PERIODISTAS; Y SIN EMBARGO HONESTOS

 “Me pagan 150 dólares semanales para que no publique mi honrada opinión en el periódico en el cual he trabajado tantos años. El trabajo de periodista de Nueva York consiste en destruir la verdad, mentir claramente, pervertir, envilecer (..) Vosotros lo sabéis, y yo lo sé; así pues ¿a qué viene esa locura de brindar a la salud de una prensa independiente?”.

John Swinton

 

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Comunicación y Poder. “El día que la prensa dejó de leernos

Con Fernando Berlín, Cristina Fallarás,  Olga Rodríguez y Pere Rusiñol

 

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LA TELEVISIÓN, ENTRETENIMIENTO Y DIVERSIÓN A MUERTE, por Neil Postman

 

“Imbuida en el marco surrealista de un noticiario de la televisión, se encuentra una teoría de la anticomunicación que refleja un tipo de discurso ajeno a la lógica, la razón, la coherencia y el principio de contradicción. Creo que en estética el nombre que se da a esta teoría es dadaísmo; en filosofía, nihilismo; en psiquiatría, esquizofrenia. En la jerga teatral, se denomina vodevil. Lo que pasa aquí es que la televisión está alterando el significado de la expresión “estar informado”, al crear un tipo de información que, para ser más exactos, habría que llamar “desinformación”. La desinformación no significa información falsa sino engañosa, equívoca, irrelevante, fragmentaria o superficial. Información que crea la ilusión de que sabemos algo, pero que de hecho nos aparta del conocimiento. La ignorancia es siempre corregible, pero ¿qué pasaría con nosotros si llegáramos a aceptar que la ignorancia es conocimiento?”.

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Está claro que decir que la televisión es entretenimiento constituye algo banal. Este hecho difícilmente puede considerarse una amenaza para nuestra cultura, ni siquiera vale la pena escribir un libro sobre ello.

El problema no es que la televisión nos dé material y temas de entretenimiento, sino que nos presenta todos los asuntos como entretenimiento, lo que es una cuestión diferente. Para decirlo de otra manera, el entretenimiento es la “supraideología” de todo el discurso sobre la televisión.

Para decirlo con más claridad, un noticiario es un formato para el entretenimiento, no para la educación, la reflexión o la catarsis. Ya nadie conecta la radio para escuchar una telenovela o un discurso presidencial, salvo que no tenga a mano un televisor. Todo el mundo recurre a la televisión para enterarse de estas cosas y muchas más.

Esta es la razón por la que la televisión resuena con tanta fuerza en nuestra cultura. Es el principal modo cultural que tenemos de conocernos a nosotros mismos. Por lo tanto –y este es el punto realmente crítico- la manera en que la televisión escenifica el mundo se convierte en el modelo de cómo se ha de organizar adecuadamente el mundo.

En los juzgados, en las aulas, en los quirófanos, en los hoteles, en las iglesias, y aun en los aviones… No intercambian ideas, sino imágenes. No argumentan con suposiciones, sino que lo hacen sobre la base de cosas agradables, celebridades y anuncios.

Imbuida en el marco surrealista de un noticiario de la televisión, se encuentra una teoría de la anticomunicación que refleja un tipo de discurso ajeno a la lógica, la razón, la coherencia y el principio de contradicción. Creo que en estética el nombre que se da a esta teoría es dadaísmo; en filosofía, nihilismo; en psiquiatría, esquizofrenia. En la jerga teatral, se denomina vodevil.

Lo que pasa aquí es que la televisión está alterando el significado de la expresión “estar informado”, al crear un tipo de información que, para ser más exactos, habría que llamar “desinformación”. Y estoy empleando esta palabra casi en el mismo sentido en que es utilizada por los espías de la CIA o la KGB.

La desinformación no significa información falsa sino engañosa, equívoca, irrelevante, fragmentaria o superficial. Información que crea la ilusión de que sabemos algo, pero que de hecho nos aparta del conocimiento.

La ignorancia es siempre corregible, pero ¿qué pasaría con nosotros si llegáramos a aceptar que la ignorancia es conocimiento?

 

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NEIL POSTMAN, Divertirse hasta morir. El discurso público en la era del show business. Ediciones de la Tempestad. Barcelona,  1991. Filosofía Digital, 2006

Neil Postman (1931 – 2003) fue un sociólogo y crítico cultural estadounidense. Fue discípulo de Marshall McLuhan, director del Departamento de Cultura y Comunicación de la Universidad de Nueva York, y profesor de Ecología de los medios o Media Ecology

 

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