EL HOMBRE DEBE SER LIBRE, por Ralph W. Emerson

HISTORIA DE UN PERCEBE

Allí, en la roca del Fin del Mundo, dónde la Fuerza infinita de Océano despliega todo su poder, vive nuestro Percebe.

Su constante combate contra las olas rompientes le ha marcado. ¿Por casualidad? creció en el lugar inhóspito cuya sola visión atemoriza a los de su grupo.

Pero es fuerte. Su continuo soportar la adversidad le ha hecho fuerte. Un superviviente hecho a la adversidad. Es el más viejo de su grupo, y todavía es el más fuerte.

Ha visto crecer otros Percebes en lugares más tranquilos del promontorio, allí donde la fuerza del mar apenas se deja notar. Crecieron débiles. Son presa fácil para los depredadores. Mueren jóvenes, sin haber conocido ningún tipo de vida plena. No saben que es la felicidad, ni tampoco el desasosiego.

Sin embargo, nuestro Percebe ha conseguido plantar cara a sus depredadores, en especial, al Hombre. Muchos han caído en el intento de alcanzarle.

Vive protegido por la propia adversidad de su destino.

Hasta que, algún día, el reposo que la Pleamar que la Luna otorga con las Mareas Vivas a nuestro Héroe, permita al depredador alcanzarlo gracias a unos extraños cilindros que le permiten respirar bajo el agua.

Pero, aún cuando ese día llegue, su destino será muy otro al del resto de su piña: El será respetado y apreciado, incluso por sus Depredadores, conscientes de que su fortaleza ha logrado acabar con algunos de ellos.

Será el manjar más apreciado, la estrella indiscutible del mejor banquete. Su recuerdo le hará permanecer entre los vivos aún mucho después de su partida.

Y su vida habrá sido más plena de lo que ningún otro percebe se atrevería a soñar.

Él nunca se ocultó: siempre miró desafiante a su enemigo. Consciente de su poder.

 

Chus

 

******

 

EL HOMBRE DEBE SER LIBRE, por Ralph W. Emerson

En la confianza en sí mismo están comprendidas todas las virtudes.

El hombre debe ser libre, libre y valiente. Libre hasta de la definición de libertad, sin impedimento alguno que no nazca de su propia constitución. Valiente, pues el temor nace siempre de la ignorancia.

Es una vergüenza para el hombre que su tranquilidad en una época peligrosa se derive de la presunción de que, como los niños y las mujeres, pertenece a una clase protegida; o que busque una paz temporal, apartando sus pensamientos de la política o de las cuestiones engorrosas, ocultando su cabeza como el avestruz en los arbustos floridos; atisbando por los microscopios o traduciendo versos, como silva un niño para mantener su valor en la oscuridad.

El mundo es de quien puede ver a través de sus apariencias. La sordera, la completa ceguera, el gran error que contempláis existen únicamente gracias a la tolerancia, a vuestra propia tolerancia. Si os dais cuenta de que se trata de una mentira le habréis dado ya un golpe mortal.

Creer en vuestro propio pensamiento; creer que lo que es verdadero para uno en la intimidad del corazón es verdadero para todos los hombres: eso es el genio.

El mayor mérito que concedemos a MoisésPlatón y Milton, es que reducen a nada libros y tradiciones, y no dicen lo que los hombres pensaron, sino lo que han pensado ellos.

Hay un momento en la formación de todo hombre en que llega a la convicción de que la envidia es ignorancia; y la imitación, un suicidio.

Un hombre se queda tranquilo y contento cuando ha puesto el corazón en su obra y ha hecho todo lo que ha podido; pero lo que ha hecho o dicho de otro modo no le dará sosiego. Es una liberación que no libera. Confía en ti mismo.

Nosotros somos ahora hombres y debemos aceptar con el espíritu más alto el mismo destino trascendente; y no somos menores de edad ni inválidos metidos en un refugio, ni cobardes que huyen ante una revolución, sino guías, redentores y benefactores, obedientes al esfuerzo del Todopoderoso; avancemos, pues, entre el caos y la oscuridad.

Nada es sagrado, excepto la integridad de nuestra alma. Absuélvete tú mismo y tendrás el sufragio del mundo.

La verdad es más hermosa que el fingimiento del amor. Vuestra bondad debe tener alguna espina, o no es nada.

Si la malicia y la vanidad visten el traje de la filantropía, ¿lo dejaré pasar? Si un hipócrita irritado hace suya la hermosa causa de la abolición de la esclavitud y se me acerca para comunicarme las últimas noticias de Barbados, ¿por qué no he de decirle: “Ve y ama a tu hijo; ama a tu leñador; sé bondadoso y modesto; hazme ese favor; y no disfraces nunca tu dura y poco caritativa ambición con esta increíble ternura por los negros que viven a miles de millas de distancia. Tu amor por lo distante no es más que despreocupación en tu país?”.

Mi vida no es una apología, sino una vida, existe por sí misma y no como un espectáculo.

Lo que tengo que hacer es lo que me concierne, no lo que la gente cree. Esta regla, tan difícil en la vida práctica como en la intelectual, puede servir para establecer una distinción completa entre la grandeza y la mediocridad. Es muy difícil de seguir, porque siempre hallaréis personas que creen saber cuál es vuestro deber mejor que vosotros mismos.

El hombre grande es el que, en medio de la muchedumbre, conserva con perfecta dulzura la independencia de la soledad.

Si sostienes una iglesia sin vida; si contribuyes a mantener una sociedad bíblica muerta; si votas con un gran partido, ya sea en pro o en contra del gobierno; si pones tu mesa como un hospedero vulgar, me será difícil percibir claramente, a través de todas estas pantallas, qué clase de hombre eres. Pero haz tu obra y te conoceré. Haz tu obra y te fortalecerás.

El hombre debe considerar qué clase de juego de la gallina ciega es ese de la conformidad. Si sé cuál es tu secta, conozco de antemano tu argumento. La mayoría de los hombres se vendan los ojos con un pañuelo de una clase u otra y se esclavizan a una de las opiniones comunes. Esta conformidad los hace ser falsos no ya en ciertos casos determinados, no ya autores de algunas mentiras, sino falsos en todo. Ninguna de sus verdades es completamente verdadera.

Supongamos que tenemos que contradecirnos, ¿y qué? Parece ser una norma de prudencia el no confiar nunca exclusivamente en la memoria y vivir siempre en un nuevo día. En tu metafísica has negado personalidad a la Divinidad; sin embargo, cuando tu alma se siente movida por las emociones religiosas, entrégale alma y vida, aunque tengas que revestir a la Divinidad de forma y color. Abandona tu teoría y huye.

La necia coherencia es el fantasma de las mentes apocadas, adorada por los estadistas, filósofos y teólogos de poca monta. A un alma grande la coherencia le trae sin cuidado. Le preocupa lo mismo que la sombra que proyecta en la pared.

Decid con energía lo que pensáis ahora, y mañana decid lo que penséis entonces, con la misma energía. Aunque contradiga todo lo que hayáis dicho hoy. “¡Ah!, de ese modo se tiene la seguridad de ser mal interpretado”. ¿Es tan malo, entonces, el ser malinterpretado? Pitágoras fue mal interpretado, y lo fueron SócratesJesúsLutero y Galileo, y lo fueron todos los espíritus puros y graves que han honrado a la humanidad. Ser grande es ser mal comprendido.

Represento a la humanidad, y aunque quisiera hacerla amable, más quisiera hacerla verdadera. Cada hombre verdadero es una causa.

 

* * *

RALPH W. EMERSONSelección de textos, Ediciones 29. Filosofía Digital, 2006

 

Se el primero en escribir un comentario

Déjanos tu comentario

Tu dirección de correo no será publicada.


*