El anarquismo individualista (parte I)

El anarquista individualista (parte II) 

 

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El anarquismo individualista

Lo que es, puede y vale

 

 

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Emile Armand (París 1872-Roven 1962), seudónimo de Ernest Lucien Juin, es quizás el más accesible y penetrante de los teóricos del individualismo anarquista. Ensayista, poeta, periodista, traductor y editor, ejerció gran influencia en ciertos medios libertarios españoles de las primeras décadas del siglo xx. Fue un hombre de una tremenda vitalidad y gran amplitud de miras, como lo demuestra su extensa producción literaria.

El pensamiento de É. Armand gira entorno a tres ideas clave: el individualismo anarquista, la camaradería amorosa —o sexualidad sin trabas— y la libre agrupación de individuos para la vida en común, sin Estado ni autoridad. Sus esfuerzos por derrumbar los prejuicios morales y sexuales lo situaron fuera de su época, y de la nuestra.

 

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El anarquismo individualista (parte I)

Lo que es, puede y vale

 

 

PRÓLOGO

 

Émile Armand es el pseudónimo de Ernest Juin, nacido en París en 1872, principal exponente de las ideas anarquistas individualistas y un apasionado defensor del amor libre durante las primeras décadas del siglo XX. Se cree que, aun cuando habría recibido una educación laica, a los 16 años resultó fuertemente impresionado por la lectura del Nuevo Testamento. Su gradual aproximación al anarquismo fue impulsada por la lectura de Temps Modernes de Jean Grave, uno de los fundadores del club o grupo El Arte Social. Armand creó su primera publicación periódica en 1901: L’Ere Nouvelle (Tribune libre du prolétariat redigée par des disciples du Christ), cuya cruza de ideas cristianas, socialistas, comunistas  y libertarias se situaba parcialmente bajo la influencia de León Tolstoi. Al mismo tiempo comenzó un intenso activismo antimilitarista: en 1904 presentó una ponencia sobre la insumisión ante el servicio militar en un congreso internacional en Amsterdam; en 1917 fue arrestado y condenado a cinco años de cárcel por haber asistido a la deserción de un soldado durante la Primera Guerra Mundial. Su etapa más conocida de actividad anarquista comenzó a partir de esos años. Entre 1929 y 1939 dirigió el periódico L’Endehors, y entre 1945 y 1956, L’Unique. Por otra parte, escribió y publicó numerosos ensayos, entre los que se cuentan Qu’ estqu’un anarchiste?: thèses et opinions, L’initiation individualiste anarchiste, Idéalisme et réalisme melés, La Révolutionsexuelleet la camaraderie amoureuse, algunos de ellos traducidos al español, idioma en el que también pueden hallarse Amor libreo sexualismo subversivo: variaciones sobre la voluptuosidad, Formas de vida en común sin estado ni autoridad y La camaradería amorosa, entre otros.

La actual edición de El anarquismo individualista (Lo que es, puede y vale), que fuera publicado por primera vez en español en 1916 por traducción de M. Costa Iscar en la imprenta Germinal de Barcelona, se trata de una exposición al mismo tiempo sintética y detallada de una corriente de pensamiento y acción sobre la cual se han desplegado numerosas interpretaciones y equívocos, por no mencionar prejuicios.

En las últimas décadas del siglo XIX, la formación de grupos de afinidad que rechazaban la organización en sindicatos y sociedades obreras, así como una constante participación enatentados y asaltos a mano armada, fue realizada bajo la nomenclatura o etiqueta del anarcoindividualismo. Armand discute precisamente con esta tendencia en el capítulo “La ilegalidad”del presente libro, señalando los peligros de un “ilegalismo profesional” que limitaría el desarrollo intelectual y no conduciría a la liberación económica.

Las preocupaciones de Armand se orientan en torno de dos ejes: por un lado, el individuo y sus relaciones con una sociedad definida como “el producto de las adiciones individuales” o la suma de las individualidades que idealmente deberían asociarse a voluntad; y por el otro, la camaradería amorosa, que se distingue de la libertad sexual por intentar basarse en unan elección consciente y razonada, en un proyecto de distribución equilibrada de ternura y voluptuosidad en los vínculos entre compañeros.“Vivir la vida intensamente, con placer, no implica dejar rienda suelta a los apetitos brutales y a la licencia irrazonable”, dirá acerca de la educación de la voluntad: “El dominio de sí mismo es la primera condición de una vida plena”. El anarquismo individualista es, para Armand, un principio social y moral: el punto de partida de una sociedad ideal donde los seres humanos se uniesen mediante un contrato libremente consentido, respetando la libertad de todos sin molestar la de cada cual. Ello requeriría el derecho a la propiedad individual del suelo y de los medios de producción, así como el de la libre disposición de los productos, ambos considerados una garantía esencial de la autonomía personal.

Si la utopía de una sociedad agraria y artesanal donde todos intercambian libremente sus productos sin mediación de institución alguna puede constituir hoy un proyecto cerrado para la historia, seguramente no tendremos la misma impresión ante la relevancia otorgada al “yo” dentro del ideario anarcoindividualista. De hecho, la jerarquización de una individualidad que se desea libre de toda obligación social aparece como insistente modelo en la sociedad contemporánea. Un examen más profundo habría de revelar las diferencias y semejanzas entre el ideal del yo preconizado por Armand y el que se presenta bajo las formas modernas y posmodernas de la sociedad de mercado. La elevación del yo al rango de un absoluto que trasciende toda estructura y toda forma de ser se hallaría en lo que el filósofo Ángel Cappelletti llamó la última etapa de la “prehistoria” del anarquismo, encarnada fundamentalmente por Stirner. Sería necesario dar un paso más, abolir ese constructo que se cree ley, soberano, “único”: destronar ese rey vacío, derogar sus privilegios, denunciar su artificiosidad, su ficción, su fragilidad… Armand reivindica el ideal de Stirner, pero cabe señalar el énfasis que también puso en el trabajo de asociación con otros a lo largo de su vida, como se observa en su interés por la historia de las comunidades y por el grupo Atlantis, que él mismo habría formado para la práctica del amor libre en las afueras de París.

En suma, el interés de Armand parece centrarse en esa minoría de indomables o refractarios que ansían practicar un compañerismo radical entre seres libres y vivir en paz y con el mayor grado de independencia posible sus experiencias personales. Una suerte de “especie” dentro del género humano, tal cómo él se sentía inclinado a expresar. Queda por ver si esa tribu dispersa en el tiempo y el espacio podrá sobrevivir a unode sus más fervientes incitadores. La Segunda Guerra Mundial sorprende a Armand en suelofrancés y termina recluido en varios campos de concentración.Muere en la ciudad de Rouen en 1962. La vigencia de su prédica quizá podría sintetizarse con las últimas palabras del capítulo dedicado a “El esfuerzo y la alegría de vivir”: “Ni jefes ni servidores, ni amos ni siervos: he aquí lo que quieren los anarquistas; lo que ellos entienden por ‘vivir por vivir’ y lo que conviene recordar continuamente. Y aunque sólo se consiga en cierta medida, esta tendencia o aspiración no deja de constituir su razón de existir, de manifestarse y de formar una ‘especie’”.

Osvaldo Baigorria

 

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ADVERTENCIA PRELIMINAR

En 1908 hice editar por la imprenta de Conversaciones Populares, entonces bajo la influencia de Alberto Libertad, un estudio intitulado ¿Qué es un anarquista? y me esforcé en el transcurso de la obra por situar al anarquista bajo el ambiente exterior y en su propio medio

Desde entonces, los acontecimientos han transcurrido sin cesar.

En presencia de los errores y de las confusiones, creo necesario tratar hoy no del “anarquista”, término vago que se presta frecuentemente a equívocos, sino del “anarquista individualista”, con relación al medio social en general y a la filosofías ácrata en particular.

Esto es lo que he querido explicar en las páginas siguientes, que son cosa bien diferente a una refundición de mi primer trabajo.

Añado que lo he hecho sin pretensión, sin una sistematización extremada, y no ignoro que de las tesis y opiniones expuestas, algunas son apenas bosquejadas y otras, en cambio, adolecen de excesivo desarrollo .También sé las repeticiones que mi obra contiene.

En fin, tengo la convicción de que estas páginas, tal como son, pueden llevar a muchos a reflexionar sobre los asuntos tratados y a adquirir sobre el “anarquismo individualista” una opinión personal.

É. A.

 

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CAPITULO 1

LA SOCIEDAD ACTUAL

 

1.-CUADRO DE LA SOCIEDAD

Un caos de seres, de hechos e ideas, una lucha desordenada,violenta y despiadada; una mentira perpetua, por la que arbitrariamente unos se elevan al pináculo y otros quedan aplastados sin piedad en los bajos fondos.

¡Cuántas imágenes que describirían la sociedad actual, sien realidad pudiera hacerse!…

El pincel de los más celebrados artistas y la pluma de los más notables escritores se quebrarían cual frágil cristal, si se empleasen en representar siquiera un eco lejano del tumulto y la refriega que produce el choque de aspiraciones, apetitos, odios y abnegaciones en que se encuentran y mezclan las diversas categorías que dividen a los hombres.

¿Quién podrá explicar exactamente la interminable batalla librada entre los intereses particulares y las necesidades colectivas;entre los sentimientos del individuo y la pseudológica de la generalidad humana?   

Todo lo que constituye el desbarajuste de la actual sociedad no basta aún para hacer reflexionar a las gentes y escapa fácilmente a la penetración de su conocimiento.

Una minoría que posee la facultad de hacer producir y consumir, o la posibilidad de existir a título parasitario bajo diversas y numerosas formas, y en frente una inmensa mayoría que no tiene más que sus brazos, o su cerebro, u otros órganos productivos, que se ve forzosamente obligada a alquilar, o prostituir, no solamente para procurarse lo indispensable a fin de no morir de hambre, sino también para permitir a este pequeño número privilegiado, detentador de la potencia propiedad, o valor de cambio, vivir a costa del esfuerzo ajeno, más o menos beatíficamente.

Una masa, ricos y pobres, esclavos de prejuicios seculares hereditarios: los unos porque en estos atavismos encuentran su interés; los otros porque, sumidos en la ignorancia, no quierensalir de ella; una multitud cuyo culto es el dinero y su aspiración el hombre enriquecido; una gran mayoría embrutecida por el abuso de los excitantes o por la conducta viciosa; la plaga de degenerados de arriba y de abajo, sin aspiraciones profundas, sin otro fin que el de alcanzar una situación de goce y saciedad, para poder aplastar, si es preciso, a los amigos de ayer y elevarse sobre sus costillas.

Lo provisional, que amenaza sin cesar con transformarse en definitivo, y lo definitivo, que no parece dejar de ser jamás provisional.

Vidas que mienten a sus convicciones aparentes y convicciones que sirven de trampolín a bajas ambiciones. Librepensadores que se revelan más clericales y devotos que los mismos curas y devotos que dejan entrever el más grosero materialismo.

Lo superficial, que quiere pasar por profundo, y lo profundo, que no consigue hacerse valer por serio. Repetir que todo esto es el cuadro vivo de la sociedad es poner en evidencia una verdad que nadie osará contradecir.

Cualquiera que sepa reflexionar comprenderá, perfectamente, que la pintura no es exagerada, sino que más bien queda muy por debajo de la realidad.

 

2.-EL ANSIA DE FIGURAR

En nuestro tiempo, todo el mundo va enmascarado; y nadie se preocupa de ser y sí únicamente de parecer.

¡Parecer! He aquí el ideal supremo; y si tan ardientemente se desea la buena posición o la riqueza, es porque se sabe que sólo el dinero permite figurar.

Esta manía, esta pasión, esta tendencia a la apariencia y a todo lo que la proporciona, devora al rico y al pobre, al instruido y al ignorante.

El obrero que maldice de su patrón, desea ocupar un lugar igual; el negociante que se precia de honrado, no repara en los sucios procedimientos de su profesión, mientras le reportenventajas; el comerciante en pequeño, miembro de los comités electorales, patriotas y nacionalistas, se apresura a exportar sus artículos a los fabricantes extranjeros, ya que en ello ve provecho; el diputado socialista, abogado del mísero proletario que vive amontonado en lo peor de la ciudad, veranea y descansa en un palacio o habita en los barrios mejores de la capital, donde el aire se respira abundante y puro. El librepensador todavía se casa voluntariamente por la Iglesia y bautiza a sus hijos. El religioso no osa hacer gala de sus creencias, porque es de buen tono ridiculizar la religión.

Así, pues, ¿dónde encontrar sinceridad? A todo se extiende la gangrena. La encontramos en el seno de la familia, donde frecuentemente padres e hijos se odian y se engañan, diciendo que se aman y sobre todo haciéndolo creer; la vemos en las parejas que, mal avenidas, se traicionan, sin atreverse, no obstante,a romper los lazos que los encadenan; se percibe en las agrupaciones, donde cada individuo busca el modo de suplantar al vecino en la estimación del presidente, del secretario o del tesorero, acechando siempre algunos, los más ambiciosos, el momento propicio para arrebatarles el puesto, cuando no puedan ya sacarles otras ventajas; abunda en los actos de abnegación, en las acciones de relumbrón, en los discursos oficiales. ¡Parecer, parecer!… Parecer puro, desinteresado, generoso, cuando se consideran pureza, desinterés y generosidad como vanos espejismos. Moral, honrado, virtuoso, cuando la probidad, la virtud, la moralidad, son la menor preocupación de los que dicen profesarlas.

¿Dónde encontrar alguien que escape a la corrupción, que se conforme a no figurar?…

Sin embargo, no pretendemos asegurar que no haya habido y haya alguno, pero sí hacemos constar que son rarísimas las personas eminentemente sinceras, y afirmamos que el número de seres humanos que obran desinteresadamente es reducidísimo.

A mi me inspira más respeto el individuo que declara cínicamente querer gozar de la vida aprovechándose de otro que el burgués liberal y filántropo, cuyos labios pronuncian palabras tan bellas como hipócritas, puesto que ha hecho su fortuna explotando disimuladamente a los desgraciados.

Se nos objetará que nos dejamos llevar de nuestra indignación; que nada prueba, en principio, que nuestra cólera o nuestras invectivas no sean también una manera de figurar. ¡Atención! Lo que en este libro se encontrará son  observaciones,opiniones, tesis, cuyo valor ha de determinar el lector, pues ni hacemos alarde de infalibilidad en las páginas que siguen nibuscamos que los demás estén totalmente conformes con nuestropunto de vista.

Hemos constatado, notado, concluido, no siempre a títulopersonal y bajo toda reserva. Nuestro objeto es hacer reflexionara los que nos lean, sin perjuicio de admitir o rechazar loque no cuadre con sus propias concepciones.

 

3.-COMPLEJIDAD DEL PROBLEMA HUMANO

No vamos a tratar esta cuestión desde muy alto, o bajo unpunto de vista metafísico; sabemos que es preciso descender alterreno de las realidades concretas. Y la realidad es ésta:

La sociedad actual es el resultado de un largo proceso histórico,en sus principios tal vez, y la humanidad en sus diferentesetapas evolutivas va simplemente buscando o preparando susvías; ella tantea, tropieza, pierde su camino, vuelve a encontrarlo,progresa, retrocede; es a veces sacudida hasta su base porciertas crisis, arrastrada, lanzada sobre la ruta de sus destinos,para acortar enseguida su marcha o seguirla acompasadamente.Arañando un poco el pulimento, el barniz, la superficie de las civilizaciones contemporáneas, quedan al descubierto losbalbuceos, las niñerías y supersticiones de los antepasados.

¿Quién negará esto? Por nuestra parte convenimos en que todo esto contribuye a hacer el “problema humano” singularmente complejo.

 

4.-LAS DOS ACTITUDES

Se nos argumentará, sin duda, que es locura buscar y establecerla responsabilidad del individuo, puesto que si éste quedaabsorbido por el medio ambiente, si sus gestos y sus pensamientos reflejan los de su convivencia, si forzosamente en todos losgrados de la escala social la aspiración es parecer y no ser, lafalta corresponde al plano actual de la evolución general y no al individuo, miembro de la sociedad, átomo minúsculo perdido en un formidable conglomerado.

Replicamos que, si es cierto que el espíritu que razona y considera a los hombres y a la sociedad en general encuentra una barrera casi infranqueable a la vida libre, independiente, individual, en la que todas las actividades tuviesen una real y natural expansión, no por eso deja de desear la desaparición de las causas que lo esclavizan a los actuales artificios en que forzosamente se desenvuelve.

De dos caminos uno: o curvarse ante las circunstancias y asistir cobarde y pasivamente a los acontecimientos, creyendo que esperando mejor, todo es aceptable en nuestra sociedad, o bien, sin optimismo exagerado, desviarse un poco de la corriente para sondear y preguntarse la verdadera causa del propio malestar.

 

5.-A QUIÉNES VA DIRIGIDO ESTE LIBRO

Exponemos francamente que no escribimos para la sociedad en general, sino para los reflexivos o para los capaces de reflexionar, para los curiosos, para los críticos, para los insatisfechos, para todos, en suma, los que no se conforman con los formulismos y las soluciones actuales.

 

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CAPÍTULO 2

LOS REFORMADORES DE LA SOCIEDAD

 

6.-EL DOLOR UNIVERSAL

Son raros los que de un tranquilo optimismo proclaman que la sociedad es perfecta. Todo el mundo se queja de su suerte, hasta los más privilegiados, y sin examinar el grado de sinceridad que haya en las lamentaciones de cada uno, lo cierto es que el dolor universal está bien patente. Por eso los reformadores sociales forman legión, pero podemos abarcarlos en tres grandes divisiones.

 

7.-LOS REFORMADORES RELIGIOSOS Y SUS IDEAS

Es antigua la historia de éstos; su obra y sus pretensiones no tienen ya gran importancia; pues ante la claridad del libre examen y de la investigación científica, los dogmas se ocultan, huyen avergonzados a las tinieblas del pasado, como murciélagos que, sorprendidos por una intensa luz, volviesen a la sombra

de las cavernas. Sus proyectos no presentan más que un interés retrospectivo. Sus fantasías tuvieron valor en los tiempos no muy lejanos en que los hombres, hasta los mejor dotados, temerosos ante los fenómenos mal explicados o ante los incidentes fortuitos de la existencia, buscaban un recurso y un apoyo, una satisfacción a su ignorancia en una intervención extrahumana. Y así, los reformadores religiosos fundamentan todos sus argumentos en la voluntad divina o en la revelación de la misma. La criatura es un juguete en manos del Creador, el gran drama de la evolución, la historia de las agrupaciones  humanas, la desigualdad de nacimiento y aptitudes, la influencia de los poderosos y de los arrogantes sobre el resto de los hombres, todo proviene de los altos designios y de la expresión tangible de la divinidad.

“Hágase su voluntad”. He aquí la última palabra de las almas más espirituales, las más profundamente religiosas, aunque esa supuesta voluntad implique anulación personal, aceptación pasiva de todo lo que ahoga la expansión y el crecimiento de la vida individual.

Los reformadores religiosos nunca han conseguido más que dos resultados: o, so pretexto de reformas, hundir a sus discípulos en un abismo de resignación y de atrofia más profundo que del que pretendían sacarles, o bien, si han dado pruebas de alguna sinceridad, impulsar a sus partidarios a que los aventajen, es decir, a que lleguen a ser, más que modificadores de las formas religiosas, verdaderos críticos de la misma base de la religión. Tal fue el caso de la Reforma, que llegó más lejos de lo que realmente querían sus iniciadores, o sea: a los librepensadores del siglo XVIII primero, a la difusión del espíritu crítico contemporáneo enseguida y al anarquismo por fin, que se puede considerar como el punto culminante, normal y lógico de la evolución del librepensamiento.

¿Qué reformas, qué transformaciones nos han propuesto los reformadores religiosos? Generalmente, el retorno a una concepción religiosa ya abandonada, o desfigurada, corrompida o entibiada. ¿Qué ideales han presentado? Una divinidad única o dividida, un panteón de dioses o semidioses dotados o afligidos de todos los atributos, de todas las cualidades, de todos los defectos, de todas las necedades con que los mortales se desnaturalizan. Escandinavos o semitas, hindúes, católicos, etc., todos llegan al mismo extremo: al de los dioses accionando como hombres, para que éstos lleguen a ser dioses a su vez. Éste es el mayor afán de los reformadores religiosos: que el hombre se haga semejante a Dios, anulándose en su gracia, si no en este bajo mundo, a lo menos en el supuesto después de la muerte, donde la criatura elegida contemplará cara a cara al Creador, donde el alma se complacerá en eternas beatitudes, donde el espíritu volverá al Espíritu. Poco importa que este lugar de delicias eternas varíe según las razas o los climas, que se llame Paraíso, Campos Elíseos, Walhalla o Nirvana. El resultado siempre será el mismo, o sea el de afirmar más y más la resignación de la vida.

Se nos objetará que somos demasiado exclusivos, que tratamos desconsideradamente la elevación de los metafísicos teólogos y el gran misterio en que radican las religiones, la lucha entre el bien y el mal, lo bello y lo feo, lo grande y lo vil, lo puro y lo impuro. Las religiones hablaron el lenguaje de su tiempo, se nos replica, pero su última visión era el triunfo de lo justo y de lo bueno, que simbolizaban con efigies exaltadoras de la imaginación. No negaremos la importancia de las religiones en la historia del desenvolvimiento humano, porque es una fase por la que debió pasar, pero sí haremos constar que los sacerdotes aclaman siempre el triunfo del dogma sobre el libre examen, el del tirano sobre el rebelde; y, sin embargo, es Prometeo quien tiene razón contra Júpiter y Satán contra Jehová. Todo el esplendor de la Teología, bien examinado, no es más que pura casuística. Si fuese cierto que las sutilezas religiosas hubiesen alcanzado el grado de elevación que se pretende, no quedaría más que una conclusión: el sentimiento de saber que inteligencias bien dotadas se hayan dedicado a tales galimatías. Finalmente nadie pretende negar el desinterés, la sinceridad, el puro entusiasmo de algunos reformadores religiosos, cuyas ideas no alcanzaron a traspasar las concepciones dominantes. Éstos tienen derecho a nuestra apreciación y nada más.

En resumen, los reformadores religiosos tienen:

a) Como ideal humano, el creyente, a quien se educa en la fe, que le sirve de freno para que jamás traspase ciertos límites y no ose gustar el fruto del árbol del bien y del mal, pues siendo un timorato rehuirá encontrarse de frente con un hecho que atente contra esa virtud indemostrable.

b) Como ideal supremo, Dios, entidad ficticia, científicamente indemostrable y producción imaginativa.

c) Como ideal social, el reino de Dios sobre la tierra, compuesto de sacerdotes encargados de explicar y comentar la voluntad divina y creyentes obligados a obedecerla.

 

8.-LOS REFORMADORES LEGALES

Si los que proponen una reforma religiosa de la sociedad van perdiendo irremisiblemente su prestigio y su influencia sugestiva, no sucede lo mismo con los reformadores legislatarios, que no conciben la sociedad sino regida por reglamentos, códigos y ordenanzas, designados por una abstracción, que es: la Ley. Estos admiten que la sociedad actual no es perfecta, pero que puede ser perfectible en graduación eminente e infinita. Hacen depender los defectos sociales precisamente de las leyes insuficiente o injustamente aplicadas y creen que si éstas fuesen modificadas en un sentido más generoso, equitativo y humano, también la sociedad se transformaría y sería cada vez más soportable y agradable la convivencia.

 

9.-DE DÓNDE EMANA LA LEY

La Ley puede emanar teóricamente de un solo monarca autócrata, pero en realidad, aun en los regímenes más absolutistas, las leyes en vigor representan los intereses o las concepciones de la camarilla que rodea al trono o de los partidarios de la dinastía reinante. Bien que los privilegiados influyentes del Estado sean sacerdotes, como en las antiguas teocracias, en que la Ley tenía fundamentos místicos, o bien sean aristócratas y oligarcas, como en las repúblicas italianas de la Edad Media, lo cierto es que la Ley siempre ha sido destinada a concentrar en algunas manos la gestión gubernamental, a conservar la dominación política y económica de unos cuantos ambiciosos, cuya obra consiste en hacer admitir por revelación divina o por razón de Estado la necesidad de continuar la autoridad.

Las democracias pretenden que la ley por ellas mantenida es la expresión de la soberanía popular e igual dicen las monarquías constitucionales y las repúblicas. Pero bien se ve el engaño, pues dada la educación de las masas en nuestras colectividades contemporáneas, éstas no pueden reflejar sino las ideas y los intereses de las clases dirigentes de la burguesía.

 

10.- LA LEY EN LA PRÁCTICA

He aquí cómo se resume: siendo admitidos ciertos principios cívicos, morales, económicos, etc., que rigen a las sociedades, se trata de formular una regla de aplicación que determine las circunstancias en que el ciudadano afianza o atenta a dichos principios. Sea, por ejemplo, el principio de propiedad, piedra angular del derecho civil. La ley en él consistirá no sólo en confirmar los derechos de los poseedores, sino en protegerlos contra todo ataque; determinará las condiciones en que la propiedad se adquiere, se pierde y se transmite; las infracciones y los castigos, o la significación jurídica de los hechos calificados de violencia, estafa, fraude, dolo. No irá más allá; no se ocupará de saber si es justo o no que la propiedad o el capital esté concentrado en unos cuantos y si de este acaparamiento no nace precisamente toda la materia penable.

Veamos otro ejemplo: las leyes constitucionales decretan el disfrute de lo que se denominan derechos civiles y políticos en la mayoría de edad, pero no se preocupan de la capacidad moral del ciudadano, que desde ese momento puede ya elegir a los legisladores, ejerciendo el sufragio, aunque no posea la más ligera noción de la gestión gubernamental. Puede ser un pícaro, un cobarde, un hipócrita, un alcohólico, poseer las ideas más retrógradas, las más perversas, ser analfabeto o ignorante… la Ley se desentiende en absoluto.

Consideremos el matrimonio, que juega un importante papel en el derecho actual. Por él, dos seres se unen para toda la vida donde no existe el divorcio y siendo éste vigente, por un período más o menos largo. Pues bien, siempre resultará que el marido ejercerá una autoridad de la que la mujer raramente puede librarse. La Ley no se inquietará por saber si es una unión de amor o un desposorio de conveniencias, un acoplamiento arreglado por familias más atentas a los intereses que a los afectos. No indagará si hay engaño, disimulo de carácter y temperamento; si los que van al tálamo nupcial pueden cumplir sus naturales funciones; si, en fin, los guía la inspiración de una profunda y mutua simpatía o bien se dejan arrastrar por un entrenamiento sensual y pasajero. Una vez más la Ley es inflexible y ciega. Se limita a decretar, pero no quiere discurrir sobre sus designios.

Un criminal, por un delito cualquiera, comparece ante el tribunal. Mecánicamente, un juez, generalmente de origen y educación burguesa, le infligirá la pena prescrita por el Código. Solamente, en algunos casos, y gracias al juego de las circunstancias atenuantes, arbitrariamente y con frecuencia erróneamente aplicadas, disminuirá el castigo. Embutido en su lujosa toga, el defensor de la sociedad y de la Ley no inquirirá la educación, las influencias hereditarias, las peripecias de la vida del acusado; no se preguntará si, antes de caer en las mallaslegales, el delincuente resistió a muchas tentaciones, ni si la misma sociedad fue quien le impulsó al delito imputado. La Ley condenará. Tal es su misión.

 

11.-EL BUEN CIUDADANO

Nuestra aglomeración de hombres –dicen los legalitarios– no puede subsistir sin leyes escritas, regulando los deberes y los derechos de cada uno, fijando las infracciones, determinando los castigos. A las leyes, a la Ley, expresión ideal, el ciudadano debe obedecer como el creyente religioso obedece a la Divinidad. A los comentadores de la Ley debe la misma respetuosa deferencia que los fieles a los intérpretes de la voluntad divina. Se reconoce, pues, al ciudadano modelo por la conformidad de sus actos externos con la Ley, estando siempre dispuesto a sacrificar estúpidamente por ella su independencia, sus aspiracionespersonales las más legítimas y hasta sus afecciones. Dura lex, sed lex.

 

12.-ASPIRACIÓN LEGALITARIA

a) Un ideal humano: el perfecto ciudadano, el ser que obedecea la Ley. Por eso la educación que el Estado dispensa con gran premeditación está exclusivamente saturada de respeto hacia los hechos, los gestos y los hombres que consagran, protegen y perpetúan las cosas reconocidas y fundadas en la Ley.

b) Un ideal moral: la Ley, una abstracción esencialmente restrictiva de las necesidades y aspiraciones humanas.

c) Un ideal social: el Estado, una sociedad en que las relaciones humanas se conciben y realizan exclusivamente en los límites establecidos por la Ley o por el hecho legal.

 

13.-LOS REFORMADORES ECONÓMICOS

En oposición aparente con las teorías de los reformadores religiosos y legalitarios, con el fin evidente de suplantarlas, se levantan estos últimos poderosos, que fundan la vida de las aglomeraciones humanas en el arreglo de la producción, de la distribución y del consumo de las subsistencias. Son los socialistas.

 

14.-ORÍGENES DEL SOCIALISMO

Aunque el socialismo colectivista, científico, se atribuye orígenes recientes, y el comunismo, que es un matiz de aquél, no quiera remontarse más allá de principios del siglo XIX, es indudable que las diferentes escuelas socialistas cuentan numerosos precursores, sobre todo entre las sectas cristianas de la Edad Media. En Francia, en Alemania, en los Países Bajos han abundado los socialistas o comunistas, que pretendían extraer de las ideas evangélicas sus teorías de igualdad económica, de comunismo en la riqueza colectiva. Los episodios históricos son una prueba suficiente, aunque nos lleguen bajo una forma legendaria, truncada o desfigurada por la malignidad de los cronistas contemporáneos. Además, los anales judiciales también nos enseñan algo y, a pesar de la parcialidad de su jerga jurídica, calificando de malhechores o de poseídos del demonio a esos precursores condenados a muerte, es fácil adivinar la verdad, ya que no restablecerla rigurosamente.

Por otra parte, la idea de igualdad económica ha persistido siempre latente entre los cristianos heterodoxos; es una tradición que parece remontarse a la aglomeración judeo-cristiana de Jerusalén que, al día siguiente de la desaparición de Jesús de Nazareth, se constituyó en agrupación colectivista voluntaria. El socialismo y el cristianismo preconizan el amor entre los hombres para que todos puedan gozar del banquete de la vida sin otro esfuerzo que su adhesión exterior al programa o al credo. Así, puede afirmarse que la forma científica del colectivismo o del comunismo contemporáneo no es más que una adaptación, bajo otra terminología, del cristianismo, y sobre todo del catolicismo. El socialismo es la religión del hecho económico.

 

15.-EL HECHO ECONÓMICO

Bajo su forma actual, el socialismo se afirma y pretende probar que el problema humano consiste únicamente en una dificultad de orden económico. El hombre en sí no le interesa, sino en su doble función de productor y consumidor y la sociedad funcionaría perfectamente desde el momento que los socialistas pudieran organizar el trabajo y repartir los productos.

Numerosos son los medios propuestos para llegar a este resultado, según las épocas y las razas, pero para explicar más la idea que acabamos de iniciar, añadiremos que el socialismo y el catolicismo agrupan todos los temperamentos, caracteres y mentalidades imaginables bajo un lazo puramente exterior. Los socialistas afirman de un modo infantil que si dispusieran del poder necesario para administrar la sociedad, de grado o por fuerza aplicarían sus doctrinas.

A la hipótesis socialista, que hace depender todos los detalles humanos del hecho económico, objetaremos que, sin olvidar un solo instante tan transcendental factor, que implica el primordial problema de sustentación, no podemos, sin embargo, atribuirle todos los sucesos históricos que, según las circunstancias, han tenido tan pronto un origen político como un motivo religioso o un móvil económico, y eso sin tener en cuenta las influencias climatéricas. El ejemplo del error de la metafísica socialista lo tenemos precisamente en que períodos de la filosofía, las artes y la literatura indican de un modo preciso el poder determinante de la religión.

 

16.-DIFERENTES TENDENCIAS SOCIALISTAS

A pesar de un antagonismo aparente, los medios propuestos para conquistar el poder se completan. Entre los socialistas, los unos quieren la violencia revolucionaria para ampararse de la administración social y los otros el boletín de voto para llegar más rápidamente a la conquista de los poderes públicos. En Francia y en los países latinos, el socialismo se proclama materialista y es ateo y sensualista violentamente. Hay que exceptuar el movimiento francamente “cristiano social” o protestante. En Alemania es monista y haeckeliano. En los países anglosajones congenia con el cristianismo y no es raro ver alguno de sus prohombres predicar el sermón del domingo en algún templo independiente. En Francia fraterniza con los antimilitaristas y los sindicalistas ácratas. En Alemania es jerárquico y huye de los anarquistas como de la peste.

 

17.-VOTOS Y NO HOMBRES

En todas partes, en tiempo de elecciones, y para no asustar al pacífico ciudadano que ejerce sus derechos, el candidato socialista sabe adaptarse, cambiar la casaca de antimilitarista por la del pacifismo y hacer el caldo gordo a los capitalistas de la circunscripción. También el catolicismo tiene sus confesores de inflexible autoridad y otros de manga ancha que se prestan a maravilla para absolver los dulces pecados de las mundanas.

Todo esto es lógico, pues lo que importa es la organización de la producción y de la repartición, que es cuestión de cifras, bien por los procedimientos de los socialistas revolucionarios y antiparlamentarios o bien por la saturación lenta y progresiva de las masas, según la aspiración de los oportunistas. El socialismo es bueno para todos. Ninguna importancia se da a los sentimientos religiosos y patrióticos ni al mantenimiento de los prejuicios privados. Cuanto mayor sea el número de los socialistas, más cerca estará su Gran Ciudad, no sin haber atravesado antes todas las fases del progreso y retroceso inseparables de un movimiento de vastas colectividades. No se tiene en cuenta el valor personal, la mentalidad. En tiempo de escrutinio tanto vale el boletín de un alcohólico como el de un genio. Además, los impacientes del socialismo nada deben reclamar, puesto que su minoría ya tiene también sus representantes en las juntas del partido.

 

18.-IMPORTANCIA DEL SOCIALISMO

Sería pueril negar la influencia que éste ha alcanzado, suscitando en el fondo del proletariado y en muchas almas generosas parecido entusiasmo y esperanzas que el cristianismo levantó entre los esclavos del Imperio Romano. En los tiempos de superstición, mientras el prestigio de los dioses se debilitaba, el cristianismo proclamó por la boca de sus apóstoles, en principio ardientes y desinteresados, que delante de Dios, creador de cielos y tierra, todos los hombres eran iguales, halagando así la ilusión de los desheredados.

En nuestros días, que a medida que la instrucción se extiende más disminuye el respeto al pasado, el cristianismo está en quiebra y el socialismo se preocupa de las necesidades inmediatas, reduciendo la cuestión social a una cuestión de alimentación, magerfrager Expresión oficial del socialismo alemán. 

En una sociedad donde incesantemente se afirman nuevas necesidades, a veces artificiales, pero que reclaman satisfacción, no es extraño que el socialismo halle eco, tanto más que para propagarlo y comentarlo no le ha faltado ni talento ni abnegación.

 

19.-DOCTRINA DEL SOCIALISMO

Se resume así:

a) Un ideal humano: el perfecto productor y consumidor cuya vida integral consistiría en adaptarse a una organización de la actividad productiva que le permitiese asegurar la satisfacción de sus necesidades materiales. La enseñanza socialista tiende a relacionar con el hecho económico todos los aspectos del desarrollo de las sociedades humanas, incluso el ético.

b) Un ideal moral: el derecho para todos a la subsistencia, con la desaparición de los diversos matices de la desigualdad, fruto del capitalismo, y la abolición de la propiedad, fruto de la explotación. Todo esto con variedades, según las diversas escuelas.

c) Un ideal social: el Estado colectivista, o la sociedad comunista, en que las relaciones humanas estuviesen determinadas por la reglamentación matemática o científica de la vida individual. Quedaría desterrada la competencia económica y la lucha por la vida.

 

20.-SINDICALISMO

Bajo este nombre se manifiesta una actividad revolucionaria, hostil a la acción parlamentaria y política, esforzándose principalmente en agrupar a los proletarios en sindicatos profesionales y de mantener en el mundo obrero una continua agitación. Los medios preconizados por el sindicalismo consisten en presentar a la clase patronal reivindicaciones siempre crecientes; aumento de salarios, reducción de horas de trabajo, etc., etc. Y en empujar a la huelga en caso negativo, con el fin de infligir pérdidas más o menos considerables a los capitalistas, que ven así inactivos sus elementos de explotación. El sindicalismo avanzado adopta el sabotaje, la acción directa, el antimilitarismo y como hijo que es del socialismo, fija la base de su concepción social en el hecho económico. Su éxito ha sido grande entre los elementos obreros revolucionarios, porque se puede decir que es el acicate de su mejoramiento.

 

 

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