El anarquismo individualista (parte IX)

Indice

 

 

 

El anarquismo individualista (parte IX)

 

CAPÍTULO 17

EL ANARQUISMO INDIVIDUALISTA COMO VIDA Y COMO ACTIVIDAD

 

84. PANORAMA Y CARÁCTER DE LA LUCHA

Los anarquistas individualistas son una ínfima minoría entre los hombres y se exponen a la lucha en cuanto quieren realizar en lo posible sus ideas. Lo mejor es mirar de frente la situación y separarse de la oratoria ramplona y meliflua y de toda tentativa interesada de los agentes provocadores. Lejos de toda obra de superficialidad y de castración, que muchas veces emerge de los fondos secretos de la sociedad, pues no es posible la conciliación entre los anarquistas y los mantenedores sociales. El hecho real es que el anarquismo no puede presentarse de un modo discreto o convencional, y los que lo aceptan no pueden pretender ser los conductores de la feliz Arcadia. El camino de la anarquía no está trazado matemáticamente ni sembrado de flores. Es un sendero abrupto que requiere esfuerzos sostenidos.

El anarquista empieza a ser combatido por su propia familia, y no siempre es comprendido por sus camaradas; está en desacuerdo con su patrón, mal visto por sus vecinos y mal considerado en general. La cárcel lo amenaza continuamente; está bajo la vigilancia policíaca y los soplones contribuyen a veces a que sea despedido de su trabajo. ¿Quiere hacer un poco de propaganda agresiva? Persecuciones y años de prisión le esperan.

En la rebelión contra los prejuicios morales, también ha de armarse de valor. Comenzando por iniciar a una joven en las primeras caricias, la que se le entrega en plena voluntad, acto natural entre todos, el anarquista se expone a ridículas denuncias por corrupción de menores; continuando por la amenaza constante de ser acorralado si afecta o se contenta de hacer silenciosamente una vida que choca más o menos violentamente con las ideas recibidas en materia de respetabilidad; si se permite usar vestidos que no estén de acuerdo con la moda, o frecuenta gentes que desagraden a su portera; acabando, en fin, por ser renegado de todos, considerado como un oprobio del mundo y un despojo social.

No hay acuerdo posible entre el anarquista y todo medio reglamentado por las decisiones de una mayoría o por los votos de una elección. Contra él se levanta la sociedad toda. Lucha por la libertad de exponer la idea, por la de vivir; lucha por el pan, por el saber; lucha incesante que dará goces profundos y en las que se tendrá, acaso, la inapreciable satisfacción de ver caer alguna piedra angular y vacilar el edificio social, pero lucha al fin y al cabo.

 

85. LA IRREDUCTIBILIDAD ANARQUISTA

El anarquista no admite treguas. Su actividad se concreta en lucha continua y su interés estriba en prolongarla todo lo posible. Se muestra intratable, intransigente, sin piedad con los que detentan el poder administrativo, intelectual y económico. No acepta concesiones sociales a cambio de una relativa tranquilidad, haciéndose el cómplice de las gentes interesadas en el mantenimiento de la actual sociedad, sino que lleva a la mayor intensidad y constancia su labor de crítica profunda y seria.

Rechazamos, pues, las fórmulas fijas, porque no debemos tener en cuenta más que las circunstancias relativas del presente que vivimos. Si ayer nos fue útil poner a contribución nuestras necesidades, hoy puede sernos más agradable hallar compensación a nuestros esfuerzos y guiarnos por éstos y no por aquéllas, lo que significa únicamente que hemos evolucionado, sin dejar por ello el plano de libertad espiritual en que tratamos de asentar nuestro conocimiento. Si tal regla de conducta moral nos convenía cuando éramos más ignorantes, ahora que hemos adquirido mayor experiencia, nos es perjudicial seguirla. De modo que aceptamos un concepto mientras nos hace felices, pero lo rechazamos si nos sentimos cohibidos. Es para nuestra alegría, para nuestro placer y nuestra utilidad que edificamos teorías y con la misma facilidad las destruimos en cuanto comprendemos que se quieren apoderar de nuestra individualidad. Toda regla que no proporciona un mínimo de dicha tangible es despreciable; es una opresión en cuanto no ayuda a vivir más libre y felizmente, con más intensidad.

La experiencia nos demuestra que no hay una panacea que pueda convenir a todos los temperamentos y a todas las circunstancias, y como el anarquismo es una filosofía de la vida esencialmente relativa, de aquí que quien la acepta no puede ser a la vez doctrinario y anarquista, sino que ante todo le conviene librarse en el mayor grado posible de la subordinación al medio para seguir sus fines individuales de reacción contra todo convencionalismo de tendencia absolutista. Tampoco cabe perseguir exclusivamente el interés económico, porque no basta haberse desligado de Dios, de la Moral y del qué dirán, sino que es preciso, para ser lógicos, romper toda coyunda. Por encima del interés económico colocamos la satisfacción moral, el goce interior y hasta el placer de los sentidos. Y no hay mejor satisfacción que ésta que experimentamos al sentirnos independientes. La cuestión para nosotros no estriba en saber si el empleo del mecanismo más perfeccionado, el trabajo en común o la solidaridad nos pueden proporcionar más ventajas materiales; lo esencial es determinar si todas las novedades y adelantos nos permitirán afirmar mejor la insubordinación y la indisciplina en que se basa la autonomía personal. ¡Cuántas veces hemos tenido que romper hasta con nuestros amigos en detrimento de nuestro interés material, al comprender que al seguir haciéndoles ciertas concesiones disminuíamos nuestra personalidad!… Un anarquista no es un calculador y un razonador sempiterno; puesto que basándose en el hecho individual, se comprenden a la vez, mezclados, en lucha, unas veces triunfantes y otras derrotados, el instinto, la razón, la sensibilidad, la acometividad, la reflexión y tantos otros aspectos del ser activo que los experimenta sucesivamente. A nuestro alrededor vemos que todos hacen del interés económico el móvil de sus acciones y, aunque lo persiguen caóticamente, no podemos pretender imitarlos bajo el pretexto de ordenar su desbarajuste que acabaría por enredarnos también. Seamos expeditivos y no embrollemos, pues no es insensato el afirmar que tendemos hacia una selección que podrá realizarse; es decir, que de un lado se clasificarán los formulistas, los doctrinarios, los mezquinos, los detallistas utilitarios, los que no han sabido o querido comprender que el anarquismo es una concepción de actualidad, una negación presente, un combate cotidiano contra todo lo que hace sombra al desarrollo de la personalidad; de otro lado se unirán los que no quieren sacrificarse al medio, conformarse a la opinión predominante cuando les es adversa. Esta separación es necesaria para evitar torcidas interpretaciones.

Por todas partes la uniformidad nos rodea; todos los vestidos obedecen a un modelo, todos siguen el ridículo de la moda y desprecian la comodidad; todas las viviendas se alinean monótonamente y presentan las mismas fachadas; todas las facciones presentan la misma máscara de insinceridad. Realizar los mismos gestos, a la misma hora, del mismo modo, tal parece ser el fin de una sociedad bien organizada, pero como no somos teóricos de la sociedad futura, preferimos resolver nuestra cuestión individual como mejor podamos, día por día, según las circunstancias. Nos repugna seguir el mismo camino que la sociedad, gris y sucio como la atmósfera de las grandes ciudades invadidas por el humo de sus fábricas tristes y enervadoras, donde es asfixiante el ambiente por la aglomeración de escuelas rutinarias, cuarteles, prisiones y edificios oficiales, con el contraste misérrimo que ofrece la habitación de los que forman la clase baja, al lado de las suntuosidades y refinamientos sibaríticos de los pudientes y privilegiados.

Pero no hace falta insistir. Dejemos a los que viven en la monotonía de la existencia, extendamos nuestro desprecio hasta los que se encastillan en un necio absolutismo, aunque se amparen en un doctrinarismo anárquico (?) y cultivemos nuestro yo (que sólo es despreciable para los tartufos y perezosos) en el pleno ambiente de la originalidad.

 

86. LA ACTIVIDAD CRÍTICA

Eterno descontento, el anarquista criticará siempre los hechos del sufrimiento, del dolor, del miedo, los motivos, en suma, que dan lugar al drama humano, criticará en todas partes, con entusiasmo, con valor, con sinceridad, como si dependiese de él. que todos los que lo rodean se hagan anarquistas, sin inquietarse de las torpezas, de los errores y de las derrotas de los que lo han precedido, con la esperanza, con la convicción de que el resultado obtenido mañana sea mejor que el de hoy, y apreciando en su justo valor los esfuerzos realizados en tal sentido; criticará por todos los medios, por la palabra, por los escritos y por los hechos, por su vida de refractario, por su ejemplo en los medios anarquistas individualistas sinceros, por la multiplicación de su actividad, por la práctica del verdadero compañerismo, por la creación de numerosas “escuelas anarquistas” o focos de enseñanza, donde se intente preparar los cerebros y los corazones para accionar, pensar y vibrar por y para sí mismos; criticará las instituciones y los hombres actuales: capitalismo, patriotismo, militarismo y parasitismo; la enseñanza pública y privada, la educación familiar, la elemental y la superior, los hechos adquiridos y las cosas juzgadas, los textos invariables, los principios inmutables, las declaraciones de los derechos del hombre y las proclamas de independencia, las ideas de frontera, de superioridad o inferioridad sociales, no basadas sobre la observación científica, las concepciones en que la sociedad basa la familia: afección paternal, maternal, fraternal, filial, fidelidad sexual, amor, matrimonio; el culto al pasado, la inevitable evolución, el determinismo fatal, el libre albedrío inconsciente, la predestinación, el moralismo, el pietismo, la fe indemostrable, el autoritarismo, el parlamentarismo, la centralización administrativa, bien sea ministerial o simplemente sindicalista, las ideas erróneas y vulgares sobre la caridad, la solidaridad y el amor universal, el burgués de blusa o de levita, los hombres indispensables, los mesías, los redentores, el pontífice católico y el dómine anarquista, las supersticiones, las leyendas, las mojigaterías, los magistrados, los jueces, todo el engranaje autoritario, las ideas de explotación y de trabajo dignificador, la inactividad y la holganza como consecuencia de las ideas anarquistas, la urbanidad, la cortesía, la honradez, el pudor, como elementos arreglados al gusto burgués y convencional, las soluciones a priori, las “necesidades de la causa”, el ficticio desinterés, los “sacrificios por la Idea” cuando no ocultan más que hipocresía o mentira grosera.

Tan pronto el anarquista se apoyará en los datos científicos como invocará la razón o el sentimiento. Ridiculizará y será ironista, o bien pondrá en juego la reflexión profunda y la comparación imparcial. Abrirá, cortará, amputará, introducirá el escalpelo en la llaga social cuantas veces sea necesario.

La propaganda anarquista no criticará por monomanía o vocación; no para hacer número, discípulos, adeptos, obedientes, sino para hacer tabla rasa.

Una vez el cerebro desembarazado, libre, en marcha, y la razón y el sentimiento vibrando armónicamente, corresponde a cada uno edificar su propia concepción de la vida, cumplir su personal revolución, levantar su ciudad futura individual. Que cada uno dirija su vida según sus tendencias, su temperamento, su carácter, sus aspiraciones, y que la ejercite, aislado o unido a otros, amplia, intensa, feliz.

El anarquista criticará primero para librarse a sí mismo y después para los demás. Es destructor y educador, crítico e innovador.Traza su camino, un camino nuevo, y siempre a la defensiva, combate cuantos prejuicios se levantan adversos contra él. Saborea los goces de la inteligente despreocupación, pero bebe también su copa de amargura. Conoce los rodeos que conducen al punto de partida, las emboscadas, las traiciones. Sabe del hambre que atenaza las entrañas y de la hostilidad que hiela el corazón. Tiene experiencia del cariño interesado, de la protección fingida, de la hipocresía ambiente y de las sonrisas, que enmascaran la insidia. A pesar de todo sigue su ruta, trabajando por puro placer, recogiendo al pasar las satisfacciones que le procura su modo de ser, sin obligación ni sanción legal. Desconocido las más de las veces, no comprendido por quienes le son más queridos, continúa entusiasta, y aunque caiga un día u otro, es evidente que los mismos que ridiculizaron su esfuerzo se ven obligados a penetrar por la brecha que él abrió.

De tal modo, proclamando bien alta la voluntad de vivir para sí mismo, su esfuerzo lo ha conducido a trabajar por otro, a reproducirse, a cumplir su destino, su razón de ser un hombre sano, vigoroso, enérgico, audaz, enamorado de la vida verdadera fuera de la autoridad, un anarquista, en fin.

 

 

Mujeres Libres, el grupo más numeroso de mujeres anarquistas / CGT

 

 

CAPÍTULO 18

EL ANARQUISTA INDIVIDUALISTA Y LAS “PROPAGANDAS ESPECIALES”

 

 

87. PELIGRO DE LAS PROPAGANDAS ESPECIALES

No quisiéramos terminar este libro sin examinar la posición del anarquista con relación a las diversas propagandas especiales que, en las diferentes fases del movimiento ideológico,han retenido la atención de varios camaradas, a veces numerosos,y que han sido el objeto de caracterizadas tendencias.El defecto de estas “especialidades” es que, como si fueran potentes ramas, amenazan absorber toda la savia del tronco,en gracia a los problemas cuya solución no es de ningún modo urgente, pues al quitar una gran parte de la iniciativa y de la actividad agresiva al anarquismo, éste languidece y pierde su razón de ser.

 

88. CUESTIÓN FEMINISTA

Consideremos el “feminismo”. Que un anarquista constate la inferioridad a que el hombre en general ha relegado a su compañera, la mujer; que se dé cuenta de lo doloroso que es hallar la explicación de ciertos prejuicios atávicos inherentes ala sociedad…, no por eso ha de pretender hacer un pedestal al sexo femenino y dotarlo de cualidades que bajo cualquier aspecto lo hagan superior al masculino. ¿Acaso la mujer se hace más interesante reclamando su emancipación política, el derecho al sufragio o a la elegibilidad?

El anarquista no establece diferencias de sexo sino que se interesa únicamente por los seres libres. Su propaganda crítica apunta igualmente al hombre y a la mujer y socava los cimientos de la autoridad y de la explotación de que ambos son víctimas a la vez. Los dos sexos se complementan, sin desigualdades depresivas para ninguno, y es una locura excitarlos entre sí.Parece que el hombre, más robusto, más sólido, menos delicado, ve la vida bajo un aspecto más general y la mujer, más sensible, la aprecia de un modo más particular, poseyendo el secreto de esa tenaz abnegación, de esa ternura perseverante que suele ser su característica y no la del hombre. No hay en esto nada que indique inferioridad en uno u otro sexo; por otra parte, los fenómenos de herencia que hacen que un hombre reproduzca los rasgos psicológicos de un antepasado femenino o viceversa, frecuentemente evidencian excepciones. El anarquista, pues, debe ejercer la propaganda para ambos sexos sin distinción, preconizando la vida libre, la multiplicidad y variedad de las experiencias de la existencia. Y esto es lo que hacemos en estas páginas.

 

89 .LA UNIÓN ANARQUISTA

En la sociedad actual, cuando dos anarquistas se unen por un período que prevén durable, por lo general, son independientes económicamente entre sí y ésta es la tendencia anarquista-individualista. También puede suceder que el mejor dotado y adaptado, hombre o mujer, asegure la vida material de ambos. Si, de un modo general, cada uno conserva su completa autonomía, compatible con la armonía de la convivencia(pues sin la intimidad y la confianza no es posible ni aun la unión anarquista), suele producirse con frecuencia que el más activo y el de mejores iniciativas decide también la orientación moral o intelectual que debe guiarlos. En el dominio afectivo o sexual, cada uno puede gozar de una libertad absoluta,bien practicando la unidad o la pluralidad y conformándose con su propia experiencia. Lo importante es que no haya coacción ni disminución individual, es decir, que obren según las circunstancias, según que tales o cuales actos concurran a su desarrollo personal y a su mutua felicidad. Se podría asimilarla unión anarquista a una tentativa de asociación anarquista-individualista, la más restringida, basada en la más estrecha cordialidad, con la belleza particular que el amor le presta.

 

90. EL NEOMALTHUSIANISMO

Otra propaganda especial, cuyo infatigable apóstol, Paul Robin, ha conquistado innegables simpatías anarquistas, es el neomalthusianismo, que sin duda establece un problema social de los más interesantes. Sin embargo, nos parece que el anarquista individualista no debe interesarse mucho en el punto esencial de tal doctrina, o sea, en la ley científica que quisiera que las subsistencias disminuyesen en relación matemática con el aumento de la natalidad y que, a menos de una restricción razonada de ésta, la población del globo pudiera perecer de inanición. Aunque somos partidarios de la limitación voluntaria de la procreación, la perspectiva de los continuadores de Malthus no nos parece de actualidad.

Además ¿qué válidas estadísticas pueden hacerse de una producción no basada sobre las necesidades del consumo, sino reguladas por la avidez especulativa?

Los neomalthusianos tienen también la errónea pretensión de poseer una panacea en su doctrina, y nosotros decimos que el empleo de los medios anticonceptivos no hace mejor o peor al que los practica. Las clases acomodadas saben bastante de esto y sin embargo de su seno salen los acaparadores y los privilegiados en todas las escalas. Aunque la fecundidad quedase reducida al más estricto mímino, los humanos no serían más felices en realidad. Habría igualmente unos rencorosos, mezquinos y ambiciosos y otros, los menos, generosos, buenos, de elevadas aspiraciones.

El buen sentido basta para saber que a menos cargas, más libertad, y a menos responsabilidades, más independencia. En un medio de explotación y autoridad como el presente, nosotros, los anarquistas individualistas de ambos sexos, buscamos vivir nuestra vida, pero sin renunciar a las delicias del amor sexual ni a las exigencias de nuestra naturaleza sentimental. Para la mujer, la procreación no es una función indispensable ala vida. Como seres razonables, seleccionamos entre nuestras necesidades, aspiraciones y funciones las que nos hacen menos esclavos de las condiciones económicas y prejuicios del medio ambiente. Puesto que los procedimientos preventivos permiten a las compañeras ser madres a voluntad, podemos afirmar que esto constituye una resistencia más contra la opresión y el determinismo de una maternidad no deseada y para su compañero la responsabilidad paterna. Es conveniente, por tanto, que el avisado advierta al ignorante, en gracia a la más elemental lealtad, que puede evitar mayores males para ambos.

 

91.LA TENDENCIA NATURISTA

El naturismo anarquista es otra panacea especial de la propaganda. En su acepción racional, tal como lo han entendido Tolstoi, Carpenter, Crosby y otros, es digno de simpatías por su tendencia general a contrarrestar la vida artificial y la fiebre desordenada de los contemporáneos, pero los naturistas exagerados quisieran desterrar todos los progresos científicos y hacernos retroceder a lo que ellos denominan “la edad de oro”, o sea a los tiempos de los viajes a caballo, de los oficios a mano y a brazo y de los barcos de vela.

Ciertamente, sería injusto negar lo nocivo y feo de las ciudades industriales y el tufo desagradable de su atmósfera cargada. Nada tan detestable como las altas chimeneas de las fábricas inundando de humo un bello paisaje; nada menos estético que esos inmensos edificios de seis pisos cuyas fachadas perfilan a lo largo de las arterias ciudadanas su desesperante monotonía. Pero, aun reconociendo estos vulgares errores, no debe llegarse a desear la desaparición de las adquisiciones científicas y de los medios rápidos de fabricación para “volver al pasado”.

Sin duda, el anarquista preferirá el expreso a la diligencia, las máquinas tejedoras al simple telar antiguo y, en fin, todo lo que significa menor trabajo y mayor bienestar. Cuanto mayor sea su desarrollo intelectual, más intensa será su vida, más sentirá la necesidad de reducir al mínimum el tiempo exigido para la fabricación de las utilidades más indispensables al funcionamiento puramente físico de su cuerpo. Los naturistas objetan vivamente que en la “sociedad futura” no se encontrará quien se preste a desempeñar trabajos sucios, repugnantes o dificultosos, tales como el de pocero, minero o fogonero, porque entonces cada uno elegirá voluntariamente sin imposición alguna.

He aquí nuestra réplica: Que la “sociedad futura” es puramente hipotética y que si esperando su realización no se aprovecha el progreso adquirido, equivale tal actitud para el anarquista a una marcada inferioridad que le haría imposible su vida de reacción contra el medio social. En la “sociedad presente”,única verdaderamente interesante, el anarquista, por el contrario, ejercitará en el mayor grado los medios científicos destinados a procurarle mayor fuerza y economía de tiempo.

En conclusión, la tendencia naturista se puede aceptar como reacción saludable contra la perniciosa especulación social, pero nunca como una representación fidedigna del anarquismo.

 

92. LA LENGUA UNIVERSAL

Examinemos la propaganda a favor de las lenguas auxiliares o idioma universal y en particular del “esperantismo”. No cabe duda que el esperanto corregido, modificado, simplificado y aun transformado en Ido cuenta con algunos miles de adherentes, pero la reflexión nos lleva a preguntar si en el estado actual de la sociedad tiene alguna utilidad para la actividad anarquista. Presumimos que la lengua internacional auxiliar se formará, naturalmente, por la función del vocabulario internacional ya practicado y que cuenta unos diez mil términos científicos, filosóficos, sociológicos, nombres propios, etc., con la lengua hablada por el mayor número en un momento dado. En lugar de un lenguaje artificial, sujeto a inevitables competencias, a pasajeros entusiasmos, ¿no sería más lógica la elección de un idioma vivo, tal como el inglés, hablado por todo el mundo comercial, comprendido en todos los puertos marítimos, mezclado, si se quiere, al francés del mundo literario y artístico, bajo reserva de una revisión ortográfica, de una simplificación de pronunciación, de un aligeramiento de ciertas locuciones arcaicas o idiotismos particulares?

En todo caso, el tiempo consagrado al conocimiento de una lengua artificial, ¿no sería mejor emplearlo en la adquisición y en la práctica del inglés, del alemán, del japonés, del ruso, o simplemente del danés o del malayo o de otra lengua cualquiera? Además, el anarquista se queda perplejo ante esos camaradas que, a fuerza de relacionarse con los burgueses esperantistas, acaban efectivamente por olvidar que cualquiera que sostenga directa o indirectamente el sistema actual de autoridad y explotación es el enemigo.

 

93. HIGIENE Y ALIMENTACIÓN

Los anarquistas se han preocupado también de las cuestiones de higiene y alimentación.

La propaganda anarquista individualista se dirige a los anarquistas y a los que no lo son. A los primeros los incita a tener conciencia de que son antiautoritarios individuales notablemente diferenciados de los comunistas, de los creyentes, de los societaristas o de los ilusos; a discutir entre sí los diferentes problemas que plantea en la vida de cada uno la aplicación del punto de vista anarquista, y a examinar, en fin, libremente, los diferentes aspectos de su filosofía en conjunto y en detalle. A los segundos se les hace teórica y prácticamente la crítica del hombre y de las instituciones regidas por una franca o encubierta tiranía.

Al lado de esta labor existe la gran actividad del pensamiento humano, de la que no podemos desinteresarnos, pues en ella se comprenden las ciencias naturales y todas las manifestaciones de la literatura, del arte y de la belleza en general. Pero téngase bien presente que nada tiene en nosotros valor de dogma, sino que todo queda a disposición del libre examen y de la crítica individual.

No negamos la utilidad del régimen alimenticio en la terapéutica. Conocemos la utilidad de saber respirar y no olvidamos la cultura física. Somos partidarios de una vida sencilla contra lo superfluo y los hábitos esclavizadores, pero a condición de que sea el mismo individuo quien determine sus necesidades y sus costumbres; de una alimentación mixta, pero moderada en la carne; del aire y del agua en abundancia. Esto es lo que nos parece que debe ser la base natural de toda higiene individual normal.

Un anarquista individualista no puede ser intemperante, porque el serlo equivale a esclavitud pasional. No es ni alcohólico ni vicioso; no hace excesos de mesa; ni intelectuales, pero sobre la cuestión del vegetarianismo, de la hidroterapia o del alcohol, considerado como alimento, no se priva de escucharlas partes contrarias como en cualquier otro tema de controversia. Esta concepción demuestra los primeros rudimentos de la educación ácrata.

Por nuestra parte, no podemos excomulgar ni moralizar estúpidamente al camarada que consume algunos decilitros de bebidas alcohólicas, sobre todo si conoce su buena procedencia, o al que se fuma algunos cigarrillos de vez en cuando. Buscamos, ante todo, al anarquista, al hombre de libertad, al que sabe practicar una reciprocidad consentida antes que cualquier otra especialidad de las apuntadas.

El anarquismo no es tampoco una colección de teoremas geométricos o una sabiduría de recetas culinarias o un entusiasmo de los baños y duchas. Es una actitud de negación práctica, un concepto de constante rebeldía, un método individual de vida y actividad, una regla de conducta, pero no una filosofía

mezquina, árida, dogmática. Después de todo, hay un gran contingente humano, del cual unos han pasado por las grandes escuelas y otros, fervientes de los deportes, fieles hidrópatas, intransigentes vegetarianos, bebedores de agua filtrada, higienistas insoportables, que creen que todo está bien en el mejor de los mundos. A pesar de su buena salud y de respirar “con sistema”, jamás tuvieron un movimiento de rebeldía contra la autoridad efectiva y hasta aceptan muy bien ser sus agentes ejecutivos; algunos son moralistas tan insípidos como peligrosos y a veces son también delatores. Estamos hartos de saber, en fin, que hay multimillonarios que se visten con tejidos ultrahigiénicos, que calzan sandalias, que son abstemios de tabaco y alcohol y que llevan la cabeza al aire para evitar la calvicie, todo lo cual no les impide hacer buenas jugadas de bolsa y ejercer la explotación del hombre por el hombre.

 

 

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