MAX STIRNER y el Stirnerismo

INDICE

 

Nietzsche y Stirner

Revista NADA 

Articulo publicado el 1 de diciembre de 2016 en: 

https://revistanada.com/2016/12/01/nietzsche-y-stirner-2/

 
CONVERGENCIA O INFLUENCIA
 

Confrontar Nietzsche a Stirner no tiene nada de nuevo ni de original, en la medida que se impone de facto el parecido de sus pensamientos: Charles Andler. Edouard von Hartmann, Max P. Stahl, Miguel Giménez Igualada, Albert Levy y, más recientemente Arno Münster, se han interrogado todos ellos, sobre el sentido y el fundamento de ese extraño parecido.

El problema que se plantea es, naturalmente, el de saber si la filosofía de Stirner pudo influir, ni que fuese sólo un poco, la de Nietzsche. El problema se plantea en ese sentido porque Stirner escribió EL ÚNICO Y SU PROPIEDAD en 1844, el mismo año del nacimiento de Nietzsche. ¿Pero leyó Nietzsche la obra de su antecesor?

Por lo que parece la conocía, incluso si en ninguna parte de su obra hace referencia a ella explícitamente. Cuando Nietzsche escribe HUMANO, DEMASIADO HUMANO y EL VIAJERO Y SU SOMBRA, su amigo Overbeck le cree, en efecto, seducido por el individualismo stirneriano. Charles Andler escribe a ese propósito: «La frente de Nietzsche se iluminaba al pronunciarse el nombre de este libro. “Es lo más audaz y lo más lógico que ha habido desde Hobbes”, dijo un día a su discípulo Baumgartner. Tanto notó su afinidad con Stirner que le dio miedo pasar por su plagiario.»

Ese dato nos permite, pues, pensar que Nietzsche leyó a Stirner y que le tuvo cierta admiración. Pero Charles Andler plantea el problema de una influencia muy fuerte y muy directa (“plagiario”) de EL ÚNICO… sobre la obra de Nietzsche ¿Cuáles son los vínculos entre esta obra y el pensamiento de Nietzsche? ¿Se da una filiación o un plagio?

Edouard von Hartmann, enemigo jurado de Nietzsche por haber sido violentamente criticado por éste último, le acusó de haber plagiado a Stirner. EL ÚNICO… sería, pues, el precursor del Superhombre.

Pero el reproche que convierte a Nietzsche en discípulo de Stirner, se hace en demérito de Nietzsche que sería, además, un mal plagiario.

En 1896, Hartmann cree poder escribir esto: «Los amigos de Nietzsche han sido obligados a comparar Stirner y Nietzsche y han debido confirmar mi juicio, según el cual Stirner supera de mucho a su sucesor en lo que a contenido filosófico concierne.»

Encontramos otros juicios del mismo estilo en algunos comentadores de Stirner. Así, Max P. Stahl escribe:«Sin Stirner, un Nietzshe no habría existido. El egoísmo de Nietzsche es una perversión del egoísmo stirneriano. Nietzsche es a Stirner lo que un ejercicio sobre el radio de la circunferencia a una ecuación algebraica.»

Miguel Giménez Igualada, en su prefacio a la nueva edición española de EL ÚNICO Y SU PROPEDAD, escribe a propósito de Nietzsche y Stirner: «Así, silenciosamente, influyó en Nietzsche. ¡Qué lástima que esa influencia no hubiese sido total! Casi podríamos afirmar que fue mirando a Stirner como se escribió ASÍ HABLÓ ZARATHUSTRA.»

Hemos reunido aquí una serie de juicios que tienden a mostrar, ciertamente, un vínculo entre ambos pensamientos, pero que son muy severos ante Nietzsche. Por lo demás, parece que haya una radicalización de las similitudes entre ambos autores.

¿Pero la tesis inversa, sostenida por A. Levy en su obra STIRNER Y NIETZSCHE, no es también una radicalización? Convierte a Nietzsche y a Stirner en dos pensadores extraños el uno al otro. A. Levy da como argumento el poco número de testimonios que confirman la lectura de Stirner por parte de Nietzsche para suponer que éste jamás oyo hablar de Stirner: «No tenemos –dice- documentos que nos permitan afirmar que Stirner hubiese ejercido influencia sobre Nietzsche». E inmediatamente, Levy convierte a ambos filósofos en antagonistas con pensamientos radicalmente distintos. El primero, Stirner, deriva de Hegel y de la dialéctica; el segundo, Nietzsche, desciende de los presocrácticos y de Schopenhauer.

También André Gide consideraba que Stirner y Nietzsche son antagónicos; esta vez en provecho de Nietzsche a quien otorga su preferencia.

Pero tanto en un caso como en otro, tanto en la hipótesis del antagonismo como en la del plagio, nos situamos ante caricaturas y radicalizaciones abusivas. Conviene, pues, interrogarse en profundidad sobre las vinculaciones entre ambos pensamientos, observando sus analogías y sus diferencias a propósito del valor y de la función del Individuo.

ANALOGÍAS NIETZSCHE-STIRNER

No es correcto contraponer a pensadores tan próximos hasta convertirlos en antagonistas. Esos sería tanto como no captar las analogías verdaderas que aproximan a ambas filosofías. Por lo demás hay mucho a discutir sobre si Nietzsche había visto en Stirner la antípoda de su pensamiento; si hubiese reconocido en él a un adversario, sin duda se habría dedicado a combatir en sus obras las tesis stirnerianas, como combatió las de Paul Ree, Darwin, Rousseau o Kant. Sin duda encontraríamos en los escritos de Nietzsche huellas de las críticas dedicadas a Stirner. Pero Nietzsche no habla de Stirner por ningún lado. Ese silencio parece sorprendente si se supone, como se está en el derecho a suponer, que Nietzsche leyó EL ÚNICO Y SU PROPIEDAD.

Tal vez se puede explicar este silencio por la admiración que Nietzsche parece haber tenido hacia Stirner, si se acepta el testimonio de su amigo Overbeck.

Tal vez tuviera miedo de que su propio pensamiento fuese confundido con el de Max Stirner en razón de sus analogías y pese a sus diferencias.

Además parece que Nietzsche haya leído a Stirner sólo hacia los años 1879-1880. Aunque en esa época no hubiese escrito lo esencial de su obra, no esperó a leer a Stirner para interesarse por el problema del individuo.

El pensamiento de Nietzsche no nace de EL ÚNICO… Más bien lo cruza de camino como un viajero que encuentra a otro viajero, y hace con él un trecho del camino hasta que ambas rutas se separan. Sin embargo este caminar paralelo nos invita a examinar la eventual influencia de Stirner sobre Nietzsche, incluso si esa influencia no fue tan determinante como han dicho algunos.

En efecto, la lectura de EL ÚNICO parece remontarse, si se cree a los testigos, a la redacción de HUMANO, DEMASIADO HUMANO. Pero es justamente a partir de esta obra cuando podemos observar en Nietzsche una verdadera valorización del individuo y de los valores individuales, mientras que en las tres obras anteriores se da un valor mayor a las nociones de civilización e, incluso, de especie. Pero lo que sobre todo nos interesa, especialmente en la medida en que no podemos tener la certeza absoluta de esa influencia de Stirner sobre Nietzsche, son las relaciones del pensamiento de Nietzsche con un pensamiento que se sitúa en el punto límite del individualismo.

Vamos, pues, a observar más de cerca las analogías entre ambos pensamientos, sin preguntarnos demasiado si esas analogías son fortuitas o bien se deben a la influencia del individualismo stirneriano sobre Nietzsche, ¿Pero cuáles son esas analogías?

De principio observamos en Stirner y en Nietzsche una analogía en sus críticas. Son críticas que parecen centrarse en los mismos temas. En ambos autores se da la misma desmitificación de la moral como egoísmo inconsciente, egoísmo que se ignora, un mismo rechazo del imperativo categórico kantiano, una misma crítica de la religión, un rechazo de los trasmundos, de la escisión entre el alma y el cuerpo heredada de Descartes, un mismo rechazo al Estado hegeliano (incluso si tal rechazo es más marcado en Stirner), una misma crítica del «bien común» rousseauniano, un mismo rechazo del socialismo y del elogio del trabajo que éste hace.

Los principales temas de sus críticas son, pues, idénticos. El procedimiento es también similar. Nietzsche y Stirner realizan ambos una genealogía de la moral. Sitúan en su punto de partida una escisión y un giro. Igual que Nietzsche observa, a partir y por culpa de Sócrates, el advenimiento de una moral de los débiles, la transformación de los valores y la escisión entre el alma y el cuerpo, también Stirner sitúa en la fuente la moral esa escisión y la consideración del espíritu como superior a la materia.

Stirner habla sobre la proyección de la «verdad» en lo que es espiritual. Como Nietzsche denuncia entonces la ficción de los trasmundos. El espíritu se proyecta fuera del Individuo, en Dios o en el concepto del hombre. Se produce entonces lo que Stirner denuncia bajo el nombre de «sacralización.»

El individuo se convierte en un animal doméstico al servicio de esas dos grandes causas [Dios y el hombre] Los valores verdaderos son reemplazados por los falsos valores.

Se produce entonces tanto en Nietzsche como en Stirner, un retorno a lo que cada uno de ellos considera como el valor auténtico.

El procedimiento es el mismo en uno y otro pensador. Sus críticas proceden a la vez según dos métodos complementarios, la genealogía y la desmitificación. Pero si el procedimiento de sus críticas es similar es porque su manera de plantear las cuestiones resulta prácticamente idéntica, como señaló por lo demás Deleuze.

Ambos substituyen, en efecto, la pregunta «¿Qué es?» de los metafísicos –pregunta heredada de Sócrates y Platón– que orienta la investigación hacia la esencia de las cosas, por la pregunta propia de los sofistas «¿Quién?». «¿Quién es el hombre?» reemplaza a «¿Qué es el hombre?»

Así Max Stirner escribe hacia el final de EL ÚNICO Y SU PROPIEDAD:

«La pregunta conceptual ¿Qué es el hombre?, se ha transformado entonces en la pregunta personal ¿quién es el hombre? En el “qué” se buscaba un concepto para realizarlo, con el “quién”, con el “qué”, ya no se trata de una pregunta, sino que la pregunta está personalmente en el que interroga.»

También Nietzsche se plantea la cuestión del «¿Quién?» ¿Quién actúa? ¿Quién piensa? ¿Es el yo consciente o el Ello orgánico? ¿Quién es el hombre que actúa? ¿Un fuerte, un débil, un amo, un esclavo?” ¿Qué fuerzas la mueven? ¿Qué tipo de hombre debe producirse? ¿Quién superará al Hombre? El ámbito de las preguntas es más extenso en Nietzsche pero todas tienen la forma «¿Quién?» Encontramos, pues, en ambos pensadores objetos de crítica similares, un mismo proceso crítico, un mismo cuestionamiento crítico, pero respuestas distintas.

¿SUPERACIÓN DE STIRNER POR NIETZSCHE?

En efecto, a la pregunta sobre «¿Quién?», Stirner responde: el individuo y Nietzsche responde: el gran individuo.

A la pregunta «¿Quién es el Hombre?», Stirner responde: Yo; Nietzsche responde: un yo múltiple, un centro de Voluntad de Poder, el Ello orgánico.

Las respuestas que dan Stirner y Nietzsche no son, pues, las mismas. El valor que cada uno otorga al individuo no es tampoco el mismo y eso es lo que explica la divergencia entre ambos filósofos en sus respuestas a una misma cuestión. Incluso si en Nietzsche como en Stirner se asiste a una valorización del individuo, la misma palabra «individuo» no tiene para ambos el mismo valor. Mientras que para Stirner el individuo es un islote cercenado del resto del mundo, para Nietzsche, como hemos visto, el individuo es un puente (…) Para Stirner el individuo tiene valor por sí mismo, mientras que para Nietzsche su único valor consiste en permitir el paso a una forma de existencia superior. Su valor se halla en función de su capacidad para promover la llegada del Superhombre.

Encontramos en Nietzsche ideas de selección y de elitismo que no aparecen, sin embargo, en un Stirner que escribió: «Tal vez con mi sólo yo pueda hacer pocas cosas, pero ese poco es todo, ese poco vale más que lo que haría de mi por la fuerza de los otros por el aprendizaje de las costumbres, de la religión, de las leyes, del Estado.» Una tal autosatisfacción del yo, un tal contento consigo mismo, incluso si logra «hacer pocas cosas» resulta del todo incompatible con la idea nietzscheana de la Voluntad de Poder y con su aristocratismo. Nietzsche no puede contentarse con el individuo, ni siquiera con el gran individuo. La finalidad es el superhombre. La filosofía de Nietzsche parece ir más allá del individualismo stirneriano que, para él continua siendo, sin duda alguna, una forma de nihilismo, en la medida que Stirner define al Individuo por negación de todo cuanto no sea yo o de todo cuanto sea no-yo. (…)

Pero si el individualismo de Stirner es un nihilismo, nada tiene que ver con un nihilismo pasivo parecido al del adivino que repite: «todo es en vano.» Se trata más bien de un nihilismo activo, tal vez más parecido al del más horrible de los hombres que mata a Dios por venganza, que lleva consigo mismo la gran admiración y el gran desprecio y sobre el cuál Nietzsche lega a preguntarse si no será ese el hombre superior. El nihilismo de Stirner se distingue de otros nihilismos; es su etapa última (…) Con Stirner, última etapa del nihilismo el yo lo niega todo. Es el absoluto nihilismo, llevado a su extrema consecuencia y puesto al día. El individualismo stirneriano actúa como un revelador. En tanto que tal debe ser superado.

***

FRAGMENTOS DEL LIBRO DE GISÈLE SOUCHON: “NIETZSCHE; GÉNÉALOGIE DE L’INDIVIDU”. © ED. L’HARMATTAN, PARÍS, 2003. Cap. X; p. 121-130, selección. Trad. R.A. para un seminario sobre «El ÚNICO Y SU PROPIEDAD», Barcelona marzo 2007.

 

 

 

 

EL STIRNERISMO

Por Emile Armand 

(epilogo de “El anarquismo individualista”

 

Max Stirner vió la luz en Bayreuth (Baviera) el 25 de octubrede 1806. No fue un escritor de una fecundidad extraordinaria, pues los cuidados de la existencia le acapararon demasiado tiempo.De sus escritos, sólo uno se ha mantenido a flote, un volumen en el cual se entregó por entero, en el que expresó todo su pensamiento y procuró indicar un camino de salida a los hombres de su tiempo: El único y su propiedad.

Existe Stirner y su obra, existe El único y su propiedad y el“stirnerismo”. Ocurrió que al dirigirse a los hombres de su tiempo, Max Stirner se dirigió a los hombres de todos los tiempos, pero sin asumir el aire o gesto de profeta tronando teatralmente desde el fondo de su caverna que tan bien sabía arrogarse Nietzsche. Stirner no se presenta tampoco a nosotros como un profesor enseñando a sus alumnos: habla a todos los que quieren oírlo, tal como un conferenciante o como un conversador que ha reunido en torno suyo a un auditorio de todas las categorías, tanto de manuales como de intelectuales.

Por esto, para comprender el alcance del stirnerismo, hay que suprimir de El único y su propiedad todo lo que es relativo a la época en que este libro fue escrito. Sin este trabajo preparatorio, corre el riesgo de asaltar al lector la tentación de que se halla en presencia de una confesión o de un testamento filosófico.Hecha esta supresión, tiene uno ante sí un árbol robusto y bien plantado, una doctrina perfectamente coherente y ya no se sorprende uno de que hubiese dado origen a todo un movimiento.

El stirnerismo considera que la unidad humana es la base y la explicación de la humanidad; sin lo humano no hay humanidad, la totalidad no se comprende más que por la unidad. Es lo mismo detenerse en seguida si uno no asimila estas premisas.Esta unidad sociológica no es un ser en transformación ni un superhombre, sino un hombre como tú y como yo que su determinismo impulsa a ser como debe, y como puede ser –nada más ni menos que lo que tiene fuerza o el poder de ser–. Pero el hombre que nosotros conocemos, ¿es lo que su determinismo quería? En otros términos: ¿es lo que debía y lo que podía ser?Ese hombre que tropezamos en los lugares de placer o de trabajo,¿es un producto natural o una confección artificial, es voluntariamente el ejecutor del contrato social o no se aviene a él más que porque educación, prejuicios y convenciones de toda especie le atiborran el cráneo? Es este problema el que el stirnerismo va a tratar de resolver. Primer tiempo.

Para volver a poner al individuo en su determinismo natural, el stirnerismo empieza a conmover todos los pilares sobre los que el hombre de nuestro tiempo ha edificado su casucha de miembro de la Sociedad: Dios, Estado, Iglesia, religión, causa, moral, moralidad, libertad, justicia, bien público, abnegación, sacrificio, ley, derecho divino, derecho del pueblo, piedad, honor, patriotismo, justicia, jerarquía, verdad, en una palabra, los ideales de toda especie. Esos ideales, los del pasado como los del presente, son fantasmas emboscados en “todos los rincones” de su mentalidad, que se han apoderado de su cerebro, que se han instalado en él y que impiden al hombre seguir su determinismo egoísta.

Batiéndose en retirada unos tras otros los prejuicios-fantasmas y derrumbándose sucesivamente las columnas de su fe y de sus creencias, el individuo vuelve a hallarse solo. Al fin, es él, su Yo queda libre de toda la ganga que lo comprimía y que le impedía mostrarse tal cual es. Ha quedado hecha la tabla rasa, los nubarrones que oscurecían el horizonte han desaparecido, el sol brilla con todo su esplendor y el camino está libre.El individuo no conoce más que una causa: la suya, y esta causa no la basa sobre nada exterior, sobre ninguno de esos valores fantasmales de los cuales estaba antes atiborrado su cerebro.Es el egoísta en el sentido absoluto de la palabra: su potencia es en lo sucesivo su único recurso. Todas las reglas exteriores se han derrumbado; ha quedado libre de la opresión interior,mucho peor que el imperativo exterior; forzoso le es ahora buscar en sí sólo su regla y su ley. Es el único y se pertenece, en toda propiedad. No hay para él más que un derecho superior a todos los derechos: el derecho a su bienestar. “La aflicción debe desaparecer para dejar lugar a la satisfacción.”

Pensad adónde ha llegado el único. Ni una verdad existe fuera de él. No hace nada por el amor de Dios o de los hombres,sino por el amor de sí. No existe entre su prójimo y él más que una relación: la de la utilidad o la del beneficio. De él solo se derivan todo derecho y toda justicia. Lo que quiere es lo que es justo. Lejos, pues, de toda causa que no sea la suya. Es él mismo su causa y no es ni “bueno” ni “malo” (ésas son palabras).Declárase enemigo mortal del Estado y el adversario irrespetuoso de la propiedad legal.

Algunas citas sacadas de El único y su propiedad harán comprender que Stirner no ha perdonado nada y que ningún ídolo halló gracia ante sus ojos:

“Siempre se pone un nuevo amo en el lugar del antiguo, no se demuele sino para reconstruir y toda revolución es una restauración.Ésta es siempre la diferencia entre el joven y el viejo filisteo. La revolución comenzó como pequeña burguesa por la elevación del Tercer Estado, de la clase media, y sube como simiente sin haber salido de su trastienda.”

“Si os sucediera, aunque no fuese más que una vez, el ver claramente que el Dios, la ley, etc., no hacen sino importunaros,que os rebajan y os corrompen, es cierto que los arrojaríais lejos de vosotros, como los cristianos derribaron, en otro tiempo, las imágenes de Apolo y de Minerva y de la moral pagana.”

“En tanto quede en pie una sola institución que no esté permitido abolirla al individuo, el Yo está aún muy lejos de ser su propiedad y de ser autónomo.”“La cultura me ha hecho PODEROSO, esto no admite tampoco duda alguna. Ella me ha dado un poder sobre todo lo que esfuerza, así también sobre los impulsos de mi naturaleza como sobre los asaltos y las violencias del mundo exterior. Sé que nada me obliga a dejarme constreñir por mis deseos, por mis apetitos y mis pasiones, y la cultura me ha dado con qué vencerles: soy su dueño.”

“Aquel que derriba una de sus BARRERAS puede haber mostrado con eso a los demás el camino y el procedimiento a seguir; pero el derribar sus BARRERAS sigue siendo la misión de los otros.”

“Nos contentamos durante mucho tiempo con la ilusión de poseer la verdad, sin que se le ocurriese al espíritu preguntarse seriamente si no sería necesario, antes de poseer la verdad, el ser uno mismo verdadero.”

“Aquel que para existir tiene que contar con la falta de voluntad de los demás, es buenamente un producto de aquellos otros, como el amo es un producto del servidor. Si cesara la sumisión se habría acabado la dominación.”

“Para el hombre que piensa, la familia no es una potencia natural, y debe hacer abstracción de los padres, de los hermanos,de las hermanas, etc.”

¿A qué lugares empujará su determinismo al egoísta en el cual se hizo tabla rasa de los prejuicios-fantasmas? Y he aquí el segundo tiempo del stirnerismo.

Muy buenamente, hacia las riberas de la unión, de la asociación… Pero una unión contraída voluntariamente, una asociación de egoístas que no cultivarán el trato con los fantasmas del desinterés, del sacrificio, del desvelo, de la abnegación, etc. Una asociación de egoístas donde nuestra fuerza individual se acrecentará con todas las fuerzas individuales de nuestros coasociados,donde uno se consumirá y se servirá mutuamente alimentos. Una unión de la cual se servirá cada uno para sus propios fines, sin que os importune la obsesión “de los deberes sociales”. Una asociación que consideraréis como propiedad vuestra, como vuestra arma y como vuestra herramienta y que abandonaréis cuando ya no os sea útil.

Pero no os imaginéis que la asociación, si persiste el individuoen realizarse por medio de ella, no exige nada a cambio.

Evidentemente, la asociación stirneriana no se presenta como una potencia espiritual superior al espíritu del asociado –la asociación no existe sino por los asociados, pues es su creación–; pero he aquí: para que ella realice sus fines y para que cada cual se sustraiga “a la opresión inseparable de la vida en el Estado o en la sociedad” es preciso comprender bien que no faltarán en ella “las restricciones a la libertad y los obstáculosa la voluntad”. “Dando, dando.” Egoísta, amigo mío, tú consumirás a los demás egoístas, pero a condición de aceptar el servirles alimentos. En la asociación stirneriana se puede también sacrificarse a otros, pero no invocando el carácter sagrado de la Asociación; sencillamente porque puede seros agradable y natural el sacrificaros.

El stirnerismo reconoce que el Estado descansa sobre la esclavitud del trabajo; que el trabajo sea libre y el Estado queda desstruido en seguida. Der Staatberuhtauf der Sklaverei derArbeit. Wird der Arbeitfrei, so ist der Staatverloren: he ahí por qué el esfuerzo del trabajador debe tender a destruir el Estado o a pasarse sin él, lo que viene a ser lo mismo.

Tercer tiempo. Queda la forma en que el egoísta o la Asociación de los egoístas luchará contra los hábiles y los astutos que hacen uso de los fines de dominación y de explotación de los fantasmas que han tomado posesión de los cerebros de los hombres. El stirnerismo no pretende desempeñar el papel del Estado después de haberlo destruido o de haber proclamado su inutilidad y forzar a los que no lo quieren o no pueden a formar asociaciones de egoístas. El stirnerismo no preconiza la revolución. El stirnerismo no es sinónimo de mesianismo. Contra los que poseen y explotan hasta el punto de no dejar a los explotados ni pan que comer, ni lugar donde reposar su cabeza, ni de pagarles el salario íntegro de su esfuerzo, la insurrección es natural y conveniente la rebelión. Hay bienes improductivos al sol y cajas de caudales llenas hasta desbordarse. ¡Qué diablo! Y nada de sentimentalismo cuando se trata de afirmar su derecho individual o asociado al bienestar. El ego, guiado por la propia conciencia, no podría desembarazarse de escrúpulos que podían obsesionar a los hombres de cerebros habitados por fantasmas.

La revolución ordena instituir e instaurar y la insurrección quiere que uno se subleve o que se eleve.”

“Yo doy vueltas a un peñasco que obstaculiza mi camino hasta que tenga bastante pólvora para hacerlo saltar; doy vueltas a las leyes de mi país en tanto no tenga la fuerza de destruirlas.”

“Un pueblo no podría ser libre sino a costa del individuo,pues su libertad no afecta más que a él y no es la emancipación del individuo; cuanto más libre es el pueblo, más sujeto está el individuo. Fue en la época de la mayor libertad cuando el pueblo griego estableció el ostracismo, expulsó a los ateos e hizo beber la cicuta al más probo de sus pensadores.”

“Dirigíos a vosotros mismos mejor que a vuestros dioses o a vuestros ídolos: descubrid en vosotros lo que está oculto, llevadlo a la luz y reveladlo.”

Tal es la esencia del mensaje que Max Stirner, entregándolo a los hombres de su tiempo, lo dirige a los hombres de todos los tiempos.

Hemos dicho que en Stirner había el hombre y la obra. Después de haber hablado de la doctrina, hablemos de su fundador. Stirner no es más que el nombre literario de Johann Caspar Schmidt y ese sobrenombre no es más que un apodo debido a la frente (Mina en alemán) desarrollada del autor, de El único y su propiedad y que él conservó para sus escritos.

Uno de los episodios de la vida de Stirner que más retiene nuestra atención es su frecuentación, durante diez años, del club de los “Emancipados”, agrupación de intelectuales animados por las ideas liberales de los espíritus avanzados de antes de 1848. Se reunían en una cervecería y en la atmósfera llena de humo de las largas pipas de porcelana, discutían sobre toda clase de temas: teología (el libro de Strauss sobre Jesús acababa de aparecer entonces), literatura, política (la revolución del 48 estaba próxima). Fue en 1843 cuando Max Stirner, el hombre de aspecto impasible, de un carácter fuerte y concentrado en sí mismo, se casó en segundas nupcias con una mujer burguesa, soñadora y sentimental, asidua también al club de los “Emancipados”, María Daehnhardt. Sin embargo, su unión no fue feliz. La incomprensión mutua de los dos esposos y las calumnias que insinuaban que Stirner buscaba una utilidad en este casamiento, por la dote de su mujer, ocasionaron la ruptura en 1845.

Stirner continuó produciendo. El único y su propiedad data de fines de 1844. Publicó sucesivamente de 1845 al 47 una traducción alemana de las obras maestras de J. B. Say y de Adam Smith con notas y observaciones en ocho volúmenes; en 1852, una historia de la reacción en dos volúmenes, toda de su pluma; en 1852 también, la traducción de un ensayo de J. B.Say sobre el capital y el interés, con observaciones… Después, ya no publicó nada. Sus últimos años fueron míseros. Reducido a ganar su pan como podía, aislado, encarcelado dos veces por deudas, sucumbió en 1856 a una infección carbonosa, en una casa de dormir. Nuevas indagaciones de mi amigo John-Henry Mackay, muerto en mayo de 1933, parecen atestiguar que el fin de su existencia no fue tan miserable ni estuvo tan desprovisto de amistad como se creyó en un principio.

Volvamos a la obra de Stirner. Uno de los pasajes más notables de El único y su propiedad es aquel donde define la burguesía con relación a los individuos sin posición social. Esta cita es la mejor respuesta que puede darse a los que ven en Stirner y sus continuadores a individualistas burgueses:

“La burguesía se reconoce en que practica una moral estrechamente ligada a su esencia. Lo que exige ante todo es que se tenga una ocupación seria, una profesión honorable y una conducta moral. El caballero de industria, la ramera, el ladrón, el bandido y el asesino, el jugador y el bohemio son inmorales, y el buen burgués experimenta con respecto a esas ‘gentes sin costumbres’ la más viva repulsión. Lo que les falta a todos es esa especie de derecho de domicilio en la vida que proporcionan un comercio sólido, medios de existencia asegurados, rentas estables, etc.; como su vida no descansa sobre una base segura, pertenecen al clan de los ‘individuos’ peligrosos, al peligroso proletariado: son ‘particulares’ que no ofrecen ninguna garantía y que no tienen ‘nada que perder’ ni nada que arriesgar”.

“Toda vagancia desagrada al burgués, y existen vagabundos del espíritu que, ahogándose bajo el techo que abrigaba a sus padres, se van a buscar a lo lejos más aire y más espacio. En lugar de permanecer en el hogar familiar removiendo las cenizas de una opinión moderada, en lugar de tener por verdades indiscutibles lo que consoló y calmó a tantas generaciones anteriores a ellos, franquean la barrera que cierra el campo paterno y se van por los caminos audaces de la crítica, donde los lleva su indomable curiosidad de dudar. Esos extravagantes vagabundos entran también en la clase de las personas inquietas,inestables y sin reposo que son los proletarios, y cuando dejan sospechar su falta de domicilio moral se los llama ‘perturbadores’,‘cabezas calientes’ y ‘exaltados’.”

“Podrían reunirse con el nombre de vagabundos conscientes a todos los que los burgueses tienen por sospechosos, hostiles o peligrosos.”

Stirner no ha descendido hacia el pueblo como los Bakuninn,los Kropotkine y los Tolstoi, por ejemplo. No es un productor macizo, como Proudhon, de prejuicios de burgueses medios y generosos; no es un sabio como Reclus, doblado de un espíritu de bondad evangelista; ni un aristócrata como Nietzsche; es uno de nosotros. Es un hombre que jamás gozó de una posición segura y provechosa o desahogada. Conoció la necesidad de practicar los oficios más diversos para vivir. La gloria que circunda a los proscritos célebres, a los militantes revolucionarios o a los jefes de escuela, le fue desconocida. Tuvo que arreglárselas como podía y en lugar de las señales de consideración que la burguesía otorga, a pesar de todo, a ciertos ilustres revolucionarios,no recibió más que las repulsas con que ella agobia a los individuos sin situación y sin garantía.

Instruido por sus propias experiencias, Stirner trazó un retrato del burgués mucho más sorprendente que el que hizo más tarde Flaubert, que se situaba únicamente en el punto de vista estético.

Para Stirner, la característica del mundo burgués es el poseer una ocupación seria, una profesión honorable, moralidad, en una palabra, lo que constituye un derecho de domicilio en la vida. El burgués puede ser obrero o rentista, llamarse  republicano, radical, socialista, sindicalista, comunista, hasta anarquista; puede pertenecer a una Logia, a la Liga de los Derechos del Hombre, a un Comité electoral socialista y a una célula comunista; puede pagar también su cotización a un partido revolucionario. En tanto que su vida descanse sobre una base segura y en tanto que ofrezca garantías morales, burgués es y burgués sigue siendo.

En la misma Alemania, sólo al cabo de cincuenta años apareció una segunda edición de El único y su propiedad (1882). En 1893, la gran casa editorial Reklam, de Leipzig, editaba este libro en su Biblioteca Popular. Esto era hacerlo accesible a todos. En 1897, John-Henry Mackay, que tanto trabajó para hallar huellas de Stirner y disipar el misterio que envuelve su vida, publicaba la primera edición de Max Stirner, sein Lebenundsein Werk.

En Francia, El único y su propiedad aparecía en 1900 en dos traducciones, la de Robert L. Reclaire, en casa de Stock, y la de Henri Lasvigne en La Revue Blanche. (En 1894, Henri Albert había traducido una parte de la obra en el Mercure deFrance; un poco más tarde, Teodoro Randal había hecho lo mismo en las Charlas Políticas y Literarias y en el Magazine Internacional.)

En 1902, era traducida al danés (con prefacio de JorgeBrandes) y al italiano (con prefacio de Ettore Zoccoli); en 1911 apareció una segunda edición italiana, que fue reimpresa en 1920. En 1907, precedida de un prefacio del autor de La filosofía del egoísmo, James Walker, aparecía una traducción inglesa por Steven T. Byintong, editada por Benjamin R. Tucker,con el título The Ego and hisown. En 1912, El único y su propiedad había sido además traducido al ruso (se cuentan ocho ediciones de esta obra en esta lengua, la séptima traducida por Leo Kasarnowski y la última data de 1920), al español, al holandés y al sueco. En 1930, aparecieron dos traducciones japonesas, una de las cuales en edición económica, por J. Tsuji. Creo que existen traducciones de El único en otras lenguas.(He oído hablar de la traducción de El Único en diez y ocho lenguas, pero no pude comprobarlo.)

Con el título de Kleinere Schriften (‘pequeños escritos’) John-Henry Mackay reunió los estudios, artículos, informaciones y respuestas de Stirner a sus críticos aparecidos de 1842 a 1848. Conozco una edición italiana de esta obra titulada Scrittiminori. Traduje en L’endehorsla crítica muy interesante que Stirner hizo de Los misterios de París, de Eugenio Sue, y un extracto de El falso principio de nuestra educación.

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APÉNDICE

É. ARMAND EN CASTELLANO

Incluimos en esta breve bibliografía los libros publicados en el Estado español, con excepción del período de la dictadura militar. No tenemos los datos suficientes para ofrecer una bibliografía más amplia, que incluya ni las ediciones latino americanas ni las del exilio.

Tampoco damos cuenta de las colaboraciones de Armand en la prensa castellana de su época, que podrían contarse por centenares. Sus trabajos fueron acogidos en revistas tales como

Estudios (antes Generación Consciente), Iniciales, La RevistaBlanca, La Voluntad, El Único y un larguísimo etcétera.

Amor libre y sexualismo subversivo. Variaciones sobre la voluptuosidad.La procreación voluntaria desde el punto de vista individualista,Valencia, Generación Consciente, sin año, 86 páginas.

Cómo entendemos el naturismo los individualistas, traducción de J.Elizalde, Barcelona, Somo, 1930, 8 páginas.

Cómo entienden el amor libre los individualistas, traducción y prólogo de León Drovar, Barcelona, Somo, 1930, 7 páginas.

Formas de vida en común sin Estado ni autoridad (Las experiencias económicas y sexuales a través de la historia), traducción de Carlos Espinosa, Madrid, Orto (Biblioteca de Documentación Social), 1934,404 páginas.

La iniciación individualista anarquista; traducción de E. Sala-Nova,Valencia, Nosotros (Biblioteca Individualista anarquista, 2)

Libertinaje y prostitución. Grandes prostitutas y famosos libertinos.Influencia del hecho sexual en la vida política y social del hombre,prefacio de Axel Robertson Proschowsky, portada de Josep Renau,Valencia, Orto, sin año, 487 páginas.

Reflexiones de un anarquista individualista. Realismo e idealismo mezclados, traducción y prólogo de V. Orobón Fernández, París,Librería Internacional, sin año, 139 páginas.

Sexualismo revolucionario. Amor libre, traducción de Urbano Carrasco,Valencia, Mañana, 1932, 111 páginas.

Sexualismo revolucionario; traducción de Urbano Carrasco, Mataró,Julio Pi, sin año, 127 páginas.

Individualismo anarquista y camaradería amorosa, Traducción y compilación de Adriana Gómez y Claudia Piperno, Barcelona, Con otros, 2000, 96 páginas.

Tesis y opiniones. El anarquismo individualista. Lo que es, puede y vale,versión española y prefacio de M. Costa Iscar, Barcelona, Imprenta Germinal, 1916, 206 páginas.

 

 

 

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