MEMES, MEMÉTICA E HISTORIA

¿Qué son los memes?

Introducción general a la teoría de memes

Por Jordi Cortés Morató

 

Artículo publicado en

 

“Un carro con ruedas radiadas no sólo lleva grano u otras mercancías de un lugar a otro; lleva la brillante idea de un carro con ruedas radiadas de una mente a otra”.[1] Quienes vieron por primera vez este nuevo invento lo asimilaron por imitación y lo difundieron: la idea “rueda radiada” se transmitió por imitación aunque los carreteros pensaban que lo importante de su carga era el grano. La transmisión cultural, los procesos de formación y circulación de ideas que se imponen más o menos rápidamente en una época o en una sociedad determinada, siguen unos caminos que no son reductibles solamente a los que describen las teorías clásicas de la información o de la comunicación —que estudian los canales, los sistemas de codificación, los medios de comunicación, etc.—, y que no se reducen tampoco a los mecanismos de difusión o transmisión cultural estudiados por los antropólogos o los sociólogos,[2] sino que supone además un proceso de asimilación mental y afectivo que se efectúa en interacción con el medio cultural, y que manifiesta los rasgos propios de un proceso evolutivo. Desde esta perspectiva, la transmisión cultural empieza a ser estudiada por la biología y, especialmente, por la etología,[3] que no tienen reparo en hablar, en sentido fuerte, de evolución cultural más que de mera transmisión cultural. Este estudio se efectúa en el seno de una concepción amplia de la cultura entendida de manera informacional: una cultura es información transmitida entre miembros de una misma especie, por aprendizaje social mediante la imitación, por la enseñanza o por asimilación.[4]

También desde el ámbito de la semiología se empieza a señalar que la transmisión cultural se sustenta en procesos que impregnan el conjunto del tejido social y que van más allá de las consabidas presiones de los medios de comunicación. Así, recientemente, Umberto Eco[5] señalaba que “desde hace varios decenios circula la teoría según la cual los medios de comunicación no siempre crean opinión, sino que refuerzan la que ya circula. […] Tomemos el ejemplo de la muerte de Lady Diana. […] Lo que sucedió con su muerte no fue un efecto determinado por los medios de comunicación, […] los medios de comunicación lo reforzaron, pero dicho efecto surgió de forma independiente. […] Los medios de comunicación interactúan con otros flujos de ideas y sentimientos que atraviesan el cuerpo social”.

La cuestión es, ¿cómo se desarrollan y transmiten estos flujos de ideas?, ¿por qué razón se adueñan rápidamente de amplias capas de la población, incluso a miles de kilómetros de distancia, de manera relativamente independiente de los medios de comunicación, como señala Eco? La cultura se transmite entre individuos de una misma especie (en este sentido cabe hablar también de cultura animal, como lo prueban, por ejemplo, los estudios sobre el aprendizaje y transmisión de los cantos de muchas aves) y en este proceso de transmisión —en el que, obviamente, tiene un papel destacado los media— se produce un proceso evolutivo. Desde hace tiempo varios autores han señalado las similitudes entre la evolución cultural y la evolución biológica. Popper, por ejemplo, señalaba las semejanzas entre el proceso del progreso científico y la selección natural, y mucho antes Leslie White también hizo consideraciones parecidas para el conjunto de la cultura. Pero desde Richard Dawkins[6] se ha dado un paso más, ya que este autor considera la evolución cultural análoga a la evolución biológica y, en general, análoga a todo proceso evolutivo. Según Dawkins para que se dé un proceso evolutivo se requiere:

  1. abundancia de elementos diferentes, 

  2. herencia o replicación, y

  3. idoneidad diferencial o número de copias en función de su interacción con el medio.

A su vez, la herencia o replicación precisa longevidad, fecundidad y fidelidad de las copias de los elementos o unidades que se replican. Ninguno de estos elementos hace referencia específica a entidades biológicas, por lo que, en general, describen las bases de cualquier proceso evolutivo, biológico o no. Pues bien, de la misma manera que la vida evoluciona por la supervivencia diferencial de los genes, —entidades reproductoras de los organismos vivos, sometidos a selección natural—, la cultura evoluciona mediante la supervivencia diferencial de replicadores culturales, a los que Dawkins llama “memes”, o unidades mínimas de información y replicación cultural, y que se someten también a un proceso de selección.

El neologismo “memes” fue creado por Dawkins por su semejanza fonética al termino “genes” (introducido en 1909 por Wilhelm Johannsen para designar las unidades mínimas de transmisión de herencia biológica) y, por otra parte, para señalar la similitud de su raíz con memoria y mímesis. Según Dawkins, nuestra naturaleza biológica se constituye a partir de la información genética articulada en genes, y nuestra cultura se constituye por la información acumulada en nuestra memoria y captada generalmente por imitación (mímesis), por enseñanza o por asimilación, que se articula en memes. Otros autores han señalado una idea semejante y han propuesto otros términos para designar estas unidades mínimas de información cultural. Así, por ejemplo, E.O. Wilson y C.J. Lumsden han propuesto el término culturgen, y aunque en las obras de dichos autores hay un más amplio tratamiento cuantitativo de la transmisión de los culturgenes, se ha acabado imponiendo la terminología de Dawkins, aunque no todos los defensores de la teoría “memética” compartan todas las tesis de dicho autor.

Desde la perspectiva de la teoría de los memes podemos decir que poseemos dos tipos distintos de procesadores de información: a) el genoma o sistema de genes situados en los cromosomas de las células de cada individuo, que determina el genotipo, y b) el cerebro y el sistema nervioso, que permite el procesamiento de la información cultural. La información genética de nuestro genoma se puede dividir en unidades mínimas de información que son los factores hereditarios o genes, que se transmiten sexualmente de una generación a otra mediante su replicación. La información cultural se transmite de cerebro a cerebro (por enseñanza, imitación o asimilación) y puede dividirse en unidades simples (tales como una idea, un concepto, una técnica, una habilidad, una costumbre, una manera de fabricar un utensilio, etc.), que, no sin cierta ambigüedad, Dawkins llama memes.

La tesis “fuerte” de Dawkins es que los rasgos culturales también se replican. Si los rasgos genéticos se transmiten por replicación de los genes, los rasgos culturales se transmiten por replicación de los memes o unidades de información cultural. Por analogía con la agrupación de los genes en cromosomas, se considera también que los memes se agrupan en dimensiones culturales, que pueden aumentar con nuevas adquisiciones culturales. La gran diferencia es que, mientras los cromosomas son unidades naturales e independientes de nuestras acciones, las dimensiones culturales son construcciones nuestras. Así, la cultura no es tanto un conjunto de formas de conducta, sino más bien información que especifica dichas forma de conducta.

Para el conjunto de los memes se dan las características propias de todo proceso evolutivo: fecundidad (algunas ideas son especialmente efectivas, como la idea de Dios, por ejemplo), longevidad (muchas de ellas persisten durante mucho tiempo: la monogamia, o la fe, por ejemplo) y fidelidad en la replicación (carácter conservador de las tradiciones y de muchas creencias y supuestos, especialmente las transmitidas verticalmente: de padres a hijos o de maestros a alumnos). A su vez, se dan en un amplio campo de variación, se replican a sí mismas por mecanismos de imitación y transmisión de cerebro a cerebro y engendran un amplio abanico de copias que subsisten en diversos medios. Con ello tenemos el marco general de un proceso evolutivo que Dawkins compara con la evolución biológica, e incluso llega a aceptar que los memes deben ser considerados como estructuras vivientes no sólo metafóricamente, sino técnicamente. Los memes alternativos, que pueden servir para efectuar la misma función, son llamados alelomemes o memes homólogos. A su vez, los memes pueden agruparse formando macromemes, que constituyen un sistema de muchos memes estructurados e interrelacionados que forman un objeto cultural complejo, tal como una lengua, una teoría, una mitología, etc. En general, la mayor parte de las construcciones teóricas que sustentan la teoría de la evolución de las especies (como las nociones del pool de genes, de deriva genética, etc., son aplicadas por los defensores de las tesis de Dawkins a la teoría de los memes).

De la misma manera que los genes se replican a sí mismos sin proseguir ninguna finalidad más que la de autorreplicarse (y, evidentemente, no son conscientes de dicho proceso), los memes (como otros replicadores: el ARN, ciertos polímeros y cristales, los virus informáticos, etc.) tienden a replicarse sin perseguir tampoco ninguna finalidad: las ideas buenas no son propiamente buenas si no son capaces de ser, al mismo tiempo, buenas replicadoras de sí mismas.[7] De esta manera, los memes son indiferentes a la verdad, como los genes son ajenos a cualquier teleología. El peinado de Lady Di (que Dennett pone como ejemplo) no es bueno en sí mismo, pero ha demostrado ser un buen replicador, aunque, como todos los memes propios de la moda, tiene poca longevidad, ya que el meme auténticamente importante es el de la moda misma. No obstante, puede suceder que una característica cultural evolucione de una determinada manera solamente porque es ventajosa para ella misma. Esto permitiría afirmar, [8] en contra de la concepción tradicional que defiende que “las personas creían la idea X porque X era considerada verdadera”, que se debería más bien afirmar que “el meme X se extendió entre personas porque X era un buen replicador”, lo cual explicaría por qué, a pesar de la verdad de una idea ésta no es aceptada, o por qué, en otros casos, a pesar de su manifiesta falsedad (como las creencias astrológicas) lo es.

Ahora bien, en la medida en que —a diferencia de los genes— los memes son creación humana, interaccionan con el medio cultural que selecciona los memes en función de su idoneidad, lo que permite que, en general, coincidan los buenos memes (los buenos replicadores) con los memes buenos (que pueden ayudarnos o que permiten el progreso). De esta manera el medio cultural actúa como selección para determinar aquellos memes que pueden sobrevivir. Por supuesto, al igual que muchas mutaciones genéticas son dañinas para la especie, razón por la que no prosperan, y muchas otras son indiferentes para la supervivencia, también en los memes se producen variaciones dañinas y muchos otros memes resultan superfluos o indiferentes. Ya que el medio cultural puede estar dominado por grupos sociales, esta idea recuerda vagamente la tesis marxista: “la ideología dominante es, en cada caso, la ideología de la clase dominante”. Pero, a diferencia de la tesis marxista, la idoneidad de los memes que permite su supervivencia, escapa al control de un grupo social determinado y sigue leyes propias y autónomas.

Al igual que los genes necesitan un vehículo para replicarse (las cadenas cromosómicas), los memes también precisan un vehículo y un soporte. El vehículo es el cerebro. Su soporte puede ser variado y no necesariamente biológico, por ejemplo: los libros, las cintas magnéticas, los discos de ordenador, las partituras musicales, etc. Así como los virus parasitan el mecanismo genético de las células, los memes actúan como parásitos de nuestros cerebros, que se convierten en medios para la difusión de aquellos. La difusión de los memes actúa, pues, de manera parecida a la transmisión de las epidemias y, como en el caso de éstas, pueden dar lugar a memes endémicos. Parafraseando (y caricaturizando) la tesis de los sociobiólogos según la cual un organismo es el medio del que se valen los genes para perpetuarse, o una gallina es el medio del que se vale un huevo para engendrar otro huevo; un cerebro humano es el medio del que se valen los memes para propagarse y replicarse.[9] Esta conclusión poco halagüeña para la soberbia individual debe ser considerada en el marco de la concepción evolutiva e interaccionista del yo: un individuo es, a la vez, el producto de la evolución biológica y de la evolución cultural efectuada en interacción con otros yoes, tesis que forma parte de la revolución en contra del narcisismo antropocéntrico, como lo fue en su día la revolución copernicana, el darwinismo o la teoría freudiana del inconsciente. Desde este punto de vista esta tesis se vincula a la concepción estructuralista de la muerte del sujeto y al fin del dualismo y del racionalismo cartesiano.

La teoría de los memes está siendo desarrollada por varios investigadores, que la unen a las tesis de Lumsden y Wilson o que las vinculan con los estudios de Luca Cavalli-Sforza. Además del mismo Dawkins, F.T. Cloak, J.M. Cullen, E. Moritz, A. Lynch y algunos otros autores, son los representantes de esta concepción de la transmisión y evolución cultural. Como explicación de la evolución de la cultura todavía aparece como una pre-teoría en fase de acumulación de datos y de elaboración de un aparato matemático suficiente. Los estudios de Cavalli-Sforza y Marc Feldman proporcionan una buena base de partida para el estudio cuantitativo de la transmisión y evolución cultural, aunque estos autores no defienden exactamente la teoría “fuerte” de los memes de Dawkins. En cualquier caso estos estudios iniciados desde la perspectiva de la genética, la sociobiología y la etología son la primera aproximación no meramente cualitativa al proceso de la transmisión y evolución cultural, y pretenden ampararse en la tradición científica (un buen meme, por cierto) del evolucionismo. Pero mientras los procesos evolutivos biológicos se rigen por el modelo darwiniano, la evolución de la cultura, con intervención humana directa, parece seguir más bien un modelo de tipo lamarckiano de transmisión de caracteres adquiridos, lo que permite una evolución rapidísima —potenciada por la velocidad casi instantánea de los medios de comunicación— comparada con los procesos darwinianos. En cualquier caso, la constitución genética humana está determinada por unos 3.000 millones de nucleótidos procedentes del DNA materno y por unos 3.000 millones más procedentes del DNA paterno. Pero las neuronas del sistema nervioso son 10.000 veces más numerosas y las conexiones entre ellas todavía muchísimo más. De ahí que intentar la creación de un modelo matemático (meme respetable donde los haya) que permita entender la evolución cultural sea todavía una empresa harto dificultosa que, no obstante, empieza a ser acometida por los autores mencionados y por los teóricos de la inteligencia artificial (en este sentido van los estudios de D. Dennett, D. Davidson y otros filósofos que defienden la “memética”).

Por otro lado, vista desde la perspectiva de la filosofía, la doctrina de los memes tiene antecedentes en tesis clásicas. En cierta forma puede verse como un peculiar desarrollo de la teoría de las ideas platónicas; de la teoría averroísta del entendimiento agente; como una interpretación de la filosofía del espíritu de Hegel o de la teoría de la ideología de Marx, o de la diferencia husserliana entre noesis y noema; e incluso se podría relacionar con las tesis orteguianas sobre las generaciones. Pero su proximidad mayor es con la teoría de los tres mundos de Karl Popper y su defensa de un conocimiento objetivo sin sujeto cognoscente. No obstante, de manera semejante a estas teorías, se mueve todavía en el terreno de las analogías y las metáforas, al menos hasta que consiga un desarrollo cuantitativo y matematizado, y sea capaz de establecer con mayor precisión (como pasa con a la teoría del mundo 3 de Popper) qué debe entenderse propiamente como meme. ¿El meme de la teoría de los memes se demostrará un buen meme? ¿Será capaz de replicarse hasta convertirse en una teoría respetable?

 

 

 

MEMÉTICA E HISTORIA [2]

Por Rafael Robles Loró [1]   

 
Artículo publicado en 

V Jornadas de Filosofía en la Universidad Nacional de Educación a Distancia en Guadalajara (España) 10-11 de mayo de 2002(*) 

 

Los hombres se equivocan, en cuanto que piensan que son libres; y esta opinión sólo consiste en que son conscientes de sus acciones e ignorantes de las causas por las que son determinados. Su idea de la libertad es, pues, ésta: que no conocen causa alguna de sus acciones.

                                     (Ética, 2/35e{a})[3]

 

En 1976 Richard Dawkins, etólogo de la Universidad de Oxford, dedicaba un breve capítulo de su obra El gen egoísta[4] a un nuevo concepto ideado por él: el “meme”[5]. Según Dawkins, un meme es un módulo de información contagioso que infecta y parasita la mente[6] humana, donde se replica y altera su comportamiento, provocando la propagación de su patrón. El control del fuego en las sociedades prehistóricas, la práctica de las diferentes religiones, la animadversión contra el mundo musulmán, las revoluciones del proletariado, caeteris paribus, tienen su origen en la transmisión de memes. La memética, por tanto, sería la ciencia que estudia los memes y sus efectos sociales, y ya empiezan a surgir trabajos de su aplicación a la biología evolutiva (Dawkins y Blackmore), a la filosofía de la mente (Daniel Dennett), a las ciencias sociales (Francis Heylighten), a la neurología (Delius), etcétera. Aun a riesgo de resultar pretencioso, el presente artículo inicia la aplicación de la ciencia memética al estudio de la Historia.

El ser humano evoluciona, tal y como indica Susan Blackmore[7], bajo la acción de dos replicadores, los genes y los memes. En eso nos distinguimos de los millones de especies que pueblan el planeta, y por eso sólo el ser humano puede ser objeto de estudio histórico. Este estudio de la Historia ha sido llevado a cabo principalmente por cuatro escuelas historiográficas: la “annaliste”, la marxista, la estructural-cuantitativista y la actual escuela posmodernista[8]. Dentro de esta última es donde se podría encuadrar el enfoque memético para el estudio de la historia, ya que guarda una estrecha relación con sus métodos, especialmente los de “Historia de los conceptos” e “Historia del tiempo presente”[9].

En las siguientes líneas nos proponemos esbozar unas reglas básicas, que deberán ser más elaboradas en el futuro, de lo que constituirá la aplicación de la ciencia memética al estudio de la Historia. Dividiremos la exposición en dos aspectos: el teórico (constituido por el punto de vista filosófico y el metodológico) y el práctico.

1.- La teoría de la historia intenta reflexionar sobre el trabajo del historiador, sobre su actividad y sobre su profesión. De forma más concreta, la teoría de la metodología intenta estudiar y analizar los métodos y técnicas de trabajo de forma abstracta. La metodología de la ciencia memética para el estudio de la historia se debe centrar en los tres elementos claves que explican la propagación de los memes: longevidad, fecundidad y fidelidad[10].

La longevidad hace alusión al tiempo de permanencia de un “meme” en el cerebro de una persona. Esta permanencia puede ser efímera, media o existencial.

En la sociedad contemporánea de la información hay una enorme cantidad de memes que intentan “invadir” mentes uno tras otro. El meme que invita a votar al político X es inmediatamente sustituido a golpe de mando de televisor por el que invita a votar al político Y. Los mass media, debido al exceso de información (lo cual facilita el olvido de la precedente[11]), y a la diversidad de la misma (permitiendo la convivencia de memes incompatibles entre sí, “matándose” unos a otros para “parasitar” el cerebro) provocan que los memes tengan una duración efímera. Cuanto más dure el meme mayor será su incidencia en el comportamiento de la persona, y por ende en el discurrir de la Historia[12].

Un ejemplo de existencia media de un meme explica el cambio de la mentalidad española en los años de la transición a la democracia. Personas “invadidas” con el meme del respeto por las instituciones del régimen franquista evolucionaron hacia una posición de respeto por la Constitución de 1978 en un lapso de duración, así denominada, media.

El apego a los miembros de la familia o la práctica de una determinada religión son conducidos por memes de una duración existencial en la persona, ya que, a la luz de la teoría memética,“parasitan” la mente a lo largo de toda la vida del individuo.

En segundo lugar, hay que analizar la fecundidad. Ésta es más importante que la longevidad, ya que alude a las tasas con que un meme se transmite de un cerebro a otro; puede morir la persona, pero el meme que ya ha fecundado a otras sigue existiendo. La fecundidad depende del medio ambiente en que se desenvuelven los memes; en un ambiente de desempleo las tasas de fecundidad de memes racistas serán mucho más elevadas que en ambientes de pleno empleo. Igualmente, el repentino cambio de la mentalidad de los estadounidenses cuando Japón invadió Pearl Harbor[13] se dio por una alta tasa de fecundidad que se explica, como indica Jacques Monod, de este modo: “la idea que confiera al grupo humano que la hace suya, más cohesión, ambición, confianza en sí, le dará de hecho un aumento de poder de expansión que asegurará la expansión de la misma idea. Este valor de promoción no tiene necesariamente relación con la parte de verdad objetiva que la idea pueda comportar”[14]. Además, los medios de comunicación de masas, auténticas fuentes de memes con enorme valor de fecundidad, ordenan la integración social de la conciencia conformando los caminos por los que ha de discurrir la Historia.

En tercer lugar, habría que tener en cuenta la fidelidad. Los memes a veces sufren pequeñas mutaciones cuando se transmiten, son poco fieles al meme original y por tanto se convierten en memes mutados, es decir, en nuevos memes. Un buen meme es aquel que se transmite fiel a sí mismo, que comunica la totalidad de su información al huesped. Dice Lynch que “la memética busca explicar la forma y predominio de las creencias actuales y cómo estas pueden cambiar en el futuro”[15]. Atendiendo a los condicionantes de la variabilidad memética y sus tasas de fidelidad, es posible entrever el futuro y explicar muchos acontecimientos del pasado. Por ejemplo, la reforma protestante se explica por el predominio en esa época de memes con escasa fidelidad al meme del catolicismo; estudiando esos memes y sus similitudes con otros que puedan existir en la actualidad, podría ser posible conocer las posibilidades de una nueva escisión religiosa en el futuro.

El segundo apartado del análisis teórico lo constituye el punto de vista filosófico. La reflexión filosófica intenta plantear cuestiones acerca del sentido, la finalidad de la historia o su función social. Ante este planteamiento, la ciencia memética indica que los seres humanos son “máquinas” de supervivencia de los genes y de los memes. Cuanto más capacitada esté una sociedad en mantener determinados memes, más proliferarán éstos y la historia discurrirá por los caminos que marquen los “contagios de pensamiento”.

Los historiadores contemporáneos estudian cada vez más cómo surgen grandes tendencias a partir de millones de “personas corrientes” y “pequeños acontecimientos” de la historia, dejando para los biógrafos la historia de los grandes hombres. Parece claro que una creencia se expande primero y gana partidarios de renombre más tarde. No es que Felipe II apoye la Inquisición, sino que la idea de quemar “infieles” se expande por la sociedad por “excitaciones cinéticas colectivas”[16] mucho antes de su institucionalización por el rey. Los memes invaden antes a las masas, aunque luego los episodios de relevancia histórica son catalizados por figuras con dominio económico, social o cultural. Del mismo modo, antes de una guerra ya imperan ciertos memes en el contexto donde se va a llevar a cabo; y es que la guerra, según Wilson, “surge a la vez de los genes y de la cultura, y que la mejor manera de evitarla es un conocimiento cabal de la manera en que estos dos modos de herencia interactúan dentro de los distintos contextos históricos” [17].

Obviamente la problemática estriba en conocer los memes imperantes en unas coordenadas espacio-temporales. Dice Dilthey[18] que “los hechos que forman los sistemas de cultura sólo pueden estudiarse por medio de los hechos que conoce el análisis psicológico”. En esto discrepamos con él, porque para sacar a relucir los memes dominantes en un período histórico la ciencia memética tiene vocación interdisciplinar y reclama la sinergia de la psicología, la ciencia histórica per se, las neurociencias, la inteligencia artificial y la matemática con el fin de pensar la historia de forma holística y de este modo aproximarse más a la verdad de los acontecimientos del mundo exterior[19].

2.- Una vez esbozado el nivel teórico de la aplicación de la ciencia memética al estudio de la historia, iniciaremos, a modo de ejemplo, lo que podría constituir un trabajo histórico desde esta nueva perspectiva[20]. Para ello nos serviremos de las semejanzas que Samuel Huntington[21]encuentra entre el resurgimiento islámico contemporáneo y el inicio del protestantismo en el siglo XVI:

    –Son reacciones frente al estancamiento y la corrupción de las instituciones existentes.

    -Abogan por una vuelta a una forma de su religión más pura y exigente.

    -Predican el trabajo, el orden y la disciplina.

    -Apelan a la dinámica y emergente gente de clase media.

 -Hay dos corrientes principales en cada una: luteranismo/calvinismo y fundamentalismo chiíta/sunnita.

Denominaremos a cada una de estas características “memes”. El estudio detallado de la preeminencia de estos memes en un momento histórico determinado puede explicar el surgimiento de ciertas instituciones y, en cierta medida, aventurar el futuro, o como indica Hempel, realizar “retrodicciones”[22] de lo que pudo haber sido el pasado.

Para descubrir la existencia de los memes en distintas épocas de la historia habría que acudir fundamentalmente a los textos escritos ya que es allí donde más claramente aparecen expresados esos memes y donde con más facilidad se puede analizar su fecundidad, fidelidad y longevidad. De todas formas, memes como “hay-que-tener-una-familia-numerosa”, “hay-que-trabajar-duro” o “hay-que-ir-a-la-guerra” se pueden detectar analizando los restos arqueológicos de las ciudades, atendiendo, grosso modo y respectivamente, a la amplitud de los hogares, al número de plantaciones o de negocios artesanales y a los restos de armamento.

Cuando en las fuentes se detectan reiteradamente los memes “hay-que ser-más disciplinado”, “hay-que-luchar-contra-la-corrupción-con-todos-los-medios”, “hay-que-ser-más-exigente-con-nuestra-religión”, etcétera, se puede inferir que antes o después surgirá un proceso similar al del protestantismo o al del resurgimiento islámico.

Los memes son los que conforman las leyes de la historia. Estas leyes son raramente explicitadas, aunque, a veces, inesperadamente, es posible leerlas[23]:

“A medida que las actividades del gobierno se extienden, mayor cantidad de personas desarrollan un interés profesional en la continuación y expansión de las funciones gubernamentales.

– La gente que tiene cierto trabajo no quiere perderlo.

– Los que se han acostumbrado a ciertas habilidades no reciben bien los cambios.

– Quienes se han habituado a cierto tipo de poder no desean abandonar su control”.

No es que las necesidades de supervivencia hagan que la gente se apegue al puesto, sino que ese apego viene determinado por memes que son puestos en circulación por las actividades del gobierno. No es que no quieran cambiar sus habilidades por simple adocenamiento, dejadez u holgazanería, sino por el dominio en la sociedad de memes como “hay-que-ser-sumiso” y “hay-que-ser-conformista”. No es que el ejercicio del poder provoque dependencia, sino que los poderosos son domeñados por el meme “buscar-la-manera-de-que-los-ciudadanos-siempre-me-necesiten-a-mí-y-al-estado”[24].

A modo de conclusión, la ciencia memética guarda ciertas similitudes con el mundo 3 de Popper y, por tanto, como el propio filósofo austríaco decía de su mundo[25], con el mundo de las ideas de Platón, con el espíritu objetivo de Hegel, con las “proposiciones en sí” de Bolzano y con el logicismo de Frege. Aún no presenta una normativa estricta de su método aunque para que una teoría, dice Kuhn en La estructura de las revoluciones científicas, “sea aceptada como paradigma debe parecer mejor que sus competidoras pero no necesita explicar y, en efecto, nunca lo hace, todos los hechos que se puedan confrontar con ella” [26]. La recién nacida ciencia de la memética está en disposición de iniciar una revolución científica en diversos campos del conocimiento, entre ellos en la ciencia histórica. Eso sí, queda un enorme trabajo por delante.

¿Podrá constituirse como ciencia? Daniel Dennett dice que “es concebible (…) que algún día se descubra una identidad impresionante entre las estructuras cerebrales que almacenan la misma información, permitiéndonos identificar sintácticamente los memes”[27]. Por el contrario, Popper[28] puso de manifiesto las enormes dificultades que el método empírico-lógico tiene al enfrentarse con la Historia, y Carl Jung admite que “lo inconsciente suele manifestar una inteligencia y una finalidad superiores a la comprensión consciente de que somos actualmente capaces”. Aunque la ciencia memética se presta con frecuencia a la especulación, su método, como ciencia que intenta ser, será empírico.

Así como la Teoría de la evolución no puede incorporar la totalidad de la historia biológica, la Teoría memética no puede incorporar la totalidad de la historia humana. Pero desde este paradigma se pueden explicar muchos acontecimientos que atañen al ser humano en su transcurrir por el mundo.

Ha presidido nuestro artículo una cita de Spinoza sobre la libertad. Nuestra intención es abrir un camino que deje de soslayar las leyes que imperan sobre nosotros (tanto físicas como espirituales), para conocernos mejor y, perdón por el oxímoron, sentirnos más libres, pues saberse preso, en cierta forma, es todo un síntoma de libertad en nuestro discurrir por la Historia.

 

 

BIBLIOGRAFÍA

Aróstegui, Julio, La investigación histórica: teoría y método, Crítica, Barcelona, 2001

Blackmore, Susan, “El poder de los memes”, Investigación y ciencia, diciembre, 2000 (ed. ingl. Scientific American, octubre 2000).

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Dennett, Daniel C., La peligrosa idea de Darwin, trad. Cristobal Pera Blanco-Morales, Galaxia Gutenberg, Barcelona, 1999.

Dilthey, Wilhem, Introducción a las ciencias del espíritu, trad. Julián Marías, Alianza, Madrid, 1980.

Hempel, La explicación científica, trad. Nestor Míguez et al., Paidós, Barcelona, 1988.

Huntington, Samuel, El choque de civilizaciones, trad. José Pedro Tosaus Abadía Paidós, Barcelona, 2001.

Jung, Carl, Psicología y religión, trad. T.M. de Brugger, Paidós, Barcelona, 1991.

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Sloterdijk, El desprecio de las masas, trad. Germán Cano, Pre-Textos, Valencia, 2002.

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Wilson, Edward O., Consilience. La unidad del conocimiento, trad. Joandomènec Ros, Galaxia Gutemberg, Barcelona, 1999.

 


Notas

[1] Daniel Dennett, La conciencia explicada, Paidós, Barcelona, 1995, p.217.

[2]La transmisión cultural ha sido muy poco estudiada, cosa que no deja de sorprenderme, porque el antropólogo cultural debería considerarla como su pan de cada día” L. y F. Cavalli-Sforza, Qui som. Història de la diversitat humana. Ed. Enciclopèdia. catalana, Barcelona, 1994, p.244.

[3] Las obras principales pertenecen al campo de la sociobiología y son: Richard Dawkins, El gen egoísta, Labor, Barcelona ,1979, y Salvat, Barcelona, 1986; Richard Dawkins, The Extended Phenotipe, C.A. Freeman, San Francisco, 1982; Richard Dawkins, Destejiendo el arco iris, Metatemas, 2000 (capítulo12); Richard Dawkins, The Blind Watchmaker,Paperback, 1996 (traducción castellana agotada en Labor, Barcelona); Edward O. Wilson, Sobre la naturaleza humana, FCE, Madrid, 1983; Edward O. Wilson, Sociobiología. La nueva síntesis, Omega, Barcelona, 1980; Charles Lumsden y Edward O. Wilson, Genes, Mind and Culture: the Coevolutionary Process, Harvard Univ. Press., 1981; Durham, William H., Coevolution: Genes culture, and human diversity, Stanford University Press, 1991. Desde otras perspectivas biológicas destacan:. Cavalli-Sforza y Marc Feldman, Cultural Transmisin and Evolution, Princeton Univ. Press., 1981; Luigi L. Cavalli-Sforza, Gens, pobles i llengües, Proa, Barcelona, 1997; Bonner, J.T., The Evolution of Culture in Animals, Princeton Univ. Press., 1980. En el ámbito de la filosofía las obras más interesantes son: Daniel Dennett, La conciencia explicada, Paidós, Barcelona, 1995; Daniel Dennett, La peligrosa idea de Darwin, Galaxia Gutemberg, 1999; Daniel Dennett, Richard Dawkins y otros, La tercera cultura, Tusquets, 1996. Susan Blackmore, The Meme machine, [La máquina de los memes, Paidós, 2000] Oxford University Press, Oxford, 1999. En contra de estas tesis puede verse el libro de Richard Barbrook, Media Freedom, y sus intervenciones en Internet.

[4] En este sentido, defendido entre otros por Jesús Mosterín (Filosofía de la cultura, Alianza, Madrid, 1976), un instrumento, una vasija, un arco, una rueda radiada, etc., no son propiamente objetos culturales en sentido fuerte. Sí lo son, en cambio, las técnicas de fabricación de dichos instrumentos, o las ideas en que se basan. Contra esta postura se ha manifestado Marvin Harris, en Teorías sobre la cultura en la época posmoderna, Crítica, Barcelona, 2000, que considera que la filiación última de la teoría ideacional de la cultura es el platonismo.

[5] L’Espresso, Roma, 22 de noviembre de 1997. Citado por El País, 23-XI-1997.

[6] El gen egoísta, Salvat, Barcelona, 1986, p.281 y ss.

[7] Por otra parte una idea puede ser “buena” pero si no logra replicarse adecuadamente desaparece. En otro ámbito diríamos que las ideas o memes que sobreviven no lo hacen por ninguna bondad intrínseca, sino porque no logran imponerse, de la misma manera que la Historia la hacen los vencedores sin que les importe demasiado la verdad de lo que narran.

[8] Daniel Dennett, op. cit., p. 218.

[9] Daniel Dennett, op. cit., p. 215: “un investigador no es más que la manera que tiene una biblioteca de crear otra biblioteca.”

***

(*) ISBN: 84-7788-282-7 D. Legal: AB-370-2003

[1] Correo electrónico de contacto: rafaelrobles@rafaelrobles.com Web: www.rafaelrobles.com

[2] Agradezco a Atilano Domínguez y a César Molinero sus sugerencias para la realización de este artículo.

[3] Spinoza, Ética, p 104.

[4] Richard Dawkins, El gen egoísta, pp 247-262.

[5] “Necesitamos un nombre para el nuevo replicador, un sustantivo que conlleve la idea de una unidad de transmisión cultural, o una unidad de imitación. Mimeme se deriva de una apropiada  raíz griega, pero deseo un monosílabo que suene algo parecido a gen. Espero que mis amigos clasicistas me perdonen si abrevio mimeme y lo dejo en meme. Si sirve de algún consuelo, cabe pensar, como otra alternativa, que se relacione con “memoria” o con la palabra francesa même”. Ibid. p 251.

[6] Usaremos indistintamente cerebro y mente sin entrar en dualismos. Supondremos que la mente es el cerebro en funcionamiento

[7] Blackmore, Susan, “El poder de los memes”, p. 48.

[8] Aróstegui, Julio, La investigación histórica, pp 12 ss.

[9] La justificación rigurosa de esta afirmación ocuparía mucho más espacio del permitido en este artículo.

[10] Estos tres elementos los propone Richard Dawkins, Op. cit., p 253.

[11] Un meme que está olvidado deja de estar activo, con lo cual no influye en la conducta de la persona.

[12] Esta existencia efímera de memes explica la poca eficacia en las predicciones a través de encuestas en las elecciones políticas. Se infiere, por tanto, que los graves errores de las encuestas políticas no lo son de método, sino de desconocimiento de los factores que conducen a los memes.

[13] Este ejemplo lo sugiere Aaron Lynch, aunque no entra a analizarlo ni a relacionarlo con la fecundidad: Thought Contagion, p 37.

[14] Jacques Monod, El azar y la necesidad, p 157.

[15] Lynch, Op. cit., p 138.

[16] Término acuñado por Sloterdijk: El desprecio de las masas, p 11.

[17] Edward O. Wilson, Consilience, p 253.

[18] Wilhem Dilthey, Introducción a las ciencias del espíritu, p 96.

[19] Ortega y Gasset habla de un “mundo interior” (formado por símbolos que hipertrofian los órganos cerebrales, lo cual conlleva una hiperfunción mental) que nosotros asemejaremos a un “acervo memético”, y de un “mundo exterior” (en el que se desarrollaría la historia inducida por los memes). Una interpretación de la historia universal, p 280.

[20] No podremos evitar seguir deambulando por niveles de cierta abstracción ya que nuestra intención es meramente marcar unas pautas de trabajo. Lo ideal será realizar en el futuro un estudio práctico aplicando las técnicas del trabajo de campo, del estudio estadístico y de la lógica matemática.

[21] Samuel Huntington, El choque de civilizaciones,  p 131.

[22] Hempel, La explicación científica, p 123.

[23] Ibid. p 238

[24] Este meme,antes inconsciente, fue sacado a relucir por Maquiavelo en 1513: El príncipe, p 81. La existencia del meme antes de la toma de conciencia por parte de la mente invita a proponer un estudio de la perspectiva histórica desde la panorámica de los juicios sintéticos a priori.

[25] Karl Popper, Conocimiento objetivo, p 106.

[26] Kuhn, La estructura de las revoluciones científicas, p 44.

[27] Daniel C. Dennett,  La peligrosa idea de Darwin, p 582.

[28] Karl Popper, La miseria del historicismo.

 

 

 

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