SPINOZA Y SU FILOSOFÍA DEL PORVENIR – por Enrique Carpintero

«Aún hoy sorprende que un hombre haya suscitado tantos odios y rechazos por haber creado un sistema de pensamiento que condena la hipocresía, la mentira y la falsedad. Es decir, que haya nombrado las máscaras que mantienen al ser humano en la esclavitud y el sometimiento. Los grandes pensadores de la humanidad como Goethe, Freud, Marx, Nietzsche y Einstein han trabajado en el “clima de las ideas de Spinoza”, según escribió Freud. El conjunto de su obra es una ética, es decir un proyecto político. Plantea que el individuo transfiere su poder político no por un pacto, por un compromiso que enajene sus intereses. Transfiere su poder político en función de sus necesidades. En una democracia no lo deja en manos de un poder re-presentativo sino en el colectivo social que denomina “multitudo”. Por ello su definición de democracia es de una claridad contundente: “Asamblea de todos los hombres que tienen colegiadamente soberano derecho en todas las cosas que pueden”. Si a Spinoza le interesaba un nuevo orden mental era para conseguir por este medio un nuevo orden mundial. En este, el derecho de cada cual no debía ser otra cosa que la potencia que tiene para existir y actuar. Es decir, desarrollar su potencia de ser».

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I. Aún hoy sorprende que un hombre haya suscitado tantos odios y rechazos por haber creado un sistema de pensamiento que condena la hipocresía, la mentira y la falsedad. Es decir, que haya nombrado las máscaras que mantienen al ser humano en la esclavitud y el sometimiento.

Han pasado varios siglos y todavía la obra de Spinoza sigue siendo marginal. Sus teorías no forman parte de los filósofos, aunque es importante para los no filósofos y los académicos. Los grandes pensadores de la humanidad como Goethe, Freud, Marx, Nietzsche y Einstein han trabajado en el “clima de las ideas de Spinoza“, según escribió Freud. En los últimos treinta años se han suscitado reapariciones del pensamiento spinoziano. Sin embargo, su obra esta signada por un anatema. En este sentido, como afirma Fernando Savater, su condición de judío yace en el corazón mismo del odio que se le profesa. Pero no, en esta ocasión, como incentivo para los antisemitas, sino para azuzar contra él a sus propios hermanos de tradición. Por ello, si ser judío ha tenido durante milenios el triste significado de ser víctima de persecución y ostracismo por oscuros prejuicios no cabe duda que Spinoza ha sido el judío de los judíos. Como veremos más adelante, hay razones para que este amable y silencioso pulidor de lentes siga originando tantas resistencias.

II. No es mi intención, en este breve artículo editorial, hacer un resumen de la obra de Spinoza. Solamente trataré de referir algunos aspectos de su vida ligados a defender un pensamiento que sigue siendo importante para entender las dificultades de la actualidad de nuestra cultura.

Baruch Spinoza nació el 24 de noviembre de 1632 en el seno de la comunidad judío-portuguesa de Amsterdam. Sus padres eran comerciantes y lo hacen educar en las enseñanzas de la tradición judía. Frecuenta la escuela de la colectividad sefardita “Arbol de la vida” donde recupera el español, la lengua nativa de sus padres, y estudia hebreo para comprender los textos sagrados. Luego estudia el Antiguo Testamento y el Talmud. En este camino, lentamente, va haciendo una transición de la teología judía a Descartes y la filosofía, en un proceso que madura en la soledad pero que va a ir acompañado por una difícil situación que sacude y trastorna su vida.

Este desarrollo que transita Spinoza se debe a las características particulares de la sociedad holandesa. Este país constituye una “anomalía” en Europa no sólo por la tranquilidad y armonía social sino porque es una gran potencia comercial e industrial. La lucha y victoria de los holandeses en contra de la dominación española permitió el surgimiento de libertades civiles y religiosas que se constituyeron en un refugio seguro para oprimidos y perseguidos a causa de su fe religiosa. En este sentido, no encontramos aquí la crisis que refleja el clima cultural de Europa del siglo XVII y que el absolutismo monárquico trata de anular. En Holanda está todavía el humanismo del Renacimiento. Existe el amor por la libertad en su significado humanista de construir y reformar. Este período histórico va desde la muerte de Guillermo II (1650), donde se instala la república de Johan de Witt (desde 1653 hasta 1672) y finalmente la restauración monárquica “bonapartista” de Guillermo III de la Casa de Orange. Es en este contexto social, político, económico y cultural que los judíos de Portugal y España, amenazados por la Inquisición, comienzan a emigrar en masa a principios del siglo XVII hacia Holanda. De esta manera se funda una de las comunidades judías más importantes de Europa cuyo centro de actividad es la sinagoga de Amsterdam.

III. Spinoza parte de Descartes donde el subjetivismo significa que todo saber verdadero empieza por un saber acerca de sí mismo y del propio poder intelectual. Pero este subjetivismo cartesiano como punto de partida lo supera para echar las bases de un proyecto “definitivo de vida” que le permitirá disolver esa herencia subjetivista cartesiana de la cual había partido y fundar una filosofía materialista.

De esta manera realiza una lectura de la Biblia radicalmente nueva al establecer un método laico y antisacerdotal. Para Spinoza no hay nada sobrenatural en Dios, ya que este es el entramado causal que también podemos llamar naturaleza. Por ello nada de sobrenatural se puede encontrar en la Biblia, sino lo que este libro sagrado intenta es lograr la obediencia a una casta sacerdotal. Por ello afirma: “No es de admirar que los libros sagrados hablen tan impropiamente de Dios en todas partes y que le atribuyan manos, pies, ojos, oídos, alma y hasta un movimiento local, y además pasiones del ánimo, para hacerlo celoso, misericordioso, etcétera; y que, en fin, lo representen como un juez sentado en los cielos sobre un trono real y con Cristo a la derecha. Hablen de este modo según la inteligencia del vulgo, a quien la escritura pretende hacer no sabio sino obediente”. Es así como pedía someter la tradición al examen del juicio individual y de la razón. Desde el punto de vista de los guardianes de la tradición y del poder era una actitud destructiva; desde el punto de vista de Spinoza, de su libertad personal, era revolucionaria al romper tanto con el judaísmo como con el cristianismo y preanunciando la era moderna. Es que la crítica a la teocracia judía apunta más al mundo cristiano y al calvinismo holandés al prefigurar un Estado secular e igualitario.

La reacción de la comunidad judía de Amsterdam no se hace esperar. Primero intentan sobornarlo ofreciéndole mil florines para que se calle, a lo cual Spinoza no acepta; luego se le dicta el Herem. Esta decisión de los rabinos era más política que religiosa ya que no querían arriesgar la hospitalidad que le venía brindando el poder calvinista holandés. La excomunión es la más severa que existe en la religión judía. En uno de sus párrafos establece: “Por decreto de los Ángeles y palabra de los Santos proscribimos, separamos, maldecimos y anatemizamos a Baruch Spinoza… con todas las maldiciones escritas en la Torá: Maldito sea de día y maldito sea de noche, maldito en su reposo y maldito en su vigilia, maldito en su acercarse y maldito en su evitar; y no quiera el Señor perdonarlo, y ardan en él la ira y el celo del Señor…” Cuarenta años antes, y por razones similares, así había condenado la Iglesia de Roma a Galileo.

IV. En el año 1663 aparece la única obra que el filósofo publicara en vida bajo su nombre: Los principios de la filosofía de Renato Descartes. En 1670, con otro nombre y la falsa individualización del editor, publica el Tratado Teológico-Político. Es a partir de este texto que Spinoza vivirá señalado, hostigado y perseguido; en especial por los curas cartesianos de toda Europa. Este combate feroz que lo lleva a alejarse de sus padres, de su comunidad y a renunciar a las alegrías de la vida es producto de su decisión de vivir de acuerdo con su pensamiento. La muerte violenta está rondando cerca suyo: a los pocos días de su excomunión un fanático intenta asesinarlo con un cuchillo; en Francia es ejecutado Francisco Van Ende, que fuera su profesor de latín; en 1669 es asesinado en la cárcel P. Kaerbagh sospechoso de ser spinocista y, hacia el final de su vida Johan de Witt, el gran republicano y defensor de la ciencia y la filosofía, en quien Spinoza había depositado grandes expectativas políticas, muere asesinado por los partidarios de Guillermo III de Orange, que restaura la monarquía. De esta manera se queda sin la protección que le brindara de Witt, subsistiendo con el poco dinero que le da su oficio de pulidor de lentes y rechazando otros ofrecimientos de dinero para vivir una vida independiente y en soledad.

V. En el libro “La anomalía salvaje”, Antonio Negri plantea la hipótesis de que existen dos Spinoza: “…el primero expresa la más alta conciencia que la revolución científica y la civilización del Renacimiento hayan producido. El segundo constituye una filosofía del porvenir. El primero es el producto más alto y extenso desarrollo de la historia cultural de su tiempo. El segundo es la dislocación y proyección de las ideas de crisis y revolución. El primero es el autor del orden del capitalismo, el segundo es, tal vez, el autor de una constitución futura. El primero es el más alto desarrollo del idealismo. El segundo participa de la fundación del materialismo revolucionario. Pero estos dos Spinoza son una sola filosofía: sin embargo, dos -y muy reales- tendencias”.

En este sentido debemos entender que el conjunto de su obra es una ética, es decir un proyecto político. El mismo está fundado en un principio que explica la naturaleza del ser humano y las posibilidades que se rigen de ella; la naturaleza de todas las cosas a las que la naturaleza humana se relaciona. Este principio Spinoza lo llama Dios, por eso es un proyecto teológico-político. Para desarrollar su sistema de pensamiento parte de las propuestas cartesianas para superarlas. Sus intereses nunca fueron los de Descartes, de orden cognoscitivo y científico. Si a Spinoza le interesaba un nuevo “ordo mentis” era para conseguir por este medio un nuevo “ordo mundi”. En este, el derecho de cada cual no debía ser otra cosa que la potencia que tiene para existir y actuar. Es decir, desarrollar su potencia de ser. Por ello afirmaba “los hombres no tienen la obligación de vivir según las leyes de un espíritu sano más que un gato de vivir según las leyes del león”. Pero en la medida que “el hombre cree que nada es más útil que el hombre mismo” se unirá a otros y creará espacios comunes de seguridad y de mayor potencia. Dentro de esos espacios los seres humanos llamaran “bueno” a todo lo que contribuya a mantener esa potencia y “malo” a lo que la dificulta. Es decir, lo malo y lo bueno no es algo externo que deviene de un deber ser sino está referido al desarrollo de su potencia de ser.

De esta forma plantea que el individuo transfiere su poder político no por un pacto, por un compromiso que enajene sus intereses. Transfiere su poder político en función de sus necesidades. En una democracia no lo deja en manos de un poder re-presentativo sino en el colectivo social que denomina “multitudo”. Por ello su definición de democracia es de una claridad contundente: “Asamblea de todos los hombres que tienen colegiadamente soberano derecho en todas las cosas que pueden”.

VI. En su pensamiento, necesidad y libertad no son contrarios. Lo contrario de necesidad es accidental, lo de libertad sometimiento. De esta manera se adelanta varios siglos a Freud al proponer lo ilusorio de la libertad: “Esa forma de libertad humana que todos se jactan de tener, y que sólo consiste en esto: que los hombres tienen conciencia de sus deseos pero ignoran las causas que determinan”. Por ello trata de resolver los interrogantes de la condición humana y su sometimiento al poder: ¿Por qué los hombres luchan valientemente por la servidumbre como si lo hicieran por la salvación? ¿Por qué la religión, que se supone basada en el amor, fomenta la intolerancia y la guerra? ¿Por qué los hombres temen su libertad y se refugian en la esclavitud? ¿Por qué escuchan a los que envilecen, engañan y los llenan de ideas falsas que a quienes aspiran a independizarlos? ¿Por qué la sinrazón es vivida con agrado por quienes deberían sentirla como abrumadora? Varios siglos después estas preguntas todavía no han encontrado una cultura que las pudiera resolver.

VII. Los últimos años de su vida Spinoza vive tranquilamente en la soledad. Mantiene correspondencia con sus amigos y, en las tardes, conversa con sus vecinos. Sus biógrafos comentan que a veces se distraía de sus meditaciones fumando una pipa o cazando arañas, a las que luego hacía luchar entre sí, o bien moscas a las que arrojaba a las redes de las arañas. Con frecuencia se reía a carcajadas de esta situación. También tenía la costumbre de observar en el microscopio las partes más pequeñas de los insectos, extrayendo conclusiones que le servían para sus reflexiones.

Durante sus últimos veinte años padeció tuberculosis. En la víspera de su muerte el doctor Ludwig Mayer procuró ayudarlo y pide que se sacrifique una gallina para que en la comida del mediodía pueda incluirse un caldo. A las tres de la tarde del 23 de febrero de 1677 muere Spinoza. Nadie se encontraba con él. Tenía 45 años y no pudo cumplir su deseo de volver a Sefarad, la tierra de sus orígenes. En la pieza donde vivía deja una biblioteca donde se mezclan textos de los clásicos latinos y los políticos italianos, los poetas españoles y los filósofos humanistas. No es una biblioteca especializada de un académico, es una biblioteca de un humanista que construyó un proyecto basado en la alegría de lo necesario.

Spinoza es demasiado razonable y poco prometedor para los entusiastas constructores de utopías. Por otro lado es subversivo para aquellos que defienden un Estado basado en el sometimiento. Su ética plantea la posibilidad ontológica de una constitución colectiva basada en las necesidades y los deseos. En este sentido su vigencia la podemos encontrar en la extraordinaria descripción que realiza Gilles Deleuze: “En un mundo roído por lo negativo, él tiene suficiente confianza en la vida, como para poner en tela de juicio la muerte, el apetito asesino de los hombres, las reglas del bien y del mal, de los justo y de lo injusto”.

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ENRIQUE CARPINTERO es psicoanalista.

 

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