Periodismo: Poderes privados que limitan nuestros Derechos Humanos

SUMARIO: 

[1] Epistemología del periodismo; el factor humano, por Jesús Díaz Formoso

[2] Presentadores o anunciantes, pero periodistas, no. El hombre anuncio es hoy una realidad, por Jorge del Corral

[3] ¿Periodistas anunciando productos El Pozo?, por Carlos Hernández

[4] ¿Debemos temerle a la publicidad subliminal?, por Phil Tinline

[5] Seducir al consumidor – Neuromarketing (video) 

[1] EPISTEMOLOGÍA DEL PERIODISMO; EL FACTOR HUMANO

Por Jesús Díaz Formoso

Enfocamos el asunto; hablamos de la Epistemología del Periodismo y la Comunicación Pública; de cómo nuestras acciones responden a causalidades externas a nosotros mismos; de la misma manera que los objetos carecen de libre albedrío, ¿son nuestras acciones y decisiones individuales producto de causas ajenas y externas? ¿Hasta qué punto lo que creemos fruto del Libre Albedrío individual, es en realidad efecto de decisiones tomadas por instancias ajenas al individuo y al Principio democrático?

¿Es el Periodismo hoy un instrumento de Control Social en manos del Capital Financiero Global, cuyas actuaciones sólo responden a la finalidad de maximizar el beneficio? ¿La síntesis que ahora interesa -información disponible y decisión individual- está determinada por el Factor Corporativo y no por el Factor Humano?

Hablamos, pues, del Derecho a Recibir Información Veraz; a no ser manipulados informativamente; a constituir, de conformidad a la Constitución que hace 40 años nos dijeron que nos dábamos, “una sociedad Libre y Plural”, como recordaba a veces aquél Tribunal Constitucional que miraba la libertad no como un fin, sino como un requisito para la integración en el Mercado Europeo (eso era la actual Unión Europea, y por eso su nombre era “Mercado Común Europeo”); porque el Mercado necesitaba que el consumidor pudiese satisfacer sus multiformes demandas, conforme al Principio Capitalista más Clásico, según el cual “los vicios privados hacen la prosperidad pública”-http://puntocritico.com/2017/01/16/los-vicios-privados-hacen-la-prosperidad-publica/ 

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El cómo llega el periodismo al conocimiento, es uno de los debates más relevantes que tenemos pendiente. Como casi todo lo que puede (y debe-ría) cuestionar al poder.

Dibujaremos los tres vértices de un triángulo: El Poder Pastoral, que conforma mentes individuales (Foucault), el Poder del Derecho de imponerse coactivamente a todos (así, el Emperador Justiniano, en relación con San Agustín de Hipona) y la falsabilidad permanente de las teorías científicas, tanto técnicas como sociales (Popper).

Pero, ¿qué es el periodismo? El vocablo procede de “PERI” (alrededor), “HODOS” (camino), “TIKOS” (relativo a) e “ISMOS” (representación de una acción; pero también adhesión a una doctrina o sistema).

Así, “periodismo” describe el entorno del camino relativo a la acción de un sistema al que se adhiere –acción-, expresado (representado) en ciclos de información. Para la RAE es tratamiento de información.

¿Cómo es descrito el devenir del camino –acción- del Sistema? Adhiriéndose a él. Es la base de su periodicidad. Ciclos (aparecen las ondas en su amplitud, con sus frecuencias) en el tratamiento de la información de un sistema en movimiento, al que se adhiere el intérprete de la información.

La EPISTEMOLOGÍA (estudio del conocimiento), se opone a la “DOXA” (Opinión, fruto de la experiencia; es “fenoménico” –basado en la percepción sensorial; tras lo que Kant ubicó el “noúmeno”, como estructura subyacente al fenómeno, que sin embargo no es perceptible directamente; lo fenoménico, por tanto, no es fiable, en tanto es fruto de la experiencia; mientras lo verdadero, el “noúmeno”, no es perceptible; aquí, más allá de Descartes, comienza el verdadero juego filosófico de la edad moderna y contemporánea).

No resulta infrecuente oponer a la Epistemología la Ontología (el estudio metafísico –más allá de lo físico- de lo existente; quizás el ejemplo más claro se halla en la pregunta ¿existe Dios?).

Nos interesa, pues, el cómo llegamos al conocimiento periodístico. Partiendo del Periodismo como manifestación del PODER PASTORAL (Foucault), trasunto del Poder propio de las Instituciones Católicas en el seno del Estado. San Agustín observa atentamente el desarrollo de la partida por él iniciada. Este poder explora y guía a los individuos, dando lugar a una “verdad social”. Antes inexistente. La suma de individuos con un pensamiento implantado a base de pecados, confesiones y sacramentos (la Justicia no es sino uno de los Sacramentos ya olvidados, en su versión laica; presuntamente laica), produce una sociedad determinada; la sociedad preconcebida por el “Pastor”.

Veamos la ciencia desde la perspectiva de la “falsabilidad” (Popper). El conocimiento se torna inseguro; por ello, periódicamente, el sistema ha de probar la verdad de su concepción; o lo que es igual, ha de probar –prueba por contraposición- que “los demás posibles sistemas” están fundados en falsedades. Se ha utilizado para negar carácter científico al Marxismo; lo que –a contrario- viene a entender la economía como ciencia; dando lugar al “neoliberalismo” como presunta corriente filosófica y científica.

¿Pero qué es la Economía? ¿Es una ciencia? Se nos intenta convencer de que es una ciencia capaz de realizar predicciones sobre comportamientos sociales, de grupo. Nada más falso. Veamos la Curva (función) de la Demanda Agregada.

La demanda agregada es la suma de los gastos en bienes y servicios que los consumidores, las empresas y el Estado están dispuestos a comprar a un determinado nivel de precios y depende tanto de la política monetaria y fiscal, así como de otros factores” (Wikipedia).

Centremos nuestra mirada en esos “otros factores”. No podemos; no están. La razón es que destrozarían la mentira, la belleza de la teoría, por medio de la realidad. Dejamos al margen esos “otros factores”, que no interesan a nuestras conclusiones, pues es a ellas a las que están preordenadas nuestras cábalas pseudocientíficas, que no pueden verse en contradicción con las matemáticas. Primero el hecho impuesto por “los mercados”, luego la justificación mediante la economía, que se justifica en las matemáticas.

Se confunde –interesadamente- la Matemática con la Ciencia Social. Y se nos quiere implantar este dogma; que por medio de la “falsabilidad” excluye de su crítica las doctrinas políticas (que se quieren hacer pasar por económicas y matemáticasNeoliberales (como podría ser excluida cualquier otra, a elección conformador de la opinión pública; por voluntad de quien detenta el Poder Pastoral).

Y, por fin, el Poder Imperial, encarnado en el Derecho; en el Poder de imponer por la fuerza una determinada concepción de la propiedad sobre “las cosas del mundo”.

Son tres vértices que construyen la base de la Pirámide Social; la base del Poder del Sistema que nos lleva de la mano hacia lo que es querido por sus capataces y propietarios, haciéndolo pasar por aquello que deseamos, por aquello que es mejor para nosotros. Son tres ángulos conectados de manera que desde cada uno se reciben, y a la vez se emiten, flujos de información que se hace pasar por científica (cierta y rigurosa) para construir la Pirámide Social de manera que la determinación de quienes ocupen sus escalones sea percibida como fruto de la ciencia, de la razón más acabada y perfecta.

Para implantar tales mentiras, el Sistema necesita del Periodismo, en el sentido que ha quedado expuesto.

[2] Presentadores o anunciantes, pero periodistas, no. El hombre anuncio es hoy una realidad

Por Jorge del Corral

Articulo publicado el 30 de octubre de 2017 en

https://eldebatedehoy.es/comunicacion/presentadores-y-hombres-anuncios/

 

El mundo de la comunicación y la publicidad van cada vez más de la mano. Los rostros de televisión son requeridos para realizar publicidad de una determinada marca en sus espacios informativos, hasta tal punto de que hoy en día se habla ya de “hombre anuncio”, algo que mina la credibilidad del informador y del periodismo.

En las televisiones y radios españolas se ha convertido en rutina escuchar anuncios en boca de conspicuos presentadores-conductores-directores de programas informativos y de actualidad. Lo que empezó como excepción ha devenido en norma, de tal forma que ya es parte del guion ensalzar las virtudes taumatúrgicas de cualquier producto de consumo, como si fuera el bálsamo de Fierabrás.

En esto de pregonar anuncios entre bloques de información casi nadie está libre y, por eso y otras causas, la credibilidad del periodista y de su producto, el periodismo, ha llegado a los suelos y continúa cavando, porque mezclar ambos ingredientes es como ligar agua y aceite. Ya se sabe que no es posible y que, como en tantas cosas, la mujer del César no solo debe serlo, sino parecerlo.

Hubo un tiempo no lejano en el que el código ético de los periodistas en España prohibía presentar un programa informativo y hacer anuncios en cualquier soporte, y mucho más penado resultaba combinar spot e información en un mismo lapso temporal y por la misma persona. Pero esta higiénica norma también ha saltado por los aires en nuestros predios, aunque siga vigente en la mayoría de los países europeos para escarnio de nuestra (su) laxa conciencia.

Hacer de hombre anuncio en el programa que se presenta y dirige figura en adenda escrita a muchos contratos que han impuesto los responsables de las cadenas y sus directores comerciales: cójase una parte de publicidad, líguese con otra de información, échese unas gotas de sonrisa y buen rollito, agítese con garbo y sírvase a temperatura ambiente para disfrute del (asombrado) consumidor y mayor beneficio de la marca que (le) paga.

En el vigente y laxo Código Deontológico de la Profesión Periodística, actualizado por la Federación de Asociaciones de la Prensa de España (FAPE) en su Asamblea Ordinaria celebrada en Mérida, el 22 de abril de 2017, y al que se deben someter todos los socios de las asociaciones de la Prensa y de los colegios profesionales de periodistas, se señala en el artículo 6º del Capítulo III -Principios de Actuación-, que: “A fin de no inducir a error o confusión de los usuarios, el periodista está obligado a realizar una distinción formal y rigurosa entre la información y la publicidad. Se entiende contrario a la ética de la profesión periodística su ejercicio simultáneo con la publicidad o con aquellas actividades institucionales o privadas de comunicación social cuando afecten a los principios y normas deontológicas del periodismo”.  Y, aunque implícitamente, en el apartado 7º del mismo capítulo se recalca que “el periodista no aceptará, ni directa ni indirectamente, retribuciones o gratificaciones de terceros por promover, orientar, influir o haber publicado informaciones u opiniones de cualquier naturaleza”.

Presentadores que dejan atrás las normas del buen periodismo

A la vista de estos dos artículos, y escuchando y viendo los diversos programas de radio y televisión que pueblan las parrillas de ambos medios de comunicación, ¿alguien en su sano juicio puede sostener que sus presentadores-conductores no incumplen los preceptos del periodista y del buen periodismo? Quizás sea esta la razón de que muchos e históricos periodistas nunca hayan aceptado en sus empresas hacer de hombre anuncio y mezclar información con publicidad. Y que otros, más acomodaticios y esponjosos, hayan optado por denominarse con esa palabra tan totalizadora y anfibológica como es comunicador. ¿Comunicador de qué? ¿De ropa para señora, caballero y niño? 

Las centenarias asociaciones de la Prensa y los noveles colegios de periodistas, estos últimos nacidos como setas, ni pueden ni quieren entrar en tierras pantanosas porque, al fin y a la postre, el periodismo no es profesión reglada y, por ello, tampoco colegiada. Cualquiera, por ágrafo que sea, la puede ejercer y, claro, lo que interesan son socios al kilo y no quilates de socios. Por no ser ya no es ni nombre para las decenas de facultades que han surgido en las numerosas universidades con las que hemos regado autonomías y provincias. Facultad de Ciencias de la Comunicación o de la Información (y de los grandes expresos europeos), pero ninguna en su frontispicio con algo tan claro y redondo como Facultad de Periodismo. 

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[3] ¿Periodistas anunciando productos El Pozo?

Por Carlos Hernandez

Articulo publicado el 8 de febrero de 2018 en:

http://www.eldiario.es/zonacritica/Periodistas-anunciando-productos-Pozo_6_738136204.html

 

Jordi Evole, en una imagen de su programa

 

La confusión entre información y publicidad contribuye a hundir aún más al periodismo en el pozo del descrédito en el que lleva sumergido desde hace varios lustros

“Como periodista siempre busco la verdad, ¿es casero el caldo Gallina Blanca? ¡Yo quiero verlo!”. Así, con diversas variantes y protagonistas, todos ellos conocidos presentadores de espacios informativos, arranca uno de los muchos anuncios comerciales que salpican la programación de nuestras televisiones. El desenlace, por si alguno de ustedes no lo ha visto, es que el periodista confirma “la verdad”: el caldo es caserísimo, caserísimo. Esta figura del periodista-anuncio no es nueva, pero su figura se ha ido radicalizando cada vez más hasta llegar a un punto que, en mi humilde opinión, requeriría una reflexión urgente por parte de quienes formamos parte de este gremio y de nuestras poco aguerridas asociaciones profesionales.

Recientemente, en un  magnífico y valiente artículo que pasó prácticamente desapercibido, el veterano periodista Jorge del Corral denunciaba la deriva que ha tomado el asunto. “Hubo un tiempo no lejano en el que el código ético de los periodistas en España prohibía presentar un programa informativo y hacer anuncios en cualquier soporte —recordaba del Corral— y mucho más penado resultaba combinar  spot e información en un mismo lapso temporal y por la misma persona”.

Aparte de los anuncios puros y duros, las televisiones incluyen espacios patrocinados dentro de los propios programas informativos. Hasta ahora los más afectados son los periodistas deportivos que pasan en cinco segundos de hablar del último partido de Nadal a intentar vendernos una cuchilla de afeitar o el mejor seguro para nuestro automóvil. En este punto son los directivos de la cadenas los principales culpables ya que obligan, directa o indirectamente, a sus profesionales a realizar estas promociones comerciales. En el caso de los anuncios, no. En uno y otro la profesión periodística, en conjunto, es la principal responsable por dejar hacer y mirar, una vez más, para otro lado mientras nos vamos, literalmente, a la mierda.

Estamos ante un problema que nos afecta como grupo. Es obvio que esta confusión entre información y publicidad contribuye a hundir aún más al periodismo en el pozo del descrédito en el que lleva sumergido desde hace varios lustros. Un informador no es un actor ni un cantante para cobrar por inventarse “verdades”.

Más allá de la pérdida de credibilidad que generan estas prácticas, existe un efecto quizás más peligroso. Todos los límites han caído y, por tanto, parece cuestión de tiempo que veamos a reconocidos periodistas vendiéndonos la hipoteca de un banco o la magnífica tarifa eléctrica que nos ofrece una compañía energética. ¿Cómo podremos creerles cuando, entre anuncio y anuncio, nos hablen en sus informativos sobre noticias económicas que afecten al sector bancario? ¿Cómo dar crédito a cualquier cosa que digan sobre la subida o la bajada del recibo de la luz? A día de hoy, ¿cómo creernos las noticias sobre las bondades o las maldades de la alimentación que nos cuenta alguien que se saca unos miles de euros extra anunciando caldo o pasta?

Lo ocurrido tras la emisión del programa Salvados que Jordi Évole dedicó a la mala praxis del sector cárnico español nos debería servir de lección. Aunque no está claro que fuera George Orwell el que lo dijera, la cita que se le atribuye resulta de lo más acertada en este caso: “Periodismo es publicar lo que alguien no quiere que publiques. Todo lo demás son relaciones públicas”.

Jordi hizo periodismo del bueno y por esa razón le está cayendo la del pulpo. ¿En qué situación quedaría a día de hoy un presentador de informativos que anunciara productos de El Pozo? ¿Cómo podría enfrentarse con la más mínima credibilidad al tema? Aunque el periodista-anuncio, honestamente, tuviera datos para pensar que El Pozo es inocente… ¿alguien le creería?

Soy consciente de que este asunto no deja de ser una anécdota al lado del gran problema real: el de la utilización de la publicidad comercial e institucional para comprar voluntades y complicidades en los medios. Eso de “te doy publicidad, pero ya sabes lo que tienes que hacer” ha estado y está tan a la orden del día que ha hecho imprescindible que los nuevos medios, como eldiario.es o Infolibre, busquen garantizar su independencia a través de las cuotas de sus socios. De hecho la confusión entre publicidad e información es una constante en determinados periódicos, radios y televisiones desde hace bastante tiempo. Espacios pagados por marcas comerciales o por instituciones se ofrecen a los lectores/oyentes/espectadores como si fueran pura información.

Volviendo al programa Salvados, ha sido sonrojante ver cómo algunos diarios publicaban verdaderos publirreportajes alabando las bondades del sector cárnico español. Encubiertos como noticia, ya que la palabra “publicidad” que aparecía en la cabecera de la página apenas se veía, trataban de contrarrestar el efecto devastador de la investigación de Évole. Se negaron a participar en el programa, a responder a las preguntas, a enfrentar las evidencias… y responden con este tipo de publirreportajes. ¿Hay algo más indigno que aceptar esa publicidad?

No estamos ante un fenómeno nuevo. Durante la República los agentes nazis que conspiraban en España se vanagloriaban de haber logrado que el suplemento dominical Blanco y Negro del diario ABC hablara bien de la Alemania de Hitler gracias a los pingües ingresos publicitarios que le brindaban las empresas germanas.

Hace exactamente un año, por cerrar el círculo, el mismo periódico publicaba un suplemento informativo-publicitario de 12 páginas elogiando la Guinea Ecuatorial del dictador Obiang. Ejemplos como esos podemos encontrarlos a cientos. No se trata de decir no a la publicidad; se trata de no vender nuestra alma por un puñado de petrodólares, una taza de caldo o unas lonchas de embutido de El Pozo.

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[4] ¿Debemos temerle a la publicidad subliminal?

 
Articulo publicado el 24 de enero de 2015 en:
 
James Vicary

Los mensajes para promocionar productos ocultos entre los fotogramas de una película causaron el pánico en los años cincuenta. Pero aunque es temida aún hoy ¿es realmente eficaz la publicidad subliminal?

El 12 de septiembre de 1957, en un estudio de Nueva York, un investigador de mercados del tipo de la serie Mad Men convocó una rueda de prensa.

James Vicary dejó boquiabierto a los reporteros al anunciar que había introducido los mensajes “Beba Coca Cola” y “Coma palomitas de maíz” en una película a una velocidad tan rápida que no podían ser percibidos conscientemente. Tras ello, las ventas de palomitas habían subido un 18,1% y las de Coca Cola un 57,7%, aseguró. Esto, sentenció, era la “publicidad subliminal”.

Vicary pensó que los estadounidenses se alegrarían de su descubrimiento. A partir de entonces, los molestos anuncios de cine y televisión podrían ser sustituidos por flashes imperceptibles. Pero tanto en Estados Unidos, como en Europa, su anunció creó miedo e indignación. “Bienvenidos a 1984”, alertó una revista estadounidense.

Sin embargo, su tesis sufrió un serio revés cuando el dueño del cine participante le dijo a Motion Picture Daily que el experimento no había tenido resultado alguno. En 1962, Vicary confesó que su investigación había sido insuficiente y que lamentaba su error.

Pero en el aire persistió una ansiedad perturbadora sobre el supuesto poder de la publicidad subliminal. Desde que se extendió el pánico en 1957, ha sido prohibida por muchos países. Pero, ¿se trata simplemente de una resaca procedente de la Guerra Fría y la preocupación por un lavado de cerebro masivo?

La BBC diseñó un experimento al que se sometieron 98 voluntarios

Marcas conocidas

Hace tiempo que los psicólogos determinaron que la exposición rápida a palabras sin darle tiempo a que la mente lo registre puede tener efector limitados en el laboratorio.

En 2006, un equipo de psicólogos sociales de la Universidad de Utrecht compuesto por Johan Karremans, Jasper Claus y Wolfgang Stroebe consiguió hacer anuncios subliminales eficaces, pero en unas condiciones de laboratorio y considerando una serie de factores adecuados.

Su investigación sugería que la publicidad subliminal era solo eficaz con productos que la gente conocía y que en cierto modo les gustaban. Los fogonazos hacen que el nombre de una marca sea más “accesible cognitivamente”, según su teoría, así que tendría poca eficacia para marcas muy conocidas. Es decir, una marca como Coca Cola no se volvería más reconocible de lo que ya es.

Pero la pregunta crucial, que provenía del experimento de Vicary, no había quedado respondida. ¿Era posible hacer lo mismo fuera del laboratorio y a escala masiva?

Nadie, aparentemente, ha tratado de hacerlo desde los años 50. Así que la BBC se propuso hacer la prueba.

Lipton

Bajo la dirección de Stroebe, diseñé un experimento con 98 voluntarios. Stroebe y sus colegas habían concluido en 2006 que si la alquien sabía que estaba siendo sometido a publicidad subliminal, ésta sería ineficaz, así que a los voluntarios no se les reveló esto.

La investigación holandesa indicó que anunciar una marca específica de bebidas con fogonazos subliminales solo era eficaz si la audiencia realmente quería una bebida. Así que elegimos una marca que fuera percibida como un buen remedio para aplacar la sed.

Así que llevamos a cabo una prueba preliminar para descubir qué marca podría funcionar y ésta fue el té helado Lipton.

A los voluntarios se les entregó a su llegada bolsas de papas fritas. Se sentaron en un cine y fueron divididos en dos grupos, la mitad con los ojos tapados con una venda roja y la otra mitad con una venda negra.

En esas condiciones, a los participantes se les enseñó una película corta de tres minutos tomada de la serie de la BBC Spooks. La película se reprodujo dos veces; en la primera se le permitiró a un grupo quitarse la venda y en la segunda, al otro grupo.

Si un anunciante se arriesga a usar publicidad subliminal y es descubierto, las consecuencias para la imagen de la marca podrían ser catastróficas

La película que vio el grupo con vendas rojas contenía un flash de 10 milisegundos que se repetía cada cinco segundos con la palabra “Lipton”, usando una técnica creada por el equipo de Investigación y Desarrollo de la BBC.

Al concluir el visionado, se le ofreció a los participantes que eligieran entre dos bebidas, Lipton Iced Tea o una marca de agua mineral, y se les pidió que completaran un cuestionario.

Sorprendentemente, no hubo un efecto significativo.

El grupo de participantes sometidos al video subliminal recogió más Lipton que el otro, pero en una cantidad muy pequeña para ser significativa a efectos estadísticos.

Si además tenemos en cuenta que habría que eliminar de ese grupo a quienes habrían elegido Lipton aún sin haber estado expuestos al video por ser su bebida preferida y también eliminamos a quienes nunca elegirían esa bebida, solo nos queda un pequeño grupo de personas que eligieron Lipton en lugar de agua, pero esa cantidad fue muy pequeña.

Ya que sabemos que este tipo de publicidad subliminal sí funciona en el laboratorio, hay muchas razones que nos llevan a pensar por qué no lo hace en el cine.

Por ejemplo, las papas fritas no le dieron sed a un número sustancial de participantes. O puede que la audiencia no vio suficientes flashes. O quizás la película fue muy corta o no era lo suficientemente positiva. Quizás una toma corta de alguien bebiendo agua tuvo un efecto contrario. Quizás habría tenido mejor efecto con otra marca. O quizás se necesita una muestra mayor de participantes.

O quizás fueron los mismos flashes subliminales, ya que ponerlos en el lugar adecuado es algo difícil.

La prueba

  • El grupo sometido al experimento vio una película que contenía fotogramas subliminales con la palabra Lipton, la marca de una bebida de té helado.
  • Un grupo de control vio la misma película pero sin esos fotogramas.
  • A los participantes se les preguntó después si querían beber té helado Lipton o agua mineral.
  • Los resultados del grupo sometido al experimento: 46% eligieron Lipton, 54% agua.
  • Los resultados del grupo de control: 37% Lipton, 63% agua.
  • Los resultados una vez eliminados los que nunca hubieran elegido Lipton y los que hubieran elegido Lipton en cualquier caso: 53% Lipton, 47% agua.
  • Resultados refinados del grupo de control: 61% Lipton, 39% agua.
  • Los expertos coinciden en que las diferencias no son significativas desde un punto de vista estadístico.

Si se muestran demasiado rápido, ni siquiera el subconsciente puede percibirlos. Si se hace demasiado lento, alguna gente puede detectarlos.

El experimento también parece sugerir que mostrar imágenes subliminales a lo largo de toda una película sería una labor ardua. La película de Spooks fue elegida porque estaba repleta de cortes rápidos y movimientos de cámara.

Pero a lo largo de toda una película, la velocidad y transparencia de las imágenes subliminales tendría que variar mucho para tener seguridad de que la audiencia no las detecta. La estrategia más viable sería insertarlas solo en los últimos minutos, justo antes del final.

Anunciante loco

Así que este experimento no desmontó la idea de que la publicidad subliminal no funciona en público. Pero lo que no demostró es que, mientras que el miedo a la publicidad subliminal puede tener unos cimientos científicos, en la práctica es algo endiabladamente difícil de conseguir.

Si, después de meses de preparación, con voluntarios predispuestos, con la distribución de patatas para provocar la sed, no pudimos conseguir resultados, las posibilidades de conseguir algo a escala masiva no parecen muy atractivas.

Parece que en la práctica la publicidad subliminal no merece la pena

Además, incluso si la audiencia se hubiera visto afectada por las imágenes subliminales justo tras la película, parece dudoso que el efecto pudiera haber persistido tras salir del cine.

Por si fuera poco, si un anunciante se arriesga a usar publicidad subliminal y es descubierto, las consecuencias para la imagen de la marca podrían ser catastróficas.

Habría que ser un verdadero Mad Man para hacer algo así.

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[5] La Noche Temática- Seducir al consumidor-Neuromarketing

Una economía en recesión necesita optimizar cada dólar invertido en marketing o publicidad. Por ello, los expertos se fijan cada vez más en nuestros comportamientos subconscientes para influir en nuestras decisiones de compra. Los estudios de mercado no garantizan el éxito de un producto, así que los vendedores buscan una solución en la neurociencia. Mediante el uso de técnicas como la resonancia magnética, tratan de identificar los anuncios y productos que nos seducen y nos desagradan. Pero estas aplicaciones de la neurociencia podrían ir contra las libertades personales ¿Es el neuromarketing una amenaza real de manipulación o es una forma más de venta?

 

 

 

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