EL ORDEN ASESINO DEL MUNDO, por Jean Ziegler

 “Las oligarquías capitalistas transcontinentales reinan sobre el universo. El hambre persistente y la desnutrición crónica son obra del ser humano. Son el resultado del orden asesino del mundo. A las destrucciones y sufrimientos que los oligarcas del capital mundializado infligen a los pueblos con su imperio militar y sus organizaciones mercenarias de índole comercial y financiera, se suman las devastaciones y padecimientos que la corrupción y la prevaricación provocan, presentes a gran escala en numerosos gobiernos, sobre todo, del Tercer Mundo. El orden mundial del capital financiero no puede funcionar sin la complicidad activa y la corrupción de los gobiernos instalados en el poder. La democracia sólo existe de forma verdadera cuando los seres que componen la comunidad pueden expresar sus anhelos íntimos, libre y colectivamente, en la autonomía de sus deseos personales y la solidaridad de su coexistencia con los demás, y consiguen transformar en instituciones y en leyes lo que perciben como el sentido individual y colectivo de su existencia. Una nueva sociedad civil planetaria, vinculada por una misteriosa fraternidad nocturna, surge de los escombros del  Estado-nación. Se opone de forma radical al imperio de los depredadores. Organiza la resistencia. La componen una multiplicidad de frentes de rechazo. Sus luchas alumbran una esperanza inmensa.”

 

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En los inicios de este nuevo milenio, las oligarquías capitalistas transcontinentales reinan sobre el universo. Su práctica cotidiana y su discurso de legitimación son radicalmente contrarios a los intereses de la inmensa mayoría de quienes poblamos la tierra.

EL PLANETA ESTÁ A PUNTO DE VENIRSE ABAJO POR LAS RIQUEZAS QUE ACUMULA; PERO CADA SIETE SEGUNDOS, EN LA TIERRA, UN NIÑO MENOR DE DIEZ AÑOS MUERE DE HAMBRE

La mundialización cumple la fusión progresiva y forzosa de las economías nacionales en un mercado capitalista mundial y un ciberespacio unificado. Este proceso provoca un formidable aumento de las fuerzas productivas. De forma incesante se crean inmensas riquezas. El modo de producción y de acumulación capitalistas dan muestras de una creatividad, una vitalidad y un poder absolutamente pasmosos y, sin duda, admirables.

Cuando los bienes disponibles en el mundo rebasan miles de veces las necesidades básicas de la humanidad, cien mil personas mueren diariamente de desnutrición y sus secuelas.

En poco más de una década, el producto mundial bruto se ha duplicado y el volumen del comercio mundial se ha triplicado. En cuanto al consumo de energía, se duplica, de media, cada cuatro años.

Por primera vez en su historia, la humanidad goza de cierta abundancia de bienes. El planeta se halla a punto de venirse abajo por las riquezas que acumula. Los bienes disponibles superan en varios miles de veces las irreductibles necesidades de los seres humanos. Pero, asimismo, las bolsas de seres desahuciados aumentan su extensión.

Los Cuatro Jinetes apocalípticos del subdesarrollo son el hambre, la sed, las epidemias y la guerra. Cada año se cobran más vidas de hombres, mujeres y niños que la carnicería que fueron los seis años de la Segunda Guerra Mundial. Los pueblos del Tercer Mundo libran ya la “Tercera Guerra Mundial”.

A diario, en el planeta, cerca de de 100.000 personas mueren de hambre o a causa de sus secuelas inmediatas. Hoy en día, 826 millones de personas padecen una grave desnutrición crónica; de ellas 34 millones viven en países con economías desarrolladas del hemisferio Norte; el mayor número, 515 millones, viven en Asia, donde representan el 24 % de la población total. Pero si se tiene en cuenta la proporción de víctimas, el África subsahariana es la región que paga el tributo más alto: 186 millones de seres humanos padecen de forma permanente desnutrición, una cifra que equivale al 34 % de la población total de la región. En su mayoría sufren lo que la FAO denomina “hambre extrema” y sólo disponen de una ración media diaria de 300 calorías, situándose por debajo del umbral de superviviencia en condiciones soportables. Los países más gravemente afectados por el hambre extrema se hallan situados en el África subsahariana (18 países), en el Caribe (Haití) y en Asia (Afganistán, Blangladesh, Corea del Norte y Mongolia).

Cada siete segundos, en la Tierra, un niño menor de diez años muere de hambre. Un niño que, entre el momento de su nacimiento y la edad de cinco años, carece de la cantidad suficiente de alimentos adecuados, padecerá las secuelas durante toda su vida. Si bien un adulto que de forma temporal haya padecido desnutrición, con la ayuda de complejas terapias -que deben aplicarse bajo supervisión médica- puede que logre recuperar unas condiciones de vida normales, en el caso de un niño menor de cinco años de edad, esta recuperación resulta imposible. Privadas de alimento, sus células cerebrales padecerán lesiones irreversibles. Régis Debray no dudaba en llamar a estos pequeños los “crucificados desde que nacen”.

El hambre y la desnutrición crónica constituyen una maldición hereditaria: cada año, decenas de millones de madres, gravemente desnutridas, dan a luz a decenas de millones de hijos que padecen el mismo problema. Todas estas madres desnutridas y que, no obstante, dan la vida, recuerdan aquellas mujeres malditas de las que Samuel Beckettt dijo: “A horcajadas da a luz sobre una tumba… La luz brilla por un instante y, luego, vuelve la noche”.

EL HAMBRE PERSISTENTE Y LA DESNUTRICIÓN CRÓNICA SON OBRA DEL SER HUMANO, EL RESULTADO DEL ORDEN ASESINO DEL MUNDO

En esta descripción falta, no obstante, una dimensión del sufrimiento humano, a saber, la lacerante e intolerable angustia que tortura a todo ser hambriento desde que despierta. ¿Cómo, en el curso del día que empieza, asegurará la subsistencia de los suyos, cómo se procurará su sustento? Vivir sumergido en esta angustia es aún más terrible que soportar las múltiples enfermedades y dolores físicos que afectan al cuerpo desnutrido.

Las oligarquías capitalistas transcontinentales reinan sobre el universo. Su práctica cotidiana y su discurso de legitimación son radicalmente contrarios a los intereses de la inmensa mayoría de quienes poblamos la tierra.

La desnutrición de millones de seres humanos por el hambre se efectúa con una especie de gélida normalidad, a diario, y en un planeta que rebosa riquezas. La Tierra, en el estadio alcanzado por sus medios de producción agrícolas, podría alimentar con plena normalidad a 12 mil millones de seres humanos, o, en otras palabras, proporcionaría a cada individuo una ración equivalente a 2.700 calorías diarias. Pero sólo somos más de 6 mil millones de individuos en la Tierra, y cada año 826 millones de seres humanos padecen una desnutrición crónica y mutiladora.

La ecuación es sencilla: quien tiene dinero, come y vive; quien no lo tiene, se queda inválido o muere. El hambre persistente y la desnutrición crónica son obra del ser humano. Son el resultado del orden asesino del mundo. Quien muere de hambre es víctima de un asesinato.

Más de 2 mil millones de seres humanos viven en lo que el programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) denomina la “miseria absoluta”, es decir, carecen de ingresos fijos, no tienen trabajo regular ni un lugar adecuado donde vivir; no cuentan con atención médica, ni disponen de alimentos suficientes, no tienen acceso al agua potable ni son escolarizados.

Los amos del capital mundializado ejercen, sobre estos miles de millones de personas, el derecho de decidir sobre la vida y la muerte. En función de sus estrategias de inversión, a través de sus especulaciones monetarias, mediante las alianzas políticas que establecen, deciden cada día quién tiene derecho a vivir en este planeta y quién está condenado a morir.

El aparato de dominación y explotación mundial que las oligarquías han erigido desde principios de la década de 1990 se caracteriza por un pragmatismo extremo. Se halla muy segmentado y tiene una escasa coherencia estructural. Asimismo, presenta una extraordinaria complejidad y contiene numerosas contradicciones internas. En su seno, luchan facciones opuestas. Todo el sistema se halla atravesado por una concurrencia absolutamente feroz y los amos del mundo libran, entre ellos, incansables batallas homéricas.

Las armas con las que combaten son las fusiones forzadas, las ofertas públicas de adquisición hostiles (OPAS), la creación de oligopolios, la destrucción del adversario a través del dumping o de las campañas de calumnias dirigidas ad hominem. Si bien el asesinato es menos frecuente, si llega a darse el caso, los amos del mundo no vacilan y dan órdenes para que se cometa.

UNA NUEVA SOCIEDAD CIVIL ESTÁ A PUNTO DE NACER; CONTRA LOS AMOS DEL MUNDO, INTENTA ORGANIZAR LA RESISTENCIA Y, EN NOMBRE DE LOS OPRIMIDOS, ENCARNA LA ESPERANZA

Pero, en cuanto el sistema en su conjunto, o en uno de sus segmentos esenciales, se ve amenazado o es simplemente impugnado y puesto en tela de juicio (como sucedió en el mes de julio de 2001, cuando se celebró la Cumbre del G-8 en Génova, o en el Foro Social Mundial de Porto Alegre durante el mes de enero de 2002), los oligarcas y sus mercenarios cierran filas. Defienden entonces, con uñas y dientes, la privatización del mundo, ebrios por el ejercicio de un dominio ilimitado y movidos como están por su voluntad de poder y codicia. Esta privatización confiere privilegios extravagantes, innumerables prebendas y astronómicas fortunas personales.

El buen samaritano, de Van Gogh. Soy el Otro, el Otro es Yo.
Destruirlo significa aniquilar la humanidad que hay en mí.
Su sufrimiento, aunque me guarde de infligirlo, me hace sufrir.
 
A las destrucciones y sufrimientos que los oligarcas del capital mundializado infligen a los pueblos con su imperio militar y sus organizaciones mercenarias de índole comercial y financiera, se suman las devastaciones y padecimientos que la corrupción y la prevaricación provocan, presentes a gran escala en numerosos gobiernos, sobre todo, del Tercer Mundo. El orden mundial del capital financiero no puede funcionar sin la complicidad activa y la corrupción de los gobiernos instalados en el poder. Walter Hollenwegwe, afamado teólogo de la universidad de Zúrich, supo resumir la situación en estas palabras: “La codicia obsesiva e ilimitada de los ricos entre nosotros, aliada con la corrupción ejercida por las élites de los países en vías de desarrollo, constituye un gigantesco complot asesino… En todas partes del mundo se reproduce, a diario, la masacre de inocentes que tuvo lugar en Belén”.
 

¿De qué modo definir el poder de los oligarcas? ¿Cuál es su estructura? ¿Cuál es su objetivo histórico? ¿Cuáles son sus estrategias y sus tácticas? ¿De qué modo los amos del universo consiguen persistir, cuando nadie duda ya de la inmoralidad que guía su acción y el cinismo que los inspira? ¿En qué estriba el secreto de la seducción y el poder que ejercen? ¿Cómo es posible que, en este planeta provisto de abundantes riquezas, cada año, cientos de millones de seres humanos sean arrojados a una miseria extrema, a una muerte violenta, a la desesperación? El presente libro intenta aportar algunas respuestas a estas preguntas. Pero tiene un segundo objetivo.

El 25 de junio, ante la Convención reunida en París, el sacerdote Jacques Roux leyó el manifiesto de los enragés. En su discurso exigía que  se emprendiera una revolución económica y social contra el comercio y la propiedad privada cuando éstos “consisten en hacer que el prójimo muera de miseria e inanición”.

Hoy en día, de nuevo, los rumores de revolución surgen en los cuatro puntos cardinales del  mundo. Una nueva sociedad civil está a punto de nacer. En la confusión y con unas dificultades extremas. Contra los amos, esta nueva sociedad civil intenta organizar la resistencia. En nombre de los oprimidos, busca un camino,  encarna la esperanza. Nuestro análisis tiene por objeto aportar las armas necesarias para la lucha de la comunidad que viene.

Aminata Traore refiere una magnífica costumbre de los bambara, que viven a orillas del río Niger en Malí. Cuando se celebran las fiestas de la Tabaski y del Ramadán, los parientes, los aliados y los vecinos se visitan unos a otros e intercambian deseos de buena voluntad. Al franquear el umbral de una casa, quien va de visita pronuncia una determinada fórmula, que no ha cambiado desde la noche de los tiempos: “Tanto si son de amistad como de enemistad… que te sean concedidos tus propios anhelos”. Nunca he leído una definición tan hermosa, más precisa de la idea democrática. En lo más íntimo de su interior, el ser humano es el único que puede conocer qué desea en realidad para sí mismo, para sus prójimos y sus semejantes.

La democracia sólo existe de forma verdadera cuando los seres que componen la comunidad pueden expresar sus anhelos íntimos, libre y colectivamente, en la autonomía de sus deseos personales y la solidaridad de su coexistencia con los demás, y consiguen transformar en instituciones y en leyes lo que perciben como el sentido individual y colectivo de su existencia.

LA MISERIA DE LOS HUMILDES VA EN AUMENTO Y LA ARROGANCIA DE LOS PODEROSOS SE HACE INSOPORTABLE, PERO UNA NUEVA REVOLUCIÓN SE AVECINA

Franz Kafka escribió esta enigmática frase: “Lejos, lejos de ti se desarrolla la historia del mundo, la historia mundial de tu alma”.

Soy el Otro, el Otro es Yo. El Otro es el espejo que permite al Yo reconocerse. Destruirlo significa aniquilar la humanidad que hay en mí. Su sufrimiento, aunque me guarde de infligirlo, me hace sufrir.

Hoy en día, la miseria de los humildes va en aumento. La arrogancia de los poderosos se hace insoportable. La historia mundial de mi alma se convierte en una pesadilla. Pero, avanzando con alas de paloma, la revolución se avecina. Con este escrito quiero contribuir a deslegitimar la doxa de los señores.

Este libro se compone de cuatro partes. En la primera se explora la historia de la mundialización, el papel desempeñado por el imperio americano y por la ideología de los amos del mundo. El depredador es la figura central del mercado capitalista globalizado, y su codicia, el motor. Acumula dinero, destruye el Estado, devasta la naturaleza, aniquila a los seres humanos y, en el seno de los pueblos que domina, pudre, con la práctica de la corrupción, a los agentes cuyos servicios quiere obtener. Ha creado y sostiene paraísos fiscales reservados a un único uso. Las actuaciones de los depredadores centran el objeto de la segunda parte.

Mercenarios afectos y eficaces sirven al orden de los depredadores. Son los bomberos pirómanos del Fondo Monetario Internacional, los secuaces del Banco Mundial y de la Organización Mundial del Comercio. La tercera parte se dedica al análisis de sus actividades.

Una nueva sociedad civil planetaria, vinculada por una misteriosa fraternidad nocturna, surge de los escombros del  Estado-nación. Se opone de forma radical al imperio de los depredadores. Organiza la resistencia. La componen una multiplicidad de frentes de rechazo. Sus luchas alumbran una esperanza inmensa. La cuarta parte se dedica a analizarlos.

José Martí escribió: “Es la hora de los hornos/Y sólo hay que ver la luz”.

 

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JEAN ZIEGLER, Los nuevos amos del mundo. Ediciones Destino, 2005. Traducción de Eduardo Gonzalo. Filosofía Digital, 2008.

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Jean Ziegler (Thun, Suiza, 19 de abril de 1934) fue Relator Especial de ONU para el Derecho a la Alimentación entre 2000 y 2008. Actualmente es vicepresidente del Comité Asesor del Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas. Es profesor de sociología en la Universidad de Ginebra y la Sorbona, París. Es Doctor en Derecho y Ciencias Económicas y Sociales por la Universidad de Berna. Es autor de numerosos libros, incluyendo El oro nazi, el cual detalla el papel de los banqueros suizos en la retención ilegal de las cuentas inactivas de los judíos víctimas del Holocausto. También sostiene que Suiza es responsable de la prolongación de la Segunda Guerra Mundial por su papel reciclando el oro nazi robado a los países conquistados.

 

 

 

 

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