LA LEY DE POBRES y la Revuelta Campesina Inglesa en el Siglo XVIII: “La ley que obligaba a los trabajadores a aceptar cualquier salario que les ofrecieran y así quedar totalmente a merced del capitalista”

Sumario:

[1] “Las leyes de pobres de la Inglaterra de principios de la era industrial”, por Gertrude Himmelfard

[2]  “La revuelta campesina inglesa en el siglo XVIII”, por George Rudé

[3]  Poor Laws

[4] La multitud en la historia. Los disturbios populares en Francia e Inglaterra, 1730-1848. George Rudé, por Victor Benedico

 

 

 

[1] “Las leyes de pobres de la Inglaterra de principios de la era industrial”

El asistencialismo, el paternalismo, siempre han ido contra la dignidad de la persona, humillando y degradando…

Cuando en Inglaterra se quiere solucionar el problema de los pobres desde los poderes del Estado, sin contar con los pobres, desde la buena conciencia de la clase dominante, se llega aplastar al hombre hasta extremos similares a la esclavitud, eso fueron  “Las Leyes de Pobres”, que sometieron a los pobres a condiciones degradantes de una crueldad sistemática y deliberada inspirada en una ideología consciente y cruel, que consideraba al pobre inhumano, delincuente, vicioso.Contra las Leyes de Pobres, la clase obrera organizada, surgida a finales del siglo XVIII y siglo XIX en Europa, exigió el trabajo digno, el salario justo, propugnó la cultura y la libertad de asociación.

La “Nueva Ley de Pobres” fue la más importante legislación sobre la pobreza desde la aprobación de las leyes de los pobres originales dos siglos antes. Sin embargo, era obsoleta desde el momento de su aprobación. También resultó ser menos efectiva de lo que habría gustado a los reformadores. La crítica principal que se repitió en incontables folletos, sermones, artículos, discursos o informes era que las leyes de los pobres estaban “pauperizando a los pobres”. Este sistema desmoralizaba a los pobres, que eran degradados a su pesar. La nueva Ley se basaba en el principio falso e inmoral de que la pobreza es un delito.
 
La ética paternalista ha sido caracterizada por el historiador David Roberts como “autoritaria, jerárquica, orgánica y pluralista”; estas características no siempre se presentan juntas ni en el mismo grado, sino en una combinación y de una forma o de otra.
 
“¿Qué tal cruel era la ley de los pobres victoriana?”. Una memorable respuesta la ofrece Oliver Twist . En el primer capítulo, publicado en Bentley´s Misscellany en enero de 1837, se describe el nacimiento de Oliver en el reformatorio, que con su primer llanto le anunció a los internos “que una nueva carga se había impuesto en la parroquia”. En el segundo capítulo se describe cómo es enviado a una sucursal del reformatorio, donde 20 ó 30 transgresores de las leyes de los pobres rodaban por el suelo todo el día “sin la carga de demasiados alimentos o demasiadas ropas” vigilados por una vieja que recibía siete peniques y medio a la semana por cada uno de ellos, pero la mayoría de este dinero se lo apropiaba. Los niños perecían de hambre, frío, descuido, y así eran “convocados al otro mundo, que se reunían con los padres que nunca habían conocido en este mundo”.
 
Durante 5 años The Times, mantuvo una campaña demostrando la crueldad de los reformatorios por medio de sus propias estadísticas (informó que 41% de los internos habían muerto en un reformatorio) y terribles relatos con nombres, fechas y lugares. Se ha calculado que en este compendio de los delitos de la Ley de Pobres incluye unos 290 casos de abusos relatados en 2 millones de palabras en un periodo de 5 años. Todo esto daba la impresión de ser una política inequívoca, de ser una política de abusos no casuales, ni al azar, sino de ser una crueldad sistemática, deliberada, inspirada en una ideología consciente y cruel.
 
Thomas Carlyle escribió la obra Chartism. Atacó la teoría “falsa, herética y condenable” en que se basaba la Nueva Ley de pobres. La Nueva Ley era saludable para restablecer lo que Carlyle creía verdaderamente necesario: no el reformatorio ni la ayuda exterior sino el mismo trabajo. El trabajo era “la misión del hombre en esta Tierra”, la primera ley de la naturaleza, el primer principio de justicia. Interpretó los salarios justos como algo que incluía el derecho de ser adecuadamente recompensados y el derecho de ser guiado y gobernado adecuadamente.
 
En Past and Present escribió que la Ley de pobres era una acusación de un sistema económico injusto. Ataca el principio de la oferta y la demanda, proponiendo en su lugar el principio del salario justo de un día para el trabajo cabal de un día. Apoyó la educación y la emigración, las leyes para las fábricas, reglamentos sanitarios, inspección de las minas…
 
Carlyle consideró el trabajo como condición espiritual del hombre y de su existencia social y materia: El trabajo es la vida. La formulación de Carlyle sobre la cuestión de la situación de Inglaterra también fue más radical. No era solo cuestión de pagar mejores salarios, ni aun de un salario diario justo por el trabajo cabal de un día, sino un sentido de justicia que iba más allá de los salarios, de las condiciones materiales y hasta de la vida y la muerte. El sentimiento de injusticia es insoportable para todos los hombres.
 
Cobbet, publicó artículos contra La Ley de Pobres. En 1802 editó Political Register. Se mantuvo durante más de 30 años, mientras entraba y salía de la cárcel y del país. Condenó la Nueva Ley de Pobres como una negación total de la persona, pues condenaba a los pobres a la esclavitud o a la muerte. Las condiciones eran brutales: encierro de los pobres en el reformatorio, obligados a usar un traje especial, separados de sus familias, impedirles la comunicación con otros pobres del exterior, y, cuando murieran, permitir que sus cadáveres fueran utilizados para una disección.
 
Uno de los periódicos radicales no autorizados que tuvo más éxito e influencia fue The Poor Man´s Guardian, nombre que era una ironía de los “guardianes” que aplicaban la Ley de los Pobres. En este periódico se mostró como con La Ley de Pobres habia empeorado las cosas, sobre todo, desde que las clases medias habían tomado el poder, porque éstas, aún más que la aristocracia terrateniente, representaban la propiedad en su forma más cruda y brutal. El periódico The Guardian atacó la Ley por ser una evidencia de la crueldad de las clases propietarias y de la miseria de los pobres, algo horrible, inhumano, sin precedentes, detestable y condenable.
 
Argumentaban que el problema esencial era la situación de los trabajadores independientes, al volver la ayuda peor que cualquier alternativa, la ley obligaba a los trabajadores a aceptar cualquier salario que les ofrecieran y así quedar totalmente a merced del capitalista. El problema era la pobreza y ninguna ley de los pobres, vieja o nueva, podía resolver el problema. El periódico criticó la religión de los burgueses. Les acusaban que si creían en su religión, no deberían robar y oprimir a los pobres. Y sin embrago, los burgueses creían que la religión era un simple instrumento político para mantener en sumisión a las clases útiles.
 
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Textos recogido del libro: La idea de la pobreza (Inglaterra a principios de la era industrial)Gertrude Himmelfard

 
 
 
 
 

 

[2]Capitulo 2  

La revuelta campesina inglesa en el siglo XVIII*

Por George Rudé

(*Extractado de la obra “La multitud en la historia. Los disturbios populares en Francia e Inglaterra, 1730-1848”, de George Rudé)

 

A diferencia de Francia, Inglaterra se había desprendido hacía mucho de sus supervivencias feudales. La vieja aldea medieval se había transformado gradualmente por el impacto del comercio, la guerra civil, la venta de tierras, la delimitación de las propiedades y la invasión de artesanías locales. Ya no había señores y campesinos y desde los días de Isabel no se había oído hablar de la rebelión campesina que en Francia estaba adormecida pero que estallaría nuevamente en l789. En lugar del antiguo señor del feudo, el squirre o terrateniente gobernaba en la aldea, era miembro del tribunal del condado, designaba al pastor de la Iglesia de Inglaterra, arrendaba tierras al arrendatario y, como él, empleaba el trabajo asalariado de los obreros rurales. Estos trabajadores sin tierra formaban una proporción mucho más elevada de la población rural que en Francia y, aún más que en aquel país, estaban dedicados al hilado y tejido de la industria casera. En este caso el amo era el comerciante y fabricante que alquilaba telares y llevaba los paños listos al mercado. El nuevo tipo de empleador industrial habría de aparecer recién con el sistema fabril y la Revolución Industrial. El comerciante también poseía tierras en la aldea y se sentaba junto al terrateniente en el Parlamento, donde ambos daban pruebas de sus intereses básicamente comunes al votar mancomunadamente acts of Enclosure (o leyes de cercado de tierras) subsidios y Com Laws (0 Leyes de Cereales), derechos de peaje y de portazgo, Leyes de Milicia y medidas contra el contrabando y  defendiendo la Ley de Pobres y las Acts of Enclosure (o leyes de afincamiento) para la mejor vigilancia y control de los pobres.

Tales cuestiones rara vez dividían a las clases superiores o a los partidos políticos, pero eran de considerable importancia para las <<clases inferiores» o «trabajadores pobres» -los cottagers (habitantes de las tierras públicas), los pequeños propietarios, los artesanos y los pobres de las aldeas- quienes, no teniendo derechos políticos, no disponían de otros medios para reparar las injusticias que recurrir a la tradicional revuelta. En tales ocasiones, las ciudades-mercados, las aldeas mineras y los senderos de la campiña resonaban con el eco de las marchas, las maderas quebradas y los vidrios rotos mientras los obreros y obreras ajustaban cuentas con los comerciantes en cereales, los disidentes religiosos, los molineros, los arrendatarios y los señores que cercaban las tierras.

Estas revueltas fueron frecuentes en el siglo XVIII, aunque rara vez asumieron una forma política. La rebelión popular habia perdido su agresividad desde la derrota de Monmouth en Sedgemoor y, desde la desaparición del Club de la Cinta Verde de Lord Shaftesbury, el radicalismo popular londinense había permanecido inactivo y asi habría de seguir por muchos años. Pero había excepciones: las revueltas de Scheverell en Londres (1710) y los ataques de la High Church a las capillas de los disidentes y a las oficinas gubernamentales en 1715 y 1716 nos recuerdan que, al menos en las ciudades, la protesta popular podía aún en ocasiones estar apareada a una causa politica. Pero estos estallidos tuvieron lugar en periodos de excitación política general: encontraremos similares manifestaciones político-populares (tanto radicales como antirradicales) en las revueltas Wilkistas en Londres y, en Birmingham, en las revueltas de Priestley en 1791*. Tales movimientos estuvieron reducidos  alas ciudades grandes y aun cuando la largamente adormecida batalla de los partidos se reanimó en Westminster (como entre 1709 y 1716 y después de 1760), no fueron de ninguna manera tipicos de los disturbios populares del siglo XVIII.

La ausencia de instancias políticas en las revueltas populares ha llevado a los historiadores a tratarlas como a cuestiones de menor importancia: G. M. Trevelyan llegó a la conclusión de que detrás de ellas había «escas o ningún descontento socia1››1. Éste es un juicio notable en vista de la frecuencia de las revueltas que, aunque rara vez políticas, constituían esencialmente una forma de protesta social. Ello era más evidente aun cuando se suscitaban por cuestiones tan cotidianas como los precios y los salarios, pero lo mismo puede decirse de las otras formas y disfraces que asurnían ocasionalmente. Había, por ejemplo, revueltas «re1igiosas>›, como cuando las capillas católicas romanas fueron «echadas abajo>› en Sunderland y Liverpool en 174-6 y en London y Bath en 1780 y como en las numero sas ocasiones en que los  redicadores metodistas fueron abucheados y sus congregaciones dispersadas. Hubo también ataques a los irlandeses –a menudo una forma disfrazada de conflicto industrial- en Spitalfields en 1736, en Covent Garden en 1763 y, como parte de una conflagración mayor, en 1780. Las Leyes de Milicias suscitaron protestas masivas: en 1757 provocaron revueltas en East Anglia, Lincoln, Northampton y el distrito oriental del condado de Yorkshire y en marzo de 1761, la milicia de Yorkshire disparó sobre 5.000 mineros de Northumberland que marchaban hacia Hexham para detener la selección de reclutamiento, matando a 4-2 de ellos e hiriendo a 48. El derecho de peaje y las barreras de portazgo provocaron intensa oposición popular. Hubo revueltas contra los portazgos en Hereford y Worcester en 1735′-1736; en 1727 y una vez más en 1753, hubo una destrucción masiva de barreras en todos los caminos de acceso a Bristol y en junio de 1753, todas las barreras fueron derribadas cerca de Leeds, Wakefield y Beeston en el distrito occidental de Yorkshire; en esta última ocasión hubo 10 arrestos y lo revoltosos resultaron muertos y 24- heridos. La hostilidad hacia la delimitación de tierras fue aún más sostenida y los disturbios por esta causa (aunque se produjeron sobre todo después de 1760) se prolongaron durante todo el siglo: podemos mencionar revueltas en Northamptonshire en 1710, en Wiltshire y Norwich en 1758, en Northampton y Oxfordshire en 1765, en Boston (Lines) en 1771, en Worcester en 1772, en Shefiield en 1791 y en el distrito de Nottingham en 1798. Hubo ataques a los talleres de trabajo obligatorio en varias aldeas en Suffolk en l765. Las tentativas de imponer impuestos sobre consumos y de detener el contrabando se encontraron con una firme resistencia como en el triste episodio de 1736, cuando el capitán Porteous, que había disparado sobre una multitud que asistía a la ejecución de un contrabandista y que había sido indultado después de su condena a muerte, fue colgado por el pueblo en el mercado de Edimburgo. Pero tales ejemplos de violencia fisica son bastante excepcionales. Más típico de la actitud popular es el incidente relatado por el Annual Register en 1766:

Los mineros de Cleehill, cerca de Ludlow, se reunieron y destruyeron la destilería del pueblo. Entraron en el pueblo de manera muy ordenada, se dirigieron a la destilería y la derribaron y luego se retiraron sin ejercer violencia sobre persona alguna.

Pero sin duda las revueltas más numerosas del siglo XVIII, las más persistentes, difundidas y tenazmente promovidas, eran aquéllas ocasionadas por una escasez de alimentos o por un alza súbita de sus precios. De los 275 disturbios que he registrado entre 1735 y 1800, dos de cada tres son de este tipo y es improbable que las proporciones sean diferentes para los restantes años del siglo. La razón no es dificil de descubrir. En Inglaterra aún más que en Francía, el grueso de la población estaba constituido por pequenos consumidores que dependían de la provisión abundante y barata de pan y también de carne, manteca y queso. Cuando las cosechas eran malas, cuando las necesidades de los tiempos de guerra imponían una pesada restricción de las existencias o cuando el trigo era exportado al exterior en tiempos de creciente escasez(*), los precios se elevaban en las aldeas y en las ciudades-mercados y, como en Francia, el temor al hambre provocaba disturbios. En general, las cosechas fueron buenas y los precios bajos durante la primera parte del siglo: entre 1713 y 1764, el precio medio del trigo era de 34 chelines 1 1 peniques por arroba y el pan se vendía a 5 ó 6 peniques el guartem (0 pieza de 4 libras). Pero hubo períodos malos en 1709, 1727-1728, 1740 y 1756-1757. En 1709, un invierno frío fue Seguido de un verano lluvioso y el quartem de trigo subió de 27 chelines 3 peniques a 81 chelines 9 peniques en dieciocho meses. En 1727-1728, un verano lluvioso hizo subir al trigo de 32 chelines 1 1 peniques a 49 chelines 2 peniques. En 1740, una mala cosecha seguida de un invierno severo hizo subir el precio del trigo en Oxford, durante dos años, de 10 chelines 2 peniques a 59 chelines. En 1756, el estallido de la Guerra de los Siete Años fue seguido por una cosecha deficiente y hacia la mitad de 1767 el trigo, que pocos meses antes se vendía en Mark Lane a 22 ó 26 chelines se vendía de 67 a 72 chelines4. En cada una de estas ocasiones tuvieron lugar disturbios considerables: entre las amas de casa de Essex, los mineros de Kingswood y los pescadores de Tyneside en 1709-1710 y entre los mineros del estaño en Comwall y los mineros del carbón en Gloucestershire en 1727. En 1740 y 1756-1757, las revueltas del hambre se extendieron por extensas zonas del país. El doctor Wearmouth registra dieciocho incidentes entre agosto de 1756 y noviembre de 175 75. Las gentes respetables se alannaban y después de este último brote de disturbios, un corresponsal de Carmarthenshire se sintió obligado a envíar lo siguiente al Gentleman’s Magazine:

Si la Legislatura no se apresura a usar algún método eficaz para suprimir el actual espíritu de revuelta que se ha tornado general en las capas inferiores dela población…, no habrá protección contra la turba dedicada al pillaje… La Turba debe ser derrotada !!!

Pero la «turba›› no sólo no fue derrotada sino que reinició sus actividades revoltosas con mayor celo aún en la segunda mitad del siglo porque las cosechas, lejos de mejorar, tendieron a empeorar considerablemente y cincuenta años de comida relativamente barata fueron seguidos por medio siglo de precios elevados y tendientes a subir. Así, entre 1765 y 1800, hubo malas cosechas en 1766-1767, 1770-1774», 1782, 1789, 1794 y 1799-1800; y los efectos de las malas cosechas después de 1793 se tornaron aún más desastrosos por la entrada de Inglaterra en la guerra europea. El precio medio de la arroba de trigo durante estos 36 años no fue menor de 55 chelines (compárese esta cifra con los 34- chelines 11 peniques del período 1713-1764). Y los años que marcaron el tope fueron 1767, 1774, 1783, 1789, 1795 y 1800, cuando el precio del trigo alcanzó respectivamente los precios limites de 60, 64, 64, 62, 92 y 128 che1ines7. No es sorprendente que tales picos en los precios fueran acompañados por renovados estallidos de revueltas del hambre. Probablemente las más difundidas fueron las de 1766, año en que la prensa registró no menos de sesenta incidentes en doce semanas. Aunque los precios se elevaron mucho más en los siguientes treinta años, nunca alcanzaron las revueltas el mismo grado de intensidad: el doctor Wearmouth cita nueve revueltas del hambre en 1772- 1 773, siete en 1783, ocho en 1792-1793, quince en 1795 y doce o más en 1800.

Tal vez valga la pena mencionar aquí dos puntos generales que se aplican a todas las revueltas del hambre del siglo. Uno es el gran números de obreros industriales que tomaron parte en estos disturbios. A este respecto, leemos constantemente información acerca de las actividades de los mineros del carbón de Kingswood, los mineros del estaño de Cornwall, los alfareros de Staffordshire, los obreros de los astilleros de Tyneside y los tejedores de Wiltshire y Somerset. El otro punto signifigativo es que en Inglaterra, al igual que en Francia, la forma típica de la protesta social en esta época era _aun entre los obreros asalariados_ la revuelta del hambre y no la huelga. Otra circunstancia a tener en cuenta es que las revueltas del hambre tendían a estallar con más frecuencia en el norte y en el oeste que en el sur y en el este. Ello no es en realidad sorprendente, dado que las principales areas trigueras estaban en el sur y el este mientras que sus productos, cuando se permitía la exportación de granos, eran embarcados con mayor frecuencia desde puertos del norte y el oeste.

Las revueltas del hambre no pertenecían todas a la misma clase. Podían tomar la forma de simple saqueo de depósitos, ataques a las casas de los comerciantes o intentos de detener embarcaciones cargadas de cereales destinados a la exportación. Pero podían también, como en Francia, tomar la forma más refinada de la imposición de topes a los precios, 0 taxatíon populaíre. En realidad, este fenómeno parece haber sido más frecuente en Inglaterra que en Francia, y no sólo en el siglo XVIII: R. B. Rose, que ha escrito un trabajo sobre el tema, da ejemplos que  abarcan un período de 150 años entre 1693 y 18479. En el siglo XVIII, estas revueltas de los precios tendieron a producirse en los periodos más agudos de las revueltas generales del hambre y aparecieron en 1709, 1740, 1756-1757, 1766-1767, 1772, 1782-1783, 1795 y 1800. En tales ocasiones las mercaderías elegidas por los revoltosos eran por lo general el trigo, la harina y el pan y se han registrado numerosos casos de arrendatarios y comerciantes en cereales obligados a vender el trigo al precio <<normal›› o <<justo>> de 5 chelines o 5 chelines 6 peniques la arroba, de molineros obligados a vender harina a 1 libra 6 peniques el peck 0 a 1 libra 3 peniques la libra o a panaderos vendiendo compulsivamente su pan a 6 chelines la pieza de 4 libras. Pero, con más frecuencia que en Francia, la manteca podía ser arrebatada y vendida a 4-1/2, 6 ó 7 peniques la libra, el queso a 5 ó 6 peniques o la carne a 21/2, 3 ó 4 peniques. Y Rose cita aún más ejemplos de ventas forzosas a precios reducidos de papas, tocino, malta, velas y jabón.

Y ha llegado ahora el momento de examinar más detenidamente una determinada serie de revueltas. He elegido las de 1766 porque se encuentran entre las más extensas de Inglaterra y proporcionan interesantes paralelos con la guerre des farines francesa de 1775. Infortunadamente, en este caso las fuentes consultadas no permiten confeccionar una tabla cronológica exacta de sus orígenes y desarrollo. Un estudio exhaustivo de los archivos del condado y de los tribunales superiores proporcionaría, sin duda, una información más rica; pero en este caso he seguido el curso de las revueltas principalmente en los boletines mensuales del Annual Register y del Gentleman’s Mngazine.

De una cosa podemos estar bastante seguros: estos disturbios, cualquiera que sea su punto exacto de origen, estaban estrictamente vinculados a la escasez y al alza del precio de los cereales. Nadie, ni siquiera entre las personas peor dispuestas hacia los revoltosos, sugirió, como en Francia en 1775, que los movimientos hubiesen sido provocados por facciones políticas interesadas. Había habido una mala cosecha en 1765, a la cual siguieron otras en 1766 y 1767. La mala cosecha de 1766 fue atribuida por el Gentleman’s Magazine a que «una buena parte estaba verde, otra parte había sido atacada por el pulgón y el resto invadido por la cizaña». Una semana más tarde, un corresponsal escribió desde East Anglia (normalmente una de las más ricas zonas productoras de cereales en el Reino) que «las cosechas de trigo eran muy malas en Norfolk y Suffolk, malas a un punto desconocido para nosotros y quizá para nuestros antepasados>› El precio del trigo en Cambridge se elevó desde 45 chelines la arroba en Michaelmas (29 de septiembre) en 1765 hasta 50 chelines en l766 y 60 en l767 y se mantuvo allí hasta el verano de 1768. En otros mercados sucedió lo mismo.

Pero estas cifras basadas en informes anuales, aun cuando apuntan a las causas generales de inquietud, hacen poco para explicar que súbita mente tantos pequeños comerciantes fueran presa del pánico e inundaran los mercados para buscar reparaciones por medio de la acción común. Para explicar esto debemos examinar los informes mensuales de ciertos mercados, que acusan un alza repentina de los precios _desde un nivel casi normal- a fines del verano de 1766. En Gloucester, por ejemplo, uno de los mayores mercados del oeste del país, el bushel de trigo subió desde 5 chelines 9 peniques-6 chelines l penique en junio y julio hasta 7  helines-8 chelines l penique en agosto y septiembre; en Tewkesbury se elevó desde 5 chelines-5  chelines 3 peniques hasta 6 chelines 6 peniques-7 chelines (y más tarde hasta 6 chelines-7 chelines 8 peniques) y en Hereford desde 5 chelines 6 peniques-6 chelines hasta 6 chelines 9 peniques-7 chelines (y más tarde hasta 7 chelines 6 peniques – 8 chelines). Mientras tanto, los precios de la manteca, la carne y el queso también subían en espiral: en la feria de Stoubridge, por ejemplo, leemos que el l8 de septiembre «el queso se vendió más caro que nunca›>. De manera que parece probable que fuese más bien este súbito aumento durante los meses de verano y de otoño que la severidad del aumento mismo lo que desencadenó las revueltas que, en el transcurso de doce semanas, se extendieron en grandes zonas del oeste del país (Gloucestershire, Wiltshire, Somerset, Devon, Cornwall, Hampshire, Dorset, Hereford, Worcestershire); los condados de Berkshire, Buckingham y Oxford; los de Leicester, Nottingham, Derby, Warwick y Stafford y los condados de East Anglia, Norfolk y Suffolk. Al igual que el sur y el sudeste, el norte _al menos esta vez- no resultó mayormente afectado. Hubo un «desaforado›› incidente en Berwick-onTweed, en el límite con Escocia a fines de septiembre; pero éste parece haber sido una medida defensiva «a causa de las grandes cantidades de cereal que habían sido compradas para exportación». Una información aparecida en un periódico londinense acerca de revueltas en Carlisle fue refutada de plano por un corresponsal de Yorkshire. El hecho se explica fácilmente. lflientras que a fines de octubre el precio del trigo en Cambridge oscilaba entre 4-8 y 50 chelines el bushel, en Carlisle varió entre 29 y 36 chelines y por lo general los precios eran inferiores en el norte que en los condados del centro, este y oeste.

Las revueltas parecen haber comenzado en Devonshire en la última semana de julio. El treinta y uno se informó que los pobres se habían levantado cerca de Honiton, se habían apoderado del trigo de los arrendatarios y lo habían vendido en el mercado a 5 chelines 6 peniques el bushel (siendo el precio corriente de unos 7 chelines), «pagando sus compras y devolviendo las bolsas a los dueños». Los disturbios se extendieron a Crediton, Ottery, Tipton y Sidbury, donde se destruyeron molinos y se provocaron daños por valor de , £ 1.000. En Exeter y en Stoke se quemaron molinos harineros. Para controlar las revueltas, se informó, la clase media acomodada local estaba comprando grandes cantidades de harina y vendiéndola a los pobres a 31/2 peniques la libra. Una semana después, los arrendatarios de Barnstaple, en North Devon, fueron obligados a ven der su trigo a 5 chelines el bushel.

El 7 de agosto estallaron revueltas en Berkshire. En N ewbury, el mercado fue invadido por «gran número de pobres» quienes «rompieron las bolsas y esparcieron el grano, tomaron la manteca, la carne, el queso y el tocino y los arrojaron a las calles e intimidaron de tal manera a los panaderos que éstos bajaron inmediatamente el precio del pan 2 peniques en cada pieza de cuatro libras y prometieron rebajarlo la semana siguiente a 8 peniques la arroba». En los molinos harineros vecinos se produjeron daños por valor de , £ 1.000.

Siguió a ellas una calma de seis semanas, posiblemente a causa de las soluciones ofrecidas por ciertos arrendatarios y miembros de la clase media y por la lentitud con que algunos mercados reflejaron la creciente escasez de cereales. El siguiente informe es del 23 de septiembre y agrupa no menos de dieciocho desórdenes. En ese momento entraron en escena Somerset, Gloucester, Wiltshire y Worcester. En Bath se produjeron «grandes daños» en el mercado antes de que las multitudes se dispersaran y en la cergana Beckington, un molinero que había disparado contra dos revoltosos sufrió el incendio de su molino. Gloucestershire fue más afectada aún. En Malmesbury, el pueblo se apoderó del trigo, lo vendió a 5 chelines el bushel «y entregó el dinero a los arrendatarios». En Tetbury, una muchedumbre sacó el queso y el tocino de los depósitos y vendió el queso a 3 peniques y el tocino a 4 peniques la libra. En Stroud la tienda de un minorista fue demoJida y en Gloucester los principales arrendatarios para evitarse contrariedades, abastecieron el mercado con trigo a 5 chelines el bus/zel. En Hamptonse <<derribaron›> casas y en Lechlade 6 toneladas de queso fueron descargadas de vagones con destino a Londres. Desde Wiltshire se informó que <<todo el país se une para apoyar a los revoltosos». Cerca de Trowbridge, Capital del condado, una muchedumbre de revoltosos destruyó un molino y se repartió el cereal. En Salisbury, después de un brote preliminar «muy serio» los magistrados acordaron bajar el precio del trigo y evitar así mayores dificultades. En total, cincuenta y un revoltosos en Wiltshire fueron arrestados y acusados de robar tocino, queso, harina, trigo, vino, gansos,zapatos y ropas, destruir cuatro molinos e incendiar parvas.

También más al norte, en Worcestershire, los precios fueron reducidos por las revueltas. En Kidderminster, los arrendatarios fueron obligados a vender su trigo a 5 chelines el bus/ze! y en Bewdley y Stourbridg (dentro de los límites de Staffordshire), «rebajaron el precio de la manteca, la carne y el trigo». En Cornwall los obreros del estaño de Redruth y St. Austell se unieron al movimiento y «obligaron a los arrendatarios y carniceros a bajar los precios>›. En Oxford, las muchedumbres incursionaron en los molinos harineros y vendieron la harina en el mercado a precios bajos. Hubo revueltas a causa del queso en Leicester, Newbury, Exetejr y Lime de Dorset. En Berkshire estallaron más disturbios y un informante expresó que, el 26 de septiembre, 

Thomas James con un gran número de otros revoltosos se presentaron ante ohn Lyford, el joven, en Drayton y declararon ,ser Regula dores que debían bajar los precios de los cereales y juraron que serían castigados si no sacaban el trigo y amenazaron con abrir su granero por la fuerza si él no les franqueaba las puertas, y consecuentemente con lo dicho fueron a la casa de Lyford y exigieron y lograron las llaves del granero, después de lo cual sacaron el trigo…”.

El siguiente informe se produjo quince días más tarde. El ll de octubre, los habitantes de Alton de Hampshire se alarmaron tanto al recibir una carta amenazante que, «con gran consternación», consintieron en bajar los precios de los alimentos para los pobres. El 30 de octubre, un solo informe del Gentleman’s Magazine registra no menos de treinta y tres estallidos aislados desde Devon hasta Wolverhampton en el oeste, hasta Norwich en el este y hasta Derby al norte y Nottingham y Leicester en el centro. Sería tedioso relatar cada  incidente, ya que las circunstancias fueron casi siempre las mismas: las mismas incursiones a los molinos harineros en los distritos rurales, iguales invasiones de mercados e idénticas Ventas forzosas de trigo y harina a 5 chelines el bushel de pan a 2 peniques (y hasta l penique), de manteca a 6 ó 7 peniques, de carne a 2 1/2 peniques y de queso a 21/2 ó 3 peniques la libra. Hay variantes ocasionales de esta pauta general, como en Nottingham, donde los revoltosos sólo se apoderaron del queso de los intermediarios «dejando intacto el queso de los arrendatarios››; en Dunnington donde, habiéndoseles ofrecido queso a 2 peniques la libra prefirieron obtenerlo «por nada››; o en Marlow, donde barqueros revoltosos exigieron dinero a los hacendados de la zona y «se intoxicaron con licor» antes de ser encerrados en la cárcel de Reading. Las mayores manifestaciones parecen haber tenido lugar en Nottingham, Derby, Norwich, Birmingham y otras ciudades-mercados de Warwickshire. Podemos citar el ejemplo de N orwich, donde:

Comenzó una insurrección general cuando se leyó la proclama en el mercado, donde los revoltosos habían apilado toda suerte de provisiones; el molino nuevo, un edificio espacioso que proporciona agua a la ciudad, fue atacado y destruido; 150 sacos de harina fueron arrojados, uno tras otro, al río. Los libros de cuentas del propietario, el mobiliario, la plateria y el dinero fueron sacados a la calle y destruidos; las panaderias fueron saqueadas y destrozadas, un gran depósito de malta incendiado, casas y almacenes destruidos y toda la ciudad sumida en la mayor confusión. Durante esta escena de confusión, los magistrados enviaron citaciones a los encargados de los negocios en sus respectivos distritos para que se reunieran munidos de garrotes a fin de resistir a los revoltosos. El conflicto fue largo y sangriento pero finalmente los revoltosos fueron dominados…

El 15 de noviembre los mineros de Ludlow marcharon hacia el pueblo para «echar abajo» una destilería local. (El Parlamento había prohibido ya destilar el trigo.) Pero éste fue un incidente aislado y, en realidad, hacia fines de octubre las revueltas habían terminado. Los precios, aunque se mantuvieron altos hasta el verano de l768, tendían ahora a bajar. Sin duda esta disminución se debía en parte a las medidas tomadas tardíamente por el gobierno para asegurar un abastecimiento más abundante. El 26 de septiembre el rey ordenó al Consejo que no se exportara más trigo y poco después se otorgaron licencias para la importación de trigo desde el exterior. También la iniciativa privada desempeñó su papel; hemos visto cómo ciertos magistrados y hacendados respondieron a las revueltas reduciendo el precio del cereal y la harina. Sabemos también que un tal William Hanbury de Kelmarsh en Northamptonshire, habiendo tenido noticia de las revueltas mientras se encontraba en viaje por el extranjero, compró 100.000 arrobas de trigo en Flandes para venderlas en los mercados ingleses a 5 chelines el buschel. Pero ésta era sólo una cara de la medalla: también se usó la represión para reprimir las revueltas. Se movilizó a la milicia y al ejército y en algunos pueblos y aldeas los hacendados tomaron sus armas de fuego y a los hombres se les proporcionaron garrotes para poner en fuga a los revoltosos. Uno de ellos fue muerto en Stroud, dos más en Frome y Beckington y ocho en la ruta a Kidderminster. Hubo varios arrestos en Aylesbury, treinta en Norwich y treinta y cuatro en Derby y noventa y seis personas fueron sometidas a juicio en Gloucester. Fuera de aquellos juzgados y sentenciados en las sesiones de los tribunales ordinarios, muchos fueron juzgados por las comisiones especiales establecidas con ese propósito, cuyo costo se estimó en 100.000 libras, en Berkshire, Norfolk, Wiltshire y Gloucestershire. Tres fueron sentenciados a muerte en Reading, ocho en N orwich y cuatro en Salisbury. En Gloucester, nueve fueron condenados a la horca y siete fueron deportados.

La represión parece, por lo tanto, haber sido más severa en Inglaterra que lo que fue en Francia en 1775. Otros paralelos instructivos pueden ser trazados entre estos movimientos. En ambos hubo la misma rápida respuesta a la subida de los precios del pan y del trigo. En ambos, el principal centro de acción fue el mercado y es posible que en Inglaterra, al igual que en Francia, el mercado fuese el principal centro de propalación de las noticias y rumores que circulaban entre los distritos. En ambos, el blanco de la hostilidad de la muchedumbre era el intermediario o el arrendatario aunque, en Inglaterra al menos, el primero lo fue notablemente más que el segundo. En ambos casos, un rasgo central fue la reducción forzosa del precio de los alimentos por medio de revueltas; en Francia, exclusivamente del trigo, la harina y el pan y en Inglaterra frecuentemente del queso, la manteca y el tocino además de los anteriores. De los sesenta incidentes registrados en 1766, por lo menos la mitad (aunque posiblemente más) fueron de esta clase. En Francia, esta taxation popxulaire tomó casi siempre la forma de obligar a los arrendatarios, panacleros y comerciantes a reducir sus precios; en Inglaterra, en la mitad de los casos la multitud misma realizaba las ventas. En ambos casos el precio normalmente determinado de 5 chelines el bushel de trigo se asemejaba notablemente al precio francés <<justo›› de 30 francos el setier (o sea 2 1/2 francos el bushel). Ello no fue una mera coincidencia. En ambos países, el precio era el que prevalecía en años de buenas cosechas y de abundancia normal y en ambos, la antigua práctica de la intervención oficial para proteger al pobre contra los precios de hambre había sido abandonada hacía poco: lo suficientemente poco como para que perdurara en la memoria popular y para que muchos magistrados locales siguieran los viejos métodos. Esto fue sorprendentemente evidente en Francia en 1775; y en cuanto a Inglaterra, también allí el espíritu de los antiguos estatutos proteccionistas de los Tudor seguía vivo. (**)

Las diferencias entre los dos movimientos, aunque no tan notables, son también dignas de tenerse en cuenta. Las revueltas francesas de 1775 actuaron como una «bola de nieve» que desencadenó una serie de erupciones consecutivas de un mercado a otro. Las revueltas inglesas carecieron de esta unidad. Aun cuando tuvieron un origen y un propósito comunes y estuvieron vinculadas en el tiempo, aparecen más bien como una serie de erupciones separadas. Cuando más (y ello sin total certeza) pueden ser reducidas a tres diferentes «focos›> de disturbios: los estallidos de la campiña occidental, con un centro situado alrededor de Wilshire extendiéndose hacia el norte hasta Worcester y hacia el sur hasta Devon y Cornwall, hacia el oeste hasta Oxford y Buckingham; un «foco›› en East Anglia con su base en N orwich y, finalmente, el foco de las Midlands que alcanzó las ciudades-mercados centrales y septentrionales de Leicester, N ottingham, , Derby y Wolverhampton. No obstante, esto es algo hipotético, y las revueltas pueden corresponder más íntimamente a los estallidos aislados acaecidos en Dijon, Metz, Bordeaux y otras ciudades francesas que preconizaron la guerre desfizrínes en mayo de 1775 en la región de París y en las provincias adyacentes. Pero existe otra diferencia más importante aún. La composición de los integrantes de las revueltas de 1775 y de 1766 no era la misma. En Francia, fuera de París, se trató sobre todo de campesinos: viñateros, trabajadores rurales y artesanos de las aldeas. En Inglaterra, los individuos más mencionados en los informes así como también en la mayoría de los disturbios ingleses del siglo XV111, eran tejedores, mineros del estaño, obreros de las minas de carbón, barqueros o simplemente «los pobres». Tampoco en Inglaterra los revoltosos demostraron poseer la conmovedora fe de los franceses en el papel protector del monarca: naturalmente, esta clase de fe difícilmente podía ser puesta en un rey constitucional coronado con consentimiento del Parlamento. Todo lo cual sugiere que el movimiento inglés, aunque tradicional, fue de un tipo más refinado que en Francia; pero, sobre todo, ello refleja la diferente etapa de desarrollo social que había sido alcanzada por la campiña inglesa.

Por todo esto, ambos movimientos pertenecen a una tradición popular similar y ambos -cada uno a su manera- son típicos de una forma de protesta social que en Inglaterra perduró (como ya hemos visto) hasta 1847 y en Francia hizo su última aparición durante la revolución de 1848.

 

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[3] LA POBREZA EN LA REVOLUCIÓN INDUSTRIAL INGLESA

 

Primero de todo, es esencial definir nuestra palabra clave: la pobreza.  Entendemos por esta la situación social y económica caracterizada por una carencia marcada en la satisfacción de las necesidades básicas. 

El período sobre el cual hablaremos al largo de nuestra entrada del blog y tal y como indica el título de la entrada, consiste en la pobreza en la época de la Revolución Industrial Inglesa (siglo XIX). La pobreza en las ciudades se vio aumentada con la Industrialización e Inglaterra no es una excepción.

En primer lugar,  haremos una aproximación a la situación a la cual se veían abocados los más pobres en el Reino Unido. A continuación explicaremos una de las leyes más destacadas de la época: La ley de los pobres. Procederemos con el inicio del cambio en el perfil de los pobres, y terminaremos extrayendo nuestras propias conclusiones a partir de la información mostrada.

La situación de los trabajadores ingleses:

Una sexta parte de los habitantes de ese reino floreciente, Inglaterra, vivían a expensas de la caridad pública, e incluso se llego a crear un paralelismo en Londres que hacía referencia a la existencia de dos ciudades: una donde vivían los ricos, y la otra, totalmente opuesta, donde residían los más pobres. La indigencia era considerada en la época victoriana un  producto del avance moral y material de la civilización, de una mayor capacidad para ofrecer bienes materiales y de un aumento de la compasión por los que no podían obtener por si solos esos bienes. Los trabajadores del s.XIX en Inglaterra destinaban de media  el 40% del salario en harina y pan, el 20% en productos animales, el 9% en te, azúcar, cerveza…4% en ultramarinos como  el jabón o las velas, un 15% en alquiler y combustible y 8% en ropa. Pese a que la industrialización redujo más la tasa de mortalidad y analfabetismo más en las ciudades que en el campo en los países de Europa, en Reino Unido fue al contrario, debido a  que las inversiones del capital se destinaron a “cosas menos útiles”, provocando que los trabajadores no se encontraran en una situación desahogada hasta  1900.

La Revolución Industrial supuso un cambio enorme en el crecimiento de los siglos posteriores. Supuso una clara tendencia hacia una mayor igualdad de los ingresos, se produjeron progresos en materia de ayuda social, una comprensión más humana de las causas de la pobreza, la clase trabajadora salió a la calle para defender sus intereses, los pobres alcanzaron un rango  y hubo un aumento de la productividad fruto de tres cambios interrelacionados: un cambio estructural; la transferencia de recursos de una agricultura baja en productividad a industrias y servicios de alta productividad, el incremento de los factores actuantes; rápido aumento de la población y de la acumulación de capital, ampliación de las áreas de labranza y masivo incremento de la extracción de materias primas, y creciente eficiencia; mejor organización económica.

Aunque ha sido habitual oír que la Industrialización fue el propulsor de que muchos de los trabajadores manuales fueran desplazados a causa de las maquinas, la verdad es que las fabricas crearon más puestos de trabajo que los que hizo desaparecer.

La ley de los pobres:

El término leyes de pobres (poor laws) hace referencia a toda una serie de normas y prácticas que, conjuntamente, formaban un sistema de ayuda legal a los pobres ingleses financiado con impuestos. Estas normas establecían los colectivos a los que se dirigían las ayudas, el tipo de subsidios y su financiación, y también la forma de gestionar todo el sistema. Aunque a lo largo del período durante el que estuvieron vigentes las leyes de pobres se produjeron algunos cambios en sus características esenciales, puede decirse que sus principios inspiradores estuvieron presentes en la legislación inglesa hasta prácticamente la segunda mitad del siglo XX.

La nueva Ley de los pobres fue la más importante legislación sobre esta materia des de la aprobación de la misma ley dos siglos antes. No obstante, tenía sus defectos, era obsoleta desde casi el momento de su aprobación y los abusos que intentaba corregir eran menos urgentes que en 1834, resulto menos efectiva de lo que habría gustado a los reformadores y estaba sujeta a tantos compromisos, excepciones, evasiones y variantes regionales que muestra el abismo entre la ley y su aplicación. A pesar de las limitaciones ejercicio una poderosa influencia en el ambiente intelectual, moral y social. Gran  parte de la crítica reside sobre el sistema Speenhamland, la complementación con las cuotas parroquiales de los salarios, que estaban por  debajo de un nivel que se basaba en el precio del pan y el tamaño de la familia del trabajador. Las subvenciones no fueron tan duraderas ni tan considerables. Además, creó un ciclo vicioso de males: un aumento de las partidas para los pobres, una disminución de los salarios, de los labradores, un aumento desempleo agrícola, la caída productividad, precios más altos de los alimentos, aumentó la población, salarios aun  más bajos, afectó la economía industrial y agrícola. Otra gran equivocación fruto de las leyes isabelinas fue la confusión que conllevó el término pobre, ya que en principio solo estaba bajo la jurisdicción los indigentes y no los trabajadores pobres.  Al final, fue cambiado su nombre llamándose Leyes de los indigentes.

El inicio del cambio en el perfil de pobre:

A lo largo de la historia se ha modificado la importancia de estos diversos factores que definen pobreza: el primer factor, los salarios reales en función de los precios han aumentado de forma continua, aunque con algunos retrocesos, el segundo, el desempleo, ha sido la principal causa de la pobreza, a pesar de ello sus efectos se han visto remediados por el desarrollo del Estado del Bienestar y sobretodo por las prestaciones de paro, el tercer factor, el problema de los miembros dependientes se ha mitigado debido a la reducción del tamaño de la familia y a la cobertura proporcionada por el seguro familia, y finalmente, la importancia de la vejez y la enfermedad como causas de la pobreza disminuyó a medida que estos problemas se fueron abordando y solucionando en forma cada vez más eficaz a través del sistema de pensiones y de una red de servicios de bienestar y ayuda social; sin embargo, a lo largo del siglo XIX constituyeron las principales causas de la pobreza.

Conclusiones:

A modo de resumen podríamos decir que la industrialización fue una de las causas del aumento de la pobreza. Por ello la pobreza pasó a ser uno de los temas que más preocuparon al ambiente intelectual de la época.

A pesar de los intentos para reducir las desigualdades no siempre las medidas resultaron efectivas, un ejemplo de ello es la Ley de los pobres que estuvo mal planteada des de sus inicios, no pudiendo eliminar la metáfora de las dos ciudades londinenses. No obstante, el problema de la pobreza se ha visto reducido en Inglaterra a lo largo de su historia.  Aun así podemos encontrar el llamado Cuarto Mundo en una ciudad tan desarrollada como es el caso de Londres, sobretodo en un contexto como el actual basado en una crisis económica.

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Las Poor Laws fueron un sistema de ayuda a los pobres en Inglaterra y Gales que se desarrolló a partir de la Edad Media tardía y de las leyes Tudor, antes de ser codificado en 1587-1598. El sistema de las Poor Laws existió hasta el surgimiento del Estado de bienestar moderno después de la Segunda Guerra Mundial.

La legislación inglesa sobre las Poor Laws puede ser rastreada hasta fecha tan temprana como 1536,​ cuando se aprobaron leyes para tratar con los “pobres impotentes”, aunque existe legislación Tudor anterior sobre los problemas causados por los vagabundos y mendigos.​ La historia de las Poor Laws en Inglaterra y Gales se divide usualmente en dos estatutos: la Poor Law antigua aprobada durante el reinado de Isabel I y la Poor Law nueva aprobada en 1834, la cual modificó significativamente el sistema existente de alivio a la pobreza.​ El último estatuto alteró el sistema de Poor Law de uno que era administrado azarosamente a nivel de las parroquias locales a un sistema altamente centralizado que favorecía el desarrollo a gran escala de workhouses por parte de los Sindicatos de Poor Law.

El sistema de Poor Law no fue formalmente abolido hasta la Ley de Asistencia Nacional de 1948,aunque parte del sistema se mantuvo en dicha ley hasta 1967.​ El sistema de Poor Law cayó en declive a inicios del siglo XX, debido a varios factores, tales como la introducción de reformas de beneficencia liberal​ y la disponibildiad de otras fuentes de asistencia de sociedades filantrópicas y sindicatos, así como las reformas paulatinas que evitaron el sistema de Poor Law.

 

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[4] La multitud en la historia. Los disturbios populares en Francia e Inglaterra, 1730-1848. George Rudé

Por Victor Benedico

http://elcarburantedelahistoria.blogspot.com.es/2015/03/la-multitud-en-la-historia-los.html
 
“La multitud en la historia”, como cualquier otra obra no se puede comprender sin conocer las manos que la elaboraron, pero más aún en este caso; pues la obra de los marxistas británicos, entre ellos George Rudé, esta fuertemente relacionada con su vida, con su militancia y con su contexto histórico. Nuestro autor, de padre noruego y madre británica, que visitó la URSS a comienzos de los años 30, que estuvo apagando los incendios en Londres provocados por los bombardeos nazis, emigrado político a Australia… cumple el perfil de esos jóvenes británicos interesados por la historia que se conocieron en el Grupo de Historiadores del Partido Comunista de Gran Bretaña. Se podrían hacer más aportes bibliográficos, pero de lo que esta claro es que su compromiso político conectó con su profesión, la de historiador.
 
Este estudio trata desde una perspectiva paralela lo que fue la mayor preocupación de los marxistas británicos, la definición de clase como un sujeto histórico, dialéctico y no como una categoría metafísica; paralela porque el sujeto no es la propia clase como lo fue “La formación de la clase obrera en Inglaterra” de Thompson publicado por las mismas fechas, si no la multitud.
 
Como buen marxista una de las motivaciones de su obra es la crítica, la crítica a las visiones elitistas de Le Bon, Burke o Taine que califican como “turba”, “populacho” a cualquier manifestación política venida de abajo, advirtiendo igualmente que no hay que derivar en análisis de estereotipos positivos de los que reconoce sentirse más cercano.
 
El estudio se sitúa también en una de las encrucijadas históricas preferidas de los marxistas, la famosa “transición del feudalismo al capitalismo”; pues aunque lleve el título que lleva perfectamente se podría haber titulado; “la formación política de las clases populares en la transición del feudalismo al capitalismo”.
 
La estructura del libro nos conduce en primer lugar por diferentes revueltas ordenadas cronológicamente y geográficamente; la segunda parte del libro es una síntesis de las características comunes y un análisis global de todo el objeto de estudio. Destaca sobretodo la impresionante meticulosidad a la hora de describir el recorrido geográfico de las revueltas, o las subidas de precios que precisa en cantidad, en mercado y en día, o los nombres de los cabecillas de la multitud, o el número de condenados y su edad, o los deportados.
 
Pero esto no nos tiene que sorprender, pues el estudio sistemático de las fuentes no tomándolas como un ídolo es una característica de los marxistas británicos que antes de caer en la especulación, fuertemente criticada y que engendró debates como el acontecido entre Thompson y Althusser, basaban sus tesis en lo que les dictaba su práctica histórica; esa relación tan difícil de mantener entre la teoría y la práctica.
 
Otra de las grandes cuestiones a destacar es la aplicación de los conceptos de Antonio Gramsci. Mostrar como la multitud no solo actúa por cuestiones prácticas si no también por cuestiones simbólicas y de ideología; lo que el italiano llamó la conciencia práctica y la conciencia teórica. También Rudé dedica un pequeño espacio para hablar de los líderes de esas multitudes, poco conocidos y estudiados, intentado dotar de rostros a la multitud; y cómo la influencia de esos líderes depende de muchos factores entre los cuales destaca la cercanía a las clases sociales en protesta. Hace también una gran diferencia entre los líderes que surgen de la multitud y los líderes ajenos a la multitud y sin embargo está actúa en su nombre; otra muestra más de la importancia del estudio de las situaciones concretas.
 
Rudé, como los marxistas británicos, baja el marxismo, y todo lo que ello supone en su más hondo calado epistemológico, a la práctica histórica. Se les ha situado siempre desde la academia como alejados del marxismo ortodoxo, y desde el marxismo se les ha asignado la categoría, a veces incluso con matices peyorativos, de heterodoxos. ¿Pero no es al estudio de las luchas de clases, alejadas de una visión idealista y mecanicista, y como estas afectan al desarrollo de la historia a lo que se dedican los historiadores marxistas? Por lo menos esto es lo que nos demuestra George Rudé relacionando las revueltas del hambre y su relación con las revueltas políticas, lo que nos demuestra estudiando la multitud en acción, las clases populares “saliendo del cubo de la basura de la historia”, dándole la vuelta a la frase de Trostky.
 
Para finalizar, estudiando en profundidad la obra y conociendo las bases del marxismo uno no podría decir que Rudé se aleja de la tesis marxista de que con la lucha práctica(condiciones subjetivas, experiencia de clase), con el avance de la industria moderna(fuerzas productivas) esa “multitud” heterogénea preindustrial se acaba convirtiendo, o mejor dicho, una de sus facetas evoluciona hacia el proletariado consciente, hacia la clase obrera, ese sujeto que según el socialismo científico tiene la capacidad de transformar la realidad.
 
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En el momento de su muerte, en 1993, George Rudé,  era Profesor Emérito de Historia en la Universidad de Concordia, Montreal, donde había trabajado desde 1970. Anteriormente había sido profesor en diversas escuelas de Inglaterra y catedrático de Historia en la Universidad de Adelaida y la Universidad Flinders. Referencia obligada en toda investigación política y social del siglo XVIII, es autor de La Europa revolucionaria, 1783-1815, La multitud en la historia y Revolución industrial y revuelta agraria. El capitán Swing (junto a E. Hobsbawm), todos publicados en Siglo XXI de España, y de The Crowd in the French Revolution (1959), Hanoverian London 1714-1808 (1972), Europe in the Eighteenth Century (1972), Debate on Europe 1815-1850 (1972), Ideology and Popular Protest (1980) y The French Revolution (1994).

 
 

NOTAS

(*) Por la Ley de Cereales de 1869, el tigo podía ser exportado y debía pagarse una prima de 5 dchelines por arroba al exportador si su precio en el puerto de salida no excedía de los 48 chelines. Por la ley de 1733, la cifra fue reducida a 44 chelines, pero en 1791, debido a los elevados precios imperantes se elevó a 54 chelines. D. G. Barnes, A History of the Enllishe Corn Laws from 1660 to 1846, New York, 1961, pp. 11, 43, 59. 

(**) Un ejemplo de fines del siglo XVIII fue el “Speenhamland System” de 1795 (que no fue totalmente abandonado hasta 1834), por el cual los magistrados garantizaban a los pobres un salario que era subvencionado con las limosnas de las iglesias en los casos en que los hacendados no pagaban las contribuciones fijadas. 

 

 

 

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