El mensaje de Alain Badiou a la juventud, por Gabriel Moreno González

El procés: psicología de masas en el siglo XXI

Por Joseba Achotegui

 

Es un clásico en psicología el planteamiento de que los grupos, las masas, tienen un funcionamiento mucho más primitivo e irracional  que el que tienen las personas una a una, individualmente,  que se considera que tienden a comportarse de modo más lógico y  analítico.

Pues bien, esta diferenciación está saltando por los aires en la sociedad actual en la que la distancia entre el individuo y el grupo, es cada vez menor, cada vez hay menos intimidad.  A través del whatsapp, de las redes sociales, de la permanente recepción de “información” desde nuestros grupos de referencia, cada vez estamos más inmersos en el grupo. Esto lo hemos vivido en Catalunya de modo intensísimo estas últimas semanas.

Y si al fin tenemos un momento para estar con nosotros mismos  y poder pensar por nuestra cuenta y riesgo, la característica de invasividad que tienen las redes sociales nos impide realmente saber qué sentimos o qué pensamos acerca de la realidad, en este caso, el procés .  Vivimos en un contexto en el que hay una interrupción sistemática y continua de  la cadena del pensamiento, el curso del pensamiento, algo fundamental para realizar mínimamente bien cualquier análisis, cualquier valoración de la realidad, máxime si es una realidad compleja, como en este caso.  No es extraño que en este contexto, la venta de libros haya caído un 20%, como nos están señalando las librerías. Todo esto recuerda a los funcionamientos sectarios, estructurados para quebrar toda resistencia a la crítica del individuo, para controlar su mente, lograr que no salga de la burbuja.  ¡Y pobre del disidente!

Además, en la sociedad del siglo XXI se nos ha adoctrinado machaconamente en la idea de que la emoción y la intuición son las mejores guías de nuestra conducta y que la razón es una antigualla, algo pasado de moda, que ya hoy no se lleva, y que requiere además esfuerzo.  Y en relación al procés no es extraño oír a personas que te dicen que todo este tema  les produce una gran emoción, “les pone” y que si así se encuentran muy a gusto no  tienen por qué plantearse nada más.  Están viviendo a tope esta “experiencia”. Su guía es la emoción, lo demás, es secundario.

No es fácil para nadie pensar  en medio de este aluvión de presiones emocionales, en un contexto con frecuencia de informaciones sesgadas, postverdades cuando no directamente mentiras, vídeos trucados, intoxicaciones, e informaciones convertidas en reality shows. Todo ello en el  marco de un  modelo social narcisista , en el que el lenguaje  se basa en hablar de humillaciones, afrentas, ultrajes, orgullo…

De todos modos, como era de esperar, este tsunami de emociones también ha comportado que muchas personas lo estén pasando mal, se encuentren enfadadas y tristes ante tantos conflictos personales y tanta manipulación. Y también ha habido muchas personas que han tenido que pedir ayuda psiquiátrica, incluso conozco algún caso que ha acabado en el mismísimo manicomio.

 

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Manifestantes con camisetas blancas y sin banderas el 7 de octubre 2017 en la Plaza Sant Jaume de Barcelona

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El mensaje de Alain Badiou a la juventud

Por Gabriel Moreno González

 

Articulo publicado el día 18 DE OCTUBRE DE 2017 en:
 
 
La alternativa no está en la defensa a ultranza del capitalismo neoliberal, ni en el regreso a la seguridad de la tribu conservadora, sino en la construcción de un hasta ahora desconocido marco de simbolización en el que no reine la falsa vida
 
 
Alain Badiou, en una imagen de 2012.

“Tengo 79 años. ¿Por qué debería preocuparme hablar sobre la juventud? ¿Y por qué debería, además, preocuparme por hablar sobre la juventud a los jóvenes mismos?”. Así empieza The True Life, el interesante mensaje y alegato que el conocido filósofo francés, Alain Badiou, dirige a las nuevas generaciones desde la altura de su consciente ancianidad.

Vivimos un mundo de riesgos, incertidumbre e inestabilidad, un mundo repleto de problemas globales que sólo logran encontrar débiles respuestas locales en medio de sociedades anestesiadas en la monotonía ordinaria. La pasión por lo político, por la defensa del interés general y de la comunidad, parece haberse diluido en un mar de consumismo, nihilismo y, sobre todo, indiferencia.

SI A LA INEXISTENCIA DE RITOS SOCIALES DE INICIACIÓN A LA MADUREZ LE UNIMOS EL CULTO GENERALIZADO A LA FRESCURA DE LA JUVENTUD Y A LO SALUDABLE QUE ACOMPAÑA TODO CONSUMISMO FRENÉTICO, LA DESORIENTACIÓN ESTÁ ASEGURADA

Placer, dinero y poder: la tríada que ha presidido las acciones humanas sigue en su trono milenios después de la muerte de Sócrates. Con el maestro de Platón comienza Badiou, precisamente, su mensaje, pues el de Atenas se suicidó tras la condena por “corromper a la juventud”. Pero no la “corrompió” sobre las pretensiones de sexo, de poder o de riquezas….sino por intentar enseñarles que hay algo mejor más allá de esa tríada, que vale la pena vivir esta vida y disfrutarla.

Badiou aquí, reinterpretando a Sócrates, considera que existen dos caminos antagónicos a la verdadera vida y que nos llevarían, cualquiera que fuera el elegido, a una falsa y condenable por nadar en la vacuidad. Sendos caminos que, además, son los que se presentan a los jóvenes cuando, desde la cortedad aún de sus (nuestras) existencias, intentan proyectar hacia el futuro lo que será de ellas.

El primero de estos senderos o conjuntos de opciones viene constituido por lo que el francés llama el “nihilismo inmediato”, la pasión por quemar la vida en un cúmulo intermitente de “momentos”. Fotos en Instagram, una aventura de una noche, la suave complacencia de miles de likes, la arrogancia del que se cree algo y no es sino trivialidad condensada…El materialismo de la nada.

El segundo, por su parte, vendría motivado por pretensiones justamente contrarias. El deseo de planificar la vida haciendo tabula rasa, precipitada, del futuro; la búsqueda incesante de la estabilidad y el prestigio social, del éxito y la tranquilidad de un matrimonio, una casa, un coche y un perrito. El materialismo aquí giraría en torno al solipsismo del reconocimiento en sociedad y de la asunción de la pasividad y complacencia necesarias para escalar en la pirámide del prestigio y el sosiego.

Entre estos dos conjuntos alternativos, pues, dice Badiou que se mueven los deseos de la juventud occidental hoy. Pero tales caminos no se dan sin un contexto, sin una base previa de la que puedan partir, y es aquí donde cree el filósofo que reside la verdadera causa de la falsedad de nuestras (posibles) vidas como jóvenes. Tras la eliminación del servicio militar, la difuminación del valor del matrimonio y de la disciplina, no existen ya ritos sociales de iniciación a la madurez. Si a ello le unimos el culto generalizado a la frescura de la juventud y a lo saludable que acompaña todo consumismo frenético, la desorientación está asegurada. El paro, la falta de referencias, la inestabilidad y la ausencia de valores nutren el punto de partida del que tienen que servirse las nuevas generaciones para tomar uno de los caminos que se le abren, y cualquiera de sus decisiones estará condicionada por ese sustrato de inseguro infantilismo. La caída del mundo de la tradición, de los procedimientos que aseguraban el tránsito de la pubertad a la madurez, junto al intrépido individualismo y atomización capitalista, hacen de los jóvenes experimentos de eterna puerilidad, sujetos incapaces de tomar decisiones ni de sufrir por sus consecuencias. Una miríada de psicopedagogos y orientadores sociales les sirven para atenuar sus inquietudes, pero éstas siempre se alternarán en medio de la inestabilidad de un mundo sórdido que parece ofrecer, únicamente, dos caminos antagónicos que son contrarios, al mismo tiempo, a la verdadera vida.

O el nihilismo y la ordinariez de la rutina, o la creación de un nuevo mundo y de unos nuevos horizontes. Recuperar la ilusión por el compromiso público y por la renovación de los valores sociales, crear (¡crear, sí!) una nueva tradición en la que converjan las virtudes que nos han legado los siglos. La alternativa no está en la defensa a ultranza del capitalismo neoliberal actual a lo Fukuyama, ni en el regreso al grupo y a la seguridad de la tribu conservadora (Trump, FN, Orbán…), sino en la construcción de un hasta ahora desconocido marco de simbolización en el que no reine la falsa vida. “La revelación – dice Badiou- de que sois capaces de mucho más de lo que pensáis que sois puede ocurrir cuando tomáis parte en un movimiento por una nueva idea de vida colectiva; cuando sentís las primeras agitaciones de una vocación artística porque habéis sido conmovidos profundamente por un libro, una obra de música o una pintura…”. Alternar en un mismo proyecto la inmediatez y la planificación, la construcción y la destrucción, la extraña lucidez de la locura (¡Ya no hay locos!) y su elogio. La vía intermedia entre los dos caminos descritos, la vía de la virtud del justo medio. Pero no tienen los jóvenes, dice Badiou, que elegir simplemente la equidistancia entre los dos senderos que se bifurcan sobre el futuro, sino que deben agarrar las riendas de un futuro que los supere y los transforme. Un nuevo auriga de Delfos, no el mismo de siempre tamizado de la moderación de lo apolíneo frente a lo dionisíaco.

En esto puede consistir la vida verdadera preconocida por Sócrates, en un permanente “abandonar” y “construir” que pilote una juventud renovada en su ilusión por un mundo mejor, más justo e igualitario, donde lo colectivo y lo político no sean objeto de apropiación por unos pocos, sino el resultado de un proyecto común fundado en la fuerza creativa de la cultura; de nuestra conciencia social, en definitiva, de ser y estar en un mundo que puede ser, a pesar de todo, el mejor de los mundos posibles.


 

AUTOR: Gabriel Moreno González. Investigador en Derecho Constitucional. Universitat de València.

 

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 PORTADA: “La Escuela de Atenas”,  Rafael Sanzio (1512)
  
 
 

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