El problema de la justicia en la filosofía de la primera modernidad: en torno de las elaboraciones de Spinoza, Leibniz y Kant – Parte III, por Marcelo Raffin

El problema de la justicia en la filosofía de la primera modernidad: en torno de las elaboraciones de Spinoza, Leibniz y Kant – Parte I, por Marcelo Raffin

El problema de la justicia en la filosofía de la primera modernidad: en torno de las elaboraciones de Spinoza, Leibniz y Kant – Parte II, por Marcelo Raffin

***

La confianza

«No te inquietes por las dificultades de la vida,

por sus altibajos ni por sus decepciones,

por su porvenir más o menos sombrío.

Quiere lo que Dios quiere.

Piérdete confiado ciegamente en ese Dios

que te quiere para sí.

Piensa que estás en sus manos,

tanto más fuertemente agarrado,

cuanto más decaído y triste te encuentres.

 

Vive feliz. Vive en paz. Que nada te altere.

Que nada sea capaz de quitarte tu paz.

Conserva siempre sobre tu rostro

una dulce sonrisa, reflejo de la que el Señor

continuamente te dirige.

Por eso, cuando te sientas apesadumbrado, triste,

adora y confía».

                                                                                                              Teilhard de Chardín

Diócesis de Mondoñedo

 

♦♦♦♦♦♦♦

 

 

  El problema de la justicia en la filosofía de la primera modernidad: en torno de las elaboraciones de Spinoza, Leibniz y Kant *

Parte III

Por Marcelo Raffin

 

Kant

Immanuel Kant es un personaje del siglo XVIII. Vive su vida entera en la misma ciudad en la que nace, Königsberg, entre 1724 y 1804. Los años de mayor producción filosófica serán las últimas dos décadas del siglo en las que escribirá sus célebres Críticas de la razón y otros textos fundamentales como los escritos sobre historia, religión, naturaleza, pedagogía, antropología y estética. En general, se recuerdan tres preguntas-problemas centrales que Kant se plantea, “¿qué puedo saber?”, “¿qué debo hacer?” y “¿qué me es dado esperar?”, que permiten orientarse en su sistema filosófico.

 Desde el punto de vista teórico, por su propia formación y experiencia, Kant considera la matemática y las ciencias naturales (especialmente la física) como el modelo de cientificidad. Para él, el saber o la racionalidad en sentido pleno, está dado por la cien-cia. Luego de una primera época de fuerte actividad matemática, Kant se dedica al estu-dio de la filosofía. En primer lugar, se encuentra profundamente marcado por el raciona-lismo escolástico de Christian Wolff, pero durante la década de 1770 descubre a DavidHume, quien, según sus propias palabras, lo “despierta” del sueño dogmático en el que se encontraba sumergido. Su sistema filosófico se elabora a partir de las críticas que dirige a las dos principales corrientes de la gnoseología de la primera modernidad, el racionalismo o dogmatismo y el empirismo o escepticismo, pero con un sello original. Lleva adelante un trabajo de síntesis de lo que estima más positivo de ambas corrientes y, en cierto sentido, de superación de las aporías que planteaban. Kant se confronta entonces con un doble problema: elaborar una teoría del sujeto del conocimiento y de la política, del mundo natural y del mundo humano. La gnoseología y la teoría política van a mezclarse para dar nacimiento a un sujeto particular: un sujeto que es capaz de conocimiento perfecto (o casi perfecto) y un sujeto que es capaz de obrar de manera casi perfecta. Dicho sujeto estará marcado ontológicamente por la razón; pero esta razón actuará de manera diferente para el conocimiento que para la política. Se trata pues de un sujeto escindido por su propia razón.

Kant explica esta elaboración a partir de las nociones de razón pura (reine Vernunft) y de razón práctica (praktische Vernunft). La razón pura corresponde al mundo del “fenómeno” o mundo natural que es el único que permite conocimiento verdadero. Sin embargo, la razón humana, puesto que es ilimitada, procura captar la totalidad. La razón producirá entonces ideas que no corresponden al fenómeno pero que, por su propia naturaleza, no podrá evitar producir. Dios, el mundo, el alma, yo, son ideas que se encuentran en el mundo espiritual, en el “noúmeno” (el mundo de los noumena), a las que puede accederse por la razón pura (porque se las puede pensar) pero que no pueden ser conocidas a mismo título que son conocidos los objetos de la experiencia posible. Se llega así a la ilusión trascendental pues se trata de ideas trascendentales, es decir, formas carentes de contenido pero que se llenan de un contenido (Dios, el mundo, el alma). Estas ideas trascendentales tienen un valor regulador, de orden, de organización (función de síntesis del conocimiento) y no constitutivo, como los objetos constituidos por la sensibilidad y el entendimiento. La razón pura es improcedente para aprehender el noúmeno. Será entonces necesaria otra vía, la de una razón práctica, es decir, la de la razón que impulsa la voluntad de actuar.

Ahora bien, para comprender la idea kantiana de justicia, deberemos adentrarnos en la formulación que el filósofo efectúa del mundo de la moral y, más particularmente, comprender el lazo que une y separa la moral del derecho por medio del Estado. Pues en Kant, la idea de justicia aparece como la resultante de tres aspectos de su manera de concebir el mundo humano: el contrato, que da nacimiento al Estado; su visión del mundo moral y del reino de la libertad con la lógica de la ley moral; y la actividad del  juez y del juicio judicial en tanto intermediario entre el Estado y la libertad individual como garante de la libertad de todos.

El obrar humano, el que define al ser humano como tal, es un obrar moral. Por ende, el sujeto de la razón práctica, el sujeto trascendental, será guiado por la ley moral que es la misma para todos y que se expresa a través de normas que imponen a la voluntad una cierta directiva. Estas directivas se presentan al sujeto como mandatos o imperativos. Kant distingue los imperativos en imperativos hipotéticos o condicionados y el imperativo categórico a priori que no depende de ninguna condición. El imperativo categórico es un mandato de la razón al que la voluntad debe obedecer de manera incondicional por el solo hecho de que es razonable, esto es, de que proviene de la razón. Impone un fin a la acción para que tenga valor moral. El deber debe ser cumplido por el deber mismo y la ley respetada por la ley misma como forma pura y perfecta. Esta es la manera en que la moralidad se expresa en toda su pureza. La ley moral ordena la forma y no el contenido de lo que se quiere, es decir, no lo que debe quererse sino cómo se debe querer lo que se quiere.

En La Crítica de la razón práctica (1788), Kant enuncia el imperativo categórico, como la ley fundamental de la razón práctica pura, de la siguiente manera: “Actúa de tal manera que la máxima de tu voluntad pueda valer siempre y al mismo tiempo como principio de una legislación universal[21]. En esta enunciación, Kant distingue la máxima que es subjetiva (el contenido concreto de la acción), de la ley, que es objetiva y que constriñe a la voluntad a alcanzar un plano de universalidad. El imperativo categórico es una forma vacía. La máxima, que llena a la ley de contenido, transforma el imperativo en racional puesto que este es universal por la exigencia del mandato de obrar de modo que la acción entre en un orden universal, es decir, en un orden en el que todas las voluntades posibles coincidan. Este valor de universalidad es afirmado más explícitamente por Kant en las dos formulaciones siguientes del imperativo categórico:

 – segunda formulación: “Actúa de manera que uses la humanidad, tanto en tu persona como en la persona de cualquier otro, siempre y al mismo tiempo, como fin y nunca solo como medio[22]; – y tercera formulación:

Actúa de tal manera que tu voluntad pueda ser considerada como fundamento racional de una legislación universal[23].

La segunda formulación es una variación o corolario de la primera. Kant afirma en ella el valor absoluto de la persona, la dignidad misma, propia de cada ser -en el que habita y actúa la razón en su universalidad-, y el carácter de fin en sí mismo -no siendo susceptible de degradarse jamás en medio para otro fin- inherente a la humanidad que se concreta en todo ser particular. La tercera formulación nace de las dos primeras: la ley moral es la expresión de la razón en su universalidad (primera formulación); la presencia de la razón en todos los seres humanos hace de cada uno una persona, un fin en sí mismo (segunda formulación). El origen de esta ley reside en la razón misma que habita en los hombres, quienes están obligados a cumplirla. Es la razón “legisladora universal”. En efecto, según Kant, el ser humano, en tanto participa de la razón, es el autor de la ley a la cual se encuentra sometido: cuando obedece a la ley, está obedeciendo a su más “verdadero yo”, es decir, se obedece a sí mismo. Se vuelve entonces autónomo, lo que significa que se da a sí mismo su propia ley a través de la razón. La ley ya no viene de Dios o de los sentidos, es decir, de una instancia externa al sujeto, sino de sí mismo. Por este mismo hecho, el sujeto trascendental deviene también ciudadano de un “reino” espiritual, de un orden universal de voluntad (“el reino de los fines”- Reich der Zwecke-), cuya sumisión lo afirma en su libertad absoluta [24]. En consecuencia, libertad y autonomía van juntas: el ser humano es libre en la ley que es la expresión de su propia naturaleza racional. Por un lado, la libertad es el presupuesto necesario del deber. Ello se desprende necesariamente de la condición moral del ser humano. Un ser moral es un ser al que se le pueden imputar las acciones que realiza porque es libre. Si no lo fuera, la imputación no sería posible. Por otro lado, el acto voluntario debe aplicarse a una ley que está más allá del orden fenoménico y cuya acción -o valor- es independiente de las condiciones de tiempo y espacio y confiere a la acción misma una forma, un valor -positivo o negativo- igualmente absoluto. Los actos nacen y mueren en el tiempo, mien-tras que su valor moral no nace ni se extiende sino que es eterno, se encuentra fuera del tiempo. Ahora bien, puesto que esta ley reside en el sujeto, es inmanente al yo y expresa la racionalidad propia de su actividad, puede afirmarse que el yo obra en el tiempo y vive al mismo tiempo espiritualmente, no sometido a las condiciones del tiempo. Se comprende entonces, cómo Kant solo ve la verdadera libertad en la voluntad que se identifica con la ley. La libertad es autonomía. El hombre realmente libre es el hombre virtuoso, que tiende a identificar su voluntad con la razón. En suma, en la construcción teórica kantiana del mundo humano, la libertad aparece como el postulado de la ley mo-ral en una relación de ratio essendi a ratio cognoscendi [25].

Si la libertad es la condición sine qua non para la existencia del orden moral perfec-to, tal como Kant afirma en su famoso opúsculo Respuesta a la pregunta: ¿Qué es la  Ilustración? (1783), no es menos cierto que esta misma libertad debe estar comprendida en los límites de un cierto orden. La libertad kantiana fusiona el elemento fijo del orden con el elemento dinámico del progreso que define la naturaleza humana. El sujeto puede avanzar a través del uso de la razón que lo acerca cada vez más a la verdad, pero solo en calidad de sabio. En este sentido, podrá hacer un “uso público” de la razón e ilustrar al gran público del mundo de los lectores. Sin embargo, en el caso en que este mismo sujeto es funcionario, debe obedecer, preservar el orden que sirve y ejercer la función que le ha sido asignada en este orden sin salirse de él, como si se tratara del engranaje de una máquina. Esta conducta de pasividad y automatismo es denominada por Kant “uso privado” de la razón. Se trata del mismo sujeto con la misma razón pero dividido, según actúe en calidad de sabio o de funcionario. El uso público de la razón abre la vía a la opinión pública y asegura la libertad en el marco de la más firme obediencia civil. Kant piensa esta Publicität como un arma poderosa de progreso. Considera que hay un progreso posible: se interesa en la racionalidad de la legislación porque cree en un crecimiento en la cantidad y en la calidad de las acciones conforme a la ley positiva en la historia tangible. Este progreso se inscribe en el progreso moral al que hay que agregar la posibilidad de progreso científico y la comprensión de la religión como ley moral expresada en términos de mandato divino. Este es el cuadro completo de la  Aufklärung kantiana. Los sabios serán todos aquellos que, impregnados del Zeitgeist de la Ilustración, querrán mejorar la legislación vigente y adaptarla a las necesidades de la época. Estos individuos, acaso no filósofos, actuarán en calidad de filósofos en el sentido de que crearán corrientes de opinión en torno de la gran variedad de asuntos que conciernen a la sociedad, impulsados por el sentido de lo universal, expresado por la revolución burguesa. Estos portavoces de la burguesía deberán hacerse oír superando “los límites de su esfera privada como si fueran sabios” [26].

Es a partir del concepto puro de libertad que Kant hará derivar los deberes morales y  jurídicos así como los derechos del sujeto trascendental. La perspectiva de la libertad será la guía en el mundo jurídico y moral pues el sujeto establecerá una relación con los demás como fines en sí mismos. Este punto de vista permitirá concebir la razón como “práctica”. La distinción entre moral y derecho en Kant tiene que ver, antes que nada, con una distinción entre diferentes modos de legislación que con deberes diferentes, que unen distintos móviles a la ley.

En el caso de la legislación jurídica, el móvil ha de ser distinto a la idea de deber, mientras que en la legislación moral el móvil es esa misma idea. Esta diferencia de móvil nos lleva a matizar la coacción jurídica como externa, en la línea de Thomasius, mientras que la coacción moral es autocoacción. La legislación jurídica se presenta, pues, como externa, ya que solo pretende adhesión exterior, mientras que la legislación moral es interna, porque exige una adhesión íntima. Las leyes jurídicas no podrán abrir más espacio que el de la libertad en su uso externo, mientras que las leyes morales abren el ámbito tanto interno como externo. En definitiva, el derecho viene a regular externamente las relaciones mutuas entre los individuos -entre sus arbitrios- mientras que la moral puede incluso plantear al hombre deberes con respecto a sí mismo. Con tales distinciones queda excluida la posibilidad de que el Estado pueda legislar en el interior de los ciudadanos, quedando tal ámbito reservado a la legislación moral [27].

En La metafísica de las costumbres (1796-1797), Kant define el derecho como “el conjunto de las condiciones bajo las cuales la voluntad de cada uno puede conciliarse con la voluntad de los demás según una ley universal de libertad” [28]< y el principio universal del derecho, de la siguiente manera: “una acción es conforme al derecho (Recht) cuando permite o cuya máxima permite a la libertad de la voluntad de cada uno, coexistir con la libertad de todos según una ley universal” [29]. El derecho está ligado a la facultad de coaccionar. El derecho en sentido estricto (restringido) es aquel que es completamente exterior, es decir, aquel que no está mezclado con nada que sea ético y que exija fundamentos externos para la determinación de la voluntad. Kant desarrolla una división general de los deberes jurídicos derivada de Ulpiano (lex iusti, lex iuridica y lex iustitiae) y de los derechos en preceptos (Lehren) sistemáticos y facultades (Vermögen) morales. Los derechos como preceptos sistemáticos comprenden el derecho natural, que solo se basa en principios a priori, y el derecho positivo (estatutario) que procede de la voluntad de un legislador. Los derechos como facultades morales de obligar a los de-más, es decir, como fundamento legal de las obligaciones de los demás, se dividen en derecho innato y derecho adquirido; el primero es el que corresponde a cada uno por naturaleza, independientemente de todo acto jurídico; el segundo es el que necesita un acto jurídico. Es aquí donde Kant reconoce la libertad como el único derecho originario, que corresponde a todo hombre en virtud de su humanidad, como la independencia res-pecto de la voluntad coactiva del prójimo en la medida en que puede coexistir con la libertad de todo otro según una ley universal.

La noción de justicia en Kant consiste entonces en el obstáculo opuesto por la libertad a los obstáculos puestos al ejercicio de la libertad. En la Introducción a la Doctrina del derecho, párrafo D, intitulado El derecho está ligado a la facultad de coaccionar, Kant sostiene:

La resistencia que se opone a lo que obstaculiza un efecto fomenta ese efecto y concuerda con él. Ahora bien, todo lo contrario al derecho (unrecht) es un obstáculo a la libertad según las leyes universales; pe-ro la coacción es un obstáculo a una resistencia a la libertad. Por tanto, si un determinado uso de la libertad misma es un obstáculo a la libertad según leyes universales (es decir, contrario al derecho (unrecht), entonces la coacción que se le opone, en tanto que obstáculo frente a lo que obstaculiza la libertad , concuerda con la libertad según leyes universales; es decir, es conforme al derecho (recht): por consiguiente, al derecho está unido a la vez a la facultad de coaccionar a quien lo viola, según el principio de contradicción [30].

De esta manera, aparecerá la figura del juez quien, amparado en el marco del Estado, podrá oponer los obstáculos (pena, reparación) a quien ha puesto obstáculos al ejercicio de la libertad, restableciendo así la vigencia del principio universal del derecho como coexistencia de las libertades individuales.

5. Epílogo

El análisis del problema de la justicia en los filósofos escogidos nos ha permitido inteligir distintas visiones que, inscriptas en el contexto general de las problemáticas y las corrientes propias de la primera modernidad (el problema del hombre, el del conocimiento como dominio de la naturaleza, el del continente socio-político de lo humano traducido en las ideas en torno del Estado y la sociedad civil, el derecho natural, las teorías contractualistas, el nuevo influjo del neoplatonismo en el siglo XVII, el racionalismo y el empirismo, la Ilustración, por solo nombrar algunas), desarrollaron un con- junto de categorías específicas que deben ser comprendidas al mismo tiempo en el marco de cada pensador y de su sistema filosófico. La complejidad y la riqueza de cada uno de estos planteos así como la relevancia y la influencia que han implicado, justifican la necesidad de una mirada minuciosa y nos invitan, a cada instante y en cada gesto, a una vuelta sobre ellos.

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Notas:

(*) Este artículo retoma algunas ideas que expuse en el Laboratoire de théorie du droit  de la Facultad de Derecho y de Ciencia Política de la Universidad Paul Cézanne Aix-Marseille III  en febrero de 2010, en oportunidad de una estadía como investigador invitado en dicho centro de investigación.

[21]“Grundgesetz der reinen praktischen Vernunft: Handle so, daß die Maxime deines Willens jederzeit zugleich als Prinzip einer allgemeinen Gesetzgebung gelten könne”Crítica de la razón práctica, punto 7del capítulo 1 “De los principios de la razón práctica pura”, del Libro 1Analítica de la razón prácticapura ,en Kant Werke, Band IV, Darmstadt: Insel Verlag, 1983, p. 140.
 
[22]  Handle so, daß du die Menschheit, sowohl in deiner Person, als in der Person eines jeden andern, jederzeit zugleich als Zweck, niemals bloß als Mittel brauchest”, en Fundamentación de la metafísica delas costumbres, cap. 2 “Tránsito de la filosofía moral popular a la metafísica de las costumbres”, Ibidem,p. 61.
 

[23] “die Idee des Willens jed es vernünftigen Wesens als eines allgemein gesetzgebenden Willens”, en Ibidem, p. 63.

[24] Puesto que el hombre es considerado un fin en sí mismo y no sólo un simple medio, posee dignidad. En la Fundamentación de la metafísica de las costumbres, Kant dice que las cosas tienen un valor relativo pero que “los seres racionales llámanse personas porque su naturaleza los distingue ya como fines en sí mismos, esto es, como algo que no puede ser usado meramente como medio”; Kant, I.,op.cit., p. 59. Existe un reino de los fines que está dado por la unión o el enlace de los seres racionales, regido por leyes comunes objetivas, donde todos son fines y medios. En este ámbito, hay fines individuales, guiados por la inclinación y que procuran un precio, y fines que están por encima de todo precio, “aquello que constituye la condición para que algo sea fin en sí mismo, eso no tiene meramente valor relativo o precio, sino un valor interno, esto es dignidad”; Ibidem, p. 60. Lo digno es aquello que por su naturaleza estaba ya desti-nado a formar parte del reino de los fines, digno es el ser racional que participa de la legislación univer-sal, que puede liberarse de la atadura de las leyes naturales y darse a sí mismo una ley de carácter univer-sal. Esta ley racional dada a sí mismo, válida para todos, tiene valor, no precio: “La autonomía es, pues, el fundamento de la dignidad de la naturaleza humana y de toda naturaleza racional”; Ibidem, p.61. La segunda formulación del imperativo categórico recuerda asimismo estas ideas.

[25] Cf. Kant, I.,Crítica de la razón práctica,op.cit.,Prefacio
 
[26] Habermas, Jürgen, Historia y crítica de la opinión pública. México: Gili, 1986, pp. 138-139.
 

[27] Cortina Orts, Adela,Estudio preliminar  a Kant, Immanuel, La Metafísica de las Costumbres, trad. Cortina Orts, Adela y Conill Sancho, Jesús. Madrid: Tecnos, 1994, pp. Xxxix et  xl.

[28]„Das Recht ist also der Inbegriff der Bedingungen, unter denen die Willkür des einen mit der Willkür des andern nach einem allgemeinen Gesetze der Freiheit zusammen vereinigt erden kann”, KANT, Immanuel, Die Mataphysik der Sitten, in Kant Werke, Band IV, op. cit., p. 337.

[29]„Eine jede Handlung ist recht, die oder nach deren Maxime die Freiheit der Willkür eines jeden mit jedermanns Freiheit nach einem allgemeinen Gesetze zusammen bestehen kann etc.”, ibidem, p. 337

[30] Kant, Immanuel, La metafísica de las costumbres,op. cit., pp. 40-1. En el original: D. Das Recht ist mitder Befugnis zu zwingen verbunden. Der Widerstand, der dem Hindernisse einer Wirkungentgegengesetzt wird, ist eine Beförderung dieser Wirkung und stimmt mit ihr zusammen. Nun ist alles,was Unrecht ist, ein Hindernis der Freiheit nach allgemeinen Gesetzen; der Zwang aber ist ein Hindernisoder Widerstand, der der Freiheit geschieht. Folglich: wenn ein gewisser Gebrauch der Freiheit selbst einHindernis der Freiheit nach allgemeinen Gesetzen (d. i. unrecht) ist, so ist der Zwang, der diesementgegengesetzt wird, als Verhinderung eines Hindernisses der Freiheit mit der Freiheit nach allgemeinenGesetzen zusammen stimmend, d. i. Recht: mithin ist mit dem Rechte zugleich eine Befugnis, den, derihm Abbruch tut, zu zwingen, nach dem Satze des Widerspruchs verknüpft. Kant Werke, Band IV,op.cit., pp. 338-339.
 
 
 
 

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