LO PEQUEÑO ES HERMOSO (Parte XII: “ El problema del desempleo en la India“), por E. F. Schumacher

INDICE – LO PEQUEÑO ES HERMOSO, de E. F. Schumacher

***

«Podemos pensar en una escala de productividad que se extiende desde cero, v. g. la productividad de una persona totalmente desempleada, hasta el 100 por 100, v. g. la productividad de una persona total y efectivamente ocupada. El problema crucial para cualquier sociedad pobre es como moverse hacia arriba en esta escala. Cuando consideramos la productividad en cualquier sociedad no es suficiente tener en cuenta sólo a aquellos que están empleados o que trabajan por su cuenta y dejar fuera de todo cálculo a aquellos que están desempleados y cuya productividad es por lo tanto igual cero. El desarrollo económico es fundamentalmente una cuestión de conseguir que se realice más trabajo. Para esto, hay cuatro condiciones esenciales. Primero, debe haber motivación. Segundo, debe haber conocimiento técnico. Tercero, debe haber algún capital. Y cuarto, debe haber una salida: la producción adicional requiere mercados adicionales»

E. F. Schumacher 

 

***

 

 

 

LO PEQUEÑO ES HERMOSO*(Parte XII)

Por E. F. Schumacher

 

 

XIV. El problema del desempleo en la India [1]

 

 

Una charla al Grupo de Desarrollo de la India en Londres

Cuando hablo de desempleo quiero decir la no utilización o una amplia subutilización de la mano de obra disponible. Podemos pensar en una escala de productividad que se extiende desde cero, v. g. la productividad de una persona totalmente desempleada, hasta el 100 por 100, v. g. la productividad de una persona total y efectivamente ocupada. El problema crucial para cualquier sociedad pobre es como moverse hacia arriba en esta escala. Cuando consideramos la productividad en cualquier sociedad no es suficiente tener en cuenta sólo a aquellos que están empleados o que trabajan por su cuenta y dejar fuera de todo cálculo a aquellos que están desempleados y cuya productividad es por lo tanto igual cero. El desarrollo económico es fundamentalmente una cuestión de conseguir que se realice más trabajo. Para esto, hay cuatro condiciones esenciales. Primero, debe haber motivación. Segundo, debe haber conocimiento técnico. Tercero, debe haber algún capital. Y cuarto, debe haber una salida: la producción adicional requiere mercados adicionales.

En lo que respecta a la motivación, hay poco que decir desde fuera. Si la gente no desea mejorarse a sí misma, estarán mejor solos. Éste debería ser el primer principio de ayuda. Los de dentro pueden tener un punto de vista diferente y ellos también tienen distintas responsabilidades. Para el que presta ayuda, siempre hay gente suficiente que desea mejorarse a sí misma, pero que no saben cómo hacerlo; ¿quién habrá de enseñarles? Consideremos el tamaño del problema en la India. No estamos hablando acerca de unos cuantos miles o unos cuantos millones, sino más bien acerca de unos cientos de millones de individuos. El tamaño del problema lo pone muy lejos de cualquier pequeña mejora, cualquier pequeña reforma, adelanto o inducción y lo hace un problema de filosofía política básica. Todo el asunto puede ser resumido en el interrogante: ¿para qué es la educación? Pienso que fueron los chinos, antes de la Segunda Guerra Mundial, quienes calcularon que haría falta el trabajo de 30 campesinos para tener un hombre o una mujer en la universidad. Si tal persona en la universidad hace una carrera de cinco años, cuando haya terminado habrá consumido ciento cincuenta años de trabajo de campesino. ¿Cómo puede justificarse esto? ¿Quién tiene el derecho de apropiarse de ciento cincuenta años de trabajo de campesinos para mantener a una persona en la universidad durante cinco años y qué es lo que los campesinos obtienen a cambio? Estas preguntas nos conducen a una encrucijada: ¿Ha de ser la educación un «pasaporte al privilegio» o algo que la gente pueda tomar casi como un voto monástico, una obligación sagrada de servir a la gente? El primer camino lleva al joven educado a un distrito de moda en Bombay, allí donde otro grupo de gente altamente educada ya ha ido y donde puede integrarse en una sociedad de admiración mutua, el «gremio de los privilegiados», para cuidar que sus privilegios no sean erosionados por las grandes masas de sus contemporáneos que no han sido educados. Éste es un camino. El otro camino conduciría a un destino diferente y para seguirlo tendría que estar imbuido de un espíritu diferente. Le llevaría de vuelta a la gente que, después de todo, había pagado por su educación, directa o indirectamente, ciento cincuenta años de trabajo de campesino; habiendo consumido los frutos de su trabajo se sentiría honrado de poder devolverles algo.

El problema no es nuevo. León Tolstoy se refirió a él cuando escribió:«Me siento en la espalda de un hombre, lo sofoco, le hago llevarme y aun así me aseguro a mí mismo y a los demás que lo siento mucho por él y que deseo aliviar su destino por todos los medios posibles, salvo bajándome de su espalda». Por lo tanto, éste es el primer interrogante que sugiero debemos afrontar. ¿Podemos establecer una ideología, o como quiera llamársela, que insista en que los educados han tomado sobre sí mismos una obligación y que no han adquirido simplemente un «pasaporte al privilegio»? Esta ideología está, por supuesto, muy bien apoyada por todas las enseñanzas más elevadas de la humanidad. Como cristiano, se me puede permitir que cite a San Lucas: «A todo aquel a quien se haya dado mucho, mucho se le demandará; más se le pedirá porque más se le confió». Es, bien podría decirse, un elemental asunto de justicia. Si esta ideología no prevalece, si seda por sentado que la educación es un pasaporte al privilegio, el contenido de la educación no será servir a la gente, fundamentalmente, sino servirnos a nosotros mismos, los educados. La minoría privilegiada deseará ser educada de una manera que los mantenga aparte e inevitablemente aprenderán y enseñarán las cosas equivocadas, es decir, cosas que los mantienen aparte, con desprecio por la mano de obra, desprecio por la producción primaria, desprecio por la vida rural, etc., etc. Salvo que virtualmente todas las personas educadas se reconozcan servidores de su país (después de todo, eso significa ser servidores de la gente corriente) no podrá haber de ninguna manera un liderazgo suficiente ni una comunicación del conocimiento técnico suficiente como para resolver el problema del desempleo o empleo improductivo en el medio millón de aldeas de la India. Se trata de 500 millones de personas. Para ayudar a la gente a que se ayuden a sí mismos se necesitan por lo menos 2 personas por cada 100 y esto implica la obligación de conseguir 10 millones que ayuden, es decir, toda la población educada de la India. Se podría decir que esto es imposible, pero si lo es, no es debido a las leyes del universo, sino a un cierto egoísmo innato por parte de la gente que está bien preparada para recibir pero no para dar. De hecho, hay pruebas suficientes de que el problema no es insoluble, pero también de que únicamente puede resolverse a nivel político.

Permítaseme tratar ahora del tercer factor, después de la motivación y del conocimiento técnico, el factor que yo he llamado capital, que está por supuesto relacionado muy estrechamente con el asunto del conocimiento técnico. De acuerdo con mis estimaciones, en la India existe una necesidad inmediata de algo así como 50 millones de nuevos puestos de trabajo. Si estamos de acuerdo en que la gente no puede hacer un trabajo productivo a menos que tenga algo de capital (en la forma de equipo y también de capital circulante) la pregunta que se plantea es: ¿De cuánto capital se puede disponer para establecer un nuevo puesto de trabajo? Si establecer un trabajo cuesta 6 euros se necesitan 300 millones para 50 millones de puestos de trabajos. Si establecer un nuevo trabajo cuesta 60 euros, se necesitan 3.000 millones de euros y si cuesta 3000 euros por puesto de trabajo, que es lo que podría costaren Gran Bretaña y en los Estados Unidos de América, para establecer 50 millones de trabajos se requerirían 150.000 millones de euros.

El ingreso nacional del país que estamos considerando, la India, es de alrededor de 9000 millones de euros al año. Así que el primer interrogante es cuánto podemos gastarnos en cada trabajo y el segundo cuánto tiempo tenemos para hacerlo. Digamos que deseamos 50 millones de puestos de trabajo en diez años. ¿Qué proporción del ingreso nacional (el que yo he calculado en alrededor de 9000millones) puede uno esperar dentro delo razonable que esté disponible para el establecimiento de este fondo de capital para la creación de trabajos? Yo diría que, sin entrar en detalles, debe alegrarnos si es igual a un 5 por 100.Por lo tanto, si se tiene el 5 por 100 de9000 millones durante diez años, se tendrá un total de 4500 millones para el establecimiento de trabajos. Si sede sean 50 millones de trabajos en esos diez años, se podrá hacer frente a un gasto de 90 euros por puesto de trabajo, por término medio. A ese nivel de inversión de capital por puesto de trabajo se podría hacer frente al establecimiento de hasta cinco millones de puestos de trabajo al año. Supongamos, de cualquier manera, que se diga: «No, 90 euros es demasiado mezquino; no alcanzará para comprar más que un juego de herramientas; queremos puestos de trabajo a 900euros»; entonces no se puede llegar a tener cinco millones de nuevos trabajos al año, sino sólo medio millón. Y si se dice: «Sólo lo mejor es bueno, nosotros deseamos que todo sea a la americana y esto significa 3000 euros por lugar de trabajo», entonces no se podrá tener medio millón de nuevos trabajos al año, para no mencionar los cinco millones, sino solamente alrededor de 170.000.Ahora bien, es obvio que he simplificado mucho este asunto, porque en los diez años con inversiones en puestos de trabajo, habrá un incremento en el ingreso nacional, pero también he dejado de lado el incremento de la población y sugeriría que esos dos factores se cancelen el uno al otro en su efecto sobre mi cálculo.

De aquí se desprende que la más grande decisión colectiva que cualquier país en la posición de la India tiene que tomar es la elección de tecnología. Yo no estoy enunciando la ley de lo que debiera ser. Estoy simplemente diciendo que éstos son los hechos desnudos de la vida. Se puede argumentar un montón de cosas en contra, pero no se puede argumentar en contra de la aritmética. Así que se tendrán unos cuantos trabajos en un alto nivel de capitalización o se pueden tener muchos trabajos en un nivel relativamente bajo de capitalización.

Ahora bien, todo esto por supuesto se conecta con los otros factores que ya he mencionado, la educación, la motivación y el conocimiento técnico. En la India hay cerca de 50 millones de alumnos en escuelas primarias, casi 15millones en escuelas secundarias y aproximadamente un millón y medio en centros de enseñanza superior. Mantener una maquinaria educativa de esta magnitud sería por supuesto estéril a menos que al final del camino hubiera una posibilidad de aplicar los conocimientos adquiridos. Si no existe, la maquinaria educativa no es más que un peso mortal. Esta visión a ojo de pájaro del esfuerzo educativo es suficiente para mostrar que realmente se tiene que pensar en términos de cinco millones de nuevos trabajos al año y no en términos de unos pocos cientos de miles de trabajos.

Ford Mustang 1963

Sin embargo, hasta hace muy poco, es decir, hace cincuenta-setenta años, la forma en que hacíamos las cosas era, de acuerdo a los niveles actuales, bastante primitiva. En este contexto, me gustaría referirme al capítulo II de la obra de John Kenneth Galbraith El nuevo Estado industrial[2]. Contiene un informe fascinante sobre la compañía Ford. La Ford Motor Company se estableció el 16 de junio de 1903 con un capital autorizado de 150.000 dólares, de los cuales 100.000 fueron emitidos, pero sólo 28.500 fueron realmente desembolsados. Por lo tanto, la liquidez total de esta empresa era del orden delos 30.000 dólares. Se establecieron en junio de 1903 y el primer automóvil apareció en octubre de 1903, es decir, al cabo de cuatro meses. El empleo en 1903 era por supuesto pequeño, 125 personas, y la inversión de capital por puesto de trabajo era de menos de 120 euros. Esto fue en 1903. Si nos situamos ahora sesenta años después, en 1963, encontramos que la Ford Motor Company decidió producir un nuevo modelo, el Mustang. La preparación de este modelo requirió tres años y medio. Los costes de herramientas para este nuevo modelo fueron de 50 millones de dólares. Mientras tanto, los activos empleados por la compañía fueron de6000 millones de dólares, lo que viene a representar casi 12.000 euros por persona empleada, alrededor de cien veces el coste original de hace sesenta años.

Galbraith saca ciertas conclusiones de todo esto que vale la pena estudiar. Describe lo que pasó durante esos sesenta años. Primero, un enorme incremento del tiempo que separa el comienzo de un proyecto de su terminación. El primer Ford, desde el principio del trabajo hasta su aparición en el mercado, necesitó cuatro meses, mientras que un mero cambio de modelo lleva ahora cuatro años. Segundo, un gran incremento del capital destinado a la producción. La inversión por unidad de producción en la fábrica Ford original fue infinitesimal, el material y las partes estaban allí sólo brevemente, no hacía falta ningún especialista, se usaron sólo máquinas elementales para ensamblar las piezas, y además ayudaba que el chasis del automóvil pudieran levantarlo dos personas. Tercero, en esos sesenta años la inflexibilidad creció en forma notable. Galbraith comenta: «Si Ford y sus asociados (en 1903) hubieran decidido en algún momento cambiar de la gasolina al motor de vapor, el taller podría haberse arreglado para hacer el cambio en unas pocas horas». Si ahora tratan de cambiar inclusive un tornillo, esta operación puede llevar muchos meses. Cuarto, una mano de obra crecientemente especializada, no sólo en la maquinaria sino también en la planificación; la anticipación del futuro en el más exquisito detalle. Quinto, un tipo muy diferente de organización para integrar a todos esos numerosos especialistas, ninguno de los cuales puede hacer nada más que una pequeña tarea dentro del total. «Tan complejo, realmente, ha de ser el trabajo de organizar a los especialistas que habrá especialistas en organización. Más aún que la maquinaria, la organización de negocios masivos y complejos son manifestaciones tangibles de la tecnología moderna». Finalmente, la necesidad de la planificación a largo plazo, que, puedo asegurarles, es un trabajo altamente sofisticado y también altamente frustrante. Galbraith comenta: «En los primeros días de Ford, el futuro estaba muy cerca. Entre el pedido de la maquinaria y materiales para la producción y su aparición como automóvil, pasaban sólo días. Si el futuro está cerca, puede suponerse que será muy parecido al presente», y la planificación y la previsión no es muy difícil.

¿Cuál es la conclusión de todo esto? La conclusión es que cuanto más sofisticada es la tecnología, más grande es en general serán las necesidades. Cuando las cosas simples de la vida, que es de lo que yo estoy tratando ahora, se producen por procesos cada vez más sofisticados, la necesidad de cumplir con esos seis requerimientos hacen aún más problemática la capacidad de cualquier sociedad pobre. En lo que respecta a los productos simples (alimento, vestido, habitación y cultura) el peligro más grande es que la gente automáticamente supusiera que sólo el modelo de 1963 es adecuado y no el de 1903, porque la manera de hacer las cosas en 1963 es inaccesible para los pobres, ya que presupone abundante riqueza. Ahora bien, deseando no faltar al respeto a mis amigos académicos, debiera decir que este punto es casi universalmente ignorado por ellos. Jamás se oye hablar de cuánto se puede gastar para establecer un puesto de trabajo, si se necesitan millones de ellos. Para satisfacer los requerimientos que han surgido en los últimos cincuenta o sesenta años es necesario un salto enorme. Todas las cosas fueron bastante continuas en la historia humana hasta cerca del comienzo de este siglo, pero durante el último medio siglo ha habido un salto cualitativo, el tipo de salto que hubo en la capitalización de la compañía Ford, de 30.000 dólares a 6000 millones de dólares.

En un país en desarrollo es bastante difícil encontrar Henry Fords, a nivel de 1903. Obtener Henry Super Fords, para movernos desde prácticamente nada hasta el nivel de 1963, es virtualmente imposible. Nadie puede comenzar a este nivel. Esto significa que nadie puede hacer nada a este nivel salvo que ya esté establecido, que ya esté operando a ese nivel. Esto es absolutamente crucial para nuestra comprensión del mundo moderno. A este nivel las creaciones son imposibles, sólo pueden producirse extensiones, y esto significa que los pobres son más dependientes de los ricos que nunca antes en la historia humana, si están unidos a ese nivel. Sólo pueden llenarles baches a los ricos, por ejemplo, donde los salarios bajos les posibilitan producir barato alguna mercancía trivial. La gente investiga por todos lados y dice: «Aquí, en este o aquel país pobre, los salarios son tan bajos que podemos producir alguna parte de un reloj o de un carburador en forma mucho más barata que en Gran Bretaña. Así, dejemos que se produzcan en Hong Kong, en Formosa o en donde sea posible». El papel de los pobres es el de llenar los baches de los requerimientos de los ricos. De aquí que en este nivel de tecnología sea imposible obtener empleo pleno o independencia. La elección de la tecnología es la más importante de las elecciones.

Es extraño que alguna gente diga que no hay alternativas técnicas. Leí un artículo escrito por un conocido economista de los Estados Unidos que afirma que hay sólo una manera de producir una determinada mercancía, la manera de 1971. ¿Esas mercancías no fueron producidas nunca antes? Las cosas básicas de la vida se han necesitado y producido desde que Adán dejó el paraíso. El autor continúa diciendo que sólo podemos conseguir la maquinaria más reciente. Ahora bien, éste es un punto diferente y bien podría ser que la única maquinaria que pueda conseguirse fácilmente sea la más reciente. Es verdad que en cualquier época hay un solo tipo de maquinaria que tiende a dominar el mercado y esto crea la impresión de que no tenemos alternativa alguna, como si la cantidad de capital en una sociedad determinara la cantidad de empleo que esa sociedad puede tener. Por supuesto esto es absurdo. El autor que estoy citando también sabe que es absurdo y se corrige a sí mismo y apunta los ejemplos de Japón, Corea, Formosa, etc., donde la gente obtiene un alto nivel de empleo y producción con muy modestos bienes de capital.

La importancia de la elección tecnológica está entrando gradualmente en la conciencia de los economistas y planificadores del desarrollo. Hay cuatro etapas. La primera etapa ha sido la de la risa y el rechazo burlón de cualquiera que hablase acerca de esto. La segunda etapa se ha alcanzado ahora y la gente habla de ella, pero no hay ninguna acción y la tendencia continúa. La tercera etapa sería la del trabajo activo y la movilización del conocimiento de esta elección tecnológica; y la cuarta etapa será la aplicación práctica. Es un largo camino, pero yo no deseo ocultar el hecho de que existen posibilidades políticas de llegar directamente a la cuarta etapa. Si hay una ideología política que vea el desarrollo como algo que tiene que ver con la gente, uno puede inmediatamente emplear la inventiva de cientos de millones de individuos e ir directamente a la cuarta etapa.

«La importancia de la elección tecnológica está entrando gradualmente en la conciencia de los economistas y planificadores del desarrollo. Hay cuatro etapas. La primera etapa ha sido la de la risa y el rechazo burlón de cualquiera que hablase acerca de esto. La segunda etapa se ha alcanzado ahora y la gente habla de ella, pero no hay ninguna acción y la tendencia continúa. La tercera etapa sería la del trabajo activo y la movilización del conocimiento de esta elección tecnológica; y la cuarta etapa será la aplicación práctica. Es un largo camino, pero yo no deseo ocultar el hecho de que existen posibilidades políticas de llegar directamente a la cuarta etapa. Si hay una ideología política que vea el desarrollo como algo que tiene que ver con la gente, uno puede inmediatamente emplear la inventiva de cientos de millones de individuos e ir directamente a la cuarta etapa»

Sin embargo, no me incumbe a mí hablar de política. Si es ahora cuando se ha comenzado a comprender que esta elección tecnológica es de absoluta importancia, ¿cómo podemos pasar de la etapa dos a la etapa tres, es decir, de hablar de ella a hacer el trabajo? Que yo sepa este trabajo está siendo hecho en forma sistemática sólo por una organización, el Grupo para el Desarrollo de la Tecnología Intermedia (GDTI). No niego que algo de trabajo se está haciendo también sobre una base comercial, pero no sistemáticamente. El GDTI se fija a  sí mismo la tarea de encontrar cuáles son esas alternativas tecnológicas. Voy a citar sólo un ejemplo de las muchas actividades de este grupo enteramente privado. Tomemos el trabajo de fundición y la carpintería, que utilizan las dos materias primas básicas de la industria, el metal y la madera. Ahora bien, ¿cuáles son las alternativas tecnológicas que pueden ser empleadas, ordenadas sobre la base dela intensidad de capital, desde la más primitiva, cuando la gente trabaja con las herramientas más simples, hasta la más complicada? Esto se muestra en lo que nosotros llamamos un ensayo industrial, y esos ensayos industriales están apoyados por manuales de instrucción en cada nivel de tecnología y por una guía de herramientas y equipos con las direcciones donde pueden ser obtenidos.

La única crítica que puede formularse en contra de esta actividad es que es demasiado poco y demasiado tarde. No es suficiente que en este asunto crucial exista sólo un pequeño grupo privado de entusiastas trabajando. En el mundo debiera haber docenas de organizaciones sólidas y bien equipadas trabajando. La tarea es tan grande que aun cierta superposición no importaría. De cualquier manera, se debe esperar que este trabajo sea asumido en una escala sustancial en la India y estoy encantado de ver que se han dado ya algunos pasos.

Trataré ahora del cuarto factor, el de los mercados. Aquí, por supuesto, nos enfrentamos con un problema real, porque la pobreza significa que los mercados son pequeños y hay muy poco poder de compra. Todo el poder de compra existente es, valga la figura, de encargo, y si comienzo una nueva producción de, digamos, sandalias o zapatos en un área pobre, mis sufrientes colegas del área no tendrán dinero para comprar los zapatos cuando los haya terminado. A veces es más fácil comenzar la producción que encontrar mercados, y entonces, por supuesto, se nos da el consejo de producir para exportar, porque las exportaciones son principalmente a los países ricos y su poder de compra es abundante. Pero si yo comienzo desde cero en un área rural, ¿cómo puedo abrigar esperanzas de ser competitivo en el mercado mundial?

Hay dos razones que explican esta extraordinaria preocupación por las exportaciones, a mi entender. Una real, la otra no tanto. Hablaré primero acerca de la segunda. Se trata realmente de una triste herencia del pensamiento económico de los días del colonialismo. Por supuesto, el poder metropolitano se extendió a otros territorios no porque estuviera particularmente interesado en la población local, sino para conseguir recursos necesarios para su propia industria. Se fue a Tanzania por el sisal, a Zambia por el cobre, etc., y a otros lugares por el comercio. El pensamiento general fue modelado por estos intereses.

El «desarrollo» significó el desarrollo de las materias primas, de los recursos alimenticios o de los beneficios comerciales. El poder colonial estuvo principalmente interesado en recursos y beneficios, no en el desarrollo de los nativos, y esto significó que estaba interesado principalmente en las exportaciones dela colonia y no en su mercado interno. Esta perspectiva se arraigó de tal manera que aun el informe Pearson considera que el principal criterio para el éxito en los países en desarrollo es la expansión de las exportaciones. Pero, por supuesto, la gente no vive exportando y lo que la gente produce para ellos mismos y para sus vecinos es de una importancia infinitamente más grande que lo que ellos pueden producir para los extraños.

El otro punto, sin embargo, es más real. Si produzco para exportar a un país rico puedo dar por sentado que existe un poder de compra, porque mi propia pequeña producción no es nada comparada con la que ya existe. Pero si comienzo una nueva producción en un país pobre no puede haber ningún mercado local para mis productos, salvo que desvíe el flujo de poder de compra de algún otro producto al mío. Deberían comenzarse, al tiempo, una docena de producciones distintas, y entonces para cada uno de los doce productores los otros once serían su mercado. Habría un poder de compra adicional para absorber la producción adicional. Pero es extremadamente difícil comenzar muchas actividades distintas al mismo tiempo. Por lo tanto, el consejo convencional es: «Sólo la producción para exportar es apropiada». Tal producción no sólo está extremadamente limitada en perspectivas, sino que sus efectos sobre el empleo son también extremadamente limitados. Para competir en mercados mundiales es normalmente necesario emplear la tecnología intensiva en capital y de ahorro de mano de obra de los países ricos. De cualquier manera, no hay ningún efecto multiplicador; mis productos se venden en el mercado exterior y los beneficios del comercio exterior se gastan en importaciones (o pago de deudas) y ése es el fin del proceso.

La necesidad de comenzar en forma simultánea muchas actividades productivas complementarias presenta una seria dificultad al desarrollo, dificultad que puede ser mitigada por medio de un «bombeo» a través de las obras públicas. Muy a menudo se han exaltado las virtudes de los programas masivos de obras públicas en cuanto a la creación de empleo. El único comentario que me gustaría hacer en este contexto es el siguiente: Si se puede generar un nuevo poder de compra en una comunidad rural por medio de un programa de obras públicas financiado desde fuera, preocúpese de que se haga el mejor uso posible del «efecto multiplicador». La gente empleada en las obras públicas desea gastar sus salarios en bienes de consumo. Si estos bienes se pueden producir localmente, el nuevo poder de compra que se ha obtenido a través del programa de obras públicas no se diluye, sino que continúa circulando en el mercado local, y su efecto en el empleo total podría ser prodigioso. Las obras públicas son muy deseables y pueden hacer mucho bien, pero si no están apoyadas por la producción nativa de bienes de consumo tradicionales, el poder de compra adicional fluirá hacia las importaciones, y el país puede llegar a experimentar serias dificultades en su comercio exterior. Aun así, es engañoso deducir de este axioma que las exportaciones son de especial importancia para el desarrollo. Después de todo, para la humanidad en su conjunto no existen las exportaciones. Nosotros no comenzamos el desarrollo por medio de un comercio exterior con Marte o con la Luna. La humanidad es una sociedad cerrada. La India es bastante grande como para constituir una sociedad relativamente cerrada en ese sentido, una sociedad en la cual la gente trabaja y produce lo que necesita.

Todo suena muy difícil y en cierto sentido es muy difícil si se hace para la gente, en lugar de por la gente. Sin embargo, no pensemos que el desarrollo o el empleo no es lo más natural en el mundo. Ocurre en la vida de toda persona sana. Llega un momento en que simplemente se pone a trabajar. En cierto sentido esto es mucho más fácil de hacer ahora de lo que jamás ha sido en la historia de la humanidad. ¿Por qué? Porque hay más conocimientos. Las comunicaciones son ahora muy buenas. Se puede abrir el grifo de todo este conocimiento (para esto existe el Grupo de Desarrollo de la India). Por lo tanto, no nos dejemos hipnotizar por las dificultades y recobremos el punto de vista del sentido común que nos dice que el trabajo es la cosa más natural del mundo. Lo único que uno debe evitar es no bloquearse por ser demasiado inteligente. Siempre estamos teniendo toda clase de brillantes ideas acerca de la optimización de cosas que todavía no existen. Pienso que el tonto que dice «algo es mejor que nada» es mucho más inteligente que el listo que no acepta ninguna cosa a menos que sea óptima. ¿Qué es lo que nos detiene? Las teorías, la planificación. Me he encontrado con planificadores en la Comisión de Planificación que se han convencido a sí mismos de que ni en quince años es posible poner a trabajar la bien dispuesta mano de obra de la India. Si dicen que no es posible en quince meses, yo lo acepto, porque lleva tiempo ponerse en movimiento. Pero tirar la esponja y decir que no es posible hacer la cosa más elemental en un plazo de quince años es sólo una suerte de degeneración del intelecto. ¿Cuál es el argumento que hay detrás de ello? ¡Oh! El argumento es muy hábil, una obra maestra de la construcción de modelos. Han comprobado que para poner a trabajar a un hombre se necesita, como término medio, tanto de electricidad, tanto de cemento y tanto de acero. Esto es absurdo. Me gustaría recordarles que cien años atrás la electricidad, el cemento y el acero todavía no existían en cantidad significativa. (Me gustaría recordarles que el Taj Mahal fue construido sin electricidad, ni cemento, ni acero, lo mismo que todas las catedrales de Europa. Es una obsesión de la mente que a menos que se tenga lo más moderno no se puede hacer absolutamente nada, y esto es lo que hay que vencer). Pueden decirme que esto no es un problema económico, sino básicamente un problema político. Es básicamente un problema de compasión por la gente común del mundo. Es básicamente un problema, no de reclutamiento de la gente común, sino de reclutamiento voluntario de los educados.

Otro ejemplo: los teóricos y los planificadores nos han dicho que el número de gente que se puede poner a trabajar depende de la cantidad de capital que se tenga, como si fuera imposible el poner gente a trabajar para producir bienes de capital. Se nos ha dicho que no existe una elección de tecnología, como si la producción hubiera comenzado en el año 1971. Se nos ha dicho que no puede ser económico el usar aquellos métodos que no sean los más nuevos, como si pudiera haber algo más antieconómico que tener a la gente ociosa, sin hacer nada. Se nos dice que es necesario «eliminar el factor humano».

La más grande privación que alguien puede sufrir es no tener ninguna oportunidad de mantenerse a sí mismo y ganarse su sustento. No hay ningún conflicto entre crecimiento y empleo. Ni existe tampoco conflicto entre el presente y el futuro. Se tendrá que construir un ejemplo muy absurdo para demostrar que dando trabajo a la gente se está creando un conflicto entre el presente y el futuro. Ningún país desarrollado ha sido capaz de desarrollarse sin poner gente a trabajar. Por un lado, es cierto decir que estas cosas son difíciles; por otro lado, no perdamos nunca de vista el hecho de que estamos hablando acerca de las necesidades más elementales del hombre, y que todas esas consideraciones difíciles y pedantes no deben impedirnos hacer las cosas más elementales y directas.

A riesgo de ser mal interpretado, voy a darles ahora el ejemplo más simple de todos los que existen sobre confianza en las propias fuerzas. El Buen Señor no ha desheredado a ninguno de sus hijos, y en lo que respecta a la India le ha dado una variedad de árboles que no tiene igual en ninguna parte del mundo. Hay árboles para casi todas las necesidades del hombre. Uno de los más grandes maestros de la India fue Buda, que incluyó entre sus enseñanzas una que establece que todo buen budista debe plantar y ocuparse de cuidar un árbol por lo menos cada cinco años. Durante el tiempo en que esta enseñanza se observó, todo el inmenso territorio de la India estuvo cubierto de árboles, libre de polvo, con abundancia de agua y de sombra, con abundancia de comida y materias primas. Imaginemos que pudiera establecerse una ideología que hiciera obligatorio para cada persona de bien en la India, hombre, mujer y niño, hacer una cosa tan pequeña: plantar y cuidar un árbol al año, durante cinco años. Esto, en un periodo de cinco años, les daría 2000 millones de árboles crecidos. Cualquiera puede calcular en el dorso de un sobre que el valor económico de tal empresa, conducida inteligentemente, sería más grande que cualquier otra cosa que jamás se haya prometido en cualquiera de los planes quinquenales de la India. Podría hacerse sin un céntimo de ayuda foránea, y no existe ningún problema de ahorro ni inversiones. Produciría materias alimenticias, fibras, material de construcción, sombra, agua, casi todo lo que el hombre realmente necesita. Sólo dejo esto como una reflexión, no como la respuesta final a los enormes problemas de la India. Pero pregunto: ¿qué suerte de educación es esta que nos impide pensar en cosas que están listas para hacer de inmediato? ¿Qué es lo que nos hace pensar que necesitamos electricidad, cemento y acero antes de que podamos hacer absolutamente nada? Las cosas que realmente sirven para algo no han de hacerse desde el centro, no pueden ser hechas por grandes organizaciones, sino por la gente misma. Si podemos recobrar el sentido de que para la persona nacida en este mundo es la cosa más natural usar sus manos de una manera productiva, y que no está por encima del ingenio del hombre el hacer esto posible, pienso que el problema del desempleo ha de desaparecer y muy pronto nos estaremos preguntando cómo podemos conseguir la mano de obra que necesitamos.

 


NOTAS

(*) Título original: Small is Beautiful Ernst Friedrich Schumacher, 1973 Traducción: Óscar Margenet, 1978

[1] Una charla dada al Grupo de Desarrollo de la India, 1971

[2] The New Industrial Estate, por John Kenneth Galbraith (Penguin Books Ltd., en asociación con Hamish Hamilton Ltd., Londres, 1967).

 

 

Be the first to comment

Deja tu opinión

Tu dirección de correo no será publicada.


*