“Pásame con Roger Stone” (documental 2017); el producto se llama Democracia

[1] Roger Stone

Por Andrés L.C.

Repase su forma de pensar. Analice su ideología, lo que admira y lo que le indigna. No deje ni un solo rincón sin explorar. Hágalo sin miedo, revise sus afinidades políticas, su religión, incluso su deporte y equipos favoritos.

Si lo hace en profundidad, verá en todo lo que se supone que hace que usted sea lo que es, un macabro sentido maniqueo de la existencia.

Si alguien le preguntara ahora ¿Cómo se definiría usted? Seguramente empezaría diciendo su sexo, su edad y su profesión, luego su estado civil, y sus relaciones interpersonales y en último lugar sus aficiones.

¿Cree usted que es realmente eso lo que le define?

Si es así, analice cómo ha llegado a ser lo que es. ¿Cómo elige usted su forma de pensar? ¿La elige usted?

Nuestras vidas transcurren entre actos de fe. Creemos una noticia, admiramos a quien no conocemos, adoramos a quien no sabemos con certeza si existe y, en general, preferimos regir nuestras vidas por lo mucho que podemos creer, en lugar de hacerlo por lo poco que podemos saber.

Roger Stone es de esos seres que no se preguntan por qué el viento sopla del Sur, simplemente abren sus velas y ponen la popa al ostro. Nada importa excepto ellos. Utilizan a la gente a su antojo, manipulan, presionan, chantajean y por encima de todo mienten y si una mentira no les sirve, inventan otra aunque contradiga a la anterior.

Pero Roger Stone no sería nadie si no hubiera detrás millones de ciudadanos apoyándole, millones de peones en el tablero en el que Stone juega con blancas y negras a la vez.

Si este documental le escandaliza piense a quién confía usted la dirección de su país, de su trabajo, de su vida, de su destino.

Convendrá conmigo en que no hay canalla más canalla que quien se jacta de ser un canalla pero si bien es cierto que el poder difícilmente interesa a personas honestas, humildes y honradas, también cierto es que, como decía Edmund Burke, “Lo único que necesita el mal para triunfar es que los hombres buenos no hagan nada”.

Ahora vea el documental y pregúntese si el mal está o no triunfando y qué lugar ocupa usted en su triunfo.

 ***

[2] “Pásame Con Roger Stone” (2017)

Get Me Roger Stone

Documental dirigido por Dylan Bank, Daniel Dimauro y Morgan Pehme

 
 

 
 

SUMARIO:

[1] Roger Stone, por Andrés L. C. 

[2] Pásame con Roger Stone (documental)

[3] Facebook y Cambridge Analytica nos ofrecen la última evolución de la democracia, por Iñigo Sáenz de Ugarte

[4] Facebook investiga la filtración masiva de datos de 50 millones de usuarios, por Agencia EFE

[5] Un exdirectivo de Facebook confirma que la apropiación de datos de los usuarios era algo cotidiano, por Pawl Lewis

[6]  Obama también accedió a datos de millones de usuarios en Facebook, por Manuel Erice Oronoz

 

***

 

 

[3] Facebook y Cambridge Analytica nos ofrecen la última evolución de la democracia

Por Iñigo Sáenz de Ugarte

Articulo publicado el 19 de marzo de 2018 en guerraeterna.com 

 

“Las empresas que ganan dinero recogiendo y vendiendo registros detallados de la vida privada de las personas eran descritas antes sin más como ‘empresas de vigilancia’. Su conversión a la definición de ‘medios sociales’ es el engaño más efectivo desde que los ministerios de la Guerra pasaron a llamarse ministerios de Defensa”.

Edward Snowden no podía tener más razón al comentar con estas palabras el escándalo conocido este fin de semana en relación al uso de los datos personales de decenas de millones de usuarios de Facebook por la empresa Cambridge Analytica, que tuvo un papel clave en la estrategia digital de la campaña electoral de Donald Trump. Las redes sociales, y en especial Facebook, se han convertido en un agujero en el que millones de personas vuelcan sus gustos personales (sus ‘likes’), sus ideas políticas y su vida, y toda esa información es una materia prima de un inmenso valor para las campañas políticas, las grandes corporaciones y los servicios de inteligencia.

Como dice Snowden, y han recordado antes muchas otras personas, esa información que ofrecemos sirve para vigilarnos. En una dictadura con acceso a los mejores medios tecnológicos, sería útil para encarcelar a los críticos con el sistema, y ya hay algunas que compran tecnología a empresas occidentales, o la desarrollan ellos mismo como es el caso de China. En EEUU y Europa, empresas y partidos políticos pueden tener acceso a ella si pagan lo suficiente para emplearla en las campañas electorales.

Ahora tenemos más claro que lleva muchos años utilizándose en campañas de todo el mundo, pero es en estos momentos, gracias al caudal inmenso de información que entra y sale de Facebook, cuando sus consecuencias pueden ser más graves.

Lo que en otras circunstancias quizá podríamos denominar como el uso inteligente y moderno de las nuevas tecnologías en las campañas políticas cobra un aire más siniestro cuando las empresas ni siquiera respetan las leyes. Ese no es el único problema, porque en estos casos se suele hablar también de las “zonas grises”, una forma de describir normas que no sirven en el mundo real para proteger la privacidad de los ciudadanos y que son fácilmente superadas por las empresas, los partidos y organismos gubernamentales interesados en lo que decía Snowden: vigilar a las personas. Y aun más: cambiar su conducta (en las urnas, en sus decisiones como consumidor) en favor del cliente que paga.

No sabríamos nada de lo que ocurrió con Cambridge Analytica, sólo sospechas o indicios sólidos, pero no lo suficientes para alertar a todos, si no fuera por la decisión de otro ‘whistleblower’, otro joven que trabajó dentro de esa maquinaria hasta que decidió contarlo todo. Otro Snowden, otro Manning. Christopher Wylie comparte con el primero un cerebro privilegiado y con el segundo, un pasado personal difícil en el que le costó encajar con el resto de la sociedad.

Muchas empresas le habrían ofrecido cantidades ingentes de dinero para trabajar con ellos. Prefirió renunciar a ese futuro en el que no le iba a faltar dinero y contar lo que sabe, lo que quiere decir que se ha colocado en una situación que le puede acarrear serios problemas legales.

Nix dirigía la división de SCL Elections dedicada a la intervención en procesos electorales desde hace muchos años, desde los años 90. Entre los clientes de la corporación estaban el Ministerio británico de Defensa y el Pentágono. Su especialidad eran y son las comunicaciones estratégicas, una forma elegante de describir la capacidad de intervenir en procesos electorales de todo el mundo o en mejorar la implantación y resultados de una empresa en esos países.

En su web en español, la empresa describe sus méritos: “No presuponemos ni dejamos nada al azar, analizamos y dejamos que nuestros análisis de datos nos guíen para elaborar nuestras estrategias e impulsar el cambio conductual. Diseñaremos una estrategia robusta y clara para implicar a su público en el lugar correcto y de la manera correcta”.

En su web en inglés, son algo más precisos: “Desde hace más de 25 años, hemos realizado programas de cambio de conducta en más de 60 países y hemos sido reconocidos por nuestro trabajo en el cambio en asuntos sociales y de defensa”. Presumen de que gracias a su tecnología que combina minería de datos, estadística e inteligencia artificial pueden “prever cómo se comportará la gente” e “influir en los grupos elegidos”.

Su ocupación también podría describirse como “operaciones psicológicas” o “guerras psicológicas” en el caso de producirse en un conflicto político o militar.

Wylie cuenta a The Guardian cómo cree que Steve Bannon supo de la existencia de SCL. Todo se originó en una conversación entre un consultor republicano y un experto en ciberguerra de la Fuerza Aérea de EEUU. Este último le dijo: “Oh, deberías conocer SCL. Hacen ciberguerra para las elecciones”.

Nix y Wylie conocieron en el otoño de 2013 a Steve Bannon, y gracias a él al multimillonario Robert Mercer, a los que convenció del potencial político de estas estrategias en una campaña electoral. El apoyo de Bannon, entonces el jefe de la web ultraconservadora Breitbart News y después jefe de la campaña de Trump y su principal consejero estratégico en la Casa Blanca hasta su dimisión fue decisivo para que se formara una nueva compañía en EEUU a la que se llamó Cambridge Analytica para que pudiera participar en las campañas electorales de ese país.

Tenían ahora todo el dinero que necesitaban, pero se enfrentaban a un problema. La obtención de datos personales sin violar la ley, a través de incentivos para que la gente se preste a instalar una aplicación que registre sus preferencias en las redes sociales, es una actividad muy cara.

Ahí es donde aparece el motivo por el que la empresa llevaba el nombre de Cambridge. Se aprovechó de los trabajos en esa dirección que se estaban realizando en un centro de la Universidad de Cambridge, que había tenido un gran éxito gracias al trabajo de dos psicólogos, Michal Kosinski y David Stillwell, dedicados al estudio de la personalidad a través de apps para Facebook. Una de esas aplicaciones tuvo mucho éxito y a partir de un test de personalidad recibió el permiso de muchos usuarios para acceder a sus perfiles de Facebook. El objetivo: establecer correlaciones entre las características de esos usuarios y toda una gama de sus preferencias personales.

Sería un error pensar que este objetivo parece algo trivial más allá del estudio académico de la psicología. Como cuenta The Guardian, los trabajos de Kosinski y Stillwell recibieron el apoyo de empresas y servicios de inteligencia. Las posibles aplicaciones en el campo de la vigilancia resultaban obvias.

Un profesor de la universidad de Cambridge, Alexander Kogan, fue la pieza que necesitaba Cambridge Analytica para desarrollar todo su potencial al no poder contar con la colaboración de Kosinski y Stillwell al no fructificar las negociaciones económicas. Desarrolló su propia app y comenzó a recibir datos que puso en manos de sus nuevos jefes. La justificación que se dio a Facebook es que se hacía con fines académicos. Eso es también lo que se dijo a los usuarios de la red social que aceptaron instalarse la app thisisyourdigitallife a cambio de una compensación económica. Eran centenares de miles de personas, pero la app se diseñó –y ahí es donde dio el gran salto– para que recogiera también los datos y actividad de sus amigos en Facebook.

Unas 270.000 personas habían aceptado formar parte del supuesto experimento académico. Gracias a las características de esa app, y a la incapacidad de Facebook de proteger la privacidad de sus usuarios, su alcance fue exponencialmente mayor.

Cambridge Analytica recibió información sobre 50 millones de perfiles de Facebook. De ellos, 30 millones incluían datos personales suficientes como para poder elaborar un completo perfil psicológico de sus usuarios y de sus temas de interés.

“Facebook tenía que ver lo que estaba ocurriendo”, cuenta Wylie. “Sus protocolos de seguridad se activaron porque las apps de Kogan estaban sacando una cantidad enorme de datos, pero aparentemente les dijo que era para uso académico. Y ellos (Facebook) dijeron, vale”.

A finales de 2015, Facebook fue alertada por una información de The Guardian que contaba que Cambridge Analytica estaba utilizando todo ese material en favor de la campaña del republicano Ted Cruz (tras el fin de las primarias, la empresa pasó a trabajar para Trump). Se estaban violando las normas sobre privacidad que la compañía dice defender con todo el celo del mundo. ¿Qué hizo Facebook? Siete meses después de ese artículo (y dos años después de que se empezara a reunir todos esos datos), envió una carta para ordenar que se borrara todo ese material y, según el testimonio de Wylie, nada más.

Su siguiente reacción se produjo el pasado viernes cuando ya sabía desde hace varios días que The Guardian y The New York Times iban a publicar sendos artículos sobre el escándalo. Borró la cuenta de Facebook de Cambridge Analytica y las cuentas personales de Wylie y Kogan. 27 meses después de la primera carta que envió. En ese espacio de tiempo, la empresa prestó una ayuda fundamental a la campaña de Trump y la campaña del Brexit, y trabajó para numerosas empresas privadas.

Cambridge Analytica trabajaba para todo tipo de clientes. Eran básicamente “mercenarios”, en expresión de Wylie. Se sabe que llegaron a hacer una presentación para vender sus servicios a la empresa petrolera rusa Lukoil y que llegara a su consejero delegado, Vagit Alekperov, exministro ruso de Petróleo y, teniendo en cuenta su cargo en una empresa privada tan importante, persona muy cercana a Putin. Entre el contenido que se mostró a la empresa rusa, está el ejemplo de una campaña de rumores que se extendió en las elecciones de Nigeria de 2007 sobre un probable fraude electoral.

No hay pruebas de que llegaran a conseguir un contrato con Lukoil, pero lo que está claro es que Cambridge Analytica ofrecía esos servicios.

En la práctica, Facebook se ha convertido en un monopolio cuya materia prima servirá para construir todo tipo de operaciones de desinformación en el mundo, operaciones que sólo tienen garantías de éxito cuando sus responsables cuentan con un conocimiento muy alto de la sociedad en la que están funcionando. Sería de otra manera si Facebook pudiera convencernos de que está en condiciones de proteger la seguridad de los datos que les entregan sus usuarios. Lo ocurrido con Cambridge Analytica lo desmiente.

Hubo un tiempo en que era suficiente con sobornar a un grupo de militares para que montaran un golpe de Estado. En otros casos, también tuvieron que pagar una huelga de camioneros o grupos de alborotadores para crear una sensación de caos en las calles.

Ahora quizá ya no sea necesario llegar a esos niveles de violencia. El análisis de los datos personales en tiempo real es uno de los mecanismos que pueden ofrecer los mismos o similares resultados políticos o empresariales bajo la pantalla mucho más pacífica y en apariencia irreprochable de unas elecciones o una campaña política en favor de determinada idea.

Es la última evolución de la democracia que comienza cuando das a Like en tu página personal de Facebook. Una empresa como Cambridge Analytica se ocupará del resto. No será la única.

 

 

Facebook aseguró este domingo que está investigando la filtración de datos provocada por una empresa británica que trabajó para la campaña de 2016 del presidente estadounidense, Donald Trump, y que manipuló la información de más de 50 millones de usuarios de la red social en Estados Unidos.

La consultora Cambridge Analytica obtuvo en 2014 la información de más de 50 millones de usuarios de Facebook en Estados Unidos, y la usó para construir un programa informático destinado a predecir las decisiones de los votantes e influir en ellas, según revelaron este sábado los diarios The London Observer y The New York Times.

“Estamos dirigiendo una revisión integral, interna y externa, para determinar si son ciertas las informaciones de que los datos en cuestión (robados) de Facebook aún existen”, dijo en un comunicado Paul Grewal, vicepresidente y miembro del equipo legal de Facebook.

Ésta es una de las mayores filtraciones de datos en la historia de Facebook, y llevó este fin de semana a legisladores británicos y estadounidenses a pedir explicaciones a Facebook, y a la apertura de una investigación por parte de la fiscal general del estado de Massachusetts (noreste de EE.UU.), Maura Healey.

Facebook suspendió este viernes de la red social a Cambridge Analitica y su matriz, Strategic Communication Laboratories (SCL), e informó de la filtración de datos, que descubrió por primera vez en 2015. La red social dijo que estaba realizando una “revisión interna y externa exhaustiva”. 

Según la red social, Aleksandr Kogan, un profesor de psicología ruso-estadounidense de la Universidad de Cambridge, accedió a los perfiles de millones de usuarios que se descargaron una aplicación para Facebook, llamada “thisisyourdigitallife” y que ofrecía un servicio de predicción de la personalidad.

Después proporcionó más de 50 millones de perfiles a Cambridge Analytica, entre los que 30 millones tenían suficiente información como para explotarlos con fines políticos, a pesar de que solo unos 270.000 usuarios habían dado su consentimiento para que la aplicación accediera a su información personal, según el Times.

Al compartir esos datos con la compañía y con uno de sus fundadores, Christopher Wylie, Kogan violó las reglas de Facebook, por lo que esa red social eliminó en 2015 la aplicación y exigió a todos los implicados que destruyeran los datos recabados.

“Hace varios días, recibimos informes de que no todos los datos fueron borrados”, indicó Facebook el viernes, y advirtió de que estaba dispuesto a ir a los tribunales para resolver el tema.

Mientras, la compañía suspendió de la red social a la firma británica, a Kogan y a Wylie, quien fue la fuente de los diarios que este sábado informaron de la filtración masiva de la filtración masiva de datos. “Me han suspendido de Facebook. Por avisar a los medios. De algo que ellos ya sabían en privado desde hace dos años”, escribió hoy Wylie en su cuenta de Twitter.

Entre los inversores en Cambridge Analytica están el ex estratega jefe de Trump y exjefe de su campaña electoral en 2016, Steve Bannon, y un destacado donante republicano, Robert Mercer.

La campaña electoral de Trump contrató a Cambridge Analytica en junio de 2016 y pagó más de 6 millones de dólares, según registros oficiales.

Además del escrutinio en el Congreso estadounidense y el Parlamento británico, el caso podría generar una multa multimillonaria para Facebook, por su posible violación de una regulación de la Comisión Federal de Comercio de EE.UU. (FTC) para proteger la privacidad de los usuarios de redes sociales.

“Creo que la FTC querrá investigar esto”, dijo un exfuncionario de esa agencia federal, David Vladeck, al Washington Post.

 

[5] Un exdirectivo de Facebook confirma que la apropiación de datos de los usuarios era algo cotidiano

Por Pawl Lewis-San Francisco

The Guardian

Articulo publicado el 20 de marzo de 2018 en: 

 
Traducido por Lucía Balducci
 

Sandy Parakilas asegura que muchas empresas utilizaban estas técnicas, que afectaron probablemente a millones de usuarios, y que Facebook hacía la vista gorda

Afirma que siempre pensó que “debía existir algún tipo de mercado negro” de los datos de Facebook que habían llegado a los desarrolladores externos

 

Sandy Parakilas, extrabajador de Facebook durante una entrevista en la NBC / Youtube

 

Es probable que la información privada de cientos de millones de usuarios de Facebook haya sido recogida por empresas que se aprovecharon igual que la empresa que le pasó los datos a Cambridge Analytica, según un nuevo informante.

Sandy Parakilas, director de operaciones de plataforma en Facebook en 2011 y 2012, era responsable de supervisar que ningún software de un tercero se apropiara de datos internos. Parakilas dijo a the Guardian que él le advirtió a los ejecutivos de alto rango de la empresa que los datos estaban muy poco protegidos y que se exponían a una filtración enorme.

“Me preocupaba que todos los datos que abandonaban los servidores de Facebook para ir a los desarrolladores no se podían vigilar, así que no teníamos idea de lo que estaban haciendo los desarrolladores con esos datos”, afirma.

Parakilas señaló que Facebook tenía términos de uso y configuraciones que “la gente no lee o no entiende” y que la empresa no usaba mecanismos de refuerzo, como auditorías a los desarrolladores externos, para asegurarse de que los datos no estaban siendo utilizados de forma inapropiada.

Su trabajo era investigar filtraciones de datos similares a la que luego se sospechó que Global Science Research realizó y que se apropió de decenas de millones de perfiles de Facebook cuyos datos entregó a Cambridge Analytica. Parakilas afirmó que las recientes revelaciones le hicieron sentirse decepcionado de que sus superiores no hubieran prestado atención a sus advertencias.

“Ha sido doloroso el ver lo que sucedía”, dijo. “Porque sé que lo podrían haber evitado”.

Ante la pregunta de qué tipo de control tenía Facebook sobre los datos que le entregaban a los desarrolladores externos, Parakilas respondió: “Ninguno. Ninguno en absoluto. Una vez que los datos abandonaban los servidores de Facebook, ya no teníamos ningún control y no sabíamos qué podía estar sucediendo”.

Parakilas dijo que “siempre pensé que debía existir algún tipo de mercado negro” de los datos de Facebook que habían llegado a los desarrolladores externos. Sin embargo, afirma que cuando dijo a otros ejecutivos que la empresa debería “supervisar directamente a los desarrolladores para ver qué están haciendo con los datos”, lo disuadieron de seguir con esa iniciativa.

Parakilas remarca que un ejecutivo de Facebook le aconsejó que no investigara mucho qué se estaba haciendo con los datos, y le advirtió: “¿Realmente quieres saber lo que puedes encontrar?”. Parakilas dijo que interpretó el comentario como que “Facebook estaba en una posición legal mucho más poderosa si no sabía que se estaban cometiendo abusos con los datos”. Y añadió: “Ellos sentían que era mejor no saber. A mí eso me pareció totalmente espantoso y escandaloso”.

Parakilas hizo públicas sus preocupaciones sobre la privacidad de los datos de Facebook hace cuatro años, pero su experiencia directa supervisando datos que Facebook entrega a terceros ayuda a comprender cómo Cambridge Analytica obtuvo los datos que luego utilizaron inapropiadamente.

Facebook no respondió las preguntas sobre la información que suministró Parakilas, sino que dirigió a the Guardian a un artículo de blog de noviembre de 2017 en el que la empresa defendió sus prácticas de protección de datos, que “había mejorado significativamente” en los últimos cinco años.

“Si bien es justo criticar nuestras prácticas con desarrolladores de hace más de cinco años, no es sensato sugerir que no nos importaba o que no protegíamos la privacidad de nuestros datos”, decía el comunicado. “Los hechos cuentan una historia muy distinta”.

“La mayoría de los usuarios de Facebook”

Parakilas, de 38 años, que ahora trabaja como jefe de producto en Uber, es especialmente crítico con la política anterior de Facebook que permitía a los desarrolladores acceder a los datos personales de amigos de personas que utilizaban aplicaciones en la plataforma, sin que esos amigos lo supieran o hubieran dado su consentimiento expreso.

Esa herramienta, llamada permiso de los amigos, era muy beneficiosa para desarrolladores de software externos que, desde 2007, tenían permiso de Facebook para diseñar juegos y concursos –como el popular FarmVille– que se ofrecían en la plataforma.

Este tipo de aplicaciones proliferaron en Facebook en los años previos a la salida a Bolsa de la empresa en 2012, una época en que la mayoría de los usuarios todavía accedían a la plataforma desde ordenadores personales en lugar de sus teléfonos móviles.

Facebook se llevaba el 30% de los pagos que recibían las aplicaciones, pero a su vez daba acceso a los creadores de las aplicaciones a datos de los usuarios de Facebook.

Parakilas no sabe cuántas empresas utilizaron los datos depermiso de los amigos antes de que se pusiera fin a este tipo de acceso, alrededor de mediados de 2014. Sin embargo, dijo que cree que decenas o cientos de miles de desarrolladores pueden haberlo hecho.

Parakilas calcula que los datos de “la mayoría de los usuarios de Facebook” pueden haber sido apropiados por desarrolladores de aplicaciones sin que lo supieran. La empresa ahora tiene protocolos más estrictos respecto del acceso de terceros a datos personales.

Ninguna auditoría a los desarrolladores externos

Parakilas afirmó que cuando él trabajaba en Facebook, la empresa no aprovechaba todos los mecanismos de protección de datos, como por ejemplo una cláusula que permite a la red social realizar auditorías a los desarrolladores externos que utilicen los datos de forma inapropiada.

Dijo que era “muy raro” que se iniciaran acciones legales contra desarrolladores deshonestos o que se los echara de Facebook, y añadió: “Mientras yo estaba allí, no vi que llevaran a cabo ni una auditoría de los sistemas de los desarrolladores”.

El pasado lunes, Facebook anunció que había contratado a una empresa forense digital para realizar una auditoría de Cambridge Analytica. La decisión llega más de dos años después de que Facebook tomara conocimiento de la filtración de datos.

Durante el tiempo en que trabajó en Facebook, Parakilas dijo que la empresa alentaba a más desarrolladores a diseñar aplicaciones para la plataforma y “una de las cosas que más atraía a los desarrolladores era que les ofrecían acceso a estos datos.”

Al poco de llegar a las oficinas de la empresa en Silicon Valley, le dijeron que cualquier decisión de prohibir una aplicación debía ser previamente aprobada por el consejero delegado de la empresa, Mark Zuckerberg, aunque luego esa política se relajó y se volvió más fácil lidiar con los desarrolladores deshonestos.

Si bien la política previa de permitirles a los desarrolladores acceso a los datos de los “amigos” de los usuarios de Facebook estaba autorizada por la letra pequeña de los términos y condiciones de Facebook, y los usuarios podían dejar de compartir estos datos si lo elegían en su configuración personal, Parakilas dijo que cree que la política era problemática.

“La empresa comprendía bien que esto representaba un riesgo”, señaló. “Facebook estaba dando datos de gente que no habían dado acceso a las aplicaciones y confiaba en términos de servicio y configuraciones que la gente no lee o no comprende”.

Ésta fue la herramienta de la que se aprovechó Global Science Research al suministrar los datos a Cambridge Analytica en 2014. GSR estaba dirigida por el psicólogo de la Universidad de Cambridge Aleksandr Kogan, que diseñó una aplicación que era una prueba de personalidad para usuarios de Facebook.

Un app de personalidad que robaba datos

La prueba automáticamente se bajaba los datos de los amigos de las personas que aceptaban hacerse la prueba, supuestamente para fines académicos. Cambridge Analytica asegura que no sabía que los datos se habían obtenido de forma inapropiada y Kogan insiste en que no hizo nada ilegal y que tenía una “relación cercana de trabajo” con Facebook.

Si bien la aplicación de Kogan solo atrajo a 270.000 usuarios (de los cuales la mayoría pagó para hacerse la prueba), la empresa pudo aprovecharse de la herramienta permiso de los amigos para obtener los datos personales de más de 50 millones de usuarios de Facebook.

“La aplicación de Kogan fue una de las últimas en tener acceso al permiso de los amigos”, aclara Parakilas, añadiendo que muchas otras aplicaciones similares obtuvieron cantidades similares de datos durante años y con fines comerciales. Un estudio académico de 2010, basado en el análisis de 1.800 aplicaciones de Facebook, concluyó que alrededor del 11% de los desarrolladores externos se apropiaban de datos de los amigos de los usuarios.

Si se extrapolan esas cifras, significa que decenas de miles de aplicaciones –si no más– pueden haber tenido acceso sistemático a “datos privados y personalmente identificables” de cientos de millones de usuarios, dijo Parakilas.

También añadió que era especialmente preocupante la facilidad con que cualquiera con un conocimiento relativamente básico de programación como para crear aplicaciones podía obtener datos con un objetivo particular.

Parakilas dijo que no estaba seguro de por qué Facebook dejó de dar acceso a los desarrolladores a los datos de amigos alrededor de mediados de 2014, unos dos años después de que él dejó la empresa. Sin embargo, dijo que cree que una razón puede haber sido que los ejecutivos de Facebook se dieron cuenta de que las aplicaciones más grandes se estaban llevando un tesoro enorme de datos muy valiosos.

Recordó conversaciones con ejecutivos que estaban nerviosos por el valor comercial de los datos que se entregaban a otras empresas.

“Estaban preocupados al ver que los grandes desarrolladores de aplicaciones estaban construyendo sus propios gráficos sociales, o sea que podían establecer las conexiones entre las personas”, dijo. “Les preocupaba que fueran a diseñar sus propias redes sociales”.

“Lo trataron como un ejercicio de relaciones públicas”

Parakilas dijo que hizo presión dentro de la empresa para que Facebook “fuera más riguroso” y reforzara la protección de datos, pero que no tuvo mucho apoyo. Sus advertencias incluyeron una presentación en PowerPoint a mediados de 2012 en la que les mostró a los ejecutivos de alto rango “un mapa de la vulnerabilidad de los datos dentro de la plataforma de Facebook.”

“Incluí medidas de protección que queríamos poner en práctica, los sitios que estaban más expuestos y los tipos de actores deshonestos que podían hacer un uso malicioso de los datos”, explicó. “En la lista de actores deshonestos incluí a países extranjeros y comerciantes de datos”.

Frustrado por la falta de acción, Parakilas se fue de Facebook a fines de 2012. “Sentí que a la empresa no le importaban mis preocupaciones. Durante años cerré la boca por cuidar mis intereses, para ser franco”.

Parakilas dice que eso cambió cuando escuchó el testimonio que dieron los abogados de Facebook a los investigadores del Senado y la Cámara Baja, a fines de 2017, sobre los intentos de Rusia de interferir en las elecciones generales. “Lo trataron como un ejercicio de relaciones públicas”, dijo. “Parecía que lo único que les importaba era limitar cualquier responsabilidad y no exponer a la empresa, en lugar de ayudar a su país a resolver una cuestión de seguridad nacional”.

Fue en ese momento que Parakilas decidió hablar públicamente de sus preocupaciones y escribió un artículo para el New York Times en el que decía que no se podía confiar en que Facebook se regulase a sí misma. Desde entonces, Parakilas se ha convertido en asesor del Centro para una Tecnología Humanitaria, una organización liderada por Tristan Harris, un exempleado de Google que se convirtió en filtrador de datos de la industria.

 

[6] Obama también accedió a datos de millones de usuarios en Facebook

 

Por Manuel Erice Oronoz

Corresponsal en Washington de ABC

Articulo publicado el día 23 de marzo de 2018 en: 

http://www.abc.es/internacional/abci-obama-tambien-accedio-datos-millones-usuarios-facebook-201803230249_noticia.html

 

Su equipo usó la técnica de Cambridge Analytica, que entonces la compañía permitió

 

Barack Obama se encuentra esta semana de viaje en Nueva Zelanda – AFP

 

El eco del escándalo de la fuga de datos en Facebook ha dado paso a dos realidades que no reducen, pero sí atemperan su impacto: que Cambridge Analytica no inventó la técnica que le permitió acceder a datos personales de cincuenta millones de usuarios de la red social y que fue el equipo de campaña del anterior presidente, Barack Obama, el pionero en trasladar una operación de semejante calado al terreno electoral. La misma habilidad tecnológica que en 2012 fue recibida con admiración como una innovadora forma de conquistar a los votantes, en 2018, con Trump como beneficiario, ha provocado una reacción transatlántica de petición de cuentas a la gigante propiedad de Mark Zuckerberg, llamado a dar explicaciones en Londres y en Washington. La Administración y el Congreso, que han abierto investigaciones para determinar el alcance de la fuga de datos, escucharán también a los integrantes de Cambridge Analytica.

Claro que la firma tecnológica que ahora está bajo sospecha, cuyos datos de la red social terminó utilizando el equipo de Trump, llevó a cabo el trabajo, aparentemente, saltándose las normas. Mediante la contratación del profesor Aleksander Kogan, nacido en Rusia pero nacionalizado estadounidense, Cambridge Analytica había llegado a un acuerdo con Facebook para integrar una app con un test psicológico. Los usuarios podrían registrarse desde la red social. El compromiso de GSR, la empresa de Kogan, era que todos los datos se utilizarían «para fines académicos». En agosto de 2016, precisamente el mes en queSteve Bannon, cofundador y vicepresidente de la controvertida firma, es contratado por Trump para dirigir su campaña presidencial, se produjo el primer contacto de Facebook para pedir explicaciones a Cambridge Analytica por haberse hecho, inapropiadamente, con datos de cincuenta millones de usuarios. La compañía tecnológica ha asegurado que la consultora se comprometió a destruir todo el cúmulo de datos generado y que creyeron su versión. El pasado viernes, día en que estalló el escándalo, ante la constatación de que seguía sin ser destruido, Facebook anunció que rompía su relación contractual con la empresa. El propio Zuckerberg ha anunciado una auditoría para confirmar con exactitud en qué medida la sociedad contratada incumplió sus obligaciones.

Autorregulación más laxa

A diferencia de la irregular operación llevada a cabo por Cambridge Analytica para ayudar a la victoria de Trump, el equipo de Obama accedió en la campaña de 2012 a los datos de millones de usuarios sin acuerdo previo con Facebook. Entonces, la red social mantenía una autorregulación mucho más laxa, que endurecería en 2015, después de que las diferentes campañas electorales hubieran convertido el acceso de las empresas de servicios digitales y de los propios equipos de candidatos en una suerte de barra libre. Una forma de levantar una valla frente a la invasión permanente de los desarrolladores informáticos.

 

 

 

 

 

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