Oliver Stone – La historia no contada de Estados Unidos 10 – Bush y Obama La era del terror // Populismo; el Frente del Hombre Cualquiera

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Oliver Stone – La historia no contada de Estados Unidos  parte 10:  Bush y Obama: La era del terror

Oliver Stone – La historia no contada de Estados Unidos 10 – Bush y Obama: La era del terror
 
 
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GIANNINI, EL ABUELO POLÍTICO DE BEPPE GRILLO

 
Por Xavier Casals
 
Artículo publicado en:
 
 
 Guglielmo Giannini y Beppe Grillo.

 

¿HASTA QUÉ PUNTO BEPPE GRILLO ES UN FENÓMENO NUEVO EN LA POLÍTICA ITALIANA? El líder del Movimento 5 stelle [Movimiento 5 estrellas, M5S] (que obtuvo casi un tercio de votos en las elecciones del pasado 24-25 de febrero) ha centrado los focos mediáticos tras las elecciones italianas y su populismo netamente “antipolítico” ha causado gran sorpresa, notablemente por su lenguaje descarnado.

Así, cuando sus diputados -los grillini– negociaron un fallido acuerdo con Bersani, Grillo, explicó La Vanguardia (28/III/2013)– “metió a todos los líderes políticos rivales en el mismo saco, calificándolos de ‘padres puteros’ que llevan años gobernando a expensas de la gente, sobre todo de los jóvenes. Esos ‘hijos de padre desconocido’ que han criado, que no tienen trabajo, ni casa, ni futuro, ‘los mandarán a todos a casa, de una forma u otra’. Acusó a esos políticos de llevar veinte años “dándonos por el culo y no tienen el pudor de quitar los cojones de manera espontánea”.

 

Giannini en un acto público de l’Uomo Qualunque.

 

¿Estamos ante una realidad novedosa de la política italiana ante este lenguaje descarnado y vulgar y los posicionamientos nihilistas del dirigente del M5S? Aunque en este blog ya hemos abordado el tema del M5S en algunas entradas (1 y 2) en esta ocasión nos interesa centrarnos en un antencedente histórico del grillismo: el llamado qualunquismo que lideró un comediógrafo y periodista italiano, Guglielmo Giannini  (1891-1960).

 

Giannini, el antecedente de Grillo

Consideramos que el éxito del M5S  en las elecciones italianas  ha plasmado el ascenso de un populismo antiestablishment. Ello no conforma un hecho aislado y, por ejemplo, en Francia, el líder de la coalición Front de Gauche [Frente de Izquierda] Jean-Luc Mélenchon empleó el lema “Que se vayan todos!” Si nos pedimos cuál es el punto de partida de este fenómeno, sus antecedentes primigenios hay que buscarlos en el qualunquismo italiano y el poujadismo francés. A continuación nos interesa centrarnos en el primero.

El término qualunquismo alude al Fronte dell’Uomo Qualunque [Frente del Hombre Cualquiera] (UQ), que conformó “un partido contra todos los partidos”. Lo fundó el mencionado Giannini a finales del 1944 en la zona liberada de Italia. Cobró fama con el rotativo Uomo Qualunque, que pasó de 80.000 ejemplares a 850.000 el 1945, que Giannini definió así: “Este es el diario del hombre cualquiera, harto de todo el mundo, el único deseo ardiente del cual es que nadie le toque las narices”. Resumió el ideario en el explícito eslogan “Abbasso tutti” [Abajo todos]. Carente de programa, lanzó virulentas diatribas contra el Estado, la fiscalidad y la democracia.

 

Ejemplar del diario de Giannini. Obsérvese que la U de su cabecera muestra a un hombre aplastado por la clase política, símbolo del ciudadano anónimo, como refleja su detalle repoducido a continación.

 

Giannini denunció excesos en la depuración de exfascistas y criticó a los políticos profesionales alejados del “pueblo”. El 1946 el UQ logró el 5% de los votos (1.210.000 sufragios) y 30 escaños. Posteriormente exploró alianzas políticas y después de las elecciones del 1948 (a las cuales se unió el Partido Liberal) conoció un rápido declive.

La descripción de la UQ que el politólogo Marco Tarchi ha hecho en su sugerente estudio L’Italia populista (2003) recuerda los populismos actuales. Considera que el qualunquismo se presentó “como la voz de la gente común, excluida del reparto del poder, irritada contra los políticos ‘ávidos y corruptos’, indiferente a las ideologías en las cuales ve tanto la cobertura de las ambiciones de dominio de las élites, escéptica frente a cualquier programa y desconfiada de las prometidas electorales, de las cuales prevé su sistemática traición por parte de los electos”. Se mostró adverso “tanto al fascismo como al antifascismo, a la derecha monárquica, clerical o conservadora como la izquierda republicana, socialista o comunista”, señalando “la distancia insalvable entre el pueblo […] y los políticos profesionales”.

En suma, antes del ascenso al firmamento político italiano de Grillo, lo hizo Giannini con un populismo antiestablishment igualmente vibrante y directo en la época. Véase una comparación entre ambos en italiano clicando aquí.

Hemos reconstruido la trayectoria de Giannini en un artículo dedicado a los primeros modernos populistas europeos, Giannini y Pierre Poujade, publicado en el diario catalán Ara (2/III/2013), del que este perfil de Giannini forma parte. Puede accederse a su lectura previo registro clicando aquí.

 

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El Beppe Grillo de la posguerra

Por Ton Vilalta

Artículo publicado en:

 

 

Decía Marx, parafraseando a Hegel, eso de que la historia tiende a repetirse, la primera vez como tragedia, la segunda como farsa. Aunque cuando lo decía Marx todavía no sonaba a frase de repertorio para tertulianos pedantes. En Italia, sin embargo, habría que reformular ligeramente esta regla, porque la historia se repite, cierto, pero a menudo aparece primero como farsa, para repetirse después de nuevo como farsa. Y lo decimos sin la connotación negativa que Marx —alemán al fin y al cabo— imprimía al término. Tomemos a Beppe Grillo, por ejemplo. La suya es una historia que desde la España del consenso, el pacto y la cultura de la transición parece marciana: un cómico famoso que abre un blog, arrastra millones de lectores, y después crea un partido que pone en jaque a todo el mainstream político. Algo sin precedentes, dirán ustedes. Pues no. En Italia todo tiene un precedente más o menos pintoresco. En este caso se trata de un comediógrafo y periodista, llamado Guglielmo Giannini, que a mediados de los 40 fundó el —hasta hoy— más impresionante y fugaz meteoro político de la historia republicana italiana, el Frente del Hombre Cualquiera.

Nos encontramos a finales de 1944, en Italia quedan por delante todavía cinco meses de guerra. 15 meses antes, con la caída de Mussolini primero y del fascismo después, Italia había cambiado de bando en plena guerra. En el norte del país el ejército angloamericano y las brigadas partisanas continuaban combatiendo contra los alemanes en retirada y los residuos del antiguo régimen coagulados en torno a la República Social Italiana de Mussolini. Mientras tanto, Roma, que había sido liberada en junio, intentaba inventarse una nueva normalidad, después de 20 años de fascismo y cuatro de guerra. Una explosión de nuevas publicaciones nacía con la recién reencontrada (y todavía parcial) libertad de prensa. En este contexto aparece, el 27 de diciembre de 1944, el primer número de un semanario llamado El Hombre Cualquiera. El éxito es inmediato: 10.000 copias del semanal llegan a las calles y se agotan en cuestión de horas. En los días siguientes el editor se ve obligado a sacar ediciones sucesivas hasta llegar a los 80.000 ejemplares. El Hombre Cualquiera llegará a vender al cabo de pocos meses 800.000 ejemplares. El fundador y director de este fenómeno editorial, que se acabará convirtiendo como veremos en un fenómeno político, es Guglielmo Giannini, personaje singular y excéntrico: conocido sobre todo como autor y director teatral de obras ligeras, periodista especializado en crónica mundana e incluso letrista de cancioncillas populares. Jamás se había ocupado de política y por lo demás no se le conocía ideología alguna, si dejamos aparte ese fondo anarcoide tan típicamente italiano. Y sin embargo, el fulminante éxito de El Hombre Cualquiera demuestra que supo llegar con fuerza a esa mayoría silenciosa y políticamente abúlica (“que se había opuesto silenciosamente al fascismo”, decía Giannini con cierta benevolencia), exasperada por la miseria de la guerra, que rechazaba el nuevo sistema democrático y partidista como un cuerpo extraño, considerándolo parte del problema y no de la solución.

Desde el primer número de El Hombre Común queda claro que Giannini no ha venido para hacer amigos entre la nueva clase política. En portada aparece una viñeta que es ya un manifiesto: en una pared en la que se lee “Abajo Hitler”, “Abajo Mussolini” y se leen vivas al dirigente comunista Togliatti y al futuro primer ministro democristiano De Gasperi, un hombre anónimo escribe, simple y llanamente, “Abajo todos”. Por si pudieran caber dudas sobre la línea del nuevo semanario, el mismo Giannini escribe en el editorial de ese primer número: “Todos [los partidos políticos] prometen generosamente libertad, prosperidad y justicia […]. En realidad asistimos al espectáculo innoble de un arribismo desvergonzado, al bullicio de una gusanera de ambiciones, a una pelea feroz por la conquista de puestos de poder y de prebendas, desde los que poder lucrarse cómodamente”. Y acaba el editorial con un vibrante alegato contra toda la (entonces nueva) clase política: “Desde hace más de medio siglo se vive en nuestro país una vida infernal a causa de la envidia entre políticos profesionales. Revueltas, atentados, huelgas, agitaciones, inflación, intervencionismo, crisis de posguerra, especulación con la crisis, fascismo, antifascismo, dictadura, guerras para consolidar la dictadura, catástrofe para librarnos de ella. Estas son, para todos los italianos, las consecuencias de una rabiosa pelea entre 10.000 politicantes.” Un discurso que en la Italia herida de aquellos años muchos estaban dispuestos a comprar. Y es que Giannini fue el genial creador de la retórica, tan en boga también en nuestros días, de “la sociedad civil”: un ente idealizado, depositario de la virtud popular, contrapuesta a los políticos, un cuerpo homogéneo en su vileza, en el que es inútil intentar encontrar diferencias entre unos y otros. Precisamente este ha sido el núcleo del discurso de Beppe Grillo, que desde que apareciera en los márgenes de la política italiana allá por 2007, ha sido siempre tachado de “qualunquista” (que podríamos traducir como “cualquierista”) en referencia al nombre en italiano del movimiento de Giannini, el Fronte dell’Uomo Qualunque. Un término que los enemigos de Grillo siempre han usado con afán denigratorio, pero que no carece en absoluto de fundamento.

Analizándolos, el discurso y la trayectoria de Beppe Grillo parecen un remake con ambientación futurista de los de Giannini. Ambos atacaron desde un espacio mediático nuevo un sistema político en grave crisis de legitimidad. Giannini desde su popular semanal, Grillo desde su blog (que desde 2005 encabeza la lista de los blogs más leídos de Italia y se encuentra entre los diez más influyentes del mundo según Forbes). Pero sobre todo se parecen porque los dos aprovecharon su éxito mediático para marchar sobre el palacio de la política institucional. Ambos decidieron organizar políticamente la musculosa corriente de opinión que habían aglutinado y encabezar esa “sociedad civil”, que ambos imaginaron libre de conflictos y homogénea, sin contraposiciones de clase ni relaciones de poder (“no es una entidad única, está formada por individuos, (…) personas con sentido común, buen corazón y buena fe, gente normal, honrada trabajadora y pacífica”, escribía Giannini), en su cruzada contra los políticos. Giannini anticipó el discurso de Grillo incluso en su tecnoutopismo, en la idea de que el progreso había convertido la democracia representativa en una tecnología obsoleta. En 1944 Giannini escribía: “el progreso técnico y científico ya permite a los hombres prescindir de los políticos y ver con claridad lo que es útil para la colectividad. Solo las ideologías, instrumento de los politicantes, esconden la evidencia: la multitud de hoy ya no es una rebaño de desorientados que necesitaba a Prometeo para encender el fuego”. Unas palabras que recuerdan a las de Grillo cuando explica la nueva democracia digital y postideológica: “Para qué quieres un político que te represente. Si yo, con un click, puedo decidir si hacer o no hacer la guerra, si hay que salir de la OTAN, si queremos que nos manden en nuestra propia casa o si hay que conservar la soberanía monetaria”. Internet ha dado a Beppe Grillo lo que le faltó Giannini: la tecnología a través de la cual “el hombre cualquiera” podrá reconquistar, con un click, el poder usurpado por los políticos profesionales. Porque idealmente, en el “qualunquismo” 2.0 de Beppe Grillo, el político tal y como lo conocemos desaparece. Deja de ser un representante de sus electores, para convertirse, usando su terminología, en un “terminal” de la “inteligencia colectiva de la Red”, cuya función dentro de las instituciones es recoger información, que la Red, a su vez, procesará y convertirá en un decisión que el terminal ejecutará.

Y sin embargo, a pesar de la retórica hiperdemocrática, de esta exaltación de la normalidad del hombre cualquiera, si los movimientos de Grillo y Giannini lograron, como veremos, resultados electorales tan extraordinarios, fue en gran parte gracias al nada ordinario carisma de sus dos líderes. Lejos de quererse confundir en la multitud de hombres cualquiera, Grillo y Giannini usan su sentido del espectáculo, exhiben su excentricidad y su diferencia respecto a los grises políticos tradicionales. Porque lo peor que puede ocurrirle a un antipolítico es parecer un político. De esta manera usan un lenguaje hiperbólico e irreverente, se mofan de los políticos y sus liturgias. En una ocasión Giannini amenazó con cantar canciones napolitanas en el Parlamento para protestar contra el excesivo formalismo; en sus mítines Grillo, después de gritar, sudar y gesticular como un loco, deja que el público lo levante en vilo y lo transporte como una estrella del punk.

Pero si Grillo ha tardado cinco años en construir su entrada en la política nacional, desde que en 2007 organizara el mítico Vaffanculo Day, Giannini tardó solo unos pocos meses. En agosto de 1945 anunció desde las páginas de El Hombre Cualquiera, que por aquel entonces ya vendía más de 700.000 copias, su intención de “dar una estructura no únicamente periodística a la CORRIENTE DEL HOMBRE CUALQUIERA, que nuestro periódico no ha creado pero sí ha indudablemente revelado”. Giannini exhortó a sus seguidores a crear organizaciones locales autónomas (versiones analógicas de los MeetUp con que se organizan los seguidores de Grillo). De esta forma el Frente del Hombre Cualquiera llega a las primeras elecciones, en junio de 1946, en las que obtuvo un buen resultado, alrededor del 5% de los votos. Pero eso fue solo el principio. Si el gobierno de Mario Monti, apoyado por la práctica totalidad de los partidos del Parlamento, ha permitido a Grillo capitalizar el descontento popular al grito de “todos los políticos son iguales”, de igual forma el gobierno de concentración nacional que surgió de las elecciones de junio del 46, en el que convivían comunistas y democristianos, fue un regalo para Giannini. En pocos meses, la popularidad del Frente del Hombre Cualquiera creció rápidamente, para dar la campanada definitiva en las elecciones municipales de otoño del 46: en Roma obtuvo más del 20% de los votos, superando a la todopoderosa Democracia Cristiana, e incluso se convirtió en el primer partido en otras grandes ciudades del sur como Bari, Catania, Foggia, Lecce, Messina, Palermo o Salerno.

Y hasta aquí, culminada la transformación de medio de comunicación en movimiento político, en el ápice del éxito político, con todo el mainstream político arrinconado por el inesperado outsider, podemos seguir la trayectoria paralela de los dos cómicos-políticos y sus organizaciones. No es fácil predecir cómo acabará la experiencia del Movimiento 5 Stelle. Sí sabemos en cambio cómo terminó la del Frente del Hombre Cualquiera: acabó dilapidando en poco más de un año todo el capital electoral que en tan poco tiempo había acumulado. Las disputas internas, la ausencia de una ideología compartida, la volubilidad política del mismo Giannini y sobre todo la previsible (¿es que no aprenden nunca?) división entre maximalistas y posibilistas acabaron por alejar a los electores. Lejos de confirmar los excelentes resultados de otoño del 46, en las elecciones del año siguiente el Frente obtuvo poco más de un 3% de los votos. Solo entraron en el Parlamento nueve diputados que, antes de que se acabara la legislatura, se disgregaron por los diferentes partidos conservadores. En las pocas semanas que han transcurrido desde su clamoroso éxito electoral, Grillo ya ha empezado a encontrarse con los mismos problemas con que se enfrentó Giannini: criticar a las instituciones desde las instituciones no es fácil. La realidad política es más compleja y difícil de gestionar de lo que parecía desde la barrera. Queda por ver cómo acabará esta historia, si se trata de un remake de esos tan literales o si se han permitido cambiar el final.

 

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