Oliver Stone – La historia no contada de Estados Unidos 07 – Johnson, Nixon y Vietnam. Un revés del destino

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Oliver Stone – La historia no contada de Estados Unidos 07 – Johnson, Nixon y Vietnam. Un revés del destino

Oliver Stone – La historia no contada de Estados Unidos 07 – Johnson, Nixon y Vietnam. Un revés del destino
 
 
 
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Rebelión en el ejército norteamericano en Vietnam. Una táctica de supervivencia de su base social.

Rebellion in the U.S. Army in Vietnam. A survival tactic of its social base.

Por Lic. Alberto Levy Martínez

 

Resumen

Estados Unidos invadió Vietnam del Sur como un poder casi invencible que podría imponer su voluntad sobre la mayoría del mundo a través de la intervención militar directa o del uso de su enorme influencia económica. Aunque los norteamericanos ganaron todas las grandes operaciones militares en Vietnam, se vieron obligados a retirarse debido a que el costo político llegó a ser demasiado alto para su opinión pública y la de Occidente en general. Un inmenso movimiento heterogéneo conformado por trabajadores, ciudadanos, organizaciones y soldados, se politizó radicalmente, volviéndose contra la guerra. Analizaremos las formas y tácticas de resistencia al interior de ese movimiento y especialmente en un ejército norteamericano conformado en abrumadora mayoría por soldados pertenecientes a la clase obrera, quienes se dieron cuenta que para la oficialidad de Estados Unidos conformaban un elemento descartable. Las fuerzas vietnamitas ganaron porque fueron capaces de doblegar la voluntad de EE.UU. para seguir luchando.

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Introducción

Se torna imprescindible para analizar este tema, el creciente y decisivo poder de rebelión al interior del ejército norteamericano en la guerra de Vietnam, el tratar de interpretar el lugar desde el que puede ser estudiado. Creemos que desde la sociología de la guerra se puede desplegar una serie de elementos que nos permitan describir, relacionar y comprender hechos esenciales que hacen a la historia de este conflicto bélico.

Entendemos así que el estudio de la guerra implica dar con uno de los fenómenos más regulares de la historia humana.  Para proceder a su estudio desde la sociología de la guerra es preciso darle una valoración que la acerque al estudio de las relaciones de poder. Es decir, como un proceso donde el valor científico se erija sobre la investigación de la estructuración, la desestructuración y la reestructuración de las relaciones sociales[1]. Un fenómeno donde la razón se establece y se estructura desde la fuerza. Encontramos entonces que la guerra se constituye como un elemento catalizador de transformaciones, pero no una causa unívoca de ellas.  En términos muy generales, la guerra como fenómeno consiste en una actividad social en la que a través de la violencia de forma sistemática, se extermina a grupos humanos en parte, para doblegar su voluntad general.

Teniendo en cuenta que no existe guerra por fuera de la sociedad, podemos concluir que para estudiarla existen varias formas que pueden enlazarse: desde la concepción hagiográfica, a través de figuras como por ejemplo la de Napoleón Bonaparte. A través de modos técnico-militares, como por ejemplo el asedio a ciudades o la leva en masa. O también a través de modos tecnológicos, como por ejemplo la introducción de las armas de fuego, del submarino, etc. De todas ellas, la que menos puede aportar es claramente la primera.

Desde el punto de vista de la metodología, el abordaje que se propone es de tipo indirecto, a través de fuentes secundarias, es decir, la recolección de documentos, libros, informes, publicaciones e incluso reportes periodísticos. Pero como en la guerra los datos obtenidos no son del todo verídicos, es necesario tratar de verificar la información recabada. Este procedimiento puede realizarse de dos formas: a través del cotejo de datos que muestren la coincidencia entre fuentes opuestas, como si por ejemplo israelíes y palestinos coincidieran en determinados hechos ocurridos. El otro tipo implica identificar las posibilidades reales de que un grupo determinado realice una acción concreta. Si estas dos formas de verificación se concretaran, estaríamos en presencia de un hecho que se acerca bastante a esa contrucción que consideramos “la realidad”.

En Vietnam se trataba de no dejar caer bajo control comunista una de las zonas estratégica y económicamente más importantes. Se trataba de una lucha decisiva contra todos los intentos de liberación nacional en todas las partes del mundo, contienda decisiva en el sentido de que un triunfo de la lucha liberadora vietnamita podría haber dado la señal de una activización de esas batallas de liberación en otros continentes, acaso mucho más cerca de las metrópolis y en zonas en las que positivamente se desarrolaron gigantescas inversiones.

En ese sentido se trabajará hipotéticamente con una serie de hechos concatenados que conforman el fenómeno de estudio. En principio damos cuenta del surgimiento de un proceso de incidentes de rebelión al interior del ejército norteamericano y un alza que comienza a tornarse incontrolable. Esto forma parte del proceso de aumento significativo de actitudes antibelicistas por parte de la clase baja norteamericana que conformaba mayoritariamente las tropas regulares de Estados Unidos. Veremos finalmente una asociación entre el aumento del número de incidentes de rebelión y el posterior desenlace del conflicto bélico. Podemos entonces aventurar dentro de este contexto que estos fenómenos no son ocasionales ni esporádicos. Encontramos patrones de recurrencia y regularidades que los tornan pasibles de investigación científica desde la sociología de la guerra.

La situación objetiva de Vietnam y Estados Unidos

La configuración del conflicto en el marco de esta guerra popular de tipo revolucionaria correspondía también a la estrategia contrarrevolucionaria de los Estados Unidos, estrategia que se podía catalogar bajo la noción siguiente: separar a los guerrilleros de la población campesina. La separación se intentó de modos varios. Por ejemplo, mediante las aldeas estratégicas, experimento que no resultó, con los bombardeos de grandes áreas contra la población y, más adelante mediante la forma que consistía en aniquilar pura y simplemente la población vietnamita ya que sólo así se podía arrebatar al movimiento guerrillero su base social.

Independientemente de las repercusiones económicas de la guerra misma, otras acabaron por cristalizar en una firme oposición al sistema. Pues aquella estrategia, según Herbert Marcuse contradecía los ideales de la democracia burguesa en los Estados Unidos, por lo que produjo en seguida una protesta moral contra la guerra, que tenía que precisarse necesariamente en los elementos más conscientes del movimiento, al entender que el sistema social de los Estados Unidos tenía que producir esa guerra y precisamente en esa forma [2]. Explica el mismo autor que no hace falta conceder la necesidad de libertad a los vietnamitas sumidos en su lucha liberadora porque ya la poseen en la práctica[3]. Y también tienen la necesidad de defender la vida contra la agresión. Se trata de necesidades que a ese nivel, en ese contrapolo de la sociedad existente, son realmente necesidades espontáneas, naturales en el más estricto sentido. Y en el otro lado, en la sociedad más desarrollada, se encuentran aquellos grupos, grupos minoritarios, que pueden permitirse las nuevas necesidades, o que las tienen, porque si no se ahogarían fisiológicamente, aunque no se las puedan permitir. Ve Marcuse al movimiento beatník y hippie, como un fenómeno interesante, que implica la negativa a participar de las bendiciones de la sociedad occidental[4]. Ésta es una de las transformaciones cualitativas de la necesidad. No es necesidad de mejores aparatos de televisión, de mejores automóviles, de tal o cual comodidad, sino la negación de esas necesidades. En los dos polos, pues, hay potencial. En la solidaridad con la lucha que se desarrolla en el Tercer Mundo se encuentran las primeras tendencias de la nueva antropología. Las nuevas necesidades que aparecen en los países muy industrializados no son en el Tercer Mundo necesidades nuevas, sino reacciones espontáneas a lo que ocurre.

Una breve indicación acerca de las perspectivas de la oposición. Por un lado, ni siquiera los frentes nacionales de liberación de los países atrasados conformaban una amenaza revolucionaria real para el sistema del capitalismo tardío. Todas las fuerzas de oposición actuaban en el sentido de la preparación, y sólo preparación –pero preparación necesaria– para una posible crisis del sistema. A esas crisis contribuían los frentes de liberación nacional, no sólo en cuanto enemigos militares, sino también como factores de reducción del margen económico y político del sistema. También la clase obrera se podría radicalizar políticamente, para la preparación, para la eventualidad de una tal crisis.

La inserción se ha producido ya en la realidad objetiva. Partimos de la premisa que indica que en la situación actual y ya desde la del período estudiado no hay ya ninguna exterioridad completa respecto del capitalismo y que hasta los sistemas socialistas y comunistas se encontraban enlazados a vida o muerte con el capitalismo en un sistema mundial. Por eso no se puede hablar de exterioridad al capitalismo sino en un sentido muy relativo. La función de los movimientos nacionales de liberación del Tercer Mundo no era por sí misma una función revolucionaría lo suficientemente fuerte como para derribar el capitalismo tardío en cuanto sistema. Aunque es necesario aclararlo, tampoco era un movimiento unívoco que tuviera ese objetivo. Desde su perspectiva dentro del marco de los estados-nación, cualquier meta clasista o de otra índole era complementaria. Una fuerza revolucionaria de esa potencia no se podía esperar sino de una confluencia de fuerzas transformadoras presentes en los centros del capitalismo tardío con otras tercermundistas. Producir esa fuerza es en realidad una de las tareas más difíciles. La oposición de la intelectualidad necesitó poseer su base de masas en los frentes nacionales de liberación de estos países. Todo eso significa la existencia de elementos nuevos de la teoría y de la práctica que hay que considerar.

Por otro lado, la cada vez más crítica situación de las fuerzas invasoras pone al desnudo una cantidad de problemas que tiene el imperialismo. Lo principal es la baja moral de combate de sus tropas. El mero hecho que un ejército altamente profesional, muy entrenado y armado con la más moderna tecnología se estuviera desgajando a escasos meses de comenzar la ocupación es un tema por demás revelador. Muchos de los soldados norteamericanos provienen de familias obreras y granjeras empobrecidas cuya salida laboral son las Fuerzas Armadas. Aclara Marcuse que si bien comparten el racismo y la ignorancia del norteamericano medio, queda muy claro que no tienen la voluntad para desarrollar una ocupación a largo plazo cuando se ven enfrentados por una población casi unánimemente adversa[5]. Este es un tema preocupante para la oficialidad norteamericana que entiende que tiene la capacidad para ganar una guerra corta en base a su capacidad de fuego y sus inmensos recursos, pero que encuentra que su poder se ve mermado ante una guerra revolucionaria popular.

Pero analicemos más detenidamente el tema de la moral de combate comenzando por el papel del miedo, del temor en la batalla. Vamos a ver según Nievas y Bonavena, cuál es el lugar que al mismo le asigna la propia teoria clasica de la guerra, postulada por Clausewitz hace dos siglos[6]. Una de las mayores innovaciones teoricas del general prusiano fue la incorporacion del sentimiento humano al tratamiento sistematico de la beligerancia. Lo hizo desde lo que denominó “fuerza moral”, una idea que engloba una serie de atributos: el genio militar, las virtudes militares y también el sentimiento nacional. Para Clausewitz, las fuerzas morales “son el espiritu que impregna toda la esfera de la guerra. Se adhieren más tarde o mas temprano a la voluntad que pone en movimiento y que guia a toda la masa de fuerzas y, por asi decirlo, se confunden con ella en un todo, porque ella misma es una fuerza moral”. Su importancia es tal, que “lo fisico no es casi nada más que el mango de madera mientras que lo moral es el metal noble, la verdadera arma, brillantemente pulida”. Las fuerzas morales hacen referencia entonces a la valentía, la flexibilidad, el poder de resistencia y el entusiasmo. Se trata de la negacion del miedo en primer lugar (valentia) y de los artilugios necesarios para poder efectivizar tal negación (flexibilidad, poder de resistencia y entusiasmo). El aporte clausewitziano es que emplea la contradicción de los opuestos y la visión paradojal, en especial en el desarrollo de las nociones de táctica y estrategia, donde, por ejemplo, una derrota táctica puede contribuir a la victoria estratégica, como también se puede apreciar para analizar el caso colombiano en la actualidad[7]. Establece una diferenciación entre la táctica y la estrategia. Esto supone el despliegue de cierta dialéctica, lo que ha causado, especialmente en el marxismo, un gran respeto y admiración. Tanto la una como la otra están relacionadas entonces con el fin político. La fuerza moral explica entonces, situaciones que sin la consideración de tal elemento resultarian paradójicas. La resolucion de la Ofensiva del Tet, desarrollada en tres oleadas en enero, mayo y agosto-septiembre de 1968 por el Vietcong y el Ejército de Vietnam del Norte en contra de las tropas survietnamitas y estadounidenses, tuvo como saldo un altísimo costo en vidas para los atacantes, quienes además no pudieron asegurar el territorio atacado. Sin embargo, todos los analistas coinciden en que fue el punto de inflexión de la guerra a favor de las tropas del Vietcong y de Vietnam del Norte. Lo que lograron con esa ofensiva fue quebrar la fuerza moral de las tropas sureñas y las de ocupación estadounidense, lo que provocó un cambio en la relación de fuerzas que devino en la debacle posterior de estas últimas fuerzas.

La amargura y desmoralización entre las tropas también alentó una resistencia creciente a la guerra, en la forma de: convertirse en AWOL (ausente sin aviso, en sigla inglesa), es decir en un desertor,  el evitar el combate, el “fragmentar” oficiales, e incluso la resistencia política activa. Este desarrollo contribuyó en gran medida a la derrota de EEUU en Vietnam. El movimiento antiguerra comenzó a surgir en su propio país y la política norteamericana comenzó a estar dominada por la pregunta de cuán rápidamente podrían  salir de Vietnam[8]. Sin embargo, la Ofensiva del Tet fue solamente el principio de un año en el que la clase dominante norteamericana enfrentó sus desafíos más severos en una generación. En abril, Martin Luther King Jr. fue asesinado y cien ciudades se alzaron en rebelión. En junio, Robert Kennedy fue asesinado tras ganar las primarias de California. El ataque brutal del jefe de policía de Chicago a los manifestantes pacifistas en la convención demócrata atrajo la atención mundial sobre la represión política en EEUU. En tanto, en Vietnam, los militares norteamericanos comenzaban a reportar problemas disciplinarios importantes con las tropas que marcaban el inicio de una rebelión de soldados nunca vista antes, en tal escala, en la historia norteamericana. En noviembre de 1968, Richard Nixon ganó la presidencia principalmente debido a la impresión dada por su campaña de que tenía un “plan secreto” para terminar la guerra en Vietnam. Pero esta continuaría por varios años más durante los cuales los EEUU llevaron adelante la más salvaje y sangrienta retirada.

La cuestión nacional vietnamita y las distintas formas de resistencia a la guerra

Para desandar este camino propuesto, comenzaremos desarrollando cuestiones que tienen que ver con la cuestión nacional vietnamita, lo que nos llevará inevitablemente a terminar hablando de Estados Unidos, la conformación de nuevos actores, la de su ejército y su política exterior.

Sin adentrarnos en elementos históricos largamente desarrollados en otros escritos acerca de los conflictos bélicos previos a la guerra contra Estados Unidos o acerca del conflicto en Vietnam específicamente, tenemos que tratar de tomar en consideración una serie de factores que determinan la guerra de Vietnam, y que han de entenderse como problemas internos vietnamitas; entre ellos la insoportable situación de la población vietnamita, en particular la rural y la experiencia de que esa situación se puede superar aplicando determinados métodos contra el poder establecido. Del otro lado de esta tendencia tenemos el poder establecido en Vietnam, reforzado por los Estados Unidos, interrumpiendo un proceso revolucionario en el país. Estrictamente siguiendo a Peter Gong, en diálogo con Herbert Marcuse, explicita que la supresión de las relaciones sociales en el campo (esa suerte de estructura feudal consolidada por el colonialismo francés) a través de la forma de lucha de los vietminh y mediante una reforma agraria, consiste primero en la expropiación y la distribución de las grandes propiedades, permitiendo así que el fruto del trabajo de los campesinos quedara en manos de éstos[9]. Este proceso de la revolución vietnamita es interrumpido, primero, por los conocidos acuerdos de Ginebra de 1954, y segundo por el hecho de que los Estados Unidos apoyan al gobierno de Diem y acaban poniéndose en su lugar, con lo que se impide a los campesinos vietnamitas el superar sus problemas. Con esto el proceso revolucionario toma en Vietnam la forma de una guerra nacional de liberación, y precisa y necesariamente en la forma de una guerra popular.

La forma de lucha del Frente Nacional de Liberación del Vietnam está predeterminada por el hecho de que estos campesinos tienen que aprender a defenderse de un enemigo superpoderoso, y al principio, con medios muy primitivos, por ejemplo, las trampas contra los distintos instrumentos y las armas modernas. En el curso de este proceso la población vietnamita se polariza, dividiéndose en gente que se sitúa inequívocamente al lado de Vietnam del Sur y los Estados Unidos, y la mayoría del pueblo, que no tiene más alternativa que ponerse al lado del movimiento de liberación. Por causa de ese proceso revolucionario que, sobre la base de factores sociales, tiene por ende que comenzar en el campo, se ha producido en las ciudades vietnamitas una situación particular. Han quedado directamente incluidas en el proceso de producción de los Estados Unidos, y la economía de Vietnam del Sur ha quedado inserta en la circulación de la economía de los Estados Unidos, sobre todo por el hecho de que la población de las ciudades se ha dedicado a la prestación de servicios para los soldados norteamericanos.[10]

Poco después de que comenzara la guerra, el radicalismo comenzó a alcanzar importancia entre los jóvenes trabajadores. Las ideas de izquierda del movimiento estudiantil estaban alcanzando a los jóvenes obreros a través del movimiento antibélico. Entre 1967 y 1968 muchos se habían radicalizado antes de su entrada en el ejército. Otros lo hicieron antes de ser embarcados hacia Vietnam. Estos grupos pronto se alzaron contra la cruel realidad de que los oficiales veían a las tropas de la clase obrera como algo consumible. Surgen entonces en Occidente, una serie de procesos de rebelión, de resistencia, latente, pero cada vez más visible y palpable cuya eventualidad va conformándose en regularidad. En principio tomemos a algunas posiciones político-ideológicas que justamente por situarse a la izquierda, su radicalidad teórica comienza a manifestarse en radicalidad práctica. La década de 1960 brinda una especie de renacer de esta corriente, pero de una manera nueva.

La Nueva Izquierda, que es de quien hablamos, según Herbert Marcuse, no es marxista ortodoxa ni socialista. Se caracteriza, al contrario, por una profunda desconfianza respecto de toda ideología, incluida la socialista, por la que se creen en cierto modo traicionados y de la que están decepcionados. Además, la Nueva Izquierda no se fija en modo alguno (también con la excepción de pequeños grupos) en la clase trabajadora como clase revolucionaria. No se puede definir desde el punto de vista de clase[11]. La Nueva Izquierda consta de intelectuales, grupos del movimiento por los derechos civiles, grupos de la juventud, particularmente elementos radicales de ésta que, a primera vista, no resultan en absoluto políticos, como el movimiento hippie. Este movimiento no tiene como portavoces políticos, sino poetas, músicos y escritores. Uno de ellos es Allen Ginsberg, quien tiene gran influencia en la Nueva Izquierda americana. Hay una sensibilización nueva contra el racionalismo eficaz y enfermo. Está la negativa a desempeñar los papeles de un juego que uno sabe que es rígido desde el principio; “está la revuelta contra la limpieza compulsiva de la moralidad puritana y la agresión alimentada por esta, tal como la vemos hoy en Vietnam, entre otras”. Al menos una parte de los hippies, en los que la rebelión sexual, moral y política forman un todo, es en realidad una forma de vida no agresiva: una demostración de una no-agresividad agresiva que consigue, al menos potencialmente, la manifestación de valores cualitativamente diferentes, una transvaloración de valores. Existe entre los hippies, un elemento político inherente, acaso todavía más en los Estados Unidos que en Gran Bretaña: se trata de la aparición cierta de nuevos valores y necesidades instintivos, que se plasmaron en los días del fenómeno social de Woodstock. Lo que Adorno y Benjamin habían condenado como mera “reproducción de la fuerza de trabajo en el capitalismo“, no podía encontrarse más lejanamente de la comunidad de Woodstock, la cual se negaba a aceptar este mismo sistema, negándose a colaborar o contribuir a la carrera competitiva tras el dinero y el poder. Esta leyenda, sólo pudo nacer en este ambiente social, cultural y político y sólo logró sobrevivir hasta el día de hoy como consuelo frente a aquellas esperanzas tan pronto fallidas.

Por otro lado, la intelectualidad no ha sido ajena al conflicto. En general en posición contraria a la guerra, pero cabe mencionar a una gran cantidad de organismos e intelectuales que han colaborado con el ejército invasor norteamericano desde antes de la guerra de Vietnam como Ruth Benedict, quien realiza una investigación sobre la cultura japonesa para la Oficina de Servicios Estratégicos y también para la Oficina de Información de Guerra. Estrictamente en relación a Vietnam, la Asociación Antropológica de Estados Unidos (AAA) provee información desde 1950, siendo muchos de sus miembros colaboradores en la llamada Operación Camelot en la década de 1960. Lo que provoca innumerables condenas de colegas por la participación en operaciones encubiertas, involucrándose con el movimiento pacifista. En ese contexto, y como contrapartida, el materialismo histórico se convierte en uno de los enfoques más difundidos de las ciencias sociales de los 60s y 70s.

Otro grupo que se encuentra en oposición contra el sistema, lo que se llama la nueva clase trabajadora, consta de técnicos, ingenieros, especialistas y científicos, ocupados en el proceso material de la producción, aunque en una posición especial. Sobre la base de su posición clave, ese grupo parece representar objetivamente el núcleo real de una fuerza transformadora; pero al mismo tiempo es por el momento muy bien tratado por el sistema existente, y desde el punto de vista de la consciencia está sometido a él. Por lo tanto, la expresión ‘nueva clase obrera’ es, por lo menos, prematura.

La oposición estudiantil, es una oposición a toda la llamada way of life de este sistema, una oposición contra la omnipresente presión del sistema, que con su productividad represiva y destructiva lo degrada todo a la condición de mercancía de un modo más inhumano cada vez; todo es mercancía cuyas compra y venta constituyen el sostenimiento y el contenido de la vida; y es una oposición contra el terror ejercido fuera de las metrópolis, como los procesos dictatoriales que asolaban la región latinoamericana del Tercer Mundo. Esta oposición al sistema como tal no se desencadena hasta el movimiento de los derechos civiles y, luego, la guerra de Vietnam. Para los estudiantes, ésta ha sido la primera revelación de la esencia de la sociedad existente, de su intrínseca necesidad de expansión y agresión, de la brutalidad de la libre concurrencia en el marco internacional.

La pregunta clave para autores como Pozzi, es establecer si ganaron los vietnamitas o perdieron los norteamericanos. La respuesta más común el día de hoy es que perdieron los norteamericanos. Tanto para el Pentágono como para la academia intelectual, la derrota se habría debido a que la ciudadanía norteamericana, por vez primera, vivió la guerra en sus casas a través de la televisión. Horrorizados por la normalidad con que se tomó a la contienda, la opinión pública no apoyó el esfuerzo bélico. En esta interpretación los medios de comunicación habrían sido los grandes gestores de la mayor derrota militar y política sufrida por Estados Unidos en su historia[12]. Si bien persiste con fuerza la noción de que el movimiento antibélico fue patrimonio de sectores medios estudiantiles, los datos disponibles demuestran que eran los trabajadores y los norteamericanos de origen africano los que sostuvieron una postura más consistentemente antibélica. Sin embargo, para Pablo Pozzi y Fabio Nigra esta visión monocausal oculta mucho y revela otras cosas. Por un lado, oculta el hecho de que los vietnamitas lucharon con creatividad y firmeza contra lo que de hecho era una invasión extranjera y una dictadura títere. También oculta el hecho que en el mismo campo de batalla los norteamericanos perdieron; o sea, fueron derrotados por hombres y mujeres asiáticos, subdesarrollados, y comunistas. Por otro lado, revela que en la versión oficial masacres como My Lai, genocidios como el del Plan Fénix, el uso de guerra química como el Agente Naranja, la limpieza étnica de las aldeas estratégicas, la tortura y la corrupción, eran cosas “normales” y de esperarse en “cualquier” guerra. Es más, esta versión revela que esto no sólo es “normal” sino que es “correcto” en la conducta de una guerra[13]. Como con toda hegemonía real, esta no es producto de una mera imposición sino que es un tira y afloje entre distintas visiones, muchas veces contradictorias, pero cuyo resultante puede no ser el más deseado por la clase dominante pero que sí tiende a preservar y reproducir la forma de dominación.

Convenimos en que muchos trabajadores se oponían a la guerra de Vietnam. Sin embargo, la mayoría de los sindicatos apoyaron la guerra. Esto significa que una cantidad muy importante de trabajadores participaban del consenso bélico, a menos que supongamos que las burocracias sindicales no tienen ningún correlato en sus bases.

Al igual que las luchas de la década de 1930, el movimiento negro se desarrolló en base a nuevas organizaciones y líderes. Los activistas se vieron obligados a crear sus propias formas de organización ante la burocratización de las organizaciones tradicionales de la comunidad (NAACP y Liga Urbana) que apoyaban al partido Demócrata, a la Guerra en Vietnam y atacaban vehementemente el Poder Negro. Si bien estos viejos dirigentes se esforzaron por canalizar la combatividad de las masas negras dentro de la lucha electoral, la mayoría de las nuevas organizaciones rechazaron esta vía reivindicando la acción directa. A mediados de la década de 1970 el movimiento de masas había experimentado una declinación y, con ello, decayó el impulso reformista. Cuando Nixon comenzó la retirada de Vietnam, el poderoso movimiento antibélico declinó rápidamente. Los negros, a su vez, habían obtenido una serie de conquistas que se combinaban con una brutal represión sobre los sectores más combativos para desmovilizar al conjunto. El combativo movimiento fabril, surgido en la década de 1960, se expandió a través del país pero no logró cuajar en ninguna instancia organizativa con lo que su impacto a largo plazo se diluyó. 

La resistencia en el interior del Ejército Norteamericano

La rebelión del ejército fue una lucha de clases que enfrentó a soldados de la clase trabajadora con oficiales que los veían como algo reemplazable. El intento de moda hoy de revisar la historia de la Guerra de Vietnam para expurgar sus horrores, y crear un clima que aliente intervenciones militares futuras, no puede reconocer que los soldados norteamericanos se opusieron violentamente a esa guerra, o que el capitalismo americano toleró indiferente la masacre de tropas de la clase trabajadora. Los académicos liberales han colaborado a la distorsión histórica reduciendo el radicalismo de los 60s a preocupaciones y actividades de la clase media, mientras ha ignorado la rebelión de la clase trabajadora. Pero la militancia de esa década comenzó con la clase obrera negra como la fuerza motriz de la lucha por la liberación negra, y alcanzó su clímax con la unidad de soldados blancos y negros de clase obrera cuyo levantamiento golpeó al imperialismo norteamericano desde dentro[14].

Para los soldados del ejército abrumadoramente pertenecientes a la clase obrera, la guerra fue un gran shock. Ellos fueron entrenados para creer que los EE.UU. conformaban una nación democrática y “liberadora de los oprimidos”, frente a una conspiración comunista en todo el mundo, y que las luchas por la liberación nacional como la de Vietnam, fueron parte de esta gran conspiración comunista que emanaba de Moscú y Pekín. Los soldados esperaban una guerra entre ejércitos profesionales en batallas como las que pensaban que se pelearon por sus padres en la Segunda Guerra Mundial. Se encontraron a sí mismos luchando contra un ejército de campesinos de  hombres y mujeres jóvenes. Una guerra total contra toda una población motivada por el odio de la ocupación de EE.UU. y de su gobierno títere. Los soldados americanos quemaron aldeas, destruyeron vastas áreas del campo, mataron a un gran número de soldados del FNL, y desplegaron una brutalidad indiscriminada contra la población civil. La posición política y militar de Estados Unidos no tenía esperanzas desde el momento que entró en la guerra, pues esta nación altamente militarizada luchaba por proteger su imperio y al capitalismo, mientras que los vietnamitas luchaban por reunificar su país y librarse del control extranjero. Las fuerzas eran distintas, sus motivaciones y conciencia también lo eran.

Antes de Tet, se conocieron casos de oposición a la guerra dentro del ejército donde oficiales se negaron a abordar aviones que lo llevarían a aldeas vietnamitas. Fueron sometidos a consejos de guerra y expulsados del ejército. Algunos soldados que denunciaron crímenes de guerra fueron arrestados, sometidos a tribunales militares y encarcelados.

Después de Tet, la resistencia individual se convirtió en una abierta rebelión que paralizó la máquina militar estadounidense. La actividad contra la guerra entre los soldados tomó muchas formas, participando en las marchas antibélicas, repartiendo periódicos contra la guerra en las bases, a través de la deserción, el sabotaje, evitando el combate, a través de actos de rebelión y finalmente del asesinato de funcionarios considerados impopulares. Los primeros en organizarse fueron los veteranos de Vietnam después de su regreso. Veteranos de Vietnam Contra la Guerra (VVAW) fue fundada en 1967 por Jan Barry, quien había estado destinado en Vietnam en 1963. Barry participó por primera vez en la actividad contra la guerra, cuando marchó en la primavera de 1967 junto con la movilización para poner fin a la guerra en Vietnam, en la que más de trescientas mil personas se reunieron en la ONU.

Este avivamiento también trajo nuevos miembros que vinieron de la mayoría de la clase trabajadora y las familias que habían experimentado algunos de los combates más intensos de la guerra. Veteranos de Vietnam contra la Guerra organizó dos eventos históricos en 1971 que catapultaron a la organización a la dirección del movimiento contra la guerra. También habrían participado en la investigación Winter Soldier de los crímenes de guerra en Vietnam y la marcha sobre Washington.

Mientras la VVAW estaba creciendo en el país, también tenía miembros en servicio activo en Vietnam, los soldados de combate, para quien la resistencia a la guerra era literalmente una cuestión de vida o muerte, y comenzaron a tomar medidas. Comenzó un proceso de deserción. “El número de prófugos y de resistentes fue eclipsado por el número de desertores de las fuerzas armadas de servicio activo”, según el historiador Bruce Franklin citado por Joel Geier[15]. Según este último, en el Departamento de Defensa se registraron  más de quinientos mil incidentes de “deserción” desde julio de 1966, hasta fin de diciembre de 1973, mientras que sólo en 1971 desertaron casi cien mil soldados. Esto significa que durante el curso de la guerra de Vietnam, casi el mismo número de hombres desertaron de las Fuerzas Armadas como el número total de soldados estadounidenses estacionados en Vietnam a la altura de la guerra. En 1970, el ejército experimentó sesenta y cinco mil deserciones, el equivalente a cuatro divisiones de infantería.

Los que no podían alejarse de la guerra comenzaron a amotinarse o matar o lesionar a los oficiales que los habían enviado en misiones de combate peligrosas . La acumulación de rencores por exposiciones peligrosas también se cobraba revanchas. En agosto y septiembre de 1969, dos unidades de infantería se amotinaron después de sufrir fuertes bajas en acciones de años anteriores. El asesinato de funcionarios, conocido como “pegar tiros” (shooting), se elevó en los últimos tres años de la guerra. La fragmentación (fragging) es un término que originalmente venía de la utilización de granadas de fragmentación, pero luego se aplicó en general a la advertencia o la matanza de oficiales y suboficiales cuya incompetencia o irresponsabilidad había expuesto o amenazado la vida de sus hombres. El ejército informó de 126 fraggings en 1969, 271 en 1970, y 333 en 1971. Los fraggings en realidad aumentaron durante el tiempo que el número de tropas de Estados Unidos se redujo de quinientos mil a doscientos mil. Más del ochenta por ciento de las víctimas eran oficiales del lanzamiento de explosivos o de suboficiales.  A mediados de 1972, el Pentágono tiene que reconocer oficialmente 551 casos de shooting con artefactos explosivos, que dejaron más de 86 muertos y más de 700 heridos. Estas cifras del Pentágono son probablemente una subestimación del número de oficiales muertos por su propias tropas. Además, hubo soldados afro-americanos que enfrentaron el racismo en las fuerzas armadas no sólo desde el cuerpo de oficiales, sino también de los soldados blancos racistas. Hubo rebeliones de soldados negros en las bases militares estadounidenses en todo el mundo. Vietnam había creado simpatía por la política revolucionaria, entre una gran capa de soldados negros.

En cuanto a la conformación del ejército, desde 1964 hasta 1973, veintisiete millones de hombres llegaron a la edad de conscripción. Una buena parte de ellos no fueron conscriptos debido a excepciones educativas, profesionales o a su enrolamiento en la Guardia Nacional. Dos millones quinientos mil fueron enviados a Vietnam. El grupo estaba compuesto básicamente por jóvenes de la clase obrera, cuyas edades promediaban los 19 años. El 85% eran hombres enrolados, el 15% restante eran oficiales. Por lo general, estos hombres que tenían por obligación prestar servicios tenían una educación elemental, pero muchos de ellos carecían de la misma.

La clase alta no combatió en lo más mínimo. Los estudiantes de colleges eran usualmente asignados a unidades de no combatientes, de apoyo o servicio. Aquellos estudiantes provenientes de elementary schools corrían los mayores riesgos de ser enviados a las unidades de combate. Estos soldados de infantería incluían, en un número desproporcionado entre sus tropas, a miembros de la clase obrera negra. Se puede apreciar entonces que era una masa sumamente heterogénea en cuanto a sus orígenes sociales e intereses cotidianos; de manera que la conflictividad social estadounidense característica de los años sesenta, se vio trasladada y encuadrada al ejército que luchó en la guerra[16]. Mientras que las tropas de combate iban al frente cumpliendo con su deber para con su patria, los oficiales sólo consideraban sus propios intereses, ya que muchos dieron la bienvenida a la guerra de Vietnam como oportunidad para revigorizar o relanzar sus carreras. El camino para conseguir el ascenso militar era el comando de combate, Pero dado que había una excesiva cantidad de oficiales de alto rango, se desató una intensa competencia en el seno de la misma. El comandante de las fuerzas armadas en Vietnam, Gral. Westmoreland, trató de aflojar la tensión entre los oficiales por medio de la creación de unidades de apoyo excesivas y rotando, cada seis meses, a los oficiales de los comandos de combate, mientras que ordenó un servicio de un año de trabajo para los hombres alistados. Las unidades de apoyo crecieron en un 86%, mientras que sólo el 14% fueron realmente asignadas al combate. Estos oficiales de apoyo vivían lejos del peligro, habitando bases en las más lejanas retaguardias; mientras los soldados de combate experimentaban el enfrentamiento. Para Cererols era demasiada la distancia entre ambos grupos para que la confianza en los oficiales y en la guerra sobreviviera de manera incuestionable[17].

El breve periodo de seis meses se veía recortado aun más debido a la promoción, relevo u heridas. Esta brecha que separaba a los oficiales y a los hombres de combate, se vio incrementada a partir de que los ascensos de los oficiales dependían de la cuota de muertos enemigos por medio de la estrategia “busca y destruye” (seek and destroy). Aquellos comandantes que no proveían inmediatos y altos recuentos de cuerpos, veían comprometidas sus carreras. Estas misiones de seek and destroy provocaban enormes bajas entre los soldados de infantería, sin embargo, esto era un detalle menor para los oficiales que buscaban su propia gloria, pues iniciarían un pedido de abastecimiento de soldados de reemplazo de nunca acabar. Casi el ciento por ciento de las unidades de combate eran unidades de seek and destroy. Su misión era ir dentro de la jungla, atacar bases y expulsar a las tropas del FLN. En este juego de combate los helicópteros jugaron un papel clave para cubrir la retirada y librar un masivo poder de fuego; sin embargo, el FLN, podía evitar más fácilmente el avance del enemigo dado su mayor conocimiento del terreno, convirtiéndose el seek and destroy prácticamente en emboscadas. Las tropas de tierra se convirtieron en la carnada viva para la emboscada y el bombardeo, dando por resultado que un cuarto de los muertos norteamericanos fueran alcanzados por el considerado “fuego amigo”.

La llamada Ofensiva del Tet fue un punto culminante de la Guerra de Vietnam y a su vez la rebelión abierta de los combatientes. Si bien no significó la victoria desde el punto de vista militar, ya que hubo un salvaje contraataque norteamericano, estaba claro que, más allá de las bajas del FLN, el imperialismo norteamericano había perdido políticamente la guerra El Tet mostró el abrumador apoyo de la población vietnamita, y que toda la potencia de fuego vertida sobre Vietnam por Estados Unidos no había servido para destruir al FLN, ni su moral, ni el apoyo militar, ni su voluntad para luchar.

Las fuerzas armadas comenzaron a dispersarse y a desobedecer órdenes de sus superiores, el motín se convirtió en una actividad cotidiana al interior del ejército. El poder de castigo y la disciplina comenzaban a desaparecer, los operativos de seek and destroy fueron revocados desde abajo. La rebelión abierta consistía en sobrevivir y dejar de exponer sus propios cuerpos frente a una guerra que carecía de sentido. Luego de la invasión de Camboya, en 1970, que alargó la guerra, la desmoralización al interior de las tropas se incrementó. Además esta ofensiva, llevó a la sociedad norteamericana a un profundo cuestionamiento de la guerra, y a la necesidad de ponerle fin. Estudiantes, ex-combatientes, profesionales y oradores llevaron a cabo un indiscutible programa de lucha frente a las decisiones tomadas por el gobierno, y muchos miembros del mismo dejaron de lado su simpatía por esta guerra impopular.

A menudo, al movimiento estudiantil sólo se le da crédito por su batalla para poner fin a la guerra. Es también cierto que este movimiento jugó un papel importante en la radicalización de millones contra la guerra[18]. Pero los estadounidenses de clase trabajadora desde el mismo comienzo de la guerra fueron muy activos, y más tarde las encuestas mostraron que los trabajadores y los norteamericanos de origen africano se opusieron a la guerra en mayor número que cualquier otro grupo.

Conclusiones

Existe un problema central en comprender y estudiar Estados Unidos: el abismo entre la percepción general y la realidad social de ese país. En forma comparativa, tanto la Guerra de Corea como la Guerra de Vietnam son dos hechos que marcaron la identidad norteamericana durante la segunda mitad del siglo XX. Tres generaciones han sido marcadas a fuego tanto por las fracturas que generaron en la sociedad norteamericana, como porque pusieron en evidencia el carácter genocida del capitalismo tardío, su crueldad, y su profunda deshumanización. En el caso coreano, Estados Unidos explicó su fracaso en derrotar al comunismo, por “el peligro amarillo” de las masas chinas, que se lanzaban a la batalla sin consideración de pérdidas humanas.

Para Pozzi y Nigra, en el caso de Vietnam, la explicación era más compleja[19]. Sobre todo porque esa guerra reveló que el ser humano sin un nivel tecnológíco tan avanzado pero con inteligencia y voluntad, podía derrotar a la maquinaria militar más poderosa, por lo que se convirtió en el punto de referencia inevitable tanto para las guerras revolucionarias posteriores, tales como la de Nicaragua en 1978-1979 o la de Colombia en la actualidad, y para guerras anticolonialistas de liberación como la de Irak. Es debido a la importancia histórica y política de la guerra de Vietnam que la burguesía en su conjunto ha intentado reescribir su historia.

De manera mayor entre quienes pudieron ser testigos de esa guerra desde su inicio en 1959, al remontarse ella hasta la entrada de la década del 70, parecían estar ante un hecho bélico interminable. Es cierto que los agresores no alcanzaban la victoria, pero la victoria popular tampoco llegaba. Pese a la convicción de que algún día vencerían los vietnamitas, la victoria de 1975 no dejó de ser sorprendente. Y aquí hay que señalar que si en general los imperialistas fueron derrotados, para C. Fonseca no conviene cerrar los ojos ante cierto éxito parcial que se concreta en provocar algún freno a una lucha armada antimperialista generalizada en los tres continentes más oprimidos[20].

Según una publicación de las fuerzas armadas norteamericanas de la época, un artículo llamado” El colapso de las Fuerzas Armadas” declara que la solvencia moral, la disciplina y la batalla de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos son, con pocas excepciones notables, más baja y peor que en cualquier momento, en este siglo y, posiblemente, en la historia de los Estados Unidos. Es decir que conocían la situación aunque no podían evitarla. Los distintos intentos realizados asemejan lo que Hitler, continuando un error de su admirado Napoleón, despliega en la Segunda Guerra Mundial: desarrollar una salida hacia adelante (es decir, con una profundización del ataque) con el objetivo de descomprimir una situación interna[21].

Los mandos fueron atacados, unidades enteras se negaron a combatir, se organizaron redes de deserción en los cuarteles intermedios de las tropas localizados en Alemania. “Este trauma para el ejército más poderoso del mundo se llama síndrome de Vietnam, una guerra que Estados Unidos perdieron, no sólo por la resistencia de la población vietnamita, si no también por la resistencia en Estados Unidos y en todos los países”[22].

Por otra parte, se debe aclarar que en la mayoría de los medios de comunicación el concepto síndrome de Vietnam se usa en forma errónea, ya que refieren a las prácticas brutales de los soldados en el territorio enemigo, como consecuencia de la alienación producida por las condiciones altamente hostiles. Lo que ocurrió es que la resistencia dentro del país se conjugó con la resistencia dentro de las tropas, cosa que las películas comerciales de Hollywood no muestran.

Cuando los EE.UU. invadieron Vietnam del Sur, fueron vistos como un poder casi invencible que podrían imponer su voluntad sobre la mayoría del mundo a través de la intervención militar directa o mediante el uso de su enorme influencia económica. Su humillante retirada de Vietnam demostró que incluso una potencia tan poderosa podía ser derrotada. Las fuerzas vietnamitas ganaron porque fueron capaces de drenar la voluntad de los EE.UU. para seguir luchando.

Para un autor como Clausewitz surgen tensiones entre la estrategia y la táctica ya que en la táctica en cada encuentro se busca la victoria pero en la estrategia sólo importan las victorias que sirvan para lograr el fin político. “Lo que es un fin en un nivel, es sólo un medio en el otro”[23]. El autor de “De la Guerra” determina que la contradicción de los opuestos implica la existencia de ambas nociones y no el tratar de dilucidar en qué nivel de un conflicto estamos para establecer si se trata de un medio o un fin. En Vietnam se ha logrado apreciar que la llamada Ofensiva del Tet se constituyó a lo largo del tiempo como una victoria estratégica, a pesar de la gran pérdida en vidas que conllevó. Aunque los norteamericanos ganaron todas las grandes operaciones militares en Vietnam, se vieron obligados a retirarse debido a que el costo político de la victoria llegó a ser demasiado alto, ya que millones de estadounidenses (trabajadores, ciudadanos y soldados por igual) se volvieron contra la guerra. Fueron derrotados en Vietnam, ya que perdieron la guerra en el delta del Mekong y en su propio país. Esta derrota, a su vez, creó el síndrome de Vietnam, una reticencia por parte de los EE.UU. para participar en la intervención militar directa en todo el mundo. Al final, podemos concluir que se desarrollaron estos tres elementos en combinación para derrotar a los EE.UU. en Vietnam: un fuerte movimiento de resistencia nacional en Vietnam, el desarrollo de un movimiento contra la guerra de masas en los Estados Unidos, y la ruptura casi total de la capacidad de combate del soldado norteamericano como resultado de la experiencia de combate combinado con la rebelión en el seno del Ejército. En este sentido el Vietnam no es en modo alguno un acontecimiento de política exterior, sino una necesidad esencial del sistema; pero también es un punto de inflexión en el desarrollo del sistema, y acaso el comienzo del fin. Pues aquí se ha puesto de manifiesto que el cuerpo humano y la voluntad humana pueden tener en jaque con armas mínimas al sistema de destrucción más eficaz de todos los tiempos. Y esto es una novedad históricouniversal.

Bibliografía

Allen J. (2005) “Vietnam: The War the U.S. Lost:. From Quagmire to Defeat” en international Socialist Review N° 40. Marzo-Abril. http://www.isreview.org/ issues/40/vietnamIII.shtml [consultado octubre de 2013] Cererols G. (s/d) ¡¡¡SH!!!  DE ESO NO SE HABLA: La rebelión de los soldados norteamericanos en Vietnam. Observatorio de Conflictos. http://ar.geocities.com/obserflictos [consultado octubre de 2013]

Clausewitz, K. (2004). De la Guerra. Libro II. Buenos Aires: Agebe. Fonseca C. (2004) La Revolución Sandinista. Buenos Aires: Ediciones Nuestra Propuesta Geier J.  (2000) “Vietnam: The Soldier’s Revolt” en International Socialist Review. N° 09, Agosto-Septiembre. http://isreview.org/issues/09/ soldiers_revolt.shtml [consultado octubre de 2013] Levy Martínez A. (2012) “Las FARC en Colombia. Reflexión sobre el período de La Tregua Política y su violenta destrucción”. En el portal Cedema: Centro de Documentación de los Movimientos Armados. http://www.cedema.org/ ver.php?id=4845 [consultado octubre de 2013] Marcuse H. (1967) (1986) El final de la Utopía. Barcelona: Editorial Planeta-De Agostini. Marcuse H. (1986) Ensayos sobre Política y Cultura. Barcelona: Editorial Planeta-Agostini. Nievas F. (2009). “Sociología de la Guerra” en Redes Revista de Estudios para el Desarrollo Social de la Comunicación. Universidad de Sevilla. Redes.com N°5. Nievas F. y Bonavena P. (2010) “El miedo sempiterno” en F. Nievas (Comp.) Arquitectura Política del Miedo. Buenos Aires: Ediciones Insumisos Latinoamericanos Pozzi P. Y Nigra F. (2011) La decadencia de Estados Unidos. De la crisis de 1979 a la megacrisis del 2009. Buenos Aires: Ediciones del Signo.

Bibliografía consultada Astarita  R. (2004) Valor, Mercado Mundial y Globalización. Buenos Aires: Ediciones Cooperativas. Cronkite W. (1965) Perspectiva de la Lucha en Vietnam. Nueva York: Pocket Books.

D’Estéfano M. Y More Benítez J. (1968) Viet Nam. Violaciones de Acuerdos internacionales y Crímenes de Guerra. La Habana: Instituto del Libro. Ferguson N., Maier C., Manela E. Y Sargent D. (2010) The Shock of the Global. The 1970s in Perspective. Massachusetts: The Belknap Press of Harvard University Press. Nievas F. (Edit.) (2007) Aportes para una Sociología de la Guerra. Buenos Aires: Proyecto Editorial. Pike D. (1966) (1968) Vietcong. Organización y Técnica del Frente de Liberación Nacional de Vietnam del Sur. Buenos Aires: Editorial Sopena Argentina. Schmitt U. (1988) ²Una nación por tres días. Sonido y delirio en Woodstock“, en U. Schultz (Dir.) en La Fiesta. De las Saturnales a Woodstock. Madrid. Alianza Editorial. Stearman W. (2010) “Lecciones aprendidas de Vietnam” en Military Review,  Mayo-Junio de 2010. Thompson R. (1970) Guerra Revolucionaria y Estrategia Mundial 19451969. Buenos Aires: Editorial Paidós.

 

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971: Ex soldados dan testimonio sobre la guerra

Pesadillas de Vietnam Made in USA

Obrero Revolucionario #1103, 20 de mayo, 2001en rwor.org

El 31 de enero de 1971, la organización Veteranos de Vietnam Contra la Guerra inició la Investigación Winter Soldier: testimonios públicos de más de cien veteranos de Vietnam sobre las atrocidades cometidas en ese país.

Un veterano declaró: “Por estos crímenes de guerra han muerto alrededor de un millón de civiles de Vietnam del Sur, una buena parte de los supuestos 700.000 soldados del Frente de Liberación Nacional y de Vietnam del Norte, y nadie sabe cuántos civiles de Vietnam del Norte, Camboya y Laos. Pero nosotros queremos hacer más. Queremos denunciar quiénes dieron esas órdenes; quiénes crearon esas reglas; quiénes establecieron las reglas de una guerra que rayó en el genocidio total y final”.

El Congreso se vio obligado a publicar los testimonios que siguen en el diario de sesiones Congressional Record, del 5 y 6 de abril de 1971. También salió un video de 110 minutos llamado “Winter Soldier”. Todos los testimonios se pueden conseguir en el website del Sixties Project en
lists.village.virginia.edu/sixties/HTML_docs/Resources/Primary/Winter_Soldier/WS_entry.html

Cerco y aniquilamiento

“Estuve en Vietnam de septiembre de 1968 a septiembre de 1969. En enero de 1969 ejecutamos una barrida. En fila, pasamos por una serie de arrozales y aldeas de la provincia de Guang Nam, que queda justo al sur de Da Nang. Ese día el batallón recibió una orden efectiva ese día y vigente hasta ser cancelada. Nunca fue cancelada en todos los ocho meses que yo estuve ahí, hasta que volví, así que la orden al batallón siempre estaba vigente. Si en una barrida pasábamos por una aldea amiga, y siempre lo hacíamos, y recibíamos una sola bala, no importa lo que fuera, la orden era aplastar esa aldea con la fuerza de todo el batallón. Las palabras precisas eran matar a todo hombre, mujer, niño, perro y gato de la aldea”.

“El puesto de mando recibió una llamada de que supuestamente recibieron fuego de una aldea. Así que el teniente les dijo que hicieran una redada. Hicieron la redada y reportaron que no habían encontrado nada. No encontraron nada, o sea, solo encontraron aldeanos, así que el teniente ordenó quemar la aldea. Yo estaba a unos 240 a 320 metros y tenía una línea de árboles de por medio. Poco después de ver el humo por encima de los árboles, quizás tres minutos después del humo, oí gritos y gran caos en la aldea. Mucha gente comenzó a salir de entre los árboles. Desde mi posición vi apenas dos o tres hombres; el resto eran mujeres y niños. Algunos niños caminaban solos pero otros eran muy pequeños, yo diría de menos de un año, y tenían que ser cargados. La última orden que oí fue la del sargento que ordenó abrir fuego e impedir que avanzaran. Su aldea estaba ardiendo y estaban sobrecogidos de pánico; no pararon, así que aniquilaron a las mujeres y niños con morteros, ametralladoras, tanques…”.

Violación y pillaje

“Fui soldado raso de una compañía de infantería, o sea que éramos como 75 soldados contra la población civil de Vietnam… En varias ocasiones, una en particular, nos sentamos en una colina que tenía importancia estratégica, me imagino. Al fondo había una aldea. Una patrulla de ocho soldados bajamos a la aldea. Entramos a un escondite. Los aldeanos sabían cómo eran los soldados americanos así que naturalmente escondían a las adolescentes. Encontramos una en un refugio de bombas dentro de una especie de sótano de su casa. La sacamos. Seis o siete soldados la violaron frente a su familia, frente a nosotros y a los aldeanos. Ese no fue un incidente aislado; fue el primero que recuerdo. Y recuerdo como 10 ó 15 por lo menos”.

“No son más que gooks

“En la Infantería de Marina el entrenamiento comienza desde el primer día y no termina hasta el licenciamiento. Cuando le dicen algo a uno, ya sea vaya al baño o fúmese un cigarrillo, o cuando uno se va a la cama o tiene tiempo libre para escribir una carta, todo lo comienza o termina con Vietcong o [el insulto] gook o slope, matar, matar, matar. Es lo único que le comunican a uno. Todo se hace con amenazas; si uno no hace algo de la manera debida, le va a pasar esto o lo otro. Si uno va a Vietnam y no mata gooks, le va a pasar esto o aquello. Si uno no defiende la libertad en Vietnam, los gooks van a venir aquí. Van a ir a California. Van a ir a Detroit. Nos van a infestar. Hay que ir a Vietnam, hay que ir a matarlos. Son malvados. Estuve en el hospital. Aun en los hospitales reparten fotos de cadáveres mutilados para demostrar lo que se le hace a los gooks, es divertido hacerle eso a los gooks”.

Basura mortífera

“Nuestros helicópteros, los Cobra artillados y los pequeños helicópteros de observación, realizaban misiones de cerco y aniquilamiento y disparaban contra cualquier cosa, cualquier estructura que vieran. Disparaban contra cualquier estructura; contra cualquier persona, podían ser hombres, mujeres, niños y hasta ancianos, y no importaba si estaban armados o no. Disparaban contra el ganado y destruían los depósitos de alimento. Destruían cualquier cosa que no fuera de la naturaleza… Ponían explosivos en los basureros para que explotaran cuando los escarbaran hombres, mujeres o niños hambrientos”.

El conejo de Rambo

“En la ciudad Quang Tri también tenía un amigo que trabajaba para USAID (Agencia para el Desarrollo Internacional) y era agente de la CIA. Solíamos beber juntos y él me contaba de sus viajes a Laos en la aerolínea Air America y cosas por el estilo. Una vez me preguntó si no quería acompañarlo para observar. Era asesor de un grupo del ARVN (soldados de Vietnam del Sur) y del escuadrón Kit Carson… Así que fui con él y cuando llegamos los ARVN tenían la situación bajo control. No encontraron ningún enemigo pero sí una mujer vendada. Así que la interrogaron seis ARVN y el interrogatorio constaba de tirarle tiros. Le metieron como 20 balas. Después del interrogatorio, cuando ya estaba muerta, por supuesto, un ex mayor que estuvo en el ejército 20 años y después se metió a USAID, le arrancó la ropa, sacó un cuchillo, le hizo un corte de la vagina hasta poco más arriba de los senos, le arrancó las entrañas y las tiró. Después se arrodilló y se puso a despellejarla entera. La dejó ahí como una advertencia… Puedes preguntarle a los infantes de Marina que fueron a Vietnam: el último día del Campamento Pendleton, donde tienen la última etapa de entrenamiento en Estados Unidos, los batallones reciben una pequeña lección que se llama la lección del conejo. El suboficial a cargo sale con un conejo y da una charla sobre fuga, evasión y supervivencia en la selva. Todo el tiempo acaricia el conejo y para cuando los soldados se encariñan con él, bueno, no encariñados, pero ahí son compasivos, el suboficial le parte el pescuezo, lo despelleja y le arranca las entrañas. Lo mismo que le pasó a la vietnamita le hace al conejo y luego le arroja las entrañas al público. Pueden pensar lo que quieran de esa historia, pero esa es la última lección que dan en Estados Unidos antes de partir para Vietnam. Matan un conejo, lo despellejan, le arrancan los órganos como si fueran basura y los tiran por todas partes; al día siguiente los soldados suben al avión que los lleva a Vietnam”.

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Este artículo se puede encontrar en español e inglés en La Neta del Obrero Revolucionario en:
rwor.org

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Winter Soldier (1972) – VVAW

 

Artículo publicado el 20 de octubre de 2010 en:
 

Qué me tragué: Winter soldier (1972) de VVAW (Vietnam Veterans Against the War). Testimonios de soldados que, tras volver de Vietnam, se unen en un acto para contar sus experiencias sobre las atrocidades que allí acontecieron.

Porqué: porque la ponían en la Filmoteca de Madrid en un pase especial de Reencuentros Internacionales.

Qué tal digestión hice: Buena. La operación Winter Soldier es una investigación que se llevó a cabo para determinar los abusos por parte de los soldados americanos a la población vietnamita durante el conflicto bélico en el país asiático. Es un documental muy duro por las cosas que cuenta (apenas hay imágenes de la guerra). Son declaraciones ante un micrófono de soldados de bajo rango (a lo sumo tenientes) que volvieron de Vietnam y recapacitaron sobre las torturas y asesinatos que allí presenciaron (llevaron a cabo ellos mismos). En muchas de las declaraciones surgen las lágrimas porque el dolor es reciente y la emoción, grupal, aunque en general mantienen el tipo aún narrando auténticas atrocidades. Las dramáticas historias surgen de las gargantas quebradas de los protagonistas sobre mujeres violadas y niños lapidados. Y una idea que queda clara: Todo amarillo muerto era del vietcong (tanto si lo era como si no). Resumiendo, un documental más que necesario para entender la atrocidad de la guerra moderna, los orígenes del odio global y la ignorancia como motor del miedo. Y no sólo es un asunto que se circunscribe a la guerra de Vietnam; este es un documental que podría ser de total actualidad situándolo en Abu Graib lo cual nos induce a pensar que la historia se repite y no por ser de mayor calado mediático ha de ser más violento.
Me quedo con la reflexión de un joven veterano que cuenta cómo una señora se encaró con él cuando regresó y su opinión era diferente. Le dijo: ¿No se te cae la cara de vergüenza por lo que hiciste? / El tipo dice que respondió: Mire señora, cuando yo fui enviado a la guerra tenía 19 años y me habían lavado el cerebro. Usted tenía 37 y eligió con su voto a quienes me enviaron a mí a Vietnam, ¿quién es más responsable?

Qué hubiera dicho mi madre: Se quitan un poco de responsabilidad, ¿no? ¿Cómo es que no se enteraban de lo que hacían? ¿Les parecía bien matar a un niño y reírse? Es que esta gente no sé que se piensa de la vida…

 

 

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Winter Soldier (1972)

Winter Soldier (1972)

 
Winter Soldier Poster
For three days in 1971, former US soldiers who were in Vietnam testify in Detroit about their war experiences. Nearly 30 speak, describing atrocities personally committed or witnessed, …See full summary »
 

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Oh Camil ~ Winter SOldier by Graham Nash
 
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[1] Nievas F. (2009) “Sociología de la Guerra” en Redes. Revista de Estudios para el Desarrollo Social de la Comunicación. Universidad de Sevilla. Redes.com N°5. Pp. 25-47.

[2] Marcuse H. (1967) (1986) El final de la Utopía. Barcelona: Editorial Planeta-De Agostini. Pág. 150.

[3] Marcuse H. (1967) (1986) El final de la Utopía. op. cit. Pág. 32.

[4] Marcuse H. (1967) (1986) El final de la Utopía. op. cit. Pág. 32.

[5] Marcuse H. (1986) Ensayos sobre Política y Cultura. Barcelona: Editorial Planeta-De Agostini.

[6] Nievas F. y Bonavena P. (2010) “El miedo sempiterno” en F. Nievas (Comp.) Arquitectura Política del Miedo. Buenos Aires: Ediciones Insumisos Latinoamericanos. Pp. 2148.

[7] Levy Martínez A. (2012) “Las FARC en Colombia. Reflexión sobre el período de La Tregua Política y su violenta destrucción” en el portal Cedema: Centro de Documentación de los Movimientos Armados. http://www.cedema.org/ver.php?id=4845 [consultado en octubre de 2013]

[8] Allen J. (2005) “Vietnam: The War the U.S. Lost:. From Quagmire to Defeat” en international Socialist Review N° 40. Marzo-Abril http://www.isreview.org/issues/40/ vietnamIII.shtml [consultado en octubre de 2013]

[9] Marcuse H. (1967) (1986) El final de la Utopía. op. cit. Pág. 148.

[10] Marcuse H. (1967) (1986) El final de la Utopía. op. cit. Pág. 149.

[11] Marcuse H. (1967) (1986) El final de la Utopía. op. cit. Pág. 54.

[12] Pozzi P. Y Nigra F. (2011) La decadencia de Estados Unidos. De la crisis de 1979 a la megacrisis del 2009. Buenos Aires: Ediciones del Signo. Pág. 67.

[13] Pozzi P. Y Nigra F. (2011) La decadencia de Estados Unidos. De la crisis de 1979 a la megacrisis del 2009. op. cit. Pág. 67.

[14] Geier J.  (2000) “Vietnam: The Soldier’s Revolt” en international Socialist Review, N° 09, Agosto-Septiembre  http://isreview.org/issues/09/soldiers_revolt.shtml [consultado en octubre de 2013]

[15] Geier J.  (2000) “Vietnam: The Soldier’s Revolt” op. cit.

[16] Cererols G. (s/d) ¡¡¡SH!!!  DE ESO NO SE HABLA: La rebelión de los soldados norteamericanos en Vietnam Observatorio de Conflictos <http://ar.geocities.com/obserflictos> consultado en octubre de 2013.

[17] Cererols G. (s/d) ¡¡¡SH!!!  DE ESO NO SE HABLA: La rebelión de los soldados norteamericanos en Vietnam op. cit.

[18] Allen J. (2005) “Vietnam: The War the U.S. Lost:. From Quagmire to Defeat” op. cit.

[19] Pozzi P. Y Nigra F. (2011) La decadencia de Estados Unidos. De la crisis de 1979 a la megacrisis del 2009. op. cit. Pág. 66

[20] Fonseca C. (2004) La Revolución Sandinista. Buenos Aires: Ediciones Nuestra Propuesta. Pág. 22.

[21] Esta analogía me la hace notar mi amigo el Lic. Marcelo Summo.

[22] Pozzi P. Y Nigra F. (2011) La decadencia de Estados Unidos. De la crisis de 1979 a la megacrisis del 2009. op. cit. Pág. 270.

[23] Clausewitz, K. (2004). De la Guerra. Libro ii. Buenos Aires: Agebe. Pág. 83.

 

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