es que se refinó lo bastante como para no saber vivir en la naturaleza. Rousseau no es consecuente con sus tajantes afirmaciones. El irracionalismo roussonianio y lo hasta aquí expuesto chocan con la defensa racionalista de Spinoza; si para el filósofo judío vivir de acuerdo con la razón es la mejor manera para llegas a la felicidad, Rousseau defiende todo lo contrario. Además, Spinoza respondería a Rousseau que no se puede afirmar que en el estado de naturaleza se dan la justicia y el bien porque son conceptos que sólo tienen sentido a partir de la constitución de la vida en sociedad.

También se trata de manera clara el problema de la desigualdad, problema que da título a este discurso. La famosa distinción entre la desigualdad natural y la desigualdad social se encuentra presente; así pues

<<La diferencia de hombre a hombre debe ser menor en el estado de naturaleza que en el de sociedad, y en qué medida la desigualdad natural debe aumentar en la especie humana con la desigualdad institucional>>.[9]

La desigualdad natural se refiere a las diferencias en las cualidades físicas e intelectuales, mientras que la desigualdad institucional consiste en los diferentes privilegios y desigualdades que hay entre los hombres; pero la desigualdad institucional es una desigualdad aceptada por los hombres que les ha hecho esclavos de ellos mismos. La desigualdad en sociedad es mucho más profunda que la desigualdad natural, pues genera odio, vanidad, apariencia, etc, en definitiva, con ella surge el mal. Las desigualdades físicas e intelectuales no son tantas en el estado de naturaleza, sin embargo, en la civilización cuando se combinan con las diferencias sociales crean una mezcla que puede llegar a distinguir a los hombres de manera abismal.

La segunda parte del “Discurso sobre el origen de la desigualdad entre los hombres” se inicia con una profunda y célebre sentencia que nos viene a decir que la sociedad civil nace con la propiedad privada. Para Rousseau, la propiedad es fuente de males, de ahí que este tema haya sido esencial en el pensamiento de Marx. Con el paso a la sociedad, el hombre va dejando atrás toda su inocencia y su virtud, sustituyéndolas por el establecimiento de la propiedad, el ocio, el lujo y las artes, entre otras muchas cosas. En este proceso desde la naturaleza a la sociedad, el hombre se va debilitando y crecen en él las desigualdades. Ahora bien, ¿cómo llega el hombre al estado en sociedad?. Rousseau le atribuye dos causas: a causa del azar, que empuja al hombre hacia la historia y a causa de la necesidad, por el crecimiento demográfico y las catástrofes naturales entre otras razones. Ante las adversidades, el hombre empleó dos de sus facultades, la fuerza y la técnica. El hombre fue abandonando su estado inicial y progresó como respuesta ante las penurias gracias a su entendimiento. Pronto este progreso que inicialmente partía con inocentes intenciones se desarrolló de tal manera en los hombres que se convirtieron en seres superiores sobre los demás animales. Desde este momento el hombre se miró a sí mismo y florecieron en él el orgullo y el afán por ser siempre el primero. Loa hombres se movían por el interés y miraban el presente, y fue a causa del interés por lo que se fueron asociando entre ellos.

La maldad y la degeneración se desarrollaron rápidamente al dejar atrás la forma de vida primitiva; sin embargo, el hombre no es cruel por naturaleza, la crueldad nace con la civilización y la injusticia nace con la propiedad. La propiedad es fuente inagotable de males y con ella nacieron la desigualdad, el ocio y el vicio. Así, se pone de manifiesto que Rousseau piensa de manera muy diferente a la de muchos ilustrados, como Condorcet por ejemplo. Rousseau considera que el progreso ha sido una desgracia para los hombres.

Retomando lo dicho con anterioridad, la propiedad es la protagonista de la segunda parte del “Discurso sobre el origen de la desigualdad entre los hombres”. La propiedad es una lacra para el ser humano, que acrecienta las desigualdades entre los hombres. Con la propiedad privada nacen las normas de justicia, la apariencia y la división del trabajo. Con la división del trabajo aumentan aún más las desigualdades. En la civilización, la propiedad es la causante de la distinción entre ricos y pobres, de aquí en adelante unos hombres son amos y otros son esclavos, por lo que la libertad queda subyugada por la propiedad privada. Con la división entre ricos y pobres surgen la ambición, el odio y la envidia entre los hombres. La piedad, la solidaridad entre los hombres es sustituida por el egoísmo y el enfrentamiento constante,

<< […]en una palabra, competencia y rivalidad por una parte, oposición de intereses por la otra, y siempre el oculto deseo de lucrarse a expensas del prójimo, todos estos males son el primer efecto de la propiedad y la compañía inseparable de la desigualdad incipiente>>.[10]

La propiedad privada es la causa, y sus consecuencias son: la distinción entre ricos y pobres, la desigualdad, la violencia, y por último el estado de guerra. Rousseau, en su desarrollo sobre la propiedad y la desigualdad en sociedad llega a la fundación del Estado. El Estado es un invento malévolo para Rousseau; el Estado nace cuando es creado por unos cuantos hombres, los ricos, para asegurarse sus propiedades y necesidades ante la violencia ejercida por los desfavorecidos. El Estado es <<el proyecto más meditado que jamás haya cabido en mente humana>>[11].

Al igual que denunciaba que la propiedad nació a causa del carácter dócil de los hombres, lo mismo señala Rousseau sobre el Estado. El Estado es visto como un artificio establecido por unos pocos interesados que engañaron a la mayoría de los hombres. La libertad fue eliminada y aumentaron las desigualdades y la división entre ricos y pobres; unos son amos y otros esclavos. Las buenas intenciones se olvidan pronto cuando se llega al poder; con la constitución de ese cuerpo político, el gobernante, el poderoso se convierte en amo de los demás. De todo esto se desprende que Rousseau no confía en la razón de la masa esclavizada << […] comprendo que no son esclavos los llamados a razonar sobre la libertad>>.[12] ¿Qué se puede esperar de unos hombres que se encadenan ellos mismos a una vida de sumisión y esclavitud? La crítica a la masa me parece muy pertinente, pues no sirve de mucho que unos pocos intenten que toda la humanidad vea la luz mientras el resto no quiere abrir los ojos. Como vemos, el mito de la caverna platónico siempre está de actualidad; la denuncia de Rousseau se materializa de manera más explícita cuando Kant reivindica el sapere aude! frente a la culpable minoría de edad. Muchas veces tenemos lo que nos merecemos.

En las últimas páginas del “Discurso”, el filósofo de Ginebra hace una fuerte defensa de la libertad. La libertad es la más noble de las facultades del hombre, por ello es algo que no se debe perder nunca. Estas afirmaciones se enlazan con el comienzo del “Contrato Social”, cuando Rousseau dice que los hombres están obligados a ser libres.

Nuestro objetivo de ver el pensamiento político de Rousseau en un sentido unitario y lineal se ve reforzado al tratar la parte final de su “Discurso sobre el origen de la desigualdad entre los hombres”, donde ya se preocupa por la sociedad civil, y concretamente por la constitución del Estado y sus líneas fundamentales. Aunque tendrá que rectificar en muchos aspectos, Rousseau traza en este “Discurso” las líneas fundamentales que se tratarán en el “Contrato Social”, sobretodo al hablar del poder legítimo y al considerar fundamentales unas leyes justas y fuertes.

A lo largo de todo el pensamiento roussoniano, el estado de naturaleza no se opone a la sociedad civil; hay un proceso que se inicia con el estado de naturaleza, de ahí se pasa a un estado civil totalmente injusto que critica en sus Discursos, y finalmente se llega a un estado civil legítimo fruto del contrato social. En el “Contrato Social”, Rousseau rompe con lo dicho en los “Discursos”. El estado de naturaleza pierde su cariz idealista para convertirse en algo real y anterior al estado en sociedad: La libertad humana que tanto elogia el ginebrino en sus “Discursos”, evoluciona en la voluntad general. Mientras que en el “Discurso sobre el origen de la desigualdad entre los hombres”, la sociedad es algo totalmente negativo y opuesto a la naturaleza, en el “Contrato Social”, la sociedad no es tan nociva. El hombre que vive en la sociedad fruto del contrato entre los hombres no tiene su naturaleza, entendida como algo característico situado en el interior de uno mismo, corrompida; ahora, incluso la sociedad hace mejores a los hombres y permite que se desarrollen sus facultades al máximo. El estado de niñez que tanto le gustaba a Rousseau, crece ya a un estado de adulto; la inocencia del niño se transforma hacia el perfeccionamiento del hombre adulto.

Los “Discursos” llevarán a Rousseau a un camino sin retorno que le originó numerosas críticas, como la de Voltaire, que con su habitual ironía puso en tela de juicio la validez de las afirmaciones de Rousseau, especialmente la cuestión del origen del mal y la vuelta al estado de naturaleza. La polémica entre ambos ilustrados se ve causada en parte por el terremoto de Lisboa y la aplicación que de tan funesto suceso hace Voltaire sobre el pensamiento de Rousseau. Rousseau responde a Voltaire en una carta culpando a la masificación urbana de tal catástrofe. El pensador de Ginebra se mantiene en su tesis de que el mal tiene su causa en el hombre y el hombre es bueno por naturaleza, pero es la sociedad la que lo corrompe.

 

El Contrato Social.

Tras haber realizado una dura crítica a la mayoría de los planteamientos existentes en el plano de la filosofía en general, y concretamente en lo que al hombre se refiere, Rousseau desarrolla en el “Contrato Social” su ideal político.

Después de haber construido su antropología a partir del rechazo a la sociedad, en el “Contrato Social” expresa cómo debe ser el marco político en el que se desarrollará la vida humana, pero no la vida degenerada, que es el objeto de la crítica en sus Discursos, sino la vida de los hombres en un entorno de libertad, justicia e igualdad.

Pese a que la ruptura en muchos temas está presente, no se puede ver un salto en el paso de los Discursos al “Contrato Social” sino un proceso evolutivo donde en las obras críticas ya se vislumbraban muchos de los elementos relevantes en el “Contrato Social”. Ahora bien, Rousseau no pierde ni mucho menos su estilo rebelde en su obra política, y es notorio el hecho de que el “Contrato Social” tuvo que sufrir el rechazo de muchos países, como Francia o incluso en su amada Ginebra, a causa del rechazo explícito que se hace del despotismo, de la injusticia y la constante apología que se hace de la libertad humana. Rousseau presenta unas ideas totalmente rompedoras, que chocan con el poder establecido y con las opiniones comúnmente aceptadas y ortodoxas sobre política

Para Rousseau, el gran problema de la política está en encontrar una forma de gobierno justa que sitúe a la ley por encima de los hombres y que preserve la dignidad y la libertad. Por tanto, defiende un Estado que no sea intolerante, pues la intolerancia nunca conduce a la paz y la armonía entre los hombres, sino que lleva a la violencia. Como él mismo señala a Voltaire en una carta, es preciso hacer el catecismo del ciudadano, y el catecismo del ciudadano se plasma en su “Contrato Social”. Vemos ahora cómo la importancia de instruir a los ciudadanos tiene ahora un trasfondo positivo y de extrema necesidad. Como iremos observando, en el “Contrato Social” las diferencias entre Spinoza y Rousseau se irán limando, hasta tal punto que podemos decir que esta obra es una continuación y profundización de las líneas maestras que hizo Spinoza, y que a su vez tratará con detenimiento Tocqueville ya en el siglo XIX.

En esta obra, la noción de ciudadano que estaba ya presente en sus dos Discursos adquiere ahora un papel protagonista.

Si queremos llegar a comprender correctamente el pensamiento que se dilucida en el “Contrato Social”, hay que tener siempre presente que a la base están la pedagogía y la moral, elementos que acompañan a Rousseau a través de todas sus preocupaciones filosóficas. Además, también hay un planteamiento teleológico en el ámbito social.

Probablemente, la primera parte del “Contrato Social” sea de todo el libro la que tiene más peso. Nada más empezar, el primer capítulo deja claro que Rousseau no se ha olvidado nunca de la libertad humana y de los obstáculos con los que constantemente se encuentra, tal y como él mismo señala, <<El hombre ha nacido libre, y en todas partes está encadenado. Hay quien se cree señor de los demás y es más esclavo que ellos>>[13]. Esta afirmación entronca perfectamente con la línea expuesta en sus dos Discursos, donde reitera la situación de esclavitud en la que se encuentra el hombre en sociedad; también podemos sacar de la segunda frase que hemos citado el carácter ingenuo de los hombres, que creen tenerlo todo cuando verdaderamente no tienen nada, que creen dominar cuando en verdad son dominados. El comienzo del capítulo 1 del libro se puede enlazar a su vez con la cita que Rousseau hace de Tácito al señalar en el “Discurso sobre el origen de la desigualdad entre los hombres” que los hombres <<Llaman paz a la más miserable de las servidumbres>>.

Para Rousseau, tal y como se muestra en su “Contrato Social”, ya es imposible la vuelta al estado del salvaje solitario; el hombre necesita ahora de los demás, síntoma que en los “Discursos” era una debilidad. Pero ahora, en sociedad, el contrato social es indispensable e incluso la relación entre individuos puede resultar positiva. El problema esencial al que se enfrenta Rousseau consiste en saber cómo relacionar de manera armoniosa la libertad, la igualdad y el poder político, con el fin de eliminar ladesigualdad y la coacción social, en palabras de Rousseau:

<<Encontrar una forma de asociación que defienda y proteja con toda la fuerza común a la persona y los bienes de cada asociado, y por la cual, uniéndose cada uno a todos, no obedezca, sin embargo, más que a sí mismo y permanezca tan libre como antes>>[14].

Al igual que aparecía en el primer “Discurso”, la metáfora del ganado está presente en el “Contrato Social”; los hombres son el rebaño y los que tienen el poder son los pastores.

Rousseau, firme en su defensa de la libertad, considera que la esclavitud es algo contrario a la naturaleza. Por naturaleza, el hombre es libre y no esclavo. El argumento de la fuerza no tiene consistencia como para aceptar la esclavitud. Ante el poder del más fuerte, Rousseau llama a la rebeldía, puesto que no hay por qué obedecer a los poderosos. La esclavitud y la imposición no tienen cabida en una sociedad justa. La esclavitud no tiene sentido. La fuerza de imposición no justifica nada, lo único que vale es la convención entre todos los hombres libres.

Cuando Rousseau trata el problema de la servidumbre voluntaria, si leemos entre líneas podemos llegar la afirmación que Kant en su Respuesta a la pregunta ¿qué es Ilustración?, cuando el filósofo alemán afirma “qué fácil es ser menor de edad”. La esclavitud y por tanto la enajenación son contrarios a la naturaleza y también a la razón porque no tienen ningún sentido.

Bajo el rechazo a la esclavitud hay un claro amor a la libertad y hacia el hombre, pero no hacia el hombre en abstracto sino al hombre concreto y real. Al escribir esta primera parte del “Contrato Social”, Rousseau está pensando en el campesino que vive bajo el yugo de su amo o en el sirviente de un adinerado marqués. En las situaciones adversas, y especialmente en la guerra no hay respeto a la libertad ni a la dignidad.

El contrato social roussoniano se presenta como algo totalmente voluntario por parte de los individuos; ellos mismos se someten voluntariamente a la ley. En el contrato social y en esta “sumisión voluntaria” es determinante la ley, algo que es uno de los pilares de su pensamiento. El contrato entre los individuos es válido siempre y cuando sean libres y no haya ningún tipo de coacción. La libertad actúa además como vínculo en el proceso mediante el cual la voluntad individual se transforma en la voluntad general. Gobernar no es lo mismo que someter, de ahí que haga falta un pacto entre todos los ciudadanos que sea justo y que evite que los hombres se dividan en amos y esclavos. El pacto social nace a causa de unas necesidades que se alivian con la cooperación colectiva; en este pacto, todos ganan y pierden de igual medida. La fuerza individual pasa a ser colectiva y así se construye la voluntad general. La voluntad general debe ser aceptada y obligada por todos. Hablar de voluntad general es hablar de libertad, libertad en el ámbito social, se entiende.

En el “Contrato Social”, Rousseau no ve al Estado como una creación perversa hecha por unos pocos para engañar al resto, como decía en el “Discurso sobre el origen de la desigualdad entre los hombres”. El Estado que construye Rousseau nace con buenas intenciones, y tiene en la justicia y la fuerza de los hombres su verdadero impulso. Es más, en el orden constituido, el, el hombre se encuentra cerca de la felicidad y de su realización cultural.

 

El hombre en la sociedad justa participa activamente en la política, del tal manera que el Estado representa a todos los individuos y se recupera la noción de ciudadano, frente a ese otro ciudadano que estaba corrompido en los “Discursos”. Rousseau no subordina la sociedad civil al Estado, algo que en cierta medida sí hace Spinoza al distinguir entre la vida externa y la vida interna, pero sí afirma que el individuo sólo puede ser libre en el seno de la comunidad.

En lo concerniente al poder, cuestión muy espinosa, Rousseau le da un carácter legítimo (o válido) al poder, pues el poder ya no recae únicamente en unos pocos, sino que se extiende a la mayoría, aunque no todos gobiernen. El poder y la voluntad forman una sólida unidad. Pese a que Rousseau ahonda mucho en problemas esbozados en las obras políticas de Spinoza, no sucede así en su análisis del poder, tema que sí es esencial en el desarrollo de la filosofía política de Spinoza, y no digamos ya en T.Hobbes; el estudio del poder (o mejor dicho de los poderes) sí está presente en el pensamiento de Tocqueville, y muy vinculado al pueblo. Gobernante y gobernados son un solo cuerpo que comparte los mismos intereses.

En el “Contrato Social”, Rousseau no se olvida de la propiedad, fuente de todos los males en la sociedad, como afirmaba rotundamente al inicio de la segunda parte del “Discurso sobre el origen de la desigualdad entre los  hombres”. La propiedad ya no es criticada de manera tan implacable; la propiedad es aceptada pero sólo en su justa medida, sólo lo necesario. Cuando Rousseau habla del derecho que tiene el primero que haga posesión de las tierras, cae en una clara ingenuidad pues en raras ocasiones los terrenos apropiados son “vírgenes” y además siempre hay afán de tener más propiedades [15]. Aunque claro, se puede permitir el lujo de creer que los hombres no sienten avaricia ya que parte de la premisa de que el hombre es bueno por naturaleza. Rousseau está en contra de los terratenientes y poderosos que poseen grandes propiedades usurpadas a los demás, y además mal  provechadas. Al tratar la propiedad, hay que hacer todo lo posible para que prevalezca la igualdad. ¡Qué bello sería el mundo si las cosas se hicieran siempre con la buena voluntad que tiene Rousseau al afirmar estas cosas!

La Libertad guiando al pueblo, por Eugène Delacroix en 1830

 

La libertad.

A la hora de tratar con detenimiento la idea roussoniana de libertad, he creído conveniente ponerla en relación con su visión del ser humano, pues aparecen siempre unidos. Desde un punto de vista antropológico, podríamos  decir que toda la obra de Rousseau es una búsqueda de la perfecta armonía entre el ser humano y la libertad.

Como estamos viendo, a lo largo de todo el pensamiento de Rousseau se pone de relieve que el hombre es el protagonista. Con la actitud crítica primeramente y después con la reconstrucción, el filósofo de Ginebra deja claro que ama profundamente al hombre, aunque tiene una concepción de éste bastante peculiar a veces. Podríamos decir que la libertad y el ser humano son las substancias y la naturaleza y la sociedad son sus accidentes; el ser humano, siempre que esté ligado a la naturaleza estará más del lado de la inocencia y la bondad que de la maldad, de este planteamiento rebelde viene su crítica a la situación del hombre del siglo XVIII.

La distinción entre el estado de naturaleza y el estado en sociedad no solamente afectan de manera clara al hombre, sino también a su libertad. Dependiendo de si el hombre vive en naturaleza o en sociedad, su libertad se plasma de una manera u otra. En los “Discursos” nos habla Rousseau de la libertad natural, algo que se enlaza bien con su idea del hombre primitivo que vive sin depender de nadie y alejado de todos los males, como por ejemplo de la propiedad. Por el contrario, en el “Contrato Social” nos habla de la libertad civil y la libertad moral, que son opuestas a la libertad natural; ahora bien, Rousseau considera la libertad como un elemento constitutivo del hombre, tanto en estado de naturaleza como en estado en sociedad. En los “Discursos”, frente a la libertad del hombre salvaje se encuentra la esclavitud del hombre civilizado, luego, ya en el “Contrato Social” Rousseau moderará sus afirmaciones y hablará de la libertad civil y la libertad moral como libertades que, por así decirlo, están bien constituidas dentro del marco social.

En el “Contrato Social”, Rousseau distingue entre la libertad natural y la libertad social. La libertad natural se refiere al instinto y el deseo; por el contrario, la libertad social consiste en la libertad civil y en la libertad de todo lo que se posee. Frente a la libertad natural, que es algo más propio de los animales, la libertad moral es racionalidad y autocontrol; la libertad moral es algo indispensable en la sociedad.

Con el proceso que parte desde los Discursos y culmina en el “Contrato Social”, se enrevesa mucho más el concepto de libertad por su relación siempre constante y a la vez problemática con la naturaleza; se puede interpretar que la libertad innata del hombre no es lo mismo que la libertad moral y civil, que no hay una base común entre los diferentes sentidos que tiene la libertad. Al tratar la relación que hay entre libertad y naturaleza hay que andar con mucho cuidado, como se dice coloquialmente, “hay que andar con pies de plomo”.

Pese a que Rousseau señala en el capítulo VIII del “Contrato Social” que la libertad en sentido filosófico no le interesa en ese momento, es un término no sólo imprescindible para conocer para conocer su pensamiento, también tiene una enorme profundidad filosófica.

Estamos viendo que naturaleza, hombre y libertad forman una unidad indisociable. A veces, cuando Rousseau habla del hombre en estado de naturaleza no parece que estemos leyendo a un filósofo de la Ilustración sino a un pensador del Romanticismo del siglo XIX. El sentimiento y el amor tienen mucho peso en las descripciones que Rousseau hace del hombre y de su libertad; atributos de la libertad que no serían compartidos por Spinoza, que empapa el concepto de un carácter racionalista principalmente.

Al tratar el problema del hombre también vemos el desarrollo en el pensamiento de Rousseau; en los “Discursos” se acentúan mucho más rasgos como la piedad, el amor de uno mismo, la inocencia o la virtud, por el contrario, en el“Contrato Social” tienen más peso la voluntad, la alineación, la tolerancia o la autonomía. A través de todos estos conceptos o atributos del hombre vemos cómo se sucede el paso de la naturaleza a la sociedad y cómo afecta a la constitución del hombre. Lo que sí permanece en todas sus obras es la libertad. Aunque la libertad no es la misma en los “Discursos” que en su obra más “política”, siempre será lo opuesto a la esclavitud y la servidumbre. La libertad es un don indisoluble de la esencia humana. Rousseau toma de Spinoza los conceptos de libertad y democracia. En el “Contrato Social”, la libertad no se da sólo en el estado de naturaleza, también es posible en la ciudad; contrariamente a lo anteriormente dicho, la libertad es ahora compatible con la razón. También se observan vínculos en lo que respecta a la democracia, como gobierno de todos y obediencia a uno mismo. A su vez,  Rousseau entronca con la distinción spinozista entre la vida pública y la vida privada, y su estrecha relación con la vida en sociedad.

Libertad y ley están estrechamente unidas, de tal manera que la libertad es la que hace posible que haya una ley que afecte a todos los individuos con su consentimiento. La ley se manifiesta en Rousseau con una cierta confianza a su alrededor; la ley justa es una ley que adquiere gran peso. La supremacía de la ley de  la que nos habla Rousseau no morirá con el pensador de Ginebra, pues tendrá su continuación con el pensamiento de Kant, sobretodo en el campo de la ética y la filosofía de la historia.

Rousseau cree profundamente en el ser humano y en su bondad, así en el “Contrato Social” afirma que <<No hay hombre malo del que no se pudiera hacer un hombre bueno para algo>>[16]. Pese a toda la feroz crítica que se hace en los Discursos, nunca se puede decir que el hombre está metido en un camino sin retorno hacia la perversión. La enfermedad del hombre, por grave que sea, siempre tiene cura. Rousseau confía en que el bien pueda imponerse al mal, incluso en las situaciones más adversas, como en sociedad.

Estas afirmaciones optimistas respecto al ser humano están hoy en día más de actualidad que nunca, cuando el fanatismo y la intolerancia se extienden por el mundo como la esquelética mano de la muerte. El pensador de Ginebra nos recuerda que aunque las situaciones se pongan difíciles, el lado bondadoso y digno del hombre se impone y que para lograrlo sólo tenemos que confiar en nosotros mismos. En el “Contrato Social” nuestro filósofo ya cree que incluso en la sociedad el bien puede imponerse al mal, ahora bien, esto solamente sucede en una sociedad justa.

Las palabras de Rousseau son un voto de confianza en la humanidad y un canto al perdón y la curación de todas las desviaciones del hombre. Todo lo que dice Rousseau sobre el hombre y la libertad es una dulce melodía para nuestros oídos y un rayo de luz entre tanta oscuridad.

El pensamiento político de Rousseau y Spinoza nos permite afirmar que el ilustrado ginebrino y el racionalista holandés pueden ser considerados padres de la democracia liberal. Rousseau tiene el convencimiento de que es posible establecer un sistema político que haga posible la convivencia pacífica de libertad e igualdad. Con el pacto social se busca una situación en la que todos los hombres se unan y se obedezcan a sí mismos, de manera que todos sean iguales y libres a la vez. Los pensamientos de nuestros filósofos sólo tienen cabida dentro de una forma política muy concreta, la democracia. Dicho esto, pasaremos de la construcción hipotética de la sociedad justa y el Estado democrático al análisis empírico; entramos ahora a estudiar a Tocqueville.

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NOTAS: 

[7] ROUSSEAU, J.J, “Escritos de combate”, Madrid, Alfaguara, 1979, p.157.

[8] ROUSSEAU, J.J, op. cit., p.34.

[9] ROUSSEAU, J.J, op. cit., p.177.

[10] ROUSSEAU, J.J, op. cit., p.191.

[11] ROUSSEAU, J.J, op. cit., p.193.

[12] ROUSSEAU, J.J, op. cit., p.198.

[13] ROUSSEAU, J.J, “Contrato Social”, Barcelona, RBA, 2002, libro I, cap.I, p.132.

[14] ROUSSEAU, J.J, op. cit., libro I, cap. IV, p. 141.

[15] Me estoy refiriendo al capitulo IX del libro I.

[16] ROUSSEAU, J.J, op. cit., libro II, cap. V, p.158.

 

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