ES EL MOMENTO DE PEDIR EXPLICACIONES SOBRE LOS ATAQUES TERRORISTAS DE BARCELONA // LIBERTAD DE PRENSA Y SOBERANÍA

Sumario:

[1] El obispo, la homosexualidad y los regüeldos, por Sebastián Nowenstein

[2] ES EL MOMENTO DE PEDIR EXPLICACIONES SOBRE LOS ATAQUES TERRORISTAS DE BARCELONA

[3] LA SOBERANÍA DEL PUEBLO Y LA LIBERTAD DE PRENSA, por Alexis de Tocqueville

 

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[1] El obispo, la homosexualidad y los regüeldos

Por Sebastián Nowenstein

Artículo publicado el 

http://sebastiannowenstein.blog.lemonde.fr/2017/12/30/el-obispo-la-homosexualidad-y-los-regueldos/

En un artículo reciente, el magistrado y profesor de derecho Miguel Pasquau Liaño defiende la necesidad de limitar el recurso a la justicia penal para reprimir las manifestaciones o declaraciones susceptibles de zaherir a personas o grupos de personas. El magistrado considera que no debe incriminarse lo que él llama eructos:

“Sólo hay delito de odio cuando el mensaje, entendido no sólo en su literalidad sino también en función del contexto en que se produce, revela una inequívoca y principal intención directa de provocar un movimiento social de odio o discriminación hacia grupos o colectivos, capaz objetivamente (por el momento y situación en que se produce, y la influencia de quien lo emite) de provocar acoso o actitudes violentas. Y no, por tanto, cuando lo que se dice es parecido a un eructo, sin más intención que demostrar que no se siguen las reglas de buena educación, ni cuando se está expresando una opinión equivocada”.

El señor obispo de Córdoba Demetrio Fernández fue objeto de una denuncia interpuesta por el señor diputado Antonio Hurtado, quien estimaba que las declaraciones del obispo podían ser constitutivas de un delito de odio o de incitación al odio por el discurso. La denuncia fue archivada por la Fiscalía.

El objeto de esta nota es citar algunas declaraciones sonadas o singulares del obispo que recoge la denuncia antes citada para confrontarlas con la clasificación que establece el señor magistrado a efectos de investigar si, en las condiciones de moderación o lenidad penal que se defienden en el artículo del eminente jurista, serían o no dichas declaraciones merecedoras de una incriminación penal. Se tratará, por consiguiente, de saber si las declaraciones mencionadas revelan una inequívoca y principal intención de provocar un movimiento social de odio susceptible de dar nacimiento a actos de acoso o actitudes violentas. O si, por el contrario, se trata de eructos. Por supuesto, cabe la posibilidad teórica y contraintuitiva de que las declaraciones citadas no sean ni una cosa ni otra, sino enunciados destinados a expresar opiniones dotadas de cierto contenido. Pero investigar dicha posibilidad sobrepasa con mucho el marco de esta nota, cuyo objetivo, recordémoslo, es únicamente el de saber si las declaraciones del obispo merecen o no un tratamiento penal en las condiciones planteadas por el artículo del profesor y magistrado Pasquau Liaño.

El obispo considera que la Unesco tiene un plan para transformar en homosexual a la mitad de la población humana en los próximos 20 años. Se trata de un ejemplo patente de lo que se ha dado en llamar complotismo: la afirmación de la existencia de un complot sin hacer valer la menor prueba en defensa de lo que se afirma. Técnicamente, la posibilidad misma de que se cambie la orientación sexual de media humanidad parece, en el estado actual del conocimiento, nula. La del obispo es, pues, en sentido lato, una afirmación delirante ¿Podría llegar esta declaración a provocar odio y, por ejemplo, que un lector del obispo asesinase al funcionario al que le imputase la responsabilidad de esa campaña que el obispo piensa que existe? En teoría, sí, por supuesto. Pero, de producirse dicho asesinato, lo atribuiríamos más bien al acto de un desequilibrado que al poder de las palabras del obispo. Aquí se plantea la cuestión de la causalidad: las causas que permiten imputar penalmente un acto a una persona tienen que ser directas, no solo plausibles. No es que, en sí, no se puedan estudiar las conexiones causales indirectas, es que el incluir dichas conexiones en los mecanismos de la imputación judicial tendría por efecto transformar en culpable de algo a la práctica totalidad de la población. Esta declaración no habrá pues de contarse entre las susceptibles de causar daños directos: eructo, por consiguiente(*).

El obispo declara que la concepción artificial es un aquelarre químico. Un aquelarre es una reunión de brujas y brujos presidida por Lucifer. En la época de la Inquisición, se quemaba a aquellos cuya participación a aquelarres se demostrase. Nuestro código penal no recoge la infracción de participación a un aquelarre. Que algún lector, combinando las enseñanzas del obispo, cierta confusión de fechas entre la legislación penal en vigor hoy día y la del siglo XVI y algún que otro recuerdo menguante de los grabados de Goya, pudiera querer quemar a los participantes de ese aquelarre que describe el obispo, pues, sí, claro, podría llegar a pasar. Pero es poco probable. Retomemos lo dicho en el párrafo anterior y llegaremos a la conclusión de que la persecución justiciera de manifestaciones como esta es inviable. También puede observarse que para aquellos que no creyeren en la existencia del diablo o de las brujas y brujos, el enunciado del obispo carece de todo significado que no sea metafórico: el más herido por la afirmación será sin duda el rebaño del pastor Demetrio Fernández, que ha optado libremente por seguirlo. En efecto, la eficacia performativa máxima del anatema del obispo, el dolor que causa, requiere que el receptor de la proferación comparta las creencias de quien la profiere ¿Debe el código penal proteger a aquel que, libremente, ha decidido prestar su espíritu al influjo del de Demetrio Fernández? ¿Debe la justicia adentrarse en los meandros de la teología de tal o cual iglesia para asegurarse de que los fieles de la misma no son objeto de presiones o proferaciones inapropiadas? Quizás sea más acertado que el Estado se contente con garantizar a quien quiera apostatar que pueda hacerlo con total libertad. Eructo, pues, también, las consideraciones del señor obispo sobre nuestros contemporáneos aquelarres.

El obispo piensa que la ideología del género es una bomba atómica.Según entiendo, la ideología del género no existe, o lo hace principalmente en las mentes de quienes la combaten. Lo que existe son los estudios de género. Las bombas atómicas sí existen. Equiparar una ideología inexistente con la bomba atómica podrá parecer un sinsentido, juzgarse absurdo, atribuirse a una apetencia por el surrealismo o considerarse una prueba de audacia estilística, pero ay de la sociedad que extendiere la acción de la justicia a los enunciados absurdos que genera la humanidad. Quédese en regüeldo también esta manifestación.

La paciencia del que esto escribe, que es grande, se agota. Así que lo que queda irá, sin mayor escrutinio, al saco de los eructos. No decimos, por supuesto, que las manifestaciones de alguien de tanta autoridad e influencia como Demetrio Fernández no merezcan comentarse, pero sí nos parece que jueces y fiscales deben ocuparse en cosas de mayor provecho para la sociedad que el estudio del peregrino pensamiento del señor obispo.

Quizás pueda objetarse que, por increíble que pueda resultar, hay gentes numerosas capaces de pensar que la Unesco tiene de veras un plan para volver homosexual a media humanidad y que es cometido del Estado proteger a los crédulos de lo que pudieren llegar a creer. En El evangelio según Marcos, célebre relato de Jorge Luis Borges, una familia analfabeta que vive aislada en la Pampa, los Gutres, da en ver en Baltasar Espinosa, que les lee y les hace descubrir la Biblia, una especie de Cristo cuya crucifixión ha de salvar a la Humanidad. Al final del texto, los Gutres crucifican a Baltasar Espinosa. No se puede suprimir la Biblia, no se puede suprimir la Iglesia y tampoco pueden suprimirse las manifestaciones del señor obispo sin vulnerar la libertad de consciencia, que es uno de nuestros bienes más preciados. Pero sí puede contribuirse a que los Gutres accedan a los resultados de la deliberación racional, que es, quizás, la mejor manera de atenuar los excesos interpretativos que inevitablemente engendran los textos sagrados.

Como se sabe (dejo para más tarde las referencias, estoy en Islandia y no tengo acceso a mis libros), el filósofo William James consiente en incriminar las palabras peligrosas cuando estas no pueden ser rebatidas eficacemente en un espacio público de deliberación. Si, ante una multitud hambrienta y turbulenta, yo acuso a alguien de ser un especulador y de disponer de reservas de harina en su domicilio, mis palabras pueden provocar su linchamiento por la multitud, cuya razón el hambre oscurece, y yo seré parcialmente responsable de lo acaecido. Por el contrario, si las condiciones de la proferación de las palabras del obispo permiten que se las rebata en un espacio de deliberación libre y abierto, no será lícito incriminarlas. Más apropiado que recargar a jueces y fiscales con denuncias aparatosas y probablemente ineficaces puede resultar que se obre para que en nuestras sociedades haya espacios abiertos de deliberación en los que -confiemos en el ser humano- termine por prevalecer la razón y el conocimiento veraz. Y es de temer que la persecución de palabras como las del obispo tenga por efecto victimizarlo, favorecer la paranoia en su rebaño y amplificar los desafueros del religioso más que poner coto a sus efectos nocivos. Las afirmaciones de don Demetrio más merecedoras parecen del olvido o del comentario jocoso que de los honores de los tribunales o del papel con membrete de un diputado.

(*) Repitamos que, cuando decimos eructo -también diremos regüeldos,por variar y para aludir al Quijote, lo hacemos únicamente en el marco de la tipología de Pasquau Liaño, como enunciado equivalente de insusceptible de imputación penal y no como categorización en sí del enunciado. Tenga la bondad el lector de recordar esta advertencia en lo sucesivo.

 

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[2] ES EL MOMENTO DE PEDIR EXPLICACIONES SOBRE LOS ATAQUES TERRORISTAS DE BARCELONA

 

Por Benjamin Paret 

https://medium.com/@twistsandturns/time-to-demand-explanations-for-the-barcelona-terrorist-attacks-a15d6fb830e

Traducción: Punto Critico

 

Hace cuatro meses Barcelona sufrió un ataque terrorista, pero, desafortunadamente, parte de la historia se mantiene en las sombras. Empecemos por el principio.

Abdelbaki Es Satty era un imán marroquí con actividades radicales previas, que fue reclutado como informador por el Centro Nacional de Inteligencia (CNI).Esta cooperación previno que Es Satty fuera expulsado por un juez, aunque estuvo involucrado en tráfico de drogas.

Es Satty fue contactado por un neonazi español para conseguir armas para atacar una editorial judía y secuestrar a un director judío de un banco catalán. La trama fue desmontada en 2005.

Siendo Es Satty un riesgo claro para las comunidades judías, el Servicio de Inteligencia Israelí lo puso bajo especial vigilancia electrónica.

Es Setty formó una célula de gente joven sin actividades radicales previas, para un nuevo plan terrorista.

Consiguieron una casa en Alcanar, un pueblo del sur de Cataluña, y empezaron a comprar materiales para preparar explosivos ,el plan parecía ser un ataque a la siempre atestada iglesia de la Sagrada Familia, un punto caliente turístico, con un camión lleno de explosivos.

Mientras tanto, la vigilancia Israelí, ignorando que Es Satty era un informador del CNI, concluyó que su comportamiento y actividades coinciden con los de un ataque terrorista inminente.

Los Servicios de Inteligencia Israelíes emitieron avisos de preparaciones terroristas al CNI y al Ministerio del Interior. La Inteligencia Americana también fue informada de la amenaza.

El 31 de julio, el Grupo Exeintel, un contratista de Inteligencia privada, compartió este espíritu crítico para evitar ataques en España, Estados Unidos y otros países europeos. Fue publicado por el periódico Público más tarde. (http://www.publico.es/política/espionaje-eeuu-contacto-asesino-ramblas-telegram-31-julio.html, http://publico.es/política/incognitas-incongruencias-errores-aviso-espionaje-eeuu-mossos.html).

Después de una falta de respuesta efectiva del Gobierno Español y temiendo un ataque inminente, el Servicio de Inteligencia Israelí mandó operativos a Barcelona para proteger los edificios importantes de la comunidad judía local.

En la noche del 16 de agosto, ocurrió una explosión en la casa de Alcanar, donde la célula estaba preparando el explosivo, y mató a Es Satty y a otro terrorista. La policía catalana empezó a investigar el lugar.

Al siguiente día, el 17 de agosto al mediodía, los restantes terroristas improvisaron un ataque en un lugar muy popular entre los turistas, las Ramblas, con una furgoneta. 15 personas son asesinadas y más de 100 heridas. Las víctimas eran de 34 nacionalidades. La policía catalana encontró y abatió a los terroristas rápidamente.

Esa misma noche, un segundo grupo con los cinco terroristas restantes atacó la ciudad costera de Cambrils. Una mujer fue asesinada y cinco personas resultaron heridas. La policía abatió a los cinco terroristas evitando más víctimas.

El Estado Islámico se atribuyó la responsabilidad de ambos ataques. Esto no ha sido verificado todavía, debido a su política usual de atribuirse cualquier ataque islamista radical.

A pesar de la rápida y efectiva respuesta de la policía catalana, la prensa española criticó a los Mossos d´Esquadra por la falta de coordinación con la Policía Española. Y también se hizo público que el Ministerio del Interior había denegado a la policía catalana acceso a importante información internacional referente a terrorismo y crimen.

Uno de los periódicos de mayor tirada en España, El Periódico, publicó un supuesto aviso terrorista de la CIA a la policía catalana. Esta nota fue considerada una falsificación, porque tenía errores caligráficos y tipográficos comunes de un español escribiendo en inglés.

En noviembre, la Inteligencia Española tuvo que admitir públicamente que Es Setty había sido un informador (htpps://www.elnacional.cat/es/sociedad/iman-ripoll-cni-prensa-internacional 213696102.html).

La verdadera cuestión está aquí:¿ Porqué el Gobierno Español se negó a actuar a pesar de varios avisos de fuentes gubernamentales de un ataque terrorista inminente? ¿Esa inacción estaba motivada por los problemas políticos actuales entre el Gobierno Catalán y el Español?

Como personas de 34 nacionalidades han sido heridas o han perdido la vida, la gente de esos países debe presionar a sus propios gobiernos para exigir explicaciones claras a España.

Lista de países con víctimas en los ataques de Barcelona:

Alemania

Argelia

Argentina

Australia

Austria

Bélgica

Canadá

China

Colombia

Cuba

Ecuador

España

Estados Unidos

Egipto

Filipinas

Francia

Grecia

Honduras

Hungría

Irlanda

Italia

Kuwait

Macedonia

Marruecos

Mauritania

Países Bajos

Pakistán

Perú

Reino Unido

República Dominicana

Rumanía

Taiwan

Turquía

Venezuela

 

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Atentados de Cataluña de 2017

[…] 

Hubo cuatro detenidos, tres en Ripoll, de nacionalidad marroquí, y otro en Alcanar —nacido en Melilla—. Dos de los detenidos en Ripoll fueron el hermano de Moussa Oukabir y un amigo del mismo. Otro individuo herido la madrugada del jueves en la explosión de Alcanar también fue detenido. Según los Mozos de Escuadra, el atropellamiento en Barcelona estaría relacionado con una explosión que ocasionó el derrumbamiento de una casa en Alcanar un día antes, el 16 de agosto.​ En esta casa había numerosas bombonas de butano y explosivos de fabricación casera. Su explosión obligó a los terroristas, según la policía, a cambiar los planes y optaron precipitadamente por el atropello masivo en la Rambla.​ El 19 de agosto se identificó al imán de Ripoll, Abdelbaki Es Satty, también de nacionalidad marroquí, como el agente radicalizador de los jóvenes terroristas y posible cabecilla de la célula. El 21 de agosto se confirmó la muerte del imán en la explosión del chalet de Alcanar. Ese mismo día fue abatido Younes Abouyaaqoub en Subirats.

[…]

Para ver el artículo completo, que especialmente recomendamos por extenso y documentado, consultar en wikipedia: 

https://es.wikipedia.org/wiki/Atentados_de_Catalu%C3%B1a_de_2017

 

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[3] LA SOBERANÍA DEL PUEBLO Y LA LIBERTAD DE PRENSA

por Alexis de Tocqueville

 

Confieso que yo no siento por la libertad de prensa ese amor rotundo e instantáneo que se concede a las cosas soberanamente buenas por naturaleza. La amo por la consideración de los males que impide mucho más que por los bienes que aporta. En algunas naciones que se tienen por libres, todo agente del poder puede violar la ley impunemente sin que la Constitución del país otorgue a los oprimidos el derecho de quejarse ante la justicia. En estos pueblos, la independencia de la prensa no debe ser considerada como una garantía más, sino como la única garantía que queda de la libertad y de la seguridad de los ciudadanos. En materia de prensa no hay, pues, término medio entre la servidumbre y la licencia. La soberanía del pueblo y la libertad de prensa son, pues, dos cosas enteramente correlativas; la censura y el sufragio universal son por el contrario dos cosas que se contradicen. En los Estados Unidos, cada periódico tiene individualmente poco poder; pero la prensa periódica es, a pesar de todo, el primer poder después del pueblo.”

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La libertad de prensa no sólo deja sentir su poder sobre las opiniones políticas, sino también sobre todas las opiniones de los hombres. No modifica únicamente las leyes, sino a la vez las costumbres. En este momento sólo quiero examinar los efectos producidos por la libertad de prensa en el mundo político.

SI ESTABLECÉIS LA CENSURA, PARA EVITAR LOS MALES DE LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN, ACABARÉIS BAJO LA BOTA DEL DESPOTISMO

Confieso que yo no siento por la libertad de prensa ese amor rotundo e instantáneo que se concede a las cosas soberanamente buenas por naturaleza. La amo por la consideración de los males que impide mucho más que por los bienes que aporta.

Si alguien me indicara, entre la independencia completa y la servidumbre total del pensamiento, una posición intermedia en la que mantenerse, quizá la adoptara; pero ¿quién es capaz de descubrir esa posición intermedia? Si en plena licencia de la prensa os movéis por el orden ¿qué hacéis? En primer lugar, someter a los escritores al veredicto de los jurados; pero éstos los absuelven, y lo que sólo era la opinión de un hombre aislado se convierte en opinión del país. Así pues, habéis hecho demasiado y demasiado poco; hay que seguir adelante.

Sometéis a los autores a magistrados permanentes; pero los jueces están obligados a oír antes de condenar; y lo que se habría temido declarar en el libro, se declara impunemente en el alegato; lo que se habría dicho oscuramente en un relato se encuentra repetido en mil otros. La expresión es la forma exterior, y si se me permite expresarlo así, el cuerpo del pensamiento, pero no el pensamiento mismo. Los tribunales aprehenden el cuerpo, pero el alma se les escapa, deslizándose sutilmente entre sus manos. Habéis hecho, pues, demasiado y demasiado poco; hay que continuar.

Acabáis sometiendo a los escritores a la censura. Muy bien; ya nos vamos acercando. Pero la tribuna política ¿acaso no es libre? Entonces todavía no habéis hecho nada; mejor dicho, habéis aumentado el mal. ¿Es que acaso tomaríais el pensamiento por una de esas fuerzas materiales que crecen a la par que el número de sus miembros? ¿Contaríais a los escritores como a los soldados de un ejército? Al revés de lo que ocurre con las fuerzas materiales, el poder del pensamiento aumenta a menudo con el pequeño número de quienes lo expresan.

La palabra de un hombre poderoso que penetra solitaria en medio de las pasiones de una asamblea silenciosa tiene más poder que los gritos confusos de mil oradores; y a poco que se pueda hablar libremente en un solo lugar público, es como si se hablara públicamente en cada pueblo. Tenéis, pues, que destruir, al mismo tiempo que la libertad de escribir, la libertad de hablar; henos ya llegados a puerto; todos se callan. Pero ¿dónde habéis llegado? Habéis partido de los abusos de la libertad, y os hallo bajo la bota de un déspota.

Habéis pasado de la extrema independencia a la extrema servidumbre, sin encontrar, en tan largo espacio, ni un lugar en que podáis reposar.

Hay pueblos que independientemente de las razones generales que acabo de enunciar, tienen otras particulares que les obligan a defender la libertad de prensa.

En algunas naciones que se tienen por libres, todo agente del poder puede violar la ley impunemente sin que la Constitución del país otorgue a los oprimidos el derecho de quejarse ante la justicia. En estos pueblos, la independencia de la prensa no debe ser considerada como una garantía más, sino como la única garantía que queda de la libertad y de la seguridad de los ciudadanos.

LA LIBERTAD DE PRENSA Y LA SOBERANÍA DEL PUEBLO SON DOS COSAS ENTERAMENTE CORRELATIVAS; EN CAMBIO, LA CENSURA Y EL SUFRAGIO UNIVERSAL SE CONTRADICEN

Por lo tanto, si los hombres que gobiernan estas naciones hablaran de suprimir la libertad de prensa, el pueblo entero podría responder: ¡Dejad que persigamos vuestros crímenes antes los jueces ordinarios, y quizá consintamos entonces en no apelar al tribunal de la opinión!

En un país en el que reina ostensiblemente el dogma de la soberanía del pueblo, la censura no sólo constituye un peligro, sino también un gran absurdo.

Cuando se concede a cada ciudadano el derecho de gobernar la sociedad, es preciso reconocerle una capacidad de elección entre las distintas opiniones que agitan a sus contemporáneos, y permitirle apreciar los diferentes hechos cuyo conocimiento puede guiarle.

La soberanía del pueblo y la libertad de prensa son, pues, dos cosas enteramente correlativas; la censura y el sufragio universal son, por el contrario, dos cosas que se contradicen, y no pueden mantenerse largo tiempo en las instituciones políticas de un mismo pueblo. Entre los doce millones de hombres que viven sobre el territorio de los Estados Unidos, no hay ni uno solo que se haya atrevido aún a proponer la restricción de la libertad de prensa.

El primer periódico que cayó ante mis ojos al llegar a América, contenía el siguiente artículo, que traduzco fielmente:

En todo este asunto, el lenguaje usado por Jackson (el Presidente) ha sido el de un déspota sin corazón, preocupado únicamente por conservar su poder. La ambición es su crimen y en ella encontrará su castigo. Tiene por vocación la intriga, y la intriga confundirá sus designios y le arrancará su poder. Gobierna por la corrupción y sus culpables manejos se volverán contra él, para su confusión y vergüenza. Se ha mostrado en el coso político como un jugador sin pudor y sin freno. Ha triunfado; pero la hora de la justicia se acerca; pronto tendrá que devolver cuanto ha ha ganado, arrojar lejos de sí sus dados trucados y acabar en cualquier retiro donde pueda blasfemar en libertad contra su locura; pues el arrepentimiento no es virtud que le haya sido dado conocer jamás a su corazón.”

Mucha gente en Francia se imagina que la violencia de la prensa es la causa de nuestras pasiones políticas y del malestar general que de todo ello se deriva. Estos hombres esperan así continuamente una época en que, al recobrar la sociedad una posición tranquila, también se calme la prensa. En cuanto a mí, atribuyo a las causas indicadas más arriba el enorme ascendiente que tiene sobre nosotros; pero no creo que estas causas influyan gran cosa en su lenguaje. La prensa periódica me parece tener instintos y pasiones propios, independientemente de las circunstancias en las que actúa. Lo que sucede en América acaba de demostrármelo.

América es quizá en este momento el país del mundo que encierra en su seno menos gérmenes de revolución. Y allí, sin embargo, la prensa tiene las mismas aficiones destructoras que en Francia y emplea la misma violencia sin parecidas causas para la cólera. En América, como en Francia, la prensa es esa potencia extraordinaria, tan extrañamente compuesta de bienes y males que sin ella la libertad no podría vivir, y con ella apenas puede mantenerse el orden.

EN MATERIA DE PRENSA NO HAY TÉRMINO MEDIO ENTRE LA SERVIDUMBRE Y LA LIBERTAD

Hay que decir primero que la prensa tiene mucho menos poder en los Estados Unidos que entre nosotros. Y sin embargo nada más raro en ese país que ver una pesquisa judicial contra ella. La razón es muy sencilla: los americanos, al admitir entre ellos el dogma de la soberanía del pueblo, lo han aplicado sinceramente. No se les ha ocurrido levantar con elementos que cambian todos los días constituciones eternas. Atacar las leyes existentes no es, pues, criminal, siempre que no se emplee para sustraer a ellas la violencia.

Creo, además, que los tribunales no son capaces de moderar la prensa, y dado que la flexibilidad del lenguaje humano escapa sin cesar al análisis judicial, los delitos de esta naturaleza puede decirse que esquivan la mano que se extiende para asirlos. Piensan que para poder actuar eficazmente sobre la prensa habría que encontrar un tribunal no sólo adicto al orden existente, sino que pudiera elevarse sobre la opinión pública que se agita a su alrededor; un tribunal que juzgase sin admitir la publicidad, sentenciara sin justificar sus fallos y castigara la intención más que las palabras. Quienquiera que fuese capaz de crear y mantener un tribunal semejante perdería el tiempo persiguiendo la libertad de prensa, pues entonces sería dueño absoluto de la sociedad misma y podría desembarazarse de los escritores a la vez que de sus escritos.

En materia de prensa no hay, pues, término medio entre la servidumbre y la licencia. Para cosechar los bienes inestimables que asegura la libertad de prensa, hay que saber someterse a los inevitables males que origina. Querer obtener unos y escapar a los otros es entregarse a una de esas ilusiones en que se mecen a menudo las naciones enfermas cuando, cansadas de luchas y agotadas por los esfuerzos, buscan medios para hacer coexistir a la vez, sobre el mismo suelo, opiniones enemigas y principios contrarios. […]

En los Estados Unidos casi no hay aldea que no tenga su periódico. Fácilmente se comprende que entre tantos combatientes no se pueda establecer ni disciplina ni unidad de acción; de ahí que cada cual enarbole su bandera. […] Los periodistas de los Estados Unidos ocupan una posición poco elevada, su educación es muy incompleta y la forma de expresar sus ideas a menudo vulgar. 

Ahora bien, en todas las cosas, la mayoría hace ley; ella es la que determina ciertas tendencias o modos a los que todos se conforman. El conjunto de estos hábitos comunes se llama “espíritu”. Existe el espíritu de cuerpo, el espíritu cortesano. El espíritu del periodista, en Francia, consiste en discutir de un modo violento pero elevado y a menudo elocuente, los grandes intereses del Estado; si no siempre es éste el caso, es porque no hay regla sin excepción. El espíritu del periodista, en América, es el de atacar groseramente, sin ambages ni arte, las pasiones de aquellos a quienes se dirige; el de dejar a un lado los principios y hacer presa en el hombre; el de seguir a éste en su vida privada y poner al desnudo sus flaquezas y sus vicios.

Semejante abuso con el pensamiento es deplorable; más adelante tendré ocasión de investigar qué influencia ejercen los periódicos en el gusto y en la moralidad del pueblo americano; pero ahora, repito, únicamente me ocupo del mundo político. Hay que reconocer que los efectos políticos de esta licencia de prensa contribuyen indirectamente al mantenimiento de la tranquilidad pública, pues de ello resulta que los hombres que ya gozan de cierto prestigio entre sus conciudadanos no se atreven a escribir en los periódicos, y pierden así el arma más temible de que podrían hacer uso para agitar en provecho propio las pasiones populares. Resulta, sobre todo, que las opiniones personales expresadas por los periodistas no son, digamos, de peso alguno para los lectores. Lo que éstos buscan en un periódico es el conocimiento de los hechos; y sólo alterando o desnaturalizando estos hechos puede el periodista lograr cierta influencia sobre su opinión.

Aun reducida a estos recursos, la prensa ejerce un inmenso poder en Norteamérica. Ella hace circular a la vida política hasta en el último rincón de este vasto territorio. Es ella quien con ojo avizor saca siempre a la luz los resortes secretos de la política y fuerza a los hombres públicos, uno tras otro, a comparecer ante el tribunal de la opinión. Ella es la que agrupa los intereses en torno a ciertas doctrinas y formula la bandera de los partidos; a través de ella se hablan éstos sin verse; se oyen sin ponerse en contacto. Cuando un gran número de órganos de la prensa llegan a marchar por la misma vía, su influencia, a la larga, se hace casi irresistible, y la opinión pública, atacada constantemente por el mismo lado, acaba por ceder.

En los Estados Unidos cada periódico tiene individualmente poco poder; pero la prensa periódica es, a pesar de todo, el primer poder después del pueblo.

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ALEXIS DE TOCQUEVILLELa democracia en América I, segunda parte, capítulo 3. Alianza Editorial, 2006. Traductora: Dolores Sánchez de Aleu.