Los Hombres detrás del Sol – Basado en hechos reales

SUMARIO: 

[1] Conejillos de indias de las multinacionales, por Juan Carlos Escudier

[2] Los hombres detrás del sol (pelicula completa) 

[3] El experimento Milgram 

[1] Conejillos de indias de las multinacionales

Por JUAN CARLOS ESCUDIER

Articulo publicado el 30 de enero de 2018 en: 

http://blogs.publico.es/escudier/2018/01/30/conejillos-de-indias-de-las-multinacionales/

No, la moraleja de los experimentos con seres humanos, financiados por Volkswagen, BMW y Daimler para demostrar que las emisiones de sus motores diesel son menos nocivas de lo que se creía, no es que la afición por gasear a la gente sea otra costumbre alemana más, como beber cerveza o comer salchichas. Lo que se esconde tras el escándalo es la verdadera naturaleza de las grandes multinacionales, que son los escorpiones del cuento y nosotros las ranas que cruzan confiadas el río con su aliento en el cogote.

Siendo éticamente reprobables unos ensayos que los fabricantes pillados en renuncio se han apresurado a condenar, no dejan de ser el medio para alcanzar un fin: manipular a la opinión pública con una supuesta ‘prueba irrefutable’, hacernos dudar del consenso científico y de nuestro propio sentido común y seguir ganando dinero a espuertas. El procedimiento no es nuevo. La industria encarga un estudio a un organismo con un nombre pomposo –Asociación Europea de Estudios sobre la Salud y el Medio Ambiente-, financiado por ella misma para que certifique lo que ella quiere. Todos somos cobayas y no sólo las personas y los monos que inhalaron el dióxido de nitrógeno del tubo de escape de la prueba.

El origen del caso se remonta a los años 90 cuando las empresas citadas y otras marcas como Audi y Porsche montaron un cártel en el que secretamente acordaron cómo proceder con sus motores diesel y especificaron cuáles debían ser suministradores e, incluso, cómo limpiar las emisiones de gases. Para reducir los costes decidieron montar depósitos pequeños para albergar la disolución de urea que atenúa las emisiones de óxidos de nitrógeno y, posteriormente, manipular el software que debía medirlas para ajustarse a los límites legales establecidos. La consecuencia fue un fraude colosal, emisiones hasta 40 veces superiores a lo permitido y multas que, en el caso de Volkswagen, alcanzaron en Estados Unidos los 22.000 millones de dólares. Con el experimento descubierto ahora se pretendía extender la idea de que respirar diesel es casi como hacer una excursión a la montaña y lavar su imagen de envenenadores profesionales.

Estas prácticas no son exclusivas de los fabricantes de coches. Los horrores de la experimentación con seres humanos no terminó en el juicio de Nuremberg, de donde por cierto surgió una especie de código hipocrático con el que regular éticamente en el futuro este tipo de pruebas, sino que han sido el pan de cada día de la industria farmacéutica y de algunos Gobiernos pioneros en la guerra química y bacteriológica. La manipulación fue ensayada con éxito por los gigantes de la alimentación y de la producción de refrescos para culpar a las grasas saturadas y no al azúcar del incremento de las enfermedades cardiovasculares. Tres investigadores de la Universidad de Harvard se prestaron a finales de la década de los 60 a publicar un artículo en esa dirección tras recibir el equivalente a 43.000 euros de la Fundación para la Investigación del Azúcar.

Técnicas similares y a mayor escala han venido siendo utilizadas por las multinacionales del tabaco, en sucesivos intentos de demostrar primero la inocuidad de su producto o dulcificar después sus efectos y su relación con el cáncer. Algunas de estos gigantes han perfeccionado su respuesta ante las evidencias sobre el daño para la salud de sus productos. Destaca el caso de Monsanto que, tras el informe de la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer, dependiente de la OMS, en el que concluía que el glifosato de sus herbicidas dañaba el ADN y provocaba cáncer en animales y posiblemente en humanos, promovió todo tipo de campañas de difamación contra estas instituciones y sus científicos.

Desenmascarar las patrañas de estas multinacionales no es tarea fácil porque siempre habrá científicos que se vendan por platos de lentejas servidos en cubertería de oro y porque su control sobre la información con fundaciones que financian universidades, centros de investigación, congresos y conferencias es prácticamente absoluto. Difícilmente habrá quien muerda la mano que le da de comer. Dicho control se extiende a Gobiernos y legisladores, que le han cogido tanto gusto a las puertas giratorias que han llegado a marearse de tanto ir y venir, beneficiándose a un lado de la normativa que elaboran en el otro o, simplemente, de la que nunca llegaba a los boletines oficiales.

En la naturaleza de estos escorpiones está aguijonearnos la espalda, hacer sayos con sus capas y saltarse a la torera cualquier barrera ética o legal. Puede que no todas las compañías sean demonios pero entre todos los que conocemos sale un infierno muy apañadito. Ahí vivimos las ranas y los conejillos de indias.

  
 
 
 
[2] Los hombres detrás del sol
Dirigida por Mou Tun-fei

 

Los hombres detrás del sol (chino: 黑 太阳 731 / 黑 太陽 731; pinyin: HEI Tài yáng 731, que literalmente significa «Sol Negro: 731») es una película de terror de 1988, producida en Hong Kong (China), dirigida por Mou Tun-fei.

La película es una representación gráfica de las atrocidades de guerra cometidas por los japoneses en el Escuadrón 731, la unidad secreta de experimentación de armas biológicas del Ejército Imperial Japonés durante la Segunda Guerra Mundial. La película detalla los diversos experimentos médicos crueles, infligidos a los prisioneros chinos y soviéticos hacia el final de la guerra.

Esta es la primera película clasificada como «III» por la Hong Kong motion picture rating system (equivalente a la calificación de Estados Unidos NC-17 de la Motion Picture Association of America film rating system) en Hong Kong.

ADVERTIMOS QUE LA PELICULA PUEDE HERIR LA SENSIBILIDAD DE LOS ESPECTADORES

 

 
 
 
 
[3] El experimento de Milgram
 
El experimento de Milgram fue una serie de experimentos de psicología social llevada a cabo por Stanley Milgram, psicólogo en la Universidad de Yale, y descrita en un artículo publicado en 1963 en la revista Journal of Abnormal and Social Psychology bajo el título Behavioral Study of Obedience (Estudio del comportamiento de la obediencia) y resumida en 1974 en su libro Obedience to authority. An experimental view (Obediencia a la autoridad. La perspectiva experimental). El fin de la prueba era medir la disposición de un participante para obedecer las órdenes de una autoridad aun cuando éstas pudieran entrar en conflicto con su conciencia personal.
 

Los experimentos comenzaron en julio de 1961, tres meses después de que Adolf Eichmann fuera juzgado y sentenciado a muerte en Jerusalén por crímenes contra la humanidad durante el régimen nazi en Alemania. Milgram ideó estos experimentos para responder a la pregunta: ¿Podría ser que Eichmann y su millón de cómplices en el Holocausto sólo estuvieran siguiendo órdenes? ¿Podríamos llamarlos a todos cómplices?

Milgram resumiría el experimento en su artículo Los peligros de la obediencia en 1974 escribiendo:

Los aspectos legales y filosóficos de la obediencia son de enorme importancia, pero dicen muy poco sobre cómo la mayoría de la gente se comporta en situaciones concretas. Monté un simple experimento en la Universidad de Yale para probar cuánto dolor infligiría un ciudadano corriente a otra persona simplemente porque se lo pedían para un experimento científico. La férrea autoridad se impuso a los fuertes imperativos morales de los sujetos (participantes) de lastimar a otros y, con los gritos de las víctimas sonando en los oídos de los sujetos (participantes), la autoridad subyugaba con mayor frecuencia. La extrema buena voluntad de los adultos de aceptar casi cualquier requerimiento ordenado por la autoridad constituye el principal descubrimiento del estudio.

Stanley Milgram. The Perils of Obedience (Los peligros de la obediencia. 1974)
 
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A través de un cartel colocado en la parada del autobús en Florida (Connecticut) se reclamaban voluntarios para participar en un ensayo relativo al «estudio de la memoria y el aprendizaje» en Yale, por lo que se les pagaba cuatro dólares (equivalente a 28 dólares actuales) más dietas. A los voluntarios que se presentaron se les ocultó que en realidad iban a participar en una investigación sobre la obediencia a la autoridad. Los participantes eran personas de entre 20 y 50 años de edad de todo tipo de educación: desde los que acababan de salir de la escuela secundaria a participantes con doctorados.

El experimento requiere tres personas: El experimentador (el investigador de la universidad), el «maestro» (el voluntario que leyó el anuncio en el periódico) y el «alumno» (un cómplice del experimentador que se hace pasar por participante en el experimento). El experimentador le explica al participante que tiene que hacer de maestro, y tiene que castigar con descargas eléctricas al alumno cada vez que falle una pregunta.

A continuación, cada uno de los dos participantes escoge un papel de una caja que determinará su rol en el experimento. El cómplice toma su papel y dice haber sido designado como «alumno». El participante voluntario toma el suyo y ve que dice «maestro». En realidad en ambos papeles ponía «maestro» y así se consigue que el voluntario con quien se va a experimentar reciba forzosamente el papel de «maestro». 

Separado por un módulo de vidrio del «maestro», el «alumno» se sienta en una especie de silla eléctrica y se le ata para «impedir un movimiento excesivo». Se le colocan unos electrodos en su cuerpo con crema «para evitar quemaduras» y se señala que las descargas pueden llegar a ser extremadamente dolorosas pero que no provocarán daños irreversibles. Todo esto lo observa el participante.

A los participantes se les comunicaba que el «experimento estaba siendo grabado», para que supieran que no podrían negar a posteriori lo ocurrido.

Se comienza dando tanto al «maestro» como al «alumno» una descarga real de 45 voltios con el fin de que el «maestro» compruebe el dolor del castigo y la sensación desagradable que recibirá su «alumno». Seguidamente el investigador, sentado en el mismo módulo en el que se encuentra el «maestro», proporciona al «maestro» una lista con pares de palabras que ha de enseñar al «alumno». El «maestro» comienza leyendo la lista a éste y tras finalizar le leerá únicamente la primera mitad de los pares de palabras dando al «alumno» cuatro posibles respuestas para cada una de ellas. Éste indicará cuál de estas palabras corresponde con su par leída presionando un botón (del 1 al 4 en función de cuál cree que es la correcta). Si la respuesta es errónea, el «alumno» recibirá del «maestro» una primera descarga de 15 voltios que irá aumentando en intensidad hasta los 30 niveles de descarga existentes, es decir, 450 voltios. Si es correcta, se pasará a la palabra siguiente.

El «maestro» cree que está dando descargas al «alumno» cuando en realidad todo es una simulación. El «alumno» ha sido previamente aleccionado por el investigador para que vaya simulando los efectos de las sucesivas descargas. Así, a medida que el nivel de descarga aumenta, el «alumno» comienza a golpear en el vidrio que lo separa del «maestro» y se queja de su condición de enfermo del corazón, luego aullará de dolor, pedirá el fin del experimento, y finalmente, al alcanzarse los 270 voltios, gritará de agonía. Lo que el participante escucha es en realidad una grabación de gemidos y gritos de dolor. Si el nivel de supuesto dolor alcanza los 300 voltios, el «alumno» dejará de responder a las preguntas y se producirán estertores previos al coma.

Por lo general, cuando los «maestros» alcanzaban los 75 voltios, se ponían nerviosos ante las quejas de dolor de sus «alumnos» y deseaban parar el experimento, pero la férrea autoridad del investigador les hacía continuar. Al llegar a los 135 voltios, muchos de los «maestros» se detenían y se preguntaban el propósito del experimento. Cierto número continuaba asegurando que ellos no se hacían responsables de las posibles consecuencias. Algunos participantes incluso comenzaban a reír nerviosos al oír los gritos de dolor provenientes de su «alumno».

Si el «maestro» expresaba al investigador su deseo de no continuar, éste le indicaba imperativamente y según el grado:

  • Continúe, por favor.
  • El experimento requiere que usted continúe.
  • Es absolutamente esencial que usted continúe.
  • Usted no tiene opción alguna. Debe continuar.

Si después de esta última frase el «maestro» se negaba a continuar, se paraba el experimento. Si no, se detenía después de que hubiera administrado el máximo de 450 voltios tres veces seguidas.

En el experimento original, el 65% de los participantes (26 de 40) aplicaron la descarga de 450 voltios, aunque muchos se sentían incómodos al hacerlo. Todos los «maestros» pararon en cierto punto y cuestionaron el experimento, algunos incluso dijeron que devolverían el dinero que les habían pagado. Ningún participante se negó rotundamente a aplicar más descargas antes de alcanzar los 300 voltios.

El estudio posterior de los resultados y el análisis de los múltiples tests realizados a los participantes demostraron que los «maestros» con un contexto social más parecido al de su «alumno» paraban el experimento antes.

Además de este proyecto, Milgram realizó otro en el que se utilizaban ratones de experimentación. El experimento consistía en mostrarles la salida a los ratones, dentro de una caja de paredes electrificadas. El ratón entendía que la salida no le beneficiaba y seguía a la próxima pared, para así encontrar la salida. El experimento muestra que el ratón tanto como el ser humano puede ser condicionado con presión para hacer lo que pide el demandante o maestro como en el experimento con alumnos.

Milgram rodó una película documental que demostraba el experimento y sus resultados, titulada «Obediencia», cuyas copias originales son difíciles de encontrar hoy en día.

Antes de llevar a cabo el experimento, el equipo de Milgram estimó cuáles podían ser los resultados en función de encuestas hechas a estudiantes, adultos de clase media y psicólogos. Consideraron que el promedio de descarga se situaría en 130 voltios con una obediencia al investigador del 0%. Todos ellos creyeron unánimemente que solamente algunos sádicos aplicarían el voltaje máximo.

El desconcierto fue grande cuando se comprobó que el 65% de los sujetos que participaron como «maestros» en el experimento administraron el voltaje límite de 450 a sus «alumnos», aunque a muchos el hacerlo les colocase en una situación absolutamente incómoda. Ningún participante paró en el nivel de 300 voltios, límite en el que el alumno dejaba de dar señales de vida. Otros psicólogos de todo el mundo llevaron a cabo variantes de la prueba con resultados similares, a veces con diversas variaciones en el experimento.

En 1999, Thomas Blass, profesor de la universidad de Maryland publicó un análisis de todos los experimentos de este tipo realizados hasta entonces y concluyó que el porcentaje de participantes que aplicaban voltajes notables se situaba entre el 61% y el 66% sin importar el año de realización ni la localización de los estudios.

Lo primero que se preguntó el desconcertado equipo de Milgram fue cómo era posible que se hubiesen obtenido estos resultados. A primera vista, la conducta de los participantes no revelaba tal grado de sadismo, ya que se mostraban preocupados por su propia conducta. Todos se mostraban nerviosos y preocupados por el cariz que estaba tomando la situación y, al enterarse de que en realidad la cobaya humana no era más que un actor y que no le habían hecho daño, suspiraban aliviados. Por otro lado eran plenamente conscientes del dolor que habían estado infligiendo, pues al preguntarles por cuánto sufrimiento había experimentado el alumno la media fue de 13 en una escala de 14.

El experimento planteó preguntas sobre la ética del método científico en sí mismo debido a la tensión emocional extrema sufrida por los participantes (aunque se podría decir que dicha tensión fue provocada por sus propias y libres acciones). La mayoría de los científicos modernos considerarían el experimento hoy inmoral, aunque dio lugar a valiosos estudios sobre la psicología humana.

En defensa de Milgram hay que señalar que el 84% de participantes dijeron posteriormente que estaban «contentos» o «muy contentos» de haber participado en el estudio y un 15% les era indiferente (respondieron un 92% de todos los participantes). Muchos le expresaron su gratitud más adelante y Milgram recibió en varias ocasiones ofrecimientos y peticiones de ayuda de los antiguos participantes.

Hay un colofón poco conocido del experimento Milgram, reportado por Philip Zimbardo: Ninguno de los participantes que se negaron a administrar las descargas eléctricas finales solicitaron que terminara el experimento (que se dejaran de realizar ese tipo de sesiones) ni acudieron al otro cuarto a revisar el estado de salud de la víctima sin antes solicitar permiso para ello.

Seis años después del experimento (durante la Guerra de Vietnam) uno de los participantes en el experimento envió una carta a Milgram explicándole por qué estaba agradecido de haber participado a pesar del estrés:

Fui un participante en 1964, y aunque creía que estaba lastimando a otra persona, no sabía en absoluto por qué lo estaba haciendo. Pocas personas se percatan cuándo actúan de acuerdo con sus propias creencias y cuándo están sometidos a la autoridad. […] Permitir sentirme con el entendimiento de que me sujetaba a las demandas de la autoridad para hacer algo muy malo me habría asustado de mi mismo […] Estoy completamente preparado para ir a la cárcel si no me es concedida la demanda de objetor de conciencia. De hecho, es la única vía que podría tomar para ser coherente con lo que creo. Mi única esperanza es que los miembros del jurado actúen igualmente de acuerdo con su conciencia […]

Sin embargo, no todos los participantes experimentaron este cambio en su vida. De acuerdo con los estándares modernos, los participantes no fueron totalmente desengañados, y algunas entrevistas de salida indicaron que muchos participantes nunca entendieron del todo la naturaleza del experimento.

Los experimentos provocaron críticas emocionales, más acerca de la ética del experimento mismo, que sobre los resultados. En la publicación Jewish Currents(Actualidades judías), Joseph Dimow, un participante en el experimento de 1961 en la Universidad de Yale, escribió acerca de sus sospechas tempranas de que «todo el experimento estaba diseñado para ver si los estadounidenses comunes obedecerían órdenes inmorales, como muchos alemanes habrían hecho durante el periodo nazi». De hecho este era uno de los fines explícitos del experimento. Citando del prefacio del libro de Milgram, Obedience to Authority:

La cuestión surge para saber si hay conexión entre lo que hemos estudiado en el laboratorio y las formas de obediencia que hemos condenado de la época nazi

En 1981 Tom Peters y Robert H. Waterman Jr. escribieron que el Experimento Milgram y el posterior Experimento Zimbardo en la Universidad de Stanford eran aterradores en sus implicaciones acerca del peligro que amenazaba en el lado oscuro de la naturaleza humana. 

El profesor Milgram elaboró dos teorías que explicaban sus resultados:

  • La primera es la teoría del conformismo, basada en el trabajo de Solomon Asch, que describe la relación fundamental entre el grupo de referencia y la persona individual. Un sujeto que no tiene la habilidad ni el conocimiento para tomar decisiones, particularmente en una crisis, transferirá la toma de decisiones al grupo y su jerarquía. El grupo es el modelo de comportamiento de la persona.
  • La segunda es la teoría de la cosificación (agentic state), donde, según Milgram, la esencia de la obediencia consiste en el hecho de que una persona se mira a sí misma como un instrumento que realiza los deseos de otra persona y por lo tanto no se considera a sí mismo responsable de sus actos. Una vez que esta transformación de la percepción personal ha ocurrido en el individuo, todas las características esenciales de la obediencia ocurren. Este es el fundamento del respeto militar a la autoridad: los soldados seguirán, obedecerán y ejecutarán órdenes e instrucciones dictadas por los superiores, con el entendimiento de que la responsabilidad de sus actos recae en el mando de sus superiores jerárquicos.

En su libro Obedience to Authority: An Experimental View, Milgram describe diecinueve variaciones de su experimento. Generalmente, al aumentar la cercanía física de la víctima, disminuía la obediencia del participante. La obediencia también disminuía al aumentar la distancia física respecto de la autoridad (experimentos 1 al 4). Por ejemplo, en el experimento 2, donde los participantes recibían instrucciones por teléfono, la obediencia disminuyó en un 21 %. Es interesante que algunos participantes trataron de engañar a la autoridad (el experimentador) fingiendo que continuaban con el experimento. En la variación donde la víctima tenía la mayor cercanía física con el participante, cuando los participantes tenían que mantener físicamente el brazo de la víctima sobre la placa que generaba la descarga eléctrica, la obediencia decreció. En estas circunstancias, sólo 30 % de los participantes completaron el experimento.

En el experimento 8 los participantes fueron mujeres: Anteriormente todos los participantes habían sido hombres. La obediencia no varió significativamente, aunque las mujeres manifestaron haber experimentado mayores niveles de estrés.

El experimento 10 se realizó en una oficina modesta en Bridgeport, Connecticut, fingiendo que quien realizaba el experimento era la entidad comercial «Research Associates of Bridgeport» sin conexión aparente con la Universidad de Yale (para eliminar el factor de prestigio de la Universidad que influenciara el comportamiento de los participantes). En estas condiciones la obediencia cayó al 47,5 %.

Milgram también combinó el poder de la autoridad con la conformidad. En esos experimentos los participantes fueron acompañados por uno o dos «maestros» (también actores, como el aprendiz o víctima). El comportamiento de los acompañantes influyó de manera importante en los resultados. En el experimento 17, cuando dos maestros suplementarios se negaron a cumplir las órdenes, sólo 4 de los 40 participantes continuaron en el experimento. En el experimento 18, los participantes realizaron una tarea de acompañamiento (leyeron las preguntas por un micrófono o registraron las respuestas del aprendiz) con otro maestro, quien completaba la prueba. En esa variación sólo 3 de 40 desafiaron al experimentador.

Recientes variaciones del experimento de Milgram sugieren que la interpretación no supone obediencia ni autoridad, sino que los participantes sufren una desolación aprendida, donde se sienten incapaces de controlar el resultado, de manera que abdican a su responsabilidad personal. En un experimento reciente donde se usó una simulación de computadora en lugar de un aprendiz que recibía descargas, los participantes que administraban las descargas eran conscientes de que el aprendiz era irreal, pero aun así los resultados fueron los mismos.

En la popular serie Basic Instincts, se repitió el experimento de Milgram en 2006, con los mismos resultados con los hombres. En un segundo experimento con mujeres se mostró que ellas eran más proclives a continuar el experimento. Un tercer experimento, con un maestro adicional para generar presión, mostró que en estas condiciones los participantes continuaban con el experimento hasta el final.

 

2 Comments

  1. Manipulación y engaño. La verdadera revelación del experimento de Milgram es que las mujeres no son conscientes de lo que hacen, y por eso siguen las instrucciones LITERALMENTE Y A RAJATABLA. Y las continúan siguiendo y aplicando sin desviarse incluso cuando ya es evidente para ellas que los efectos de sus acciones son extremadamente negativos.

    En recreaciones posteriores al experimento de Milgram en los que había vidas reales en juego (de animales como perros o ranas), los hombres se negaron a matar el animal, pero las mujeres los mataron en todas las ocasiones, y la razón es la misma: las mujeres no piensan por ellas mismas. No son seres racionales, no son mentes libres. El estrés se produce cuando una persona no es dueña de la situación: cuando está en un puesto de responsabilidad que le supera. Las mujeres se estresan más porque la responsabilidad asignada es muchísimo mayor para su nivel de competencia, porque se las manda a hacer cosas que no entienden. Y lo que no entienden son instrucciones muy básicas y muy simples, con un «feedback» muy claro de que la están cagando.

    Por eso no se debe dejar nunca a una mujer en ningún solo puesto de responsabilidad. Porque se limitan a acatar ordenes sin hacer uso de la razón y el sentido común necesario para afrontar los imprevistos que vayan surgiendo. Y eso es así porque sólo entienden las cosas de un modo superficial. No entienden la motivación detrás de las instrucciones: no entienden el objetivo: no son capaces de comprender que si las instrucciones tienen el efecto contrario al objetivo que se busca es mejor parar de seguirlas. Si hay un error en las instrucciones por estar mal escritas, aunque un hombre se lo señale, ELLAS VAN A SEGUIR APLICANDO EL ERROR PORQUE NO SEGUIR A RAJATABLA UNAS INSTRUCCIONES QUE NO ENTIENDEN LES VA A PRODUCIR UNA ANSIEDAD TODAVÍA MAYOR.

    La élite sabe de todo esto, por eso están forzando el «feminismo» en la sociedad, y manejando a las feministas cual borregas. También saben que la propaganda tiene que ser las 24h, y que en cuanto la agit-prop se detiene, la masa borrega vuelve inmediatamente al comportamiento original, porque es en el que se siente cómoda y el que mejor le funciona. Es decir, que el «feminismo» es un fenómeno artificial que se acabará tan rápido como surgió, si se quitan a los agentes que están detrás de la propaganda agit-prop.

    • Estimado Manuel,
      He de decir que su comentario, sobre todo en un primer momento, nos pareció malintencionado; sin embargo, tras una lectura más sosegada, lo entendimos de otro modo; como intentaré explicar ahora.
      En primer lugar, a nivel científico, parte usted de un error. No existió nunca un experimento con el resultado que usted expone. Al contrario, en el único experimento de Milgram en el que participaron mujeres, la conclusión fue que las mujeres sufrieron más que los hombres al dañar a otras personas.
      “En su libro “Obedience to Authority: An Experimental View”, Milgram describe diecinueve variaciones de su experimento.
      En el experimento 8 los participantes fueron mujeres: Anteriormente todos los participantes habían sido hombres. La obediencia no varió significativamente, aunque las mujeres manifestaron haber experimentado mayores niveles de estrés”.
      https://es.wikipedia.org/wiki/Experimento_de_Milgram
      Para una información más amplia, sin perder la comodidad, le recomendamos acudir a “Google Académico”, por ejemplo aqui:
      https://scholar.google.es/scholar?q=Obedience+to+Authority:+An+Experimental+View,+Milgram&hl=es&as_sdt=0&as_vis=1&oi=scholart
      Hoy publicamos una entrevista al filósofo César Rendueles, titulada, precisamente, “Deberíamos recordar que todo esto empezó con una crisis de acumulación capitalista”
      http://puntocritico.com/2019/03/04/el-capitalismo-canalla-entrevista-a-cesar-rendueles-el-emperador-esta-desnudo-por-paco-marco/
      En realidad, como usted apunta, “todo esto” no empezó así.
      Todo esto empezó mucho antes, en España, al menos, en 2003, con las primeras subvenciones públicas otorgadas al Observatorio DESC, que financiaron al embrión de lo que después conoceríamos como PAH. A la vez, Chávez financiaba a este sedicente grupo de canallas por medio de la Fundación CEPS, de la que, hoy, se ha intentado borrar toda huella, digital o material, en la que “convergían” catedráticos sin méritos pero aclamados por el Poder Financiero en su infinita mediocridad, parte de los cuales formarían después “Constitucionalistas para la Democracia”, también extinta hoy. Participaban del dinero bolivariano también Jueces para la Democracia y Unión Progresista de Fiscales, los satélites del PSOE en el mundo judicial; además de lo que sería más tarde el pleno del podemita (prepodemita, entonces) “Central Circle de Somosagüas”.
      Todos en la órbita de aquél PSOE de infausto recuerdo regido por Zapatero y los restos del Gobierno de los GAL.
      El verdadero pistoletazo de salida del engendro en cuyo seno Rubalcaba hizo parir un 15M que de espontáneo nada tuvo (precisamente para evitar el surgimiento de un Movimiento ciudadano incontrolable por la corrupción política), fueron los Atentados del 11M en Madrid.
      Como sin duda recordará.
      A partir de entonces se preparó la guerra contra nuestras emociones; mejor dicho, la guerra contra nosotros en la que el arma fue –y es- la manipulación emocional de la ciudadanía. Para eso tenían que mantenernos desinformados. Fue cuando fueron creados los medios de manipulación informativa mediante la concesión de Licencias de radio y TV ilegales, nunca impugnadas por los pretendidos adversarios políticos.
      Porque, en realidad, en esta democracia sin demos, no hay adversarios políticos; todo es PPSOE. Incluso ahora, los dos términos de esa misma ecuación, que parece compuesta por 5, continúan siendo dos; por un lado el PSOE con sus “juventudes” de Podemos, IU y “confluencias” diversas, por otro lado el PP con sus satélite, amamantado en la charca de las ranas de Esperanza Aguirre, VOX, y en el medio la síntesis de ambos, los Ciudadanos de Solana, Bono, Zaplana y Aznar.
      Recordemos: 2004, 11 de marzo. Atentados. Una farsa de investigación, dio lugar a una farsa de juicio, que, como no podía ser de otra forma, acabó en una farsa de Sentencia.
      http://puntocritico.com/2017/12/14/el-final-del-estado-de-derecho-la-lucha-antiterrorista-del-estado-de-excepcion-a-la-dictadura-jean-claude-paye/
      Pero no nos anticipemos.
      El 14 de marzo se celebraban Elecciones Generales. Hasta el día de los atentados, no había dudas acerca de la victoria del PP, y su candidato, Rajoy, se preparaba para mudarse a La Moncloa.
      Durante los días 11 y 12 de marzo, se sucedieron los despropósitos, que no dejarían ya de acompañar el devenir posterior de la investigación y enjuiciamiento del “11M”.
      http://puntocritico.com/2018/10/27/un-nuevo-dreyfus-jamal-zougam-chivo-expiatorio-del-atentado-de-madrid/
      Al día siguiente, tuvieron lugar las manifestaciones a las que, como recordaréis, todos acudimos destrozados, desolados; recuerdo el silencio con el que marchamos. No había ira, había tristeza.
      Pero, de repente, el ruido de los medios se hizo ensordecedor. Yo no sé qué pensé entonces, porque no había racionalidad, fue todo emoción. Éramos carne de cañón. Y los medios no dejaron pasar la ocasión; nos hicieron picadillo.
      Conservo el recuerdo de la conciencia de estar siendo manipulado por la información que recibía. Y recuerdo también la sensación de impotencia al decantarme por una “verdad”. La que a mi ego –como refuerzo a mis convicciones- convenía: La culpa es de la guerra ilegal en que nos metieron Aznar y el PP (delictivamente, en mi opinión, al no haber sido sometida al Poder Legislativo la decisión de ir a la guerra). Y como yo, todos, supongo.
      El sábado 13, día de reflexión, como ahora sé (no lo sabía entonces), el PSOE le organizó una manifestación al PP, delante de su Sede. Es decir, un –presunto- Delito Electoral. Junto al PSOE, encargado de generar la convocatoria por la Redes, los organizadores “de campo” fueron los que luego crearían Podemos; el “Central Circle” de Somosagüas.
      https://www.lavozdegalicia.es/noticia/espana/2014/12/10/pablo-iglesias-presume-pasalo-tras-11-m-gesto-facultad/00031418223022398791765.htm
      Los mismos que luego llevarían al PSOE de Sánchez al Gobierno, como antes el PSOE de Sánchez los había llevado a ellos a las alcaldías de los “Ayuntamientos del cambio”.
      Lo curioso del caso, es que el PP no acudió a los Tribunales. Y bien sencillo que hubiese sido, más aún estando al mando del Ministerio de Interior, averiguar de dónde había partido la convocatoria.
      Los años de la Presidencia de Zapatero fueron los años dorados de la Fundación “Bolivariana” CEPS, en la que confluyeron todos, desde Pissarello y su “Observatori DESC” (con Colau y sus estudios sobre la “Vivienda de Género en Paragüay”, subvencionados con cantidades millonarias –más de 3.700.000 de euros entre 2003 y 2007- por el Gobierno de Zapatero, y antes, ya en 2003, por el Ayuntamiento de Barcelona, siendo Clos el Alcalde del PSC), a IU y PSOE, con Catedráticos “progresistas”, Fiscales de UPF y Jueces de JpD. Puro PSOE, con sus tradicionales “colaboradores” en IU. Y, por supuesto, los que luego serían fundadores de Podemos. Su “Central Circle”. Muchos, como Mayoral o Mayer, hoy son millonarios. A costa de nuestro sufrimiento. Es “El Plan”, del que hablaba ya Mayoral en 2007, que hoy ha desaparecido, pero todavía se puede encontrar en el “archivo Internet”.
      https://web.archive.org/web/20091018161140/http:/ujiu.espacioblog.com/post/2009/10/07/nuestro-clasico-juego
      El “Plan” llevaba mucho tiempo fraguándose ya. Carrillo, en el año 2003, ya se refiere a esta estrategia de “Confluencias” de los Partidos agrupados en IU con Movimientos Sociales (ver https://vimeo.com/312819834 – sobre el minuto 4:30).
      Al hilo de la implicación de Carrillo en “el Plan”, conviene tener presente su íntima relación con el espía Vicente Navarro ( http://www.vnavarro.org/?p=9268 – Artículo de Navarro contando que llevó a Carrillo a recibir las bendiciones de Kissinger antes de ponerle la peluca y traerlo a España). Navarro, podemita pata negra, al servicio de la CIA.
      Ahora es el turno de Pedro Sánchez, un corrupto más del PPSOE. Sánchez no es un recién llegado; ni mucho menos. Fue compañero de clase de Letizia Ortiz; y en el año a2012 le dan a su señora -sin estudios- el control de una pila de millones al año para gestionar como ayudas a INTREMON OXFAM, la ONG de las violaciones humanitarias.
      http://puntocritico.com/2018/09/26/ongs-las-muy-gubernamentales-organizaciones-no-gubernamentales/#refultimo16
      Como Carmena, siempre al servicio de la corrupción, otra pata negra del régimen; patrona de la Fundación “Think Tank” del PSOE.
      https://www.elconfidencial.com/espana/madrid/2017-03-19/carmena-fundacion-alternativas-17-000-euros-contrato-menor-a-dedo-seminario_1349576/
      Un pilar de la construcción clientelar del podemismo mas rastrero (https://elpais.com/ccaa/2018/04/09/madrid/1523294921_0449 – que se sepa, y sólo en dos años, ha regalado a los clientes de la Nueva Política corrupta una cantidad enorme de dinero público, cuya dimensión se aprecia mejor convertida en pesetas: 10.000.000.000 de pesetas).
      Se trata de lo que esta nueva casta denomina “hegemonía”, y que no es sino trasunto del la idea del Poder que Spinoza denominó “las Supremas Potestades”.
      http://puntocritico.com/2018/03/02/el-concepto-de-poder-en-spinoza-parte-i-por-f-javier-ansuategui-roig/ (4 partes).
      Tomando pie en la historia, recordaremos como se gestó la Revolución Francesa: Sus precedentes determinantes arrancan con La Ilustración; con los “Enciclopedistas”, todos ellos Nobles o grandes Capitalistas, que décadas después dieron lugar a “Los Girondinos”, quienes, sin embargo carecían de la capacidad para dar lugar a una Revolución. Para ello necesitaban a Rousseau y su comunicación ajena a la ciencia, fundada en las emociones desatadas por su elocuencia impresa; fue a partir de Rousseau que surgieron los Jacobinos, verdadera fuerza revolucionaria, secundada por una gran mayoría ajena a la educación y a toda ciencia; fácilmente manipulable desde las sombras del Poder; del Capital. Similares consideraciones caben respecto a la Revolución Soviética, donde “convergieron” con los científicos como Kropotkin, los escritores como Tolstoy. Élites y multitudes; el mismo esquema. Una y otra vez.
      Ahora, la manipulación emocional, y el enfrentamiento de los muchos para el beneficio de los muy pocos llega con el nombre innombrable de “Dictadura de Género”. Esa es la oferta política con la que pretenden convencer a la mitad de la población contra la otra mitad; con la excusa –tan sórdida como fraudulenta- de edificar una Sociedad sin clases en la que alcanzar la Libertad.
      No, no nos equivoquemos. Esto lo empezó Aznar en el año 2003 – como Violencia Doméstica-, y lo continuó Zapatero, con la actual Ley contra la Violencia de Género de 2004. Así que no; no estamos ante una Institución “progresista”. Es otra cosa; muy lejana al Socialismo, ajena al interés general, y a la vez ajena al interés particular del feminismo; incompatible con él, en realidad.
      Es sólo una pantalla, el disfraz; la excusa. La primera capa de la cebolla que empezamos a pelar. Para ello, hemos de ser críticos con la información que recibimos; con la que nos pretenden, siempre, manipular emocionalmente. Y conservar la frialdad es incompatible con la demagogia de uno u otro signo, con la que nos acechan desde todas las esquinas de esta fraudulenta democracia.
      Saludos

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