UNA REVOLUCIÓN DE LA MENTE, por J. Krishnamurti

 

La tranquila suposición de que ustedes saben, mientras que el otro no sabe, conduce a una mayor desgracia que la de no poder comer más que una vez al día, pues la vanidad de las conclusiones es lo que produce la explotación del hombre. En nuestra ansia de actuar por el bien de otros, al parecer causamos graves perjuicios. Lo esencial es una revolución de la mente”.

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Estábamos varias personas en la habitación. Dos de los hombres habían pasado muchos años en la cárcel por cuestiones políticas; habían sufrido y se habían sacrificado por lograr la libertad del país, y eran muy conocidos. Sus nombres aparecían con frecuencia en los diarios, y, aun siendo modestos, sus ojos traslucían aún esa peculiar arrogancia del logro y la fama. Habían leído mucho y hablaban con la soltura que da la oratoria pública.

Otro era un político, un hombre robusto de penetrante mirada, lleno de planes y ansioso por ascender. También él había estado preso por la misma razón, pero ahora se hallaba en una posición de poder, y su mirada expresaba seguridad y resolución; podía manejar ideas y hombres.

Otro de los presentes había renunciado a las posesiones mundanas, y anhelaba el poder para hacer el bien. Muy instruido y lleno de adecuadas citas, tenía una sonrisa auténticamente bondadosa y agradable, y estaba en aquel momento viajando por todo el país, hablando, persuadiendo y ayunando.

Había tres o cuatro personas más que también aspiraban a trepar la escala política o espiritual del reconocimiento o de la humildad.

 

LO ESENCIAL ES UNA REVOLUCIÓN DE LA MENTE

 

– “No puedo comprender -empezó diciendo uno de ellos- por qué se opone usted tan firmemente a la acción. La vida es acción; sin acción, la vida es un proceso de estancamiento. Necesitamos personas entregadas a la acción para poder cambiar las condiciones sociales y religiosas de este desafortunado país. Sin duda, no estará usted en contra de la reforma: de que los terratenientes den voluntariamente parte de sus tierras a quienes carecen de ellas, de que se eduque al aldeano, se hagan mejoras en los pueblos, se eliminen las divisiones de casta, etcétera.”

K.- La reforma, por muy necesaria que sea, sólo engendra la necesidad de reformas ulteriores, y es algo que nunca termina. Lo esencial es una revolución del pensar humano, no una reforma a base de remiendos. Sin un cambio fundamental en la mente y el corazón del hombre, la reforma sólo sirve para adormecerlo, al ayudarle a sentirse más satisfecho.

– “¿Quiere decir que no debemos hacer reformas?”, preguntó otro, con una vehemencia que resultaba sorprendente.

– “Creo que le ha malinterpretado usted -explicó uno de los hombres de más edad-. Lo que él quiere decir es que las reformas nunca producirán la transformación total del hombre. De hecho, la reforma impide esa completa transformación, porque adormece al hombre al darle una satisfacción temporal. Si hace usted que esas gratificantes reformas se multipliquen, lentamente irá sumiendo a sus semejantes en la complacencia”.

– “Pero, si nos limitamos estrictamente a una sola reforma esencial -por ejemplo, la donación voluntaria de tierra a quienes carecen de ella-, ¿no será eso beneficioso hasta que aquello se produzca?”.

 

EL TODO DA SENTIDO A LAS PARTES

 

K.- ¿Es posible separar una parte del campo total de la existencia? ¿Se puede poner un cerco a esa parte, concentrarse en ella, sin influir en el resto del campo?

– “Influir en todo el campo de la existencia es precisamente lo que proyectamos hacer. Cuando hayamos logrado una reforma, comenzaremos con otra”.

K.- ¿Puede la totalidad de la vida ser comprendida a través de la parte? ¿O acaso debe percibirse y comprenderse primero el todo, y sólo entonces pueden las partes ser examinadas y remodeladas en relación con el todo? Sin comprender el todo, la mera concentración en la parte no hace sino crear más confusión y desdicha.

– “¿Trata de decir -preguntó el hombre de carácter vehemente- que no debemos actuar o realizar reformas sin estudiar primero todo el proceso de la existencia?”

– “Eso es absurdo, desde luego -intervino el político-. Sencillamente no tenemos tiempo de investigar el pleno significado de la vida. Habrá que dejar eso a los soñadores, a los gurús, a los filósofos. Nosotros tenemos que lidiar con la existencia cotidiana; tenemos que actuar, tenemos que legislar, que gobernar y poner orden en el caos. Nos conciernen los embalses, la irrigación, las mejoras de la agricultura; nos ocupamos del comercio, de la economía, y tenemos que tratar con las potencias extranjeras. Nos contentamos con seguir delante de día en día sin que sobrevenga alguna calamidad mayor. Somos hombres prácticos, en puestos de responsabilidad, y tenemos que obrar lo mejor que podamos por el bien del pueblo.”

 

LO BUENO PARA EL PUEBLO, ¿SE ENCUENTRA TAN FÁCILMENTE?

 

K.- Si se me permite la pregunta, ¿cómo sabe qué es bueno para el pueblo? ¡Da por sentadas tantas cosas! Empieza usted con un sinfín de conclusiones, y cuando se parte de una conclusión, tanto si es suya como de otro, todo pensar cesa. La tranquila suposición de que ustedes saben, mientras que el otro no sabe, conduce a una mayor desgracia que la de no poder comer más que una vez al día, pues la vanidad de las conclusiones es lo que produce la explotación del hombre. En nuestra ansia de actuar por el bien de otros, al parecer causamos graves perjuicios.

– “Algunos de nosotros pensamos que sabemos realmente qué es bueno para el país y sus gentes -explicó el político-. Por supuesto, la oposición también piensa que ella sabe; pero la oposición no es muy fuerte en este país, afortunadamente para nosotros, de modo que triunfaremos y estaremos en condiciones de ensayar lo que consideramos bueno y beneficioso”.

K.- Todos los partidos saben, o creen saber, qué es bueno para el pueblo. Sin embargo, lo que es verdaderamente bueno no creará antagonismo, ni en casa ni fuera de ella; traerá la unidad entre el hombre y el hombre. Lo que es verdaderamente bueno se interesará en la totalidad del hombre, y no en cierto beneficio superficial que sólo puede conducir a una mayor infelicidad y miseria; pondrá fin a la división y a la enemistad que el nacionalismo y las religiones organizadas han creado. Pero, ¿se encuentra tan fácilmente lo bueno?

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JIDDU KRISHNAMURTI, Comentarios sobre el vivir, tomo III. Ojai, California, 30 de junio de 1934. Textos y vídeos on-line de Krishnamurti, en la web oficial de la FKL. http://www.fkla.org/

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Jiddu-Krishnamurti y Nitya en la playa

 

¿Qué relación guardó Jiddu Krishnamurti con la Sociedad Teosófica?

 

Jiddu Krishnamurti mantuvo una estrecha relación con la Sociedad Teosófica. En un período de más de dos décadas, Krishnamurti estuvo bajo la supervisión de la Sociedad Teosófica. Desde su “descubrimiento” en las playas de Aydar en 1907 hasta la disolución de la Orden de la estrella de Oriente en la convención de Ommen en 1927 y su posterior abandono de la Sociedad Teosófica en 1930.

En 1907, Krishnamurti fue descubierto por Charles Leadbeater, un prominente teósofo y ex-clérigo anglicano con reputados poderes de clarividencia, paseando por la playa de Aydar, vio a dos niños, Krishnamurti y su hermano pequeño Nytia. Quedó fascinado por el mayor. Krishnamurti tenía- según el propio Leadbeater- una aura que no contenía egoísmo alguno. Contaba con trece años. Tal como narra Russel Balfour Clarke en el libro Krishnamurti 100 años de sabiduría de Evelynie Blau el encuentro de Charles Leadbeater con los dos hermanos se desarrolló en estos términos:

“Y un día, estando allí, me fueron presentados dos niños indios muy tímidos: Krishnamurti y su hermano menor Nityananda. Cuando se marcharon, Leadbeater me explicó algo acerca de ellos; me contó cómo su amigo holandés Johann van Manen, que vivía en la habitación contigua, le había sugrido a C.W.L. que lo acompañara un día a la playa a nadar, porque solía haber allá una serie de interesantes muchachos, entre los que quizá hubiera algunos hijos de padres teósofos que le llamaron la atención. Así pues, bajaron a la playa y observaron a un grupo de entre diez y quince jóvenes brahmanes de lengua telegú y otros niños retozando en el mar. De pronto Leadbeater reparó en uno de ellos, a simple vista un niño más bien flaco, con a parte delantera de la cabeza afeitada y una coleta. Tendría alrededor de trece años, y estaba con él su hermano pequeño. Vio que rodeaba al niño un aura de tal brillantez y gloria como aseguró, nadie en Aydar tenía, y aquello le pareció tan extraordinario que inmediatamente se hizo amigo de los dos hermanos.”

Después del encuentro con los dos hermanos, Charles Leadbeater declaró que Jiddu Krishnamurti sería un gran maestro espiritual y un excelente orador. Y, bajo esta creencia solicitó al padre de Krishnamurti, Jiddu Narayaniah, que accediera a que ambos hermanos dejaran de asistir al colegio para ser instruidos por el propio Leadbeater en la sede de la Sociedad Teosófica.

Otro hecho transcendental en la vida de Krishnamurti durante su primera época con la Sociedad Teosófica fue su encuentro con Annie Besant el 27 de noviembre de 1909 de regreso de Europa. Tras su primer encuentro en la estación de trenes, decidió asumir la responsabilidad de la educación de Krishnamurti y de su hermano Nytia. Redactó un documento solicitando la custodia de los niños al padre que, tras un primer momento de indecisión, aceptó. Annie Besant fue nombrada la tutora legal de los niños el 6 de marzo de 1910. Posteriormente, fueron conducidos a la sede de la Sociedad Teosófica donde permanecieron hasta 1911 año en que Annie Besant decide llevarlos a Inglaterra para completar su formación.

En el transcurso de ese lapso de tiempo, Krishnamurti es iniciado en los ritos de la Sociedad Teosófica, escribe el libro A los pies del maestro, que pretendía reflejar las enseñanzas que su maestro le dio en la época de su iniciación, y, que con el paso del tiempo se convirtió en un clásico de la espiritualidad, y se crea la Orden de la Estrella de Oriente a fin de preparar el terreno a la llegada del nuevo mesías del mundo, apareciendo también una revista trimestral, El Heraldo de la Estrella, cuya primera publicación data del 11 de enero de 1911.

 

No todos los integrantes de la Sociedad Teosófica sintieron el mismo júbilo con la revelación de Krishnamurti como nuevo mesías y como figura de culto en el seno de la Sociedad. Así que algunos teósofos se negaron a reconocer a Krishnamurti como el mesías y rompieron con la Sociedad Teosófica. En medio de esta atmósfera, Annie Besant decidió llevar a Krishnamurti y a su hermano Nytia a Inglaterra. Considero que una educación inglesa era importante para la futura tarea de Krishnamurti como Instructor del mundo. En febrero del 1912, llegaron finalmente a Inglaterra, permaneciendo en el viejo continente durante 10 años. Durante ese período de estudio vivieron en un total aislamiento en la campiña inglesa.

El estallido de la Primera Guerra Mundial en Europa cogió a Krishnamurti y a Nytia en Inglaterra. Durante la contienda Krishnamurti y Nytia estudiaron con ahínco para aprobar los exámenes de acceso a la universidad. Para Nytia no fue difícil aprobar las pruebas de admisión a la universidad en la facultad de derecho sin embargo Krishnamurti no corrió la misma suerte que su hermano y suspendió los exámenes. El final de la guerra significó un cambio para la vida de Krishnamurti. Annie Besant le dio un puesto de primera línea en las reuniones de la Sociedad Teosófica y de redactor de la revista de la Orden de la Estrella de Oriente.

Krishnamurti y Annie-Bessant

No fue hasta 1921 que no regresaron a su India natal. A su regreso Krishnamurti asumió su labor de jefe de la Orden de la Estrella de Oriente y emprendió frecuentes viajes, reuniones y conferencias en diferentes países del mundo difundiendo el mensaje de la Sociedad Teosófica. A Nytia se le diagnostica tuberculosis. Recomendados, por el secretario general de la Sociedad Teosófica, A.P. Warrington, se trasladan a California. Llegan a Ojai el 6 de julio de 1922 y para los jóvenes fue una auténtica liberación. Lo que sucede posteriormente trasformará la vida de Krishnamurti. Hay dos hechos cruciales en esos años: El despertar espiritual de Krishnamurti que cambió el curso de su vida en el verano de 1922 y la muerte de su hermano en 1925. Ambos hechos trastocarán profundamente la vida de Krishnamurti. Se desmoronaron sus creencias acerca de su propio destino mesiánico que le había asignado la Sociedad Teosófica. Su fe en los maestros y en la jerarquía de la Sociedad experimenta en ese momento de su vida una revolución total.

A partir de ese momento, Krishnamurti inició un proceso de distanciamiento con la Sociedad, expresado en una actitud de independencia frente a sus jerarquías, la adopción de un discurso y un mensaje más centrados en sí mismo. En las convenciones sucesivas de la Sociedad Teosófica comenzó a expresar un sentimiento de unidad con el universo. Esta actitud molestó a la jerarquía de la Sociedad. Se estaba gestando el desarrollo de una experiencia espiritual propia, dejando caer las capas superficiales de la filosofía y del pensamiento teosófico que había aceptado durante sus años de iniciación.

El paso definitivo fue la convención realizada en Ommen, Holanda en 1929. Significó el inicio de la ruptura con la Sociedad Teosófica que se materializó tres años más tarde, en 1930. En el campamento de Ommen Krishnamurti pronunció su célebre manifiesto La verdad es una tierra sin Caminos, pidiendo la disolución de la Orden de la Estrella, que se creó con el fin de encumbrar a Krishnamurti como el nuevo Instructor del mundo. Una asamblea de más de 3000 personas lo oyeron hablar sobre la necesidad de abandonar todas las fuentes de autoridad en la búsqueda de la verdad, incluyendo la suya propia. Por el contrario, señalaba que cada cual debe ser su propia luz interior y sostuvo que la verdad era una tierra sin caminos. Todo ello trajo consigo una verdadera revolución en la organización de la Sociedad Teosófica. Comenzó entonces a ser considerado un filosofo hostil a todas las creencias religiosas. Krishnamurti renunció a la Sociedad Teosófica en 1930.

 

1922. Ojai Nityananda, Rev Cooper, P Warrington, Robert Walton, J. Krishnamurti

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FUENTE: Comentarios de mis libros favoritos: ¿Qué relación guardo Jiddu Krishnamurti con la Sociedad Teosófica?

 

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