“La doctora de Brest” (un caso real)

La doctora de Brest (2016)

Dirigida por  Emmanuelle Bercot

 

En un hospital de la ciudad francesa de Brest, una doctora descubre una relación directa entre una concatenación de muertes sin clara explicación y un medicamento aprobado por el Estado. Es entonces cuando la neumóloga Irène Frachon desencadenará una ardua batalla en contra de la industria sanitaria y farmacéutica de su país. Protagonizada por la actriz danesa Sidse Babett Knudsen, conocida por dar vida a la primera ministra del país nórdico en la ficción ‘Borgen’, ‘La doctora de Brest’ está basada en los hechos reales que acontecieron en 2010 tras la comercialización del Mediator, un controvertido medicamento que provocó la muerte en más de 500 personas y supuso una de las mayores tramas fraudulentas de la farmacología europea. La película toma como referencia el libro autobiográfico ‘MEDIATOR 150 mg: Combien de morts?’ escrito por la neumóloga Frachon.

***

Título original
La fille de Brest
Año
2016
Duración
128 min.
País
Francia Francia
Dirección
Emmanuelle Bercot
Guion
Emmanuelle Bercot, Séverine Bosschem, Romain Compingt, Irène Frachon
Música
Martin Wheeler
Fotografía
Guillaume Schiffman
Reparto
Sidse Babett Knudsen, Benoît Magimel, Charlotte Laemmel, Isabelle De Hertogh,Lara Neumann, Philippe Uchan, Patrick Ligardes, Olivier Pasquier, Gustave Kervern,Myriam Azencot, Pablo Pauly, Eddie Chignara, Raphael Ferret, Christophe Meynet,Gilles Treton, Garance Mazureck
Productora
Haut et Court / France 2 Cinéma / Cofinova 12 / Soficinema 12 / SofiTVCine 3 / Palatine Etoile 13 / Cinemage 10 / Canal + / Cine + / France Televisions
Género
Drama | Basado en hechos reales. Medicina
Premios
2016: Premios César: Nominada Mejor actriz (Sidse Babett Knudsen) y guión adaptado
2016: Festival de San Sebastián: Sección oficial a competición
 
♦♦♦♦♦♦♦

La mujer que destapó el mayor escándalo sanitario de Francia

‘La doctora de Brest’ se basa en el caso real de la neumóloga Irène Frachon, que logró la retirada de un medicamento responsable de al menos 500 muertes

 

Sidse Babett Knudsen encarna a la doctora Irène Frachon (Caramel Films)
 

¿Se puede luchar contra la gran maquinaria que mueve el poder y salir victorioso? La historia ha demostrado que algunas veces David ha podido tumbar a Goliat a base de perseverancia, valor y un combate constante que exige muchas dosis de sufrimiento por el camino. Uno de estos ejemplos lo tenemos en La doctora de Brest, el caso real de Irène Frachon, una neumóloga francesa que en 2010 destapó el mayor escándalo sanitario de Francia. La película, dirigida por la actriz y realizadora Emmanuelle Bercot, fue la encargada de inaugurar el pasado festival de cine de San Sebastián.

El relato arranca en abril de 2009, cuando Frachon tuvo sospechas de la toxicidad del Mediator, un antidiabético subvencionado por la Seguridad Social que llevaba treinta años en el mercado. Con la ayuda de un equipo de investigadores pudo relacionar el medicamento con graves cardiopatías. La película describe el momento en que la doctora decide denunciar los hechos y enfrentarse al gigante farmacéutico Servier ante la Agencia de seguridad sanitaria de productos para la salud. A lo largo de casi dos horas, el espectador asiste incrédulo al amargo proceso de menosprecio y amenazas por las que tuvo que pasar la protagonista para que su voz fuese escuchada en las altas esferas de los organismos públicos.

Su lucha se puede considerar agónica, ya que se encaró a un tótem prácticamente intocable que echaba por tierra cualquier dato negativo sobre el medicamento en cuestión, indicado para reducir el apetito en diabéticos con sobrepeso. Sin embargo, el Mediator acabó siendo recetado de forma masiva para gente con kilos de más. El resultado: al menos 500 muertos en el país galo.

Emmanuelle Bercot llevaba tiempo interesada en llevar al cine la crónica detallada por Frachon en ‘Mediator 150 mg: Combien de morts?’, un libro que también fue víctima de la censura por su explícito subtítulo. Cuando logró el beneplácito de la mismísima doctora, solo le faltaba encontrar a la actriz protagonista. Fue Catherine Deneuve quien le sugirió el nombre de Sidse Babett Knudsen, la popular primera ministra danesa de la exitosa serie Borgen. La intérprete de Copenhague habla francés a la perfección y al igual que demostró su talento con su personaje de Birgitte Nyborg, en La doctora de Brest deja su impronta con un papel al que dota de una incuestionable dignidad humana.

Y es que es sobre Knudsen donde recae todo el peso de la película. Su rostro es capaz de transmitir desde la angustia inicial, pasando por diferentes estados de euforia hasta el desánimo y la indignación a la que la someten para que abandone su causa. La actriz, que se llevó el César el año pasado por El Juez, viste a su Irène de una personalidad arrolladora que se deja la piel por sacar a la luz toda la verdad y proteger a sus pacientes. Su magnética mirada azul, una sonrisa sincera y la naturalidad con la que encarna a esta heroína de bata blanca son sus armas para elevar la calidad de un proyecto dirigido sin artificios que va directo al grano desde el inicio de la narración.

El filme está dedicado al padre de Bercot, un cirujano comprometido con la causa que destapó esta doctora que trabaja en el hospital universitario de Brest. El relato de Bercot sitúa a Frachon como la flecha que desencadenó el malestar en el sector farmacéutico, pero la cámara jamás abandona a las personas que la apoyaron en su decisión de denunciar públicamente unos hechos atroces. Así, vemos a un marido que pese a estar en un segundo plano, la anima hasta el final; unos colegas del trabajo que colaboran en la investigación y sobre todo el apoyo especial de un amigo, el doctor Antoine Bihan (Benoît Magimel), que llega incluso a arriesgar su carrera aunque no esté siempre de acuerdo con la manera impulsiva de actuar de la protagonista.

“No hay lucha sin miedo”, dice Antoine a Irène cuando ésta le confiesa que está atemorizada ante lo que se le viene encima. Y ese miedo está presente, como también lo está la rabia y el dolor por el crimen masivo que desfilaba delante de sus ojos. Esta mujer coraje logró quitar la venda que tapaba los ojos de muchas personas sin escrúpulos y llegó a sentar en el banquillo al mismísimo presidente del laboratorio Servier en 2012. El Gobierno le dio finalmente la razón y se prohibió la venta de ese veneno llamado Mediator.

La doctora de Brest es puro cine de denuncia que pone en evidencia los intereses de algunas instituciones por llenar sus bolsillos a costa del sufrimiento de los demás y recalca que todos podemos hacer algo a la hora de hacer frente al poder. A día de hoy, el proceso legal todavía está atascado, ningún responsable de la farmacéutica ha sido condenado y todavía quedan 9.000 expedientes de indemnización abiertos.

 

 
 
 
 
 
 

Be the first to comment

Deja tu opinión

Tu dirección de correo no será publicada.


*