Puigdemont; el Sacrificio y la Lealtad.

Sumario:

 

[1] Entrevista a Joan Tardá: “Si hace falta, tendremos que sacrificar a Puigdemont”

 

[2] Atascados a causa de la “esencia dogmática” del Estado, por José Antonio Pérez Tapias

 

[3] La imaginación de los jueces, por Javier Pérez Royo

 

[4] Algo huele a podrido en el Supremo, por Juan Carlos Escudier

 

[5] Las cadenas invisibles del liberalismo, por Fran Carrillo

 

[6] ¿CONSEGUIRÁN QUE TERMINE ODIANDO AL MALVADO PUIGDEMONT?, por Aday Quesada

 

[7]El Tribunal Constitucional niega la investidura a distancia  (editorial); con descarga de Auto TC, Dictamenes Consejo de Estado y Demanda del Gobierno 

 

 

 

 

[1] Joan Tardà: “Si hace falta, tendremos que sacrificar a Puigdemont”

ENTREVISTA REALIZADA POR ALEX TORT

Publicada el 28 de enero de 2018 en:

http://www.lavanguardia.com/politica/20180128/44322805049/entrevista-joan-tarda-sacrificar-puigdemont-cataluna.html

 

 

El portavoz de ERC en el Congreso se muestra abierto a que JxCat proponga otro candidato a la presidencia del Govern

 

El diputado de ERC en el Congreso Joan Tardà (Cornellà de Llobregat, 1953) considera que el Estado no tiene ningún proyecto para Catalunya. La impugnación del debate de investidura de Puigdemont es, a su parecer, la última prueba palpable: “Están consiguiendo incrementar la indignación de la ciudadanía con respeto al Estado español”.

¿Será investido Puigdemont?

Nuestro interés es cuadrar el círculo, que Puigdemont se convierta en presidente de Catalunya y Junqueras vicepresidente. Pero hay un bien superior: que haya Govern. La primera obligación del independentismo para culminar la república tiene que ser traducir al Govern aquello que los ciudadanos han querido. Ojalá Puigdemont pueda ser el presidente. Es nuestro candidato, pero es imprescindible que haya un Govern republicano.

Pero el Ejecutivo español ha impugnado ante el Constitucional la sesión de investidura del candidato de JxCat…

La victoria independentista del 21-D contra todos los poderes obliga a no jugar a la ruleta rusa. Es imprescindible tener un Govern. Con estas decisiones, la indignación de la ciudadanía incrementa con respecto al Estado. Pero si antes ya existía el riesgo de que hubiera una perpetuación del 155 y elecciones al cabo de siete u ocho meses, supongo que en el caso de hacer lo que parece que no podríamos hacer lo agravaría.

«Puigdemont, sea o no presidente de Catalunya durante los próximos años, siempre será el presidente de Catalunya y entrará en la historia»

¿El independentismo está jugando con fuego al proponer a Puigdemont?

Lo que digo es que el esfuerzo es titánico y extraordinario. Tenemos que responder más con criterios producto del cerebro que no del corazón. No podemos poner en riesgo la gran victoria electoral del 21 de diciembre. Puigdemont, sea o no presidente de Catalunya durante los próximos años, siempre será el presidente de Catalunya y entrará en la historia.

Así, está de acuerdo con Torrent, que se requiere un Govern efectivo desde el minuto uno.

Estoy plenamente convencido. Hay que recuperar las instituciones de autogobierno que nos han arrebatado. La prueba que hemos llegado muy lejos es que tenemos presos. El proceso no tiene retorno. Ahora, lo que hace falta es empezar a hacer el camino para alcanzar la independencia de facto. No volveremos a hacer declaraciones simbólicas. Ya las hizo el Parlament, pero no pasamos de aquí porque todavía no teníamos suficiente fuerza para hacerla efectiva. Tenemos que ser más: la construcción de la república exige convergir independentistas con autodeterministas.

¿En caso de ser investido Puigdemont, ERC cree realmente que se podrá gobernar?

Entraríamos en un terreno desconocido, porque todos los órganos del Estado harán lo imposible. No es cierto que el Gobierno español quiera la normalidad en Catalunya, porque hay una competencia entre el PP y Cs, y una dejadez regeneracionista por parte del PSOE. La normalidad es tener Govern, imprescindible para construir la república. Con el 155 están dando una apariencia de firmeza que alimenta al electorado del PP en un contexto de ahogo de su crédito a causa de la corrupción.

¿ERC apoyaría a otro candidato propuesto por JxCat?

ERC podría ser más egoísta y encontrar lógicas internas que expliquen que Oriol Junqueras debería ser el presidente. Pero si el presidente ha de ser una persona de JxCat lo aceptaremos. Nuestra obligación es intentar que Puigdemont y Junqueras sean presidente y vicepresidente. Pero si es imprescindible tener Govern, si hay que sacrificar al presidente Puigdemont, tendremos que sacrificarlo. ¿O no ha habido patriotas a lo largo de la historia que se han tenido que sacrificar con el fin de ir avanzando y seguir siendo lo que somos: una nación sin Estado?

«Rechazo el calificativo teniendo a Junqueras en prisión y manteniéndose firme en sus convicciones»

Hay quien dice que entre JxCat, ERC y la CUP ustedes son ahora los más moderados.

No es ser moderado hablar de la realidad. Francesc Macià declaró la república catalana y al cabo de pocas horas tuvo que intercambiarla por un compromiso de la II República a hacer realidad con la Constitución republicana el reconocimiento de Catalunya en un futuro Estatut. ¿Alguien puede acusarle de moderado? Ahora hemos declarado la independencia, pero ¿alguien se atreverá a cuestionar su importancia cuando en unos años lleguemos a la cima? ¿Nos acusaremos nosotros mismos de no haber optado por la opción más inteligente, formando un Govern? No es moderación. Es actuar con el máximo patriotismo. Rechazo el calificativo teniendo a Junqueras en prisión y manteniéndose firme en sus convicciones.

¿Ha recibido alguna muestra de apoyo de algún diputado en el Congreso del PP, del PSOE, Ciudadanos o Podemos por la situación de los presos?

Ni una. Excepto de los compañeros de la izquierda abertzale, también los del PNV o En Marea. Hay un caldo de cultivo que alimenta los sentimientos catalanofóbicos. A Alberto Garzón le reproché por qué no hacían manifestaciones más desacomplejadas y me dijo: “Es que en Málaga yo nunca había visto tantas banderas españolas en los balcones”. Me estaba diciendo que se tiene que guardar las espaldas.

¿Que haya cinco exmiembros del Govern en Bruselas perjudica a los presos?

Lo ignoro. Pero siempre hemos dicho que en el Estado español no hay separación de poderes.

La Ley de Transitoriedad aprobada en el Parlament recoge que el presidente del Tribunal Supremo de Catalunya será nombrado por el presidente de la Generalitat a propuesta de una comisión mixta conformada, entre otros, por el conseller de Justícia y cuatro personas designadas por el mismo Govern. ¿Eso es separación de poderes?

Sí, porque es para unos meses. La república se construye a través de un proceso constituyente que permite más tarde tener una Constitución. El gran debate de cómo garantizar la separación de poderes se dará durante el proceso constituyente. ¿O es que durante la transición española, desde las elecciones de junio de 1977 hasta la aprobación en diciembre de 1978 de la Constitución española, no estuvimos en un terreno en que todo colgaba de hilos?

¿Qué le parece el despliegue policial de los últimos días?

Esperpéntico. Demuestra que son tan débiles que sólo tienen la fuerza. Una fuerza que se irá manifestando in crescendo. Aunque en los próximos años seguiremos sufriendo y el proceso de judicialización comporte que otros dirigentes políticos tengan que ir a la cárcel, o intenten crear una ulsterización de Catalunya, nosotros no podemos descarrilar, tenemos que ser más y tenemos que ser los abanderados del diálogo. Creen que con la fuerza no sólo podrán seducir al 50% de los catalanes independentistas, sino también que el 50% de los catalanes no independentistas se mantendrán para siempre antiindependentistas. Esto quiere decir que no hay proyecto, ni para los próximos años: el PSOE ya no levanta la bandera de la reforma constitucional, porque ve que el PP está en contra. Además, los padres de la Constitución ya dijeron en comisión en el Congreso que no era necesaria una reforma porque el federalismo era caro. El Estado español es tan débil que sólo le queda la fuerza.

¿Le dolió que les superara JxCat el 21-D?

No, pero consideré que era una oportunidad perdida para que el republicanismo lidere el proceso. Estoy convencido de que la acumulación de fuerzas, que es imprescindible para implantar la república en los próximos años, pasa por una hegemonía de las izquierdas.

«Ciudadanos ganó porque el independentismo no concurrió conjuntamente»

¿Y la victoria de Ciudadanos?

Era más importante que ganara el independentismo. Ciudadanos ganó porque el independentismo no concurrió conjuntamente. Me dolió más que hubiera voto popular que se fuera hacia Ciudadanos y no a la opción ideológica que tal vez correspondería: el espacio de los comunes y de los socialistas.

Usted propuso el domingo pasado al PSOE el apoyo de ERC a una moción de censura sin condiciones.

El PSOE tiene la clave. Todas las encuestas dicen que si hubiera elecciones ahora PP y Ciudadanos tendrían mayoría absoluta. Esto quiere decir que los socialistas mañana estarán peor que hoy. Sólo aspiran a crecer a partir del hundimiento de Podemos y renuncian a la tradición de la alternancia en el Gobierno español. A nosotros nos convendría que presentaran una moción de censura.

¿Pero qué mejoraría una presidencia de Pedro Sánchez con respeto a Catalunya?

Si queremos explorar vías de diálogo nos convienen gobiernos que puedan asumir de entrada la existencia de un diálogo. En Irlanda del Norte las cosas no se empezaron a mover hasta que cayó Margaret Thatcher. Que se entienda: no estamos en el escenario de Zapatero. El debate básico es cómo se implementa la república. No servirá de nada formar un Govern si no explicamos a la sociedad qué tenemos que hacer y cómo. ¿Habrá que desobedecer poco, mucho, o nada? Este es el debate que debe darse. Quizás habrá que entrar en escenarios de insumisión o microdesobediencias, recordando que ha habido muchas leyes de carácter social que han sido tumbadas por el TC. Y una consolidación de la derecha española no favorece este escenario. Hay que ganar en los próximos meses la batalla ideológica de la imprescindibilidad del diálogo bilateral entre los dos Gobiernos.

¿Qué le parecen las declaraciones de Ricardo Costa con que reconoce una presunta financiación irregular del PP?

Estamos viviendo en una democracia low-cost, muy frágil. La trama del PP lo refleja. Si el sistema español tuviera más calidad democrática, es evidente que el conflicto con Catalunya se habría canalizado de manera diferente.

 
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[2] Atascados a causa de la “esencia dogmática” del Estado

Por José Antonio Pérez Tapias

Artículo publicado el 19 de enero de 2018 en:
 
 
Con las incertidumbres respecto a qué se haga con y desde el reglamento del Parlament, el conflicto planteado desde la realidad política catalana acrecienta de continuo la crisis del Estado
 
 
Es así, atascados a causa de la esencia dogmática del Estado español –Marx criticó la filosofía del Estado de Hegel por aferrarse a una esencia dogmática que lo absolutizaba–, como nos vemos sumidos en la crisis de éste, sin vislumbrar una salida. Con la situación de Cataluña pendiente de cómo se configure el gobierno de la Generalitat, dada la renovada mayoría parlamentaria independentista tras las últimas elecciones, aunque con las incertidumbres respecto a qué se haga con y desde el reglamento de la Cámara, el conflicto planteado desde la realidad política catalana acrecienta de continuo la crisis del Estado. El hecho de que muchos no quieran afrontar eso no aminora la gravedad del momento que vive no sólo Cataluña, sino España en su conjunto. Desviar la mirada hacia una imagen del orden constitucional como edificio tan estable como inexpugnable es proceder que acumula pasos en falso. No basta invocar el principio de legalidad cual mantra del que se espera reconduzca la crisis catalana apagando el fuego independentista, a la espera de que sus rescoldos se enfríen con políticas que seduzcan a la ciudadanía identificada con la desmesura soberanista.
 

El soberanismo forzó el camino de un independentismo que se adentró en la ilegalidad con notable ceguera estratégica. Permanece como incógnita qué va a pasar con Puigdemont en cuanto a ser investido de nuevo presidente de la Generalitat, si lo pretenderá desde su “exilio” bruselense –ERC se tragaría sus objeciones– o si se presentará personalmente arrostrando las consecuencias –y poniendo en serias dificultades al gobierno de España–. ¿O habrá otra candidatura? Formar gobierno en Cataluña, además de gestionar medidas urgentes que la ciudadanía reclama en medio de dificultades económicas y penurias sociales, ha de suponer reestructurar la estrategia política, tanto por el lado del independentismo, como también por el lado de los partidos no independentistas, sea cual sea el reparto de papeles en el Parlamento autonómico.

Si PP, PSOE y Ciudadanos también se ven emplazados a dar respuesta a los graves problemas que afronta la sociedad española, desde el tambaleante sistema de pensiones hasta un (im)posible pacto educativo –por citar dos recientemente situados en el orden del día–, no deben ignorar que, sin pasos acertados en cuanto al conflicto de Cataluña, la crisis del Estado seguirá repercutiendo negativamente sobre los intentos de dar respuesta a otras demandas. Lo nacional, cuando no está cuestionado, queda en la penumbra de lo no problemático, pero cuando se ve en cuestión pasa a primer plano, postergando todo lo demás. Así es no sólo por emociones patrióticas o exaltaciones nacionalistas, sino porque sin cohesión política no cuajan propuestas para la redistribución de cargas y beneficios.  

Es preocupante que no se avance ni hacia la salida de la crisis del Estado ni hacia soluciones efectivas de problemas que afectan a la ciudadanía. Cuando los líderes políticos convoquen a la prensa para hablar sobre empleo, por ejemplo, no dejarán de preguntarles por su posición respecto a lo que sucede en Cataluña. Y seguirá siendo insuficiente la insistencia en defender la Constitución, pues ello, si no se adelanta una propuesta de replanteamiento democrático respecto a un pacto constitucional muy deteriorado, no es una declaración que sirva siquiera para tranquilizar.

Esgrimir inflexiblemente la legalidad del Estado redunda en deriva autoritaria del mismo Estado, frente a la cual sólo una verdadera apuesta democrática puede valer como remedio proponiendo, por elevación frente al bloqueo, una salida. Ésta ha de contar con que se puede remover “la esencia dogmática” de este Estado, que radica en un idea de soberanía nacional mitificada, compacta e intocable que, si seguimos atrapados por ella, nos va a llevar amargamente por una calle que no tiene salida.

 

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Rostros composicion actual del Tribunal Constitucional

Por su orden: 

Juan José González Rivas (Ávila, 1951), el Presidente

Conservador

 

Miembro del tribunal desde 2012. Designado por el Senado a propuesta del PP. Elegido presidente en marzo de 2017 en primera votación y por ocho votos a favor y cuatro abstenciones.

Exmagistrado de la Sala de lo Contencioso-Administrativo del Supremo y de perfil muy conservador. Fue uno de los magistrados que firmaron un voto particular en contra de la sentencia que avaló el matrimonio homosexual.

 Encarnación Roca (Barcelona, 1944), Vicepresidenta

A priori progresista, aunque se ha alineado con el sector mayoritario en casi todos los asuntos clave del tribunal

Miembro del tribunal desde 2012, designada por el Congreso a propuesta del PSC y CiU. Elegida vicepresidenta en marzo de 2017 en primera votación y por ocho votos a favor y cuatro abstenciones.

Experta en Derecho de Familia y en Igualdad, es catedrática de la Universidad de Barcelona y fue la primera mujer catedrático de Derecho Civil y la cuarta en acceder al Tribunal Supremo. Ya en el Constitucional, Roca votó a favor de suspender la consulta soberanista del 9-N (la original y la alternativa).

Alfredo Montoya (Madrid, 1937)

Conservador

Nuevo magistrado del Constitucional a propuesta del PP.

Profesor emérito de las Universidades San Pablo CEU y Complutense. Catedrático de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social y decano de Derecho de la Universidad de Murcia.

Ricardo Enríquez (Madrid, 1944)

Conservador

Miembro del tribunal de 2014 a 2017, renovado ahora a propuesta del PP

Cuando entró en el Constitucional, en sustitución del fallecido Francisco Hernando, presidía la Sección Cuarta de la Sala de lo Contencioso-Administrativo del Supremo, donde intervino en más de 2.500 sentencias, entre ellas la desclasificación de los papeles del CESID.

María Luisa Balaguer (Almería, 1953)

Progresista

Nuevo miembro del tribunal a propuesta del PSOE

Catedrática de Derecho Constitucional en la Universidad de Málaga y experta en igualdad, ha denunciado en numerosas ocasiones la ineficacia del sistema legal actual para acabar con las desigualdades y con la violencia machista.

Cándido Conde Pumpido (A Coruña, 1949)

Progresista

Nuevo miembro del tribunal a propuesta del PSOE

Magistrado del Tribunal Supremo, fue fiscal general del Estado de 2004 a 2011, época en la que se intensificó la lucha contra la corrupción con casos como el Malaya, el Palma Arena o la trama Gurtel. Ha sido profesor en varias universidades y portavoz de la asociación Jueces para la Democracia. 

Andrés Ollero (Sevilla, mayo 1944)

Conservador

Miembro desde 2012, designado por el Congreso a propuesta del PP

Catedrático de Filosofía del Derecho, profesor de la Universidad de Granada y catedrático de la Universidad Rey Juan Carlos (Madrid). Ollero es miembro del Opus Dei y un declarado antiabortista. Diputado del PP en cinco legislaturas, tuvo actividad partidista durante 17 años. El PSOE le ha vetado por ello como presidente del Constitucional.

Fernando Valdés (Valladolid, 1945)

Progresista

Miembro del tribunal desde 2012. Designado por el Congreso a propuesta del PSOE

Inspector de trabajo y catedrático de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social en la Complutense, no ocultó sus críticas a la reforma laboral aprobada por el Gobierno del PP y respaldó la huelga general de 2012.

Pedro José González-Trevijano (Madrid, 1958)

Conservador

Miembro desde 2013, designado por PP

Al Constitucional llegó desde la Universidad Rey Juan Carlos, en la que era rector y catedrático de Derecho Constitucional. Ha publicado una veintena de libros relacionados con su especialidad y colabora en periódicos como La Voz de GaliciaEl Imparcial o Abc. Ha sabido manejarse bien con todos los sectores del tribunal y se le considera un hombre próximo a Soraya Sáenz de Santamaría.

Santiago Martínez-Vares (Santander, 1942)

Conservador

Miembro del tribunal desde 2013 a propuesta del ala tradicionalista del Consejo General del Poder Judicial

Especializado en contencioso-administrativo, es ex presidente de la conservadora Asociación Profesional de la Magistratura (APM) y magistrado emérito de la Sala Tercera del Tribunal Supremo, donde participó en la sentencia que dictaminó en 2010 que el castellano también debe ser considerado lengua vehicular en las aulas de Cataluña y avaló la enseñanza de religión católica en el segundo ciclo de Educación Infantil.

Juan Antonio Xiol Rios (Barcelona, 1946)

Progresista

Miembro del tribunal desde 2013 a propuesta del Consejo General del Poder Judicial.

Presidente de la Sala de lo Civil del Tribunal Supremo cuando fue designado para el Constitucional, fue ponente de la sentencia que falló a favor de la prohibición de la publicidad de bebidas alcohólicas en la calle de la Comunidad de Madrid y del voto particular que defendía la procedencia de legalizar el partido Bildu, en contra de la opinión de la mayoría. Considerado un jurista hábil y didáctico en los argumentos.

Antonio Narváez Rodríguez (Badajoz, 1958)

Conservador

Miembro del TC desde 2014, a propuesta del Gobierno del PP

Era Teniente Fiscal de la Fiscalía del Tribunal Supremo fue nombrado magistrado del Constitucional para sustituir a Enrique López, el juez que dimitió después de ser pillado conduciendo una moto ebrio y sin casco por las calles del centro de Madrid.

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[3] La imaginación de los jueces

 

Por Javier Pérez Royo

 
Artículo publicado el 22 de enero de 2018 en:

 

La razón por la que el juez Llarena ha decidido no cursar la euroorden no es otra que la imposibilidad de convencer a ningún juez en un Estado de derecho digno de tal nombre de que la conducta de Puigdemont es constitutiva del delito de rebelión

 
Diputados independentistas cantan ‘El Segadors’ el 27 de octubre de 2017 en el Parlament EFE
  

La razón por la que el juez Pablo Llarena ha decidido no cursar la euroorden solicitada por la Fiscalía General del Estado, a fin de que el President Puigdemont fuera detenido en Dinamarca y puesto a continuación a disposición del Tribunal Supremo, es la misma por la que dicho juez instructor ordenó que no siguiera su curso la euroorden dictada en su día por la jueza Carmen Lamela antes de que se pronunciara sobre la misma la justicia belga. 

Y esa razón no es otra que la imposibilidad de convencer a ningún juez en un Estado democrático de derecho digno de tal nombre de que la conducta de Carles Puigdemont -y de todos los miembros del Govern o de la Mesa del Parlament-, es constitutiva del delito de rebelión. 

El delito de rebelión en que se sustenta la querella admitida a trámite en primer lugar por la Audiencia Nacional y posteriormente por el Tribunal Supremo es un delito imaginario, es decir, un delito que existe en la imaginación de los jueces de instrucción que han admitido a trámite las querellas y han adoptado las medidas cautelares sobradamente conocidas. Y también en la imaginación de los jueces de la Audiencia Nacional y del Tribunal Supremo que han resuelto los recursos contra dichas medidas cautelares. La capacidad fabuladora de los Magistrados de nuestros dos máximos órganos jurisdiccionales parece que no tiene límites. 

Y dentro de España no los tiene, ya que nadie puede revisar sus decisiones. Pueden echar a volar su imaginación y calificar de violencia acciones que todo el mundo, literalmente todo el mundo, ha podido ver que han sido completamente pacíficas o darle un valor de proyecto para un golpe de Estado a documentos de una inconsistencia manifiesta desde esa perspectiva o de  imputar las cargas de la Policía Nacional y Guardia Civil ordenadas por la vicepresidenta del Gobierno al vicepresident del Govern… 

Pero fuera de España, en las democracias europeas, la imaginación de nuestros Magistrados sí tiene límites. Y el Juez Pablo Llarena lo sabe. Sabe perfectamente que no puede convencer a ningún juez de que hay argumentos jurídicos que avalen la calificación como rebelión de la conducta de Carles Puigdemont. Sabe que el juez danés o el belga no se iba a reír delante de él, porque los jueces europeos suelen ser personas educadas, pero que por dentro las carcajadas estaban cantadas. 

En esta ocasión, además, si se cursaba la euroorden no se podía ordenar posteriormente la retirada y, en consecuencia, el riesgo de que la Justicia Española quedara desautorizada ya no se podría evitar. Ya la retirada de la primera euroorden ha sido un golpe para el prestigio de la justicia española. Ese tipo de conductas son las que disminuyen el crédito de un país. 

Pero es que, además, en el caso de haber cursado la euroorden y no ser atendida por la justicia danesa en los términos en que se había formulado, es decir, por el delito de rebelión, ya no se podría seguir la causa por tales delitos contra todos los demás querellados, con lo que se vendría abajo toda la estrategia construida para perseguir penalmente al nacionalismo catalán, como apuntaba el pasado día 13 Elisa Beni en su artículo  El Supremo se hace bola.

Creo que hubiera sido muy positivo que un juez belga o un juez danés hubiera podido pronunciarse, tras haber oído a todas las partes, sobre la calificación de la conducta del President como delito de rebelión. Quienes pensamos que no existe tal delito, tendríamos que comernos lo que estamos diciendo y escribiendo en el caso de que alguno de dichos jueces hubiera coincidido con la opinión de los jueces de la Audiencia Nacional o del Tribunal Supremo. 

Lamentablemente no va a ser así. El control de la imaginación de nuestros jueces únicamente será posible, si todo sigue el curso que cabe prever, cuando, una vez que se haya dictado sentencia, se puede interponer recurso ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos. 

El coste para entonces de este delito imaginario  puede resultar insoportable. Pero en esas estamos.

 

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El Magistrado Pablo Llarena, instructor de la causa penal seguida  ante el Tribunal Supremo

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[4] Algo huele a podrido en el Supremo

Por Juan Carlos Escudier

Artículo publicado el 23 de enero de 2018 en:
 

La excursión danesa de Puigdemont ha permitido confirmar que la instrucción por parte del Supremo del llamado procés es una causa mucho más política que jurídica y que la pasión del expresident por los referéndums se le ha ido de las manos, hasta el punto de sugerir ampliar el derecho a decidir sobre Catalunya a todo el Estado en una primera etapa, y quién sabe si al conjunto de la UE si su periplo europeo se prolonga en el tiempo.

Algo huele a podrido, en efecto, pero no en Dinamarca sino en un Tribunal que ha sobrepasado todos los límites del Derecho para adentrarse en la pura estratagema. Sólo así se entienden los argumentos del juez Llarena para negarse a cursar la euroorden para detener a Puigdemont en Copenhague, que era lo que le pedía la Fiscalía en razón a su condición de prófugo de la Justicia.

Sostiene el magistrado que el viaje del expresident para impartir una conferencia universitaria no respondía a una inquietud académica sino a una trampa para conseguir ser detenido y acogerse así a la posibilidad de delegar su voto en la sesión de investidura. En consecuencia, si la Justicia quiere detener a una persona sobre la que pesa un presunto delito de rebelión y el individuo en cuestión pretende ser detenido, lo inteligente es no detenerle para que no se salga con la suya, que más sabe el zorro por viejo que por zorro.

No es sólo que Llarena esté juzgando intenciones sino que se arroga competencias de las que carece, entre ellas la defensa “del orden legal que rige la actividad parlamentaria”. Ni corresponde a Llarena decidir quién puede o no delegar el voto, ya que esto lo debe determinar el Parlament y en última instancia el Tribunal Constitucional, ni la misión del Supremo es forzar, como parece, la renuncia al escaño de los exconsellers huidos a Bélgica para que la investidura de un candidato independentista salga adelante. La maniobra del magistrado se reduce así a una artimaña política que nada tiene que ver con el Derecho.

En realidad, lo que transmite este proceder es la endeblez del armazón jurídico por el que -no hay que olvidarlo-, seis personas llevan más de 80 días en prisión. Como se recordará, una primera euroorden fue retirada ante la práctica certeza de que la Justicia belga no aceptaría la entrega de Puigdemont y los exconsellers que allí se refugian por los mismos delitos de los que se les acusa en España, lo que obligaría a juzgarles por otros menores. Lo mismo parece ocurrir con Dinamarca. ¿Existe algún juez en Europa que pudiera compartir los criterios de sus colegas españoles o el delito de rebelión de nuestro Código Penal es una extravagancia typical spanish que no resiste homologación en ningún otro ordenamiento jurídico? Esa es la gran pregunta. La respuesta es que la supuesta rebelión se da un aire a la tortilla española, que sólo es digerible al sur de los Pirineos.

Extravagancia por extravagancia, el debate con Puigdemont en la Universidad de Copenhague sirvió no sólo para poner en aprietos al expresident y cuestionar su falta de respecto a la ley sino también para conocer su última “propuesta o solución” al conflicto catalán: “que vote todo el Estado”. En definitiva, después de dos referéndums y de la proclamación de la República más breve de la historia, un posible arreglo pasaría por ampliar el sujeto de la soberanía que ha de pronunciarse sobre el futuro de Catalunya al conjunto de España, que es justamente la tesis de los adversarios del independentismo y lo que dispone la propia Constitución. Si Rajoy no le ha tomado aún la palabra es porque ha debido de pillarle la ocurrencia en mitad de la siesta.

 

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[5] Las cadenas invisibles del liberalismo

 

Por Fran Carrillo

Artículo publicado el 22 de enero de 2018 en:

 

El mundo no deja de girar y con él la rueda capitalista, engranaje incansable en su insaciable ansia de acumular capital en un mundo finito y para todos. Las tesis neoliberales de Hayek que impulsaron Thatcher y Reagan, y que tras la caída del bloque soviético no encontraron freno, siguen globalizando su hegemonía. Resisten, aislados, algunos países que no sólo han de hacer frente a la guerra económica y la amenaza militar, cuando no la guerra directa, también al acoso mediático que nos invade el pensamiento para demonizarlos (Cubazuela del Norte), llegando a desplazar el debate socialismo/capitalismo a Keynes/Hayek con la colaboración de la socialdemocracia, que para eso nació; no en vano ya dijo Thatcher que su mejor obra fue Tony Blair, y lo mismo podría haber dicho Adolfo Suárez de Felipe González, aún hoy gurú del PsoE.

Ni que decir tiene que ningún país intervenido ha visto mejorada su situación, tampoco fue su objetivo teniendo en cuenta que no se les caen los anillos por crear y sustentar grupos terroristas para tal efecto, pero lo hacen en nombre de la democracia y la burguesía ha conseguido el control de dicho significante, tan clave para el pueblo, retorciéndolo en clara derrota del socialismo, que llega en esta lucha para un masivo “no a la guerra” pero no para un masivo “OTAN no”. Y es que Aznar retornó a una derecha sin complejos quedando una izquierda más progremente acomplejada que nunca.

Así la incansable rueda capitalista/imperialista, no encontrando más que la tibia resistencia de las conquistas sociales de los distintos estados a los que el estado del bienestar, sin el reflejo del muro socialista, les sobra y bajo la hermosa bandera de la liberalización (que suena a libertad, concepto también clave en el pueblo), continúa su camino, como una apisonadora, privatizando y desregulando cuanto encuentre a su paso. Antiguas y continuas son las batallas, siempre turbias, desde Filesa a Telefónica, pasando por los astilleros, las energéticas, los astilleros otra vez, los aeropuertos, los taxistas y el transporte público… en un largo etcétera de muchas derrotas y alguna heroica resistencia que va desde lo más estructural a lo más íntimo, esa “última frontera del capital” que es el alquiler de vientres o, eufemísticamente (todo cuenta), gestación subrogada a la que hasta Podemos (el cambio™, la gente™) oportunamente, como grandes oportunistas, se/te han vendido.

Empresas que prosperan en tiempos de crisis sin beneficios para el usuario, desamparado ante la mísera y engañosa oferta/demanda, ni para el trabajador, aún más explotado, mientras evaden su gran caudal de beneficios hacia paraísos fiscales en una cañería tan grande como las puertas giratorias de las que hacen gala para así tener más concesiones, meritocracia. Al fin y al cabo, si les va mal sus amigos del gobierno les rescatan ya sean bancos ya autopistas, para eso les sirve el Estado. Día tras día, los que van vendiéndose de patriotas con vivas y pulseras, venden la patria y a sus compatriotas al capital, y aún se oscurece con los nubarrones de C´s que vienen con fuerza deseando privatizarnos hasta las cejas. También en Cataluña y también con PdCat, las dos primeras fuerzas en las recientes elecciones, el capital compra cualquier bandera pues sabe que, para cortinas de humo, ninguna como éstas, y en torno a éstas resurge el fascismo doquier.

No contenta con tanta batalla constante, insaciable, la rueda lanza esa gran campaña que es el TTIP, pretendiendo situar el capital al margen de las distintas regulaciones estatales, sea que algún político en algún país les saliera rana alguna vez, y ganar la guerra de un plumazo. Total, los derechos sociales eran cosas de privilegiados y los servicios públicos, monopolios. Así no harán falta puertas giratorias, sonríen -jocosos- los liberales. Y tú, trabajador desposeído hasta de tus derechos más básicos, seguirás cayendo en su trampa como esa rata de ese corto, correteando en ese engranaje que todo lo apisona, impulsándolo mientras lo maldices y, exprimido, irás a descansar a la casa que apenas puedas pagar para volver a corretear en la rueda, serle fuerza motriz, al día siguiente en bucle servicial.

Pero no llevas cadenas. Ergo no eres un esclavo. Al menos tienes tele, que siempre habrá algún canal en abierto para mantenerte librepensador; y sobrevives, que no es poco, si es que puedes pagarte una clínica privada cuando lo liberalicen todo y sean libres de dejarte morir por pobre. Si eres mujer podrás volver al más primario concepto de PROLETARII y dedicarte a crear prole para los ricos. Si es que el embarazo y el parto sale bien y el bebé es del agrado de su papi y su mami; tú no, vasija, su mami de verdad que para eso ha pagado. Con suerte así podrás tener alguno propio, quién sabe si hasta pagarle una escuela. O prostituirte. Empoderamiento femenino. Si ya no puedes procrear, si eres anciana y ya no les sirve ni tu cuerpo, cuando no tengas para pagar la luz, quizá te dejen morir de frío. Eso ya ocurre.

Disfruta las bondades del capitalismo y sé una buena rata liberal demócrata.

Democracia, feminismo y libertad al servicio del capital. Hegemonía. El futuro que se vislumbra es progreso tecnológico e involución social. Hasta que reviente.

Todo esto ya nos lo dijeron Marx, Lenin o Gramsci. Y Rosa Luxemburgo: Socialismo o barbarie. Habría que volver a hacerles caso, pero de ellos no se habla en la televisión si no es para ponerles por locos asesinos, y a ver quién desmiente a la televisión.

Cadenas. Algunas tan prietas, otras tan entretenidas…

 

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Soraya Sanz de Santamaría, Vicepresidenta del Gobierno, en la Moncloa, comunicando la intención del Gobierno de acudir ante el TC

 

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Los medios españoles interpretan la acogida de Dinamarca del político catalán

[6] ¿CONSEGUIRÁN QUE TERMINE ODIANDO AL MALVADO PUIGDEMONT?

 

Por ADAY QUESADA

Artículo publicado el 24 de enero de 2018 en:
 

“Me cuenta mi viejo – escribe Aday Quesada – que la cantinela machacona de los medios de comunicación españoles con la cuestion catalana le traen a la memoria las técnicas de censura y manipulación política de los periódicos y la TV de la dictadura de Franco”. La versión que han hecho circular los medios españoles sobre los resultados del viaje de Puigdemont a Dinamarca, lo han puesto claramente de manifiesto. Pero al margen de los periplos del politico catalán, lo que quedando descarnadamente al descubierto estos dias en España, es la subyacente francocracia que para no pocos estaba pasando desapercibida (…)

 
 
 

Me cuenta mi viejo que la cantinela machacona de los medios de comunicación españoles le traen a la memoria las técnicas de censura y manipulación política que se utilizaban en los periódicos y la televisión de la dictadura de Franco. Me agrega que la única forma que la gente de su generación tenía para lograr acercarse a la verdad de lo que sucedía en España consistía, paradójicamente, en recurrir a las radios ubicadas fueraEspaña. Radio París, la Pirenaica, la BBC de Londres o Radio Moscú.

Con todo el didactismo de que es capaz, me describe con pelos y señales cuáles eran los procedimientos que utilizaban los censores y funcionarios de la España franquista para lograr una adhesión generalizada a sus tesis políticas.

Me relata  cómo los medios de entonces  repetían, una y otra vez, hasta llegar al hastío, lo que intentaban transmitirle a la población. En sus enfoques no existía ningún tipo de voz discrepante. Todo el coro de voces que podían escucharse constituía una enorme cadena argumental repetitiva, orientada a la estigmatización del “enemigo” declarado del momento.

Me añade el viejo que, aunque en aquellos años de tupida tiniebla informativa no eran  frecuentes las llamadas “mesas redondas” de tertulianos, cuando se organizaba alguna todos los que participaban en ellas arrancaban de una misma opinión básica y unánime. Podían diferenciarse entre ellos en el tono o en cuestiones de segundo  orden. Pero ninguno de aquellos “tertulianos” osaba diferir en lo esencial, que era siempre el furibundo ataque alenemigo.

A estas alturas del siglo XXI,  me pregunto cuál es la diferencia existente  entre lo que me describe mi padre  y lo que hoy  tengo la posibilidad de contemplar diariamente en la casi totalidad de los medios de comunicación españoles, en relación con Puigdemont y los independentistas catalanes.

Es cierto que entre las tertulias de la SER  y las  que tienen lugar en  “24 horas de TVE”existen ligeros matices en la gradación de los tonos. Pero el  monolítico  pensamiento único que domina en ambos medios en relación con la cuestión catalana y otros temas del momento, es aplastantemente abrumador. Ni una  débil vocecilla discrepante, ni una  opinión que matice  al corpus vertebral  de la monolítica idea central.

¿VUELVE A  ESTAR LA VERDAD EN EL EXTRANJERO?

Como si no hubiera  transcurrido ya casi medio siglo desde los hechos que me describe mi padre, me he visto obligado a recurrir  al mismo procedimiento que él utilizaba entonces. Los medios de comunicación españoles han repetido a lo largo de todo el día de hoy  que el viaje de Puigdemont Dinamarca fue un rotundo fracaso. Dice la televisión española que allí sólo  fue bien recibido por unos separatistas sui generi que quieren  la independencia nada menos que de la gélida Groenlandia.

Repiten, como si de un mantra se tratara, que en la rueda de prensa que Puigdemontdio en Copenhagen,  fue atacado duramente por querer dividir a los españoles y convertir a Europa en un mosaico de pequeñas y débiles nacionalidades. Para corroborarlo,  la TVE entrevistó  brevísimamente a una señora que “se atrevió” a cuestionar algunas de las tesis del presidente catalán. A los medios españoles le faltaron horas para convertir a esta buena señora en primera figura estelar de nuestro pèculiar círculo mediático. Según falsimedia, la visita de Puigdemont a Dinamarca fue coronada con un estrepitoso fracaso, muy similar  al que supuestamente ya había sufrido en su rocambolesca fuga a Bélgica.

Se me ha ocurrido que ante circunstancias históricas similares, lo que corresponde es utilizar recursos también semejantes. Mi padre sólo podía recurrir a escuchar las radios internacionales, con el volumen bien bajito, para que nuestro vecino de enfrente, que era un policía armada del Régimen con unas espaldas más anchas que las del increible Hulk, no  se enterara de sus nocturnas navegaciones a través de las emisoras clandestinas.

Yo, sin embargo, dispongo de una buena herramienta con Internet. Este invento yanqui me facilita, además, la posibilidad de traducir automáticamente el contenido de los abracadabrantes periódicos daneses. ¿Y saben lo que les digo?  Lo que alegan los medios se comunicación españoles y lo que dicen los medios de comunicación daneses, tiene más poco que ver que el tamaño de una pulga con el de un elefante.

Puigdemont está en todas las portadas de los principales medios de comunicación daneses. El interés que  ha suscitado su visita a este hamletiano pais que somete todo a la duda sistemática, ha resultado realmente inusitado. A mí, desde Madrid, me parece simplemente increíble que la crisis política catalana pueda desatar tanta atención y pasión como la que ha provocado en ese país noreuropeo.

Lejos de lo que la prensa y la TV española vociferan, el viaje de Puigdemont ha sido un auténtico éxito, que aunque yo no logre explicármelo, puede constatarse simplemente leyendo las cabeceras de los periódicos daneses. Las editoriales de prensa, por ejemplo, dicen que la fugaz visita del ex presidente catalán ha logrado enviar un nítido mensaje a España y, también, a la  Unión Europea. Aunque he podido detectar alguna valoración crítica por parte de algún medio conservador, en general,  sus valoraciones han sido positivas con el político catalán.

El Kristeligt Dagblad, por ejemplo,  se alegra de que las autoridades españolas  no se atrevieran a emitir una orden europea de busca y captura en contra de Puigdemont, pues estima que si la policía danesa  hubiera procedido a detenerlo, éste se hubiera convertido en un auténtico mártir en Dinamarca.

El Belingske mantiene que Puigdemont estaba más preocupado por enviar un mensaje a España y la UE, que por buscar apoyos en Dinamarca. Pero tras su conferencia en laUniversidad de Copenhague y su reunión  con los parlamentarios daneses, el diario enfatiza que  el político catalán ha conseguido su objetivo de llevar el conflicto catalán al Parlamento danés.

El Politiken  pone de relieve el masivo interés”  suscitado por escuchar a Puigdemont. Dice que   en la  Universidad de Copenhague no cabía ni un alfiler, pues tanto los medios de comunicación como los estudiantes tenían un enorme interés por escuchar lo que el ex presidente catalán iba a decir.

DE NUEVO, LA FEA MUECA DE LA FRANCOCRACIA

No soy independentista. Y tengo mis razones para no serlo. Pero no es este el momento más adecuado para explicarlas.  Defiendo, no obstante, el derecho de los pueblos a autodeterminar su destino. Sin cortapisas, sin trampas, ni coacciones del poder político. Tampoco se me escapa que para los asalariados lo esencial es tener conciencia de cuál es el verdadero enemigo, cuál es la clase que  controla férreamente el poder económico, los medios de producción , y orientar su batalla, unidos, hacia ese objetivo. Con independencia, o sin ella.

Pero, al margen del contencioso catalan, lo que se está poniendo en evidencia estos días es que, tal y como denunciaba la profesora de la Universidad Autónoma de Madrid Ángeles Diez, en España estamos sufirendo, en vivo y en directo  los fuertes coletazos de un régimen francocrático, en el que los  mecanismos que se utilizaban bajo la pasadadictadura del general Franco están volviendo a quedar descarnadamente al descubierto.

 

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Puigdemont y Junqueras en la Declaración Unilateral de Independencia

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[7] El Tribunal Constitucional niega la investidura a distancia

 

El Tribunal Constitucional ha negado este sábado la posibilidad de que Carles Puigdemont pueda ser investido a distancia. En una solución de consenso y por unanimidad, que no acoge de forma completa la reclamación del Gobierno de Mariano Rajoy, pero desde luego no le da ningún desaire, a pesar del Dictamen negativo del  Consejo de Estado, ha decidido suspender la investidura del próximo martes únicamente si se realiza a distancia y sin la presencia del candidato. Establece así el Auto las siguientes condiciones: 

“(a) No podrá celebrarse el debate y la votación de investidura del diputado don Carles Puigdemont i Casamajó como candidato a Presidente de la Generalidad a través de medios telemáticos ni por sustitución por otro parlamentario.
(b) No podrá procederse a la investidura del candidato sin la pertinente autorización judicial, aunque comparezca personalmente en la Cámara, si está vigente una orden judicial de busca y captura e ingreso en prisión.
(c) Los miembros de la Cámara sobre los que pese una orden judicial de busca y captura e ingreso en prisión no podrán delegar el voto en otros parlamentarios.”

Si quiere ser ‘president’,  Puigdemont tendrá que volver y obtener autorización expresa del juez y comparecer personalmente ante la Cámara. El candidato se está pensando plantear la petición de autorización para comparecer al Juez Instructor de la causa seguida ante el Tribunal Supremo, el magistrado Pablo Llarena, posibilidad afirmada por alguno de los portavoces de JxCat. La solicitud supone en cualquier caso el sometimiento de Puigdemont al proceso judicial español, debiéndose decidir sobre su situación personal con carácter previo, si vuelve a España (se abren varias posibilidades: detención inmediata y denegación de la autorización, autorización para comparecer y prisión preventiva tras la investidura,  autorización sin medidas preventivas -que parece la más acertada, pero la más lejana). 

Ni Puigdemont, ni los cuatro diputados que permanecen junto a él en Bruselas, podrán delegar el voto, concreta la decisión. Ya se conoce la entrega, este mismo lunes, del acta de Diputado de la Cámara catalana de tres de los cuatro diputados que permanecían junto a Carles Puigdemont en Bélgica, a fin de no malograr el recuento independentista en la votación parlamentaria; solo Comín, diputado de Esquerra,  conservaría el acta por el momento.  

El Pleno no ha llegado a pronunciarse sobre si procedía o no la admisión a tramite del recurso gubernamental, dando plazo a las partes para alegaciones. Desde luego, la inadmisión sería la mejor decisión para una impugnación claramente prematura. Aun así, se ha adoptado  la “tercera vía” como medida cautelar, que ha sido propuesta por el magistrado del Tribunal Constitucional don Fernando Valdés y que ha permitido al Tribunal Constitucional regular, vía trámite medida cautelar,  la forma en que el acto de investidura deba producirse ¿Puede considerarse esto un fraude de ley? 

El Tribunal decidirá sobre la admisión a trámite de la impugnación una vez que haya oído a todas las partes y haya resuelto las dudas que han planteado sobre admisibilidad del recurso. Admite la personación de Puigdemont y los diputados de JxCat a fin de que puedan ejercer su derecho de defensa como particulares.

También acuerda el Constitucional apercibir al president del Parlament, Roger Torrent, de las responsabilidades, incluidas las penales, en que puede incurrir él y la Mesa del Parlament, si desobedecen esta resolución.

La esencial es si después del cuestionamiento constante que la Institución del Tribunal Constitucional merece y ha merecido en los ultimos tiempos, también en lo que a la cuestión independentista se refiere,  completamente politizado y salpicado de parcialidad y corrupción, merecen sus “soluciones” ser tenidas como adecuadas ¿Convalida la decisión plasmada en el Auto de 27 de enero de 2018 los descalabros anteriores? 

Profundizaremos en estas y otras cuestiones en los proximos días, cuando se conozca el texto integro del Auto (solo se ha publicado en el BOE su parte dispositiva) y los acontecimientos superen una vez más las previsiones. 

Les ofrecemos para descarga el Auto del Tribunal Constitucional de 27 de enero de 2018, los Dictamenes del Consejo de Estado sobre la cuestion y la Demanda del Gobierno ante el Tribunal Constitucional. 


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