PROPONER SIN INSULTAR // Cataluña y el “1-O”, con Isabel Coixet, Joaquim Bosch y García Pedrajas

Luchemos por nuestros sueños, no contra los sueños de otros

Debemos evitar el insulto como fundamentación del discurso político. El discurso político ha de ser positivo, ha de versar sobre las propias ideas; cuando se convierte en discurso negativo, cayendo en el insulto, en realidad no es un discurso que propone, sino una crítica destructiva, incapaz de suscitar, ya no la adhesión de aquellos a los que se dirige, sino ni siquiera el debate, sustituido por un posicionamiento ajeno a cualquier construcción.

Y por eso un buen articulo -se comparta o no su tesis- como el que hoy publicamos, de Nicolás García Pedrajas, en nuestra opinión, queda mermado por el recurso al insulto, que dificulta el diálogo; y por ello, el acuerdo. No es momento para enrocarse en “tu” razón, sino para compartir y dialogar sobre razones con los demás. Y, en su caso, criticarlas proponiendo alternativas. Proponer. Sin descalificar. Porque para salir del trance en que nos encontramos, hacen falta todas las manos. Es la separación de la clase trabajadora (la clase de quienes no son propietarios de los medios de producción que utilizan para ganarse el sustento, cualquiera que sea su nivel de renta, e incluyendo el “ejército de reserva” de desempleados) en grupúsculos enfrentados entre si, lo que permite el dominio de los muy pocos sobre todos nosotros. Es el último asidero del capitalismo, que rueda hoy, desenfrenado, hacia el Fascismo, como la forma de Gobierno, sino de Estado, que le es más propia.

Antes, reproducimos un esclarecedor y fundamentado artículo acerca de la Proporcionalidad -en realidad, su ausencia- de la actuación policial en Cataluña, en relación con el “1-O”, del que es autor un Ilustrísimo Señor; el Magistrado Joaquim Bosch Grau.

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Tierra de nadie

Me hallo en un lugar silencioso en el que están muchos y en el que no suenan himnos ni gritos ni proclamas, en donde el aire solo mueve banderas blancas

 

 Artículo de Isabel Coixet publicado en elpais.com:
 

Escribo esto con la cara encendida. No de vergüenza, sino de rabia. Dos individuos con banderas esteladas atadas al cuello me han increpado gritándome en la puerta de mi casa llamándome “fascista”…”¡debería darte vergüenza!”. Yo bajaba a pasear al perro y a reciclar plásticos y al principio, como era temprano y estaba medio dormida porque no he pegado ojo en toda la noche, no creí que hablaban conmigo y he seguido mi camino. Seguían gritándome y me he vuelto con una tranquilidad que aún ahora dos horas después me asombra y les he dicho: “¿Pero no os da a vosotros vergüenza decirme esto a mí sin conocerme?”. Han continuado con sus gritos. El perro tiraba de mí. Me he alejado.

He tirado los plásticos al contenedor. He continuado caminando en shock. Poco a poco, una rabia sorda, malsana se ha apoderado de mí. Desde hace meses, años quizás, si contamos el momento en que firmé el manifiesto del Foro Babel (que pedía un bilingüismo real), los insultos y las descalificaciones a los que, como yo, no seguimos el pensamiento único del independentismo y manifestamos nuestro desacuerdo han sido constantes. Y estos últimos meses el odio que hemos suscitado está alcanzando cotas inusitadas.

Hasta ahora, se circunscribían al linchamiento mediático y yo personalmente las resolvía no teniendo Facebook ni Twitter (este último me lo hackearon, igual que me han hackeado mi WhatsApp atribuyéndome un texto que yo no he escrito), aunque siempre hay alguien que te cuenta la marea negra de basura que te echan encima, pero esta es la tercera vez que me gritan fascista en lo que va de semana (la primera que contesto) y hay algo en mí que se está rompiendo. Me doy cuenta con una claridad espeluznante que, pase lo que pase, no hay sitio para mí ni para nadie que se atreva a pensar por su cuenta en este lugar que me ha visto nacer, que hoy será esto, ayer fue el insulto a gente de mi familia, anteayer, a amigos cuyos amigos critican sin ambages que sigan considerándonos amigos y mañana será algo peor.

Nunca creí que el precio a pagar por decir con respeto y con honestidad lo que uno piensa iba a ser tan alto.

 

No importa que condenes absolutamente la brutalidad policial o que pidas (ya desde mucho antes que todo esto pasara) la dimisión inmediata de Rajoy. Como a la vez que condenas el comportamiento del Gobierno, no condonas la actuación del Govern, inmediatamente eres un enemigo, fascista, fascistoide, franquista, la hez. Y piensas en todo el miedo que se ha instalado como esporas en la piel de los que callan y en secreto vienen a decirte que están contigo, que te agradecen lo que haces, que ni en la intimidad del hogar pueden hablar para que los niños no les oigan y en el cole no se metan con ellos. No hablo de anécdotas: esta es la realidad que vivimos los de aquí. La fractura pasmosa de una sociedad que convivía en paz y sin temores, con diferencias lógicas de opiniones y valores y criterios, pero con respeto.

 

Mientras pienso todo esto, me voy tranquilizando y veo que, después de todo esto es una insignificancia; que ahora mismo en el mundo hay hombres y mujeres sufriendo toda clase de bajezas, calamidades y humillaciones espantosas. Que el mío, el de otros como yo, es un problema del primer mundo. Recurro, como en muchas ocasiones, a minimizar lo que me pasa para no alimentar más el monstruo del odio que no me haría diferente de los que me insultan. Nunca creí que el precio a pagar por decir con respeto y con honestidad lo que uno piensa iba a ser tan alto. Y sin embargo, no cambiaría por nada esta seca y silenciosa tierra de nadie en la que me hallo, en la que sé que muchos nos hallamos, en la que no suenan himnos ni gritos ni proclamas, en donde el aire solo mueve banderas blancas que susurran al viento “socorro” con la vana esperanza de que alguien, en algún lugar, alguna vez, antes de que sea demasiado tarde, las escuche.

 

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¿Fue proporcionada la actuación policial del 1-0?

Por Joaquim Bosch Grau

Artículo publicado el Jueves, 05/10/2017 en elperiodico.com:
 
 

 

La reacción proporcional consistía en documentar lo sucedido y continuar el trámite de las acciones penales contra los promotores del referéndum

 

El 1-O quedará marcado por una intervención policial muy cuestionada, tanto en nuestro país como fuera de nuestras fronteras. Resulta relevante analizar las cargas ordenadas a las fuerzas de seguridad. Debe recordarse que la magistrada instructora acordó que los agentes debían actuar contra la celebración del referéndum “sin afectar la normal convivencia ciudadana”. También ordenó requisar el material que acreditara la ejecución de la consulta, en el marco de un proceso contra miembros del Govern por desobediencia, prevaricación y malversación.

Algunas opiniones erróneas creen que cualquier ilegalidad merece el uso de la fuerza policial, pero esta solo se aplica en situaciones excepcionales. El ordenamiento jurídico dispone de abundantes mecanismos de reacción ajenos a la violencia institucional legítima. Resulta evidente que la policía no golpea a nadie por la mera comisión de delitos de corrupción, por estafa o contra la seguridad vial, entre muchos otros.

El uso de la fuerza queda reservado a supuestos en los que concurran riesgos relevantes para bienes jurídicos. El artículo 5-2 de la Ley de Fuerzas y Cuerpos de Seguridad indica que los agentes “deberán actuar con la decisión necesaria, y sin demora cuando de ello dependa evitar un daño grave, inmediato e irreparable; rigiéndose al hacerlo por los principios de congruencia, oportunidad y proporcionalidad en la utilización de los medios a su alcance”. Por otro lado, el artículo 13 de las Normas Básicas de las Naciones Unidas sobre uso de la fuerza policial, señala que “al dispersar reuniones ilícitas pero no violentas, los funcionarios encargados de hacer cumplir la ley evitarán el empleo de la fuerza o, si no es posible, lo limitarán al mínimo necesario”.

La proporcionalidad supone un equilibrio entre los medios empleados y los fines perseguidos. Por ello, la intervención policial no puede ocasionar males superiores que los que pretende evitar.

Más de 800 heridos

En el contexto de la consulta del 1-0 no parecen proporcionadas las cargas contra manifestantes que se comportaban pacíficamente y que provocaron más de 800 heridos. La acción policial adecuada requería apartar a las personas, con la fuerza mínima necesaria, en los términos expresados, para incautarse de materiales del referéndum. Y, si ello fuera imposible, ante el elevado número de congregados, no debió optarse por cargas violentas con material antidisturbios. Debe valorarse que entre las multitudes había niños, ancianos y personas con todo tipo de situaciones. El reproche de que fueron instrumentalizados como escudos humanos puede esgrimirse en el ámbito político, pero no legitima los daños personales causados. En todo caso, aquí no se critica a los agentes por su actuación, pues se limitaban a cumplir órdenes, sino que se plantean dudas sobre las directrices cursadas por los órganos políticos.

Los delitos de desobediencia, prevaricación y malversación ya se habían consumado cuando se producen las cargas, por lo que eran superfluas

La finalidad de actuar contra un referéndum manifiestamente contrario al ordenamiento vigente tampoco autoriza una operación policial desmesurada. Y ello porque los delitos de desobediencia, prevaricación y malversación ya se habían consumado cuando se producen las cargas, por lo que resultaban superfluas.

Una concentración pacífica

Además, no nos encontramos ante la posible comisión de un atentado terrorista o ante conductas que ponen en peligro a personas o bienes ajenos, que fundamentarían con claridad el uso imprescindible de la fuerza policial. En el juicio de proporcionalidad, habremos de ponderar que la integridad física de las miles de personas que estaban concentradas de forma pacífica parece pesar bastante más que una actuación innecesaria contra un referéndum que ya había sido invalidado jurídicamente y desarticulado logísticamente. La reacción proporcional consistía en documentar lo sucedido y continuar el trámite de las acciones penales contra los promotores del referéndum.

Precisamente, la imposibilidad de dispersar de forma proporcionada a cientos de miles de personas nos demuestra la quimera de enfocar esta situación con medidas únicamente policiales. Y ello porque estamos ante un conflicto esencialmente político. Sin embargo, el gobierno no ha optado hasta ahora por buscar soluciones políticas y ha preferido una respuesta estrictamente policial, que ha evidenciado sus limitaciones. No puede sorprendernos la profunda preocupación de los medios internacionales, de dirigentes de numerosos países, del Consejo de Europa y del comité de derechos humanos de la ONU. Ni tampoco sus sensatos llamamientos al diálogo.

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Pineda de Mar, Norte de Barcelona, 5 de octubre de 2017. REUTERS/Albert Gea

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Cataluña: Una, gran i lliure… o una unidad de destino, como prefieran.

Por Nicolás García  Pedrajas

Artículo de Nicolás García Pedrajas publicado en agendaroja.org:
 

Escribió Marx hace ya un siglo que “la historia ocurre dos veces: la primera vez como tragedia y la segunda como farsa”, y observando el espectáculo de la aprobación de la ley del referéndum de Cataluña en el Parlament no podemos dejar de recordar a Marx y lo acertado de su apreciación. Viendo a los representantes de la burguesía de una de las regiones más ricas de España junto a los progres de ERC y los “revolucionarios” de salón de la CUP levantando el puño y entonando “El segadors” mientras la ensalada de Catalunya Sí que es pot se pone de perfil es difícil imaginar algo más esperpéntico. Que estos pequeños burgueses pretendan vender su independencia como un ejercicio de liberación del yugo opresor español es sin duda una gran farsa.

Esta farsa se torna más penosa cuando se ve la vergonzosa actitud de una parte importante de la izquierda[1] política de España. Que la oligarquía y las clases altas de una región rica quieran independizarse del resto de un país para no compartir su riqueza no es nada nuevo. Ya ocurre en Milán con la Liga Norte o en Bolivia con la región de Santa Cruz. La burguesía de estas regiones más ricas siempre ha sido insolidaria y supremacista rayando en el racismo. Lo vergonzoso es que la izquierda cobarde no sea capaz de denunciarlo y se comporte con sumisión ante el avance del egoísmo nacionalista catalán.

En el primer error que cae la izquierda es el haber confundido a Cataluña con los independentistas. Los estudios sociológicos demuestran que el independentismo se enraíza fundamentalmente en las clases altas y en la parte más acomodada de las clases medias. Las clases trabajadoras están muy ajenas a ello. Supongo que porque los trabajadores catalanes saben perfectamente que mover el centro de poder a la oligarquía catalana les va a servir de poco. Como esta clase social burguesa tiende a sentirse el centro del universo y ha conseguido monopolizar el espacio político de lo que era la izquierda, también ha conseguido que se identifique a Cataluña con sus intereses. Este primer gran error hace que la izquierda se haya vuelto testimonial en Cataluña y haya sido sustituida por los “progres” oportunistas de ERC y Catalunya Sí que es pot o los tontos útiles de la CUP.

Con un enorme complejo de inferioridad y paralizada por el miedo a ser acusada de estar contra la democracia, la izquierda no es capaz de tener una voz propia. Y eso a pesar de que los estudios sociológicos dejan claro que la clase trabajadora catalana no es independentista. Cayendo en el fetichismo del referéndum ha renunciado a cualquier defensa de la clase trabajadora catalana y del resto de España. Primero reconociendo un absurdo como el “derecho a decidir”, algo que no tiene pies ni cabeza desde el punto de vista jurídico. Segundo aceptando el “derecho de autodeterminación” en el caso catalán, a pesar de que resulta ridículo. El derecho de autodeterminación está reconocido en la legislación internacional para el caso de colonias o minorías oprimidas. Hay que ser muy hipócrita o muy ignorante para pensar que Cataluña se puede encuadrar dentro de cualquiera de las dos categorías[2]. Nunca la izquierda puede apoyar el derecho de autodeterminación basado en los intereses económicos de las burguesías de las regiones ricas.

En Cataluña el movimiento independentista simplemente cree que una vez ha sacado todo el beneficio que podía de las regiones más pobres de España ahora no está dispuesta a participar en la solidaridad interregional. Está persuadida que siendo Cataluña más rica que el resto de España, solas la oligarquía y burguesía catalanas estarían mejor. Igual que los multimillonarios buscan sus paraísos fiscales, la burguesía de Cataluña cree que la independencia es su propio “paraíso fiscal”. Lo pondré en mayúscula para que quede claro: “NO, LA OLIGARQUÍA Y LA BURGUESÍA DE UNA REGIÓN MÁS RICA QUE SE HA APROVECHADO DEL TRABAJO PRECARIO Y POCO REMUNERADO DE LAS PERSONAS PROCEDENTES DE LAS REGIONES MÁS POBRES COMO SI FUERAN COLONIAS NO TIENE EL DERECHO A DECIDIR SEPARARSE CUANDO YA CREE QUE NO PUEDE SEGUIR EXPLOTANDO A LOS TRABAJADORES DE ESAS REGIONES”. Y es vergonzoso que cualquiera que se llame de izquierdas defienda ese derecho a decidir. ¿Apoyamos también a la Liga Norte que defiende la secesión del rico norte de Italia del sur pobre[3]? ¿A la región de Santa Cruz en Bolivia por las mismas razones?

Para tapar esta verdad incómoda, el nacionalismo catalán ha tratado de inventar una justificación que no sea la simplemente económica, aunque el “España nos roba” siga siendo el leit motiv de todo el “procés”. Justificaciones como la corrupción de España hechas desde una coalición liderada por el partido del “tres por ciento” resultan cómicas. O el supuesto retraso de España que estaría reflejado en la mayoría del PP denunciado desde una región donde ha gobernado durante la mayor parte de la democracia una derecha tan retrógrada o más que el PP también resulta penoso. Incluso durante décadas ha tenido su propia “familia real” en el clan Pujol.

Las críticas al nacionalismo español por parte del nacionalismo catalán también resultan cómicas, porque ambos nacionalismos son idénticos. El franquismo decía que España era una, grande y libre. La falange definía: “España es, ante todo, una unidad de destino; una realidad histórica; una entidad, verdadera en sí misma, que supo cumplir –y aún tendrá que cumplir– misiones universales.” Escuchen a los representantes del nacionalismo catalán y verán como para ellos esa sería una definición perfecta para Cataluña. Igual que el franquismo tenía una visión excluyente de una España donde solo cabían ellos, el nacionalismo catalán tiene una visión de pureza independentista donde los demás no caben. Tan es así que en su recién aprobada “constitución catalana” lo primero que hace es garantizar la indivisibilidad de Cataluña. ¡Toma derecho a la autodeterminación! Sin duda alguna la constitución catalana bien podría empezar por “Cataluña, una, grande y libre”.

En muchos aspectos incluso comparte, como la gran mayoría de nacionalismos, la ideología del fascismo. Como primer aspecto el nacionalismo catalán reinventa un pasado glorioso en el cual se crea una historia mitológica de la patria. Da lo mismo que la historia sea tan real como la mitología griega. En ese pasado glorioso ha creado una Cataluña que combatió al franquismo que nunca existió. Especialmente la burguesía catalana convivió con el dictador sin más oposición que en el resto de España. En segundo lugar se crea una identidad nacional excluyente en la cual hay un catalán de verdad y los demás son traidores a la patria. Finalmente se crea un enemigo exterior, en este caso España, que representa todos los males y que se usa para reafirmar la propia identidad. Todos estos rasgos son propios del fascismo. Si además se hace un repaso de las declaraciones de los principales líderes independentistas la xenofobia y el racismo son lugares comunes.

A esto se une un victimismo que resulta absolutamente ridículo[4]. Cataluña no es ninguna colonia, de hecho su comportamiento con las regiones pobres del resto de España tiene mucho de la rapiña de la metrópoli. La burguesía catalana que ahora se declara independentista se ha beneficiado durante el último siglo del latifundio de Andalucía y Extremadura que le proporcionaba materias primas baratas y mano de obra que huyendo de la pobreza era fácilmente explotada. Que ahora el nacionalismo catalán quiera irse con sus ganancias es comprensible pero no algo que deba defender cualquier persona mínimamente de izquierda.

Pero la izquierda se ha hincado de rodillas ante el tótem de la secesión y el mantra de que los catalanes quieren votar. Como si cualquiera de las dos cosas fuera un sello de democracia. El secesionismo en sí no es símbolo de ningún tipo de libertad ni es un derecho en sí mismo. En la guerra civil americana fue el sur esclavista el que declaró la secesión. Y es seguro que el apoyo a mantener la esclavitud en la Confederación era mucho mayor que el apoyo al referéndum en Cataluña. ¿Puede alguien de izquierda defender que lo democrático hubiera sido permitir un referéndum que garantizara el mantenimiento de la esclavitud y la secesión de la Confederación?

Es seguro que el apoyo en una gran parte de los países europeos a una consulta para expulsar a los inmigrantes es bastante alto. Si poner urnas es el colmo de la democracia y un referéndum para expulsar a los inmigrantes seguro que tendría el apoyo de una parte importante de la gente, ¿debemos apoyarlo entonces en nombre de la democracia?

Algunos de los líderes de los partidos independentistas de “izquierda”[5]se han dado cuenta de la contradicción que existe entre su pretendida ideología de izquierda y el apoyar la secesión de una de las regiones más ricas de España al grito de “España (por supuesto la España pobre) nos roba”. Ante eso ha encontrado un relato que se mueve entre el supremacismo y el paternalismo. Para ERC y la CUP, la independencia de Cataluña puede ser la palanca que ayude a los españoles a salir de su atraso histórico. Debemos estar muy agradecidos por enseñarnos el camino a la libertad. Me abstengo de comentar qué me parece este argumento, creo que se comenta solo.

Ante el absurdo de su posición y el ridículo que será una eventual declaración de independencia, el independentismo está tratando de buscar una respuesta de fuerza por parte del estado. Creer que otros países, la mayoría de los cuales tienen sus propias regiones ricas e insolidarias, van a dar cobertura a una declaración unilateral de independencia es pueril. Como también es pueril la izquierda que critica al gobierno por tratar de evitarlo. Cualquier país, y eso incluye a países con gobiernos revolucionarios como Cuba, protegen su integridad territorial. No hay otra opción. Pensar que eso es algún tipo de excepción española es absurdo, cuando hay decenas de ejemplos de países, muchos de ellos en la misma Europa, que han dejado claro que no hay espacio para la secesión de sus regiones, como el caso de Francia con Córcega, Italia con Milán o Alemania con Baviera.

El último paso del esperpento, la convocatoria de la consulta del 1 de octubre, podría figurar en los libros de historia del absurdo. Se pretende declarar la independencia a través de un referéndum sin censo, sin garantía legal ni juntas electorales imparciales, con las papeletas impresas en casa y como urnas las cajas de la fruta. Un referéndum convocado por partidos que aglutinan menos de la mitad de los votantes, sin dejar hablar a la oposición y dirigido solo a la mitad de los catalanes. Y encima se permiten el lujo de poner como ejemplo de democracia esa pantomima. Un referéndum que ni siquiera exige una participación mínima para ser vinculante, sin campaña electoral, sin acuerdo sobre cómo se produciría la secesión y sin reconocimiento internacional. Se le podría recordar a Cataluña los casos de Osetia del Sur o Abjasia para que vean el futuro de una declaración unilateral de independencia..

Al menos si siguen adelante con su declaración de independencia nos podremos reír un rato.

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[1] Aunque no me gusta usar el término izquierda porque ha sido completamente vaciado de contenido en partidos que van desde lo social liberal a un “progresismo” pijo lo usaremos en este artículo para no llamar a equívocos.

[2] Sobre las comparaciones de algunos nacionalistas catalanes entre Palestina y Cataluña no voy a hacer ningún comentario, creo que se definen por sí solas. Más aún, cuando Convergencia que ha liderado todo el proceso independentista siempre ha sido un aliado fiel de Israel.

[3] Al menos la Liga Norte tiene la decencia de exponer claramente que su secesión es solo por motivos económicos y nos ahorra el espectáculo de la gloriosa nación catalana.

[4] No voy a recordar a Pep Guardiola pidiendo ayuda a la comunidad internacional para la Cataluña oprimida por España por respeto a la salud mental de los pocos lectores de este blog.

[5] Ponemos izquierda entre comillas porque es evidente que el nacionalismo es de base incompatible con la izquierda. Ninguna ideología excluyente que enfrente a la clase trabajadora de unas regiones con otras puede definirse como de izquierda.

 

2 Comentarios

  1. Se sigue obviando la unica solución: dialogar. Con ese eslogan cientos de miles de personas por toda España se han manifestado pacíficamente. Sin portar banderas. Sin viciar su mensaje. Sin embargo, esas manifestaciones han pasado casi desapercibidas para los mass media, dándole toda relevancia a la Manifestación de Barcelona de este domingo día 8, la auspiciada por el PP, cuyo lema no era “dialoguemos”, “no os vayáis”, sino “aquí estamos”, dispuestos al enfrentamiento. El gobierno español se sigue equivocando de medio a medio ignorando la racionalidad.

    Saludos

  2. Lluís Companys fue fusilado en octubre de 1940 por el Régimen franquista, basándose en un juicio sumarísimo, sin garantías e incluso sin la presencia del propio Companys, aplicando retroactivamente la Ley de Responsabilidades políticas (que ya tiene su ironía). Companys fue capturado en Francia por la Gestapo, a petición de la policía franquista. Mientras que en la década de los noventa los Presidentes de Francia y Alemania pidieron perdón en nombre de sus respectivos países por haber colaborado en la detención y deportación del político catalán, en España, en pleno siglo XXI, a un miembro del partido en el poder se le ocurre amenazar al actual Presidente de la Generalitat con acabar como Companys. No se han escuchado las disculpas del Sr. Casado ni de su partido. No parece que el camino elegido sea el del diálogo y la solución política, que, por lo demás, es el único que cabe.

    Saludos

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