Documentales Farmacéuticas: Houston, tenemos un problema

Entrevista a Mercedes Garcia Bravo – La Sexta

 

Raymond Schinazi, que se proclama “padre del Sovaldi”, antiguo propietario y fundador del laboratorio Pharmasset, luego adquirido por Gilead, manifiesta en una entrevista: “El precio depende del PIB del país. Creo que los españoles pueden acordar una tarifa más baja que Francia. [Allí el tratamiento de 12 semanas cuesta 41.000 euros, mientras que España, según se ha publicado, pagará unos 25.000 euros]”.

Revisando los precios del Sovaldi en los distintos Estados, se comprueba que efectivamente, estos están en función de su PIB. O lo que es lo mismo, en función de su Renta Nacional (PIB=RN+Importaciones).

Así, la Coordinadora Anti-Privatización de la Sanidad Pública de Madrid ha denunciado cómo Pharmasset, antes de ser adquirida por Gilead, recomendaba un precio de 30.000 euros para el sofosbuvir (componente del sovaldi) en Estados Unidos. Cuando Gilead lanzó al mercado el sovaldi, el precio fijado por tratamiento variaba entre los 69.000 euros para Estados Unidos, 43.500 euros en Francia, 25.000 euros en España o 750 euros en Egipto. Además, como hemos visto, a mediados de enero la Oficina de Patentes de India rechazó la petición de Gilead de patentar el Sofosbuvir en el país.

Nos situamos en la realidad del precio del Sovaldi (y de otros medicamentos, como referiremos): SE TRATA DE UN TRIBUTO; de un Impuesto sobre la Renta (Nacional) que el Poder Financiero Global impone a los Estados; que reconocen, más bien directa que indirectamente, una especie de PODER TRIBUTARIO DE LAS EMPRESAS MULTINACIONALES SOBRE LOS ESTADOS.Y, por supuesto, un “sistema” absolutamente ajeno -y contradictorio- a las disposiciones legales relativas a la determinación de los precios de los Medicamentos.

 

 

Investigación médica: Houston, tenemos un problema

Por Vanessa López– Directora de Salud por Derecho

 
Artículo publicado el 14 de abril de 2015 en
https://www.eldiario.es/desigualdadblog/Investigacion-medica-Houston-problema_6_377672252.html
 
 
 
La forma en la que se organiza la I+D médica es completamente errónea porque no está siendo capaz de generar los medicamentos que la población mundial necesita.
 

Es difícil encontrar a alguien en España que no haya estado al corriente de la dramática situación a la que se enfrentan los pacientes con Hepatitis C. Afortunadamente, después de meses de lucha, han conseguido que el nuevo plan nacional para la Hepatitis C establezca que pueden ser tratados con nuevos fármacos muchas personas que, en contra de las recomendaciones clínicas, no eran elegibles. Ahora 52.000 pacientes se suman a los 5.000 que tenían acceso a los medicamentos. Sin duda es un avance vital para los enfermos, pero el problema de fondo permanece: el precio del medicamento ha bajado hasta los 13.500 euros por persona, pero sigue siendo desorbitado.

Este caso es solo la punta del iceberg de un serio problema que tiene la sociedad. La forma en la que se organiza la I+D médica es completamente errónea porque no está siendo capaz de generar los medicamentos que la población mundial necesita y, cuando lo hace, los precios de los fármacos son tan elevados que los pacientes y los gobiernos no pueden costearlos, o ponen en riesgo la sostenibilidad de los sistemas públicos de salud. Se trata de un problema gravísimo que nos afecta a todos: que no tengamos una vacuna o tratamientos eficaces contra el Ébola y otras enfermedades tropicales porque afectan a países y personas que no podrían pagarlos; que se invierta mucho más en el tratamiento del Sida que en una vacuna porque la cronificación de la enfermedad es más rentable; que la industria no tenga interés en desarrollar nuevos antibióticos; o  que se fomente la I+D de productos en lugar de otras intervenciones de salud, son solo algunas de las consecuencias de un modelo de investigación completamente roto en el que los beneficios empresariales están por encima del derecho a la salud y del interés público.

Estamos ante un modelo de investigación y desarrollo de medicamentos obsoleto, ineficiente e injusto, que funciona a través de monopolios y leyes que lo perpetua con las patentes. Además, hay una total falta de transparencia, tanto en las inversiones en I+D como en los resultados de los ensayos clínicos y priman los intereses comerciales por encima de la salud. Por si fuera poco, una gran parte de la inversión en investigación para desarrollar medicamentos es dinero público.

¿Por qué todo sigue igual si está situación solo beneficia a unos pocos? En parte porque el relato que escuchamos una y otra vez es que “así son las cosas y no pueden funcionar de otra manera”. Pero hay soluciones y alternativas.Tenemos la oportunidad de cambiar las reglas del juego empezando por nuestro país y por Europa. Estamos en ambiente electoral, donde muchos representantes políticos anuncian que  incrementarán el presupuesto en investigación. Sería una fantástica noticia; pero no solo importa que haya más dinero, también cómo se invierte. Podemos empezar introduciendo condiciones a las inversiones públicas en I+D para que los precios de los fármacos sean asequibles y para que se fomente la competencia en lugar de otorgar monopolios. España también podría promover la creación de iniciativas de I+D que funcionen con modelos de colaboración abierta e incentivos para impulsarla y financiarla, modelos alejados de las patentes y la exclusividad de comercialización. Existen ejemplos de iniciativas muy interesantes para enfermedades tropicales que podrían aplicarse a dolencias como el cáncer.

2000 millones de personas en todo el mundo, pero sobre todo en los países empobrecidos, no tienen acceso a medicamentos esenciales. Se desconoce cuántas personas ven denegado su derecho en España, pero el problema del acceso a los medicamentos ha dejado de ser exclusivo de los países más pobres. Requiere de la implicación de todos nosotros para solucionarlo.

Investigación médica: Houston, tenemos un problema es, además del título de esta entrada, el título de un documental que la Fundación Salud por Derecho ha producido con el objetivo de hacer visible este tema y movilizar la voluntad política de quienes tienen la capacidad de solucionarlo. Toda la ciudadanía está invitada gratuitamente al estreno el 21 y 22 de abril en el Círculo de Bellas Artes de Madrid. Entra en #ElDocumentalQueNoQuierenQueVeas. Ven y verás.

El documental que no quieren que veas

Investigación Médica: Houston, tenemos un problema

Artículo publicado en
 
 

Porque en este documental expertos y líderes de opinión de todo el mundo aportan datos tan contundes como escalofriantes sobre el perverso modelo de investigación médica. Porque la verdad incomoda a los que tratan de ocultarla. Porque la información es poder y porquecuantos más sepamos lo que está pasando, más podremos hacer por cambiar la situación.

Por este motivo creemos que es importante que lo veas y saques tus propias conclusiones.

Si crees que es importante que más personas conozcan esta realidad que afecta directamente a nuestra salud, ayúdanos a divulgarla. Puedes hacerlo fácilmente compartiendo este documental en tus redes sociales.

[…]

Investigación médica: Houston tenemos un problema

 
Artículo publicado en
 

Título original: Investigación médica: Houston tenemos un problema

Año: 2015

Duración: 52 min.

País: España

Dirección: Álvaro Toepke

Guion: Álvaro Toepke

Música: Joaquín Calderón

Fotografía: Génesis Lence, Ricardo Merchán

Reparto: Documentary

Productora: Salud por Derecho

Género: Documental | Mediometraje. Medicina. Crisis económica 2008

Web oficial: http://eldocumentalquenoquierenqueveas.com/

Sinopsis: Documental que recoge una serie de entrevistas a expertos y líderes de opinión de todo el mundo relacionados con el sector de la investigación y la sanidad, reflexionando críticamente sobre el obsoleto modelo actual de obtención de fármacos y las consecuencias que tiene para la salud de los ciudadanos tanto en países en vías de desarrollo como en países desarrollados. (FILMAFFINITY)

ACERCA DEL DOCUMENTAL “INVESTIGACIÓN MÉDICA: HOUSTON, TENEMOS UN PROBLEMA”

 

Por Jorge Barrón, miembro de OSALDE, Derecho a la Salud. País Vasco

Artículo pubilcado en 

 

Ante todo, nuestro agradecimiento a Salud por Derecho y a Médicos Sin Fronteras por darnos ocasión de participar en este evento cuyo tema es para OSALDE del máximo interés.

OSALDE, que ha demostrado ser, a lo largo de sus 35 años de existencia, especialmente sensible a las desigualdades de salud, ha sido especialmente crítica con todo el sistema de investigación, producción y venta de fármacos. Un sistema ineficiente y tremendamente injusto. Tal como está articulado actualmente, resulta absolutamente imposible curar y salvar la vida a millones de personas que no pueden acceder a tratamientos eficaces. ¿De qué sirven los grandes descubrimientos farmacológicos si la humanidad no puede beneficiarse de ello? Se precisa un cambio radical de un sistema que solo procura enormes beneficios a las compañías farmacéuticas mientras que crea desigualdades incompatibles con la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

Nuestra organización participa activamente en Cooperación Internacional.

Actualmente mantenemos proyectos activos en África, Malí y Centroamérica El Salvador, Nicaragua. Puesto que vivimos en la era de la información y la comunicación, a nadie se le ocultan las graves carencias en materia de salud de una gran parte de la humanidad marginada del desarrollo. La sociedad civil es consciente de ello y contribuye en la medida de sus posibilidades a financiar las ONGs que tratan de paliar está injusticia social, mostrando así tener mas solidaridad que nuestro gobierno del Estado, que ha reducido la ayudas a un miserable 0,12 % del PIB, cuando el compromiso es alcanzar el 0,7% (La CAPV es la que más aporta, un 0,33%). Para los voluntarios que participan in situ en los proyectos de cooperación en circunstancias frecuentemente difíciles, el contacto con la realidad aporta conciencia de la gravedad del problema en todo su dramatismo.

Enfermedades infecciosas de las ya nadie en el mundo tendría que morir, siguen matando a millones de seres humanos por imposibilidad de acceder a unos medicamentos secuestrados en el mercado para quien pueda pagarlos.

La tuberculosis ha matado a 1,5 millones de personas en 2015, la inmensa mayoría en países subdesarrollados. Cerca de 40 millones de personas viven con el sida en el mundo, pero solo 18 millones tuvieron acceso al tratamiento. La malaria ha matado a 655.000 personas, la mayoría niños de menos de 5 de años en África. Casi un millón de niños mueren de neumonía, otra enfermedad tratable o evitable por vacunas.

Pero en peores condiciones se encuentra la lucha contra las llamadas enfermedades tropicales olvidadas o desatendidas que no afectan al norte y occidente desarrollado. Enfermedades como la malaria, el Chagas, la enfermedad del sueño, o el kala-azar sufren marginación y abandono respecto a I+D. Afectan a millones de personas y carecemos de buenos remedios para todas ellas. Para estas enfermedades la ciencia avanza a un ritmo mucho más lento. Faltan vacunas y hay pocos fármacos, algunos antiguos, poco eficaces y tóxicos. Por humanidad, es prioritario investigar mucho más en este campo.

Como ilustra perfectamente el documental de “Salud por Derecho”, la principal razón de este abandono es que la inmensa mayoría de los proyectos de investigación biomédica están financiados por la industria y su único fin es obtener los máximos beneficios en el menor tiempo posible. La pretendida colaboración publico-privada es imposible con el sistema actual, sus fines y objetivos son radicalmente opuestos. La prueba de ello es que las grandes empresas farmacéuticas frecuentemente son sancionadas por prácticas corruptas que ponen en peligro la salud y la vida de los pacientes.

Marcia Angell, que fue redactora jefe del New England Journal of Medicine dice que “El médico no puede confiar ya e la investigación médica” ….El sistema actual de innovación y desarrollo de fármacos responde más a intereses financieros que a las verdaderas necesidades de salud pública, y deja a millones de personas sin acceso a medicamentos esenciales”

Lejos de mejorar, la investigación está mucho peor que antes de 2008, de forma que antes,los investigadores proponían los proyectos, hacían los diseños, los análisis y las publicaciones. Hoy, en lo que se ha dado en llamar “la deriva institucional” se limitan a “reclutar pacientes a cambio de dinero” para alimentar ensayos clínicos confeccionados por la IF. Los investigadores no pueden cambiar ni una coma del protocolo y no pueden publicar sin permiso. Y esta entrega, esta renunciaa cambio de qué? Hay muchos elementos de seducción: Desde la adulación, los regalos y las ayudas a medicos, pacientes e instituciones hasta el soborno (“expertos”, “líderes de opinión”, “ayudas a la investigación”, “formación continuada”, “reuniones científicas”). En realidad operaciones de marketing corruptelas.

Joan‐Ramón Laporte, y su equipo de Institut Català de Farmacología advierten en sus informes anuales de actualización que “desde hace años dominan los ensayos clínicos promovidos por compañías farmacéuticas, para registrar nuevos medicamentos o indicaciones con abundantes desviaciones a favor de sus intereses, (comparación con placebo, variables subrogadas, poblaciones poco representativas, diseñados, analizados y publicados por las mismas compañías) Los comités de “expertos” que elaboran guías de práctica clínica están fatalmente contaminados por los conflictos de intereses y por una visión tecnológica y deshumanizada de la medicina”

La medicina académica está en venta” dice también Marcia AngellLa formación médica continuada ha sido secuestrada por la Industria Farmacéutica, y la investigación también. Y es que hace años cuando los Centros Médicos Académicos lograban un descubrimiento financiados por el Gobierno, eran de dominio público. Pero ahora se venden las licencias en exclusiva a Empresas que hacen el desarrollo posterior.

Opina que tienen que ser los Estados quienes investiguen y según necesidades de salud pública. Deben ser más beligerantes en las negociaciones con la industria en defensa del derecho a la salud de las personas. Los Estados son poco beligerantes con las grandes empresas promotoras y renuncian a ejercer su poder político a favor de la parte social, lo que queda demostrado por el sistema de “puertas giratorias”.

Afortunadamente, cada vez son más las organizaciones, profesionales y académicos sanitarios que desde el ultimo decenio denuncian esta situación. Es mucho lo que se puede y debe hacer para terminar con esta injusticia social. Profesionales críticos como Ben Goldacre, en “Mala Farma”, o Abel Novoa, Juan Gérvas y Carlos Ponte en No, gracias apuntan algunas bien elegidas propuestas para recomponer la alianza entre medicina e industrias farmaceuticas alrededor de los valores esenciales de la medicina, como no hacer daño, beneficiar a los pacientes y poblaciones, aplicar el conocimiento relevante y seguro, y la distribución equitativa de los bienes clínicos que son comunes” Y se elaboran propuestas para todos los agentes implicados. Practicando la democracia, la movilización política ciudadana, reclamando a los gobiernos los cambios necesarios para terminar con esta situación.

Iniciativas como la que celebramos en este acto, contribuyen a informar, crear opinión y promover acciones de organizaciones sociales y ciudadanía por las que reclamemos por todos los medios posibles a nuestros gobiernos los cambios necesarios para que el Derecho a la Salud sea una realidad para toda la humanidad y en especial para la más necesitada y desfavorecida.

Para ello, el progreso científico debe reorientarse de manera prioritaria hacia el objetivo de resolver los problemas de la humanidad antes que satisfacer los intereses económicos de las grandes empresas farmacéuticas. Como dicen en Nogracias “Investigación basada en las necesidades, no en el marketing”

El cambio que reclamamos es incompatible con un sistema actual de propiedad intelectual yexplotación de patenteque considera igual un producto farmacéutico para curar o salvar la vida que cualquier producto de consumo innecesario.

Porque la salud y la vida son Derechos Fundamentales, no son mercancías.

 

 

 

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