EL PAZO DE MEIRÁS

Cuando Meirás era anarquista

Por JUAN OLIVER

Artículo publicado el 28 de julio de 2018 en

 

La aldea coruñesa que alberga el Pazo robado por Franco fue en los años 30 un ejemplo de la lucha agraria y del empoderamiento de las mujeres campesinas contra la opresión de la Iglesia y la oligarquía.

La localidad coruñesa de Meirás lleva décadas conviviendo con el estigma de ver su nombre indefectiblemente ligado a la etapa más negra de la historia reciente de España. Pero ochenta años antes de que Franco se hiciera con el Pazo y lo convirtiera en su residencia personal de verano y en el símbolo de su poder político y militar, la pequeña aldea del municipio de Sada, a unos quince kilómetros de A Coruña, representaba en Galicia todo lo contrario a la dictadura. Durante la década de los años 30, Meirás fue uno de los símbolos de la lucha agraria y del empoderamiento de las mujeres campesinas contra la explotación de la Iglesia, los oligarcas y los terratenientes.

Las tierras del Pazo de Meirás que los Franco expoliaron estuvieron en el epicentro de aquellas revueltas, que se iniciaron en 1933 cuando los herederos de Emilia Pardo Bazán, la primera propietaria del inmueble, vendieron algunas de las parcelas anexas al pazo que explotaban en arriendo desde hacía generaciones varias familias humildes de la zona.

Meirás era una zona pobre y atrasada, pero lejos de lo que se pueda pensar, aquellas campesinas y campesinos tenían conciencia de clase y estaban organizadas. La mayoría estaban afiliadas a asociaciones y organizaciones ligadas al Sindicato de Profesiones Varias, adscrito a la anarquista Confederación Nacional del Trabajo (CNT).

Las tierras ajenas que trabajaban eran el único sustento de dos de aquellas familias, que explotaban algo menos de una hectárea de aquellas parcelas por las que los nuevos dueños querían cobrarles el doble de renta. Se negaron a pagarles. Y la Guardia Civil intentó desalojarlas. Pero tuvo que enfrentarse a toda la aldea, que acudió en ayuda de los desahuciados.

La trama clientelar y corrupta que le permitió hacerse rico y legar a sus herederos una verdadera fortuna que hoy siguen disfrutando

Lo cuentan Carlos Babío y Manuel Pérez Lorenzo en MeirásUn pazo. Un caudillo. Un espolio, el libro que narra, a través de la mayor investigación historiográfica que se ha realizado hasta ahora sobre el tema, el proceso mediante el que Franco se hizo con el pazo y cómo lo convirtió en el centro de la trama clientelar y corrupta que le permitió hacerse rico y legar a sus herederos una verdadera fortuna que hoy siguen disfrutando. Los primeros capítulos están dedicados a explicar lo que era Meirás antes de que el dictador lo usurpara y etiquetara al pueblo durante decenios con su nombre y apellidos.

Aquella primera revuelta de abril de 1933 terminó con el procesamiento de medio centenar de campesinas y campesinos de Meirás y de otras aldeas de Sada. Incluida una niña de once años. Babío y Pérez Lorenzo destacan el relevante papel de las mujeres en aquella lucha, que prosiguió en los años siguientes y que incluyó actos como la resiembra de las tierras contra las órdenes de la Guardia Civil, burlando la vigilancia de los agentes o enfrentándose directamente con ellos, y la quema de las cosechas de las que se apropiaban los oligarcas con ayuda y mordida del cura de la parroquia. Como ejemplo, el contenido de un pasquín de la época que se conserva en al Archivo del Reino de Galicia y que Babío y Pérez Lorenzo recogen en su libro:

La ayuda que nos prestasteis, labriegos de la comarca, hace temblar hasta los huesos a nuestros explotadores todos. La decisión de nuestras valientes compañeros y sus pequeñuelos al labrar las tierras; la potente entereza de las mujeres de Meirás y Mondego al sembrarlas; la brutal acometida de los negros tricornios lanzándose a la carga sobre nuestras compañeras, todo esto servirá para estrechar más nuestras filas (…)

¡Mujeres trabajadoras, en guardia!. ¡El cura pretende quemar la iglesia para después arrancaros pesetas con que hacerla de nuevo! Nada de quemar iglesias, quemad a los curas ladrones. Colonos del cura de Meirás: ese cerdo con sotana os da el cielo a cambio de lo que os roba. Uníos a nosotros y no paguéis ni un céntimo más a ese ladrón”.

Poco después de la primera revuelta, en diciembre de 1933, se celebró la segunda vuelta de las elecciones generales a las Cortes republicanas, los primeros comicios de la historia de España en la que las mujeres pudieron votar. Ganaron los partidos conservadores, la República se derechizó y la situación en Meirás se agravó aún más. En 1935 el conflicto registró su primera víctima mortal: Francisco Babío Portela, sindicalista, abuelo de Carlos Babío. Lo detuvieron, lo encarcelaron sin juicio, lo torturaron y lo devolvieron moribundo a casa. Falleció pocos días después por las heridas que le infligieron.

Una vez comenzada la guerra, Meirás fue una de las comarcas gallegas que más sufrió la represión franquista. Y cuando Franco y su mujer, Carmen Polo, decidieron que el Pazo de Meirás tenía que ser suyo, los campesinos de la zona fueron incluidos en las listas de donantes obligados en la falsa cuestación popular para regalárselo. Y a quienes tenían fincas o casas en las lindes del pazo, los echaron de sus casas para ampliar la propiedad del dictador.

“Mi abuela fue víctima por partida doble. Primero asesinaron a su hombre, y luego le robaron la casa”, recuerda Carlos Babío. En la primavera de 1938, un grupo de falangistas ligados a la Junta Pro Pazo –la organización creada por las élites franquistas coruñesas para tramar y consumar el robo- la visitaron en su casa y le dieron 48 horas para abandonarla. Sus hijos, herederos del sindicalista asesinado y alistados a la fuerza en el bando golpista, recibieron la orden de volver a casa del frente para firmar, junto a su madre, los documentos por los que cedían la casa. Lo hicieron en la sede coruñesa del Banco Pastor, la entidad presidida por Pedro Barrié de la Maza, amigo de Franco, su testaferro y uno de los principales impulsores de la corrupta Junta Pro Pazo.

Josefa Portela tuvo que abandonar su casa y refugiarse con sus hijos –tenía otros dos, menores de edad- en la de un pariente de su marido. No recibieron nada a cambio hasta cuatro años después, cuando Barrié la convocó de nuevo en su despacho. Había que simular que el robo había sido en realidad una venta, y la obligó a firmar nuevos documentos que simulaban esa transacción. En los papeles dice que le pagaron 50.000 pesetas, pero ella sólo recibió 5.000.

Sus propiedades siguen hoy a nombre de la familia Franco

Como Josefa, varios otros vecinos de Meirás fueron víctimas de robos similares. Sus propiedades siguen hoy a nombre de la familia Franco. O de los nuevos propietarios a quienes éstos se las vendieron, obteniendo plusvalías millonarias mediante varios pelotazos urbanísticos para los que contaron con la ayuda del ex alcalde de Sada, Ramón Rodríguez Ares, del PP.

Ochenta años después, los herederos del dictador siguen siendo propietarios de del Pazo, que se mantiene, con todas sus tierras robadas, como el símbolo de la incapacidad de un país para saldar cuentas con la etapa más negra de su historia reciente. Y que, hasta que no sea devuelto al pueblo, sigue manchando el nombre de una aldea cuyas mujeres fueron un ejemplo de la lucha por la justicia social.

El Pazo de Meirás: la batalla de un pueblo de Galicia por recuperar un palacete y romper con el régimen de Franco

Por Mar Pichel

Artículo publicado el 28 de julio de 2018 en
 
 

 

En el extremo norte de Galicia se levantan las llamadas Torres de Meirás, la parte más reconocible de un palacete que fue residencia de una familia de la nobleza gallega.

La historia del Pazo de Meirás —pazo es la palabra en gallego para palacio o palacete, generalmente situado en el campo—, otrora ligado al nombre de una de las más célebres escritoras españolas, cambió radicalmente en 1938, cuando fue donado al “caudillo” Francisco Franco.

Ya convertido en jefe de Estado, Franco usó el pazo como su residencia estival y desde entonces este lugar quedó ligado al régimen militar que encabezó en España durante casi 40 años.

Cuestionando la legalidad de aquella “donación” del 38, un grupo compuesto por ayuntamientos, organizaciones culturales y políticas e instituciones han emprendido una lucha para que el Pazo de Meirás sea devuelto a la ciudadanía y abrir así una nueva página en la historia de este emblemático lugar.

 

CARLOS BABÍO. Pergamino de entrega del Pazo de Meirás a Francisco Franco.
 
 
De la literatura a Franco
 
Hoy en día, esta residencia señorial, con aspecto medieval aunque fue construida en el siglo XIX, da nombre al señorío de Meirás, un título nobiliario otorgado por el rey Juan Carlos a la viuda de Franco, Carmen Polo, y que hoy recae en su nieto.

Pero mucho antes estuvo ligado a otro linaje. Las Torres de Meirás fueron el hogar de Emilia Pardo Bazán.

Aristócrata, Pardo Bazán se distingue sobre todo por haber estado adelantada a su tiempo. Además de escritora, algo no habitual para el siglo XIX en una mujer, fue catedrática, periodista y defensora de los derechos de las mujeres.

 

CARLOS BABÍO. El Pazo fue residencia de una familia noble gallega antes de pasar a manos de Franco.

En el Pazo de Meirás se inspiró una de sus obras más célebres, “Los Pazos de Ulloa”.

 

Pero sus días de esplendor literario terminaron en 1938. Ese año, en plena Guerra Civil, el general Franco recibió el pazo como una “donación del pueblo gallego”.

Luego de que sus tropas vencieran en una brutal guerra civil (1936-1939), Franco encabezó un gobierno militar en el que se persiguió y asesinó a opositores. Más de 100.000 víctimas de ejecuciones por parte de las fuerzas del régimen permanecen en fosas comunes repartidas por todo el país.

 

GETTY IMAGES. Trabajos de excavación en una fosa común de víctimas del franquismo.

 

Muerto Franco, el 20 de noviembre de 1975, la residencia pasó a manos de sus herederos, que acostumbran a pasar allí unos días de vacaciones durante el verano. El lugar sirvió también como escenario para bodas de miembros de la familia.

 

“Un expolio”

Los que piden la devolución del Pazo basan su argumento en que en ningún caso se trató de una “donación” —como dice la historia oficial— sino de un “expolio” al pueblo gallego.

En España existe una tolerancia absoluta a la apología del franquismo y a que las víctimas sigan siendo constantemente mancilladas”. El “Pazo fue donado por el pueblo gallego a Francisco Franco mediante suscripción pública. Gracias a ese generoso donativo, Galicia ha contado con la presencia veraniega de quien fuera jefe del Estado durante la totalidad de su mandato, honor al que ninguna otra región española tuvo acceso”, sostiene la Fundación Francisco Franco en un comunicado.

El investigador Carlos Babío es autor, junto con el historiador Manuel Pérez Lorenzo, de “Meirás, un pazo, un caudillo e un espolio” (“Meirás, un pazo, un caudillo y un expolio”).

Él ofrece otro relato de la historia.

“Todo empieza en 1938, cuando las autoridades franquistas en la provincia de A Coruña, donde está situado el Pazo de Meirás, “vieron como posibilidad que Franco llegara al poder en el Estado”, le explica Babío a BBC Mundo.

 

HULTON ARCHIVE. El general Franco en 1937.

 

“Inicia así una carrera por ver quién agasajaba un palacio o residencia de verano para alcanzar los favores de ese futuro régimen”.

Para entonces, esas autoridades franquistas ya habían constituido la “Junta Pro Pazo”, una entidad que sería la encargada de gestionar la “donación” del Pazo de Meirás al caudillo.

Para ello se anuncia “una suscripción popular” para sufragar la compra del inmueble a la entonces dueña, la viuda del hijo de la escritora Pardo Bazán.

“Esta suscripción va a fracasar a los pocos meses de puesta en marcha y tendrán que reinventar la forma de financiar la operación, cada cual más abusiva: derivando fondos de las arcas municipales de los ayuntamientos, obligando a los trabajadores a descontar parte de sus salarios o incluso derivando fondos por la recaudación de multas”, dice el investigador.

La compra “será financiada con todo tipo de extorsiones y abusos contra el erario público“, concluye Babío.

 

CARLOS BABÍO. Recibo de una aportación realizada para sufragar la compra del Pazo de Meirás.

 

En la Fundación Franco rechazan absolutamente esta versión.

“No cabe ninguna duda de que ha sido una donación”, le dice a BBC Mundo Gonzalo Fernández de la Mora, presidente ejecutivo de la Fundación.

“Hay una campaña política oscurantista que no tiene base lógica. Hay documentos que muestran que se trató de una donación”, agrega.

La acción contra los Franco

Las protestas y acciones para que el Pazo de Meirás sea expropiado y pase al Patrimonio público empezaron hace años.

 

CENTRAL PRESS. Francisco Franco murió el 20 de noviembre de 1975.

 

“El hartazgo de que los Franco usaran siempre esa propiedad con total impunidad hizo que durante los 42 años que pasaron desde que murió el dictador esto fuera aumentando”, dice Babío.

En 2008 se dio un primer paso. Ese año, el gobierno de la Xunta de Galicia lo declaró Bien de Interés Cultural.

Las implicaciones de esa decisión son mayores que una simple declaración simbólica: los propietarios, los Franco, deben abrir el pazo al público de forma gratuita cuatro días por mes.

Además, cualquier intervención en el inmueble debe contar con la autorización de la entidad reguladora del Patrimonio y los propietarios están obligados a preservarlo.

Sin embargo, el régimen de visitas se incumplió en reiteradas ocasiones, y los Franco fueron objeto de una multa por parte de la Xunta de Galicia el pasado mes de septiembre.

“Ensalzar la figura de un dictador

Desde el pasado verano, las acciones para lograr que el emblemático lugar pase a manos públicas se articulan en la Xunta Pro Devolución do Pazo de Meirás(Junta pro Devolución del Pazo de Meirás), creada en oposición a la Junta constituida para entregar el inmueble a Franco.

En ella se integran ayuntamientos, la Diputación de A Coruña, la Universidad de A Coruña y entidades para la recuperación de la memoria, así como otras organizaciones culturales, políticas y sindicales.

 

CARLOS BABÍO. Detalle de un símbolo franquista en las escaleras del Pazo de Meirás.

 

A la iniciativa no se sumó la Xunta de Galicia.

El gobierno regional sostiene que quieren “analizar las posibilidades de que las Torres de Meirás se incorporen al patrimonio público”, le dijo a BBC Mundo Anxo Lorenzo, secretario general de Cultura, siempre y cuando se cumplan dos condiciones: “que se respente la legalidad vigente y que no implique ningún costo para Galicia”.

Para eso se está constituyendo una comisión de expertos que llevará a cabo ese análisis.

La creación de la Xunta pro Devolución siguió a la decisión de los Franco de otorgar la gestión de las visitas al lugar a la Fundación Francisco Franco, elevando aún más la crispación entre sus críticos.

“Que las visitas al Pazo estén gestionadas por la Fundación Franco es un auténtico abuso a la ciudadanía”, dice Babío.

Pero eso no es todo. Lo que más indignación generó fue la declaración de la Fundación de que veía la gestión de las visitas como una “oportunidad para mostrar al gran público la grandeza de la figura de Francisco Franco”.

“Esa es nuestra función, somos una entidad legal dedicada a elogiar la figura de Franco”, le dijo a BBC mundo el presidente ejecutivo de la Fundación.

Para las organizaciones que promueven la devolución del Pazo, esa acción para “ensalzar la figura de un dictador” es una “burla” y un “insulto a las víctimas” del régimen.

 

AFP. El Valle de los Caídos, donde está enterrado Francisco Franco.

 

“Franquismo sin Franco”

Cada 20 de noviembre, fecha de la muerte de Franco, simpatizantes de su régimen se reúnen en el Valle de los Caídos, a las afueras de Madrid, donde está enterrado.

Acuden para honrar la memoria del “caudillo”, y es común que hagan saludos fascistas y porten banderas franquistas.

Algunos grupos políticos de izquierda y asociaciones para la memoria histórica han pedido considerar la apología y enaltecimiento del franquismo como un delito, pero este no está tipificado en el Código Penal español.

Los símbolos franquistas —al igual que los de la República— son considerados preconstitucionales, no anticonstitucionales.

GETTY IMAGES. Simpatizantes de Franco realizan el saludo fascista en el Valle de los Caídos.

 

“En España existe una tolerancia absoluta a la apología del franquismo y a que las víctimas sigan siendo constantemente mancilladas”, denuncia Babío.

Lo que sí prohíbe la Ley de Memoria Histórica, aprobada en 2007, es mostrar símbolos franquistas en espacios públicos. Esa ley también obliga a retirar el nombre de las autoridades franquistas de las calles.

Sin embargo, el proceso para eliminar esos símbolos y calles ha sido lento y en varios puntos del país aún se pueden ver.

Esto, al igual que las Torres de Meirás, son parte de una especie de “problemas del pasado sin resolver”, según Babío, o lo que se llama “franquismo sin Franco”.

Fechas clave

1936

Empieza la Guerra Civil Española tras la sublevación de Franco contra las autoridades republicanas

1939

Empieza el gobierno militar encabezado por el general Francisco Franco, que se prolongaría durante casi 40 años

  • 1975 El 20 de noviembre muere Franco y se inicia la etapa de transición a la democracia

  • 1977 Se aprueba una Ley de Amnistía para los crímenes cometidos durante el franquismo

  • 2007 Se aprueba la Ley de la Memoria Histórica que prohíbe la exhibición de símbolos franquistas en lugares públicos

 

 

FRANCO EN EL PAZO DE MEIRAS

 

1 de enero de 1966

 

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