¡HACED UNA REVOLUCIÓN!, por D. H. Lawrence

Leí con mucha vergüenza lo del Bocado de pan y el Fondo de ayuda a los mineros. Es una cosa muy bonita para hacerles vivir de la caridad y de las migajas del pastel, cuando lo que necesitan es una independencia humana.

Es hora de que se haga una revolución verdadera. No para instalar a los sóviet, sino para dar la oportunidad de vivir. ¿De qué sirve un sistema industrial que sólo acumula desperdicios y no deja vivir a nadie?

Nos hace falta una revolución, no en nombre del capital, ni del obrero, sino en nombre de la vida. Y que el dinero y el trabajo sean tan casuales en la vida humana, como lo es en la de los pájaros, condenado sea.

¡Oh, es hora de que todo cambie! Y los hombres tienen que hacerlo. Será necesario aplastar el dinero y este sucio espíritu posesivo. Cada minuto que pasa me vuelvo más revolucionario. Pero por la vida.

El materialismo muerto del socialismo de Marx y de los sóviet, no me parece mejor que lo que tenemos. Lo que necesitamos es vida y confianza. Los hombres confiando en los hombres y haciendo de la vida una cosa libre, y no una cosa que deba ser ganada.

Pero si los hombres confiaran en los hombres, muy pronto tendríamos un mundo nuevo, y mandaríamos este al diablo.

Ahí va un mensaje, tal vez demasiado fuerte para usted. Pero la suciedad del espectáculo, la injusticia -hay que ver a los ingleses ricos, aquí en la Riviera hay miles-, me da náuseas. Los hombres no pueden soportar la injusticia.

Feliz año nuevo.

Carta a Charles Wilson

 

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DH Lawrence con Aldous Huxley, 1929

 

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UNA SANA REVOLUCIÓN

 

Si haces una revolución, hazla alegremente,

no la hagas lívidamente serio,

no la hagas mortalmente serio,

hazla alegremente.

No la hagas porque odias a la gente,

hazlo sólo para escupir en sus ojos.

No la hagas por dinero, hazla y condena el dinero.

No la hagas por la igualdad,

hazla porque tenemos demasiada igualdad,

y va a ser gracioso sacudir el carro de las manzanas

y ver por qué lado se irán estas rodando.

No la hagas por las clases trabajadoras.

Hazla de tal modo que todos podamos ser

nuestra propias y pequeñas aristocracias.

Y patear como asnos fugitivos alegremente el suelo.

No la hagas, de todos modos, para la Internacional del Trabajo.

El trabajo es aquello de lo cual el hombre ha tenido bastante.

¡Eliminémoslo, acabemos con eso!

¡El trabajo puede ser agradable, y los hombres gozarlo!

Y entonces no es trabajo.

¡Tengamos eso! ¡Hagamos una revolución para divertirnos!

 

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Louie Burrows y David Herbert Lawrence

 

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D.H. Lawrence & Frieda, obra del propio Lawrence

 

Saludos de año nuevo para los hombres de Wellington (1.929)

 

POR EL AMOR DE DIOS…

Por el amor de Dios seamos hombres,

y no monos que cuidan las máquinas,

o se sientan sobre las colas arrolladas

mientras las máquinas nos divierten: radio, cine o gramófono,

monos con dulces gestos en nuestras caras.

¡OH! ¡HACED UNA REVOLUCIÓN!

¡Oh! ¡Que alguien haga una revolución!

No para conseguir dinero,

sino para perderlo hasta la eternidad.

¡Oh! ¡Que alguien haga una revolución!

No para consolidar las clases obreras,

sino para abolirlas eternamente,

y conseguir un mundo de hombres.

O LUCHAR O MORIR.

Es cuestión de luchar o morir.

Jóvenes, no tenéis escapatoria.

inútil es preguntar el porqué,

es cuestión de luchar o morir,

morir, morir, morir, cobardemente,

o luchar y hacer volar en astillas,

hacer saltar el sagrado pastel de manzana.

No tenéis escapatoria.

No digáis que no, comenzad a hacer,

dad reposo a la dulce hipocresía,

y aplastad a la enorme mosca que anda entre la carne,

la mosca

del dinero; hacedlo o pereced.

No tenéis escapatoria.

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H. LAWRENCECorrespondencia, recopilada por Aldous Huxley
 
 
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Muerte de un canguro, de D.H. Lawrence
 
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David Herbert Richards Lawrence (Eastwood, Inglaterra; 11 de septiembre de 1885-Vence, Francia; 2 de marzo de 1930) fue un escritor inglés, autor de novelas, cuentos, poemas, obras de teatro, ensayos, libros de viaje, pinturas, traducciones, y críticas literarias.

Su literatura expone una extensa reflexión acerca de los efectos deshumanizadores de la modernidad y la industrialización, y abordó cuestiones relacionadas con la salud emocional, la vitalidad, la espontaneidad, la sexualidad humana y el instinto Las opiniones de Lawrence sobre todos estos asuntos le causaron múltiples problemas personales: además de una orden de persecución oficial, su obra fue objeto en varias ocasiones de censura; por otra parte, la interpretación sesgada de aquella a lo largo de la segunda mitad de su vida fue una constante. Como consecuencia de ello, hubo de pasar la mayor parte de su vida en un exilio voluntario, que él mismo llamó «peregrinación salvaje».

Aunque en el momento de su muerte su imagen ante la opinión pública era la de un pornógrafo que había desperdiciado su considerable talento, E. M. Forster, en un obituario, defendió su reputación al describirlo como «el novelista imaginativo más grande de nuestra generación». Más adelante, F. R. Leavis, un crítico de Cambridge de notoria influencia, resaltó tanto su integridad artística como su seriedad moral, lo que situó a buena parte de su ficción dentro de la «gran tradición» canónica de la novela en Inglaterra. Con el tiempo, la imagen de Lawrence se ha afianzado como la de un pensador visionario y un gran representante del modernismo en el marco de la literatura inglesa, pese a que algunas críticas feministas deploran su actitud hacia las mujeres, así como la visión de la sexualidad que se percibe en sus obras.

https://es.wikipedia.org/wiki/D._H._Lawrence

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FOTO PORTADA: D.H. Lawrence con Frieda Weekley, su esposa, en Chapala, Mexico, en 1923

 

 

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